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Aventura en el Bosque Olvidado

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El Bosque Olvidado

Un viaje mágico
El Bosque Olvidado
Un viaje mágico
No llovía ni había sol, pero la señora Laura llevaba en
alto una sombrilla de lunares para_ que los niños no la
perdieran de vista. Los niños llevaban su mochila en la
espalda y se habían untado con crema para el sol. Pedro
llevaba puesta una gorra de su equipo favorito. Flor lucía
un bonito sombrero con un lazo.

Machu Picchu estaba en medio de la selva en lo alto de


una montaña. Los incas la usaban como defensa de sus
rivales. La señora Laura y su grupo cruzaron las puertas
de la ciudad. Mientras andaban por sus calles, los niños
miraban las ruinas y los rincones de piedra. Aunque
habían pasado cientos de años, quedaban muchas
paredes de granito y el agua fresca corría en las fuentes.

***

2
Pedro y Flor soñaban a menudo con visitar lugares
mágicos del mundo. Ahora la maestra iba hablando de
lo que hábían leído en los libros sobre Machu Picchu.

Pedro quería ver la torre desde donde los incas miraban


las estrellas. Quería llegar a la morada del rey. Flor le
pedía a Pedro que le contara todos los detalles. Pedro
sabe mucho sobre Machu Picchu.

De repente, mientras miraban aquí y allá, un golpe de


viento le quitó el sombrero a la niña. Rápido, corrió
tras él.

-¡No te alejes, Flor! -exclamó Pedro.


-¡Tengo que buscarlo! -contestó ella sin reparo-. Es
un regalo de mi papá.

Pedro no quiso dejar a su amiga sola y fue tras ella. Flor


corría camino arriba sin mirar atrás, doblando esquinas

3
hasta que él no la vio más. El sombrero flotaba en el aire
como una hoja seca en un tornado. Cada vez más lejos y
más difícil de tomar.

Cuando al fin Pedro llegó hasta su amiga, los dos


estaban cansados y ¡sin el sombrero! Una espesa niebla
los cubría. También habían perdido la sombrilla de la
señora Laura y a todo su grupo.

Entonces, el suelo se abrió debajo de sus pies. Cayeron


por un hueco muy oscuro, como un tobogán eterno.
Aunque gritaron fuerte, solo les contestó su propio eco.
Una fuerza poco común los llevaba hacia abajo.
2

Los nmos no saben cuánto tiempo les llevó recorrer

aquel túnel. Pero una vez que el suelo detuvo la caída,

una tenue luz al final del túnel les dejó ver dónde estaban.

Flor ayudó a Pedro a pararse. Estaban mudos de

asombro. Caminaron hacia la luz por un pasillo de roca.

Iban muy lento, con miedo a tropezar. Hasta Flor iba

tímida, algo extraño en ella.

Aunque la luz venía de una salida, el túnel no los

devolvió a Machu Picchu. En cambio, hallaron un bosque

tan denso como no habían visto nunca, ni siquiera

6
1
en sus libros de viaJes. El viento silbaba y al cielo le
faltaba color.

Los niños notaron, además, que no estaban solos. Un


grupo de llamas pastaba tranquilo cerca de ellos, como
si formara parte de una pintura. Una de ellas, la más
grande, se acercó. Pedro alargó su mano para tocarle
el cuello.

-¡Siempre me gusta que me hagan cosquillas! -dijo


la llama grande de repente-. ¿ Cómo llegaron al
Bosque Olvidado?

Pedro dio un respingo del susto.


-¡Una llama que habla!

***

7
-Pero ¿para qué esta broma? ¿Qué querría Sinchi de
nosotros? -preguntó Flor.
-Nada . Tal vez solo jugar con ustedes -contestó la
llama- . A Sinchi le gusta molestar a las personas y a los
animales por igual.

Entonces, la llama les explicó que Sinchi era un malvado


brujo inca. Pedro y Flor habían llegado hasta allí porque
el brujo los había traído con su magia a través de un
túnel secreto.

¿Un malvado brujo? Pedro y Flor no salían de su asombro,


así que se sentaron en la hierba junto a la llama, listos
para escuchar más. Tenían que buscar alguna forma de
regresar: trepar por el túnel o llamar por teléfono a casa.
Pero allí no había cómo trepar ni llamar, sino una selva
densa y animales que hablaban.

10
Mientras la llama les hablaba, Pedro armaba en su
cabeza un plan para volver. Flor, en cambio, estaba
feliz de conocer a una llama que hablara. Así, la niña
decretó lanzarse a explorar y dejar que Pedro se ocupara
del regreso.

