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REFORMA PROCESAL PENAL

SILLONES ACADÉMICOS
ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO 3

Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA


INSTITUTO DE CIENCIAS JURÍDICAS
Y SOCIALES DE LA REGIÓN CENTRO

REFORMA
PROCESAL PENAL
Estudios

Coordinadores:
Ariel Alvarez Gardiol
Jorge W. Peyrano

Autores:
Sergio José Barberio - Andrea A. Meroi
Omar A. Benabentos - Hernán Gonzalo Carrillo
Abraham Vargas - Eduardo Terrasa - Tristán García Montaño
Carolina Eguren - Adolfo Alvarado Velloso

Córdoba
2010
4 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

EDICIONES DE LA ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO


Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Volumen LI

Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba


Reforma procesal penal - 1a ed. -

Córdoba: Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de


Córdoba, 2010
210 p.; 23x16 cm.
ISBN 978-987-1123-68-1

1. Derecho Procesal Penal. I. Título


CDD 347.05 Fecha de catalogación: 2/09/2010

1ª Edición - 1ª Reimpresión

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS


Copyright © 2010, Academia Nacional de Derecho
y Ciencias Sociales de Córdoba
Artigas 74 - 5000 Córdoba (República Argentina)
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
REFORMA PROCESAL PENAL 5

ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO


Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

AUTORIDADES
(Período 2010 - 2013)

JUAN CARLOS PALMERO


Presidente

JULIO I. ALTAMIRA GIGENA


Vicepresidente

JORGE DE LA RÚA ARMANDO S. ANDRUET (h)


Secretario Tesorero

LUIS MOISSET DE ESPANÉS


Director de Publicaciones

Dirección: Gral Artigas 74- 5000 – Córdoba


Tel./Fax (0351) 4214929
E-mail: [email protected]
Consulte novedades doctrinarias en la
Página Web: www.acaderc.org.ar
REPÚBLICA ARGENTINA
6 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Presidentes Honorarios

Dr. PEDRO J. FRÍAS

Dr. OLSEN A. GHIRARDI


REFORMA PROCESAL PENAL 7

PALABRAS DE PRESENTACIÓN

Damos comienzo hoy a este curso de profundización de la reforma


procesal penal en nuestra provincia que se dictará con los auspicios de la
Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Rosario, de la Facul-
tad de Derecho del Rosario de la Pontificia Universidad Católica Argen-
tina y del Colegio de Abogados de Rosario.
En el mundo globalizado que hoy vivimos, tanto en lo público como
en lo privado, es muy poco lo que se puede hacer en soledad. Todos
necesitamos de todos. Y es gracias a ello, que se pueden obtener resulta-
dos, que en aislamiento, son casi imposibles.
Mis primeras de estas pocas palabras de presentación, son de agra-
decimiento a todos los que con generosidad y sabiduría, hicieron posible
coronar esta tarea.
Al señor ministro de Justicia de la Provincia, por haber asumido la
presidencia honoraria del Curso y haber favorecido con su prestigio aca-
démico e institucional este emprendimiento y a los profesores doctores
Corvalán y Ríos, por haber ejercido la presidencia ejecutiva, en la elec-
ción de los temas, sin duda más importantes de esta trascendente refor-
ma, que supera definitivamente el proceso inquisitivo, para comenzar a
elaborar, sin prisa, pero sin pausa, una estructura procesal acusatoria en
materia penal.
A los señores profesores que se empeñaron en explicarnos los más
significativos momentos de esta tarea codificadora que la doctrina proce-
sal reclamaba desde hace muchos años.
A las instituciones que auspiciaron nuestro proyecto, sin las cuales,
como respaldo colectivo y como apoyo logístico, tampoco hubiéramos
podido asumir.
A todos los otros que desde el más humilde de los roles, hasta el más
encumbrado, permitieron alcanzar este resultado. Nombrarlos sería co-
rrer el riesgo de alguna omisión imperdonable.
Y fundamentalmente a todos los que ansiosos de perfección respon-
dieron a nuestra convocatoria, con constancia y paciencia.
8 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

La primera sesión, “La defensa penal pública y de confianza”, en


conferencias de los presidentes ejecutivos de este Curso, profesores doc-
tores Ramón Teodoro Ríos y Víctor Ramón Corvalán. Continuarán “Los
desafíos del Ministerio Público de la Acusación” en disertaciones a cargo
de los profesores doctores Julio de Olazábal y Gustavo Franceschetti.
Les seguirán “La gestión de los tribunales penales en un sistema de au-
diencias”, en pláticas de los doctores Víctor Moloeznick y Mario Martín
Barletta. La última, sobre “El proceso de implementación progresivo y
por materias del nuevo Código Procesal Penal”, en exposiciones de los
profesores doctores Alfredo Ivaldi Artacho y María Cecilia Vranicich
moderados por el doctor Luis Schiappa Pietra.
Muchas, pero realmente, muchísimas gracias a todos.

Ariel Álvarez Gardiol


Director del Instituto de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Región Centro
de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba
REFORMA PROCESAL PENAL 9

DEFENSA PENAL PÚBLICA


Y REFORMA PROCESAL

por RAMÓN TEODORO RÍOS

Sumario: Introducción. I. La influencia internacional en el cambio procesal. II.


La consideración integral de las reformas. III. ¿Qué tiene que ver la reforma
procesal con la defensa pública penal? Una muestra transversal. El derecho a la
defensa en juicio. IV. Conclusión.

Introducción

Agradezco al profesor Dr. Ariel Álvarez Gardiol, en su carácter de di-


rector del Instituto de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Región Centro de la
Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba -entidad
organizadora de este curso-, el enorme privilegio de compartir esta prestigio-
sa tribuna sobre un tema de tanta importancia, como lo es la profundización
en la reforma procesal penal de la provincia de Santa Fe

I. La influencia internacional en el cambio procesal

No es fácil comprender la mutación en ciernes de la defensa penal si


no la emplazamos en relación con los cambios sustanciales sufridos por el
sistema procesal.
Ya lo hemos dicho en otra oportunidad y vamos a repetirlo. La refor-
ma procesal penal no es algo circunscrito a nuestra provincia, ni a nuestro
país, ni siquiera a la región de América Latina y el Caribe. Por el contra-
rio, la transformación asume contornos universales.
Es que, desde hace un tiempo, advertimos un fenómeno inusitado: el
desembarco cada vez más evidente de los principios e influencias del
10 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

sistema penal anglosajón en las aguas hasta el momento soberanamente


dominadas por las reglas del sistema continental europeo.
El nuevo Código de Italia, la profunda reforma del Digesto lusitano y
las últimas modificaciones en varios países de Europa, revelan el cruce -
unas veces disimulado, otras veces no tanto-, de prácticas y tradiciones
británicas a través del Canal de la Mancha en el viaje empeñoso del
continente europeo hacia una tutela judicial más efectiva.
Algo similar ha ocurrido en América donde la jurisprudencia y las
instituciones de EE.UU. vienen influyendo notoriamente en los sistemas
latinoamericanos 1.
No se trata simplemente de copiar recetas extranjeras. Más vale se
trata de encontrar el punto de equilibrio en el proceso entre garantías y
eficacia, sin dejarnos dominar por una ingenua y tonta xenofobia.
Coincidentemente también señalábamos en una publicación que
el proceso penal, en lo posible, debe servir al imputado, a la víctima
y al logro de la armónica convivencia social, buscando un equilibrio
entre la eficacia del sistema y las garantías de sus destinatarios 2.
En ese sentido, la reivindicación internacional de los derechos hu-
manos no apuntó exclusivamente a los derechos y garantías del imputa-
do; también revitalizó la tutela judicial efectiva de la víctima, su legitima-
ción en la búsqueda de la verdad jurídica objetiva, la protección del ofen-
dido y de sus testigos, facilitándole asimismo al damnificado su derecho a
la justicia (no impunidad) y a la reparación.

II. La consideración integral de las reformas

Precisamente, la incorporación del querellante, las facultades


discernidas a la víctima y a la Fiscalía, la protección a testigos y víctimas
en los procesos penales y las salidas anticipadas del proceso penal en
razón de soluciones consensuadas al conflicto, convenientes al imputado

1
Vayan como ejemplo las doctrinas del “fruit of the poisonous tree” y de la
“exclusionary rule”, adoptadas adecuadamente por nuestra Corte a partir de los pronun-
ciamientos de la Corte Suprema norteamericana.
2
“Proceso penal y persona”, L.L. del 19 de marzo de 1996.
REFORMA PROCESAL PENAL 11

y satisfactorias para el damnificado directo, traducen la aplicación de


esos objetivos concretos.
Es que -como también lo hemos expresado con Alfredo Ivaldi-, efi-
cacia sin garantías significa arbitrariedad; pero garantías sin eficacia, es
el ropaje solemne de la estupidez.
Cristián Riego en un documento del CEJA (Centro de Estudios de
Justicia de las Américas) expresa que las últimas reformas procesales
penales no son simplemente del Código de Procedimiento, sino que man-
tienen una tendencia que él llama refundacional. Es decir, la idea de mo-
dificaciones radicales: nuevos códigos, nuevas estructuras y formas de
organización, nuevas facultades para las personas y los órganos que in-
tervienen en el procedimiento, y cambios paradigmáticos en el funciona-
miento del sistema penal.
La falta de decisión política para abordar una transformación inte-
gral, completa, anclada con hondura en el sistema DE JUSTICIA PE-
NAL, y que trastorne no sólo la vigencia de las normas del CPP, sino que
también extienda la conmoción sísmica a la protección de víctimas y tes-
tigos en los procesos penales, a la Ley de Organización de los Tribunales
Penales, a la reglamentación del Ministerio Público de la Acusación, a las
preceptivas del Servicio Público de Defensa Penal, a la creación y regu-
lación de la oficina de gestión de cada uno de los organismos participan-
tes en el Sistema de Justicia Penal, la falta de esa decisión política inte-
gral -decíamos- significa la renuncia a revertir la decepcionante situación
vigente y apresurar así el colapso avizorado en el horizonte.
¡Reconozcamos que tanto los involucrados en el Plan Estratégico,
como, especialmente, los integrantes del actual gobierno provincial, han
acometido, con coraje y por vez primera, el cambio integral y simultáneo
en todas estas áreas!
Vamos a un ejemplo para advertir la importancia del tema de la
integralidad o globalidad de la transformación.
El fracaso de los sistemas orales de enjuiciamiento penal en el
país obedeció a la falta de una oficina judicial de gestión, encarga-
da de la ingeniería organizacional y que se ocupara de asignar los
casos y diagramar y preparar las audiencias. Los jueces no sabe-
mos ni podemos cumplir con esa tarea.
Por eso la ineludible gestión organizacional debe estar en manos de
especialistas en la ciencia de la administración. Si esto no se concreta,
12 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

naufraga la eficacia de las innovaciones en las normas procesales. La


oralidad fracasa cuando los juristas se encargan de organizar y fijar las
audiencias, convocando a las partes, peritos y testigos. Es un despropósi-
to que los magistrados se ocupen de la gestión: no se puede tocar la
campana y estar en la procesión.
Entonces, la agenda de los jueces y la preparación de las audiencias
deben estar conducidas por una oficina judicial especializada. Asignar los
casos no debe generar los múltiples conflictos actuales de competencia
por turno, ni fijar las audiencias provocar tiempos muertos para jueces,
fiscales y defensores por desconocimiento organizativo
… Por otra parte -y como consecuencia-, un gerenciamiento admi-
nistrativo óptimo requiere un nutrido colegio o comité de jueces penales
con competencia indiferenciada para la asignación de los casos a decidir
(mega-despacho, pool de jueces). Una cosa apareja la otra. Y por eso
debe ser integral y globalizado el cambio
Como se ve, si la innovación intentaba lograr eficiencia, rapidez, sim-
plicidad, inmediación y transparencia, para satisfacer a los justiciables,
conseguir la aprobación de la sociedad y consolidar el sistema republica-
no, entonces nunca la reforma podía reducirse al procedimiento en un
marco solitariamente normativo del C.P.P. La legislación proyectada, que
ahora estamos estudiando, adoptó esta pauta orientadora y reglamentó al
mismo tiempo las diversas áreas interconectadas.

III. ¿Qué tiene que ver la reforma procesal con la defensa


pública penal?

Tiene que ver, y mucho. Nos hemos referido primero a la reforma


procesal penal porque:
ANTES, la defensa pública, recaía generalmente en América Latina
en organizaciones débiles prestatarias del servicio, asimilándose a una
función formal y secundaria, cumplida por funcionarios que consideraban
su designación como una etapa de paso a las fiscalías, o a la judicatura.
En otros países la actividad carecía de remuneración, se consideraba
una carga pública del abogado o se confiaba a los estudiantes de derecho
(consultorios), sin estímulo para un cabal desempeño, ni controles adecua-
dos que dilucidaran la responsabilidad exigida por su insustituible ministerio.
REFORMA PROCESAL PENAL 13

Desde ya merecen una mención aparte nuestros defensores genera-


les de la Provincia por su descollante y responsable labor. Pero sólo ellos,
de todas maneras, no alcanzarían, pese a su enjundia y empeño, para
cubrir lo estándares exigidos por el nuevo sistema. Ya lo veremos.
Pero, ¿por qué esa debilidad congénita de la defensa pública?
Porque la situación de la defensa resultaba coherente con el siste-
ma procesal inquisitivo, donde no tenía un rol relevante. Más vale se
limitaba a validar formalmente la desbordante actividad del juez de ins-
trucción, en una época donde había una fuerte preeminencia de lo poli-
cial y un acentuado estímulo a la mediocridad burocrática de los opera-
dores procesales como derivación de la falta de control de calidad de
sus intervenciones técnicas.
El mejor resultado del juicio surge en esta época -como explica el
Manual de Defensoría Penal Pública para América Latina y el Cari-
be- de la actividad de una persona (el juez), quien se encuentra imbuido
de una capacidad especial para hallar la verdad real y la mejor solución al
conflicto, aplicando los valores adecuados al caso. El defensor es un auxiliar
que no debe obstaculizar la tarea omnipotente del juez o del acusador de
hallar la verdad y la justicia.

A PARTIR DE LAS REFORMAS: se entiende que una buena respuesta para


el caso es dejar que cada uno de los intereses en juego presenten su
versión del asunto y debatan entre ellos ante un juez imparcial. Cuanto
mejor esté representado el interés del imputado, se advierte, mejor fun-
ciona todo el sistema.
Advienen, entonces, sistemas orales; acusatorios, adversariales, donde
el amplio contradictorio hace imprescindible el papel activo del defensor y
no permite ocultar las debilidades del servicio de defensa. ¡El fiscal y el
defensor se juegan su prestigio de cara al público, a la víctima, a su cliente
y a los medios de comunicación que valoran su desempeño!
Con el nuevo C.P.P. ninguna declaración del imputado en el trán-
sito de la persecución penal es válida si no está presente su aboga-
do defensor. Ya no basta con el pretérito diseño de la defensa técnica,
que generalmente asumía su papel tras haberse recibido al imputado el
interrogatorio sumario en la policía y sin haber sido notificado el defensor
de la oportunidad en que ante el juez su defendido prestará declaración
indagatoria. ¡Ahora en cada declaración el defensor deberá estar
14 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

presente! Nuestros pocos defensores públicos actuales no pueden abar-


car semejante encargo.
El sistema acusatorio blanquea la negociación, la hace transparente.
Suelo decir que el abogado defensor, en el nuevo sistema, es el pri-
mer juez que puede decidir el caso. Su responsabilidad es enorme. Pero
debe ser prudente, diligente. Sobre todo si está la cárcel de por medio, la
urgencia de la libertad versus la probabilidad de un pronunciamiento de
inocencia, habrá de reflexionar y dialogar cuidadosamente con su asistido
para orientar o insinuar lo que es más favorable para su defendido en el
caso. No puede recomendar desaprensivamente cualquier solución.
En la entrevista previa, tras la información confidencial, podrá ase-
sorarlo sobre la actitud procesal a asumir y la estrategia a desplegar:
guardar silencio, replicar -y de que forma- los cargos intimados, confesar
y preparar coherentemente algunas de las salidas anticipadas del proceso
(conciliación, perdón, reparación, suspensión del juicio a prueba) o el acor-
tamiento del rito (juicio abreviado, concertación de acuerdos con el fis-
cal), o cimentar desde el primer momento la teoría del caso adecuada a
sus pretensiones absolutorias.
Si le es necesario deberá sustanciar su propia investigación sobre los
hechos y entrevistar y preparar -entiéndase bien lo que esto implica en un
sistema de litigación adversarial- a los testigos sobre cuya declaración
habrá de sustentar su teoría del caso en el debate.
Dice el Manual de Defensoría Penal Pública para América Lati-
na y el Caribe que hablar con los testigos que han identificado la policía y
el Ministerio Público, con el fin de descubrir fallas o elementos que no
hagan creíble la tesis acusatoria, o entrevistar a quienes pueden aportarle
información según la versión del imputado, puede ser esencial a la mejor
preparación del caso. Interrogar a los policías que han tenido intervención
directa puede brindar información precisa de lo sucedido y aclarar la le-
galidad y corrección de las actuaciones policiales.
Enorme es la responsabilidad de la defensa técnica, que debe ser
controlada, supervisada, por organizaciones específicas y de acuerdo a
estándares previamente establecidos, para evitar malas praxis en la deli-
cada función encomendada: aceptar la culpabilidad de un inocente para
eludir el trabajo de una seria defensa de fondo; o inadvertir a su asistido
de la posibilidad de una solución alternativa que hubiera soslayado una
condena; o haber ofrecido desaprensivamente prueba contraria a los in-
tereses de su asistido.
REFORMA PROCESAL PENAL 15

La propuesta es abandonar la visión “benéfica o caritativa” (le pone-


mos un defensor como un acto de generosidad) reemplazándola por ade-
cuadas políticas públicas y de desarrollo institucional compatible con los
compromisos constitucionales e internacionales.
El objetivo encierra como exigencias: una base de suficiente
financiamiento (se necesita presupuesto), un contingente de profesio-
nales especializados (ya no basta con el exiguo número de defensores
públicos), y un marco de autonomía institucional (el defensor público
ya no está totalmente aislado, sino que puede hasta interactuar
institucionalmente con sus pares organizados) en forma similar a la orga-
nización de los fiscales.

Una muestra transversal

Una óptica práctica puede mostrar claramente la relación entre la


pujante reforma procesal y el enclave en el sistema de la actual defensa
pública penal.
Para poner en evidencia la distancia que media entre las fórmulas de
justicia penal que rigieron hasta ahora, y aquellas a las que apunta la
reforma, nada mejor que efectuar algo así como un corte transversal (lo
transversal estuvo de moda en su momento en el mundo político) y anali-
zar las consecuencias prácticas de una y otra (la antigua que se deroga y
la que aspiramos lograr en el futuro, una vez cumplida la transformación
integral en ciernes).
En el sistema que agoniza, cada denuncia o caso criminal ingresa
al proceso por decisión del “juzgado de turno”: toda una estructura
completa de personal integrada por un plantel que comprende desde un
pedazo exclusivo del edificio en el tribunal, hasta un secretario, un orde-
nanza, empleados de mesa de entradas, proveyentes, sumariantes, ense-
res de limpieza, máquina de café, etc.. Cada vez que se necesita un juez
más para atender la masa descomunal de ingreso de casos criminales
(principio de legalidad procesal) se hacía necesario crear un nuevo juzga-
do con toda la parafernalia estructural aludida
Y toda esa catarata de casos, que el viejo sistema el juzgado acepta
después de tropezar con el filtro de la competencia por turno (las
inhibitorias que debe resolver a diario la cámara son múltiples y dilatan
largamente el inicio de la investigación), se convierte en un masivo uni-
16 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

verso que en forma indiferenciada comienzan a transitar lentamente, a


cuenta gotas, por el prolongado y tortuoso camino de un procedimiento
igualitario, discontinuo, sin alternativas, regulado por las antiguas normas
procesales.
En consecuencia: se condena a los confesos, autores de delitos sim-
ples, “ladrones de gallinas”. Las actuaciones seguidas a los responsables
de delitos complejos, de cuello blanco, corrupción administrativa, de inte-
ligencia, marchan abrazadas alegremente, acumuladas en varios cuerpos,
hacia la prescripción.
La fiscalía dictamina o apela a posteriori. Todo depende de la policía
y del juzgado (impulso, investigación y decisión) y, por imperio de la dele-
gación de funciones, si los empleados son eficientes, los resultados disi-
mulan la distorsión del sistema.
¡Señala un autor chileno: el inquisitivo es sobrecogedoramente indul-
gente con la ineptitud, la ignorancia y la falta de destreza de abogados y
jueces!
En el sistema nuevo cada denuncia o caso criminal ingresará pri-
mordialmente por decisión de los fiscales, con activa participación de la
víctima.
Precisamente la revolución cultural, orgánica y funcional más rele-
vante debe conmover al Ministerio Público Fiscal, que será el corazón del
sistema en el nuevo C.P.P..
La justicia que viene requiere un Ministerio Público dinámico, prota-
gonista, especializado, que haga uso de sus facultades discrecionales y se
transforme en motor del sistema. El fiscal deberá interactuar con la vícti-
ma y con el defensor, será bisagra entre el mundo policial y judicial, y se
transformará en la clave para desformalizar la burocrática instrucción
existente y la eliminación del expediente actual.
El órgano regulará la carga del trabajo judicial, pues la casi totalidad
de las causas tendrán ingreso al ruedo por decisión de los fiscales.
El fiscal será sístole y diástole del movimiento circulatorio de las
causas: las detraerá de inmediato del circuito con su archivo, desestima-
ción, o por un criterio de oportunidad (por ej., no vale la pena perseguir
por insignificancia -hurto de emparedado en un juzgado, o al colectivero
por un pasajero privado de su libertad al llevarlo el ómnibus una parada
más lejos en su viaje-; o por pena natural -accidente culposo donde
fallecen familiares queridos del imputado, o por el pase de lo denunciado
REFORMA PROCESAL PENAL 17

a una oficina de mediación u otras razones prácticas y de sentido común


-se cumplió fin de prevención-, etc.); o -por el contrario- les extractará a
las otras causas su sustancia para persistir responsablemente en la perse-
cución penal.
Las resoluciones de los casos en que se prescinde perseguir, son
asumidas colectivamente en otros países por un colegio de fiscales espe-
cializados (unidades de decisión temprana) en procura de obtener cierta
homogeneidad de criterio y neutralizar parcializadas presiones, Con ello
se lograría eliminar ciertos conflictos de su plena judicialización, sin per-
juicio de los derechos concernientes a las víctimas de ellos.
Asimismo el Ministerio Público tendrá que involucrarse en el tema
de la demanda ciudadana por seguridad, y hacerse cargo
institucionalmente de lo que corresponda a su área. Para ello debe iden-
tificar los instrumentos eficaces en la lucha contra el delito y asumir
protagonismo sin miedo a la crítica.
Ante este Ministerio Público así institucionalizado y fortalecido,
frente a la presión pública de revertir la impunidad y generar condi-
ciones de seguridad ciudadana, en un sistema oral, contradictorio y
adversarial, resulta imprescindible una defensa pública penal activa
que en un pie de igualdad de armas no pueda ocultar fácilmente sus
debilidades y asegure el ejercicio efectivo de la defensa a todos los
ciudadanos, en especial a los de menores recursos: … Un número de
abogados especializados suficiente para brindar sus servicios profesiona-
les a la defensa de los sectores más vulnerables de la sociedad.
Hay que equiparar en el diseño y fortaleza las funciones de quienes
deben acusar y quienes deben defender.
Un proceso acusatorio requiere no sólo un Ministerio Público Fiscal
sólido, impulsando eficientes estrategias de acusación; también reclama
una defensa pública consistente, capaz -en su caso- de plantarse ante la
acusación y argumentar persuasivamente ante los jueces.
¡Como vemos, el Servicio Público de Defensa debe cambiar porque
ha cambiado todo! ¡Adaptarse al ritmo impuesto por la nueva sinfonía!
Zaffaroni expresa que el grado de realización del Estado de derecho
depende de la autonomía y el poder de la defensoría pública en compara-
ción con otras agencias del sistema penal. No bastan C.P.P. acusatorios y
jueces juristas si no se organiza una defensa técnica fuerte para los
imputados más vulnerables.
18 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

El derecho a la defensa en juicio

El derecho a la defensa penal es un derecho humano fundamental,


un derecho natural (nadie puede ser condenado sin ser oído).
En la práctica llamamos defensa material a la que ejerce el propio
imputado y defensa técnica al asesoramiento y las instancias legales he-
chas por su abogado defensor.
El PIDCyP en su art. 14 d) confiere la garantía “a defenderse perso-
nalmente o ser asistido por un defensor de su elección” y “siempre que el
interés de la justicia lo exija, a que se le nombre defensor de oficio, gratui-
tamente, si careciera de medios para pagarlo”. Objetable lo que parece
ser una alternativa amplia de defenderse personalmente porque no cual-
quiera puede hacerlo. Y objetable también el “siempre que el interés de la
justicia lo exija” como condición para designar al pobre un defensor de
oficio: siempre el interés de la justicia lo exige.
Es mucho más clara la Convención Americana sobre Derechos Huma-
nos en su art. 8.2 d) y e) al establecer el derecho a defenderse personalmente
o de ser asistido por un defensor de su elección y el derecho irrenuncia-
ble de ser asistido por un defensor proporcionado por el Estado si el
inculpado no se defendiere por sí mismo ni nombrare defensor”
A nuestro entender la autodefensa sólo puede permitirse al aboga-
do perseguido penalmente si se encuentra en condiciones psicológicas
y materiales de ejercer su propia defensa técnica. En todos los demás
casos, si el imputado no nombra defensor, el servicio de defensa penal
pública ha de designarle uno, aunque pueda cobrar el costo de la presta-
ción en caso de condena cuando el asistido contare con medios económi-
cos suficientes (art. 12 del Proyecto de ley). Es lo que se llama “presta-
ción universal del servicio sin mengua de su orientación preferente a los
sectores pobres”.
El Manual de Defensoría Penal Pública para América Latina y
el Caribe, señala que el derecho a defenderse se integra con una serie de
garantías tales como la presunción de inocencia, el derecho a ser oído o a
guardar silencio, a un tribunal competente, independiente e imparcial, a la
igualdad procesal, a presentar pruebas, a ser juzgado en tiempo razona-
ble, en fin, el derecho a un juicio justo.
Pero, además, el derecho de defensa demanda la operatividad de
esas garantías, mediante su efectivo ejercicio o el reclamo oportuno de su
REFORMA PROCESAL PENAL 19

incumplimiento: derecho a intervenir ante los órganos jurisdiccionales, fis-


calías, policías y cualquier otro órgano de persecución penal para formu-
lar planteamientos, instancias, alegaciones, producir o contradecir la prueba
producida con el objetivo final de resguardar los intereses del imputado.
Estas circunstancias y el principio de igualdad, derivado de la calidad
de abogado especialista que posee su contrincante acusador, son sustento
inexorable del derecho a la defensa técnica del imputado. Más aún, la
reforma procesal propiciaría la apertura a otros asistentes extrajurídicos,
como los consultores técnicos (contadores, médicos legistas, peritos
calígrafos, balísticos, criminalísticos, pesquisas de parte) que integran el
equipo de defensa frente al equipo de la acusación
Hay, asimismo, otro elemento decisivo que fundamenta la exis-
tencia del abogado defensor y su gran responsabilidad. El imputado
no es más un objeto de persecución que sólo haya que tutelar o proteger.
Ahora es un sujeto procesal con autonomía individual cuya volun-
tad tiene posibilidad material de incidir en el resultado del proceso.
Como señala el Manual de Defensoría Penal, “tiene un espacio de
decisión sobre su propia suerte”.
Puede guardar silencio o confesar, simplificar el rito, consensuar
su condena en un juicio abreviado o reconocer implícitamente su res-
ponsabilidad -a lo menos indemnizatoria- acordando una reparación
por el daño que presuntamente ocasionara su conducta, pedir la sus-
pensión de su juicio, o probar y contradecir con fiereza en el debate
sosteniendo su inocencia y absolución. Pero para optar libre y vo-
luntariamente por algunas de las alternativas es condición sine qua
non su consentimiento informado en el proceso, y éste sólo se logra
mediante el cabal asesoramiento letrado 3. Si no contó con un de-
fensor que lo asesorara, no habrá consentimiento informado, ni vali-
dez de su opción por alguna de las alternativas.
El defensor ha de actuar en interés y beneficio de su asistido (aboga-
do de confianza); éste es el titular del derecho de defensa, su principal, y
decide en base a la información suministrada por el defensor. Aun en el
caso del defensor proporcionado por el Servicio Público de Defensa ha
de reproducirse en lo posible esa relación de confianza

3
Confr. Gabriel H. DI GIULIO, L.L. del 10 de febrero de 2009, pág. 1.
20 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

En este sentido es inadmisible la excusación del defensor público


invocando la objeción de conciencia, o apartarse de la defensa por repug-
nancia con ciertos delitos aberrantes (graves violaciones a los derechos
humanos, o atentados sexuales, o delitos de narcotráfico). La defensa
pública debe defender al imputado cualquiera que sea el hecho. Sólo se
dispondrá su apartamiento cuando no esté en condiciones de hacer una
buena defensa, separarse en interés de su asistido a quien la ley privilegia
por encima de la preservación de la persona del defensor.
La importancia y el interés público de la defensa penal reclaman la
responsable actuación del defensor, sobre todo en el caso de los imputa-
dos más vulnerables. Por ello se hace necesario, sin quebrantar la
confidencialidad de la relación profesional, establecer mecanismos de
control y evaluación de la calidad de la prestación, de acuerdo a estándares
básicos fijados de antemano.
Por supuesto que no se trata de calificar el logro final obtenido (ab-
solución o sobreseimiento); la obligación del abogado es una obligación
de medio, no de resultado, y los estándares prefijados tienden a mensu-
rar el grado de satisfacción brindado al usuario (“información proporcio-
nada a su defendido sobre la causa, los cursos posibles de acción y sus
consecuencias”), valorar sus actuaciones en las audiencias, el celo pues-
to en la negociación, las entrevistas celebradas, las visitas carcelarias, el
compromiso demostrado con el caso.
La falta de preparación del caso, la ausencia de estrategia previa al
juicio, la debilidad de los interrogatorios, y la exigua actividad de la defen-
sa en las etapas policiales y preparatorias son indicios de una objetable
despreocupación de la defensa técnica.
Frente al dilema de una defensa pública oficial, estatal, sólo inte-
grada por funcionarios permanentes con remuneración mensual, o de una
concepción privatista, que privilegia a los abogados particulares de con-
fianza elegidos por imputados pudientes y contrata el resto por licitación
con los grandes estudios jurídicos oferentes de mejor propuesta, parece
mucho más adecuada la proposición que traza la diagonal y adhiere a un
sistema mixto y recurre a convenios con las asociaciones profesionales y
colegios de abogados para asumir en común el encargo 4. Este parece ser

4
Arts. 10, 22, inc. 22, y 29 inc. 4 de la ley proyectada por el P.E..
REFORMA PROCESAL PENAL 21

el mejor vínculo entre la defensa penal pública y el mercado privado de


servicios legales
El interrogante de cómo debe distribuirse la carga de trabajo en
el SP de DP, es de difícil respuesta.
El método de cartera de causas consiste en que un defensor se
hace cargo de un caso desde que comienza hasta que termina, desde el
inicio de la investigación hasta la ejecución de la pena.
La identidad del mismo fiscal y defensor durante todo el proceso,
elude reproducir en el ministerio de la acusación y el servicio de defensa
una organización refleja a los grados o instancias de los tribunales y se
adecua mejor al principio del defensor de confianza: el asistido elige un
abogado quien lo asesorará durante toda la persecución penal, descartan-
do el vicio de parcelar los encargos, que diluye la responsabilidad de los
protagonistas del proceso.
Como lo señaláramos oportunamente 5, se han de cambiar lo menos
posible las personas que asuman las funciones procesales del contradic-
torio (fiscal de primera instancia durante la investigación y fiscal de cá-
mara en el juicio; defensor de grado en la instrucción y defensor de cá-
mara en el juicio), porque de otra manera (es decir, cambiándolos) se
pierde el hilo conductor de la estrategia planificada a lo largo de todo el
procedimiento y se corre el riesgo de la ineficacia por vía de la irrespon-
sabilidad funcional.
El ejemplo más claro de este vicio que llamamos “parcelar los encar-
gos” (nadie, finalmente, es responsable de nada), se advierte con claridad
en el sistema que se va: la policía levanta la pesquisa preliminar con el
sumario de prevención, después eleva las actuaciones al juez que llevaba
a cabo la instrucción judicial, el juez, a su turno, tras procesar al imputado,
trasladaba el expediente al fiscal, quien, con los elementos colectados por
sus predecesores acusaba ante el tribunal de juicio, y éste llegaba final-
mente a la conclusión de la absoluta inexistencia de prueba consistente
como para condenar: era una causa vacía de contenido incriminatorio. ¡El
caso pasó por muchas manos pero nadie se ocupó en serio de él; todos le
echarán la culpa a su antecesor en la actividad!

5
L.L. del 19 de junio de1996.
22 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Sin embargo, el método de cartera de causas resulta ineficiente en


otros aspectos “y no aprovecha economías de escalas” 6. Puede ser más
productivo trabajar por equipos o grupos en actividades homogéneas y no
que el mismo defensor se ocupe de todos los trámites. Las audiencias “en
cinta transportadora” donde los mismos jueces, fiscales y defensores, sin
moverse de la sala, con escueta información transmitida por los predece-
sores en su rol, se encuentran en condiciones de sustanciar y definir sim-
ples y sucesivas incidencias de formalización y prisión preventiva en es-
caso tiempo, son un ejemplo de la abreviación y eficacia que puede apor-
tar el buen criterio administrativo en la gestión de audiencias.
Por otra parte también puede ser útil la distribución por especialidad:
ya sea por el tipo de delito o por el tipo de salida procesal o por el tipo de
actividad a desarrollar (defensor en Audiencia, preparador del caso,
diagramador de la estrategia, encargado de la investigación alternativa, etc.).
Por último, aunque de la ley se ocupará el Dr. Corvalán, vale resaltar
algún rasgo positivo evidente.
El proyecto, además de las reglas particulares acuña principios
generales de gran valor operativo en congruencia con las tendencias
modernas de la filosofía del derecho donde se ha discutido seriamente la
distinción entre normas o reglas y principios.
Así consagra el de desformalización difusiva o contaminante en cuanto
encomienda al Servicio Público de Defensa a tomar acciones directas
tendientes a revertir la realización de actuaciones innecesarias y de cual-
quier funcionamiento burocrático de los órganos de la justicia penal. Y tam-
bién garantiza a toda persona que ejercite la defensa técnica en un caso
penal “la posibilidad de contra examinar sugestivamente la prueba produci-
da por la acusación durante el proceso en el marco de una audiencia”.
Si a ello agregamos el principio de capacitación continua de estos
operadores jurídicos, no nos puede caber duda que desde la regulación de
la defensa pública se ha alargado la mano para influir cabalmente en la
buena marcha de los procedimientos en la búsqueda de una justicia
garantizadora rápida y eficiente.

6
Confr. Manual de Defensoría Penal…, Nº 74.2.
REFORMA PROCESAL PENAL 23

IV. Conclusión

En síntesis:
1) Las últimas reformas procesales no se reducen a las normas de
procedimiento, sino que exigen cambios paradigmáticos en todas las áreas
del sistema -entre las que se cuenta la ley de defensa penal- para lograr,
conjunta y coincidentemente, la vigencia irrestricta de las garantías y la
mayor eficacia de la justicia penal reformada.
2) La defensa técnica legal es un derecho humano irrenunciable de
toda persona penalmente perseguida y es condición esencial del consen-
timiento informado del asistido para su opción libre y voluntaria de alguna
de las alternativas que ofrece el nuevo sistema penal.
3) La autodefensa técnica sólo puede autorizarse excepcionalmente
si se comprueba en forma irrefutable la aptitud técnica y el equilibrio
emocional del imputado para defenderse por sí mismo.
4) La defensa técnica se presta en interés y en favor del asistido,
está sujeta a la voluntad informada de éste y debe asegurar un eleva-
do nivel de calidad de la prestación defensiva, acorde con estándares
preestablecidos y a la evaluación o auditoria consiguiente practicada
respecto de la importante obligación de medio que contrajera el de-
fensor actuante.
5) El nuevo sistema acusatorio o adversarial, edificado sobre la base
de un ministerio público de la acusación fuerte y con acentuada
discrecionalidad técnica, reclama, antagónicamente, la existencia de una
defensa pública con fortaleza institucional, sólidamente organizada, con
una conducción común, superadora de la figura del defensor público indi-
vidual o aislado.
6) La defensa técnica deberá ser cubierta subsidiariamente por el
Servicio Público de Defensa Penal toda vez que el imputado carezca de
aptitud para defenderse por sí mismo o no designe un defensor; ello sin
perjuicio del cobro de la prestación cuando el asistido contare con medios
para solventarla.
7) La defensa técnica pública no debe ser un hermético monopo-
lio estatal, sino que habrá de tener apertura a los organismos y asocia-
ciones gestados por la solidaridad y el compromiso cívico. La flexibi-
lidad en su carga de trabajo y organización propiciará la cooperación
y el trabajo en equipo.
24 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

A nuestro entender el proyecto es congruente con estas orientacio-


nes por lo que no dudamos en calificar su contenido como altamente
plausible. Muchas gracias.
REFORMA PROCESAL PENAL 25

COMENTARIOS SOBRE EL PROYECTO DE LEY


PROVINCIAL DE DEFENSA PENAL PARA SANTA FE

por VÍCTOR R. CORVALÁN 1

En Santa Fe estamos transitando una difícil etapa donde conviven


normas del viejo sistema inquisitivo, con algunas nuevas del modelo acu-
satorio. Llegar a que todo el procedimiento penal, sea regulado por el
nuevo Código Procesal, es una aspiración que reclama el dictado de nue-
vas leyes. Cabe consignar en esta breve introducción, que para nosotros,
la ley 12.734, más allá de todos los defectos que presenta y que en su
momento motivaron nuestra puntual crítica que hiciera suya el Colegio de
Abogados de Rosario, viene a plasmar legislativamente el esfuerzo deno-
dado por instaurar en nuestra provincia un modelo adversarial de justicia
penal, que reconoce sus inicios en los albores de la década del ochenta,
con la restauración de la democracia.
La ley 12.912 de Implementación Progresiva del nuevo Sistema
de Justicia Penal de la Provincia de Santa Fe establecida por ley 12.734
-Código Procesal Penal-, dispone en su art. 13 que el Poder Ejecutivo,
dentro del plazo de ciento cincuenta (150) días remitirá a la Legislatu-
ra para su tratamiento, entre otros, un proyecto de Ley de Organiza-
ción del Servicio Público Provincial de Defensa Penal. Con su dicta-
do, junto a las demás leyes proyectadas se permitirá poner en funcio-
namiento el nuevo sistema de justicia penal de Santa Fe que, como
sabemos, es de autoría del anterior gobierno provincial.
Entre los antecedentes relevados, se destacan los materiales produ-
cidos en el marco del Plan Estratégico del Estado Provincial para la justi-

1
Abogado penalista, profesor adjunto por concurso en la materia Derecho Proce-
sal II en la Facultad de Derecho de la UNR, presidente del Instituto de Derecho Procesal
Penal del Colegio de Abogados de Rosario.
26 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

cia santafesina, en el que nuestro Colegio de Abogados acertadamente


declinó participar, por razones que no vienen al caso reseñar ahora.
Nos anticipamos a señalar, que nuestra principal discrepancia con el
proyecto que analizamos pasa por dos ejes fundamentales, que forman par-
te de una decisión política, que como tal, podemos y debemos criticar, pero
en última instancia, responde a razones que se relacionan con lo posible.
Como lo venimos señalando en nuestra actividad académica, preferi-
mos que el Servicio de Defensa Oficial, o como quiera denominarse, estu-
viera en manos de los respectivos Colegios de Abogados, a quienes el Es-
tado le suministraría los fondos necesarios para atender los honorarios que
aunque sean prudentemente regulados, merecen cobrar quienes volunta-
riamente se inscriban para prestar el servicio de defensor. A su vez, ellos
controlarían y serían responsables de la eficacia de la tarea a cumplir.
El otro motivo de discrepancia, es que si se ha decidido organizar la
defensa pública, creando un ente a tal fin, no debe estar dentro del Poder
Judicial, al que deben solamente pertenecer los jueces y los órganos periciales
estatales. Propiciamos que el Servicio Oficial de Defensa se ubique en el
ámbito del Ministerio de Justicia y DD.HH., o sea dependiendo del Poder
Ejecutivo. Ello asegura que sus funcionarios no tengan vinculación directa
con los jueces, tal como sucede hoy con los actuales defensores públicos,
con todos los inconvenientes que ello ofrece en la práctica.
A esos dos ejes fundamentales que nos hacen no adherir definitiva-
mente a todo el proyecto, le agregamos una tercera crítica que se refiere
a la organización del servicio de defensores con tarifa social, que como
veremos luego, nos parece distorsionante de la función de abogados, so-
bre todo cuando se establece que no podrán ejercer la profesión en forma
liberal en materia penal.
Hechas estas advertencias, también anticipamos que en lo demás el
proyecto no nos ofrece reparos y por el contrario contiene numerosos
aciertos dignos de destacar.
El Proyecto adopta el eje central del modelo institucional de defensa
penal en tanto se pregona la “organización de la defensa pública” orienta-
da a la “efectiva defensa de los derechos de los imputados”, reconocien-
do a la defensa privada de confianza como el modelo a emular en la
organización de la “defensa oficial” 2.

2
Tomado de la exposición de motivos del mensaje del Poder Ejecutivo Provincial
3223/06 del gobernador Obeid.
REFORMA PROCESAL PENAL 27

Por otra parte, se ha estimado conveniente apartarse en muchos de


sus lineamientos en cuanto éstos se apegan a diseños institucionales de
orden más conservador o inquisitorial.
En este proyecto, se ha tenido en cuenta el estudio comparado de los
procesos de reforma de la justicia penal que dan comienzo hacia finales
de la década del ochenta en toda la región latinoamericana.

Lo que no hace el proyecto:


1. Como anticipamos, no adopta un sistema predominantemente
privatista, tercerizando el servicio de defensa mediante la intervención de
los colegios de abogados. Este es el sistema que consideramos “ideal” y
por el que venimos bregando hace muchos años desde la cátedra. De allí
que nuestra principal diferencia conceptual con el modelo elegido, se re-
fiera a su carácter eminentemente estatista, cuando entendemos que en
el ámbito de los colegios profesionales, era posible organizar un servicio,
que si bien era pagado por el Estado, su control y prestación era exclusi-
vamente responsabilidad de las entidades intermedias, que así como cum-
plen una función “para estatal”, como lo es el control de la matrícula, bien
pueden abocarse a proveer de abogados, que puedan desempeñar su fun-
ción de defensores penales en casos determinados. La principal ventaja
se advierte desde la óptica de quien recibe el servicio, que no ve a un
funcionario de carrera, sino a un abogado particular, de condiciones simi-
lares a las que podría contratar si tuviera medios.
2. No estructura a los nuevos actores del sistema de justicia penal,
bajo la lógica de una organización refleja de los modelos organizacionales
tradicionales del Poder Judicial, equiparando instancias procesales con
jerarquías funcionales y estableciendo a los funcionarios de los nuevos
organismos como accesorios de los oficios judiciales 3.
3. No regula cuestiones relativas a la organización institucional de la
“defensa oficial” o del propio “Ministerio Público de la Acusación” dentro
de los códigos de procedimiento, a la vez que regula cuestiones de estricto
procedimiento dentro de las leyes de organización de los nuevos actores.
4. No organiza a la defensa pública bajo el modelo de “defensores de
pobres”, enraizado en una concepción filosófica de tipo paternalista, en la

3
V.gr. defensor ante la Corte, defensor de Cámara, defensor de primera instancia, etc..
28 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

que se concibe al defensor “asesor” como un representante de incapa-


ces, donde se equiparan como “causas” u origen de dicha incapacidad a
la pobreza, la minoridad o la discapacidad física o mental.
5. No organiza el gobierno del servicio público de defensa bajo una
jefatura conjunta con Ministerio Público Fiscal o de la Acusación, sin
reconocer la necesidad de generar identidades institucionales diversas,
de posibilitar la definición de metas organizacionales específicas confor-
me a los fines políticos e institucionales de cada institución y de alcanzar
el tan anhelado equilibrio institucional republicano de pesos y contrapesos
al interior de los nuevos sistemas de justicia penal.

El proyecto que se ha presentado organiza la defensa “oficial” sobre


los siguientes ejes:
1. Necesidad sistemática de cobertura de la defensa técnica en todo
proceso penal, desde su génesis hasta su fenecimiento.
2. Reconocimiento del carácter esencialmente personal del ejercicio
del derecho de defensa material y de la posibilidad real de elección de un
defensor de confianza como segmento fundamental de dicho derecho.
3. Declaración del interés público en el control de la calidad y cober-
tura de los servicios legales de defensa técnica.
4. Subsidiariedad, en tal sentido, del Servicio Público de Defensa
Penal.
5. Orientación prioritaria del Servicio Público de Defensa Penal ha-
cia las personas más vulnerables social y económicamente.

Contiene una excelente declaración de principios:


1. Se reconoce la centralidad de la efectiva cobertura de defensa
penal técnica como condición de vigencia del derecho de defensa, por
oposición a los tradicionales modelos de defensa formal.
2. También se reconoce el carácter esencialmente personal e indivi-
dual del ejercicio del derecho de defensa material, caracterizando como
objeto de interés público el control y monitoreo de la calidad de los servi-
cios de defensa penal técnica y no el propio ejercicio de la defensa, el
cual se reconoce articulado al servicio del interés privado de quien es
titular de la defensa material.
3. Se recepta la idea de que la elección de un defensor de confianza,
es un segmento fundamental del derecho de defensa. De este modo, se
REFORMA PROCESAL PENAL 29

concibe a la organización de una “defensa oficial” como subsidiaria de la


elección de un defensor de confianza.
4. Se prescribe que el servicio público de defensa penal, debe orien-
tarse prioritariamente a brindar cobertura de defensa penal técnica a quie-
nes no pueden designar un defensor de confianza, porque su situación de
vulnerabilidad se los impide.
5. Sin perjuicio de esa orientación prioritaria, el Servicio Público Pro-
vincial de la Defensa Penal, deberá hacerse cargo de aquellos imputados
que no quieran, más allá de sus posibilidades, designar defensor, a los
fines del debido proceso y al margen del sistema de costas que se esta-
blezca para ese supuesto.
El proyecto cuenta con un Título Preliminar, en el que se plasma la
idea de que la calidad del servicio de defensa penal técnica es una cues-
tión sobre la que se reconoce interés público. Ello es así, al menos, por
dos motivos:
i. El primero es de carácter sistemático. El nuevo ordenamiento pro-
cesal se ocupa de resguardar en todas las instancias, la efectiva asisten-
cia técnica del sometido a proceso, generando un estricto sistema de san-
ciones procesales para los casos de incumplimiento de dichos dispositi-
vos. Por lo cual, la efectiva prestación de defensa penal técnica en todos
y cada uno de los casos procesados por el nuevo Sistema de Justicia
Penal debe ser garantizada en orden a lograr su correcto funcionamiento.
ii. Por otra parte, en virtud del plexo de derechos actualmente reco-
nocidos a toda persona sometida a proceso, la efectiva cobertura de de-
fensa penal técnica supone un ejercicio de alto nivel profesional y de
dicha calidad de servicio depende su vigencia efectiva, por tal motivo, en
términos de sistema, se vuelve importante garantizar un contralor y
monitoreo más intenso, por parte de las instituciones involucradas en la
vigencia del derecho de defensa, a la vez que el otorgamiento de ciertas
prerrogativas y deberes a todo profesional que intervenga como defensor
en un caso penal 4.
El proyecto propone la creación de un “Servicio Público Provincial
de Defensa Penal”. Es correcta esta denominación, una vez elegido este

4
V.gr. deber de colaboración en la producción de una investigación independiente,
facultades de contradicción, deber de confidencialidad, interés prioritario del defendido, etc..
30 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

modelo predominantemente público, porque como se explica, otras como


“Ministerio Público de la Defensa” no muestran cabalmente la concep-
ción de que “lo público” es la prestación del servicio de manera subsidia-
ria y el control de la calidad del mismo en una amplia franja de casos.
Se crea al Servicio Público Provincial de Defensa Penal como una
persona pública autónoma y autárquica, pero -equivocadamente- dentro
del Poder Judicial.
Como lo anticipamos, pensamos que el Servicio Público Provincial
de Defensa Penal, no tiene por qué estar dentro del Poder Judicial, ya que
es imprescindible separarlo y colocarlo en otro ámbito, que bien puede ser
el Poder Ejecutivo, precisamente en el Ministerio de Justicia y DD.HH..
La división de funciones que impone el modelo acusatorio, está reclaman-
do que tanto la acción como la reacción que ocupa la defensa, no tengan
vinculación con el Poder Judicial, que por definición es el encargado de
ejercer la jurisdicción.
Sacar a los defensores que ejercen un servicio público del Poder
Judicial, los hace totalmente independientes e incluso los separa de la
carrera judicial, que por ahora los tuvo en uno de sus escalones, luego de
los secretarios.
Como adelantamos, se concibe al Servicio prioritariamente orientado
a brindar prestaciones a las personas que no puedan contratar a un de-
fensor de su confianza por carecer de medios para hacerlo, estableciendo
incluso un sistema de cobro de honorarios y costas cuando corresponda,
bajo la idea de que no hacerlo de este modo supone profundizar las des-
igualdades económicas también en este ámbito.
A través de los principios generales de actuación que se establecen,
se busca posibilitar una organización sumamente flexible y eficiente. Se
ha puesto hincapié en la necesidad de establecer como destinatarios prio-
ritarios del servicio, a sus potenciales beneficiarios más vulnerables, cua-
les son las personas privadas de libertad, estableciéndose al respecto
parámetros mínimos de cobertura.

Integración:
El Servicio Público Provincial de Defensa Penal se integra con:
a) un defensor provincial,
b) un Consejo del Servicio Público Provincial de Defensa Penal,
REFORMA PROCESAL PENAL 31

c) un cuerpo de defensores integrado por c4inco defensores regio-


nales y por los defensores públicos y defensores públicos adjuntos,
d) un administrador general,
e) órganos disciplinarios y
f) una Estructura de Apoyo Auxiliar, orientada a cubrir las nece-
sidades de apoyo del Servicio en las siguientes áreas: Servicios socia-
les, Asistencia al detenido y condenado, Capacitación, Diseño, ejecu-
ción y gestión de políticas públicas, Prensa y comunicación institucional,
Atención al público, Requerimientos informáticos, Desarrollo de In-
vestigaciones independientes para respaldar las estrategias de defen-
sa, Asistencia técnica, Apoyo administrativo y de gestión y Ejecución
de honorarios y costas.
Entre las notas comunes de los integrantes del Servicio, se destacan
la periodicidad de funciones en el nivel de dirección política del organis-
mo, orientada a evitar la burocratización de la institución.
En el defensor provincial, designado con un fuerte componente de
carácter político, se han concentrado numerosas funciones y potestades
reglamentarias, con la idea de posibilitar una estructuración altamente
flexible y dinámica de la organización.
El Consejo del Servicio Público Provincial de Defensa Penal, se ha
estructurado como un cuerpo eminentemente participativo, por oposi-
ción a conformaciones de tipo corporativo. Asimismo, sus funciones
son típicamente consultivas, no obstante esperarse que pueda adquirir
un fuerte protagonismo institucional, pero con base en construcción de
legitimidad pública.
El cuerpo de defensores se integra con cinco defensores regionales,
quienes actuarán como jefes de los defensores y de los auxiliares que se
desempeñen en cada una de las cinco circunscripciones en que se des-
centraliza el Servicio. Dichos defensores son quienes realizarán, por re-
gla, la tarea específica de ejercicio de la defensa penal técnica.
En cuanto al régimen laboral del cuerpo de defensores, se fijan
sólo pautas mínimas y generales, dejando sujeta a reglamentación su
específica regulación.

