2.
INTRODUCCIÓN
Las bebidas alcohólicas están presentes en nuestra sociedad desde hace siglos y su consumo es habitual por gran
parte de la población. Muchas de las personas que consumen no parecen sufrir efectos negativos, pero muchas otras
los sufren tanto a corto como a largo plazo. El alcohol es uno de los principales factores de riesgo de carga de enfer-
medad en España y, además de ser una sustancia adictiva que puede ocasionar dependencia, contribuye al desarrollo
de múltiples problemas de salud y lesiones, incluyendo enfermedades cardiovasculares, hepáticas, neuropsiquiátricas
y enfermedades transmisibles, entre otras. También existe una sólida evidencia de la asociación del consumo de alcohol
y ciertos tipos de cáncer, con una relación dosis-respuesta demostrada, lo que implica que cualquier nivel de consumo
aumenta el riesgo de cáncer[1,2]. Además, el impacto de su consumo va más allá de la salud de la persona que lo hace,
ya que también puede producir daños a terceras personas como lesiones por tráfico, violencia o Trastornos del Espectro
Alcohólico Fetal (TEAF). Más allá de la salud, tiene efectos también en la economía y la sociedad en su conjunto. Es un
hecho que la distribución del consumo y sus consecuencias no son homogéneas en la sociedad, afectando principal-
mente a los grupos más desfavorecidos y contribuyendo a incrementar desigualdades.
Para poder reducir los daños producidos por el consumo de alcohol es necesario un abordaje intersectorial y construirlo
requiere analizar y utilizar los datos y el conocimiento disponibles. Esta monografía se ha preparado para contribuir a
este proceso, con voluntad de agrupar en un documento integral mucha de la información ya existente que se encuentra
dispersa en diferentes fuentes. Incorpora elementos procedentes de los sistemas de información del Observatorio Es-
pañol de las Drogas y las Adicciones (OEDA), junto con información de otras fuentes fiables relevantes. Así, aspira a ser
un documento útil para todos los actores implicados, con una vocación de actualización periódica que permita disponer
de información reciente en cada momento.
2.1. sItuACIón A nIvEl MundIAl
El consumo de alcohol tiene la particularidad de ser un factor que incrementa el riesgo de discapacidad y muerte por
una diversidad de causas, con bajas fracciones atribuibles a la población para las afecciones individuales, pero con una
elevada carga global. Concretamente, está asociado a más de 200 problemas de salud y lesiones, incluyendo enfer-
medades no transmisibles cardiovasculares, hepáticas, neuropsiquiátricas y enfermedades transmisibles entre otras[2].
De acuerdo con la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), el alcohol es un carcinógeno del grupo
A[3] y su consumo supone un riesgo dosis-dependiente para desarrollar algunos tipos de cáncer (cavidad oral, faringe,
laringe, esófago, colon-recto, mama (mujer) y hepato-carcinoma). No existe un nivel seguro de consumo de alcohol
para el cáncer, ya que el riesgo empieza a aumentar incluso con niveles bajos de consumo[4]. Todos los tipos de bebidas
alcohólicas, como la cerveza, el vino y los licores, están relacionados con el cáncer, independientemente de su calidad
y precio[5]. Sin embargo, a pesar de la sólida evidencia científica existente sobre la relación entre alcohol y cáncer, la ma-
yoría de la población general desconoce esta relación.
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El informe sobre la Carga Global de Enfermedades en 2016[6] demuestra claramente la contribución del alcohol a la
mortalidad, la discapacidad y los problemas de salud, a nivel mundial. La carga de enfermedad se concentra especial-
mente en la población entre 15 y 49 años, para quienes el alcohol fue el principal factor de riesgo a nivel mundial en
2016, con un 3,8% de las muertes de mujeres y el 12,2% de las muertes de hombres atribuibles al consumo de alcohol.
En comparación con otros importantes factores de riesgo de Enfermedades No Transmisibles (ENT), como el consumo
de tabaco, el consumo de alcohol contribuyó a una mayor proporción de muertes en adultos jóvenes de 20 a 24 años,
superior entre los hombres (26,7%) que entre las mujeres (14,2%). Debido a su impacto desproporcionado en los más
jóvenes, es una de las principales causas de pérdida de años de vida laboral y, por tanto, de pérdidas de desarrollo
económico y productividad. La carga económica que supone la reducción de la productividad en el lugar de trabajo por
el consumo de alcohol es considerable y afecta a la salud mental y al bienestar de las personas, las familias, los amigos,
las comunidades y la sociedad en su conjunto[7].
Para la población de 50 años o más, el cáncer supuso la mayor proporción de muerte atribuible al alcohol con un 27,1%
del total en mujeres y un 18,9% en hombres. El nivel de consumo de alcohol que minimizó el daño en los resultados de
salud fue de cero Unidades de Bebida Estándar (UBE)a por semana[6]. Es el único factor de riesgo para el que la carga
atribuible se ve afectada por dos factores, el nivel medio de consumo, así como el patrón de consumo de alcohol[7].
