EXPLORACIÓN PORTUGUESA
La colonización portuguesa de las islas atlánticas en el 1400 inauguró una era de
agresiva expansión europea a través del Atlántico. En el 1500, España superó a
Portugal como la potencia europea dominante. Esta era de exploración y la
posterior creación de un Mundo Atlántico marcaron la fase más temprana de la
globalización, en la que grupos previamente aislados —africanos, nativos
americanos y europeos— entraron en contacto primero entre sí, a veces con
resultados desastrosos.
El príncipe portugués Enrique el Navegante encabezó la exploración de su país de
África y el Atlántico en los años 1400. Con su apoyo, los marineros portugueses
navegaron con éxito una ruta hacia el este hacia África, estableciendo allí un punto
de apoyo que se convirtió en la base del imperio comercial de su nación en los
siglos XV y XVI.
Los marineros portugueses construyeron un imperio atlántico colonizando las
Islas Canarias, Cabo Verde y Azores, así como la isla de Madeira. Luego, los
comerciantes utilizaron estos puestos avanzados del Atlántico como puntos de
desembarco para viajes posteriores. Desde estos puntos estratégicos, Portugal
extendió su imperio por la costa occidental de África hasta el Congo, a lo largo de
la costa occidental de la India, y finalmente hasta Brasil en la costa oriental de
América del Sur. También estableció puestos comerciales en China y Japón. Si bien
los portugueses no dominaron una inmensa masa de tierra, sus tenencias
estratégicas de islas y puertos costeros les dieron un control casi inigualable de las
rutas comerciales náuticas y un imperio global de puestos comerciales durante el
1400.
Los viajes de comerciantes portugueses a África occidental los introdujeron en la
trata de esclavos africanos, ya enérgica entre los estados africanos. Al ver el valor
de esta fuente de trabajo en el cultivo de la rentable cosecha de azúcar en sus islas
atlánticas, los portugueses pronto comenzaron a exportar esclavos africanos junto
con marfil y oro africanos. El azúcar alimentó la trata de esclavos en el Atlántico, y
las islas portuguesas rápidamente se convirtieron en el hogar de plantaciones de
azúcar Los portugueses también comerciaban con estos esclavos, introduciendo el
capital humano muy necesario a otras naciones europeas. En los años siguientes, a
medida que se extendía la exploración europea, la esclavitud también se extendió.
Con el tiempo, gran parte del Mundo Atlántico se convertiría en un gigantesco
complejo de plantaciones de azúcar en el que los africanos trabajaban para
producir la mercancía altamente rentable para los consumidores europeos.
Enrique «El navegante» (4 de marzo de 1394 - 13 de noviembre de 1460) vivió en
pleno periodo “renacentista” fue un explorador portugués del siglo XV, hijo del
monarca Juan I el Grande, durante cuyo reinado Portugal inició en territorio
africano un proceso de expansión colonial que le permitió llegar a regiones jamás
alcanzadas por el hombre europeo. Más tarde fijó su residencia en Sagres,
Portugal, cerca del cabo de San Vicente, donde construyó un observatorio y creó la
primera escuela para navegantes de Europa. Además, Enrique contribuyó al arte
de la construcción naval, aportando numerosas mejoras. Por ejemplo, en la ciudad
de Sagres se diseñó la “carabela” de uso oceánico.
La primera gran oleada de expediciones fue enviada por Portugal bajo el mandato
de Enrique el Navegante, con el único fin de buscar una ruta a la India.
Internándose en pleno Océano Atlántico se descubrieron las Islas Madeira en 1419
y posteriormente las Azores en 1427, convirtiéndose ambas en
colonias portuguesas. Portugal no podía disfrazar su interés económico, ya que
también era desde el norte de África, de donde provenían las especias, un género
de gran valor debido al esfuerzo para traerlas a Europa. Avanzando
progresivamente en el Atlántico a lo largo de las costas africanas, pasaron el cabo
de Buena Esperanza y entraron en el océano Índico impulsados por la demanda de
rutas alternativas del comercio en el Mediterráneo. Llegaron a la India en 1498, de
donde se traía la pimienta de gran importancia en una época que no había
conservantes refrigerados para la carne y, simultáneamente exploraron el
Atlántico Sur y desembarcaron en las costas de Brasil en 1500, y navegando hasta
el extremo de Asia, llegaron a China en 1513 y a Japón en 1543.
En síntesis: EL PROYECTO PORTUGUÉS Para los europeos era muy importante
el comercio con la India y la ruta que los comerciantes utilizaban era a través del
Mediterráneo.
Desde principios del siglo XV, los portugueses quisieron buscar una ruta
alternativa para hacerse con el comercio de las especias y de la seda.
El infante Enrique el Navegante, hijo de Juan I de Portugal, fue el impulsor de este
proyecto. Creó una escuela náutica, donde se formaron marineros de todo el
mundo.
Los primeros viajes Los portugueses avanzaron poco a poco. Tras la conquista de
Ceuta (1415), descubrieron las islas Madeira (1419) y Azores (1431). En 1434,
doblaron el cabo Bojador al Sur de Marruecos; en 1446 ocuparon las Islas de Cabo
Verde y, en el año 1462, se adentraron en el Golfo de Guinea En 1482, Diego Cao
descubrió la desembocadura del río Congo y, en 1487, Bartolomé Díaz alcanzó el
cado de Buena esperanza, en el extremo sur de África. Así consiguieron alcanzar el
océano Índico.
