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1

EL PROCESO

Alejandro Finzi

Teatro

2014

(Adaptación de “Der Prozess, de Franz Kafka)


2

A Leticia, Isabel y Sergio, hermanos de mi corazón


3

PERSONAJES

Joseph K

Willem

Franz

Señora Grubach

El Inspector

Anna

Rebenstein

Kullich

Kaminer

Juez de Instrucción

Ordenanza

Tío Karl

Titorelli

Abogado Huld

Fabricante

INDICACIONES PARA UNA PUESTA EN ESCENA

-El actor que componga al Ordenanza, interpretará también al Fabricante utilizando


una máscara. El Inspector hará de Titorelli con una máscara. El abogado Huld usará
máscara, siendo interpretado por el actor que tenga el rol inicialmente de Tío Karl.
La Señora Grubach y Anna, serán la Señora Grubach senil y Anna senil, utilizando
una máscara.

- El dominio sonoro tendrá un exhaustivo desarrollo a lo largo de todo el espectáculo.


4

ESCENA 1

La escena tiene tres compartimentos, uno central, amplio, y dos laterales, más
pequeños aunque no simétricos. Los tres están vinculados entre sí. Una gran puerta
preside el cmpartimento principal. Cada compartimento tiene en el fondo una
ventana con sus persianas y postigones. De cada compartimento cuelga una bombita
de luz. En el compartimento central cuelga un imponente reloj con la hora detenida.
No sé a qué hora dejó de de funcionar, ni cuándo, pero ahí está, sombrío,
mintiéndonos, como si acaso el tiempo pudiera detenerse.

Ingresa un detective, impermeable negro, en la habitación de Joseph K. Abre la


ventana y la luz del día penetra las sombras reinantes y despiertan al durmiente:

Joseph K- Gracias, señora Grubach. Déjelo. Se me hace tarde.

¿Quién es usted?

Franz- ¿Llamó?

Joseph k- La señora Grubach me va a traer el desayuno. ¿Usted quién es?

El detective no responde va a la puerta, la abre, mirá buscando a alguien y la cierra

Contésteme.

Franz habla a alguien que está en la habitación de al lado:

Franz- Quiere que “la señora Grubach le traiga el desayuno”

De la habituación contigua se escuchan unas risas de burla.

Franz- Va a ser imposible

Joseph K salta de la cama y se pone los pantalones

Joseph K- ¿Por…? ¡Quiero ver qué clase de gente está en esa habitación y por qué la
señora Grubach no trajo mi café con pan y manteca ¡
5

Joseph K da un brinco y se dirige a la habitación de al lado

Franz- ¿No prefiere quedarse acá?

Joseph K-No. No quiero. ¡Usted de dónde salió, qué hace en mi cuarto, dónde está la
señora Grubach!

Franz le abre la puerta que comunica ambos ambientes:

Franz- Le estoy dando un buen consejo…

Joseph K entra en la habitación y encuentra a la Sra Grubach sirviendo


temerosamente el que es su café con tostadas a otro detective

Willen- ¿No le dijo Franz que se quede en su habitación?

La Sra Grubach se va apresuradamente con su bandeja. Franz abre la ventana

Joseph K- ¡Señora Grubach adónde va…¡

Por la ventana abierta se asoma una señora Grubach con máscara, muy anciana, que
observa con curiosidad senil la escena.

Franz- Se lo dije…

Joseph K -¿Y usted qué hace aquí? ¿Y ustedes? ¿Quiénes son, que quieren?

Joseph K trata de irse pero los dos detectives se lo impiden. Forcejean. Lo


inmovilizan.

¡Déjenme, déjenme! ¡Me voy!

Willen- No. Usted no se va. Está arrestado.

Joseph K- ¿Arrestado, yo? ¿Y por qué?

Willen- No estamos encargados de decírselo.

Franz- Métase en su pieza y espere, como se lo termina de comunicar Willen. Acaba de


iniciarse la instrucción del proceso. Ya se le va a informar todo a su debido tiempo. No nos
autorizaron a hablarle con tanta amabilidad.

Willen- Si sigue teniendo tanta suerte en todo, como la que tuvo cuando nos designaron
para usted, puede confiar.

Los dos hombres terminan de comer el desayuno de Joseph K mientras lo empujan


de nuevo a su habitación. La Sra. Grubach desaparece de la ventana. Los detectives
buscan en el cajón de ropa
6

Joseph K- Qué clase de broma es ésta?

Willem y Franz después de hurguetear entre las prendas de vestir:

Willen- Todo esto no le va a servir

Franz- Mejor que nos la de a nosotros. De ahora en adelante no le servirá tiene que usar
otra camisa

Joseph K- ¿De qué me hablan?

Willem- Explique, Franz.

Franz- Escuche: Su ropa va a los depósitos generales, así que será mejor que nos las
entregue a nosotros. Estará segura si es que su caso se resuelve. En el depósito todo se
deteriora. O se pierde. ¿Le quedó claro?

La señora Grubach, joven, se asoma a la puerta

Joseph K-¡Señora Grubach! Entre. ¡Entre, por favor!

Willem- Ella no puede.

Franz- Usted está arrestado

Joseph K- ¿Por qué estoy arrestado?

Willem-Ya empieza otra vez…

Franz- No contestamos esas preguntas.

Joseph K le arrebata su saco al detective, busca en un bolsillo interior y extiende su


documento.

Joseph K- Acá esta mi documento. Ahora, me enseñan sus identificaciones y la orden de


arresto.

WIllem- ¿A nosotros qué nos importa su documento?

Franz-Se está portando peor que un chico. Vaya para su habitación. Vamos.

Willem- ¿Se cree que va a acelerar su proceso, discutiendo con nosotros sobre credenciales
y órdenes de arresto? Nosotros somos empleados inferiores. Guardianes. Las autoridades,
antes de disponer un arresto como el suyo se han informado muy bien. No hay errores. Esa
es la ley.

Joseph K-¿Cuál ley? No la conozco.


7

Franz- Tanto peor para usted. Escuchalo, Willem, admite que no conoce la ley y afirma, al
mismo tiempo, que es inocente.

Willem-No entiende nada

Joseph K-¡Presénteme a su superior!

Franz-Cuando él lo quiera, no antes. Ahora, a su habitación. Se queda quieto ahí y espere a


que se decida algo sobre usted. Y no nos trate mal. No ofenda. Al menos, nosotros, Willem
y yo, somos hombres libres. Si nos da plata le traemos un café del bar de la esquina. Sin
dinero no hay café.

Joseph K en silencio dice que no. Franz y Willem se van. Joseph K se tira en la cama.
Por la ventana aparece la senil señora Grubach y lo mira con curiosidad. Luego, otro
anciano, el Juez de Instrucción, se asoma por la ventana, empuja un postigo, observa
a Joseph unos instantes y después vuelve a cerrarlo. Desaparece

Joseph K- Un día perdido en el Banco.

Joseph se acuesta. Da vueltas, no puede descansar. Descubre a la vieja Grubach que lo


está mirando y que le hace un gesto con la mano como indicándole que busque algo.

