Ventajas de la Uña de gato
Esta planta se utiliza para aumentar las defensas del organismo, y está en la misma línea de otras
plantas que incrementan la inmunidad, tales como la equinácea, el jengibre, el árbol de té y el sello
de salomón, que se consideran antibiótico naturales, siendo la uña de gato el más potente entre
todos ellos.
Efectos Secundarios de la Uña de gato
Por su contenido en taninos, el uso de esta planta fresca puede provocar irritación intestinal o
diarreas en personas sensibles, aunque un uso continuado de esta planta puede regularizar las
deposiciones.
Contraindicaciones de la Uña de gato
Esta planta no debe ser utilizada por mujeres embarazadas, ya que provoca contracciones uterinas
y podría provocar abortos. Tampoco está aconsejado su uso en lactantes.
No debe utilizarse esta planta por pacientes que han recibido trasplantes de órganos o injertos de
piel, para evitar rechazos.
La uña de gato (Uncaria tomentosa), es una especie originaria de la Amazonia peruana, aunque
también se encuentra presente en otros países de América del Sur, como Ecuador, Colombia y
Venezuela.
La uña de gato es una liana que alcanza hasta los 20 m de altura y crece en bosques altos con
abundante luz. Los tallos se encuentran caracterizados por la presencia de espinas en forma de
gancho, que pueden medir hasta 2 cm de largo. Estas espinas son las que dan origen al nombre de
uña de gato.
La parte de planta dotada de actividad farmacológica es la corteza, la cual es empleada en la
medicina tradicional en el tratamiento de abscesos, alergias, tumores malignos, reumatismo,
artritis, diabetes, cirrosis y alteraciones menstruales.
Su descubrimiento científico data de 1830, año en que fue descrita por primera vez como especie.
Hoy en día, se usa en todo el mundo, siendo una de las plantas medicinales, a nivel internacional,
con mayor demanda debido a sus propiedades medicinales.
Composición química
La corteza de la uña de gato presenta en su composición derivados polifenólicos (flavonoides y
procianidinas); α-hidroxiácidos y derivados; terpenos entre los que destacan, al lado de un
compuesto de naturaleza iridoide, los esteroles (β-sitosterol, campesterol, estigmasterol), así como
los derivados de ácidos triterpénicos, como el ácido ursólico y ácido quinóvico y sus
correspondientes derivados heterosídicos.
Además, en la composición de la corteza de uña de gato destaca la presencia de alcaloides
oxindólicos tetracíclicos (AOT) y pentacíclicos (AOP) que se encuentran en proporciones variables,
de tal forma que, según la mayor o menor presencia de unos y otros, se ha podido establecer la
existencia de dos quimiotipos: uno en el que predominan o existen solamente los AOP y en el otro
los AOT.
Usos populares y centenarios
El uso de la uña de gato y otras plantas medicinales similares se remonta a la civilización inca. Los
sacerdotes peruanos incas consideraban que la uña de gato tenía propiedades de “fuente de vida”
y la usaban para prevenir todo tipo de enfermedades.
La uña de gato ha sido empleada como planta medicinal por los indígenas nativos de América del
Sur desde hace más de 2000 años. Los exploradores observaron que los nativos eran robustos y
libres de enfermedades y cáncer, y se fijaron en que estaban continuamente bebiendo un té
proveniente de la corteza de la liana de uña de gato.
Aplicaciones actuales
Las propiedades medicinales de la uña de gato han sido reconocidas por los pueblos indígenas de
América del Sur desde hace años. Actualmente, es usada como anticonceptivo, antiinflamatorio,
inmunoestimulante, anticancerígeno (esp. tumores del tracto urinario y glioblastoma) y antiviral
(esp. herpes simplex, zoster, papilomavirus, HIV).
También se emplea para:
• Diverticulitis, úlcera péptica, colitis, gastritis, hemorroides e intestino
permeable.
• Parásitos
• Alzheimer
• Síndrome de fatiga crónica
• Curación de heridas
• Artritis reumatoide y osteoartritis
• Asma, rinitis alérgica
• Gonorrea
• Disentería
Farmacología y mecanismo de acción
La actividad farmacológica de la corteza de uña de gato es debida a sus distintos compuestos,
fundamentalmente a los derivados del ácido quinóvico y a los alcaloides oxindólicos, sin que ello
descarte la contribución de otros principios activos presentes en la planta y la sinergia entre todos
ellos: ¡totum de plantas!
Los estudios farmacológicos de la uña de gato han demostrado que la planta actúa a nivel intra y
extra celular. Como reconstituyente celular, también previene el desarrollo de tumores cancerosos,
tanto por el poder de los glóbulos blancos por su capacidad de fagocitar o eliminar virus y
bacterias, como por su actividad antioxidante. Pero, vayamos por partes:
Actividad antiinflamatoria
La actividad antiinflamatoria de esta planta medicinal se relaciona tanto por su contenido en
esteroles como en derivados del ácido quinóvico, así como por los alcaloides oxindólicos. Estos
glucósidos quinóvicos han demostrado ser un 15% superior a la indometacina.
Entre los mecanismos implicados en su capacidad antiinflamatoria, existen un importante número
de vías relacionadas con la inflamación que representan dianas farmacológicas de interés para el
tratamiento del proceso inflamatorio característico de las enfermedades reumáticas(1,2).
