Huerfano
Mi vida era miserable, crecí en un orfanato, no le importe a mis padres en lo más
mínimo, jamás llegué a conocer a una persona que fuera amable o mostrará un
interés por mí. Yo tampoco esperaba mucho de la vida, no tenía odio o
resentimiento, quizá un poco pero no demasiado.
Llegué a los 12 años de edad y creí que nadie nunca querría adoptar a un niño
como yo, no tenía ninguna habilidad en particular, no destacaba en ninguna área.
Las únicas parejas que llegaban a acercarse a hablar conmigo era porque
confundían mis delgados rasgos con los de una niña, y es que el largo de mi
cabello ayudaba a crear esa imagen. La verdad me era indiferente aquella
situación, pero no podía evitar reír un poco después de que pasara.
Cuando había visitas no mostraba la misma emoción que mis compañeros, de
hecho creo que siempre había sido así, incluso antes de resignarme a vivir allí
toda mi infancia, nunca se iluminaron mis ojos con las palabras día de visita.
Por eso seguí inexpresivo leyendo un libro junto a la ventana mientras todos los
demás corrían como locos, escuchaba que las encargadas decían el apellido
Betancourt como si fuera de la realeza, pero aquello no me importó, seguía en
aquella mesa, solo levanté mi libro cuando limpiaban y tome una manzana cuando
dejaron el tazón lleno.
La verdad no puedo decir muy bien que pasaba, seguía con mi lectura sin prestar
atención a nada más, ignorando las palabras de todos los demás, no me percate
cuando salieron mis compañeros y todo quedó en silencio.
Fue hasta que termine mi manzana que baje el libro para encontrarme con la
imagen de un hombre frente a mi, camisa negra y abrigo café, su cabello de
chocolate estaba peinado a la perfección, como si fuera un modelo, la barba
enmarcaba un firme mentón. Esbozaba una sonrisa mientras yo le miraba con
extrañesa.
¿Que quiere? Fue lo que dije antes de tomar una mandarina y comer un gajo.
Niño, como te atreves, dijo la encargada que se mantenía de pie junto a la puerta.
Descuide, sonrió aquel hombre haciendo sonrojar a la doncella, entiendo que esto
puede ser difícil.
Solo me encogí de hombros.
Le hizo una señal a la mujer y dejo la habitación, asomándose desde la ventana
de la misma, más por entrometida que por preocupación.
Verás, dijo mientras tomaba un gajo de mi mandarina, llevo un tiempo recorriendo
casas hogar, buscando a alguien especial, y creo que finalmente termine mi
búsqueda, ¿Que me dices? Te gustaría ir a casa para sorprender a tu nueva
mamá? Su sonrisa era la de un comercial.
No me importa, le dije.
No te importa, río fuerte, estoy seguro de que todos tus compañeros sueñan con
esto, ser adoptados por una hermosa y acomodada familia aunque está un poco
mal que yo lo diga. No entiendo cómo es que no puede importarte?
Seré honesto, dije cerrando el libro, no es que sea grosero o lo quisiera insultar, es
que creo que nada me importa, llevo años aquí y aunque nadie había mostrado
interés por adoptarme jamás exprese la mas mínima preocupación por nada, no
digo que no quiera que me adopte o que quiera que lo haga, digo que la verdad no
me importa lo que pase.
Wao, dijo reclinandose en su silla, no lo esperaba, pero agradezco tu honestidad,
por eso creo que también debo ser honesto, juntó sus dedos por las yemas, esto
que voy a decir sonara horrible, cruel y muy mal. Mi esposa Katye tiene cierto
problema que no dejaba que tuviéramos niños, cuando finalmente pudo
embarazarse no cabíamos de felicidad, queríamos darle el mundo entero a esa
nena, pero el destino es cruel y nos la quitó, pensé que ella podría sobreponerse a
la perdida con el tiempo, pero se sumió en la más grande depresión.
Se detuvo un momento, acomodo el cuello de su camisa y me volvió a sonreír
Estoy desesperado, no creo que pueda volver a dar a luz, la idea de adoptar
siempre estuvo sobre la mesa, por ello he buscado en todos lados a alguien que le
recuerde a nuestra hija, al verte creí que todo había terminado, pensé que eras
una niña y que estarías muy feliz de venir a nuestro hogar, pero el mundo es un
lugar cruel.