¿Señora Grubach? ¿Es usted?

La vieja Grubach ha desaparecido. Joseph K encuentra una manzana verde. Está


hambriento, acaba de encontrar algo para desayunar. Se sienta, pone un mantelito
sobre sus rodillas y en él la manzana. La toma y le da un par de mordiscos. Como con
apetito. Se escucha:

Willem-¡Lo llama el Inspector!

Joseph K esconde lo que queda de su fruta.

Joseph K- ¡Por fín!

Corre hacia la puerta. La abre:

Franz- ¡Cómo se le ocurre vestirse así! ¡ Arréglese la ropa para presentarse ante el
Inspector!

Joseph K- ¿Qué me arregle, qué?

Willem- No hay nada que hacer...Por lo menos, póngase el saco. No, ése no. El negro.

Franz y Willem introducen al procesado en la habitación. El Inspector está sentado


detrás de una mesita. Tres detectives están detrás de él, hurgando y manoseando
papeles.
8

Inspector- ¿Joseph K?

Joseph K asiente

Debe estar muy sorprendido por los acontecimientos de esta mañana.

Joseph K. Sorprendido, sí. Pero no demasiado

Inspector-¿No demasiado?

Joseph K-Lo que quiero decir es que estoy muy sorprendido. Aunque ya tendría uno que,
después de casi treinta años en este mundo, estar acostumbrado a cualquier cosa. ¿Qué es
todo esto? ¿Una simple broma de los vecinos de mi pensión, aquí, por mi cumpleaños? No
se puede decir que esto sea una broma.

Inspector- Tiene toda la razón.

Joseph K.-Además esto no debe tener demasiada importancia. Me están diciendo que
estoy acusado y no encuentro la más mínima razón por la que se me pueda culpar. Lo
principal es saber de quién viene la acusación. ¿Qué autoridad instruye el procesamiento.
¿Ustedes, quiénes son?

Inspector- ¿Nosotros? Nosotros jugamos un papel subalterno en esto. Y usted se equivoca.


No sabemos si usted está acusado o no. Usted está arrestado. No conozco nada más. No
nos haga tantas preguntas, piense en usted mismo. Y no arme tanto alboroto diciendo que
es inocente, porque empeora la impresión que usted nos da.

Joseph K-¡Esto es insensato!

Los tres detectives se dan vuelta y lo miren entristecidos, como diciendo “no puede ser
lo que estoy oyendo”, con la cabeza. El Juez se asoma apenas un instante por la
ventana.

Bueno. Terminemos con esto. Hagamos como si no hubiese pasado nada.

Joseph extiende la mano al Inspector, éste no la acepta.

Inspector-¡A usted le parece todo fácil! Lo que me pide, no puede ser. Pero no se
desespere. Usted, simplemente, está arrestado. Nada más. Yo tenía que comunicárselo. Lo
hice y mire cómo lo ha tomado. Por hoy, ya es bastante. Transitoriamente, podemos
despedirnos. Si quiere puede ir a su Banco

Joseph K-¿Al Banco? ¿Cómo puedo ir al Banco si estoy detenido?

El Inspector se levanta para marcharse.


9

Inspector- No ha entendido. Por supuesto que está arrestado. Esto no impide que vaya a su
trabajo

Joseph K- ¿Entonces no es tan grave la notificación de mi arresto?

Inspector- Era mi deber

Joseph K- Es un deber idiota

Inspector- Es posible. No vamos a perder tiempo con estas discusiones. Yo no lo obligo a


ir al banco. Pero por las dudas convoqué a estos tres señores, colegas suyos. Están a su
disposición. Será informado oportunamente del primer interrogatorio. Recibirá una llamada
telefónica.

El Inspector se va. El anciano deja la ventana.

Joseph K ¿Ustedes, colegas míos?

Joseph los observa con atención:

¿Rebensteiner? ¿Kullich? ¿Kaminer? ¡Buenos días! No los había reconocido.


Supongo que ahora nos vamos todos a trabajar.

Rebenstein , Kullich, Kaminer al únísono, sonrientes y serviciales:

¡A sus órdenes, señor K!

APAGON

ESCENA 2

Joseph K en su oficina, en el Banco. Rebenstein , Kullich, Kaminer van y vienen


llevando y trayendo carpetas y notas con la solícita y febril urgencia de un día de
trabajo. Joseph K los atiende y está concentrado en su labor. Suena el teléfono. En ese
instante los tres empleados vuelven a comportarse como tres detectives. Rebenstein
levanta el tubo.

Rebenstein- Un momento. Es para usted.


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Joseph K- ¿El primer interrogatorio? Primer interrogatorio, no. Primero y último, más
bien. ¿Cuándo? ¿Hoy? ¿Cómo que hoy? ¿Adónde tengo que presentarme? ¿Quién? ¿Ante
el juez instructor? ¿Adónde?

El detective Kullich entrega al detective Kaminer un papelito y éste lo entrega a


Joseph K:

¿Juliustrasse? ¿Dónde queda eso?

El detective Kullich extiende al detective Kaminer otro un papelito y éste se entrega a


Joseph K:

De acuerdo. Pero sepa que el interrogatorio será muy corto porque no hay nada
que aclarar. ¿Hola? ¿Hola? ¿Con quién hablo?

Joseph K cuelga. Deja su escritorio y comienza a transitar hacia Juliustrasse. Detrás


suyo los tres detectives, entre la sombras, vigilándolo, tratando de pasar
desapercibidos. Joseph va y viene, golpea las puertas, hasta que finalmente abre la
puerta del TRibunal, adentro está Anna:

¿Aquí es el Juzgado de Instrucción?

Anna- Sí, aquí es.

Joseph ingresa

Ahora vendrán a cerrar. Váyase, desaparezca, será lo mejor, porque después no


podrá entrar nadie más.

Joseph K-Aquí no hay nadie.

Anna-Están todos.

Entre las sombras, sentados y enfrentados en dos bandos están los detectives Kullich,
Kaminer, Rebenstein, la señora Grubach, Franz, Willem. El anciano que había
aparecido fugazmente en la escena primera, es el Juez de Instrucción. Joseph K no los
reconoce. El Juez preside la reunión y, detrás suyo ,a sus espaldas, se encuentra el
Inspector. Los integrantes de los dos bandos, con sus solapas llenas de insignias y
condecoraciones, parlotean, conversan, murmuran, largan carcajadas. El Inspector
dice algo al oído al Juez de Instrucción. Le señala el reloj detenido.

Juez de Instrucción- Hace una hora y cinco minutos que usted tenía que estar aquí.

Silencio total en la sala.

Joseph K- Este edificio queda muy lejos. Nadie conoce Juliusstrasse.


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Risas y comentarios entre los dos bandos.

Juez de Instrucción- Demasiado tarde. Ahora ya no estoy obligado a interrogarlo

Risas y comentarios. Con un gesto el Juez llama a silencio.

Sin embargo, hoy lo haré excepcionalmente. De todos modos este


retraso no debe repetirse. ¡Acérquese!

