RESILIENCIA, EL DOLOR ES INEVITABLE EL SUFRIMIENTO ES
OPCIONAL
La resiliencia es el proceso de adaptarse bien a la adversidad, a un trauma,
tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas, como problemas familiares
o de relaciones personales, de salud a situaciones estresantes del trabajo o
financieras, se puede decir que es "rebotar" de una experiencia difícil, como si uno
fuera una bola o un resorte. Para el Dr. Boris Cyrulnik, neurólogo, psiquiatra,
psicoanalista y etólogo francés, docente de la Universidad de Tolón, escritor de
varios libros para el público y para profesionales; quien la define como, “es iniciar
un nuevo desarrollo después de un trauma”, para él, lo complicado es descubrir
qué condiciones lo permiten, es decir, la segurización, la recuperación, las
relaciones y la cultura, se debe unir todo ello para dar respuesta.
Cabe decir, también que resiliencia, es la capacidad de hacer frente a las
adversidades de la vida, transformar el dolor en fuerza motora para fortalecerse y
salir fortalecido de ellas. Una persona resiliente comprende que es el arquitecto de
su propia alegría y de su propio destino. Según palabras del científico y psicólogo
Norman Garmezy, la resiliencia es “la capacidad para recuperarse y mantener una
conducta adaptativa después del abandono o la incapacidad inicial al iniciarse un
evento estresante”. En otras palabras, es la capacidad para caer parados frente a
la adversidad y de mantener intactas las competencias y el nivel de adaptación.
Es de resaltar que el Dr. Boris Cyrulnik, divulgó este concepto que extrajo
de los escritos de John Bowlby, autor que describió la conocida teoría del apego
en edades tempranas. Todas las personas, dice el Dr. tenemos la capacidad de
sobreponernos a un estímulo adverso, pero el uso decidido y firme de esta
capacidad es lo que nos hace realmente resilientes. Dice, a mí me gusta mucho
comprender la resiliencia como “el arte de rehacerse”, rehacerse en relación con el
otro, ya que como decía F. Nietzsche “Todo puede ser adquirido en soledad,
excepto la salud mental”.
¿Aprender de una dificultad que sientes que no mereces? ¿Usar el humor
cuando algo no sale bien? ¿Sacar lo positivo de cualquier situación?…. No es fácil
actuar de este modo en todas las situaciones, pero ¿se puede aprender a
hacerlo? Mi respuesta es que sí, pero cada persona lo hace a su ritmo y con su
estilo personal. Se habla de dominios de resiliencia particulares para hacer
referencia a formas específicas de resiliencia, como puede ser la social, la escolar
o la emocional.
Una persona resiliente social será aquella que cuenta con competencias
sociales adecuadas, la resiliencia escolar se expresa en las competencias
adaptativas en el ámbito educativo y la resiliencia emocional corresponde a un
cierto bienestar psicológico que se mantiene ante las perturbaciones o las
situaciones estresantes que puedan acontecer en nuestra vida. La resiliencia
comenzó a estudiarse en primer lugar en niños y niñas que habían pasado su
niñez en condiciones traumáticas o privados de cariño o cuidados, es decir,
habían tenido dificultades para desarrollar una relación de apego seguro en la que
su cuidador, cuidadora o figura significativa le diera amor de forma incondicional.
Este hecho provoca una vulnerabilidad afectiva y relacional por ser una
etapa muy importante en el desarrollo de los patrones de comportamiento y
relación de la persona consigo misma y con los demás: si desde muy pequeño un
niño tiene rechazo, abandono o inatención, su ánimo va a ser más variable, llora
más, le costará diferenciar si tiene hambre o sueño, si se porta bien o mal, la
estructura más básica que necesita para comenzar a comprender el mundo se
sostiene por débiles pilares, y eso no favorece a priori las capacidades resilientes.
