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Personalidad y sociedad en psicología

PERSONALIDAD Y SOCIEDAD

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UNIVERSIDAD IUEM

LICENCIATURA EN PSICOLOGÍA.

TÍTULO
PERSONALIDAD Y SOCIEDAD

PSICOLIGÍA SOCIAL

PRESENTA

YESSENIA HERRERA ACOSTA


PERSONALIDAD Y SOCIEDAD
PERSONALIDAD
La personalidad es un constructo hipotético que inferimos de la conducta de
las personas. Comprende una serie de rasgos característicos del individuo,
además de incluir su forma de pensar, ser o sentir. La psicología de la
personalidad se ocupa de estudiarla. La personalidad es la tendencia estable
de una persona a pensar, sentir y actuar de una determinada manera.
La personalidad engloba una serie de características comunes incluidas en sus
diferentes definiciones. Se trata de un constructo hipotético inferido de la
observación de la conducta. Es decir, pensamos que “X” persona se comporta
de “X” forma porque así es su personalidad, o porque así es ella. Dicho
constructo no implica connotaciones de valor, sino que más bien recoge una
serie de elementos relativamente estables y consistentes en el tiempo,
llamados rasgos. Además, incluye otros elementos como cogniciones,
motivaciones y estados afectivos.
La personalidad abarca tanto la conducta manifiesta como la experiencia
privada de la persona (sus pensamientos, deseos, necesidades, recuerdos…).
Se trata de algo distintivo y propio de cada persona, pues, aunque existan
algunos “tipos de personalidad”, lo cierto es que cada persona es única, como
también lo es su personalidad. Por otro lado, refleja la influencia en la conducta
de elementos psicológicos y biológicos de las experiencias. La finalidad de la
personalidad es la adaptación exitosa del individuo al entorno.
Los rasgos de personalidad expresan un estilo o tendencia a la hora de
procesar e interpretar lo que nos ocurre, y con ello la forma en la que tendemos
a sentirnos, y en consecuencia, a actuar con respecto a esos acon tecimientos
o eventos. Sin embargo, una persona con tendencia histriónica de
personalidad, tenderá a interpretar esas mismas situaciones sociales como
momentos en los que puede verse observada y atendida por los demás, ello le
llevará a sentirse motivada a ir y “lucirse”, a tener una actitud de exhibirse, de
llamar la atención.
Una cuestión muy debatida en la construcción de la personalidad (constructo
psicológico), en los elementos que más determinan el tipo de personalidad, o
como me gusta expresarlo, la tendencia de personalidad, es conocer si influye
más, la naturaleza de los bebés o las experiencias vividas. La respuesta no es
unívoca, la genética y el aprendizaje, ambos, forjan nuestra forma de ser. Hay
un componente en el constructo psicológico, que explica nuestra personalid ad
y que está en nuestra materia prima biológica. A este componente heredado
se le ha denominado el temperamento. Ya cuando nacemos, hay una parte de
nuestra composición genética que marca hacia dónde será más probable que
se desarrollen algunos aspectos de nuestra personalidad.
Psicología de la personalidad
Esta disciplina se encarga de estudiar el efecto de las diferencias individuales
en personalidad sobre la conducta. Está formada por tres tipos de modelos
teóricos:
1. Modelos internalistas
Establecen que la conducta está determinada básicamente por variables
personales, que constituyen un predictor válido de dicha conducta.
2. Modelos situacionistas
Consideran que las causas de la conducta son externas al individuo
(paradigma mecanicista). Ponen el énfasis en la conducta, que es importante
en sí misma y que es producto del aprendizaje.
3. Modelos interaccionistas
Determinan que la conducta es el resultado de la interacción entre variables
situacionales y personales. Estos modelos superan el reduccionismo de los
anteriores, se trata de una “mezcla” de los dos.
Rasgos
La personalidad permite construir una identidad propia y adaptarse al mundo y
al entorno. Caracteriza a las personas y las hace únicas. Incluye rasgos tanto
positivos como negativos (o más bien, considerados socialmente así), como
por ejemplo la empatía, la solidaridad, la ira, el optimismo, el pesimismo, la
alegría, el malhumor, la sinceridad, la honestidad, el rencor, etc.
También podemos hablar de “rasgos” de personalidad; los conjuntos de rasgos
comunes constituyen los diferentes tipos de personalidad. Así, podemos hablar
de personas con tendencias depresivas, personas dependientes, y hasta un
sinfín más.
Es decir, la personalidad está formada por los rasgos que definen a la persona.
Ésta es bastante estable en el tiempo, así como transituacionalmente (en
diferentes situaciones), si bien es cierto que, con matices, ya que hay
situaciones más extremas que otras, y que pueden llevar a la persona a
comportarse de maneras nunca pensadas o nunca antes vividas.
Trastornos de personalidad
Cuando los rasgos de la persona son extremos, disfuncionales,
normativamente desviados o desadaptativos, se considera que la persona
tiene un trastorno de la personalidad (siempre deberán consultarse los criterios
diagnósticos de los manuales de referencia).
Estos rasgos deberán ser estables en el tiempo, así como predominantes;
además, suelen generar malestar en la persona, En el DSM-IV-TR (Diagnostic
and Statistical Manual of Mental Disorders) se describen y caracterizan un total
de 10 Trastornos de la Personalidad.