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La ruta hacia la India Cristóbal Colón ofreció al rey de Portugal su nueva ruta
para llegar a Asia viajando hacia el Oeste, pero justo en ese momento Bartolomé
Díaz había llegado al cabo de Buena esperanza y eso hizo que el monarca no
prestase mucha atención a su propuesta.
Los portugueses fueron los primeros en llegar a la India. Concretamente fue Vasco
De Gama en 1498 Ya en 1500, Pedro Álvares Cabral descubrió Brasil.
Los portugueses crearon un gran imperio marítimo. Iban fundando factorías
costeras (lugares de almacenaje y producción) que aseguraban el abastecimiento
de las naves y el control del comercio.
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Las carracas crearon una red marítima que conectaba Lisboa con todas sus colonias al
oeste y el Estado da India al este, tal como era conocido el imperio al este del cabo
de Buena Esperanza. Productos como oro, marfil, seda, porcelana Ming, y
especias, eran transportados y comercializados por todo el mundo. Otro comercio
importante fue el de esclavos, capturados en África occidental y meridional y
utilizados como mano de obra en las plantaciones de las islas del Atlántico Norte y
en América.
Las colonias clave
Las colonias más importantes del Imperio portugués fueron:
Madeira (fundada en 1419)
Azores (1431)
Cabo Verde (1462)
Santo Tomé y Príncipe (1486)
Cochín portuguesa (1503)
Mozambique portuguesa (1506)
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Goa portuguesa (1510)
Malaca portuguesa (1511)
Ormuz portuguesa (1515)
Colombo portuguesa (1518)
Brasil portugués (1532)
Macao portuguesa (ca. 1557)
Nagasaki portuguesa (ca. 1571)
Angola portuguesa (1571)
Las islas del Atlántico Norte
Los portugueses eran marinos intrépidos y por lo tanto es muy normal que sus
primeras colonias fueran islas relativamente remotas. Buscando nuevos recursos
de tierra para solucionar la falta de trigo en Portugal, los marinos navegaron hacia
el desconocido Océano Atlántico central. Los navegantes portugueses pudieron
organizar esas expediciones gracias al apoyo de personajes tan ricos y poderosos
como el príncipe Enrique el Navegante (Infante Dom Henrique, 1394-1460). Otra
enorme ventaja fue su diseño naval innovador y el uso de la vela latina triangular.
Imperio colonial portugués en la Era de las Expediciones
El primer grupo de islas en ser colonizado fue el deshabitado archipiélago
volcánico de Madeira. Con un rico suelo volcánico, un clima suave y suficiente
lluvia, las islas se utilizaron para cultivar trigo, viñas y caña de azúcar. Los
portugueses iban a establecer ahí el modelo, en muchos aspectos, que luego
copiarían todas las demás colonias. La Corona portuguesa dividió las islas y
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repartió ‘capitanías’ (donatarias) como parte de un sistema feudal diseñado para
animar a los nobles a financiar el desarrollo agrícola y comercial. La Corona
guardaba para sí la propiedad global, pero cada capitán (donatario) recibía ciertos
privilegios financieros y judiciales; ellos, a su vez, repartían pequeñas parcelas de
su tierra (semarias) para ser explotadas por sus seguidores, que tenían que
desbrozarlas y empezar a cultivarlas dentro de un plazo de varios años. Esas
capitanías se convirtieron en cargos hereditarios en muchos casos. Los colonos
llegaban atraídos por la esperanza de una vida mejor, aunque allí había, como en
todas las demás colonias que la siguieron, otros inmigrantes menos bienvenidos.
Eran los indeseables (degregados), personas rechazadas por las autoridades en
Portugal que eran llevadas a la fuerza a las colonias, tales como convictos,
mendigos, prostitutas reformadas, huérfanos, judíos y disidentes religiosos.
SANTO TOMÉ Y PRÍNCIPE SE CONVIRTIERON EN UN CENTRO DE
CONEXIÓN EN LA RED DE COMERCIO DE ESCLAVOS QUE ENVIABA
ESCLAVOS AFRICANOS A EUROPA Y A LAS AMÉRICAS.
Otro aspecto en el que Madeira se convirtió en modelo colonial fue el de las
plantaciones de caña de azúcar, creadas a partir de 1455. El éxito de este cultivo y
sus grandes necesidades de mano de obra llevó a la importación de esclavos de
África Occidental para trabajar en ellas. El sistema de plantación basada en el
trabajo de esclavos pasó a ser parte importante de la economía en el Nuevo
Mundo, que dio origen al terrible tráfico de seres humanos que fue el comercio de
esclavos a través del Atlántico.
Tras Madeira, y siguiendo el mismo patrón, siguió la colonización portuguesa de
las Azores y el archipiélago de Cabo Verde. Todas esas colonias se convirtieron en
puertos de escala de gran valor para las naves procedentes de India y las
Américas. Portugal y España se disputaron la posesión de las Islas Canarias, pero
el Tratado de Alcazobas-Toledo1 de 1479-80 y el Tratado de Tordesillas2 de 1494
establecieron, de forma atrevida, dos esferas de influencia, que abarcaban todo el
globo terráqueo. La poca concreción de esos acuerdos fue el origen de problemas
posteriores, tales como los derechos de Portugal sobre futuros descubrimientos en
África y de España sobre islas más allá de las Canarias, intereses que fueron
finalmente identificados como el Caribe e incluso las Américas.
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El tratado de Alcazobas supuso el fin de la guerra de Sucesión de Castilla (1475-
1479), en la que Alfonso V de Portugal apoyaba la legitimidad de su esposa —y
sobrina— Juana, hija de Enrique IV de Castilla, frente a la de la hermana de éste,
Isabel, casada con Fernando de Aragón.