Aunque casi nada captaba mi atención, escuché las palabras de este hombre con
atención, sentí su dolor y preocupación.
Tiene razón señor, dije mirando sus ojos, este es un mundo cruel, pero al
escuchar sus palabras también me di cuenta de que existe la felicidad, su discurso
me hizo entristecer y tener esperanza. lamento no ser lo que usted esperaba
encontrar, y también lamento no poder mostrarle más interés, pero le diré que no
me pondré si decide adoptarme y que si lo hace me esforzaré por dejar atrás está
apatía.
Le brillaron los ojos, pasó sus dedos para tallar sus ojos, volvió a sonreír.
Me llamo Mark, pero tú puedes decirme cómo quieras, no te forzaré a nada jamás.
Se acercó incando la rodilla.
Cómo te llamas jovencito?
Eso no importa, mis padres nunca me dieron un nombre y tampoco nadie aquí me
dió uno, si es que algún día tuve uno eligo abandonarlo y llevar el que usted me
otorgue
Eres demasiado maduro para tu edad, y aunque me agrada tu inteligencia, solo
eres un niño, debes vivir como uno. Yo me encargaré de todo, vamos, iremos a
casa.
Mark fue muy amable todo el tiempo, indico como su abogado se encargaría de
todo el papeleo y también dió un gran donativo a mi antiguo hogar.
Todo el camino el se la paso hablando de todo un poco, de donde sería mi nueva
casa, de lo feliz que estaría Katye, pero al verme abosorto mirando por la ventana
decidió guardar silencio.
Jamás me imagine que me encontraría en esa situación, mi vida estaba por
cambiar de una manera que nunca hubiera imaginado, en casa de los Betancourt
encontraría un mundo completamente nuevo.
La casa era una hermosa propiedad en los suburbios, el césped perfectamente
cortado, un hermoso color blanco recubría la madera, aquel lugar parecía salido
de una película.
Llegamos, me ayudó a bajar y se puso nuevamente de rodillas frente a mi, Katye
se sorprenderá mucho, pero creo que lo tomara de la mejor manera.
Me llevo de la mano hasta la puerta, entramos mientras el me sonreía, apreté su
mano por instinto mientras el llamaba a su esposa.
Una hermosa mujer en un vestido tejido color vino bajaba las escaleras, al vernos
llevo sus manos al rostro y las lágrimas corrieron por su mejillas, yo trate de
cubrirme detrás de Mark, como si hubiera hecho algo malo, entonces ví su sonrisa
y como se acercaba para llegar frente a mi, me abrazo fuertemente, y sonrió
viéndose aún más hermosa, mientas tomaba la mano de Mark, ese fue el primer
abrazo familiar que tuve.
Me llevaron a una enorme habitación, que ahora sería la mía, la luz se filtraba
entre un árbol antes de acariciar el interior de aquel cuarto, había silencio, pero no
el que había vivido antes, este era calido, pase cinco minutos de pie frente a la
cama con Mark y Katye desde la puerta, ambos bajaron las escaleras y quedé
solo.
Podía escucharlos hablar, Katye estaba muy feliz, escuchaba atenta toda la
explicación de Mark mientras yo me sentaba en esa cama que parecía de nubes,
jamás había sentido algo tan cómodo, me desplome sobre ella mientras Mark
trataba de explicar que yo en realidad no era una niña, aunque sorprendida a
Katye no le molestó, ambos estaban felices y creo que yo también sentía un poco
de ese sentimiento.
Los días pasaban uno tras otro, adaptándome a una nueva vida, todo era tan
diferente que me costaba acostumbrarme, a no estar con mis compañeros, a una
habitación para mí solo, a toda la atención de Katye durante el día, estaba pegada
a mi mientras hacía mis estudios y veía la tele o leía, no me molestaba en lo más
mínimo, era muy amable y respetuosa, tanto ella como Mark, quien me llevaba a
jugar al patio o al parque siempre que podía.
