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Batalla de Stalingrado: Clave en WWII

La batalla de Stalingrado fue un gran enfrentamiento entre el Ejército Rojo de la Unión Soviética y la Wehrmacht de la Alemania nazi por el control de la ciudad de Stalingrado entre agosto de 1942 y febrero de 1943, resultando en más de 2 millones de bajas y siendo un punto de inflexión que marcó el principio del fin del nazismo en Europa.

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Batalla de Stalingrado: Clave en WWII

La batalla de Stalingrado fue un gran enfrentamiento entre el Ejército Rojo de la Unión Soviética y la Wehrmacht de la Alemania nazi por el control de la ciudad de Stalingrado entre agosto de 1942 y febrero de 1943, resultando en más de 2 millones de bajas y siendo un punto de inflexión que marcó el principio del fin del nazismo en Europa.

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BATALLA DE

STALINGRADO
La batalla de Stalingrado fue un gran
enfrentamiento bélico entre el Ejército Rojo de la
Unión Soviética y la Wehrmacht (Fuerzas
Armadas) de la Alemania nazi y sus aliados del Eje,
por el control de la ciudad soviética de Stalingrado,
actual Volgogrado, entre el 23 de agosto de 1942 y
el 2 de febrero de 1943.[19][20][21][22] La batalla
se desarrolló en el transcurso de la invasión
alemana de la Unión Soviética, en el marco de la
Segunda Guerra Mundial.[20][21] Con bajas
estimadas en más de dos millones de personas entre
soldados de ambos bandos y civiles soviéticos, la
batalla de Stalingrado es considerada la más
sangrienta en la historia de la humanidad. La grave
derrota de la Alemania nazi y sus aliados en esta
ciudad, significó un punto clave y de severa
inflexión en los resultados finales de la guerra,[23]
representando el principio del fin del nazismo en
Europa,[23] pues la Wehrmacht nunca recuperaría
su capacidad ofensiva ni obtendría más victorias
estratégicas en el Frente Oriental.[24] Asimismo, a
partir de esta derrota, la Alemania nazi estaría en
un continuo retiro de todas sus administraciones
militares hasta el fin de la Segunda Guerra
Mundial en 1945.

La ofensiva alemana para capturar Stalingrado


comenzó el 17 de julio de 1942, en el marco de la
Operación Azul o Fall Blau, un intento por parte de
Alemania de tomar los pozos petrolíferos del
Cáucaso. A inicios de agosto, el 6.º Ejército,
apoyado por el 4.º Ejército Panzer, cruzó la curva
del río Don, y alcanzó Stalingrado. El 23 de agosto,
un masivo bombardeo redujo buena parte de la
urbe, mientras que las tropas terrestres del 6.º
Ejército inició la toma de la ciudad, propiciándose
combates callejeros calle por calle y casa por casa,
en lo que ellos denominaron Rattenkrieg («guerra
de ratas», en alemán). A pesar de controlar la
mayor parte de la ciudad, la Wehrmacht nunca fue
capaz de derrotar a los últimos defensores
soviéticos que se aferraban tenazmente a la orilla
oeste del río Volga.
El general Gueorgui Zhúkov, que llevó a cabo una
estrategia de contención y desgaste de los alemanes
en su intento de tomar la ciudad, reunió hombres y
armas en la retaguardia para emprender la
contraofensiva denominada Operación Urano, que
se inició el 19 de noviembre de 1942, y comenzó
desde los flancos, arrolló a los ejércitos aliados del
Eje en el Don, y embolsó al 6.º Ejército alemán del
general Paulus y parte del 4.º Ejército Panzer
dentro de Stalingrado.[25] Incapaces de escapar del
cerco, 330 000 soldados alemanes quedaron
encerrados y aislados; aunque más de 42 000 de
ellos fueron evacuados por heridas, el resto quedó a
merced del hambre y el frío. Finalmente, los
constantes fracasos del general Von Manstein por
intentar romper el cerco, las promesas incumplidas
de las autoridades nazis de suministrar víveres y
municiones a los sitiados por vía aérea y los
constantes ataques soviéticos harían que el general
Paulus, desobedeciendo las órdenes de Hitler,
rindiera su 6.º Ejército en febrero de 1943.[26]
La derrota alemana en Stalingrado confirmó lo que
muchos expertos militares sospechaban: la
capacidad logística de las fuerzas alemanas era
insuficiente para abastecer y mantener una
ofensiva en un frente que se extendía desde el mar
Negro hasta el océano Ártico.[24] Esto se
confirmaría poco después en la nueva derrota que
Alemania sufriría en la batalla de Kursk. El fracaso
militar convenció a muchos oficiales alemanes de
que Hitler estaba llevando a Alemania al desastre,
acelerándose los planes para su derrocamiento y
dando como resultado el fallido atentado contra
Hitler de 1944.[27]
Para premiar el heroísmo de sus habitantes, la
ciudad de Stalingrado recibiría en 1945 el título de
Ciudad Heroica.

