MARTIN CASTRO
EL OCASO DE LA REPÚBLICA OLIGÁRQUICA: PODER, POLÍTICA Y REFORMA ELECT0RAL
1898-1912
Reforma electoral y fragmentación de la elite política a finales del orden roquista:
Católicos e intelectuales en la formación de la Unión ·Nacional, 1909-1912.
Este capítulo aspira a contribuir a la comprensión de los años finales del orden conservador a
partir de un análisis del proceso de constitución de la coalición antirroquista diseñada para
instalar la candidatura reformista de Roque Sáenz Peña. Tambien se propone contribuir al
debate en torno a la reforma electoral de 1912 a partir del análisis de la relación construida
entre Roque Sáenz Peña, facciones políticas, sectores de la elite social e intelectuales
nacionalistas cercanos al Partido Autonomista pellegrinista ,que combinaban una
preocupación por el desmantelamiento de la maquinaria política roquista y por las
consecuencias no deseadas del proceso de modernización.
Reformismo, católicos y la Unión Nacional
En 191O las elites gobernantes mostraban un clima de euforia, que se expandía entre las elites
políticas y sociales argentinas en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Aunque las
pampas argentinas no se constituían en una sociedad libre de conflicto social, las elites
políticas y sociales argentinas parecían mostrarse más sensibles a las posibles consecuencias
del crecimiento de las zonas urbanas y al impacto de la inmigración.
La construcción de las instituciones nacionales después de 1852 y la consolidación del régimen
federal habían permitido a las elites dirigentes del interior -que no habian recibido similares
beneficios de la economía exportadora- recuperar parte de su influencia política y contribuir a
la formación de una clase política de alcance nacional. En este sentido, la participación de
miembros de la clase política del interior en las instituciones nacionales les daba una voz en el
proceso de toma de decisiones a nivel nacional que contrabalanceaba el creciente peso
económico de las provincias del litoral.
La complejidad de la elite política y el hecho de que los estancieros de la provincia de Buenos
Aires no pusieran en riesgo el control del estado por parte de políticos profesionales, creó una
situación en la cual los gobiernos nacionales desde la década de 1880 adoptaban políticas
económicas que favorecían en general los intereses de los terratenientes, sin por eso renunciar
a su relativa autonomía.
En el contexto de una sociedad que había pasado por profundas transformaciones, miembros
de la burocracia estatal y de la elite política estaban a favor de la construcción de una
identidad nacional . Para algunos miembros de la elite política, la reforma electoral podía
jugar un papel central en el proceso de una “nacionalización de las masas", el cual procuraría
constituir una conciencia nacional.
Muchisimas fuentes han advertido sobre el carácter dual del Centenario, un escenario que
daría lugar a una mentalidad de balance entre las elites políticas y sociales que combinaba un
clima de euforia por los logros del proceso de ·modernización con los temores frente a los
efectos de la inmigración masiva (el denominado "cosmopolitismo") y una percepción de
amenaza de desintegración social.
Reflejos de esta particular coyuntura eran la Ley de Defensa Social de 191 O, respuesta
dirigida a atender el conflicto social, pero también la sanción de una ley electoral en 1912
que se encontraba en la línea del optimismo reformista de Roque Sáenz Peña. Tambien, los
saenzpeñistas buscaban principalmente construir una relación más transparente entre
sociedad y estado y menos dependiente de la intervención de los políticos profesionales.
El programa saenzpeñista de reforma electoral quería evitar el control oligárquico del aparato
estatal que se estableció a partir de 1890. En 1907 Sáenz Peña sostenía que el país debía ser
reconocido no sólo por sus impresionantes transformaciones económicas sino también por el
establecimiento de verdaderas prácticas democráticas y republicanas por medio de la reforma
política y la supresión de la política personalista.
Políticos e intelectuales reformistas creían que el principio del gobierno representativo se
encontraba en riesgo y que un verdadero sufragio universal tenía que ser ejercitado.
De acuerdo con Sáenz Peña, no existia otra solución frente a los gobiernos electores que las
elecciones libres. La necesidad de la reforma electoral ya la había manifestado Sáenz Peña en
agosto de 1909 durante su campaña para las elecciones presidenciales. En este manifiesto,
Sáenz Peña sostenía que la mayor deficiencia de la política argentina era su recurrente
personalismo.
