Parroquia “San José de la Montaña”
Catequesis Sobre los sacramentos de Iniciación
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Catequesis Sobre los sacramentos de Iniciación
CATEQUESIS I
“INTRODUCCIÓN A LOS SACRAMENTOS DE INICIACIÓN”
1.ENTRONIZAR… 2
Oración al Espíritu Santo (Secuencia de Pentecostés)
Ven Espíritu Divino, Reparte tus Siete Dones
Envía tu luz desde el cielo. según la fe de tus siervos.
Padre amoroso del pobre; Por tu bondad y tu gracia dale al
don, en tus dones espléndido; esfuerzo su mérito;
luz que penetra las almas; salva al que busca salvarse
fuente del mayor consuelo. y danos tu gozo eterno.
Ven, dulce huésped del alma, Amén.
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
Si Tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
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2. Ver…
PARTAMOS DE NUESTRA REALIDAD…
PRIMER DIALOGO
Toda persona tiene una dimensión o parte corporal, lo que se ve: cabeza, ojos, pies…;
y también, una dimensión o parte espiritual, que no se ve: ideas, sentimientos, valores,
actitudes... 3
Las dos partes forman nuestro ser.
Por eso, si quiero comunicar mis ideas, mis sentimientos a los demás debo usar algo
visible, audible…, material: palabras, gestos, cosas… que simbolice, que exprese lo
que quiero decir; y los demás deben hacer lo mismo conmigo.
DIALOGAMOS: Entre todos manifestamos experiencias de esto.
Preguntas que pueden ayudarnos al dialogo…
¿Cómo le manifestamos a alguien que realmente lo queremos?
¿Cuáles son los signos para expresar una alegría en una fiesta?
¿Cuáles son los signos de esperanza en un funeral?
SEGUNDO DIALOGO
Igual si yo quiero relacionarme con Dios, lo mismo: rezo, me santiguo, doy limosnas,
ayudo a un anciano.
También Dios, si quiere relacionarse conmigo debe usar algo visible: el pan, la palabra,
el vino, el universo, la flor, el sol, el pobre, la persona…
DIALOGAMOS: ¿Qué experiencias tengo yo de ello?
¿Qué signos ha utilizado Dios para conmigo?
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3. Juzgar…
A) La existencia humana como existencia encarnada.
La existencia humana es una existencia “encarnada”. Es decir, se trata de una
existencia que exige la corporeidad y se realiza en y por medio de ella. Esto implica
que todo encuentro humano se realice a través de la corporeidad; es decir, por medio
del cuerpo y en la presencia visible del cuerpo. Y toda relación a través de la 4
corporeidad es una relación que se despliega por medio de signos. En este sentido, el
cuerpo es el primer signo, que cubre y revela la interioridad de la persona. Y a partir
del cuerpo, las palabras, los gestos, las experiencias de la cultura y de la vida humana,
son signos, mediaciones necesarias de toda relación del ser encarnado. El hombre, por
ser persona encarnada, que implica la corporeidad, es un ser que tiene que establecer
relación con otro a través de signos o, lo que es lo mismo, en un régimen de
sacramentalidad.1
B) ¿Qué es un sacramento?
El catecismo de la Iglesia católica define la palabra Sacramento como «signos
eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia por los cuales nos
es dispensada la vida divina». (CATIC 1131). Por su parte el Código de Derecho
canónico aporta su concepción definiéndole como «Los sacramentos del Nuevo
Testamento, instituidos por Cristo Nuestro Señor y encomendados a la Iglesia, en
cuanto que son acciones de Cristo y de la Iglesia, son signos y medios con los que se
expresa y fortalece la fe, se rinde culto a Dios y se realiza la santificación de los
hombres». (CIC 840).
En conclusión digamos que un sacramento es 1) un signo sagrado 2) instituido
por Cristo 3) para conferir gracia. Es importante señalar además que un sacramento
está “confiado a la Iglesia”
Adentrémonos un poco en esta significación.
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DIOCESIS DE PLASENSIA, Teología de los sacramentos , Escuela de agentes de pastoral. P. 16
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C) Los sacramentos como signo
Primero, un sacramento es un signo. Un signo siempre significa algo, apunta a
algo real fuera de sí mismo. Al igual que los milagros de Cristo en los Evangelios (que
la Escritura llama “signos” el libro de los signos según San Juan), los sacramentos
enseñan a través del “lenguaje de signos”.
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“Sacramento” significa “signo sagrado”. (Como lo hemos visto anteriormente)
“Como signos, también tienen un fin instructivo’” (CATIC 1123). El instruir es una
parte esencial de su propósito. Específicamente, su propósito es ser signos sagrados,
para enseñar el carácter sagrado, santidad.
“Los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres, a la
edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios” (CATIC 1123).
D) Los Sacramentos instituidos por Cristo
Este segundo aspecto de la definición de sacramento, es decir los sacramentos
han sido instituidos por Cristo, “Del costado de Cristo, en el Gólgota brotaron para su
amada esposa la Iglesia los sacramentos”. (Cfr. LG 3) Cristo está presente no sólo en
el origen de los sacramentos, hace dos mil años, sino realmente presente y activo en
ellos ahora. Cristo no es pasivo, sino activo. No está simplemente representado, sino
que está actuando. Él no se sienta estático, como el modelo de un artista, sino que
trabaja, como el artista.
Ésa es la razón por la cual los sacramentos no meramente significan la gracia,
sino que en efecto confieren gracia. Como explica el Catecismo, los sacramentos son
“eficaces” (es decir, realmente funcionan) sólo porque “en ellos actúa Cristo mismo; Él
es quien bautiza, El quien actúa en sus sacramentos con el fin de comunicar la gracia
que el sacramento significa” (CATIC 1127).
E) Los sacramentos confieren la gracia “Ex opere operato”
Los sacramentos santifican a los hombres no meramente por su enseñanza, sin
embargo, sino también por conferir la gracia, en efecto, que representan (éste es el
tercer aspecto de la definición tripartita). Por lo tanto, otra definición de un sacramento
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es “un signo sagrado que en efecto genera lo que significa”. Los sacramentos
“realmente funcionan”, realmente confieren gracia.
La “gracia” significa el inmerecido don de Dios. Es el trabajo de Dios mismo.
En efecto, es la vida misma de Dios, la cual él comparte con nosotros. Mediante los
sacramentos, participamos en la vida y obra mismas de Dios. “Como el fuego
transforma en sí todo lo que toca, así el Espíritu Santo transforma en vida divina lo que
se somete a su poder” (CATIC 1127). 6
Los sacramentos confieren gracia ex opere operato, que significa “por la
realización del acto mismo”, más que por el alma humana individual, los sentimientos
o experiencias o energías espirituales de la persona que recibe el sacramento, o de la
persona que lo administra. Funciona “del exterior al interior”, más bien que “del
interior al exterior”. Es objetivo, no subjetivo. Esto significa principalmente que viene
del otro al ser, y no del ser. Pero también significa que usualmente no se siente o
experimenta subjetivamente. Dios sigue siendo un objeto de la fe, más que del
sentimiento o de la experiencia.