Defensa con tarifa social:


El proyecto plantea un servicio de defensa técnica que también se
brindará, potencialmente, por defensores matriculados, en el marco de
32 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

convenios con los Colegios de Abogados, orientados a brindar la posibili-


dad de allanar el camino hacia la contratación de un defensor de confian-
za, a las personas con capacidad económica limitada. El objetivo alegado
por el proyectista es propiciar la creación de servicios privados bajo un
régimen de tarifa social, fuertemente monitoreado por el Servicio Público
Provincial de Defensa.
Se termina en una suerte de mixtura, entre lo público y una novedad
consistente en listas de abogados particulares, suministrados por los cole-
gios, pero que de antemano han fijado los honorarios profesionales, para
cubrir los servicios de imputados que si bien tienen recursos limitados, pue-
den atender contrataciones siempre que se encuentren a sus alcances.
Esta parte del proyecto, es la que más resistencia ha despertado en
el foro, creo que más que nada por desconocimiento de lo que se preten-
de perseguir. Es loable y atendible que el Estado se preocupe porque las
personas con menos recursos puedan acceder al servicio de abogados
particulares. Pero ese objetivo, es perfectamente alcanzable sin necesi-
dad de implementarlo en la ley del servicio oficial de defensa pública.
Vamos a expresar nuestra opinión, sin pretender agotar un tema tan
complicado, donde no sólo entran en juego los montos de honorarios, sino la
relación de poder al servicio del que se encuentran, sin dejar de lado, el even-
tual aprovechamiento irregular que muchos “clientes” pretendan hacer del
servicio, encubriendo una capacidad de pago que no se quiere mostrar.
El tema de los honorarios, es delicado y tiene un lugar de regulación,
que nos guste o no nos guste, se llama ley de aranceles.
Lo primero que debemos advertir es que el modo del funcionamiento
de la llamada “regulación” de los honorarios, está construida en un molde
total y definitivamente inquisitivo, que en la hora actual debiera ser objeto
de reformulación. ¿Por qué aceptar que los jueces están en condiciones
de decidir oficiosamente cuánto vale el trabajo del abogado? En realidad,
los jueces en tanto terceros, deberían intervenir exclusivamente frente al
conflicto que pudiera ocurrir entre los interesados (abogados y clientes).
Así lo impone el debido proceso adversarial.
Corresponderá analizar alguna reforma a introducir en la ley de aran-
celes y en los códigos procesales (el tema supera al penal), para asegurar
en todo caso, la posibilidad de que se puedan contratar abogados por
honorarios mínimos. Sin embargo, sabido es que las tarifas de honorarios,
libremente discutidas entre el futuro cliente y el abogado, obviamente
REFORMA PROCESAL PENAL 33

obedecen a la realidad de la capacidad de pago de quien necesita el ser-


vicio. El tema es sumamente delicado, porque se conecta con la compe-
tencia leal que debe existir entre colegas, a la hora de ofrecer los servi-
cios, y al mismo tiempo, se relaciona con una nueva intromisión del Esta-
do en cuestiones que celosamente tenemos que defender como privativas
de nuestra profesión, que preferimos siga siendo lo más liberal posible,
aunque no neguemos la función social que la abogacía está llamada a
cumplir. En definitiva, el objetivo de que existan abogados que cobren
honorarios mínimos, puede y debe ser decidido por los colegios, a los que
en todo caso, la ley podrá dirigirles la obligación de que se organicen en tal
sentido, para ofrecer institucionalmente un marco regulatorio de la oferta.
Además, no resulta razonable que quienes se inscriban en esas listas
para ofrecer trabajar por una tarifa reducida, no puedan ejercer la profe-
sión libremente en el mismo fuero penal. Esta limitación no parece
legitimarse en ningún argumento que ideológicamente sea compatible con
nuestro sistema constitucional de libertad para ejercer la profesión.

La administración del servicio:


Todo lo relacionado con la administración y ejecución presupuestaria
se pone en cabeza de un administrador general, auxiliar directo del defen-
sor provincial, bajo la idea de que es menester profesionalizar la adminis-
tración de recursos en un contexto de realidad sumamente compleja y
tecnificada como el que enfrentamos.
Como referimos anteriormente, se establece que la estructura auxi-
liar de apoyo de la defensoría, deberá garantizar amplias áreas de cober-
tura. Se ha creído conveniente dejar sujeta a reglamentación, la específi-
ca organización de dichos servicios.
En cuanto al régimen disciplinario, se han determinado las faltas y
sanciones, previéndose además el tipo de procedimiento y los órganos
disciplinarios.

Los cargos de defensores públicos y defensores públicos adjuntos


que se proyectan crear:
1ª Circunscripción (Santa Fe): seis (6) defensores públicos y quince
(15) defensores públicos adjuntos
2ª Circunscripción (Rosario): doce (12) defensores públicos y treinta
(30) defensores públicos adjuntos
34 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

3ª Circunscripción (Venado Tuerto): un (1) defensor público y tres


(3) defensores públicos adjuntos
4ª Circunscripción (Reconquista): un (1) defensor público y cuatro
(4) defensores públicos adjuntos
5ª Circunscripción (Rafaela): dos (2) defensores públicos y cuatro
(4) defensores públicos adjuntos
Escapa a nuestras posibilidades la evaluación de estos números de
funcionarios asignados para cada sede o circunscripción, porque además,
el nuevo funcionamiento del sistema, pretende disminuir notoriamente la
cantidad de causas penales a tramitar, mediante las distintas alternativas
que se ofrecen.

Carmen del Sauce, (Santa Fe), julio de 2009.


REFORMA PROCESAL PENAL 35

DESAFÍOS DEL NUEVO MINISTERIO


PÚBLICO DE LA ACUSACIÓN

por JULIO DE OLAZÁBAL

Sumario: I. Constitución, celeridad y acceso a la justicia. II. Proceso y Constitu-


ción. III. El Código Procesal Penal, ley 12.734. IV. El nuevo Ministerio Público.
V. El Ministerio Público Fiscal o de la Acusación.

I. Constitución, celeridad y acceso a la justicia

Procesalmente, la provincia de Santa Fe se encontraba atrapada por


un problema que parecía no poder resolver.
Con mayor o menor claridad se había formado conciencia respecto a
que el ordenamiento procesal que regía en ella era en gran medida in-
constitucional; sin embargo, no se hallaba una forma de salir de él que
resultara digna y al mismo tiempo confiable.
Casi cotidianamente se oía un debate en el que quien pretendía un
proceso adecuado a la Constitución era respondido con objeciones refe-
rentes a cuestiones de eficacia, tales como que no existía la infraestructu-
ra necesaria para un cambio o que otros nuevos esquemas procesales
producían menos sentencias. A la inversa, quien hablaba de eficacia, re-
clamando apoyos para mejorar el funcionamiento real del sistema proce-
sal existente, era respondido con argumentos que denostaban el procedi-
miento vigente por su apartamiento de lo pretendido por la Constitución.
La consecuencia de tal enfrentamiento fue una situación de parálisis
-con muy pocas excepciones parciales- que produjo la peor situación ima-
ginable: un proceso inconstitucional que al mismo tiempo era ineficaz.
La solución sin embargo era posible, porque en realidad los tér-
minos de la discusión no presentaban posiciones irreductiblemente
contradictorias.
36 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

De ningún modo puede considerarse consecuencia necesaria de


la constitucionalización del proceso penal la complicación de sus pro-
cedimientos o la imposibilidad de atender todos los casos que se le
presentan. Por el contrario, en la nueva Constitución Nacional 1 existe
un fuerte reclamo por un lado para que todos los procesos terminen en
un plazo razonable, y por otro para que se conceda a todas las perso-
nas posibilidades efectivas de acceso a la jurisdicción Se expresan en
tal sentido la Declaración Universal de Derechos Humanos 2 la De-
claración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre 3 la
Convención Americana sobre Derechos Humanos 4, y el Pacto Inter-
nacional de Derechos Civiles y Políticos 5.
En la debida atención de esos reclamos, se encuentra entonces la
conciliación de los intereses en aparente conflicto.
El Código Procesal Penal de Santa Fe que fuera aprobado por
ley 12.734, tuvo en cuenta la apremiante necesidad de lograr un pro-
cedimiento constitucional, socialmente satisfactorio y de trámite lo
más rápido posible.
Es así como hoy nos encontramos con un texto procesal que se adecua
de la mejor manera posible a la Constitución pero que al mismo tiempo

1
“Constitución integrada, Cuerpo constitucional o Bloque constitucional”, son
modos de denominar la incorporación al texto constitucional de 1853 de los tratados
internacionales a los que la Convención de 1994 les otorgó idéntica jerarquía.
2
Art. 10: “Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser
oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la
determinación de sus derechos y obligaciones...”.
3
Art. 28: “Toda persona puede ocurrir a los tribunales para hacer valer sus
derechos...”.
4
Art. 1º: “Toda persona tiene derecho a ser oída, con las debidas garantías y
dentro de un plazo razonable, por un juez o tribunal competente, independiente e impar-
cial, establecido con anterioridad por la ley, en la sustanciación de cualquier acusación
penal formulada contra ella, o para la determinación de sus derechos y obligaciones de
orden civil, laboral, fiscal o de cualquier otro carácter”.
5
Art. 14: “Todas las personas son iguales ante los tribunales y cortes de justicia.
Toda persona tendrá derecho a ser oída públicamente y con las debidas garantías por un
tribunal competente, independiente e imparcial, establecido por la ley, en la sustanciación
de cualquier acusación de carácter penal formulada contra ella o para la determinación de
sus derechos u obligaciones de carácter civil”; art. 14.3.c “Durante el proceso, toda
persona acusada de un delito tendrá derecho... a ser juzgada sin dilaciones indebidas...”.
REFORMA PROCESAL PENAL 37

brinda soluciones ágiles para enfrentar la cada vez más compleja situa-
ción de la administración de justicia.
Si no se comprende esto, o si comprendiéndoselo no se lo lleva a la
práctica, es probable que el nuevo sistema fracase.
Hacer justicia, con respeto de la Constitución, no es tan sólo dictar
sentencias definitivas luego de transcurrir todas las etapas del proceso; la
justicia requiere resolver el conflicto que se presenta a la jurisdicción del
modo más rápido posible, con lo que, si la solución del caso puede lograrse
satisfactoriamente para los interesados sin necesidad de recorrer todo el
proceso, eso es un verdadero éxito. Así como un sobreseimiento no es
visto como un fracaso de la justicia, ni se percibe de tal modo a una
suspensión del juicio a prueba, tampoco deberá así ser considerada en el
futuro la adopción de alguna de las nuevas posibilidades que resultarán
disponibles, como el ejercicio razonable de los principios de oportunidad
en el ejercicio de la acción, o la opción por un procedimiento abreviado.
Para que un sistema procesal como el que nace en la provincia, fun-
cione adecuadamente, deben utilizarse en la máxima medida posible to-
das las alternativas que presenta, reservándose el desarrollo pleno del
juicio para los casos que requieran inexorablemente una discusión amplia.
El esquema de procedimientos que ahora se presenta, hace lugar a
los acuerdos entre las partes y propende a la simplificación de las formas.
Junto entonces al respeto de la Constitución deberá producirse un acos-
tumbramiento al uso de estas nuevas herramientas, entre las que debería
adquirir una singular importancia el procedimiento abreviado, que permite
a través del consenso una rápida llegada a la sentencia definitiva.
Claro es que todo esto exigirá no sólo una captación intelectual de las
disposiciones de la nueva ley, sino además un cambio hasta emotivo en el
modo de concebir la administración de justicia.

II. Proceso y Constitución

La Constitución Nacional, en sus arts. 28 y 31, establece que “Los


principios, garantías y derechos reconocidos en los anteriores artículos,
no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio”, y que
“Esta Constitución, las leyes de la Nación que en su consecuencia se
dicten por el Congreso y los tratados con las potencias extranjeras son la
38 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

ley suprema de la Nación, y las autoridades de cada provincia están obli-


gadas a conformarse a ellas, no obstante cualquier disposición en contra-
rio que contengan las leyes o constituciones provinciales, salvo para la
provincia de Buenos Aires, los tratados ratificados después del Pacto de
11 de noviembre de 1859”.
Expresa a su vez el art. 1º del Código/ley 12.734, que “En el procedi-
miento penal rigen todas las garantías y derechos consagrados en la Cons-
titución de la Nación Argentina, en los tratados internacionales con idén-
tica jerarquía y en la Constitución de la Provincia. Dichas disposiciones
son de aplicación directa y prevalecen sobre cualquier otra de inferior
jerarquía normativa informando toda interpretación de las leyes y crite-
rios para la validez de los actos del procedimiento penal”.
En un país habituado al respeto de la Constitución, la existencia de la
transcripta norma procesal sería innecesaria y criticable por redundante.
En cambio, en una sociedad como la nuestra, históricamente habituada a
vivir ignorando la Constitución o a asignarle un papel decorativo o protocolar,
la situación varía.
Es necesario predicar constantemente acerca de que no es suficien-
te con vivir en un Estado de derecho, sino que es imprescindible hacerlo
en un Estado constitucional de derecho, esto es, en uno donde la ley co-
mún pueda soportar un permanente control de constitucionalidad.
Con tal sentido ha de entenderse que el nuevo ordenamiento procesal
señala la supremacía de la Constitución, como en algún limitado sentido ya
lo hacía el viejo Código/ley 6740 cuando repetía que nadie podía ser conde-
nado sin juicio previo, pese a que eso era y es un mandato constitucional.
Se remarca de tal modo que todas las leyes deben adecuarse a lo
que establece el nuevo cuerpo constitucional, conformado por nuestra
antigua Constitución y por la integración a su cuerpo de los tratados inter-
nacionales mencionados en su art. 72 inc. 22, señalándose además algo
que aunque no es una novedad debe adquirir decisiva importancia en la
interpretación y aplicación del nuevo texto procesal: las disposiciones cons-
titucionales deben informar toda interpretación de las leyes y criterios
para la validez de los actos del procedimiento penal.
Habida cuenta de lo expresado, es siempre recomendable una nueva
y reflexiva lectura del cuerpo constitucional, y muy particularmente de las
disposiciones relativas a las garantías judiciales que contienen los arts. 18
y 16 de la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre,
8/9 y 10 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, 8º de la
REFORMA PROCESAL PENAL 39

Convención Americana sobre Derechos Humanos y 14 del Pacto Inter-


nacional de Derechos Civiles y Políticos, porque ellos enuncian con un
lenguaje más actual y claro los principios que explícita o implícitamente se
hallaban en nuestra original Constitución.
El ordenamiento procesal vigente en nuestra provincia conforme a la
ley 6740, ya señalamos que a todos resultaba manifiesto que no se
adecuaba a las exigencias de la Constitución.
Para evitar caer en una crítica que dada la situación actual resultaría
tardía y más parecida a un fácil oportunismo que a otra cosa, basta con
remitirse a lo que dijera la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el
renombrado fallo “Casal”.
Allí, el máximo tribunal constitucional al estudiar la historia del pro-
cedimiento penal en la Argentina y detenerse en el Código de Procedi-
mientos en lo Criminal de la Nación aprobado en 1888 sobre el proyecto
del Dr. Manuel Obarrio, le criticó duramente que estableciera un procedi-
miento escrito y refractario a la imprescindible publicidad republicana,
con amplia vigencia del secreto, con una instrucción extremadamente
inquisitoria, larga y farragosa, y con un juez investigador dotado de enor-
mes poderes, llegando en repetidas oportunidades a calificarlo como un
proceso “... abiertamente inconstitucional...”.
Pues bien, la estructura del Código Procesal Penal de la Provincia de
Santa Fe según ley 6740, seguía precisamente los lineamientos de ese texto
tan severamente desaprobado (aunque justo es reconocer que sucesivas
reformas habían suavizado varias de sus manifestaciones más objetables).
Pese sin embargo a la gradual y finalmente casi general percepción
de la inconstitucionalidad del proceso penal santafesino, éste siguió vigen-
te y aplicándoselo, sin llegarse nunca a la temida invalidación total.
En 1993, nuestra provincia tuvo la oportunidad de hacer un profundo
cambio cualitativo en el enjuiciamiento penal, adecuándose al texto cons-
titucional entonces vigente, si se hubiera aprobado el proyecto de Código
Procesal Penal que una Comisión Bicameral creada por la Legislatura
de la Provincia encargara redactar a los Dres. Víctor Corvalán, Ramón
Teodoro Ríos y Jorge Vázquez Rossi, junto al autor de estas notas 6, mas

6
Puede verse el texto y un debate a su respecto en Debate sobre el proyecto de
Código Procesal Penal de Santa Fe, y texto definido, Colección Jurídica y Social N° 24,
F.C.S.J.- U.N.L., 1993.
40 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

no obstante que de ese diseño se dijo “... que vale la pena destacar fue
de avanzada; más aun, inspiró normas de cuerpos legislativos hoy
vigentes...” 7 , tanta resistencia se le opuso, que no se trató
legislativamente.
Debieron pasar varios años para que institucionalmente se retomara
la idea de cambiar el proceso penal. Fue en 2006 cuando el Poder Ejecu-
tivo de la Provincia llamó a distintas instituciones a designar representan-
tes para diseñar un “Plan estratégico para la Justicia de Santa Fe”,
conformándose en su seno una comisión que, encomendando la redac-
ción de un nuevo proyecto de Código Procesal Penal al Dr. Sebastián
Creus y a quien escribe esto, finalmente aprobó el presentado y lo remitió
al Poder Ejecutivo que lo hizo suyo enviándolo al Poder Legislativo donde
se lo aprobó por ley 12.734 8.
Para su implementación, se ha dictado la ley 12.912 que respeta sus
principios.
Falta ahora cumplir un paso que no corresponde al Poder Ejecutivo
ni al Legislativo, sino a los intérpretes.
Quizás en la dilatada supervivencia del viejo Código, “tan abierta-
mente inconstitucional”, todos debamos reconocer alguna cuota de res-
ponsabilidad.
En el mejor de los casos, probablemente operó como freno a even-
tuales intenciones descalificadoras de ese proceso, el temor a que, nada
menos que en un tema impregnado de tantas urgencias como el procedi-
miento penal nuestra provincia cayera en una especie de vacío legal o de
enconado enfrentamiento entre posiciones disímiles sustentadas incluso
en pronunciamientos jurisdiccionales.
Como quiera que sea, todas las circunstancias parecen ahora propi-
cias para variar la situación y avanzar hacia el “proceso según Consti-
tución”, según expresión cara a Jorge Vázquez Rossi.
Si antes incurrimos en errores, no debemos neciamente insistir en
ellos. Si nos detuvo el miedo a alterar un estado de cosas ya conocido
para arriesgarnos a avanzar sobre un terreno que no dominábamos, hoy
de todas maneras estamos en ese punto.

7
Ángela LEDESMA, La reforma procesal penal.
8
Los trabajos fueron publicados en Código Procesal Penal, Gobierno de la
Provincia de Santa Fe, Ministerio de Gobierno, Justicia y Culto.
REFORMA PROCESAL PENAL 41

III. El Código Procesal Penal, ley 12.734

El diseño del nuevo Código, como no podía ser de otra manera, se


orienta al más pleno e integral respeto de los principios que emanan de la
Constitución y de los tratados internacionales con idéntica jerarquía res-
pecto a la independencia del juez, el derecho del imputado a ser oído, el
derecho de la víctima a acceder a la jurisdicción, y la necesidad de un
juicio público, entre otros.
Es de toda justicia reconocer que ya en la primera reunión de la
Comisión que se formara dentro del marco del antes citado “Plan estra-
tégico del Estado Provincial para la Justicia Santafesina”, se logró
acuerdo pleno sobre las bases de lo que debería ser el Código Procesal
Penal a crear. Se expresó unánimemente entonces: “... El objetivo de la
Comisión es una reformulación total del sistema de enjuiciamiento
penal de la Provincia de Santa Fe, partiendo de un diseño normati-
vo distinto al actualmente vigente, sobre la base del más alto grado
de compatibilización constitucional, y que contemple: una investi-
gación informal controlada jurisdiccionalmente, una diferencia cla-
ra y precisa entre actor (acción) órgano y jurisdicción, la
reformulación consecuente del Ministerio Público (autonomía, es-
tructura y distribución territorial), oralidad y publicidad de los jui-
cios, efectiva defensa de los derechos de las víctimas, efectiva de-
fensa de los derechos de los imputados, así como la organización de
la defensa pública y un sistema recursivo adecuado...”.
No puede pretenderse en una exposición como ésta el logro de un resu-
men del nuevo Código, mas si puede intentarse trazar un esbozo comparativo
de los temas capitales entre el viejo y el nuevo sistema procesal, que sirva
para entender lo que luego se dirá sobre el Ministerio Público Fiscal.
Características de la pretérita normativa eran: que un juez hacía la
investigación, que otros u otros celebraban el juicio, que todos contaban
con capacidad para realizar de oficio pruebas, que lo que valía era lo que
figuraba en las actas y no otra cosa, que ello forzaba a los jueces a dele-
gar funciones puesto que les era imposible estar efectivamente presentes
en todos los procedimientos que se desarrollaban contemporáneamente
en el juzgado a su cargo, que la publicidad del proceso se transformaba en
una mera declaración ya que el escriturismo es naturalmente reacio a
ella, que cada juzgado era una unidad cerrada sobre sí misma con inexis-
42 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

tente coordinación con otros, que la prisión preventiva del imputado cons-
tituía casi una regla, y que la víctima no era admitida en el proceso.
El nuevo Código es en cambio extremadamente cuidadoso de la im-
parcialidad de los jueces tanto en su aspecto subjetivo como objetivo; no
son los jueces quienes investigan sino que juzgan y controlan la actividad
de las partes, teniendo por tanto vedado ordenar de oficio pruebas ya que
ello es tarea de las partes procesales; nace así un sistema verdaderamen-
te adversarial; al Ministerio Fiscal, como parte acusadora -excepción he-
cha de los delitos de instancia privada- es a quien corresponde preparar
su caso haciendo las investigaciones pertinentes; el escriturismo es susti-
tuido por la oralidad, consecuencia de la cual es el desarrollo del proceso
en sucesivas audiencias en las que resulta imprescindible la presencia del
juez; a los jueces se los exime de las tareas organizativas, que se asignan
a una Oficina de gestión judicial; la víctima puede constituirse como parte
querellante; la prisión preventiva se constituye en una verdadera excep-
ción; se establecen diversas alternativas para acelerar los juicios.
Estas solas indicaciones, que ni remotamente agotan la lista de dife-
rencias conformable, revelan la profundidad del cambio en ciernes.
Procesalmente la provincia de Santa Fe está abandonando un Códi-
go Procesal vetusto, para llegar a uno de los más modernos.

IV. El nuevo Ministerio Público

Así como el debido proceso legal exige de la presencia de un juez


independiente e imparcial, reclama también la actuación de un órgano de
la acusación y uno de la defensa, que cumplan sus funciones específicas
también de modo independiente.
Del texto de la Constitución Nacional de 1853 se desprendía la nece-
sidad de existencia de una acusación para conformar su “juicio previo”, y
con más claridad aún se establecía la inviolabilidad de la defensa, pero no
se avanzaba sobre la conformación de los órganos que la ejercerían. La
reforma constitucional de 1994 lo hizo, expresando el nuevo art. 120: “El
Ministerio Público es un órgano independiente con autonomía funcional y
autarquía financiera, que tiene por función promover la actuación de la
justicia en defensa de la legalidad, de los intereses generales de la socie-
dad, en coordinación con las demás autoridades de la República. Está
integrado por un procurador general de la Nación y un defensor general
REFORMA PROCESAL PENAL 43

de la Nación y los demás miembros que la ley establezca. Sus miembros


gozan de inmunidades funcionales e intangibilidad de remuneraciones”.
De tal modo se estableció en el orden nacional un Ministerio Público
bimembre, cuyas cabezas son el procurador general y el defensor gene-
ral, ubicado institucionalmente fuera de los demás poderes del Estado
(órgano “extrapoder” se lo supo denominar).
La Constitución de la Provincia de Santa Fe en el capítulo corres-
pondiente al Poder Judicial, alude a un Ministerio Público (art. 88) y esta-
blece la existencia de un procurador general. Se desprende de esto la
ubicación institucional del Ministerio Público dentro del Poder Judicial,
pero suscita confusiones la del procurador general como miembro inte-
grante de la Corte Suprema de Justicia y, también, la falta de diferencia-
ción entre los funcionarios de la acusación y de la defensa, lo que ha
permitido que la ley 10.160 (Orgánica de Tribunales) ubique en su art. 128
y concs. a fiscales y defensores bajo la dirección común del procurador.
El Código Procesal Penal, ley 12.734, separa al órgano de la acusa-
ción del de la defensa. Cabeza del primero reconoce que es el procurador
general de la Corte Suprema de Justicia 9 en tanto, aunque garantiza la
defensa gratuita del imputado al prever la existencia de “defensores de
oficio” 10 no se expide sobre su organización, dejando el tema para una
ley especial. Otra es la concepción del Poder Ejecutivo actual.
De la lectura de distintos proyectos de leyes que enviara al Poder
Legislativo (y que ya cuentan con media sanción por parte de la Cámara
de Diputados) resulta evidente que aunque se respeta la Constitución de
la Provincia en cuanto a la ubicación institucional del Ministerio Público
dentro del Poder Judicial y se avanza sobre el camino de separación del
órgano de la defensa al proyectarse la creación de un “Servicio Público
Provincial de Defensa Penal” que “... ejercerá sus funciones sin su-
jeción a directivas que emanen de órganos ajenos a su estructu-
ra...” y que gozará de “autonomía funcional y administrativa y con
autarquía financiera, dentro del Poder Judicial”, se sostiene una po-
sición distinta en cuanto al órgano de la acusación.

9
Surge esto claramente de los enunciados de su art. 86 y de su ubicación como
instancia última ante quien ocurrir en caso de discrepancias con actos de otros integrantes
del Ministerio Fiscal -art. 291-.
10
Expresión ésta del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
44 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

En efecto, se propicia para ejercerlo la creación de un “Ministerio


Público de la Acusación” dentro del Poder Judicial, que no estará
sujeto a directivas que emanen de órganos ajenos a su estructura ni
intervendrá en asuntos de índole extrapenal, al que se le reconoce auto-
nomía funcional y administrativa como así también autarquía financiera,
pero cuya dirección no se confiere al procurador general de la Corte
Suprema de Justicia sino que se crean “órganos de dirección” inte-
grados por un “fiscal general” y “fiscales regionales”, con periodi-
cidad en sus gestiones. En el mensaje que acompañó el envío del pro-
yecto al Poder Legislativo se observó que “... La subordinación del
Ministerio Público a la Corte Suprema de Justicia genera una de-
pendencia estructural que afectaría el rol que es propio de los fis-
cales y resultaría disfuncional con el modelo instaurado en el nue-
vo ordenamiento procesal”, expresiones éstas que deben compagi-
narse con las incluidas en el proyecto de ley de defensa respecto a se
evitaba “Organizar el gobierno del Servicio Público de Defensa
bajo una jefatura conjunta con el Ministerio Público Fiscal o de
la Acusación, sin reconocer la necesidad de generar identidades
institucionales diversas, de posibilitar la definición de metas
organizacionales específicas conforme a los fines políticos e
institucionales de cada institución y de alcanzar el tan anhelado
equilibrio institucional republicano de pesos y contrapesos al inte-
rior de los nuevos sistemas de justicia penal...”.
Obvias son las diferencias entre los dos esquemas expuestos.
La opción por uno u otro es de naturaleza claramente política, con
ribetes constitucionales.
Planteado ya el dilema ante la Legislatura de la Provincia, sólo nos
cabe permanecer atentos a lo que allí se debata y resuelva.

V. El Ministerio Público Fiscal o de la Acusación

Pese a lo antes dicho, podemos avanzar sobre el estudio de la actua-


ción que le corresponderá a este ministerio, dado que las funciones pro-
cesales que deberá cumplir no variarán sustancialmente a consecuencia
de la elección de uno u otro de los cuadros estructurales conocidos. Muestra
de esto son las similitudes existentes entre las normas básicas de función
del mismo que se encuentran en los dos ordenamientos posibles; así, mien-
REFORMA PROCESAL PENAL 45

tras el art. 84 de la ley 12.734 señala que “El Ministerio Público Fiscal
promoverá y ejercerá la acción penal en la forma establecida por la ley,
dirigiendo al Organismo de Investigación y a la Policía en función judicial,
siendo responsable de la iniciativa probatoria tendiente a demostrar la
verosimilitud de la imputación delictiva. La inobservancia de este precep-
to podrá ser objeto de sanciones por el superior jerárquico que correspon-
da”, el proyecto de Ley de Ministerio de la Acusación dice en su art. 1º
que “El Ministerio Público de la Acusación promoverá y ejercerá la ac-
ción penal en la forma establecida por la ley, dirigiendo al Organismo de
Investigación y a la Policía en función judicial, siendo responsable de la
iniciativa probatoria tendiente a demostrar la verosimilitud de la imputa-
ción delictiva. La inobservancia de este precepto podrá ser objeto de
sanciones por el superior jerárquico que corresponda”.
Atendiendo a las funciones asignadas es que se podrá comprender la
magnitud de los cambios necesarios, y para esto puede ser útil mirar cuál
será la actividad que el ministerio deberá cumplir en cada una de las
etapas del procedimiento penal.
Hay algo que sin embargo es previamente necesario consignar,
porque condiciona todo lo demás. Hasta hoy el acusador público podía
descansar en que eventuales errores u omisiones suyas serían supli-
das por una actuación espontánea de los jueces, como ahora eso que-
da expresamente prohibido, ya que implicaría la pérdida de imparcia-
lidad del juzgador, queda en claro que todo el fracaso o todo el éxito
en la tarea acusadora será del Ministerio Público (salvo casos de cons-
titución del querellante particular).
La carga es importante y el buen o mal desempeño será advertido
por todos a consecuencia de la verdadera publicidad que adquirirán los
juicios y la exhibición franca que de sus protagonistas implicará el desa-
rrollo de los procesos en audiencias orales.
Avanzando por el camino marcado, parece que lo primero que debe
anotarse es que el nuevo ministerio, según el art. 86 inc. 4 del nuevo
Código Procesal Penal, tendrá que fijar las políticas de persecución penal,
con arreglo a las leyes, y establecer el orden de prioridades que deberán
atender los fiscales 11.

11
En palabras del proyecto del Poder Ejecutivo: “Establecer y ejecutar los
lineamientos de la política de persecución penal en el ámbito provincial, fijando las
prioridades y criterios de la investigación y persecución de los delitos”.
46 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Esta función política es hoy casi desconocida, por no estar regulada


en el Código Procesal ni en la ley 10.160 (Orgánica de Tribunales) que
sólo tiene alguna referencia a la posibilidad de que el procurador general
imparta instrucciones de carácter general.
Hasta el momento, y ceñido a la idea dominante según la cual el
principio de legalidad procesal 12 imponía el deber de perseguir todos los
delitos, sin admitir diferencias, el Ministerio Público pretendía actuar im-
pulsando idénticamente la acción por cualquier delito. En la cruda reali-
dad del funcionamiento del sistema penal, esto determinó el
congestionamiento de fiscalías y juzgados, y la operatividad de ocultos
criterios de selección en la tramitación de causas.
Con la admisión legal de alternativas de actuación, tales como la
suspensión del juicio a prueba, la mediación o el ejercicio de principios de
oportunidad, se abre lugar para que el Ministerio Fiscal, actuando razona-
blemente, establezca cuáles serán los criterios de persecución a que ajus-
tará su obrar, haciéndolo públicamente de modo tal que permita su cono-
cimiento, discusión y control.
Si no existe capacidad material para perseguir penalmente todo, o si
no se quiere hacerlo, ha de elegirse aquello contra lo que se actuará pri-
mordialmente.
Es esta una nueva función para el Ministerio Fiscal, respecto de la
cual no tiene prácticamente experiencia. Para abordarla necesitará no
solo de sensibilidad social y política, sino también del apoyo de gabinetes
o consejeros especializados en política criminal.
La realidad nos indica que un gran número de persecuciones penales
se inician por denuncia ante la policía, y que ésta prosigue actuando en
función prevencional.
De esa etapa los fiscales tenían noticia de su iniciación, y sólo excep-
cionalmente de la realización de alguna otra diligencia. Su dirección y
control estaba adjudicada al juez de instrucción.
Con las nuevas disposiciones, sólo al Ministerio Fiscal le correspon-
derá dirigir a la autoridad policial en la investigación de delitos.
Como esa investigación deberá ajustarse a los criterios generales de
persecución previamente fijados, y como será el propio Ministerio Fiscal

12
Art. 71 C.P..
REFORMA PROCESAL PENAL 47

el que deberá decidir si sostiene la acción durante todo el proceso, el


contacto entre fiscales y autoridad policial de investigación deberá ser
muy estrecho, de modo tal que pueda asegurarse la utilidad y eficacia de
la investigación en orden a su aprovechamiento procesal.
El nuevo digesto procesal crea un “Organismo de Investigacio-
nes” cuya dirección encomienda al Ministerio Público Fiscal. Se trata de
lo que en algún momento se supo conocer como “Policía Judicial”.
Será un organismo de carácter técnico y no militarizado, que procu-
rará evitar que el nuevo investigador sea, como se supo decir del juez de
instrucción, una “cabeza sin brazos”, aludiéndose de tal modo a que
podía decidir pero no ejecutar.
Si bien la autoridad policial debe colaborar con todas las investigacio-
nes, era necesario crear una estructura que separada de la policía de
prevención, se especializara exclusivamente en investigaciones. Así se lo
hace con este organismo que dependiendo solamente del Ministerio Fis-
cal tendrá como única función la de investigar delitos.
De este modo se consagra la división de las dos funciones de la
actual policía: de seguridad y judicial, una actuando para prevenir el delito,
otra para reprimirlo. Esta última requiere de conocimientos y modos de
proceder radicalmente distintos y cada vez más tecnificados, por lo que no
puede supervivir la confusión de tareas que fue posible en otras épocas
La estructura interna de este organismo de investigaciones queda
sujeta a una futura reglamentación, pero siempre deberá operar dentro
del ámbito del Ministerio Público.
Las expectativas que el nacimiento de este cuerpo ya genera son
muy grandes porque por primera vez entre nosotros no dependerá la rea-
lización práctica de las investigaciones de una autoridad, como la policial,
sobre la que con justicia o injusticia recaen frecuentes sospechas y que
además depende de otro poder del Estado.
El Código Procesal se ha cuidado de designar a este organismo como
“Policía” judicial o científica, para evitar todo tipo de confusiones o ro-
ces; de cualquier manera de lo que se trata es de un cuerpo que deberá
contar con especialistas en las múltiples ramas conocidas de la investiga-
ción penal, consustanciado con el Ministerio Fiscal.
La investigación penal preparatoria sustituye a la vieja instrucción,
pero con contenidos, formas y finalidades distintas.
No será una investigación con pretensiones de completividad, ni judi-
cial, ni escrita. Será absolutamente informal, destinada a preparar la even-
48 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

tual acusación que permita la apertura del juicio penal, y con valor única-
mente para la toma de decisiones por el fiscal -salvo los actos
irreproducibles que tienen un régimen especial- puesto que sólo serán
valorables judicialmente los actos producidos directamente en el debate.
Probablemente la asignación al fiscal de esta tarea de realización
práctica de la investigación penal preparatoria constituya el cambio más
importante a su respecto.
Si hasta hoy el fiscal obraba principalmente como controlador de la
instrucción judicial, en adelante será el protagonista de la investigación, con
lo que no sólo deberá tomar decisiones sobre su curso, sino ejecutarlas.
Simplificando las cosas podría decirse que en lo que atañe a la pre-
paración del juicio, se pasará de un funcionario de escritorio a un pesqui-
sidor de actuación directa.
Pese a que en el Código actual ya existía la posibilidad de que el
fiscal se hiciera cargo de la investigación (art. 374.II y ss.), no se hizo de
tal posibilidad mucho uso, por lo que deberán adquirirse nuevos conoci-
mientos y prácticas.
La investigación penal preparatoria no es otra cosa sino la preparación
de su caso por el fiscal, aunque con respeto de las garantías del imputado.
La eventual celebración de la audiencia imputativa durante su transcurso,
esto es, del acto en el que informará al imputado los hechos que le atribuye,
constituirá uno de los pasos más importantes de esta etapa.
Salvo que la investigación termine en archivo, su cierre se dará con
la apertura de un procedimiento intermedio, centrado en una audiencia
oral, en el que se buscará la apertura del juicio, que, si se logra, se desa-
rrollará también en audiencias orales.
Con esto se producirá un abrupto cambio en las características de
actuación del Ministerio Fiscal, que de la investigación pasará a la expo-
sición argumentativa en un proceso nítidamente adversarial.
Deberá en esta distinta etapa estar el fiscal preparado para presen-
tar su caso, sostenerlo, interrogar y contrainterrogar a testigos y peritos,
controlar la prueba de su adversario en el proceso y controlar toda la
actividad de éste, para finalmente formular su alegato conclusivo.
Cambia así el perfil del fiscal, y otras serán las habilidades que
deberá poseer.
Al cabo de esta rápida visión de la actividad que deberá cumplir el
Ministerio Público Fiscal o Ministerio Público de la Acusación en el mar-
REFORMA PROCESAL PENAL 49

co del nuevo Código Procesal Penal, se comprende el porqué de la nece-


sidad de una profunda modificación de su conformación actual.
La idea de un fiscal encerrado en su despacho, actuando conforme a
turnos prefijados y emitiendo dictámenes en expedientes, se extingue.
Debe nacer un nuevo Ministerio que actuando bajo la idea de unidad,
tenga una versatilidad tal que le permita, a través de sus representantes,
asumir las diversas funciones que hemos considerado.
Si hasta hoy cada fiscalía, aunque sujeta a eventuales instrucciones
del procurador general, actuaba prácticamente sin concierto alguno con
las restantes, en lo sucesivo ello no podrá ser. Más que pensarse en tur-
nos para el reparto de tareas, en lo sucesivo habrá que concebirse una
forma de trabajar bajo una coordinación general en la que los trabajos se
dividan según especializaciones; deberá concebirse al nuevo ministerio
como un cuerpo en el que todos los integrantes hacen aportes para el
logro de un fin común.
La tarea no es fácil pero sí cautivante. Requiere de espíritus abiertos
a los cambios y convencidos de su necesidad. ¡Hacia allá vamos!
REFORMA PROCESAL PENAL 51

LINEAMIENTOS PARA EL NUEVO MINISTERIO


PÚBLICO DE LA ACUSACIÓN SANTAFESINO 1

por GUSTAVO DANIEL FRANCESCHETTI 2

Sumario: I. El Ministerio Público de la Acusación (MPA) debe ser organizado de


tal modo que no permita a sus miembros jugar a Antón Pirulero. II. El Ministerio
Público de la Acusación debe practicar una investigación informal que reemplace el
expediente por otras formas de registración. III. El Ministerio Público de la Acu-
sación tiene el desafío de lograr un modelo de enjuiciamiento criollo.

El Ministerio Público Fiscal ocupó un lugar tan secundario y prescin-


dible en el sistema de enjuiciamiento penal de nuestra provincia, que refe-
rirme a los desafíos que debe afrontar implica abordar desde su ubicación
institucional, marco normativo, estructura, organización interna, selección
de sus miembros, presupuesto y situación edilicia hasta su forma de ac-
tuación, capacitación, facultades procesales e interinstitucionales y obje-
tivos específicos; es decir, todo lo que una institución de este tipo debe
ser, tener y hacer.
Sería muy pretencioso, entonces, abarcar todos estos aspectos, por
lo que sólo abordaré algunos, que he elegido no sin cierta dosis de arbitra-

1
Conferencia dictada el 9 de marzo de 2009 en el Curso de Profundización en la
Reforma Procesal Penal de la Provincia de Santa Fe, organizado por el Instituto de
Ciencias Jurídicas y Sociales Región Centro de la Academia Nacional de Derecho de
Córdoba. Principales fuentes de consulta fueron los trabajos de Cristián Riego y Mauricio
Duce (Desafíos del Ministerio Público Fiscal en América Latina, CEJA, Chile) y Gabriel
Ganon (La macdonalización el sistema de justicia penal).
2
Profesor de Derecho Penal I; secretario académico de la Carrera de Posgrado de
Especialización en Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional
de Rosario y secretario de la Asociación Argentina de Profesores de Derecho Penal.
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riedad, relacionados con la organización del Ministerio Público y con la


actividad a desarrollar por sus miembros, para finalizar con una reflexión
que debe ser considerada, a mi juicio, a la hora de orientar a la institución
hacia determinadas metas.
Trataré de dar fundamento a las siguientes afirmaciones:
- El Ministerio Público de la Acusación debe ser organizado de tal
modo que no permita a sus miembros jugar a Antón Pirulero y lo suficien-
temente plástico como para maximizar los recursos disponibles a la hora
de procesar la carga de trabajo.
- Los miembros del Ministerio Público de la Acusación deben dejar
de ser fiscales y pasar a ser acusadores, reemplazando el expediente por
otras formas de registración.
- El Ministerio Público de la Acusación debe tomar de referencia
otros modelos de enjuiciamiento pero con la idea de lograr uno propio, un
modelo criollo.

I. El Ministerio Público de la Acusación (MPA) debe ser


organizado de tal modo que no permita a sus miembros jugar a
Antón Pirulero

El MPA tiene que ser un grupo de personas que se organice libre-


mente, con flexibilidad, que trabaje en equipo, bajo un liderazgo
institucional enderezado a conseguir como objetivo el diseño y ejecu-
ción de una política de persecución penal. Esto ya ha sido suficiente-
mente explicitado por autores chilenos como Cristian Riego y Mauricio
Duce. El cambio no es menor: del fiscal individual y autónomo, que traba-
ja sólo en su despacho con sus propios empleados, a otro que trabaje en
equipo con una estructura edilicia y administrativa compartida.
En primer lugar, entonces, ha de destacarse que esa política de per-
secución penal la piensa y ejecuta la institución, el grupo de personas
organizadas y no cada miembro en particular, por lo que ha de ser nece-
saria la unidad de actuación o trabajo de equipo.
Debemos pensar un MPA único en el territorio de la provincia, de tal
suerte que todos sus integrantes se hallen del mismo modo comprometi-
dos a cumplir con los objetivos trazados; esto es, abandonar la idea según
la cual cada fiscal atiende sólo su propio caso y sólo por él responde.
REFORMA PROCESAL PENAL 53

Las responsabilidades políticas deben ser asumidas institucionalmente:


dará explicaciones quien se encuentre a la cabeza de la organización y las
responsabilidades funcionales se ventilarán puertas adentro, con un tribu-
nal disciplinario de tipo administrativo.
En segundo lugar, todo grupo de personas que pretenda actuar
unificadamente y enderezarse a obtener un resultado determinado, debe-
rá hacerlo bajo algún tipo de conducción y respondiendo a un patrón
común de trabajo, de tal modo que la actuación de cada miembro esté
orientada por una idea estratégica general; caso contrario, el objetivo no
se consigue. Si en una orquesta, cada músico toca lo que quiere, cuando
se le antoja y con el instrumento que se le ocurra, no habrá música sino
ruido; sin un director de orquesta y una partitura, será muy difícil lograr un
resultado aceptable.
El cumplimiento de instrucciones generales que obedecen a una po-
lítica de persecución penal suficientemente explicitada y por la que habrá
de responder la institución entera, no puede ser resistido en nombre de
una supuesta autonomía funcional individual de sus miembros, que de
ningún modo se pone en juego ni tiene asidero constitucional o legal. La
independencia funcional, entendida como una actuación libre de injerencias
de otros poderes, no queda comprometida en tanto y en cuanto esa
política de persecución penal la adopta la propia institución siguiendo
mecanismos internos que aseguren la participación de sus integrantes.
Cuando el Ministerio Público es articulado como una institución
horizontal donde cada uno atiende a su juego, a “sus” casos, sin reci-
bir instrucciones o aceptar pautas de trabajo, la consecución de obje-
tivos generales será imposible y la desigualdad en el tratamiento de
los asuntos será la regla.
El MPA debería tener una estructura piramidal de tal suerte que
haya algunos miembros más abocados a pensar estrategias y definir polí-
ticas y otros más abocados a ejecutarlas. Sería aconsejable que esta divi-
sión de tareas sea flexible y de mutuo control. Por ejemplo, establecer un
mecanismo de rotación por períodos en los cargos de mayor jerarquía
(para impedir que las personas se perpetúen en ellos); que garantice la
participación institucional de la mayoría de sus miembros en la toma de
decisiones relacionadas con la definición de objetivos y formas de actua-
ción, a fin de democratizar la institución en la mayor medida posible y
ampliar la base de consenso de la política de persecución penal; etc.
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Una vez que las políticas de persecución han sido decididas por me-
canismos institucionales, sería auspiciosa la elaboración de protocolos
de actuación o instructivos que permita cierta uniformidad en las ac-
tuaciones individuales de los miembros del MPA. De este modo, se podrá
trabajar con mayor velocidad, seguridad y, sobre todo, igualdad.
Por ejemplo, se interpretará de modo análogo cuándo existen sufi-
cientes indicios fácticos de los delitos para iniciar o no la investigación o
para llevar la investigación a juicio; qué es “insignificante” o “razones de
seguridad o interés público” o cuándo una reparación está “suficiente-
mente afianzada”, si de reglas de disponibilidad hablamos; qué tipo de
asuntos tendrán prioridad para ser llevados a juicio (con preso, con tras-
cendencia pública, etc.); en qué casos solicitar medidas de coerción per-
sonal o qué tipo de uso se hará de las alternativas a la prisión preventiva
(pues el MPA será co-responsable de la tasa de encarcelamiento preven-
tivo); qué tipo de resoluciones o sentencias recurrir (determinar de ante-
mano qué vale la pena llevar a la Cámara y qué no); etc.
Si el MPA se propone objetivos generales claros e identificables, se
podrá hacer una evaluación de rendimiento, tanto de sus miembros
como de las políticas puestas en práctica. Esto es, si los objetivos traza-
dos son o no cumplidos, debe ser un dato medible.
Con un adecuado sistema de información para recabar datos, podre-
mos cuantificar cuántos casos fueron trabajados por tal o cual miembro
o unidad de trabajo, comparar con años anteriores, con otras áreas terri-
toriales, establecer una relación entre casos y miembros, saber cuántas
causas fueron a juicio o tuvieron salidas alternativas o permanecen sin
solución, etc.; pero también nos permitirá calificar la tarea realizada, es
decir, conocer si las investigaciones que son llevadas a juicio terminan en
condena o no; si se hace uso del criterio de objetividad tardíamente al
desistir en los alegatos en base de razones que ya eran conocidas en la
investigación; si se apelan decisiones que después son desistidas en la
alzada; si se acude a vías alternativas según el protocolo de actuación; si
las desestimaciones se ajustan a instructivos o, en cambio, obedecen a co-
rrupción o error; si las víctimas han quedado satisfechas (puede tomarse
como baremo la cantidad de conversiones de acción pública en privada).
Finalmente, es crucial que el MPA tenga como premisa la flexibili-
dad necesaria para asignar y re-asignar el trabajo según las necesidades
impuestas por la cantidad o calidad de casos o la adquisición de mayores
habilidades o destrezas de unos miembros sobre otros, etc.
REFORMA PROCESAL PENAL 55

Cualquiera de sus miembros puede actuar en cualquier punto de la


provincia, en cualquier instancia (primera, segunda o extraordinaria) y sin
que importe en qué lugar o día se cometió o conoció el hecho; esto es, con
abandono definitivo de la idea de competencia territorial, jerárquica o por
turno pues la organización no tiene por qué respetar la garantía de “juez
natural” que, huelga decirlo, sólo juega para los jueces.
Vuelvo al ejemplo de la orquesta: todos deberían saber tocar algún
otro instrumento y cubrir los diversos puestos, si bien los lugares se defi-
nirán según las capacidades individuales, con posibilidad de ir cambiando.
El Ministerio Público de la Acusación debe ser lo suficiente-
mente plástico para maximizar los recursos disponibles a la hora de
procesar la carga de trabajo.
La libertad y flexibilidad en la estructura organizativa del MPA debe
ser la base para una disposición de los recursos con los que cuenta igual-
mente libre y flexible a la hora de procesar la carga de trabajo, a fin de
optimizarlos y evitar, en la medida de lo posible, los alarmantes niveles
actuales de prescripción que son una no respuesta estatal ante el fenó-
meno del delito.
La plasticidad y mutabilidad deben regir la metodología de asigna-
ción de casos, teniendo en cuenta qué clase y cantidad de ellos deben ser
atendidos y aprovechando las ventajas del trabajo en equipo y los recur-
sos humanos.
Repetir la estructura actual de los juzgados de instrucción, que re-
parten sus casos de modo definitivo y según pautas legales predetermina-
das es innecesario, pues la garantía del juez natural no la condiciona, e
incluso inconveniente pues ha demostrado ser deficitaria en materia de
celeridad, por ejemplo. Está probado que una asignación individual de
casos genera espacios de tiempos muertos, lo que es bien conocido por
los jueces de instrucción que están atiborrados de trabajo en el turno, ello
aminora en la “cola del turno” y después tienen muy poco trabajo hasta el
próximo turno.
Para ello, es imprescindible saber cuál es la carga de trabajo y
cuáles los recursos disponibles para afrontarla. Que la estructura del
Ministerio es finita y la carga de trabajo variable no puede pasarse por
alto y, aunque parezca una obviedad, debe ser reiterado pues hemos asis-
tido a la creación de juzgados atendiendo a “celos” territoriales o al sosla-
yo de la importancia de contar con estadísticas lo más serias y completas
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posibles. Vuelvo al ejemplo de la orquesta: su director debe saber cuántos


y cuáles músicos e instrumentos tiene, antes de decidir ejecutar todas o
algunas de las obras que se le proponen.
La estructura del MPA es finita en el sentido de que no podrá tener
tantos miembros como desee, sino tantos como permita el presupuesto
que se apruebe. Al respecto, una relación óptima entre habitantes y can-
tidad de fiscales no debería ser inferior a una tasa por cada 100.000 habi-
tantes 3. Actualmente, la cantidad de fiscales (40, según Ley Orgánica
del Poder Judicial) y de habitantes (3.000.000 según informe del INDEC
2001), la tasa es de 1,3 en la provincia de Santa Fe y de 1,1 en Rosario;
mientras que, si tomase el Anteproyecto de ley de MPA, donde se prevé
144 fiscales (contamos también los adjuntos, que tendrían las mismas
funciones que los titulares, según art. 21), la tasa sería de 4,8 en la provin-
cia y de 7,3 en Rosario.
A su vez, la carga de trabajo es variable desde que la cantidad y
calidad de casos puede ser focalizada según el territorio (por ello la
relación entre fiscales y cantidad de habitantes no necesita ser igual
en una gran ciudad que en un pequeño pueblo) y los tiempos (hay
cambios según los meses del año e, inclusive, días de la semana); sin
embargo, la variación no es lo suficientemente contingente como para
afirmar que es impredecible. De ahí que un sistema de obtención de
datos de campo es de fundamental importancia para lograr una
maximización de los recursos disponibles.
Al respecto, hoy por hoy, mientras que en varios países latinoameri-
canos la cantidad de ingresos mensuales por fiscal no supera el número
de 200, en Rosario ronda los 360 si se toma como parámetro los 1.100
partes preventivos que llegan a una Fiscalía (permite contar asuntos
correccionales y de instrucción, aunque deja afuera los NN que van a
otra oficina) en un turno semanal; mientras que si hacemos el cálculo con
la cantidad de fiscales que propone en Anteproyecto de ley de MPA,
tendríamos unos 60 ingresos.
Todas estas variables deben ser tomadas en consideración, enton-
ces, como paso previo y necesario para maximizar los recursos y proce-
sar la mayor cantidad de casos posibles.