Poco a poco me acostumbre a esa nueva rutina, al cabo de un mes presente un
examen de admisión a primer año de secundaria, aunque fue una mera formalidad
pues mi nueva familia están muy bien relacionada el resultado de la prueba fue
sorprendente, 9.8.
Mark y Katye estaban muy felices y parecía que su afecto no tenía fin, tanto en los
sentimientos como en lo material, me regalaron un teléfono nuevo de última
generación y una laptop hermosa como premio por mi calificación.
La escuela no se me dificultaba, lo que si me costaba más trabajo era la
convivencia, no es que yo fuera un inadaptado, es que era un poco tranquilo y
lento en formar amistad, ese fue uno de los motivos por los cuales llamaron a mis
tutores a la escuela, por eso y otro motivo.
Katye se presentó puntual, vestida tan causal pero hermosa como acostumbraba,
un blusón gris con unas mallas negras y botas abajo de la rodilla, el cabello
recogido en una cola de caballo. Al verla en el pasillo de la dirección me sentí
horrible, era mi culpa.
No te preocupes amor, todo estará bien, sujeto mi mano y me dió confianza
Katye estaba lista para sacar las uñas y dientes por su cría, pero las palabras de
la psicóloga eran algo para lo que no estaba preparada.
Aunque no había nada malo como tal, tenía buenas calificaciones y pocos a poco
comenzaba a mejorar la relación con mis compañeros, los profesores se
preocupaban por mi forma de ser y como escribía. Recordé las palabras de Mark,
quizá no era normal que un niño fuera tan maduro y poco expresivo.
Las recomendaciones fueron sencillas, actividades propias de mi edad, fomentar
convivencia con mis compañeros y hacer amigos.
Aquello afectó a Katye, sus copas de vino ahora eran parte escencial de sus
almuerzos. Escuchaba como hablaba con Mark, creía que no eran los mejores
padres.
Lamentaba mucho haber causado problemas, pero cuando lo decía parecía que
se entristecían más, no sabía que hacer.
Aunque me esfuerzaba no lograba mejorar mucho la situación, mis compañeros
eran solo eso, no tenía amigos, Mark lamentaba no poder dedicarme más tiempo y
Katye algunas noches las pasaba llorando, no solo por mi culpa, también
escuchaba sus lamentos por su niña.
Creí que todo era mi culpa, que si hubiera nacido mujer todo sería mejor para
ellos, tal cual había dicho Mark cuando nos conocimos.
Una noche en la que Mark estaba fuera por una reunión de negocios y Katye
tomaba vino mientras veía la lluvia, yo me escabulli a la puerta cerrada, ya había
entrado antes a la habitación en compañía de ellos, pero nunca solo, quizá este
plan empeoraría todo, pero podría hacer sentir feliz a Katye.
Busque en el armario y encontré un conjunto de una chaqueta y falda tableada a
cuadros rosas, era propio de una señorita.
Entre los cajones ví unas medias de color blanco.
En el mueble con espejo encontré una diadema rosa pálido.
En la zapatera encontré unas zapatillas rosas de tacón grueso y delgada correa,
también ví un boldo rosa a juego con los zapatos y diadema.
Me puse todo con un poco de complicación, me tomó mucho tiempo colocarme las
medias, no quería maltratar aquella ropa.
Al terminar me mire frente aquel espejo, busque y encontré un labial rosa y tras
cepillar mi cabello y ponerme la diadema había logrado mi cometido.
El corazón se me iba a salir del pecho mientras bajaba las escaleras, caminaba
lento para no caerme por esos zapatos, no podía relajar mi reparación, hacia
aquello porque quería que quiénes me habían adoptado fueran felices, quería que
Katye fuera feliz.
Caminé con muchas dudas hasta la cocina, Katye estaba de espaldas, no parecía
que fuera a voltear así que tuve que llamarla.
Mamá, dije lo más dulce que pude, quiero que veamos una película juntas.
Katye volvió su mirada con gran sorpresa, nunca antes la había llamado así y al
verme allí de pie frente a ella, derramó lágrimas. Me abrazo fuertemente y
lloramos durante varios minutos ella me llamaba corazón y yo mamá.