Aunque los sacramentos confieren gracia ex opere operato, de Dios más que de
nuestras mismas almas, y por la realización del acto mismo, Dios siempre trabaja de
maneras apropiadas al alma humana. Él siembra “semillas” de gracia, que crecen
gradualmente, más que de inmediato.
F) ¿Por qué Cristo instituyo siete sacramentos?
“Los siete sacramentos corresponden a todas las etapas y todos los momentos
importantes de la vida del cristiano” (CATIC 1210): nacimiento (Bautismo),
crecimiento (Confirmación), fortalecimiento por comida y bebida (Eucaristía),
reparación y restauración (Penitencia), servicio a otros (Matrimonio y Orden
sacerdotal), y preparación para la muerte (Unción de los enfermos), poniendo este
ultimo de referencia hacia esta etapa final de la vida, aunque su función santificadora
se realiza cuando las fuerzas se vean debilitadas.
“Hay aquí una cierta semejanza entre las etapas de la vida natural y las etapas de
la vida espiritual (CATIC 1210). Cada transición importante, del nacimiento a la
muerte, es santificada; puesto que nuestra vida sobrenatural está construida sobre la
base de nuestra vida natural, dado que la naturaleza es un tipo de programa de
adiestramiento para nuestro destino sobrenatural.
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“La participación en la naturaleza divina, que los hombres reciben como don
mediante la gracia de Cristo, tiene cierta analogía con el origen, el crecimiento y el
sustento de la vida natural” (1212).
1) “Los fieles renacidos en el Bautismo se fortalecen con el sacramento de la
Confirmación y, finalmente, son alimentados en la Eucaristía con el manjar de la vida
eterna...” (CATIC 1212). Los tres sacramentos de la iniciación cristiana – Bautismo,
Confirmación y Eucaristía – sientan la base de toda vida cristiana, tal como lo hacen el 7
nacimiento, el crecimiento y el fortalecimiento mediante comida y bebida para nuestra
vida corporal.
2) El Orden sacerdotal y el Matrimonio nos preparan para el servicio vitalicio.
Los dos son similares, puesto que el sacerdocio también es una forma de matrimonio –
matrimonio a la Iglesia – y el matrimonio también es una forma de sacerdocio – el
“sacerdocio común”, al cual sirve el sacerdocio sacramental.
3) Finalmente, hay dos sacramentos de reparación. La Penitencia y la Unción
de los enfermos reparan y fortalecen almas y cuerpos. La Unción de los enfermos,
junto con la recepción de la Sagrada Comunión, es también una preparación para
nuestro viaje final a la muerte, nuestro “viaticum”, de la palabra latina que se refiere a
las provisiones para un viaje.
Concluyamos pensando en el gran amor que nos tiene nuestro Señor Jesucristo,
pues se manifiesta con nosotros en cada instante de nuestra vida, nos acompaña y nos
fortalece con su presencia por medio de los sacramentos.
3. Actuar…
Compartimos en pequeños grupos las siguientes preguntas:
1. Después de haber estudiado sobre el significado de la palabra sacramento y su
repercusión en nuestra vida cristiana ¿A qué te sientes comprometido?
2. ¿En que repercuten los sacramentos en tu diario vivir?
3. ¿Cómo lo darías a conocer a los demás?
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5. Orar…
ORACIÓN A LA VIRGEN MARÍA POR NUESTRAS FAMILIAS.
Virgen María, madre y protectora de las familias:
Ponte en camino,
ven a nuestra casa y visítanos,
como visitaste la casa de la anciana Isabel.
Renueva en nosotros… 8
Virgen María, madre y protectora de las familias:
Entra en nuestra casa,
enséñanos a ser compasivos, con el enfermo, con el
angustiado,
compasivos con los que no tienen empleo, con los que no
tienen vivienda
compasivos con quienes no confían en el amor,
con quienes pierden la esperanza, con quienes no tienen fe.
Virgen María, madre y protectora de las familias:
Quédate en nuestra casa,
tu presencia, llena de luz nuestro hogar,
renueva en nosotros la esperanza,
en medio de las duras pruebas y las tribulaciones que nos rodean,
danos tu valentía, y acompáñanos,
como acompañaste a tu Hijo Jesús en la Cruz.
Virgen María, madre y protectora de las familias:
Te acogemos por siempre en nuestra casa,
comparte con nosotros un pedazo de pan y un vaso de agua,
que todos volvamos a la austeridad,
que seamos agradecidos con lo que tenemos,
que nuestra mayor riqueza sea tu Hijo Jesucristo el Señor,
y como en las bodas de Caná, enséñanos a hacer lo que Él nos diga. Amen
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CATEQUESIS II
“sacramento de la eucaristía”
1.ENTRONIZAR…
Oración para meditar la Palabra de Dios.
Oh Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo, Inspírame siempre lo que debo 9
pensar, lo que debo decir, cómo debo decirlo, lo que debo callar, cómo debo actuar,
lo que debo hacer, para gloria de Dios, bien de las almas y mi propia Santificación.
Espíritu Santo, Dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y
facultad para aprender, sutileza para interpretar, gracia y eficacia para hablar. Dame
acierto al empezar dirección al progresar y perfección al acabar.
Amén.
Se puede entonar un canto al Espíritu Santo concluido el canto se proclama el Evangelio de San
Juan 6, 51 – 58
Del santo Evangelio según san Juan. Jn. 6, 51 - 58
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado
del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es
mi carne para que el mundo tenga vida”.
Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer
su carne?”
Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben
su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre,
tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne
y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado,
posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres,
pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre”.
Palabra del Señor.
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2. Ver…
PARTAMOS DE NUESTRA REALIDAD…
Para este momento dividiremos a nuestra comunidad en pequeños grupos, a cada uno de ellos se les
entregara un testimonio sobre la Sagrada Eucaristía, que leerán y posteriormente compartirán en el
pequeño grupo.
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PRIMER TESTIMONIO
MISA EN UNA CARCEL COMUNISTA
Cardenal Van Thuan
¿Cómo celebraba la misa el cardenal vietnamita que estuvo años en un campo de
concentración?
Van Thuan, el arzobispo vietnamita que estuvo años en prisión, hoy cardenal de
la Iglesia Católica, da testimonio sobre cómo logró celebrar la misa en un campo de
concentración comunista.
"Cuando me arrestaron, tuve que marcharme enseguida, con las manos vacías.
Al día siguiente me permitieron escribir a los míos, para pedir lo más necesario: ropa,
pasta de dientes... Les puse: Por favor, enviadme un poco de vino como medicina
contra el dolor de estómago. Los fieles comprendieron enseguida.
Me enviaron una botellita de vino de misa, con la etiqueta: medicina contra el
dolor de estómago, y hostias escondidas en una antorcha contra la humedad.
La policía me preguntó:
–¿Le duele el estómago?
–Sí.
–Aquí tiene una medicina para usted.
Nunca podré expresar mi gran alegría: diariamente, con tres gotas de vino y una
gota de agua en la palma de la mano, celebré la misa. ¡Éste era mi altar y ésta era mi
catedral! Era la verdadera medicina del alma y del cuerpo: Medicina de inmortalidad,
remedio para no morir, sino para vivir siempre en Jesucristo, como dice Ignacio de
Antioquía.