Joseph K sube a una tarima. El Inspector siempre a la espalda del Juez le entrega a
éste un pequeño cuaderno. Un cuaderno escolar, viejo y deformado por tanto uso.

Bien.

El Juez de instrucción, hojea el cuaderno:

Así que usted es pintor de brocha gorda.

Joseph K- No. Soy empleado de Banco.

En el bando de la derecha se ríen y contagian a Joseph. El Juez se incorpora y hace


callar a los del banco de la derecha mientras que, los del bando de la izquierda,
permanecen mudos.

Su pregunta, Señor Juez, sobre si soy pintor de brocha gorda, demuestra la


forma en que este proceso es llevado en mi contra. Por cómo se está llevando a cabo yo no
lo reconozco como tal.

Silencio total. Aparece Anna, . Su presencia silenciosa parece servir de advertencia a


Joseph K. El Juez vuelve a hojear el cuaderno. Y vuelve a cerrarlo

Y ese sucio cuaderno confirma lo que estoy diciendo, ¿qué cosa es?

Joseph K toma el cuaderno, lo hojea, y colgándolo de una de sus hojas lo muestra a


los dos bandos. Lo deja caer. El Juez de Instrucción lo toma ceremoniosamente con
ambas manos

Juez de Instrucción- Es nada menos que el libro de actas de esta Instrucción. Si le parece
poco

Deposita ceremoniosamente el cuaderno en la mesa.

Joseph K- Puede seguir leyendo tranquilamente, Señor. A mí, ese cuadernito con
garabatos de supuestas acusaciones no me da ningún miedo, pude tomarlo con sólo dos
dedos.

Un silencio mortal se difunde entre los presentes.


12

Lo que me pasó es un caso aislado y, por eso mismo, no muy importante. Y no


me lo voy a tomar demasiado en serio porque pareciera ser una manera de proceder contra
muchos.

Toses y murmullos:

No soy bueno hablando en público. El Señor Juez de Instrucción se expresa


mucho mejor, es su profesión. Lo que quiero es que se aclare este malentendido público.
Escuchen: me arrestaron hace unos diez días. Es como para reírse. Se metieron en mi
habitación a primera hora, yo estaba todavía acostado. Por lo que acaba de decir el juez de
instrucción no podemos excluir que se trate de una orden de arresto contra algún pintor de
brocha gorda. Me trataron como un si yo fuera un peligroso criminal. Esos guardianes que
llegaron era una gentuza desmoralizada. Quisieron robarme mi ropa, comieron mi desayuno
y buscaron sobornarme pidiéndome dinero. No permitieron que hablara con la dueña de mi
pensión. Me llevaron frente a un así llamado Inspector. Conservando toda la calma posible
pregunté a ese tal Inspector por qué estaba arrestado. ¿Qué me respondió?: Nada. Me había
arrestado y se daba por satisfecho. Metió en la pensión a tres de mis empleados subalternos
para que la noticia se propague y perjudicar mi reputación. Pero no lo han conseguido.
Todo esto no me trae más que contrariedades y molestias pasajeras. ¿Pero acaso no habría
podido todo esto traerme consecuencias peores?

El Juez de Instrucción hace una seña al Inspector para que se acerque y algo le dice al
oído:

Miren, el Juez dice algo que nadie, ninguno de los presentes, puede escuchar. Como Juez
debe hablar claro y para todo el mundo.

Los dos bandos miran alternativamente a Joseph K y al Juez. Murmuran, conversan


entre sí, señalan al arrestado. Un integrante del tribunal se levanta y se dirige hacia
Anna . Joseph K da un golpe de puño:

¡Escúchenme! Termino en seguida. Si este supuesto juicio les importa algo, dejen su
charla. Tengo poco tiempo y me iré pronto: No cabe duda de que, detrás de las
manifestaciones de este tribunal y después de mi arresto e interrogatorio, se esconde una
gran organización. Una organización que no sólo da trabajo a guardianes corruptos, a
inspectores necios y petulantes y a jueces de instrucción cuya mejor cualidad es la de ser
mediocres, sino una magistratura con una caterva de grados superiores y supremos, además
de ordenanzas, escribientes y policías y hasta verdugos. ¿Y con qué fin? Con el fin de
arrestar personas inocentes e instruir contra ellas un proceso absurdo, y como es mi caso,
sin resultado. Todo esto es insensato y no puede evitar la peor de las corrupciones en el
cuerpo de los funcionarios. Es inconcebible. Y parece que ni el Juez de este tribunal puede
impedirlo…
13

El integrante del tribunal toma a Anna y la estrecha contra él. El procesado se


adelanta para ir en auxilio de la joven pero los integrantes de los dos bandos se lo
impiden, sujetándolo

.....todos son funcionarios, aquí, he hablado frente a una banda de gente corrupta.
¡Suélteme!: se divierten engañando a un inocente. Déjenla retirarse. Yo también me iré.

Entre un silencio sorprendido, sueltan a Anna. Se adelanta, lentamente, el Juez de


Instrucción:

Juez de Instrucción-¡Un momento!

Joseph K , que estaba yéndose, se detiene.

Sólo quiero hacerle observar que hoy, usted, tal vez no se haya dado
cuenta todavía, perdió la ventaja que en cualquier caso representa un interrogatorio para un
acusado.

Joseph K-¡Sinvergüenzas!

¡Quédense con todos sus interrogatorios!

Un grito de Anna interrumpe a Joseph K. Le está haciendo señas para que se calle y
deje de hablar. El Inspector la toma con violencia y la empuja. Joseph reacciona en su
defensa, pero es sujeto por los tres detectives quienes lo arrastran fuera del Tribunal.
Joseph se incorpora y, dolorido, escapa.

APAGON

ESCENA 3

Anna camina buscando al Procesado. Se detiene un instante y observa a Joseph K


que está trabajando en su oficina en el Banco. El, a su vez, la descubre y va tras ella,
corre, pero no logra alcanzarla, se le perdió. Ella llega al Tribunal, cierra la puerta
detrás suyo. Unos instantes después arriba Joseph K:

Joseph K- ¡Abran!

Abrir, no abre nadie:

Por favor, déjenme entrar.


14

En la puerta se abre una mirilla y una intensa luz se difunde a través de ella. Se
escucha la voz de alguien

-¿Qué desea?

Joseph K- Vi recién entrar a una mujer, quiero hablarle

La puerta, cuando se abre, al entornarse, arrastra un pesado y lento ruido que se


confunde con llaves que giran en cerraduras y candados. Al abrirse Joseph K se
encuentra frente a frente con el Ordenanza

Ordenanza- Cómo le va.

Joseph K-¿Nos conocemos?

Ordenanza- Claro. Usted es el acusado Joseph K y yo soy el Ordenanza del Tribunal.

Joseph K. Una mujer entro aquí hace unos instantes.

Ordenanza- ¿Hoy? Hoy no hay sesiones. El Tribunal está cerrado. Pase, si lo desea.

Joseph K ingresa

Joseph J- ¿Entonces, no hay nadie?

