DOLO E INTIMIDACIÓN
El dolo afecta a la intención y la intimidación. El acto jurídico es anulable cuando la
declaración de voluntad ha sido determinada por el engaño doloso o por intimidación.
El Código peruano trata separadamente la intimidación y el dolo.
La intimidación es la perturbación peor y más peligrosa de una situación jurídica. En la
intimidación existe per se el derecho a anular, mientras que el engaño doloso sólo
legitima para impugnar frente a quién engañó
DOLO Y FRAUDE:
Una conducta fraudulenta persigue frustrar los fines de la ley o perjudicar los derechos
de un tercero.
El dolo se vincula con el fraude debido a que ambos tienen en común las maniobras
desleales usadas una parte para causar perjuicio a la otra; ambos describen conductas
engañosas. Pero no pueden confundirse porque entre estas dos figuras median
sustanciales diferencias: La acción u omisión dolosa actúa contra la víctima misma
determinándola a celebrar el acto jurídico (por ejemplo, el vendedor engaña al
comprador sobre la calidad del bien vendido); en cambio, el fraude se lleva a cabo sin la
participación de la persona defraudada (por ejemplo, el vendedor que vende el mismo
bien sucesivamente a dos personas, comete fraude contra la primera; el deudor que
dispone de su patrimonio quedando en la insolvencia defrauda a su acreedor).
En el fraude, con posterioridad a la existencia del crédito, el deudor lleva a cabo un acto
de renuncia a sus derechos o realiza actos de disposición o gravamen de sus bienes a
efectos de no cumplir con sus obligaciones, perjudicando a su acreedor; en cambio, en
el dolo, antes o al tiempo de celebrarse el acto jurídico, una de las partes o un tercero o
ambos urden una maniobra para engañar e inducir a la otra parte a celebrar un acto
jurídico.
DOLO INDIRECTO Y DOLO DIRECTO:
DOLO CAUSAL:
El engaño es todo comportamiento mediante el cual un sujeto refuerza o mantiene a otro
en una representación falsa de la realidad. Es decir, los engaños, maquinaciones,
artificios deben ser la causa determinante de la voluntad de la víctima, llevándola a
celebrar el acto jurídico que de otro modo no lo hubiera realizado.
El dolo tiene que haber impulsado al engañado a manifestar su voluntad, la causalidad
del engaño respecto de la declaración de voluntad; carece de importancia si el engañado
ha actuado o no culpablemente, es decir, si empleando la diligencia exigible en el tráfico
hubiera podido descubrir el engaño.
Cuando el engaño es usado por un tercero, el acto jurídico es anulable solamente si es
conocido por la parte que obtuvo beneficio; es decisivo que el engaño usado p un
tercero sea conocido por la parte que se benefició con él