Poetas Venezolanos
Poetas Venezolanos
Rubio-estado Táchira
(Biografías)
Área: castellano
Junio, 2024
introduccion
La lírica venezolana y latinoamericana son dos expresiones literarias que merecen explorarse.
Permíteme proporcionarte algunos detalles sobre ambas tiene sus raíces en la época colonial,
cuando la región estaba bajo el dominio español. Durante este período, la poesía se caracterizaba
por seguir los modelos europeos, con una fuerte influencia del Renacimiento y el Barroco. Los temas
principales eran el amor, la naturaleza, la religión y la mitología. Ha jugado un papel fundamental en
la cultura de la región. Ha sido una herramienta para expresar la identidad cultural, denunciar las
injusticias y luchar por un mundo mejor. Además, ha contribuido al enriquecimiento del idioma
español y ha tenido una gran influencia en la literatura universal.
Bajo el sol ardiente de los llanos venezolanos, el poeta entona versos que celebran la tierra fértil y la
pasión de su gente. Las palmas se mecen al viento, y el río Orinoco murmura secretos ancestrales.
En las montañas andinas, la lírica se viste de misterio y nostalgia. Los cóndores surcan los cielos, y
los versos fluyen como agua de manantial. En toda América Latina, la lírica se entrelaza con la
historia, la lucha y la esperanza. Desde los Andes hasta la selva amazónica, los poetas cantan a la
libertad y a la belleza de un continente diverso y vibrante.
La poesía venezolana es un reflejo vibrante de la rica diversidad cultural y social que caracteriza a
Venezuela. A través de sus versos, poetas como Andrés Eloy Blanco, Juan Alberto Hernández y
Gioconda Belli han capturado la belleza de los paisajes, las luchas del pueblo y las pasiones más
profundas del corazón1. Además, la poesía venezolana moderna se erige con verdadera fuerza en
los albores del siglo XX, gracias a voces fundamentales como las de Antonio Ramos Sucre y
Salustio González Rincones. Estos poetas dejaron atrás las influencias europeas y marcaron el
camino para la poesía venezolana del siglo XX, consolidando una tradición literaria sólida y
cosmopolita Poetas venezolanos
Poetas venezolanos
Andrés bello
Nació el 29 de noviembre de 1781 en Caracas, capital de Venezuela. Su padre, Bartolomé Bello, era
abogado de la Audiencia de la ciudad, por lo que sin ser una familia adinerada, los hijos de don
Bartolomé y de doña Antonia López de Bello vivieron una infancia sin
mayores carencias materiales. Luego de cursar estudios de latín, los
vientos revolucionarios que soplaban en América embargaron a
Bello, quien luego de declarada la Independencia en su país partió
como auxiliar de una misión diplomática a Londres, encabezada por
Simón Bolívar.
Una vez en Chile, Andrés Bello se convirtió rápidamente en un ciudadano más de nuestro país,
compartiendo la época y los debates de los más importantes intelectuales liberales del siglo
[Link] jugó un destacadísimo rol en la forja de la institucionalidad necesaria para dar forma a la
nueva nación, resaltando su aporte a la educación y la cultura, así como el impulso que su influencia
le dio al Movimiento literario de 1842. Fue profesor en el Instituto Nacional, redactor de El
Araucano y se desempeñó como rector de la naciente Universidad de Chile desde 1843 hasta su
muerte. Además, Andrés Bello fue el principal redactor de nuestro Código Civil, que se promulgó en
1855 y que continúa vigente en nuestro sistema jurídico.
Hombre de letras, su obra -que tuvo una relación más o menos polémica con las estéticas de su
tiempo- se extendió también a la poesía y la prosa, así como a la enseñanza del idioma. En este
campo, su Gramática de la lengua castellana constituye un hito ineludible, señalando uno de los
primeros intentos de sistematización en el uso de la lengua en nuestro país. Convertido en el más
chileno de los extranjeros, rodeado de una numerosa familia y del respeto y reconocimiento de la
República, Andrés Bello murió el 15 de octubre de 1865 en su casa de calle Catedral
A LA NAVE
¿Qué nuevas esperanzas
al mar te llevan? Torna,
torna, atrevida nave,
a la nativa costa.
De flámulas de seda
la presumida pompa
no arredra los insultos
de tempestad sonora.