Posteriormente, conforme el niño crece, pueden generarse otras
posibilidades de generar vínculos o relaciones reparadoras del proceso anterior,
por lo que un niño o adolescente podrá reconstruir parte de lo que en un primer
momento no pudo forjarse. Vemos que es un proceso dinámico, en interacción con
otras personas, y que es susceptible de ser entrenado y reforzado a cualquier
edad. Para crear niños y niñas resilientes se les debe dar primero que todo
seguridad, y es precisamente la de su madre, son ellas las que se encargan de los
niños, por tanto, debe tener un entorno seguro al sentirse seguras dan seguridad
al niño, con un entorno seguro creado por ella, por el padre, la abuela, la
guardería, el hogar familiar, si ese entorno le da seguridad llega al colegio y se
adaptara.
Al llegar al colegio el mismo estará en condiciones de adaptarse, el colegio
no será un lugar de miedo, sin embargo, si no está seguro de sí mismo, no podrá
adaptarse al entorno escolar. Mientras que al estar adaptado llegará del colegio
feliz y le contará a su madre lo que aconteció en el colegio, se siente feliz. Sin
embargo, si se encuentra en situación vulnerable por tener un hogar vulnerable,
por cuanto si alrededor del niño hay violencia familiar, si la madre ha sido
abandonada, precariedad social, si alrededor del niño, existe violencia y
precariedad son padres que no juegan con el niño son tristes el entorno no le da
seguridad al niño.
Seguridad al niño, ello, se da del apego a la familia, es fiebre, es ardor, está
separada de la realidad, el apego se crece con el día a día con la convivencia la
cotidiana, por lo que apego no es amor, al ser creado se convierte en un vínculo
muy fuerte, porque el niño se siente seguro con ese vínculo. Ello le da el
comprender saber cómo hablarle a su padre, madre, porque sabe los
comportamientos, sabe que hacer, eso le da tranquilad no angustia. Lo que crea
esa seguridad, es el vínculo que se crea con la cotidianidad, palabra a palabra,
desayuno a desayuno.
Una combinación de estos factores contribuye a desarrollar la resiliencia.
Muchos estudios demuestran que uno de los factores más importantes en la
resiliencia es tener relaciones de cariño y apoyo dentro y fuera de la familia.
Relaciones que emanan amor y confianza, que proveen modelos a seguir, y que
ofrecen estímulos y seguridad, contribuyen a afirmar la resiliencia en el niño.
Desarrollar resiliencia, la capacidad para afrontar con éxito la adversidad, el
trauma, la tragedia, las amenazas o incluso fuentes importantes de estrés, puede
ayudar a manejar el estrés y los sentimientos de ansiedad e incertidumbre. Sin
embargo, que los niños sean resilientes no significa que no experimentarán
dificultades o angustia. El dolor emocional y la tristeza son comunes cuando
tenemos un trauma de importancia o una pérdida personal, o incluso cuando nos
enteramos de la pérdida o trauma de otra persona.
Hay familias que trabajan mucho y no les dan seguridad a sus niños no
comparten mucho, porque tienen que trabajar mucho y les queda difícil compartir.
Para evitar esto o hacerle frente hay una palabra que se llama ralentizar, que es,
la acción que permite lograr que algo se vuelva más lento o se desarrolle con
menor rapidez. Esto quiere decir que la ralentización consiste en reducir la
velocidad o en dotar de lentitud a un cierto procedimiento.
Actualmente, la cultura de la vida rápida genera ansiedad de los niños;
mucho de esto sucede porque los padres no tienen tiempo para compartir
actividades simples del día a día que son fundamentales para brindarles seguridad
a los niños. En el norte de Europa los niños aprenden muchas cosas variadas,
teatro, música, etc…, incluso a cocinar. En Helsinki, por ejemplo, los niños de una
sala de clase cocinan e invitan a los de otras clases para compartir con ellos lo
que han hecho. En la edad adulta, estos niños con más intereses, con menos
prisas y presiones, alcanzan más fácilmente la excelencia académica y laboral. En
los países del norte se han reducido los suicidios, que quizá eran más altos por la
falta de sol, en un 40 %, cambiando la cultura.
