0% encontró este documento útil (0 votos)
18 vistas13 páginas

Vicios del Consentimiento en Actos Jurídicos

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
18 vistas13 páginas

Vicios del Consentimiento en Actos Jurídicos

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Unidad 2 / Escenario 4

Lectura fundamental

Los vicios del consentimiento, el


objeto y la causa de los actos jurídicos

Contenido

1 El consentimiento

2 El objeto

3 La causa

Palabras clave: vicios del consentimiento, objeto lícito, causa lícita, simulación, consentimiento,
voluntad.
1. El consentimiento
Como se ha tratado en Escenarios anteriores, el consentimiento es la expresión bilateral de la
voluntad de dos partes que buscan obligarse de manera recíproca en aras de buscar y obtener una
serie de efectos jurídicos esperados. Por el contrario, la voluntad, según Peña Peña (2011), hace
referencia a la manifestación (sea esta interna o expresada) unilateral del individuo que produce
de igual forma efectos jurídicos. El consentimiento, como previamente se estableció, requiere
que coincidan una suerte de condiciones para que pueda llegar a considerarse que, en efecto, las
acciones que desplieguen cada una de las partes involucradas van encaminadas indudablemente a la
concordancia entre lo que quieren estas y lo que esperan obtener fruto del negocio o acto que estén
celebrando.

Teniendo en cuenta que las particularidades relativas al consentimiento, su formación y sus


requisitos se trataron en la Unidad anterior en detalle, se ahondará entonces en las desviaciones del
consentimiento y los vicios de este. Vial del Río (2006) asegura que, para el mundo jurídico, la falta
de voluntad no es igual a ausencia de voluntad y mucho menos si esta se encuentra viciada.

Para Hinestrosa (2015), el concepto de “vicio”, jurisprudencial y legalmente conocidos como vicios
del consentimiento, consiste en todas aquellas situaciones que entorpecen o dificultan el correcto
despliegue de la o las voluntades de los agentes, haciendo que voluntaria o involuntariamente no se
puedan obtener los resultados esperados del negocio. Precisamente, ante la irrupción de múltiples
teorías que conglomeran y unen, de cierta manera, los distintos tipos de vicios, Hinestrosa (2015)
hace referencia a que, en su concepto, preferiría mantener la singularidad de cada uno de estos para
no confundir u omitir las particularidades propias de cada uno de los vicios. Así, habrá vicios que van a
permanecer existiendo en tanto alguno de los participantes lo advierta y lo impugne y habrá otros que
nacen a la vida jurídica en el momento mismo de su ocurrencia y aún si ser alegados.

Atendiendo a lo anterior, habrá una cierta clase de negocios que para el mundo jurídico son
totalmente inexistentes en la medida que nunca medió consentimiento de una o todas las partes
involucradas para su realización; asimismo, tampoco habrá negocio jurídico cuando la voluntad de las
partes negociales no sea espontanea, consciente y libre, puesto que podría entonces considerarse
como nulo. El profesor Hinestrosa (2015) hace algunas precisiones con respecto a la taxatividad de
los vicios de la voluntad. Así pues, el Código Civil señala que existen tres categorías para los vicios de
la voluntad, a saber: error, fuerza y dolo. Para Hinestrosa (2015), las categorías deberían ser error
espontaneo o fortuito, error provocado y temor.

POLPOITLÉITCÉCNNIICCOOGGGRRRAN 2
En igual sentido, el Código Civil Chileno (1855), en su artículo 1451, hace referencia a que los vicios
de los que puede adolecer eventualmente el consentimiento de una persona son el error, la fuerza y
el dolo. El Código Civil Chileno (1855) es, en efecto, el precursor de nuestro Código Civil (1887).
Teniendo en cuenta que el autor de ambos cuerpos normativos fue el célebre jurista Andrés Bello, el
articulado entre cada codificación es ciertamente similar, como en el caso de otros tantos códigos en
Latinoamérica tal como el ecuatoriano y el hondureño.

