TECTONICA DE PLACAS
1. EL ORIGEN DE LA TIERRA
Diversas son las teorías que han sido concebidas para explicar el nacimiento de nuestro planeta y a pesar
de los esfuerzos realizados en ello, sin duda que aún no se tiene un entendimiento completo del origen de
la tierra. Todo parece indicar, sin embargo, que conforme la materia galáctica rotaba alrededor de un
centro de rotación, las estrellas comenzaron a formar aglomeraciones de masas individuales debido a la
concentración de partículas bajo la fuerza de gravedad. Estas concentraciones de materia pudieron tener
sus propios remolinos y a través de los años tener la forma que presentan ahora.
Muchas de las estrellas resultantes pudieron haber desarrollado una asociación de planetas que rotaban
alrededor de ellas. Tal secuencia pudo haber ocurrido con la formación del sol, que al menos en un
principio tuvo el diámetro que tiene el sistema solar hoy día. A medida que esta gran acumulación de gas
y polvo espacial comenzó a concentrarse bajo la fuerza de gravedad, un pequeño porcentaje de él quedó
fuera. El material remanente se aplastó en una forma de disco aumentando su densidad y por ende
transformándose en un material inestable desde el punto de vista gravitacional. De esta forma se
desarrollan los protoplanetas los cuales se consolidaron dentro de los que hoy conocemos.
Durante esta primera etapa de los protoplanetas, el sol comenzó a brillar debido a la condensación, a altas
temperatura, de la materia. Se generaron fuerzas en su interior las que crearon energía a través de un
proceso conocido como el ciclo de carbono. A medida que las temperaturas aumentaron, los átomos de
hidrógeno, en presencia de carbono, fueron convertidos a helio. Una vez que los protoplanetas
comenzaron a ser calentados por el sol. El hidrógeno atmosférico y el helio comenzaron a escaparse. Esto
hizo que los planetas se contrajeran, y como consecuencia se calentaran.
Las evidencias geológicas y principalmente sismológicas revelan que la tierra está conformada por un
núcleo interno compuesto de hierro y níquel, un manto compuesto principalmente por hierro y una capa
externa delgada llamada corteza. La solidificación de la corteza marca el comienzo de la historia
geológica cuyos registros geocronológicos indican una edad aproximada de 4.600 millones de años. La
gran actividad volcánica existente en los estados iníciales de nuestro planeta contribuyó can una
abundante cantidad de gases que darían origen a la atmósfera primitiva, de composición muy diferente a
la actual.
Gran parte de estos gases estaban constituidos por vapor de agua que se mantuvo en ese estado por mucho
tiempo, hasta que la tierra comenzó a enfriarse. El progresivo enfriamiento trajo como consecuencia que
el vapor de agua precipitara para acumularse en las depresiones de la superficie terrestre dando origen a
los océanos primitivos. Estos paleo-océanos eran menos salinos, pero a medida que las rocas primarias
comenzaran a ser erosionadas, los componentes lixiviados de estas rocas contribuyeron al cambio gradual
de composición de los océanos llegando a la condición actual.
1.1. Estructura Interna de La Tierra
1.1.1. Capas que componen la Tierra
El modelo geoquímico se basa en las diferencias de composición química, mineralógica o estructural de
los materiales presentes en el interior de nuestro planeta. Este criterio permite diferenciar tres grandes
unidades: la corteza, el manto y el núcleo.
La segregación de material, que empezó muy pronto en la historia de la tierra, sigue ocurriendo todavía,
pero a una escala mucho menor. Debido a esta diferenciación, el interior de la tierra no es homogéneo y
consta de tres regiones principales que tienen una composición química notablemente diferentes:
Corteza: Capa rígida más externa y comparativamente fina de la tierra cuyo grosor oscila entre 3
kilómetros, bajo las dorsales mesoceánicas, y más de 70 kilómetros debajo de algunos cinturones
montañosos como los Andes e Himalaya. Se divide en corteza oceánica y corteza continental. Las rocas
de la corteza oceánicas son más jóvenes (180 millones de años o menos) y más densas (aproximadamente
3.0 g/cm3) que las rocas de la corteza continental. Las rocas continentales tienen una densidad media de
alrededor de 2.7 g/cm3 y se han descubierto algunas cuya edad supera los 3800 millones de años.
El estudio de la corteza, al menos en su zona más externa, puede realizarse mediante técnicas directas,
pero la investigación de las zonas más profundas requiere también métodos indirectos como el
paleomagnetismo, el análisis de meteoritos o el estudio sismológico.
En esta zona se aprecian también dos unidades diferentes pero, a diferencia de lo que ocurre en el manto y
el núcleo las dos zonas no están superpuestas la una a la otra, sino que la diferenciación es lateral.
