K Rotter
K Rotter
ANTECEDENTES:
I) El 3/7/2023 se presenta Adriana Magalí Krotter, con el patrocinio letrado de
la Dra. Sandra Gallasso, y promueve acción de amparo en contra del Poder Ejecutivo
Nacional- Ministerio de Economía- AFIP-DGI, solicitando que se declare la
inconstitucionalidad de la relación jurídico tributaria que se ha generado por aplicación
de los artículos 79 inciso “b”; 81 y 90 de la ley 20.628 y de las normas reglamentarias
que imponen la obligación del pago del Impuesto a las Ganancias y las retenciones
sobre el sueldo percibido como docente de la Provincia de Buenos Aires.
Sostiene que la situación expuesta altera y amenaza con arbitrariedad e
ilegalidad manifiesta los derechos de propiedad e igualdad ante la ley consagrados por
los arts. 14; 16 y 17 de la C.N.
Se refiere al cumplimiento de los requisitos de admisibilidad de la acción de
amparo. Señala que, toda vez que la ilegalidad del acto cuestionado se renueva con
cada retención mensual, “mal podría tenerse por operado el plazo de caducidad
previsto en el art. 2 inc. e) de la Ley Nº16.986”.
Relata que la amparista se desempeña en el ámbito del Ministerio de Cultura y
Educación de la Provincia de Buenos Aires como docente y paga el Impuesto a las
Ganancias. Afirma que el sueldo no es ganancia en términos jurídicos ni tributarios, y
que resulta esencial diferenciar los ingresos que generan “ganancias” del sueldo que se
percibe por trabajar en relación de dependencia.
Por otra parte, destaca que existe incertidumbre respecto del porcentaje de la
retención ya que, tal como surge de los recibos de sueldo, no existe una relación directa
entre el salario liquidado y la retención efectuada, variando significativamente mes a
mes mientras se mantiene inalterable el ingreso.
Señala que el artículo 79 inc. “b” de la ley 20.628 incluye como “ganancias” a
las obtenidas por “el trabajo de los empleados en relación de dependencia”. Por su
parte, la naturaleza jurídica de la ganancia en términos tributarios surge de los artículos
1 y 2 de la ley y requiere: fuente permanente, habitualidad y habilitación. Así concluye
que “no existe vínculo alguno con la normativa laboral”. En este sentido, afirma que la
habilitación y la fuente permanente que la ley exige no dependen del empleado.
Explica que la estructura salarial del docente contemple que el sistema de
remuneraciones provea incentivos por el perfeccionamiento docente, la asunción de
responsabilidades, el desempeño en zonas desfavorables, etc. Sin embargo, éstos
terminan siendo absorbidos por el Impuesto a las Ganancias.
Agrega que la retención de sus haberes le impide usar y disponer de su
propiedad.
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Por otra parte, sostiene que las relaciones laborales tienen un régimen jurídico
propio, por lo que el Estado interviene creando un orden público laboral que protege a
la parte más débil de la relación. Por su parte, el derecho tributario tiene una jerarquía
inferior al “principio protectorio”, por lo que debe adecuarse a él.
Afirma que el trabajo no puede considerarse rendimiento, renta o
enriquecimiento. Por eso, no encuadra en los elementos que describe el hecho
imponible de la Ley de Impuesto a las Ganancias.
Señala que la aplicación del Impuesto al salario docente termina reduciendo el
aumento que por paritaria se conviene, disminuyendo el poder adquisitivo de los
trabajadores.
Ofrece prueba.
Formula reserva de la cuestión federal.
Peticiona que oportunamente se dicte sentencia haciendo lugar a la pretensión
de la amparista, declarando la improcedencia de las retenciones del Impuesto a las
Ganancias y ordenando a la demandada que cese de practicar esos descuentos; con
costas a la accionada.
II) Previo dictamen del Ministerio Público Fiscal (24/7/2023), el 5/9/2023 se
declara la competencia de este Juzgado y se tiene por habilitada la instancia judicial. A
la vez, se requiere a la accionada que dentro del plazo de diez días hábiles informe
acerca de los antecedentes y fundamentos legales de la conducta referida en el escrito
inicial como manifiestamente arbitraria o ilegítima.
III) El 6/9/2023 la Dra. María Florencia Camussi, apoderada de la
Administración Federal de Ingresos Públicos, presenta informe circunstanciado.