11
3

La llama era muy simpática, pero confirmó que Pedro y


Flor estaban metidos en un buen problema. No iba a ser

fácil volver a Machu Picchu. Aun así, el animal los animó


a no perder la calma: en el Bosque Olvidado vivían seres

siempre listos para ayudar.

En especial, la Lechuza que lo Sabe Todo. Esta ave era la

mejor consejera del reino animal. Desde hace cientos de

años, la lechuza ha cuidado de todos. Los animales creen

en ella, gracias a que ve y oye lo que nadie. La llama dijo


que los llevaría a verla.

12
11
Los niños caminaron detrás de la llama hasta un árbol
inmenso. La llama se detuvo junto a una pequeña puerta
en el tronco. Muy seria, pateó el árbol y luego esperó
quieta. Nada.

Entonces, pateó el tronco tres veces más. Los tres


esperaron y esperaron hasta que algo se movió.

De pronto, una lechuza vestida con un plumaje blanco


' �

y dorado abrió la puerta. En su cara con forma de


corazón saltaban unos ojos intensos de color amarillo_,_,
¡La lechuza era maravillosa!

-Hola, Lechuza que lo Sabe Todo -saludó Flor con


timidez-. Queremos salir del Bosque Olvidado y volver
a Machu Picchu. ¿Sabes cómo hacerlo?

Pedro y Flor miraron a la lechuza expectantes. La


lechuza los miró fijo. Entonces, el ave abrió su pequeño
pico durante unos segundos ... ¡pero no dijo ni pío!

13
***
La llama suspiró con vigor y la lechuza voló hasta
posarse en su lomo. De las plumas salieron pequeños
destellos mezclados con polvo. Era muy hermosa, pero
aún no emitía sonido alguno.

-Hay solo un mínimo, diminuto, pequeno problema


-explicó entonces la llama-. La lechuza conoce cómo
volver a Machu Picchu, pero... ella fue hechizada por
Sinchi quien la dejó en este bosque y le quitó la voz.

¡Una vez más, aquello era culpa de ese Sinchi! Con un


hechizo, el brujo le había sacado la voz y la había dejado
en el Bosque Olvidado.

-¡Ay, esto no tiene arreglo! -se lamentó Pedro-.


¡La señora Laura se va a enojar mucho!

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-La Lechuza que lo Sabe Todo les puede ayudar a volver
-dijo la llama-. Eso sí: si ustedes primero la ayudan a
romper el hechizo.

16
11

E1 Bosque Olvidado se había convertido en una


verdadera caja de sorpresas. Con que la Lechuza que lo
Sabe Todo tenía el remedio para volver al bus ... pero
no podía hablar. ¡Menos mal que estaba la llama para
contar la historia del hechizo!

Hace miles de años, Sinchi vivía en la corte del rey de


Machu Picchu. Trabajaba haciendo pociones con hierbas
y agua de rocío. Sin embargo, lo que más le gustaba al
brujo era hacer bromas. Bromas a todas las personas
y animales.

17
La Lechuza que lo Sabe Todo siempre regañaba a Sinchi
por sus bromas. Le decía que una broma es divertida
solo si es liviana y no molesta a nadie. Las bromas
pesadas a nadie le hacen gracia. Pero Sinchi prefería las
bromas pesadas.

A donde quiera que iba Sinchi con sus bromas estaba la


lechuza para regañarlo.

***
Sinchi hacía oídos sordos a los consejos de la Lechuza
que lo Sabe Todo. Por el contrario, no quería verla ni
oírla nunca más. Una mañana de sol, mientras la lechuza
estaba ocupada, Sinchi la hechizó: la dejó sin voz y la
abandonó en el Bosque Olvidado. ¡Ahora la lechuza ya
no podría darle más consejos!

Con tristeza, la lechuza armó su casa en un árbol para

18
vivir en el Bosque Olvidado hasta que encontrara la
fórmula que rompiera el hechizo. Allí, en un rincón
perdido donde los colores parecen tapados por un manto
gris, el ave sabia habría de vivir sola.

Cuando los animales se enteraron de lo sucedido, se


mudaron al Bosque Olvidado por amistad y gratitud.
Muchos se quedaron en aquel reino sin día ni noche
esperando junto a la lechuza que el hechizo se rompiera...
de alguna forma.

19
5

Cuando los niños supieron lo que le había sucedido a


la lechuza, les dio mucha pena. Pero ¿qué podían saber
sobre romper hechizos? Pedro lo"tenía claro: ¡nada!

Flor, en cambio, se sintió lista para romper el hechizo.


