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La política científica en disputa:

diagnósticos y propuestas
frente a su reorientación regresiva

Federico Brugaletta | Mora González Canosa


Marcelo Starcenbaum | Nicolás Welschinger
Editores

FACULTAD DE HUMANIDADES
Y CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN

1
La política científica en disputa:
diagnósticos y propuestas
frente a su reorientación regresiva

Federico Brugaletta | Mora González Canosa


Marcelo Starcenbaum | Nicolás Welschinger
Editores

FACULTAD DE HUMANIDADES
Y CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN

2
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Secretaría de Extensión Universitaria
Colección Andamios, Serie Perspectivas
Director de Colección
Jerónimo Pinedo /Secretario de Extensión FaHCE
Editora de Colección
Candela Victoria Díaz /Secretaría de Extensión FaHCE
Diseño de Colección
Alejandra Gaudio /Área de Diseño y Comunicación Visual FaHCE
Diseño de Serie
Valeria Miccio /Área de Diseño y Comunicación Visual FaHCE
Correctora de Estilo
Alicia Lorenzo / Prosecretaría de Gestión Editorial y Difusión FaHCE

Imagen de tapa superior: CONICET EN LUCHA en los 80.


Archivo Hasenberg-Quaretti
Imagen de tapa inferior: CONICET LA PLATA en lucha 2018.
Registro de Frente Amplio de Graduades FaHCE

Esta publicación ha sido sometida a evaluación interna y externa por


medio del sistema de pares de doble ciego organizada por la Secretaría
de Extensión de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
de la Universidad Nacional de La Plata.

Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723


©2019 Universidad Nacional de La Plata

ISBN 978-950-34-1776-8
Colección Andamios, 5
Serie Perspectivas

Cita Sugerida: Brugaletta, F., González Canosa, M., Starcenbaum, M.


y Welschinger, N. (Eds.). (2019). La política científica en disputa: diag-
nósticos y propuestas frente a su reorientación regresiva. La Plata: Uni-
versidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la
Educación ; CABA: CLACSO. (Andamios, 5. Perspectivas).
Recuperado de [Link]
book/139

Licencia Creative Commons 4.0 Internacional


(Atribución-No comercial-Compartir igual)
3
CLACSO - Secretaría Ejecutiva
Karina Batthyány - Secretaria Ejecutiva
Nicolás Arata - Director de Formación y Producción Editorial
Lucas Sablich - Coordinador Editorial

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ISBN 978-950-34-1776-8
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No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su almacenamiento en un sistema informático, ni


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clusivamente a los autores firmantes, y su publicación no necesariamente refleja los puntos de vista de la Secretaría
Ejecutiva de CLACSO.

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4
Andamios | Serie Perspectivas
La Secretaría de Extensión de la Facultad de Hu-
manidades y Ciencias de la Educación pone a
disposición del público Andamios. Una colec-
ción de libros de extensión universitaria que se
propone estimular reflexiones teórico-metodoló-
gicas, difundir experiencias y producir herramien-
tas para el trabajo común con los actores en el
medio social.

En esta ocasión presentamos La política cien-


tífica en disputa: diagnósticos y propuestas
frente a su reorientación regresiva, el primer
libro de la Serie Perspectivas, compuesto por
nueve intervenciones que analizan, desde una
perspectiva integral, los desafíos y las diversas
aristas de la producción, circulación y apropiación
del conocimiento en el ámbito del sistema cien-
tífico nacional y de las universidades públicas, así
como por una contextualización de la coyuntura
de luchas colectivas para la defensa del sistema
científico donde se produjeron dichas interven-
ciones.

5
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación

Decana
Prof. Ana Julia Ramírez

Vicedecano
Mg. Mauricio Chama

Secretario de Asuntos Académicos


Prof. Hernán Sorgentini

Secretario de Posgrado
Dr. Fabio Espósito

Secretaria de Investigación
Prof. Laura Rovelli

Secretario de Extensión Universitaria


Dr. Jerónimo Pinedo

Prosecretario de Gestión Editorial y Difusión


Dr. Guillermo Banzato

6
ÍNDICE

Prólogo 9

Apertura | Movilizar, argumentar y proponer 11


Representantes de Investigadores en Formación
del IdIHCS-Conicet
Frente Amplio de Graduades FaHCE

PARTE 1 | Ciencia básica y aplicada: más allá


de las antinomias

El rol del Estado como demandante


de conocimiento 26
Roberto Salvarezza

Las políticas científicas entre el decir y el hacer 36


Gloria Chicote

La batalla del INTI como brújula de un proyecto


de país industrial e inclusivo 44
Diego Hurtado

PARTE 2 | Conocimiento y sociedad: transferencia


y apropiación social del conocimiento

Resistir para seguir construyendo


una universidad más democrática 55
Yamile Socolovsky

La producción de la circularidad del conocimiento.


Saberes, demandas y políticas de investigación 72
Virginia Manzano
7
La extensión universitaria como producción
de conocimiento. Modalidades de articulación
extensión-docencia-investigación 88
Jerónimo Pinedo

PARTE 3 | Usos y sentidos en torno a la utilidad


de las humanidades y las ciencias sociales

La productividad política del conocimiento social:


usos, derivaciones y circulación de saberes 103
Sandra Carli

Sobre la utilidad de las ciencias sociales


en tiempos de neoliberalismo y posverdad 115
Juan Ignacio Piovani

Usos y abusos de las ciencias humanas


y sociales. Algunas batallas por los sentidos 134
Laura Lenci

Epílogo 143

8
Prólogo
La presente publicación reúne las exposiciones realizadas en
el marco de la intervención pública “La política científica en
disputa: diagnósticos y propuestas frente a su reorientación
regresiva”. Esta actividad fue organizada por el Frente Am-
plio de Graduades y se llevó a cabo en la Facultad de Huma-
nidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacio-
nal de La Plata el día 14 de septiembre de 2017.
En este libro encontrarán nueve intervenciones que analizan,
desde una perspectiva integral, los desafíos y las diversas
aristas de la producción, circulación y apropiación del cono-
cimiento en el ámbito del sistema científico nacional y de las
universidades públicas. Además, se agrega una contextuali-
zación de la coyuntura de luchas colectivas para la defensa
del sistema científico donde se produjeron dichas interven-
ciones.
Investigación, docencia y extensión son tratadas aquí por les
expositores como una tríada relacional que exige una mirada
integral acerca de los alcances y significados de la misión
pública del sistema científico. Por medio de la autorreflexión
crítica buscan responder a los ataques que la ciencia pública
ha soportado durante los últimos tres años por parte de las
autoridades del gobierno nacional. Sin ahorrarse discusiones
sobre los logros alcanzados y los asuntos que aún resta asu-
mir, se reconoce a la producción del conocimiento como un
campo en disputa atravesado por lo político y la política, que
nos interpela acerca de cómo, para qué y con quiénes seguir
haciendo ciencia pública en la Argentina.

