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Hebreos 12:1-2

puestos los ojos en Jesús

12 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande


nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia,
y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2 puestos los
ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto
delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la
diestra del trono de Dios.

Nube de Testigos

El pasaje leído en el día 1 comienza diciendo: 'Por tanto, nosotros también,


teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos'. Detengámonos un
momento para analizar quiénes son estos testigos. Podríamos pensar que son
personas desconocidas, pero para conocer a algunos de ellos debemos retroceder
un capítulo en la escritura y admirar a los héroes de la fe. La Escritura nos
presenta a personas comunes y corrientes, de carne y hueso, que una vez
corrieron esta carrera y ahora son testigos, de alguna manera, diciéndonos: 'Si
nosotros pudimos, tú también puedes lograrlo'.

Abel: Ofreció las mejores partes de un cordero como sacrificio al Señor, siendo el
que entregó su mejor ofrenda.

· Enoc: Alguien que agradó al Señor.

· Noé: Con temor preparó el arca en que su casa se salvase y por esa fe condenó
al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.

· Abraham: Dejó la seguridad de su patria cuando Dios lo llamó a ir a una nueva


tierra, donde su descendencia sería tan numerosa como las estrellas del cielo,
llamado como el Padre de la fe.
· Sara: Una mujer de fe que a pesar de su avanzada edad, creyó que Dios le daría
un hijo.

· Isaac: Bendijo a sus hijos Jacob y Esaú, siendo el hijo de la promesa de


Abraham y Sara.

· Jacob: Bendijo a sus nietos Efraín y Manasés, después de que Dios cambiara su
nombre por Israel.

· José: Usó su posición de poder para salvar a su familia durante una época de
hambruna en Canaán.

· Moisés: Condujo al pueblo de Dios fuera de Egipto, abriendo el mar en dos.

·Rahab: Una prostituta cananea que ayudó a los espías israelitas a escapar de
Jericó.

· Gedeón, Barac, Sansón y Jefté: También conocidos como jueces, hicieron actos
heroicos antes de que Israel tuviera un rey.

· David: El joven pastor que derrotó al gigante Goliat y ayudó en la conquista de


Canaán.

· Samuel: Gobernó al pueblo de Israel como juez y profeta, diciendo: 'Habla,


Señor, que tu siervo escucha'.

Hoy la carrera es nuestra y tenemos otro grupo de testigos: nuestra


familia, amigos y personas que nos observan todos los días. Ellos ven
cómo vivimos, cómo hablamos, cómo nos comportamos y cómo
corremos la carrera. No debemos darnos por vencidos, sino ser ejemplos
de fe para ellos.

Leer hebreos 11
Estamos en una carrera
Un día aceptamos a Jesús en nuestro corazón y comenzamos a correr la carrera
de la fe. En ese momento sentimos que podemos lograrlo todo, que somos
capaces de vencer gigantes, de saltar abismos y cualquier otra cosa que nos
dispongamos. Sin embargo, al seguir avanzando en el camino, de repente,
comenzamos a sentir cierto peso, el cual hace que nos cueste avanzar. Ese peso,
según las Escrituras, es el peso del pasado y del pecado que nos persigue. Este
peso nos impide correr la carrera con paciencia y, por ende, desenfocamos
nuestros ojos del objetivo final, el cual es Jesús. Incluso, en esos momentos nos
resulta más sencillo abandonar la carrera que levantarnos, sacudirnos el polvo y
volver a correr.
Jesús es nuestro mayor ejemplo de perseverancia. Él ya ha corrido la carrera y
está sentado a la diestra de Dios. Pero también está desde la meta, gritando
nuestro nombre y diciéndonos: 'Tú puedes'. 'No mires a los lados'. 'Mírame a mí'.
Él es el autor y consumador de nuestra fe, y no necesitamos buscar nuestra fuente
de fe en ningún otro lugar. Si tenemos a Cristo, lo tenemos todo.
Queremos recordarte lo que dicen las Escrituras: Si anhelamos un día recibir esa
corona, es necesario fijar nuestra mirada en Cristo, no en las personas que nos
rodean, ni siquiera en las trampas del enemigo que intenta desenfocar nuestra
mirada de Él. Debemos poner nuestra mirada únicamente en Jesús.
Reflexionemos:
· ¿En quién o en qué está puesta mi mirada?
· ¿Tengo el peso del pasado o pecado que me impide avanzar?
SALMOS 34
5Yo busqué al Señor y me respondió,
me libró de todos mis miedos.

Salmos 34:5
5
Los que miraron a él fueron alumbrados,
Y sus rostros no fueron avergonzados.