A nivel mundial en 2020, se estimó que el 4,1% de todos los nuevos casos de cáncer fueron atribuibles al consumo de
alcohol, los hombres representaron el 76,7% del total de los casos, y los tipos de cáncer con más casos atribuibles al
alcohol fueron los de esófago, hígado y mama (en la mujer). Los patrones de mayor consumo (20-60 g/d y por encima
de 60 g/día) contribuyeron más a la carga mundial de cánceres atribuibles al alcohol, pero el consumo de 20g/día o 10
g/día, equivalente a una o dos UBEs por día fue responsable de más de 100.000 casos de cáncer en 2020, lo que re-
fuerza la idea de que no hay un nivel de consumo seguro. Los autores concluyen que el consumo de alcohol causa una
carga sustancial de cáncer, una carga que potencialmente podría evitarse con políticas e intervenciones que aumentaran
la conciencia del riesgo de alcohol y disminuyeran el consumo de alcohol[8].
Debido a la carga atribuible al alcohol, el seguimiento y la vigilancia del consumo de alcohol forman parte de varios mar-
cos internacionales, sobre todo del Plan de Acción Mundial de la OMS para la Prevención y el Control de las Enferme-
dades No Transmisibles 2013-2020[9] (con la meta específica de reducción relativa de al menos un 10% del uso nocivo
del alcohol), del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 3.5 (fortalecimiento de la prevención y el tratamiento del con-
sumo nocivo de alcohol) y la Estrategia mundial para reducir el uso nocivo del alcohol de la OMS[10]. La OMS actualmente
está elaborando el Plan de Acción 2022-2030[11].
2.2. sItuACIón A nIvEl EuROpEO
La Región de Europa de la OMS sigue teniendo los niveles más altos de consumo de alcohol per cápita del mundo a
pesar de que disminuyó el consumo de 12,3 litros en 2005 a 9,8 litros en 2016[2]. Por ello, en 2019 se realizaron dos
consultas para conocer la implementación en cada país del “Plan de Acción europeo de la OMS dirigido a reducir el
consumo de riesgo de alcohol 2012-2020”[12], en especial la iniciativa SAFER[13], dirigida a apoyar el objetivo mundial de
reducir el uso nocivo del alcohol en un 10% para 2025, con el fin de prevenir y reducir las muertes y discapacidades re-
lacionadas con el alcohol.
Los resultados de la consulta concluyeron que, desgraciadamente, no se habían implementado en la mayoría de los
países las 5 acciones con evidencias científicas más costo-efectivas incluidas en la iniciativa SAFER: aumento del precio
de las bebidas alcohólicas a través de aumento de los impuestos especiales y políticas de precios, aplicación de pro-
hibiciones o restricciones de la publicidad, el patrocinio y la promoción del alcohol así como el fortalecimiento de las
restricciones de la disponibilidad de alcohol.
Resaltan que, para reducir el consumo y los daños atribuibles al alcohol, son necesarias recomendaciones políticas es-
pecíficas basadas en la evidencia, capaces de hacer frente también a los retos actuales, como las restricciones a la co-
a. 1 Unidad de Bebida Estándar (UBE) de alcohol en España, equivale a 10 gramos de alcohol que es, aproximadamente el contenido medio de una copa con
100 ml de vino o cava, o 1 vaso de 300 ml de cerveza o una copa o vaso con 30 ml de licores.
11
mercialización digital. Se constata que, tras la elaboración y ratificación del Convenio Marco de la OMS para el Control
del Tabaco, adoptado en Ginebra el 21 de mayo de 2003, el alcohol sigue siendo la única sustancia psicoactiva que
produce dependencia y tiene un impacto mundial significativo en la salud poblacional que no está controlada a nivel in-
ternacional por marcos normativos jurídicamente vinculantes que sustenten y apoyen las iniciativas para regular la pu-
blicidad y la promoción del alcohol, incluido el marketing digital[14]. Añaden que las advertencias sanitarias en el etiquetado
deberían seguir los ejemplos del tabaco. El hecho de que no sea suficientemente conocido por el público su efecto car-
cinógeno responsable de miles de casos de cáncer y de muertes cada año en la región, debería llevar a los estados
miembros a considerar incluir advertencias sanitarias específicas sobre cáncer en el etiquetado, como un medio de au-
mentar la concienciación sobre los riesgos asociados al consumo de alcohol[15].
El Plan Europeo de Lucha contra el Cáncer[16] presentado en 2021[17] propone la indicación obligatoria en el etiquetado
de las bebidas alcohólicas de la lista de ingredientes y la declaración nutricional antes de finales de 2022 y las adver-
tencias sanitarias antes de finales de 2023.
2.3. sItuACIón En EspAñA
El alcohol sigue siendo la droga con mayor prevalencia de consumo en España, y su consumo de riesgo es uno de los
problemas más importantes de salud pública, que causa un grave daño social. Además, el elevado consumo de alcohol
por parte de los menores, la forma en que éste se realiza (bebidas de alta graduación, ingesta de alcohol en breves pe-
ríodos de tiempo, elevado porcentaje de borracheras), hace que siga siendo una prioridad en las estrategias de preven-
ción y control.
