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Juan Gil
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Volumen I
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Sevilla, 2000
Universidad
Fundación
de SEVILLA EL MONTE
Editan:
Universidad de Sevilla
Fundación El Monte
Textos:
Juan Gil
Fotos:
Emilio Sáenz (pp. 52. 61. 69. 75. 151. 15-4. 173, 207. 211, 259. 251, 260, 262, 278. 281, 290, 292, 541. 545. 584. 588y 590)
A.C.S. (P. 58)
Musco del Prado (P. 64)
Cubierta:
Pedro de Campaña, Retrato De Diego Caballero g oti familia
Retablo de la Capilla del Mariscal, Catedral de Sevilla
(Foto: Arenas. Fotografía Artística)
ISBN
De la obra completa: 84-89777-94-2
Del presente volumen: 84-89777-95-0
Rde libro se edita en el marco del convenio de colaboración entre la Universidad de Sevilla g la Fundación El Monte
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PRESENTACIÓN
LOS EDITORES
PRÓLOGO
1 Algunos errores debidos a desconocimiento de la realidad sevillana alean la meritoria traducción. Así,
Castrillo llama "fuerte” o "alcázar” al castillo de San Jorge (p. 189, 232), "hospital... llamado El Cardenal al
Hospital del Cardenal (p. 299), "oidores" a los jueces de los Grados, "prorrey al asistente o corregidor (p. 315)
y "clerizonte" al capellán {sacellanus [p. 444]); asimismo se le escapa que a los personajes públicos se les hacen
juicios de residencias (residentüs), y no "audiencias" (p. 166). La jerga eclesiástica le juega una mala pasada en
p. 444: contienes... secunda quaque feria alteráis a redilu sito quadragesima se debe traducir los sermones todos los
lunes en la segunda cuaresma después de su regreso”, y no "los sermones de la segunda cuaresma... cada dos
días de fiesta” {secunda feria es la 'segunda feira* del portugués: así se decía ya en el latín visigodo). Señalo otros
posibles errores, achacables esta vez al estilo no muy puro de Montano: p. 162 ab ulnsqiu sil (más bien. /</), p.
232 concessum patrum (más bien consessiun patrum, cf. p. 320 consessu frequentissánó).
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— "El arzobispo Alonso Manrique, protector del erasmismo y de los reformistas en Sevilla”,
Bibliotheque d’Humanisme et Rwnaissance, XLV (1982) 349ss.
2 La historia de la investigación -y aun el destino de los documentos, algunos de ellos robados, al pare-
cer, por el profesor judío Jac Nachbín— es tan rocambolesca como el propio asunto que trata.
J
I. LOS CONVERSOS EN UNA SOCIEDAD SEÑORIAL
coles’ (1), ‘del vino’ (2), 'de los almojarifes’ (1), ‘de la aduana’ (1), ‘del campo’ (1)
y de las puertas: ‘del Aceite’ (2), ‘Macarena’ (2) y 'de Carmena’ (1). Bien cabe
cerrar esta enfadosa lista con una oportuna indicación de Andrés Bernal: "Nunca
quisieron tomar oficios de arar ni cavar, ni andar por los canpos criando ganados,
ni lo enseñavan a sus fijos, salvo oficios de poblado e de estar asentados, ganan
do de comer con poco trabajo”12. Ahora se calibra el daño que se pretendió .-fe-
rir a los conversos toledanos al prohibirles en 1486 "que no fuesen cambia
ni boticarios, ni especieros, ni toviesen oficio 7)e dOdpecha ninguno”15.
El peso y la importancia de los conversos en la contaduría se aprec
manera muy clara en el seno de las grandes casas nobles. Por los libros de ¡j
del duque de Medina Sidonia aparece con mucha frecuencia un Francisco ck* :....
Casas, criado y contador del aristócrata, que por este motivo residió con alguna
frecuencia en Sanlúcar de Barrameda, de donde llegó a ser vecino; fue mayordo-
mo del duque Alonso Díaz (SL 1494 n° 17) y secretario Juan de Écija (S 1494 n°
485)14. A su vez, ese aparente martillo de conversos que fue el manqués y luego
duque de Cádiz no tuvo empacho alguno en dejar ar las riendas de sus finanzas en
manos de Andrés de León (m. 1492), casado con Beatriz Maldonado, o en las de
Diego García el Franco (S 1494 n° 295). El contador de D. Pedro Puertocarrero
fue Fernando de la Palma, vecino de Moguer; los inquisidores Ramo y Belorado
le impusieron una exorbitante penitencia pecuniaria de 72.000 mrs. A su vez, la
marquesa de Montemayor empleó a su servicio como mayordomo a Gómez de
Córdoba (S 1494 n° 6), otro reconciliado. Y de conversos de fe más o menos pura
echaron mano una y otra vez tanto el cabildo secular como el eclesiástico, según
tendremos ocasión de ver a lo largo del presente estudio.
La práctica de la abogacía y la medicina quedó por lo común en manos de
los cristianos nuevos, pues en la Sevilla del s. XV muy pocos tenían dinero sufi
ciente para costear las carreras de los hijos durante varios años en una
Universidad lejana, normalmente Salamanca (la de Alcalá todavía no existía). Un
ejemplo: el doctor Pedro de Vique, hijo de Gonzalo de Vique y de Beatriz
González de Segura (emparentada probablemente con el converso Diego
González de Segura [S 1494 n° 79]), se doctoró él mismo por Salamanca y en esa
Universidad quiso que se formara su hijo; pues bien, los estudios del bachiller
Gonzalo de Vique, presumiblemente un mal estudiante que se pasó siete u ocho
años tumbado a la bartola en las aulas, le costaron al padre entre mantenimiento
y libros la friolera de 100.000 mrs15. Evidentemente, la educación de un hijo no
LOS CONVERSOS EN UNA SOCIEDAD SEÑORIAL 25
estaba al alcance de todas las fortunas, pero todos los conversos, a poco dinero
que tuvieran, se esforzaron por dar a sus hijos estudios superiores.
De esta manera, los cristianos nuevos, odiados y temidos, pero imprescindi-
. supieron hacerse pronto con buena parte de los resortes del poder. De sus
• •. se nutrió en su mayor parte la alta y baja burguesía de Sevilla. Un hecho da
• ba de su enorme ascendiente social, amparado por la casa de Medina
nia. Un jurado converso cuya descendencia va a aparecer más adelante por
s páginas, Garci Sánchez, narró un intento de asonada contra los cristianos
jevos. El tumulto empezó en 1465 en la calle de Genova a la voz de “¡Estúñiga!”
¡Estúñiga!", grito que fue contestado por los atacados apellidando “¡Niebla!”