No tenía idea de cómo, pero juró lograrlo. La llama,
como si pudiera leer sus mentes, les dijo:

-La lechuza no habla, pero ti_ene un libro mágico que


explica cómo romper el hechizo. Claro que hay otro
mínimo, diminuto, pequeño problema: ningún animal
del Bosque Olvidado sabe leer. Estamos esperando

20
11 •

encontrar a alguien que sepa hacerlo.


-Pero eso no es un problema -Flor no vaciló-. Los
dos sabemos leer, así que pueden contar con nosotros,
¿verdad, Pedro?

El niño se encogió de hombros porque sabía que la


decisión estaba tomada.

La lechuza voló a su casa en el árbol. Al poquito tiempo


salió con un libro lleno de polvo. Se lo dio a los niños.
Flor lo tomó.

En dos minutos, ella y su amigo confirmaron que no se


trataba de cualquier libro. Flor lo agarraba, pero una
insólita fuerza luchaba por sacárselo de las manos. Pedro
la ayudó a sostenerlo y la niña pudo abrirlo por fin.

***

21
....

En la primera página se veía una sola frase en letras


grandes: Todos los hechizos tienen remedio. Cuando
los niños terminaron de leerla, la hoja salió volando
impulsada por una extraña ráfaga de viento. ¡Igual que
como se había escapado el sombrero!

El libro quedó abierto en una página que decía:


No tienes más que leer atento y no perder ni un momento...
Y de nuevo el papel voló por el aire. \.
/
/
La lechuza está muy callada y
hay animales atrapados.

Esta página también se elevó muy alto, como todas las


demás, una tras otra, mientras las iban leyendo. Flor
había perdido el hilo de la lectura por culpa de los
nervios. Tal como temía, no tardaron en volarse todas las
páginas por el cielo. De repente, ¡zas!, el libro se cerró de
golpe dando por acabada su misión.

-Ay -se lamentó Flor-, no me acuerdo de todo


lo que decía. Algo de tres ingredientes y de volar a no
sé dónde...

Pedro la miró muy serio y repitió:


-Todos los hechizos tienen remedio. No tienes más que

leer atento y no perder ni un momento. La lechuza está muy

callada y hay animales atrapados.

23
Flor, la llama y la lechuza lo miraban absortas. Pedro
volvió a hablar:
Para resolver el hechizo tres ingredientes traerás. El primer

ingrediente son dos pelos de tortuga. Para dar con ellos,

tendrás que emprender vuelo hasta las islas de las tortugas.


Encuentra la corona de la anciana del lugar. Pero llévame

contigo para ayudarte hasta el/mal.

-¡Bravo, Pedro! ¡Qué buena memorial-celebró Flor.

La alegría embargó a los niños. La llama bailaba y la


lechuza, co�tenta, asentía con la cabeza. ¡El hechizo tenía
remedio! Si lo rompían, la Lechuza que lo Sabe Todo les
iba a decir cómo volver a Machu Picchu.

Estaban por dar un gran paso: buscar el pnmer


ingrediente. Todos juntos.

24
11

Lo pnmero que tenían que hacer era descifrar el


acertijo. La niña lo revisó: El primer ingrediente son dos
pelos de tortuga. Para buscarlo, tendrás que emprender el

vuelo hasta las islas de las tortugas ...

Flor no tenía idea sobre qué tortugas hablaba el libro.


Pedro pensó y pensó.

-Las islas de las tortugas... -repitió pensativo.

Pedro pensó otro poquito más.

25
-¡Ya sé! Las islas de las tortugas son las islas Galápagos,
en medio del océano Pacífico -dijo el niño-. Lo que no
encaja es lo de los pelos. Las tortugas no tienen ...

-¿ Vamos a viajar hasta unas islas en el océano Pacífico y


tú piensas en que las tortugas no tienen pelos? -replicó
Flor-. ¡Lo tenemos que intentar tengan pelos o no!

Los dos niños se echaron a reír, y al reír sintieron cierta


paz después de tantas sorpresas. Todo parecía un sueño,
así que poco podía importar que las tortugas no tuvieran
pelos. Ahora, lo más importante era llegar a las islas.

La misión, así bautizó Flor al viaje, estaba por empezar.

***
Lo primero que tenían que buscar era algún medio de
transporte que los llevara volando. Una vez más, la llama
les dio la clave para que la misión progresara:

26
-Solo una gran ave puede volar hasta las islas -
les explicó.

Flor imaginó una extraña bestia voladora, con cabeza de


dragón y patas de avestruz... Pero Pedro le dio un ligero
codazo y señaló un inmenso cóndor que volaba encima
del árbol de la lechuza. Sus alas negras se movían como
dos abanicos gigantes.

