BATALLA DEL
ATLÁNTICO
La Batalla del Atlántico, como la bautizaron los
británicos, acababa de comenzar, y la producción
de submarinos alemanes era extremadamente
inferior a las exigencias de Dönitz, por lo que era de
esperar que al inicio la balanza de la batalla
estuviera inclinada a favor de los británicos. Estos
seguían confiando plenamente en los convoyes, que
ahora contaban con buques de escolta equipados
con sonar. La aparición de las cargas de
profundidad brindó mayor seguridad a los
británicos, que creían que sus rutas mercantes eran
casi intocables, y en esta etapa de la guerra
ciertamente lo eran. La Batalla del Atlántico puede
dividirse en cinco etapas:
Inicios: septiembre de 1939 - mayo de 1940
1939 submarino Polaco ORP Orzeł en Reino Unido.
Destruidas durante la acción en el Atlántico en
1940
Con una flota de submarinos obsoletos, Alemania
no podía hacer mucho. La mayoría de los
submarinos gastaba casi todo su combustible en el
viaje de ida y vuelta entre su puerto y Gran
Bretaña, y una vez en el campo de batalla, los
aviones de patrulla que rondaban por las costas
británicas los detectaban fácilmente.
El 3 de septiembre de 1939, apenas luego de
iniciada la guerra, el submarino U-30 del capitán
Fritz Julius Lemp lograba hundir al carguero SS
Athenia, siendo este el primer buque británico
hundido en el conflicto.[2] Le siguieron en esta
etapa, otros 222 barcos mercantes hundidos, tanto
británicos como de otras naciones, que equivalen a
900 000 toneladas, una pérdida que el Reino Unido
estaba preparada para soportar. El almirante
Dönitz sabía que a este paso jamás ganarían la
guerra y presionaba a Hitler para que construyera
más submarinos. Sin embargo, el promedio de
construcción de submarinos por mes fue de 2 en
1940.
En cuanto a las pérdidas entre los U-boat alemanes,
el submarino U-39, del tipo IX, fue el primer U-
boat en ser hundido en la Batalla del Atlántico, tras
un fallido ataque sobre el portaaviones HMS Royal
Oak y el posterior contraataque por sus escoltas. El
U-39 fue hundido en la posición 58°32′N 11°49′W, el
14 de septiembre.
Si bien los británicos también contaban con ventaja
en el ámbito de la lucha de superficie, la hazaña del
submarino U-47 comandado por Günther Prien en
el famoso ataque a la base de Scapa Flow (14 de
octubre de 1939), hundiendo al acorazado Royal
Oak, y las emboscadas del acorazado de bolsillo
Admiral Graf Spee, que fue acorralado en el
Atlántico Sur, cambiaron la percepción del público
alemán respecto a la supuesta debilidad de la
Kriegsmarine. Otra importante victoria del arma
submarina alemana en este periodo, fue
hundimiento del portaaviones HMS Corageous, el
17 de septiembre, por el submarino U-29 del
capitán Otto Schuhart, frente a las costas de
Irlanda; en dicha acción murieron 519 tripulantes.
[3] Como resultado de los ataques de superficie y
las minas submarinas, fueron hundidas otras 900
000 toneladas de barcos mercantes, aunque el
monto no era aún suficiente para doblegar al Reino
Unido.
Como medida de protección, el Reino Unido
recurrió a la vieja táctica, ya usada en la Primera
Guerra Mundial, de los convoyes protegidos por
escoltas armados, empleando estos el sistema
ASDIC (hoy conocido como sonar; desarrollado en
conjunto entre Francia y el Reino Unido en 1916), y
contraataques con cargas de profundidad. El
primer convoy para asistir al Reino Unido zarpó
desde Estados Unidos a inicios de septiembre y
estaba compuesto de treinta y seis mercantes,
protegidos por tres escoltas; confirmando la valía
del sistema de convoyes. Esto, a su vez mostraba la
inclinación de EE. UU. incluso antes de que
declarara la guerra a Alemania en 1941, dos años
más tarde de iniciada de la guerra. A través del
programa Lend-Lease (préstamo y arriendo), le
proveyeron al Reino Unido de los alimentos y
armas suficientes para continuar el esfuerzo de
guerra. Entre el total de material dado al Reino
Unido mediante los convoyes, figuran decenas de
miles de camiones, locomotoras, tanques, autos,
motocicletas, piezas de artillería, 15 millones de
pares de botas y 14 000 millones de libras de
alimentos, así como incontables municiones de
armas individuales. Inicialmente, la falta de una
declaración de guerra entre EE. UU. y Alemania
permitió cierta libertad de movimiento a los
mercantes, que saliendo del continente americano
eran escoltados por naves canadienses y
estadounidenses hasta la mitad del trayecto,
instancia en que traspasaban la tarea de escolta a
buques de guerra ingleses.