"¡Niebla!”. El resultado fue que, sofocado el alboroto, en el que les fueron roba
dos jubones y otras cosas de menor cuantía, “quedaron los conversos con su
honra, que no les osan decir sola una palabra que no la vengan bien”16. Pero estas
convulsiones periódicas de carácter anticonverso se encuadraron poco después
en un marco más amplio: la atroz contienda que estalló a partir de 1471 entre D.
Enrique de Guzmán, duque de Medina Sidonia, y D. Rodrigo Ponce de León,
marqués de Cádiz.
No es cuestión de referir aquí, por ser de todos conocida, esta pugna dura
dera que sumió en negras desventuras y ensangrentó con mil combates y algara
das la Baja Andalucía17. Sí, en cambio, y por entrar directamente en nuestro tema,
nos interesa aquilatar las secuelas que estas rencillas y banderías tuvieron en la
economía sevillana, pues su alcance fue realmente inmenso. Los ciudadanos se
vieron obligados a costear una prolongada guerra, con toda la tremenda carga de
hombres, caballos, abastecimientos y pertrechos que acarreaba la contienda, sin
contar las revueltas propias de una discordia civil; y este “servicio del rey”, como
no sin cierto cinismo fue llamado por ambas partes, hizo que sobre las espaldas
de los sufridos pecheros llovieran repartimientos e imposiciones perentorias, que
en sus fines y exigencias recuerdan muy de cerca las medidas que se habían de
tomar años después en la tala de Granada. Toda la tierra se vio sacudida por la
guerra, de suerte que fue inevitable que algunas villas y plazas fuertes de Sevilla
cayeran en manos de D. Rodrigo Ponce de León, con desastrosas consecuencias
para las arcas de la ciudad, como bien pronto pusieron de relieve los arrendadores
26 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
Alanís y portazgo de Cazalla. Al haber sido tomado el castillo de Alanís oor los
hombres del marqués de Cádiz, el 17 de marzo de 1473 hubo de descontar •.' 0
mrs. al arrendador Ángel Rodríguez por el menoscabo que había recibido e»
tas del portazgo de Cazalla y de Alanís.
Alcalá de Guadaira. 1 ambién Alcalá de Guadaira se entregó al marqués. 1
la pérdida de "rentas menudas de la villa de Alcalá de Guadaira, que está ak
tra la dicha <pbdad e las tomó el dicho marqués", montó una suma de 18.t
según se anotó en la nómina de 1473; mayor fue el quebranto que se recibió .. falta
de las 1.500 arrobas de harina por las que estaba arrendado el molino de Alcalá a
precio de 60 mrs. la arroba, lo que supuso un daño total de 90.000 mrs.
Caños de Carmona. Otra no chica consecuencia de la enemiga de Alcalá fue que los
molinos de los caños de Carmona "no molieron, ni vino a ellos agua ni a esta dicha
«jibdad por la guerra del señor duque e marqués a respeto del año pasado de seten
ta e dos", con una pérdida de 116.890 mrs., según se anotó en la nómina citada19.
Constantina. Constantina engrosó también la lista de las villas rebeladas; por la
renta no cobrada de su almojarifazgo se esfumaron 14.280 mrs., y otros 3.000 mrs.
se fueron por la del almotacenazgo.
Puente de barcas de Triana. El alzamiento de Constantina tuvo otra secuela ines
perada. El famoso puente de Triana estaba a punto de anegarse por ser muy viejas
las barcas que lo sostenían; pero cuando su tenedor, Lope de Ayala (S 1494 n° 20),
trató de cortar madera y ligazón para construir otras nuevas, los de Constantina no
le dejaron ni siquiera entrar en sus montes a efectuar el corte; y así Ayala tuvo que
contentarse con poner en el puente un ballener, sustitución que trató de justificar
mediante una información hecha el 26 de noviembre de 1472.
Los únicos que sepamos que ganaron algo, además de los señores de la gue
rra, fueron los maestros cordoneros, a quienes el 22 de enero de 1473 se dieron
8.400 mrs. en pago de 800 hondas de cáñamo que fueron menester para recobrar
el castillo y fortaleza de Alanís.
De todas estas estrecheces, padecimientos y miserias me interesa resaltar ahora
los resultados económicos de la especie de bloqueo a que fue sometida Sevilla, pues el
comercio de importación y exportación y los derechos de portazgos y almojarifazgos
LOS CONVERSOS EN UNA SOCIEDAD SEÑORIAL 27
Barca del Borrego. Fue el primero en protestar de las secuelas que habían tenido
los movimientos e escándalos” acaecidos en la comarca Alonso García Répilo,
rrendador de la barca del Borrego, que entraba en el almojarifazgo de Coria, ya
que los mercaderes y viandantes, que antes iban y venían con seguridad a Lebrijay
Sanlúcar de Barrameda, no tomaban ya el camino de Los Palacios ni el del Bodegón
del Rubio; el 3 de agosto de 1472 se le hizo un descuento de 2.000 mrs.
Barca de Alcalá del Río. Después pidió ser socorrido Juan García Girón, arrendador de
las barcas de Alcalá del Río; y vista su solicitud, el licenciado Juan Fernández de Sevilla y
el bachiller Lope Ruiz de la Puebla sentenciaron el 14 de setiembre de 1472 que se le debía
hacer una reducción de 6.000 mrs., que luego fue aumentada a 8.000 atendiendo a su mise
ria y pobreza, dado que los del marqués "robavan a los que venían por los caminos, en
especial en el camino que va d’esta $ibdad a Alcalá”, y así los viandantes se desviaban para
pasar por la barca de La Algabay hasta algunos se iban por el puente de Sevilla.
Barca de Villanueva. Pero la seguridad de los caminos no había mejorado años después,
ni siquiera después de acordada la tregua entre los dos proceres, sin duda por su carác
ter pasajero. Oigamos las estremecedoras palabras que escribió García de Medina, arren
dador de la barca de Villanueva, en la petición presentada al cabildo el 28 de enero de
1474: "Después que las guerras se comentaron en esta tierra, como a todos es notorio, los
caminos han seído robados e todas las presonas o las más d'ellas que por ellos ivan e
venían, e aun resgatados como si fuese en guerra de moros; e por las disensiones pasadas,
como es notorio, los de la conpañía del mayordomo Godoy han tomado e robado a las
presonas e ganados e bestias que por los dichos caminos ivan e venían, como quiera que
heran puestas treguas, diziendo que fazían represarías por «jiertas cosas que por parte
d’esta tibdad les era tomado, e en especial desde qu’el pendón salió d’esta cjibdad para ir
a Alanís, que luego fue tomada la barca e traída a esta «jibdad por vuestro mandado”. Ya
en el año de 1472 se hizo a Medina un descuento de 12.000 mrs.; pero la renta de la barca
de Villanueva no se arrendó después, con pérdida para la ciudad de 21.000 mrs.
la carne y de los cinco mrs. por ciento en el cuerpo de la ciudad, y otros 307.597
mrs. de las mismas imposiciones en la tierra de Sevilla22, todo ello sin permiso ni
aun consulta al rey, títere desdichado a quien nadie hacía caso y a quien, como es
;-cc, no se pagó en medio de tantos alborotos el pedido de 2.372.066 mrs. que le
an concedido en las tierras de Sevilla los procuradores en las Cortes de 147323.