Fuimos a la sala y ella me limpio los ojos, vimos la película mientras ella me
abrazaba y besaba la frente. Nunca antes había sido tan feliz en la vida.
Al día siguiente Katye guardo aquella ropa con mucho cuidado y cariño, me
agradeció mucho aquel gesto, pero decía que no era necesario y se disculpo si me
había llegado a hacer sentir mal.
Pasaron más días y aunque todo parecía ir a mejor ahora ya reconocía a Mark y
Katye como mis padres, aunque cuando lo llame a él así por primera vez no fue
tan emotivo como con mi madre el también se llenó de alegría. Todo iba a mejor,
me comenzaba a acostumbrar a mi nueva vida.
Pero llegó otra noche en la que Katye estaba llorando y bebiendo, ya habían
pasado ocasiones así y aunque yo quería alegrar a mi madre aún podía sentir su
tristeza.
Una vez más llegué a la habitación cerrada, esta vez me puse una blusa negra
con una chamarra blanca y falda tubular a juego, unos botines y diadema blanca
acompletaron mi arreglo, está vez me desenvolví con mayor seguridad.
Mamá, deja esa copa, le dije, ella al verme sonrió con cierta nostalgia.
No tienes que hacer esto cariño, se supone que somos tus papás y nosotros
debemos cuidar de ti, no al revés, se que esto debe ser una molestia para ti.
No me importa, dije con firmeza, es solo ropa, es lo mismo que usar pantalones y
camisetas, me da igual y si mi mamá es feliz yo soy más feliz.
Ella me abrazo, hablamos más del tema, pero no llegamos a una conclusión.
Esa situación se presentó un par de ocasiones más, ella incluso prometió dejar
sus copas de vino para que no viera en la necesidad de vestirme de aquella forma,
pero yo mantenía mi postura, no me importaba como estuviera vestido, me era
indiferente.
Aquel día en el orfanato, le dije, mi papá me preguntó mi nombre, le dije que no
tenía y que estaría feliz de usar el nombre que el quisiera, ya que me era
indiferente, ahora te digo lo mismo a ti mamá, puedo usar la ropa que tú elijas para
mi, puedo ser tu hija si así quieres, y sería muy feliz.
Aquellas palabras hicieron reflexionar a Katye, busco e investigó mucho sobre el
tema, llegó a aplicarme algunos test que había encontrado, hablamos mucho más
del tema una y otra vez, yo por mi parte también comencé una investigación sobre
la transexualidad y esos temas.
Escuché como en una ocasión pregunto a Mark su postura sobre la posibilidad de
ser criado como una mujer, no pareció molestarle el prometió dar su apoyo a todo
lo que necesitara y que no le sorrpenderia debido a mis rasgos femeninos.
Entendía la situación, era un punto muerto, pero era consciente, en mi mente se
fijó la idea de que mis padres me habían adoptado para poder curarse de la
perdida de su hija y que necesitaban que fuera su hija aunque no lo dijeran
abiertamente. Tras seguir leyendo sobre el tema y llegar a ciertas conclusiones
decidí armar un plan.
Mis padres habían empacado algunas prendas para donar al orfanato, busque y
encontré una falda negra tableada, un par de sandalias y una blusa color vino de
cuello alto y sin mangas.
Lo guarde todo en mi cuarto, tome algunos cosméticos del cuarto de mi madre y la
mañana del sábado antes de que se sirviera el desayuno yo ya estaba vestido y
arreglado como una linda señorita, tome como referencia a mis compañeras de
escuela y el resultado era perfecto.
Cuando llamaron a desayunar yo me presenté alegre, ví como los ojos de mis
padres brillaron por un momento y eso me hizo sonreír de manera honesta.
Mamá, papá, tengo que decirles algo.
Mis discurso ese día cambio, confesé que me gustaba vestirme con ropa
femenina, aunque en realidad me era indiferente, que no me había atrevido a
decirles, que esperaba que me aceptarán sabiendo esto pero que me adaptaría a
lo que ellos decidieran.