9
Dado que la actividad fue pensada especialmente como in-
tervención pública, hemos decidido mantener el tono colo-
quial de la presentación y las exposiciones. En el mismo sen-
tido, no hemos realizado aclaraciones sobre los diagnósticos
allí desplegados a partir de acontecimientos ulteriores. Al
respecto, un epílogo escrito específicamente para esta edi-
ción se propone actualizar el panorama de la situación de la
política científica.
Agradecemos a las autoridades de la Facultad de Huma-
nidades y Ciencias de la Educación (FaHCE) y del Instituto
de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdI-
HCS), quienes facilitaron la realización de la intervención,
y a les compañeres que participaron de una u otra manera
en la preparación y desarrollo de la actividad. Por último,
queremos mencionar particularmente a quienes trabajaron
en la edición del material que compone esta publicación:
Anabel Beliera, Victoria D’Amico, Pedro Fiorucci, Santiago
Galar, Belén Morris y Leandro Stagno.

Frente Amplio de Graduades FaHCE

10
Apertura

Movilizar, argumentar y proponer

Representantes de Investigadores en Formación del IdIHCS-Conicet


Frente Amplio de Graduades FaHCE

Queremos darles la bienvenida a esta jornada de interven-


ción pública “La política científica en disputa: diagnósticos y
propuestas frente a su reorientación regresiva” que organi-
zamos les compañeres del Frente Amplio de Graduades aquí
en la Facultad de Humanidades y en el Instituto de Investiga-
ciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS/FaHCE/
Conicet).
El objetivo de esta actividad es promover el debate sobre tres
núcleos fundamentales de la campaña de desprestigio con-
tra la educación, la docencia y la investigación públicas, que
actualmente busca instalarse en el espacio público para jus-
tificar en el plano discursivo el ajuste presupuestario y el re-
diseño del sistema científico en su conjunto. Los tres paneles
propuestos para el debate retoman las categorías y planteos
con que los propios funcionarios del gobierno han buscado
legitimar la reorientación de la política científica en el contex-
to actual. Nuestra intención en esta jornada es disputar los
sentidos con los cuales se pretende argumentar y sostener
un achicamiento agresivo del sistema científico nacional me-
diante la construcción de contrasentidos que problematicen
las falsas antinomias entre producción del conocimiento y
aplicación tecnológica; financiamiento al desarrollo científico
y sostenimiento de políticas de inclusión social; impacto de la
producción académica y apropiación social del conocimiento.
11
La apuesta es hacer de esta jornada una oportunidad para
reforzar el compromiso con la defensa de una política cientí-
fica democrática, fortalecer el rol central de las instituciones
educativas y científicas públicas en la producción y puesta en
circulación de conocimiento, y contribuir a la construcción de
una mirada propositiva con la cual combatir la supuestamen-
te inexorable opción por el ajuste.
En esta breve apertura, inscribimos esta actividad en el mar-
co de la participación que venimos sosteniendo desde hace
años en el Frente Amplio de Graduades de la FaHCE. Esto
implica un intento de narrar brevemente el proceso median-
te el cual, en estos dos últimos años y al calor de la moviliza-
ción, se fue conformando un colectivo del sector de ciencia
y técnica mientras que, en simultáneo, se buscaba instalar
una campaña de desprestigio contra la investigación en el
espacio público.
Así, pensamos esta apertura para dar cuenta de las pregun-
tas que nos hacemos ante las tensiones que nos plantea
esta difícil coyuntura y las formas concretas que construimos
colectivamente para intervenir desde las humanidades y las
ciencias sociales en este conflicto. Para poder, en síntesis,
retomar el recorrido que realizamos en esta lucha y que nos
trae hoy aquí a promover esta jornada de intervención pú-
blica.

El Cambio en la política científica

Desde la asunción del gobierno por parte de la alianza Cam-


biemos, comenzamos a ver con preocupación y alerta un
escenario de paulatina reorientación regresiva de la política
científica, a pesar de la continuidad de las autoridades del
Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva
12
(Mincyt). Sabíamos que era necesario analizar el sentido de
esta reorientación y pensar también articulaciones posibles
entre los investigadores de las distintas disciplinas del sistema
científico para hacer frente a esta coyuntura.
El 27 de octubre de 2016 participamos en la primera movili-
zación contra la reducción del presupuesto nacional destina-
do al área de ciencia y técnica (CyT). Por aquellos meses ya se
había comenzado a conformar la Asamblea de Trabajadores
de Ciencia y Tecnología de la regional La Plata, de la que
formamos parte hasta hoy. Y quizá sea el proceso de confor-
mación de las asambleas regionales de CyT en los distintos
puntos del país el aspecto más relevante que estaba indican-
do el comienzo de un proceso de movilización del sector.
Fue a fines de 2016 que se conoció la primera decisión que
mostraría con total claridad el achicamiento y el sentido de
la reorientación que sufría la política científica: la drástica dis-
minución del número de ingresantes a la carrera de investi-
gador científico (CIC) del Conicet, que pasaría de los 943 del
año 2015 a 385 en el año 2016, lo que representaba un re-
corte del 60 % interanual. Decisión que luego se plasmó en
la exclusión efectiva de investigadores e investigadoras que
habían obtenido una doble recomendación para ingresar a
la CIC en el proceso de selección por parte de las comisiones
de expertos. Los reclamos ante esta decisión, que significa-
ba en la práctica el abandono de los objetivos estratégicos
propuestos por la misma gestión del Ministerio de Ciencia,
Tecnología e Innovación Productiva en el Plan Argentina In-
novadora 2020, derivaron en la toma del Mincyt.