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A cada paso tenía ocasión de extender los brazos y clavarme en la cruz con
Jesús, de beber con Él el cáliz más amargo. Cada día, al recitar las palabras de la
consagración, confirmaba con todo el corazón y con toda el alma un nuevo pacto, un
pacto eterno entre Jesús y yo, mediante su sangre mezclada con la mía. ¡Han sido las
misas más hermosas de mi vida!"
SEGUNDO TESTIMONIO 11
MÁRTIR POR AMOR A LA EUCARISTÍA
Mons. Fulton Sheen
Unos meses antes de su muerte el Obispo Fulton J. Sheen fue entrevistado por la
televisión nacional: "Obispo Sheen, usted inspiró a millones de personas en todo el
mundo. ¿Quien lo inspiró a usted? ¿Fue acaso un Papa?".
El Obispo Sheen respondió que su mayor inspiración no fue un Papa, ni un
Cardenal, u otro Obispo, y ni siquiera fue un sacerdote o monja. Fue una niña China de
once años de edad.
Explicó que cuando los comunistas se apoderaron de China, encarcelaron a un
sacerdote en su propia rectoría cerca de la Iglesia. El sacerdote observó aterrado desde
su ventana como los comunistas penetraron en la iglesia y se dirigieron al santuario.
Llenos de odio profanaron el tabernáculo, tomaron el copón y lo tiraron al piso,
esparciendo las Hostias Consagradas. Eran tiempos de persecución y el sacerdote sabía
exactamente cuántas Hostias contenía el copón: Treinta y dos.
Cuando los comunistas se retiraron, tal vez no se dieron cuenta, o no prestaron
atención a una niñita que rezaba en la parte de atrás de la iglesia, la cual vio todo lo
sucedido. Esa noche la pequeña regresó y, evadiendo la guardia apostada en la rectoría,
entró a la iglesia. Allí hizo una hora santa de oración, un acto de amor para reparar el
acto de odio. Después de su hora santa, se adentró al santuario, se arrodilló, e
inclinándose hacia delante, con su lengua recibió a Jesús en la Sagrada Comunión. (en
aquel tiempo no se permitía a los laicos tocar la Eucaristía con sus manos).
La pequeña continuó regresando cada noche, haciendo su hora santa y
recibiendo a Jesús Eucarístico en su lengua. En la trigésima segunda noche, después de
haber consumido la última Hostia, accidentalmente hizo un ruido que despertó al
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guardia. Este corrió detrás de ella, la agarró, y la golpeó hasta matarla con la culata de
su rifle.
Este acto de martirio heroico fue presenciado por el sacerdote mientras,
sumamente abatido, miraba desde la ventana de su cuarto convertido en celda.
Cuando el Obispo Sheen escuchó el relato, se inspiró a tal grado que prometió a
Dios que haría una hora santa de oración frente a Jesús Sacramentado todos los días,
por el resto de su vida. Si aquella pequeñita pudo dar testimonio con su vida de la real 12
y hermosa Presencia de su Salvador en el Santísimo Sacramento, entonces el obispo se
veía obligado a lo mismo. Su único deseo desde entonces sería, atraer el mundo al
Corazón Ardiente de Jesús en el Santísimo Sacramento.
La pequeña le enseñó al Obispo el verdadero valor y celo que se debe tener por
la Eucaristía; como la fe puede sobreponerse a todo miedo y como el verdadero amor a
Jesús en la Eucaristía debe trascender a la vida misma.
Lo que se esconde en la Hostia Sagrada es la gloria de Su amor. Todo lo creado
es un reflejo de la realidad suprema que es Jesucristo. El sol en el cielo es tan solo un
símbolo del hijo de Dios en el Santísimo Sacramento. Por eso es que muchas custodias
imitan los rayos de sol. Como el sol es la fuente natural de toda energía, el Santísimo
Sacramento es la fuente sobrenatural de toda gracia y amor.
JESUS es el Santísimo Sacramento, la Luz del mundo.
Después de haber leído el testimonio, respondemos las siguientes preguntas:
COMPARTIMOS:
¿Qué es lo que más te ha impactado de los testimonios que has leído?
¿Qué es lo que ha alimentado a estos hombres y mujeres de fe, para concebir así
la Eucaristía?
¿Qué crees que le haga falta al mundo en estos tiempos?
¿Cuál es el valor que tú le das a la eucaristía?
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3. Juzgar…
A) Proemio
La eucaristía es un suceso maravilloso en el cual Jesucristo, nuestra vida, se
hace presente. Participar en la misa «es vivir otra vez la pasión y la muerte redentora
del Señor. Es una teofanía: el Señor se hace presente en el altar para ser ofrecido al
Padre por la salvación del mundo» (Homilía S.S. Francisco en la santa misa, Casa S. 13
Marta, 10 de febrero de 2014).
B) Naturaleza del Sacramento
La eucaristía es el sacramento en el cual bajo las especies de pan y vino,
Jesucristo se halla verdadera, real y substancialmente presente, con su cuerpo, su
sangre, su alma y su divinidad.
Se le llama el “sacramento por excelencia”, porque en él se encuentra Cristo
presente, quien es fuente de todas las gracias. Además, todos los demás sacramentos
tienden o tienen como fin la Eucaristía, ayudando al alma para recibirlo mejor y en la
mayoría de las veces, tienen lugar dentro de la Eucaristía.
A este sacramento se le denomina de muchas maneras dada su riqueza infinita.
La palabra Eucaristía quiere decir acción de gracias, es uno de los nombres más
antiguos y correcto porque en esta celebración damos gracias al Padre, por medio de su
Hijo, Jesucristo, en el Espíritu y recuerda las bendiciones judías que hacen referencia a
la creación, la redención y la santificación. (Cfr. Lc. 22, 19)
C) Nombres que recibe la Eucaristía
1. Es el Banquete del Señor porque es la Cena que Cristo celebró con sus apóstoles
justo antes de comenzar la pasión. (Cfr. 1 Col 11, 20).
2. Fracción del pan porque este rito fue el que utilizó Jesús cuando bendecía y
distribuía el pan, sobre todo en la Última Cena. Los discípulos de Emaús lo
reconocieron – después de la resurrección – por este gesto y los primeros cristianos
llamaron de esta manera a sus asambleas eucarísticas. (Cfr. Mt. 26, 25; Lc. 24, 13-35;
Hech. 2, 42-46).
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3. También, se le dice asamblea eucarística porque se celebra en la asamblea –
reunión - de los fieles.
4. Santo sacrificio, porque se actualiza el sacrificio de Cristo. Es memorial de la
pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
5. Comunión, porque es la unión íntima con Cristo que nos hace partícipes de su
Cuerpo y de su Sangre.
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6. Didaché, es el sentido primero de la “comunión de los santos” que se menciona en
el símbolo de los Apóstoles.
7. Misa, posee un sentido de misión, llevar a los demás lo que se ha recibido de Dios
en el sacramento. Usada desde el siglo VI, tomada de las últimas palabras “ite missa
est".
D) Institución de la Eucaristía
En el Antiguo Testamento encontramos varias prefiguracones de este sacramento,
como son:
El maná, con que se alimentó el pueblo de Israel durante su peregrinar por el
desierto. (Cfr. Ex. 16,) .
