1
LOS CLASICOS ESPAÑOLES
Selección de textos de Rodrigo García.
Los textos son propuestas para la escena: solo funcionarán puestos en una
imagen-acción que los contenga. Los pronombres de quien habla pueden
cambiarse de acuerdo a quien los asuma actoralmente.
1
G– Mi nombre es estúpido y yo soy estúpido.
C– Tu silencio es estúpido.
M– Tu presencia es estúpida.
C– Tu cara estúpida por las mañanas.
QM– La mirada estúpida frente a la taza estúpida.
G– La mesa y el gato: estúpidos.
C– Éste es el fruto del sudor de mi frente
G– Éste es el resultado
C– Ésta es mi frente
M– Ésta es mi frente bien alta
C– Ésta es mi frente sudada
G– Ésta es mi frente alta
M– Éste es el sudor de mi frente
C– Éste es el resultado de mis manos limpias
G– Éstas son mis manos limpias
C– Ésta es mi tranquilidad de conciencia
M– Éste es el resultado de mi conciencia tranquila
G– Éste es el resultado del sudor de mi conciencia
M– Ésta es mi frente
C– Éste es el fruto del sudor de mi frente
M– Ésta es mi tranquilidad
2
M– Éste es el sudor de mi tranquilidad
C– Ésta es la temperatura de mi tranquilidad
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M– Me gano la vida.
G– Es una frase bonita, me gusta.
C– Es diferente a mantenerse en la vida.
M– Es lo mismo.
C– No.
G– Es igual que buscarse la vida.
M– No: ganarse la vida es otra cosa.
C– Mantenerse en la vida, me gusta: es como flotar en la vida.
M– Lo contrario a hundirse en la vida.
G– Me gustaría hundirme en la vida.
C– Es lo contrario a estar atento.
M– Prestar atención es ganarse la vida.
G– Si sigo, voy a terminar mal.
C– Si sigues, no vas a llegar a viejo.
M– No vas a poder contarlo.
G– Si paro, me hundo.
C– Me gustaría hundirme en la vida. Hasta el cuello.
G– Hasta aquí.
M– Me gusta «hundido en la vida». Es lo contrario a «rescatado para la vida».
G– Si sigues, vas a terminar mal.
C– Hay que parar alguna vez.
M– Sólo pueden parar los que se ganan la vida.
G– Sólo el que se gana la vida se gana unas vacaciones.
3
C– Me gustaría hundirme en la vida.
M– Hundido en la vida es flojera.
1M– Ser flojo es lo mismo que ser distraído.
C– No prestar atención tiene sus consecuencias.
G– ¿La vida es sueño?
C– Por ejemplo.
M– Tengo que parar
G– Hundido en la vida. Me gusta. Es bonito.
C– Hasta el cuello en la vida.
M– Hasta aquí.
C– Es lo contrario a ganarse la vida.
M– Me cuesta dormir.
G– Me cuesta mucho tragar, digerir.
C– Yo me duermo en el taxi, en el avión, me duermo de pie en cualquier parte.
G– Estás muy nervioso y vas a terminar mal.
M– Al menos seis horas diarias.
C– Al menos dos veces al día.
G– Nunca me gustaron las frutas.
C– No te gustaban ni las frutas, ni las verduras.
G– Me encantan las verduras: todas.
M– De niño no dejabas de dormir.
C– De niño eras un niño asmático.
M– Hacías ruido al dormir.
C– Jodías mucho.