13
Las tomas de diciembre del Mincyt y de los Centros
Científicos Tecnológicos

El hito a partir del cual el colectivo y el reclamo cobraron


visibilidad nacional fue la toma del Mincyt en la ciudad de
Buenos Aires durante el mes de diciembre de 2016, junto
a las que se sucederían en los distintos CCT del Conicet del
país: Bariloche, Rosario, Córdoba, Mendoza, Puerto Madryn
y La Plata.
Mientras transcurrían estas tomas, el presidente del Conicet,
Alejandro Ceccato, intentaba justificar la situación en una
entrevista transmitida por televisión. Ante la pregunta por la
revisión del plan estratégico y el horizonte de crecimiento del
organismo, su respuesta fue: “porque estamos en un país
que ha reconocido a un tercio de su población como pobre y
no hay suficientes recursos para cubrir todos los flancos po-
sibles”. Al mismo tiempo, el ministro Lino Barañao argumen-
taba que “no hay ningún país que con el 30 % de pobreza
esté aumentando el número de investigadores como lo está
haciendo la Argentina”. Estas declaraciones, entre muchas
otras, indicaban que el recorte presupuestario comenzaba
a ser justificado por los funcionarios públicos apelando a
simplificaciones y falsas antinomias que contribuían a crear
estereotipos fáciles. Su discurso buscó legitimar el recorte
y negar que sus decisiones tuvieran como único criterio el
ajuste económico. Negar, en definitiva, lo que los actores del
sector entendemos que es el abandono del conocimiento
como recurso estratégico del desarrollo socioeconómico. Así
fue como, mientras nos encontrábamos llevando adelante
las tomas, comenzaba a desarrollarse una campaña oficial
de difamación que, lamentablemente, con el tiempo se con-
firmó dirigida tanto hacia el sector de ciencia y técnica como
hacia la educación pública en todos sus niveles.
14
“Las 20 peores investigaciones del Conicet”

Durante los días en que transcurrió la toma del Mincyt, la


campaña de desprestigio fue cobrando cada vez mayor
fuerza y espesor. Se fue montando en las redes sociales una
verdadera campaña de hostigamiento a investigadoras/es
y becarias/os del Conicet que recopilaba de modo parcial,
mutilado y sin criterio preciso, datos académicos, publica-
ciones y otras actividades realizadas por ellos. Con interven-
ciones sistemáticas y centralmente organizadas en las redes
sociales, numerosos perfiles anónimos realizaron capturas de
pantalla de nombres de integrantes del organismo junto a
los títulos de sus papers. Acompañadas de comentarios ma-
lintencionados y falaces, las capturas fueron replicadas por
los grandes medios periodísticos, que buscaron deslegitimar
a sus autores. Los ataques fueron principalmente dirigidos
al financiamiento de investigaciones en el área de ciencias
sociales y humanidades. Extractos de trabajos que estudian
fenómenos como las juventudes, el rock, las barras de fútbol,
las historietas, las tomas de tierras, fueron replicados una y
otra vez, intentando presentar al gran público sus temáticas
como inútiles e ilegítimas, y desconociendo su relevancia en
el campo académico. Así, sirviéndose del anonimato y ade-
más de la proximidad que brindan las redes digitales, se lan-
zaron acusaciones despectivas e insultos a quienes se juzgó
sobre la base de los títulos de sus publicaciones y de sus
temas de investigación.
Dentro de esta campaña, podemos mencionar una nota que
concentra y evidencia los argumentos principales de estos in-
tentos de deslegitimación. La misma se titula “Las 20 peores
investigaciones del CONICET”. Fue publicada originalmente
en un portal no muy conocido (LaInternetOnline), pero luego
los principales medios nacionales —en particular los diarios
15
Clarín y La Nación— se encargaron de reproducirla y amplifi-
car el alcance de sus ataques. Quisiéramos reponer algunos
pasajes difamatorios para ilustrar su tenor. La nota comienza
sosteniendo: “Lentamente y sin pausa el CONICET pasó de
ser una de las instituciones más respetadas del país a una
cueva de ladrones”. Acto seguido enumera las que considera
las “20 peores investigaciones...”, acompañadas con captu-
ras de pantalla de los papers, con nombres y apellidos de sus
autores y directores.
Clarín y La Nación luego amplificaban y presentaban esta de-
nuncia como “la polémica por las investigaciones”. De pron-
to, difamaciones publicadas en un sitio irrelevante y anóni-
mo, pasaban a constituir una “polémica”. La nota de Clarín
al respecto se titulaba: “El recorte en CONICET. Polémica por
las investigaciones. De Star Wars a Anteojito, El rey león…”.
“Mientras sigue la toma -decía- en las redes se armó un fuer-
te contrapunto por los temas de trabajo de los científicos
becados”. Con tales publicaciones, los medios masivos pre-
tendían presentar esto en la lógica del escándalo mediático.
Así, por ejemplo, en los comentarios de lectores en las ver-
siones online de estos diarios comenzaron a reproducirse los
ataques directos que se daban en la redes sociales: “Si los
científicos del Conicet se dedican a investigar El Rey León,
esto no puede ser, es joda, cierren ese antro”; “La ciencia del
Conicet, que usa impuestos de todos para investigar sobre
las letras de Arjona. Lo que faltaba”.
Fue ante esta escalada en los ataques que el jueves 22 de
diciembre de 2016, mientras aún transcurría la toma en el
CCT de la ciudad de La Plata, con compañeres que están hoy
presentes, escribimos un documento de respuesta que titula-
mos “Contra la difamación a la investigación científica”. Fue
escrito al calor del conflicto, a varias manos, por fragmentos,
16
entre mensajes de whatsapp y comentarios desde la vere-
da hacia la “oficina” que montamos dentro del CCT en el
marco de la toma. Teníamos la intención de dar argumentos
para intentar responder a la campaña de difamación contra
investigadores que son también colegas, compañeres, profe-
sionales y personas a las que valoramos por su dedicación y
seriedad en el modo de sostener su trabajo.
En este escenario no estaba del todo claro si debíamos respon-
der o no, y si responder implicaba un modo de “plebiscitar”
nuestras agendas de investigación según una lógica mediá-
tica claramente diferente a las lógicas del campo académico
donde aquellas se construyen. Sin embargo, sostuvimos que
responder no era lo mismo que plebiscitar nuestros temas
de investigación, y que ello tampoco nos obligaba a aceptar
las lógicas de la campaña de difamación que se buscaban
imponer. Más bien se trataba de incidir en el propio modo
de dar la discusión y construir legitimidades disputando los
sentidos en torno a los usos y utilidades de nuestros trabajos
en el espacio público. Además, de responder apelando a la
especificidad de lo que las ciencias sociales y humanas saben
hacer: construir argumentos.
En el documento queríamos poder dar cuenta sobre todo
de este equívoco malintencionado respecto de los temas de
investigación; nos parecía que en los ataques se decían cosas
que podríamos desmontar con rapidez. Queríamos respon-
der a las críticas enfocadas en los títulos de los papers y dar
a conocer a la población la lógica del sistema de evaluación
por el que pasan. Una compañera trajo una idea que había
concentrado en un tweet, pero que debíamos traducir: “en
la historia macrista de la ciencia, el objeto empírico y el objeto
teórico son lo mismo: Malinowski estudió brazaletes, Newton
manzanas”. Un punto central, entonces, fue intentar dar una
17
explicación simple de esta diferencia crucial: “de la misma
manera que Newton no estudiaba las manzanas que caían
de los árboles sino la fuerza de gravedad, estas investigacio-
nes no estudian las barras de fútbol, el rock nacional o las
películas de Disney, sino por ejemplo las lógicas de la violen-
cia en las relaciones sociales, la identificación con la Nación a
través de la música, el papel de las industrias culturales en la
educación sentimental infantil”1.
Y esta decisión de responder tuvo sus resultados. El docu-
mento, que comenzamos a difundir con la ayuda de colegas
de la Argentina y del exterior, enseguida encontró apoyo y
llegó a contar con más de 4000 firmas. En efecto, a las pocas
horas de ponerlo en circulación, cientos de personas ingre-
saban y dejaban su nombre y pertenencia institucional para
manifestar su respaldo. Entre quienes expresaron su adhesión
podemos contar no solo a historiadores, filósofos, educado-
res, geógrafos y sociólogos, físicos, químicos y biólogos que
trabajan en los institutos de investigación más importantes
del país y del extranjero, sino también a trabajadores del As-
tillero Río Santiago, de distintos gremios (CTA, ATE, Adulp),
dirigentes sindicales, actores y músicos que se solidarizaron y
escribieron para apoyar.
En la vorágine de la circulación y amplificación del documento,
las adhesiones se iban sumando segundo a segundo. Mientras
seguíamos atentos este proceso, pudimos leer mensajes que
dejaban distintos usuarios de la red que ingresaban para co-
nocer y comentar el documento, por ejemplo: “Fernando H.
Ciudadano Común. Les dejo mi apoyo, mi bronca y mis ideas:

1 “Contra la difamación a la investigación científica”, graduades de la Facultad


de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP. Véase
[Link]
18
a) no hay desarrollo nacional sin desarrollo científico b) este
requiere inversión, no solo en instalaciones sino, y sobre
todo, en estudiantes e investigadores de tiempo completo
(lujo que en Argentina siempre estuvo reservado a personas
con recursos propios) c) no puede haber política científica
realista en un vacío económico, político y cultural, es decir
debe haber un amplio proyecto nacional integral”.
Al mismo tiempo, otres compañeres que participaban de la
toma del CCT La Plata coordinaban las asambleas, salían a
volantear a los vecinos, vecinas y automovilistas y desplega-
ban carteles de apoyo en los semáforos de la ciudad. Así
encontramos también un acompañamiento que trascendía
el mundo académico; un apoyo que se descorporativizaba
y que sumaba a amplios sectores sociales. Esto nos alentó a
pensar que los argumentos que estábamos elaborando resul-
taban efectivos a la hora de disputar los sentidos de la preten-
dida polémica, es decir, de la campaña de difamación hacia
la investigación y la docencia. Además, este apoyo reforzaba
nuestra intención de entablar un diálogo cuyo interlocutor
no fuera solo el gobierno —a quien reclamábamos—, sino
también sectores sociales más amplios, a quienes buscába-
mos interpelar proponiendo la continuidad de un proyecto
de desarrollo científico. Es así como sostuvimos este tipo de
intervención en el debate tendiendo un puente hacia el es-
pacio público.