Corteza continental Corteza oceánica
Temperatura 500º C en la base 500º C en la base
Presión < 0,5·105 atm < 0,5·105 atm
Densidad 2,7 - 3 g/cm3 3 g/cm3
Profundidad 0 hasta 10 - 70 Km (según zonas) 0 hasta 5 - 8 Km
La corteza oceánica está formada hasta por tres capas superpuestas. La más externa, que puede faltar, está
formada por sedimentos. Esta zona está ausente cerca de las dorsales, y es más gruesa en los márgenes de
las cuencas oceánicas. Por debajo de esta capa aparece una zona basáltica que se apoya, finalmente, en
una capa de gabros. Estos dos tipos de rocas tienen una composición similar, pero se diferencian en su
estructura.
El espesor de la corteza oceánica es bastante constante, especialmente si no se tiene en cuenta la capa
sedimentaria, y se encuentra en torno a los 7 Km. Su origen parece ser el enfriamiento de magmas de tipo
máfico, con un depósito de sedimentos posterior.
La corteza continental, por su parte, se caracteriza por una gran variabilidad en su espesor. Básicamente
se diferencian tres zonas: los orógenos alcanzan una profundidad de hasta 70 Km, los cratones llegan a
los 40 Km y las zonas de expansión de la corteza son más finas, y solo llegan a unos 30 Km de
profundidad. En todas esas zonas, sin embargo, la estructura cortical es similar: existe una zona de
sedimentos de espesor variable que descansa sobre una capa granítica parcialmente metamorfizada. El
grado de metamorfismo aumenta a medida que lo hace la profundidad.
La corteza terrestre presenta zonas de diferentes edades. Los fragmentos más antiguos son los cratones
(que, si están emergidos, se denominan escudos continentales), que tienen unos 3,800 millones de años de
antigüedad, de acuerdo con las rocas de mayor edad que han podido ser datadas en ellos. Los orógenos,
en cambio, son zonas formadas por colisión entre placas tectónicas que se formaron en épocas muy
concretas de la historia de la Tierra. Los más modernos tienen una antigüedad de unos 65 millones de
años. Por lo que se refiere a la corteza oceánica, toda ella es relativamente moderna, de modo que su edad
oscila entre los 180 millones de años para los fragmentos más antiguos y continúa formándose en la
actualidad.
Manto: Más del 82% del volumen de la Tierra está contenido en el manto, una envoltura de unos 2,900
kilómetros de grosor. El límite entre la corteza y el manto refleja un cambio de composición. Aunque el
manto se comporta como un sólido cuando transmite las ondas sísmicas, las rocas del manto son capaces
de fluir a una velocidad muy lenta. El manto se divide en manto inferior o mesósfera, que se extiende
desde el límite núcleo-manto hasta una profundidad de 660 kilómetros, y el manto superior que continúa
hasta la base de la corteza.
El estudio del manto se lleva a cabo mediante el estudio de meteoritos, pero también mediante estudios
sísmicos y gravimétricos. Estos datos han permitido distinguir químicamente dos regiones, el manto
superior y el manto inferior, separadas entre sí por una amplia zona de transición, que se extiende
aproximadamente desde los 400 hasta los 2.000 kilómetros de profundidad. Las características de las dos
zonas del manto se recogen en la siguiente tabla:
Manto externo Manto interno
Temperatura 2.000º - 2.500º C 2.600º - 3.300 ºC
Presión 0,5·105 - 0,5·106 atm 1,4·106 atm
Densidad 3,5 g/cm3 5,6 g/cm3
Profundidad 70 - 400 Km 2.000 - 2.900 Km
La composición de las condritas (meteoritos no metálicos), la naturaleza de los magmas que proceden del
manto y algunos sondeos realizados en zonas erosionadas de los fondos marinos llevan a pensar que esta
región está constituida fundamentalmente por rocas del tipo de las peridotitas. Es probable que existan
diferencias en la composición mineralógica de las rocas del manto, de modo que en el manto externo
aparecería fundamentalmente olivino (Mg,Fe)2(SiO4), en la zona de transición habría fundamentalmente
espinelas (MgAl2O4) y el manto inferior estaría formado sobre todo por perovskitas (CaTiO3).
Núcleo: El núcleo está compuesto fundamentalmente de hierro, con cantidades menores de níquel y otros
elementos. Debido a la alta presión existente en el núcleo este material rico en hierro tiene una densidad
media de alrededor de 11 g/cm3. El núcleo puede a su vez dividirse en núcleo externo, de unos 2270
kilómetros de grosor y un núcleo interno que posee un radio de 1216 kilómetros. El núcleo interno y
externo son muy similares en composición y su división se basa sólo en los diferentes estados en que se
encuentra el material constituyente. El núcleo externo es líquido y por lo tanto capaz de fluir, mientras
que el núcleo interno, a pesar de su temperatura más elevada, se comporta como un sólido. La circulación
dentro del núcleo externo, en conjunto con la rotación de nuestro planeta, genera el campo magnético de
la Tierra
El núcleo ha podido ser estudiado mediante análisis sismológicos y a través del estudio de los meteoritos.
