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4

El pacto con Abraham

C
uando a Abraham le llegó palabra de Dios en Ur de los Cal-
deos de que debía partir a un lugar que él le mostraría, Abra-
ham no tenía idea de dónde iría (Hebreos 11: 8–9). No te-
nía acceso a un agente de viajes que le reservara un vuelo.
No podía ingresar a Internet para ver una galería de imágenes de la tie-
rra de Canaán. A pesar de eso, como veremos, el pacto de Dios con
Abraham fue un pacto de gracia y salvación. Dios lo inició movido por
su amor (Génesis 12: 1–2; 15: 7, 18; 17: 1–2, 7). Dios se reveló a Abra-
ham repetidamente como Jehová (Génesis 12: 1; 15: 7). Le dijo: «Yo soy
tu escudo» (Génesis 15: 1) y: «Yo soy el Dios Todopoderoso» (Génesis
17: 1). Esto adquiere un mayor significado a medida que entendemos
de dónde vino Abraham y el periodo en el que vivió.1
Al comienzo del tercer milenio antes de Cristo, la ciudad de Ur era la
capital de un vasto imperio. Durante el reinado del rey Ur-Nammu,
la ciudad experimentó una especie de renacimiento. Las excavaciones
realizadas por los británicos revelaron maravillas arquitectónicas increí-
bles, como el zigurat, la torre de un templo que llegaba hasta los cielos.
Del cementerio real se extrajo el tipo de riqueza que todo arqueólogo
soñaría encontrar.2 ¿Por qué Dios llamaría a Abraham para que saliera

1. Aquí se adopta la cronología temprana de Abraham, que data el viaje de Abraham desde Ur en el 2092 a. C.
Véase J. J. Bimson, «Archaeological Data and the Dating of the Patriarchs», en Essays on the Patriarchal Na-
rratives, eds. A. R. Millard y D. J. Wiseman (Winona Lake, IN: Eisen- brauns, 1980), pp. 53–89.
2. S usan Pollack, «Ur», en The Oxford Encyclopedia of Archaeology in the Near East, ed. E. M. Meyers (Nueva
York: Oxford University Press, 1997), pp. 288–291; cf. reportes de las excavaciones por C. Leonard Woolley,
Ur of the Chaldees (Ithica, NY: Cornell University Press, 1982).

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34 • L a promesa : el pacto eterno de D ios

de una ciudad tan espléndida y opulenta? Ciertamente Abraham no lo


sabía. Lo único que tenía era la promesa de Dios. Pero primero, era im-
portante que Abraham supiera quién era Dios.

El Dios del pacto con Abraham


Dios se identifica a sí mismo en su discurso a Abraham en Génesis
15: 7: «Yo soy el SEÑOR» (NVI). En nuestra Biblia en español, la pala-
bra Señor aparece en letras mayúsculas, debido a que la palabra hebrea
era Yahveh, un nombre propio o nombre personal de Dios. Otro nom-
bre, Elohim, generalmente traducido al español como Dios, es el nom-
bre genérico de Dios, en contraste con el nombre personal Yahveh.
Cuando Yahveh se identifica como el que sacó a Abraham de Ur
(versículo 7) hace referencia a la iniciación del pacto que hizo con Abra-
ham, registrado en Génesis 12: 1–3. Dios entabló un pacto de tres eta-
pas con Abraham. La primera aparece en Génesis 12: 1–3; la segunda en
Génesis 15: 1–21; y la tercera en Génesis 17: 1–14. La información cro-
nológica de la narración nos revela que Dios participó en el proceso de
este pacto de tres etapas con Abraham durante un período de veinticua-
tro años.
El significado exacto del nombre Yahveh no se puede establecer fácil-
mente. Se han escrito libros enteros sobre el tema.3 Pero en Éxodo 3: 14
Dios mismo explica que el nombre significa «Yo soy el que soy». Esta
frase única expresa la realidad de la existencia incondicionada de Dios y
su soberanía sobre el pasado, el presente y el futuro. En él residen las
iniciativas tanto de la creación como de la salvación, así como el control
final sobre el presente y el futuro.
Cuando Abraham tenía 99 años, Yahveh se le apareció de nuevo y se
presentó a sí mismo como el «Dios Todopoderoso» (Génesis 17: 1).
Este nombre (o simplemente el «Todopoderoso») aparece principal-
mente en dos libros del Antiguo Testamento: Génesis y Job.