Flor sonrió:
-Saldremos en el gran cóndor de Sudamérica -exclamó
Flor.
-Volaremos en el ave que vuela más lejos y más alto de
todo el continente -exclamó Pedro.

-Él será su piloto -dijo la llama-. Puede volar muy


lejos y muy alto, y seguro hará todos los esfuerzos que
este viaje exija .

27
7

Para salir del Bosque Olvidado, la llama les pidió que


cerraran los ojos un instante. Sintieron así una corriente
de aire contra sus cuerpos.

Cuando abrieron los ojos ya estaban en el cielo, muchos


metros por encima de la tierra. Volar de verdad era aun
mejor que hacerlo en sueños.

El cóndor volaba con gracia y el vuelo hacia el oeste


rumbo al océano se hizo fácil. Los niños no dejaban
de contemplar lo que se extendía muchos metros bajo
sus pies. Pasaron montañas, pueblos y la costa del gran
océano Pacífico.

30
11
Siempre alertas, los nmos grababan en la memona
imágenes maravillosas de todo el camino. Hasta que
al fin avistaron las islas Galápagos en medio de las
aguas cristalinas y el cóndor se preparó para aterrizar en
la playa.

Al tocar tierra, no los esperaba una tortuga anciana.


Pedro y Flor se sintieron muy inquietos. Estaban en
medio de una isla desierta con un cóndor muy callado y
ya sin su amiga la llama. No sabían a dónde dirigirse, ni
qué esperar.

Los niños buscaron alguna pista en el bellísimo entorno.


Algunas iguanas dormían una siesta al sol sobre las
rocas. Desde la orilla se veían cientos de peces de colores
que nadaban en el mar. Pero, ¿y las tortugas?

***

31
De repente vieron una tortuga muy pequeña abriéndose

paso para llegar al agua. Flor intuyó que aquel bebé de


tortuga sabría de la anciana de su especie y la llamó.

-Hola, tortuga. ¿Puedes ayudarnos?

Sin embargo, la pequeñita ni se detuvo, como si no oyera


nada. Acababa de salir de su huevo y tenía prisa por

llegar al mar. Estas crías saben que deben llegar al agua

para ponerse a salvo. De modo que no pueden retrasarse

con niños preguntones.

Flor y Pedro tuvieron que buscar ayuda en otro lado. De

repente, escucharon el canto de un pájaro. El canto se


hizo más y más fuerte.

-Ese pájaro parece decirnos algo -dijo Pedro


apuntando a los árboles.

Flor miró en esa dirección y vio un pinzón marrón que

32
no les quitaba ojos. Flor estaba de acuerdo, ese pájaro
les estaba diciendo algo. Decidieron ir detrás de él.

Los nmos cruzaron un largo sendero limitado por


gruesos troncos que dejaban entrever un claro de hierba.
Al llegar al claro, se detuvieron para no darse un golpe
con algo enorme: una tortuga tan grande como un carro.
¡Tenía que ser ella! Tantos años la habían hecho crecer
hasta alcanzar un tamaño gigante.

El reptil estaba dormido y el pájaro pinzón se posó sobre


su caparazón. Los niños se miraron con júbilo.

Ahí estaban. En la cabeza rugosa de la tortuga, en su


corona, se veían los dos pelos verdes que buscaban,
parados de punta. La misión iba, pues, viento en popa.
Aunque, antes de celebrar nada, los niños tendrían que
idear cómo sacárselos sin que se enfadara.

34
11

La inmensa tortuga estaba durmiendo... y roncando,


ajena a todo. Sus dos pelos brillaban al sol y se movían
con el aire. El pinzón picoteó su dura caparazón
para despertarla.

-Señora tortuga -anunció Flor prudente-, venimos


de muy lejos solo para visitarla.

La anciana alargó su cuello rugoso poco a poco; parecía


que no tenía fin. Ella respondió:

-Tengo mucho sueno. ¿No les han dicho que no se

35
-¡Qué bien me siento ahora! -comentó feliz-. Creo

que me voy a ir a dar un baño a la playa.

***
La alegría de los niños era inmensa. Pedro guardó los

dos pelos en el frasco:


-¡Qué felicidad, Flor! -dijo el nmo-. Tenemos el

primer ingrediente para romper el hechizo. Y mira a la

tortuga, parece que le hemos hecho un gran favor. Ya no

tiene tanto sueño.

Las palabras de su amigo hicieron sonreír a Flor. La

tortuga se alejaba buscando el mar sin volver la vista


atrás. Todo había salido bien.