Ambos al ser de mente abierta no encontraron que eso fuera malo, pero querían
saber que era lo que quería, gracias a mi investigación pude responder de la mejor
manera a todo lo que me preguntaban, me sentaba con la pierna cruzada y trataba
siempre de sonreír y reír lo más dulce posible.
Incluso me encapriche cuando me pidieron que dejara esa ropa pues sería
donada, dije que me gustaba mucho y quería conservarla.
Ese detalle al principio hizo que Mark me explicará que debíamos de ayudar a la
gente que tenía menos, pero entonces Katye lo llevo a la cocina.
Escuché como hablaban sobre esa situación, Katye decía que ese capricho era
algo propio de mi edad.
Creo que es la primera vez que veo que se comporta como un adolescente,
bueno, como una adolescente, quizá no lo hacía antes porque no se sentía
cómodo como hombre.
Ambos hablaron más al respecto en soledad, acordaron que llevaríamos la
situación con calma, querían que hablara con una psicóloga antes de tomar la
decisión final, pero que mientras tanto siguiera con la rutina como hasta ahora,
aunque ahora podría vestir en casa como quisiera.
Después de mi cita con la psicóloga y hablarle de esa salida al cine, del vestido
que compre en la plaza después de ver la película y de lo feliz que era con mi
nueva vida la doctora se convenció de que en realidad era una niña.
Y aunque me encantaba ser una señorita para mis papis me sentía cómoda con
mi cuerpo, el único tratamiento fue para controlar la testosterona, no quería que
mis voz o cuerpo cambiará, quería seguir siendo la niña de mis padres.
Terminaría el año en mi escuela actual antes de cambiarme a una nueva con un
nuevo nombre.
**Notas
Introducir vino antes
Hablar del nombre de la hija y el nombre que le otorgan a el.
Hay algo que debo confesar y es que si me volví una consentida, la hija única de
una familia acomodada, era mimada todo el tiempo y me volví una niña fresa en
extremo, osea ya no tenía esa tristeza que tenía ni ninguna otra de esas tonterías,
era feliz tenía a mis amigas, que son super, las amo mucho y mis papis me
adoran, yo también los adoro y aunque me volví una hermosa señorita seguía
siendo igual de inteligente. Terminaba mi tarea rápido para poder salir con las
chicas, esos años fui muy feliz, mucho.
Hay algo que debo confesar y es que si me volví una consentida, la hija única de
una familia acomodada, era mimada todo el tiempo y me volví una niña fresa en
extremo, osea ya no tenía esa tristeza que tenía ni ninguna otra de esas tonterías,
era feliz tenía a mis amigas, que son super, las amo mucho y mis papis me
adoran, yo también los adoro y aunque me volví una hermosa señorita seguía
siendo igual de inteligente. Terminaba mi tarea rápido para poder salir con las
chicas, esos años fui muy feliz, mucho.
Obviamente no solo era la adoración de mis papis, mis abuelitos también me
querían mucho, y aunque mi tía al principio le caía medio mal, por lo de ser
adoptada pronto nos hicimos amigas, aunque a veces mis papis se enojaban con
ella porque me regalaba vestidos o tacones que a ellos no les gustaban pero que
estaban divinos, ella entendía que estaba creciendo y para mis 15 años me regaló
un hermoso vestido plata brillante a medio muslo, lo guarde bien en mi closet para
que mis padres no se pusieran locos por lo sexy que era.
Un día mientras hablaba con mi tía sobre ropa me enseñó lo que ella tenía en su
armario, todo era tan hermoso, ya no era la ropa de niña bien que yo tenía, esa si
era la ropa de una mujer, todo llegaba mínimo una mano arriba de la rodilla,
escotes en espalda y pecho muy sexys, pero me enamore de un vestido negro
aterciopelado, con mangas transparentes y escote de corazón.
-Esta hermoso, grite emocionada.
-si es de tu estilo sobrinita, dijo riendo y tomándome de los hombros, cuando
quieras te lo presto.
-ay tía dije mirándola de frente, eres un amor.
-mi closet es tu closet mi niña.
-aunque no creo que pueda usar todo lo que tienes aquí.
-¿Te doy un mal consejo, guiño el ojo, cuando salgas ve con algo que te dejen ir
tus papás, ya luego antes de la fiesta te cambias a algo más sexy.