¿aves de la flota sanluqueña están algunas a cargo de maestres vascongados,
Miguel de Aranivia o Juan Pérez de Urresti24; pero el capitán de la nao del
ae es Luis Rodríguez de la Mezquita, un trianero de apellido ilustre en la his-
.. ■ ia de los descubrimientos, que el 27 de noviembre de 1-471 hizo alarde de sus
■ robres en Sanlúcar de Barrameda25. Después, en el cerco a que el duque some
tió ía villa de Alcalá de Guadaira a partir del 19 de abril de 1474, se gastó la aún
más estremecedora cantidad de 3.-426.801 mrs.; y al asedio, de resultados poco glo
riosos por cierto26, no sólo acudieron los sevillanos e incluso los hombres del conde
de Cabra, muy amigado con el Medina Sidonia, sino que hasta se pagaron al maes
tre Mahomad Recio 5.920 mrs. por haber enrolado treinta y tres musulmanes, die
ciseis ballesteros y diecisiete lanceros: para luchar contra el enemigo valía todo,
hasta una compañía de moros; no podía llegar a más la vesania fratricida.
En definitiva, la situación política y económica de Sevilla, en la segunda
mitad del Cuatrocientos, se asemeja en cierto modo a la de una Señoría italiana,
como ya advirtió Ortiz de Zúñiga, al escribir que el duque y el marqués se hicie
ron la guerra "qual pudieran poderosos príncipes libres..., y sólo parecían vasa
llos en las quejas que acudían al rey”27. En 1-47-4 la victoria parecía haberse decan
tado de manera clara por los partidarios de D. Enrique de Guzmán, incluso en el
supuesto de que éste fuera el hombre apático, cobarde y voluble que nos pinta
Alonso de Palencia; y el hecho es que entre estos partidarios se encontraban unas
personas que pertenecían a una casta muy determinada.
encima sin pagar derecho alguno>. Pues bien, si repasamos con atención la lista de
LOS CONVERSOS EN UNA SOCIEDAD SEÑORIAL 31
Hay otras personas que por su nombre u oficio parecen asimismo de ascendencia
judaica: los jurados Pedro López el Mozo (25) y Manuel de Sevilla (75); el ensayador
Alvaro González (75), los traperos Sancho González (10) y Alonso Rodríguez de Jerez
(10), el cambiador Fernando Rafaya (10) y Rodrigo Gambax (10). Por último, conviene
anotar que el duque de Medina Sidonia se obligó tanto por Francisco Ruiz del Lear
(25) como por Pedro González Boniel (25) y Gómez de Sevilla, hermano del ¡o
Juan Fernández (25), este último, como los dos anteriores, presumiblemente <
En 1474 subieron al trono Isabel y Fernando. Huelga ponderar las. .'¡m- li
sas dificultades que hubieron de superar los nuevos_monarcas, que no sólo tuvie-
ron que hacer frente a las pretensiones portuguesas, sino que encima se vieron
obligados a refrenar la ambición desatada de unos nobles díscolos en exceso.
Veamos cómo procedieron en Sevilla, donde realmente su tacto fue exquisito,
pues lograron sofocar la discordia civil sin recurrir a medidas drásticas, evitando
a toda costa el derramamiento de sangre: la triste solución que había de elegir
Juan II en Portugal. Para parar los pies al duque —y de paso al marqués— cuen
tan los anales que en 1478 los reyes entregaron el gobierno de la ciudad a un asis
tente, Diego de Merlo55. No fue exactamente así como tuvieron lugar los aconte
cimientos, dado que ya en 1475 recibió tal nombramiento el conde de Tendilla, D.
Iñigo López de Mendoza, que fue recibido por la ciudad como asistente el 2 de
junio; y bien que le agradeció el concejo sus servicios, pues el 24 de julio le mandó
librar, además de su sueldo de 1.300 mrs. diarios, otros 300.000 mrs,
para festejar el nacimiento del príncipe D. Juan, sin que ni antes ni después falta
ran mil fiestas y alegrías, unas veces para celebrar el cumpleaños de la reina, otras
para honrar la primera misa de parida, el bautismo y ciertas fiestas solemnes, como
la de San Juan (el santo del niño), o la de Santiago; no se paró, en suma, de poner
talar-jueras para lidiar toros "en el su alcá£ar real"58. La ciudad, jubilosa con el pri
me.--- : -ó a Da Isabel las mantillas, y la reina, en un rasgo de coquetería
: de sedas y lienzos sólo quiso recibir paños de brocados y encima
come;único proveedor, el mercader florentino Nicolás del Ñero, que se
aprov situación exigiendo el pago al contado de 400.000 mrs59. Asimismo
el caí ;ó una suma de 9.229 mrs. para costear
.* .: 'O e fruta que fizo dar por nuestro mando en la bevida e almuerzo que se
dio el día que fue bateado el muy ilustre señor príncipe de Castilla a toda la gente
que quiso venir a la casa de nuestro cabildo a beber el dicho día, con la juncia que
se echó desde el alcázar real fasta la Yglesia mayor.
Notas
202).
12 Memorias, XLIII (p. 98). Compárese esta lista con la que da, pero de los judíos expulsos, A.
Berna!: "Todos eran mercaderes c vendedores e arrendadores de alcabalas c rentas de achaques,
e fazedores de señores, e oficiales tondidores, sastres, zapateros, e cortidores, e zurradores, texe-
dores, especieros, bohoneros, sederos, herreros, plateros e de otros semejantes oficios; que nen-
guno ronpfa la tierra ni era labrador ni carpintero ni albañí, sino todos buscavan oficios holgados
e de modos de ganar con poco trabajo" (Memoria.,, CXII [p. 257]). Como se ve, los conversos
LOS CONVERSOS EN UNA SOCIEDAD SEÑORIAL 37
Urresti se llamaba la ''Trinidad’’; quizá no esté de más recordar que una "Trinidad”, propiedad
de Juan Fernández del Alcoba, se dirigió cargada de mercaderías a las islas de Cabo Verde en
1499 (cf. mi trabajo “De Sevilla a Lisboa: aspectos de una relación secular”, Portugucoe StuDieo,
VIH [1992] 48-49): ¿será la misma?
25 Algunas escrituras relativas a esta armada en Bono-Ungueti, Protocolad, pp. 170-71. /.Ion- » de
Palencia {Crónica De Enrique IV, Década II, 8 3 [B/LE 258, p. 97]) hace sucinta kisto * * ’«_• ios
combates marítimos, alabando mucho la valentía del alcalde de Sanlúcar Diego de \ : ;ue
copó a los del marqués en las actuales Oreadas (y no Furcadas, como traduce Paz ;
26 Relata las peripecias del asedio A. de Palencia, Crónica De Enrique IV, Década II, 9 .>8,
p. I21ss.).