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G– Éste es el sudor de mi frente
M– Éste es el sudor de mis manos limpias
4
C– Ésta es mi frente bien alta
G– Éstos son los frutos que he recogido
C– Esto lo he ganado con el sudor de mi frente
M– Esto lo he ganado con mis manos limpias
G– Ésta es mi tranquilidad de conciencia
C– Ésta es mi seguridad
M– Éstas son mis garantías
G– Éste es el resultado de una vida de trabajo
C– Éste es el fruto de una vida bien vivida
M– Ésta es una vida bien vivida
C– Ésta es una vida de trabajo
G– Éstas son mis manos limpias
M– Éste es el sudor de mi frente
G– Éste es el resultado de tanto trabajo
C– Ésta es la causa de tanto trabajo
G– Ésta es la razón para seguir juntos
C– Ésta es la razón para seguir amando
G– Éste es el sudor de la razón
C– Éste es el sudor de mi frente
M– Éste es el sudor de mi corazón
C– Esto es saber comprender a los demás
G– Esto es mi capacidad de comprensión
M– Esto es algo de lo que no me arrepiento
G– Esto es el motivo de mi orgullo
C– Esto me llena de orgullo
C– Ésta es mi frente bien alta
M– Ésta es la causa de mis preocupaciones
C– Ésta es la causa de mis celos
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M– Ésta es mi enfermedad incurable
C– Éstas son mis privaciones
M– Éste es el fruto de saber escuchar
G– Éste es el fruto de saber mirar
C– Ésta es la recompensa por saber callar
M– Éste es el premio por no escapar
G– Ésta es mi recompensa
C– Ésta es la recompensa que me he ganado
M– Éste es el sudor de mi frente y mis manos
C– Éstas son mis manos abiertas
G– Éstos son mis puños cerrados
M– Esto es lo que tiene sentido en la vida
G– Esto es un sinsentido
C– Esto es lo único que sé hacer
M– Esto es lo mejor que puedo hacerlo
G– Éstas son las razones de siempre
C– Ésta es la cantinela de siempre
M– Éste es el fruto del egoísmo
C– Éste es el resultado de una vida vivida
M– Éste es el resultado de una vida egoísta
G– Ésta es mi capacidad de dar
C– Ésta es tu incapacidad para amar
M– Éste es el precio de la traición
C– Ésta es la razón de mi traición
M– Ésta es una buena razón
C– Ésta es otra buena razón
G– Éstas son razones suficientes
M– Éstas no son verdaderas razones
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C– Esto es lo que se obtiene tratando con la gente
M– Ésta es mi sonrisa falsa
C– Éstas son mis manos limpias
G– Ésta es mi sonrisa auténtica
C– Ésta es mi frente
G– Éste es el fruto del sudor de mi frente
M– Ésta es mi tranquilidad de conciencia
C– Éste es el beneficio de no hacer preguntas
G– Éste es el símbolo de mi familia
M– Esto es lo que les dejo a mis hijos
G– Esto es una vida vivida
G– Esto es vivir la vida
M– Ésta es la alegría de vivir
C– Esto es amargarse la vida
M– Éste es el esfuerzo de tantos años
G– Éste es el fruto del sudor de mi frente
C– Esto es lo que nadie me puede quitar
C– Esto es tener la conciencia tranquila
M– Esto es no tener corazón
C– Éste es el motivo para seguir viviendo
G– Éste es el motivo para tirarse al río
C– Ésta es la razón para amar a los míos
M– Éste es el espacio que ocupa una desgracia
G– Esto es una desgracia
C– Ésta es la mayor de las desgracias
M– Esto es ser un desgraciado
C– Esto es una vida bien vivida
G– Éste es el fruto de una vida honrada
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M– Éste es el aspecto de mi soledad
C– Éste es el sentido de mi existencia
M– Esto es el mayor sinsentido
G– Esto es el mayor sinsentido
C– Esto es el mayor sinsentido
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G– Me arrepiento de todo
M– Yo en cambio no me arrepiento de nada
C– Es la diferencia entre una vida bien vivida y la mala vida
G– Yo hice lo que pude
M– Hay que saber elegir
C– Esta marca es tuya: me la has hecho tú
M– Quiero llegar a algo en la vida
C– Llegar a algo es lo mismo que llegar muy lejos
G– No: llegar muy lejos es otra cosa
C– Es ser un tonto
M– Es pagar el precio
C– No: no haber llegado a nada es no tener vacaciones
M– No: no tener vacaciones es ser flojo, como un asmático
G– Yo no soy flojo: yo soy alguien
C– Ser alguien en la vida, me gusta. Es lo contrario a hundido en la vida
G– Para mí es lo mismo
M– Es llegar muy alto
C– Lo contrario a caer muy bajo
G– Para mí es lo mismo
C– Se pasó mi tiempo
M– Siempre se está a tiempo
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G– No me hagas reír
C– Reírse de la vida es lo contrario a llegar muy lejos
M– Nadie que sea alguien se ríe de la vida
G– Se ríen los tontos porque no tienen más remedio
C– Alguien sin remedio: me gusta
M– Esta marca me la has hecho tú
C– Te lo mereces
G– Merecer una vida mejor es lo contrario a pasar a mejor vida
M– Para mí es lo mismo
C– Mi pasado es como un gran libro: lo leo por las noches y me quedo
dormida.