3. G. H. Parke-Taylor, Yahweh: The Divine Name in the Bible (Waterloo, ON: Wilfred Laurier University Press,
1975); Millard C. Lind, Yahweh Is a Warrior (Scottdale, PA: Herald Press, 1980).

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4. El pacto con Abraham • 35

El nombre «Dios Todopoderoso» es la traducción del hebreo El


Shaddai. El es una palabra semítica genérica para designar la deidad y
se usa mayormente en el Antiguo Testamento como sinónimo de Yahveh.
Podemos encontrar ejemplos de su uso en Números 23: 8, 19, 22, 23;
24: 4, 8, 16, 23; Salmos 16: 1; 17: 6; 85: 8; Isaías 40: 18; y 42: 5. El
origen y el significado exactos del nombre Shaddai no están claros. La
traducción «Todopoderoso» en la Biblia parece casi correcta (compá-
rese con Isaías 13: 6; Joel 1: 15). El énfasis en el «poder» de Dios fren-
te a la fragilidad humana encaja admirablemente con la experiencia
de Abraham.
Dios le había prometido un hijo a Abraham casi un cuarto de siglo
antes de los acontecimientos registrados en Génesis 17. Sin embargo,
cuando él y Sara vieron que después de diez años aún no tenían ese
hijo, Abraham trató de resolver el problema por sus propios medios: se
casó con Agar, la sirvienta de su esposa y engendró a Ismael. Casi una
década y media después, cuando Abraham había alcanzado la avanzada
edad de 99 años, Dios ratificó su pacto y le anunció que lo establecería
con el nacimiento de un hijo, Isaac, que nacería después de un año (Gé-
nesis 17: 21). En este momento crucial, Dios se presentó a Abraham
como «Dios Todopoderoso»; el Dios para el que nada es imposible.
Todo hombre o mujer en apuros, que esté vacilante en la fe como Abra-
ham, puede estar plenamente seguro de que el Dios del pacto es verda-
deramente el «Dios Todopoderoso» que logra el cumplimiento de las
promesas del pacto en su propio tiempo y sin ayuda humana. Lo que
Dios ha prometido, lo puede realizar en cualquier momento.

Abraham, socio del pacto


La elección que Dios hizo de Abraham no se basó en ninguna supe-
rioridad inherente que mereciera ser recompensada. Seguramente Abra-
ham fue «fiel entre los infieles, en medio de la prevaleciente apostasía,
se mantuvo firme en la adoración del único Dios verdadero» (Patriarcas
y profetas, cap. 11, pp. 103–104). Pero su fidelidad no debe interpretarse

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36 • L a promesa : el pacto eterno de D ios