2/ Analco, III, p. 55.
28 En 1480 un Guzmán atentó contra la vida del alguacil de Alcalá Diego Martínez de L .a,
apostándose en casa de un judío {Tumbo, III, p. 266).
29 Aíemoriao, cap. IV (p. 16 Gómez Moreno-Carriazo).
30 Crónica De Enrique, IV 5 {RAE 258, p. 39 a).
31 Diego Valera, Memorial De Diverdad bazanao, cap. LXIV {RAE 70, p. 64 a).
32 De ello se queja amargamente A. de Palencia, Crónica De Enrique IV, Década II, 9 8 {RAE 258, p.
128ss.); III, 2 2 (p. 185 b). Sobre el despojo que se les hizo después cf. Década III, 27 5 (p.
309ss.).
33 "Los genoveses y Sevilla a fines del siglo XV”, El libro De loo privilegiad conceDíDod a loo mercaDered
genoveoeo eotableciDoo en Sevilla (digloo XIII-XVI), Madrid, 1992, p. 34ss.
3-1 Recojo en esta nota los nombres de los restantes mercaderes y el número de cahíces que se com
prometieron a dar: "el señor” Alonso de Velasco (100); Diego Moreno (50); Martín de Sevilla
(15); el mercader Alonso González (60); Pedro Díaz de Ocaña (20); Diego González de Lebrija
y su hermano Francisco González (10); el candelero (escrito "gendalero”) Lope Ortiz (10); el
"tendalero” Tomás, vecino en calle de Francos (10); Andrés de Toledo (20); Rodrigo de Palma
(20); Gonzalo González de Carmona (10); Gonzalo Martínez, hijo de Ruy Martínez de los
Cueros (25); Manuel González de Plasencia (20); Juan de Marchena (10); Fernando García de
Córdoba (40). Muchos de ellos llevan apellido judío, pero me falta la comprobación definitiva.
35 Así p.e. Ortiz de Zúñiga, Analco, III, p. 99.
36 Bien es verdad que muy pronto D. íñigo dejó por su teniente al doctor Fernando González de
Monzón, a quien la ciudad libró 50.000 mrs. el 4 de julio de 1474. El sueldo se pagó de imposi
ciones extraordinarias, aprobadas por la reina el 10 de mayo de 1477 {Tumbo, II, pp. 22-23).
Sobre Tendilla, el mecenas de Pedro Mártir de Angleria, habla de pasada A. de Palencia,
Crónica De Enrique IV, Década II, 9 3 {RAE 258, p. 122).
37 Se le dio el poder el 26 de abril de 1475 {Tumbo, I, p. 19ss.).
58 Txis procuran noticias sobre el coste de la lidia con los siguientes resultados:
pagos nrocuran
Los nairos
Proveedor mrs. toros día
Diego de Trigueros 15.300 6 San Jorge
Alonso Fernández 15.000 6 Santiago
Pedro Díaz de Gibraleón 20.000 8 Bautismo
20.000 8 Misa de parida
Juan Ruiz
14.900 6 San Juan
Pedro de Llerena
LOS CONVERSOS EN UNA SOCIEDAD SEÑORIAL 39
A título comparativo, y para nuestra sorpresa, bueno es señalar que doce toros en los desposo
rios de la infanta Isabel costaron 22.200 mrs., según libramiento hecho el 17 de mayo de 1-490.
39 Por esta razón Sancho Díaz de Medina, almojarife, no pudo cumplir con esa cantidad y “la «jib-
dad e el dicho mayordomo ovo de los buscar e baratar, en que se perdieron” 32.000 mrs., que
>.• reclamaron al almojarife. Pidió éste descuento, y los diputados de la ciudad se lo concedie-
el 31 de marzo de 1-479 por una suma de 20.000 mrs.
ta del 7 de febrero de 1-478 (Tumbo, II, p. 184ss.).
lombramiento data de un día antes, del 2 de agosto (Tumbo, II, p. 230).
’ ambo, I, p. 51ss.
nombrado el 27 de setiembre de 1-478 (Tumbo, II, p. 250 y 277, cf. Sello, II, n° 1158 [p. 163],
i 728 [p. 243], 2304 [p. 325], 2471 [p. 349]).
• ’ue nombrado ese año alcaide de los alcázares Brionesy de las atarazanas Francisco de Madrid
(cf. Alonso de Palencia, Crónica De Enrique IV, Década III, 29 9 [BAE 267, pp. 49-50]).
Cf. Tumbo, III, p. 237ss.
Guerra De Granada, Libro II (BAE 267, p. 89 a).
Cf. A. de Palencia, Crónica De Enrique IV, Década III, 27 1 (BAE 258, p. 302ss.). No deja de ser
curioso que el mismo Palencia, conocedor de la turbulencia desatada por la creación de la
Hermandad, diera a los reyes informes optimistas (Tumbo, II, p. 30). En Sevilla y su tierra la
Hermandad no estaba constituida plenamente todavía en mayo de 1477 (Tumbo, II, p. 40). Cf.
Tumbo, III, p. 19ss.
■*8 Así lo dice un testigo presencial tan bien informado como Alonso de Palencia, en su Crónica De
Enrique IV, Década III, 28 6 (BAE 267. p. 21).
-19 Son palabras de una persona tan afecta en principio al duque como Alonso de Palencia, Crónica
a causas religiosas que nadie pone en duda, pero el lugar de ensayo se eligió por
otros motivos políticos no menos evidentes.
k__
44 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
ambas familias seguían la ley de Moisés y tenían un mozo judío que las proveía
de carne kajher16. La misma observancia guardaban en su propia casa los padres
de Juan, Alonso Álvarez y Beatriz Álvarez, que emigraron con cuatro de sus
¡. Toledo hacia 1481, al parecer huyendo —vano empeño— de la Inquisición.
~ cíe la familia del sedero sufrió, por tanto, prisión en Toledo. Otra parte
■ • en Sevilla: allí fueron reconciliados sus tres hermanos (el colchero Pedro
. . Jo, marido de Isabel Rodríguez [S 1494 n° 663]; Isabel Álvarez, mujer del
■ :..dor Francisco de Carmena [S 1494 n° 764], y María Álvarez, mujer del
. . c- Diego González [S 1494 n° 1004]). Excusado es decir que las puertas
dcí sedero estuvieron siempre abiertas a los conversos sevillanos que visitaban
i oledo: Leonor, una hija de Andrés Fernández (muy probablemente el huido
Andrés Fernández de Córdoba), fue a cenar a su casa “un día del ayuno mayor”.