2
El tratado estableció un meridiano a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo
Verde, es decir, en 46° 37' longitud oeste. Todos los territorios por descubrirse al
oriente de dicha línea quedarían bajo dominio portugués, mientras que España
tendría soberanía sobre los ubicados al occidente.
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Las islas del Atlántico Norte permitieron a la Corona portuguesa el acceso directo
al oro de África occidental, evitando a los estados islámicos del Norte de África.
Un obstáculo importante había sido el cabo Bojador, que al parecer bloqueaba a las
naves en su paso hacia el sur y su posterior regreso a Europa. La solución vino de
las islas del Atlántico y de un atrevido cambio de rumbo, lejos de la línea de costa
africana, para aprovechar mejor los vientos y las zonas de alta presión. Los
marinos portugueses ya podían navegar hacia el sur sin recelos, y el resultado
final fue la apertura de Asia a las naves europeas.
África occidental y la esclavitud
Los portugueses, ansiosos de acceder al comercio del oro y la sal de África
occidental, establecieron varios asentamientos comerciales fortificados a lo largo
de la costa meridional (actual Ghana), como por ejemplo Elmina, en 1482. Sin
embargo, los beneficios eran escasos debido a las enfermedades tropicales, la falta
de mano de obra y las reticencias de los gobernantes locales en permitir la
exportación de esclavos. Los jefes africanos querían intercambiar productos por
armas de fuego, pero los portugueses estaban en contra. Una estrategia mejor se
centró en las islas deshabitadas de Santo Tomé y Príncipe, localizadas frente a la
costa meridional de África occidental, que fueron colonizadas a partir de 1486.
Ambas islas participaron a fondo en el comercio de esclavos y, como en el
Atlántico Norte, se utilizó el modelo de capitanías para su desarrollo.
Los colonos de las islas fueron autorizados a comerciar con las comunidades de
África occidental, con mucho más éxito que los intentos hechos varias décadas
antes. Se establecieron asentamientos comerciales portugueses en el continente
hacia el sur, hasta Luanda (en la actual Angola), para aprovechar el comercio
africano, bien organizado, que transportaba las mercancías desde el interior a lo
largo de los ríos principales (p. ej. Gambia y Senegal) hasta la costa. Los productos
adquiridos incluían oro, marfil, pimienta, cera de abejas, resinas y maderas para
obtener colorantes. Los esclavos (hombres y mujeres) se adquirían en los reinos
del Congo y de Benin, cuyos gobernantes deseaban conseguir mercancías
europeas como tela de algodón, espejos, cuchillos y abalorios. Las islas servían de
punto de concentración de esclavos y de aprovisionamiento para los barcos que
transportaban la carga humana. Uno de cada cinco esclavos moría en el barco,
cifra que ascendía a uno de cada dos esclavos entre la captura inicial y la llegada a
su destino final. El comercio de esclavos por el Atlántico finalizó a mediados del
siglo XIX, pero incluso después se continuó importando esclavos desde Santo
Tomé y Príncipe, hasta la prohibición en 1908. En ese momento los esclavos fueron
reemplazados por trabajadores africanos, que tenían que ser repatriados después
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de un cierto número de años, pero sus condiciones de vida no eran muy distintas
de las que habían sufrido los esclavos que les precedieron.
Producción de azúcar de caña en tiempos de la colonia
Hubo pocos intentos de conquistas territoriales en África occidental, porque el
comercio era boyante y los europeos no disponían de los recursos militares
suficientes para desplegar esa política. Algunos asentamientos se fortificaron,
aunque normalmente con la autorización del jefe tribal africano local. Los
matrimonios mixtos entre europeos y africanos, reubicados en islas como las de
Cabo Verde, dieron lugar a una cultura afro-portuguesa, con gran influencia
religiosa y artística africana. Eran frecuentes los habitantes mestizos de Cabo
Verde (mulatos) que se establecían en los asentamientos comerciales de la costa
africana.
Hubo intentos de saltarse a los jefes africanos y adquirir esclavos directamente del
interior, pero esa política estropeó las relaciones con el Congo. La situación se
deterioró aún más tras una reacción contra los misioneros cristianos, al
desmoronarse las tradiciones culturales y las lealtades tribales. Los europeos se
vieron obligados a seguir descendiendo por la costa hasta el reino de Ndongo, en
el que su interferencia originó una serie de guerras, en una región que pronto se
convertiría en la Angola portuguesa.
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África oriental
Cuando en 1498 el explorador Vasco de Gama (ca. 1469-1524) dobló el cabo de
Buena Esperanza entrando en el Océano Índico, los portugueses consiguieron de
repente el acceso a toda una nueva red de comercio entre africanos, indios y
árabes, que había funcionado durante siglos, pero que con la llegada de los
portugueses el comercio se transformó en violenta. Con su superioridad naval y
artillera, los portugueses hundían las naves rivales, mataban o apresaban a sus
tripulaciones y confiscaban sus cargamentos. El hecho de que la mayoría de los
mercaderes fuera musulmana era un motivo adicional para los europeos, todavía
impregnados de una mentalidad de cruzados.
Los ataques portugueses contra las ciudades comerciales independientes de la
Costa Swahili y el reino insular de Mutapa, en el sur (Zimbabue / Zambia) no
aportaron beneficios tangibles, porque los mercaderes simplemente los evitaron o
se trasladaron hacia el norte. Cuando los portugueses conquistaron y fortificaron
ciudades como Malindi, Mombasa, Pemba, Sofala y Kilwa, se encontraron con que
ya habían perdido los socios comerciales de esas ciudades-estado. Entonces
llegaron los árabes omaníes; deseosos de mantener el control de sus rutas
comerciales por el Mar Rojo y reestablecer las antiguas redes, se desplazaron a la
Costa Swahili, haciéndose con numerosas ciudades, incluyendo Mombasa
portuguesa en 1698. El fracaso en el África Oriental empujó a los portugueses
hacia el sur, hasta Mozambique, aunque ya estaban completamente distraídos por
el potencial de otra zona del mundo recién descubierta: la India.