Rechaza la veracidad de todos los hechos alegados por la contraria, efectuando
una negativa particular de algunos de ellos.
Recuerda que la Ley de Impuesto a las Ganancias fue modificada en 2023. Por
eso, solicita el dictado de una medida para mejor proveer por medio de la cual se
requiera al Agente de Retención que informe si con la reforma legal la accionante se
encuentra alcanzada por el impuesto en cuestión y sobre las devoluciones que se le van
a efectuar. Agrega que, “atento que el nuevo mínimo no imponible, así como el resto de
las modificaciones efectuadas, son retroactivas a enero de 2023, generándose las
respectivas devoluciones del impuesto ya retenido, es que se solicita a VS se suspenda el
trámite del presente, hasta tanto se determine con exactitud, si hay Impuesto a las
Ganancias a retener y, en su caso, la magnitud del mismo”.
Sostiene que la acción de amparo resulta improcedente, ya que no se dan en
el caso ninguna de las tres circunstancias exigidas al efecto: la demostración de la
existencia de una violación o amenaza grave e inminente que afecte derechos
constitucionales; la ilegalidad o arbitrariedad manifiesta del acto administrativo; la
inexistencia de otras acciones para ejercer el derecho. Agrega que el Organismo aplica
una norma dictada por el Congreso de la Nación, por lo que resulta patente la
inexistencia de arbitrariedad o ilegalidad manifiesta de su accionar. Entiende que la
amparista tampoco indica un perjuicio real, efectivo, tangible, concreto, ineludible,
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FUNDAMENTOS:
I) Que a fin de delimitar los alcances de la presente controversia, se
advierte que, más allá de la documental acompañada por la amparista, las
partes no han ofrecido medidas de prueba, por lo que, en principio, no existen
hechos discutidos, más allá de la interpretación que sobre ellos podrá
efectuarse.
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Ello resulta un elemento no menor al momento de analizar la procedencia
de la acción de amparo, en la medida en que la accionada ha planteado, entre
sus objeciones, que la acción de amparo no sería la vía procesal idónea para
canalizar la pretensión de la actora de autos.
En tal sentido, cabe recordar que el artículo 43 de la Constitución Nacional
establece que: “Toda persona puede interponer acción expedita y rápida de
amparo, siempre que no exista otro medio judicial más idóneo, contra todo acto
u omisión de autoridades públicas o de particulares, que en forma actual o
inminente lesione, restrinja, altere o amenace, con arbitrariedad o ilegalidad
manifiesta, derechos y garantías reconocidos por esta Constitución...”.
En ese orden de ideas, resulta claro que, conforme al criterio de la Corte
Suprema de Justicia de la Nación, y que aquí comparto, el amparo es un proceso
excepcional, utilizable en delicadas y extremas situaciones en las que, por
carencia de otras vías aptas peligra la salvaguarda de derechos fundamentales,
exigiendo para su apertura circunstancias muy particulares caracterizadas por la
presencia de arbitrariedad o ilegalidad manifiestas que ante la ineficiencia de los
procesos ordinarios, originan un daño concreto y grave, sólo eventualmente
reparable por esta vía urgente y expeditiva (Fallos 325:396).
A partir de este entendimiento y de la interpretación literal del artículo
43 de la Constitución Nacional, en cuanto exige que la vía del amparo resultará
viable en tanto “no exista otro medio judicial más idóneo”, parece evidente que
como regla, el amparo se configura como un proceso subsidario.-
Al respecto, no advierto que la vía ordinaria legislada en el artículo 82 de
la Ley 11.683 resulte más idónea que el amparo para abordar el planteo de la
accionante, desde que aquí fundamentalmente se pone en cuestión el régimen
de impuesto a las ganancias, y no la aplicación que de éste hace el Fisco
Nacional a través de resoluciones concretas. Con este objeto es que aquella
plantea la inconstitucionalidad de una serie de normas de rango legal, cuya
aplicación resulta obligatoria por la AFIP, en tanto órgano de ejecución de las
normas de rango superior.
Aquí la acción ha sido configurada principalmente como de
inconstitucionalidad, siendo éste su objeto principal, por lo que, en este
contexto, el amparo aparece, en principio, como idóneo para su tratamiento.