En 1959 volverá a Francia, becado por la Universidad Central de Venezuela y el gobierno francés
para estudiar literatura francesa. Ya en Venezuela, desde 1962 comienza a trabajar como profesor
en la Escuela de Letras de la UCV y en el Instituto Pedagógico de Caracas. Escribe para la
revista Zona Franca, dirigida por Juan Liscano, y dirige el Suplemento Literario del diario La
República.
En 1965 escribe Borges, el poeta, trabajo de ascenso en la UCV que será publicado en 1967 en
México y posteriormente en Caracas por la editorial Monte Ávila. El libro, que sería traducido al
francés en 1971, sigue siendo reconocido en nuestros días como uno de los trabajos más completos
sobre la poesía del escritor argentino.
En 1967 dirige la revista Imagen; al año siguiente viaja a Estados Unidos y da clases de literatura
latinoamericana en la Universidad de Pittsburg. Durante esa época publica su segundo poemario, La
mirada (1970). Entre 1972 y 1975 colabora en las revistas literarias de difusión continental Revista
Iberoamericana, Eco y Plural, y en los libros de estudios colectivos América Latina en su
literatura (1972) y Aproximaciones a Octavio Paz (1974).En Estados Unidos escribe La máscara, la
transparencia, que recoge una serie de ensayos sobre poesía hispanoamericana del siglo XX.
Publicado en 1975, el libro le valdría en 1976 el Premio Nacional de Literatura. Desde ese año, al
volver a Venezuela, trabaja como director literario de Monte Ávila y publica su poemario En el verano
cada palabra respira en el verano, al que le seguirá, en 1977, Serpiente breve. Se dedica a dar
clases en la Escuela de Letras de la UCV y a investigar sobre la obra de escritores venezolanos
como José Antonio Ramos Sucre y Mariano Picón Salas, y en 1988 publica el poemario La vastedad.
Ese año ejerció como profesor titular de la Cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge.
En 1993 publica su último poemario, La segunda versión. De ese año es también su Antología de la
poesía hispanoamericana.
LA VIDA, AÚN
hanni ossott
Hanni Ossott nació en Caracas el 14 de febrero, día de San Valentín, en el año 1946, de padres
alemanes. Cuando tenía tres años murió su madre, quien será una figura importante en algunos de
sus libros de poesía, especialmente en Casa de aguas y de sombra, su libro sobre la infancia.
No es un ángulo
ni se abisma en su centro como una esfera Es
sólo caja de calor
alma no circular cuyos ritmos determino.
A los 18 años formó parte del grupo surrealista La Mandrágora de Chile. A su regreso a Caracas, la
libertad en el uso del lenguaje propició fuese considerado como el gran renovador de la poesía
venezolana de la segunda mitad del siglo XX.
A fines de los sesenta vive en los Estados Unidos y en 1976 se instala en Madrid, de nuevo para
ocupar un cargo diplomático. En 1978 vuelve a Caracas donde vivirá hasta su muerte trabajando en
sus dos últimos libros: Por cuál causa o nostalgia (1981) y Aire sobre el aire (1989), que representan
lo más decantado de su experiencia poética.
El cuerpo suicida
Rosa invisible rasgo puro
Venas subyugantes como lámparas de nieve
y mi espejo en su lecho fratricida
Iba hacia ti
Desde la negra edad de mis orígenes
Iba hacia ti
Cuando la luna ondea en mis sienes desatadas
Caías de rodillas con un racimo de frutas.
Rafael Cadenas
Rafael Cadenas (Barquisimeto, Lara, Venezuela, 8 de abril de 1930). Poeta y ensayista venezolano,
profesor de la Escuela de Letras Universidad Central de Venezuela. También traductor de autores
como D.H. Lawrence, Víctor Segalen, Kavafis, Walt
Whitman, Robert Graves, entre otros. Es doctor honoris
causa por la Universidad de los Andes de Mérida,
Venezuela.
Los rasgos más frecuentes de su poesía se caracterizan por crear una obra densa y estrechamente
vinculada al pensamiento filosófico:
.la caracterización del desterrado, crítico y burlón, ajeno a la moral, a las instituciones, a las
jerarquías y al orden social
Su poesía parece fusionar los derroteros de la actitud reflexiva con la inspiración pura, siguiendo la
tradición de Hölderlin, Rilke y José Gorostiza
Su obra dialoga con la cultura oriental, particularmente con el pensamiento videntico, el taoísmo y el
zen. De occidente de Arthur Rimbaud, Walt Whitman, Rainer María Rilke, D. H. Lawrence, Fernando
Pessoa, Giuseppe Ungaretti, Czeslaw Milosz, Henri Michaux, Carl G. Jung, Alan Watts, Rafael López
Pedraza, José Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Pedro Salinas y Jorge Guillén.