La India y las especias
Uno de los principales objetivos de Vasco de Gama era encontrar una ruta
marítima hasta Asia, de forma que Portugal pudiera tener acceso directo al
lucrativo comercio de las especias, como pimienta, jengibre, clavo, nuez moscada y
canela, que alcanzaban precios elevados en los mercados, desde Inglaterra hasta
China. Cuando llegó a la Costa Malabar de la India, el marino se encontró con un
valioso mercado en funcionamiento. La ciudad de Calicut (Kozhikode) resultó
poco amistosa, aunque en posteriores expediciones portugueses se encontró más
prometedora a Cochín (Kochi), la gran rival de Calicut. Mediante un acuerdo con
el gobernante local, los portugueses se establecieron allí para hacer grandes
negocios, construyendo una fortaleza en 1503. Desafortunadamente, se
encontraron con un grave problema: muy pocos estaban interesados en los
productos europeos. En consecuencia, adoptaron la misma estrategia que en la
Costa Swahili: la superioridad naval y artillera se utilizó para hacerse por la fuerza
con la red comercial del Océano Índico y establecer un monopolio en el comercio
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de especias. Otras ciudades costeras fueron conquistadas, especialmente Goa, que
en 1530 reemplazaría a Cochín como capital del Estado da India.
El virrey portugués de India, que residía en Goa, estaba en la cumbre de
la pirámide de poder, creada con el objetivo principal de controlar el comercio.
Era el gobernador civil y militar de la India portuguesa y rendía cuentas
solamente al rey de Portugal. En Lisboa, el conselho (consejo) ultramarino asesoraba
al monarca sobre los asuntos de las colonias de ultramar, mientras que la Casa da
India era la agencia de la corona que supervisaba todas las comunicaciones y el
comercio con Asia.
En Goa, como en la mayoría de las demás colonias, había una cámara, un consejo
que decidía sobre asuntos locales, como los impuestos. Los asuntos religiosos eran
dirigidos por un arzobispo u obispo, y todas las grandes órdenes religiosas,
especialmente la Compañía de Jesús, establecieron iglesias, monasterios,
conventos y hospitales. La Hermandad de la Misericordia, a través de sus filiales,
ofrecía a los pobres servicios esenciales de bienestar social. Los asuntos legales
eran responsabilidad del Alto Tribunal de Goa y de tribunales locales en cada
colonia. Un capitán mandaba sobre la fuerza militar local, que normalmente
residía en un fuerte, y un factor era el responsable del comercio real y de recaudar
los lucrativos derechos de aduana de los demás tipos de comercio. Así era el
modelo aplicado en la mayoría de colonias.
Catedral de Santa Catalina. Goa, India
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Los portugueses hicieron serios esfuerzos para establecer un monopolio en el
comercio de especias entre Asia y Europa, así como dentro de Asia. Los mares ya
no eran libres, y los mercaderes sin licencia eran arrestados o ejecutados, y sus
mercancías confiscadas. Ciertos puertos eran restringidos, las naves tenían que
llevar un pasaporte emitido por los portugueses (cartaz) y a menudo estaban
obligados a navegar en convoyes protegidos por los portugueses (cáfilas). Los
derechos de aduana se cobraban en los puertos, y representaban
aproximadamente el 60 % de todos los ingresos portugueses en Oriente. Sin
embargo, muchos mercaderes evitaban a los europeos, algunas ciudades oponían
resistencia armada y el imperio era demasiado grande y la mano de obra
demasiado escasa para controlar incluso una pequeña parte del comercio en curso
por Asia. Al ir madurando el imperio, esas consideraciones prácticas llevaron a los
portugueses a relajar su manía por los monopolios comerciales.
Extremo Oriente
Otra estrategia portuguesa para controlar el comercio era encontrar el origen de
las apreciadas especias, muchas de las cuales procedían de un pequeño grupo de
islas de Indonesia, las Islas de las Especias (las islas Malukku o Molucas). La
mayor parte era enviada a Malaca (Melaka), en la costa sudoccidental de la
península malaya, desde la que se controlaba el estrecho de Malaca, que comunica
el Océano Índico con el Mar de la China Meridional. Una flota portuguesa al
mando de Alfonso de Albuquerque (1453-1515) conquistó Malaca en 1511, y a
partir de 1512 se consiguió la madera de sándalo en los asentamientos informales
en Timor.
Los portugueses querían acceder al lucrativo mercado de la seda china, por lo que
fundaron la Macao portuguesa en una península en el delta del Río de las Perlas,
en la China meridional, cerca de Guangzhou (Cantón). De manera análoga, en
1571 se fundó la colonia de Nagasaki portuguesa en la costa noroccidental de la
isla japonesa de Kyushu, dando acceso a los productos comerciales de ese país,
principalmente la plata. Los barcos portugueses, cargados de productos para
comerciar, navegaban regularmente entre Lisboa, Goa, Malaca, Macao y Nagasaki,
su colonia más oriental. En 1639 el gobierno japonés expulsó del país a todos los
extranjeros, como parte de una política permanente de aislamiento y reacción
contra la difusión del cristianismo, de forma que Nagasaki hubo de ser
abandonada.