La Feria de Ciencias
En esta línea y como parte de las acciones para promover el
debate público, la Asamblea de Trabajadores de Ciencia y
Tecnología de La Plata se propuso realizar una Feria de Cien-
cias el 1 de marzo de 2017 en la explanada del Pasaje Dar-
do Rocha, en el centro de la ciudad. El objetivo de la Feria
19
era hacer visible el conflicto en la agenda local, sostener la
demanda por mayor presupuesto para el financiamiento de
CyT y continuar dando fuerza a la construcción de un deba-
te democrático sobre la orientación de la política científica
para los próximos años. El desafío era traducir al lenguaje
del debate público las razones por las que damos relevancia
y defendemos nuestras investigaciones. Así, la modalidad de
la Feria fue pensada en forma colectiva desde la Asamblea de
CyT con el propósito de lograr no solo la mayor concurrencia
a las actividades, sino también de entablar un diálogo capaz
de interpelar a las personas que transitan cotidianamente
por el centro de la ciudad.
En la Feria participaron más de cien científicos mostran-
do sus trabajos; organizamos microcharlas públicas en las
escalinatas del edificio, que presentamos como “stand-up
científicos”; hicimos también pósteres ilustrativos de las in-
vestigaciones para dialogar con la gente que pasaba por la
vereda y se paraba a leerlos por un instante; realizamos me-
sas demostrativas e imprimimos folletos explicativos sobre di-
versos experimentos; instalamos durante toda la jornada una
radio abierta que retransmitía en simultáneo por las redes
digitales; llevamos a cabo actividades interactivas orientadas
a las familias con niños. Esta primera edición de la Feria de
Ciencias (que luego se replicó en 2018)2 logró comenzar a
hacer visible el conflicto en los medios locales. El diario El Día
tituló, por ejemplo, “Científicos montaron una feria en 7 y
50 como protesta y dieron cátedra”.
La recepción que obtuvimos de esta modalidad de interven-
ción pública resultó tan movilizadora que un mes después,
el 18 de abril de 2017, a propósito del día del Investigador
Científico, organizamos en el mismo lugar una “Jornada de

2 La Feria de Ciencias volvió a realizarse en abril de 2018; concentró más activi-


dades y suscitó cada vez mayor adhesión por parte de los ciudadanos.
20
Lucha y Debate Público”. Esta actividad consistió principal-
mente en una volanteada, a partir de la cual ocupamos el
espacio público tratando de dialogar con la gente de a pie
para disputar el sentido común sobre la utilidad y la apro-
piación social de nuestro trabajo que se buscaba imponer a
través de la campaña de difamación. Sin ignorar las asime-
trías entre los medios con que cuentan quienes impulsaron
la campaña de hostigamiento y nuestros recursos, nos nega-
mos a resignarnos a la inacción.

21
Para potenciar esta intervención en las calles, construimos
una serie de consignas con les compañeres que buscaron re-
saltar la importancia de la ciencia en la conformación de los
problemas públicos. Algunas de ellas fueron: “Sin ciencia pú-
blica seguiríamos pensando que los femicidios son crímenes
pasionales”; “Sin ciencia no hay industria, sin industria no
hay trabajo, sin trabajo hay pobreza”; “Sin ciencia no sabría-
mos quiénes somos, cuántos somos, ni de dónde venimos.
Ciencia pública es identidad nacional”. El desafío fue tratar
de encontrar ese punto específico donde las humanidades y
las ciencias sociales intervenimos y aportamos no necesaria-
mente desde la utilidad inmediata de la política pública —
cosa que también hacemos y de modo contundente— sino
también realizar un esfuerzo de traducción a la experiencia
cotidiana de las personas a las que buscamos interpelar con
un volante en mano y una charla cara a cara.

22
Al mismo tiempo que hacia el interior de la Asamblea de tra-
bajadores de CyT la dinámica de organización de estas acti-
vidades nos permitía ir articulando cada vez más una alianza
entre distintos actores que nos reconocemos como produc-
tores de conocimiento y parte de las “ciencias básicas” tan
fuertemente atacadas, la campaña de desprestigio por parte
de los funcionarios del gobierno de Cambiemos se seguía
desplegando. En la misma edición en la que los diarios loca-
les mostraban la masiva concurrencia de los vecinos de la ciu-
dad a la Feria de Ciencia, se hacía mención a pasajes de una
entrevista al ministro Lino Barañao, quien frente a las movili-
zaciones de investigadores afirmaba: “hay miles de doctores
que lo único que quieren es un empleo fijo en Conicet [y] los
becarios no pueden hacer lo que quieren”. Frente a estas de-
claraciones que jugaban a desconocer el real funcionamiento
del sistema científico argentino (casi está de más recordar
que ningún becario trabaja en soledad en una isla sino que
lo hace como miembro de un equipo de investigación que
regula y potencia su actividad), confirmábamos que nuestra
respuesta no podía estar encriptada en tecnicismos sino que
requería un trabajo, un esfuerzo —y si se quiere, un plus de
energías— dentro del cual pensamos la necesidad de organi-
zar estas jornadas. Es decir, seguir apostando a dar la disputa
en este ámbito, buscando explicar nuestros argumentos en
la arena pública.
En la radio abierta, en las charlas al público, en los pósteres y
en las mesas de debate, intentamos trabajar en una traduc-
ción que no cayera en la simplificación sino que comunicara
estos problemas y estas preguntas que nos venimos hacien-
do en el campo de las ciencias humanas y sociales. Y en ello
queríamos hacer resonar los ecos de las apuestas de la Re-
forma Universitaria de 1918, de los debates del pensamiento

23
crítico con el positivismo a principios del siglo XX, de los días
previos a la Noche de los Bastones Largos, de los desafíos de
las comunidades científicas después de la última dictadura
cívico-militar. Una larga tradición de luchas en las que nos
reconocemos y a las que quisiéramos sumarnos con nuevas
prácticas y nuevas preguntas.
Todo esto es lo que nos conduce a pensar que, dada la situa-
ción actual y haciendo una imprescindible lectura histórica,
encarar esta disputa por la legitimidad de la investigación y
este trabajo de traducción —tareas en las que las ciencias so-
ciales y humanas tienen una vasta tradición— son las condi-
ciones de posibilidad realmente existentes para poder hacer
ciencia en la Argentina. Dar el debate público sobre el valor
de lo que hacemos, antes que una tarea que no nos compete,
es condición de posibilidad de nuestros trabajos cotidianos,
de nuestras profesiones. Y esa es precisamente la apuesta y la
invitación de estas jornadas: debatir con la actitud de no im-
pugnar ni desconocer, sino de resignificar con argumentos,
los sentidos sobre la utilidad, la transferencia y la apropiación
social del conocimiento que producimos, para enfrentar esta
campaña de desprestigio que tiene como principal objetivo
justificar un brutal rediseño regresivo del sistema científico y
productivo. Es, por tanto, una invitación a construir una nue-
va propuesta para el sistema científico nacional.