El sacrificio de Mequisedec, sacerdote que en acción de gracias por la victoria
de Abraham, ofrece pan y vino. (Cfr. Gen. 14, 18).
El mismo sacrificio de Abraham, que está dispuesto a ofrecer la vida de su
hijo Isaac. (Cfr. Gen. 22, 10).
Así como, el sacrificio del cordero pascual, que libró de la muerte al pueblo de
Israel, en Egipto. (Cfr. Ex. 12).
Igualmente, la Eucaristía fue mencionada - a manera de profecías – en el Antiguo
Testamento por Salomón en el libro de los Proverbios, donde le ordena a los criados a
ir para comer y beber el vino que les había preparado. (Cfr. Prov. 9,1). El profeta
Zacarías habla del trigo de los elegidos y del vino que purifica.
El mismo Cristo – después de la multiplicación de los panes – profetiza su
presencia real, corporal y sustancial, en Cafarnaúm, cuando dice: “Yo soy el pan de
vida … Si uno come de este pan vivirá para siempre, pues el pan que yo daré es mi
carne, para la vida del mundo”. (Jn. 6, 32-34;51)
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Cristo, sabiendo que había llegado su “hora”, después de lavar los pies a sus
apóstoles y de darles el mandamiento del amor, instituye este sacramento el Jueves
Santo, en la Última Cena (Mt. 26, 26 -28; Mc. 14, 22 -25; Lc. 22, 19 - 20). Todo esto
con el fin de quedarse entre los hombres, de nunca separarse de los suyos y hacerlos
partícipes de su Pasión. El sacramento de la Eucaristía surge del infinito amor de
Jesucristo por el hombre. 15
El Concilio de Trento declaró como verdad de fe, que la Eucaristía es verdadero y
propio sacramento porque en él están presente los elementos esenciales de los
sacramentos: el signo externo; materia (pan y vino) y forma; confiere la gracia; y fue
instituido por Cristo.
Cristo deja el mandato de celebrar el Sacramento de la Eucaristía e insiste, como
se puede constatar en el Evangelio, en la necesidad de recibirlo. Dice que hay que
comer y beber su sangre para poder salvarnos. (Jn. 6, 54).
La Iglesia siempre ha sido fiel a la orden de Nuestro Señor. Los primeros
cristianos se reunían en las sinagogas, donde leían unas Lecturas del Antiguo
Testamento y luego se daba lugar a lo que llamaban “fracción del pan”, cuando fueron
expulsados de las sinagogas, seguían reuniéndose en algún lugar una vez a la semana
para distribuir el pan, cumpliendo así el mandato que Cristo les dejó a los Apóstoles.
Poco a poco se le fueron añadiendo nuevas lecturas, oraciones, etc. hasta que en
1570 San Pío V determinó como debería ser el rito de la Misa, mismo que se mantuvo
hasta el Concilio Vaticano II.
E) La Eucaristía, Sacramento de la Iniciación Cristiana
Según el Catecismo de la Iglesia católica, «la sagrada eucaristía culmina la
iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el
bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la confirmación,
participan por medio de la eucaristía con toda la comunidad, en el sacrificio mismo del
Señor» (CATIC 1322; cf IC 57-58, 101ss).
Según el Vaticano II, la eucaristía es «fuente y cumbre de toda la vida cristiana»
(LG 11), «centro y cima» (AG 9), «raíz y quicio» de la comunidad cristiana (PO 6). De
esta forma, el camino de incorporación al misterio pascual del cristiano, iniciado con el
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bautismo y enriquecido con la confirmación, llega a su plenitud sacramental con la
participación en el banquete eucarístico, donde se gustan ya de antemano los bienes de
la vida eterna. Según el Ritual de la iniciación cristiana de adultos, los recién
bautizados son introducidos solemnemente en la asamblea cristiana reunida, para
participar por primera vez en la celebración de la eucaristía: «De esta forma participan
con toda la comunidad en la acción del sacrificio y recitan el padrenuestro, mostrando
así el espíritu de filiación que han recibido con el bautismo... Con la comunión del
Cuerpo entregado y la Sangre derramada confirman los dones recibidos y gustan de 16
antemano los de la eternidad» (RICA 36). De esta forma los bautizados y confirmados
alcanzan su identificación con Cristo, son incorporados plenamente a la comunidad
eclesial y, a través de esta primera participación eucarística, «encuentran la coronación
de su iniciación» (RICA 36; cf IC 106). Por esta primera participación plena del
misterio pascual consiguen aquella madurez cristiana que les permite vivir y ejercer
con toda entereza la nueva vida a la que renacieron con el bautismo.
F) La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida cristiana.
Pero, además de ser la culminación del proceso de la iniciación cristiana, la
eucaristía es, en adelante, «centro y cima de toda la vida cristiana», como fuente
primordial de la que se alimenta toda nuestra existencia cristiana.
Los sacramentos son medios eficaces de la gracia. Todos ellos, en su
peculiaridad específica, nos incorporan al misterio pascual de Cristo. En este sentido,
la eucaristía es el sacramento por antonomasia. Como ningún otro sacramento dice
relación directa a la obra redentora de Cristo: «Nuestro Salvador, en la última cena, la
noche que le traicionaban, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y sangre, con
el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz, y a confiar
así a su esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección: sacramento de
piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se recibe
como alimento a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria
venidera» (SC 47).
Bajo la forma de memorial de la última cena de Jesús con sus apóstoles, es la
perpetuación en el tiempo del único sacrificio de la cruz. Como celebración
sacramental, la eucaristía es expresión y realización de comunión del creyente con el
mismo cuerpo vivificado del Salvador. De esta forma, la vida propia de Cristo
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resucitado, se expande por todos los miembros que forman su cuerpo en forma de
alimento espiritual.
4. Actuar…
Se pone enfrente del pueblo los signos Eucarísticos (Pan y Vino) se invita a los fieles a
17
contemplarlos y responder las siguientes preguntas:
Preguntémonos:
El pan:
Siempre será alimento, signo de entrega, fidelidad, de unidad...·
¿Cómo acoges hoy a Jesús, Pan de vida?
¿A qué compromiso te invita hoy Jesús?
¿Qué podemos hacer por los que no tienen pan?
El vino:
Símbolo de la esperanza en el Mesías.
¿En qué pones tu esperanza?
¿Cómo vives la esperanza? ¿La vives al estilo de Jesús?
¿Crees en tí, en las personas, en Dios?
Alianzas personales y comunitarias, de Iglesia:
¿Cuáles alianzas es urgente renovar hoy?
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5. Orar…
Estate Señor Conmigo…
Estate. Señor, conmigo
siempre, sin jamás partirte,
y cuando decidas irte,
llévame, Señor, contigo;
porque el pensar que te irás 18
me causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo,
de si tú sin mí te vas.
Llévame en tu compañía,
donde tú vayas, Jesús,
porque bien sé que eres tú
la vida del alma mía,
si tu vida no me das,
yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas.
Por eso, más que a la muerte
temo, Señor, tu partida,
y quiero perder la vida
mil veces más que perderte;
pues la inmortal que tú das,
sé que alcanzarla no puedo,
cuando yo sin ti me quedo,
cuando tú sin mí te vas. Amén.