como un mérito que le valió el derecho a ser elegido por Dios. La elec-
ción de Dios siempre se basa en el amor, la gracia y la misericordia di-
vinos (Deuteronomio 7: 6–11).
El registro bíblico de la experiencia de Abraham revela una serie de
actos totalmente indignos por parte de alguien que fue elegido para
convertirse en socio del pacto de Dios (compárese con Génesis 12: 10–
20; 16: 1–16; 10: 1–18). Sin embargo, la peregrinación de Abraham
revela un crecimiento y un avance constantes que alcanzaron alturas de
fe prácticamente sin paralelo en la historia de la humanidad (Génesis
18: 22–33; 22: 1–14).
Al concluir el pacto, Dios le cambió el nombre, de Abram, que sig-
nifica «exaltado padre», a Abraham, que significa «padre de una mul-
titud». De hecho, es la primera persona en la Biblia que recibe un
nuevo nombre por parte de Dios. Este nuevo nombre indicaba que la
relación del nuevo pacto estaba sellada y la promesa divina asegurada:
«Te he confirmado como padre de una multitud de naciones» (Géne-
sis 17: 5, NVI).
Cuando Dios llamó a Abraham para que saliera de Ur, no solo cum-
plió su promesa de que este sería padre de muchas naciones, sino que
lo llevó a un lugar donde este nuevo pueblo tendría la mayor influencia.
Canaán, un puente terrestre entre imperios, era la elección geográfica
natural para el pueblo de Dios. Desde Canaán podrían interactuar con
los egipcios; las diversas naciones cananeas: Amón, Moab, Edom; y los
reinos mesopotámicos al este. Pero también había una razón más per-
sonal por la que Dios llamó a Abraham y su familia a salir de Ur en
aquel momento. Poco sabía Abraham cuando dejó Ur a finales del ter-
cer milenio antes de Cristo que su prominencia como capital de un
imperio floreciente sería de corta duración. El período Ur III llegó a su
fin entre el 2004 y 2003 a. C., cuando la ciudad fue destruida por los
elamitas.4 Parece que Dios no solo deseaba establecer una gran nación

4. Jean-Claude Margueron, «Ur», en Anchor Bible Dictionary, t. 6, ed. D. N. Freedman (Nueva York: Doubleday,
1992), pp. 766–767; C. E. Carter, «A Brief History of the Third Dynasty of Ur», Biblical Archaeologist 50/3
(1987): pp. 141–143.

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4. El pacto con Abraham • 37

a través de la simiente de Abraham, sino que también quiso personal-


mente sacar a Abraham de una ciudad que pronto desaparecería.

¿Un pacto condicional o incondicional?


Si el pacto con Abraham era condicional o incondicional es un tema
de acalorado debate entre los cristianos de hoy. Una línea de interpreta-
ción teológica denominada dispensacionalismo, hace mucho hincapié
en la supuesta incondicionalidad del pacto abrahámico. La Nueva Bi-
blia de Scofield sugiere que el pacto abrahámico revela el propósito so-
berano de Dios de cumplir a través de Abraham su plan para Israel y
proporcionar el Salvador a todos los que creen. Además, afirma que el
cumplimiento final se basa en la promesa divina y el poder de Dios y no
en la fidelidad humana.5
Los intérpretes dispensacionalistas argumentan que así como las
promesas al Israel físico eran incondicionales, también lo eran las pro-
mesas a las familias de la tierra que se bendecirían en Abraham. La Nue-
va Biblia de Scofield afirma que «el nuevo pacto [en el que participan
los gentiles] […] asegura la bendición eterna, bajo el Pacto de Abraham,
a todos los que creen. Es absolutamente incondicional y, dado que no
se le confiere responsabilidad al hombre, es final e irreversible».6 En
base a esta interpretación del pacto que Dios hizo con Abraham, mu-
chos cristianos modernos afirman que el estado de Israel, formado en
1948, cumple la promesa que Dios le hizo a Abraham en Génesis 12:
1–13 y en pasajes posteriores. También creen, por lo tanto, que el esta-
do de Israel jugará un papel importante como nación en la obra final de
Dios en la tierra.
Muchos otros cristianos, por otro lado, han encontrado dificultades
significativas en la interpretación del pacto abrahámico como un pacto

5. C. I. Scofield, ed., The New Scofield Bible (Oxford: Oxford University Press, 1967), p. 20
6. Scofield, The New Scofield Bible, p. 1318.