M– Interesante
G– Mi vida fue aburrida, llevo una vida aburrida y acabaré aburrido de la vida
M– Yo en cambio no me arrepiento de nada
C– Lo peor de una vida aburrida es una muerte aburrida
G– Para mí es lo mismo
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M– Éramos dos personas misteriosas y seductoras.
Hasta que nos conocimos mejor.
No hay que dejarse conocer. Nunca.
Uno puede pasar por inteligente durante veinte o treinta minutos, pero después se
repite.
9
Texto de Maradona
Quiero ser Diego Armando Maradona. Y hacer lo que me da la gana y jactarme de
eso.
Necesito que me quieran como Maradona necesita que le quieran.
Y me quiero suicidar como se debería haber suicidado Maradona, tirándose de
algún piso alto.
Quiero morir, no por las drogas, ni por el peso de la familia, ni por el peso de los
triunfos, ni por el fantasma de los fracasos, sino por mi debilidad: porque el cuerpo
ya no aguanta para recibir más y va y se tira desde un piso alto.
Quiero ser como Maradona para vivir con intensidad sorda absolutamente todo.
Quiero soportar con la misma apariencia física, pública de Maradona la relación
con la gente, es decir, con millones de desconocidos tuyos que te tocan.
Quiero estar realmente joven, realmente viejo, realmente gordo, realmente jalado,
realmente motivado, realmente enamorado, realmente desencantado, y ser así de
transp lo arente incluso rodeado de payasos, de fantasmas, de oportunistas: como
ha sido Maradona.
Quiero ser Maradona para invitar a mis amigos a toda clase de excesos, excesos
del cuerpo y de la cabeza, considerando dentro de estos últimos, los apacibles
diálogos donde nos escuchamos y nos respondemos con el corazón bombeando
vinos muy caros, detalle que nuestra sangre se merecía ya de una vez por todas.
Quiero matar periodistas que vienen a arrancar de mí, que soy Maradona, tajadas
tontas, sensacionales, irreflexivas.
Quiero tirar como Diego, si es que Diego supo hacerlo bien.
Quiero amar a mis hijas como Diego, con esa pasión ciega que te llega de lo peor
de tu educación, de las imposiciones arcaicas de lo sagrado familiar, lo sagrado
religioso, lo sagrado policial, lo sagrado militar, lo políticamente sagrado.
Quiero ser Maradona para, con el mismo desenfreno, defender la tradición y a la
vez echarle sal, aceite y comérmelo todo, romper el mundo para mí, escupir sobre
todo, vaciar la vejiga a reventar encima de todo, y ser un el más humano de todos,
todos, todos.
Quiero ser Diego Maradona y destrozar mi cuerpo, imprescindible para continuar
haciendo lo que deseo hacer, lo que no consigo vivir sin hacer.
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Mi gloria será desde ahora disfrutar de pequeños lugares comunes cada vez más
interesantes.
Quiero habitar ese desorden final, límite.