Ordenanza- Yo no dije eso. Están los escribientes. Son funcionarios, por supuesto, y están
ocupándose de transcribir cada expediente.

Joseph K- ¿Puedo echarles una ojeada?

Ordenanza- No está permitido. Los expedientes pertenecen al Juez de Instrucción.

Entre las sombras aparecen sentados alrededor de la mesa, los escribientes. Están
inclinados, escribiendo. Están los tres empleados del banco y Anna.

Joseph K. Es ella.

Ordenanza- ¿Anna? Schh, no le dirija la palabra. No puede hablarle. Ninguno de ellos.


Están muy ocupados. El Juez de instrucción no cesa de escribir. Y precisamente, ha escrito
un largo informe sobre usted, sobre su proceso.

Joseph K- ¿Un expediente sobre mí?

Ordenanza- Naturalmente

Uno de los escribientes termina su trabajo. El Ordenanza le retira el expediente y le


da uno nuevo. El escribiente recomienza su tarea.
15

Joseph K- ¿Ese es mi expediente?

Ordenanza- Cómo saberlo. Quién sabe cuántos acusados están procesados. Cuántos. El
suyo, quizás sea ése, o ese otro, o áquel. Como son tan grandes, ninguno deja de tener su
importancia. Termina la sesión y el Juez comienza redactar. Los expedientes luego son
elevados

Joseph- ¿Elevados?

Ordenanza- Enviados a la instrucción de los Tribunales Superiores.

Se escuchan gritos y golpes que provienen de alguna habitación cercana. En ese


momento los escribientes comienzan a trabajar a toda velocidad. El ordenanza
cambia los expedientes de los escribientes a ese ritmo. Joseph K corre hacia la
habitación de donde provienen los gritos. Abre la puerta. El Inspector con una fusta
está por golpear a Willem y Franz, que están arrodillados.

Joseph- ¿Qué hacen? ¡Deténgase!

Inspector- No puedo.

Willem- ¡Salga!

Franz- Nos castigan porque te quejaste de nosotros al Juez de Instrucción.

Joseph K-Yo no me quejé, sólo dije cómo habían sido las cosas en mi casa. La conducta de
usted no fue irreprochable.

¡Y usted, qué hace, deje esa fusta!

Inspector- Ejecuto órdenes. Éste está gordo porque tiene la costumbre de comerse el
desayuno de todos los arrestados. ¿No se comió también el suyo? Este otro les quita la ropa
y no la entrega a los depósitos. Los primeros fustazos no van a doler. ¡A desnudarse! El
castigo es tan justo como inevitable.

Willem-Si nos castigan es porque nos ha denunciado. Nadie lo hace. No nos habría
ocurrido nada, aunque lo sepan, si se hace la vista gorda. ¿Puede llamarse a esto justicia? Él
y yo, sobre todo yo, estábamos bien considerados…

Franz-.Teníamos perspectivas de ascenso y habríamos llegado a ser inspectores, cómo éste,


que tuvo suerte de que nadie lo denunciara

Willem-Ahora nuestras carreras están arruinadas.

Joseph K- Escúcheme, si los deja escapar le pago muy bien


16

Inspector-Usted quiere denunciarme a mí también. Sobornarme. No a mí. Yo ya fui


ascendido a Ejecutor. Me han destinado a apalear a la gente y lo hago como corresponde.
¡Quítense todo!

Joseph K- Si yo hubiese querido que fueran castigados, hubiese dados sus nombres. No los
considero culpables, la culpa la tiene la Organización, los altos funcionarios

Willem y Franz: ¡Así es, tal cuál…!!!

Por respuesta, un fustazo

Inspector- ¡Tengo una carrera por delante! ¡Un ascenso!

Willem y Franz- Salga de aquí, por favor. Cuanto más tiempo se quede será peor

El inspector se detiene. Willen y Franz se incorporan suplicantes. Lentamente Joseph


K se aleja, cierra detrás suyo la puerta con cuidado. Un instante después se oyen los
gritos de la tortura a que son sometidos los dos guardianes. Joseph corre por el
Tribunal, pero se ha perdido. Ya no se escuchan gritos, el silencio ahoga la atmósfera.
Aparece Anna

Anna- ¿Busca la salida?

Joseph K- Sí

Anna- Sígame.

En el camino hacia la salida del Tribunal pasan delante de los escribientes y el


Encargado. Nadie escribe, están delante de pilas de expedientes

Joseph K- ¿Ya no copian?

Anna- ¿Copiar qué? Son procesados. Están inculpados. Ellos recuerdan. ¿Recordar y
copiar es lo mismo?

Anna abre la puerta del Tribunal, Joseph K escapa corriendo.

APAGON

ESCENA 4
17

El tío Karl irrumpe en la oficina de Joseph K, sorteando el continuo ir y venir de


Rebenstein , Kullich y Kaminer llevando notas y carpetas en el Banco

Tío Karl- Por favor, a ver, déjenme, pasar; córranse, ¿ésta es la oficina de mi sobrino, no?:
¡ ¡Ah, ahí estás, Joseph!: la señora Grubach, tenía razón. Vengo de la pensión. Me cuenta
que te has refugiado en esta oficina, que no descansás lo suficiente, que desaparecés de tu
habitación a horas inauditas !

Joseph K- Tío Karl, qué sorpresa.

Tio Karl- ¿Qué es lo que me han dicho, Joseph. ¡No me mires con esa cara, lo sé todo!

Joseph K- Por favor, señores, retírense.

Rebenstein , Kullich y Kaminer se retiran y en el momento de hacerlo vuelven a ser


los detectives que observan y vigilan.

Tio Karl- !Por el amor de Dios, contestame! ¿Es cierto, es posible que sea cierto?

Joseph K- Tío, no sé de qué me hablás.

Tio Karl- Siempre dijiste la verdad, sobrino; al menos siempre fue así, conmigo, hasta
ahora

Joseph K. Imagino a qué te referís. Has oído hablar de mi proceso. ¿Cómo te enteraste?

Tio Karl- Un rumor llegó a mi casa, en el campo.

Joseph K-Sí tío. Ese rumor es verdad.

Tio Karl-¿Verdad? ¿Qué es verdad? ¿Cómo puede ser verdad? ¿Qué clase de proceso?
¿Un proceso criminal?

Joseph K- Estoy procesado. Pero no he podido saber de qué estoy acusado.

Tío Karl- ¿Y te quedás, así, sentado tranquilamente, con una acusación, con un proceso en
curso?

Joseph K- Cuanto más tranquilo esté, mejor acabará todo. No tengas miedo.

Tio Karl- ¿Qué no tenga miedo? Pensá en vos mismo, en tus parientes, en nuestro buen
nombre. Hasta ahora has sido nuestra honra; no te conviertas en nuestra vergüenza. No me
gusta nada tu actitud. No es así como se comporta un acusado inocente. Debe tratarse de
algo ocurrido aquí, en el Banco.

Joseph K- No. Y no hables tan alto, que pueden estar escuchándonos.


18

Tío Karl-Salgamos, mejor.

