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Informe sobre el Piso Pélvico en Salud

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FACULTAD DE CIENCIAS DE LA SALUD - ESCUELA

PROFESIONAL DE ENFERMERÍA

INFORME ACADÉMICO

Piso Pélvico

Integrantes:

● Diaz Desposorio Mercedes Dyanira

● Visalot Suarez Antonella

● Muñoz Polo Ana Maribel Jaquelyne

● Suárez Diaz Jeniffer Janeth

Asesor:
Edwin Medina Diaz

TRUJILLO - PERÚ

2024
ÍNDICE:

I. INTRODUCCIÓN
II. DESARROLLO
A. ANATOMÍA DEL PISO PÉLVICO
B. FUNCIONES.
C. ENFERMEDADES
D. TRATAMIENTOS
E. FACTORES DE RIESGO

[Link]

IV. REFERENCIAS
[Link]ÓN

El piso pélvico es un grupo de músculos y tejidos situados en la parte inferior


de la pelvis que desempeñan funciones importantes en el cuerpo humano.
La pelvis es un espacio que se continúa con la cavidad abdominal y contiene
los órganos de distintos sistemas, tanto del sistema urinario (vejiga y uretra),
sistema genital o reproductivo (útero, anexos y vagina en la mujer), y sistema
digestivo en su extremo más distal (recto y ano). Estas estructuras se apoyan y
se anclan en el piso pélvico, una estructura de músculos y tejido conectivo.
Su principal componente es el músculo elevador del ano (MEA), un músculo
que cubre la mayor parte de la pelvis, formado por tres fascículos y que su
forma de "U" o “V"abierta hacia anterior permite el paso de los extremos
distales de los sistemas urinario, genital y digestivo.
Además, existen otras estructuras de tejido conectivo fibroso que sirven de
soporte y suspensión para estas estructuras, como ligamentos, arcos
tendinosos, entre otros. Existe una íntima relación entre estas estructuras
determinando no sólo un soporte mecánico estático, sino además una
estructura dinámica que participa en la continencia urinaria y fecal.
Esto es importante porque juega un papel importante en el apoyo a los órganos
pélvicos como la vejiga, el útero y el recto, además de controlar la micción, la
defecación y la función sexual.
A lo largo de la historia, el conocimiento del suelo pélvico ha seguido
evolucionando,en la antigüedad no era apreciado y se desconocían sus
funciones.
A medida que pasa el tiempo y la ciencia se desarrolla, sus investigaciones
continúan profundizando, y también se reconoce su importancia en el bienestar
humano y la calidad de vida.
El propósito de este informe es brindar información relevante sobre el piso
pélvico, incluyendo su anatomía, función y problemas de salud asociados.
También se discutirán opciones de tratamiento y ejercicios de fortalecimiento
para ayudar a mantener la salud de esta área del cuerpo.
Asimismo también proporcionar una visión general de este tema y aumentar la
conciencia sobre la importancia del cuidado del piso pélvico.