Los niños ya miraban al cielo buscando al cóndor. Éste

volaba en círculos sobre la isla. Los niños lo llamaron

ansiosos. Estaban listos para el próximo acertijo de


la misión.

38
11

Cuando el cóndor tocó tierra, los nmos corrieron


hacia él encantados. Pedro sacó de su mochila el. libro
para leer el acertijo del segundo ingrediente. Pero el
libro mágico de nuevo dio pelea para abrirse, así que
Flor le prestó las dos manos hasta lograrlo. ¡ Qué libro
tan caprichoso!

En la primera página leyeron:


-Para resolver el hechizo, tres ingredientes traerás. El
segundo ingrediente es un pétalo de orquídea dorada.
-leyó en voz alta Flor. Y la hoja salió volando como
impulsada por una extraña ráfaga de viento.

39
-Para dar con él, tendrás que emprender vuelo a la selva
más pura del mundo. Encuentra al animal que hace a la
selva temblar. -leyó en voz alta Pedro. Y otra vez el
papel se perdió en el aire.

La niña leyó donde el libro quedó abierto:


-Pero llévame contigo para ayudarte hasta el final
-continuó Flor. Esta página también se elevó muy alto
como todas las demás mientras las leían, una tras otra.

De repente, el libro saltó de las manos de los niños y


se zambulló en la mochila de Pedro. Flor miró a su
compañero de aventuras. ¿Lo recordaba todo? Pedro
levantó el dedo pulgar en señal positiva.

-Y bien, ¿dónde vamos ahora? Orquídea, selva pura,


temblar... -reflexionó Flor. Ella no tenía idea de qué
hablaba el libro.

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Mientras, Pedro pensó y pensó.

-La selva más pura... -dijo concentrado.

Pedro pensó otro poquito más.

-¡Ya sé! La selva más pura es la Amazonia -afirmó muy


seguro-. La selva libera una gran parte del oxígeno que
necesitamos, por eso se la llama el pulmón del planeta.
Pero el acertijo dice algo más. Tenemos que encontrar
al animal que hace a la selva temblar para dar con
la orquídea ...

Pedro pensó otro ratito.

-¡El jaguar! -exclamó el niño-. Es un animal feroz y


no hay duda de que hace a la selva temblar. Vamos a la
Amazonia a buscar un jaguar: él sabrá dónde encontrar
una orquídea dorada.

41
del mundo, la anaconda? Ha devorado hasta personas
-dijo Pedro muy agitado.
-¡Ya basta! -gritó Flor más nerviosa que en las playas
de las islas-. El libro habla de un jaguar. No de sapitos
de colores ni de serpientes gigantes.

La niña miró hacia arriba y vio un monito que se movía


en un árbol. El mono en cuestión se hamacaba en una
de las lianas que colgaban de un tronco bien alto. Los
miraba curioso, pero no se acercaba.

Flor sacó la banana de la mochila y se la dio. Los niños


le preguntaron si sabía dónde darían con el jaguar
que cuida a una orquídea dorada. El animal comía la
banana tranquilo.

Con el último bocado, bajó de su liana. Se paró en el


hombro de Flor de lo más contento y señaló el camino.

44
10

Apartando la maleza con los brazos, lentamente


caminaron junto al río por donde el mono les marcaba.
Pedro temía que una gran anaconda estuviera a punto
de emerger del agua oscura. Flor escuchaba atentamente
entre tanto ruido de pájaros, monos e insectos. El mono
miraba hacia todos lados.

Entonces, se oyó un gruñido y un chapoteo. Todos


temblaron. El mono señaló una figura que se movía cerca
de la orilla, detrás de las plantas. ¡Era un jaguar!

Los niños dudaron si acercarse a la bestia, pero tenían

45
-¿Todavía están aquí? ¿Desean que los coma? -se
sorprendió el jaguar al verlos aún por allí.
-Claro que no, señor jaguar -dijo Flor-. Buscamos
una orquídea dorada. ¿Sabe dónde está?

El jaguar protestó molesto. Estos niños no lo iban a dejar


dormir su siesta. Así que bajó de un brinco y apartó unas
raíces del árbol con sus garras.

Allí estaba, agarrada a una raíz del árbol, la maravillosa


orquídea. Brillaba tan dorada como el sol. Sus pétalos
tenían gotas de rocío y un aroma dulce. Flor quiso sacar
uno, pero antes de que pudiera tocar la flor, el jaguar
gruñó un gruñido de terror que hizo temblar la tierra:

-¡QUIERO DORMIR LA SIESTA! ¡FUERA! ¡AHORA!