Actividades diarias como jugar, hacer deportes, cocinar juntos generan
ambientes en los que los niños pueden desarrollarse con tranquilidad, en un
ambiente seguro que se verá reflejado en mejores aptitudes de aprendizaje
durante todas las etapas posteriores de la vida del niño. Los padres deben
aprender a ralentizar la vida y aprender a divertirse, la clave para formar niños con
mejores herramientas para afrontar las adversidades de la vida consiste en
disfrutar cada instante de las cosas simples.
La seguridad refuerza la autoestima, ralentizar la vida genera confianza.
Cuando se ralentiza a los niños, en vez de presionarles con exámenes y metas a
superar como en algunos países de Asia, en que se llega incluso al maltrato
escolar, surgen niños y adultos con buena autoestima. Cuando se otorga
confianza los niños aprenden más.
Si una persona ha sido debilitada durante su desarrollo por las condiciones
del entorno está más expuesta al sufrimiento y cualquier situación le generará un
trauma mayor. Durante el sufrimiento el cerebro funciona y muestra movimientos
ante los estímulos exteriores, en los traumas no, el cerebro simplemente se
apaga. Ante las adversidades, un cerebro fortalecido en la infancia temprana y con
buenas habilidades para superar el sufrimiento funcionará bien y disminuirá las
posibilidades de generar traumas ante diferentes eventos.
La palabra mágica es: RALETIZAR (hacer más lento un proceso para bien)
Implica realizar actividades agradables, divertidas; en pares, en familia, en grupo.
Divertirse para aprender el arte de vivir, lo que implica dar seguridad a los
niños/alumnos. Aprenden a jugar a aprender, como en la educación de Finlandia,
donde los niños son ralentizados, por ello cuando van a las evaluaciones de la
UNESCO son medallas de oro.
Un consejo a los adultos para ser resilientes, es no aislarse, por cuanto
ellos, cuando se quedan solos, ello se agrava la herida por el recuerdo, luchan
contra una visión de quedarse con la persona que se tiene confianza, puede ser la
mujer, el marido, alguien con quien se tenga confianza, no hablar de inmediato al
sentirnos seguros podemos empezar a hablar.
Como superar un trauma, un divorcio, una pérdida de trabajo, cualquier
cosa puede ser traumante. De ahí que, a lo largo de la vida podemos estar
expuestos a repetidos eventos o situaciones de pérdidas: fallecimiento inesperado
de un ser querido, al maltrato o abuso psíquico o físico, a la pérdida de la salud, al
fracaso en diferentes ámbitos, a las catástrofes naturales, a la pobreza, a los
cambios de rol dentro de la familia o incluso en etapas vitales en que el
envejecimiento nos hace perder capacidades o un determinado estatus social.
Lo importante es no hacer que la resiliencia ponga al sujeto en una posición
de deber ser”, explica el Dr. Boris. “La resiliencia es ir más allá de la experiencia
dolorosa y buscar en uno mismo el sentido de la existencia, pero a su vez aceptar
las propias limitaciones y dificultades, sin generar un ideal de lo que tengo que
ser”. Y es que como plantea Cyrulnik, la creatividad humana nos permite recurrir a
las herramientas que tenemos para crear un espacio seguro, ello, supera el
trauma, incluso si eso implica pasa por un periodo de desajuste y revolución
posterior a la catástrofe.
Como explica; cuando nuestro cerebro funciona bien porque estamos
estimulados y contentos, consume energía, cuando vivimos un trauma, el cerebro
se apaga y deja de funcionar. Pero en el sufrimiento posterior, el cerebro vuelve a
funcionar, está afligido y triste, pero funciona. Lo que pasa es lo siguiente: cuando
representamos lo que ha pasado, si contamos con apoyo y podemos reflexionar,
sufrimos en la realidad, pero eventualmente dejamos de sufrir en la representación
de esa realidad, que es cómo la percibimos.