[Link]:
La musculatura del piso pélvico corresponde a un grupo de músculos estriados
dependientes del control voluntario, que forman una estructura de soporte
similar a una “hamaca” para los órganos de la pelvis. El músculo más
importante es el elevador del ano. Descrito inicialmente por Andreas Vesalius
en el siglo XVI, ha sido objeto de múltiples estudios en cuanto a su estructura y
función. Entre la séptima y novena semana del desarrollo intrauterino se
observan los primeros esbozos del músculo. Su desarrollo está determinado
por una serie de interacciones moleculares y celulares con las estructuras que
lo rodean. Existe evidencia de cierto dimorfismo sexual (desarrollo diferente
según el sexo) de este músculo visto en estudios histológicos de recién nacido,
donde los individuos de sexo femenino presentan un músculo más laxo y con
mayor cantidad de tejido conectivo.
El músculo elevador del ano en conjunto con un segundo músculo del piso
pélvico, el músculo coccígeo, forman el llamado diafragma pélvico, siendo el
primero el componente principal. Este diafragma se extiende hacia anterior
desde el pubis, posterior hacia el cóccix y lateral hacia ambas paredes laterales
de la pelvis menor. Se extiende como un embudo hacia abajo formando la
mayor parte del suelo de la pelvis. Existe además otro grupo muscular que
conforma el diafragma urogenital, más inferior, es decir superficial al elevador
del ano que, al igual que éste, participa en la continencia urinaria. El elevador
del ano es el músculo más extenso de la pelvis. Está compuesto por tres
fascículos o haces: el haz puborrectal, pubococcígeo e iliococcígeo.
El haz puborrectal se origina desde la cara posterior de ambos lados de la
sínfisis del pubis. Su origen es medial al origen del haz pubococcígeo. El haz
puborrectal es un fascículo muscular grueso que avanza hacia posterior e
inferior hasta detrás del recto a nivel de la unión anorrectal donde sus fibras se
cruzan dando la característica forma de “U”. El haz pubococcígeo se origina
lateral al origen del haz puborrectal, en la sínfisis del pubis, sobrepasando el
recto e insertándose a nivel del cóccix. El haz iliococcigeo se inserta en las
regiones laterales a la sínfisis de pubis y en el arco tendinoso del músculo
elevador del ano (un engrosamiento ancho curvo y cóncavo de la fascia
obturatoria) y hacia posterior se inserta en el ligamento anococcígeo lateral a
las dos últimas vértebras coccígeas. La disposición de las fibras adopta una
dirección hacia inferior y medial en dirección al conducto anal, formando un
“embudo” con forma de V o de “alas de paloma” al observar cortes coronales a
esta altura. El control de este músculo está dado por inervación proveniente del
nervio para el músculo del elevador del ano proveniente del plexo sacra, ramas
del nervio pudendo, perineal y rectal inferior.
Sultan describió en 1994 que tras las partes vaginales existe la posibilidad de
trauma sobre este músculo, determinando una prevalencia de entre un 15 a
35% de alteraciones anatómicas en esta población. Durante el parto, además,
pueden producirse lesiones a nivel de la inervación, especialmente de los
nervios pudendos lo cual provocaría una denervación y atrofia de este músculo.
Lo anterior determina una pérdida de la estructura y secundariamente
descenso del piso pélvico, especialmente de los compartimentos anterior y
medio. Sin embargo, estas alteraciones no siempre se asocian con la aparición
de síntomas como incontinencia urinaria y fecal así como sensación de bulto
por prolapso uterino.

FUNCIONES:
El piso pélvico es un conjunto de músculos, ligamentos y tejidos conectivos
ubicados en la base de la pelvis. Cumple varias funciones importantes en el
cuerpo humano, incluyendo el soporte de órganos, el control de esfínteres y la
función sexual.
Soporte de órganos : El piso pélvico proporciona un sostén crucial para los
órganos pélvicos, incluyendo la vejiga, el útero (en mujeres) y el recto. Estos
órganos están suspendidos en la pelvis por medio de ligamentos y tejidos
conectivos que están soportados por los músculos del piso pélvico.
Un estudio de Chiarelli & Cockburn (2002) señala que la debilidad del piso
pélvico puede resultar en el prolapso de órganos pélvicos, donde los órganos
caen hacia abajo debido a la falta de soporte muscular adecuado
control de esfínteres: Los músculos del piso pélvico también desempeñan un
papel crucial en el control de la micción y la defecación. Estos músculos
ayudan a mantener cerrados los esfínteres de la uretra y el ano, lo que permite
la retención de la orina y las heces hasta que sea apropiado evacuarlas.
Un metaanálisis realizado por Dumoulin et al. (2018) destaca la eficacia de los
ejercicios del piso pélvico en el tratamiento de la incontinencia urinaria y fecal,
demostrando la importancia de la función de control de esfínteres del piso
pélvico en la salud urogenital.
Función sexual: El piso pélvico también está implicado en la función sexual
tanto en hombres como en mujeres. En las mujeres, estos músculos son
importantes para la sensación durante el coito y para el soporte adecuado de
los órganos reproductivos.
Un estudio realizado por Reissing et al. (2013) encontró una asociación
significativa entre la fuerza del piso pélvico y la función sexual en mujeres,
sugiriendo que la salud del suelo pélvico puede influir en la experiencia sexual.
ENFERMEDADES:
El suelo pélvico puede estar sujeto a diversas enfermedades y trastornos que
afectan su estructura y función.