3
La tasa se obtiene dividiendo la cantidad de fiscales por cantidad de habitantes
y luego multiplicarlo por cien mil. Por ejemplo, en EE.UU. va de 10 a 12 según las
ciudades, en Alemania es de 6 y en Italia de 4.
REFORMA PROCESAL PENAL 57

Otro concepto a incorporar en la organización del MPA a fin de


lograr la mentada maximización de recursos es su gestión profesional.
Las tareas funcionales (investigar y acusar) deben ser separadas de
las administrativas (manejo de recursos humanos, edilicios, informáticos,
etc.). Luego, los abogados deben ocuparse solamente de las primeras,
mientras que las restantes deben quedar en manos de profesionales de
la administración.
No es razonable que se desaproveche la experiencia de otras disci-
plinas (especialmente las relativas a la administración) que tienen teorías
elaboradas y prácticas consolidadas para organizar un equipo de trabajo o
el procesamiento de información. Los abogados, integrantes naturales de
estos ministerios, no tienen ningún entrenamiento en gestión, funciones
administrativas, operativas, manejo de grupos o soporte técnico. Por ello,
es necesario encargar esta tarea a un profesional de las ciencias de la
administración, inserto en un lugar de jerarquía dentro de la estructura.
Puede pensarse en un edificio en cuya planta baja se ubique todo el
personal administrativo, una recepción, dos salas de audiencia y todos los
recursos técnicos, mientras que en los pisos superiores se alojen espacios
de trabajo común de los fiscales donde llevan a cabo su tarea principal.
Es altamente dispendioso, como sucede actualmente, que haya uno o más
empleados, despachos o computadoras por Fiscalía, cuando ello puede
racionalizarse en un cuerpo administrativo único al servicio de todos los
acusadores del MPA por igual bajo el comando del administrador general.
Este administrador organizaría al personal administrativo para ga-
rantizar el funcionamiento de una mesa única de recepción, información
y derivación donde se haga atención primaria del público en general, víc-
timas, testigos, abogados o periodistas; armar una agenda para que los
fiscales puedan cumplir con las audiencias (deben sincronizarla con la del
Poder Judicial y defensa pública), atención de víctimas, medios de prensa
y abogados defensores; llevar un archivo unificado de registros de actua-
ción; gestionar la obtención de información ante otras instituciones y
organismos públicos para “todos” los casos y no caso por caso; etc..
Entonces, profesionalizar la gestión administrativa y separarla de lo
funcional, es casi un imperativo para lograr la proactividad necesaria
que nos permita avanzar sobre lo “importante” y dejar esta actual
reactividad que sólo nos deja atender lo “urgente”, superando así la per-
fecta descripción de la burocracia que hacía Quino a través de Mafalda.
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También es necesario pasar del funcionario “fuero pleno” al “es-


pecializado”. Como primera medida, sería un gran avance despojar al
Ministerio Público de todas las tareas que no son penales, tal como los
dictámenes de sede civil 4. Segundo, la especialización puede hacerse por
temas a investigar 5 o por etapas procesales 6, creando unidades que
agrupen a los acusadores bajo una consigna predeterminada.
Otros países latinoamericanos (Ecuador o Chile) y provincias de nues-
tro propio país (Buenos Aires) han incursionado en la creación de este
tipo de unidades que tienen la ventaja de facilitar la adquisición y consoli-
dación de conocimientos y destrezas propias para cada tarea y coadyu-
var al tratamiento igualitario de los casos y celeridad en el procesamiento
de la carga de trabajo.
Un posible esquema de trabajo sería el que seguidamente se grafica
y más abajo se explica.

Como primera aclaración, el diseño parece burocrático pero si se


piensa en un edificio único, con personal administrativo y recursos técni-
cos compartidos, donde el pase del caso de una unidad a otra no requiere

4
Así lo propone el Anteproyecto de ley de Ministerio Público de la Acusación al
crear una institución nueva y separada del Ministerio Público Fiscal.
5
Delitos culposos, contra la honestidad sexual o administración pública, etc..
6
Evaluar y seleccionar casos, litigar audiencias, atender a las víctimas, investigar
delitos en flagrancia, etc..
REFORMA PROCESAL PENAL 59

más que una conversación, pronto se verá que la estructura es útil a los
propósitos de flexibilidad y celeridad.
Como segunda, los integrantes de cada unidad deberán ocuparse de
litigar los recursos que decidan interponer ante decisiones adoptadas por
el juez de la investigación penal preparatoria en función de peticiones que
hayan esgrimido; esto es, no es aconsejable prever una unidad dedicada a
actuar en segunda instancia.

La UNIDAD DE DEPURACIÓN Y DISTRIBUCIÓN DE CASOS haría el primer


abordaje a los hechos con apariencia delictiva (salvo los casos de flagrancia
o que ingresan con imputado detenido), sin que importe el modo en que se
ha tomado conocimiento de éste (por denuncia, actuación policial, deriva-
ción de jueces civiles, iniciativa de algún acusador, etc.) para filtrar los
que no constituyen un delito o que carecen de elementos de prueba sufi-
ciente y separar aquellos que pueden ser resueltos por vías alternativas
de aquellos respecto de los cuales puede razonablemente obtenerse una
condena en juicio.
Si, como hoy, esto queda en manos de cada uno de los fiscales, se
aplica de modo desparejo e incontrolable, con riesgo cierto que la decisión
no se asuma, ante la duda se opte por darle trámite, el caso pase a
dormir el sueño de los justos y la institución empiece a tener muchos
casos abiertos sin resolver que alteran el rendimiento de los funcionarios
y generan malestar en la víctima, la comunidad y quien fue sindicado
como autor.
Esta Unidad puede desestimar, solicitar la aplicación de una regla de
disponibilidad que no requiera de acuerdos o remitir a otra unidad. Veamos:
- Desestimar si no hay delito (no hay acción, típicamente antijurídica
y culpable), o hay delito pero no es punible (excusas absolutorias, pres-
cripción de la acción, etc.), o hay delito punible pero no se puede proceder
(fueros parlamentarios, etc.) o no haya elementos serios y verosímiles
para iniciar una investigación;
- Solicitar la aplicación de una regla de disponibilidad que pue-
da decidir por sí y no requiera de acuerdos (delito de bagatela, pena natu-
ral, etc.); ocupándose de la tramitación respectiva, citar a la víctima e
informarle sus derechos.
- Remitir a la unidad encargada de propiciar salidas alternativas
acordadas (disponer de la acción cuando es necesario un acuerdo
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reparatorio, suspensión del juicio a prueba o juicio abreviado) o a la que


investiga y eventualmente litiga.
Materialmente, la Unidad debe ocuparse de:
- Entrevistar a pretensas víctimas, denunciantes y testigos a fin de
obtener la información primaria suficiente para decidir;
- Eventualmente, participar de audiencias de querellante o de re-
glas de disponibilidad;
- Informar a las pretensas víctimas los derechos que le asisten en
caso de archivo o desestimación.

La UNIDAD DE FLAGRANCIA se ocuparía de investigar y dictaminar en


aquellos casos donde los imputados han sido detenidos en flagrante delito.
Los actores de nuestro sistema actual no pueden dar una explicación
aceptable a la comunidad, el imputado o la víctima acerca de las causas
que permiten que se tarde la misma cantidad de tiempo en llevar a juicio
u obtener una sentencia en casos donde toda la prueba y el imputado
están disponibles de comienzo (flagrancia), que hacerlo en aquellos he-
chos donde no lo está.
Los objetivos serían bajar los tiempos de la investigación (por ejem-
plo, a 30 días, salvo que se requiera un informe pericial), maximizar el
respeto de garantías individuales (el encarcelamiento preventivo se
acorta; es más probable que se cumpla el plazo de 24 hs. en que un
detenido debe ser puesto ante un juez para que controle la detención,
las posibilidades de violencia policial bajan, etc.), asegurar la prueba
(los testimonios serán más verosímiles) y aumentar la capacidad de
respuesta ante la comunidad.
Esta unidad debe funcionar de modo permanente, esto es, las 24 hs.
del día, todos los días del año. Los abogados no estamos acostumbrados a
esta forma de trabajo, como sí lo están los médicos, por ejemplo; por lo
que se impone que todos los actores del sistema de enjuiciamiento penal
(fiscales, jueces, abogados defensores, empleados, etc.) tomen concien-
cia de que se desempeñan en el marco de un servicio público y se hagan
cargo de que ciertas comodidades no son oponibles a ciertas urgen-
cias. Si pensamos esto en Rosario, verbigracia, donde las detenciones
semanales rondan en un número de 40, la unidad podría funcionar con 6 u
8 fiscales que trabajen con turnos rotativos.
REFORMA PROCESAL PENAL 61

Materialmente, se requiere que el personal policial que intervino en


el hecho calificado como flagrante (o el particular, en caso de aprehen-
sión privada), en lugar de llevar al detenido, víctima o testigos a la seccional
policial, lo haga directamente al edificio del MPA donde el o los fiscales
de guardia recibirán las declaraciones testimoniales, practicarán la au-
diencia imputativa, requerirán los informes de antecedentes (que debe-
rían estar disponibles on line) y resolverán si adoptan provisoriamente o
solicitan una medida de coerción personal. Las experiencias en otros lu-
gares (como Guayaquil o Mar del Plata) indican que en una o dos horas
se cumple con una serie de actos procesales (denuncia, parte policial,
indagatoria, testimonios, antecedentes, etc.) que hoy en día nos lleva mu-
cho tiempo más.
La Unidad de Flagrancia del MPA necesita imperiosamente de una
unidad refleja del Ministerio Público de la Defensa, a fin de garantizarle a
todos los imputados que no consigan la presencia de su abogado defensor
de confianza en tiempo, cuenten con el asesoramiento y asistencia técni-
ca que el derecho de defensa requiere.
También podría organizarse el pool de jueces de modo que haya
disponible a todo horario un juez de investigación penal preparatoria;
mas, si esto no se logra y toda la actividad desarrollada por la Unidad
de Flagrancia tiene desarrollo en momentos que el tribunal no está a
disposición, se retrasará sólo unas horas la audiencia de prisión pre-
ventiva, pero igualmente se habrá ganado en celeridad y eficacia en
relación con lo que hoy sucede.
Luego, en un plazo 30 de días la Unidad debería llegar a una conclu-
sión respecto de si va a llevar el caso a juicio oral, archivar o derivar
hacia una salida alternativa. Mientras tanto, se ocupará de audiencias de
querellante, actos irreproducibles y demás cuestiones que se susciten.
Si decide solicitar la apertura de un juicio oral, presentará la acusa-
ción y litigará la audiencia preliminar. En tal caso, luego del auto de aper-
tura a juicio cesará su intervención que, como puede apreciarse, cumpli-
ría con la consigna de lograr el juicio dentro de plazos breves, mejorando
la calidad de la prueba de cargo (entre el hecho y el testimonio de éste no
pasaría largo tiempo) y acortando la prisión preventiva (en caso de que
haya sido decidida).
Si decide lo contrario, se ocupará del archivo fiscal y de la eventual
disconformidad del querellante.
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Finalmente, si considera que el caso amerita la proposición de una


salida alternativa (juicio abreviado, suspensión del juicio a prueba o dis-
ponibilidad de la acción), requerirá rápida e informalmente la intervención
de algún miembro de la Unidad especializada en lograr acuerdos de este
tipo. Sólo en caso de que un consenso no se logre, volverá a tomar inter-
vención en el caso para decidir si lleva o no el caso a juicio oral.

La UNIDAD DE SALIDAS ALTERNATIVAS contaría con fiscales especial-


mente preparados y entrenados para negociar o intervenir en mediacio-
nes a fin de lograr acuerdos que deriven en la aplicación de una regla de
disponibilidad, suspensión del juicio a prueba o juicio abreviado, recibien-
do los casos de cualquier otra unidad.
A fin de potenciar la obtención de resultados satisfactorios, es acon-
sejable que la Unidad se encuentre dentro del edificio del MPA, común a
todos sus funcionarios, pero ha de requerirse que se estructure el espacio
y los recursos de modo tal que sugiera un ámbito de absoluta igualdad de
partes en caso de negociación (estoy pensando en el imputado y su de-
fensor frente al MPA) o se preste especial atención a que el dominio de la
escena, en caso de mediación, corresponde a éstos que, por definición,
no pueden pertenecer a la institución.
Si se logra un acuerdo, se debe ocupar de litigar la audiencia del art.
19 (regla de disponibilidad), art. 24 (suspensión del juicio a prueba) o arts.
339 y 342 (juicio abreviado) y de controlar su cumplimiento; caso contra-
rio, devolverá el caso a la unidad que se lo derivó.

La UNIDAD DE INVESTIGACIÓN Y LITIGACIÓN sería la más numerosa y se


encargaría de investigar todos aquellos casos que no han sido depurados
o resueltos por vías alternativas o que no ingresaron a la Unidad de
Flagrancia y de litigar todos los juicios orales.
Luego de un adecuado estudio de campo, podrán generarse sub-
unidades para investigar y litigar juicios según especialidades.
Por ejemplo, podría organizarse una sub-unidad para delitos
culposos en la que sus integrantes adquirirían mayor conocimiento de
las leyes de tránsito, normativa específica y exigencias dogmáticas
del tipo penal imprudente y trabajarían asiduamente con los miembros
de la Oficina de Investigaciones preparados en accidentología o peri-
cias mecánicas, etc.; otra para delitos contra la integridad sexual, contra
la administración pública, etc.
REFORMA PROCESAL PENAL 63

En todo caso, es importante señalar que los mismos fiscales que


actuaron en la investigación, sean los que participen como acusadores en
el juicio oral y, eventualmente, en la interposición y tramitación de los
recursos, a fin de lograr mayor compromiso efectividad del funcionario
para con el resultado del caso.
Los miembros del Ministerio Público de la Acusación deben de-
jar de ser fiscales y pasar a ser acusadores.
El perfil del funcionario del Ministerio Público de la Acusación debe
ser el de quien está predispuesto para investigar (obtener información),
tomar decisiones y litigar. Es necesario dejar en el olvido la figura del
fiscal que fiscaliza, esto es, que dictamina sobre la legalidad de una ins-
trucción seguida por un juez, y en su lugar implantar la de un verdadero
acusador que asume su rol de parte. Es más, hasta considero necesario
cambiar la denominación de “fiscal” por la de “acusador” y la que se
utiliza para las causas: hoy se las identifica como “Imputado XX sobre
robo”, por ejemplo, como si nadie acusara a XX; en su lugar, llamar a las
cosas por su nombre sería “Ministerio Público de la Acusación contra XX
por robo”. No se trata de un mero cambio de marquesinas en los despa-
chos sino de concebir un actor del proceso que hasta ahora no hemos
visto actuar y nos resulta novedoso, todo un desafío.
Investigar es obtener los datos necesarios para fundar una acusa-
ción. Debe tener presente que el nivel de instrucción de las personas
involucradas, la economía delictiva o el modus operandi, por ejemplo,
varían según los casos, por lo que no se puede pretender buenos resulta-
dos con un tipo de investigación homogénea como la que hoy se practica.
Para el logro de este cometido, el reposicionamiento institucional del
MPA es vital pues a nadie escapa que debe instalarse en el lugar que
hoy ocupan los jueces de instrucción como responsables de las investiga-
ciones criminales.
Necesita acuerdos específicos con organismos públicos para que le
brinden desburocratizadamente la información requerida (es más, debe
propenderse a que ésta se encuentre disponible on line, lo que no parece
imposible desde que se encuentran completamente informatizados los
registros de antecedentes, propiedad automotor e inmueble, Registro Ci-
vil, etc.); que la comunidad lo visualice como la institución que ha de
encarnar sus demandas, atento que es la principal fuente de información
respecto de hechos delictivos y trabar una relación de coordinación con la
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policía para obtener datos certeros y válidos para el proceso (el desarrollo
de programas de capacitación conjunta, no sería un mal comienzo).
Dejar de fiscalizar y pasar a acusar, requiere de una actitud y aptitud
que hasta el momento los fiscales no habían desarrollado pues sólo se les
requería dictaminar y ella es la de tomar decisiones. Actualmente es
más común la opción de “dale trámite” a la causa que la de tomar el toro
por las astas y decidir una desestimación o acusación y he aquí una de la
principales causas de la morosidad.
Litigar es llevar las pretensiones penales al tribunal, probar las pro-
posiciones fácticas y darles el encuadre jurídico penal, refutar los argu-
mentos de la defensa, asumiendo el rol de parte que el modelo adversarial
requiere. El fiscal no debe comportarse como un jurista que dictamina
acerca de la legalidad de las decisiones adoptadas por otros, sino como un
acusador que se aferra a su estrategia y se apega a las posiciones
doctrinarias que le son funcionales a sus objetivos, tal como lo hace un
abogado defensor. Si la estrategia es acudir a salidas alternativas, habrá
de adoptar la tesis amplia de la suspensión del juicio a prueba o relativizará
la importancia del interés público en las reglas de disponibilidad; si la es-
trategia es perseguir a quienes contaminan aguas públicas, defenderá la
constitucionalidad de los delitos de peligro abstracto, etc.
Si el fiscal debe acusar, no cabe su neutralidad (sólo los jueces
deben investirla). En un sistema acusatorio adversarial, el fiscal debe asu-
mir una posición estratégica, de modo tal que los resultados (sentencias y
acuerdos reparatorios) sean el fruto de objetivos trazados y decisiones
adoptadas en tal sentido y no el último tramo de una serie de pasos forma-
les y legales al que se llega casi por ósmosis.
La negada neutralidad del acusador no implica que la actuación
fiscal no deba desarrollarse con objetividad, que es bien distinto. Ac-
tuar objetivamente es hacerlo de buena fe y profesionalmente; esto
es, dejar caprichosas subjetividades de lado, compartir la información
con la defensa, recabar pruebas no sólo de cargo sino también de
descargo, desistir de la acción si advierte que la prueba no lo acompa-
ña y respetar cierta ética profesional. Esto último es muy importante,
sobretodo en un contexto de vulnerabilidad y crisis del imputado, que
puede ser caldo de cultivo para actitudes extorsivas de parte de los
acusadores que inescrupulosamente presionen acuerdos reparatorios
o juicios abreviados en casos donde la absolución es pronosticable,
como ha sucedido en otras jurisdicciones.
REFORMA PROCESAL PENAL 65

De lo afirmado se desprende que la inhibición o recusación de un


miembro del MPA no es posible pues se trata de un mecanismo legal
destinado a garantizar la imparcialidad del tribunal. Sólo podría llegar a
plantear un apartamiento si existen causas graves que afecten su objetivi-
dad o eficacia, a su pedido o por iniciativa de otros integrantes, con la
clara idea de mejorar la imagen y funcionamiento de la institución, pero
nunca como una potestad jurídica de la defensa.

II. El Ministerio Público de la Acusación debe practicar una


investigación informal que reemplace el expediente por otras
formas de registración

Es imprescindible la registración de los actos investigativos porque el


MPA trabaja en equipo y la información obtenida por un fiscal debe estar
disponible para todos los demás a fin de prepararse para el juicio oral y
porque tiene el deber de informar a la defensa lo que ha averiguado a
partir de la audiencia imputativa.
Es cierto que la forma de registro de la investigación sería un tema de
menor importancia en otro contexto; sin embargo, allí donde la cultura
inquisitiva está tan arraigada y la instrucción escrita y burocrática tiene tan
larga tradición, el asunto cobra inusitada trascendencia. A tal punto es así
que, si el expediente no se reemplaza, la oralidad será una parodia y las
investigaciones no tendrán la celeridad buscada por más organización plás-
tica y flexible que se prevea, y como ejemplo tenemos provincias vecinas.
Una investigación que haga foco en las personas, en lugar de un expe-
diente, permitirá elevar el nivel de cumplimiento de ciertas garantías
constitucionales. La inmediación propia de la oralidad cobrará sentido
pues se resolverá a base de lo que suceda en la audiencia y no a base de lo
escrito en el expediente (a nadie escapa que las cámaras de apelación que
aplican el Código Procesal Penal Nacional omiten practicar las audiencias
instauradas obligatoriamente por ley porque tienen el expediente en sus
manos, por lo que debe esperarse del MPA que bajo ningún punto de vista
entregue sus registros a los jueces); la imparcialidad del juzgador se
potenciará, pues no existirá el preconcepto propio de leer las actuaciones
antes de ingresar a la audiencia y la defensa podrá controlar toda la prueba
que el tribunal tendrá en cuenta para tomar su decisión.
66 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

También permitirá ganar en celeridad que redundará en beneficio de


los acusadores (pues un juicio oral más cercano en el tiempo aminora las
posibilidades de perder la prueba de cargo); de los imputados que se en-
cuentran encarcelados preventivamente; de la víctima que siente que se le
presta más atención porque es oída por quien toma las decisiones y de la
comunidad que obtiene una respuesta dentro del tiempo que esperaba.
Para el mencionado reemplazo se puede acudir a una batería de
recursos:
- Registros auditivos con tecnología mp3 o visuales con cámaras
de video. Tienen la ventaja de no ser costosos (en el edificio del MPA en
Rosario, por ejemplo, sería suficiente con abastecer dos salas con
equipamiento fijo y contar con algún equipamiento móvil para registrar
declaraciones o escenarios fuera del ámbito del edificio) y de permitir su
inmediata disponibilidad para el resto de los miembros de la fiscalía que
cuente con un sistema informático en red o su remisión a la defensa
mediante un simple correo electrónico o pendrive.
- Legajo con anotaciones, informes y dictámenes, ordenado sin
formalismo alguno, tal como lo hace un abogado litigante en su estudio
jurídico. Este legajo también puede ser digitalizado mediante escaneo para
estar disponible de inmediato a otros fiscales y a la defensa.
Si se tiene presente que la investigación es meramente preparatoria
de una acusación que habrá de presentarse después y que la prueba que
podrá utilizarse para condenar solamente es la que se produce en juicio, la
tremenda importancia que hoy se asigna al expediente, quedará relativizada.

III. El Ministerio Público de la Acusación tiene el desafío de


lograr un modelo de enjuiciamiento criollo

He tratado de cuidarme de no referirme a la eficiencia, no sé si lo


he logrado. ¿Por qué lo he hecho? Trato de explicarlo.
El modelo de enjuiciamiento penal (americano, chileno, etc.) que se
está importando en nuestro país (provincias de Chubut, Buenos Aires,
etc.), proceso al que no es ajena nuestra provincia, hace hincapié en la
ineficiencia del actual sistema pues, su lentitud, burocracia y falta de in-
mediación afectan negativamente la situación del imputado y la capaci-
dad de respuesta a la comunidad. Los actores del sistema penal y la
sociedad en su conjunto tienen muy en claro la inviabilidad de ese sistema
REFORMA PROCESAL PENAL 67

actual, a tal punto que llegan a la resignación. Por ello, es bastante sen-
cillo hacer leña de este árbol caído.
Se propone como alternativa una forma de investigar y enjuiciar rá-
pida y de mayor calidad, lo que serviría para mejorar la situación de los
imputados en el proceso y la relación entre sociedad y poderes estatales
encargados del segmento penal. Pero… ¿no será un canto de sirenas
que nos hará encallar y terminará por hundirnos?
Parecería que aquella resignación alienta un contrato de adhe-
sión sin reflexión, un encandilamiento con luces de otros faros que
minimiza las sombras al punto de demonizar a quienes las señalan,
cual réprobos infieles.
No podemos negarnos el ejercicio de pensar libremente sobre esto y
un punto que quiero compartir con ustedes es el relativo a la eficiencia.
Esta cuestión es muy importante porque tiene que ver con los valores.
Las referencias internacionales que se toman, ponen a la eficiencia como
un ente a alcanzar, para lo que se hace fe de las estructuras propias de las
ciencias de la administración (se utiliza la lógica empresaria en la organi-
zación del trabajo, que implica capacitación del personal, flexibilización
laboral, incentivos según patrones de productividad, etc.), por lo que el
éxito consiste en sancionar a la mayor cantidad de infractores con el
menor costo y tiempo posibles. Gabriel Ganon llamó macdonalización
del sistema de justicia criminal a esta impronta que no sólo es instru-
mental sino también valorativa y advirtió sobre los resultados negativos
que podría tener puertas adentro y puertas afuera del Poder Judicial.
Entiendo que es importante maximizar los recursos disponibles para
lograr el mejor resultado posible pero el sistema de justicia criminal no
puede ser visto como una empresa que fabrica productos (graficación
que hizo Eugenio Zaffaroni en una entrevista), dedicándose a analizar
cómo producir a mayor velocidad y con mejor calidad, sin preguntarse
para qué se utilizan.
No se puede perder de vista que la pena, más allá de sus justificacio-
nes teóricas, es utilizada como acto de gobierno (es un medio de control
social violento ante la conducta desviada), que el delito es una creación
política y que el sistema penal funciona con altos niveles de selectividad;
luego, como el proceso penal es un instrumento que encarna y vehiculiza
aquellos usos, resulta que la eficacia del sistema es servil a una forma de
controlar y hacer política. Lo que quiero destacar es que la eficiencia
68 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

profundizará las inequidades o potenciará las virtudes que el sistema


exhiba; que mejorar la forma de investigar y juzgar es afilar la cuchilla
de la guillotina y no podemos limitar nuestra tarea a ello, mirando para
otro lado cuando ruedan las cabezas, como en reiteradas intervencio-
nes le hemos oído decir a Daniel Erbetta.
A título de ejemplo, sería crucial no identificar actuación de calidad
con obtención de condenas pues debemos leer el nuevo Código Proce-
sal advirtiendo que valora la solución del conflicto interpersonal a través
del consenso (salida alternativa) antes que la imposición de una pena
(que ningún conflicto resuelve) y la satisfacción del criterio de objetivi-
dad antes que un ciego impulso hacia una sentencia condenatoria que
puede no ser justa o necesaria, esto es, no puede juzgarse como positi-
va, por ejemplo, la situación a la que se ha arribado en otras provincias
donde, en nombre de la eficiencia, se ha llevado a condena por medio de
juicio abreviado a una inmensa cantidad de casos de sencillo pronóstico
absolutorio.
Por todo lo que expuse entiendo que no debemos perder el norte: lo
que estamos haciendo tiene que ver con el valor justicia. El resultado
de lo que haga el sistema de enjuiciamiento criminal, tiene que ser algo
justo antes que algo eficiente. La eficiencia no es un valor a perseguir en
sí mismo o, en todo caso, debe estar sujeta y condicionada por una re-
flexión previa acerca de los objetivos que se habrán de perseguir. No
clonemos sistemas a ciegas, logremos uno criollo que no se desentienda
de valores como la justicia y la equidad.
Pues bien, quería compartir con ustedes esta reflexión y dejarla so-
bre la mesa para su discusión. Muchas gracias por su atención.
REFORMA PROCESAL PENAL 69

POLÍTICAS PÚBLICAS Y REFORMA DEL SISTEMA DE


JUSTICIA PENAL DE LA PROVINCIA DE SANTA FE:
DISPARADORES PARA LA DISCUSIÓN

por VÍCTOR MOLOEZNICK

Sumario: Palabras previas. I. Los procesos de reforma en Argentina y Améri-


ca Latina. II. El Estado de la Inquisición y el Estado actual. Nuevos problemas,
nuevas respuestas. III. Las respuestas en el ámbito de los sistemas de justicia.
IV. Información para el desarrollo de políticas públicas, o el trabajo de legule-
yos “de prestigio”. V. Problemas habituales detectados en Argentina y la re-
gión. La ausencia de un uso intensivo de la oralidad. VI. Aciertos del legislador
santafesino. VII. Algunas experiencias válidas en la región. La experiencia de
Quetzaltenango, Guatemala. El circuito judicial de Guanacaste, Costa Rica. El
Plan Piloto para el fortalecimiento del sistema acusatorio en la provincia de
Buenos Aires: la experiencia Mar del Plata. La experiencia en Cuenca, Ecuador.
VIII. Palabras finales. IX. Referencias bibliográficas.

Palabras previas

Oportunamente, fui gentil e inmerecidamente invitado a un curso or-


ganizado por el siempre estimado profesor Álvarez Gardiol. El tema del
mencionado curso era de “Profundización en la reforma al Código Proce-
sal Penal” y tuve el gusto de disertar durante breves minutos junto a un
docente y amigo de la Universidad Nacional del Litoral, el Dr. Mario
Barletta. Las presentes líneas entonces no son más que el modesto inten-
to de transcribir, en forma bastante desordenada por cierto, algunos de los
conceptos centrales que intenté transmitir al numeroso auditorio, sin áni-
mo alguno de mayor elaboración u originalidad. La mayoría de los temas,
lejos de ser abordados no son más que mencionados, pero espero que
contribuyan a profundizar el interés y el debate en un proceso de reforma
a nuestro sistema de justicia penal que recién se encuentra dando sus
primeros pasos.
70 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

I. Los procesos de reforma en Argentina y América Latina

En general, el regreso de la democracia en los ‘80 en nuestro hemis-


ferio, tuvo como parte de ese proceso político transicional una ola de
reformas a sus sistemas de justicia penal. Una de las excepciones a la
mencionada tendencia fue justamente la provincia de Santa Fe, que por
diversas razones se constituyó en una rara avis, especie de isla de la in-
transigencia medieval, donde el sistema inquisitivo seguía “resistiendo” 1.
A casi dos décadas del inicio de dicho proceso, la provincia de Santa
Fe cuenta a pesar de todo con una enorme ventaja cualitativa, cual es la
posibilidad de tener acceso a una enorme “caja de herramientas” que le
permitan intentar evitar o no cometer los errores más comunes que se
produjeron en los diferentes procesos de transformación, así como capi-
talizar o tomar como modelos válidos las “buenas prácticas” instaladas en
los nuevos diseños.

II. El Estado de la Inquisición y el Estado actual. Nuevos


problemas, nuevas respuestas

El sistema de justicia penal santafesino opera en la actualidad en la


lógica del denominado “modelo inquisitivo”. El sistema inquisitivo res-
ponde a una lógica de administrar justicia penal cuyos orígenes se re-
montan a los siglos XII-XIII, y que, como afirma nuestro querido maes-
tro Jorge Vázquez Rossi, desembarca en nuestras costas junto con los
conquistadores españoles, para perpetuarse, al menos en Santa Fe, hasta
nuestros días. Esta forma de administrar justicia no es ni mala ni buena
sino que como todo sistema responde a otorgar respuestas a las necesi-
dades de la realidad social y política en cuyo seno nació. Justamente, su
nacimiento es brillantemente relatado y explicado en la preciosa com-
pilación de conferencias de Michel Foucault La verdad y las formas

1
Sin embargo no podemos dejar de señalar que los principales responsables del
vergonzoso inmovilismo en materia de avances legislativos en nuestra provincia fue el
poder político de turno, el que no supo, no quiso, no pudo, o sencillamente no le interesó,
a través de 25 años de vida democrática, romper con un orden jurídico claramente autori-
tario, ineficiente, ineficaz y antidemocrático.
REFORMA PROCESAL PENAL 71

jurídicas. Vamos a describir muy brevemente dicho contexto. La Eu-


ropa de aquel tiempo se encontraba todavía sumergida en ese largo y
oscuro paréntesis de la humanidad denominado Edad Media y sólo en
forma incipiente comenzaba el proceso de nacimiento de los modernos
Estados-Nación con sus respectivas burocracias. Ante tal panorama,
los noveles monarcas necesitaban un sistema de justicia penal para dis-
ciplinar al ciudadano, que no era considerado como tal sino como “súb-
dito”, y sobre todo crear una identidad nacional y religiosa lo más homo-
génea posible. Además, el mencionado sistema de justicia penal, res-
pondía en todo caso a las necesidades y demandas sociales de su épo-
ca, esto es, comunidades en general rurales, de escasa población, con
vías de comunicación poco desarrolladas.
Desde luego que las necesidades de nuestra sociedad actual son
bastantes diferentes a las de los objetivos políticos del sistema de justicia
penal cuyo modelo aún conservamos. Para decirlo gráficamente, un ciuda-
dano de la ciudad de Rosario de 2010 probablemente no vea satisfechas
sus demandas hacia el sistema de justicia con un dispositivo que probable-
mente si satisfacía las demandas de un campesino de Toledo en 1510.
De alguna manera, de eso se trata el proceso de reforma a la justicia
penal, de modificar el sistema de justicia penal para tener uno que: a)
responda a determinados estándares aceptados por la gran mayoría del
orbe y construidos sobre la base de instrumentos jurídicos internacionales
de derechos humanos en gran parte suscritos por la Nación argentina e
incluso muchos de ellos incorporados con rango constitucional. Esto, para
poseer un sistema de justicia que responda a un modelo de sociedad de-
mocrática y republicana y no autoritaria y absolutista como la que dio luz
al sistema inquisitivo y b) como afirmaba Albert Einstein, “no podemos
resolver problemas usando el mismo tipo de pensamiento que usa-
mos cuando los creamos”, y para ello desde luego debemos innovar en
las formas de hacer las cosas.
Y es que hoy nos encontramos ciertamente ante un nuevo modelo
de sociedad y el Estado (y la justicia como uno de sus tres poderes),
debe poseer la capacidad de adaptarse al nuevo entorno y las nuevas
demandas, bajo el riesgo de poner en crisis el mismo sistema demo-
crático de así no hacerlo.
Decíamos entonces que la sociedad actual está lejos de la configura-
da en el Medioevo, vamos a graficarlo mediante un pequeño cuadro:
72 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Condiciones modernas y posmodernas

Racionalidad moderna Racionalidad posmoderna


Visiones globales Intereses particulares
Producción Consumo
Producción masiva Especialización flexible
Integración Diferenciación
Partidos políticos Política personalista
Cultura nacional Imágenes de MTV
Completitudes Fragmentos 2

Las corrientes que han forjado nuestra actual realidad han sido resu-
midas por Thomas Friedman como las siguientes:
- Caída del muro de Berlín
- Aplicaciones informáticas al flujo de trabajo (workflow software).
- Acceso libre a los códigos fuente (open sourcing).
- Subcontratación (outsourcing).
- Traslados de fábricas (offshoring).
- Cadenas de suministros (supply chaining).
- Intromisión de subcontratistas (insourcing).
- Acceso libre a la información (in forming) 3.
Podemos identificar dos respuestas desde el plano de lo público a los
nuevos desafíos planteados, ambas entroncadas en el denominado Estado
post burocrático, la visión de las políticas públicas y la nueva gestión pública.
Se puede resumir alguna de las nuevas aproximaciones con las si-
guientes afirmaciones: “…Una dependencia burocrática se enfoca en
sus propias necesidades y perspectivas. Una dependencia impulsa-
da por el cliente se enfoca en las necesidades y perspectivas de éste.
Una dependencia burocrática se enfoca en las funciones y las res-

2
Peter BOGASON, “Postmodern Public Administration” en AA.VV., The Oxford
Handbook of Public Management, New York, Oxford University Press, 2005, pág. 236.
3
Thomas FRIEDMAN, La tierra es plana. Breve historia del mundo globalizado del
siglo XXI, Bogotá, Planeta, 2007, pág. 57 y ss.
REFORMA PROCESAL PENAL 73

ponsabilidades de sus partes. Una dependencia impulsada por el


cliente se enfoca en ayudar a que toda la organización funcione
como equipo. Una dependencia burocrática se define tanto por la
cantidad de recursos que controla como por las tareas que desempe-
ña. Una dependencia impulsada por el cliente se define por los re-
sultados que logra en beneficio de sus clientes. Una dependencia
burocrática se aferra a la rutina. Una dependencia impulsada por
el cliente modifica sus operaciones como respuesta a las demandas
cambiantes de sus servicios. Una dependencia burocrática separa
el trabajo de pensar del trabajo de hacer. Una dependencia impul-
sada por el cliente otorga la autoridad a los empleados operativos
de emitir juicios sobre el modo de mejorar tanto el servicio al cliente
como su valor…” 4.
Este enfoque se integra a la idea de “gobernanza” que “…quiere
decir justamente la existencia de un proceso de dirección de la so-
ciedad que ya no es equivalente a la sola acción directiva del go-
bierno y en el que toman parte otros actores: un proceso directivo
postgubernamental más que antigubernamental. Es un nuevo proce-
so directivo, una nueva relación entre gobierno y sociedad, que difí-
cilmente puede ser ya en modo de mando y control, en virtud de la
independencia política de los actores sociales y de su fuerza relativa
en virtud de los recursos que poseen. Más aún, la gobernanza inclu-
ye a la gobernabilidad, en tanto requiere la acción de un gobierno
capaz y eficaz, pues sin esta condición cumplida no existiría una
condición esencial para que pueda haber dirección de la sociedad
antes y ahora, pero el gobierno competente es sólo uno de los acto-
res requeridos para una dirección exitosa de la sociedad. En este
sentido, gobernanza significa el cambio de proceso / modo / patrón
de gobierno: el paso de un centro a un sistema de gobierno, en el
que se requieren y activan los recursos del poder público, de los
mercados y de las redes sociales. En conexión, es el paso de un
estilo jerárquico centralizado a un estilo de gobernar asociado e
interdependiente entre organismos gubernamentales, organizaciones

4
Peter BARZELAY, Atravesando la burocracia, México, Fondo de Cultura Econó-
mica, 1998, pág. 47.
74 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

privadas y sociales… Lo que se tuvo que iniciar por razones de efi-


ciencia terminó por generar y normalizar un nuevo tipo de relación
entre gobierno y sociedad en lo concerniente a la dirección de la so-
ciedad. “Redes de políticas”, “asociaciones público-privadas”, “de-
mocracia participativa, deliberativa”, “presupuesto participativo”,
“contraloría social”, “auditoría ciudadana”, “ámbito público no es-
tatal, no gubernamental”, “participación solidaria”, “cogestión del
poder”… han sido algunos de los nombres que se han dado en Améri-
ca Latina a la emergencia del nuevo modo de gobernar interdependiente,
interactivo, en coproducción y corresponsabilidad, que ha ido adqui-
riendo prácticas estables (institucionalizadas o no) y se ha mostrado
progresivamente no sólo más costoeficiente y productivo, sino políti-
camente más consensual, aceptable, “legítimo”, a pesar de sus limi-
taciones, defectos, sesgos y riesgos a la vista (como la difuminación
de las responsabilidades en caso de resultados deficientes o logra-
dos ineficientemente) 5.

III. Las respuestas en el ámbito de los sistemas de justicia

Como vemos entonces, nuevos enfoques teóricos se fueron desarro-


llando en el campo de la ciencia política y la administración pública a los
fines de desarrollar nuevas herramientas que dieran respuestas eficientes
a las demandas sociales actuales, “políticas públicas”, “gobernanza”, “des-
centralización”, “presupuesto participativo”, “uso de economías en esca-
la”, “desarrollo de oferta de bienes públicos desde la demanda ciudada-
na” etc., todos ellos utilizados en gran escala para la administración de la
cosa pública. ¿Y los sistemas de justicia? Evidentemente no son una “isla”,
si bien es cierto que en general y en América Latina en particular son
instituciones con mayor propensión a mostrarse reticentes a los cambios
organizacionales o de cualquier otro tipo. Sin embargo, este nuevo enfo-
que se empezó a desarrollar también en el seno de los sistemas judiciales.
Vamos a describir brevemente algunas experiencias de innovación
instaladas con cierto éxito fuera de nuestra región.

5
Luis F. AGUILAR, “El aporte de la política pública y la nueva gestión pública a la
gobernanza”, ponencia presentada XII Congreso Internacional del CLAD sobre la Refor-
ma del Estado y de la Administración Pública, Santo Domingo, República Dominicana,
30 octubre - 2 noviembre 2007, pág. 9 y ss.
REFORMA PROCESAL PENAL 75

Nombre de la experiencia: CJRA (Justicia Civil Federal de los


Estados Unidos).
Finalidad: reducir el retraso judicial y los costos a los particulares.
Principales instrumentos: modificación de ciertas prácticas proce-
sales. “Tracking”. Programa piloto destinado a testear la eficacia de las
diferentes medidas. Evaluación del programa piloto por un organismo in-
dependiente. Definición de retrasos excesivos.
Método de definición de los indicadores: grupo de trabajo com-
puesto de litigantes, representantes de sectores empresarios, defensores
de intereses difusos y sectores universitarios, sin participación de magis-
trados en ejercicio.
Órgano responsable de la puesta en marcha de la evaluación:
reformas a los procedimientos los propios órganos jurisdiccionales, retrasos
excesivos por parte de un organismo profesional de carácter nacional.
Método de recolección de datos: datos sobre las prácticas proce-
sales recolectados por el organismo de investigación independiente. Da-
tos sobre los retrasos excesivos recolectados por el organismo profesio-
nal representativo de los jueces federales
Naturaleza de los datos colectados: datos sobre las prácticas pro-
cesales por estadísticas de las jurisdicciones y entrevistas, datos sobre los
retrasos excesivos individuales y nominativos.
Nombre de la experiencia: TCPS. Justicia Civil a nivel estadual,
Estados Unidos.
Finalidad: mejorar el funcionamiento (perfomance) de los tribunales.
Principales instrumentos: elaboración de un sistema de evaluación
global de la calidad del servicio brindado por el tribunal, conjunto de
estándares (22), indicadores (68) y de medidas asociadas.
Método de definición de indicadores: comisión compuesta en su
mayoría por jueces en ejercicio además de un administrador judicial y
algunos universitarios. Grupo asistido por un equipo de investigación.
Órgano responsable de la puesta en marcha de la evaluación:
jurisdicciones.
Nivel de recolección de datos: jurisdicciones.
Método de recolección de datos: diferentes personas según la natura-
leza de los datos, personal de las jurisdicciones o bien observadores externos.
Naturaleza de los datos recolectados: muchos tipos de datos, es-
tadísticas no nominativas, observaciones directas, entrevistas, etc.
76 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Nombre de la experiencia: reforma británica.


Finalidad: reducir la tardanza y los costos. Unificar y simplificar el
procedimiento civil.
Principales instrumentos: reforma del procedimiento civil,
institucionalización de procedimientos diferentes según el valor y la com-
plejidad de los asuntos. Estudios sobre los costos. Institucionalización de
un Consejo de la justicia.
Órgano responsable de la puesta en marcha de la evaluación:
Civil Justice Council (órgano consultivo con rol de supervisión).
Nivel de recolección de datos: datos sobre costos privados, reco-
lectados por un sondeo de casos representativos de ciertos tipos de con-
tiendas judiciales.
Naturaleza de los datos recolectados: costo privado del litigio para
la parte ganadora, monto de daños e intereses recuperados.
Nombre de la experiencia: Nueva Escocia, Canadá.
Finalidad: mejorar la calidad profesional del trabajo de los jueces.
Principales instrumentos: retroalimentación de información dada a
los jueces sobre la percepción de sus prácticas por parte de los abogados.
Naturaleza de los datos colectados: jueces (en forma voluntaria),
cuestionarios de autoevaluación acerca sus cualidades profesionales; abo-
gados, cuestionario de evaluación de los jueces acerca de sus cualidad
profesionales.
Nombre de la experiencia: PVRO, Holanda.
Finalidad: hacer la justicia más responsable, uso del presupuesto en
función de objetivos.
Principales instrumentos: auditoría organizacional realizada por
una agencia. Definición de indicadores de calidad profesional.
Institucionalización de un Consejo de justicia encargado de supervisar
la evaluación de la calidad y de establecer criterios para el uso del
presupuesto. Puesta en marcha de un sistema de acceso electrónico
de jurisprudencia. Puesta en marcha de una encuesta permanente de
satisfacción de los usuarios 6.

6
Anne-Lise SIBONY, “Quelles Leçons tirer des expériences étrangeres?”, en
Emmanuel Breen (director), AA.VV., Évaluer la justice, Paris, Presses Universitaires de
France, 2002, pág. 132 y ss.
REFORMA PROCESAL PENAL 77

En definitiva, procesos orientados a enfocar la prestación del servi-


cio de justicia hacia las necesidades de los usuarios del sistema, evaluar la
calidad de la prestación del servicio, establecer sistemas de levantamien-
to y análisis de la información para realizar constante reingeniería de los
procesos de trabajo, todas estas cosas fundamentales como expresare-
mos a continuación.

IV. Información para el desarrollo de políticas públicas, o el


trabajo de leguleyos “de prestigio”

En todo caso, debemos tener bien claro que para el desarrollo de


cualquier tipo de política pública seria debemos contar con información
empírica dura y de calidad, de hecho, este fue uno de los aspectos centra-
les de los procesos recién mencionados.
Digamos un poco más al respecto. “… Es evidente que una orga-
nización tiene que cumplir el conjunto de operaciones que la cons-
tituyen, debe hacerlo asignando recursos, coordinando las activi-
dades de un sinnúmero de personas, fijando reglas y procedimien-
tos que faciliten esas operaciones y simplifiquen la dirección, y
controlando el cumplimiento de los objetivos para los que existe
esa operación. Una organización también debe ajustar su activi-
dad a los cambios del entorno y para ello debe recibir información
sobre los cambios que existen en ese medio ambiente o los que ella
misma produce. Debe desarrollar, además, sus operaciones a lo
largo del tiempo y necesitará información para anticipar escena-
rios y problemas y tratar de planificar su adaptación a esas cir-
cunstancias. Todo ello lo hará con dirección, con planeamiento,
con programación, con estrategia y, finalmente, con el suficiente
control de su gestión que le permitirá saber si el conjunto de per-
sonas que conforman la organización actúan conforme a lo pre-
visto y si se cumplen las metas programadas…” 7.