Influido por el geopolítico Karl Haushofer, Adolf


Hitler intentaba convertir las tierras de la Unión
Soviética en colonias alemanas a las que
denominaría «Germania».[29] Entre 1939 y 1941,
la Alemania nazi estuvo ocupada luchando con sus
históricos enemigos de Occidente: Francia y el
Reino Unido (véase Batalla de Francia y Batalla de
Inglaterra); no obstante, Hitler nunca perdió de
vista su verdadero objetivo: invadir el este de
Europa y aniquilar a los eslavos.
El 22 de junio de 1941, Alemania invadió la Unión
Soviética, incluso cuando Inglaterra no había sido
derrotada. Hitler, convencido de la debilidad del
Estado soviético, a quien consideraba como un
gigante con los pies de barro, creía que sus pueblos
se volverían contra Iósif Stalin, permitiéndole
concluir la invasión antes del invierno. Sus
generales recibieron órdenes de ceñirse al plan,
desdeñando sus opiniones.[30] De esta forma, un
día antes de la invasión, unos tres millones de
soldados alemanes esperaban el inicio de la mayor
operación militar hasta la fecha, distribuidos desde
Finlandia hasta el mar Negro.[31] También unos
950 000 soldados de otras naciones aliadas de
Alemania.
En diciembre de 1941, la guerra en la Unión
Soviética no se había desarrollado tal como el Alto
Mando Alemán había planeado. Leningrado y
Sebastopol continuaban resistiendo el cerco en el
norte y el sur respectivamente,[32] y la ofensiva
contra Moscú había fracasado. Entonces,
inesperadamente, los alemanes se encontraron con
una gran contraofensiva soviética desde la capital
rusa y tuvieron que afrontar el hecho de que, a
pesar de haber aniquilado y capturado a cientos de
miles de soldados del Ejército Rojo en los últimos
meses, el Alto Mando soviético, pactando la no
agresión con Tokio, había logrado desplegar
reservas suficientes, además de las divisiones
siberianas dirigidas por el general Gueorgui
Zhúkov, hasta entonces ubicadas en la frontera con
Manchuko, para emprender una gran
contraofensiva. Tardíamente, y tal como se ha
creído durante décadas, los invasores
comprenderían que aparentemente las reservas
enemigas eran «inagotables».
Habiendo fracasado en capturar Moscú, Hitler —
con sus generales en contra— decidió dirigirse
hacia los pozos petrolíferos del Cáucaso, pues el
petróleo era el elemento fundamental, del que
apenas disponía, para sostener la guerra y, además,
debilitar verdaderamente a su enemigo. La
Operación Azul, como se denominó la campaña
alemana en el sur de la Unión Soviética, tenía como
objetivo la captura de puntos fuertes en el Volga
primero y, posteriormente, el avance sobre el
Cáucaso. Cuando el 6.º Ejército Alemán se rindió
con más de 91 000 soldados, estos fueron
condenados a andar sobre la nieve en la
denominada “marcha de la muerte” pereciendo 40
000 a causa de la caminata y las palizas. Al resto se
les recluyó en los campos de concentración de
Lunovo, Suzdal, Krasnogorsk, Yelabuga, Bekedal,
Usman, Astrakán, Basianovski, Oranki y
Karaganda, e incluso a 3500 de ellos en la misma
Stalingrado para que reconstruyeran la ciudad. La
mayoría de ellos, con temperaturas de -25 y -30 °C
grados bajo cero enfermó de tifus, disentería,
ictericia, difteria, escorbuto, tuberculosis,
hidropesía y malaria. De los 91 000 prisioneros solo
lograrían sobrevivir 5000.
Las consecuencias de esta catástrofe fueron
inmensas y de gran alcance. La tragedia no pudo
ocultarse al pueblo alemán, decretando tres días de
duelo nacional. Por primera vez, Alemania perdía
la iniciativa de la guerra y tenía que pasar a la
defensiva. De hecho, la Wehrmacht carecía ya de
los elementos logísticos necesarios para avanzar
más hacia el este, siendo las orillas del Volga el
punto más oriental alcanzado por tropas alemanas
en Europa. Después de esta batalla, la Unión
Soviética surgió engrandecida y con la iniciativa de
la guerra en manos de sus líderes. Además, el
comandante de la Luftwaffe, Hermann Göring,
cayó en desgracia ante Hitler, perdiendo crédito
entre la élite del régimen nazi, así como prestigio
entre los militares, al no poder cumplir la orden de
abastecer por aire a las fuerzas alemanas cercadas,
como había prometido.
En cuanto al Führer, la rendición de Von Paulus en
Stalingrado y la gran brecha abierta en el Frente
del Este causarán en Adolf Hitler una aguda crisis
depresiva. Tomará somníferos todas las noches, y
tendrá pesadillas sobre el cerco, hasta casi el final
de la guerra.[70]
El mariscal Paulus sobrevivió a la guerra y volvió a
Alemania en 1952, viviendo en la zona de ocupación
soviética y luego en la RDA.
El histórico general soviético; Zhúkov reclamó para
sí el éxito de Stalingrado, pero se le concedieron
todos los créditos a Vasili Chuikov, que fue
ascendido a capitán general y puesto a cargo de un
ejército que marcharía luego a Berlín. Sin
embargo, la batalla de Stalingrado supuso para los
nazis una auténtica catástrofe militar y una de sus
principales derrotas en la Segunda Guerra
Mundial, marcando además el punto de inflexión
en la guerra, tras el cual ya no pararían de
retroceder ante los soviéticos hasta rendirse ante
Zhúkov, en el mismo Berlín, dos años y medio
después.
El triunfo de esta batalla trascendió los límites de la
Unión Soviética e inspiró a todos los aliados. El 62.º
Ejército, comandado por Vasili Chuikov, fue
incentivando la resistencia en todas partes. El rey
Jorge VI de Inglaterra le regaló a la ciudad una
espada forjada especialmente en su honor, y hasta
el poeta chileno Pablo Neruda escribió el poema
«Canto de amor a Stalingrado», recitado por
primera vez el 30 de septiembre de 1942, y el
poema «Nuevo canto de amor a Stalingrado» en
1943, celebrando la victoria, lo cual transformó esta
lucha en un símbolo y en un punto de inflexión
para toda la guerra. Hoy en día los historiadores
occidentales consideran la Batalla de Stalingrado
como el segundo Verdún de Alemania.

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