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Mercaderes portugueses por pintores japoneses
Brasil
Brasil fue 'descubierto' por los portugueses en 1500, y llegaría a ser su colonia más
importante. Brasil era rica en recursos naturales tales como maderas duras,
diamantes y oro (de la región de Minas Gerais). Se repartieron capitanías, con San
Vicente como primer asentamiento portugués, en 1532. El primer gobernador fue
nombrado en 1549, y Brasil se convirtió en una colonia oficial de la Corona, con
capital en Salvador de Bahía (reemplazada por Río de Janeiro en 1763). En 1572 se
nombró un virrey.
El modelo de plantación colonial con esclavos africanos o amerindios se introdujo
aquí en mucho mayor escala que en ningún otro sitio, y Brasil se convirtió en el
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primer productor mundial de azúcar, y luego de tabaco. Sólo en el primer cuarto
del siglo XVII se enviaron a Sudamérica, a través del Atántico, 150.000 esclavos
africanos. La abolición del comercio de esclavos por un Brasil independiente, en
1853, daría fin a ese comercio transatlántico.
Otra víctima de la colonización, además de los esclavos, fueron los amerindios
Tupí-Guaraníes, cuyos poblados y cultura fueron sistemáticamente destrozados,
forzando a los que quedaron a huir hacia el interior de la selva pluvial. Hasta 1755
los amerindios no serían reconocidos como súbditos libres y de pleno derecho de
la Corona portuguesa.
La sociedad colonial brasileña, como en otros sitios, se componía de varias capas.
Los europeos tenían el estatus más alto, y la exhibición social se realizaba
normalmente por medio de ropas extravagantes y del número de esclavos,
sirvientes y gente armada de que disponían. Los europeos se dividían a su vez en
tres clases: los nacidos en Europa, los nacidos en las colonias y los mestizos (había
muy pocas mujeres europeas en las colonias). Por encima había otros cuatro
niveles basados en la pertenencia a la nobleza, el clero, el ejército, y todos los
demás (subdivididos en casados y solteros). También había visitantes europeos,
como comerciantes marítimos y mercaderes locales de la zona. Finalmente estaba
la población local, muy mayoritaria como en cualquier otra colonia , que podía
estar dividida por sus propias escalas sociales y por factores tales como su
conversión al cristianismo. En el nivel más bajo de la sociedad colonial estaban los
esclavos.
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Mujeres esclavas, Brasil
África meridional
Los portugueses colonizaron la región de Angola a partir de 1571, que se convirtió
en el primer territorio colonial europeo en África (frente a los simples
asentamientos o ciudades-estado costeras). El reino de Ndongo (formado en ca.
1500) colapsó, no sin ser antes aprovechado como aliado contra el Congo, al norte.
Los europeos disfrutaban de la ventaja de las armas de fuego, y así fue como
empezó la primera conquista territorial portuguesa. Era un siniestro presagio de lo
que iba a tener lugar en toda África en los siguientes siglos.
De nuevo los colonos portugueses se mezclaron con los locales en la región de
Angola para crear una raza mixta conocida como luso-africana. Ellos y sus
descendientes, basados en Luanda y otros pocos asentamientos costeros, trataron
de conseguir el control del interior de Angola, donde emergía el nuevo reino de
Matamba, en un siglo de luchas conocido como las Guerras de Angola. La colonia
resultó decepcionante para Portugal. Las muy comentadas minas de plata del
interior resultaron ser sólo una leyenda, los recursos eran limitados, y las
esperanzas de difundir el cristianismo excesivamente ambiciosas. Algunos colonos
privados y comerciantes prosperaron, asegurando la continuidad del principal
comercio de la colonia: los esclavos. A finales del siglo XVI, de Angola salían unos
10.000 esclavos al año, que se enviaban directamente desde Luanda a Brasil y otros
lugares de América. Las comunidades angoleñas, que ya se tambaleaban por causa
de la viruela y otras enfermedades traídas por los europeos, resultaron devastadas
por ese comercio.
Al otro lado del África meridional, los portugueses habían creado otro gran
territorio colonial: Mozambique (tomando el nombre de África Oriental
portuguesa en el siglo XIX). Los primeros colonos portugueses llegaron a la isla de
Mozambique en 1506, al crearse una capitanía; no resultó ser tan rica en oro como
se esperaba, pero había marfil y esclavos. Mozambique pasó a formar parte
del Estado da India desde 1571 hasta 1752 y las carracas comerciaban directamente
con Goa como parte de la ruta conocida como carreira da India. En el interior se
desarrolló un sistema conocido como prazo, por el que los jefes africanos cedían
tierras y derechos comerciales y tributarios a los portugueses y afro-portugueses,
reconocidos formalmente por la Corona portuguesa. En contrapartida, quien era
nombrado (un muzungo) tenía que asegurar la justicia en su territorio, supervisar
los rituales tradicionales y dar el visto bueno a los jefes de aldeas más pequeñas
dentro de su jurisdicción. Para mantener su posición, los muzungos tenían sus
ejércitos privados de sirvientes armados (chicunda), que podían llegar a varios
miles de africanos. Hacia 1637 existían al menos 80 prazos, la mayoría actuando
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con independencia de la débil administración portuguesa basada en la capital,
Maputo.
Isla de Mozambique
La Corona portuguesa dejó que la colonia fuera explotada por empresas privadas
como la Compañía de Mozambique y la Compañía de Niassa. La falta de una
administración central y el éxito de los británicos en el África meridional dieron al
traste con el sueño de conectar sus dos colonias africanas, Angola y Mozambique.