Otras veces dio cobijo a perseguidos judíos, a los que hacía salir después por un
postigo para encubrir sus personas. Juan declaró haber pecado contra la fe cris
tiana encendiendo los candiles el viernes por la noche, poniéndose camisa limpia
los sábados, ayunando el Yom Kippur, comiendo pan cenceño y absteniéndose de
probar carne y pescado prohibido.
Testamento19.
■
46 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
Aparte del debate doctrinal, los sermones de Talavera tocaron otros temas
más pedestres, pero de mayor actualidad y quizá por ello más interesantes para
nosotros. Los judíos, siguiendo una costumbre inveterada, enterraban a sus
muertos fuera de la ciudad. Ésta era la razón por la que muchos cristianos sólo
de’nombre elegían como lugar de sepultura los corrales de los monasteri s que se
alzaban en los arrabales de Sevilla, como los de San Agustín o San ’ El
Jerónimo, sabedor de la causa última de tal preferencia, no llegó a pro es
enterramientos suburbanos, pero sí instó a que se dejara de guardar es
bre, usándose en adelante como sepultura las iglesias parroquiales20. L se
verá el triste fin que tuvieron estos cementerios.
En su lucha por desarraigar estay otras costumbres contrarias a la i•' .<?- -ón
cristiana, fray Fernando no perdió ocasión de afear pública y privadamente su
yerro y apostasía a los judaizantes, poniéndoles de manifiesto la magnitud de las
penas que les esperaban si salían a relucir sus delitos21. Es más: con el refrendo
del provisor y del cabildo eclesiástico, Talavera elaboró unas ordenanzas “para
que la religión y vida cristiana creciese y luciese en aquella muy noble ciudad y
en sus monarcas"22. Dos de ellas nos son conocidas en su tenor literal. La prime
ra ordenaba que en todas las casas cristianas hubiese alguna imagen de la Cruz u
otra pintura de la Virgen o de los santos, para incitar a devoción a sus morado
res25. La segunda prohibía lavar a los muertos, como preconizaba el ritual
hebreo2*1. Aún sabemos de otra disposición, que vedaba comer carne degollada
según el ceremonial judío25. El cardenal Mendoza aprobó estas ordenanzas y, a
modo de institución de la doctrina cristiana —"la forma que el christiano deve
tener desde el día que na$e"—, las mandó poner en tablas en todas las puertas de
las iglesias con edictos que amenazaban con severas penas a los desobedientes; al
mismo tiempo se encargó a los sacerdotes que instruyesen en la fe católica a su
variopinta feligresía26.
Todas estas medidas conducentes a la extirpación del criptojudaísmo culmi
naron en la sanción y establecimiento del Santo Oficio. Los trámites seguidos son
oscuros27. A nuestro objeto basta con decir que el 1 de noviembre de 1478 Sixto
IV concedió licencia a los Reyes Católicos para nombrar inquisidores a presbíte
ros o religiosos que fueran mayores de 40 años de edad: se achacaba la culpa de
guerras, matanzas y demás calamidades a los conversos, chivos expiatorios de la
anarquía general en que se habían sumido los reinos. Y aquí surge la pregunta: ¿se
aprovechó de inmediato esta licencia para desarraigar por la fuerza la herejía ?
L/\ LLEGADA DE LA INQUISICIÓN A SEVILLA 47
Algún conato hubo de haber, sin duda ninguna, aunque por medio de la predica
ción se tratara de evitar la adopción de medidas draconianas. El propio Talavera
declaró sin ambages que los relapsos “en algunos casos deben morir’’; y es más,
añadió que se le reprochaba que “esto [la relajación al brazo secular] se fizo
agora", ;■< i ¡riéndose acto seguido a la “inquisición que entonces hicieron en
Se , . erendo obispo de Cádiz [Solís] y el prior de Prado”28. En este caso
equivale a “pesquisa”; pero las palabras empleadas indican que en
es: . se empleó la fuerza y que hasta se amenazó a los recalcitrantes con
k ; . •erte; de todas formas, no queda claro si por este “agora” se entien-
G. • ■ ¡478 o el de 1481, cuando ya había comenzado a funcionar el Santo
Oí :<.
Sea • orno fuere, en noviembre de 1479 el escribano de Sevilla Luis García
de Celada empezó a estampar en el registro de su oficio fervorosas jaculatorias al
inicio del trabajo diario29. Esta febril manía cayó muy pronto en el olvido más
absoluto, incluso cuando le llegó al escribano la hora triste de asistir al entierro
de su mujer. Tanta piedad efímera revela, a mi juicio, el desasosiego de Celada
ante la amenaza que se cernía sobre su casta. El miedo al castigo hizo que algu
nos conversos, como Gonzalo de Córdoba —que tenía el significativo apodo de
Malosdomingos porque sin duda se le atragantaba la observancia dominical—, se
apartaran algún tanto de las ceremonias judaicas y no permitieran que su familia
las celebrara tan en público. La intranquilidad y el pavor se apoderó de otras
familias, induciéndolas a emigrar en 1480 “al regno de Granada e a otras partes...,
por bivir más libremente en su infidelidad’’50.
Las medidas coercitivas de Talavera, cuyo verdadero alcance se nos escapa,
levantaron grandes ampollas en la sociedad conversa. En 1480 apareció en Sevilla
un libelo anónimo, escrito por un eclesiástico cristiano por los cuatro costados
—como él decía— o más bien por un “obstinado y malicioso judío’’ —como sospe
chaba Talavera—51, en defensa de los conversos, calificados de “gente sabia e de
gentil ingenio’’52. El librito arrancaba en forma profética, remedo de Jeremías 31,
26. Una voz oída en sueños despertaba al autor despavorido, instándolo a tomar
la causa de los amenazados55. La inspiración, pues, venía de Dios. No es de extra
ñar que, encauzado por tan buen guía, el alegato entonase a continuación un ver
dadero canto a la religiosidad de los conversos, a pesar de lo rebuscado a veces
de su argumentación, a la que no le faltaba ingenio ni desparpajo. El primer con
verso había sido Jesucristo, que no innovó ley alguna, sino que vino a cumplir la
■48 LOS CONVERSOS Y LA ¡INQUISICIÓN SEVILLANA
ley de Moisés (Mateo, 5 17ss.), identificada con la ley del Padre (el Antiguo
Testamento): esto es, los principios verdaderos °sin los cuales ninguna criatura se
puede alumbrar y que todavía tenían vigencia (p.e., los diez mandamientos), como
aún seguían en vigor otros preceptos hebraicos que guardaba fielmente la Iglesia
(p.e., los diezmos y primicias, la confesión). Qu,enes como Talavera predi?‘bar con
tra la ley de Moisés lo hacían “por sustentar las honréis”, por simple os- ny
vanagloria. En efecto, los conversos del judaismo eran los verdaderos c. s, y
esto se apoyaba con tres pasajes del Nuevo Testamento (Mateo, 15, 24, c! 22,
14; Juan, 10, 16), mientras que los conversos del paganismo (esto es, lo nos
viejos) conservaban adherida la costra de su gentilidad: pagana era 1 ría,
fomentada por la ordenanza de Talavera (toque iconoclasta que preludia y ! ero;
el autor se atrevió a llamar a las iglesias “casas de ídolos y osarios de muertos ), paga
no el culto al mismo santo en diversos lugares, pagana la afición a comer carne de
cerdo; tampoco los conversos del paganismo creían bien en la Trinidad, pues Dios era
una sola persona y no tres (Marcos, 12, 29); pero es que ni siquiera el Papa y los car
denales observaban la doctrina evangélica como era debido. Después venía la traca
final: las profecías de Joel (3, 2) y de Ezequiel (34) daban pie para esperar en breve
plazo “el tiempo en que será una ley y un corral y un pastor”, es decir, el reinado del
último emperador (el Rey Católico); lo cual, mirado desde la perspectiva judía, equi
valía a decir que estaba a punto de dar jubiloso comienzo la era mesiánica.