El error, entonces, trata del escenario en el cual el agente da su conocimiento sin comprender
muy bien por qué o para qué se otorga dicho conocimiento. El error implica el otorgamiento de un
consentimiento desinformado: la ocurrencia de error tiene incidencia directa en la valoración del
objeto negocial e, incluso, la causa de este. Esto en virtud de argucias y engaños de alguna de las
partes negociales tendientes a la producción de unos efectos jurídicos deseados por él, pero no así
mismo por la otra parte. De otro lado, la fuerza implica el uso por parte de alguna de las partes del
negocio jurídico, de elementos coercitivos que conminen a su contraparte a la celebración del acto.
En esta categoría se pueden enmarcar las amenazas y la violencia física o psicológica.
Finalmente, el dolo (o delito civil) son todas aquellas acciones positivas y malintencionadas que
restringen de manera directa la libertad del otro para decidir si desea o no celebrar determinado
negocio jurídico. Trata sobre la voluntad consciente de uno de los agentes dentro del negocio jurídico
para producir injuria sobre la persona o su propiedad de tal manera que, de haberse advertido con
anterioridad tal circunstancia, el negocio jamás hubiese existido.

Las circunstancias que vician el consentimiento tienen especial relevancia para el mundo de la
contratación, es por esto por lo que, a continuación, se expone con más detalle cada categoría que
integra los vicios del consentimiento como generador de anulabilidad o nulidad relativa.

1.1. El error

En palabras de Stolfi, recogidas en su obra por Vial del Río (2006), se define el error como la
falsa representación de la realidad, motivada a su vez por una alta carga de ignorancia, lo que a la
postre deriva en que el agente no tenga el conocimiento suficiente de los escenarios y las
circunstancias necesariamente valorables para adoptar las decisiones adecuadas conforme a lo
perseguido por su voluntad. Lo anterior no significa de ninguna manera que las partes dentro del
negocio tengan que conocer y saber de todas las posibles circunstancias y eventos que puedan
suceder derivado de su actuar; sin embargo, lo que se busca es que tengan un conocimiento que les
permita luego explicar por qué se actuó de determinada manera y no de otra distinta.

POLPOITLÉITCÉCNNIICCOOGGGRRRAN 3
Para Hinestrosa (2015), el error se define como una discrepancia entre el concepto y la realidad, es
decir, dar por cierto lo que no lo es. Básicamente, se convierte en la falta de coincidencia entre lo que
se quería y lo que realmente se obtuvo en relación con los efectos jurídicos producto del contrato.

Lo que diferencia un error de algo distinto es la percepción de la realidad con la que se observa el
escenario, el actuar o la esfera en la que se busca producir efectos jurídicos. Para considerar que algo
es una falsa representación de la realidad, primero hay que establecer si dicha realidad se establece en
hechos pasados, presentes o futuros. Por ejemplo, difícilmente podría alegarse algún tipo de vicio del
consentimiento sobre hechos que al momento del contrato no existen o su realización depende de
factores que no pueden cuantificarse o pactarse al momento de la celebración del negocio.

Punto igualmente relevante es la diferenciación de lo que significa ignorar un resultado o efecto


jurídico que el conocimiento de aquel efecto jurídico, pero tener la plena convicción de que este no se
va a dar o que el resultado que se espera sea errado, es decir, no es lo mismo que alguien desconozca
algo, a que conozca lo de forma errada. Es importante señalar que independientemente de uno y otro
concepto, sus efectos jurídicos son lo mismo: ignorar una cosa o estar errado en el concepto de una
cosa conducen a obtener, inexorablemente, el mismo resultado.

Diferente a la equivocación y la ignorancia, se encuentra la duda. En este caso, el agente tiene plena
conciencia de que puede (o no) estar errado; sin embargo, esa duda no le impide actuar de todas
formas. Dicha duda no podrá luego invocarse para alegar error, debido a que el agente no puede luego
excusarse en su propia culpa para arreglar un error que es suyo.

Para Vial del Río (2006), el error es el vicio del conocimiento más que del consentimiento,
porque la manifestación de la voluntad implica un conocimiento de la realidad. Cuando este
conocimiento es equivocado o errado, se considera viciado y, por ende, carente de eficacia respecto
de una debida manifestación de la voluntad.

En cuanto a la previsión del error y la vencibilidad de este, en materia civil, el ordenamiento jurídico da
razón a una tutela irrestricta de la confianza legítima de los contratantes, en cuanto la jurisprudencia
tradicionalmente ha reconocido el error como un vicio del consentimiento en todos aquellos casos en
que el error sea inducido y no sea consecuencia de la negligencia, dolo o error propio (nemo auditur
propiam turpitudinem allegans).

En este sentido, para la configuración del vicio del consentimiento, el error debe ser relevante e
inculpable, e inexcusable al ser imposible beneficiarse de la propia negligencia. En ese sentido, la
exigencia de un comportamiento correcto y, en general, honesto que impone la buena fe, hace
exigible de parte de quien alega el error, un comportamiento objetivamente leal que impediría alegar
en su beneficio la propia culpa.