Disfrutar, desde la gloria de la carne hasta la decadencia de la carne. Quiero que
se abran todas las puertas de mi cerebro y de mi corazón y meterle a los ingleses,
en un mismo partido, dos goles: uno con la mano derecha y el otro regateando con
la zurda a todos los adversarios. Quiero ser Dios para ponerle nombre a cada uno
de los adversarios de aquella tarde.
Quiero ser Maradona para estar en los mismos hoteles que él, para dormir con las
mismas mujeres, para romper puertas a patadas, para dispararle con un rifle a
postones a la prensa, para que me aplaudan en directo 50 mil personas, para que
llore de emoción, en un mismo segundo, cuando yo muevo un pie, medio planeta
frente a la tele.
Quiero ser Maradona para desaparecer de todo eso, lleno de todo eso, a tope de
todo eso, quiero llevarme [Link] de el alma de medio planeta a la cama, al baño,
hacer fuerza y cagarme encima.
Quiero ser Maradona para comer arroz en Alicante hasta las tantas de la noche
después de haber prometido volver a los entrenamientos, quiero que me detengan
en Sevilla por manejar un Ferrari a 200 por hora y decirle al policía “soy Maradona
y voy a llegar tarde al partido”, quiero que me quieran como Maradona necesita
que le quieran.
Y ahora van las razones por las que no quiero ser Diego Armando Maradona.
Por ejemplo, por no haberme muerto a tiempo, o por tener que soportar un cuerpo
difícil de ordenar, o por estar rodeado de una familia jamás querida ni deseada, o
por no tener ya la plata que tenía antes, o por vivir de homenajes cuando quisiera
seguir viviendo de mi talento.
Y quiero volver a ser Maradona para dar carne a los carniceros, aceite a los
motores. Para que el resto del mundo -la parte del mundo que no es Maradona-
funcione algunas horas del día solo por hablar de mí. Aunque sea mal.
Quiero ser Maradona para servir de mal ejemplo, del peor ejemplo, es decir: para
que cada cual piense que la vida que lleva, que ha llevado y que llevará, no es una
mediocridad de vida, una vida inexperta, vacía de experiencias, o dicho de otra
forma, llena de experiencias comunes; sino algo loable, cercano a la familia, al
progreso en el trabajo y toda esa mierda.
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Quiero ser Maradona para que mi banda favorita cante todo esto que acabo de
decir.
Quiero ser Roberto Bolaño, pero, ya que puedo elegir, prefiero ser Maradona.
Quiero ser Segismundo, o Rosaura, pero antes, permítanme ser Diego Maradona.
Texto del gallo Claudio
1.
De niño había cantidad de dibujos animados. Nunca entendí por qué, pero todos
los niños de la generación de nuestros padres y madres estaban enganchados
sobre todo con un gato que perseguía a un ratón... diez años después me enteré
que se llamaban Tom y Jerry.
Yo veía al gallo Claudio.
El gallo Claudio era un dibujo que consistía en la Ira por la Ira.
Pregonaba la Cólera. Era un dibujo absolutamente bíblico el gallo Claudio.
Para mí, el gallo Claudio siempre ha representado la Furia, lo más cercano a
ciertos pasajes de las sagradas escrituras.
Me llama la atención que lo más cercano a las sagradas escrituras sea un
producto Warner Brothers…
Brothers, Brothers... la Biblia... Brothers...
Se levantaba Claudio por las mañanas, se estiraba, bostezaba,
tomaba un bate de béisbol y andaba unos metros cantando:
“lira, lira, lira, loo”
hasta la caseta de un perro que dormía.
Lo tomaba de la cola, lo levantaba en el aire y le daba,
como es natural en cualquier dibujo animado,
12
quinientos mil garrotazos en dos segundos,
y lo dejaba tirado, hecho papilla en el suelo,
y se marchaba cantando:
“lira, lira, lira, loo”
Todavía me acuerdo del movimiento
del bate de béisbol del gallo Claudio,
como un garrote de policía
y cantaba o silbaba,
-no me acuerdo bien... cantaba, sí-
“lira, lira, lira, loo”
El gallo Claudio era blanco, pero para mí era verde, reluciente, como cualquier
uniforme adiestrado para matar.