Aprender a soltar
¿Alguna vez has visto a un atleta correr con una mochila llena de peso en su espalda? Es
imposible llegar a la meta cuando llevamos peso y pecado. La Palabra de Dios continúa
diciendo, después de identificar la nube de testigos: 'despojémonos de todo peso y del
pecado que nos asedia'.
Es interesante que separe el peso y el pecado. Esto indica que no son lo mismo, pero
ambos son obstáculos frecuentes en la carrera del cristiano, dificultándonos avanzar,
agotándonos y alejándonos de la meta.
Veamos brevemente la definición de cada uno:
Peso: Son las aflicciones cotidianas de la vida, las frustraciones, desilusiones, rencores,
heridas no resueltas del pasado, miedos o temores, preocupaciones por el futuro, o
afanes que nos desenfocan del propósito de Dios.
Pecado: Es cuando fallamos a Dios con nuestras acciones, son las manifestaciones a
través de las obras de la carne que, aunque a veces las ignoremos, siguen estando allí
como una carga en nuestros hombros mientras vivimos nuestra vida diaria.
El escritor de Hebreos nos invita a despojarnos, es decir, soltar completamente, para
poder correr la carrera con paciencia.
Sin embargo, Jesús nos llama a ir más allá de simplemente despojarnos. Nos dice que, si
queremos ser sus discípulos, es importante tomar nuestra cruz cada día, renunciando a lo
terrenal y soltando todo lo que nos impide avanzar en Dios.
Reflexionemos:
· ¿Qué peso y pecado llevo en esa mochila que no me permite correr la carrera de la fe?
· ¿Estoy viviendo según los deseos de mi corazón o como un discípulo de Jesús que
toma su cruz cada día?
Acción + Oración
Toma un momento para hacer una lista escrita en un papel de ese peso y pecado que te
pueden estar asediando cada día. No lo hagas a la ligera; tómate tu tiempo. Una vez que
la tengas, llévala a los pies de Jesús en oración. Con tus propias palabras, exprésale al
Señor tu cansancio y agotamiento espiritual, pidiéndole que te llene de nuevas fuerzas
para seguir tu carrera. Pídele que te guíe para despojarte de todo lo que te asedia. Luego,
tómate un momento para descansar en el regazo de Jesús. Él está aquí para apoyarte,
fortalecerte y animarte como un entrenador para que sigas corriendo hasta el día en que
recibas la medalla en la meta.
No es con velocidad
En una carrera de este mundo, gana el más rápido; en la carrera de la fe, gana el que
persevera hasta el final.
Podemos equivocarnos pensando que gana el que corre más rápido, el que se esfuerza
más, el más talentoso o más hábil en la carrera de la fe, pero en realidad es aquel que
corre con paciencia.
La única señal de que estoy corriendo con paciencia y no en mis propias fuerzas es el
fruto del Espíritu Santo. De nada sirve correr y pensar que lo hacemos en nuestras
propias fuerzas, porque es el Espíritu Santo, que fluye en nosotros, y quien nos da la
fuerza para vivir con paz, mansedumbre, templanza, dominio propio, fe, amor, gozo y
benignidad, permitiéndonos así llegar a la meta en Dios.
Correr con paciencia implica:
· Ser constantes: Mantener un ritmo constante en nuestra vida espiritual, evitando
fluctuaciones que nos impidan vivir en victoria cada día.
· Olvidar lo que está atrás: Una de las cosas que más afecta la vida de los cristianos es
el pasado, y la Biblia nos invita a dejar lo que está atrás y ver lo que Dios ha preparado
para nosotros para nuestro presente y futuro.
· Estar firmes: No ir de un lado a otro, tener una convicción y certeza firme contra toda
mundanalidad, falsa doctrina y libertinaje que opera en nuestros tiempos.

Mateo 24:13
13
Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo.

Romanos 12:11-12
11
en lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al
Señor; 12 gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la
oración;

Filipenses 3:13
13
Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago:
olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,

Pon tus ojos en Jesús


Esta carrera de la fe se corre despojándonos del peso y pecado que nos asedia, se corre
con paciencia y se corre mirando a Jesús. Este mundo nos ofrece muchas distracciones,
alternativas a elegir y miles de plataformas para consumir y entretenernos todos los días.
Quizá muchas de ellas no son malas para consumir, pero si no nos damos cuenta, poco a
poco nuestros ojos se van apartando de Él y empezamos a mirar lo que no debemos.
El centro de este pasaje, Hebreos 12:2, es Cristo. Él es el autor y consumador de nuestra
fe. No son los testigos, no somos nosotros, no es nuestra familia, ni amigos, ni líderes
espirituales, ni personas que nos rodean. El único Salvador, autor y consumador de la fe
se llama Jesucristo; Él es la razón del Evangelio.
Llegar a la meta implica poner los ojos donde nunca deberíamos de haberlos quitado.
Implica mirar a Jesús sobre toda adversidad, circunstancia o adversidad. Es posible que
el hombre te falle y te desilusione,
Jesús no te fallará.

Mateo 25:23
23
Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te
pondré; entra en el gozo de tu señor.

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