48
Los niños no podían hablar del miedo que tenían. Pero
cuando miraron la orquídea vieron que un pétalo se
había caído por el temblor. Rápidamente, Flor lo tomó y
lo metió en el frasco.

-Ya nos vamos, señor Jaguar -susurró la mna-.


Dulces sueños para usted.

El gran felino gruñó de nuevo mientras los niños se


alejaban. Empezaron a llamar al cóndor. Por suerte él
ya buscaba un hueco para aterrizar. Llegó muy nervioso,
casi alarmado, sin dejar de batir sus alas. Los niños se
subieron al lomo del cóndor de un salto por miedo a que
se alejara sin ellos.

Entonces, c�anoo miraron hacia abajo, vieron una gran


cabeza oscura saliendo del río. ¡Era una anaconda! El
peligro había estado bien cerca. Felizmente habían
volado de la Amazonia justo a tiempo.

49
-Para resolver el hechizo, tres ingredientes traerás. El
tercer ingrediente es una joya azul -leyó en voz alta Flor
mientras Pedro se sujetaba a su amiga. Y la hoja salió
volando impulsada por un golpe de viento.

-Para dar con ella, tendrás que emprender el vuelo al


gran río de hielo de Sudamérica. Encuentra el pico para
liberar a la joya azul -leyó la niña en voz más alta. Y
otra vez se perdió el papel en el aire.

Donde el libro quedó abierto ya se leía:


-Pero llévame contigo para ayudarte hasta el final
-terminó Flor. Esta página también se elevó muy alto,
como todas las demás mientras las leían, una tras otra.

Como antes, el libro saltó rapidísimo de las manos de Flor


y se zambulló en la mochila. Flor miró a su compañero
de aventura. Espero que no falle su buenísima memoria

52
-pensó. Pedro entendió al vuelo y levantó el dedo
pulgar en señal positiva.

Mientras tanto y como siempre, Pedro pensó y pensó.

-El gran río de hielo de Sudamérica... -dijo


muy pensativo.

Pedro pensó otro poquito más.

-¡Ya sé! Un río de hielo tiene que ser un glaciar -


dijo muy seguro-. Y el gran glaciar de Sudamérica
es el Perito Moreno, en Argentina. Tenemos que volar
al glaciar para encontrar el pico y liberar la joya azul.
Lo que no encaja es lo del pico. No sé de glaciares que
tengan picos...
-Lo vamos a ver en el glaciar -dijo la niña
contentísima-. ¡Cóndor, al glaciar Perito Moreno!

53
El cóndor escuchó el destino con claridad y empezó a
volar hacia el sur del continente.

***
Después de un largo camino, divisaron una gran masa
de hielo que parecía una riquísima crema de torta.
Alrededor del glaciar se extendían montañas y caminos
de piedra. El cóndor los dejó en la orilla del glaciar. Era
un día frío y nublado.

Tampoco había nada ni nadie allí, ni siquiera un zorrito o


un pájaro con los que hablar para pedir ayuda. Sintieron
una gran soledad. Flor comenzó a tiritar.

Sin ideas, a los dos amigos les costaba entender qué joya
podría esconderse allí, en una zona tan vacía. Una joya
azul podría ser una piedra preciosa.

54
Flor imaginó un zafiro, pero ¿quién lo habría escondido
en el hielo y dónde? La niña se sintió tristísima. Buscar
una joya en un glaciar era tan difícil como encontrar una
. .
aguJa en un paJar.

De repente, una mara con cara amigable se les acercó


lentamente dando saltitos. Pedro y Flor se quedaron
quietos para no asustarla.

-Señora mara, ¿sería usted tan amable de mostrarnos la


joya azul del glaciar? -preguntó Pedro-. Aquí no se ve
ninguna joya. Todo es hielo.

Lentamente, la mara empezó a caminar hacia el glaciar.


Cada dos saltitos se paraba a mirar si los niños iban
detrás de ella. Ellos entendieron y empezaron a caminar
también. Se subieron al hielo y con cuidado caminaron
detrás de la mara, tratando de no resbalar.

55
12

Caminar sobre el hielo era difícil y muy lento. Los niños


tenían que dar pasos muy pequeños para no patinarse.
Lamentaron no llevar zapatos con clavos para caminar
sobre el hielo.

Finalmente, la mara los llevó a una abertura estrecha


que se formaba en el hielo. El animal se paró al lado de
la grieta y miró a los niños alegremente. Ahora sí que los
niños habían perdido toda esperanza. ¿Esta mara creía
que habían llegado a la joya azul? Si todo a su alrededor
era blanquísimo...