Decadencia, descolonización y legado
Además de la omnipresente amenaza por parte de los jefes locales, los
portugueses afrontaron una dura competencia de otras potencias marítimas
europeas, que pronto empezaron a fijarse en su imperio con envidia. Eso era así
especialmente por la falta de mantenimiento de los fuertes portugueses y el
aislamiento general de las ciudades costeras, que no tenían población local que
pudiera acudir en su ayuda. Nada les gustaba más a los corsarios ingleses y
franceses que capturar barcos mercantes portugueses, cuando estaban en alta mar.
Otra gran amenaza llegó, irónicamente, personificada en un explorador
portugués, Fernando de Magallanes (ca. 1480-1521) quien, al servicio de España
en 1519-22, navegó a través del extremo sur de Sudamérica y fue el primero en
abrir una ruta a través del Océano Pacífico hasta Asia Oriental. La expedición
finalmente completó la vuelta al mundo, aunque lo crucial resultó ser el acceso al
comercio de especias. Otros países europeos siguieron la estela de Magallanes, y
de repente los portugueses perdieron todas las esperanzas de establecer un
monopolio comercial en Oriente.
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La amenaza más amplia y exitosa a los territorios portugueses vino de los
holandeses, que atacaron Mozambique en la primera década del siglo XVII, Macao
en 1622 y 1626, y Angola en 1641. En las décadas de 1620 y 1630, los holandeses
atacaron y ocuparon partes del norte de Brasil. Conquistaron Malaca en 1641,
Colombo en 1656 y Cochín en 1663. Los británicos eran la otra gran amenaza
creciente, que ayudaron a los árabes a recuperar Ormuz en 1622.
En el siglo XVIII, los portugueses se vieron obligados a conceder en Brasil
derechos comerciales muy favorables a las potencias marítimas superiores,
Inglaterra, Francia y Holanda. Los británicos incluso ocuparon Goa entre 1799 y
1815. Hubo también amenazas internas. En Brasil, la gente quería igualdad de
derechos para todos los ciudadanos, y consiguieron la independencia en 1822.
Declararon a Pedro I (r. 1822-1831) como su rey y primer emperador de Brasil.
Pedro era el hijo de Juan VI de Portugal (r. 1816-1826), y ambos países
mantendrían lazos estrechos en lo sucesivo.
Iglesia de San Francisco, Cidade Velha, Cabo Verde
Durante el siglo XX, muchas colonias portuguesas se perdieron a manos de
potencias rivales o bien por guerras civiles. De las que quedaban, Madeira y
Azores pasaron a ser regiones autónomas de Portugal, y Goa a ser parte de la
India en 1962. El gobierno portugués, por aquel entonces una dictadura militar
bajo Antonio Oliveira Salazar (gobernó de 1932 a 1968) no quiso ver la inutilidad
de luchar contra los movimientos de independencia africanos, lo que provocó
guerras sangrientas tanto en Angola como en Mozambique. Las islas de Cabo
Verde, Santo Tomé y Príncipe, Timor Oriental, Angola y Mozambique
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consiguieron la independencia de Portugal en 1975. Macao fue devuelta a China
en 1999.
El imperio colonial portugués trajo consigo muchos desastres para la población
indígena: esclavitud, guerras, ruptura de las redes comerciales, fin de las
actividades culturales tradicionales, deforestación y enfermedades, por nombrar
algunas. Otras consecuencias fueron la adopción del portugués como lengua
principal y de la religión católica, en muchas partes del mundo actual. Los
portugueses también fueron responsables de diseminar la flora y la fauna por todo
el mundo, a veces con efectos desastrosos sobre ecosistemas locales, pero también
con éxitos notables, porque cultivos como la yuca, el maíz y la caña de azúcar se
hicieron comunes en sitios completamente nuevos. Finalmente, los portugueses
fueron los primeros en crear un auténtico imperio global en varios continentes,
aunque fuera disperso e inestable. Quizás su mayor legado es el hecho
desafortunado de que otras potencias europeas se dieran cuenta de las
posibilidades del imperialismo y empezaran a explotar a los pueblos de todo el
mundo a una escala incluso superior, cuando el colonialismo se convirtió no sólo
en una mera cuestión de control del comercio, sino del territorio, los recursos y la
población.
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Vista de la factoría portuguesa de Elmina, en la actual Ghana. El castillo
de Elmina defendía y albergaba la base comercial portuguesa, desde la
que los factores comerciaban con esclavos y especies.
Factoría (del latín facere (hacer); en portugués, feitoria) es el nombre que durante
la Edad Media y la Edad Moderna se daba a los puestos comerciales destinados a
promover el comercio entre el país u organización que establecía la factoría, y las
regiones en las que se radicaba. Las factorías podían estar situadas en una colonia
gobernada por una metrópolis, o en un territorio extranjero. Podían estar
gestionadas directamente por agentes nombrados por la metrópolis, o por
compañías comerciales, o por organizaciones de mercaderes extranjeros que
residían en una misma población o territorio.
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Preguntas y respuestas
¿Qué países estuvieron bajo el imperio portugués?
El Imperio portugués controlaba las Azores, Madeira, Cabo Verde y Santo
Tomé y Príncipe en la costa de África; Cochin, Goa y Colombo en el
subcontinente indio; Macao y Nagasaki en Asia oriental; Mozambique y
Angola en África; y Brasil.
¿En qué se diferenciaban los imperios portugués y español?
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Los imperios portugués y español eran diferentes porque los españoles
conquistaron grandes extensiones de tierra mientras que los portugueses
prefirieron controlar solo los principales puertos comerciales.