Ambas nos miramos y reímos.
-no solo es eso tía, es que, bueno ya sabes, dije un poco apenada y sentándome
en la cama.
-¿Que pasa nena? Se sentó junto a mi.
-esos vestidos, con esos escotes, yo no los puedo usar.
Mis ojos se nublaron
Ella me abrazaba mientras hablábamos, no me había dado cuenta pero no solo
había dejado de ser mujer para hacer feliz a mis papis, ahora lo quería ser para mí
y sentía que ellos solo querían que fuera una niña para siempre, pero yo ya no lo
era.
Podía que hablara como una nena, me vistiera y comportara como una porque era
lo que yo quería en realidad, pero a diferencia de mis amigas mi cuerpo no
maduraba como el de ella, creí que eso no me importaría, pero ahora que las veía
a ellas entendía lo que quería.
-quiero ser como tu tía, le dije mirándola a los ojos.
-ay niña preciosa, eres hermosa, al principio me costó darme cuenta, creí que tus
padres estaban equivocados y que tú estabas aprovechando su dolor, pero me di
cuenta de que los amas tanto como ellos a ti.
Me seco las lágrimas y miró con ternura.
-eres mi sobrina hermosa, le diremos a tus papás como te sientes, estoy segura
de que te van a apoyar, deben entender que ya no eres una niña.
Al llegar a casa ví a mi padre leer un libro mientras mi madre terminaba una copa
de helado. Nos recibieron amablemente, al abrazarme sentí raro, porque sabía
que lo que les iba a decir no les gustaría.
Mi tía comenzó a tocar el tema discretamente, mi madre expreso que siempre la
considero mala influencia y que yo aún era muy joven.
-ya no soy una niña, les dije enojada, quiero ser una mujer, ustedes no lo
entienden, yo no soy como las otras.
Se hizo un silencio incómodo, creo que a veces llegaban a olvidarlo.
-se que dije que estaba feliz con mi cuerpo y en parte lo estoy, de verdad me
gusta mucho, pero ay algo que falta.
***Notas, trabajar más el tema del pecho, poner a las amigas que tienen bastante
a la mamá y la tía que también lo tienen, que ella ya no capta tanto la mirada de
sus compañeros como antes.
La semana siguiente mi tía y mamá me llevaron con el doctor.
-pero es seguro? No es muy pequeña?
-la edad ideal para los implantes es alos 24 porque hasta esa edad las mamas
siguen en desarrollo, pero su hija es un caso especial.
-podriamos realizar el procedimiento, con su autorización, implantes de solución
salina, más acordes a su edad. Pero también podríamos tratar el trh, se que no lo
habían considerado pero creo que puede ser una opción adecuada.
-y eso como sería doctor? Dijo mi tía.
-las hormonas femeninas tienen como efecto la redistribución de la grasa corporal,
en este caso, justo como la señorita comenta, habría un incremento en caderas y
mamas.
Suspiré y lleve mi mano a los labios al escuchar aquello, mientras mi madre
apretaba mi mano.
-claro debemos estar conscientes de que tiene diversos efectos secundarios,
deseados y no deseados.
-como? Efectos negativos, se preocupó mi mamá.
-el aumento de peso y cambios de humor suelen ser efectos adversos, por ello es
importante supervisar el tratamiento. Al final la elección es de la señorita.
Miré como mi madre y tía sujetaban mis manos, ví mi falda negra que llegaba
arriba de mis rodillas, pude ver las medias color natural que daban brillo a mis
piernas, las zapatillas de plataforma que mi tía me había regalado, el esmalte de
mis uñas en un rosa pálido que me encantaba. Aquello ya no era para hacer feliz a
nadie más que a mí, yo era una señorita y sabía que no iba a ser fácil, tendría que
comprometerme por completo con mi tratamiento, pero estaba segura porque
contaba con el apoyo de mi familia.
***Notas
Poner más de su vida ñoña antes de
Nota
Discusión, a ella le gustan los súper héroes, pero luego lo deja por influencia de la
tía
Pero luego la tía le reglas algo de la mujer maravilla