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CATEQUESIS III
Sacramento de la confirmación
1.ENTRONIZAR…
Oración al Espíritu Santo “Ven, Espíritu creador” (Veni creator)
19
Ven, Espíritu Creador, Por ti conozcamos al Padre,
visita las almas de tus fieles al Hijo revélanos también;
llena con tu divina gracia, Creamos en ti, su Espíritu,
los corazones que creaste. por los siglos de los siglos
Tú, a quien llamamos Paráclito, Gloria a Dios Padre,
don de Dios Altísimo, y al Hijo que resucitó,
fuente viva, fuego, y al Espíritu Consolador,
caridad y espiritual unción. por los siglos de los siglos. Amén
Tú derramas sobre nosotros los
siete dones;
Tú, dedo de la diestra del Padre;
Tú, fiel promesa del Padre;
que inspiras nuestras palabras.
Ilumina nuestros sentidos;
infunde tu amor en nuestros
corazones;
y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece la debilidad de nuestro
cuerpo.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz,
sé nuestro director y nuestro guía,
para que evitemos todo mal.
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2. Ver…
Nuevamente se reúnen por grupos, se les facilita una papeleta con la siguiente
reflexión, terminada la lectura se pide responder la siguiente pregunta:
EL AGUA DE VIDA (BAUTISMO)
20
El agua, ha sido en todas las culturas un elemento esencial; y no sólo, en lo que se
refiere a su utilidad material, sino también por su significado espiritual. Sus
significados destacados son:
* El agua que da vida: En medio de un desierto, cuando llueve o brota el agua de
alguna forma, inmediatamente renace la vida. Pues bien, el Bautismo es signo e
instrumento de la vida nueva que recibe el bautizado: la vida del "Hijo de Dios".
(Lee y comenta 1 Jn 3,1-2).
* Agua que sacia la sed: Todos hemos tenido experiencia de la necesidad vital del
agua, cuando la sed nos ha apremiado. También el hombre de nuestros días está
sediento de Dios. Así lo dice el salmo: "Como busca la cierva corrientes de agua viva,
así mi alma te busca a Ti, Dios mío". El Bautismo nos hace miembros de la Iglesia, en
la cual podemos saciar la "sed espiritual" con la que hemos sido creados.
* Agua que limpia: El agua es signo de pureza en todas las culturas; pues es elemento
clave para la limpieza de la persona. Ahora bien, no únicamente se refiere a una
limpieza corporal, sino a una limpieza "interior". Por ello, el Bautismo es signo e
instrumento para el perdón de nuestros pecados (sean los pecados personales o el
pecado original).
(Lee y comenta Hech 2,38)
Supuesto esta explicación,
¿cuáles son las tres finalidades principales del sacramento del Bautismo?
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3. Juzgar…
A) Proemio
Todo sacramento es un encuentro personal con Jesucristo. Cristo se dirige a cada
uno con su nombre, conocedor como nadie de nuestra vida. Ante Dios no
conformamos una masa; y por eso, los sacramentos no se reciben colectivamente, sino
de una manera personalizada. Así, en la celebración del sacramento de la confirmación 21
se nos llama por nuestro nombre: "...N.. recibe por esta señal el don del Espíritu
Santo". En nuestro interior, nuestra respuesta ha de ser la misma que exclamó el
profeta: "Aquí estoy Señor, porque me has llamado"
B) Noción del Sacramento
La confirmación es un sacramento por el cual el bautizado es colmado del
Espíritu Santo por la imposición de manos, la unción y la oración, para que se
consolide interiormente en su vida sobrenatural y confiese exteriormente con valentía
la fe en Jesucristo.
Santo Tomás la define como sacramento de la plenitud de gracia y como
«sacramento por el cual se concede a los bautizados la fortaleza del espíritu»; S.th. tu
72, 1 ad 2; S.c.G. rv, 60.
C) Confirmación ¿Para qué?
El carácter sacramental obrado por la Confirmación representa una especial
forma de semejanza a Cristo y de incorporación a Cristo y a la Iglesia. EI confirmando
es configurado al modo de Cristo, en cuanto que Cristo se enfrentó públicamente al
mal con su muerte de cruz y le opuso resistencia, y superó al pecado con su sacrificio
de muerte y creó nueva vida. De esto se desprende el sentido y finalidad del carácter
de la confirmación. No significa simplemente un nuevo esplendor de la semejanza a
Cristo obrada por el bautismo ni una más profunda incorporación a Cristo y a la
Iglesia, sino algo más, un nuevo modo de semejanza a Cristo, de ser miembro suyo y
de pertenencia a la Iglesia.
Causa una más intensa configuración del sacerdocio general que se nos concedió
por el bautismo. Al confirmado se le imprimen rasgos cristiformes que faltan al
bautizado. Frente al carácter bautismal hay que ver aquí algo nuevo, el que el
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confirmado está capacitado y obligado como miembro adulto de la Iglesia a participar
públicamente con decisión libre y responsable en la obra sacerdotal, magisterial y real
de Cristo para la edificación del reinado de Dios, y hacer frente da este modo a todo lo
que se opone y dificulta el advenimiento del reino de Dios.
Muchas veces, para determinar la diferencia entre el carácter cristiforme del
bautizado y el del confirmado, se compara el bautizado con el menor de edad y el
confirmado con el hombre adulto. La Confirmación aparece así como el sacramento de 22
la mayoría de edad en la vida espiritual. De todos modos, no hay que exagerar esta
comparación. Vimos que los bautizados no son unos miembros inmaturos en el Cuerpo
de Cristo. También ellos tienen capacidad, derecho y deber de trabajar en la edificación
del reino de Dios. Vimos que el Bautismo era el sacramento del sacerdocio general. No
es la Confirmación la que concede la madurez espiritual. Pero a la mayoría de edad
alcanzada en el bautismo le da una especial madurez y orienta a los adultos en una
dirección determinada.
La madurez deparada al confirmado en su comunidad con Cristo le faculta y
obliga a realizarla a la luz pública. La Confirmación coloca al bautizado en aquella
publicidad en que se movió Cristo cuando venció el mal. Fue la publicidad del mundo
y del cielo. Ante los judíos y romanos, y ante la mirada del Padre celestial se enfrentó
Cristo al mal para vencerlo (Col. 2, 15). El carácter confirmatorio es, pues, la señal con
que es sellado el hombre como creyente cristiano ante el mundo y ante el cielo. Pero
tampoco el bautizado es un ser solitario. También él se encuentra en la publicidad del
cielo y de la tierra. Pero en el confirmado esta publicidad tiene una fuerza especial.
Quizá pueda decirse que en el bautismo lo importante estriba en la vida individual
realizada dentro de la comunidad, en la confirmación en la vida comunitaria llevada
por cada uno en particular. Así, pues, en la publicidad en que se encuentra situado el
confirmando debe enfrentarse y oponer resistencia con decisión libre y responsable al
mal, debido a su perfecta semejanza a Cristo y a su incorporación a El y a ser miembro
de la Iglesia. Esto se realiza en la participación en la obra sacerdotal, doctrinal y real
de Cristo.