En cambio, si nos quedamos solos y reforzamos los pensamientos de la
desgracia, agravamos la sensación de sufrimiento, eso nos puede dirigir a una
depresión, porque no me defendí, nadie me defendió, ello lleva a la depresión. El
trauma y el dolor, según explica en sus investigaciones, son inevitables, pero el
sufrimiento que sentimos después es opcional, y tiene que ver en gran parte con
cómo veníamos predispuestos de antes pero también con cómo lo enfrentamos:
En esto, la afectividad es clave.
Por eso, después de un trauma es muy importante poder luchar contra
nuestra propia tendencia de aislarnos. No es necesario hablar de inmediato,
primero tenemos que sentirnos seguros, como los niños, pero luego tenemos que
recurrir a nuestros afectos. No es necesario que sea alguien profesional, puede
ser una amistad o alguien que nos haga sentir seguros, no debemos quedarnos
solos. De eso depende, en gran medida, que la situación traumática de paso o no
al sufrimiento posterior prolongado.
En otro contexto se tiene en relación con lo que le ha pasado al Dr. Boris en
su infancia, lo que lo motivo a estudiar y a ser lo que actualmente es. Su historia
personal es una inspiración para nosotros le dice la psicóloga que lo entrevista en
el tema de la resiliencia. Puede compartir con nosotros esa historia y cómo ha
influido en su carrera. Cuenta el Dr, cuando tenía seis años, fue detenido por la
Gestapo durante una redada policial y trasladado junto a otros judíos a la
Sinagoga de Burdeos.
Era 1943 y la policía secreta de la Alemania Nazi los dirigía hacia la
estación Saint Jean para que fueran deportados. Un día logró salir de la sinagoga
y una enfermera de la Cruz Roja le hizo señas para que se escondiera en su
camioneta, debajo del cuerpo de una señora moribunda, la camioneta partió y
Cyrulnik logró escapar. De las 1.700 personas que fueron arrestadas en aquella
redada, solo él y la señora sobrevivieron, sus padres, que habían sido deportados
previo a su detención, murieron en Auschwitz.
Cuenta Cyrulnik cómo sobrevivió de niño a la persecución nazi, en que
quedó huérfano. Se salvó en una ambulancia, en que iba una mujer moribunda,
gracias a una enfermera. Pudo superar un fuerte sufrimiento. Dice: ahora esa
historia la contamos sonriendo, y esa es la clave. Estos acontecimientos lo
impulsaron a estudiar psiquiatría y, eventualmente, a profundizar en uno de los
conceptos psicológicos que a la fecha sigue siendo foco de sus investigaciones: la
resiliencia.
Y es que, como dijo en una entrevista, necesitaba comprender qué le había
pasado, cómo, al ser nacido en una familia judía, Boris Cyrulnik sufrió la muerte de
sus padres en un campo de concentración nazi del que él logró huir cuando sólo
tenía 6 años. Tras la guerra, deambuló por centros de acogida hasta acabar en
una granja de la Beneficencia. Por suerte, unos vecinos le inculcaron el amor a la
vida y a la literatura y pudo educarse y crecer superando su pasado.
Cabe resaltar, en 1982, cuando escribí mi primer libro, me invitaron a la
televisión francesa en Burdeos, donde me habían arrestado, y alguien llamó por
teléfono a un periodista y dijo: "¿Ese no es el pequeño Boris, al que ayudé a
escapar?" Y dejó su número de teléfono y su dirección. Llamé a un taxi y fui a ver
a esta mujer, que era enfermera de la Cruz Roja, la señora que me salvo la vida
posteriormente el Dr. Boris se encontró con ella y sus familiares y evocaron
momentos de ese pasado que lo marcaron para toda la vida. Antes de 1980,
cuando relataba mis recuerdos dice el Dr. Boriis, la gente se reía y no me creía.
Por eso opté por no dar explicaciones, por silenciar mi pasado. Pero el cambio
cultural que apareció en aquella década permitió hablar de la persecución de los
judíos libremente.