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38 • L a promesa : el pacto eterno de D ios

incondicional.7 Elena G. de White señala en su obra Patriarcas y profetas:


«Por este rito [la circuncisión] se comprometían [los descendientes de
Abraham] a cumplir, por su parte, las condiciones del pacto hecho con
Abraham» (Patriarcas y profetas, cap. 12, p. 117.).
El libro de Génesis contiene evidencia que apoya esta tesis. En una
declaración explícita, Dios encarga a Abraham y a su descendencia que
«cumpla» (en hebreo smar) el pacto que Dios hizo con ellos (Génesis
17: 9, NVI). Esta es la misma palabra que se usa para reclamar el cum-
plimiento de pactos posteriores en el Antiguo Testamento. Moisés, por
ejemplo, tenía que «cumplir» el pacto que Dios había hecho con él, el
cual es reconocido por todos como un pacto condicional (Deuterono-
mio 29: 9, NVI). El mismo término cumplir aparece más de treinta ve-
ces en el libro de Deuteronomio en relación con el cumplimiento de los
mandamientos (ver, por ejemplo, Deuteronomio 4: 2). En varias partes
de las Escrituras, también se emplea específicamente para la observancia
del sábado (Éxodo 31: 13, 14, 16; Deuteronomio 5: 12; etc.), así como de
ciertas fiestas (Éxodo 13: 10; 23: 15; 34: 18).
En el mismo capítulo del Génesis, también encontramos que el pac-
to abrahámico ciertamente se puede «romper» (en hebreo, parar; Géne-
sis 17: 14, NVI). Fijémonos que esta misma palabra hebrea aparece con
frecuencia, exactamente 22 veces en el Antiguo Testamento, como el
término típico para expresar la ruptura de un pacto (Levítico 26: 15;
Deuteronomio 31: 16, 20; Isaías 24: 5; etc.). Evidentemente, según este
capítulo en la primera parte de la historia de Abraham, los socios huma-
nos del pacto de Abraham pueden cumplir o romper el pacto, convir-
tiéndolo sin duda en un pacto condicional.
Otras declaraciones explícitas en Génesis también indican que el pacto
abrahámico era condicional, en el sentido de que requería que aquel
con el que se hizo el pacto fuera fiel al Señor. Génesis 18: 18–19 declara:

7. Bruce K. Waltke, «The Phenomenon of Conditionality Within Unconditional Covenants», en Israel’s Apostasy
and Restoration: Essays in Honor of Roland K. Harrison, ed. Abraham Gileadi (Grand Rapids, MI: Baker Book
House, 1988), pp. 123–139; Ronald Youngblood, «The Abrahamic Covenant: Conditional or Unconditional?»
en The Living and Active Word of God: Studies in Honor of Samuel J. Schultz, eds. Morris Inch y Ronald Young-
blood (Winona Lake, IN: Eisenbrauns, 1983), pp. 31–46

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4. El pacto con Abraham • 39

«Ya que él va a ser el padre de una nación grande y fuerte. Le he pro-


metido bendecir por medio de él a todas las naciones del mundo. Yo lo
he escogido para que mande a sus hijos y descendientes que obedezcan
mis enseñanzas y hagan todo lo que es bueno y correcto, para que yo
cumpla todo lo que le he prometido» (DHH). Abraham debía educar a
su familia y su casa en el camino del Señor, para que cuando muriera,
sus descendientes vivieran como él había vivido. Los descendientes de
Abraham también tienen que «obedecer» sus enseñanzas y hacer «todo
lo que es bueno y correcto» para que el Señor «cumpla» todo lo que les
ha prometido.
La respuesta de fe de Abraham se manifiesta en su obediencia a las
instrucciones de Dios, sobretodo en su disposición a sacrificar a Isaac,
una actitud sumisa que mantuvo activa la promesa. Un estudio de Gé-
nesis 22: 16–18 es particularmente importante en relación con este
tema. Abraham se convierte en el modelo de todos los que son justifica-
dos por la fe (Génesis 15: 6; ver Romanos 4) y demuestra que la justifi-
cación por la fe siempre va acompañada de la obediencia a la ley de
Dios (Génesis 26: 5).

