La oración te da fortaleza para evitar la tentación.
Jesús aconsejó a Sus discípulos, “Velad y orad para que no entréis en tentación”
( Mateo 26:41). Mediante la oración, podemos superar las tentaciones de pecar.
Ora por la ayuda de Dios para guardarte de tomar decisiones incorrectas.
La oración alinea tu voluntad con la voluntad de Dios
El propósito de la oración no es necesariamente decirle a Dios cómo queremos que Él haga
las cosas. Más bien, es para comprenderlo mejor a Él y Sus caminos, poniéndonos en
alineación con Su voluntad. la oración “no cambia a Dios, me cambia a mí”.
La oración y el ayuno frecuente pueden ayudarte a aceptar la
voluntad de Dios.
Jesús ayunó 40 días y 40 noches antes de comenzar su ministerio sobre la tierra. Al hacerlo,
estuvo en comunión con su Padre en el Cielo en oración. De igual manera, si oras y ayunas,
puedes estar más cerca de Dios y entender mejor las cosas que Él quiere que hagas.
La oración puede obrar milagros
A través de las escrituras, vemos muchos ejemplos del Señor obrando milagros como
respuesta a una oración. En los tiempos del Antiguo Testamento, el profeta Daniel fue
echado al foso de los leones porque se rehusó a dejar de orar. Cuando oró a Dios en el foso
de los leones, ángeles aparecieron y cerraron la boca de los leones. Mediante la oración
diaria, tú puedes experimentar milagros personales, tales como la sanación, la paz y el
perdón de tus pecados.
La oración invita al Espíritu Santo a tu vida.
Al orar diariamente, invitas al Espíritu Santo a que esté contigo y a que te consuele y
te guíe. El Espíritu Santo puede darte respuestas, ayudarte a sentir el amor de
Dios y traer un sentimiento de paz y gozo a tu corazón.
La oración te ayuda a ser más como Jesús
Jesús puso el ejemplo perfecto de la oración. Si te esfuerzas por seguir Su ejemplo
por medio de la oración, podrás llegar a ser más como Él y desarrollarás una mejor
relación con Jesús y con el Padre Celestial.
Cuatro pasos para la oración
Dios es tu Padre Celestial y desea saber de ti. Puedes acercarte a Él a través de la
oración. Como Su hijo, puedes pedirle a tu Padre Celestial Su ayuda y guía en tu vida.
La oración puede hacerse en voz alta o mentalmente. Puedes hablarle a Dios como lo
haces con otras personas. Tus palabras no tienen que ser elocuentes o memorizadas. Es
más importante que abras tu corazón. Ten fe de que Él está ahí para ti y que te escucha,
porque así es. Ten fe en que Él te ayudará, porque lo hará.
La oración es uno de los dones más valiosos que hemos recibido de un amoroso Padre
Celestial.
Conversa con Dios
Habla de tu corazón y comparte tus esperanzas y deseos como también tus
preocupaciones y problemas. Puedes pedirle Su ayuda, dirección, perdón o sanación.
Lo que sea que esté en tu mente, tráelo a Él. Reconoce que Su sabiduría y Su tiempo son
más grandes que los tuyos. Puedes preguntarle qué es lo que Él quiere para ti.
Comparte con Dios tus sentimientos hacia otras personas. Puedes pedir por sus
necesidades o preguntarle en qué manera puedes ayudarles y amarles.
Agradécele a Dios por todas las bendiciones en tu vida. Aun los desafíos pueden ser
una bendición. Estos nos ayudan a ser humildes y a mantener nuestro corazón y mente
más abiertos a las respuestas de Dios.