Asimismo, es importante destacar la participación en la inflamación de factores tales como los
radicales libres, y de distintas citocinas, como TNFα, IL-1, IL-6(3). Distintas experiencias in vitro e in
vivo demuestran la inhibición del factor nuclear ΚB (NF-ΚB), que controla la actividad
transcripcional de varios promotores de citoquinas pro-inflamatorias, factores de transcripción y
moléculas de adhesión(4), tal y como se ha podido demostrar en el caso de un extracto
hidroalcohólico de uña de gato, con una riqueza en alcaloides oxindólicos superior al 5%.
Otras vías serían las correspondientes a la inhibición de la síntesis de prostaglandinas pro
inflamatorias como la PGE2, consecuente a una inhibición de la COX-1 y COX-2, si bien esta
segunda vía tiene menor importancia que la que implica a la inhibición del TNFα(5,7).
En los procesos inflamatorios osteo-musculares, el estrés oxidativo desempeña un papel
significativo, tal y como ha quedado demostrado en el caso del desarrollo de la artritis y otros
procesos inflamatorios de tipo crónico(6,8), donde las sustancias que actúan sobre los radicales
libres, modifican su acción y/o la producción de los mismos, siendo eficaces en los procesos
inflamatorios(9).
Actividad antioxidante
La actividad antioxidante de la uña de gato se debe a su contenido en procianidinas, que actúan
como captadoras de radicales libres, tanto de oxígeno como de nitrógeno (5,10,11).
Además, las procianidinas son antagonistas del NMDA (N-metil-D-aspartato). La importancia de
este hecho radica en que la activación de los receptores del NMDA median la neurotoxicidad
asociada con isquemia e hipoxia y, por tanto, con la producción de radicales libres.
Por otro lado, Sandoval-Chacon et al. (1998)(9) han demostrado en experiencias in vitro e in vivo
que extractos obtenidos a partir de la uña de gato protegen a las células frente al estrés oxidativo,
al tiempo que impiden la activación del NF-KB.
La Uña de gato en la artritis
Es conocido que en la artritis se produce una pérdida de cartílago consecutiva a la activación de los
procesos catabólicos, con disrupción de las vías anabólicas dependientes del factor 1 de
crecimiento relacionado con la insulina (IGF-1).
Igualmente se sabe que tanto el TNFα como IL-1β silencian la expresión del gen IGF-1 en los tejidos
relacionados, así como que la IL-1β, mediante la inducción de la iNO sintasa, favorece la formación
de NO, agente capaz de activar el componente inflamatorio en los tejidos, tanto por sí mismo
como favoreciendo el incremento de distintos factores catabólicos como las MMP (matriz
metaloproteinasas), IL-1β, COX-2 y radicales libres (peroxinitrito, superóxido, etc.) entre otros
(1,12,13).
Estos hechos abren amplias posibilidades en cuanto a las dianas farmacológicas sobre las que se
puede actuar en el caso de la osteoartritis. Como primera consecuencia de lo expuesto, cabe
suponer que los compuestos capaces de producir una activación del IGF-1 podrían ejercer un
efecto beneficioso en cuanto a la regeneración del cartílago en los pacientes con artritis
reumatoide.
Los resultados obtenidos por Jürgensen et al. (2005)(16) demuestran que los efectos frente al
dolor propio de las afecciones reumáticas pueden ser debidos a la actuación de los alcaloides
oxindólicos sobre los receptores histamínicos 5-HT2.
En el año 2000, investigadores en Argentina reportaron el gran efecto antioxidante de uña de gato,
destacando que “es un potente inhibidor del factor de necrosis tumoral alfa (TNF)”.
Actividad sobre el sistema inmune
La actividad sobre el sistema inmune se encuentra relacionada con los alcaloides oxindólicos, si
bien hay que tener en cuenta que el comportamiento sobre dicho sistema es dependiente del tipo
de alcaloide oxindólico que predomine en su composición; así, mientras que los AOP, como es el
caso de la isopteropodina, favorecen a bajas concentraciones (1 μM) la liberación de un factor
proliferativo que, además de incrementar en un 230% la proliferación de linfocitos B y T
débilmente activados o en fase de reposo, inhibe la producción de linfoblastos, lo cual provoca que
los AOP se comporten como reguladores o moduladores de la respuesta inmune.
A diferencia de los AOP, los alcaloides oxindólicos tetracíclicos (AOT), como rinchofilina e
isorinchofilina, no sólo no inducen la liberación de dicho factor, sino que son capaces de inhibir la
actuación de los AOP de forma dosis dependiente.
A estas actuaciones de la uña de gato sobre el sistema inmune hay que añadir un incremento de la
actividad fagocitaria de los granulocitos humanos y de los macrófagos, que estimulan la
producción de linfoquinas, así como el bloqueo de la proliferación de líneas celulares mieloides.
La uña de gato produce una importante estimulación de la producción de distintas interleucinas
(IL-1, IL-6), iniciadoras de los procesos de defensa inmunitarios, hecho que ha sido observado
incluso en macrófagos estimulados con LPS (lipopolisacáridos).
Según Heitzman et al. (2005), esta actividad inmunomoduladora puede ser relacionada con su
capacidad de inhibir el NF-ΚB (17). La actividad estimulante sobre el sistema inmune ha sido
también estudiada en ratas con leucopenia inducida mediante quimioterapia, en las que se
observó un incremento proporcional de todas las fracciones leucocitarias(18).