El libelo mereció una refutación inmediata por parte de fray Fernando de
Talavera, escrita en 1481 e impresa tardíamente en Salamanca en 1487. Los judai
zantes habían comenzado a arder en el brasero: habían recibido su merecido,
como apostilló Talavera34. Pero el autor, a quien Talavera no ahorró expresiones
de desprecio —“malvado parlero”, “necio malicioso”, “neciarrón”, “maldito here
je”, “raposo malicioso”, “buznarro”—, había ido demasiado lejos en sus afirmacio
nes, algunas de las cuales sonaban ya descaradamente a doctrina herética: era
como si resucitasen las ideas de Cerinto o de Ebión, propugnando una extraña
amalgama de judaismo y cristianismo. Por otra parte, la distinción entre conver
sos de judíos y conversos de gentiles volvía a establecer —pero a la inversa— una
escala de valores ajena al espíritu cristiano. La osadía de tales planteamientos sig
nificó el final de la inquisición blanda. A. Bernal sentenció lapidariamente que de
nada había valido el celo del cardenal Mendoza, “pues mudar costunbre es a par
de muerte”. La predicación de Talavera “dañó más que provecho”, observó no sin
cierta alegría otro polemista anónimo hacia 1481 ó 148233. Sin embargo, los reyes
LA LLEGADA DE LA INQUISICIÓN A SEVILLA 49
hubiera dado pie a una revuelta ciudadana. Era preciso actuar taimadamente, sin
levantar sospechas ni escándalos, sorprendiendo a los cabecillas uno por uno. Sus
nombres ya eran sabidos, sin duda gracias a Talavera. Los piques religiosos
recrudecieron la represión. En efecto, la comunidad dominica de Sevilla, azuza
da por la intransigencia de fray Alonso de Hojeda, cobró especial pro :or-: ;mo
en aquellos momentos y sublimó su papel, sintiéndose llamada a defi a fe
como en los lejanos y gloriosos tiempos de la represión de la herejía i e a
sangre y fuego: la Orden volvía así a sus santos orígenes por la volunte 'OS,
con el orgullo de poder contar en su seno con los frailes destinados a pu. una
religión mancillada por la perversidad judaica. En cierto modo, Mol.: San
Martín fueron los precursores de Savonarola, el reformador iluminado <; ue diez
años después intentó cristianizar el brillante paganismo florentino con métodos,
eso sí, algo más suaves.
wj??; 5
’ ’ f
■ •{
Aunque sólo cabe imaginar en sus líneas generales el tremendo drama que
se desarrolló a continuación en Sevilla, de un caso en particular se conocen cier
tos pormenores gracias al testimonio del clérigo Francisco Martínez Arroya, que
o;, antar a su tío Antonio Martínez, el primer notario de la Inquisición, cómo
■ •) el prendimiento de uno de los “conjurados ”, Pedro Fernández
••va’9. Fue el caso que, haciendo caso omiso del edicto de gracia, los padres
.-idores mandaron llamar a Benadeva al convento de San Pablo, so capa de
■! rey D. Fernando quería llegar a un concierto con los judíos de Sevilla; era
excusa plausible y se podía adobar la mentira con la justicia de la causa: tam
ben con trampas y engaños cogió el Santo Oficio en sus redes a Da Ana de Deza
un 1557. Por su parte, un hombre como el mayordomo del cabildo eclesiástico no
podía dejar de acudir a la cita que se hacía en nombre del rey para tratar de finan
zas, esto es, de la suerte de la minoría conversa. Benadeva, sin embargo, no las
tenía todas consigo y se hizo acompañar por gente de a caballo60. Su séquito no
tuvo tiempo de intervenir. El portero hizo entrar a Benadeva por el postigo "en el
res$ibimiento o corral”, impidiendo el paso a la escolta. Llegado ante los inquisi
dores, que esperaban en la puerta principal, les preguntó el mayordomo: “¿Qué
mandan vuestras paternidades?”. Entonces, a una señal de los reverendos padres
acudió gente por ambos lados que lo hizo prisionero61. Su suerte estaba echada.
La Orden dominica, jugándose su prestigio y tratando por todos los medios de
aventajar a su más próxima e inalcanzable rival, la Orden franciscana, no tuvo
empacho en convertir su convento en cárcel pasajera de los hombres y mujeres
“más culpados” de herejía62: al menos, de los seis que inauguraron el quemadero63.
El convento de San Pablo se rodeó así de lúgubre fama, acrecentada con el
paso de los años. Según afirmó en 1612 el abad Gordillo, los inquisidores “cele
braban en su convento... los autos y exemplares castigos que en los herejes y tor
nadizos convenían que se hiciesen, y en su iglesia ponían los sanbenitos, y aun es
fama constante que dentro de la cerca del mesmo convento hicieron sus cárceles
y executaban las penas de fuego que se imponían”64. Hoy se hace duro de creer
que parte del recinto dominico se hubiera convertido en mazmorra inquisitorial;
la tradición, descabellada a primera vista, queda avalada por las fuentes anterior
mente citadas, aunque ya se le atragantó a Ortiz de Zúñiga65, que procuró maqui
llar en lo posible una crueldad inaceptable ya para la sensibilidad de su tiempo.