Sus principales características físicas son su carácter metálico, buen conductor del calor y su capacidad
para generar campos magnéticos.
En el núcleo se distinguen dos zonas, el núcleo externo y el interno, con características diferentes:
Núcleo externo Núcleo interno
Temperatura 4.000º - 6.000º C 6.000º - 6.600 ºC
Presión 2·106 atm 3,6·106 atm
Densidad 9,9 g/cm3 13 g/cm3
Profundidad 2.898 - 5.120 Km 5.120 - 6.370 Km
No existen evidencias directas sobre la composición del núcleo, aunque sí algunas pruebas indirectas: los
datos sísmicos hacen pensar en un material denso, mientras que los datos magnéticos hacen pensar en un
material ferromagnético. Combinados con el estudio de la composición de los meteoritos se llega a la
conclusión de que el principal componente debe ser el hierro. Sin embargo, la densidad del núcleo es
inferior a la del hierro puro, por lo que hay que deducir la presencia de otros materiales asociado con él.
Los principales candidatos son:
El níquel está presente en los meteoritos, pero su presencia no es suficiente para rebajar la
densidad hasta el valor estimado.
Podría tratarse del oxígeno, pero los óxidos de hierro solo tienen carácter metálico a presiones
muy elevadas. Esto no permite explicar las condiciones en las que se tendría que haber formado el núcleo.
Un tercer elemento es el azufre, cuya abundancia en el manto es menor a la esperada, por lo que
se cree que el resto podría encontrarse en el núcleo.
Probablemente el núcleo externo esté formado por varios tipos de sustancias, entre ellas óxidos y sulfuros
de hierro. En cuanto al núcleo interno, existen dos hipótesis distintas sobre su composición: o bien está
formado solo por hierro, o bien está formado por hierro y algún elemento más ligero.
Nota
Los protoplanetas fueron una masa tal vez 1000 veces mayor en diámetro de lo que hoyes la tierra y 500 veces más masivos. Los
constituyentes más pesados se fueron moviendo hacia el centro en tanto que los más livianos se movieron hacia la periferia.
1.1.2. Capas Mecánicas
La capa externa de la Tierra que comprende la corteza y el manto superior, forman un estrato
relativamente rígido y frío. Este estrato está constituido por materiales cuyas composiciones químicas son
notablemente diferentes, pero que actúan como una sola unidad y que se comportan de manera frágil
frente a la deformación. A esta unidad rígida y externa se le denomina litósfera. Con un grosor medio
aproximado de 100 kilómetros, la litósfera puede alcanzar 250 kilómetros o más debajo de las porciones
más antiguas (escudos) de los continentes. Debajo de las cordilleras mesoceánicas la litósfera tiene un
grosor de unos pocos kilómetros los que pueden alcanzar hasta 100 kilómetros en regiones donde hay
corteza más antigua y fría.
Debajo de la litósfera (hasta una profundidad promedio de 660 Kilómetros) se encuentra una capa blanda,
relativamente plástica, localizada en el manto superior, conocida como astenósfera. La región que abarca
los aproximadamente 150 kilómetros de la astenósfera, tiene condiciones de temperatura y presión que
permiten la existencia de una pequeña porción de roca fundida. Dentro de esta zona muy dúctil. La
litósfera es capaz de moverse con independencia de la astenósfera.
El modelo geodinámico del interior de la Tierra
El modelo dinámico para describir el interior de la Tierra se basa fundamentalmente, a diferencia del
geoquímico, en datos obtenidos mediante el estudio de propagación de las ondas sísmicas. Los cambios
en la velocidad de dichas ondas (discontinuidades) permiten distinguir tres regiones en el interior de la
Tierra, litosfera, mesosfera y endosfera, que se diferencian entre sí por su comportamiento mecánico ante
los esfuerzos y por el modo en que transmiten la energía. Existen también otras discontinuidades menos
significativas, que permiten distinguir unidades de segundo orden, tales como el núcleo interno o la
astenósfera, aunque la existencia de esta última zona como capa continua es un asunto sujeto a debate.
La Litosfera es la capa más superficial de la Tierra, e incluye toda la corteza y la zona superior del manto
externo, hasta un nivel en el que la velocidad de propagación de las ondas sísmicas desciende
bruscamente. Sus características físicas más destacadas son su elevada rigidez y su alta viscosidad.