Las paces
Lleguemos a un acuerdo, poema.
Ya no te forzaré a decir lo que no quieres
ni tú te resistirás tanto a lo que deseo.
Hemos forcejeado mucho.
¿Para qué este empeño en hacerte a mi imagen
Cuando sabes cosas que no sospecho?
Líbrate ya de mí.
Huye sin mirar atrás.
Sálvate antes de que sea tarde.
Pues siempre me rebasas,
sabes decir lo que te impulsa
y yo no,
porque eres más que tú mismo
y yo solo soy el que trata de reconocerse en ti.
Tengo la extensión de mi deseo
y tú no tienes ninguno,
sólo avanzas hacia donde te diriges
sin mirar la mano que mueves
y te cree suyo cuando te siente brotar de ella
como una sustancia
que se erige.
Imponle tu curso al que escribe, él
sólo sabe ocultarse,
cubrir la novedad,
empobrecerse.
Lo que muestra es una reiteración
cansada.
Poema,
apártame de ti.
Poetas latinoamericanos
Blanca Varela
Desde 1960 residió casi permanentemente en su ciudad natal, con contactos muy esporádicos con el
ambiente literario. Colaboró en la revista Oiga de Lima, en la que escribió críticas de cine con el
seudónimo de Cosme, y fue miembro del comité de redacción de la revista Amaru (1967-71), dirigida
por Adolfo Westphalen. En 1996 recibió la Medalla Internacional Gabriela Mistral, otorgada por el
gobierno chileno a personalidades destacadas de la cultura.
Su obra poética está formada por unos pocos libros, publicados sin prisa y cuando la mayoría de sus
compañeros de letras ya habían editado sus trabajos. A los treinta y tres años, y luego de algunas
pocas colaboraciones en revistas, publicó a insistencia del escritor mexicano Octavio Paz su primer
poemario con el título Ese puerto existe (1959), con prólogo del mismo Paz. En este libro
encontramos poemas de influencia surrealista que la escritora suprimió en ediciones posteriores,
como los de la primera sección, denominada "El fuego y sus jardines", posiblemente por considerar
que no se ajustaban a su lenguaje poético posterior.
Así sea
El tiempo,
la gran puerta entreabierta,
el astro que ciega.
Respira y canta.
Donde todo se termina abre las alas.
Eres el sol,
el aguijón del alba,
el mar que besa las montañas,
la claridad total,
el sueño.
José Manuel Arango
Nacimiento
5 de octubre de 1937, El Carmen de Viboral, El Carmen de Viboral,
Colombia
No se debe olvidar cómo la van de bien el silencio y la poesía, y cómo la van de mal el poema y la
hojarasca, la palabrería. No eran prolijos los poemas de José Manuel Arango, como era dilatado el
tiempo que se demoraba para publicarlos. Fue traductor —también muy buen traductor, al decir de
los entendidos— de varios poetas norteamericanos: Denise Levertov, EzraPound, Emily Dickinson,
Walt Whitman. En ellos y en poetas colombianos como José Asunción Silva y Aurelio Arturo (pero,
además, en Wallace Stevens, en Epifanio Mejía, en León de Greiff… Como buen poeta, era un gran
lector) encontró la palabra que canta, la palabra que dice mucho, aunque no sea abundante. Y lo que
dijo en sus poemas nos pertenece, como la piel.
Cerca de la estación de los trenes
Sobre la plazoleta,
Veinte pasos abajo está el arbusto que nimba un halo de luz y niebla.
Ella es ahora
Solo
Contra el muro donde heladas mujeres muerden la sombra con sus dientes de cuarzo.
Sobre la plazoleta,
Esta última etapa coincide con su interés por temas como las filosofías indostánicas, el yoga o la
filosofía zen, la alquimia, el rosacrucismo o los ámbitos de las ciencias ocultas y la parapsicología.
Por otra parte, su labor como prosista ha hecho que César Dávila Andrade haya sido considerado un
ágil renovador del cuento y uno de los antecesores del llamado «nuevo relato ecuatoriano».