El Tío Karl y su sobrino caminan por la calle, entre el gentío: es un grupo indiferente
al entorno , ensimismado y autómata, compuesto por la señora Grubach, el
Inspector, Willem y Franz. Sólo los tres detectives están atentos al deambular del tío y
su sobrino.

Tio Karl- Bien ,Joseph. Ahora, contame de qué proceso se trata.

Joseph K-No es un proceso ante tribunales ordinarios

Tío Karl- Mala cosa ¿Cómo ha ocurrido?

Joseph K- Cada mañana, la señora Grubach trae el desayuno a mi habitación, pero hace
muy poco, precisamente hace…

Joseph K , advirtiendo que Rebenstein , Kullich y Kaminer, ahora detectives, los están
siguiendo, continúa hablándole a su tío, pero al oído

Tio Karl- Estas cosas no suelen presentarse, así, de repente, sino que llevan mucho tiempo
de preparación. Seguro que hubo indicios del proceso.

Joseph K-¿Indicios? ¿Qué indicios?

TIo Karl- Mirá que siempre fuiste inteligente,… ¿ Querés perder el proceso, vos? ¿Sabés
lo que eso significa? Significa, simplemente, que te van a suprimir. Y tu caída arrastrará a
toda la familia. Tu indiferencia me está sacando de quicio. Escuchándote uno recuerda el
refrán :”Un proceso así ya está perdido de antemano” .Lo que vamos a hacer ahora, de
inmediato, es ir a ver al abogado Huld. Fuimos compañeros de escuela. Seguro que su
nombre te suena. Es el más famoso. No estamos lejos, si mal no recuerdo. Muchos años sin
verlo

Joseph K- Esta es Juliustrasse. Es en esta calle que está también el Tribunal

Tío Karl- ¿Ah, sí? Mirá, vos. Debe serlo. Los del campo no tenemos demasiado sentido de
la orientación

Tío Karl golpea, luego se confunde entre los paseantes y todos desaparecen. Joseph K
está solo frente a la puerta. Anna la abre

Joseph K- ¡Anna!

Anna- ¿Anna? ¿Anna? Schh… No me llamo Anna. Soy Leni, secretaria del Dr. Huld.
19

Joseph K- Disculpe, me pareció… Deseo ver al Doctor..

Anna- El Dr.Huld está enfermo. No atiende a nadie estos días.

Joseph K-Insisto. Me envía Karl K

Anna- Pase. Consultaré. Espere aquí.

Joseph K ingresa al estudio del abogado. Entre las sombras aparece la señora
Grubach con su máscara senil

Joseph K- ¿Señora…?

La señora Grubach desaparece. Se escucha la voz del abogado .Huld

Abogado Huld- ¡Por supuesto, claro que sí, que pase…!

Anna- Adelante, por favor

Joseph K ingresa. El abogado Huld está postrado en la cama de Joseph. Es el Tío


Karl, que lleva una máscara:

Abogado Huld- ¿Cómo está mi querido Karl, viejo compañero de escuela? ¿No vino con
usted?

Joseph K- Por supuesto, me acompaño hasta la puerta de su estudio, pero no sé, de


pronto…

Abogado Huld-Gran persona y en extremo tímido, mi querido Karl.

Anna le habla a Joseph-

Anna- Por favor, que no se agite, su salud es muy delicada.

Anna arregla los almohadones en la cama para comodidad del abogado.

Abogado Huld- Lení, déjenos solos un rato. Tengo que tratar con mi amigo un asunto
personal

Anna, retirándose, susurra a Joseph:

Anna- Ya ve que el abogado está enfermo y no puede atender ningún asunto.

Abogado Huld- Acérquese, Joseph.

Joseph K- Mi tío insistió, yo no me atrevería, pero ya que estoy aquí quería hablarle…

Abogado Huld De su proceso. El proceso de Joseph K


20

Joseph K- ¿Y cómo es que usted sabe de mí y de mi proceso?

Abogado Huld- Esa es la pregunta de un niño. Estoy sobre su expediente. No dejaré de


intentar todo lo que pueda intentarse. Mientras mi corazón resista. Es un caso muy difícil,
usted ya lo sabe. Una acusación muy grave, de implicancias impredecibles, ¿no es cierto?
¿Quién le dice que no será mi último caso ante el Tribunal?

El abogado sufre un ataque:

¡Leni!

Leni ingresa y empuja a Joseph K fuera de la habitación. El procesado se encuentra


frente a la senil señora Grubach

Joseph K- ¿No conocemos? Usted me recuerda…

Señora Grubach- Soy la viuda del Director de Comercio. Cuando murió, su proceso pasó
a mí. Cuando era joven, solía atender una pensión. Pero eso fue hace mucho. Pero el
proceso sigue

Joseph K- No comprendo.

Señora Grubach-Mi esposo decía lo mismo que usted: “No comprendo”. Pero eso no
sirve. Lo que hay que hacer es corregir errores. No sea tan inflexible. Uno no puede
defenderse ante el Tribunal: hay que confesar. Así que, a la primera ocasión que tenga,
haga su confesión. Después de tantos años, me parece que ahora comprendo: el error de mi
difunto esposo fue no hacerla, no escribirla, para que sea incorporada en forma inmediata a
las actas

Joseph K- Si hago la confesión, ¿usted me va a ayudar?

Señora Grubach-No puedo. Tengo que atender mi proceso.

La señora Grubach abre la puerta del estudio del Dr Huld, Joseph vuelve a la calle
rodeado del gentío autómata. Entre ese gentío también se encuentra el Tío Karl y los
tres detectives, Rebenstein , Kullich y Kaminer, son ahora tres anónimos transeúntes
más.

APAGON
21

ESCENA 5

Joseph K escribe, en su escritorio. Rebenstein golpea a la puerta. Joseph está absorto


en su texto y dice en voz alta lo que redacta:

Joseph K- “…por lo demás, y cumplo en demandar una explicación formal, habida cuenta
que la actual situación afecta tanto a mis familiares, como a mis obligaciones laborales, lo
que vulnera la necesaria independencia para asumir el proceso. No hay culpa de mi parte.
No soy culpable. Este proceso, Señor Juez de Instrucción, debe anularse de inmediato y
honrar así la Justicia que debe velar por cada uno de los ciudadanos…

Rebenstein- Disculpe, Sr.K

Joseph K- ¡Hoy no atiendo a nadie!

Kaminer- Señor K. Está el Fabricante.

Joseph K- Dígale a Kullich que lo lleve en presencia del Subdirector del Banco

Kullich- Lo espera a usted. No quiso hablar con el Subdirector. Pretende hablar sólo con
“Joseph K, mi Subgerente de sección”

Joseph termina de escribir la nota, la introduce en un sobre:

Joseph K-¡Hágalo pasar!

Quien ingresa es el Ordenanza, con la máscara del Fabricante. Los tres empleados,
detrás de la puerta, son nuevamente atentos detectives.

Fabricante- Gracias, señor Subgerente K.

Joseph K- Buenos días, tome asiento, por favor. ¿En qué puedo ayudarle?