La participación del confirmado en la obra de Cristo se diferencia de la del
bautizado en que el confirmado está capacitado y obligado a realizar su participación
en una situación especial, esto es: en aquellas situaciones en que la comunidad con
Cristo sólo puede actuar luchando y oponiendo resistencia al mal, al error, a la
incredulidad y al pecado. El confirmado se enfrentará públicamente al mal, y así
aportará su contribución a la implantación del reino de Dios en el mundo. Para ello
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recibe el carácter confirmacional, la misión, la autorización y el encargo. Se le
confirma, sella y arma para esta empresa. El carácter confirmacional fundamenta una
comunidad de lucha y victoria del confirmado con Cristo. No tiende, en primer lugar, a
la santificación del confirmado, sino a su consagración al trabajo de santificaci6n del
mundo. La Iglesia da poder y obliga a sus miembros en la confirmación para que
santifiquen el mundo, obra que le ha sido confiada a Ella. La Confirmación es el
sacramento del "servicio al mundo" de la Iglesia. La unción en la frente alude al hecho
de que el confirmado ha sido enviado para dar testimonio público de Cristo. La frente 23
es el "órgano de la publicidad". La bofetada, costumbre al principio desconocida en la
liturgia, que fue introducida al entrar en contacto la oonfirmaci6n con el mundo
germánico, expresa que la Confirmaci6n es el sacramento de la nobleza espiritual En el
Sed contra del artículo sexto de la cuestión sobre la confirmación, cita Santo Tomás de
Aquino (Suma Teológica, III, q. 72, a. 6) un texto de Rábano Mauro que dice que al
bautizado se le comunica el Espíritu Santo en la confirmación a fin de quedar
fortalecido para predicar a Cristo (ad praedicandum) (cfr. I Cor. 14, 3, 14, 23-33). La
naturaleza de la lucha contra el mal está determinada por la índole de la lucha de
Cristo, de quien el confirmado lleva los rasgos. Cristo venció los pecados del mundo
entregándose hasta la muerte. Lo mismo se sigue del hecho de que la semejanza a
Cristo nace al ser sellado con el Espíritu Santo. Este ser sellado con el Espíritu Santo
lo es con el amor.
D) El Espíritu Santo
El protagonista del Sacramento de la Confirmación es la tercera Persona de la
Santísima Trinidad.
Ya desde el Antiguo Testamento los Profetas anunciaron que el Espíritu del
Señor reposaría sobre el Mesías esperado: "Sobre él reposará el Espíritu de Yahvé" (Is.
11,2) "El Espíritu del Señor Yahvé está sobre mí" (Is.61,1), lo cual se hizo patente en el
Bautismo de Cristo en el Jordán: "Una vez bautizado, Jesús salió del río. De repente se
le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como paloma y venía sobre
él" (Mt.3, 16).
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Pero la plenitud del Espíritu Santo no estaba destinada únicamente al Mesías,
sino a todo el Pueblo Mesiánico: "Infundiré mi Espíritu en ustedes para que vivan
según mis mandatos y respetan mis órdenes" (Ez.36,27).
Cristo en repetidas ocasiones prometió esta efusión a sus seguidores: "El
Espíritu Santo les enseñará en ese mismo momento lo que hay que decir" (Lc.12,12) y
lo cumplió el mismo día de la Pascua: "Dicho esto, sopló sobre ellos diciendo: Reciban
al Espíritu Santo (Jn.20,22) y de una manera más notable en Pentecostés: "y quedaron 24
llenos del Espíritu Santo" (Hech.2,4). Aquellos que se hicieron bautizar ese mismo día,
recibieron a su vez el don del Espíritu Santo: "Dios les dará el Espíritu Santo".
(Hech.2,38)
A partir de entonces, los Apóstoles en cumplimiento de la voluntad de Cristo,
comunicaban a los recién bautizados, por la imposición de las manos, el don del
Espíritu Santo. La tradición cristiana ha considerado desde el principio dicha
imposición de las manos como el signo primitivo del Sacramento de la Confirmación.
Sin embargo, muy pronto para mejor significar la unción espiritual se añadió la unción
con el óleo perfumado (Crisma). Precisamente el nombre de "cristiano" significa
seguidor de Cristo, el "Ungido".
E) El aceite como signo
Muy atinadamente en algunos Sacramentos se usan óleos consagrados para la
unción con distintos significados: antes del Bautismo significa purificación y fortaleza
(usamos aceites y crema para limpiar la piel, para practicar deportes); el Oleo de los
enfermos significa y realiza curación y consuelo (muchas medicinas tienen como base
aceites); por su parte las unciones con el Santo Crisma después del Bautismo, en la
Confirmación y en la Ordenación Sacerdotal son signos de consagración, como el sello
de propiedad que se imprime en un documento.
Así el confirmado recibe la "marca" o el sello del Espíritu Santo: "Es Dios el
que nos conforta juntamente con nosotros en Cristo y el que nos ungió y el que nos
marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones" (2 Cor. 1,22).
F) Los dones del Espíritu Santo
Los Dones del Espíritu Santo son 7 auxilios Espirituales que capacitan el alma
para ejercitar las virtudes necesarias a la perfección cristiana. Estos 7 Dones son los
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siguientes: Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad, Temor
de Dios.
El Don de Sabiduría es el más perfecto de todos los Dones, el nos hace preferir
los bienes celestiales a los terrenales y que encontremos así nuestras delicias en
las cosas de Dios, de la Religión.
El Don de Entendimiento, nos hace comprender mejor las verdades de la 25
Religión. Nos descubre el significado oculto de las Sagradas Escrituras.
Comprender el significado de los Sacramentos y de las ceremonias de la Iglesia.
Penetrar en los planes ocultos de la Providencia, en el gobierno del mundo y de
los hombres, etc., etc. Quien tiene este Don, no piensa como los mundanos que
el mundo está mal arreglado, sino que, por el contrario, admira en él, la
Sabiduría, inteligencia y Providencias divinas.
El Don de Consejo nos da a conocer con toda prontitud y seguridad, lo que
conviene para nuestra salvación y la del prójimo, de un modo especial en los
casos más difíciles y decisivos.
Este es el Don que Nuestro Señor prometió a sus Apóstoles con estas palabras:
"Cuando jueces y gobernantes malvados, y enemigos de Dios los citarán para exigirles
cuenta de su conducta y de sus obras de celo, no piensen cómo o qué tienen que
responder, porque en aquella hora el Espíritu Santo les sugerirá lo que debes decir"
(Mt.10,20).
Fue este Don el que hizo a San Pedro contestar al Sanedrín cuando éste le ordenaba
no predicar a Jesucristo: "Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres"
(Hech.5,29)
El Don de la Fortaleza nos da la energía que necesitamos para resistir a los
obstáculos que se oponen a nuestra santificación para resistir las tentaciones y
no caer en pecado, para despreciar el respeto humano, para perseverar durante
toda la vida en el cumplimiento del deber, en la vida cristiana.
Es este Don el que nos da la fuerza para emprender sin temor ni vacilación, obras
que miran a la mayor gloria de Dios. El acto por excelencia del Don de la Fortaleza, es
el martirio, pero hay que recordar que es comparable a él una vida empleada en el
servicio de Dios y en procurar la salvación de las almas.