En otros casos fue el asistente, según nos cuenta Andrés Bernal°6, quien hizo
prender a “algunos de los más honrados e de los más ricos veinticuatros e jurados
54 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
e bachilleres e letrados e honbres de mucho favor”, sin duda para evitar los
“bolli^ios y escándalos” que recelaban los reyes. No sorprende la fogosidad de
Diego de Merlo, pero sí choca la pasividad del Medina Sidonia, que no supo o no
pudo poner remedio a la tremenda aflicción de unos hombres a los que siempre
había defendido; es probable que en este caso se ganara por la cruz i batalla
que se había perdido siempre por la espada, y que D. Enrique de Gu. vis
tiera impotente a la ruina de sus allegados. Sólo quedó vivo en los cor el
odio e enemistad que despertaron los encarcelamientos y las hogueras, jue
temían con razón los oficiales del asistente en 1482, tras la tempran¿¡ de
Merlo6/, por haber hecho "munchas justicias así «jeviles como crin. . • ’68.
Durante mucho tiempo se incubaron venganzas: en las escrituras de la époc i se
siente latir el miedo a la revancha69. Un recelo angustioso anidó no sólo en los
delatores y en los esbirros de la Inquisición70, sino también en los nuevos propie
tarios que, aprovechándose de las confiscaciones, habían hecho un suculento
negocio a costa de los condenados. Es verosímil que la propia inseguridad del
represor hiciera la represión todavía más dura y encarnizada, no dejando resqui
cio para el perdón o la magnanimidad.
En los juicios que tuvieron lugar ante el tribunal de los primeros inquisidores,
ayudados por el provisor, desempeñó Juan López del Barco el oficio de fiscal. Hubo
de ser fácil obtener declaración de unos testigos que debían de estar la mayoría ate
rrados. Tampoco importaba gran cosa. La causa de la fe, como gustaba de procla
mar fray Alonso de Hojeda, tuvo por valedores a los muertos si faltaban los vivos:
un hombre que llevaba sepultado doce años se levantó de su sepulcro para dar tes
timonio contra uno de los acusados; huelga decir que, atendiendo a la rara calidad
de este testigo de ultratumba, la pena impuesta al reo no fue otra que la hoguera71.
El portento, tan necesario como imaginado, vino de perlas a los verdugos
para aplacar el gusanillo de la conciencia y asegurar a todos que el tribunal del
Santo Oficio contaba con la aprobación de Dios. Igual sanción, pero a mayor
escala, tuvo lugar en Guadalupe: los inquisidores, después de la escabechina de
1485, quisieron recibir un refrendo celestial, y la Virgen, complaciente, hizo a su
petición nada menos que sesenta milagros, que por su número fatigaron la pluma
del cronista, el padre Jerónimo Francisco Sánchez de la Fuente'2. En los relatos
hagiográficos los prodigios venían a proclamar la santidad del mártir; ahora vení
an a certificar la santidad de la causa inquisitorial. No cabía sino exclamar, como
en tiempo de las Cruzadas: ¡Dios lo quiere!
L/\ LLEGADA DE LA INQUISICIÓN A SEVILLA 55
bienes confiscados en Moguer, una vez pagados con los mismos los salarios de los
al duque
oficiales de la Inquisición78. Otro tanto se dio en 1491 al duq de Segorbe79y al
duque de Alba80. Se nos escapa, en consecuencia, el sentido último de un poder
como el otorgado el 18 de junio de 1501 por Da Teresa de Guzmán a su criado
Pedro de Ávila, facultándole para comparecer en su nombre ante el r-.qi -idor
Beloradoy sacar de su poder o de las personas que fuesen, dando rec ¡las,
las escrituras que pasaron e se fizieron por el muy reverendo sen» de
Santa Cruz [Torquemada] o por otras presonas qualesquier tocan! nto
Oficio de la Ynquisi^ión sobre razón de las sus villas de Lepe e Aya; e la
Redondela e de los vezinos e moradores d’ellas"81. En efecto, no sabe:
sabe con
ello Da Teresa trataba de proteger o de fiscalizar a sus vasallos: quizá la. vosas
a la vez. Al mismo tiempo, la Corona apretó las tuercas a los “cavalleros con san
ciones económicas. Las Pre-indtrucc‘ümej de 1484 dictaminaron que, si algún noble
reclamaba el pago de una suma que le debiese un hereje preso en su tierra, * el
recebtor no les pague las debdas ya dichas fasta que los dichos cavalleros restitu
yan todo lo que los dichos confesos que cogieron en sus tierras llevaron consigo,
pues es cierto que aquello pertenesce e pertenescía a Sus Altezas"82.
Es indudable que los conversos hubieron de proponer a su vez capitulacio
nes monetarias a los nobles en un intento desesperado de salvar su pellejo, aun
que no conozco ningún documento señorial que se corresponda con las composi
ciones ajustadas con la Corona. Las cuitas de la minoría hacían al aristócrata
dueño de la situación, permitiéndole exprimir a unos o a otros según más le con
viniese. De cualquier forma, los conversos prefirieron siempre vivir bajo la pro
tección de los grandes nobles, que en no pocas ocasiones les dieron prueba mani
fiesta de su apoyo. Los ejemplos abundan. La Inquisición confiscó en Sanlúcar de
Barrameda los bienes de Juan y Pedro Cerfati y los de Beatriz Fernández, la
mujer de Fernando de Sanlúcar. Como los afectados eran tributarios del duque
de Medina Sidonia, no hubo quien tasara sus propiedades ni quien quisiera pujar
por ellas. Los reyes tuvieron que ordenar el 15 de setiembre de 1501 que los apre
ciaran dos personas, una nombrada por el receptor de Cádiz Riba Martín y otra
por los condenados83.
En 1514 Fernando Ruiz, por encargo de los inquisidores y de Villacís, fue
a hacer ejecución en bienes de algunos conversos de Sanlúcar de Barrameda,
que no habían satisfecho el dinero de su composición. Había dado inicio a su
tarea con el embargo de algunos esclavos y otras propiedades, cuando el alcalde,
LA LLEGADA DE LA INQUISICIÓN A SEVILLA 57
obedeciendo órdenes de los duques, mandó dar suelta a los siervos e impidió a
Ruiz proseguir su cometido. Tal comportamiento irritó a Fernando el Católico,
q I 12 de marzo de 1514 ordenó a los inquisidores de Sevilla investigar el
• d y remitirle la información y al tiempo despachó una desabrida carta a la
-'• mostrándose maravillado por su audacia en “querer vos entremeter en
ocantes al Santo Oficio de la YnquisÍ£Íón”84. Es lástima que la carta silen-
iüS nombres de los conversos cuyo valimiento ante los duq ues fue causa del
/oto; podemos imaginar que entre ellos se hallaba la familia de los
Caballero.