7
Alberto BINDER y ot., “Los jueces y la información. Sistemas de información e
instituciones judiciales en el marco de la reforma judicial”, revista Sistemas Judiciales,
Buenos Aires, CEJA, año 3, Nº 6, diciembre de 2003, pág. 48 y ss.
78 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Todo esto parece bastante básico y hasta rústico de afirmar. Por


decirlo así, es la forma en que probablemente piense su organización el
dueño de un maxikiosco de cualquiera de nuestras ciudades. Por ejemplo:
“… el año pasado en enero vendí 500 palitos de agua, este año ha
mejorado la situación económica en el barrio de acuerdo a mis ven-
tas generales en otros rubros y además pienso sacar una promoción
inicial para incentivar el consumo, así que mis proyecciones inicia-
les me llevan a pensar que voy a hacer un primer pedido al distribui-
dor de helados de 700 palitos para enero. Además, pienso hacer ese
pedido de palitos a principios de noviembre, para asegurarme tener
stock a tiempo y sacar un precio más conveniente…”. Esta forma de
pensar y actuar, sería toda una sofisticación para nuestros sistemas de
justicia en general.
A veces, como ciudadanos, nos asusta la forma precaria en que fun-
ciona el Estado, que debería tener sistemas extremadamente sofisticados
de control y planeamiento para la toma de decisiones en virtud de ser el
único responsable de producir y otorgar a la población bienes sociales. Ni
hablar si nos colocamos en el Poder Judicial, uno de los pilares y salva-
guardas del sistema democrático. Y podríamos seguir avanzando con cien-
tos y miles de otras cuestiones, como por ejemplo, el maxikiosco tiene una
política de comunicación hacia su clientela, si sale un nuevo chicle globo
que es de su interés vender, colocará llamativos carteles que promuevan
dicho producto, el Poder Judicial está lejos de poseer un diseño de política
de comunicación pública con determinados objetivos y metas, como mu-
cho, poseerá una oficina de prensa que cada tanto dirá algunas cosas
“que pasan” u otras “que van a pasar”. El dueño del maxikiosco sin duda
que sabe cuanto le dura el stock de su último pedido de cigarrillos
“Parliament”, es más, lo está monitoreando permanentemente pues ajus-
tará sus pedidos de acuerdo al nivel de demanda de la gente del barrio. El
sistema de justicia desconoce cuánto dura en promedio un juicio de des-
alojo o cuál es el promedio de duración de la prisión preventiva
interanualmente por citar ejemplos muy groseros. Bueno, pero como dijé-
ramos, no sigamos con estos ejemplos a menos que queramos conseguir
que el dueño de algún maxikiosco sea convocado a colaborar en la ges-
tión de algún Poder Judicial de la región, donde seguramente no se sentirá
muy cómodo aunque sin duda mejor remunerado.
Lo que queríamos de algún modo dejar en claro con estos ejemplos
es que la base de cualquier proceso de toma de decisiones, la base de
REFORMA PROCESAL PENAL 79

cualquier proceso de planificación, la base de cualquier proceso de con-


ducción y dirección estratégica, es la producción de información de cali-
dad. Y esto es lo que hoy y cada vez más necesitamos en nuestros siste-
mas de justicia para avanzar en prestar un mejor servicio a la población.
Digamos que el sistema de justicia penal se encuentra en este mo-
mento en una primera etapa, donde la demanda de cambio es tan básica
(pasar de un sistema de administración medieval a un sistema de adminis-
tración democrático) que los cambios legales serán suficientes. Pero una
vez que el nuevo sistema sea puesto en funcionamiento, o mejor dicho,
para su correcta puesta en funcionamiento desde un primer momento,
será necesario construir lo que hoy no tenemos, o no utilizamos: sistemas
de información judicial 8.
Y es que para diseñar sistemas de gestión eficientes para el ciudada-
no necesitamos información y para diseñar normas que establezcan pro-
cedimientos legales necesitamos pensar antes en los sistemas de gestión
que necesitaremos por lo cual las reformas legales se deberían
retroalimentar constantemente de información para su diseño.
De otro modo, lo que tenemos son planificaciones legales “estratégi-
cas” que de estratégicas sólo poseen el nombre, dado que surgen del
intercambio meramente intelectual de un grupo de jurisconsultos más pre-
ocupados por establecer la verdad de la naturaleza jurídica de determina-
do instituto que quieren defender que si el diseño de determinada norma
tenderá a satisfacer en mayor o menor medida una necesidad jurídica
concreta de un grupo de ciudadanos.
Con esto no queremos desestimar la importancia del factor ideológi-
co ni la importancia de determinadas discusiones en la ciencia del dere-
cho, pero sí afirmar que para satisfacer determinadas y concretas de-
mandas ciudadanas es necesario poseer y construir herramientas que
vayan más allá de las abstracciones. Y es que en el campo del diseño e

8
En esto me atrevo a igualar el concepto de no tener al de no utilizar, aunque tener
algo siempre es muy bueno aunque no lo usemos. Digamos, muchos sistemas de justicia
realizan estadísticas anuales que luego publican en bellos volúmenes, o bien adquieren
costosas herramientas informáticas para captar y procesar información, pero, de hecho,
no usan jamás esas herramientas para la toma de decisiones. Me atrevo a afirmar que es
como gastar dinero en comprar una Ferrari para tenerla guardada en el garaje.
80 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

implementación de políticas públicas (donde en el campo de los sistemas


de justicia la reforma normativa puede y debe ser sólo una de un variado
menú de opciones), lo que no proviene del campo de lo empírico proviene
del campo de la intuición. Y la intuición puede muchas veces aproximarse
más o menos a la realidad de un fenómeno, o incluso coincidir con ella,
pero sólo podemos diseñar intervenciones eficaces manejando informa-
ción confiable.
Veamos con otro ejemplo bien concreto cómo “lo puramente legule-
yo abstracto” puede tener un impacto negativo en la vida cotidiana de los
ciudadanos. Boca Juniors y River Plate, dos cuadros de fútbol bastante
populares en la ciudad de Tostado, provincia de Santa Fe, se enfrentan un
domingo por la tarde en la cancha de este último. Gana Boca Juniors por
un ajustado 1-0, por lo que José Pérez, vecino de la zona simpatizante de
este equipo sale a festejar ruidosamente. Su vecino, Ernesto Gómez, es
rabioso simpatizante de River Plate y se encontraba tomando mates en la
vereda de su casa. Ante la actitud de Pérez, se trenzan en una discusión,
Gómez se exalta y acierta tres golpes de puño en el rostro y dos puntapiés
en el estómago de Pérez antes de ser separados por otros vecinos, produ-
ciéndole algunos hematomas y dolores por lo que es medicado y debe
guardar reposo absoluto por tres meses. A los pocos días y luego de va-
rias reuniones, don Gómez acepta someterse a un “procedimiento abre-
viado”. Gómez es consciente de lo que hizo, que estuvo mal, además, fue
visto por unos quince vecinos que ya declararon con lujo de detalles en la
comisaría local y están dispuestos a hacerlo en caso de un juicio oral.
Gómez no sólo es consciente de su culpa sino que sabe que no tiene
chance alguna de demostrar inocencia en un eventual juicio. Ante ello
acepta voluntariamente el hecho por el que se lo acusa a cambio de un
pedido de pena atenuado por parte del fiscal. Así se presenta ante el juez
de investigación penal preparatoria de la ciudad de Tostado, que en una
audiencia pública declara admisible la presentación y le comunica que
esté atento, por cuanto en unos cuantos días más será convocado por el
Tribunal Oral con sede en la ciudad de Rafaela a los efectos de recibirle
declaración y dictar resolución. Estamos en Tostado, está presente un
juez constitucionalmente electo, está presente el fiscal, está presente el
imputado con su defensor, está presente el querellante y su abogado y la
pregunta que nos hacemos todos es... ¿por qué dicho juez no homologa
de una buena vez el acuerdo sino que vamos a obligar a celebrar una
nueva audiencia a todas estas personas, varios días o meses después, en
REFORMA PROCESAL PENAL 81

la ciudad de Rafaela? La respuesta es simple: porque al leguleyo que


diseñó la norma le interesó mucho más la supuesta conservación de la
imparcialidad del juez homologador de acuerdo a lo que sus libros de
“buena doctrina” recomendaban 9. No le importaron los 220 km. que el
fiscal debía realizar una mañana y los 46 litros de nafta super que gastaría
en dicho trayecto más tres horas de ida y tres de vuelta, digamos, toda
una mañana perdida del trabajo de un funcionario muy caro para las ar-
cas del Estado para acudir a una audiencia de 5 minutos. Ante todo esto
don Gómez diría “pero si mi abogado ya me explicó, ya hablé con el
fiscal y el juez de Tostado está ahí viendo todo, por qué no liquidamos
todo en esta audiencia”. La respuesta es bien sencilla: porque se diseñó
una norma en un “foro de juristas”, sin tener en cuenta el impacto en la
política pública, en los sistemas de gestión, en los costos y uso de recur-
sos humanos, en las distancias y tipo de rutas de la provincia de Santa
Fe, en fin, en otorgar respuestas que sirvan a la población, que mejoren
la calidad de vida con propuestas ajustadas a principios democráticos y
a lógicas no burocráticas.
Pero, como dijéramos, por suerte, y en base a extendidos estudios
empíricos hoy poseemos una variada gama de diagnósticos sobre cuales
fueron los mayores problemas en la implementación de los nuevos siste-
mas de justicia, así como determinadas “buenas prácticas” que funcionaron
y funcionan en distintos lugares de nuestra geografía latinoamericana.

V. Problemas habituales detectados en Argentina y la región. La


ausencia de un uso intensivo de la oralidad

El proyecto de seguimiento a las reformas procesales penales en


América Latina coordinado por el Centro de Estudio de Justicia para las
Américas detectó en su primera etapa los siguientes problemas comunes
a la región:
- Graves debilidades en el sistema de administración de tribunales.
- Debilidades en el sistema de organización de audiencias.
- Problemas en cuanto a garantizar el principio de publicidad.

9
Esto es, conservar la lógica del juicio oral para un procedimiento que en nada se
parece al juicio oral, es más, centralmente se establece para evitar el juicio oral.
82 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

- Carencia de liderazgo institucional.


- Poco uso de procedimientos breves.
- Existencia de sistemas de defensa meramente formales.
- Carencias en el modelo de trabajo policial.
- Carencias de información.
- Problemas en cuanto al diseño lugar en atención a una defectuosa
regulación de la oralidad, falta de regulación de la función de garantía,
facultades y organización del Ministerio Público.
- Problemas puntuales en el proceso de implementación que tienen
que ver con falta de capacidad del sistema para asumir el cambio 10.
Uno de los problemas sobre el que vamos a extendernos un poco
más hasta el final de esta exposición es el poco uso extensivo de la oralidad
para la toma de decisiones en todas las etapas del proceso y no solamente
durante el juicio.
Así, “...´la oralidad no sólo es relevante para la regulación
del juicio oral, sino que también es el mecanismo o metodología
central de funcionamiento en la etapa de investigación preliminar.
En efecto, en varios países de la región, el principal medio a través
del cual se toman decisiones en la etapa de investigación es el del
intercambio de escritos entre las partes, que le permiten luego al
juez contar con la información básica para resolver el asunto con-
trovertido, lo que también hace por escrito… la oralidad de la eta-
pa de investigación en el nuevo sistema procesal penal significa,
básicamente, que el método para resolver las cuestiones principa-
les que se sometan a debate durante la investigación será la reali-
zación de audiencias a las que deberán comparecer los
intervinientes en el proceso. Esas audiencias se caracterizan por-
que en ellas las partes deben presentar oralmente sus peticiones y
argumentos, los cuales, a la vez, deben ser resueltos de la misma
forma por parte del juez de garantía…” 11.

10
A los que quieran profundizar los problemas aquí sólo mencionados recomen-
damos una detenida lectura del informe citado en la bibliografía usada, informe que con
diferentes etapas y objetivos se continúa hasta el día de hoy.
11
M. DUCE y C. RIEGO, Proceso penal, Santiago de Chile, Jurídica de Chile, 2007,
pág. 125 y ss..
REFORMA PROCESAL PENAL 83

El uso de la oralidad en las etapas previas al juicio contribuye a la flexi-


bilidad y desformalización de la etapa de investigación, fortalece la función de
garantía, garantiza la publicidad de las decisiones jurisdiccionales y en defini-
tiva evita la permanencia de lógicas burocráticas basadas en el uso de un
expediente o fuente de información similar para la toma de decisiones.

VI. Aciertos del legislador santafesino

En este sentido pareciera que la problemática recién mencionada


fue vislumbrada por el legislador santafesino. En primera instancia, por la
variedad de audiencias orales que estableció para debatir y resolver cues-
tiones trascendentales con anterioridad a la audiencia de debate. En este
sentido son de destacar la audiencia preliminar al juicio oral y aquella
establecida para la petición y discusión de la prisión preventiva u otras
medidas cautelares sobre el imputado. Y sin dudas que el mayor acierto
fue el introducir en la Ley de Organización de los Tribunales en lo que
respecta al fuero penal que “…Todas las decisiones jurisdiccionales
que resuelvan controversias entre las partes serán adoptadas en
audiencia oral…”.
La contundencia de lo afirmado por esta última norma, sin embargo,
no garantiza de por sí el establecimiento de la mencionada práctica sino
que será necesario reconstruir prácticas y modos de hacer las cosas que
vayan estableciendo nuevas rutinas ligadas a las formas de hacer las
cosas en un sistema oral y adversarial.

12
VII. Algunas experiencias válidas en la región

La experiencia de Quetzaltenango, Guatemala

Si bien Guatemala es uno de los países pioneros en la región en co-


menzar un proceso de reforma a su sistema penal hacia uno de corte

12
En general, se transcriben a partir de la presente las experiencias de seguimiento
a los procesos de reforma relevadas por el Centro de Estudios de Justicia de las Américas
y cuyas citas respectivas se encuentran en el índice de bibliografía adjunto.
84 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

acusatorio (1992), a ya casi veinte de años de dicho proceso los cambios


a la forma de “hacer” las cosas no han sido sustanciales debido a un débil
proceso de implementación.
Particularmente en la etapa de investigación penal preparatoria las
lógicas siguen ligadas fuertemente a la construcción de un expediente
como metodología de trabajo y como fuente principal de información y
toma de decisiones con el fuerte fenómeno de delegación de tareas juris-
diccionales que ello conlleva. A ello se suman demoras y altos promedios
de duración de los procesos, poca capacidad para finalizar casos y un
porcentaje elevado de uso de la prisión preventiva.
En abril de 2005 comienza una experiencia piloto en la mencionada
ciudad de Quetzaltenango a los efectos de profundizar el carácter oral
del sistema guatemalteco mediante audiencias de tal tipo a los fines de
tomar todo tipo de decisiones en las etapas previas el juicio. Se crean
tres unidades de trabajo al interior de cada juzgado a los efectos de
trazar una fuerte división entre tareas jurisdiccionales y tareas adminis-
trativas (estas unidades son la de atención al público, la de comunica-
ciones y la de audiencias). Además de una fuerte capacitación se creó
una instancia de coordinación interinstitucional entre los diversos acto-
res del sistema de justicia penal.
Como resultado de este proceso se comenzó a instalar una práctica
de debate y decisión oral sin expediente de referencia y en pocos minu-
tos, las audiencias orales se comenzaron a fijar en horizontes de tiempo
muy cercanos a su solicitud (en general entre 24 y 48 horas o a veces el
mismo día), se consiguió una baja tasa de fracasos de las audiencias (al-
rededor del 5 por ciento), finalmente, la delegación de funciones jurisdic-
cionales había desaparecido con esta nueva modalidad de trabajo.
A nivel infraestructura las inversiones fueron bastante menores. Por
ejemplo, a nivel tecnológico y a los efectos de tener un registro de las
audiencias se utilizaron PC básicas y de bajo costo, sin necesidad de
contar con sistemas sofisticados.

El circuito judicial de Guanacaste, Costa Rica

El sistema judicial de Costa Rica se ha destacado históricamente del


resto de la región por ser uno de los más fuertes a todo nivel, tanto por la
calidad de sus recursos humanos y materiales cuanto por el importante
REFORMA PROCESAL PENAL 85

financiamiento con el que cuenta, además, ha sido uno de los países pio-
neros en establecer cambios a su sistema de enjuiciamiento penal en 1973.
Sin embargo, existía una percepción generalizada en cuanto a la len-
titud de los procesos judiciales en el fuero penal, lo que era apoyado
estadísticamente por una alta tasa de acumulación de stock de casos en
los flujos del sistema.
Se comienza entonces con una experiencia de oralización en audien-
cias previas en el mencionado circuito judicial, en primer lugar para las
personas detenidas y puestas a disposición del juzgado penal en las 24
horas siguientes a la detención. En dicha audiencia se discute la prisión
preventiva del imputado u otra medida cautelar personal.
A la audiencia de medidas cautelares se suman luego la de suspen-
sión del procedimiento a prueba, la de acusación fiscal y su control, la de
acuerdo de procedimiento abreviado y la de conciliación entre imputado y
víctima cuando dicha salida es procedente.
Nuevamente la experiencia es exitosa en varios aspectos, pero en es-
pecial en aquél en el que se buscaba mayor impacto, dado que las partes
hacen sus presentaciones ante el juzgado de manera argumentativa en un
promedio de 10 minutos mediante una metodología rápida y dinámica,
desformalizando fuertemente el trabajo de todos los actores del sistema.
Asimismo, las decisiones judiciales, que son tomadas y comunicadas
a las partes en el acto, siguen conservando altos estándares en cuanto a
su calidad.

El Plan Piloto para el fortalecimiento del sistema acusatorio en la


provincia de Buenos Aires: la experiencia Mar del Plata

En 1998 comienza a regir una reforma de corte acusatorio al sistema


de enjuiciamiento penal en nuestra vecina provincia de Buenos Aires. Sin
embargo, a siete años de su entrada en vigencia, el sistema se enfrenta a
graves problemas operativos como resultado de la falta de una correcta
planificación de la implementación.
Como afirmáramos con los poderes judiciales en general, el sistema
de información es extremadamente débil y no se utiliza para la toma de
decisiones a nivel institucional y operativo; el Ministerio Público reprodu-
ce metodologías de trabajo propias de un juez de instrucción tradicional;
86 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

no se realizan audiencias orales en las etapas previas al juicio y los juicios


orales también poseen una debilidad en lo que hace a destrezas de litigación
por parte de los actores, además de la ausencia total de un sistema de
gestión de audiencias que tengan que ver con la lógica de un sistema oral.
Atento al diagnóstico, el INECIP en forma conjunta con el CEJA e
instituciones del sistema de justicia penal de la mencionada provincia fir-
man un convenio de cooperación con los siguientes fines:
- Agilizar los procedimientos en general y evitar la escrituración.
- Mejorar la calidad de respuestas del sistema a través de la oralidad.
- Hacer cumplir agendas de audiencias de los juzgados de garantías.
- Mejorar los sistemas de información.
- Adelantar las decisiones en las que se hacen acuerdos alternativos
al juicio oral.
- Aumentar la utilización de acuerdos como las suspensiones de jui-
cio a prueba.
- Mejorar la comunicación interinstitucional.
El objetivo del plan era la introducción de un nuevo procedimiento
oral para la resolución de casos de flagrancia de escasa complejidad, que
significan sin embargo el 52 por ciento de la carga de trabajo promedio
del Ministerio Público, previendo que las decisiones más importantes del
juez de garantías sean consecuencia de los planteos de las partes en au-
diencias orales y públicas.
En general, la mayoría de los cambios se establecieron mediante el
consenso de los operadores y sin necesidad de cambios normativos como
por ejemplo:
- La audiencia de excarcelación para los casos de flagrancia debe
ser fijada en un plazo no mayor a 5 días desde la aprehensión.
- En caso de elevarse el caso a los tribunales de juicio, éste se debe
llevar a cabo en un plazo no mayor a los 60 días desde su ingreso, a los
efectos de incentivar los acuerdos en la etapa de garantías.
- Todas las audiencias son registradas en un sistema de audio digital
instalado en la sala de audiencias, operado por personal de la oficina de
gestión judicial
En lo que se refiere a los actores institucionales, se verificaron las
siguientes innovaciones a diferentes niveles:
REFORMA PROCESAL PENAL 87

Juzgados de Garantías: se puso a disposición una sala de audien-


cias con una computadora para el registro de audio y una oficina más con
una computadora adicional. A cargo de la creada oficina de gestión judi-
cial se ubico a una auxiliar letrada con dos empleados para cada uno de
los tres juzgados. Como resultado de la reestructuración desapareció la
delegación de funciones del juez en sus empleados a partir de la metodo-
logía de audiencias
Defensa Pública: se consiguió incrementar el contacto de los de-
fensores con los imputados.
Fiscalía de flagrancia: se armó un equipo con seis fiscales adjun-
tos, dos de los cuales eran rotativos, el resto de los fiscales de la jurisdic-
ción dejó de atender los casos de flagrancia.
El plan se mostró exitoso en muchos de sus objetivos propuestos.
El porcentaje de audiencias realizadas sobre las agendadas a lo largo
de todo el año 2007 por ejemplo fue de un 88 por ciento. El 50 por ciento
de los delitos ingresados fueron robos, un hecho con alto impacto en el
imaginario social. En lo que hace a los días promedios para la toma de
decisiones fueron de 28,5 para elevación a juicio, 23,2 para juicio abrevia-
do, 21,6 para suspensión del juicio a prueba, 26,9 para sobreseimiento
firme y 24,5 para archivo. La tasa de resolución de casos alcanzó un 99
por ciento.

La experiencia en Cuenca, Ecuador

Desde setiembre de 2004 funciona en la ciudad de Cuenca, Ecuador,


un sistema de audiencias orales ante los juzgados para atender las deten-
ciones por flagrancia. Como en procesos ya descritos, la reforma al siste-
ma de justicia penal en Ecuador en 2001 no se tradujo en un efectivo
cambio de prácticas en los operadores, los que eran especialmente rea-
cios a utilizar audiencias orales en etapas previas al juicio.
El proyecto planteó las siguientes metas:
- Conseguir un sistema que evite el abuso de la prisión preventiva.
- Otorgar celeridad a las decisiones judiciales.
- Potenciar la aplicación del procedimiento abreviado.
- Profundizar la aplicación del sistema acusatorio.
En lo que hace al uso de la prisión preventiva, las solicitudes de los
fiscales se ubicaron en un 83 por ciento, siendo la media nacional de un
88 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

100 por ciento. A su vez, los jueces la otorgaron en un 63 por ciento de


esos casos, siendo la media nacional de un 100 por ciento.
En cuanto a la garantía de presentar al detenido ante un juez en el
plazo de 24 hs. desde su aprehensión, se cumplió en un 91 por ciento de
los casos, siendo la media de casos de incumplimiento de dicha garantía a
nivel nacional de entre un 92 y un 100 por ciento.
El procedimiento abreviado se aplicó en un 6,7 por ciento de los ca-
sos, siendo la media nacional de un 0,05 por ciento.
Todo esto se alcanzó en un contexto de escasísimos recursos pero
en el marco de un plan con objetivos, metas y estrategias de seguimiento
absolutamente claras.

VIII. Palabras finales

Como hemos visto, más que reformas legales, las que sin dudas son
un paso inicial esencial y deben poseer un diseño orientado a los objetivos
de políticas públicas buscados, se requiere centralmente de liderazgo,
voluntad y consenso de los distintos actores.
Pareciera que luego de décadas de abandono por parte del poder polí-
tico hacia las políticas públicas en el ámbito de lo judicial, este tipo de proce-
so se está empezando a poner en marcha en la provincia de Santa Fe.
Quienes queremos transformar los sistemas de administración de
justicia para mejorar la calidad de vida de nuestra población, albergamos
la esperanza de que dicho proceso sea sostenido en el tiempo por este y
los próximos gobiernos de nuestra querida provincia. Que así sea.

IX. Referencias bibliográficas

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ca a la gobernanza”, ponencia presentada XII Congreso Internacio-
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ZALAMEA LEÓN, Diego, La reforma procesal penal en Ecuador: expe-
riencias de innovación, Santiago de Chile, CEJA, 2007.
REFORMA PROCESAL PENAL 91

ASPECTOS RELEVANTES DE GESTIÓN JUDICIAL EN EL


MARCO DEL PROCESO DE IMPLEMENTACIÓN DEL
NUEVO CÓDIGO PROCESAL PENAL SANTAFESINO

por MARIO MARTÍN BARLETTA

Sumario: I. Introducción. II. Vinculación entre gestión y modelos procesales. III.


La gestión judicial en los procedimientos orales o escritos. IV. ¿Qué tipo de proble-
mas se enfrentan al momento de implementar nuevos sistemas? V. Principios
orientadores de modelos de gestión judicial. VI. Colofón.

I. Introducción

Los últimos años han sido tiempos de cambios en los sistemas judi-
ciales de América Latina. De una situación de estabilidad durante siglos,
se ha pasado a experimentar un vertiginoso proceso de reformas que se
ha concentrado en los últimos 30 años.
La provincia de Santa Fe, llega demasiado tarde a este proceso re-
novador, lo cual es un desvalor pero a su vez una circunstancia que per-
mite aprovechar los errores y aciertos, defectos y virtudes de otros pro-
cesos de reformas e implentación de nuevas normativas procedimenta-
les, lo cual posibilitará adelantarnos y prever situaciones ya atravesadas
por otros estados.
Concretamente la provincia de Santa Fe ha padecido durante mu-
chos años el mal del atraso en materia de legislación procesal penal, lo
que la colocó como el último estado de la República Argentina en adoptar
un modelo acusatorio y oral.
Intentaremos durante estos minutos analizar algunos aspectos que
entendemos deben ser abarcados y contemplados para acompañar el pro-
ceso de innovación legislativa y que en definitiva desde nuestro parecer,
es condición necesaria para que sea exitoso.
92 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Siguiendo a Juan Enrique Vargas Vianco, en su artículo “Herramien-


tas para el diseño de despachos judiciales”, coincidimos en que sorprende
especialmente que una línea importante de las transformaciones de los
sistemas de justicia penal en Latinoamérica se haya enfocado en la ges-
tión del sistema, pues esta perspectiva había sido tradicionalmente igno-
rada. Son varias las razones que permiten explicar el interés generado en
mejorar la gestión judicial.
1. Por una parte, los poderes judiciales concebidos como institucio-
nes pequeñas y simples, fueron creciendo rápidamente en tamaño y han
ido asumiendo nuevas competencias 1.
2. El volumen de ingresos judiciales ha aumentado exponencialmente 2.
3. Al mismo tiempo, la respuesta tradicional ante el aumento de la
carga de trabajo de creación de nuevos tribunales se ha evidenciado como
insuficiente e inviable como política única.
4. Por otra parte, fruto de esa misma mayor importancia que han
ido adquiriendo los tribunales hoy en día, están expuestos a demandas y a
un control más cercano y estricto por parte de la ciudadanía, que espera
de ellos una buena atención y, fundamentalmente, respuestas rápidas y de
calidad.
5. Finalmente, el estudio de la administración pública ha vivido un
desarrollo importante en los últimos tiempos, lo que ha permitido acumu-
lar un conocimiento susceptible de ser trasladado a los tribunales.
En el interior del Poder Judicial los temas de gestión deben ser ana-
lizados. Por una parte, el nivel más alto de la organización: el del gobierno
judicial, debe hacerse cargo de temas que demandan la utilización de
criterios y herramientas que provienen de la gestión, como ser los relati-
vos a las políticas generales de desarrollo institucional, el presupuesto y el
destino de los recursos o el manejo de la carrera funcionaria.
Pero es el nivel del despacho judicial en el que se sitúan las verda-
deras unidades de producción del sistema de justicia, donde los aspec-

1
Ejemplo de ello son las nuevas acciones constitucionales, problemas vinculados
a la violencia familiar; nuevos delitos en las áreas medio ambientales e informática, etc..
2
Por citar un ejemplo, en el fuero penal santafesino, según información oficial,
ingresaron en 1994, 94.886 causas, ya en el año 2000 el ingreso anual ascendió a 208.611
y, durante el 2007 se recibieron 231.814 causas.
REFORMA PROCESAL PENAL 93

tos de gestión cobran mayor importancia y donde ha sido más difícil


introducir mejoras significativas al sistema tradicional de organización y
funcionamiento.
Entendemos por temas de gestión al nivel del despacho judicial todos
los relacionados con la configuración de las estructuras institucionales,
los procesos de trabajo, la división de roles y la asignación de competen-
cias operativas, necesarios para que el producto que deben entregar los
tribunales, básicamente decisiones jurisdiccionales, se puedan generar de
la forma más eficaz y eficiente posible, lo que importa decidir los casos
con la mayor calidad y celeridad, aprovechando para ello de la mejor
forma los recursos disponibles.
Hoy trataremos de entregar algunos instrumentos, dando cuenta
de experiencias útiles a la hora de abordar el desafío de diseñar o
rediseñar los despachos judiciales. Iremos analizando las necesidades
de quienes deben diseñar una política en el sector, como de quienes
deben implementarla.

II. Vinculación entre gestión y modelos procesales

Al mismo tiempo que la mayoría de los países de América Latina han


avanzado hacia cambios muy significativos en sus procedimientos pena-
les, sustituyendo sistemas inquisitivos de carácter escrito por otros
adversariales y orales, se han producido modificaciones en la forma de
organizar el funcionamiento de los juzgados penales, las que no han toma-
do en consideración las exigencias distintas que impone el nuevo sistema
procesal. Un ejemplo similar o análogo en nuestra provincia de Santa Fe,
podemos ver en las transformaciones que se dieron en los procesos ante
los tribunales de responsabilidad extracontractual y de familia en donde la
oralidad no cobró la importancia que se esperaba.
Esta desconexión ha traído como consecuencia que los cambios
sustantivos no hayan producidos muchos de los efectos que habían bus-
cado, precisamente porque se verificaron deficiencias en la
implementación que podrían haberse solucionado con desarrollos admi-
nistrativos adecuados.
En cuanto a la oportunidad temporal o momento histórico en el
cual se deben verificar las reformas a la gestión, debemos destacar
que las transformaciones legislativas o sustantivas van, generalmente,
94 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

acompañadas de esfuerzos significativos en términos de diseños


organizacionales 3.
A su vez, se trabaja en tareas de equipamiento y desarrollo
informático, adecuación o construcción de una nueva infraestructura,
etc., que generan fuertes inversiones y traumáticos procesos de tran-
sición de un sistema a otro.
Es por ello que este es el momento ideal en el cual deben encararse
las reformas de fondo en el funcionamiento del sistema. El modelo escrito
y el oral obedecen a lógicas de funcionamiento tan profundamente distintas
que permiten sostener que el producto que cada uno arroja es diferente al
del otro y, por lo tanto, los mecanismos de gestión para uno y otro no sólo no
es conveniente que sean los mismos, sino que puede ser perjudicial.
En la provincia de Santa Fe el modelo de justicia que se preten-
de adoptar está absolutamente definido. En consecuencia, el nuevo
diseño de gestión debe estar ligado a este modelo de justicia que se
pretende implementar.

III. La gestión judicial en los procedimientos orales o escritos

Como señala Juan Enrique Vargas Vianco, en su obra ya citada, en


los procedimientos escritos la labor del tribunal se funda en la construc-
ción del expediente, siguiendo para ello un conjunto de pasos más o me-
nos estandarizados que permiten ir acumulando información (peticiones,
diligencias, pruebas y resoluciones) de forma tal que al término de esa
labor un juez pueda dictar la sentencia definitiva a partir de la lectura de
las piezas escritas archivadas en el expediente. Organizacionalmente, en
este tipo de procedimientos, por lo general, interviene un número más o
menos elevado de empleados judiciales, los cuales colaboran en la forma-
ción del expediente, ya sea elaborando borradores de resoluciones, to-
mando declaraciones o recibiendo parte de la prueba. Por el tipo de tra-
bajo que deben asumir estos funcionarios, generalmente, se les exige que
tengan algún tipo de formación jurídica.

3
Un ejemplo local, en el actual proceso de transformación son los nuevos pro-
yectos de leyes del Ministerio Público, Defensa Pública y de organización de los tribuna-
les que el Poder Ejecutivo envió en el mes de febrero de 2009 a la Legislatura Provincial.
REFORMA PROCESAL PENAL 95

En los procedimientos orales, las decisiones son tomadas directa-


mente por los jueces en audiencias donde se produce el debate entre las
partes y la aportación de prueba, de ser necesario. Organizacionalmente,
en este tipo de procedimiento el hito central ya no es el expediente, sino la
audiencia, por lo tanto los recursos del tribunal deben estar colocados en
función de la más eficiente organización de la audiencia. En términos
cuantitativos, el recurso juez pasa a ser más significativo, y los empleados
tendrán la función de encargarse de la organización de las audiencias y
no ya la de ayudar a construir la decisión judicial.
Lamentablemente, muchas de estas diferencias que esquemáti-
camente hemos reseñado, no han sido debidamente consideradas en
la región al momento de transitar de un sistema a otro, de cambiar de
un sistema escrito a uno oral. Uno de los principales hallazgos del
proyecto de seguimiento de las reformas procesales penales en Amé-
rica Latina que realizó CEJA entre los años 2001 y 2003 fue la enor-
me dificultad que presentaban los nuevos sistemas orales para organi-
zar eficazmente audiencias.
Es así como se producía un extendido fenómeno de suspensión de
audiencias con nocivas consecuencias para la productividad del sistema
(recordemos que es esa la instancia de generación de decisiones) y
también para la legitimidad entre los demás operadores del sistema, sus
usuarios y la ciudadanía en general.
Lo que sucedió en la mayoría de los países fue que el sistema de
gestión pensado para la tramitación de expedientes escritos no se cambió
a la hora de implementar un sistema oral, y funcionarios sin destrezas
para la organización de audiencias han debido hacerse cargo de esa ta-
rea, en general, con bajos resultados.
En el mismo sentido el informe 4 evaluativo del Plan Piloto para el
Fortalecimiento del Sistema Acusatorio en la Provincia de Buenos Aires,
centrado en el departamento judicial de Mar del Plata, y que se enmarcó
en un convenio suscripto por la Suprema Corte de Justicia, la Procuración
General y el Ministerio de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, el
CEJA y el INECIP, firmado a finales de 2004, indicó que a casi 7 años del

4
Luciano HAZÁN y Cristina RIEGO, Informe evaluativo del Plan Piloto para el
fortalecimiento del sistema acusatorio en la Provincia de Buenos Aires, 2004.
96 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

inicio de la implementación del sistema acusatorio, se detectaron impor-


tantes problemas operativos que si bien no cuestionan los fundamentos
del sistema, han hecho que sus beneficios se vieran aminorados.

IV. ¿Qué tipo de problemas se enfrentan al momento de


implementar nuevos sistemas?

Los problemas operativos mencionados precedentemente pueden


sintetizarse en los siguientes puntos.
- La debilidad de los sistemas de información y su poco uso para la
toma de decisiones institucionales y operativas.
- La flexibilización y desformalización de la actividad preparatoria
del Ministerio Público no se ha traducido en nuevos métodos de trabajo
acordes con sus funciones, particularmente para brindar respuestas alter-
nativas y tempranas en los casos previstos en la ley.
- La ausencia de una práctica de realización de audiencias orales y
públicas en la etapa preparatoria, en particular para el control de las me-
didas de coerción y los delitos flagrantes.
- La debilidad de las formas de litigio en los juicios orales, así como
su ausencia en las audiencias preparatorias.
- La carencia de un sistema de gestión de las audiencias de juicio
oral genera descoordinaciones y atrasos.
Concretamente, este último punto responde a la permanencia de una
concepción formalista de diligencias claves para que una audiencia pueda
concretarse, como la práctica de las notificaciones.
En el sistema escrito se valora más la corrección de los procedimien-
tos que los resultados. Lo importante tratándose de las notificaciones, es
que ellas se hagan siguiendo los pasos que establece la ley, no asumiendo
el funcionario ninguna responsabilidad respecto al éxito de la misma. La
lógica en un sistema oral debe ser diferente: lo importante es que siguien-
do los procedimientos legales se obtengan resultados. Así, lo relevante no
es que en el expediente conste que la notificación se despachó en tiempo
y forma oportuna a su destinatario, lo valioso es que esa persona que
deba asistir a la audiencia lo haga para que la misma pueda realizarse.
Por ello el empleado no debe limitarse al envío de la notificación, sino que
deberá tener las habilidades de gestión necesarias para realizar una serie
REFORMA PROCESAL PENAL 97

de otras diligencias para que la persona concurra. Así, habrá de obtener


compromisos personales de ellas o de la parte interesada en su compare-
cencia, podrá llamarlos telefónicamente para recordarles la realización
de la audiencia, enviarles un mail, etc.

V. Principios orientadores de modelos de gestión judicial

Si bien existen muchos posibles diseños organizacionales y de mode-


los de gestión para los tribunales, hay algunos factores o criterios que son
claves para lograr un funcionamiento más eficiente.
Juan Enrique Vargas Vianco, en su obra ya citada señala los siguien-
tes puntos:
1. Diferenciar claramente las funciones jurisdiccionales de las ad-
ministrativas, pues si hay confusión entre ambas será muy difícil gestio-
nar los aspectos puramente administrativos con criterios técnicos y pro-
fesionales.
2. Aprovechar al máximo las economías de escala, introduciendo
unidades jurisdiccionales grandes que faciliten concentrar en ellas un mayor
número de decisiones administrativas. Este tipo de tribunales evita dupli-
car esfuerzos y recursos.
3. Es esencial tender hacia la profesionalización de la administra-
ción. Los jueces, como abogados que son pueden carecer de preparación
y habilidades especiales para los temas de gestión.
4. Deben privilegiarse los diseños simples y flexibles, con más énfa-
sis en los resultados que en los procedimientos. La excesiva regulación
normativa en los códigos de los temas administrativos ha obstaculizado
las posibilidades de adaptarse a una realidad muy cambiante.
5. Es clave hacer uso en todo momento, tanto para el diseño como
para el seguimiento y la corrección del modelo, de información oportuna y
de calidad. Se trata, además, de una exigencia que impone una sociedad
que busca más transparencia y mayor capacidad de control sobre quie-
nes utilizan recursos públicos y ejercen soberanía popular.
Estos principios fueron receptados en el proyecto de Ley de
Organización de los Tribunales Penales de la Nueva Justicia Penal
en Santa Fe para la implementación definitiva de la ley 12.734, Có-
digo Procesal Penal.
98 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Así, se sostuvo que el proceso de cambio histórico en que se encuen-


tra inmersa la provincia de Santa Fe requiere de nuevos modelos de ges-
tión que acompañen la normativa adjetiva que se aprobó. La sola modifi-
cación del Código Procesal Penal sin dotarlo de leyes organizativas acor-
des implicaría, sin lugar a dudas, la imposibilidad de poner en marcha en
su totalidad el nuevo modelo. La estructura actual operaría como un ver-
dadero corset asfixiante que impediría la aplicación de nuevas reglas de
juzgamiento y la posibilidad de superar las viejas prácticas judiciales.
Se establece la división de las funciones jurisdiccionales de las admi-
nistrativas. En ese sentido se impide la delegación de funciones jurisdic-
cionales en los empleados y se regula una Oficina de Gestión Judicial que
se encargará de las últimas.
Otro aspecto general que merece ser resaltado es la obligación que
tienen los jueces de rendir cuentas a la sociedad. Como todo organismo
del Estado, una vez al año es necesario que los magistrados expliquen y
den cuenta de la actividad que han llevado a cabo en ese período cuanti-
tativa y cualitativamente. Su implementación tiene como finalidad la trans-
parencia del sistema y que la actividad jurisdiccional deje de ser una ma-
teria desconocida para el ciudadano.
El proyecto propone, a su vez, un cambio en la manera en que se
ejercerá la jurisdicción penal en el ámbito provincial. Se aparta de la idea
de que cada juez sea el titular de un tribunal y que maneje a su grupo de
empleados. Por el contrario, todas las actividades de soporte a la función
jurisdiccional son centralizadas y gerenciadas por expertos. Esto implica
la sustitución de la organización por juzgado para ingresar en una nueva
unidad más amplia y flexible que permitirá la rotación de los jueces. El
tipo de división de funciones que se expone posibilita una distribución
equitativa de los casos y la optimización de los recursos.
A esos fines se crean, entonces, dos colegios de jueces penales dife-
rentes: el de cámara y el de primera instancia. El primero de ellos cumple,
básicamente, las funciones de ser el tribunal del recurso. En el segundo, a
los jueces se les encarga controlar la investigación, llevar a cabo el juicio
oral y la ejecución de la pena. Sin embargo, el proyecto también prevé la
posibilidad de que en aquellos lugares en los que se necesite, la reglamen-
tación pueda establecer un tribunal unipersonal de primera instancia. Con
este sistema, además, se respeta la Constitución que prevé la existencia
de tribunales de segunda instancia que deben integrarse con no menos de
REFORMA PROCESAL PENAL 99

tres vocales (art. 84) y pueden dividirse en salas, pues la cámara organi-
zada como colegio siempre se prevé con una integración superior a tres y
las salas que deben intervenir en los casos concretos, según la mecánica
prevista en la organización de distribución de causas, serán uni o
pluripersonales de acuerdo a los recursos. De una división de las cámaras
en salas de manera estática y permanente se pasa a una división en salas
dinámica y para cada caso.
El último apartado de esta norma establece las funciones de la
oficina de gestión judicial. Como se adelantó, el proyecto determina
que la actividad administrativa del tribunal quedará a su cargo, por
lo que se prevé que cada uno de los colegios cuente con una oficina
de gestión judicial.
Por el cambio de sistema que se propone, la actividad de dicha ofici-
na deberá ser desburocratizada, ágil, desformalizada, eficiente, eficaz y
contener criterios de racionalidad en el reparto de trabajo. En este senti-
do, se deberán conformar unidades internas de actuación.
A su vez, el proyecto dispone que sean las distintas áreas de la ofici-
na de gestión judicial las responsables del cumplimiento de todas las ta-
reas administrativas de apoyo a la gestión de los distintos colegios de
jueces. A partir de su regulación se refuerzan los impedimentos para de-
legar funciones, fortaleciéndose la estricta separación de las tareas admi-
nistrativas de las jurisdiccionales.
Esta oficina estará a cargo de un funcionario al que se denomina-
rá “director” y tendrá por lo menos un secretario que cumplirá las
funciones de fedatario que el Código Procesal Penal le otorga entre
muchas otras que ahora posee en el marco de la lógica de un procedi-
miento que evoluciona desde el “trámite” del expediente a la dinámica
de las audiencias orales.
Por el tipo de actividades que la ley le asigna al director de la oficina
de gestión judicial es importante que sea titulado en nivel universitario con
incumbencias en administración de empresas. De esta manera, al ser un
experto en una materia diferente al derecho, su actividad se circunscribirá
a manejar las distintas unidades de asistencia judicial, controlar al perso-
nal y la gestión administrativa.
100 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

VI. Colofón

Nos encontramos en una etapa de cambios y transformaciones, existen


consensos preliminares y generalizados de que el modelo acusatorio y
oral debe comenzar a transitar y dejar así atrás el modelo inquisitivo y
escriturista.
Ahora bien, como señala Binder 5, se puede sostener que implementar
el nuevo sistema sea poner en marcha algo sobre lo cual se tiene comple-
ta claridad, y al contrario podemos afirmar que en la medida en que los
nuevos sistemas van entrando en funcionamiento, muchos operadores
judiciales comprenden allí de lo que se trata, y por lo tanto recién ahí
terminan de conformar su adhesión o rechazo al nuevo sistema.
Reflexionar sobre cómo actuar en este nuevo escenario de la
implementación es una de las tareas más urgentes que deben realizar
quienes participan del proceso de reforma de la justicia penal.
La puesta en marcha de toda nueva práctica debe desplazar a la
vieja práctica y para tal fin debe contar con la suficiente fuerza.
La puesta en marcha, importa un momento de crisis y de conflicto pues
“lo nuevo” no ha terminado de nacer aún y “lo viejo” no ha muerto todavía.
No debemos temerle a esta situación de conflicto, es incluso imprescindi-
ble que se libre una batalla entre las viejas y nuevas prácticas, es útil poner
blanco sobre negro y es necesario pensar en los diferentes escenarios y formu-
lar políticas y programas que den repuesta a la situación descripta.
Como señala el autor precitado es necesario “construir instrumentos
de gestión de conflictividad propia del proceso de implementación”, ya
que como hemos dicho esa conflictividad es inherente al cambio. Esa
conflictividad podrá necesitar liderazgo, contención, participación, coordi-
nación o supervisión, y posiblemente de todos ellos al mismo tiempo.
Quedan por delante muchos desafíos, pero sin lugar a dudas el obje-
tivo final es noble, por ello los esfuerzos no deben escatimarse.

5
Alberto BINDER, ¿Qué significa implementar un nuevo sistema de justicia penal?.
REFORMA PROCESAL PENAL 101

LEY DE IMPLEMENTACIÓN PROGRESIVA DE LA


REFORMA PROCESAL PENAL. ALGUNOS ASPECTOS
SOBRE SU INTERPRETACIÓN *

por ALFREDO IVALDI ARTACHO

Sumario: I. Implementación del nuevo sistema de enjuiciamiento penal. II. Prin-


cipios fundamentales. 1. El principio de supremacía constitucional. 2. Principio de
inalterabilidad constitucional. 3. Principio federal. 4. Principio de ultima ratio. 5.
Principio de razonabilidad o proporcionalidad. 6. Principio de la ley penal más
benigna. 7. Principios fundamentales explicitados en el C.P.P. de transición. III.
Reglas y criterios principales de interpretación. 1. El principio interpretativo
básico del art. 1º C.P.P.T. . 2. Interpretación literal o gramatical. 3. Interpretación
progresiva. 4. Interpretación pro homine. 5. Interpretación sistemática. 6. Prin-
cipio de derogación implícita. 7. Principio de adecuación interpretativa . IV. Am-
bito temporal de aplicación de las leyes en transición. 1. Principio general. 2.
Principio de la ley penal más benigna. 3. Cuál de las leyes es la más benigna. 4.
Combinación y fraccionamiento de leyes. 5. Qué tipo de “ley penal” comprende la
garantía. V. Cuál es la ley procesal penal aplicable en la transición. VI. La llamada
opción por normas más favorables. 1. Materias comprendidas en la opción. 2.
¿Hay un plazo para ejercer la opción? 3. Otros caracteres de la opción. VII.
Conversión de la acción. 1. Qué es y cuándo procede. 2. Algunos caracteres de la
conversión. 3. Otras aristas de la conversión. VIII. A modo de conclusión. Biblio-
grafía citada y de consulta.

I. Implementación del nuevo sistema de enjuiciamiento penal

En 2007, con la sanción del nuevo Código Procesal Penal (ley 12.734,
“nvo. C.P.P.”), Santa Fe inició el camino concreto hacia la transforma-
ción total de su administración de justicia penal. El objetivo es sustituir el

*
Temática abordada en el “Curso de Profundización de la Reforma Procesal Penal
de la Provincia de Santa Fe”, organizado por la Academia Nacional de Derecho de Córdo-
ba, UCA Rosario, 30 de marzo de 2009.
102 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

sistema procesal de mayor atraso en Latinoamérica por otro más eficien-


te y ajustado al diseño de la Constitución (un proceso penal acusatorio y
con perfil adversarial).
Una reforma de esta naturaleza supone cambios multidimensionales
de enorme envergadura: un vasto desafío presupuestario y organizacional,
nuevas y distintas estructuras judiciales, diseños edilicios diferentes, apo-
yo informático masivo, mayores recursos humanos y un específico acen-
to en la máxima capacitación de todos los operadores.
Frente a este panorama las autoridades políticas optaron, a través de
la ley 12.912/08 1 (en adelante: “L.I.P.”), implementar en una primera
etapa un limitado grupo de materias y disposiciones previstos en el nuevo
C.P.P.. Esta normativa toma esas nuevas asignaturas y las pone en vigen-
cia sobre la vieja estructura del inquisitivo C.P.P. ley 6740/72 (de aquí en
más: “C.P.P.”). El producto resultante da origen al denominado “tercer
código” o “C.P.P. de Transición” (“C.P.P.T.”), cuyo texto fue ordenado
por decr. 125 del 2 de febrero de 2009.
La L.I.P. establece la implementación total del nuevo C.P.P. para antes
del 30 de octubre de 2009 2, lo cual, por imposibilidad material, deberá ser
sujeto a reprogramación legislativa. También fija a partir del 15 de febrero de
2009 una implementación parcial por materias todo el territorio provincial 3.
Las disposiciones puestas en vigencia por esta ley sobre los procesos penales
iniciados desde esa fecha surgen principalmente de su art. 4º.
En esta reforma legal parcial se destacan las siguientes previsiones:
- Las “normas fundamentales” del art. 1 al 7 V;
- Las reglas de disponibilidad de la acción (criterios de oportunidad);
- El nuevo régimen de la probation, recusación y excusación, rebel-
día, procedimiento abreviado, procedimiento extendido y acción civil;
- La incorporación del Querellante para los delitos de acción de ejer-
cicio público;
- La conversión de la acción de ejercicio público;

1
“Ley de implementación progresiva del nuevo Sistema de Justicia Penal de la
Provincia de Santa Fe establecida por ley 12.734 - Código Procesal Penal”.
2
Arts. 3º y 10.
3
Arts. 4º L.I.P. y 3º del decr. 125/09.
REFORMA PROCESAL PENAL 103

- El juicio oral obligatorio para ciertos delitos, que se suma a la


hipótesis anterior de juicio oral optativo del art. 447 C.P.P., con un
nuevo régimen de apelación y de competencia material comprensivo
de ambos supuestos.

II. Principios fundamentales

Las reformas procesales de cierta entidad generan una constelación


de conflictos respecto de la interpretación y aplicación de las disposicio-
nes nuevas y las anteriores, que afectan tanto a los procesos pendientes
como a los que se originan con el sobreviniente escenario legal.
El sistema elegido por la L.I.P., al exportar normas e institutos del
novel digesto procesal hacia el viejo C.P.P., crea un tercer cuerpo legal: el
C.P.P. de Transición. Esta situación es más compleja si se considera que
las innovaciones normativas actúan sobre un código antiguo e inquisitivo
y tienen origen y hasta cierta terminología y lógica propios de un código
moderno.
Esta singular yuxtaposición conduce a que el operador no sólo deba
conocer los tres bloques procesales (Código viejo, nuevo y de transición),
sino maneje el conjunto mínimo de principios en juego que lo orienten en
las soluciones entre el ejército de normas que asediarán cada caso. Al
igual que ocurre con la interpretación y aplicación de una simple previsión
legal, aquí es esencial que el conflicto concreto y sus opciones legales se
miren desde y hacia los principios comprometidos.
Los principios fundamentales del derecho penal amplio (sustancial y
procesal) no son simples consejos legislativos o pura teoría creada por
pasatiempo doctrinario. Al decir de Jacobuzzi los principios obligan a
decidir y legislar de una cierta manera, conformando normas, pautas,
estándares y máximas que son causa del orden jurídico con igual fuerza
deóntica (de deber ser) que las demás normas; ellos están dirigidos pri-
mordialmente a la exégesis judicial, brindando el soporte de la solución de
los casos en materia penal; su adecuado empleo justifica o legitima las
decisiones penales.
Los principios pueden encontrarse en la Constitución Nacional, por
sobre la Ley Suprema (dignidad del hombre, imparcialidad del juzgador,
derecho de defensa), o los hay de aquellos formulados por un mandato
104 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

positivo inferior (v.gr.: el principio de simplificación del 1 III C.P.P.T, o el


de consenso del 7 III C.P.P.T.).
Esta relevante temática es sostenida por la corriente en auge 4
que adopta como clave hermenéutica la distinción, dentro del concep-
to de normas, entre las normas-reglas (que son las que tienen un
supuesto de hecho y una consecuencia jurídica) y las normas-princi-
pios (con estructura más abierta y flexible, formuladas sin consecuen-
cias explícitas). Enseñan sus seguidores que los choques que a la hora
de su aplicación puedan surgir entre estas categorías de normas se
solucionan del siguiente modo:
1) Cuando hay conflictos entre dos “reglas”, o una de ellas conforma
una excepción, o bien alguna es inválida por no subordinarse a la otra según
los criterios de competencia, ley superior, ley especial o ley posterior-;
2) Cuando una “regla” está en pugna con un “principio”, el resultan-
do se resuelve en el ámbito del principio, resultando así la invalidez o
inaplicación de la “regla” o precepto legal específico; y por último,
3) Cuando la colisión ocurre a nivel de dos “principios”, ello no
conduce a declarar la invalidez de ninguno de ellos, ni a tratar a uno
como una excepción del otro, sino a decidir cuál de ellos -en el caso
concreto- debe prevalecer según las circunstancias, valores e intere-
ses concretos concurrentes.
Este diseño hermenéutico permite combatir la aplicación “mecanicista
y avalorativa del derecho” propia de la ideología positivista, o la lógica de
quienes -sin pestañear- usan ciegamente una “regla” aun cuando ella neu-
traliza o confronta en forma directa con un “principio” superior aplicable.
Pueden destacarse entre los “principios” fundamentales que deben
considerarse:

1. El principio de supremacía constitucional

La normativa que integra el bloque constitucional (la C.N. y los


pactos internacionales), según los arts. 75 inc. 12 y 31 C.N., “son la ley
suprema de la Nación y las autoridades de cada provincia están obligadas

4
ALEXY, DWORKIN, ESSER; entre nosotros: YACOBUCCI, CIANCIARDO, RÍOS.
REFORMA PROCESAL PENAL 105

a conformarse a ella, no obstante cualquiera disposición en contrario que


contengan las leyes o constituciones provinciales”.
Entre los pactos con jerarquía constitucional resultan de la mayor
importancia, por el prolífico impacto sobre nuestra materia, tanto la “Con-
vención Americana sobre Derechos Humanos” (CADH, Pacto de San
José de Costa Rica) como el “Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos” (PIDCP).
Al respecto, el C.P.P.T. bajó este principio a su art. 1º: “En el pro-
cedimiento penal rigen todas las garantías y derechos consagrados
en la Constitución de la Nación Argentina, en los tratados interna-
cionales con idéntica jerarquía y en la Constitución de la Provincia.
Dichas disposiciones son de aplicación directa y prevalecen sobre
cualquier otra de inferior jerarquía normativa informando toda in-
terpretación de las leyes y criterios para la validez de los actos del
procedimiento penal”.

2. Principio de inalterabilidad constitucional

Está previsto en el art. 28 C.N.: los principios, garantías y derechos


reconocidos por la Carta Magna “no podrán ser alterados por las le-
yes que reglamenten su ejercicio”. No sólo los derechos y garantías
establecidos por la C.N. deben entenderse como cláusulas directa y
obligatoriamente operativas y supremas (art. 1º C.P.P.T.): además nin-
guna norma de inferior jerarquía, bajo el pretexto de su reglamentación,
puede tergiversar, limitar, burlar o desconocer su esencia.