La circuncisión como señal del pacto


Así como el pacto de Noé estaba acompañado de una señal, también
lo estaba el pacto de Abraham. La señal del pacto de Dios con Abraham
era la circuncisión. Dios la llamó la «señal del pacto entre tú y yo»
(Génesis 17: 11, RSV).
Esta señal del pacto comunicaba varias verdades importantes. Prime-
ramente, distinguía a los descendientes de Abraham de los gentiles
(Efesios 2: 11). En segundo lugar, perpetuaba la memoria del pacto de
Dios (Génesis 17: 11) y simbolizaba la circuncisión del corazón. Terce-
ro, fomentaba el cultivo de la pureza moral (Deuteronomio 10: 16;
Romanos 2: 29). Cuarto, representaba la justicia que se obtiene por fe
(Romanos 4: 11). Quinto, prefiguraba la ordenanza cristiana del bautis-
mo (Colosenses 2: 11–12).

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40 • L a promesa : el pacto eterno de D ios

Hace unos años, un hombre de 18 años emigró al moderno estado


de Israel. Como su madre era judía, él era elegible para la ciudadanía.
Como parte del proceso para convertirse en un ciudadano de Israel, la
ley le exigía que se circuncidara, ¡una decisión bastante complicada
para un adulto! Algunos se preguntarán si la circuncisión sigue siendo
una señal válida para el pueblo de Dios. Lo mejor sería responder a esta
pregunta desde el punto de vista del Nuevo Testamento. El apóstol Pa-
blo define la circuncisión de la siguiente manera: «La verdadera circun-
cisión está en el corazón y se hace por el Espíritu, y no por lo que está
escrito» (Romanos 2: 29, PDT). El Nuevo Testamento insiste en que
para el creyente, ni la circuncisión física ni la incircuncisión cuentan
(1 Corintios 7: 19). Sin embargo, sí se hace hincapié en que «la fe que
obra por el amor» (Gálatas 5: 6), convertirnos en «nuevas criaturas»
(Gálatas 6: 15) y «guardar los mandamientos de Dios» (1 Corintios 7: 19)
continúan teniendo importancia hoy.

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Common questions

Con tecnología de IA

El pacto con Abraham se presenta como aparentemente incondicional debido al compromiso de Dios con Abraham de ser el padre de muchas naciones y otras promesas divinas (Génesis 17:5). Sin embargo, se establece que el pacto también requería el cumplimiento de ciertas condiciones por parte de Abraham y sus descendientes, evidenciado por la necesidad de la obediencia a las enseñanzas de Dios para recibir las promesas pactadas (Génesis 18:18-19). Estas condiciones incluyeron la circuncisión como señal del pacto, que simbolizaba compromiso y obediencia (Génesis 17:11). Por tanto, el pacto puede interpretarse como condicional en relación al comportamiento y fidelidad de los involucrados humanos.

La circuncisión se estableció como una señal del pacto entre Dios y Abraham, distinguiendo a los descendientes de Abraham de los gentiles (Génesis 17:11; Efesios 2:11). Era una práctica que recordaba constantemente el pacto de Dios, simbolizaba la circuncisión del corazón y fomentaba la pureza moral (Deuteronomio 10:16; Romanos 2:29). Teológicamente, representaba la justicia por la fe (Romanos 4:11) y prefiguraba el bautismo cristiano (Colosenses 2:11-12). En el Nuevo Testamento, Pablo enfatiza que la verdadera circuncisión es del corazón, revelando que el ritual tiene más un valor simbólico en relación con la transformación espiritual y la relación de fe activa con Dios .