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El Don de la Ciencia, no por supuesto de la ciencia profana, sino de la Ciencia
de Dios, nos da a conocer el camino que debemos seguir para llegar al Cielo.
Este Don nos hace ver todas las cosas en Dios, como creaturas suyas, como
manifestaciones de su Poder, Sabiduría y Bondad infinitas. Por medio de este Don
todas ellas vienen a ser para nosotros, como un reflejo de Dios.
26
San Francisco de Asís, poseía este Don en alto grado, considerando todas las cosas
creadas como hijas de Dios, veía en todas ellas otros tantos hermanos, el hermano sol,
la hermana agua, la hermana oveja, etc., hasta la hermana muerte.
El Don de Piedad, despierta en el confirmado un afecto filial hacia Dios a quien
podemos dirigirnos con toda confianza y una tierna devoción y prontitud para
cumplir con nuestros deberes religiosos.
Este Don hace que encontremos placer en las oraciones, y en las prácticas religiosas
–que nos sacrifiquemos por Dios y por su Gloria, y –que recibamos todo como venido
de la Mano de Dios, y nos abandonemos a sus manos como el niño se abandona a las
de su madre.
Y nos inspira además, un grande amor a las personas y a las cosas que participan de
Dios y de sus perfecciones divinas, a saber, la Virgen Santísima, los Angeles, los
Santos, la Sagrada Biblia, la Iglesia y su Jefe visible, el Sumo Pontífice y los
Superiores en quienes se ve a los representantes de Dios.
El Don de Temor de Dios, inclina nuestra voluntad a un respeto filial hacia Él;
nos aleja del pecado porque le desagrada y nos hace esperar en su poderoso
auxilio.
Pero entiéndase bien que este Don del Espíritu Santo, nada tiene de común con el
temor al castigo de Dios por nuestros pecados, el temor a las penas de esta vida, a las
del Purgatorio y del Infierno. No es el temor del subordinado que sirve al jefe porque
no lo castigue, sino el temor del buen hijo que teme disgustar al mejor de los padres.
Este Don del Espíritu Santo nos inspira un vivo sentimiento de la grandeza y
bondad de Dios y por lo tanto, sumo horror a las menores faltas; una viva contrición de
éstas porque ofenden a un Dios tan bueno, un deseo vivísimo de repararlas con muchos
actos de amor y sacrificio y en fin, suma diligencia de huir de las ocasiones de pecado.
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4. Actuar…
Se invita a leer detenidamente la parábola de los talentos: (Mt 25,14-30). Y desde ese
texto responder:
¿La santidad es el privilegio de algunos, o es la vocación a la que estamos
llamados todos? 27
5. Orar…
Pedimos los Dones del Espíritu Santo
¡Oh Espíritu Santo!, llena de nuevo mi alma con la abundancia de tus dones y frutos.
Haz que yo sepa, con el don de Sabiduría, tener este gusto por las cosas de Dios que
me haga apartar de las terrenas.
Que sepa, con el don del Entendimiento, ver con fe viva la importancia y la belleza de
la verdad cristiana.
Que, con el don del Consejo, ponga los medios más conducentes para santificarme,
perseverar y salvarme.
Que el don de Fortaleza me haga vencer todos los obstáculos en la confesión de la fe y
en el camino de la salvación.
Que sepa con el don de Ciencia, discernir claramente entre el bien y el mal, lo falso de
lo verdadero, descubriendo los engaños del demonio, del mundo y del pecado.
Que, con el don de Piedad, ame a Dios como Padre, le sirva con fervorosa devoción y
sea misericordioso con el prójimo.
Finalmente, que, con el don de Temor de Dios, tenga el mayor respeto y veneración
por los mandamientos de Dios, cuidando de no ofenderle jamás con el pecado.
Lléname, sobre todo, de tu amor divino; que sea el móvil de toda mi vida espiritual;
que, lleno de unción, sepa enseñar y hacer entender, al menos con mi ejemplo, la
belleza de tu doctrina, la bondad de tus preceptos y la dulzura de tu amor. Amén.
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CATEQUESIS IV
Sacramento de la Reconciliación
1.ENTRONIZAR…
Oración con el salmo “Miserere”
Misericordia, Dios mío, por tu bondad; no me arrojes lejos de tu rostro, 28
por tu inmensa compasión borra mi no me quites tu santo espíritu.
culpa;
lava del todo mi delito, Devuélveme la alegría de tu salvación,
limpia mi pecado. afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
Pues yo reconozco mi culpa, los pecadores volverán a ti.
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé, Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
cometí la maldad que aborreces. Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
En la sentencia tendrás razón, Señor, me abrirás los labios,
en el juicio brillará tu rectitud. y mi boca proclamará tu alabanza.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre. Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo
Te gusta un corazón sincero, querrías.
y en mi interior me inculcas sabiduría. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; un corazón quebrantado y humillado
lávame: quedaré más blanco que la tú no lo desprecias.
nieve.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
Hazme oír el gozo y la alegría, reconstruye las murallas de Jerusalén:
que se alegren los huesos quebrantados. entonces aceptarás los sacrificios
Aparta de mi pecado tu vista, rituales,
borra en mí toda culpa. ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu
firme;
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2. Ver…
CREADOS PARA VIVIR EN AMISTAD
El hombre es la obra culminante de la Creación, puesto que es el único ser, entre
todo lo creado, que ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios. Es más, el
hombre ha sido creado para vivir en amistad con Dios. Esta es la finalidad, o el
sentido de su vida: dar "Gloria a Dios". Pero no nos pensemos que dar gloria a 29
Dios, es añadirle algo de lo que carecía.
La Gloria de Dios es la felicidad del hombre. El hombre, pues, ha sido creado
para ser feliz, viviendo en amistad con Dios, con los hombres, con toda la creación
y consigo mismo.
Leemos con atención el texto de Lc. 15, 11-32
Compartimos…
¿Cuál es la actitud de los dos hijos?
¿Qué hace recapacitar al hijo menor?
¿Tú perdonarías igual que el Padre?
¿En que personaje te identificas?
¿En que encontramos semejanzas con nuestra vida ordinaria?
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3. Juzgar…
A) Institución del Sacramento de la Penitencia
Cristo conoce la gravedad de nuestro pecado, y conoce también la sinceridad de
nuestro arrepentimiento, así como nuestra necesidad de sabernos perdonados; por eso
instituye el sacramento de la Penitencia. A los doce apóstoles les dio la potestad de
perdonar los pecados, para que continuasen su obra: "Recibid el Espíritu Santo, a 30
quienes perdonéis los pecados, le quedan perdonados; a quienes se los retengáis les
quedan retenidos" (Jn 20,23).
Recogiendo este mandato de Jesucristo, la Iglesia recuerda y actualiza aquellas
palabras que sólo Cristo pudo pronunciar: "Tus pecados quedan perdonados" Mt 9,2);
"Mujer ¿dónde están los que te acusan?, ¿nadie te ha condenado? Tampoco yo te
condeno. Vete y en adelante, no peques más" Jn 8,11. A través de este sacramento se
prolonga el perdón de Jesús en nuestros días, transmitiendo al hombre de hoy la paz
interior que sólo esas palabras nos pueden dar.