Ello no obsta, claro está, a la necesidad de cumplir con los requisitos
exigidos por el artículo 43 de la Constitución Nacional para dar acogida
favorable a la acción deducida, y entre ellos con especial relevancia el de
acreditar la existencia de una lesión, alteración, restricción o amenaza a un
derecho subjetivo de quien acciona, derivado de la aplicación de las normas
impugnadas.
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obligaciones a cargo de los sujetos, en la forma y cuantía que la misma ley
establezca, para cubrir el gasto que le demande el cumplimiento de sus fines
(Jarach, D., “Finanzas Públicas y Derecho Tributario”, Ed. AbeledoPerrot, Buenos
Aires, 2013, 4ª ed., p. 226). Sin embargo, el poder tributario del Estado como
expresión de soberanía suele tener limitaciones, ya sea de orden territorial, en
cuanto a los criterios de vinculación a adoptar para ligar la materia gravable con
el ejercicio soberano del referido poder; como de orden jurídico, emanadas de
normas constitucionales que regulan su alcance (Schindel, A., “Los principios
constitucionales de la tributación. Constitución de la Nación Argentina y Normas
Complementarias. Análisis Doctrinal y Jurisprudencial I”, Ed. J. L. Depalma, 2009,
p. 706).
En este sentido, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha señalado
que “(…) el Congreso Nacional tiene la atribución de elegir los objetos
imponibles, determinar las finalidades de percepción y disponer los modos de
valuación de los bienes o cosas sometidos a gravamen, siempre que, como se
señaló, no se infrinjan preceptos constitucionales” (Fallos: 322:1571). El control
del ejercicio de esta potestad conforme los límites que fija la Constitución
Nacional – en los casos sometidos a su conocimiento - constituye un deber
ineludible del Poder Judicial y sus alcances han sido claramente definidos por el
Máximo Tribunal: “Esta Corte no puede suplir las facultades que en esa materia
son propias de la competencia funcional del Congreso de la Nación, investido del
poder de reglamentar los derechos y garantías reconocidos por la Ley
Fundamental con el fin de hacer realidad el bienestar general (…) sin perjuicio
del ejercicio a posteriori, por parte de este Tribunal, ‘del control jurisdiccional
destinado a asegurar la fundamental razonabilidad de esos actos y a impedir
que, por medio de ellos, se frustren derechos cuya salvaguarda es deber
indeclinable del Tribunal’ (Fallos: 308:1848)” (CSJN, “Chocobar, Sixto Celestino
c/ Caja Nacional de Previsión para el Personal del Estado y Servicios Públicos s/
reajustes por movilidad”, S.C. 278, [Link], sentencia del 27/12/1996, disidencia
del Dr. Fayt).
En este sentido ha señalado la Corte Suprema que: “…no es competencia
del Poder Judicial considerar la bondad de un sistema fiscal para buscar los
tributos que necesita el erario público y decidir si uno es más conveniente que
otro (Fallos: 223:233; 318:676), así como tampoco le corresponde examinar si un
gravamen ha sido o no aplicado en forma que contradice los ‘principios de la
ciencia económica’ (Fallos: 249:99), ya que sólo le incumbe declarar si repugna o
no a los principios y garantías contenidos en la Constitución Nacional.” (Fallos:
332:1571, “Candy S.A. c/ AFIP y otro”, sentencia del 3 de julio de 2009).-
III) Dicho ello, sabido es que, conforme Linares, pueden distinguirse dos
especies de razonabilidad e irrazonabilidad en la valoración de las leyes: la de
ponderación y la de selección. Cada una de ellas - señala el autor citado - se da
en la valoración jurídica que hace el legislador al dictar la norma (Linares, Juan
Francisco; Razonabilidad de las leyes; Buenos Aires, Astrea, 2015, p. 114 y sigs.).
La primera se vincula con la razonabilidad o justicia que debe haber entre el
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debate, sin perjuicio de lo que se señalará más adelante respecto de la Ley
27.725.
Ante estas definiciones del legislador y planteada la cuestión
controvertida, entiendo que la decisión del caso implica analizar los distintos
aspectos que en él se presentan - por un lado, el interés recaudatorio del
Estado, indispensable para su funcionamiento, y por el otro, la preservación del
salario de los trabajadores en relación de dependencia – y la relación entre
ambos. Para eso, será menester determinar si éstos, conforme a su naturaleza,
pueden ser calificados como ganancias imponibles para ser alcanzados por el
tributo en cuestión. Con este fin, será de utilidad conceptualizar ambos
elementos.