INFANCIA MUERTA
Alejandra Pizarnik
(Buenos Aires, 1936 - id., 1972) Poetisa argentina. Su
obra poética, que se inscribe en la corriente neo
surrealista, manifiesta un espíritu de rebeldía que linda
con el auto aniquilamiento. Entre sus títulos más
destacados figuran La tierra más ajena (1955), Árbol de
Diana (1962) y Extracción de la piedra de locura (1968).
Alejandra Pizarnik nació en el seno de una familia de
inmigrantes rusos que perdió su apellido original,
Pozharnik, al instalarse en Argentina. Después de cursar
estudios de filosofía y periodismo, que no terminó, Pizarnik
comenzó su formación artística de la mano del pintor
surrealista Juan Batlle Planas. Entre 1960 y 1964 vivió en
París, donde trabajó para la revista Cuadernos, realizó
traducciones y críticas literarias y prosiguió su formación
en la prestigiosa universidad de La Sorbona; formó parte
asimismo del comité de colaboradores extranjeros de Les Lettres Nouvelles y de otras revistas
europeas y latinoamericanas. Durante sus años en Francia comenzó su amistad con el escritor Julio
Cortázar y con el poeta mexicano Octavio Paz, que escribió el prólogo de su libro de poemas Árbol
de Diana (1962).
De regreso a Argentina publicó algunas de sus obras más destacadas; su valía se vio reconocida
con la concesión de las prestigiosas becas Guggenheim (1969) y Fullbright (1971), que sin embargo
no llegó a completar. Los últimos años de su vida estuvieron marcados por serias crisis depresivas
que la llevaron a intentar suicidarse en varias ocasiones. Pasó sus últimos meses internada en un
centro psiquiátrico bonaerense; el 25 de septiembre de 1972, en el transcurso de un fin de semana
de permiso que pasó en su casa, terminó con su vida con una sobredosis de seccional sódico. Tenía
36 años.
Había publicado sus primeros libros en los cincuenta, pero sólo a partir de Árbol de
Diana (1962), Los trabajos y las noches (1965) y Extracción de la piedra de la locura (1968),
encontró Alejandra Pizarnik su tono más personal, tributario al mismo tiempo del automatismo
surrealista y de la voluntad de exactitud racional. En esa tensión se mueven estos poemas
deliberadamente carentes de énfasis y muchas veces hasta carentes de forma, como anotaciones
alusivas y herméticas de un diario personal. Su poesía, siempre intensa, a veces lúdica y a veces
visionaria, se caracterizó por la libertad y la autonomía creativa.
Su obra lírica comprende siete poemarios: La tierra más ajena (1955), La última
inocencia (1956), Las aventuras perdidas (1958), Árbol de Diana (1962), Los trabajos y las
noches (1965), Extracción de la piedra de locura (1968) y El infierno musical (1971). Después de su
muerte se prepararon distintas ediciones de sus obras, entre las que destaca Textos de sombra y
últimos poemas (1982), que incluye la obra teatral Los poseídos entre lilas y la novela La bucanera
de Pernambuco o Hilda la polígrafa. También póstumamente fue reeditado el conjunto de sus textos
en el volumen Obras completas (1994); sus cartas quedaron recogidas en Correspondencia (1998).
A la espera de la oscuridad
Integrante del círculo de creadores formado en torno a la revista Contemporáneos (Jaime Torres
Bodet, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, Gilberto Owen, José Gorostiza, Bernardo Ortiz de
Montellano), a diferencia de ellos no se inclinó por una poesía metafísica, centrada en la conciencia.
Carlos Pellicer se interesó más bien en la exuberancia del paisaje natural y los elementos que lo
integran (el aire, el viento, el fuego). De ahí que la crítica no considere racionalista su poesía, sino
más bien un canto que celebra el mundo.
Destacan en su obra Colores en el mar y otros poemas (1921), la lírica amorosa de Hora de
junio (1931) y el aspecto religioso de Práctica de vuelo (1937). Su manera singular de contemplar e
interpretar la vida da a su verso perfiles personales, ya hable del amor humano o se eleve a cantar al
amor divino. Enemigo acérrimo del nerudismo, que consideró una plaga para América, fue uno de los
escritores más populares de su país. En 1954 recibió el Premio Nacional de Literatura.
EL VIAJE
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