Prolapso de órganos pélvicos: El prolapso de órganos pélvicos ocurre


cuando los órganos pélvicos, como la vejiga, el útero o el recto, se desplazan
de su posición normal y protruyen en la cavidad vaginal o rectal. Esto puede
ocurrir debido a la debilidad de los músculos y tejidos de soporte del suelo
pélvico, a menudo como resultado del parto, el envejecimiento o la presión
crónica en la región pélvica.

Incontinencia urinaria y fecal: La incontinencia urinaria se refiere a la pérdida


involuntaria de orina, mientras que la incontinencia fecal implica la incapacidad
de controlar las evacuaciones intestinales. Estos trastornos pueden ser
causados por debilidad o disfunción de los músculos del suelo pélvico, daño a
los nervios que controlan la vejiga y el recto, o por otros problemas de salud
subyacentes.

Disfunción del suelo pélvico: La disfunción del suelo pélvico abarca una
variedad de trastornos que afectan la capacidad del suelo pélvico para
funcionar adecuadamente. Esto puede incluir dolor pélvico crónico, disfunción
sexual, dificultad para orinar o defecar, y sensaciones de presión o plenitud en
la pelvis. Las causas pueden ser diversas, como lesiones traumáticas, cirugías
previas, trastornos neurológicos, o tensiones musculares crónicas.

Síndrome del suelo pélvico hipertónico: Este síndrome se caracteriza por


una tensión excesiva en los músculos del suelo pélvico, lo que puede provocar
dolor pélvico crónico, disfunción sexual, dificultades para orinar o defecar, e
incluso dolor durante las relaciones sexuales. El tratamiento suele implicar
técnicas de relajación muscular, fisioterapia, y en algunos casos, medicación o
terapia psicológica.

Lesiones perineales: Las lesiones perineales, como desgarros o episiotomías


durante el parto, pueden afectar la integridad del suelo pélvico y contribuir a
problemas como el dolor pélvico crónico, la disfunción sexual y la incontinencia
urinaria o fecal.

TRATAMIENTOS:
Muchas mujeres padecen trastornos del piso pélvico (DSP) que no requieren
tratamiento. Pero si los síntomas son molestos o limitan las actividades de la
mujer, el tratamiento suele ayudar.
TRATAMIENTO NO QUIRÚRGICO
Los tratamientos no quirúrgicos que suelen utilizarse incluyen:

Entrenamiento de los músculos del piso pé[Link]én conocido como


ejercicios de Kegel, este ejercicio consiste en tensar y relajar los músculos del
piso pélvico. Si se realizan correcta y regularmente, los ejercicios de Kegel
pueden mejorar los síntomas del prolapso. Sin embargo, estos ejercicios no
corrigen el prolapso.
La biorretroalimentación a veces se utiliza para enseñar a las mujeres qué
grupos de músculos tensar.