SOCIEDAD
La sociedad es el conjunto de población humana que forma una unidad. Dentro de
esta sociedad reside una cultura, más o menos homogénea. ...
Las sociedades humanas son se rigen por unas normas, explícitas (leyes) y tácitas
(hábitos, costumbres…) que genera una cierta cohesión entre los individuos que la
constituyen.
¿Qué es la sociedad?
«Sociedad» es un término amplio, por el que se entiende a un conjunto de
individuos que conviven bajo normas comunes. Bajo esa definición, la primera
que nos ofrece el Diccionario de la Real Academia Española, tanto un país, un
pueblo o una comunidad, como un panal de abejas o una organización
empresarial, pueden constituir ejemplos de sociedades.
El término sociedad proviene del latín societas, derivada de la voz socius, que
traduce “aliado” o “compañero”. Es decir, que el rasgo central en la idea de
sociedad tiene que ver con la cooperación, o sea, con estar en el mismo bando.
Esto no significa que en las sociedades reine un orden perfecto, o que sean
comunidades utópicas, ni mucho menos. La sociedad humana, por ejemplo, es
una fuente constante de luchas y tensiones entre los elementos que desean
modelarla u ordenarla .
Por otro lado, el término sociedad posee también usos mucho más específicos,
especialmente en el ámbito legal, político o empresarial, tales como:
Sociedad civil. Término que alude al total de la ciudadanía de un país,
considerados como un conjunto de actores independientes del Estado.
Sociedad anónima. También llamado “compañía anónima”, es una forma de
organización empresarial constituida por acciones, en la que estas últimas
representan un capital.
Sociedad conyugal. Figura jurídica que se constituye a través del matrimonio
y que administra los bienes y capitales de la pareja.
Sociedad cooperativa. Forma de organización de productores, comerciantes o
consumidores, que se rigen por criterios de utilidad común a todos.
Origen de la sociedad
La sociedad existe en la práctica desde el surgimiento de la vida más compleja.
En la medida en que algunos individuos buscaron protección y estabilidad en
la vida conjunta, formaron enjambres, colonias u otras formas de organización,
algunas muy primitivas y otras más desarrolladas socialmente.
En el caso de la sociedad humana, ésta existe desde el inicio de nuestra
especie, aunque inicialmente estuvo conformada más horizontalmente y
centrada en la supervivencia de unidades familiares o interfamiliares mínimas,
como las tribus. A medida que el tiempo transcurrió, se fueron haciendo más
grandes y complejas, desarrollando nuevos modos de organización, de
producción y de intercambio.
Características de las sociedades
En líneas generales, las características de las sociedades son:
Están compuestas por un número variable de individuos, que evidencian un
mínimo grado de comunicación y organización. A menudo poseen jerarquías,
esto es, órdenes internos que consisten en el reparto de las labores y que
asignan a algunos individuos lugares centrales por encima de otros.
Se orientan hacia la producción y el crecimiento, a través de la satisfacción de
las necesidades comunes a todos los individuos. También buscan sostener los
procesos y mecanismos que garantizan su perpetuidad en el tiempo, es decir,
su reproducción. Esto no significa que se mantengan inmutables, sino todo lo
contrario: cambian a lo largo del tiempo.
Sociedades animales
Las sociedades animales se componen según diversos modos de
organización.
Se entiende por sociedades animales a aquellas que involucran a individuos
no humanos. Se componen de acuerdo a diversos modos de organización.
Generalmente tienden a la defensa mutua de los depredadores, la alimentación
compartida y la organización de la reproducción. Sin embargo, y a diferencia