Sin embargo, Roque Sáenz Peña, demostraba tener una marcada antipatía hacia la política
partidaria. Pollticos opositores y la prensa periódica eran conscientes de esta situación y no
perdían oportunidad en impugnar las habilidades políticas de Saenz Peña. Pese a la postura de
Sáenz Peña sobre la necesidad de conformar partidos políticos "orgánicos" e "impersonales",
la naturaleza de Unión Nacional (la coalición formada para apoyar la candidatura de Peña) se
encontraba claramente emparentada con las tradicionales articulaciones políticas del orden
conservador.
La presión del gobierno nacional sobre los gobernadores del interior fue decisiva para
asegurar el triunfo de la candidatura de Sáenz Peña en las elecciones presidenciales de 1910.
Si bien notables y miembros de las clases propietarias jugaban un rol preponderante en la
coalición , la estructura organizativa de la Unión Nacional era comparable a la organización
tradicional del PAN, basada en las conexiones entre elites políticas provinciales.
Tanto la formación de la Unión Nacional como la presidencia de Figueroa Alcorta
representaron una oportunidad de un regreso a la política bajo el resguardo de la capa
protectora de un amplio antirroquismo. Antiguos juristas que habían sido condenados al
ostracismo desde la revolución de 1890, se unieron al Partido Autonomista y apoyaron la
candidatura de Sáenz Peña.
El inicio en la política del catolicismo y los cambios en el tiempo
Entre quienes habían debido experimentar las dificultades del ostracismo político se
encontraban los notables católicos. Entre los grupos que Sáenz Peña creyó debían ser
incorporados a una amplia coalición antirroquista se encontraban los políticos católicos, junto
a estudiantes universitarios y los representantes de la industria y el comercio nacional . Sáenz
Peña consideraba que los católicos eran bienvenidos a la coalición no en tanto partido político,
sino como políticos e intelectuales que habían sufrido la persecución política roquista.
La sanción de una serie de reformas legislativas entre 1881 y 1888 (entre ellas la de Enseñanza
Laica, Gratuita y Obligatoria y la Ley de Matrimonio) también constituía una forma de
consolidar la supremacía del estado nacional. Por otra parte, será a partir de la década de 1880
que una intelectualidad católica comenzará a diferenciarse de las expresiones del liberalismo.
A partir de la fundación de la Unión Católica en 1884, este grupo no logrará unificar a los
notables católicos dispersos en las distintas facciones, y se verá perjudicada por la disminución
en la importancia de la "cuestión religiosa". En este contexto, al asumir el antirroquismo como
bandera o programa político, los notables católicos se enfrentaran con las dificultades que son
características de la organización de partidos de oposición durante el orden conservador.
A partir de 1902, Los proyectos originados en los principios del catolicismo social conducirían a
la fundación de los Círculos de Obreros (1892), la Liga Demócrata Cristiana (1902) y la
constitución de la Liga Social Argentina (1908), un cuando no se buscara constituir un partido
político de naturaleza católica.
La saenzpeñista Unión Nacional representaba un regreso de políticas antirroquistas. La
inclusión de los políticos católicos era justificada ya que se mostraban como "hombres de
probidad" que participaban en política, no como una asociación religiosa, sino a partir de su
trayectoria en el antirroquismo.
En 1909 el comité de la Unión Patriótica había decidido apoyar la candidatura de Sáenz Peña y
contribuir con el apoyo de los católicos a sus planes de llegar a la primera magistratura. La
campaña de la prensa "liberal" (y de republicanos y roquistas) en contra de la candidatura
denominada "clerical" de Sáenz Peña , reflejaría también los intercambios polémicos en torno
a los límites de la secularización del sistema político argentino.
La decisión de Sáenz Peña de incorporar a Victorino de la Plaza en la fórmula presidencial
genero resistencias:
entre las elites del interior preocupadas por mantener políticas proteccionistas ;
entre políticos bonaerenses que postulaban al católico Manuel de Iriondo como
candidato a presidente;
entre los mismos notables católicos preocupados por las ideas "liberales" de De la
Plaza, considerado por el diario católico Pueblo como un "enemigo sistemático" de los
católicos.
Sin embargo, la Unión Nacional pudo eventualmente reconciliar en su seno las
diferencias entre liberales y católicos.
En octubre de 1910, el diario El Pueblo recibiría con agrado el discurso presidencial de
asunción y su articulación entre la enseñanza pública, servicio militar y reforma política:
"La patria necesita ser fuerte para afrontar cualquier peligro que amenace su honor y su
integridad... Venga pues, el voto obligatorio, como tenemos el servicio militar obligatorio y
la enseñanza obligatoria".