En cuanto al salario, la Ley de Contrato de Trabajo 20.772 lo define como
"...la contraprestación que debe percibir el trabajador como consecuencia del
contrato de trabajo" (art. 103). Esta 'contraprestación' se encuentra amparada
por la Constitución Nacional, tal como ha sido advertido por la Corte Suprema
de justicia, al afirmar: "Que el art. 14 bis, al prescribir lo que dio en llamarse el
principio protectorio: "[e]l trabajo en sus diversas formas gozará de la protección
de las leyes", y al señalar la serie de derechos y libertades que estas últimas
"asegurarán al trabajador", refiere al salario, retribución o remuneración, de
manera directa: "retribución justa", "salario mínimo vital", "igual remuneración
por igual tarea", "participación [de los trabajadores] en las ganancias de la
empresa". También lo hace, indirectamente, al mentar el "descanso y vacaciones
pagados", la "protección contra el despido arbitrario" y la garantía a los gremios
de "concertar convenios colectivos de trabajo". Todo ello, cabe advertirlo, con
prescindencia de lo que pueda quedar comprendido en el aseguramiento de
"condiciones dignas y equitativas de labor" ("Pérez c. Disco S.A.", sentencia del
1º de septiembre de 2009, cons. 3º).
Agregó el Máximo Tribunal que: "...la relación de trabajo muestra una
especificidad que la distingue de muchos otros vínculos jurídicos, puesto que la
prestación de una de las partes, el trabajador, está constituida por la actividad
humana, inseparable e indivisible de la persona del hombre y, por tanto, de su
dignidad. Son éstas, entre otras, las "características" del trabajo humano "que
imponen su consideración con criterios propios" ("Mansilla c. Compañía
Azucarera Juan M. Terán", Fallos: 304:415, 421 y su cita)" (cons. 4º).
Por su parte, la reforma constitucional de 1994 dio un nuevo impulso a
estos derechos al acordar jerarquía constitucional a distintos instrumentos
internacionales que los consagran. Así, son varios los instrumentos
internacionales sobre derechos humanos, con jerarquía constitucional (art.
75.22 CN), que tutelan el derecho de los trabajadores a recibir una
contraprestación que resulte 'equitativa y satisfactoria' (Declaración Universal
de los Derechos Humanos, art. 23.2), o que asegure 'un nivel de vida
conveniente para sí misma y su familia' (Declaración Americana de Derechos
Humanos, art. XIV); o 'condiciones de existencia dignas para ellos y para sus
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emolumentos que se adquieren o permiten fuera del sueldo o salario”, mientras
que “conveniencia” son “haberes, rentas, bienes” (DRAE). Así, “de la conjunción
de las definiciones que son propias de nuestro idioma castellano, en términos
económicos la ‘ganancia’ es el provecho, interés o fruto que se obtiene de las
relaciones con terceros, sean comerciales o no. La inclusión de los términos
‘provecho’, ‘fruto’ e ‘interés’ remiten, con claridad que exime de otras
explicaciones, a acciones orientadas al rinde, es decir, a la obtención de una
renta” (Cámara Federal de Apelaciones de General Roca, fallo citado).
La propia ley define a la “ganancia” siguiendo este criterio al identificarla
con “los rendimientos, rentas o enriquecimientos susceptibles de una
periodicidad que implique la permanencia de la fuente que los produce y su
habilitación” (art. 2, inc. 1 – el destacado me pertenece -) - pese a que, como
veremos más adelante, la misma norma amplía el concepto haciendo que éste
alcance a todo “lo dispuesto especialmente en cada categoría” –.
Definidos ambos elementos (“ganancias” y “remuneración/salario”), no
puede descartarse la existencia de una relación de género-especie entre ellos.
En otras palabras, el salario podría representar una “ganancia” bajo
determinadas condiciones, como luego se indicará.
b) Ahora bien, la segunda posibilidad para definir “ganancia” consiste
en otorgarle un significado propio de la materia tributaria. De este modo, podría
esgrimirse que es factible gravar con el Impuesto a las Ganancias “algo” – el
hecho imponible - que la ley rotule como tal sin que ese “algo” responda al
concepto de “ganancia” según el significado corriente de la locución.