Presenta un espesor variable, mayor bajo los continentes que bajo los océanos, que oscila entre los 80 y
los 150 kilómetros, de modo que en la parte inferior de la zona continental los minerales deben estar
próximos a su punto de fusión. Otra característica importante de la litosfera es que se encuentra dividida
en fragmentos que reciben el nombre de placas.
La Astenósfera es una zona que se define por un descenso brusco de la velocidad de propagación de las
ondas sísmicas. Esta característica se correspondería con una zona de comportamiento plástico, con una
viscosidad unas mil veces menor que la de la litosfera, sobre la cual podrían desplazarse las placas
tectónicas. Sin embargo, este cambio brusco de velocidad se ha encontrado bajo los océanos y las partes
jóvenes de los continentes, pero no bajo las regiones continentales más profundas, por lo que su
existencia como capa continua y su papel en la dinámica de las placas está bastante discutido.
La Mesosfera está formada por el conjunto de los materiales del manto situados por debajo de la
astenósfera, es decir, se extiende aproximadamente hasta los 2.900 kilómetros de profundidad,
representando más de la mitad del volumen de la Tierra. Es la zona que, gracias a su comportamiento
plástico, transmite la energía del interior del planeta hasta la superficie mediante las corrientes de
convección que provocan el movimiento de las placas litosféricas. En su parte más profunda se distingue
una zona llamada capa D'', de unos 100 Km de espesor, en la que las ondas sísmicas viajan a una
velocidad extremadamente baja, y que podría representar cambios de composición mineralógica, debidos
a fenómenos térmicos de extremada complejidad.
Los datos de propagación de las ondas sísmicas indican que el núcleo interno se encuentra en estado
sólido, a pesar de lo cual parecen existir en él corrientes de convección, cuya existencia se deduce de
cambios en la velocidad de las ondas sísmicas en función de la dirección (se dice que el núcleo interno es
anisótropo porque algunas de sus propiedades son distintas según la dirección en la que se midan). La
existencia de corrientes de convección en el núcleo externo está bien establecida, y se deducen tanto de
las irregularidades topográficas en el límite del núcleo, en el que se presentan elevaciones de hasta 10
Km, como de la existencia del campo magnético terrestre.
1.2. Tiempo Geológico
En las líneas anteriores se ha mencionado que el registro geocronológico demuestra que la Tierra tiene
una edad de 4600 millones de años. Pero ¿cómo se determina la edad de las rocas y por ende de la Tierra?
En la actualidad y de la mano de los actuales avances de la ciencia y el descubrimiento de la
radioactividad a fines del siglo XIX y sobre todo con el perfeccionamiento de los métodos de datación
radiométrica, los geólogos pueden asignar fechas exactas y específicas a las rocas o eventos geológicos.
La asignación de edades por métodos radiométricos constituye un método de datación absoluta. Lo que
parece sencillo en nuestros tiempos no lo fue tanto en los tiempos anteriores al advenimiento de la
datación radiométrica, por lo que para poner edades a los eventos geológicos en esas épocas se desarrolló
un método de datación relativa. En términos prácticos este método combina por una parte la ley de la
superposición, que establece que en una secuencia de rocas no deformadas, cada capa es más antigua que
la que tiene encima y más joven que la que tiene debajo y por otra parte la presencia de fósiles (restos o
impresiones de organismos que vivieron en un pasado geológico) que llevó a postular el principio de la
sucesión faunística. Este principio postula que los organismos fósiles se sucedieron unos a otros en un
orden definido y determinable, y por tanto, cualquier periodo geológico puede reconocerse por su
contenido en fósiles. Esto permitió a los geólogos identificar rocas de la misma edad en lugares
completamente separados y construir escalas de tiempo geológico.
Es evidente entonces que el mayor y mejor conocimiento de los fósiles son esenciales para desarrollar las
escalas relativas de tiempo geológico. La fosilización, proceso por el cual las partes duras de un
organismo son preservadas a lo largo del tiempo, no es un proceso simple y existen variados subprocesos
por los cuales un organismo puede ser preservado como fósil. No obstante, como una forma de introducir
al lector neófito en la paleontología (rama de la geología que estudia los fósiles) se mencionará el proceso
más común como es el de permeabilización o reemplazo. Los huesos y conchas de organismos
normalmente contienen cavidades que fueron ocupadas por nervios u otro tipo de partes blandas mientras
el organismo estaba vivo.
Cuando los organismos mueren y son cubiertos por sedimentos, estas partes se descomponen y no se
preservan permitiendo que las aguas con contenidos de sílices, carbonato de calcio y otros minerales
circulen por estos sedimentos y cavidades las que se van rellenando con los mencionados minerales. El
resultado de este proceso es una concha o hueso mucho más duro y resistente y por lo tanto con mayor
posibilidad de ser preservada a través del tiempo a medida que sufre un enterramiento progresivo.