0% encontró este documento útil (0 votos)
43 vistas3 páginas

FILOSOFIA Karl Barth

Cargado por

ainocenteacosta
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
43 vistas3 páginas

FILOSOFIA Karl Barth

Cargado por

ainocenteacosta
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Karl Barth, profeta de la gracia

El suizo Karl Barth fue considerado como uno de los movimientos teológicos más influentes de la
historia del cristianismo tras la Primera Guerra mundial

Es considerado también uno de los gigantes del protestantismo moderno, cuyo pensamiento tuvo
repercusiones intelectuales más allá de las fronteras académicas de la teología.

En la filosofía Karl Barth aparece como el renacimiento de Kierkegaard y se sitúa en la órbita de la


reflexión existencialista. Lo que Barth desarrolló en el ámbito teológico, llegó a ser filosoffa de la
existencia en Heidegger, Jaspers y Sartre.

Barth enfatiza la caída en pecado de la humanidad, estado del que es posible únicamente salir
mediante la gracia salvífica de Dios, eje central de la fe cristiana, tal como se definió en la Reforma:
La doctrina de la justificación por la fe sola es la piedra en la que uno se apoya o cae. La obra de
Barth significó un revés decisivo para la corriente liberal de sus tiempos y produjo un renacimiento
vigoroso del cristianismo basado en la Biblia.

Karl Barth (1886-1968), nació en Basilea en el seno de una familia de teólogos. Estudió en Berna y
luego en Marburgo, donde Wilhelm Hermann fue su maestro preferido durante diez años.

Tras una corta estancia de dos años como pastor reformado en Ginebra (1909-1911), se hizo cargo
de la Iglesia Reformada de Safenwill, pequeña comunidad cuya estructura social le indujo al
estudio de los problemas económicos y sociales. Bajo la Influencia del pastor reformado y pionero
de la praxis social cristiana, Leonhard Ragaz (1862-1945), Karl Barth se relacionó con el
movimiento del cristianismo social y se lanzó a la lucha en pro de la jutlcla social en la perspectiva
del advenimiento del reino de Dios.

Tras el desastre de la guerra de 1914, la reacción de los profesores de teología, conformes con la
politica de guerra de Guillermo II, le llevó a perder la confianza y el respeto en quienes hasta ese
momento había confiado. "Y puesto que se habían engañado tan lamentablemente en sus
conductas y comportamientos, se 'me imponía una conclusión: no me era pOSible seguirlos ni en
su ética ni en su dogmática, ni en su exégesis de la Biblia, ni en su manera de enseñar la historia:
en una palabra, a partir de aquel momento, la teología EVANGELICA del siglo XIX 19, empezaba a
carecer de futuro o presente"

Como pastor y como teólogo tuvo que acudir directamente a la Biblia donde logró encontrar las
respuestas que buscaba a sus preguntas. Desde 1916 se puso a estudiar, la carta a los romanos, de
la que escribió su famoso comentarlo en 1919. señala la aparición de la "teología de la ruptura"
barthiana, llamada también "de la crisis", "de la existencia" o "dialéctica". Ruptura con el mundo
teológico en medio de cual creció y cuyas, enseñanzas recibió: ruptura con el subjetivismo, con el
pietismo, con el historicismo, con el liberalismo. "Pero esta ruptura no es, evidentemente, más
que la consecuencia de una ruptura decisiva que el teólogo, a la escucha de la revelación,
descubrió en la Sagrada Escritura: la ruptura que existe entre Dios y el hombre, entre el reino de
Dios y el mundo"

En el prólogo a la segunda edición de su comentario a romanos, Barth escribe, dejándonos ver sus
lecturas formativas:
Dios está en el cielo y tú en la tierra. La relación de este Dios con el hombre, la relación de este
hombre con este Dios, son para mi el único tema de la Biblia y de la filosofía.

En lo mejor del espíritu protestante, Barth parte de la situación de crisis humana, que no es otra
que la consecuencia del pecado y, por tanto, de juicio. Toda la realidad terrena, toda la historia del
mundo y de los hombres están situadas bajo los signos del pecado y del juicio. No son más que
vanidad, debilidad, impotencia y pecado. Cuando el Dios del Evangelio se revela, se revela como el
Dios desconocido, el Dios totalmente otro que transciende absolutamente la tierra y el mundo de
los hombres, que dice "no" a todas las empresas culturales, morales, espirituales, por las que el
hombre se esfuerza en afirmar su autonomla y su poder. De todas estas empresas la religión es
ciertamente la más perniciosa, ya que en ella intenta el hombre atraer para su provecho al mismo
Dios y se hunde más claramente que en todas las demás en la mentira y la idolatría. El
cristianismo, precisamente al convertirse en cristianlsmo, y la Iglesia cristiana no se han librado de
esta perversión: al comprometerse con el mundo, la civilización y la historia, no han hecho caso
del "no" que Dios ha pronunciado sobre la humanidad viva, en su totalidad, bajo la determinación
del pecado.

Sin embargo, si nosotros percibimos ese "no", es porque el Dios totalmente otro, el Dios oculto, se
nos revela. Dios habla, y quiere establecer una relación este hombre pecador para salvarlo. Sale al
encuentro del hombre, invitándolo a la decisión existencial de la fe.

La fe por la que se recibe la promesa de Dios es una vacio por el que el hombre, Inclinándose ante
el Dios-hombre, Cristo Jesús, discierne su "sí" y recibe la salvación. No existe un camino de la tierra
al cielo, al modo religioso. El único camino es el que Dios, absolutamente trascendente, abre al
venir de este modo verticalmente, de arriba abajo. "Si se interpreta la Biblia según los
reformadores, se sabe que tales posibilidades humanas no existen, y que la unión entre el hombre
y Dios se hace desde lo alto, por un milagro de Dios.

Entre Dios infinito y eterno y el hombre finito y caduco hay un abismo, y en el confín entre los dos
mundos se encuentra el hecho y la linea de la muerte. Dios es eso que nosotros no somos y que no
conocemos; nosotros somos eso que Dios no es, eflmero no-ser y "nada". De una parte está, pues,
la absoluta trascendencia divina, de la otra el naufragio del hombre.

Si el hombre quiere ser, y no simplemente estar ahí, debe negarse, y entonces dejará de no ser o
ser la "nada", y la linea de la muerte se le convertirá en línea de vida, en ese acto de fe que Dios
Infundirá en él para que suba hasta Sí; en el don de la gracia que lo rescatará, insertándolo en lo
eterno.

El hombre decaldo es pecado, culpa radical, finitud. Nada puede hacer por su parte para redimirse.
Es Dios quien cala en él la fe y la gracia; así desciende lo infinito en lo finito, lo divino en lo
humano, y lo eterno en lo temporal. Este punto de encuentro de los contrarios cualitativos es la
crisis, la paradoja en acto, "implicación de negativo y positivo" que se resuelve en lo positivo,
infinito, eterno, es el estado de hombre nuevo que es la existencia.

El hombre, que es pecado y nada, no puede "subir" a Dios; es Dios quien ha de bajar al hombre,
por pura gracia, salvándolo y resucitándolo a la nueva vida en Cristo. El hombre nuevo suplanta al
viejo y nace de su negación. El titanismo del hombre que presume de poder endiosarse es un
absurdo. El hombre, por el contrario, debe desvanecerse para ser; su fracaso como hombre se
convierte en éxito en Dios, porque en el instante de la crisis es elevado a la eternidad de la
existencia.

También podría gustarte