Como el que le reventó los ojos de un balazo a un estudiante, en la plaza, igualito.
2.
Vamos a aclararnos:
Tom odia a Jerry porque son gato y ratón.
Pierre Nodoyuna odia a Penélope Glamour porque quiere ganar la carrera de los
autos locos.
El coyote odia al correcaminos porque nunca pudo agarrarlo y comérselo en el
puto desierto.
Y resulta que el gallo Claudio destroza a golpes al perro vecino sin motivos de
ninguna clase.
Sencillamente se levanta en la mañana, toma al enemigo, le pone la etiqueta de
“enemigo” porque le da la gana, es decir, toma a cualquier enemigo, lo levanta y lo
muele a palos.
Lo deja hecho puré al perro. Y eso me gusta.
La gente que le pega a una mujer o a un niño o a un animal por motivos
justificados como no terminar la comida o ponerse minifalda, es gente que no me
gusta.
Pero si se pega porque sí, eso me gusta.
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A las mujeres, a los niños, a los negros, a los migrantes, a los perros, a los
conejos, a los taxistas se les pega y ya.
Como el gallo Claudio.
Selección natural: alguien nace para pegar y alguien nace para recibir.
Es la ley de la vida. Es el destino
La policía nace para pegar, los borrachos y los mendigos nacen para recibir.
Los tipos con una educación deficiente que pesan más de 90 kilos nacen para
pegar, sus mujeres nacen para recibir. Es el destino.
¿Para que tuvimos Auschwitz?
¿Para nada?
¿Y la guerra del Pacífico? ¿Irak y Afganistán?
¿Para nada?
Tuvimos Afganistán, tuvimos guerra del Pacífico, tuvimos Auschwitz para aprender
de una puta vez que alguien tiene que poner la otra mejilla, porque si nadie pone
la otra mejilla esto no avanza.
O se nace para repartir golpes -Henry Kissinger, Agustín Edwards, por decir así,
nombres al voleo- o se nace para recibir golpes.
Y se suele menospreciar a los que reciben los golpes: dicen que son débiles.
No señor.
Sin ellos no se hubiera escrito la historia de la humanidad. Gente corajuda, nacida
para recibir golpes.
Que aprendan del gallo Claudio.
A curar las heridas... ¡y a olvidar!
Mientras el dibujo animado olvida y se prepara para la siguiente entrega, como si
nada hubiera pasado, el torturado sale de su celda cada mañana un poco más
mermado, física y sicológicamente.
Un tipo de 35 años o una mujer embarazada no aguanta diez sesiones de
electricidad sin que el cuerpo y el cerebro le queden marcados para toda la vida.
Y ojo con eso de “toda la vida”
Que hay vidas que, para vivirlas después de pasar por la degradación, mejor no
ser vividas.
14
Te dejan con la puerta abierta al suicidio, con el cuerpo mermado, haciéndote
creer que ya no eres ser humano, te dejan menos que un perro, abandonado justo
al borde del acantilado.
Y si el torturado se salva, si salva la vida, lo que le espera es una vida bajo los
efectos del pánico.
Un torturado en libertad tiene miedo hasta de quemarse los labios con una taza de
té demasiado caliente.
Seguramente hay videos de torturas por ahí. Seguro que los hay.
Sólo que están bien guardados.
Bueno, que los pongan cada tarde junto a los dibujos animados; antes y después
de Dora la exploradora, porque es infinitamente más sano, esclarecedor y realista
que tus hijos vean videos de torturas reales que putos dibujos animados de
mierda.
Los mismos que exportaban dibujos animados financiaban torturas en Chile, en
Argentina y en África.
Dibujaban resurrecciones ficticias en los monitos y la memoria de tus muertos en
Santiago o Buenos Aires.