¿Por qué cayó el imperio portugués?
El imperio portugués cayó porque era muy difícil controlar un gran imperio
en todo el mundo y había mucha competencia de otros estados europeos
más ricos y poderosos como los Países Bajos, Inglaterra y Francia que
también querían formar sus imperios.
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¿POR QUÉ CHINA NO DESCUBRIÓ AMÉRICA?
Todos hemos aprendido durante nuestros años de colegio que Cristóbal
Colón descubrió «accidentalmente» América el 12 de octubre de 1492, el «Tierra a
la vista» de Rodrigo de Triana, las carabelas Santa María la Pinta y Niña, los
posteriores viajes y todo lo que supuso para España aquel histórico momento.
También es cierto que Cristóbal Colón no fue el primer europeo en pisar el
continente americano; años atrás, en torno al año 1000, los vikingos de Erik el
Rojo y su hijo, Leif Eriksson3, llegaron desde Groenlandia a las costas de
Terranova en Canadá, siendo célebres los relatos de las Vinland Sagas (Saga de los
Groenlandeses y la Saga de Erik el Rojo). El asentamiento de L’Anse aux
Meadows4 es una prueba de ello; sin embargo, la colonización vikinga del «Nuevo
Mundo» no prosperó debido a las hambrunas, las inclemencias del tiempo y los
ataques de tribus hostiles como los Micmac o Surike (llamados Skraeling por los
vikingos), causas que llevaron a los vikingos a retirarse de «Vinland» y abandonar
sus planes. Hasta la fecha, tanto Colón y sus hombres como los vikingos que
llegaron desde Groenlandia a la costa este de Canadá, son considerados
propiamente como descubridores… y no faltan tampoco otras hipótesis y casos
que se suman a dicho descubrimiento, siendo las más conocidas la del enigmático
mapa del el almirante otomano Piri Reis (todo apunta a que se copió un mapa del
propio Colón tras la captura de unos barcos españoles fondeados en Valencia), o el
caso que nos ocupa en esta historia: el almirante chino Zheng He y la flota del
tesoro china.
En 2006 corrió como la pólvora la noticia de que había aparecido en Pekín la copia
de un mapa del propio almirante Zheng He en el que aparecía ya detallado el
continente americano. Dicho mapa era supuestamente de 1418, nada menos que 74
años antes de la llegada de Colón. Mucha gente duda de la autenticidad de dicho
mapa, entre otras cosas, por el detalle con el que está dibujado, porque la copia
mostrada era de 1763… y la razón de peso que nos lleva a pensar que China no
descubrió América es la propia historia de Zheng He.
3
Donde habían fundado la primer colonia groenlandesa (“Groenlad” era una gran mentira inventada por la
familia de Erik el Rojo, literalmente “Tierra Verde” de verde no tenía nada, hoy es una colonia
dinamarquesa.
4
L'Anse aux Meadows. En 1963 los arqueólogos encontraron las ruinas vikingas de L'Anse aux Meadows
("La ensenada de las medusas"), en la punta septentrional de la isla de Terranova (Canadá), que
corresponden a la descripción que hizo Leif Eriksoon de este lugar.
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Supuesto mapa de Zheng He
Zheng He nació en 1372, en la aldea de Hedai, en la provincia montañosa de
Yunnan, y no siempre fue conocido con ese nombre, su verdadero nombre era Ma
He. En esa época, el poder de los mongoles había comenzado a decrecer y a ser
reemplazado por los Ming. La familia de Zheng He había luchado junto a los
mongoles y pertenecía a una casta foránea, concretamente a los hui (aquellos que
se expresan en chino y son musulmanes). Siendo un niño, había sido capturado
por los Ming y posteriormente castrado. Ya como un eunuco, fue enviado a Beijing
para servir en la corte del príncipe Zhu Di (futuro emperador Yongle), donde
juntos, Zheng He y Zhu Di, conspiraron para derrocar a Jianwen, emperador por
aquel entonces de China y sobrino del mismísimo Zhu Di. Tras los
enfrentamientos, tomaron la capital, Nanjing, y en 1402 el príncipe Zhu Di fue
coronado como emperador Yongle. El emperador Yongle es considerado por
muchos como el Pedro el Grande5 chino, debido a que los territorios de China
crecieron más y más. Como recompensa por sus acciones durante la rebelión
contra el emperador Jianwen, Zheng He fue nombrado almirante. Tras alcanzar el
poder, una de las prioridades del emperador Yongle fue impulsar el comercio
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Pedro I —más conocido como Pedro el Grande— es ampliamente recordado por occidentalizar Rusia, pero
también por extender su territorio, creando una poderosa base naval. Muchos historiadores le conceden a
quien fuera zar entre 1682 y 1725 el haber convertido a Moscú en una gran potencia europea.
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marítimo como importante y provechosa fuente de ingresos (actividad mal vista
hasta su llegada).
Zheng He, ya como almirante, se le encomendó la difícil tarea de construir una
poderosa flota para navegar y comerciar por los mares de Oriente. Con unos
mapas viejos y desfasados, unos pocos barcos y apenas tripulación, se puso manos
a la obra. Ordenó construir gigantescos astilleros en la ribera del río Yangtze, a las
afueras de Nanjing, que entre 1403 y 1407 fueron capaces de fabricar alrededor de
1600 barcos. Esta flota no fue creada únicamente para fines económicos, también
para combatir la piratería, establecer nuevas relaciones diplomáticas, la búsqueda
de animales exóticos, plantas medicinales… La flota de Zheng He era una
auténtica ciudad flotante compuesta por todo tipo de barcos, entre los que
destacaban los llamados Barcos del Tesoro. Se desconocen sus verdaderas
dimensiones, ya que no se ha conservado ni uno, pero se calcula que eran de 120
metros de largo, 50 metros de ancho y con más de 5 mástiles… toda una fortaleza
flotante que poco o nada tenía que ver con otros navíos de la época en Europa.