B) Diversos nombres de este sacramento
El principal objetivo de este Sacramento, es nuestra reconciliación con Dios y
con la Iglesia. Es por ello el Sacramento de la Reconciliación.
Pero no puede darse dicha reconciliación si permanecemos en pecado, por lo
que se impone una conversión de 180 grados, alejándonos de todo aquello que nos
aparta de Dios. Por eso también recibe el nombre de Conversión.
No podríamos convertirnos sin un sincero arrepentimiento, que en latín, lengua
oficial de la Iglesia Católica, se dicé "penitere" y por eso es el Sacramento de la
Penitencia, que incluye una reparación por parte del pecador.
Declarar los pecados ante el Sacerdote, es un elemento esencial de la
Reconciliación y por eso, también se denomina Confesión. Es igualmente el
Sacramento del Perdón porque por la absolución sacramental del Sacerdote, Dios
concede al penitente "el perdón y la paz".
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C) Significado de este sacramento
El sacramento de la penitencia es un encuentro gozoso de reconciliación. En él
intervienen siempre tres sujetos que lo configuran como sacramento: Dios, que busca,
salva y renueva a la persona; la Iglesia, que hace visible en su seno el encuentro de
reconciliación y la persona, que acoge en su propia vida el don de la reconciliación.
La misericordia entrañable de Dios
La reconciliación es, fundamentalmente una obra de Dios. Una obra en la que 31
interviene tal como es: Un Padre que busca a sus hijos perdidos, que sale a su
encuentro constantemente. Este es el significado profundo de toda la Historia de
la Salvación. Un Padre que busca a sus hijos de formas diversas para otorgarles
su propio hogar, su propia alegría, su propia vida.
Hijo que, en su Muerte y Resurrección, manifiesta lo que es la reconciliación: un
proceso de lucha contra el mal, una entrega al servicio de los demás, un camino
de dolor (vía curcis) hacia una situación nueva de amor.
Espíritu que es la misma vida de Dios derramada sobre los creyentes, que nos
mueve a la conversión, nos transforma y nos renueva en la fe.
La Iglesia, hace visible el sacramento de la Penitencia
La Iglesia, familia de los que siguen a Jesús, participan de su Espíritu y se
reconocen hijos del mismo Padre, se interesa por la situación de cada uno de sus
miembros. No puede quedar indiferente ante el pecado de uno de sus
componentes que necesariamente afecta a la comunidad entera. Todo esto se
manifiesta mediante:
La presencia de la Iglesia, a través de la Palabra de Dios que a todos invita a la
conversión, los signos litúrgicos que para todos expresan el perdón y el servicio
ministerial del sacerdote que simboliza la presencia de Cristo, la apostolicidad y
el envío de Jesús.
La absolución del ministro ordenado que hace presente a Cristo y a la Iglesia, no
es sólo una expresión de la buena noticia del perdón de los pecados o una mera
declaración de que Dios lo ha perdonado; gracias a ella, somos readmitidos a la
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plena comunión eclesial. El sacramento de la penitencia es un tribunal de gracia,
en el que Dios, Padre misericordioso, vuelve justo al pecador por la muerte y
resurrección de Jesucristo en el Espíritu Santo (CIC 1461-1467)
La ayuda y acompañamiento de la comunidad particular. La intervención de la
Iglesia en el proceso penitencial se concreta en el perdón mutuo y la corrección
fraterna, la palabra de ánimo y la propia celebración del sacramento. El hombre 32
al encuentro con Dios misericordioso.
El ser humano al encuentro con Dios misericordioso
Sin embargo, todo lo hasta aquí dicho no puede realizarse si el hombre no acoge el don
que el Padre le ofrece: Dios no puede reconciliar a quien no quiere reconciliarse.
Por eso los actos del penitente son de la máxima importancia y pueden reducirse a tres:
Conversión: llamada también contrición. Puede ser perfecta, cuando brota del
amor de Dios amado sobre todas las cosas y obtiene el perdón de los pecados
veniales y también de los mortales, siempre que haya firme resolución de
confesar tan pronto sea posible. Es imperfecta, cuando, movidos por la gracia de
Dios y bajo el impulso del Espíritu Santo, brota de la consideración de la fealdad
del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que
es amenazado el pecador. (CIC 1451-1453)
Confesión de los pecados: La Iglesia reconoce que hay diferentes maneras de
expresar externamente esta confesión. Todas ellas son válidas y suficientes
siempre que no se trate de pecados que supongan una ruptura con Dios y la
Iglesia. Cuando se trata de un pecado mortal, donde queda comprometida esta
relación la Iglesia estima la confesión oral de ese pecado.
La confesión de los pecados hecha al sacerdote constituye una parte esencial del
sacramento de la Penitencia. "En la confesión, los penitentes deben enumerar
todos los pecados mortales de que tienen conciencia tras haberse examinado
seriamente, incluso si estos pecados son muy secretos y si han sido cometidos
solamente contra los dos últimos mandamientos del Decálogo, pues a veces,
estos pecados hieren más gravemente el alma y son más peligrosos que los qua
han sido cometidos a la vista de todos".
"Cuando los fieles de Cristo se esfuerzan por confesar todos los pecados que
recuerdan, no se puede dudar que están presentando ante la misericordia divina
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para su perdón todos los pecados que han cometido. Quienes actúan de otro
modo y callan conscientemente algunos pecados, no están presentando ante la
bondad divina nada que pueda ser perdonado por mediación del sacerdote.
Porque si el enfermo se avergüenza de descubrir su llaga al médico, la medicina
no cura lo que ignora" (Concilio de Trento "doctrina sobre el Sacramento de la
Penitencia)
33
La satisfacción: Muchos pecados causan daño al prójimo. Es preciso hacer lo
posible para repararlo (por ejemplo restituir las cosas robadas, restablecer la
reputación del que ha sido calumniado, compensar las heridas). La simple
justicia exige esto. Pero además el pecado hiere y debilita al pecador mismo, así
como sus relaciones con Dios y con el prójimo. La absolución quita el pecado,
pero no remedia todos los desórdenes que el pecado causó.
La penitencia que el confesor impone debe tener en cuanta la situación personal
del penitente y buscar su bien espiritual. Puede constituir en la oración, en
ofrendas, en obras de misericordia, servicios al prójimo, privaciones voluntarias,
sacrificios y sobre todo, la aceptación paciente de la cruz que debemos llevar.
"En el sacramento de la Penitencia, Dios, Padre misericordioso, que reconcilió
consigo al mundo por la muerte y resurrección de su Hijo, y derramó el Espíritu
Santo, para el perdón de los pecados, por el ministerio de la Iglesia, perdona al
cristiano los pecados cometidos después del Bautismo"
4. Actuar…
En el sacramento de la Eucaristía es el mismo Cristo el que está presente. La
conciencia de indignidad al acercarse al sacramento ha de ser real: "Señor, yo no soy
digno de que entres en mi casa..." Así, el sacramento de la Confesión nos dispone para
recibir la Eucaristía, la cual no hemos de recibir, si no estamos en gracia de Dios.
Desde esta perspectiva examina: Mt 5,23-24 y 1 Cor 11,27-29.
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5. Orar…
Alegría de los que entran al templo
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios: 34
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por
los siglos de los siglos. Amén.
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35