3. Principio federal

Surge de los arts. 1º, 5º, 75 inc. 12 y 121 de la C.N.. La Nación


adoptó la forma federal de gobierno, reservándose (conservando) las pro-
vincias todo el poder no delegado a la autoridad central, como es el dicta-
do de las leyes procesales penales y de la organización judicial.
El nuevo C.P.P. -y su correlato en el C.P.P.T.- avanza sobre mate-
rias que si bien son de evidente naturaleza procesal (normas sobre el
ejercicio y extinción de la acción, como los criterios de oportunidad,
probation, conversión, etc.), fueron tradicionalmente entendidas como
106 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

facultades delegadas a la Nación, sea porque fueron consideradas en


algún caso como disposiciones sustanciales, sea para justificar o asegurar
en todo el territorio nacional un “mínimo de igualdad” (art. 16 C.N.). A
esto se sumó la interpretación del art. 71 C.P. como consagratorio del
“principio de legalidad procesal”, con lo cual la inevitabilidad de la promo-
ción de las acciones penales de ejercicio público y la irretractabilidad en
su ejercicio configuraron una regla casi absoluta que “respetaron” las
provincias, que la Nación no modificó, o que cuando lo hizo -como en el
supuesto de la probation- fue dictando normas anárquicas y que luego
los tribunales minimizaron con interpretaciones restrictivas. De este modo
la inacción de la Nación -aún vigente- con más la inacción de las pro-
vincias confluyeron para alimentar un mayor caos en los sistemas de
persecución provincial. Por ello surgió una indetenible corriente legisla-
tiva (Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Neuquén, Santa Fe, etc.) re-
presentativa de una verdadera “rebelión” de los estados provinciales
contra este estado de cosas 5.
El principio federal es el principio rector en materia de interpreta-
ción constitucional sobre competencias y prevalece sobre el “principio de
igualdad”, por lo que el peligro de asimetría ante la libre regulación fe-
deral por cada provincia es un problema ínsito a la estructura federal
consagrada por la Constitución 6. El examen de los institutos legales
incorporados por la reforma permite verificar que ellos, con puntuales y
opinables salvedades, se ajustan no sólo a las competencias provincia-
les reservadas sino, especialmente en lo atinente a los criterios de opor-
tunidad del art. 10 II C.P.P.T., a las necesidades político-criminales
superadoras de una regla de indisponibilidad irracional, que conculca el
“principio de ultima ratio” del sistema punitivo y que es además -eco-
nómica o políticamente- de imposible cumplimiento por algún sistema
judicial en un estado de derecho.

5
En el caso “Fiscal c/ Sosa” 19 de septiembre de 2005) la C.S.J. de Mendoza
confirmó la facultad legislativa local para dictar normas en materia de criterios de oportunidad.
6
ZAFFARONI, ALAGIA y SLOKAR; confr.: BINDER, etc.
REFORMA PROCESAL PENAL 107

4. Principio de ultima ratio

Es el “principio político-criminal que caracteriza al derecho pe-


nal como la ultima ratio del ordenamiento jurídico” (C.S.J.N.) 7. Afir-
ma Binder que este principio nace de las características propias del Estado,
el que “constituye un programa no violento de organización de la so-
ciedad” y dentro del cual el uso de sus instrumentos violentos -como es el
poder penal, que busca atemorizar, castigar, corregir, y no solucionar con-
flictos- debe ser siempre excepcional, el último recurso. El principio de
ultima ratio es relevante para circunscribir el ámbito de actuación de los
medios de coerción personal.

5. Principio de razonabilidad o proporcionalidad

Según este principio, toda regulación legislativa en materia de dere-


chos fundamentales debe ser razonable o proporcionada, configurando
un principio idóneo para garantizar el respeto integral de los derechos
esenciales por parte del Estado; una norma será razonable:
1) cuando sea un medio adecuado o idóneo al fin que ella persigue –
adecuación-,
2) cuando entre los medios idóneos disponibles, el legislador escoja
el menos restrictivo de los derechos fundamentales involucrados –nece-
sidad-, o
3) cuando la norma o medida guarda relación razonable o propor-
cionada con el fin que se procura alcanzar, esto es, haciendo un balance
de costos y beneficios se derivan más ventajas que perjuicios sobre los
restantes bienes o valores en conflicto –razonabilidad strictu sensu- 8.
No hay duda que este principio -cuyo cumplimiento se comprueba a
través del “test de razonabilidad” entre fines y medios- es un estándar
desplegado como un capítulo dentro del funcionamiento tanto de las nor-
mas del derecho público como del derecho privado, no sólo para contri-

7
Leading case “Acosta s/ probation”, 23 de marzo de 2008.
8
Juan CIANCIARDO, “Máxima de razonabilidad y respeto de los derechos funda-
mentales”, L.L. 2000-B, 720.
108 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

buir a esclarecer la “interpretación” de las todas las normas jurídicas sino


para actuar como un criterio a seguir en su integración (Hernández-Fres-
neda Saieg).

6. Principio de la ley penal más benigna

Consagrado por los pactos internacionales (arts. 9º CADH y 15.1


PIDCP) y el art. 2º del Código Penal, dispone que la ley penal aplicable
siempre es la más benigna. Volveremos sobre el punto.

7- Principios fundamentales explicitados en el C.P.P. de Transición


(arts. 1º al 7º V del C.P.P.T.):

Están agrupados en el primer título del digesto bajo la denomina-


ción “Normas fundamentales” 9. Estas previsiones, además de ser
normas fundamentales para la tarea hermenéutica, son principios que
deben emplearse si fuere necesario integrar la normativa en caso de
“silencio u obscuridad” del C.P.P.T. (art. 7º V). Alguno de estos princi-
pios son los siguientes:
Juicio previo (art. 1º C.P.P.T.): esta norma viene a reconocer final-
mente la vigencia de la garantía también para las personas pasibles de las
medidas de seguridad del art. 34.1 C.P..
De ahora en más una “medida” puede ordenarse sólo a través de
una sentencia motivada en una formal acusación de la Fiscalía y tras
sustanciarse la etapa de juicio escrito u oral según corresponda. El man-
dato legal cancela la competencia de los jueces de instrucción o correccio-
nal para aplicar “medidas” en forma directa -sin “juicio previo”-, por medio
de un auto de sobreseimiento 10. En adelante, el juez, aun sin indagatoria
previa (que normalmente no se recibe a los inimputables), deberá seguir

9
Oportunamente, cuando integramos la comisión respectiva del Plan Estratégico
que dio origen al nuevo C.P.P., propusimos una redacción más amplia de esta normativa
y, por su descriptiva significación, la denominación de “Reglas Mínimas para la Adminis-
tración de Justicia de Santa Fe”.
10
V.gr. arts. 359, 356.1.b del C.P.P.T..
REFORMA PROCESAL PENAL 109

el trámite legal análogo al ordinario (procesar, o dar lugar a los procedi-


mientos especiales de “instrucción abreviada” o “investigación fiscal”).
Claro está que se podrá sobreseer por inimputabilidad si la “medida” es
innecesaria o improcedente. Sin perjuicio de ello, por aplicación de los
mecanismos consensuales previstos en los arts. 7º III y 548 II y ss. del
C.P.P.T., no podría descartarse -con una cuota de control jurisdiccional
más intensivo- la aplicación de una “medida” por acuerdo recíproco de
las partes.
A. Principios de oralidad, publicidad, contradicción, concentra-
ción, inmediatez, simplificación y celeridad (art. 1º III C.P.P.T.). Este
relevante postulado de principios múltiples es prueba fiel de lo expuesto
anteriormente: el legislador anhela que el C.P.P.T. sea interpretado y apli-
cado a base de “principios” y no de “reglas” aisladas o inconexas con
normas de superior jerarquía. Además trasunta la aspiración acusatoria,
republicana y adversarial del nuevo sistema y la búsqueda de una mayor
eficiencia y la menor burocratización.
B. Principios del juez natural, estado de inocencia, non bis in
idem, in dubio pro reo 11 y el de dignidad en el trato y condiciones
carcelarias 12.
C. Principio de inviolabilidad de la defensa. El art. 5º II C.P.P.T.
amplía este derecho a todas las “partes”, lo cual incluye tanto al imputa-
do, el querellante y también el fiscal, los que cuentan con el derecho a
“… ser oídas, contar con asesoramiento y representación técnica,
ofrecer prueba, controlar su producción, alegar sobre su mérito e
impugnar resoluciones jurisdiccionales, en los casos y por los me-
dios que este Código autoriza”. Esta disposición general es esencial
para un adecuado funcionamiento de todo sistema adversarial, apoyado
sobre el principio de igualdad de armas.
D. Principio consensual. El sistema reconoce y otorga fuertes efec-
tos a los acuerdos de las partes. Esto es propio también de un sistema
adversarial: cuando hay consenso entre los interesados no hay conflicto.

11
Por el art. 5º C.P.P.T. se extiende a las decisiones judiciales de todas las etapas
procesales.
12
Art. 7º II C.P.P.T..
110 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Salvo normas de mayor jerarquía en juego, el juez debe reconocer (no


interferir, admitir) esas convenciones. Al no haber disputa, no hay base
que justifique otro desarrollo procesal. Este principio surge de las siguien-
tes disposiciones:
a. Art. 7º III C.P.P.T.: “…. las partes podrán acordar el trámite
que consideren más adecuado en cualquier etapa del procedimien-
to, privilegiando los objetivos de simplicidad y abreviación, salvaguardan-
do la garantía del debido proceso y el juicio público oral”.
b. Art. 454 IV C.P.P.T.: “… Las partes podrán acordar la modi-
ficación de los plazos que este Código les fija para cumplir actividades
procesales…”. Los pactos sobre plazos, si bien están fijados por la L.I.P.
(art. 4º inc. 13) para aquellos relativos al trámite del nuevo juicio oral,
pueden ser celebrados extensivamente (por su propio texto y consideran-
do el art. 7º III C.P.P.T.) a todo plazo partivo del C.P.P.T..
c. El art. 548 IX C.P.P.T. permite a las partes alterar por acuerdos la
duplicación de plazos que produce el llamado “procedimiento extendido”.
d. Por último, los principios de simplificación y celeridad (art. 1º
III C.P.P.T.), y la dinámica consensual seguida para viabilizar la “suspen-
sión del procedimiento a prueba” (art. 8º II C.P.P.T. y css.) o el “procedi-
miento abreviado” (548 II inc. 4 y concs. C.P.P.T.) confirman la saluda-
ble y legítima relevancia que ahora le asigna la ley a la voluntad y confor-
midad de las partes.
E. Principio de excepcionalidad y principio de mínima inter-
vención o necesidad en materia de restricción a la libertad. La C.N.
reconoce la posibilidad legal de privar de la libertad a una persona antes
de imponerle una condena 13, pero también advierte que “la prisión pre-
ventiva… no debe ser la regla” 14 -principio de excepcionalidad-. Por
su lado, el Código establece que “la libertad personal sólo podrá ser
restringida en los límites absolutamente indispensables para evitar
el entorpecimiento probatorio en la investigación o el juicio y asegu-
rar la actuación de la pretensión punitiva” (art. 6º) y que “será inter-
pretada restrictivamente toda disposición legal que coarte la libertad
personal…” (art. 7º) -principio de mínima intervención o necesidad-.

13
La cláusula del “arresto” (art. 18 C.N.) y del art. 9.3 del PIDCP.
14
Art. 9.3 PIDCP.
REFORMA PROCESAL PENAL 111

III. Reglas y criterios principales de interpretación

La interpretación de las normas (desentrañar su sentido) es una ac-


tividad necesaria para su ulterior aplicación práctica. Comprende a todas
las fuentes de las normas procesales penales (ley positiva, principios, ju-
risprudencia, etc.). Mencionamos aquí sólo algunos de los métodos y cri-
terios de mayor peso y utilidad para la tarea hermenéutica de los opera-
dores de la transición.

1. El principio interpretativo básico del art. 1 C.P.P.T.

Como ya dijimos, esta norma despeja toda duda en cuanto a que los
derechos y garantías consagrados en la Constitución Nacional, los trata-
dos de idéntica jerarquía y la Constitución Provincial:
a. Resultan de aplicación directa (son operativos).
b. prevalecen sobre cualquier otra de inferior jerarquía (son superiores).
c. e informan toda interpretación de las leyes aplicables en el
procedimiento penal (son preceptos interpretativos obligatorios).

2. Interpretación literal o gramatical

Se desprende por sentido común: la plataforma hermenéutica prima-


ria de la ley es su propia letra, su significado, captar el sentido de la
oración legal. Lo dice la Corte reiteradamente: “la primer fuente de exé-
gesis de la ley es su letra, a la que no debe dársele un sentido que ponga
en pugna sus disposiciones sino que concilie y conduzca a una armoniza-
ción de sus preceptos” 15.

15
En “Acosta s/ probation”, 23 de abril de 2008.
112 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

3. Interpretación progresiva

Una sana tarea interpretativa conduce a que el juez no petrifique ni


retrograde la evolución de las normas con un sometimiento ciego al texto
o a la voluntad de su creador: “una ley es como una nave, cuando
parte deja al legislador en el muelle” (Radbruch). Ha enseñado la
Corte que los jueces en su labor de comprensión deben precisar el sen-
tido actual de las normas, hacerlas progresar hacia las metas pro-
puestas por la Constitución, entre ellas, la vigencia de “un proceso
penal abiertamente acusatorio” 16 y el respeto irrestricto de los dere-
chos fundamentales de la persona.

4. Interpretación pro homine

Este principio tiene origen en el derecho internacional como máxima


interpretativa de los tratados de derechos humanos. Cuando en un caso
existen dudas o distintos textos o interpretaciones posibles que puedan
afectar derechos humanos el juez debe decidir siempre “a favor del
hombre”. Esto conduce a que acuda a la interpretación más extensiva
cuando se trate de reconocer derechos y garantías o a la interpretación
más restringida cuando el conflicto se refiera a limitaciones de éstos 17.
Conteste con esta pauta el art. 7º C.P.P.T. establece que “será in-
terpretada restrictivamente toda disposición legal que coarte la li-
bertad personal (y) limite el ejercicio de un poder conferido a los
sujetos del proceso...”.

5. Interpretación sistemática

El orden jurídico debe entenderse como un sistema: una norma no


debe ser interpretada inconexa o singularmente, sino relacionándola y

16
En “Casal s/rec. casación” (2005).
17
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos dijo que respecto al pro
homine que “es el principio de interpretación extensiva de los derechos humanos y
restrictivas de sus limitaciones”, O.C. 5/85. El supremo tribunal nacional empleó esta
REFORMA PROCESAL PENAL 113

armonizándola con las demás normas -reglas o principios- del sistema


jurídico, en particular con los principios y objetivos del nuevo sistema pro-
cesal. Para ello también es forzoso que se efectúe un continuo test de
constitucionalidad -ínsito al sistema de control difuso imperante en nues-
tro ordenamiento- y de convencionalidad -propio de un Estado que inte-
gra el sistema interamericano-.
Respecto del control de constitucionalidad es uniforme doctrina de la
C.S.J.N. que los jueces “deben” conformar sus decisiones como la mis-
ma Corte lo tenga decidido en casos análogos, exigencia que tiene funda-
mento en reconocer la autoridad que ella inviste como intérprete supremo
de la Constitución Nacional y de las leyes dictadas en su consecuencia 18.
Parte de la doctrina constitucional, con serios argumentos, señala que
esta continua corriente cimera ha terminado por materializar una inter-
pretación constitucional mutativa por adición del art. 117 de la C.N.
por la cual corresponde tener por agregado esta otra cláusula: “los tribu-
nales inferiores deben aplicar la doctrina que fije la Corte, salvo
que dieren razones serias, distintas y nuevas para apartarse de ella”;
es decir: aquel “deber de conformar” los pronunciamientos a los de la
Corte no sería sólo un deber “moral” sino ya un deber jurídico exigible
u obligatorio (Sagüés).
Por último, en cuanto al control de la normativa regional de derechos
humanos, la Corte IDH ha dicho que “el Poder Judicial debe ejercer el
control de convencionalidad entre las normas jurídicas internas que
aplican y la Convención ADH, lo que comprende no sólo el Tratado
sino también la interpretación que del mismo ha hecho la Corte
Interamericana como intérprete último de la Convención Americana” 19.

6. Principio de derogación implícita.

Ante la probable existencia de conflictos normativos el art. 9º de la


L.I.P. establece que “quedan derogadas todas las disposiciones le-

máxima también en “Acosta” para acoger la tesis amplia en materia de procedencia de la


probation.
18
Como meros ejemplos: Fallos 25:364, 315:2386, 325:1227. en idéntico orden
la C.S.J. de Santa Fe (v.gr. en “Morales”, 20 de mayo de 1998).
19
“Almonacid Arellano vs. Chile”, 26 de septiembre de 2006.
114 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

gales que sean contrarias a esta ley y en especial aquellas normas


de la ley N° 10.160 -Orgánica del Poder Judicial- y de la ley 6740,
sus modificatorias y complementarias que se contrapongan”.

7. Principio de adecuación interpretativa

La L.I.P. también se anticipa al surgimiento de conflictos que, inclu-


so hasta por lenguaje procesal incompatible, puede gestar la adopción en
un código antiguo de disposiciones extirpadas de un sistema de avanzada
generación. Su art. 8° determina que “.... las normas y terminología
del nuevo sistema que se ponen en vigencia por la presente ley du-
rante la implementación progresiva, deberán interpretarse teniendo
presente el sistema escrito u oral que rija para cada causa y si la
instrucción la realiza el fiscal o el juez”.

IV. Ambito temporal de aplicación de las leyes en transición

1. Principio general

El principio general del derecho argentino en materia de aplicación


de la ley, establecido en el art. 3° del Código Civil, es el de la
irretroactividad: “A partir de su entrada en vigencia, las leyes se aplica-
rán aún a las consecuencias de las relaciones y situaciones jurídicas existen-
tes. No tienen efecto retroactivo, sean o no de orden público, salvo disposi-
ción en contrario. La retroactividad establecida por la ley en ningún caso
podrá afectar derechos amparados por garantías constitucionales”.
Es decir: la ley rige para el presente y el futuro. Esto, traducido al
derecho penal, implica que la ley penal aplicable es la vigente al mo-
mento del hecho punible.

2. Principio de la ley penal más benigna

Sin embargo, también rige en el ámbito punitivo el principio de la


ley penal más benigna. Este tiene jerarquía constitucional (arts. 9º CADH
REFORMA PROCESAL PENAL 115

y 15.1 PIDCP) y es receptado generosamente por el Código Penal en el


art. 2°: “Si la ley vigente al tiempo de cometerse el delito fuere distinta de
la que exista al pronunciarse el fallo o en el tiempo intermedio, se aplicará
siempre la más benigna. Si durante la condena se dictare una ley más
benigna, la pena se limitará a la establecida por esa ley. En todos los
casos del presente artículo, los efectos de la nueva ley se operarán de
pleno derecho”.
De este modo, la ley penal aplicable siempre debe ser la más benig-
na. El beneficio se extiende temporalmente desde la comisión del hecho
hasta la extinción de la condena (art. 16 C.P.). Este último extremo com-
prendería a todo efecto jurídico (registral, laboral, administrativo, etc.) de
la condena (Zaffaroni-Alagia-Slokar). Son consecuencias posibles de este
principio la aplicación retroactiva de la nueva ley penal más benigna o
la aplicación ultraactiva de la ley anterior más benévola. Los efectos
de esta norma general operan, como señala el art. 2° C.P., “de pleno
derecho”, es decir, pueden aplicarse aun de oficio.

3. Cuál de las leyes es la más benigna

Salvo los supuestos evidentes (v.gr.: una norma que simplemente eleva
o disminuye el monto punitivo en un delito determinado), las cuestiones
que pueden suscitarse con la temática analizada son múltiples y hasta de
una complejidad cierta. Es por ello que la mayor benignidad de una ley se
establece en cada caso concreto -no en abstracto- y surge por el méto-
do de comparación entre el resultado hipotético que arroja una ley y el
resultado que brinda la otra.

4. Combinación y fraccionamiento de leyes

Para la tarea comparativa y la ulterior aplicación legal es una regla


general que debe considerarse por separado cada ley o cuerpo legal
vigente en un momento dado, no siendo lícito según la doctrina y jurispru-
dencia dominante tomar preceptos aislados y más benignos de una y otra
ley, dado que se terminaría por aplicar una tercera ley inexistente. Por
ende, en principio, está prohibido fraccionar y combinar leyes.
Parece ser cierta y hasta necesaria esta premisa para la mayoría de
los supuestos que se generan en el ámbito del derecho penal sustancial,
116 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

como ser, v.gr., tomar dos versiones legales de un mismo delito y combi-
nar recaudos típicos más benignos establecidos por una ley (un tipo obje-
tivo que restringe la criminalización) con una pena menor fijada por otra
ley para idéntica figura. Aquí estamos frente a normas vinculadas, sin
autonomía, prácticamente hablamos de un mismo delito regulado de modo
distinto por dos leyes sucesivas y cuya combinación supondría la creación
de un tercer delito (con un tipo penal y una pena más favorables) nunca
contemplado por la ley.
Sin embargo, cierta doctrina 20, con razones muy sensatas, bajo cier-
tas condiciones admite la combinación de leyes más benignas, aceptando
que puedan tomarse parcialmente normas de dos bloques legales que han
estado vigentes en distintos tiempos. Esta conjugación de normas sobre
un caso sería factible cuando la norma o el dispositivo legal -que tomo
de una realidad legislativa y luego combino con otro bloque legal-, se trate
de una previsión legal o de un instituto independiente o autónomo.
Esta posición se percibe claramente cuando una reforma legal (ej.: al
Código Penal o al Código Procesal Penal) es sancionada por una sola ley
formal pero comprende, en verdad, múltiples reformas independientes
que perfectamente podrían haber sido puestas en vigencia -por diferente
técnica, momentos legislativos, etc.- por distintas leyes sucesivas.
En nuestro caso, la Ley de Implementación Progresiva es una ley de
reformas múltiples: pone en vigencia una diversidad de disposiciones del nue-
vo C.P.P., muchas de las cuales reglamentan situaciones, institutos o procedi-
mientos autónomos entre sí (criterios de oportunidad; probation, sistema de
medidas cautelares, procedimiento extendido, juicio oral, etc.) que pueden
escindirse y aplicarse retroactivamente según sean o no más favorables al
imputado. De este modo, en los procesos en transición anteriores al 15 de
febrero de 2009, v.gr., podría aplicarse sólo el procedimiento de probation
(más benigno) pero no el “procedimiento extendido” (más gravoso): ambos
son regulaciones independientes, fraccionables en la ley de reforma, aunque
ésta haya sido sancionada -justamente- por medio de una sola ley. En cambio,
entendemos que no puede fraccionarse internamente un instituto que confi-
gura una unidad legal, como ser el de “disponibilidad de la acción”, v.gr.:
admitiendo su procedencia para hacer cesar la persecución pública pero im-
pidiendo la posterior conversión a querella privada.

20
Carlos PAGLIERE, “La ley penal más benigna: ¿es posible la combinación de
leyes?”, L.L. 13 de mayo de 2005.
REFORMA PROCESAL PENAL 117

Por otra parte, la misma L.I.P. parece ser consecuente con esta postu-
ra al permitir con la facultad legal de su art. 4º últ. párr. que la defensa en
las causas en transición (las anteriores al 15 de febrero de 2009) pueda
optar por la aplicación retroactiva sólo de ciertas normas más favorables
del Código de Transición que pone en vigencia, alternativa que no hace otra
cosa que habilitar un fraccionamiento y combinación de leyes.

5. Qué tipo de “ley penal” comprende la garantía

Para Daniel Pastor la distinción que se efectúa en el derecho penal


entre “derecho penal sustantivo” y “derecho penal adjetivo” responde a
cuestiones sólo científicas o académicas; entiende que el derecho penal
es uno solo y el proceso penal integra la parte del derecho general del
derecho penal en el sentido amplio que su ausencia excluye la punibilidad.
Para este autor el proceso configura una exigencia general más del dere-
cho constitucional para que proceda una pena legítima; por ello sostiene
que “todas las reglas del procedimiento deberían ser tratadas bajo
la consideración del principio de legalidad material” 21. No duda
esta doctrina del carácter punitivo del proceso, lo que es evidente respec-
to al encarcelamiento cautelar, cuyas normas son de carácter ambivalente
o complejo: mandatos procesales por sus fines pero regulaciones mate-
riales por sus efectos. Sostiene junto a Zaffaroni-Alagia-Slokar que “la
prisión preventiva y el proceso mismo se muestran en este terreno,
más allá de lo dogmático y teleológico, como instituciones clara-
mente punitivas”.
Con esta amplitud, el concepto de “ley penal” comprendería enton-
ces para el principio constitucional examinado entre las principales mani-
festaciones:
a. Las normas del derecho penal sustancial (v.gr.: sobre la pena,
tipicidad, antijuridicidad, culpabilidad, participación, etc.).
b. Las normas que en el plano jurídico son de naturaleza procesal
pero que en el plano de la realidad tienen efectos sustanciales (normas

21
Daniel PASTOR, “Prohibición de la aplicación retroactiva de normas penales
sustantivas, adjetivas y ambivalentes”, nota a fallo, Suplemento de Jurisprudencia Penal de
La Ley, 8 de abril de 2002. Como sabemos, integran ese principio penal rector los principios
de ley previa -irretroactividad, salvo la ley más benigna-, ley escrita, ley cierta y ley estricta
118 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

“ambivalentes”), como las relativas a la restricción de la libertad (deten-


ción, prisión preventiva, medidas sustitutivas y morigerantes, etc.) y las
cautelarmente limitativas de otros derechos (medidas de coerción real).
c. Normas de naturaleza procesal sobre el poder de persecución
penal (acción penal) y toda otra con incidencia en lo punitivo como exi-
gencia constitucional previa para la aplicación de una respuesta
criminalizante: prescripción, ejercicio de la acción, las reglas de disponibi-
lidad, el juzgamiento previo obligatorio para aplicar una medida de seguri-
dad, suspensión del juicio a prueba, proceso abreviado, etc.

V. Cuál es la ley procesal penal aplicable en la transición

De acuerdo con lo que establece la ley de reforma parcial (últ. ap. del
art. 4º de la L.I.P. y concs. del decr. 125/09) respecto a las causas inicia-
das a partir del 15 de febrero de 2009 rige el C.P.P. de Transición (C.P.P.T.)
-texto ordenado por decr. 125/09-, mientras que para los procedimientos
anteriores, e “independientemente de la fecha de comisión del he-
cho”, se aplica en principio el texto del viejo C.P.P. (ley 6740 y modif..),
salvo que la defensa ejerza la denominada “opción” del art. 4º -últ. ap.- de
la L.I.P. sobre normas más favorables de libertad, extinción de la acción y
amplitud de la defensa. En defecto de esta opción, las normas más benefi-
ciosas pueden aplicarse retroactivamente de oficio (art. 2º C.P.), pero sin
dejar de advertir que los jueces deberían ejercer esa facultad con mucha
prudencia y para puntuales situaciones (casos de normas con efectos in-
equívocamente más benignos, como en los supuestos de coerción perso-
nal): la polifacética trama de casos judiciales posibles comprenden alterna-
tivas y pronósticos estratégicos que no maneja el juzgador y por los cuales,
a los ojos de la defensa, una ley puede resultar más benévola en un caso
mientras que en otro contexto todo lo contrario.

VI. La llamada opción por normas más favorables (art. 4º últ.


párr. L.I.P.)

1. Materias comprendidas en la opción

De acuerdo con las previsiones de la L.I.P. y a los principios antes


enunciados, en los procesos en trámite anteriores al 15 de febrero de
REFORMA PROCESAL PENAL 119

2009 la defensa puede solicitar la aplicación de un conjunto de disposi-


ciones y nuevos institutos del C.P.P.T. que le son más favorables, com-
prendiendo estas asignaturas:
A. normas sobre libertad: aquí se destacan las reglas generales
sobre coerción personal (art. 298 I al IV), procedencia de la prisión pre-
ventiva (art. 329), medidas alternativas (art. 346) o de atenuación (art.
346 II) de la prisión preventiva, el nuevo pronto despacho para decisiones
sobre medidas cautelares personales (art. 454 VII).
B. normas sobre extinción de la acción penal, como los procedi-
mientos relativos a la probation (art. 8º II y ss.) y a las reglas de disponibilidad
(art. 10 II y ss.), que inciden sobre los alcances de la persecución penal.
C. normas que brindan mayor amplitud a la defensa: sin dejar
de reiterar que la mayor o menor bondad de las leyes muchas veces
incumbe a la lectura estratégica que se realice en concreto, pueden in-
cluirse en esta categoría:
- las ordenanzas sobre juicio oral: su procedencia obligatoria (art. 5º
L.I.P.) 22; el nuevo trámite de este tipo de juicios (arts. 454 I a 478 V); su
recurso especial de apelación (art. 478 VI y ss.), más amplio que el actual
recurso de inaplicabilidad legal, ahora con creces ajustado a la garantía de
la doble instancia del art. 8.2.h CADH y que por el últ. párr. del art. 478 VI
procede también por las causales del recurso de revisión, permitiendo de
esta forma atacar también sentencias condenatorias no firmes.
- la obligatoriedad de la etapa de juicio previa a la aplicación de una
medida de seguridad (art. 1º);
- las normas que aceptan fórmulas consensuales 23;
- las disposiciones sobre recusación (art. 50), derechos e informa-
ción al imputado (art. 68 II), número ilimitado de defensores (art. 86),
inextensibilidad de la incomunicación del detenido con su defensor (art.
311 II), etc.
D. toda otra norma procesal penal más benigna, como la
reformulación del principio in dubio pro reo (art. 5º) -vigente expresa-
mente “en cualquier grado e instancia del proceso”-, las reglas gene-

22
En especial el supuesto de enriquecimiento ilícito, que por su escala punitiva
mínima nunca quedó atrapado en las hipótesis de juicio oral optativo del art. 447 C.P.P..
23
Véase “Principios fundamentales”.
120 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

rales sobre coerción real (art. 298 I al IV) o el nuevo procedimiento


abreviado (art. 548 II y ss.), estructuralmente más generoso que el ac-
tual proceso abreviado (v.gr.: arts. 548 II inc. 6, 548 VII, 548 VIII, etc.).

2. ¿Hay un plazo para ejercer la opción?

La L.I.P. en su art. 4º establece que la opción por normas más favora-


bles debe ser ejercida por la defensa “dentro de los diez días a partir de
la primer actuación realizada en la causa” posterior al 15 de febrero de
2009, que es la fecha de entrada en vigencia de aquella disposición.
Sin embargo, en las materias comprendidas en esta alternativa legal
hay normas que prevalecen por el principio de supremacía e inalterabilidad.
Siempre que no haya otros motivos que lo justifiquen 24, no es constitucio-
nalmente factible que una norma de menor calibre como el art. 4º de la
L.I.P., reglamentario del ejercicio de una cláusula constitucional 25, extin-
ga en forma irrazonablemente genérica la garantía a través de un plazo
como el estipulado. Lo mismo ocurre con las reglas que optimizan el ejer-
cicio del derecho de defensa: un término procesal de esa naturaleza y sin
otra razón no puede poner fin a la opción, haciendo posible que a condi-
ciones iguales se genere un trato desigual, esto es: que haya procesos con
defensas penales más amplias (más constitucionales) que en otros. Una
lectura del art. 4º sin este esfuerzo hermenéutico, que sostenga la caduci-
dad a los 10 días, vulnera los principios de supremacía e inalterabilidad
constitucional, de razonabilidad, ley penal más benigna, inviolabilidad de la
defensa e igualdad.
En síntesis: el plazo de 10 días es de naturaleza meramente
ordenatorio (no perentorio, no fatal) al referirse a un término para que la
defensa, cumpliendo una “actividad indispensable en el proceso” (art.
155 C.P.P.T.), pueda lograr la aplicación de preceptos más constituciona-
les y moderadores del poder punitivo.

24
V.gr.: preclusiones por estadios o momentos procesales fenecidos, superados o
incompatibles con la pretensión que se esgrime.
25
El principio de la ley penal más benigna, que interesa a todos los preceptos
analizados sobre libertad, acción penal, etc.
REFORMA PROCESAL PENAL 121

3. Otros caracteres de la opción

La opción es un derecho establecido sólo a favor del imputado, al


igual que el principio de la ley penal más benigna. No es un beneficio que
pueda asistir a la víctima, el querellante ni al fiscal.
Para su admisión y procedencia no deben exigirse recaudos que
la ley no exige o que confrontan con la naturaleza misma de la pre-
rrogativa legal, como ser formalismos sin sentido, o el detalle escrito y
anticipado de las normas por las que se opta. Pretensiones judiciales de
este tipo serían abusivas e irrazonables, dado que no se trata de que la
defensa edifique al detalle y en el primer minuto un combo definitivo de
normas más favorables: ¿es racional que con el primer escrito de nom-
bramiento de defensor y a escasas horas del hecho delictivo bajo plena
investigación policial se le pueda requerir al defensor que presagie benefi-
cios, v.gr., explicite, imagine o vaticine si optará por el juicio oral obligatorio
o por su nuevo recurso de apelación contra la sentencia que en él se dicte?
El nuevo conjunto de normas que introduce la L.I.P., como bloque
legal comprensivo de reformas múltiples, resulta fraccionable para su
aplicación retroactiva a los procesos anteriores al 15 de febrero de 2009
siempre que, como dijimos, las normas sean divisibles por configurar dis-
posiciones o institutos autónomos, esto es: si pueden ser consideradas
como reformas legales individuales, escindibles del restante cuerpo legal.
De este modo queda en claro que el ejercicio de la “opción” tampoco
consiste en elegir inexorablemente por todas sus disposiciones -el todo o
nada-, ya que ello a la vez abrazaría otras normas que, desde la óptica
defensista, pueden resultar en el caso más desfavorables 26.
La aplicación segmentada de la L.I.P. a los procesos anteriores al 15
de febrero de 2009 y, en su caso, la aplicación ultraactiva de ciertas nor-
mas del viejo C.P.P. a procesos posteriores a dicha fecha pero por hechos
anteriores a la misma, puede ser de interés para la defensa cuando las
previsiones de la L.I.P. son más desfavorables. Al cotejo preliminar de
ambos cuerpos normativos podrían ingresar en este terreno la admisión

26
Así, las reglas de disponibilidad, a primera vista, son más benignas para el
imputado -hacen cesar la persecución penal- pero es posible que en concreto no sea así y
conduzcan a un desenlace negativo -una ulterior querella privada que interponga un
ofendido con una asistencia de mayor peso que el fiscal interviniente-.
122 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

del querellante por conversión de la acción, los efectos de la rebeldía


sobre la etapa de juicio (art. 80 C.P.P.T., que permite el juzgamiento en
contumacia), la prórroga y cese de la prisión preventiva (art. 331, que es
más flexible a su cotejo con la ley 24.390 a favor del estado cuando vence
el 3er. año de su extensión) o el procedimiento extendido (art. 548 IX, que
genera una duplicación masiva de todos plazos del código).
En apretada síntesis, la opción debe ser admitida por los tribunales
con la mayor fluidez posible, permitiendo que la defensa pueda ir op-
tando sobre las materias más beneficiosas a medida que avance el
proceso y de acuerdo con las posibilidades y ventajas estratégicas que
surjan en su curso.
Por último, es dable señalar que configuran límites al ejercicio de la
opción tanto la fragmentación prohibida de leyes o disposiciones conexas
o de partes de un mismo precepto o instituto (v.gr. reclamar un criterio de
oportunidad pero sin aplicar la posible conversión posterior), como el con-
curso de preclusiones por estados procesales incompatibles con la nor-
mativa por la que se opta (v.gr. no se podría pedir una regla de disponibi-
lidad si el proceso se encuentra en etapa de juicio; o demandar el juicio
oral o la probation cuando ya se ingresó al plenario escrito). Sin embar-
go, aún así en este último caso hay espacio para soslayar estas caducida-
des en ciertas hipótesis por los acuerdos en contrario a los que arriben las
partes en los términos del art. 7 III C.P.P.T..

VII. Conversión de la acción

1. Qué es y cuando procede

El nuevo C.P.P. (ley 12.734) habilita al ofendido a ejercer la acción


penal en los delitos de acción de ejercicio público (la llamada legitima-
ción potenciada), permitiendo que él mismo o sus herederos forzosos se
constituyan en el proceso como querellantes. El art. 93 extiende esta
facultad a la persona jurídica cuyo objeto fuera la protección del bien
jurídico tutelado en la figura penal cuando se trate de delitos que afecten
intereses colectivos o difusos, como son aquellos que atañen a una plura-
lidad de grupos o sujetos o indistintamente a la comunidad toda en rela-
REFORMA PROCESAL PENAL 123

ción a ciertos bienes jurídicos colectivos 27. Este querellante, de tipo con-
junto o autónomo, está dotado de gravitantes poderes. Cuenta con fa-
cultades recursivas autónomas y múltiples (art. 97.8, idénticas a las del
fiscal); actúa durante todo el proceso sin subordinación alguna al Ministe-
rio Público (art. 97 últ. párr.); proporciona durante la investigación ele-
mentos de prueba y solicita diligencias particulares para el esclarecimien-
to del hecho, la responsabilidad penal del imputado y la cuantificación del
daño causado; asiste a las declaraciones de testigos durante la fase pre-
liminar, con facultad para formular preguntas y pedir aclaraciones; inter-
pone las medidas que estima adecuadas para activar el procedimiento;
puede requerir pronto despacho, formular su acusación y hasta solicitar la
prisión preventiva del imputado (art. 219), exhibiendo la injerencia en el
debate que tiene cualquier acusador penal público. El nuevo digesto in-
corporó la opción de la conversión de la acción penal pública en priva-
da, la cual implica un canje en el ejercicio de la acción: el fiscal se retira
voluntariamente del procedimiento e ingresa la víctima como querellante
exclusivo (querellante subsidiario). En estos casos la acción pública,
entonces, se privatiza. Por este dispositivo la acción podrá ser continuada
únicamente por el particular en los supuestos que el fiscal aplique un
criterio de oportunidad (art. 22), disponga la desestimación de la de-
nuncia (art. 273) o de las actuaciones policiales (art. 272) o cuando
archive la investigación penal preparatoria (art. 289). Conforme lo
disponen los arts. 22 y 291 del digesto aún no vigente, en esas hipótesis, el
ofendido asume como acusador excluyente del caso y el procedimiento
continúa su tramitación por el proceso de querella diagramado para los
delitos de acción de ejercicio privado (art. 347 y ss.) 28.
Este régimen fue adoptado en la transición por la L.I.P. para su apli-
cación sobre el viejo C.P.P.. Según esta reforma pueden generar conver-
sión de la acción (art. 1º) la admisión de alguno de los criterios de opor-
tunidad previstos por la ley (art. 10 V del C.P.P.T.) y, conforme el art. 8º
de la L.I.P., (art. 2) la desestimación de la denuncia - art. 185 C.P.P.T.-

27
V.gr. fraudes al consumidor, delitos ambientales o los que afecten servicios
públicos o el patrimonio histórico de la ciudad o la provincia.
28
Así véase: A.A. IVALDI y R.T. RÍOS, “Aciertos de una reforma -acerca del nuevo
Código Procesal Penal de la provincia de Santa Fe-”, Zeus On line: 25 de septiembre de
2007; boletín 8297/8: 23 y 24 de octubre de 2007, t. 105.
124 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

y (art. 3º) el archivo de las actuaciones. Esta última hipótesis compren-


de no sólo el archivo del sumario de prevención policial (art. 200
C.P.P.T.) y el archivo de la instrucción (art. 200 II C.P.P.T.) sino tam-
bién -por contar con idénticos efectos y causales de procedencia- el re-
chazo del requerimiento fiscal de instrucción (art. 176 C.P.P.T.).

2. Algunos caracteres de la conversión

La conversión permite privatizar la persecución penal pública para


cualquier tipo de delitos. El querellante particular asume el rol que antes
monopolizaba el Fiscal o lo compartía con el ofendido. El caso avanza
ahora con la directa acusación privada ante un juez correccional o de
sentencia -según el delito que se trate- y bajo el trámite escrito del proce-
dimiento especial de querella (art. 508 y ss. C.P.P.T.). El proceso, por
ende, prosigue derechamente con la apertura de la etapa plenaria, sin
pasar por el importante y a veces necesario filtro de un procedimiento
intermedio. Esta problemática reproduce el dilema advertido en el nuevo
C.P.P. (ley 12.734) y significa una regulación irrazonable: como indica-
mos en su momento, es desproporcionado que aún en los delitos más
graves y por acusaciones que pueden ser infamantes una persona pueda
ser llevada directamente a juicio sin control judicial previo ni posibilidad
alguna del acusado de impedir la prosecución del proceso, a diferencia de
lo que ocurre cuando quien acusa es el propio Estado (el fiscal) 29. En las
hipótesis de conversión lograr un juicio criminal contra una persona, con
todas las implicancias penosas de un proceso, sorprendentemente es una
tarea más fácil para un particular que para el propio estado. Los riesgos
de abusos son evidentes. Esto será peor, si no hay una reforma legal o se
arbitran controles pretorianos, cuando en el futuro sistema el querellado
sea expuesto -sin opción de control previo- a un juicio oral y público ante
toda la comunidad.
El ejercicio del derecho de querella, desde el momento de la instan-
cia de constitución del art. 67 III C.P.P.T. y de acuerdo al art. 3982 bis del

29
Acerca de los superpoderes del querellante, A.A. IVALDI y R.T. RÍOS. “Aristas
e interrogantes sobre la reforma (más acerca del nuevo Código Procesal Penal de Santa
Fe)”, Zeus, bol. 8306/7 del 5 y 6 de noviembre de 2007, t. 105.
REFORMA PROCESAL PENAL 125

C.C., suspende el curso bianual de la prescripción de la acción civil por


responsabilidad extracontractual del acto ilícito.

3. Otras aristas de la conversión

Si la conversión tiene origen en un criterio de oportunidad, la que-


rella debe presentarse dentro del plazo de sesenta días hábiles desde la
notificación de la resolución del juez que accede al pedido fiscal para
disponer de la acción pública; vencido el término, la acción penal queda
extinguida (art. 10 V C.P.P.T.).
En estos supuestos la víctima, si bien previamente a la decisión judi-
cial, puede oponerse a que se adopte un criterio de oportunidad (art. 21
C.P.P.T.), no cuenta con apelación contra la resolución que lo autoriza, lo
que surge de la naturaleza y regulación del instituto: al resultar una opción
que promueve exclusivamente el fiscal, éste carece de recurso contra la
decisión que aprueba su pedido, por ende, la víctima, según lo dispuesto
por el art. 67 VI inc. 8, tampoco cuenta con derecho a apelar. La ausencia
de legitimación impugnativa del ofendido es cubierta por la opción, más
fuerte por cierto, de privatizar en su beneficio la persecución del delito.
Sin perjuicio de lo dicho, hay que reparar que la mayoría de los crite-
rios de oportunidad exigen un acuerdo reparatorio previo (incs. 2 y 3
del art. 10 II) o incluso la conciliación entre los protagonistas del hecho
(incs. 5 y 6). A su vez, el supuesto de insignificancia (inc. 2), en su
entendimiento tradicional, al configurar un supuesto de atipicidad penal
por falta de lesión a un bien jurídico penalmente tutelado, impide el desa-
rrollo legítimo de algún proceso sin desconocer el principio de lesividad
(art. 19 C.N.). Igual ocurre con la causal del inc. 3 (grave retribución
natural del hecho que torna innecesaria o desproporcionada la apli-
cación de la pena) y la del inc. 6 (enfermedad incurable en estado
terminal), los que no pueden ignorarse procesalmente sin vulnerar los
principios de proporcionalidad mínima de la pena 30, de humanidad o
proscripción de la crueldad y el de culpabilidad 31. Coincidimos con

30
Sustentado en el art. 18 C.N.; aceptado por la C.S.J.N., v.gr., en “Gramajo”, 5
de septiembre de 2006, al declarar inconstitucional el instituto del art. 52 del C.P..
31
Véanse en ZAFFARONI - ALAGIA- SLOKAR, Derecho penal. Parte general, Buenos
Aires, Ediar, 2000.
126 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Finkelstein N.: el proceso penal es análogo a una pena ya que cuenta con
un innegable contenido estigmático, lesiona la honra de los acusados, per-
mite prisiones preventivas semejantes a una pena, aliena y lleva a veces a
la muerte del detenido; por ende, al ser análogo a una pena, su habilitación
debe estar necesariamente guiada por el principio de la ultima ratio 32.
Con todo ello puede afirmarse que la mayoría de los criterios de oportuni-
dad despojan del caso a los potenciales querellantes por conversión (por
inexistencia de interés o de conflicto) o tornan desestimable preliminar-
mente la querella (art. 512 C.P.P.T.).
Cuando la conversión opera por desestimación de la denuncia,
archivo o rechazo del requerimiento instructorio, hay que considerar
que estas resoluciones tanto en el sistema viejo como en el de transición
son dictadas por un juez, proceden por idénticas causales, producen igua-
les efectos y resultan apelables por el fiscal. Esto permite que sean
impugnables también por la mera víctima asistida legalmente 33 o por el
ofendido ya constituido en querellante. En todas estas hipótesis la apela-
ción, desde la óptica de este actor penal subsidiario, parecería ser más
una opción legal ejercitable por razones estratégicas que un presupuesto
para la conversión, recaudo que la ley no exige explícitamente. En este
orden, la víctima puede o apelar la decisión judicial que no abre o cierra el
procedimiento, o directamente ir a querella dentro de los sesenta días.
Como sabemos, este último grupo de causales de conversión coinci-
den en su procedencia (falta de elementos serios o verosímiles para ini-
ciar o continuar una investigación, atipicidad del hecho o cuando no se
puede proceder), la que ha sido extendida por la doctrina y jurisprudencia
hacia ciertos motivos de extinción de la acción penal (muerte y principal-

32
Juan L. FINKELSTEIN NAPPI, “La mano dura en el Palacio de Justicia. El descono-
cimiento del principio de insignificancia en dos resoluciones judiciales”, nota a fallo,
Revista de Derecho Penal y Procesal Penal, D’Alesio-Bertolino (dir.), diciembre de 2007.
33
Esta situación es factible por imperio de los arts. 108 II inc. 8 y 108 III
C.P.P.T.. La primera disposición (derecho a obtener la “revisión”) es importada del
C.P.P. ley 12.734, en el cual la desestimación de la denuncia o el archivo cuya revisión
puede exigir la víctima es dictada por el fiscal a cargo de la investigación; por ello,
trasvasado esto al actual sistema en el que es el juez instructor quien decide tales
cuestiones y con aplicación del art. 8º apart. 2° de la L.I.P., la revisión” del art. 108 II
inc. 8 puede asimilarse y habilitar una apelación ante el superior de quien la dicta (es
decir la Cámara de Apelaciones).
REFORMA PROCESAL PENAL 127

mente prescripción), de justificación y culpabilidad (inimputabilidad, si no


es para aplicar a la vez una medida de seguridad) y las excusas absolutorias.
Esta constelación de situaciones que validan la no apertura o la clausura
de un procedimiento penal reproducen en el terreno de la conversión, la
problemática adelantada para ciertos casos de conversión por disponibili-
dad de la acción.
La importación de estas normas desde un código en donde la deses-
timación o el archivo son dictados por un fiscal (ley 12.734) hacia otra
legislación (C.P.P. de Transición) donde las continúa disponiendo un juez,
genera ciertas perplejidades y hasta conflictos metaprocesales. Con la
ley en transición la privatización de la acción penal por desestimación o
archivo ya no es subsidiaria a un voluntario retiro del fiscal del caso sino
que opera frente a decisiones jurisdiccionales incluso revalidadas por tri-
bunales superiores. Si un proceso con fiscal (y con o sin querellante) es
clausurado inicialmente por un juez por razones tales como atipicidad,
justificación o prescripción, no se advierte motivo razonable para que el
sistema le permitir a un particular intervertir el ejercicio de la acción y
llevar a juicio al querellado por un hecho que no deja de ser atípico, estar
permitido por la ley o detentar su acción extinguida. Este tipo de situacio-
nes evidentes dispara una discusión que es ajena al legítimo protagonismo
procesal que el nuevo sistema le brinda a la víctima-querellante, y a la par
genera este interrogante: ¿es admisible que el Estado, en hipótesis acredi-
tadas de conversión como las mencionadas, a través de sus jueces y con
injerencia de fiscales, primero cierre los procesos penales y luego -por los
mismos hechos- habilite su reapertura en una instancia más avanzada
pero ahora bajo la persecución de un particular? El sistema, en estas
condiciones, no debería habilitar la formación de un nuevo proceso (o
según se lo mire, su reinicio), lo que puede significar un bis in idem y la
vulneración de las máximas de razonabilidad y legalidad material.

VIII. A modo de conclusión

La entidad de la transformación que exige el nuevo sistema obsta a


su implementación en plazos inmediatos o de un modo improvisado. El
tipo de transición elegida ofrece un abanico de nuevas opciones que son
de aplicación inmediata y no requieren nuevas estructuras. Este aparente
“beneficio” viene acompañado de costos importantes: la comunidad no
128 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

percibirá ningún cambio sustancial hacia una justicia penal más transpa-
rente, expedita ni eficiente; habrá más conflictividad en la interpretación
y aplicación de las normas, una factible congestión de los juzgados de
sentencias (ahora a cargo de las distintas variantes de juicio oral) y, posi-
blemente, un menor empleo de los medios de coerción personal, esto últi-
mo en una sociedad que reclama “mano dura” a un sistema que funciona
(o disfunciona) a base de prisiones preventivas y no de penas.
Se ha llegado a un punto del proceso de cambio del cual, entende-
mos, no hay retorno. Retrasar la implementación integral de la reforma
sumará más desconfianza de la sociedad, la que observará en este inte-
rregno más garantismos con igual ineficiencia. Está claro pues que todos
estos trances y riesgos obligan a que la total transformación del sistema
judicial deberá ser asumida con un fuerte compromiso, como una priorita-
ria política de Estado por todos los poderes y para todos los gobiernos que
a futuro se sucedan.

Bibliografía citada y de consulta

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FINKELSTEIN NAPPI, Juan L.: “La mano dura en el Palacio de Justicia. El
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D’Alesio-Bertolino (dir.), diciembre de 2007.
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REFORMA PROCESAL PENAL 129

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IVALDI, A.A. y RÍOS, R.T., “Aciertos de una reforma -acerca del nuevo
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REFORMA PROCESAL PENAL 131

LAS REGLAS DE CONDUCTA Y LAS MEDIDAS


ALTERNATIVAS EN EL NUEVO SISTEMA DE
ENJUICIAMIENTO PENAL EN LA PROVINCIA
DE SANTA FE

por MARÍA CECILIA VRANICICH *

Sumario: I. Introducción. II. Medidas o salidas alternativas al juicio penal vigentes.


1. Suspensión del juicio a prueba. 2. Acuerdos reparatorios. La mediación penal. III.
Instituciones y operadores del derecho involucrados. 1. Enumeración. 2. Articula-
ción entre dichos participantes. IV. Las reglas de conductas en la implementación de
las salidas alternativas. V. El rol de la Dirección Provincial de Control y Asistencia
Pos Penitenciaria (DPCAPP). Programa de Operadores de Prueba en el Medio Libre
y Programa de Ejecución de Reglas de Conducta. 1. Rediseño de la DPCAPP. 1.
Naturaleza jurídica de las reglas de conducta. 2. Programas y Alternativas 3. Finalidad
de las Reglas de Conducta en las Medidas Alternativas: herramientas conciliatorias.
2. Tarea diagnóstica. 3. Programas en vías de implementación. Programa de opera-
dores de prueba en el medio VI. A modo de reflexión.

I. Introducción

Mediante la ley 12.912 de implementación progresiva y por materias


del nuevo Código Procesal Penal ha comenzado uno de los mayores de-
safíos para la provincia de Santa Fe cual es la consumación de un proce-
so penal acorde Constitución, materia pendiente desde hace años.
En dicha línea de ideas se han puesto en marcha medios alternativos
al enjuiciamiento penal como nuevas respuestas para la solución del con-
flicto intersubjetivo de intereses.