Inyecciones para tratar problemas de control de la vejiga. Se puede


inyectar un "relleno" cerca del cuello de la vejiga y la uretra para espesar el
tejido y cerrar la abertura de la [Link] posible que se necesiten inyecciones
repetidas con el tiempo.
Medicamento. A veces se recetan medicamentos para tratar ciertos problemas
de control de la vejiga o para prevenir deposiciones sueltas o frecuentes
Pesario vaginal. Este dispositivo de plástico se utiliza para tratar ciertos tipos
de prolapso y mejorar el control de la vejiga. Se inserta un pesario en la vagina
de la mujer para ayudar a sostener sus órganos pélvicos. Su médico tomará
medidas para determinar la mejor forma y tamaño de pesario para ella y le dirá
cómo usarlo y cuidarlo.
TRATAMIENTO QUIRÚRGICO
En algunos casos, el mejor tratamiento es la cirugía, en especial cuando otros
tratamientos han [Link] tratamientos quirúrgicos se pueden
realizar de forma ambulatoria.
Utilizado para el prolapso. La cirugía implica reparar el prolapso y restaurar el
soporte del suelo pélvico. Hay muchas formas de hacerlo, según el tipo de
prolapso y otros factores. A las mujeres con prolapso de útero también se les
puede extirpar el útero (histerectomía). Las mujeres que se someten a una
cirugía de reparación de prolapso a menudo se someten a una cirugía para
corregir los problemas de control de la vejiga. Algunas mujeres optan por
someterse a una vaginoplastia. Esta cirugía trata el prolapso estrechando y
acortando la vagina. Este es un procedimiento eficaz y de bajo riesgo, pero no
se recomienda para mujeres que desean tener relaciones sexuales vaginales.
Problemas con el control de la vejiga. La cirugía es eficaz para tratar los
problemas de retención urinaria causados por la presión sobre la vejiga
(incontinencia de esfuerzo).
Cabestrillo uretral medio. El cirujano inserta una correa o malla para
mantener la vejiga en su posición normal.
Suspensión vaginal. El cirujano devuelve la vejiga a su posición correcta y la
fija a los tejidos de la pared vaginal y del suelo pélvico y la mantiene en su
lugar.
Problemas con el control de las heces. Es posible que se necesite cirugía
para reparar los músculos del esfínter anal dañados o para reparar ciertos tipos
de prolapso.
No todas las mujeres son candidatas a cirugía. En general, las mujeres que
desean tener hijos no deberían someterse a una cirugía pélvica. Los
investigadores también comparan tratamientos para determinar cuál es el
mejor.
FACTORES DE RIESGO :

El embarazo, el parto vaginal, la multiparidad, la edad, la menopausia, la raza,


la cirugía pélvica previa, las enfermedades hereditarias con alteraciones del
colágeno (síndrome de Marfan y síndrome de Ehlers-Danos) y otros factores
que aumentan la presión intraabdominal de forma crónica, como el
estreñimiento, la bronquitis crónica, la obesidad y la hipertensión, son los
factores etiológicos más frecuentemente .

La mayoría de los estudios epidemiológicos que analizan los factores de riesgo


de IU e IF en mujeres señalan el embarazo y el parto como factores
importantes. El embarazo en sí supone un riesgo para el suelo pélvico.

MacLennan et al27 plantearon la hipótesis de que las hormonas liberadas


durante el embarazo están asociadas con cambios en el tejido conectivo que
reducen la resistencia a la tracción y promueven la [Link] amplia
evidencia de que el traumatismo del parto durante el parto vaginal contribuye a
las ITU e IF.

Desde el punto de vista fisiopatológico, se considera que estas disfunciones


son consecuencia de tres hechos: a) laxitud excesiva del suelo pélvico,
secundaria a la expansión de músculos y fascias que se produce durante el
parto en la vagina, b) secundaria directa daño a la pared vaginal (desgarros,
episiotomías) y puede afectar el soporte y posición de la vejiga, recto y útero, o
daño al esfínter anal, y c) daño nervioso directo causado por compresión o
compresión de los músculos estriados (pubococcígeo y esfínter) o reflejo28.

Las investigaciones muestran que el daño al músculo del piso pélvico y la


estructura aponeurótica y su inervación pueden ocurrir no solo durante el parto,
sino también durante la cirugía ginecológica, y estos daños pueden causar
trastornos funcionales.
Un estudio epidemiológico publicado recientemente observó que la
histerectomía, independientemente de la técnica quirúrgica, aumenta el riesgo
de la mujer de someterse a una intervención correctiva para la IUE29.

Los cambios en el tejido conectivo secundarios a la menopausia se asocia con


una mayor sensibilidad a la incontinencia y al prolapso genital.

En un estudio realizado en nuestro centro se identificó la menopausia como un


factor de riesgo independiente de la doble incontinencia.

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