de las sociedades humanas, en ninguna de ellas existe una cultura.
Son ejemplos de sociedades animales:
Las colmenas de abejas, los hormigueros y los nidos de termitas.
Los nidos subterráneos de topos.
Las manadas de leones, lobos y otros depredadores grupales.
Las comunidades de chimpancés.
Sociedad humana
La sociedad humana es la forma en que los humanos nos hemos organizado
para acometer de modo conjunto la satisfacción de nuestras necesidades. A
diferencia de las sociedades animales, las nuestras suelen tener altísimos
niveles de organización y complejidad, y estar acompañadas con una cultura
propia, que a menudo permite la identificación de los individuos pertenecientes
a una sociedad.
La sociedad humana surgió como una forma de comunidad tribal, que
compartía sus recursos y buscaba protección de los elementos y de posibles
depredadores. Pero gracias al lenguaje y al desarrollo cultural y tecnológico,
lo que inicialmente fueron tribus u hordas humanas, lograron integrarse y
modificar radicalmente sus formas de vida. Los miembros de la sociedad se
vincularon a través una cultura común, basada en relatos fundacionales y un
sentido de pertenencia. Actividades como el surgimiento de la agricultura
también colaboraron en su cohesión entre sí y con la geografía en la que
habitaban.
Este camino condujo al abandono de la vida nómada de los cazadores -
recolectores. Finalmente aparecieron las ciudades, las jerarquías políticas, las
naciones y las religiones, a medida que la sociedad humana propiciaba la
transmisión de los saberes de una generación a la siguiente.
Sociedad y Estado
Hoy en día nos cuesta imaginar la sociedad sin la existencia de un Estado que
la regente y administre. Ya que, si bien estos dos conceptos remiten a cosas
diferentes, también es verdad que se encuentran íntimamente vinculados. En
la prehistoria, las primeras sociedades no tenían Estado, o sea, no tenían
instituciones, ni poderes permanentes. Se basaban en formas de organización
mínimas y comunitarias, dado que la existencia de los individuos se dedicaba
por entero a la supervivencia.
Sin embargo, todo eso cambió con la Revolución Neolítica y el surgimiento de
las primeras ciudades, hace alrededor de 6.000 años. Fue entonces que la
agricultura permitió generar suficiente alimento para quienes trabajaban la
tierra y para sostener a quienes, a partir de entonces, se dedicarían a otras
actividades: investigar y educar, ejercer la religión o, también, regentar. Una
vez asumida la vida sedentaria, la defensa militar y la administración de la
producción se volvieron necesidades sociales. Así nacieron los primeros
Estados, generalmente monárquicos y religiosos, en los que una élite militar
y/o religiosa gobernaba a la base social de trabajadores agrícolas y artesanos.
Posteriormente surgieron nuevas formas de organización de la mano de
grandes cambios tecnológicos que permitieron nuevas formas de producción,
y el Estado cambió junto con las sociedades. Ya en la actualidad, no existen
prácticamente sociedades sin Estado.
La cultura en la sociedad
Normalmente, nos referimos a “cultura” como el conjunto de las formas de vida
y de expresión de una sociedad, las cuales se heredan a las nuevas
generaciones como tradiciones. La cultura abarca las formas religiosas, los
relatos fundacionales, los ritos, las celebraciones y el folklore, la identidad
social, los valores morales, el idioma y la expresión artística, entre otros
elementos que, en su conjunto, caracterizan y singularizan a una sociedad. De
hecho, ninguna sociedad humana es igual a otra, gracias a la complejidad
cultural típica de nuestra especie.

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