Explotaban, por un lado, dolor real y, por el otro, técnicas del olvido en forma de
dibujos animados.
Cada mañana, millones de niños frente a la tele aprendían esto del gallo Claudio:
aprendían a aguantar y a quedarse callados.
Pero con el paso de los años, no consiguieron que ninguna de nosotras olvide.
3
Siempre pasa: lo que para uno es bueno, al otro le perjudica.
Lo que es bueno para mí, a ti te perjudica. Te jodes.
Lo que es malo para mí, es estupendo para ti. Me jodo.
Para mi padre lo bueno era desaparecer de la casa todos los viernes y sábados
por la noche, sin decir palabra, y aparecer de madrugada. Sin decir palabra.
Para mi madre lo bueno era no decir palabra.
Lo que se llama tragar.
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Para mí, tragar era llevarme un vaso con agua todas las noches a la cama, a partir
de los doce años.
Porque hasta los doce años, no me llevaba el vaso con agua; me metía en la
cama, esperaba un rato y golpeaba la pared que separaba la cocina, de mi casa,
de mi pieza.
Y mi madre abría la puerta, sabiendo perfectamente lo que iba a escuchar: la voz
de una niña –que era yo– con la cara iluminada con exactitud por la puerta
entreabierta, una niña que pide un vaso con agua.
Mi madre ya tenía el vaso con agua en la mano. Y hacía que volvía otra vez hasta
la cocina y que regresaba a mi pieza, con el vaso lleno de agua.
A este vaso lleno de agua, siempre le dije y le digo el vaso con agua.
Cuando entro a un bar pido un vaso con agua.
No un vaso de agua. Ni agua.
Para mi madre, era divertido volver a verme cuando ya me había acostado hace
media hora y para mí era la forma de dormirme de una vez.
No haber visto envejecer a mi padre y a mi madre me atormenta.
Haberme ido y verles de tanto en tanto, completamente cambiados, me hace
sentir que me equivoqué. Y me digo: te equivocaste.
Es inconsciente vivir así. Sin vernos envejecer los unos a los otros.
Y pienso que ellos sienten lo mismo al verme.
Te han visto por última vez de esa manera, con el pelo de esa manera, con el
cuerpo de esa manera y te reciben ahora de esta otra manera.
Ninguno hemos envejecido dignamente –pienso– por no habernos visto, cara a
cara, envejecer.
Pero no tiene importancia, ya que nadie envejece dignamente.
Sólo los tontos y los hipócritas envejecen con dignidad.
A una persona con dos dedos de frente jamás la veremos envejecer dignamente.
Les veremos quebrantarse a sí mismos en casa, en un cumpleaños.
Soplan velas y se hacen añicos, abren regalos con las manos y se hacen añicos.
En un cumpleaños le digo a mi padre: «Todos ustedes han equivocado el rumbo»,
pero no hay que deprimirse: tampoco había manera de elegir el rumbo correcto.
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Y mi padre come tallarines, incluso el día de su cumpleaños, y hace tanto ruido al
sorberlos, que no me escucha.
Sorbe los tallarines como la bestia que es y, mientras, yo me desahogo a gusto.
Porque donde mejor se habla, donde mejor se piensa, es donde uno sabe que no
se le presta la menor atención.
Es donde el pensamiento de uno evoluciona.
Porque cuando te prestan atención, hablas de lo lindo hasta que en un segundo se
te viene el edificio abajo: te acabas de dar cuenta de que ya no te prestan atención
y de que tal vez nunca te han prestado la menor atención.
No lo sabes ni por sus miradas, ni por sus gestos. Porque de ser así, concluirías
que te siguen atentamente.
Lo sabes porque tú jamás le has puesto atención a nadie. Y lo has disimulado
siempre de maravilla. Nadie puede entrar en el cerebro de otro. Y eso es un alivio.
La naturaleza no es sabia, pero tiene sus momentos.