56
11
Fue en ese momento que el sol brilló entre las nubes. Y,
como por arte de magia, ¡el hielo en la grieta se pintó de
azul profundo! Los rayos de sol reflejados en el glaciar
daban ese efecto azul.

-¡Pedro! ¡Creo que ya lo tengo! -dijo Flor de repente-.


¿ Y si la joya es este hielo azul?

Pedro sonrió. Habían encontrado la joya azul. Era


maravillosa. ¡Ahora, a terminar la misión!

El niño repitió el acertijo:


-Encuentra el pico para liberar a la joya a..Y:Jl -dijo

pensativo- un pico, un pico, un pico...

Pedro pensó y pensó. Y pensó otro poquito más con


mucho ingenio.

-¡Claro! Un pico. ¡El pico del cóndor! -exclamó lleno


de emoción.

57
hechizo. La lechuza va a poder hablar, nos va a decir
cómo volver a Machu Picchu.
-Creo que hasta echas de menos a la señora Laura...
-adivinó Flor-. Seguro que ya ni te importa que se
enoje cuando nos vea. Pero Pedro, ¿cómo vamos a
volver?
-Como vinimos, Flor -la animó el niño-. ¡Al Bosque
Olvidado, amigo cóndor!

El cóndor, como siempre, entendió rapidísimo y se echó


a volar.

60

13

Mientras volaban, Flor y Pedro dejaron que por su


mente pasaran algunos recuerdos de la misión: la caída
por el túnel, el silencio de la lechuza y las hojas voladoras
del libro.

Pensaron en todos los adorables animales que los habían


ayudado. El amigable pinzón de Galápagos, el mono
nervioso del río Amazonas y la tímida mara del glaciar.
Por sobre todo, nunca olvidarán a su amigo el cóndor.
Confiable y leal, los llevó de viaje para completar
la misión.

61
Al fin podían ver el Bosque Olvidado. Parecía que el
sol hubiera pintado aquel sitio gris con los colores más
brillantes. Esto les dio mucha esperanza.

***
El cóndor aterrizó al lado del árbol de la Lechuza que Lo
Sabe Todo. Sin embargo, algo no estaba bien. No veían
ningún animal... Ni la lechuza, ni las llamas, ni ningún
otro. De repente, el cóndor también se fue.

Al ver que nadie aparecía, Pedro empezó a llamar a


la llama y a la Lechuza que lo Sabe Todo. Pero nadie
apareció. Flor empezó a gritar también:

-¿Hay alguien aquí? ¡Hemos traído los tres ingredientes


contra el hechizo!

De pronto una nube negra y baja se detuvo sobre Pedro


y Flor. Entonces, cayó una lluvia que los empapó de la

62
cabeza a los pies. Por todos lados se escuchó la risa de
Sinchi. No podían creerlo, ¡aquello era cosa del brujo!

-¡Sinchi! ¡Basta ya! -lo regañó Flor-. Esto no


tiene gracia y no estamos para bromas. Trajimos los
tres ingredientes y con ellos romperemos· el hechizo
¡ya mismo!

Los niños empezaron a correr para escapar del agua. La


nube los regaba implacable allá donde iban. Mientras
corrían, el niño tomó el envase de su mochila. Como
tenía las manos mojadas, el frasco se le cayó al suelo.

El cristal se rompió en mil pedazos delante de ellos. Por


la hierba encharcada se dispersaron los pelos de tortuga,
el pétalo de orquídea y la joya azul, que comenzaba
a derretirse.

Aquello era una catástrofe.

63
64
11

14

Llorando, Flor y Pedro intentaron sacar del barro los


restos de los ingredientes. Pero los pelos se habían hecho
cenizas, el pétalo estaba roto en pedacitos y el hielo se
había fundido con el agua de lluvia. Toda su misión
había acabado en un charco.

La nube al fin los dejó de seguir y se esfumó. Enseguida,


Pedro buscó<eLlibro en la mochila. Pero el libro ya no
estaba allí. Se había esfumado también.

Fue Flor quien entonces vio acercarse lentamente algo


por el cielo: era la Lechuza que lo Sabe Todo. Los niños

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corrieron hacia a ella. La lechuza finalmente se posó
a poca distancia de ellos. Llevaba el libro, que apoyó en
la hierba.

-Lo hemos intentado -admitió la nma-, pero no


hemos podido salvar los ingredientes. No podremos
acabar con el hechizo de ese malvado hechicero.
-Es que se me cayó el frasco ... -añadió su amiguito
tristemente.

Los niños explicaron a la lechuza todo lo que había


pasado durante la misión.