*
Abogada. Docente de Derecho Procesal Penal de la Facultad de Derecho de la
Universidad Nacional de Rosario. Directora provincial de la Dirección de Control y
Asistencia Pos Penitenciaria, Subsecretaría de Asuntos Penales del Ministerio de Justicia
y Derechos Humanos de la Provincia de Santa Fe.
132 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Con el objeto de apuntalar, agilizar y consolidar la implementación de


dichos medios se están desarrollando diversos Programas en el ámbito del
Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Provincia de Santa Fe.
La instrumentación de estas medidas no sólo se dirige a colaborar
con el descongestionamiento judicial y la optimización de los recursos
humanos y materiales en el fuero penal sino que también conlleva a pen-
sar de un modo distinto el nuevo sistema de enjuiciamiento.
Debemos superar la obsoleta y lineal visión del proceso penal en el
marco de la instrucción y la ficción inquisitiva del “descubrimiento de la
verdad” que se iniciaba con la existencia de un hecho con apariencia de
delito, por una visión compleja e integral de un conflicto humano de
naturaleza penal que debe ser abordado y resuelto del modo menos
traumático y armónico posible por y para las partes.
Por ende, cuando decimos que debemos lograr un cambio de para-
digma en las lógicas de funcionamiento del sistema de enjuiciamiento pe-
nal respecto a las medidas alternativas, nos referimos a esta idea
superadora de enfrentar y resolver un conflicto penal. Lo que conllevará
sin lugar a dudas a la “humanización del proceso en sí”.
Ahora bien, estas salidas alternativas podrán conllevar la aplicación
de algún condicionamiento a la medida como ser el cumplimiento de
determinadas reglas de conducta en cabeza de alguna de las partes en
conflicto. Los programas que se desarrollan en el presente se dirigen a la
gestión y control de las reglas de conducta impuestas o consensuadas
en el marco de estas opciones.

II. Medidas o salidas alternativas al juicio penal vigentes

Previo a adentrarnos en el análisis de los programas de reglas de


conducta en particular, cabe recordar sintéticamente cuales son las medi-
das alternativas que se encuentran vigentes.

1. Suspensión del juicio a prueba

La suspensión de juicio a prueba (popularmente conocida como


“probation”) se encuentra regulada por el derecho de fondo (art. 76
bis y ss. C.P.).
REFORMA PROCESAL PENAL 133

La nueva normativa procedimental en su art. 24 y ss. claramente


determina que la suspensión del juicio a prueba procede: “… en aquellos
casos en que sea procedente la aplicación de una condena de eje-
cución condicional…”.
Con ello se superaron viejas discusiones académicas y criterios
jurisprudenciales respecto de la tesis amplia o restringida en la proceden-
cia del instituto en cuestión -como ser los plenarios existentes tanto en
nuestra provincia 1 como a nivel federal 2- si bien ya la Corte Suprema en
la causa Acosta 3 se había expedido por la tesis amplia.
Pensemos en los tipos penales cuyo mínimo de pena conminado no
supera los tres años (antes era posible sólo en los que el máximo no
superaba dicho monto de pena en expectativa), más allá de los restantes
requisitos de procedencia que se deberán cumplimentar, se extienden los
supuestos de aplicación ampliándose considerablemente el elenco de de-
litos pasibles de emplearse este instituto.
Por ende, se le da la posibilidad al imputado de solicitar se suspenda
la realización del juicio bajo el compromiso de cumplir ciertos
condicionamientos, con apercibimiento de llevar adelante el juicio en caso
de no cumplimentarlos o de extinguirse la acción penal en caso contrario.
Este es un supuesto en el cual no se arriba a la solución del conflicto
penal mediante los caminos tradicionales pero -como se verá- el ofreci-
miento de una regla de conducta a efectuarse en el marco de la suspen-
sión del juicio puede ser una herramienta de acercamiento de las partes,
siendo disparador para superar el conflicto.

2. Acuerdos reparatorios. La mediación penal

Los acuerdos reparatorios son algunos de los supuestos enumerados


por el nuevo código de rito (art. 19 CPPSF 4) en razón de los cuales el

1
“Zalazar, Eduardo Ramón s/estafa”, Plenario Nº 15/98 de la Cámaras de Apela-
ción de las cinco circunscripciones judiciales de la Provincia de Santa Fe.
2
“Kosuta, Teresa R. s/ recurso de casación”, Acuerdo Nº 1/99 en Plenario Nº 5,
autoconvocatoria en causa Nº 1403 de la Sala III de la Cámara Nacional de Casación.
3
“Acosta, Alejandro Esteban s/ infracción artículo 14 ley 23.737”, del 23 de abril de 2008.
4
Art. 19 inc. 5 del C.P.P.S.F: “Cuando exista conciliación entre los interesados, y
el imputado haya reparado los daños y perjuicios causados en los hechos delictivos con
134 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Ministerio Público Fiscal puede optar por la aplicación de un criterio de


oportunidad.
La herramienta que el Código propone para lograr la conciliación
entre la partes en conflicto es la Mediación (art. 20 CPPSF 5).
Retomando lo expuesto en la introducción debemos centrar nuestro
análisis primigenio en el conflicto humano penal y en la posibilidad de la
conciliación como una de las formas superadoras y armoniosas de resol-
verlo, teniendo presente el ofrecimiento de reglas de conducta como ins-
trumento de acercamiento para lograr el consenso entre las partes.

3. Procedimiento abreviado

Por último, este instituto si bien ya se encontraba en vigencia en el


anterior Código (con defectos técnicos jurídicos importantes) no era prác-
ticamente utilizado.
Lo ubico como medio alternativo en razón de ser una salida diversa
al juicio penal clásico.
Actualmente se encuentra contemplado en el art. 339 del nuevo
CPPSF.
Si bien también aquí existe acuerdo entre los sujetos procesales
intervinientes, a diferencia de los anteriores institutos este procedimiento
culmina con una sentencia condenatoria, la que en el caso de ser de eje-
cución condicional podría estar acompañada de reglas de conducta.

contenido patrimonial cometidos sin violencia física o intimidación sobre las personas,
salvo que existan razones de seguridad, interés público o se encuentre comprometido el
interés de un menor de edad”.
Art. 19 inc. 6 del C.P.P.S.F: “Cuando exista conciliación entre los interesados y el
imputado, en los delitos culposos, lesiones leves, amenazas y/o violación de domicilio,
salvo que existan razones de seguridad, interés público o se encuentre comprometido el
interés de un menor de edad” … “es necesario que el imputado haya reparado los daños
y perjuicios ocasionados, en la medida de lo posible, o firmado un acuerdo con la víctima
en ese sentido, o afianzado suficientemente esa reparación”.
5
“A los efectos de lograr la conciliación señalada anteriormente, se establecerán
procesos de mediación entre los interesados según la reglamentación respectiva, asegu-
rando la dignidad de la víctima, del imputado y la igualdad de tratamiento de ambos”.
REFORMA PROCESAL PENAL 135

III. Instituciones y operadores del derecho involucrados

1. Enumeración

Poner en funcionamiento estos nuevos institutos y optimizar la ejecu-


ción de las suspensiones de juicio a prueba implica la participación de
varias instituciones y operadores judiciales (además insisto de internalizar
un verdadero cambio de paradigma respecto a la finalidad y el objeto del
proceso penal).
Las partes que necesariamente participarán en la génesis y el proce-
dimiento de estos medios alternativos son:
a) El Ministerio Público Fiscal quien como actor penal público deci-
de aplicar un criterio de oportunidad transformándose en uno de los
impulsores y generadores de la conciliación o, en su caso, al peticionar o
consentir la suspensión del juicio a prueba. Cabe agregar que el art. 274
CPPSF al regular la audiencia imputativa en su último párrafo establece
que en oportunidad de esta audiencia el fiscal “… proponga los acuer-
dos previstos por este Código…” y el objetivo es “… la búsqueda de
simplicidad y abreviación…”.
b) La víctima y su asesor técnico legal particular o provisto por el
Estado. Los abogados de las víctimas y querellantes deben comunicar a
sus representados estas posibilidades de resolución de conflictos (rol que
será nuevo para los abogados penalistas de Santa Fe ya que antes sólo se
participaba con la constitución de actor civil).
c) El imputado y su abogado defensor de confianza particular o pro-
visto por el Estado. Los letrados deberán internalizar y sumar a las estra-
tegias e hipótesis defensistas estas salidas alternativas al juicio penal.
d) El órgano jurisdiccional también debe estar atento y abierto a la
promoción y ejecución de estas salidas (recordemos que es quien admite
el criterio de oportunidad, la suspensión de juicio a prueba y el procedi-
miento abreviado).
e) Los centros de mediación penal sean públicos o privados. Estas
instituciones serán las encargadas de arbitrar los medios para lograr la
conciliación entre las partes en los acuerdos reparatorios.
f) La Dirección Provincial de Control y Asistencia Pos Penitenciaria
como órgano estatal de gestión y contralor del cumplimiento de las reglas
de conducta consensuadas u ordenadas en el marco de las medidas.
136 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

2. Articulación entre dichos participantes

Todos estos sujetos procedimentales deberán aunar esfuerzos y tra-


bajar en continua coordinación.
Operativamente, las salidas alternativas deben ser evaluadas en los
primeros momentos del conflicto penal.
Por ello es un desafío para todos estar atentos y articular coordinan-
do acciones conjuntas, las que incluso pueden ser realizadas de modo
informal hasta llegar a los momentos procesales oportunos (audiencias).
Por supuesto que en el devenir de la implementación irán surgiendo
nuevos desafíos que deberán ser afrontados por todos los involucrados en
estos procedimientos alternativos.

IV. Las reglas de conductas en la implementación de las salidas


alternativas

Para lograr la conciliación o acuerdo en estas salidas


“autocomponedoras” las partes intervinientes y los operadores podrán
utilizar como herramientas conciliatorias la proposición de ejecución de
ciertas reglas de conducta, es decir de condicionamientos a desarrollarse
en cabeza del imputado.

1. Naturaleza jurídica de las reglas de conducta

La doctrina no es conteste respecto de la definición y naturaleza


jurídica de las reglas de conducta y ello especialmente por ser utilizada en
institutos diversos entre sí.
Cabe recordar que las reglas de conducta fueron incorporadas a
nuestro ordenamiento jurídico (art. 27 bis C.P.) en 1994 mediante la ley
24.316. En dicha oportunidad se modificó el instituto de la condena de
ejecución condicional y se incorporó la suspensión del juicio a prueba
(arts. 76 bis, 76 ter C.P.), entre otras disposiciones.
Ambos institutos en cuestión a los que se hacen aplicables las reglas
de conducta son diversos esencialmente por la situación procesal del per-
seguido punitivamente, por un lado nos encontramos con un “condenado”
REFORMA PROCESAL PENAL 137

(condena condicional) y por otro con un “inocente” (suspensión de juicio


a prueba).
Por ello se deben extremar cuidados respecto a otorgarle naturaleza
aflictiva con finalidad de prevención especial a las reglas de conducta ya
que sólo ello podría ser viable en casos de condenados (condenas condi-
cionales o procedimientos abreviados) y no así en “probados” (sujetos
sometidos a suspensión de juicio a prueba) o respecto a la innovadora
“mediación penal” donde lo importante será resolver el conflicto sin al-
canzar jamás el status jurídico de “condenado”.
Obviamente los últimos supuestos no tienen carácter punitivo porque
no son la consecuencia jurídica de ningún juicio de culpabilidad.
Las reglas de conducta serán condiciones añadidas que tienen que
asegurar el cumplimiento de una condición principal cual podrá ser -se-
gún el supuesto en aplicación- la de no delinquir, o no volver a generar un
conflicto entre las partes, o apuntalar alguna capacidad de los sujetos o
superar alguna patología, etc., y ello durante el tiempo fijado por el juez
penal o por las partes en el acta acuerdo.
Es decir, es una carga que el sujeto deberá cumplir en algunos casos
en su propio beneficio, en otros en beneficio de la comunidad o con am-
bas finalidades.

2. Programas y alternativas

En dicha línea de ideas y con el objeto de aclarar los conceptos ex-


puestos, podemos enunciar algunos supuestos de reglas de conducta a
desarrollar dentro de diversos programas:
- Programas formativos, culturales, educativos (cursos de educa-
ción sexual, educación vial, educación cívica, de violencia de género, etc.
) con finalidad educativa-correctiva.
- Programas terapéuticos (destinados a agresores o drogadepen-
dientes o alcohólicos en comunidades o instituciones terapéuticas, alco-
hólicos anónimos o planes individuales de intervención y seguimiento) con
finalidad terapéutica.
- Programas de tareas comunitarias (de mantenimiento, adminis-
trativas, de caridad, o específicos en razón de las particulares aptitudes
de los probados (docente, artista, profesional, etc.) y de las circunstancias
y características del conflicto.
138 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

3. Finalidad de las reglas de conducta en las medidas alternati-


vas: herramientas conciliatorias

En la implementación de las salidas alternativas las reglas de con-


ducta deberán ser utilizadas como herramientas coadyuvantes para lo-
grar los acuerdos necesarios.
Los operadores deberán tener en cuenta las diversas posibilidades
de ofrecimiento de reglas de conducta con el objeto de acercar a las
partes al consenso.
Así, por ejemplo, en un conflicto de violencia intrafamiliar se podrá
conciliar con la proposición de la realización de ciertas reglas de conducta
como ser someter al violento o al grupo familiar a un programa terapéutico.

V. El rol de la Dirección Provincial de Control y Asistencia Pos


Penitenciaria (DPCAPP). Programa de Operadores de Prueba
en el Medio Libre y Programa de Ejecución de Reglas de
Conducta

1. Rediseño de la DPCAPP

La institución que en nuestra provincia es y será la encargada de


gestionar y controlar el cumplimiento de las reglas de conducta es la Di-
rección Provincial de Control y Asistencia Pos Penitenciaria (lo que antes
se denominaba Patronato de Liberados, dicho cambio de nominación se
efectuó mediante el decr. 908 de fecha 4 de abril de 2008), que se en-
cuentra dentro del ámbito de la Subsecretaría de Asuntos Penales del
Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Santa Fe.
En el ámbito de dicho Ministerio así como se crearon los Centros de
Asistencia Judicial con sus Oficinas de Asistencia a las Víctimas y las
Oficinas de Mediación Penal para apuntalar y garantizar institucionalmente
la implementación del nuevo enjuiciamiento penal, se rediseñó el antes
Patronato de Liberados, hoy DPCAPP.
Por ello es incumbencia de dicha Dirección, además del control y
asistencia a las personas que han sufrido pena de encierro, la competen-
cia para gestionar y controlar la ejecución de las reglas de conducta que
se apliquen de modo imperativo o consensuado en las salidas alternativas
REFORMA PROCESAL PENAL 139

(además de otros supuestos como las reglas de conducta en las condenas


condicionales).
En dicho sentido, el decr. 2936 de fecha 1 de diciembre de 2008
estableció en su art. 2º que la DPCAPP tendrá como misión (además de
otras): “… asumir el control, la asistencia y el eventual tratamiento
de… imputados con suspensión de juicio a prueba (ley 24.316, arts.
76 ter y 27 bis C.P.) … medidas alternativas o sustitutivas… del jui-
cio penal, cuando el Juez competente así lo dispusiera…”.

2. Tarea diagnóstica

En dicho marco se realizó una ardua tarea diagnóstica, de investiga-


ción y planificación y de posterior ejecución.
Respecto del diagnóstico efectuado se tomaron como referencia los
diversos supuestos en que en nuestra provincia se habían aplicado reglas
de conducta en las suspensiones de juicio a prueba. Así podríamos pun-
tualizar las siguientes cuestiones ante las cuales nos enfrentamos en la
implementación:
- Falta de exigibilidad en el cumplimiento de la reglas impuestas.
- Sensación de impunidad que ello genera en la sociedad toda y, es-
pecialmente en la víctima del delito en cuestión.
- Los sujetos procesales intervinientes son reticentes a aplicarlas y
en los supuestos en que las aplican no actúan coordinadamente entre los
operadores.

3. Programas en vías de implementación. Programa de Operadores


de Prueba en el Medio Libre y Programa de Ejecución de Reglas
de Conducta.

Para lograr la eficiente implementación de las salidas alternativas y


colaborar con los operadores judiciales e instituciones participantes y, rei-
tero, habiendo desarrollado una labor diagnóstica, de investigación y pla-
nificación, en la provincia hoy ya están en vías de ejecución diversos
programas como ser el de Operadores de Prueba en el Medio Libre y el
de Gestión y Control de Reglas de Conducta.
140 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Las etapas en la ejecución de los programas son:


a) Etapa inicial:
- Contactar con diversas instituciones públicas y privadas, poner en
conocimiento la existencia del programa para la implementación de estos
medios alternativos, invitarlas a participar y que nos informen cuales se-
rían sus requerimientos y necesidades reales (tareas de mantenimiento,
administrativas, creativas, acompañamiento terapéutico, lúdicas, etc.) y
la determinación de un cupo para ellas.
- La elaboración de un listado en el que se consignarán las diversas
posibilidades de ejecución de reglas de conducta, los lugares y los reque-
rimientos de específicos de éstos.
- Dichos listados (que se irán actualizando continuamente) serán
entregados a todos los operadores e instituciones que participen en el
procedimiento de las salidas alternativas (jueces penales, Unidades Fis-
cales, Defensoría Penal Pública, Colegios de Abogados, Centros de Asis-
tencia a las Víctimas, Oficinas y Centros de Mediación Penal, etc.).
b) Etapa dinámica:
- Consiste en el trabajo coordinado de todos los participantes para
seleccionar la regla de conducta a aplicar del elenco de posibilidades
mediante el análisis de los requerimientos exigidos y la disponibilidad (cupo)
en la institución propuesta y, por supuesto, en razón de las circunstancias
y aptitudes del probado y del delito de que se trate.
- La coordinación estará a cargo de un operador de prueba en el
medio libre de la DPCAPP, que es quien hará el contacto con la posible
institución para chequear el cupo y los requerimientos sobre el caso con-
creto (si la institución acepta al probado).
c) Etapa de control:
- Por último, una vez establecida la regla de conducta a cumplimen-
tar, el control de su ejecución también estará a cargo de los operadores de
prueba en el medio libre de la DPCAPP.
- Dicho seguimiento se hará por programas o por institución.
- Asimismo, en caso de incumplimiento, los operadores serán quie-
nes efectuarán la comunicación de dicho extremo a las partes intervinientes
o al juez competente para que actúe en consecuencia.
REFORMA PROCESAL PENAL 141

VI. A modo de reflexión

Para finalizar, insisto con que los operadores del derecho (defenso-
res, fiscales y jueces) deberán comenzar el análisis de cada causa cen-
trando la atención en el conflicto penal subyacente y en la búsqueda de la
solución mediante salidas alternativas más humanas y cercanas a la ciu-
dadanía, sin tecnicismos inentendibles ni tiempos procesales alejados del
sentido común, transmitiendo estas soluciones a víctimas e imputados y
difundirlo a la sociedad toda.
Ello, por supuesto, implica un cambio en la visión de todo el sistema
de enjuiciamiento penal y por ende de la organización en la dinámica de
trabajo sea particular o público.
Es fundamental para la real y eficaz implementación del nuevo mo-
delo recurrir a estos medios alternativos, para lo cual debemos estudiar-
los, conocerlos y apostar a su utilización en el convencimiento que son los
caminos adecuados para resolver conflictos y, que sólo las causas que
razonablemente lo ameriten sean llevadas a juicio.
Las reglas de conducta deben ser utilizadas como herramientas en
aquellos supuestos en que sea necesario para llegar al consenso.
De nosotros depende ahora - y no de la ley - la implementación de un
nuevo modo de ser del proceso penal, un proceso penal humano, digno
y transparente.
REFORMA PROCESAL PENAL 143

LA INSEGURIDAD COMO POLÍTICA y LA


DESNATURALIZACIÓN DEL DEBATE SOCIAL

por RICARDO LUIS MASCHERONI

No es mi intención en el presente discutir o analizar si la violencia


está desmadrada o no, si los hechos delictivos y los índices de criminali-
dad, aumentan o disminuyen, si estadísticamente superan o no a los de
otros países, mucho menos minimizar su existencia, implicancia social y
su recurrencia.
Simplemente pretendo descorrer el velo en torno de los intereses que
se mueven detrás de las estrategias comunicacionales de estos hechos y
reflexionar sobre su impacto en el ambiente urbano. Entendido este últi-
mo, como una sumatoria de elementos y variables físicas, como el aire,
uso suelo, construcciones, servicios y los seres vivos y sus interrelaciones.
Dentro de ello, el hombre, su historia, sus realizaciones y su cultura como
mecanismo de inserción a ese medio, en donde eligió o le tocó vivir.
En el plano social, la mejor o menor calidad de vida juegan un rol
central en dicho ambiente, expresada en el derecho a la paz, el trabajo, la
salud, la educación, la vivienda, el esparcimiento, la tranquilidad y todo
aquello que hace al desarrollo integral de la persona. Comprensivo ade-
más de la participación y la elaboración de políticas públicas y del modelo
de sociedad en la que se quiere vivir.
Considero que ese entramado de relaciones y sinergias, unido a un
proceso de debate social, natural, serio, maduro y responsable, son las
claves que posibilitan elevar los niveles de conciencia y el mejoramiento
de las condiciones generales de un pueblo.
En ese contexto, los cambios y reformas son posibles, aunque en el
camino haya sin dudas, enfrentamientos y conflictos de intereses, los que
deberán ser resueltos por la práctica democrática y el respeto de las
diferencias.
144 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

En esa puja, de un lado o del otro, cada uno de los protagonistas,


adopta estrategias y políticas tendientes a difundir e imponer sus visiones
y basamentos ideológicos, lo cual es correcto y entendible, ya que es la
esencia de la democracia.
Tampoco están ausentes en ese proceso, quienes aparentan mante-
nerse al margen de las disputas, pero cuyo objetivo es abortarlo, ya que
pretenden evitar cambios profundos que amenacen sus intereses, con-
quistas o impulsen una mayor o mejor distribución de la riqueza. Aspiran,
a lo más, a un cambio de gobierno o de personas, ya que al decir de
Lampedusa: “es necesario que todo cambie para que todo siga igual”.
Quienes intentan frenar esa efervescencia vivencial y transformadora,
necesitan y operan a favor de una sociedad adormecida, anómica, amor-
dazada y desentendida de la cosa pública.
En otros momentos históricos, los golpes y asonadas militares que,
vaya casualidad, lo primero que prohibían era el derecho de reunión, las
manifestaciones públicas y las peticiones comunitarias, constituyeron el
parate a los cambios.
Desterradas (hasta ahora y deseando que para siempre) estas prác-
ticas nefastas, echan mano a otras, no tan sangrientas aparentemente,
pero igual de eficaces para lograr sus objetivos. Y así, instrumentan me-
canismos y procedimientos de comunicación, periodísticos e informativos
a los fines de variar los ejes de las preocupaciones jerárquicas de la so-
ciedad y paralizar toda actividad deliberativa.
Los otrora políticos de los golpes, “los anímense y vayan” de los que
hablaba Jauretche, han mutado a los políticos del miedo
Seguramente coincidiremos en que pocas cosas o situaciones exis-
ten, más paralizante que el miedo.
Por ello, me atrevo a firmar que en el país, como en otros lados,
existe una verdadera política de la inseguridad con fines económicos,
institucionales, de acceso al poder y el control del Estado y la sociedad.
Que ya no necesita de las fuerzas armadas, sino de los medios de comu-
nicación como ejército de ocupación, por lo menos de las mentes.
Quizás piense si no es un tanto temeraria esta afirmación.
Para despejar este interrogante e intentar explicar el tema, me refe-
riré a dos cuestiones.
En primer lugar dejaremos en claro la definición de “política”, que
no es “el arte de lo posible”, como comúnmente se dice o se cree, sino
REFORMA PROCESAL PENAL 145

que como se desprende de cualquier diccionario: “La política es una acti-


vidad orientada en forma ideológica a la toma de decisiones de un grupo
para alcanzar ciertos objetivos” o “Es el proceso orientado ideológica-
mente hacia la toma de decisiones para la consecución de los objetivos de
un grupo”.
En segundo término apelaré a un hecho de la realidad cotidiana, como
es el campo de la información periodística o mediática.
En este terreno, si observamos la portada de cualquiera de los dia-
rios, revistas o periódicos, nacionales o locales, de mayor o menor tiraje,
lo que primero vemos es la crónica de los hechos violentos y atentados
contra las personas o la propiedad, a lo que podemos sumar los muertos
por la gripe “A”, ocurridos en cada jornada.
No varía el panorama, ni la óptica, si pretendemos enterarnos de
alguna noticia en los medios televisivos o radiales.
Violencia, violencia en las rutas, violencia en las calles, entre los jó-
venes, entre policías y ladrones, en las familias, en edificios, en los ba-
rrios, en los colegios, en fiestas familiares o en boliches bailables. Plazas,
espacios públicos, iglesias, hogares, guarderías no escapan a este flagelo
de la modernidad.
La violencia y la muerte, en ese esquema, se han erigido como
una constante, que atraviesa a todo el cuerpo social y que se extien-
de como una metástasis, imposible de desterrar y que pone en riesgo
la normalidad de la vida.
Frente a la locura y el salvajismo de algunos, la sociedad, a través de
“esas campañas” de difusión, internaliza estas anomalías, y como una
consecuencia natural de toda esa parafernalia, aflora el temor y la inse-
guridad, sobre todo la inseguridad sobre qué nos puede pasar.
Inseguridad sobre nuestro futuro, nuestros bienes, nuestros hijos y
familiares; en consecuencia, el miedo paralizador asoma como un pájaro
de mal agüero que aletea a nuestro alrededor.
En forma directamente proporcional a ello, se alzan voces que cla-
man por más seguridad, mano dura, tolerancia cero, bajar la edad de
imputabilidad penal, penas más rigurosas, más policías con más
equipamientos, armas y tecnologías para combatir el flagelo, algunos has-
ta proponen la pena de muerte, en un país en donde la muerte ha estado
presente como invitado de lujo a lo largo de toda su historia.
146 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Paralelamente con ese incremento del clamor social se organizan


paneles, congresos, jornadas, encuentros y toda otra modalidad de debate
seudo científico sobre la problemática. Aparecen los expertos, los espe-
cialistas, los entendidos, los candidatos cuya única propuesta es bajar los
índices de la criminalidad, los jueces, los penalistas, los criminalistas na-
cionales o importados y en ese contexto, cómo no iban a aparecer los
periodistas especializados, que saltaron en las redacciones, desde un mo-
desto lugar de escribas de las crónicas negras, a la primeras planas de los
medios de comunicación.
Las catilinarias contra los inadaptados sociales y delincuentes se
vuelven cada día más comunes, ocupando todos los lugares y pensamien-
tos del entramado social.
El fútbol, la economía, la política o el ambiente van perdiendo paula-
tinamente protagonismo y terreno frente a la violencia en las discusiones
en la oficina, la mesa familiar, las colas de bancos, super y otros lugares.
El “está jodido, tené cuidado, viste lo que le pasó a fulanito o menganito”,
se transforman en una constante en los diálogos casuales y no tantos.
Se siente miedo, se respira miedo y en consecuencia se actúa con
miedo.
El miedo vacía las calles, las organizaciones sociales, los partidos
políticos, sólo se concurre a aquellos lugares con seguridad, luz y clima
artificial y así, shopping, salas de juego y paseos de compras actúan como
sedantes y adormecedores de la vida social, donde los vigiladores y las
cámaras de filmación pueden detectar a los indeseables y evitar que algo
desagradable ocurra.
En el interior de nuestros hogares, los Tinelli y tantos otros tilingos,
muchas veces disfrazados de analistas y formadores de opinión, conti-
núan con el lavado de cerebros.
Ciertos periodistas en consonancia con estas políticas y siguiendo
lineamientos o bajadas de líneas para nada inocentes, multiplican hasta el
infinito estas sensaciones y se transforman en verdaderas usinas indus-
triales generadoras del temor.
El miedo paraliza, impide actuar, encierra, ciega el entendimiento,
nos vuelve irracionales, desconfiados casi animales, nos aísla, nos con-
funde y sobre todo limita nuestra capacidad de análisis sobre todo lo que
pasa a nuestro alrededor.
Cuando eso inexorablemente ocurre, los políticos del miedo pueden
afirmar: “el objetivo se ha cumplido”.
REFORMA PROCESAL PENAL 147

PRISIÓN PREVENTIVA Y REFORMA


PROCESAL PENAL EN SANTA FE

por LUIS ANTONIO SCHIAPPA PIETRA * y SEBASTIÁN R. NARVAJA **

Sumario: I. Introducción. II. El sistema inquisitivo santafesino. a. La instrucción


y el estado de culpabilidad del reo. b. Encierro sin condena y selectividad policial.
c. La posibilidad de defenderse de las personas sometidas a prisión preventiva. d. El
rol del fiscal. e. La utilización de la prisión preventiva. III. Los valores del nuevo
sistema: la libertad durante el proceso como regla. a. La lógica cautelar de la
prisión preventiva. b. Características salientes del nuevo Código. IV. Consideracio-
nes sobre las modificaciones introducidas por la ley de implementación (ley 12.912)
en materia de prisión preventiva. V. Los desafíos del proceso de implementación.
a. Evitar que el proceso sea un mero trámite. b. Oralizar la toma de decisiones en
la etapa de investigación preparatoria. c. Gestionar la flagrancia: juicios rápidos,
salidas alternativas y manejo del flujo de casos. d. Un servicio eficiente de medidas
cautelares alternativas a la prisión preventiva. VI. A modo de cierre.

I. Introducción

La provincia de Santa Fe se encuentra transitando un importante


proceso de transformación en la administración de justicia penal que tiene
como objetivo esencial pasar de un sistema inquisitivo escriturario a un
modelo acusatorio y plenamente oral.

* Asesor técnico de la Dirección Provincial de Transformación de Sistema Proce-


sal Penal del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Provincia de Santa Fe.
Docente Procesal II (Penal). Facultad de Derecho de la UNR.
** Becario de doctorado de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Universi-
dad Nacional de Córdoba.
148 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Dicho proceso se enmarca en el escenario regional de reformas de


los sistemas de justicia penal de Latinoamérica que -con marchas y con-
tramarchas- se encuentra en pleno desarrollo 1.
Las razones que sostuvieron este proceso de reformas son de diver-
sa índole: la necesidad de adecuar los sistemas de justicia a estándares
democráticos de derechos humanos, los problemas de la eficacia y la
eficiencia (o ineficacia e ineficiencia) del sistema inquisitivo, la necesidad
de paliar la histórica desatención de la problemática de las víctimas de
conflictos relacionados con la ley penal, la lucha por la oralización de de
los juicios (como ámbito central de toma de conocimiento y decisión de
los tribunales), entre otras, han sido y continúan siendo en la actualidad,
buenas razones para avanzar en esa transformación 2.
Es así que desde hace ya más de 20 años contamos con experiencias
reformistas en la región, las cuales se han asentado sobre la construcción
de un discurso crítico sobre el sistema de justicia penal inquisitivo. Este
discurso ha logrado poner en evidencia la incapacidad del sistema de
justicia para dar una respuesta adecuada en términos de respeto a dere-
chos y garantías de las personas acusadas de cometer delitos, como tam-
bién demostrar con creces la anacrónica estructura institucional del siste-
ma y su impotencia para enfrentar con eficacia y eficiencia los fenóme-
nos criminales actuales 3.
El movimiento de reformas se ha consolidado al paso de la constata-
ción empírica del flagrante estado de infracción a los derechos más ele-
mentales de las personas perseguidas penalmente, y con ello, la
deslegitimación de varios de los institutos paradigmáticos del sistema pro-
cesal tradicional.
Entre otros, pero seguramente uno de los más significativos institutos
del sistema inquisitivo, se encuentra el de la prisión preventiva: una he-
rramienta indispensable para el funcionamiento del proceso penal

1
Máximo LANGER, “Revolution in Latin American Criminal Procedure: difu-
sión of legal ideas from the periphery”, en The American Journal of comparative law,
2007, vol. 55.
2
Al respecto ver Informe Comparativo Proyecto “Seguimiento de los procesos
de reforma judicial en América Latina”. Por Cristián RIEGO. Asistente: Fernando SANTELICES.
Disponible en www.cejamericas.org
3
Informe comparativo, ob. cit.
REFORMA PROCESAL PENAL 149

inquisitorial, que ha dado lugar a los más intensos y extendidos debates y


que sigue hoy capturando la atención de académicos, organismos defen-
sores de derechos humanos y organismos y tribunales internacionales.
El problema del uso extendido del encarcelamiento preventivo en los
sistemas inquisitivos latinoamericanos ha sido un motivo de preocupación
en tanto pone en evidencia del modo más descarnado el plano de ilegitimi-
dad en que los éstos funcionan, configurando verdaderos esquemas de
utilización de violencia estatal absolutamente irracional e ilegítima.
En palabras de Zaffaroni: “… el poder punitivo en A. Latina se
ejerce mediante medidas de contención para sospechosos peligro-
sos, o sea que se trata en la práctica de un derecho penal de peligro-
sidad presunta que sobre la base de ésta impone penas sin sentencia
condenatoria formal a la mayor parte de la población
prisionizada…” 4.
Los procesos de reforma a los que nos referimos han avanzado no-
tablemente en materia de tutela de garantía de los derechos fundamenta-
les amenazados por los sistemas de persecución penal y castigo. No obs-
tante, el problema del “preso sin condena en América Latina” continúa
siendo una astilla en los débiles pies de nuestras democracias emergentes
y a pesar de lo mucho que se ha trabajado desde diversos ámbitos, nos
sigue cautivando e interpelando.
Ya han pasado más de 25 años desde que se presentara el estudio
del ILANUD sobre la materia, desarrollando un análisis comparativo de
la situación de 30 países de Latinoamérica, mostrando las miserias de un
modelo regional de justicia penal montado en una falacia de proceso pe-
nal, donde la pena había sido virtualmente sustituida en la mayoría de los
países por el encierro cautelar 5
Este verdadero documento de la historia represiva estatal latinoa-
mericana ponía en evidencia, ya por aquellos días, que la problemática de
la prisión preventiva en particular no podía ser analizada sino en el con-
texto del modelo del proceso penal en el que la medida operaba 6, ofre-

4
Eugenio Raúl ZAFFARONI, El enemigo en el derecho penal, Buenos Aires, Ediar.
5
“El preso sin condena en América Latina y el Caribe”, ILANUD, Costa Rica,
Naciones Unidas, 1983, Elías CARRANZA, Mario HOUED, Luis Paulino MORA y Eugenio
Raúl ZAFFARONI.
6
Ob. cit., pág. 25 y ss.
150 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

ciendo como conclusión que los elevados niveles de presos sin condena
no eran el resultado de “un uso abusivo” de una alternativa procesal pen-
sada para la excepción, sino muy por el contrario, un elemento estructural
intrínseco del sistema inquisitivo continental europeo.
Pues bien, desde hace ya más de veinte años, la región latinoameri-
cana ha sido atravesada por un sinnúmero de procesos de reforma a los
sistemas de justicia penal, avanzando hacia modelos adversariales y
oralizados, acuñados bajo el paradigma del respeto a los preceptos del
derecho internacional de los derechos humanos y en este contexto la
problemática de la prisión preventiva, antes que agotarse, ha vuelto a ser
puesta en discusión.
Es que en muchos países de la región, la legislación sobre medidas
cautelares -que fue diseñada de manera restrictiva en los inicios de los
procesos de reforma- parece ahora recibir cuestionamientos de manera
sistemática y fatal dando un giro hacia el endurecimiento del régimen
cautelar, con el declarado objetivo de que las personas que transitan por
un proceso penal lo hagan privadas de la libertad.
Defectos estructurales en el funcionamiento de los procesos re-
formados y verdaderos embates de neto corte ideológico respecto a la
manera de regular la forma en que el Estado despliega violencia legí-
tima, pueden sintetizar la esencia de estos renovados “golpes contra-
rreformistas” que sufren los procesos acusatorios de la región en ma-
teria de prisión preventiva.
Herramienta práctica y conveniente para las agencias públicas de
reparto de violencia, la utilización irrestricta de la prisión preventiva se ha
convertido en un reclamo permanente de las mismas (impulsadas por un
generoso espacio en los medios masivos de comunicación) bajo slogans
exitistas y cataclísmicos sobre variables falaces de funcionamiento de la
política criminal de nuestros estados.
Y más allá del reproche a algún discurso irresponsable o tenden-
cioso, lo cierto es que los problemas de seguridad pública de las gran-
des ciudades latinoamericanas están exigiendo cada vez más un ma-
yor involucramiento, compromiso y respuesta de parte de la “reforma
procesal penal”.
En este contexto entendemos que avanzar hacia niveles más raciona-
les y respetuosos del uso de la prisión provisional en resguardo de los dere-
chos humanos de las personas, continúa siendo una deuda pendiente de
REFORMA PROCESAL PENAL 151

nuestras democracias y un desafío en miras al futuro de estos procesos de


transformación de los sistemas de investigación y juzgamiento de delitos 7.
En fin, la problemática es compleja y seguramente sea el lugar de
discusión del proceso penal donde más se pone en tela de juicio la legiti-
midad del sistema que, bajo declamaciones garantistas sobre la vigencia
del derecho a un juicio previo, oculta un esquema de funcionamiento
articulado prioritariamente sobre la prisionización de personas inocentes.
Es que los avatares por los que ha atravesado el uso de la prisión preven-
tiva y sus ilegítimos usos -que no son para nada novedosos ni originales-
constituyen capítulos indispensables para el análisis del grado de atropello
de parte de los Estados a los derechos individuales de las personas.
El siguiente trabajo se propone dos objetivos:
i. presentar la situación del uso de la prisión preventiva en el contexto
del sistema penal inquisitivo de la provincia de Santa Fe, haciendo un
análisis crítico del estado de la cuestión; y
ii. a partir de los avances que a esta altura del proceso de reforma
puede mostrar la provincia, desarrollar aportes críticos para la discusión
con base en la experiencia comparada de los procesos de reforma proce-
sal penal en la región.

II. El sistema inquisitivo santafesino

Durante las últimas décadas, la provincia de Santa Fe se ha conver-


tido en un ejemplo de conservadurismo en materia de justicia penal.
Desde la década del ‘40, tras la reforma procesal penal de la provin-
cia de Córdoba, a través del modelo diseñado por Soler y Vélez Mariconde,
que estableció un esquema de tipo inquisitivo moderado, incorporando la
metodología de audiencias orales parcialmente públicas y adversariales,
muchas provincias argentinas comenzaron a adoptar el modelo propues-
to, sin dudas más adecuado al paradigma constitucional que el tradicional
modelo inquisitorial plenamente escrito, propio del sistema colonial.

7
Ver entre otros: Prisión preventiva y reforma procesal penal en América Lati-
na: evaluación y perspectivas, Centro de Estudios de Justicia de las Américas, Santiago,
Chile, abril de 2009. Disponible en www.cejamericas.org
152 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Casi cincuenta años más tarde, luego de los trabajos desarrollados


por José I. Cafferata, Julio B. J. Maier y Alberto Binder, entre otros, para
la reforma de la justicia penal federal, muchas provincias comenzaron a
avanzar hacia modelos más cercanos al paradigma de juicio público
adversarial. Tales los casos de Tucumán, Córdoba, Buenos Aires, Mendoza,
Chaco, Catamarca, Chubut, La Pampa, Entre Ríos y la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires.
Santa Fe se incorpora a dicho proceso de reformas en el 2007, con la
sanción de la ley 12.734 8.
El nuevo sistema, vigente sólo de modo parcial en la actualidad, vie-
ne a iniciar la transición para abandonar un esquema procesal propio de
concepciones pre ilustradas.
A continuación, desarrollamos un somero repaso de los caracteres
más relevantes del modelo culturalmente instalado en materia procesal
penal, con particular relación con la utilización de la prisión preventiva.

a. La instrucción y el estado de culpabilidad del reo

El esquema procesal se encuentra estructurado con la instrucción


formal y escrita como eje, bajo el mando de la figura del juez de ins-
trucción como funcionario a cargo de la inquisición sobre la posible
comisión de delitos.
Con base en una concepción que equipara la sospecha (originaria
con la delación - categorizada eufemísticamente como notitia criminis-)
a la culpabilidad, hasta tanto el proceso de indagación exima al reo de
culpabilidad, la maquinaria opera con la detención como disparador de

8
Pueden contarse varios intentos de modificaciones (la más importante fue la ley
6740 de 1972), desde el anteproyecto de 1942 hasta la 12.162 del 3 de diciembre de 2003.
En los ‘90 y a pesar de las demandas de modernización y adecuación a los principios
fundamentales manifestados en la reforma de la constitución federal (1994), y de las
consecuencias de tal magna modificación -como la incorporación a nuestro ordenamiento
interno de diversos instrumentos internacionales (art. 75 inc. 22 C.N.)- la reforma se veía
lejana. Un par de años antes se había gestado un anteproyecto de Código Procesal Penal
(coautoría de los Dres. Víctor CORVALÁN, Jorge VÁZQUEZ ROSSI, Julio de OLAZÁBAL y
Ramón RÍOS) que en definitiva es la base del nuevo ordenamiento y en el que se plasmaban
las principales ideas reformistas de la época.
REFORMA PROCESAL PENAL 153

una investigación que tiene al sospechoso como guía metodológica de


ésta. La sospecha (cuya configuración, en la práctica, no es una catego-
ría susceptible de ser efectivamente controlada), opera como signo
habilitante de la imposición del encierro, con la evaluación de la situación
del imputado a cargo del funcionario responsable de la persecución, sin
sujeción a plazo perentorio alguno, como único límite.
El sistema opera linealmente, como un trámite burocrático de control
de la verosimilitud de la incriminación del detenido, bajo la apariencia de
un proceso garantizador de algún nivel de objetividad, con la verdad real
como mantra purificador.
En efecto, el trámite continúa con el momento de evaluación conoci-
do como la resolución de la situación del imputado 9 que usualmente
opera como una gestión de constatación formalista y rígida de la existen-
cia de una serie estandarizada de actas y de constancias escritas, con la
presunción de verdad tras las formas como reaseguro de la operatividad
incriminante de la sospecha. En efecto, la instancia dista enormemente
de ser un escenario de evaluación exigente de la calidad de la informa-
ción para la toma de decisiones judiciales, con base en, al menos, dos
versiones contrapuestas de la misma historia.
La no destrucción del estado de sospecha, actúa a través del proce-
samiento o cuasi ex condena y la imposición de la prisión preventiva de
manera automática, a un reo que sólo se encuentra a algunas fojas de
distancia del preciso cómputo de la pena.
Así, la prisión preventiva opera en la realidad como un adelanto de pena
que el juicio escrito ocultará bajo una pila suculenta de actas. Es que en la
práctica, el procesamiento, una vez firme, es una suerte de proyecto de sen-
tencia definitiva cuya suerte será muy difícil de variar durante el “juicio”.

9
El Código Procesal Penal todavía vigente (según ley 6740) ofrece en esta instan-
cia tres opciones al juez de instrucción: dictará el auto de procesamiento cuando hubiere
elementos suficientes reunidos en la causa que permitan asumir con grado de “probabili-
dad” la ocurrencia del hecho y participación del acusado (art. 325 C.P.P.), cuando el grado
de convicción fuere el de “duda” corresponde el dictado del auto de falta de mérito (art.
327) y, sin perjuicio de la prosecución de la causa, ordenarse la libertad del acusado si
estuviere detenido; por fin, cuando hubiere certeza de que el hecho no ocurrió o el
acusado no tuvo participación en él o que operó alguna causal extintiva del la acción
penal, deberá dictarse el sobreseimiento (art. 356 C.P.P.).
154 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

En verdad, la reacción del sistema ante el fenómeno delictivo es la


imposición de la prisión preventiva, que perdurará durante el tiempo que
dure el trámite procedimental hasta el arribo de la sentencia. Lo que
hemos llamado “juicio”, en Santa Fe, no tiene mayor sentido: la persona
ya sufrió las consecuencias posibles del juicio penal, ha estado condenado
(sin juicio) desde el primer día. El proceso se ha erigido como la más
importante pena.
Por su parte, buscar la revisión de la “medida cautelar” suele resul-
tar un recurso defensista inocuo, en la medida que el tribunal de alzada
utilizará como “sustrato fáctico” de su decisión el mismo sumario cons-
truido y revisado por el inquisidor.
Opera como criterio rector una suerte de regla de tres simple que
tiene por extremos: el monto de pena amenazado en abstracto conforme a
la figura legal imputada en la indagatoria, por un lado y las posibilidades de
confirmación de la prisión preventiva impuesta por el instructor, por otro.
Algún operador que se toma en serio la vigencia de la Constitución
Nacional y las normas internacionales de derechos humanos incorpora-
das a ella, podrá objetar la precisión de la descripción del sistema que
proponemos y estará en lo cierto. No pretendemos describir con exacti-
tud todos y cada uno de los casos, los juzgados, las cámaras o el compor-
tamiento de los funcionarios a cargo de los oficios, sino la lógica sobre la
que el sistema, sus normas, prácticas y procesos de trabajo están
estructurados y conforme al cual funcionan.

b. Encierro sin condena y selectividad policial

La utilización de la potestad de ejercicio de violencia estatal como


herramienta de control social de los sectores más desfavorecidos y vul-
nerables de la población es confiada, por otra parte, a las agencias policiales
del sistema.
En efecto, la aplicación de penas sin juicio que describimos, no es
aplicada selectivamente por los jueces que, después de todo, cuentan
con algún nivel formal de legitimidad política, en tanto avalados por el
Poder Legislativo en su designación. Los operadores judiciales encar-
gados de dirigir la actividad de persecución penal carecen de estrate-
gias de orientación prioritaria de sus recursos y en la práctica opera una
REFORMA PROCESAL PENAL 155

delegación incontrolada de la política criminal en las agencias policiales


que operan a partir de las lógicas y prácticas que una institución de
siglos ha sabido forjar.
El sistema en este punto “naturaliza” el fenómeno criminal: los he-
chos delictivos están plasmados en normas, ellos en el plano de la realidad
“ocurren”, luego, no hay más caminos que la persecución de todos y la
sanción de los responsables.
Claramente, no existe una localización institucional que dé cuenta del
fenómeno criminal y de su gestión como instancia de definición política
(ya de evaluación de recursos, ya de establecimiento de prioridades de
persecución, de análisis de costos sociales de los hechos delictivos, etc.).
Hacerse cargo de la gestión de criminalidad requiere de una preocupa-
ción (y ocupación) institucional -que en los sistemas reformados viene
estando en cabeza de los Ministerios Públicos- que el programa inquisiti-
vo no ha tenido en agenda 10.
El sistema, estructuralmente colapsado, funciona con base en la fic-
ción de la ejecución plena del plan estatal de criminalización primaria. La
contrapartida terrenal de dicha ficción consiste en un sistema de reparto
de la pulsión punitiva a través del trámite procesal. Claramente, la finali-
dad del proceso no parece ser la declamada de encontrar la verdad sino
la de someter a control penal a una “x” porción de la sociedad, a través de
la sujeción a un trámite que, en los casos en que no exista una persona
presa, continuará abierto por tiempo indeterminado, predestinado al cajón
de la prescripción.
Sólo un porcentaje marginal de dichos casos llegan a un final relati-
vamente pronto y cierto (una condena): las “causas con preso”.
Pero, ¿cómo logra una causa pedestre y prescriptible convertirse en
una “causa con preso” y a merecer una decisión jurisdiccional definitiva?
La respuesta a dicho interrogante en buena medida está dada por las
lógicas que gobiernan y orientan las prácticas policiales. Los casos de

10
Esta materia todavía sigue estando muy lejos de tener un tratamiento adecuado
por los sistemas reformados, constituyendo uno de los aspectos más dificultosos de
transformación. El camino por recorrer resulta tan complejo como necesario para la
modernización de la persecución criminal, lograr estándares de eficacia y realización de
los derechos individuales por lo menos razonables. Al respecto, ver De las repúblicas
aéreas al Estado de derecho de A. BINDER- OBANDO, Buenos Aires, Ad-Hoc.
156 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

que hablamos son, prioritariamente, las aprehensiones que realiza la poli-


cía cuando considera que se ha configurado un hecho flagrante.
La realidad es que el sistema de justicia penal se ocupa priorita-
riamente de los casos seleccionados por la policía 11 calificados como
flagrantes y remitidos a los oficios judiciales con un preso por cuer-
da separada.
De tal modo, una alquimia de contravenciones “convertidas” en
delitos, un sistema de francos y licencias organizado con la cifra de dete-
nidos como unidad de medida, un sistema de prueba tasada que otorga
plena fe a las actas policiales, sistemas de recaudación “informal”, prác-
ticas burocratizadas de los organismos de control y un abanico frondoso
de estereotipos, es el procedimiento a través del cual se orienta la política
pública que establece quiénes, cómo y bajo qué circunstancias serán con-
ducidos a las jaulas del Estado.
En definitiva, los casos seleccionados y categorizados como
“flagrancias” por las agencias administrativas se constituyen en los insumos
de un sistema que recibe “causas con preso” y las tramita a través de un
proceso de “legitimación” de las decisiones de selección tomadas por las
referidas agencias.
Asimismo, en la medida que la pena amenazada en abstracto,
conforme la calificación legal establecida al momento de la indaga-
toria al reo incluya a un caso dentro de la categoría de los “delitos
inexcarcelables”, la regla será la de la aplicación de la prisión preven-
tiva de manera automática.
Y para más, en la mayoría de estos casos la prueba para el juicio se
encuentra reunida el día de la aprehensión, a pesar de lo cual la duración
del proceso se extiende injustificadamente durante meses o años, dilatan-
do una situación de encierro sin juicio, sin que exista una necesidad de
desarrollo de una investigación que lo amerite 12.