La importancia de la cuestión nacional no era ajena al pensamiento católico del cambio de
siglo, preocupado en que se establecieran barreras a un "materialismo" y” cosmopolitismo”
que veian perjudiciales para la sociedad argentina.
Intelectuales, la cuestión nacional y el programa saenzpeñista
El debate acerca de la educación estatal muestra los cambios en la concepción de la educación
pública, de un sistema educativo cuyo objetivo principal era formar ciudadanos a través de la
enseñanza de la cultura universal a otro que intentaba forjar una nacionalidad a través de la
inculcación del patriotismo y que desarrollaran problemáticas más relacionadas con la
sociedad argentina.
Para comienzos del siglo XX comenzarían a identificar en la clase obrera a una amenaza
potencial hacia el orden social. La cuestión de cómo integrar al masivo número de inmigrantes
dentro de la sociedad argentina y de cómo reducir el impacto del "cosmopolitismo" constituyó
el centro del debate político e intelectual del cambio de siglo. Como Oscar Terán observa,
Miguel Cané y Paul Groussac, cercanos a los grupos pellegrinistas y saenzpeñistas, compartían
el miedo común hacia las posibles consecuencias de la democracia. Es cierto, sin embargo,
que el pesimismo político podía también abrir la puerta a procesos de reforma electoral.
Para estos intelectuales, escépticos con respecto a los beneficios de la democratización, una
elite educada debia mantener el poder hasta la emergencia de una "república real''. La
cuestión para los intelectuales y políticos argentinos, era cómo gobernar a una sociedad en la
cual las masas no se sometían ya a los mecanismos de subordinación social previos.
Desde este punto de vista, el discurso racial y las preocupaciones acerca del rol de "las masas"
en la sociedad argentina impulsaron la sanción de legislación ·social ( la regulación de las
condiciones de trabajo de mujeres y niños, el seguro contra accidentes de trabajo,etc.). Los
discursos de Roque Sáenz Peña reflejaban a comienzos del siglo XX este encuadre político e
ideológico.
Saenz Peña y la política exterior
La centralidad de la cuestión nacional en el programa político saenzpeñista y el interés de
Sáenz Peña en la política exterior argentina se encontraban estrechamente vinculados. Sáenz
Peña había participado de campañas a favor de una política exterior argentina más agresiva en
Sudamérica que presuponía una mejora constante de las defensas de la nación.
Sin embargo, aunque Sáenz Peña rechazaba una política exterior nacionalista, belicosa y
extrema, todavía se manifestaba a favor de una política de ''defensa nacional" y expresaba su
preocupación por la debilidad interna que las compañías extranjeras y la inmigración masiva
podían provocar en la situación relativa argentina. Se percibe entonces cómo en la concepción
de Sáenz Peña tanto la política exterior como una política dirigida a formar ciudadanos
argentinos podían contribuir a fortalecer el estado argentino.
Saenz Peña proponía tres principales herramientas para solucionar la cuestión nacional: la
educación pública, la conscripción militar y el voto obligatorio. Lejos de ser componentes
originales del programa saenzpeñista, los dos primeros elementos, escuelas y barracas
militares, habían formado parte de otros ejemplos de procesos de construcción del estado-
nación. Por lo tanto, Sáenz Peña buscaba "reforzar" la identidad nacional y "defender" a la
población argentina nativa contra la influencia negativa de la inmigración.
Ramos Mejía= subrayaba más bien que al final del proceso la sociedad argentina seria capaz
de integrar a los hijos de los inmigrantes. Sáenz Peña y Ramos Mejía compartían similares
opiniones sobre la importancia de un sistema nacional de educación en la formación de la
identidad nacional .. También compartían un decidido antirroquismo.
Aunque sus cartas a Sáenz Peña muestran la preocupación de Ramos Mejia sobre el atraso
en el rol de las multitudes argentinas como de su elite política, su desempeño al frente del
Consejo Nacional de Educación demostraba su creencia en la educación pública como un
elemento crucial en el proceso de nacionalización de las masas. Sáenz Peña coincidía con él
en este aspecto y creía que las campañas patrióticas en las escuelas podían ser armas
decisivas contra el "cosmopolitismo" y podían ayudar a forjar a los argentinos.