Esta solución, tal cual se advierte, corre el serio riesgo de no alcanzar el
grado de razonabilidad suficiente en la selección de los sujetos obligados al pago
del tributo.
Como se ha dicho, la ley 20.628 texto ordenado por el decreto 824/2019
– vigente a la fecha de interposición de la demanda - define a la ganancia como
“los rendimientos, rentas o enriquecimientos susceptibles de una periodicidad
que implique la permanencia de la fuente que los produce y su habilitación” (art.
2º). No obstante, en el mismo precepto, amplía el concepto haciéndolo
extensivo a todo aquello “dispuesto especialmente en cada categoría” (art. 2).
Así, el artículo 82 de la norma comentada incluye en la cuarta categoría a las
ganancias provenientes “del trabajo personal ejecutado en relación de
dependencia” (inc. “b”). De esta manera, el legislador califica a los salarios como
“ganancias”, transformándolos en “imponibles” por la sola circunstancia de
denominarlos de ese modo.
Al respecto cabe hacer dos observaciones: la primera, que esta técnica
legislativa se aparta del sentido atribuido por la Constitución Nacional al
concepto 'ganancia', reservado a la que obtienen las empresas, conforme surge
del art. 14 bis, que además refiere al 'salario' o 'remuneraciones' cuando alude a
lo obtenido por los trabajadores. La segunda: que aún así, no puede
desconocerse que desde el punto de vista histórico, este impuesto (llamado 'a la
renta') desde sus inicios incluyó a los salarios de los trabajadores, conforme lo
dispuso el Dto. Ley 11.586 y más específicamente la Ley 11.682 (arts. 26 y sigs.)
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ordenamiento jurídico y operar como un compartimento estanco, destinado a
ser autosuficiente ‘a cualquier precio’, pues ello lo dejaría al margen de las
mandas constitucionales” ("García, María Isabel c/ AFIP s/ acción meramente
declarativa de inconstitucionalidad", 26 de marzo de 2019, el destacado es
propio).
En suma, de lo dicho hasta aquí se desprende que más allá de las
atribuciones propias del legislador de diseñar el sistema fiscal, y de decidir la
oportunidad y conveniencia de la creación y alcance de los tributos que deben
pagar los ciudadanos para garantizar el normal funcionamiento del Estado y sus
instituciones, la razonabilidad en la selección de los contribuyentes del
impuesto a las ganancias, cuando éstos sean trabajadores en relación de
dependencia, se preservará en tanto y en cuanto aquél recaiga pura y
exclusivamente en lo que pueda calificarse de 'ganancia' del salario. De lo
contrario, se afectarían los derechos constitucionales de los trabajadores a
percibir una remuneración 'justa' (art. 14 bis).
Esta idea elemental fue recogida en sus inicios por el legislador, cuando a
través del artículo 2º de la ley 11.682 se estableció que: "...a los fines del
impuesto se entiende como rédito el remanente neto, o sea el sobrante de las
entradas o beneficios sobre los gastos necesarios para obtener, mantener y
conservar dichos réditos (no computándose como tales los gastos personales
del contribuyente y su familia), de acuerdo con los artículos siguientes" (el
remarcado es propio).
Así, de tomar como hecho imponible la exteriorización de un ingreso que
no constituye una ganancia, la ley vulneraría no sólo el derecho al salario, sino
también el principio constitucional de capacidad contributiva y como
consecuencia de ello, afectaría el derecho de propiedad. Me explico: la
capacidad contributiva —que como principio que rige la imposición de las cargas
públicas surge implícitamente de los arts. 4, 16, 17, 28, 33 de la CN— consiste
en la aptitud económico-social para contribuir al sostenimiento del Estado y se
manifiesta de tres formas: en el consumo, en la renta y en el capital. Una de las
implicancias fundamentales de este principio es que no pueden seleccionarse
como hechos o bases imponibles, circunstancias o situaciones que no sean
abstractamente idóneas para reflejar capacidad contributiva (Villegas, Héctor,
“Curso de finanzas, derecho financiero y tributario”, 2001, Depalma, Buenos
Aires, p. 199).