Fabricante- Usted está desatendiendo los intereses de mi pequeña fábrica, Señor K. Hasta
ahora todo funcionaba impecablemente, mis finanzas crecían en este Banco. Mérito suyo.
Ni del Subdirector, ni del Director. Suyo. Pero de un tiempo a esta parte…

Joseph K-Circunstancialmente he estado dedicado a atender otras cuestiones, pero eso no


quiere decir que…

Fabricante- Lo sé. Usted está procesado.

Joseph K- ¿Alguien lo sabe, aquí adentro?


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Fabricante-¿Cómo saberlo?

Joseph K- Soy inocente.

Fabricante-¿Inocente de qué?

Joseph K-No sé de qué se me acusa.

Fabricante- Usted debe entender algo: El proceso no es más que un gran negocio como los
que uno concreta. Vengo a verlo porque un tal Titorelli me ha informado de su proceso. Es
sólo un seudónimo que usa como artista. Una máscara. Me trae pequeños cuadros, paisajes,
a cambio de los cuales yo le doy une pequeña limosna.Y después con ellos hago regalos
empresariales. Pero la fuente principal de sus ingresos es pintar retratos. Me dijo que
trabaja en el Tribunal. Y en sus visitas me cuenta cosas. Así supe que usted está procesado,
señor Subgerente. Se me ocurre que Titorelli puede serle de utilidad. Conoce a muchos
jueces. Conoce los mecanismos y los procedimientos a seguir. Puede darle consejos sobre
la manera adecuada de llegar a los personajes influyentes. Y usted es, a esta altura, buen
conocedor de los interrogantes de la justicia. Yo siempre lo digo: “El Subgerente K es casi
un abogado” Usted sí que sabrá aprovechar las influencias que él le pueda dar. Mire, aquí
tiene: una carta de recomendación mía y en este papelito la dirección. Adiós.

El Fabricante se retira. Joseph K lee el papelito:

Joseph K-Juliustrasse

Joseph K vuelve a andar por la calle, entre el gentío, autómata, también está Anna y
el Fabricante. Anna es el único transeúnte, entre esa muchedumbre, que se detiene a
observarlo un instante sin que el procesado lo advierta.

Joseph llega ante la puerta del Tribunal. Los transeúntes han desaparecido. Nadie
responde. Empuja el picaporte, la puerta está abierta. Ingresa. Entre las sombras se
ve un caballete que cubre un cuadro tapado con una tela blanca. Joseph advierte al
pintor, quien trabaja febrilmente en su nueva obra, un cuadro de grandes
proporciones:

Joseph K- Señor Titorelli. Maestro Titorelli…

El pintor no se da vuelta, continúa trabajando absorbido por su creación.

Titorelli-¿Sí?

Joseph K- Yo soy…

Titorelli- Se perfectamente quien es. El procesado Joseph K.

Joseph K- Sí, y un conocido en común, el fabricante me aconsejó…


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Titorelli- Usted habla, y sigue, y yo, así, en ciertos momentos de suma inspiración no
puedo concentrarme en mi obra. El creador, y yo me pregunto por qué nadie puede
comprender algo tan sencillo, necesita, en un instante como éste, silencio. Es el silencio
quien habla, es quien toma la mano del artista y le hace confidencias. Bueno ya estoy por
terminar, casi. Así, muy bien. Perfecto. Observe.

Titorelli se da vuelta. No es otro que el Inspector, vestido con la elegancia, moño y


boina, de un artista europeo del siglo XIX en su taller. Lo que muestra a Joseph K es
un gran retrato del Juez de Instrucción

¿Y? ¿Qué le parece?

Joseph K- Es el Juez de Instrucción. Sí es él. ¿Y usted es…? Nos conocemos…Usted es…

Titorelli- Títorelli, pintor oficial del Tribunal. Bueno, qué le parece. ¿Eh? ¿No le dice
nada?

Un silencio embarazoso parece responder al Maestro:

Joseph K-Todo lo contrario. Estoy sorprendido. Muy sorprendido

Titorelli- Por supuesto. Es una obra original y he puesto toda mi energía creadora para
concluirla.

Joseph K-Imagino.

Titorelli- Por supuesto, porque ¿qué es la belleza? Cuando todas las plumas y pinceles que
tuvieron en sus manos los artistas hayan asimilado los dulces sentimientos que inspiraron
su corazón y su musa con temas superiores, cuando admiremos las más elevadas cimas del
espíritu humano, cuanto con todo ello, el artista haya conseguido plasmar toda la noble
hermosura, siempre quedará en cerebro inquieto, un pensamiento, una gracia, un algo, algo
maravilloso que nadie puede alcanzar y que se escapa. ¿Quiere comprar un cuadro o
hacerse un retrato?

Joseph K extiende la carta de recomendación:

Joseph K-Yo venía…sírvase…

Titorelli no lee la carta, simplemente la usa para limpiar alguno de sus pinceles

Titorelli- Sí ya sé, usted viene de parte de mi cliente, el Fabricante, un verdadero


conocedor en materia de arte. Joseph K, inculpado y procesado, conozco el caso a la
perfección. Cuando vienen los jueces, mientras posan para su retrato, se entregan a la
conversación.

Joseph K- ¿Y ese cuadro cubierto de una tela blanca?


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Titorelli- Ese no está a la venta.

Joseph K- Cómo se llama el Juez del retrato.

Titorelli- No puedo decirlo.

Joseph K. Palabra va, palabra viene, usted, Maestro, termina siendo un hombre de
confianza en el tribunal.

Titorelli- Así es, tiene razón. Soy el hombre de confianza del tribunal. Dígame una cosa:
¿usted es inocente?

Joseph K-Sí. Soy completamente inocente.

Titorelli- Ah, bien. Si usted es inocente el asunto es muy sencillo.

Joseph K- ¿Sencillo, le parece?

Titorelli- Me está diciendo que en inocente, ¿ no es así?

Joseph-Sí.

Titorelli- Eso es lo principal.

Titorelli busca otro cuadro. Saca uno y coloca el otro de su caballete. Es idéntico al
anterior: el mismo retrato del Juez de Instrucción. Pinta detalles sobre la obra
mientras continúa la conversación.

Joseph K- Usted conoce el Tribunal mucho mejor que yo. Yo, en cambio, veo que todo es
incomprensible.

Titorelli- A eso se llama no tener una perspectiva muy amplia del Tribunal. Pero como
usted es inocente, para qué la necesita. La perspectiva en un dominio misterioso del arte.

Joseph K- Pero es que el Tribunal es inaccesible.

Titorelli- Sólo es inaccesible a las pruebas que se le presentan. ¿Le gusta cómo va
quedando?

El procesado, se los digo con absoluta franqueza, no sabe bien qué responder sin
herir la susceptibilidad del artista

Joseph K-¿Cuándo fue la primera vez que estuvo en contacto con los jueces?

Titorelli- Ah, déjeme que haga memoria…los heredé, si así puede decirse…Mi padre era
ya pintor del tribunal. Es un cargo que se hereda siempre. Las reglas para pintar a los jueces
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son distintas y secretas. Los jueces quieren ser pintados como los jueces anteriores. Esto lo
sé hacer sólo yo.