Puede argumentarse que para Sáenz Peña la reforma electoral tenía, por un lado, que
contribuir a resolver la cuestión nacional y, por el otro, conducir a fundamentales
transformaciones en el sistema político: el final de las prácticas políticas fraudulentas, la
creación de un electorado y la conformación de una nueva elite política, o al menos, la
transformación de la vieja elite política a través de la inclusión de aquellos que habían sido
marginados durante la era roquista.
En el pasado la historiografía política ha sugerido que la reforma electoral saenzpeñista habia
representado una reacción directa a la presión desde abajo y una respuesta a la amenaza que
la exacerbación de los conflictos sociales de las clases bajas podían representar para las
posiciones de poder de las elites social y política.' Sin embargo, las elites políticas argentinas
parecían más preocupadas con los actos individuales de terrorismo que con la acción colectiva.
Conviene recordar, que el término "conservador" refería a un cuerpo de ideas políticas que
estaba en oposición a cualquier ideología caracterizada como "subversiva" o "destructiva" del
"orden social'” más que como un cuerpo de ideas políticas definido en oposición a la tradición
política liberal. Para repetirlo una vez más, incluso cuando el candidato presidencial se
ocupaba de temas como el socialismo y la cuestión social, insistía en lo que consideraba la
principal problemática: “... nuestra legislación y nuestras costumbres [ .... ] deben tonificar el
ambiente nacional conservando nuestro carácter contra la deformación cosmopolita".
Sáenz Peña habia aconsejado a Figueroa Alcorta a que llamara a elecciones libres sin
preocuparse por el posible resultado electoral posterior. Había en el programa político
saenzpeñista una fuerte creencia de que una ley electoral introduciría dramáticos cambios en
la politica argentina y el comienzo de una nueva era política.
La reforma electoral perseguía una nueva distribución del poder dentro de la elite política
dado que se proponía provocar el fin del predominio político de la facción roquista y de sus
"políticos profesionales".
El realineamiento de las fuerzas "conservadoras" y la sanción de la nueva ley electoral.
En mayo de 191 O, los anarquistas convoca a una huelga general contra la Ley de Residencia,
en coincidencia con las celebraciones del Centenario. El gobierno de José Figueroa Alcorta
rechazaría las demandas anarquistas y, argumentando que la huelga ponía en riesgo las
celebraciones, declararía el estado de sitio.
Las huelgas generales, el asesinato del jefe de policía de la Capital Federal, Ramón Falcón -
cometido por un anarquista en noviembre de 1909- y una explosión en el Teatro Colon,
condujeron a la represión, deportaciones y finalmente a la sanción de la Ley de Defensa Social
en 1910. En ausencia de un fuerte liderazgo ejercido por el presidente y ante la dispersión de
la estructura del PAN que había dado organización a los diferentes partidos provinciales, entre
1910 y 1912 el universo de facciones y grupos políticos apareció aún más fragmentado.
Los historiadores han descripto generalmente a las presidencias de Manuel Quintana, Figueroa
Alcorta y Sáenz Peña como parte de un proceso progresivo y gradual hacia la reforma electoral
y la apertura del sistema político. .. En la ausencia de un encuadre partidario -al menos en los
grupos conservadores-la politica desde 1910 a la sanción de la ley electoral en 1912 se vio
limitada a las disputas entre el presidente y el Congreso y a la presión ejercida por el gobierno
central sobre los gobernadores, con el fin de ganar el apoyo necesario para aprobar la ley
electoral.
1909 se consideró el año de la desaparición del partido roquista y los partidos políticos habían
convergido en tres estructuras partidarias: la Unión Cívica, la Unión Nacional y el Partido
Radical. El mismo Roca era muy consciente de la declinación de su influencia sobre, por
ejemplo, los miembros del Congreso. Para finales de 1910, solamente el Partido Radical había
establecido una estructura nacional y una red de comités a nivel local en cada provincia. El
Partido Conservador de la provincia de Buenos Aires, que había establecido una red de comités
a lo largo de la provincia, parecía ser la excepción aunque con un débil nivel de
institucionalización.
Al comienzo de la presidencia de Sáenz Peña, las facciones provinciales prefirieron apoyar el
programa político saenzpeñista a fin de evitar la intervención presidencial en la política
provincial. El comienzo de la presidencia de Sáenz Peña se caracterizó por la poca permanencia
de las alianzas y los reacomodamientos facciosos, difíciles de distinguir incluso a nivel nacional.