24
Parte
1

Ciencia básica y aplicada:


más allá de las antinomias

25
El rol del Estado
como demandante de conocimiento

Roberto Salvarezza
Presidente del Conicet (2012 – 2015)
Director del Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas
Diputado nacional por la provincia de Buenos Aires

Es un gusto estar acá con ustedes, justamente en una acti-


vidad que planificamos hace tiempo y que ahora tiene un
marco muy particular. Hoy estamos todos atentos y compro-
metidos con el tema de la ocupación pacífica del Mincyt por
parte de un grupo importante de investigadores y de beca-
rios, que están protestando sobre este tema tan trillado que
venimos arrastrando desde diciembre del 2016.
Voy a tratar de ser breve, porque esta cuestión de ciencia
básica y ciencia aplicada, la verdad es que no lo discutíamos
desde hace cuatro o cinco años atrás. O sea, todo este de-
sarrollo que comienza con la reconstitución del Conicet en
el 2003, que llevó a un crecimiento armónico de todas las
áreas —que tendrá sus defectos, y podemos discutirlos des-
pués— planteaba una articulación desde la manera misma
en que se pensaron las cosas. Lo cierto es que en ningún
momento se hacía este cuestionamiento; como tampoco
este tema que plantean de “ciencia útil o ciencia inútil”, o
este otro que se pretende instalar, de “universidad versus
Conicet”. Porque en el fondo el ministro, para justificar lo
injustificable, dice que esto de relocalizar a la gente es un
buen proyecto que lleva gente del Conicet a la universidad,
cuando en realidad su plan era dejar a todos afuera en mar-
zo de 2017, porque esa era la única realidad. Tratar de ubi-
car a la gente surge porque el ministro no podía terminar
26
con la toma, que amenazaba con que los científicos iban
a estar en diciembre, en la noche de Navidad, en la toma.
Entonces echó mano a lo único que se le ocurrió, que fue
hacer “entrar por la ventana” a donde pudiera a un montón
de gente que estaba recomendada y que, de acuerdo al Plan
Argentina 2020, hubiera continuado su carrera en el mundo
académico. Muchos de ellos en el Conicet, porque este pla-
neaba vacantes del orden de los mil investigadores.
Y acá simplemente una reflexión, porque parece que las ci-
fras de los investigadores nos marean o nos llevan después a
confrontar con personas que dicen “uh, mil investigadores”.
La verdad es que Argentina tiene tres investigadores cada mil
habitantes de la población económicamente activa (PEA). Es
un número muy bueno para Latinoamérica, pero totalmente
alejado de los que tienen los países más desarrollados, cuya
cifra ronda entre ocho y doce por donde se busque. Y el Plan
Argentina 2020 —que nos guste o no es otra cosa, pero es
un plan formulado desde el Estado y con discusión— tenía
críticas (inclusive yo las tenía) pero proponía una meta, que
era pasar de ese modesto número a uno de 4,6 por mil, en
el peor de los escenarios. Y si ustedes hacen cálculos hay
cincuenta mil investigadores (porque ese es el número que
se maneja para llegar a este tres por mil). Cincuenta mil per-
sonas que tienen ocho horas dedicadas a la investigación, y
ahí se incluye técnicos, becarios, investigadores, profesores...
Pasar a 4,6 implicaba crear, al año 2020, veinte mil cargos
de dedicación exclusiva. Entonces miren, hagan una regla
de tres, y verán que ese es el número que apostaba tener el
Mincyt de personas con dedicación exclusiva en el año 2020.
Y hoy en día la discusión es cómo distribuimos 500 investi-
gadores. Entonces la magnitud de esta discusión sobre 400
investigadores pierde la dimensión del plan, ese que era el

27
plan del ministro y el de Ceccato, que era su viceministro y
que ahora parece haber olvidado dónde estaba sentado en
su momento.
Para ubicarnos en esta discusión de cuál era el plan, y qué es
lo que pasó: esto es simplemente un ajuste, que lo podemos
visualizar desde el punto de vista de caja, porque el Estado
se achica; porque a este Estado neoliberal le sobran distintas
dependencias, y una de esas somos nosotros. Pero también
va desde lo ideológico. Porque la verdad es que a esta gente
no le gusta el espíritu crítico. Lo habrán escuchado a Marcos
Peña. Entonces la disputa no pasa solamente por la caja, sino
por otras cosas. Pasa por nuestra capacidad de discutirles, de
criticarlos y los vamos a criticar desde un lugar donde ellos se
ponen incómodos. Porque es el lugar donde no tenemos in-
tereses creados: lo hacemos desde el conocimiento y porque
realmente es a partir de allí que podemos salir en disputa de
las cosas que van a hacer.