11
La forma en que opera este proceso de selección es bastante complejo. El rol de
la policía es de gran influencia, pero claramente no es el único factor que incide en él. Los
estudios criminológicos han dado suficiente cuenta de este proceso que claramente excede
los objetivos de este trabajo. Entre muchos otros, Alesandro BARATTA, Criminología
crítica y crítica al derecho penal, Siglo XXI.
12
Hay varias experiencias comparadas donde podemos observar el trato de la
flagrancia a partir de nuevas lógicas organizacionales que permitan aprovechar mejor los
REFORMA PROCESAL PENAL 157

Esta situación además de lesionar derechos y garantías de los impu-


tados, genera fuertes incentivos en todos los operadores del sistema para
reproducir y legitimar esas prácticas. Basta ver la cantidad de condenas
que “se tienen por cumplidas” con el tiempo que el acusado lleva detenido
en prisión preventiva supuestamente a la espera del juicio (etapa procesal
que es transitada sin producción de prueba por las partes y donde se
dictan fallos a partir de las obtenidas en la instrucción). Y ya vemos los
reclamos de los presos preventivos pidiendo se los “condene”,… nada el
pájaro y vuela el pez.
Este es sólo un ejemplo de cómo operan estas prácticas “tribunalicias”
en un contexto de supresión absoluta del concepto de “juicio previo” re-
emplazado por la noción de “hacer un expediente”.

c. La posibilidad de defenderse de las personas sometidas a


prisión preventiva

Desarrollar una actividad efectiva de defensa contra este modo de


operar del sistema no es una posibilidad cierta de las personas sometidas
a encierro preventivo en la provincia.
Por una parte, el sistema regula de manera formal la participación
del imputado y su defensa durante el desarrollo del proceso, sin ofrecer
instancias en las que éstos puedan oponerse con posibilidad de éxito a las
pretensiones del perseguidor, ante un tercero imparcial que garantice igual-
dad de armas y reglas de juego justo. Asimismo, las prácticas de los tribu-

recursos y hacer más eficiente la gestión de estos conflictos que no tienen ningún tipo de
dificultades en términos probatorios, y en donde el paso del tiempo constituye un
obstáculo para la realización de la ley penal. Las transformaciones pasan fundamental-
mente por organizar sistemas de gestión donde las decisiones previas al juicio oral se
tomen en audiencia pública, y en esta nueva lógica, organizar sistemas que se hagan cargo
de la flagrancia. Para ver experiencias de innovación en materia de oralización de etapas
previas al juicio ver: La reforma procesal penal en Ecuador. Experiencias de innovación,
por Diego ZALAMEA LEÓN, Centro de Estudios de Justicia de las Américas. Disponible en
http://www.cejamericas.org/doc/proyectos/reformaprocesalpenal_ecuador_VVol.pdf; y
en lo que refiere puntualmente a la gestión de la flagrancia ver: Informe de evaluación del
proceso de fortalecimiento del sistema acusatorio de la provincia de Buenos Aires – Plan
de flagrancia, Centro de Estudios de Justicia de las Américas. Por Luciano H. HAZÁN y
Alan IUD. Disponible en http://www.cejamericas.org/doc/proyectos/RPP_V.pdf.
158 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

nales tampoco han avanzado hacia esquemas más adecuados de ejerci-


cio del derecho de defensa, de acuerdo con lo establecido por la normati-
va vigente en materia de derechos fundamentales.
Por otra parte, la situación de efectiva indefensión de las personas
sometidas a proceso tiene origen en realidades extendidas de pobreza y
defectuosas políticas públicas que contrarresten las carencias propias de
situaciones económicas de vulnerabilidad.
La selectividad a que nos hemos referidos es también una selectivi-
dad regresiva, que pone la mira de la persecución penal pública sobre los
sectores más empobrecidos de nuestras sociedades.
En concreto, el resultado en el campo a que nos referimos es que
más del ochenta por ciento de las personas sometidas a proceso carecen
de medios económicos suficientes para contratar a un abogado de su
confianza que los asista en el ejercicio de la defensa en general y en
particular en cuanto a la posibilidad de controvertir la aplicación de la
prisión preventiva durante el proceso.
Es decir que la mayoría de las personas sometidas a proceso se ven
obligadas a recurrir los servicios de un defensor público.
Garantizar la efectiva posibilidad de contar con un abogado que se
haga cargo con suficiencia de ejercer la de defensa en juicio de los impu-
tados no ha sido un punto relevante en el diseño institucional de los siste-
mas de corte inquisitivo, en los que un abogado que represente con exclu-
sividad los intereses del reo es visto como una enorme molestia 13.
El sistema público de defensa penal es raquítico. La relación entre la carga
de trabajo y la cantidad de defensores con los que la estructura cuenta es por sí
sola una confesión de violación de los derechos humanos más básicos.
La falta de recursos del sistema de defensa provoca que muchas veces
la intervención de los defensores termine consistiendo en un trámite formal
que tiene por único fin evitar la producción de nulidades en los procesos.
Algunos datos corroboran estas apreciaciones: el departamento Ro-
sario constituido por la ciudad de Rosario y alrededores, cuenta con
1.245.673 14 de habitantes. Para esta población, en la actualidad el siste-

13
Ver Manual de Defensoría Penal Pública para América Latina y el Caribe.
Centro de Estudios de Justicia de las Américas y Programa de Naciones Unidas para el
Desarrollo, PNUD. Disponible en www.cejamericas.org
14
Datos aportados por el IPEC. Disponibles en www.santafe.gov.ar
REFORMA PROCESAL PENAL 159

ma cuenta con seis defensores penales. Estos números nos arrojan un


defensor cada 207.612 habitantes.
La otra región más poblada de la provincia es en el departamento La
Capital, donde la concentración poblacional se da en la ciudad de Santa Fe
(capital de la provincia) y su zona de influencia. Allí existen actualmente
cuatro defensores penales y una población aproximada de 547.496 15 per-
sonas. En este caso contamos con un defensor cada 136.874 habitantes.
Este preocupante escenario termina de completarse cuando lo cote-
jamos con los datos de conflictividad que en estas zonas existe y la conse-
cuente carga de trabajo de los defensores generales, que son los que
soportan la mayor carga del sistema.
En el departamento Rosario para el año 2007 fueron registrados por
fuentes policiales 89.403 delitos y en la ciudad de Santa Fe el número
total de delitos informados para el mismo año fue de 30.395 16.
Tomando como base estos datos y suponiendo que todos se
judicialicen (que en miras a las mismas estadísticas prestadas por la
C.S.J.N. respecto de la cantidad de causas ingresadas permite suponer
que ello así ocurre en años anteriores, o por lo menos las diferencias son
mínimas 17) podemos concluir que a cada defensor de la ciudad de Rosa-
rio en el año 2007 le “ingresaron” 14.900 causas para que ejerza su de-
fensa y a cada uno de los cuatro defensores penales de la ciudad de
Santa Fe, 7.598 causas.
Pero además de la deficiencia de recursos (humanos y materiales) la
defensa penal constituye un cuerpo sin una identidad institucional fuerte,
al igual que en la mayoría de los sistemas de corte netamente inquisitorial.
El paso por el cargo de defensor, al igual que el de fiscal, componen los
peldaños inferiores de una carrera judicial monolítica en la que planteos
que prioricen los intereses de los defendidos por sobre las buenas relacio-
nes entre “compañeros de trabajo” no son una buena carta de ascenso.

15
Datos aportados por el IPEC. Disponibles en www.santafe.gov.ar
16
Los datos fueron aportados por la Secretaría de Seguridad Pública del Ministe-
rio de Seguridad de la Provincia.
17
Ver Diagnóstico - Memoria - Informe del Poder Judicial de la Provincia de
Santa Fe, C.S.J. de la Provincia.
160 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Muestra cabal de esta situación es que la cabeza de la institución es


el procurador general ante la Corte, quien, además de integrar la Corte de
Justicia, es también el superior de los fiscales del sistema 18.
Este esquema, absolutamente incompatible con una idea de fuerte
división de roles y de estructura de contrapesos republicanos funciona,
sin embargo, sin generar roces. Constituye, de tal modo un sistema de
matriz autocrática cuyo peso cae sobre las espaldas de los más débiles
con el consentimiento cotidiano de organizaciones públicas y privadas
vinculadas al sistema penal que, salvo honrosas excepciones 19, sólo muy
recientemente han atinado a generar alguna crítica al sistema.
El resultado de tal situación es que, en el mejor de los casos y mer-
ced al esfuerzo individual de algunos funcionarios con vocación de servi-
cio, la actividad defensiva de las personas más pobres durante la instruc-
ción acaba siendo un control formal de la actividad de los operadores del
sistema de justicia.
En definitiva, la actividad defensista del servicio público termina legi-
timando procesos de juzgamiento y condena de imputados que bajo un
delgado manto de legalidad aparente oculta un verdadero esquema de
reparto arbitrario de castigo que no respeta los más básicos derechos y
garantías individuales.
Los operadores de los servicios públicos de defensa, a los que la cultu-
ra judicial tradicional asigna el papel de asistentes del órgano judicial en la

18
El art. 84 de la Constitución de la Provincia dispone que la Corte Suprema está
compuesta por cinco ministros y un procurador general. La Constitución de la Provincia
no organiza un Ministerio Público, sino que éste cuenta con una organicidad legal, en la
L.O.P.J. (ley 10.160 y modificatorias), que es la que regula las funciones de conducción
y representación del Ministerio Público en cabeza del procurador general. Ello viene a
cuento porque la nueva normativa sancionada por la legislatura crea el Ministerio Público
de la Acusación, cuya cabeza y conducción está a cargo de otro funcionario, denominado
en la ley fiscal general de la provincia. El cargo es periódico, durando el mismo un período
de 6 años no renovables. Ley 13.013, promulgada el 13 de octubre de 2009.
19
Por supuesto que una de ellas la constituye la histórica batalla que han dado las
universidades y facultades de derecho, quienes a partir de sus cátedras de derecho penal
y derecho procesal penal han perseverado en desnudar las lesiones a los derechos y
garantías generados por este sistema.
REFORMA PROCESAL PENAL 161

búsqueda de la verdad, carecen de una verdadera capacidad de interpelar


al sistema y exigir procedimientos acordes a los mandatos constitucionales.
Es que la inquisición no sólo ha desmerecido la función del abogado
defensor con miras a una supuesta “realización de justicia”, sino que ade-
más ha configurado un obstáculo estructural y cultural para la compren-
sión del rol del abogado defensor en un sistema respetuoso de la integri-
dad de las personas. Ha moldeado un sistema de defensa burocrático,
“caritativo” y subordinado 20 a la organización judicial que resulta insufi-
ciente para cumplir con las más mínimas exigencias que hoy demanda la
comunidad y a la que están obligados los estados.
En este contexto, contar con la asistencia adecuada en la declara-
ción indagatoria (¡tener la oportunidad de poder conferenciar previa-
mente con un abogado¡) se convierte en uno de los mayores anhelos de
una persona bajo proceso.

d. El rol del fiscal

Por su parte, la estructura y función asignada a los fiscales es abso-


lutamente marginal. Los agentes del Ministerio Público son los “grandes
notificados” del sistema, mas no cuentan con ninguna función esencial.
Máxime cuando su principal función, la de levantar la barrera de la perse-
cución penal ha sido sistemáticamente puesta en duda, legitimando el va-
lor investigativo de la prueba producida en sede policial sin que medie
requerimiento de instrucción y sin que se trate de “actos urgentes” o
poniendo en segundo plano el hecho de que el fiscal sostenga o no la
acusación en el momento de clausura del plenario.
El fiscal es poco menos que una figura decorativa en este escenario,
sin ningún tipo de responsabilidad en la persecución pública y en la toma
de decisiones sobre el curso del proceso penal.

20
Manual de Defensoría Penal Pública para América Latina y el Caribe, Centro
de Estudios de Justicia de las Américas y Programa de Naciones Unidas para el Desarro-
llo, PNUD. Disponible en www.cejamericas.org
162 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

e. La utilización de la prisión preventiva

Veamos seguidamente algunos datos que reflejan el uso de la prisión


preventiva en nuestra provincia.
Un elemento de gran importancia y no siempre tenido en cuenta es el
exponencial aumento de personas prisionizadas en el país y también en
nuestra provincia. En el gráfico siguiente (Gráfico Nº 1) podemos ver el
porcentaje de personas cada cien mil habitantes alojadas en lugares de
encierro en la provincia de Santa Fe, desde 1996 al año 2007 21.

Evolución del porcentaje de personas encarceladas


Cada 100.000 habitantes

Gráfico Nº 1. Fuente: Servicio Penitenciario de la Provincia de Santa Fe. INDEC

Un alto porcentaje de la población encarcelada se encuentra ence-


rrada en comisarías y otras dependencias policiales. Dado que los datos
disponibles y volcados en el gráfico no reflejan tal situación, éste presenta
un estado de situación incompleto.

(21) El dato ha sido obtenido del documento presentado por el Gobierno de la


Provincia de Santa Fe, Ministerio de Seguridad, Secretaría de Asuntos Penitenciarios:
“Hacia una política penitenciaria progresista en la provincia de Santa Fe. Documento
Básico”, disponible en www.santafe.gov.ar
REFORMA PROCESAL PENAL 163

El cuadro siguiente presenta el aumento de la cantidad de población


en situación de encierro cuando cotejamos datos aportados por la Policía
de la Provincia. Veremos que con los datos aportados por fuentes policiales
se eleva considerablemente el porcentaje de personas prisionizadas 22,
aunque marcando un leve descenso hacia el año 2007.

Privados de libertad cada 100.000 habitantes en la Provincia de Santa Fe

Gráfico Nº 2. Fuente: Servicio Penitenciario de la Provincia de Santa Fe

En el contexto que venimos analizando, el aumento de la población


en prisión resulta un dato altamente preocupante puesto que el mayor
porcentaje está compuesto por presos preventivos o sin condena firme.
En los tres cuadros siguientes se expone claramente la situación
descripta. Los gráficos han sido elaborados a partir de datos obtenidos
del Servicio Penitenciario de la Provincia de Santa Fe 23 y de la Policía de
la Provincia de Santa Fe, correspondientes al mes de junio de 2009.

22
Documento Base “Hacia una política penitenciaria progresista para la Provin-
cia de Santa Fe”. Citado.
23
Agradecemos especialmente al director provincial del Servicio Penitenciario de
la Provincia, Dr. Mariano Bufarini, que ha prestado absoluta colaboración en la entrega de
los datos requeridos.
164 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Cantidad de condenados y procesados alojados en comisarías


y/u otras dependencias policiales

Gráfico Nº 3. Fuente: Policía de la Provincia de Santa Fe.

Población total de personas procesadas y condenadas


en lugares de detención - Año 2009

Gráfico Nº 4. Fuente: Policía de la Provincia de Santa Fe y Servicio Penitenciario.


REFORMA PROCESAL PENAL 165

Porcentajes totales de procesados y condenados

Gráfico Nº 5. Fuente: Policía de la Provincia de Santa Fe y Servicio Penitenciario.

Evolución de los condenados y procesados alojados en unidades


dependientes del servicio penitenciario de Santa Fe 1996 - 2009

Gráfico Nº 7. Fuente: Servicio Penitenciario de la Provincia de Santa Fe /INDEC

Creemos que la lectura que concluye a partir de estos datos, que no


hacen más que mostrarnos una “mala” utilización de la prisión preventiva
es, por lo menos, un análisis naif de la cuestión. Por el contrario, esta
dinámica de utilización del encierro sin juicio es una herramienta de dise-
ño institucional indispensable del sistema inquisitivo, a través del cual ges-
tiona el fenómeno criminal.
Refiriéndonos al respeto de los derechos que corresponden a las per-
sonas detenidas sin condena, corresponde hacer mención al problema de
las condiciones de encierro. Como podemos advertir en los datos expues-
166 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

tos, un gran porcentaje de la población encarcelada se encuentra encerrada


en comisarías o dependencias, las que regularmente no reúnen siquiera
condiciones mínimas de salubridad, de tal modo que se agrega a los proble-
mas hasta aquí referidos, el de la violación a la dignidad de las personas. El
exponencial aumento de la población penitenciaria de la provincia se cons-
tituye en un factor determinante de la configuración de tal situación.
Entendemos que para habilitar la imposición de la medida de encie-
rro preventivo (por parte del juez de instrucción, en el actual sistema y/o
tribunales de alzada) debiera evaluarse en el caso concreto que se en-
cuentre garantizado como lugar de destino de la persona encarcelada una
plaza que cumpla con los estándares mínimos de respeto a la integridad
humana. Resultaría una buena práctica oponerse al dictado de una prisión
preventiva cuando no están dadas estas garantías, convirtiendo este dato
en presupuesto necesario de su dictado o imposición.

III. Los valores del nuevo sistema: la libertad durante el


proceso como regla

a. La lógica cautelar de la prisión preventiva

La provincia de Santa Fe ha modificado su Código Procesal Penal a


partir de la sanción de la ley 12.734, que todavía no está vigente en su
plenitud. Esta norma cambia el enfoque del uso de la prisión preventiva,
incorporando así los lineamientos característicos que la reforma procesal
penal vino a proponer como nueva lógica del instituto, con base en una
concepción estrictamente instrumental y cautelar de los fines del proceso.
El sentido de la prisión preventiva tiene entonces un nuevo enfoque y
diverso sustento, en tanto resulta un instrumento dispuesto para garanti-
zar que se realice el juicio oral y sus consecuencias. Esta perspectiva
“cautelar” de la prisión preventiva asume algunos presupuestos que vale
la pena apuntar.
En primer lugar, en el nuevo diseño, el sistema acusatorio (a partir de
un régimen “cautelar” de aplicación de la prisión provisional) opera un
cambio respecto de la concepción de la persona imputada.
No es un objetivo del sistema (declarado u oculto) la obtención de
su confesión. Por el contrario, resulta un elemento central el respeto a
REFORMA PROCESAL PENAL 167

los derechos y garantías de las personas perseguidas penalmente; y


en particular el reconocimiento del derecho a no ser coaccionado a
declarar en su contra y a ser tratado como un inocente durante el
desarrollo del proceso penal.
Si bien éstas pueden ser tomadas como declamaciones que en el
sistema inquisitivo vigente también estaban presentes, lo que resulta claro
es que el nuevo esquema genera un contexto que permite construir los
resortes necesarios para garantizar que la utilización excepcional de la
prisión preventiva se consolide como práctica efectiva (división de las
funciones de investigación, persecución penal, defensa y juzgamiento,
control de vigencia de garantías a través de sistemas de audiencias, etc.)
Para que esta nueva lógica de utilización de la prisión preventiva se
imponga, es menester que cobre protagonismo de manera central la juris-
dicción encargada de velar por las garantías de las personas investigadas.
Es que la reforma propone una transformación sustancial de la estructura
del proceso penal, estableciendo una clara diferenciación entre las fun-
ciones de investigar los delitos y las de velar por la vigencia de los dere-
chos y garantías de las personas sujetas a esa investigación.
Sabemos que esta función, en los sistemas inquisitivos, está colocada
en cabeza de una misma autoridad 24 (fiscales o jueces de instrucción).
Ello ha generado en la práctica que la función de control de las garan-
tías quede virtualmente enervada en la medida que la necesidad de pro-
seguir avanzando con la investigación presenta incentivos más fuertes
para quien es depositario de las expectativas sociales de eficacia en la
persecución penal.
La solución institucional a esta insalvable dualidad de responsabilida-
des asignadas a un mismo órgano consiste en la conformación de una
judicatura encargada de velar por el cumplimiento de las garantías duran-
te la investigación previa a la realización del juicio oral, con incentivos de
trabajo propio y absolutamente ajeno a los vinculados a la persecución y

24
Por lo general, estas funciones estuvieron asignadas a los jueces de instrucción
(el caso de la provincia de Santa Fe es un ejemplo de ello), que ha habido países en que la
acumulación de funciones está en cabeza de los fiscales, con lo que se genera el mismo
inconveniente y merece las mismas críticas que las puestas en cabeza del juez de instruc-
ción. Ver “Prisión preventiva y reforma procesal penal en América Latina. Evaluación y
perspectivas”. Disponible en: www.cejamericas.org.
168 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

sanción de la criminalidad. Este diseño, común a la mayoría de los códi-


gos reformados de la región, será desarrollado en la provincia de Santa
Fe por el “juez de la investigación penal preparatoria”.
Otro eje central de la reforma consiste en colocar al juicio oral en un
lugar central del proceso penal, quitando trascendencia probatoria a todos
los actos ocurridos fuera de él y estableciendo que la única prueba que
podrá ser utilizada para condenar a una persona es la que se produzca en
el juicio oral, con la inmediación, contradicción y publicidad característi-
cas de esta audiencia 25.
El nuevo diseño abre al imputado amplias posibilidades de influir po-
sitivamente en las decisiones centrales del proceso penal. Que así ocurra
efectivamente dependerá, en gran medida, de que pueda conformarse un
servicio de defensa que se haga cargo de esta tarea de manera eficiente.
En tal sentido, la provincia ha avanzado sustancialmente en los
aspectos normativos, a partir de la sanción de la ley que organiza el
nuevo Servicio Público Provincial de Defensa Penal. Resulta ahora
indispensable una implementación adecuada de este servicio, capaz
de superar la tradicional conformación precaria (en términos de re-
cursos) de las defensorías de oficio de los modelos inquisitivos y de
consolidar una nueva lógica organizacional que garantice un servicio
proactivo en defensa de los derechos de los imputados, con capacidad
de producción de información propia y de litigación efectiva en el nue-
vo sistema de audiencias.

25
Si bien este es un elemento indispensable para lograr la centralidad del juicio
oral y en buena medida la ley 12.734 así lo deja ver, algunas disposiciones dan lugar a
introducir por lectura documentos y actas elaborados en la investigación penal prepa-
ratoria. Sin dudas no resulta la más feliz disposición normativa la consagrada en el art.
326, aunque esperamos que las prácticas de los operadores hagan una adecuada aplica-
ción de las normas en una lógica acusatoria y adversarial. El art. 326 prescribe: “Lectura
de actas y documentos probatorios. El juez ordenará la lectura de actas y documentos
periciales, así como de las actas que contengan las pruebas producidas en la investiga-
ción penal preparatoria siempre que hubieran sido ofrecidas por las partes y oportuna-
mente admitidas…”.
REFORMA PROCESAL PENAL 169

b. Características salientes del nuevo Código

Decíamos que en el “viejo sistema” la prisión preventiva se ordena-


ba de oficio por el juez de instrucción, juntamente con el auto de procesa-
miento y a partir de pautas normativas que imponían su aplicación 26.
La hermenéutica forense de estas disposiciones ha hecho del siste-
ma “excarcelatorio” santafesino un mecanismo aritmético absolutamente
abstracto y cerrado, que se resuelve apelando a las directrices normati-
vas y escalas penales previstas en las leyes sustantivas, y donde el análi-
sis de los “riesgos procesales”, en la mayoría de los casos, no es más que
una declamación de principios.
En esta interpretación, toda vez que el caso no encuadre en los espa-
cios de libertad que consagraban en abstracto las normas, el acusado
esperará privado de su libertad hasta el momento de la sentencia, estable-
ciendo de tal modo una categoría de casos de inexcarcelabilidad.
El nuevo Código Procesal reforma la regulación normativa de la cues-
tión, bajo un nuevo paradigma que responde a la idea de que, salvo excep-
ción, la persona imputada debe transitar el proceso en libertad. En este
contexto, se admite la imposición de la prisión preventiva sólo en la medi-
da que no exista otro medio eficaz para garantizar que la persona acusa-
da concurrirá al juicio y que no entorpecerá ilegítimamente el desarrollo
de la investigación 27.
En materia procesal, la imposición de la prisión preventiva sólo pro-
cederá cuando sea solicitada por el acusador al juez de la investigación
penal preparatoria. Es decir, que deja de ser una facultad unilateral del juez.

26
Estas son, cuando el hecho investigado se encuentre encuadrado bajo una figura
delictiva que prevea pena de privación de libertad y el juez estime que será de aplicación
efectiva; y cuando aun para el caso que pueda corresponder una condena sin pena efectiva
-condenación condicional- el acusado hubiere sido declarado reincidente, tuviere
excarcelaciones en trámite o fuere peligroso para los fines del proceso. Conforme art. 338
del C.P.P., según ley 6740.
27
Si bien la ley 6740 y modificatorias tenían normas que pregonaban estos
principios (arts. 6º y 306) lo cierto es que el sistema antes descripto hacía de estas
normas meros enunciados pretenciosos que verdaderas reglas a tener en cuenta a la hora
de decidir la situación del acusado, y en buena medida ello se debía -como hemos apunta-
do anteriormente- a la concepción inquisitiva que se tenía de todo el proceso penal y la
prisión preventiva al servicio de ese sistema.
170 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Así, se establece un nuevo rol dentro del sistema procesal, cumplido por los
jueces de la investigación penal preparatoria, quienes asumen el deber ju-
risdiccional de controlar la aplicación de cualquier tipo de medida que afec-
te los derechos constitucionales de las personas durante el transcurso de un
proceso penal, tales como la imposición de la prisión preventiva.
Otro cambio sustancial se produce respecto de la posibilidad de que
las partes litiguen acerca de la procedencia o no de la aplicación de la
medida de encierro preventivo de manera previa a la decisión del juez
sobre el punto. Asimismo, el nuevo diseño establece que la discusión y
resolución de este tipo de medidas sean desarrolladas en el ámbito de una
audiencia oral, pública y contradictoria. En dicha audiencia, el juez de la
IPP, en posición de imparcialidad, garantizada por el desconocimiento de
los antecedentes del caso, resolverá con base en la información aportada
por las partes a través de argumentación oral en la sala de audiencias 28.
Este contexto ofrece a la defensa una oportunidad inmejorable para con-
trovertir los fundamentos de su aplicación.
Esta posibilidad de litigar en concreto la necesidad o la imposición de
la prisión preventiva se ve potenciada por el establecimiento de criterios y
estándares que el juez debe merituar en cada caso a fin de tomar una
decisión sobre el punto. A tal fin, el Código establece que el juzgador
deberá tener en cuenta la magnitud de la pena en expectativa, la im-
portancia del daño a resarcir y la actitud que el imputado adoptará
voluntariamente frente a él, la ausencia de residencia fija y el com-
portamiento del imputado durante el desarrollo del procedimiento, o
de otro procedimiento anterior, en la medida en que indicara su vo-
luntad de perturbar o no someterse a la persecución penal (art. 220
ley 12.734). De tal suerte se establecen como estándares genéricos para
la procedencia de la medida, los de peligro de fuga y de peligro concreto
de entorpecimiento ilegítimo de la investigación, a la vez que se introduce
una cuestión a ser valorada, relativa a una posible actitud positiva de la
persona imputada respecto del conflicto subyacente. Esta última cuestión

28
En este sentido, la ley 12.734 significa un gran progreso, puesto que no sólo
preserva la oralidad para la instancia del juicio oral sino que dispone que las más impor-
tantes decisiones previas a éste se tomen a partir de la realización de audiencias. Volvere-
mos sobre el punto.
REFORMA PROCESAL PENAL 171

tiene sentido en el marco de un ordenamiento que introduce la posibilidad


de salidas composicionales del proceso penal 29.
En este punto es bueno recalcar que la lectura sistemática de la
novel legislación (arts. 205 y ss. y 219 y ss.) da cuenta de un sistema
montado sobre las dos causales tradicionales que la literatura procesal ha
dado en llamar causales de “peligrosidad procesal”: peligro de fuga u
obstaculización de la investigación (arts. 205 inc. 2 y 219 inc. 1) no
existiendo ninguna otra causal que habilite la imposición de una medida
cautelar, en general, y de la prisión preventiva en particular.
Asimismo se requiere siempre la acreditación por parte del acusador
del supuesto material (arts. 205 inc. 1 y 219 inc. 1), proporcionalidad
entre la medida solicitada y los fines que se pretenden cautelar (arts. 205,
inc. 3 y 219 inc. 2) y eventualmente, para el caso que la medida cautelar
sea solicitada por el querellante, contracautela (art. 205 inc. 4) 30.
Otra de las variables orientadas a relegar al ámbito de lo absoluta-
mente indispensable al encierro preventivo es un amplio menú de medi-
das cautelares alternativas a la prisión preventiva, tales como:
i. Someterse al cuidado de una persona o institución que sean garan-
tía suficiente de que la persona destinataria de tal medida cumplirá con
las condiciones de comportamiento que le sean impuestas;
ii. Presentarse periódicamente ante una autoridad determinada;
iii. Prohibición de salir de determinado ámbito territorial o de concu-
rrir a ciertos lugares o de comunicarse con determinadas personas;

29
Nos parece adecuada la interpretación de estas disposiciones en el sentido de
que si el juzgador advirtiese un escenario proclive a una salida composicional, no debería
darse lugar a la procedencia de la prisión preventiva, toda vez que en lugar de ello debería
propugnarse una rápida instancia de acuerdo, la cual asimismo se vería limitada si una de
las partes se encontrase presa.
30
Cabe hacer mención que existen otras opciones legislativas en la región, en las
que se ha echado mano a distintas categorías normativas que justifican la aplicación de la
prisión preventiva, como son, por ejemplo, que el hecho investigado signifique un “peli-
gro para la seguridad de la sociedad o del ofendido”, en el caso chileno; o “… un peligro
para la víctima”, en el caso colombiano. Para un análisis más detallado al respecto ver:
“Prisión preventiva y reforma procesal penal en América Latina. Evaluación y perspec-
tiva”. Centro de Estudios de Justicia de las Américas, 2009, pág. 29 y ss. Disponible en
www.cejamericas.org.
172 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

iv. Prestar caución, promesa jurada, prisión domiciliaria, ingreso a


institución terapéutica o educativa, etc. De tal modo, se desarrolla un
diseño que busca darle contenido operativo a la idea de que la utilización
de la violencia estatal debe ser, en un Estado democrático de derecho,
siempre el último recurso.

IV. Consideraciones sobre las modificaciones introducidas por la


ley de implementación (ley 12.912) en materia de prisión
preventiva.

La implementación del nuevo sistema procesal penal de Santa Fe ha


sido organizada y explicitada en la ley 12.912, llamada de “implementación
progresiva y por materias” 31.
Se ha dispuesto implementar el nuevo sistema avanzando pro-
gresivamente hacia la definitiva instauración del sistema acusatorio
en tres etapas.
La primera de ellas es la que está constituida por la incorporación
al “viejo sistema” de materias propias y paradigmáticas del modelo acu-
satorio (según ley 12.73), entre las que se encuentran las referidas a la
prisión preventiva; lo que sin dudas ha contribuido a “constitucionalizar”
32
en buena medida el sistema procesal penal local.
La normativa vigente ha quedado conformada entonces por una con-
junción de leyes: la ley 6740 y sus modificatorias (que definen un proceso
fuertemente inquisitivo, con las funciones del juez de instrucción intactas
y facultades absolutamente marginales para los fiscales) y las incorpora-
ciones que la ley 12.912 ha hecho, tomando algunas materias de la ley
12.734 (norma de corte netamente acusatorio).
De tal suerte que la ley aplicable -momentáneamente y durante este
lapso de “transición”- requiere del intérprete llevar a cabo una tarea her-
menéutica compleja que amalgame normas de raíz ideológica de signo con-

31
Para más detalle respecto del proceso de implementación en Santa Fe, ver: El
estado de la reforma procesal penal en la provincia de Santa Fe hacia la definitiva
instauración del sistema acusatorio, por Guillermo NICORA, Tomás ORSO y Luis SCHIAPPA
PIETRA, Redex Argentina, 2009, Córdoba, Advocatus, pág. 291 y ss.
32
En términos del Dr. Julio de Olazábal.
REFORMA PROCESAL PENAL 173

trario y que responden a dos modelos absolutamente distintos de adminis-


tración de justicia penal; tarea que seguramente no resulta nada sencilla.
No obstante, creemos que introducir dichos cambios ha sido in-
evitable, en la medida que se ha hecho frente a una imposibilidad nor-
mativa y material de puesta en marcha inmediata del nuevo sistema
de manera completa, intentando por otra parte paliar la flagrante
inconstitucionalidad en que se encontraba el sistema de justicia penal
de la provincia de Santa Fe (advertida en forma contundente por la
C.S.J.N., in re “Dieser, Graciel”) 33.
Pero además, la incorporación de norma típicas del sistema acusato-
rio ofrece a los operadores herramientas que posibilitan alcanzar progre-
sos en la utilización racional del uso de la prisión preventiva.
La ley de implementación incorpora los segmentos de la nueva ley
procesal referidos a las condiciones de procedencia de la prisión preventiva
y a la posibilidad de utilizar medidas asegurativas alternativas. No obstante,
avanzar efectivamente en la imposición de nuevas prácticas acordes a las
diseñadas normativamente requerirá avanzar sustancialmente en la
redefinición cultural de modelos de actuación de un modo más profundo 34.
De todos modos entendemos que en el caso particular de la provin-
cia de Santa Fe y en esta primera etapa de implementación, la evaluación
del posible impacto que pueda tener este cambio de legislación debe
enmarcarse en el contexto de la incorporación de la nueva normativa en
un proceso fuertemente inquisitivo y con lógicas de trabajo propias del
sistema escriturario tradicional.
Es por ello que mantenemos algunas reservas en lo que hace al impac-
to real que estas normas puedan tener en relación con el uso concreto de la

33
Luego de más de dos décadas de procesos de reforma a la justicia penal para
avanzar hacia modelos adversariales y orales en América Latina, la experiencia recogida
indicaba que el cambio institucional implicado en una reforma requería de condiciones que
no se encontraban dispuestas al momento del dictado de la ley de implementación.
Asimismo, se enfrentaba una carencia normativa, en un contexto en que no se contaba con
las leyes complementarias necesarias para poner en funcionamiento la nueva ley procesal
(ley de Ministerio Público de la Acusación, de Servicio Público de Defensa Penal, de
organización de los tribunales, etc.).
34
Ver Prisión preventiva y reforma procesal penal en América Latina. Evalua-
ción y perspectivas, Mauricio DUCE, Cristián RIEGO y Claudio FUENTES, ob. cit., pág. 41.
174 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

prisión preventiva y su consecuente repercusión en el porcentaje de presos


sin condena y cantidad de personas sometidas a prisión provisional 35.

V. Los desafíos del proceso de implementación

El proceso político en marcha en la provincia de Santa Fe tiene por


delante un gran desafío en esta materia: evitar que la imposición o no de
la prisión preventiva deje de ser el momento central del proceso.
La idea de centralidad del juicio público se encuentra directamente
relacionada con este punto.
Los sistemas inquisitivos han sido estructurados con base en la con-
sideración de que la resolución final del proceso es más o menos irrele-
vante. Asimismo, que la resolución final se produzca en un plazo reducido
tampoco es un valor para el modelo.
Ello se ha debido a que en estos modelos de corte netamente inquisi-
tivo, la pena es el propio proceso (transitado en prisión). A tal punto ha
sido así, que existen registros de procesos tramitados por los tribunales de
la Inquisición en los que la sentencia final fue dictada años después de
muerto el reo 36.
Una sociedad democrática moderna, en cambio, demanda de parte
de los tribunales decisiones definitivas y prontas.
Por otra parte, los estándares impuestos por la normativa de dere-
chos humanos exigen que toda persona sometida a proceso penal tenga el
derecho a ser juzgada en un plazo breve y a transitar el proceso en liber-
tad, como regla general.
En tal contexto, el nuevo sistema de justicia penal debiera tener por
objetivo general articular prácticas en las que la decisión sobre la imposi-
ción de medidas cautelares personales deje de ser el momento central del

35
Resulta altamente dificultoso emitir un juicio certero, con datos empíricos que
lo respalden, en relación a este punto. La evaluación y mensura resulta muy difícil de
realizar, sobre todo teniendo en cuenta la poca capacidad de recolección de información
con que cuentan los sistemas inquisitivos más tradicionales y respecto de los cuales el
sistema santafesino no es la excepción.
36
Francisco TOMÁS Y VALIENTE, El derecho penal de la monarquía absoluta
(siglos XVI, XVII y XVIII), 2ª ed., Madrid, 1992.
REFORMA PROCESAL PENAL 175

proceso. Para ello resulta fundamental que el sistema sea capaz de pro-
cesar el flujo de casos generando decisiones definitivas en tiempo oportu-
no, ya sea por decisión administrativa (de no perseguir a partir de la utili-
zación de criterio de oportunidad) o por decisión jurisdiccional (juicios,
juicios abreviados, acuerdos reparatorios, suspensiones del juicio a prue-
ba, etc.) y que se impongan medidas cautelares alternativas a la prisión
preventiva con adecuado control de las condiciones de cumplimiento.
Así, mientras que en el actual sistema la no imposición de la medida
cautelar de prisión preventiva es apreciada como sinónimo de impunidad (toda
vez que los casos que no tienen preso, duermen en los cajones), en el nuevo
sistema debería constituirse en una decisión mucho menos relevante.
Un esquema de funcionamiento del sistema procesal con dichas ca-
racterísticas contribuiría, además, a que los tribunales comiencen a impo-
ner criterios más restrictivos para el uso del encierro preventivo, sin verse
expuestos a presiones sociales que no están en condiciones de resistir.
La posibilidad de desarrollar un sistema de justicia penal que opere
conforme a los cánones que hemos propuesto dependerá de que se haga
frente de manera efectiva a una serie de cuestiones de gran relevancia.

a. Evitar que el proceso sea un mero trámite

La lógica que ha dominado el funcionamiento de los sistemas


inquisitivos es la del trámite, en la que la función del instructor se desarro-
lla linealmente, avanzando progresiva y secuencialmente hacia el final del
sumario. Como dijimos antes, en términos de prácticas concretas en vez
de hacer un juicio previo al dictado de una sentencia, el sistema está
estructurado para hacer un expediente.
El nuevo sistema se enfrenta al desafío de reemplazar la lógica
secuencial de ese trámite. En ella el conflicto humano que subyace está
ocultado por una parva de papeles y los resultados de las intervenciones
de funcionarios, magistrados, empleados y profesionales son evaluadas
bajo la órbita del “cumplimiento de los trámites exigidos por la ley”, y el
adecuado cumplimiento de las “formas” dispuestas por ella.
Tal modalidad, combinada con principios como el de la continuación
de la detención como regla, los modelos de prueba tasada y los criterios
rígidos de excarcelación ligados a las escales penales abstractas, dan
176 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

lugar a que el proceso funcione como un trámite regular y lineal en que la


discusión acerca de los presupuestos de procedencia de la aplicación de
la prisión preventiva es inexistente.
La lógica de litigio adversarial es otra, en ella la afectación de los
derechos constitucionales de las personas sometidas a proceso sólo pue-
de ser autorizada por un juez de control de garantías durante la etapa
preliminar al juicio, bajo los presupuestos de una solicitud efectuada por el
titular de la acción penal y de la posibilidad de controvertirla por parte del
imputado y su defensa
De tal modo, la discusión acerca de la imposición de esta medida
cautelar debe ser objeto de litigio entre las partes, en un contexto en que
dicho debate sea susceptible de ser producido de manera concreta res-
pecto del sustrato probatorio acerca de la existencia del hecho y la parti-
cipación del imputado en él.
Entonces todo será objeto de debate y argumentación por las partes
en la audiencia, las pruebas sobre el peligro de fuga o del peligro para el
normal desarrollo de la investigación, la existencia de riesgos para las
víctimas si el imputado permanece en libertad durante el proceso o res-
pecto de la relación entre la procedencia o intensidad de una medida
cautelar personal y el tiempo estimado en el que se realizará efectiva-
mente el juicio 37.
Este último elemento resulta de gran importancia puesto que debe
ser una variable más de discusión la que expresa el tiempo estimado como
“necesario” (para asegurar la investigación y el juicio) de duración de la
prisión preventiva.
Si el tiempo estimado hasta la realización del juicio -nuevamente
aquí opera la noción de “centralidad del juicio”- es más extenso, el
juez deberá aumentar los niveles de exigencia probatoria sobre la exis-
tencia del hecho y la participación y sobre la existencia de un peligro
procesal concreto. Asimismo, en la medida que el juicio se encuentre
más próximo, los niveles de exigencia podrán relajarse, si la entidad
del derecho afectado es menor.

37
Debe repararse entonces que aquí la discusión se da sobre bases concretas y
circunstancias fácticas precisas, y no en relación al encuadramiento o no en categorías
normativas abstractas.
REFORMA PROCESAL PENAL 177

Es que hacerse cargo del factor temporal en materia de prisión pre-


ventiva propone por un lado, controvertir esta noción tan instalada en el
sistema inquisitivo de que una vez que ésta fue impuesta, se extenderá
hasta el final del proceso. Por otro lado, coloca a la investigación penal
bajo un constante deber de “rendir cuentas” en tanto que la prolongación
de la detención provisional de una persona estará siempre bajo considera-
ción y se justificará en la medida que avance y lo requiera aquella (sin
perjuicio de la existencia en el caso concreto de los demás presupuestos
para su aplicación).
En este punto la letra del nuevo Código no prevé expresamente la
posibilidad de revisar la prisión preventiva impuesta. De todos modos en-
tendemos que nada de lo que la norma regula confronta con ello, que
entendemos debiera instalarse como una “buena práctica” de los opera-
dores. Una lectura consistente con los valores del nuevo sistema requiere
de esta posibilidad cuando el paso del tiempo haga fenecer los peligros
que se pretendieron cautelar al momento de la imposición.

b. Oralizar la toma de decisiones en la etapa de investigación


preparatoria

Otra cuestión de importancia capital en cuanto a desarrollar un siste-


ma que se ocupe verdaderamente de resguardar la racionalidad en la
utilización de la prisión preventiva se relaciona con imponer la metodolo-
gía de audiencia como forma de toma de decisiones que afecten dere-
chos constitucionales durante la etapa previa al juicio.
La experiencia en materia de reforma demuestra que cuando no se
ha organizado la toma de decisiones previas al juicio a partir de la realiza-
ción de audiencias orales, la lógica inquisitiva ha pervivido a través de la
elaboración del expediente, con una fuerte delegación de funciones y des-
mereciendo la trascendencia de la discusión sobre su aplicación.
En términos generales, un sistema de decisiones por audiencias en
las etapas previas al juicio ofrece un sinnúmero de ventajas respecto del
tradicional sistema escrito.
En primer lugar, ofrece la posibilidad de que las decisiones se tomen
públicamente, posibilitando que sean controladas en tiempo real por todos
los interesados en el curso del proceso y por la ciudadanía en general.
178 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Por otra parte, establecer un sistema de audiencias resulta impres-


cindible en un proceso de cambio para abandonar la utilización del expe-
diente judicial como vía de comunicación entre las partes y el juez y como
ámbito de la toma de decisiones. De esta forma, se cuida la efectiva vigen-
cia del juicio público y contradictorio, ya que una de las experiencias apre-
hendidas en los procesos de reforma de la región es que allí donde ha
continuado existiendo el sumario, su protagonismo en el juicio oral es central.
Asimismo, un sistema de audiencias bien gestionado garantiza bre-
vedad en los tiempos del proceso y un importante ahorro de instancias.
En la medida que la discusión contradictoria en cada instancia se potencie
al máximo, la cantidad de recursos o planteos de revisión de decisiones ha
de descender notablemente.
En cuanto al uso de la prisión preventiva en particular, la audiencia
ofrece una instancia de revisión intensa de los presupuestos de proceden-
cia de la medida cautelar, desconocida en los sistemas inquisitivos. La
inmediación y las facultades de contradicción, tal como se encuentran
garantizadas en una audiencia pública y adversarial posibilitan una eva-
luación profunda de los presupuestos procesales de procedencia de la
prisión preventiva cuyo impacto es un uso más restricto de esta herra-
mienta procesal. Esta circunstancia ha sido objeto de evaluación empírica
en varios sistemas procesales reformados de la región y en vistas de las
conclusiones de dichos estudios, merece nuestra atención 38.
Por otra parte, un sistema de audiencias bien gestionado posibilita la
efectiva revisión periódica de la subsistencia de las medidas cautelares,
desconocido en el actual modelo inquisitivo.
En la materia, la provincia de Santa Fe cuenta con un punto de par-
tida bastante auspicioso en tanto es la misma ley procesal la que organiza

38
Ver: Luciano HAZÁN y Cristián RIEGO, “La oralidad en las etapas previas al
juicio. La experiencia de Mar del Plata”, en Reformas procesales en América Latina:
Resultados del Proyecto de Seguimiento IV Etapa, Santiago, CEJA, 2007, págs. 257 a
294; Mauricio DUCE, “La oralidad en las etapas previas al juicio: la experiencia del Circui-
to Judicial de Guanacaste, Costa Rica”, en Reformas Procesales en América Latina.
Resultados del Proyecto de Seguimiento IV Etapa, Santiago, CEJA, 2007, págs. 295 a
314; por el mismo autor y en el mismo volumen, “La experiencia de Quetzaltenango,
Guatemala”, págs. 343 a 362 y por el mismo autor y en el mismo volumen, “La experien-
cia de Ciudad de Cuenca, Ecuador”, págs. 315 a 361.
REFORMA PROCESAL PENAL 179

un sistema de audiencias previas al juicio -entre las que se encuentra la


discusión sobre la prisión preventiva- disponiendo que para tomar las de-
cisiones más importantes que hacen a un proceso penal, se debe llevar a
cabo una audiencia oral y pública.

c. Gestionar la flagrancia: juicios rápidos, salidas alternativas y


manejo del flujo de casos

Otra de las dificultades constatadas en los procesos de reforma


de la justicia penal más primitivos de nuestro país y la región ha sido
una incapacidad de manejar la carga de trabajo adecuadamente, de
acuerdo con los requerimientos del nuevo paradigma, con múltiples
consecuencias masivas.
Además de significar impunidad, falta de respuestas, duración irra-
zonable de los procesos y organizaciones en situación de colapso, dicha
incapacidad operativa de los sistemas ha impactado fuertemente en el
uso de la prisión preventiva.
Los nuevos sistemas que no han sido capaces de trabajar despoján-
dose de las viejas lógicas han continuado operando con las “causas con
preso” como criterio de orientación prioritaria de los recursos y con “el
cajoneo” como método de salidas tempranas.
El resultado ha sido sistemas colapsados que se ocupan casi exclusi-
vamente de gestionar casos de flagrancia que arriban a los tribunales con
detenidos por la policía en tiempos que, en el mejor de los casos promedia
los once meses de duración hasta la sentencia definitiva 39.
En resumen, sólo los casos de flagrancia (los más sencillos, en térmi-
nos de producción de prueba) son atendidos. Se trata de casos en los que,
exactamente, el día de la comisión del hecho se cuenta con toda la prueba
necesaria para la realización del juicio, en los que se gastan innumerables
horas de trabajo y de operadores en construir el expediente judicial y
discutir la persistencia de la prisión preventiva, mientras que una mejor
gestión permitiría la realización de un juicio en plazos brevísimos, con

39
Cristian RIEGO, Informe comparativo, ob. cit. Disponible en www.cejamericas.org
180 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

requerimientos de recursos humanos significativamente más bajos que


los que se consumen trabajando en la lógica tradicional.
En materia de prisión preventiva, organizar un sistema de gestión
que se haga cargo de la carga de trabajo del sistema a partir de innovadoras
lógicas organizacionales de trabajo constituye todo un desafío. Debe pro-
curarse montar un esquema que dedique pocos recursos a los casos más
sencillos (flagrancias) y muchos recursos a los casos complejos y que al
mismo tiempo opere de modo tal que los casos puedan resolverse en la
primera oportunidad disponible, evitando la dinámica tradicional de en-
gorde y maduración del expediente como paso previo ineludible al cie-
rre de un caso. Ello impactará necesariamente en que no se mantenga en
prisión preventiva a quienes puede juzgarse de forma inmediata, que tam-
poco purguen prisión preventiva quienes debería dejarse en libertad por-
que la fiscalía no tiene un “caso”, ni lo tendrá y que quienes deban pasar
el juicio detenidos y se encuentren involucrados en casos complejos, ten-
gan garantía de que su caso será llevado a juicio en tiempo oportuno.
A modo de referencia, mostramos en el cuadro que sigue la carga de
trabajo del sistema de justicia penal en la Ciudad de Rosario, conforme
los registros policiales del año 2007 en materia de flagrancia.

Cuadro Nº 1: Total de delitos en flagrancia, por tipo de delito, año 2007

Fuente: registros policiales.


Cuadro: elaboración propia.
REFORMA PROCESAL PENAL 181

Según el informe de gestión de la C.S.J. de la provincia de Santa Fe,


se documenta que en el año 2004 ingresaron al fuero penal de la ciudad
de Rosario 139.770 causas y ese año se dictaron 16.455 resoluciones de
mérito por los juzgados penales. De entre estas resoluciones contamos
con el dato desagregado de las dictadas por los juzgados de sentencia,
que ascienden a 2.076 sentencias al año.
De tal modo podemos señalar que, para la ciudad de Rosario, el
sistema entrega un porcentaje marginal de respuestas definitivas respec-
to de los casos ingresados (2076/139.770). Dicho porcentaje continúa
siendo marginal si lo comparamos con el número de los casos informados
como flagrancias por la policía 40.
Sin pretensión de disparar conclusiones exhaustivas sobre el punto
que tratamos en el caso concreto, sí cabe llamar la atención acerca de la
cuestión que venimos poniendo de relieve, cual es la necesidad de articu-
lar un nuevo esquema de gestión de la carga de trabajo, si se espera que
el sistema pueda gestionar de un modo racional cuestiones como ésta o
como la utilización de la prisión preventiva.

d. Un servicio eficiente de medidas cautelares alternativas a la


prisión preventiva

El nuevo Código Procesal Penal establece un menú diversificado de


medidas precautorias alternativas a la prisión preventiva.
Conforme con el principio que manda que la utilización de la violen-
cia estatal debe ser siempre la última herramienta de la que se valgan los
poderes públicos para asegurar la vigencia del Estado de derecho, el nue-
vo sistema tiene por delante la difícil tarea de hacer lo propio con el uso
del encierro preventivo.
Operativizar el cumplimiento de dicho principio en el nuevo sistema
de justicia penal requerirá potenciar la utilización de medidas cautelares

40
No contamos con datos del Poder Judicial del año 2007 desagregados como los
del año 2004. Sin perjuicio de ello creemos que el número de ingreso de casos va en
aumento año a año (como así lo demuestran otros informes del Poder Judicial) por lo que
entendemos razonable tomar como referencia estos datos.
182 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

alternativas, procurando evitar la generación de impunidad, desarrollando


una estrategia que exceda lo coyuntural y consolidando un efectivo sistema
de apoyo al cumplimiento efectivo de las medidas diversas al encierro.
Comenzar a utilizar medidas sustitutivas de la prisión preventiva será
uno de los primeros retos que deberán enfrentar los operadores del nuevo
sistema. La modalidad tradicional de trabajo se ha articulado de manera
binaria: encierro o nada. De modo tal que comenzar a considerar seria-
mente la utilización de otros mecanismos de aseguramiento de la realiza-
ción del juicio será un cambio al que deberán enfrentarse los nuevos ac-
tores institucionales del sistema de justicia penal (Ministerio Público de la
Acusación, Servicio Público de Defensa Penal y nuevos tribunales). Que
la realidad comience a cambiar en tal sentido dependerá en buena medida
de la capacidad de flexibilizarse, desarrollar actitudes proactivas y gene-
rar acuerdos entre los integrantes de estas instituciones.
Una de las dificultades que han debido afrontar los operadores de
otros sistemas reformados de la región en este campo se relaciona con la
sensación de impunidad cuando las medidas alternativas han resultado,
en la práctica, “salidas de impunidad”.
En efecto, en muchos casos se observa que las “medidas cautelares
alternativas” no son tales, en cuanto en la realidad no se han desarrollado
mecanismos eficientes y confiables de control de su cumplimiento. En
este sentido, los acuerdos a los que hacemos referencias en el párrafo
anterior deben desarrollarse como acuerdos programáticos en los que las
partes más interesadas (MPA y Defensa) sean capaces de presentar a
los encargados de tomar las decisiones (jueces) esquemas de cumpli-
miento de medidas cautelares alternativas suficientemente confiables. En
esta tarea se juegan incluso importantes recursos del sistema, dado que se
ha demostrado que siempre resulta menos onerosa una medida alternativa
a la prisión preventiva, en términos económicos, sociales y humanos.
Un sistema efectivo de uso alternativo de medidas cautelares, así
como de cumplimiento en libertad de condenas, requerirá de la cons-
trucción de agencias y redes desconocidas en los sistemas tradiciona-
les. Se trata de nuevas metodologías de manejo de información, de arti-
culación de programas públicos, privados y mixtos capaces de dar con-
tención a las personas en cumplimiento de medidas alternativas al en-
cierro, de desarrollar un trabajo interdisciplinario y eficiente desconoci-
do en las tradicionales estructuras de los sistemas de justicia, organiza-
REFORMA PROCESAL PENAL 183

das verticalmente con el sistema de juzgados unipersonales como célula


de la burocracia judicial 41.
Por último, diremos que el montaje de un modelo de estas caracterís-
ticas requiere que los actores institucionales involucrados adopten una
política pública sostenida en el tiempo, con objetivos claros y racional-
mente establecidos y de instancias de control y ajuste en el seguimiento
del proceso. No es posible cambiar siglos de cultura inquisitorial de la
noche a la mañana. Tampoco se operará el cambio con slogans o nuevas
oficinas de escaparate. Debe entenderse que el cambio requerirá de mucho
esfuerzo y compromiso y que los resultados no serán inmediatos. No
obstante, tomarse en serio el principio de ultima ratio requerirá que sea
uno de los objetivos centrales del nuevo sistema que cada año, el porcen-
taje de presos preventivos, respecto de las personas sujetas a otro tipo de
medidas cautelares, sea menor.