Y cuando le digo a mi padre: «El planeta tiene sus trampas» o «la naturaleza no
es sabia, pero tiene sus momentos», veo y escucho cómo la boca se le llena de
salsa de tomate, cómo salpica.
El planeta es una zona de experimentos.
Hecha por nadie. Una zona de experimentos que se ha hecho a sí misma.
Las cosas se hacen a sí mismas de acuerdo a las circunstancias, y circunstancia
es siempre sinónimo de imprevisibilidad y de improvisación.
Mundo improvisado, mundo trampa.
Los libros, todos los libros, son aportes a la confusión.
La historia de la pintura es un aporte a la confusión.
Los sistemas de orden social, las teorías políticas, son aportes a la confusión.
Porque todo sistema reduce y es absurdo reducir algo que no tiene ni pies ni
cabeza.
Mi padre prende la tele y yo me voy a acostar.
Cuando pienso que mi madre se va a morir, y que hemos hablado tan poco, se me
viene el alma al suelo.
También sabemos que si nos hubiésemos visto envejecer, si hubiésemos hablado
y hablado, nos odiaríamos.
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Porque toda presencia encantadora, con el tiempo, se vuelve insoportable.
Entonces concluyo que cualquier camino elegido es el camino equivocado.
Lo pienso y lo digo.
Cualquier camino elegido es camino equivocado.
Y hay que escoger uno para poder decir: «Cómo me he equivocado».
O concluir que no hay que escoger ninguno.
Pero no escoger ningún camino es, como todo el mundo se ha dado cuenta, una
elección imposible.
La única elección real, que es tomar o dejar tu vida desde el primer momento es,
precisamente, la que se nos niega.
Mi padre traga tallarines y yo le repito: «La única elección real es la que a todos se
nos ha negado».
Y él contesta: «¡Sbrrr!».
De todas formas, qué te apuesto, habríamos elegido mal.
Quien hubiera elegido, desde su no existencia, existir, se habría equivocado.
Y quien hubiera elegido, desde su no existencia, no existir en esta existencia y
continuar en su no existencia, se habría equivocado también.
A todo nacido se le ha abortado la posibilidad de no nacer.
Y eso es imperdonable.
Cuando mi madre entra en mi habitación oscura con el vaso con agua, y camina, y
el agua se mueve, y ella está feliz; yo justifico mi nacimiento y agradezco la
memoria, o la poca memoria que me queda, considerando que mi memoria, al
contrario de todas las demás memorias, se ha vuelto selectiva hasta alcanzar la
anormalidad.
Soy una anormal. Soy una anormal.
Mi padre decía que hay gente que quiere cagar más arriba que el culo.
No sé qué quería decir: «Gente que quiere cagar más arriba que el culo».
No sé nada de la genética, pero me veo tan parecida a mis padres, en lo bueno y
en lo malo.
Profundamente parecida.
Y no deseo, en absoluto, parecerme a lo peor de mis inventores. Y pienso: se trata
de generalidades.
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Que todo el mundo es codicioso y todos tienen buen corazón.
Que me parezco tanto a mi madre como a la madre de cualquier vecino.
Y cuando digo me parezco, pienso: ¿En qué demonios me baso?
Si nadie conoce perfectamente al que le crió.
Es traumático, porque la cercanía debería dar todas las pautas necesarias para el
conocimiento casi científico de aquella persona que te crió.
Pero el terror, el terror de saber algo de tu procedencia, es lo que te obliga a
disfrazar, a hacer oídos sordos a lo que te rodea, el llamado ambiente familiar.
El ambiente familiar fue y será deplorable. Sociológicamente no tiene remedio y,
para colmo, todo el que participa de él lo distorsiona involuntariamente y lo
empeora.
Lo puedes, incluso, exagerar, pero jamás vas a entrar en la auténtica dimensión
objetiva deplorable del ámbito familiar.
Descreo del pensamiento, pero creo en una autolimpieza del pensamiento.
Y su relación con la idea de esfuerzo y la idea de capacidad.