A nivel local, los periódicos provinciales subrayaban la decadencia de los principales partidos
políticos y observaban la incertidumbre que habían provocado en la política provincial las
decisiones de Roca de abandonar la política activa y de Sáenz Peña de mantener una posición
de imparcialidad.
Sáenz Peña iba a dejar en claro que, aunque el gobierno central no tenía como objeto tomar
parte en la política provincial (es decir, no buscaría beneficiar a ningún partido especifico ni
determinar candidaturas), esto no implicaba que se toleraran ataques al sistema republicano o
que hubiese prácticas electorales fraudulentas cometidas por los poderes locales.
Saenz Peña también debió enfrentar un temprano conflicto con los amigos políticos de
Figueroa Alcorta incluso antes de asumir la presidencia. Lejos de apoyar el programa de
reforma electoral, políticos de Figueroa Aleona y algunos autonomistas buscaron obstruir
cualquier cambio a la legislación electoral que representara una amenaza a su maquinaria
políticas. La influencia de Figueroa Alcorta iba a quedar reducida a políticos aliados de la
provincia de Córdoba, a su alianza con el gobernador de Buenos Aires, el general Arias, y al
grupo de senadores y diputados nacionales figueroístas.
La decisión de Sáenz Peña de gobernar sin un partido oficial ampliaba las posibilidades de
disputas en el Congreso. Esta situación implicaba que el gobierno nacional, a fin de obtener la
aprobación del proyecto de reforma electoral, no podía exigir disciplina partidaria de un
número de legisladores y, en consecuencia, se encontraba en la necesidad de recurrir al poder
de persuasión de las atribuciones presidenciales, ejerciendo la amenaza de una intervención
federal o presionando a los parlamentarios.
Las presiones que el Partido Radical intentaba ejercer sobre el gobierno nacional tenían como
objetivo que éste enviara intervenciones federales a las provincias como forma de garantizar
elecciones libres en ellas. Pero se evidenciaba que el gobierno nacional no acumulaba la
suficiente fortaleza como para concretar esa política de alcances más amplios.
"lista incompleta": sistema electoral que aseguraba la representación de los grupos políticos
mínorirarios. De esta manera , de acuerdo con la Ley Saenz Peña),el partido que ganaba una
eleccíón se llevaba dos tercios de las bancas mientras el segundo partido más votado se
quedaba con el tercio restante.
En la ciudad de Buenos Aires las primeras elecciones bajo la nueva ley electoral evidenciaron
el triunfo del radicalismo, mientras que los partidos más conservadores no pudieron superar
su fragmentación. Los éxitos electorales de los radicales llevarían a los políticos conservadores
a perseguir la conformación de un partido nacional único.
La salud de Sáenz Peña se deterioró y Victorino de la Plaza ocupo la presidencia de manera
permanente partir de octubre de 1913. Sáenz Peña moriría menos de un año mas tarde. De la
Plaza -que había estado en contacto con facciones que se oponían a la reforma electoral-
expreso una ·opinión diversa a la manifestada por Saenz Peña en relación a los beneficios de la
reforma electoral y prefirio subrayar lo que consideraba eran efectos negativos de la aplicación
de la reciente ley electoral entre los partidos tradicionales, abriendo el debate a una posible
revisión de la ley.
La denominada Ley Saenz Peña había contribuido de manera decisiva a la destrucción de un
sistema político basado en la existencia de un partido dominante que incorporaba a partidos
provinciales en un partido nacional. En el período previo a estas elecciones nacionales, los
partidos conservadores provinciales pusieron en riesgo la sucesión presidencial al fracasar en
las diferentes tentativas por conformar un partido conservador unificado a nivel nacional, que
fuera capaz de derrotar al radicalismo en las urnas.
En diciembre de 1914 la Liga del Sur y varias facciones "conservadoras" convinieron
conformar un partido político que pudiera prevenir un triunfo radical en las elecciones
presidenciales. Las disputas facciosas jugarían una vez más un rol determinante al poner en
riesgo la viabilidad de un partido unificado.
En 1916, la UCR organizaba sus fuerzas para disputar la presidencia en las urnas con alta
probabilidad de éxito. En definitiva, la nueva era política que se abría con el triunfo de los
candidatos presidenciales radicales reflejaría los frutos de un proceso de democratización
política, y asignaría un rol central a aquellas agrupaciones partidarias capaces de constituirse
en poderosos nexos entre los electores y las instituciones democráticas .