VI. A modo de cierre

La reforma de la justicia penal en la provincia de Santa Fe se en-


cuentra en marcha. Al igual que la mayoría de los procesos similares en la
región desde finales de los años ochenta, superar con éxito la faz norma-
tiva y lograr que verdaderamente la población cuente con un sistema de
justicia democrático se presenta como el gran reto de estos tiempos.
Recuperar y exacerbar las fuentes profundamente democráticas de
la reforma procesal, ligadas fundamentalmente a la lucha por la vigencia
de un Estado de derecho y de respeto de la persona se presenta como
una consigna que vale la pena y problemáticas como la de los presos sin
condena continúan hiriendo la consistencia de los discursos de nuestras
jóvenes democracias.
A la vez resulta urgente mover las discusiones en el campo de la
eficiencia en la prestación de los servicios de justicia, e incorporar los

41
Al respecto la Dirección Provincial de Asistencia y Control Post Penitenciario
del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Provincia de Santa Fe viene desarro-
llando programas muy interesantes y novedosos (para el contexto local) en el área. Para
más información ver www.santafe.gov.ar.
184 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

debates en torno a los aportes que las reformas procesales pueden gene-
rar en materia de seguridad pública.
Y sobre todo a la luz de las experiencias por las que están transitando
otros países, que han apostado por estos cambios y que por dificultades
de diversa índole en su implementación, les toca enfrentar duros repro-
ches -generalmente de la mano de los reclamos por “mayor seguridad”-
que en algunos casos se han traducido en propuestas legislativas clara-
mente “contrarreformistas”.
En este contexto, la lucha por nuevos sistemas eficientes es una
lucha por la vigencia efectiva de los derechos fundamentales.
La realidad a cambiar es un modelo inquisitorial de matriz autoritaria
profundamente enraizado en nuestra cultura jurídica y organizacional.
En este modelo, absolutamente vivo, las variables de ajuste están
constituidas por un sistema de facto de presunción de culpabilidad de la
persona detenida, de utilización de la prisión preventiva como adelanto de
pena y de un contexto en el que ejercer efectivamente el derecho de
defensa contra el poder penal es, en la mayoría de los casos, la quimera
de algún amanecido.
La dirección política adoptada por las decisiones legislativas del Es-
tado santafesino no da lugar a dudas: se ha definido avanzar hacia la
consolidación de un sistema de justicia penal democrático y moderno,
adecuado a las exigencias de nuestros tiempos en materia de derechos
fundamentales.
El plan definido normativamente tiene por delante grandes desafíos
que obligan a los nuevos operadores a asumir la tarea con seriedad y
compromiso, tomando noticia de la experiencia disponible, a riesgo de
ejercer una negligencia chauvinista y desarrollando capacidades de
seguimiento, ajuste e innovación. Avanzar hacia las expectativas prefija-
das en esta cuestión depende de ello.
Entre los desafíos centrales se encuentra el de reemplazar la tradi-
cional lógica del trámite burocrático verticalista por una lógica de litigio,
basada sobre los intereses de las partes. Que el sistema no continúe fun-
cionando del mismo modo se juega en este campo. La oralización plena
del proceso penal ha demostrado ser una herramienta fundamental para
dinamizar estos cambios. De tal suerte, montar un sistema de audiencias
eficiente será muy determinante a tales efectos.
REFORMA PROCESAL PENAL 185

Finalmente, el sistema (en especial el MPA) deberá desarrollar


capacidad de manejar adecuadamente su carga de trabajo y un es-
quema eficiente de utilización de medidas cautelares alternativas para
que el cambio en materia de utilización de la prisión preventiva co-
mience a ser un hecho.
REFORMA PROCESAL PENAL 187

HACIA LA VIGENCIA PLENA DEL NUEVO CÓDIGO


PROCESAL PENAL *

por HÉCTOR SUPERTI 1

Sumario: Introducción. Los tres núcleos del cambio. Implementación progresiva


por materias. El camino a la vigencia plena del nuevo Código. Conclusión.

Introducción

Estas palabras de clausura son difíciles porque los temas que se han
tratado fueron realmente muy interesantes, tanto desde lo académico como
desde lo político, y uno a veces tiene que optar por uno u otro enfoque.
Intentaré mantener ante ello un equilibrio y buscando aprovechar las inte-
ligentes y útiles discusiones realizadas, quisiera comenzar mi exposición
haciendo un inventario. Veamos:
Se conoce que existe una “cifra negra del delito” (es decir hechos
delictivos sucedidos y no denunciados), extremo que se puede cuantificar
con la realización de encuestas de victimización, las que actualmente nos
demuestra que los delitos ocultos para el Estado superan el 200 %, lo que
significa que de cada tres delitos sólo uno se denuncia.
Se conoce también, que existe el promedio de un 1% de condenas
sobre las denuncias realizadas, exhibiéndose por tanto un nivel de im-
punidad del 99%.

*
Discurso de clausura del Segundo Módulo del Curso de Capacitación de
Capacitadores, realizado en la ciudad de Venado Tuerto el 4 de setiembre de 2008.
1
Ministro de Justicia de la Provincia de Santa Fe. Titular de la Cátedra de
Derecho Procesal Penal de la Facultad de Derecho de la U.N.R.
188 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Vemos que muchas víctimas realizan permanentemente marchas


públicas reclamando ser atendidas por el Estado en sus reclamos de “jus-
ticia”. A lo mejor no se ven tanto aquí en Venado Tuerto, pero en la ciudad
de Santa Fe son más que cotidianas.
Es común escuchar a los imputados quejarse sistemáticamente de
que el proceso en el que se los pretende condenar no respeta sus dere-
chos humanos garantizados por los tratados internacionales sobre dere-
chos humanos y por la Constitución.
Se percibe cotidianamente que la sociedad descree de los jueces, de
los abogados, de discusiones como las realizadas hoy y, lo que es más
peligroso, que muchos están tentados de hacer “justicia por mano pro-
pia”, extremo que se agrava cuando se confunde a quien actúa en “legí-
tima defensa” con el “justiciero”.
Creo, luego de este inventario, que quienes abrazamos el derecho
como ciencia y profesión enfrentamos un panorama que no es fácil y que
ello se agrava si se lo observa desde el gobierno, con las responsabilida-
des que implica.
Frente a este cuadro, cuando esta gestión se hizo cargo encontró
cosas positivas y muchas cosas para hacer.
Una de las cosas positivas fue que se había sancionado un Código
Procesal Penal nuevo que se estructuró, a pesar de las dificultades técni-
cas que puede contener, sobre una ideología impuesta por la Constitución
Nacional, la que estaba, y está, ausente en el régimen que nos rige.
En este sentido el nuevo ordenamiento merece un reconocimiento
especial en cuanto establece la tutela judicial efectiva para la víctima,
tema mencionado y analizado en este encuentro, víctima que en nuestra
provincia fue y es la gran olvidada del sistema vigente.
Se suma a ello que reglamenta un proceso donde se preserva la
igualdad de las partes y la imparcialidad del juzgador, superando definiti-
vamente el modelo inquisitivo que anida en el actual Código.
Por otra parte la tarea pendiente, y que hemos asumido con todas
nuestras fuerzas, era implementarlo, con todo lo que ello significa y
requiere, porque una cosa es dictar una ley y otra muy distinta cam-
biar la realidad.
Abocados a ese trabajo, la primera dificultad que encontramos, a
más del inventario que he referido inicialmente, fue la cultura jurídica
instalada en la sociedad y en los operadores. Una cultura jurídica que se
REFORMA PROCESAL PENAL 189

caracteriza por ser particularmente conservadora en las formas y cos-


tumbres de trabajo y donde las corporaciones vinculadas al quehacer ju-
rídico penal han abrevado a lo largo de los años.
El ejemplo que hoy se daba aquí, de un empleado bancario del año
´30 que entre a un banco y no va a saber que hacer, comparado con un
empleado de tribunales del año ‘30 que hoy ingrese a uno de nuestros
tribunales y seguramente va a saber que hacer, nos demuestra que son
muchos los años y la historia que tenemos que cambiar para implementar
el nuevo modelo.
Ello nos conduce a una pregunta: ¿cambiar qué y para qué?
Creo que la respuesta es que el cambio que nos proponemos debe
ser de aquellas cosas que nos permitan superar el inventario dramático
que referí al comienzo, pasando de un sistema represivo e ineficaz a uno
garantizador y eficiente.
En esa línea de ideas estimo que son asignaturas pendientes del Es-
tado santafesino ofrecer, ante los conflictos humanos que implican la co-
misión de delitos, un servicio de justicia que brinde respuestas adecuadas
y al que puedan acceder todos los ciudadanos, teniendo presente que de
nada vale una oferta de un buen servicio si la gente no puede utilizarlo y
de nada vale llegar a él si luego la oferta no es buena.
Desde el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Provincia
hemos encarado un programa de re-fortalecimiento y mejora del servicio
de justicia de la provincia que abarca todos los fueros y cuya parte referi-
da a lo penal está prácticamente ocupada por la implementación del nuevo
código, pensando que ello va a generar las respuestas estatales frente a la
comisión de delitos que hoy la sociedad legítimamente reclama.

Los tres núcleos del cambio

A manera de apretada síntesis puede decirse que los cambios del


nuevo modelo se refieren a tres grandes núcleos: la persecución penal, la
oralidad y la investigación criminal.
Respecto a la persecución penal debemos recordar que el actual
modelo establece un sistema que podríamos definir de “binario”, pues
sólo ofrece la pena o la prescripción, y que está fogoneado por una orden
legal de imposible cumplimiento que dispone que hay que investigar y
juzgar todo lo que tenga apariencia delictiva.
190 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Frente a ello es previsible y alarmante el número y la irracionalidad


de las prescripciones, las que aun cuando puedan ser legales, evidencian
el fracaso del sistema, porque significan, ni más ni menos, una absoluta
falta de respuesta del Estado frente al delito.
Con relación al segundo núcleo, debemos tener presente que la for-
ma actual de debatir es por escrito y que por lo tanto tiene por eje al
expediente.
Esta regla del sistema viejo se reemplaza por la de la oralidad, la
que se apoya en las audiencias, lo que significa una profunda e inevita-
ble reformulación de la manera de trabajar, tanto respecto a la adminis-
tración de los órganos involucrados como a la de litigar y sentenciar.
Se suma a ello que la mecánica oral prevista en la reforma es el instru-
mento para desarrollar debates signados por el sistema adversarial y acu-
satorio, lo que implica poner en las partes la exclusividad de la iniciativa
respecto a todas las cuestiones (presentación del caso, de las pruebas, etc.)
y colocar al tribunal en un sitio de neutralidad que le permita resolver los
conflictos que se le presenten de la manera más imparcial posible.
En tercer lugar encontramos el núcleo referido a la investigación
penal. La que hoy tenemos se caracteriza por ser más importante que el
juicio mismo, burocratizada, con una actuación policial decisiva y relevan-
te, porque las constancias que realiza la preventora pueden fundar una
sentencia condenatoria, y que está a cargo que quien es juez y parte, por lo
menos para resolver los conflictos referidos a garantías constitucionales.
Esto lo digo porque la autoridad encargada de investigar, el juez de
instrucción, es quien, también y simultáneamente, puede excepcionar las
garantías que limitan la investigación a su cargo.
Yo no conozco ningún juez de instrucción que en una causa haya
dicho: “como investigador que soy quiero entrar a este domicilio privado,
pero como juez de la Constitución que soy me niego a mí mismo la orden
de allanamiento porque la considero improcedente en este caso”.
Darle al investigador la posibilidad de excepcionar las garantías que
pueden operar frente a esa investigación es literalmente derogarlas.
A su vez, por la dinámica formalista de todo el procedimiento, cuan-
do la investigación se realiza judicialmente es habitual que se efectúe
desde la oficina y por empleados administrativos, cuando todos sabemos
que a las pruebas se las encuentra en la calle, en el lugar del hecho.
REFORMA PROCESAL PENAL 191

Este modelo represivo e ineficaz se cambia con el nuevo diseño por


otro donde la investigación penal está a cargo del actor, quien luego debe-
rá utilizarla para fundar sus pretensiones, es controlada por un juez de la
Constitución, quien no está involucrada en ella, es de carácter preparato-
rio, porque lo importante es el juicio, y debe orientarse a buscar a las
pruebas donde se encuentren, utilizando todos los avances científicos de
la criminología.
Es interesante recordar que este modelo de investigación, enriquecida
por el aporte de las ciencias, exige incorporar mucha tecnología y que con
ella no sólo se avanza en la eficacia sino también en el respeto a las garan-
tías individuales, porque en la medida en que se pueda hacer “hablar a las
cosas” se podrá respetar profundamente el silencio o el discurso del impu-
tado, que como todos sabemos es un medio de defensa y no de pruebas.
Como vemos, los tres núcleos que se deben cambiar de manera
copernicana: persecución penal, oralidad e investigación penal, son muy
complejos, lo que hace a la tarea de la implementación del nuevo Código
muy difícil.

Implementación progresiva por materias

Esa indiscutible dificultad nos recuerda que cuando al elefante no se


lo puede comer todo junto, la única posibilidad de hacerlo es por partes.
Por ello, luego de trabajar intensamente con organismos internacio-
nales que nos están ayudando, tales como el CEJA, de la OEA, el
ILANUD, de la ONU y el INECIP, que es el organismo con más expe-
riencia en las transformaciones de este tipo en América Latina, llegamos
a una primera conclusión: ir cambiando progresivamente por materias
y no todo junto.
En ese camino, y para empezar los cambios cuanto antes, decidimos
que la primera etapa debía consistir en avanzar lo más posible en los
cambios que se podían llevar adelante utilizando, prácticamente, la misma
estructura con la que hoy contamos.
Eso de por sí significa no sólo ir cambiando de modelo en lo operativo
sino también avanzar en transformaciones que tienen íntima vinculación
con lo cultural y lo ideológico, lo cual es un salto cualitativo muy importante.
Por eso, ¿qué hicimos?, tomamos en primer núcleo, es decir el de la
nueva persecución penal, y advertimos que se podía poner en marcha
192 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

reemplazando el previsto en el modelo vigente y ello sin introducir ningu-


na modificación al Código que debíamos implementar.
Es más, hemos guardado en carpeta muchas observaciones que en
este trabajo bastante intenso advertimos respecto a este cuerpo normati-
vo para utilizarlas, de ser necesario, oportunamente, porque el objetivo en
este momento era implementar el Código sancionado y no introducir en él
modificaciones.
En el núcleo de la nueva persecución penal es muy importante la
participación que la ley le adjudica a las víctimas, hoy grandes ausente del
proceso, quienes pueden constituirse en querellante, pero ello de nada
vale si no se les garantiza la posibilidad real de acceder al sistema de
justicia, máxime cuando pertenecen a los sectores vulnerables.
Por eso, dentro del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos se
crearon por decreto los Centros de Asistencia Judicial (C.A.J.) que son
muy relevantes para la gestión y se pueden equiparar a una suerte de
“hospital jurídico”.
Estos centros han de albergar diversas oficinas para prestar distintos
servicios vinculados a lo jurídico y una de ellas va a ser la de Asistencia
a las Víctimas.
El servicio que va a ofrecer esa oficina será en tres niveles: el
psicológico-emocional, el social y el jurídico, fundamentalmente para
aquellas que por su estado de vulnerabilidad no puedan acceder a
asistencia profesional.
Cuando me refiero a vulnerabilidad no hablo solamente de la gente
que no puede pagar un abogado, hablo de gente que no puede acceder
por causas ajenas a ella a un abogado, porque hay casos que ningún
abogado querría tomar ni por todo el oro del mundo.
En Brasilia, hace muy poco tiempo, se establecieron las reglas de
vulnerabilidad que son las que hemos tomado nosotros para la reglamen-
tación de esta oficina.
Advertimos, y también mirando la cuestión desde la víctima y el nue-
vo código, que los acuerdos reparatorios que éste prevé pueden ser
muy útiles, fundamentalmente para tributar a la paz, pues pueden recom-
poner la relación víctima-victimario con todo lo que ello significa para la
convivencia.
Tengo presente que en uno de los últimos Congresos Nacionales de
Derecho Procesal, en la comisión de procesal penal, se votó por unanimi-
REFORMA PROCESAL PENAL 193

dad que esa vieja y profunda división de Vélez Sársfield entre la acción
civil para buscar la reparación y la acción penal para el castigo debía ser
superada en cuanto es bueno que el sistema penal resigne, a veces, en
todo o en parte el castigo en aras a que la víctima sea reparada.
A ello tienden en definitiva los acuerdos reparatorios, los que impli-
can otra reivindicación de la víctima pues prioriza sus intereses incluso
frente a la idea de la pena misma.
Siempre traigo a colación que el primero que advirtió esto fue el
propio Estado cuando fue víctima, porque la ley penal tributaria, tanto en
su versión inicial como en la actual, estableció que en algunos casos de
evasión si se paga el impuesto, o sea se repara a la víctima, cesa la perse-
cución penal.
Pero claro, uno se pregunta ¿cómo se logra que víctima y victimario
lleguen a un acuerdo?, acuerdo que en los casos que prevé la ley puede
servir para la extinción de la acción.
Para lograrlo puede necesitarse que a los involucrados en el conflic-
to se los siente en una mesa y allí se realice una negociación, pero para
estas acciones no basta el voluntarismo, no basta la gestión que, quizá con
la mayor buena fe, haga la policía, el fiscal o el juez.
Para ello hay técnicas, que son las técnicas de la mediación penal.
Por esa razón dentro de los Centros de Asistencia Judicial, hemos
creado las Oficinas de Mediación Penal a los fines de que intervengan
cuando lo pidan la oficina de asistencia de las víctimas, la policía, la fisca-
lía, etc. y trate de lograr la solución al conflicto víctima-victimario apli-
cando las técnicas adecuadas.
De esta manera se busca que estos acuerdos reparatorios no sean
solamente focalizados en los segmentos de delitos económicos de gran
cuantía donde hasta los abogados de las partes se encargan de las nego-
ciaciones, sino también en aquellos segmentos sociales más vulnerables o
postergados en los que si no hay una mediación, difícilmente se logre
llegar a un entendimiento.
También, respecto a la nueva persecución penal, nos preocupó
la aplicación amplia de la suspensión del juicio a prueba, a la cual
obviamente adherimos, en cuanto ha sido una queja sistemática de
que no había formas de conseguir y hacer cumplir adecuadas reglas
de conducta.
194 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Visto desde la sociedad, las reglas de conducta son importantes


en la suspensión del juicio a prueba porque mediante ellas el Estado
no queda ajeno a la respuesta que debe darse frente a la comisión de
un delito, aunque esta respuesta no sea necesariamente una pena en
el sentido tradicional.
Por eso hemos reformulado lo que era el viejo Patronato de Libera-
dos, hoy Dirección Provincial de Control y Asistencia Post Penitenciaria
y a sus tradicionales intervenciones con los liberados, le hemos agregado
una sección nueva dedicada al desarrollo y seguimiento de reglas de con-
ducta para ponerlas a disposición de los interesados.
De ahí que estemos convencidos que en esta primera etapa, en la
que por imperio de la ley de implementación se pondrá en vigencia
una nueva forma de persecución penal a partir de febrero de 2009,
con el apoyo de estos órganos del Ministerio de Justicia y Derechos
Humanos que he referido se va a producir una respuesta distinta del
Estado frente al delito.
Es interesante lo que ha sucedido, la ley de implementación pro-
yectada por el Poder Ejecutivo y que estaba en estado parlamentario
se aprobó en estos días, cuando nosotros estábamos reunidos en este
curso en Venado Tuerto.
Si a eso le sumamos que, respecto al segundo núcleo, con la ley de
implementación vamos a empezar con la oralidad obligatoria en la eta-
pa plenaria de algunas causas, pensamos que también avanzaremos en
un terreno muy sensible del nuevo Código, justamente el de la oralidad y
la consecuente publicidad republicana, lo que tiene incidencia directa en
un tema que nos parece prioritario, cual es la participación ciudadana en
el desarrollo de los juicios.
Esa cantidad limitada de delitos con oralidad obligatoria se debe a
que debemos comenzar el cambio con la estructura que tenemos, la que
estimamos, sobre la de estadísticas de los últimos años, que va a poder
soportar la previsible cantidad de esos juicios orales.
Cabe aclarar que los delitos elegidos no sólo lo fueron por la cantidad
previsible de causas sino también porque son de alto impacto social, tales
como el homicidio calificado, el tormento seguido de muerte, los ataques
sexuales con resultado muerte, el robo con homicidio y el enriquecimiento
ilícito de los funcionarios públicos.
Me hago cargo de los problemas técnicos e interpretativos que va-
mos a tener en la transición y frente a esta importante y profunda trans-
REFORMA PROCESAL PENAL 195

formación, máxime que nosotros los abogados sabemos encontrar pro-


blemas interpretativos, aun en las leyes más simples, y cuando no encon-
tramos problemas interpretativos sabemos plantear cuestiones constitu-
cionales, fundamentalmente si no estamos de acuerdo con los cambios
que producen las nuevas leyes.
Recuerdo lo que sucedió cuando una reforma legislativa estableció
que no podía aplicarse a un condenado una pena mayor que la que había
pedido el fiscal y en Rosario, una sala de la Cámara Penal, que obviamen-
te no estaba de acuerdo con esa pauta de indiscutible naturaleza acusatoria,
a esa norma que la limitaba la declaró de oficio inconstitucional y aplicó
en la causa una pena mayor a la pedida por el acusador, retomando crite-
rios inquisitivos que habían sido derogados.
Pero bien, más allá de esas posibilidades, a estas cuestiones, creo, no
les tenemos que tener miedo porque nunca van a dejar de existir y suelen
aflorar fundamentalmente frente a cambios que conllevan una modifica-
ción importante de los paradigmas.
De todas maneras hemos tomado ciertas precauciones al establecer
algunas pautas interpretativas en la ley de implementación para que “los
principios sean superadores de las reglas”, como se dijo en una de las
conferencias de este curso.
En ese sentido hemos reivindicado, aunque está en la Constitución pero
pensamos que era importante hacerlo, las facultades de reglamentar que tie-
ne tanto el Poder Ejecutivo como la propia Corte Suprema de Justicia.
A su vez, estamos por abrir un espacio de trabajo conjunto entre
técnicos del Ministerio y funcionarios que designe la Corte para elaborar
el texto que será el vigente a partir de lo que surge de la ley de
implementación, porque sabemos que los operadores van a necesitar un
texto claro y único para esa etapa y es absurdo imaginar que utilicen
simultáneamente dos códigos y en cada caso pensar cuál es el artículo
que reemplazó o no reemplazó al otro.
En cuanto a las pautas interpretativas que se han consagrado en la
ley de implementación resalto algunas. Una de ellas establece que cuan-
do se va a mantener el sistema escrito se deben usar los criterios del
sistema escrito y cuando se va a utilizar la oralidad se deberán usar los
criterios que la informan a ella. Otra dispone que cuando un instituto es
sustituido porque entra a regir el nuevo Código, el viejo queda totalmente
derogado, por lo cual no podemos generar un tercer sistema combinando
partes de uno con partes de otro referidos a un mismo tema.
196 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Sabemos que va a ser difícil pero quiero resaltar que el nuevo Código
exige lealtad, probidad y buena fe de los operadores, tema que fue
tratado en este curso de manera expresa, por lo que es de esperar que
todos nos comportemos como hombres del derecho y honremos, cada
uno desde su lugar, esa noble tarea.

El camino a la vigencia plena del nuevo Código

Ahora quiero abordar los núcleos o la parte de ellos que no entrarán


a regir en lo inmediato, tratando de disipar un temor inicial que alguno o
algunos exteriorizaron en cuanto decían que esta implementación progre-
siva era “gatopardismo”, es decir un cambio para no cambiar.
Para implementar las partes faltantes del Código tenemos que abor-
dar el tema de los profundos cambios estructurales que son necesarios y
ello nos lleva a referirnos con la mayor claridad posible a la fuerte deci-
sión política que ello requiere.
Desde el actual Poder Ejecutivo del gobierno de la provincia la deci-
sión política está tomada.
Advertimos en otros sectores una variedad de actitudes, pues mien-
tras algunos se han sumado a ella otros exteriorizan preocupación, vacila-
ción, dudas y resistencias.
Para avanzar en la implementación hemos definidos tres ejes sobre
los que tenemos que trabajar y que son el normativo, el de las estructu-
ras y el de la capacitación.
En primer lugar debemos desarrollar el eje normativo debido a que
se necesita la sanción de diversas leyes para que el nuevo Código pueda
funcionar en plenitud, siendo ella al menos cinco.
Nosotros, en el proyecto de ley de implementación que enviamos a la
Legislatura, nos fijamos un plazo para presentar esos cinco proyectos, la
Cámara de Diputados lo suprimió y luego la Cámara de Senadores lo
reimplantó y así acaba de ser sancionado.
Estas cinco leyes son: la ley de la acusación, la ley de la defensa, la
ley que regule el colegio de jueces y la gestión judicial, que preocupó
mucho en este curso, la ley de la transición y la ley de protección de
testigos y víctimas.
Respecto a la ley del Ministerio Público de la Acusación debemos
recordar que en el marco del denominado plan estratégico se generó
REFORMA PROCESAL PENAL 197

un proyecto que hoy está radicado en la Cámara de Diputados, pero


que a nuestro entender presenta algunas deficiencias muy serias des-
de el punto de vista ideológico, lo que impide compatibilizarlo con el
código que se aprobó.
En primer lugar debemos señalar que entendemos, y así lo hemos
dicho, que en el diseño constitucional actual de la provincia de Santa Fe, y
para acreditar ello basta leer la Constitución, el procurador general inte-
gra la Corte Suprema de Justicia, por lo que participa de sus acuerdos,
mientras que en un sistema acusatorio quien integra un órgano jurisdic-
cional no puede hacerse cargo de ser el jefe de una de las partes.
En segundo lugar, nos parece total y absolutamente inadecuado que
haya un jefe común del órgano de la acusación pública y de la defensa
pública, tal como ocurre actualmente y en el proyecto mencionado, pues
ello también atenta contra un diseño adversarial y acusatorio.
En esa línea de ideas, veo con particular preocupación lo que dijo el
presidente del Colegio de Abogados de Rosario en su discurso del Día del
Abogado, al hacer referencia a instrucciones que habría impartido el pro-
curador general respecto a la intervención de la defensa pública en una
causa en la que interviene un fiscal que también le debe obediencia.
Estas situaciones, que siempre imaginábamos como riesgosas pero
fundamentalmente hipotéticas, nos alertan y nos impulsan aún más a sa-
tisfacer la imperiosa necesidad de diferenciar el órgano de la acusación
del de la defensa pública.
Es por ello que en la ley de implementación aprobada se hace refe-
rencia a dos leyes distintas, una referida al Ministerio de la acusación y la
otra a la de la defensa.
A su vez, respecto a la ley del Ministerio Público de la Acusación y a
la función que tienen que desempeñar los fiscales, también nos preocupa
que no hayan sucedido en la provincia acontecimientos novedosos a par-
tir de fines de 2003.
Digo esto porque si ustedes recuerdan, en diciembre del 2003 se
modificó el C.P.P. y la Ley Orgánica y se estableció que el procurador
general debía establecer por circunscripciones las prioridades en la per-
secución penal.
En aquel momento publiqué un par de trabajos doctrinarios detenién-
dome fundamentalmente en esta cuestión por algo muy simple y delicado:
si somos conscientes de que la infraestructura del sistema penal de la
198 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

provincia es insuficiente para procesar la cantidad de causas que se origi-


nan en ella, creo que es un hecho innegable que una ley que establece que
el procurador general debe fijar prioridades en el desarrollo de esas cau-
sas, le está dando, en alguna o gran medida, la facultad de decidir qué
causas deben trabajarse primero, incluso hasta agotar la capacidad
operativa del sistema.
Ello trae como innegable consecuencia que, por esa limitación de la
capacidad operativa, se está definiendo un modelo que se aleja de la
legalidad estricta que nos ha caracterizado porque mediante esas deci-
siones habrá causas que se limitarán a esperar la prescripción. Esa
norma fue, por lo tanto, el origen de la regla de la oportunidad en la
persecución penal.
Siempre es preocupante la cantidad de prescripciones, pero lo grave
es cuando se verifica que ello ocurre en causas que uno podría señalar
como significativas, extremo que se agrava si no están debidamente
explicitadas y difundidas cuáles son las prioridades que hoy deben regir la
persecución penal en Santa Fe, tal como lo exige la ley.
Entonces, ahora que se establecen nuevos criterios de oportunidad,
tal como lo determina el nuevo Código, ahora que se amplía el aspecto
dinámico del Ministerio Público de la Acusación y con ello sus facultades
respecto a la selectividad de la persecución penal y sus posibles alterna-
tivas, viendo lo ocurrido con la reforma del 2003 nos aparece la duda
respecto a si estas nuevas facultades se usarán o no.
Es que uno puede preguntarse ¿por qué no se desarrolló con la nor-
mativa del 2003 una conducta progresista por parte del Ministerio Públi-
co? fundamentalmente en un tema que en este momento es tan sensible
para nuestra sociedad.
Por eso es casi obvio que este escenario genere preocupación,
porque de nada vale preparar y conseguir que se aprueben leyes, ge-
nerar órganos de apoyo, si luego quienes deben tomar la iniciativa y
usar esos nuevos instrumentos para dar las respuestas que la ciudada-
nía reclama no lo hacen.
Respecto al tema del Colegio de Jueces, yo escuché atentamente lo
que se planteó aquí. Tenemos sobre esta cuestión un diseño preelaborado,
pero a partir de él vamos a abrir una instancia de debate con los operado-
res judiciales. Para desarrollar el nuevo diseño tenemos algunas restric-
ciones constitucionales que, estimo, determinan que los colegios sean se-
REFORMA PROCESAL PENAL 199

parados para la primera y la segunda instancia e impiden un colegio


integrador de ambas.
No hace falta imaginar al colegio de jueces como un ámbito donde
todo sea absolutamente móvil, sino que puede haber otros modelos donde
no todas las rotaciones sean por causa, pudiéndose prever que para algu-
nas competencias, por ejemplo la correspondiente a la instrucción penal
preparatoria, las rotaciones sean por periodos de tiempo.
De lo que sí estoy seguro es que con el sistema de jueces por colegio
vamos a lograr mayor rendimiento y economía, mejorando notablemente
la relación costo beneficio del sistema.
Tengamos presente que para nombrar un nuevo juez no va a ser
necesario crear un nuevo juzgado, con todo lo que ello significa en funcio-
narios, empleados y estructura administrativa.
Si ustedes se detienen en la ley de implementación van a advertir que
por ella se modifican las normas vigentes en cuanto al pliego y al acuerdo
legislativo para los jueces penales.
Por esa razón, desde que pusimos en marcha el nuevo diseño de
Consejo de la Magistratura no hemos convocado a ningún concurso de
juez penal de primera instancia esperando la sanción de esta ley. ¿Por
qué? Porque nos pareció una contradicción manifiesta llamar a concurso
para cubrir cargos, como por ejemplo el de juez de instrucción, que son
ahora una especie en vía de extinción.
Frente a ese problema, la norma mencionada prevé que de ahora en
más los pliegos y acuerdos, y por ende los concursos, para el fuero penal
van a ser por instancia y por distrito y la adjudicación de ese juez a un
juzgado determinado que hoy exista y esté vacante se determinará por
una combinación de fechas de la vacante y el acuerdo, de tal suerte que
nadie pueda manipular esta situación.
Pero ese juez ya tiene acuerdo como juez penal de primera instancia
en determinado distrito lo que significa que, cuando se disuelva el órgano
que él ha de ocupar en la transición, automáticamente va a se trasladado
al colegio de jueces correspondiente.
Esperamos que esta política que mira al futuro también se asuma
para la cobertura de cargos que van a ser reformulados necesariamente
en el nuevo modelo y cuya designación no está en la esfera del poder
ejecutivo, evitando generar situaciones que puedan entorpecer la transi-
ción, que ya de por sí es muy difícil.
200 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

El segundo eje que hemos abordado es el de la capacitación y en


ese sentido debo destacar que cuando analizamos, con el aporte de los
organismos que nos apoyan, las causas de los fracasos o de las dificulta-
des en los procesos de cambios de sistema realizados en otros lugares
aparece como principal la falta de debida capacitación, entendida esta en
sentido amplio, de los operadores del nuevo modelo.
No debemos olvidarnos que el desafío que enfrentamos es muy im-
portante, máxime que con el cambio encarado se persigue, prioritariamente,
mejorar la calidad de vida de nuestra gente, por lo que el eventual fracaso
no sólo nos afectará a nosotros sino fundamentalmente a la sociedad.
Volviendo a la capacitación uno debe imaginar que con el mejor re-
glamento de fútbol, el mejor estadio, la mejor pelota, la mejor indumenta-
ria no basta para ganar un partido, porque lo esencial para ello radica en
tener buenos jugadores y que estén bien entrenados.
De ahí que hemos hecho un gran esfuerzo para comenzar seriamen-
te a realizar la capacitación y este curso que hoy se clausura es una
prueba de ello.
Como ustedes saben, hemos traído profesores desde el extranjero
para capacitar a quienes luego serán capacitadores de los operadores
santafesinos y esta gestión se ha hecho cargo de los costos de las matrí-
culas, los que no son menores.
Incluso, como esta ronda de capacitación de capacitadores se ha
realizado en distintos lugares de la provincia, hemos cubierto, hasta el
límite de nuestras posibilidades, y más allá, o más acá, de las pretensiones
legítimas de algunos, los gastos de viáticos de los participantes.
Por ello esperamos que el compromiso asumido por los cursantes, de
volcar lo aprendido en los distintos programas que se han de realizar en la
provincia, se cumpla adecuadamente, porque de ustedes depende en gran
parte la correcta difusión y capacitación necesaria para el nuevo modelo.
A fin de mes se va a realizar en Rosario el tercer y último módulo de
este curso para capacitadores y vale aclarar que esta tarea que nosotros
estamos realizando desde el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos
no es obstáculo para la realización de otras capacitaciones ofrecidas por
otras entidades públicas o privadas.
Recuerdo que en una reunión con la Corte, y teniendo presente su
Centro de Capacitación, se planteó quién realizaría la capacitación y yo
dije “todos”. Esto es muy grande, esto es muy importante y cuanto más
oferta mejor.
REFORMA PROCESAL PENAL 201

Nosotros tenemos una Dirección Provincial de Formación Cívica y


Capacitación Judicial, la que hemos creado en el marco de nueva ley de
ministerios del Poder Ejecutivo.
A esos fines, de la capacitación, hemos firmado convenios con las
Universidades Nacional de Rosario y la del Litoral y de ahí surge el ori-
gen de los profesores que hoy están realizando este curso.
Pensamos seguir trabajando muy seriamente en este aspecto, no
solamente para que los operadores, en definitiva, operen bien, sino, ade-
más, para que en estos primeros pasos aprendamos a perderle miedo al
cambio y la única forma de perderle el miedo a lo desconocido es que
deje de ser desconocido.
Eso se logra con entrenamiento, con estudio, con práctica, que es lo
que estamos ofreciendo y, en este aspecto, debo hacer un agradecimien-
to, por su presencia e interés, a los que en esta oportunidad nos están
acompañando y que no forman parte del cuerpo de capacitadores.
Como ustedes saben, en este módulo pusimos en marcha la expe-
riencia de hacerlo en conjunto con la Corte Suprema de Justicia y de
abrirlo a todos los interesados de la zona, debido a que se iban a tratar
temas donde la parte teórica era la preponderante.
También quiero agradecer a nuestros anfitriones del Poder Judicial
la acogida que nos han brindado, la deferencia con la que nos han tratado,
nos han prestado su lugar, nos han atendido con almuerzos, con merien-
das, y todo ello merece destacarse.
Quise dejar para el final lo correspondiente al eje de la estructura,
que abarca el tema del presupuesto y el de la infraestructura material, de
personal y de informática que requiere el nuevo modelo.
En esa línea de ideas es necesario reflexionar previamente sobre el
compromiso con los principios y reglas del nuevo sistema que se requiere
para llevar adelante la transformación, pues de él dependen las decisio-
nes políticas que se tomen.
El modelo viejo nos comprometía con los papeles y las estadísti-
cas, dado su marcado tinte burocrático y el que tenemos que
implementar nos compromete con las personas y sus conflictos por
su indiscutible raíz humanista.
En el modelo viejo el juez debía ver a quien iba a sentenciar por
“mandato legal” al menos “una vez” en el examen de “visu”, y ello era
ajeno a la buena o mala voluntad del magistrado, ya que todo giraba en
torno al expediente.
202 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Ahora los operadores van a convivir con la cara, con el dolor, con la
alegría de los involucrados, con todo lo que ello significa, pues la base del
procedimiento serán las audiencias.
Por eso para actuar en todos los órganos va a ser necesario un alto
nivel de compromiso y de función de servicio.
Se suele preguntar si con el nuevo Código se va a tener que trabajar
más, yo no sé si más o menos, pero estoy convencido que se va a tener
que trabajar distinto.
No me cabe duda que va a ser imprescindible tener vocación, esa
por la que cada uno de nosotros ingresamos a la Facultad de Derecho.
Partiendo de ese necesario compromiso vamos a abordar este eje.
Respecto de las cuestiones presupuestarias les doy un dato que es
interesante: hemos tomado los estándares internacionales y sobre la base
de ellos, qué consideran territorio, densidad demográfica, índice de
delictuosidad, usando estadísticas que, seguramente, no representan ple-
namente la realidad, establecimos cuál era la estructura teórica de opera-
dores que necesitábamos en la provincia de Santa Fe para un sistema
funcionando a pleno con el nuevo Código.
Adjudicamos a cada uno de los operadores (fiscales, jueces, etc.) los
sueldos actuales y el resultado final de esta operación que, tómenla con
cuidado porque es un ejercicio que no es absolutamente real, nos arrojó
un costo de sueldos de aproximadamente 200 millones de pesos por año.
Tomamos los gastos actuales en estos mismos rubros del fuero
penal por año y vimos que en total suman aproximadamente 180 -
185 millones de pesos.
Quiere decir que en esta primera lectura la diferencia nos resultó
menos grande que lo que uno se imaginaba.
Claro, nunca van a coexistir plenamente los dos sistemas, el proceso
de transición va a generar que mientras uno comienza a achicarse, el
otro, que ha de comenzar con carga de trabajo cero, empezará a crecer.
Durante la transición van a existir numerosos problemas, incluso
sobre costos y gastos, los que se van a ver, en algunos casos, duplica-
dos, pero debemos tener presente que al final la diferencia no deberá
ser tan significativa.
Pero sería imprudencia manejar estas cuestiones con este tipo de
estudios tan genéricos, entonces, apoyados por la OEA, hemos encarado
REFORMA PROCESAL PENAL 203

un estudio a medida, ya no sobre estándares abstractos sino por estudios


específicos de la provincia de Santa Fe.
Ese estudio lo vamos a tener finalizado aproximadamente dentro
de 120 días y estamos ahora transitando el primero de cuatro tramos.
Estimo que al finalizar tendremos con mayor precisión cuál será el cos-
to final del sistema.
Pero debo indicar que ese costo también va a depender de lo que se
exija del nuevo sistema, pues si queremos que las causas penales se in-
vestiguen en determinada cantidad y plazo tendrá un determinado costo,
el que subirá o bajara en cuando subamos o bajemos las exigencias de
cantidad y tiempo.
Ello significa que cuando se desarrollen estos números vamos a te-
ner que optar por alternativas que presentan distintas relaciones costo-
beneficio, considerando cantidad y tiempo que se pretendan en la tramita-
ción de las causas.
Y esto es importante tenerlo en cuenta cuando se avance con la
reforma a fin de realizar seriamente el presupuesto de la provincia, el que
como todos sabemos no se agota en el enjuiciamiento penal.
De ahí que habrá que elegir la capacidad operativa del nuevo siste-
ma y asumirla, porque cada sala de audiencias que se construya posible-
mente sea un aula menos de una escuela o una sala menos de un hospital.
Una de las virtudes del nuevo sistema es que permite un seguimiento
mucho más realista de su funcionamiento, considerado tanto cualitativa
como cuantitativamente, por lo que se sabrá, o deberá saber, cuál es su
real posibilidad de funcionamiento en base a los recursos invertidos, y esa
capacidad operativa es la que habrá que asumir.
Entonces, en el futuro, el presupuesto tiene que ser, como instrumen-
to de políticas públicas, donde racionalmente y considerando que los in-
gresos son limitados, se adjudiquen fondos de manera responsable al sis-
tema penal que se quiere establecer.
De todas maneras, partiendo de la base de ese estudio inicial que
hicimos y teniendo en cuenta la potencialidad económica de la provincia,
no veo en este momento que la situación más preocupante sea la de los
costos operativos.
Respecto a los muebles que se necesitan, fundamentalmente para
las audiencias, hemos llegado a un acuerdo con el IAPIP, que adminis-
tra la industria penitenciaria, para su elaboración, los que ya han sido
204 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

diseñados y que, cabe aclarar, son simples y serán iguales para toda la
provincia.
Si tenemos suerte, el próximo módulo de este curso de capacitadores,
que se realizará en Rosario a fin de mes, lo vamos a hacer en una sala de
audiencias real, con muebles reales y un sistema de registraciones reales,
la que en este momento se está armando y aunque cuando se trata de
muebles y de arquitectos no es fácil comprometerse a una fecha, espero
que podamos llegar a finalizarla a tiempo.
Además, esa sala de audiencias que estamos armando en Rosario,
en la Delegación del Ministerio, va a servir, además de aula, para otras
cosas, como mostrarle a la comunidad cómo es una sala de audiencias y,
llegado el caso, para realizar un juicio oral real.
También estamos trabajando en el armado de equipos de registración
móviles, porque el juicio oral se puede hacer en cualquier lugar, es más,
muchas veces hay que hacerlo fuera del tribunal, y de esta forma podre-
mos colaborar en sus realizaciones.
Yo recuerdo experiencias en Santa Cruz, donde las distancias son
muy grandes, y se consideraba muchas veces preferible trasladar el tri-
bunal al lugar del hecho y hacer el juicio en el patio de la comisaría que
trasladar todos los testigos a la sede del tribunal.
Nosotros tenemos, por lo que vimos y discutimos en la jornada de
ayer “un inconveniente” que solucionar, que es la registración, y por eso
es que imaginamos equipos móviles de registro con los que vamos a po-
der montar salas de audiencias en cualquier lugar y ello sin perjuicio de
que las salas acondicionadas de manera permanentes deberá tener insta-
lados equipos estables.
Respecto a la parte informática, que es muy importante, debo con-
tarles que cuando asumimos nos encontramos con algo que nos llamó la
atención. La Provincia de Santa Fe, después que se sancionó el nuevo
Código Procesal Penal, había adjudicado una licitación para informatizar
el Poder Judicial que es la más importante de la República Argentina.
En sus tres segmentos llega a superar los 18 millones de dólares. Se
había adjudicado el primer segmento, que es el referido a gestión, por un
monto aproximado de 6 millones de dólares, utilizando un crédito del Ban-
co Mundial, y que se refiere a todos los fueros.
Lo que nos llamó la atención es que el fuero por el que se iba a
empezar era el penal pero sobre la base del régimen viejo, debido a que la
licitación se había tramitado antes de la reforma.
REFORMA PROCESAL PENAL 205

Hemos iniciado, desde un primer momento, gestiones para modificar


ese desarrollo del contrato a los fines de que la informatización sea te-
niendo presente la dinámica del nuevo modelo y, en este sentido, debo
traer a colación que la Corte Suprema de Justicia está acompañándonos
en estas gestiones, que involucran tanto al Banco Mundial como a la
empresa INDRA que es la adjudicataria.
Para ello hemos tomado contacto con las máximas autoridades de
esa empresa, que tiene su sede en España y se vienen realizando una
serie de reuniones tendientes, fundamentalmente, a que al informatizarse
el fuero penal se cambie el soporte expediente por el soporte audiencia.
Tengo esperanzas de que lo logremos. De ser así, tendríamos en pocos
meses la posibilidad de avanzar rápidamente en la informatización del nue-
vo diseño de enjuiciamientos penales, lo que a pesar de ser muy costoso lo
tendríamos cubierto con el contrato y crédito que he referido y por el que la
provincia ya pagó 2 millones y medio de pesos en lo que va del año.
Con relación a los edificios del nuevo sistema, estamos haciendo lo
siguiente: en primer lugar dejamos establecido que los edificios del nuevo
sistema penal tienen que estar separados de los edificios de los tribunales
tradicionales.
El sistema por audiencia, tanto para la investigación como para el
plenario, exige un diseño arquitectónico completamente distinto al que se
utiliza en el sistema escrito.
Para la primera etapa, por decirlo de alguna manera, estamos ha-
ciendo un relevamiento de todos los edificios de la provincia y edificios
que podamos alquilar, para que tengamos una estructura inicial aunque
sea provisoria. Chile, en algunos lugares, empezó trabajando en galpones.
Para un segundo paso hemos diseñando edificios modelos de Cen-
tros de Justicia Penal para la provincia, que involucra tribunales y las
centrales regionales de la Fiscalía y la Defensa Pública.
La semana que viene, o a más tardar la otra, vamos a abrir un espa-
cio de diálogo con todos los operadores judiciales: la Corte, los Colegios
de Abogados, el Colegio de Magistrados, el sindicato de empleados judi-
ciales, para mostrarles los anteproyectos que hemos elaborado, tomando
como antecedente experiencias internacionales de sistemas similares al
que queremos implementar.
Los anteproyectos han sido elaborados por un equipo interdisciplina-
rio que incluyó abogados, arquitectos e ingenieros tanto del Ministerio de
206 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Justicia y Derechos Humanos como del de Obras Públicas, quienes se


involucraron con el cambio e imaginaron las exigencias de funcionalidad
que los edificios deben satisfacer.
Estos anteproyectos, que ahora gracias a la informática y a la com-
putadora se pueden ver incluso como edificios concluidos, serán la base
del diálogo con los sectores que he mencionado, para que nos hagan lle-
gar sus aportes.
Nuestra intención es, y así lo hemos planteado en el proyecto de pre-
supuesto 2009 tanto del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos como
en el de Obras Públicas que se presentó a Economía, empezar a construir
a comienzo del próximo año los edificios de Rosario y Santa Fe, conside-
rando estas dos obras como prioritarias para el gobierno de la provincia.
Creemos que en dos años y medio se pueden terminar estos dos
edificios, y a partir de ahí se tendrán que ir replicando en el resto de la
regiones o circunscripciones.

Conclusión

Quiero trasmitir, con lo expuesto, que esta gestión ha tomado con


seriedad el tema del cambio del sistema de enjuiciamiento penal en Santa
Fe, lo que implica que hay gente que está muy involucrada para lograrlo y
de tal manera ir modificando el inventario de problemas que hoy presenta
el modelo vigente y con el que comencé mi exposición.
Tenemos esperanza en que la reforma se pueda llevar adelante y la
convicción de que será muy positiva para la comunidad.
He vivido con profunda alegría la experiencia legislativa de la ley de
implementación. Con ella se ha logrado, pero no como logro político sino
como logro de madurez cívica, que el Senado, cuyo signo político domi-
nante no coincide con el del Poder Ejecutivo, la aprobara, con algunas
pequeñas modificaciones, por unanimidad.
Ello fue producto de muchas horas de debate y de conversación,
donde sinceramente la Legislatura de la provincia exhibió legisladores
preocupados e involucrados en el tema, comprendiendo que hay cuestio-
nes de Estado que deben superar las cuestiones partidarias.
Es que no hay un sistema judicial radical o socialista o peronista. La
realidad es que tenemos un buen o un mal sistema y ello es responsabili-
dad de todos los poderes del Estado.
REFORMA PROCESAL PENAL 207

Cuando comenzamos la gestión, yo decía que nuestro diseño consti-


tucional establece como responsabilidades del Poder Ejecutivo y del Po-
der Legislativo establecer los procesos de enjuiciamiento, porque tanto
las leyes procesales como la orgánica emanan de estos dos poderes.
También dije que el Poder Judicial, como operador del sistema, pue-
de presentar propuestas y tiene que estar involucrado en el cambio.
Hoy, a nueve meses del inicio de esta gestión, podemos ver a los
tres poderes trabajando en conjunto sobre el particular, tratando de que
esto salga adelante.
Creo, por último, que el peor momento del navegante es cuando deja
el puerto, porque a partir de ahí pueden venir las tormentas y las tempes-
tades y va a tener que superarlas con el barco que tiene, con su habilidad,
con su experiencia, pero, todos sabemos que si no deja la tranquilidad
del puerto nunca va a llegar a destino.
Nosotros estando aquí, juntos, trabajando en la capacitación, a lo
mejor no nos dimos cuenta, pero ayer con la aprobación de la ley de
implementación hemos dejado el puerto.
Espero que lleguemos a destino. Muchas gracias por escucharme.
REFORMA PROCESAL PENAL 209

INDICE

Palabras de presentación
Ariel Álvarez Gardiol ..................................................................... 7

Defensa penal pública y reforma procesal


Ramón Teodoro Ríos ..................................................................... 9

Comentarios sobre el proyecto de ley provincial de defensa penal


para Santa Fe
Víctor R. Corvalán ...................................................................... 25

Desafíos del nuevo Ministerio Público de la Acusación


Julio de Olazábal ........................................................................ 35

Lineamientos para el nuevo Ministerio Público de la Acusación


santafesino
Gustavo Daniel Franceschetti .................................................... 51

Políticas públicas y reforma del sistema de justicia penal de la pro-


vincia de Santa Fe: disparadores para la discusión
Víctor Moloeznick ....................................................................... 69

Aspectos relevantes de gestión judicial en el marco del proceso


de implementación del nuevo Código Procesal Penal santafesino.
Mario Martín Barletta ................................................................ 91
210 ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Ley de implementación progresiva de la reforma procesal penal.


Algunos aspectos sobre su interpretación
Alfredo Ivaldi Artacho .............................................................. 101

Las reglas de conducta y las medidas alternativas en el nuevo


sistema de enjuiciamiento penal en la provincia de Santa Fe
María Cecilia Vranicich ........................................................... 131

La inseguridad como política y la desnaturalización del debate


social
Ricardo Luis Mascheroni .......................................................... 143

Prisión preventiva y reforma procesal penal en Santa Fe


Luis Antonio Schiappa Pietra y Sebastián R. Narvaja .......... 147

Hacia la vigencia plena del nuevo Código Procesal Penal


Héctor Superti ............................................................................ 187
REFORMA PROCESAL PENAL 211

Se terminó de imprimir en
Editorial Advocatus, Obispo Trejo 181,
en el mes de agosto de 2010

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