POLPOITLÉITCÉCNNIICCOOGGGRRRAN 4
1.1.1. Error de derecho

El error de derecho se configura en el desconocimiento o la ignorancia de una disposición normativa


o bien, en una errónea interpretación de esta a un caso en concreto. Para Spota (1957), hay error de
derecho cuando se ignora la norma jurídica o conociendo de su existencia, se ignora por completo su
significado.

En la antigua Roma, el error iuris se basaba principalmente en las mismas nociones: desconocimiento
e ignorancia de la ley, igualmente castigables por la normativa romana. A este tipo de errores se les
consideraba como inexcusables a diferencia del error facti, que son aquellos errores que aún causando
algún tipo de efecto jurídico nocivo o no deseado, son susceptibles de subsanación.

Sustancialmente el error de derecho es un yerro específicamente diseñado para recaer, ya sea sobre
la persona o sobre la cosa, afectando inexorablemente los efectos jurídicos esperados y obtenidos,
puesto que se trata de la concepción falsa o errónea sobre los hechos y fundamentos normativos que
dan origen al contrato.

1.1.2. Error de hecho

El error de hecho consiste en la falsa representación de una cosa, algún hecho puntual o de alguna
persona, que configura una desviación en la realidad existente al momento de la celebración de un
negocio, lógicamente, producto de la equivocación o la ignorancia.

De igual forma, para anteponer y diferenciar los errores de hecho y de derecho, los romanos llamaron
a esta clase de errores error facti. Dentro del error facti podemos encontrar el error in negotio o el
error in persona.

Muchos autores modernos han buscado alguna manera de darle una unilateralidad a los distintos
tipos de errores, para que pueda entenderse de mejor manera qué y cuáles hechos deben considerar
como errores esenciales. Vial del Río (2006) señala que una de las maneras de lograr tal unión entre
los distintos tipos de errores radica en la noción de que normalmente hay una discrepancia evidente
entre lo que lo que se quiere y lo que se declara. Por ejemplo, se conoce y se entiende que el sujeto
A desea comprar ginebra; sin embargo, cuando va a la tienda, termina comprando agua aún cuando
conoce la diferencia entre una y otra.

Además de aquella, hay otra teoría de sustancial importancia que es el error obstáculo, que consiste,
a la vez, en dos hipótesis: la primera señala que las partes yerran en el contrato que están celebrando

POLPOITLÉITCÉCNNIICCOOGGGRRRAN 5
(por ejemplo, mientras una parte quiere vender su casa, la otra quiere tomarla en arriendo); la segunda
establece que hay un error en el objeto mismo del contrato, es decir, que mientras uno quiere
obtener un objeto determinado, el otro quiere vender otro objeto determinado totalmente diferente.
Entonces hay una evidente discrepancia entre lo que se quiere y el negocio que se celebra.

Para efectos prácticos, pero sobre todo para efectos de certeza jurídica, debe hacerse la justa
diferenciación entre los errores por los cuales puede y debe anularse determinado negocio. De no
ser así, se entraría en un limbo jurídico en el cual o todos los errores son susceptibles de anular un
contrato o ningún error es suficientemente gravoso para ello. Entonces, tanto el legislador como la
doctrina han determinado dos criterios que serán de utilidad para reglamentar esta hipótesis, uno
objetivo y otro subjetivo.

El criterio objetivo hace referencia a que, mediante la descripción del tipo de error, puedan
atribuírsele a este una serie de efectos que encuadren en un tipo determinado, teniendo especial
relevancia la incidencia que haya podido tener este error respecto al conocimiento del agente.

Por su parte, el criterio subjetivo comprende todas aquellas situaciones en las que pueda considerarse
y observarse una clara y falsa representación de la realidad, y que, a su vez, dicha representación haya
sido determinante para sustentar la actuación del agente.

1.2. La fuerza

La fuerza puede ser definida como los diferentes apremios, sean estos físicos o morales, que
impiden el correcto despliegue de la voluntad del agente, puesto que en este vicio no se restringe el
conocimiento debido de los hechos que van a producir efectos jurídicos sino a la libertad que tiene
el agente para determinar y autodeterminarse las manifestaciones de voluntad válidas que darán
forma a un eventual negocio jurídico. Cabe mencionar que la voluntad no solo debe suponer el debido
conocimiento por parte del agente, sino también una manifestación libre y espontanea de su querer
actuar.