Dice el Dr. Boris, yo creo que no podemos vivir solos, superar un trauma
depende, en parte, del apego y del tipo de relación afectiva que tenía la persona
antes de vivir dicho episodio; depende de la estructura del trauma y, sobre todo,
del apoyo familiar y cultural de la persona después del acontecimiento. Si
contamos con estos tres factores, la posibilidad de resiliencia, o de recuperación,
es muy elevada, pero si después del trauma no recibimos ayuda, la resiliencia
disminuye.
Por ello, considero necesario regresar a los orígenes, completar la propia
historia, si se ha vivido una infancia sin padres. Claro que sí, yo hace cuarenta
años hubiera respondido que lo más importante es mirar hacia adelante, no volver
la vista atrás. Es lo que yo hice y, probablemente, lo que debe hacerse para tener
un cierto desarrollo… Pero hoy pienso distinto, creo que nuestra identidad, es
decir, la representación que hacemos de nosotros mismos, depende de lo que
hemos hecho solos, pero también de nuestra familia y cultura de procedencia; por
tanto, necesitamos recurrir a esos orígenes si queremos tener una identidad
completa.
De adulto no podía volver a Burdeos porque ese lugar me recordaba la
guerra, era una ciudad prohibida. Mis clases universitarias y las amistades que
hice en esa ciudad me obligaron a ir cada cierto tiempo, pero el sentimiento
negativo persistía… Pero, en 2008, visitar la casa de la persona que me albergó
por un tiempo arriesgando su vida; la sinagoga en la que fui retenido y de la que
escapé, evitando ser deportado a los campos de exterminio y escribir sobre ello en
primera persona me hizo ver la belleza de la ciudad significó el final de la guerra
sesenta años después. Por ello, antes de interrogarnos sobre nuestro pasado y
completar nuestra identidad hay que repararse a uno mismo.
De lo anterior, cabe preguntarse ¿Cómo superar un trauma? Evitando estar
solo. Buscando el apoyo emocional de otra persona: ya sea un profesional, un
amigo, un sacerdote, un familiar…que procure confianza y empatía. Es necesario
comprender lo que ha pasado: reflexionarlo, leer al respecto, consultar
información, trabajar en lo sucedido y superarlo. Estos traumas afectan el
desarrollo cognitivo del niño generan un bajo desempeño escolar, desinterés e
incluso apatía por aprender, cuando no se tienen las herramientas emocionales
para superar tragedias.
Definitivamente el arte, es un recurso favorable para la resiliencia, por
cuanto, es un beneficio que alienta y motiva las emociones hacia una experiencia
creativa, que suple algunas carencias. El arte es expresión de emociones,
sentimientos y ayuda a liberar e incluso sanar. Lo mismo que el Altruismo y la
resiliencia: generalmente van de la mano, dado que cuando una persona ha
sufrido una tragedia estar a la defensiva candado la superan a la gente le nace el
deseo altruista, tiene el deseo de ayudar a otros, por ello, muchos psicólogos que
han tenido situaciones adversas siente la necesidad de ser altruistas y ayudar a
los demás. El primero es un mecanismo de defensa para combatir el dolor, quien
ha sufrido situaciones muy adversas, llega a ser altruista en la misma medida o
incluso más.
Cuando trabajé en el Congo con los niños soldado, cuando les preguntaba
qué querían ser de mayores, casi todos contestaban que querían ser periodistas o
médicos. ¿Por qué periodistas? Porque tengo que contar esto. Tengo que dar
testimonio de lo que pasa cuando un niño se transforma en soldado. ¿Y por qué
médicos? Porque sé lo que es el dolor, y quiero aprender a proteger a otros niños
del dolor. El altruismo es un mecanismo de legítima defensa para combatir el
dolor. Muchos médicos, psicólogos, asistentes sociales, conocen este proceso,
que es bueno, es moral, porque invita a entender, a compartir con alguien lo que
hemos entendido. Pero hay que tener cuidado con este mecanismo.