En España, el consumo de alcohol es el 4º factor de riesgo de pérdida de salud (Años de Vida Ajustados por Discapa-
cidad-AVAD), siendo el 2º en mujeres y el 5º en hombres[18]; además, produjo anualmente 15.489 muertes durante el
periodo 2010-2017, el 74% en hombres y el 55,7% prematuras (antes de los 75 años)[19].
Los daños causados por el alcohol, ya sea en la persona que consume o para los miembros de la familia y otras personas
que lo rodean, incluyen no sólo una amplia variedad de condiciones de enfermedad y lesiones, sino también una amplia
gama de problemas sociales y económicos que afectan principalmente a los grupos más desfavorecidos, y su preven-
ción, control y gestión son responsabilidad de toda la sociedad. En el año 2020, de 597 conductores fallecidos en ac-
cidentes de tráfico y sometidos a autopsia y a un análisis toxicológico, el 31,2% fueron positivos a alcohola. El alcohol
sigue siendo la sustancia más consumida por los conductores fallecidos. El 78,5% de los conductores con resultados
positivos a alcohol arrojó una tasa de alcoholemia igual o superior a 1,20 g/L. El 58,6% de los conductores con resultados
positivos a alcohol, con una tasa de alcoholemia igual o superior a 1,20 g/L, se encuentra en la franja de edad entre 25
y 54 años. En los 136 peatones analizados y sometidos a autopsia, el alcohol también fue la sustancia más consumida
(cerca del 54%), y también hay que destacar que los fallecidos con alcohol arrojaron tasas de alcoholemia muy altas:
tres de cada cuatro llegaban o superaban los 1,20 g/L[20].
Los datos disponibles hasta la fecha ponen de manifiesto que las políticas sobre el alcohol deben ser intersectoriales.
Para ser eficaces y evitar consecuencias no deseadas, esas políticas deben dirigirse no sólo individualmente a las personas
que beben, sino también a los determinantes sociales y comerciales de este consumo como son el mercado del alcohol,
y toda su cadena de suministro, al entorno de consumo y al contexto social que incluye la disponibilidad física y econó-
mica, la publicidad y promoción y la visibilidad, además de al sistema sanitario en general y a otros sectores directamente
implicados en la promoción de la salud y prevención del consumo de alcohol, así como la atención y rehabilitación de las
personas que consumen (sistema educativo, social, laboral, etc.)[21,22,23]. Para poder realizar intervenciones dirigidas a pre-
venir y reducir el consumo de alcohol, es necesario contar con información rigurosa y veraz, que permita inferir la magnitud
del problema en España, tanto sobre las características del consumo como sobre sus consecuencias.
La Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (DGPNSD) impulsó la elaboración de la Estrategia
Nacional sobre Adicciones (ENA) 2017-2024[23], y el Plan de Acción sobre Adicciones 2018-2020[24], cuyos objetivos
a. Positivos a alcohol: concentración de alcohol en sangre igual o superior a 0,30 g/L.
12
están en línea con las 10 áreas de acción de la Estrategia Mundial para reducir el consumo nocivo del alcohol de la Or-
ganización Mundial de la Salud (OMS), el Plan de Acción europeo para reducir el consumo nocivo del alcohol, así como
el Plan de Acción mundial para la prevención y el control de las ENT 2013–2020[25], que considera el consumo de riesgo
de alcohol uno de los cuatro factores de riesgo para las principales ENT. Uno de los 4 ejes fundamentales del campo
de actuación de la ENA 2017-2024 recae sobre el consumo de alcohol, dirigido especialmente a la prevención en los
colectivos más vulnerables, menores y jóvenes, mujeres (especialmente en edad reproductiva y embarazo), así como
población adulta en los grupos etarios donde se observa un mayor consumo. La prevención del consumo de alcohol
también se aborda en la Estrategia de Promoción de la Salud y Prevención en el Sistema Nacional de Salud[26], coordi-
nada por la Dirección General de Salud Pública (DGSP) del Ministerio de Sanidad y aprobada por el Consejo Interterritorial
del Sistema Nacional de Salud el 18 de diciembre de 2013. Ambos centros directivos, la DGPNSD y la DGSP, trabajan
de forma coordinada materializándose esta colaboración en la reciente publicación de las “Líneas de actuación en el
ámbito de la prevención del consumo de alcohol”[27], aprobadas por la Comisión de Salud Pública el 13 de abril de 2021.
El OEDA hace años que incorpora una aproximación integral al disponer de información sobre las características del
consumo de drogas en determinadas poblaciones procedente de encuestas bienales a población general y estudiantes
(EDADES, ESTUDES), y de otras periódicas en poblaciones específicas (encuesta laboral y penitenciaria). Además, me-
diante los indicadores anuales sobre admisiones a tratamiento, urgencias relacionadas con las drogas, mortalidad es-
pecífica, infecciones relacionadas con el consumo y consumos problemáticos de drogas se puede conocer parte de
las consecuencias del consumo en la población española. Toda esta información es fruto de la colaboración interinsti-
tucional entre el Observatorio y las Comunidades y Ciudades Autónomas (CCCA) que contribuyen anualmente a ali-
mentar cada uno de los indicadores.
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