Complementando el concepto previo, Peña Peña (2011) define la fuerza como el temor que
experimenta una persona debido a las diferentes presiones ya sean físicas o morales, las cuales pueda
sufrir en tanto se le obliga a manifestar su voluntad en un sentido determinado. El artículo 1513 de
nuestra legislación civil establece que la fuerza no vicia el consentimiento sino cuando es capaz de
producir una impresión fuerte en una persona de sano juicio (Peña Peña, 2011).

POLPOITLÉITCÉCNNIICCOOGGGRRRAN 6
En todo caso, el artículo 1514 de la legislación asegura que no es necesario, ni siquiera que quien
ejerza la fuerza se vea beneficiado de ella, pues será igualmente reprochable aquel que en beneficio de
otro haga uso de ella para obtener el consentimiento.

La fuerza puede dividirse, según Vial del Río (2006), en fuerza física o absoluta y fuerza moral o
psíquica. La primera hace referencia, como su nombre lo indica, a todas las acciones que mediante
el uso de la fuerza del cuerpo (u objetos similares) se obliga a otro a dar consentimiento sobre algo
que evidentemente no persigue su voluntad. Por ejemplo, si llevare por la fuerza a una persona con
el único propósito que firme un documento, aun si se debe tomar la mano firmante de manera
violenta, este acto sería jurídicamente inexistente, porque la parte pasiva (quien firma) nunca dio su
consentimiento para que se pudieren producir esos efectos jurídicos que perseguía una de las partes,
mas no así la otra.

La fuerza moral es aquella que, aún cuando no media agresión física alguna, genera un perjuicio en la
psiquis del agente en tanto esta toma una serie de decisiones (previamente determinadas por el otro
agente) tendientes a producir efectos jurídicos cuya causa es inherente al temor a las consecuencias
que la negativa a hacerlo de esa manera pueda traerle al sujeto o a sus seres queridos. Si bien la
voluntad es debidamente manifestada, está viciada por cuanto, quien participa de esta conducta
como sujeto pasivo, se limita a hacer o a decir lo que el sujeto activo le indique, en tanto este coarta el
libre albedrio de aquel para su beneficio propio, en detrimento de una futura agresión o consecuencia
negativa.

Aunque en términos generales el uso de la fuerza ilícita está debidamente reprochado y regulado por
los códigos civiles de cada uno de los Estados, hay una salvedad que permite que un agente obligue
a otro, inclusive mediante el uso de la fuerza física, a realizar determinada acción; sin embargo, no
será castigado ni reprochado el actuar del agente que realice esta clase de conductas, en aras de
salvaguardar su vida y la de los suyos en un estado de necesidad. Entonces estando incurso en esta
causa, no le es dable al juez atender a un eventual juicio de reproche producto del actuar de aquel
agente necesitado.

Asimismo, el estado de necesidad se diferencia sustancialmente de la fuerza, puesto que en el primero


la amenaza bien puede venir del hombre o de la naturaleza, mientras que, en el caso de la fuerza, la
amenaza es esencialmente producida por el hombre.

POLPOITLÉITCÉCNNIICCOOGGGRRRAN 7
1.3. El dolo

Peña Peña (2011) recoge en su texto que, en palabras de Weill y Terre, el dolo está conformado por
las maniobras, engaños, mentiras, triquiñuelas y demás maquinaciones de las que una persona pueda
valerse para engañar a otra con ocasión a la celebración de un contrato.

Asimismo, el delito civil consiste en la actitud positiva de inferir injuria a la persona o propiedad
de otro. Aunado a lo anterior, Peña Peña (2011) hace referencia a que, para los tratadistas, el
dolo es la mera culpa intencional, que a su vez implica la habilidad para engañar, entendida esta
como las múltiples maniobras de las que se vale el agente activo para condicionar y sorprender el
consentimiento de la posible víctima; no obstante, dichas argucias deben tener un cierto grado de
importancia para que puedan inducir a error hasta a la persona con un mediano índice de previsión.

En ese sentido, para que determinada conducta pueda ser considerada dolo o delito civil, deben
concurrir los siguientes fenómenos:

a. Que la parte que lo cometa tenga conocimiento y cometa intencionalmente el daño.

b. Que sea contrario a la moral, al orden público y a las buenas costumbres.

c. Que de no haberse presentado la conducta delictuosa, el negocio jurídico nunca se hubiese


celebrado.

d. Que el dolo provenga de una de las partes.