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La imponente flota del almirante Zheng He realizó hasta siete viajes por los mares
y costas de Oriente. Pese a que había soldados en los navíos, Zheng He no los
utilizó con fines expansionistas o colonialistas, más bien como fuerzas disuasorias
o como tropas de refuerzo para defender los intereses de los aliados de China.
Para hacernos una idea de los beneficios obtenidos de estos viajes, en 1412 se
financió la construcción de una torre de 80 metros de alto en Nanjing, la Torre de
la Porcelana, destruida en 1856 por los Taiping. China, durante el reinado del
emperador Yongle, vivió un esplendor sin precedentes: se edificaron importantes
obras arquitectónicas como la citada Torre, la Ciudad Prohibida, se retomaron
obras de reparación y construcción de nuevos tramos en la Gran Muralla,
prosperó el comercio…
Viajes de Zheng He
El primer viaje del almirante fue en 1405, con cerca de 320 barcos y 28.000
hombres. Durante los más de dos años que duró la expedición, visitaron Sumatra
y Sri Lanka, se enfrentaron a los piratas cerca de Malaca (Malasia) y llevaron a
China a varios embajadores extranjeros. En el segundo viaje, la flota y tripulación
fue mucho más pequeña que en el primero (unos 70 barcos), ya que el objetivo era
devolver a su hogar a los embajadores extranjeros que habían traído a China. En el
tercer viaje, en 1409, el número de barcos y de hombres fue incluso más modesto,
apenas 50 barcos, pero aún así visitaron Vietnam, Temasek (actualmente
Singapur) y nuevamente Malaca. Estos primeros viajes mejoraron las relaciones
comerciales con el sudeste asiático, pero el emperador Yongle fijó a Zheng He una
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nueva misión: la exploración de Arabia y África, lugares que no eran del todo
desconocidos por los chinos.
En el cuarto viaje, Zheng He partió de China el año 1414 con unos 63 navíos y
llegó hasta la India y las Maldivas. En este viaje, como curiosidad, Zheng He llegó
a China con el rey de Bengala como invitado y éste obsequió al emperador Yongle
con un «qilin» (un animal mitológico similar al unicornio que aparecía cuando los
gobernantes eran justos, aunque en realidad era simplemente una jirafa). Sea como
fuere, muchos felicitaron al emperador por ese símbolo de buen augurio. En el
quinto viaje, ya en 1416, Zheng He visitó los puertos habituales del sudeste
asiático y esta vez sí que llegó hasta la península Arábiga y Somalia. En el sexto
viaje, la flota repitió los destinos habituales y Zheng He fue invitado a la
inauguración de la Ciudad Prohibida.
Las cosas comenzaron a torcerse en el que sería ya el séptimo y último viaje de la
flota imperial china. Los confucionistas, partidarios del aislacionismo, comenzaron
de nuevo a ganar terrero e importancia en la corte del emperador Yongle, la
construcción de nuevos barcos comenzó a decaer tras la remodelación del Gran
Canal en 1411 (dicho canal ofrecía una ruta mucho más rápida y segura que la
marítima), comenzaron también los problemas internos: hambrunas, epidemias,
déficit, inflación, guerra con los rebeldes vietnamitas del norte del país… y la
muerte del principal valedor de Zheng He en 1424, el emperador Yongle. El hijo
de Yongle, el emperador Hongxi, pese a que solo reinó durante 9 meses, se mostró
partidario de cancelar las expediciones navales. Xuande, el sucesor de Hongxi,
ante la crisis que se cernía sobre China, ordenó iniciar los preparativos del que
sería el último viaje de Zheng He. En 1430 zarpó desde China una flota similar a la
del primer viaje con más de 300 barcos. Esta gran flota se dividió en dos: una
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marchó por África (llegando hasta Kenia y Mozambique) y la otra, con Zheng He
al mando, puso rumbo al Golfo Pérsico. Zheng He falleció antes de llegar a su
destino y pese a que tiene una tumba en China, está vacía. Como buen lobo de
mar, fue enterrado en el océano. La flota regresó a China sin su almirante, pero
con nuevos productos, embajadores y hasta varios «qilin» más. La situación se
desmoronó con la muerte del Xuande. Su sucesor, Jungtong, de tan solo 7 años de
edad, fue capturado por los mongoles en 1449. Los confucionistas, con una fuerte
presencia en la corte, una gran influencia en China y mucho más conservadores
que anteriores emperadores, prohibieron la construcción de barcos con más de dos
mástiles y la navegación marítima mediante el edicto Hai Jin. Para evitar futuros
despilfarros, parte de los viajes de Zheng He fueron «borrados» por los
funcionarios del nuevo emperador Ming. Los mongoles volvían a ser una seria
amenaza en el norte de China y se necesitaban soldados para defender las
fronteras, cosa que hizo insostenible el elevado gasto que requería mantener las
flotas del tesoro.
Sea como fuere, las expediciones de la flota imperial china terminaron de forma
tajante y ello favoreció en gran medida la navegación y la exploración europeas.
De haber seguido con sus expediciones, lo más probable es que hoy al sur de
EEUU se hablase chino y no castellano. Como todos sabemos, unos años más tarde
y desde otro lugar del mundo, un tal Cristóbal Colón ponía rumbo a…
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