***
Hablaban tanto que no se daban cuenta de que el animal
estaba aclarando su garganta. Luego empezó a emitir
algunos sonidos. Enseguida, los sonidos se convirtieron
en una bella canción. La Lechuza que lo Sabe Todo subió

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el tono. Las notas subían y subían ... ¡la lechuza había

recuperado la voz!

Flor y Pedro sonrieron. Sin embargo, no comprendían lo


que estaba pasando: los ingredientes se habían echado

a perder y las lechuzas no cantan. Algo empezaba a


cambiar también a su alrededor: atraídos por la voz de

la lechuza, comenzaron a llegar varios animales.

Pedro y Flor esperaron a que el ave acabara su canción

para preguntarle: ¿Cómo había recuperado la voz? ¿Qué

había pasado con los ingredientes?

Finalmente, la lechuza paró de cantar y les habló:

-Niños, los felicito -dijo-. Su misión ha sido un

éxito. Los ingredientes no se perdieron, sino que se

derritieron juntos para romper el hechizo. Ahora les

podré decir cómo volver a Machu Picchu. Y los animales


y yo saldremos del Bosque Olvidado.

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15

Llegó el momento de volver al bus. Con paso tranquilo,


apareció la llama con algo en la cabeza:

-¡Es mi sombrero! -exclamó Flor contenta.


Mientras la llama se agachaba para que Flor tomara el
sombrero de paja, Pedro se echó a reír. La niña agarró el
sombrero, acarició a la llama y miró a la lechuza.

Entonces, la lechuza se puso muy seria:


-Para regresar, primero debes ponerte tu sombrero.
Luego, los dos van a cerrar los ojos una vez más.

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Los nmos sentían mucha tristeza por la despedida.
Abrazaron a la llama, saludaron a la lechuza y miraron
aquel lugar por última vez antes de regresar.

Flor al fin se puso el sombrero. Con Pedro se tomaron de


las manos. Lo último que vieron antes de cerrar los ojos
fue la sonrisa que este viaje maravilloso había dejado en
su amigo.

***
Cuando abrieron los ojos, Pedro y Flor estaban sentados
en un espacio cerrado. Oían palabras y alguna risa.
¡Se escuchaba a la señora Laura! Sin duda, esa voz era
la suya.

Pedro afinó el oído para entender qué decía:


-Dieciséis, diecisiete ... Dejen de moverse, estoy contando.

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No había duda. ¡Se encontraban en el bus! Abrieron los
ojos. Delante de ellos, sus compañeros Raúl y Julia se
reían por lo bajo.

La señora Laura dijo:


-Flor y Pedro, pónganse de pie, por favor. Así no puedo
verlos y es más difícil contarlos.

A los dos niños les temblaban un poco las piernas y se


ayudaron con el respaldo del asiento para levantarse.

-¿Nadie se dio cuenta de que hemos faltado?


-murmuró Flor cuando se sentaron nuevamente.

Pedro se quedó pensando. Miró el sombrero de su amiga


y echó un vistazo a través de la ventanilla. Allí estaba
Machu Picchu y el bus había arrancado para dejar atrás
la ciudad.

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-¿Y si todo ha sido un sueño? -preguntó el niño con
tristeza-. Todo parece igual a como lo dejamos. Y nadie
nos mira raro.

Flor tuvo una idea. Abrió la mochila de Pedro y buscó


el frasco de insectos. Allí estaba, intacto y vacío, como
si nunca lo hubieran usado. ¿Cómo podía ser? También
había una banana, ¡aunque se la hubieran dado al mono!

La señora Laura los interrumpió:


-¿Les gustó la visita? -preguntó a todos-. Ya les avisé
que Machu Picchu era un lugar mágico -y enseguida se
mostró sorprendida-. ¡Ay, miren qué belleza! ¡Por aquel
lado! - La maestra levantaba el dedo para señalar algo
afuera: un ave grande volaba muy cerca del autobús.

-Parece que nos sigue ... -añadió-. Es un cóndor


andino. Es el ave que vuela más lejos y más alto de toda

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Sudamérica. Querrá decirnos adiós, tal vez -dijo la
señora Laura con buen humor.

Flor y Pedro pegaron la nariz al cristal y agitaron sus


brazos. Saludaron a su guía alado con muchísimo cariño
hasta que lo vieron perderse entre las montañas.

A partir de entonces, los dos amigos ya no hablaron más.


Se recostaron en el asiento y cerraron los ojos. ¡Habían
visto y vivido tantas cosas maravillosas! Pensaron en
la llama y en la Lechuza que lo Sabe Todo. También se
preguntaron si sus padres les iban a creer.

Había sido una aventura fascinante. No querían olvidarla


nunca jamás.

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