El error y el dolo existen en la misma medida porque parten de la falsa representación que la víctima
pueda hacerse de la realidad y de los efectos jurídicos que esta produzca; por un lado, en el error, la
falsa manifestación se da de manera espontánea sin que medie engaño alguno, mientras que, por el
contrario, en el dolo sí que media la voluntad de un sujeto activo que busca que mediante engaños y
maquinaciones se pueda inducir a la víctima o sujeto pasivo a error para que realice lo que el primero
persigue.

2. El objeto
Los requisitos que debe reunir el objeto de un contrato son la determinación, la posibilidad y la licitud.
La determinación se entiende como la obligación de las partes dentro del negocio de determinar el

POLPOITLÉITCÉCNNIICCOOGGGRRRAN 8
qué se está contratando o al menos poder ser determinable en el futuro. A su vez, el objeto debe
ser posible, esto es, que material o moralmente pueda disponerse de la cosa (en el presente o en el
futuro) para que el contrato pueda producir sus efectos jurídicos.

Por último, el objeto debe ser lícito, esto es, que no puede ser contrario a la ley, al orden y a las
buenas costumbres. Así, son delictivos todos aquellos contratos o negocios que tengan por objeto
el llevar a cabo, por ejemplo, un delito tipificado como tal o la facilitación de cualquier forma para la
consumación de aquel. Así mismo, entre los requisitos que debe cumplir el objeto de un contrato, se
habla de que cuando el objeto del negocio es una cosa, esta debe ser real, comerciable, determinada
(o determinable de manera cierta) y además lícita. Por el contrario, si el objeto recae sobre un hecho,
este debe poder ser determinado, físicamente posible y por supuesto, lícito (Peña Peña, 2011).

De tal forma, se puede asegurar que el objeto de un contrato hace referencia a todas aquellas cosas
o servicios que puedan contratarse y considerarse como prestaciones; las cuales van a hacer parte
integral del nacimiento del contrato.

Por su parte, para Castillo Freyre (2017) el objeto de la obligación es la prestación y esta se define
como la actividad del agente que debe ser desplegada por el sujeto pasivo en donde este último debe
obligarse eventualmente a dar, hacer o no hacer. Acerca de la teoría del objeto del contrato, se han
propuesto varias teorías, entre las que se encuentran:

A. El contrato no tiene objeto, sino efecto: el contrato no tiene objeto sino efectos y estos a su vez
producen obligaciones. Estas obligaciones son las que tienen objeto, que es al mismo tiempo la
prestación.

B. El objeto son las obligaciones a que refiere el contrato: el objeto de la obligación termina siendo
en sí mismo la obligación del contrato; por lo tanto, no se hace una diferenciación, sino que el
interés del acreedor se termina convirtiendo, a la vez, en objeto de obligación y de contrato.

3. La causa
El artículo 1524 del Código Civil señala que no puede haber obligación si no hay una causa real o lícita.
Se debe entender a la causa como el motivo que da nacimiento al acto o contrato. Es necesario tener
en cuenta que los individuos podrán tener por objeto cualquier cosa que la ley permita para tal efecto.
De igual manera la ley permite que se contrate por cualquier motivo, siempre y cuando no le contraríe
o vaya en contravía de las buenas costumbres y el orden público.

POLPOITLÉITCÉCNNIICCOOGGGRRRAN 9
En palabras de Vial del Río (2006), la doctrina clásica asegura que todo acto o contrato requiere
como elemento esencial de su existencia, además de la voluntad de contratar y del objeto a contratar,
una causa para contratar. Dicha causa debe ser lógicamente lícita. Entre los múltiples criterios para
definir la causa, se encuentran los siguientes:

A. Causa eficiente: la causa eficiente es el hecho generado en sí mismo del efecto producto de la
obligación; por ejemplo, la causa eficiente del vendedor es la cosa y el contrato de compraventa
en sí mismo.

B. Causa final: la causa final se entiende como el fin último del acto, que atendiendo a que sea el
mismo en distintas ocasiones, tenga como resultado inexorablemente el mismo fin, puesto que
nace siempre de la misma estructura; por ejemplo, en los contratos de alquiler, quien alquila
busca poder hacer uso y disfrute de la cosa alquilada y quien da en alquiler, espera recibir una
retribución en dinero con ocasión de la renta de la cosa o servicio y así aumentar su patrimonio.