Desarmando la falsa antinomia ciencia básica/ciencia


aplicada

Les doy un ejemplo, y acá empezamos con esto de ciencia


básica-ciencia aplicada y el rol de la ciencia, que me gustaría
discutir. Porque muchas veces entramos en algunos puntos
en los cuales ciertos ejemplos clarifican. Voy a poner uno so-
bre la manera en que la comunidad científica les obstaculiza
los negocios: es el caso del voto electrónico. El intento de
instaurar el voto electrónico fue desmantelado cuando un
grupo de informáticos, que seguramente estaban haciendo
papers, fue al Senado y les demostró con ejemplos muy cla-
ros que el sistema que compraban era vulnerable. Y así se
acabó el voto electrónico. Inclusive estuvieron presionando
28
a la gente de informática, a los institutos del Conicet, para
que dieran un informe positivo; hasta hicieron una comisión
para que trataran de sacarlo. Pero ahí vemos un poco esta
discusión de qué nos corresponde a nosotros como institu-
ciones de ciencia y técnica, qué le corresponde al Conicet,
qué le corresponde a la universidad. ¿Podemos aplicar este
concepto de ciencia útil-ciencia inútil?
Quienes estamos en las instituciones de ciencia y técnica te-
nemos que apostar al conocimiento, a generarlo, y ese co-
nocimiento tiene que cubrir todas las áreas. Para eso está la
universidad, para eso está un consejo cuyas funciones son
fomentar y financiar proyectos en todas las áreas del cono-
cimiento. Ese es nuestro rol. Después está el Estado —y eso
lo podemos admitir— que fija prioridades y que pone ex-
tras para que esas prioridades se coloquen en agenda. Pero
nuestra función como institución es crear conocimiento, y
no podemos decir hoy cuál es útil y cuál es inútil. Porque hay
muchos ejemplos de conocimiento que parece inútil y que de
repente se torna útil. En el caso de los informáticos, tal vez
alguien les estuviera cuestionando que publicaran papers.
Sin embargo, cuando se necesitó una opinión de expertos
teníamos una comunidad que supo ir y cuestionar lo que se
estaba haciendo, y que le brindó conocimiento a la sociedad
para desarticular este tipo de iniciativas.
También puede pasar en medio ambiente, en salud: hoy se
están bajando programas que son significativos y que hacen
a un tema tan relevante como es la salud de la población.
¿Quiénes son los que pueden salir a decirles qué impacto
va a tener esto? Con el ex Ministro de Salud Gollán estamos
armando un proyecto para que en el futuro podamos tener
un plan de salud para la República Argentina; un área que
quedó pendiente, en la que tendríamos que haber hecho
29
mucho más, que no se terminó de hacer y que, sin embargo,
es un tema muy relevante. Entonces, volviendo a este tema:
¿qué tenemos que hacer nosotros en nuestras comunida-
des? Promover todo el abanico, todo el conocimiento, en
todas las áreas.
Voy a poner un último ejemplo, que no es de ciencias socia-
les, pero que a veces viene bien porque nos ayuda. Segura-
mente ustedes, los de ciencias sociales, tienen otros ejemplos
pensados. Yo trabajo a unos metros de aquí, en el Instituto
de Fisicoquímica. En la década del 70 se decide abrir Aluar,
que es la fábrica que produce aluminio en la Argentina. Y
ahí en el instituto había un grupo de gente que estudiaba
sales fundidas, hacía electroquímica de sales fundidas. ¿Qué
hacía? Publicaba papers. Sin embargo, esa gente se fue a
Puerto Madryn: fueron los que pusieron en marcha la planta
y conformaron los grupos técnicos de Aluar durante todo
su funcionamiento, hasta que obviamente vino otra gene-
ración. Ellos pusieron las cubas de electrolítica en marcha.
En ese momento, ¿quién apostaba?, ¿qué era ciencia útil y
ciencia inútil? ¿Cómo podemos predecir, por ejemplo, una
epidemia? Cuando vino la gripe A, había virólogos en la Ar-
gentina, ya que tenemos virólogos muy destacados. Sin em-
bargo, hoy en día podrían hasta ser cuestionados con este
criterio de ciencia “inútil” que atrasa.
Creo que hay una falta de lógica en el discurso ministerial
que realmente asusta. Porque ¿cómo vamos a destruir nues-
tra capacidad de investigación en salud? ¿Cómo vamos a
destruir nuestra capacidad de investigación en química, en
física? ¿En qué momento se nos requiere o se nos requerirá?

30
¿A quién transferimos conocimiento?

Otro tema que tenemos que pensar para el futuro como un


punto de discusión es esto de la utilidad o no utilidad que
hoy se plantea desde el punto de vista de la transferencia del
conocimiento: es útil si se transfiere, es inútil si no se trans-
fiere. Viene entonces a cuento esta reflexión de que uno no
sabe cuándo va a transferir y qué va a transferir. Por lo cual
nosotros, como instituciones básicas del sistema, tenemos
que generar todo el conocimiento sin mirar cuál es su utili-
dad inmediata, y también admitir que el Estado debe finan-
ciar aquello que necesita para mañana.
Quiero retomar este punto para no olvidarlo: el tema es a
quién transferimos. Entonces podemos preguntarnos, por
ejemplo, si somos capaces de transferir al sector privado, y a
qué tipo de sector privado. En la Argentina hubo reales pro-
cesos de transferencia, y eso es válido, cuando se recupera el
espacio de ciencia, tecnología, conocimiento... Es más, cuan-
do se recuperó este espacio se pensaron distintas estrategias
de transferencia. Y es válido pensar en todas. Se pensó en los
consorcios públicos-privados, a los cuales el ministro es tan
afecto ahora. Después se pensó en el “emprendedurismo”.
Eran tres patas: el propio Estado, el emprendedor (aquel a
quien le surgía la inquietud de armar una empresa, bueno,
ahí estaba la posibilidad de apoyarlo) y después estaba el
tema de los emprendimientos público-privados, en los cuales
el Estado ponía casi toda la plata y el privado ponía muy po-
quito. ¿Pero cuál era la lógica? La lógica era que el privado
finalmente empezaría a invertir más en ciencia y tecnología,
empezaría a crear más demanda. Bueno, después de doce
años la verdad es que el privado no traccionó absolutamente
nada del sistema. La transferencia al sector privado es muy

31
baja, y en parte porque el privado tampoco tiene interés en
este país; donde hay un empresariado que está pensando en
la rentabilidad inmediata es muy difícil contar con que va a
ser un actor importante. Y para aquel que lo quiera discu-
tir: miremos la inversión, cuál fue el porcentaje histórico de
inversión privada del PBI en Argentina. El Estado pone casi
todo, 0,12 %; según cómo se mida y según cómo nos enga-
ñe el sector privado, podemos engrosar un poquito esa cifra.
O sea que el privado no es, ni puede ser en la circunstancia
actual, el único destinatario a quien nosotros transferimos
conocimiento para que dinamice las relaciones entre nuestro
sector y el sector productivo.
Después tenemos un segundo actor, que es, como decíamos,
el propio investigador que se convierte en emprendedor.
Cuando ve un nicho donde puede explotar sus capacidades,
crea una empresa y de esa manera logra que ese conoci-
miento sea transferido a la sociedad a través de un desarrollo
empresarial. Ese camino también fue recorrido en estos doce
años. El Conicet tenía cuarenta Empretecno. No es que no
se intentó, sí se intentó. Es más, muchos de ellos están tran-
sitando todavía. No es un camino que uno pueda decir “no
hay que hacerlo”. Aquel que tenga voluntad de embarcarse
y tenga espíritu empresario, muy bien, y me parece correcto
que se le proporcionen herramientas para intentar hacerlo.
Pero nadie con dos dedos de cerebro puede pensar que eso
va a cambiar la economía argentina. Yo recuerdo que Esta-
dos Unidos empezó un programa similar en el año 82, que
se llamaba Small Business... no me acuerdo exactamente el
nombre, pero algo relacionado con pequeños negocios de
inversión. Y después de casi veinticinco años de funciona-
miento, llegaron a la conclusión de que quienes realmen-
te habían tenido éxito con los emprendedores habían sido