Lo veo todo como un crucigrama: caminos equivocados y el cartel que, en lugar de
«salida» pone «¿de qué vale arrancar?».
Todos arrancaron.
Y sin saber de dónde venían.
Andar sin saber de dónde viene uno, ¡no te da rabia!
Mi padre dejaba sin comer un día o dos a los gatos y les daba de comer de
repente.
Mucha comida. Hígado crudo. Carne picada.
Y cuando los gatos se volvían locos por comer el hígado crudo, fresco, mi padre
los mareaba.
Tenía una mano muy grande y curtida y los agarraba de la cabeza, los mareaba y
los soltaba.
Y los gatos se volvían locos.
Porque no veían exactamente dónde estaba la comida.
Y dónde la mano enorme y curtida de mi padre, llena de arañazos.
Después, mi padre, aplicaba a nosotros, la familia, lo que antes había practicado
con los gatitos.
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Ese mareo estudiado es el que mi padre le ha hecho a mi familia, es la manera
simbólica de ver a mi padre arruinar una familia. Marear a una familia. Enloquecer
a una familia.
Mi padre es el gerente de una empresa familiar que va a triunfar, va a triunfar, y
siempre está a punto de triunfar.
Y vivimos esperando el triunfo treinta y seis años, y después de treinta y seis años
ya no esperamos más el triunfo.
Vemos la derrota, pero mi padre sigue siendo un visionario.
Le digo entonces a mi madre: «Vamos a tomarnos esa libertad sexual que tanto le
gusta a mi padre».
Esa que tanto le gusta para él y que le repugna puesta en otros, sobre todo si son
de su entorno familiar.
Ponte algo que nos vamos, le digo a mi madre.
Y mi madre se pone algo y nos vamos, es una noche bonita.
Le explico, en la micro, mira, vamos a tomarnos esa libertad sexual que tanto le
disgusta a mi padre.
Y mi madre se ríe porque no entiende exactamente lo que le quiero decir: se ríe
porque me tiene confianza.
Porque dice que soy una buena persona. Porque ella dice de sí misma que es una
buena persona y por eso yo debería ser una buena persona.
Vamos a hacer esas cosas, le digo a mi madre, que siempre acarrea el disgusto
del cónyuge.
Y llevo a mi mamá a una fiesta y le presento a una tropa de desgraciados que van
por la vida pasados de todo.
A mi madre, a su edad, qué más le da, tiene como setenta, creo.
Hay una tina llena de botellas, todo el mundo está muy pasado de todo.
Meto a mi madre en una pieza de esa casa y le digo que se ponga cómoda.
Y hago pasar, uno a uno, a estos desgraciados para que se la vayan tirando.
Que le den por donde quieran. Que les haga lo que quieran. A ver si le gusta.
Pero, no.
Los tipos que llegaron a la fiesta, llegaron con tipas.
Y las tipas que llegaron, llegaron con tipos.
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Y, por supuesto, llegaron tipos con tipos y tipas con tipas.
No encuentro a nadie, en toda la puta fiesta, que se quiera tirar a mi madre.
Venimos a bailar, dicen, no venimos a tirarnos a tu madre.
La agarré del brazo y nos fuimos. Mi madre estaba encantada de la vida, por
haber salido de casa a una fiesta.
Dice que mis amigos son lindos. «Qué lindos son tus amigos», me dice.
Volvemos.
Cambiar el rumbo, ¿quién lo cambia?
Se me cae la baba cuando pronuncio la frase: «Cambiar el rumbo».
¿Quién lo cambia?
Tenía un recuerdo malo, de algo, hace diez años y ahora es un recuerdo
aceptable.
No entiendo nada.
Todo el mundo había dicho: «¡Qué espanto lo que me ha pasado!», y ya ni se
acuerdan.
Cada cual elabora los recuerdos como mejor puede.
A mí ahora, por ejemplo, ahora me gusta los clásicos españoles.