C. Causa ocasional: a diferencia de la causa final, la causa ocasional deja a la incertidumbre el


resultado producto del despliegue de las mismas acciones que producen en esencia los mismos
efectos jurídicos, puesto que la diferenciación va a radicar en lo perseguido por las partes. Por
ejemplo, retomando el alquiler, mientras una de las partes busca alquilar la cosa para hacer
uso y goce de ella, quien da la cosa en alquiler puede que persiga el dinero para aumentar su
patrimonio, pagar una deuda o reinvertir, etcétera.

Para la teoría clásica existen tres clases de contratos que van intrínsecamente relacionados a los
conceptos arriba desarrollados: los bilaterales, los reales y los gratuitos (Vial del Río, 2006). En
el Escenario anterior, al tratar las clasificaciones de los actos jurídicos se trató someramente lo
relacionado a este tipo de contratos; sin embargo, en este Escenario es importante tener en cuenta
los conceptos desde la óptica de la causa de los actos jurídicos.

La causa de la obligación en los contratos bilaterales es la obligación que tiene una parte respecto a
la otra y viceversa, es decir, no puede haber causa en uno de los agentes sin que en el otro extremo
no haya causa alguna. La correlación entre lo que cada una de las partes persigue en el negocio es la
esencia misma de la causa bilateral.

En los contratos reales, la causa de la obligación recae principalmente en la obligación de una de las
partes de restituir la cosa a la otra. De cierta forma, sigue siendo reciproca en tanto si la parte que
debe entregar la cosa, no lo hace, lógicamente no tendría la otra parte que restituir absolutamente
nada, puesto que no hay una causa que le obligue a tal.

POLPOITLÉITCÉCNNIICCOOGGGRRRAN 1
Respecto a los contratos gratuitos, la única causa que puede apreciarse de un acto que en esencia
es unilateral y además altruista, es precisamente la voluntad generosa y desinteresada de una de las
partes, de dar parte de su patrimonio a otra sin esperar nada a cambio. El propósito al que responde
esta acción, más allá de móviles particulares, es la mera liberalidad que tiene el agente de disponer de
sus bienes como a bien le parezca.

POLPOITLÉITCÉCNNIICCOOGGGRRRAN 1
Referencias
Cassany, D. (1999). Construir la escritura. Paidós.

Castillo Freyre, M. (2017). Derecho de las obligaciones. Fondo Editorial PUCP.

Cifuentes, M. C. (2018). Derecho de las obligaciones con propuestas de modernización. Temis.

Congreso de la República de Colombia. (1887, 20 de abril). Ley 57 de 1887: Se expide el Código Civil
colombiano, redactado por Don Andrés Bello, que incluye antecedentes de las acciones populares. Diario
oficial No. 7.019.

Código Civil de la República de Chile: Por el cual el Congreso ha aprobado el siguiente Código Civil.
Imprenta Nacional (1855).

Colin, A. y Capitant, H. (1952). Curso elemental de derecho civil. Reus.

Hinestrosa, F. (2015). Tratado de las obligaciones II: de las fuentes de las obligaciones; el negocio jurídico.
Universidad Externado de Colombia.

Neme Villareal, M. L. (2019). La buena fe como eje del proceso de integración e interpretación del
contrato en el Código de Bello: consonancia con la función social del contrato y con la tutela de los
derechos fundamentales. En F. Navia Arroyo, F. y Chinchilla Imbett (eds.). La vigencia del Código
Civil de Andrés Bello: análisis y prospectivas en la sociedad contemporánea (pp. 234-293). Bogotá.
Universidad Externado de Colombia.

Peña Peña, R. (2011). Teoría general del derecho. ECOE ediciones.

Spota, A. G. (1957). Tratado de derecho civil. Roque de Palma

editor.

Vial Del Río, V. (2006). Teoría general del acto jurídico. Editorial Jurídica de Chile.

POLPOITLÉITCÉCNNIICCOOGGGRRRAN 1
INFORMACIÓN TÉCNICA

Módulo: Acto Jurídico


Unidad 2: Estructura de los actos jurídicos
Escenario 4: Acto jurídico: objeto, causa y los vicios del
consentimiento

Autor: Juan Felipe Sánchez Gutiérrez

Asesor Pedagógico: Ingrid Gissell Ospina Posada


Diseñador Gráfico: Nicolás Jiménez Osorio

Este material pertenece al Politécnico Grancolombiano.


Prohibida su reproducción total o parcial.

POLPOITLÉITCÉCNNIICCOOGGGRRRAN 1

También podría gustarte