IV) En este estado de la argumentación, debo señalar que a los fines de
establecer un parámetro objetivo que dé cuenta de la existencia o inexistencia
de una arbitrariedad/ilegalidad del legislador, en los términos del artículo 43 de
la Constitución Nacional, y teniendo en cuenta las consideraciones formuladas
en relación al concepto 'ganancia' vinculado a las remuneraciones, entiendo
razonable cotejar el salario de la amparista con el valor de la canasta básica
total (CBT) publicado por el INDEC, para de allí extraer en primer lugar si aquella
porción del sueldo necesaria para cubrir las necesidades básicas ha sido
afectada por el impuesto, y luego, para determinar si razonablemente puede
afirmarse que la accionante ha obtenido 'ganancias' de su sueldo. Debe
recordarse que la CBT mide la capacidad de satisfacer las necesidades
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QUINCE (15) SALARIOS MÍNIMOS, VITALES Y MÓVILES (SMVM )". Con
posterioridad el Congreso de la Nación sancionó la Ley 27.725 (BO, 06/10/2023),
a través de la cual se dispone que sólo tributarán el impuesto a las ganancias
quienes perciban los 'mayores ingresos', que serán aquellos que obtengan una
remuneración superior a los 180 salarios mínimo, vital y móvil (SMVM) anuales,
y bajo determinadas condiciones que establece la ley.
Siendo así, y más allá de que las partes en autos no hicieron
manifestación alguna en relación a esta novedad normativa, es sabido que dicha
reforma tuvo como objetivo reducir el número de aportantes, así como asegurar
la progresividad del impuesto.
De las constancias arrimadas por la accionante, no se desprende la
cantidad de SMVM anuales que percibe, aunque sí puede extraerse de los
cuatro períodos referidos, que el salario neto por cada mes considerado
representó la cantidad de 9,66 SMVM durante el período 02/2023, de 10,11
SMVM durante el perído 03/2023, de 6,94 SMVM durante el período 04/2023, y
de 7,83 SMVM durante el período 05/2023 (los porcentuales se extrajeron a
partir del salario neto de cada mes, dividido por el monto del SMVM actualizado
a cada período). De ello se extrae, que siguiendo dichos promedios, la
accionante no se encuentra bajo los términos de la ley vigente, obligada al pago
del impuesto, ya que no alcanzaría a percibir más de 180 SMVM anuales, por lo
que su planteo, a partir de la sanción de la ley mencionado, cae en abstracto.
V) En cuanto a las costas, entiendo que en este caso en particular
corresponde apartarse del principio general en la materia, desde que es sabido
que existe un intenso debate en la sociedad - que se ha trasladado al Congreso
de la Nación -, sobre la procedencia, conveniencia y alcance del impuesto a las
ganancias de los trabajadores en relación de dependencia. Tal situación pudo
razonablemente hacer creer a la amparista que le asistía el derecho aquí
reclamado, y ello no puede ser desconocido por mi parte al tiempo de imponer
las cargas de este proceso judicial.
Por ello, entiendo que las costas habrán de imponerse en el orden
causado (art. 68 del C.P.C.C.N.).
Por lo antes expresado, y de conformidad con la legislación,
jurisprudencia y doctrina mencionadas:
FALLO:
I) Rechazar la demanda promovida por Adriana Magalí Krotter en contra
de la AFIP-DGI.
II) Declarar de tratamiento abstracto la acción promovida, por los
períodos comprendidos a partir de la sanción de la Ley 27.725
III) Imponer las costas en el orden causado(art. 68 del C.P.C.C.N.).
IV) Atento el estado de las presentes actuaciones, se regulan en este
mismo acto los honorarios de los profesionales intervinientes, teniendo en
cuenta que no existe valor económico a considerar como base a los fines
arancelarios, evaluando la actuación de los citados, la calidad, eficacia,
incidencia y trascendencia de la labor profesional desarrollada, las etapas del
proceso transitadas, así como también el resultado obtenido en el juicio:
a) Dra. Sandra Gallasso (letrada patrocinante de la parte actora), en 20
UMA equivalentes a la suma de novecientos ochenta y un mil quinientos
pesos ($981.500) (Acordada 08/2024 CSJN; Resolución SGA Nº 176/2024; arts.
1; 13; 15; 16; 48 ley 27.423).
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Santiago J. Martín.
Juez Federal.
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