Joseph K-Su lugar es inamovible y privilegiado.

Titorelli-Modestamente…por eso mismo, con toda humildad puedo ayudar, de vez en


cuando, a algún pobre hombre que tiene un proceso

Joseph K- ¿Y yo qué tengo que hacer, Maestro?

Joseph K extiende al gran artista la nota que escribió en su defensa para agregar a su
expediente. El Maestro deja su labor:

Mire, ¿me permite?: lea, por favor. Escribí una nota para mi expediente, de acuerdo
a la sugerencia de una cliente de mi abogado, el Dr. Huld.

Y recibe la nota y la lee:

Titorelli- Veamos: Ah, muy bien. Perfecto…muy bien…muy bien Fíjese qué escritura tan
original y profesional: “….habida cuenta que la actual situación afecta tanto a mis
familiares, como a mis obligaciones laborales, lo que vulnera la necesaria independencia
para asumir el proceso… No hay culpa de mi parte. No soy culpable. Este proceso, Señor
Juez de Instrucción, debe anularse de inmediado y honrar así la Justicia que debe velar por
cada uno de los ciudadanos…” Exacto. Clarísimo. Redacción impecable, Joseph. Lo
felicito de todo corazón. Escribir así, no cualquiera…

Joseph K-¿Entonces?

Titorelli-Esta es una copia, ¿Y el original?

Joseph K-No. Ese es el original. Lo escribí esta mañana.

Titorelli. Qué pena. Una verdadera pena. Una nota así debía ser entregada de inmediato en
el momento en que lo arrestaron. Ahora ya no hay nada que hacer. Es un error. Una lástima.
Es demasiado tarde.

Joseph K- Pero yo no podía imaginar que aquella mañana, un grupo de policías iban a
ingresar, sin mediar orden alguna…

Titorelli- Pero, por favor, tranquilícese. Usted afirma que es inocente. Inocente. Muy bien.
Y yo, perdóneme, consumiéndome en la inspiración, olvidé preguntarle qué clase de
liberación desea:

Joseph K- Bueno, yo…


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Titorelli-Existen tres posibilidades: la absolución real, la solución aparente y el


aplazamiento. La absolución real es lo mejor, pero bueno, eso está descartado porque esta
nota no se presentó en su debido momento. Es muy rara este tipo de absolución, además,
antiguamente, cuentan, hubo algunas. Pero uno nunca sabe si son historias reales o se trata
de fantasías.

Joseph K-Pero si yo, presentándome ante el tribunal, invoco que con anterioridad…

Titorelli-No. Ya en su caso no se puede

Joseph K-Entonces es inútil hablar.

Titorelli. Veámoslo juntos. Razonemos. Nos quedan la absolución aparente y el


aplazamiento. No es poca cosa. Usted elija: primero conversemos sobre la solución
aparente. Usted debe escribir su declaración de inocencia.

Joseph K-Ya la tengo…

Titorelli- No. Esta ya no sirve. El texto de esa declaración que usted debe escribir es
completamente intocable, me la transmitió mi padre. Yo se la presento al Juez que vendrá a
posar esta noche. Le explico que usted es inocente y que yo, personalmente, respondo por
ella. El magistrado firma. Luego, cuando llegan otros jueces por su retrato, también firman.
Después, usted podrá abandonar el Tribunal y será libre.

Joseph K-Me dejan libre.

Titorelli-Si. Pero solo aparentemente o, para decirlo de otra manera, temporalmente. Esta
absolución la pueden otorgar los jueces que vienen a mi estudio. La absolución definitiva
la puede dar sólo el Tribunal Supremo que es completamente inaccesible para usted, para
mí, para todos nosotros. La absolución temporal hace que la acusación que pesa sobre usted
se suspenda hasta que una orden superior la vuelve a hacer efectiva. En la absolución real,
cuentan las historias, el expediente era destruido. En la aparente, lo guardan en espera de la
orden superior.

Joseph K- ¿Y el aplazamiento?

El Maestro reflexiona unos instantes:

Titorelli- El aplazamiento consiste en que el proceso se mantiene constantemente en la


primera de sus fases. Se consigue, cuando el acusado y su protector, en este caso yo,
mantienen un contacto personal ininterrumpido con el tribunal. Hay que presentarse ante el
Juez en forma regular. Entonces el acusado se asegura que su proceso nunca pasará de la
primera fase.

Joseph K-¿Eso es todo?


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Titorelli-Así es. Ambos métodos tienen en común que impiden la condena del acusado,
pero también impiden la absolución real. ¿Quiere comprar un cuadro o hacerse un retrato?

Joseph K- Muéstreme ése, el que está tapado…

Titorelli- No. Eso es imposible. No puedo. No está a la venta. Tengo prohibido mostrarlo

Joseph K quita el lienzo del cuadro. Se trata del retrato de Anna

Joseph- ¡Anna¡

Titorelli- No pronuncie su nombre. Deje ese cuadro donde está. Salga de mi estudio
inmediatamente.

Joseph K trata de quedarse con el retrato y huir. Titorelli, ahora el Inspector, saca su
fusta y lo castiga con un golpe: Joseph K alcanza a huir, golpeado y lastimado.
Escapa por la calle, en medio de los transeúntes. En un momento se cruza con Anna,
los dos se reconocen y se detienen. En ese instante todos los transeúntes, autómatas,
desaparecen.

Anna y Joseph K, se abrazan se besan, se buscan sexualmente. Todas las ventanas se


abren y los transeúntes y el maestro Titorelli observan la escena en completo silencio.

Joseph- Te amo, Anna.

Anna-Te amo, Joseph

Los transeúntes cierran las ventanas.

-Están detrás tuyo.

Joseph K-Lo sé. Encontrémonos.

Anna- A la medianoche.

Joseph K- ¿Aquí?

Anna- En la catedral.

APAGON

ESCENA 6
28

Joseph ingresa en la Catedral. Busca a su enamorada:

Joseph- Anna. Anna.

Su voz resuena con el eco del inmenso edificio vacío. Joseph tropieza con algunos fieles
que rezan arrodillados. Son la señora Grubach, el fabricante, el abogado Huld Todos
ellos llevan una máscara senil que se reconoce cuando Joseph les toma el rostro
buscando identificar a Anna. Se dan vuelta y siguen con su murmullo de plegarias.

Busco a…¿han visto a…?

La plegaria crece en intensidad y rapidez. Es el tono lo que Joseph escucha pero las
palabras de los fieles son ininteligibles

¡Anna¡

Desde el alto púlpito habla el Juez de Instrucción

Juez de Instrucción-Tu eres Joseph…

Reponiéndose del sobresalto y tratando de ubicar a su interlocutor, el procesado


responde:

Joseph K- Sí. Soy yo.

Juez de Instrucción- Anna vino.

Joseph K- ¿Y usted qué sabe? ¿Por qué me habla de ella? ¿Quién es?

Juez de Instrucción- Soy el que soy: el capellán de la prisión.

Joseph K-¿Dónde está Anna?