32
aquellos empresarios que habían usado el recurso y que
después sí habían tomado doctores, ingenieros, distinto
personal capacitado, pero el que lo había llevado adelante
había sido el empresario, no los investigadores. Y la conclu-
sión era similar a la de un sujeto de Silicon Valley, quien hizo
un muy interesante reportaje que anda por la web, que dijo
“los científicos son pésimos empresarios”, y también “nóm-
brenme un premio Nobel que haya abierto una empresa”.
Entonces no se equivoquen con este tema: los mejores son
los empresarios que han usado estos elementos, estos re-
cursos, y han armado empresas. Pero eso se hizo siempre en
un ambiente de capitales, que los países periféricos como
Argentina no poseen.
Ustedes habrán visto que el Ministerio ahora ha largado con
bombos y platillos la plataforma MIA. Esta es una plataforma
que está pensada para que los investigadores suban sus pro-
yectos y los empresarios los miren y digan “ah, voy a sacar
la plata de las Lebac, que me dan el 46 % y la voy a meter
en ese proyecto de riesgo, porque ¡qué bueno que es el pro-
yecto!”. Y por otro lado se cargan a todas las vinculaciones
de las instituciones, porque los acuerdos los hacen directa-
mente. Entonces todo lo que hacen de vinculación la UNLP,
el Conicet, la UBA, se acabó. Saltan por encima de todo. Este
tipo de lógicas, que van a ir al fracaso, nos llevan en realidad
a un tercer actor, que es el Estado.

El rol del Estado como demandante de conocimiento

Aquí viene un poco lo que vengo reflexionando en la mayo-


ría de los encuentros: el rol del Estado como demandante de
conocimiento. Lo cierto es que en nuestros países el que ne-
cesita conocimiento es el Estado. Tiene montado un sistema
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de ciencia, tecnología, educación y no lo utiliza, o lo utiliza
mal. Y tal vez ese es el punto a donde deberíamos apuntar
claramente como un cambio radical. Nosotros deberíamos
ser los consultores del Estado. El Estado debería consultar
temas relevantes con las universidades, pero por ley, no por
un contrato directo. Entonces tendríamos que tener una ley,
como tiene China, por la cual la Academia de Ciencias es su
consultora. Nuestras organizaciones, nuestras instituciones,
deberían ser las que demanden a los investigadores. Es de-
cir, que a esos investigadores que hoy están publicando un
trabajo, se les pida una opinión sobre tal tema, que es de
salud pública, o medioambiental, o que hace a la informáti-
ca, y nosotros tengamos que dejar de lado estas cosas, dejar
nuestra actividad académica, y elaborar los informes que nos
demande el Estado.
De esa manera, podríamos articular inmediatamente gran
parte de nuestras capacidades, que están en los institutos, en
los departamentos de las universidades, y podríamos dinami-
zar las demandas. Porque si no logramos mostrar que somos
capaces de ser útiles a la sociedad, nos van a eliminar, nos
van a reducir, como lo están haciendo. Como lo expusieron
muy bien los compañeros que estuvieron acá en la apertura,
esta lógica de para qué estudian, para qué hacen esto, si no
se aplica, para qué queremos tantos biólogos moleculares, si
a fin de cuentas, eso para qué sirve… ¿qué empresas abren
los biólogos moleculares, o los que están haciendo diagnós-
tico molecular en un hospital?
Entonces me parece que debemos tener bien en claro esta
disputa de a quién transferimos y quién es el demandante, y
qué sería lo que deberíamos proponer. Porque no nos basta
con ir ahora, tomar el Ministerio: nos vamos a quedar con
esto y mañana nos van a hacer alguna otra cosa.

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Aquí quisiera ir concluyendo, y dejar tiempo para preguntas,
que me parece que es lo más interesante. Solamente una
reflexión en relación con lo que se comentaba aquí al princi-
pio sobre las relaciones de becarios, investigadores, Conicet,
universidad. El Conicet es una institución compleja; hoy tiene
220 institutos, desde Jujuy hasta Tierra del Fuego; trabaja
en cooperación con todas las universidades, tiene toda una
complejidad en su gestión y en su lógica interna, que lle-
va mucho tiempo poder cambiar. Nosotros hicimos algunos
avances importantes. Sepan que en la actualidad tenemos
los Proyectos de Desarrollo Tecnológico y Social que se hi-
cieron fuera de la lógica de evaluación de los papers. O sea,
contamos con la posibilidad de ser evaluados de otra mane-
ra, y eso se hizo porque se quería cambiar la lógica de que
las únicas herramientas con las cuales el Conicet evalúa sean
los trabajos, los papers.
Se hicieron también otros aportes. Quiero comentarles nada
más que en junio de 2015 nosotros elevamos a Jefatura de
Gabinete un convenio colectivo que contemplaba el contrato
para los posdoctores, el pase a contrato de todo el espectro
de posdoctores. Y eso era una millonada de plata, les puedo
asegurar, solamente un contrato era complicado. Pero bue-
no, todo eso se hizo pero nos faltó terminar. Hay muchas
cosas que quedaban: el convenio colectivo era muy intere-
sante porque creaba relación, o transparentaba relaciones
que estaban congeladas en el tiempo, y la verdad es que la
institución merece que sean revitalizadas. Lo menciono un
poco para proponer esto para el debate.

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