La narrativa del pacto con Abraham refleja la soberanía de Dios sobre el tiempo y la historia a través del control sobre el cumplimiento de sus promesas sin necesidad de intervención humana . El nombre Yahveh, "Yo soy el que soy" (Éxodo 3:14), reafirma este control soberano sobre todas las cosas . A pesar del avanzado edad de Abraham y Sara, Dios aún cumple su promesa de un hijo, mostrando que nada es imposible para Él y que su palabra trasciende las limitaciones temporales y humanas .

El nombre "Yahveh" significa "Yo soy el que soy" (Éxodo 3:14), expresando la realidad de la existencia incondicionada de Dios y su soberanía sobre el pasado, presente y futuro . En el contexto del pacto con Abraham, Yahveh se identifica como el iniciador del pacto al decir que sacó a Abraham de Ur, haciendo referencia a Génesis 12:1-3 . Este nombre refuerza la idea de la autoiniciación y el control de Dios sobre las promesas realizadas en el pacto.

El asentamiento de Abraham en Canaán tuvo una influencia geopolítica significativa, ya que Canaán actuaba como un puente terrestre entre múltiples imperios, lo cual era estratégico para el pueblo de Dios . Esto permitió un constante intercambio e interacción con diversas culturas e imperios como los egipcios, las naciones cananeas, y los reinos mesopotámicos, proporcionando un lugar desde el cual expandir la influencia y las relaciones diplomáticas y comerciales del pueblo de Dios . Al situarlos en un hub geográfico crucial, se facilitó el cumplimiento del propósito divino de que las naciones sean bendecidas a través de Abraham .

El poder de Dios en el cumplimiento de sus promesas a Abraham se manifiesta a través de la concepción milagrosa de Isaac cuando Abraham tenía 99 años, demostrando que Dios, como "Todopoderoso" (El Shaddai), supera cualquier limitación humana . Este poder también se ve reflejado en la habilidad de Dios para mantener sus promesas a lo largo de la historia, respaldado por su soberanía sobre el tiempo, lo cual infunde confianza en la fe de Abraham y sus descendientes.

Dios eligió a Abraham no por mérito propio, sino basándose en su amor, gracia y misericordia, un tema recurrente en la elección divina . A pesar de las acciones indignas de Abraham (Génesis 12:10-20; 16:1-16), su fidelidad y devoción a Dios, destacándose entre la apostasía prevalente, fueron motivos importantes . Este acto divino ilustra que la gracia de Dios no depende de la perfección humana, sino de Su voluntad de establecer relaciones de pacto con aquellos dispuestos a caminar por fe.

En la narrativa del pacto abrahámico, la fe y la obediencia están estrechamente relacionadas, ya que la fe de Abraham se manifiesta a través de su obediencia a las instrucciones divinas, especialmente en su disposición a sacrificar a Isaac (Génesis 22:16-18). Su justificación por la fe se acompaña de la obediencia a la ley de Dios (Génesis 26:5). Esto sugiere que la verdadera fe en el contexto del pacto no es pasiva, sino que se evidencia mediante actos obedientes que mantienen activa la promesa de Dios.

El cambio de nombre de Abram, que significa "exaltado padre", a Abraham, "padre de una multitud", simboliza un cambio significativo en su identidad debido al pacto con Dios . Este cambio indica el establecimiento del pacto y la transformación de Abraham en el padre de muchas naciones, cumpliendo así la promesa de expansión y multiplicidad que Dios le había hecho (Génesis 17:5). Es un acto simbólico que sella la promesa divina asegurada a través del pacto.

El pacto entre Dios y Abraham se llevó a cabo en tres etapas importantes: la primera en Génesis 12:1-3, donde se anuncia a Abraham que será padre de una gran nación; la segunda en Génesis 15:1-21, donde se ratifica el pacto mediante sacrificios y promesas; y la tercera en Génesis 17:1-14, que introduce la circuncisión como señal del pacto . Estas etapas reflejan la progresiva revelación y consolidación de la relación especial entre Dios y Abraham, estructurando un compromiso de fe y obediencia por parte de Abraham y sus descendientes.

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