Juez de Instrucción- Estuvo aquí hace un minuto. Ni siquiera eso. Unos segundos. Yo le
pregunté qué hacía aquí. Pero cuando me vio, salió corriendo. Me debe haber confundido
con algún conocido, con otra persona.

Joseph K-¿Con quién?

Juez de Instrucción- Cómo saberlo, Joseph. Te he mandado llamar. ¿Sabes que tu proceso
anda mal? Tu expediente no ha sido concluido. ¿Cómo te imaginas que va a acabar?

Josepk K. Antes pensaba que bien. Pero ahora dudo. ¿Usted lo sabe?

Juez de Instrucción- Temo que terminará mal. Te consideran culpable. Es posible que tu
proceso no pase de la esfera de un tribunal inferior.
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Joseph K-Pero yo no soy culpable. ¿Cómo pueden demostrar la culpabilidad de una


persona? Aquí todos somos seres humanos, tanto los unos como los otros.

Juez de Instrucción- Es cierto. Pero así suelen hablar los culpables.

Joseph K- ¿Tiene algún prejuicio en contra mío?

Juez de Instrucción- Ninguno.

Joseph-Todos los demás, todos los implicados en este proceso lo tienen.

Juez de Instrucción-Interpretas mal lo hechos. La sentencia no viene de modo repentino.


Avanza progresivamente. Hasta convertirse en un juicio.

Joseph K- Baje de ahí. No necesita predicar conmigo

Juez de Instrucción- ¿Por qué no? Puedo dedicarte todo el tiempo que te haga falta.

El Juez de instrucción desciende del púlpito con un grueso libro en la mano

Joseph K- Así está mejor. De igual a igual.

Juez de Instrucción- No te engañes. No te engañes respecto del Tribunal.

Joseph K- ¿Y por qué habría de engañarme?

Juez de Instrucción- En los escritos introductorios de la Ley se habla así de este engaño:

El Juez de Instrucción abre su libro y lee:

“Ante la Ley hay un guardián. A este guardián se acerca un hombre y le


pide que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián le comunica que en ese momento no
puede concederle la entrada. El hombre pregunta si podrá entrar más tarde.” Es posible,
pero no ahora” Como la puerta de la Ley está abierta, como siempre, y el guardián está al
lado, se hombre trata de ver más allá de la puerta, inclinándose. Y el guardián, riéndose, le
dice: “si tanto te atrae, anda, trata de penetrar a pesar de mi prohibición. Pero ten en cuenta
una cosa: soy poderoso. Yo, el más bajo de los guardianes. Pero entre una sala y otra hay
también guardianes y cada uno de ellos es más poderoso que el anterior. Ni yo mismo
puedo soportar la visión del tercero entre ellos. El hombre no se esperaba tantas
dificultades: piensa que la ley debe ser siempre accesible y ofrecerse a todos. Observa el
aspecto temible del guardián y se dice que es mejor esperar. El guardián le ofrece un
banquito y lo invita a sentarse al lado de la puerta. Pasan días, pasan años. Antes de morir
esperando, el hombre observa una luz inextinguible que sale de la puerta de la ley. Reúne
fuerzas y hace una pregunta que nunca le hizo al guardián en las charlas sostenidas
estación tras estación: En un hilo de voz pregunta: “ ¿Cómo es posible que durante tantos
años nadie haya pedido la entrada más que yo?”. Y el guardián le responde: “porque aquí
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nadie más que tu podía tener acceso. Esta entrada te estaba destinada”. Entonces ahora me
voy y la cierro.”

El Juez cierra su libro y los dos comienzan a pasearse por la catedral:

Joseph K-El guardián engañó al hombre.

Juez de Instrucción- Te leí la historia palabra por palabra. No se habla de engaño. El


hombre libre siempre está por encima del que se ve sometido a una obligación, como es el
caso del guardián. El hombre que espera es el verdaderamente libre, puede irse. Lo único
que tiene prohibido es el acceso a la ley. Espera voluntariamente.

Joseph K. Eso no es verdad.

Juez de Instrucción- No hay que creer que todo sea verdad. Hay que creer que todo es
necesario.

Joseph K-Ya estamos cerca de la puerta de la catedral.

Juez de Instrucción- No. Estamos muy lejos de ella. ¿Ya quieres irte?

Joseph K- Sí, ya me voy. Una última pregunta. ¿Qué quiere de mí?

Juez de Instrucción- Soy el capellán de la prisión. Eso significa que pertenezco al


Tribunal ¿Por qué habría de querer saber algo de ti? El Tribunal no quiere saber nada de ti.
Te toma cuando llegas y te suelta cuando te vas.

Joseph K se pierde entre los transeúntes, en su marcha autónoma. Entre el gentío va


Anna, con una máscara senil, ella y Joseph no se reconocen. Lentamente los
transeúntes van desapareciendo. Joseph queda solo, caminando. La luz de la luna
devora la distancia. Llegan Willem y Franz.

Joseph K- ¿Son ustedes los que están destinados a mí?

Willem y Franz asienten en silencio. Lo toman por los brazos y lo empujan para echar
a andar:

Suéltenme. No estoy enfermo.

Los dos detectives, ahora verdugos de Joseph, lo sueltan, pero en el momento en que el
procesado descubre por un instante algo de libertad para los movimientos de su
marcha, vuelven a sujetarlo con más firmeza. Los tres continúan el camino. Joseph se
detiene y mira el cielo

¿ No es hermosa esta noche?


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Willem y Franz sueltan a Joseph y observan la luna

Miren, la luna es una rueda que camina por el cielo

Los dos verdugos apenas empujan al procesado, lo vuelven a tomar por los brazos y la
marcha continúa. Llegan al lugar previsto. Willem y Franz sacan sus pañuelos y se
limpian la frente del sudor. Willen quita el saco a Joseph K. Franz le quita la camisa y
le da una palmadita tranquilizadora en la espalda. Los verdugos doblan
cuidadosamente la ropa del condenado.

Llega la señora Grubach trae la manzana verde medio mordisqueada que Joseph
había escondido en su cama.

Señora Grubach- ¡Cuantas veces te he dicho, Joseph, que por la mañana hay que
alimentarse bien! Terminá tu manzana o me voy a enojar mucho.

La señora Grubach entrega la manzana al condenado y se va refunfuñando. Joseph


mira su manzana y termina de comerla. Franz extiende la mano y el condenado le
entrega los restos de su fruta.

Willem y Franz acuestan a Joseph en el suelo y le hacen apoyar la cabeza en una


piedra. Willen saca un cuchillo mientras Franz lo sujeta. Willem levanta el cuchillo y
hace un dibujo mortal en el aire.

Oscuridad.

La luz de la luna sólo puede iluminar ahora el inmenso reloj. ¿Acaso ese reloj,
díganmelo ustedes, no es la mismísima luna llena que ha estado siempre allí, colgada
del cielo? El reloj, hasta este preciso instante, siempre detenido, comienza a funcionar
y su tic-tac es todo cuanto se escucha.

APAGON

FIN

Neuquén, agosto-septiembre de 2014.


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