Hicimos una encuesta en Tolón, donde yo vivo, en la que constatamos que
el 50% de los enfermeros, y el 50% de los psicólogos tienen depresión por
agotamiento profesional. Porque cuando te centras demasiado en el otro acabas
por descuidarte tú. Por eso, a mis estudiantes les digo "Queréis ser médicos y
psicólogos, bravo, pero, ¿qué más vais a hacer?" "¿Cómo que qué más? ",
preguntan. Claro, si eres psicólogo apúntate a un coro y aprende a cantar, o a un
equipo de fútbol... Haz algo más para preservarte tú, porque tú eres una persona
también. No debes sacrificarte por otro. Ayudas a los demás porque es tu
vocación, es una formación, y está muy bien que ayudes a otros, pero tú también
eres una persona y si te despersonalizas caerás en depresión y no le serás útil a
los demás. Cuando se habla de altruismo entiendo que habla también de
empatía, ¿hay diferencia entre el altruismo y la empatía?, pregunta la psicóloga,
efectivamente, la empatía es la capacidad de descentralizarse uno mismo, para
representar el mundo de otro, los niños privados de afecto y los niños aislados
sensorialmente, si no tienen a nadie, no pueden aprender empatía. No hay
altruismo porque no hay empatía, debido a la carencia afectiva precoz, muy
precoz. Hay una pedagogía de la empatía. Si creamos un entorno seguro para el
niño, aprenderá a descubrir al otro. Pero solo puede ocurrir si se siente seguro,
entonces se interesará por el otro e iniciará un proceso de altruismo.
Como me contaban los niños soldado. "Como sé lo que es el dolor, y sé lo
que hay que hacer, voy a ser altruista". Es un camino sistémico. Es un sistema, no
una causa que explica un efecto. Es todo un sistema que evoluciona y está
constantemente sometido a las presiones del entorno. Así desarrollamos la
empatía y aprendemos el placer de descubrir el mundo mental de los demás, otras
religiones, otras culturas, y ver que son interesantes. Pero esto obliga a viajar, a
leer, a conocer... Es apasionante y agotador.
Cabe resaltar que, las personas necesitan sentirse protegidos a fin de dar
respuesta al dolor. Todos los mamíferos sienten el dolor igual, más no el
sufrimiento, si un mamífero y un bebe humano han recibido protección seguridad
durante su desarrollo por su madre, padre, colegio, vecindario cuando recibe un
golpe le duele, eso es dolor. Cuando ha tenido sufrimiento esto es otra cosa, el
dolor sin sentido duele más, nosotros vivimos en un mundo de sentido tenemos
que tener sueños y recuerdos para darle una dirección a nuestra vida, si ella
viene de un dolor sin resiliencia, al recibir un dolor sufrimos mucho, si hemos
crecido fortalecidos recibimos el mismo golpe una tragedia, hemos aprendido a
ser más fuertes que el dolor, sufrimos menos, una sola vez, como los animales
si hacemos algo con ese dolor lo hemos transformado en una obra de arte.
De ahí vemos a muchos niños que en un futuro son grandes directores de
teatro de películas donde esbozan sus sentimientos dolores y sufrimientos que
tuvieron y lo superaron y lo transforman en arte. Los artistas, como los cineastas,
pintores, escritores, etc., que representan la tragedia, dicen lo que una persona
con heridas no tiene fuerza para decir. Pero si se calla, le doy fuerza y lo refuerzo.
Con el arte se representa la tragedia de modo externo. El arte es importante para
el proceso de resiliencia, y los niños se benefician de la función artística.
Para finalizar la entrevista el Dr. habla de unos estudios israelíes: mujeres
con atentados y estrés post traumático. Los niños que nacieron tenían ya un
malfuncionamiento cerebral. Las mujeres y los bebés fueron arropadas, e iniciaron
el proceso de resiliencia. El estrés forma parte de la vida y no debemos privar a
los niños de una cierta cantidad. Pero si mantenido y en exceso, aumentan
muchas sustancias químicas como el cortisol y las catecolaminas, que alteran el
cerebro. Las sustancias del estrés se transforman en tóxicas. Se producen
cambios o lesiones incluso en los cromosomas. Es preciso ralentizar, para
transformar el ambiente.