/Aprovechando quizá la muerte de Fernando el Católico, ni el conde de
Cabra ni el marqués de Priego dejaron entrar en sus tierras a los factores de
Villacís que iban a cobrar la composición de los 55.000 ducados. Lo mismo ocu
rrió en Sanlúcar de Barrameda y en Trigueros, tierra del duque de Medina
Sidonia. La cancillería regia se tuvo que emplear a fondo para reducir los des
plantes de la díscola aristocracia, enviando cartas a los nobles y a los inquisidores
de Sevilla el 17 y el 21 de mayo de 151685. Pero volvamos a los comienzos del
Santo Oficio.
cada íntegra:
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sA A?a **r Ó1^ 2^*^oJi Q4, ¿•^sS^zí-^vírJ &fQrt^Cr .- : L r'
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^755 •$3^- <C, Bf / -. .
c2-<*—>sr -o -jm^z s-«^~s
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i
4
Sentencia de los inquisidores contra Pedro Fernández Benadeva (A.C.S., Sección I, libro 14, f. 127r)
L/\ LLEGADA DE L/\ INQUISICIÓN A SEVILLA 59
Visto otrosí otro proceso e pleito que pende ante nos por vía e modo de acusación
entre el dicho Juan López, fiscal e promotor de la una parte, e Pedro Fernández
knadeva, vezino d’esta dicha (jibdad de la otra, por la qual en efeto el dicho fiscal
: o e recontó qu’el dicho Pedro Fernández Benadeva avía sido e era infiel chris-
:io e hereje, faziendo e consintiendo fazer en su casa muchos ritos judaicos, así en
•u ardar los sábados e comer carne de la carnegería de los judíos e comiendo pan
enseño e consintiendo venir a su casa judíos de señal a leer e enseñar las cosas de
i lev mosaica e contrarias a la nuestra santa fe cathólica; e otrosí creyendo e sin
tiendo mal de los artículos de la dicha nuestra santa fe, e señaladamente del artícu
lo de la resurreción de los difuntos e de la vida perdurable que esperamos, diziendo
e profiriendo públicamente que no avía ni ay otra vida sino la presente e nas<jer e
morir, ni avía otro paraíso sino pasarlo bien en este mundo, e avía dicho e dixo otras
muchas palabras sacrilegas e contrarias a la nuestra santa fe cathólica e a la santa
madre Yglesia, según que esto e otras cosas más largamente en la dicha acusación
por el dicho fiscal fecha se contiene, sobre lo qual ambas las dichas partes dixeron
e alegaron ante nos todo lo que quisieron e por bien tuvieron fasta que concluyeron
e nos ovimos el dicho pleito por concluso e recibimos ambas las dichas partes con
juntamente a la prueva en devida forma; — e vistos los testigos por ambas las dichas
partes ante nos produzidos e presentados e sus dichos e deposiciones d’ellos e todo
lo otro processado con gran deliberación e acuerdo e consejo de ombres letrados e
personas católicas e entendidas e scientes así en la Sacra Teología como en los
Sacros Cánones e leyes civiles, según que en tal caso los Sacros Cánones disponen
e mandan; — e visto otrosí cómo el dicho Pedro Fernández Benadeva por nosotros
fue amonestado una e dos e tres vezes que dixese e confesase la verdad e nunca
quiso conoscer los dichos errores ni pidió ser reconciliado a la nuestra santa Madre
Yglesia en tienpo ni en forma como de derecho se requería e requiere, como quiera
que por palabra se dixese ser fiel christiano, e teniendo a Dios ante nuestros ojos
siguiendo la verdad, según que en tal caso se debe seguir, fallamos qu’el dicho pro
motor fiscal provó bien e cunplidamente su acusación e denunciación que nos fizo
contra el dicho Pedro Fernández Benadeva, quanto devía e en tal caso de derecho
se requiere provar, e otrosí qu el dicho Pedro Fernandez Benadeva no provo cosa
alguna en provar que le escuse ni pueda relevar ni escusar de lo sobredicho, e damos
e pronunciamos la intención del dicho fiscal por bien provada, bien e conphdamen-
te, e la del dicho Pedro Fernández Benadeva por no provada; e porque los que el
temor de Dios no aparta de los errores la corretón e disciplina e temor de las penas
60 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
Por agosto de 1481 ya se hallaba ante el tribunal del Santo Oficio el bachi-
11er Fernando Díaz el Ganso; su propio hijo Diego Fernández depuso contra él,
envolviendo en la “herejía” a otras personas (como el impresor Juan de Lucena,
a quien había tratado en Montalbán)89.
—Alemán Pocasangre (S 1494 n° 303, 1091). Fue confirmado por los reyes como
guarda de la Casa de la Moneda el 10 de abril de 1478 {Sello, II, n° 448 [p. 63],
1055 [p. 149]). Desempeñó la mayordomía de la ciudad desde 1475, según queda
dicho {Tumbo, I, p. 102; 111, p. 82). El 18 de noviembre de 14/9 Alemán
Pocasangre y Juana Díaz, su mujer, y Bartolomé Segura y su mujer, Juana
Rodríguez de Alfaro, hicieron partición entre ellos de unas suertes de tierra que
tenían en Tablada (A.P.S., IX 1479 [= 17415]). El racionero Alonso Martínez de
San Vicente, fiador de Alemán Pocasangre, traspasó el 5 de julio de 1486 una casa
del cabildo que tenía el condenado en el Marmolejo a Diego Alemán, poi 1.605
mrs. (A.C.S., Sección I, libro 4, f. 60v). A. Cáscales, La Inquisición, p. 46ss.
Tablada. Quemadero A, en II grabado de Hoefnagel (FOCUS, I. p. 65)
—Juan Alonso Condecil (S 1494 n° 75, 271). Como su familia, fue mercader: más en
concreto, trapero.
—Fernando Díaz, bachiller, apellidado el Ganso, remoquete de una familia (cf. Alonso
González el Ganso, mando de María Fernández en S 1494 n°409y A.P.S., XV 1501
[= 9101], f. 107r; Fernando de Córdoba el Ganso en A.P.S., XXIII 1472 (= 15963),
f. 186r, cf. 294v). Las islas de Cabo Verde "se solía dezir... de otros Ganso"90.
-Juan Fernández Abolafia (S 1494 n° 35, 1018), "alcalde de la justicia e gran letra
do” (A. Bernal, Alemoriaj, XLIV [p. 100]).
-Pedro Fernández Benadeva (S 1494 n° 109), hijo del canónigo Alonso Fernández
Benadeva, receptor del cabildo eclesiástico, marido de Isabel Suárez. En la infor
mación sobre el alguacilazgo de Tejada fue el primer testigo (A.C.S., Sección IX,
c. 179, n° 54). El 4 de marzo de 1478 el cabildo eclesiástico votó que Pedro
Fernández continuase desempeñando su oficio de receptor. El o de abril de 14/8
sus hijos Lope Suárez y Fernando Benadeva dieron de mancomún Fianzas por la
receptoría de su padre, obligando sus bienes (A.C.S., Sección 1, libio 1,1. 1 lv, 12v,
16r). El 28 de abril de 1480 el cabildo le prolongó la receptoría por dos años más,
62 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
a condición de que la avalase con sus bienes (en especial el cortijo de Cantillana) y
de que con él se comprometiesen todos sus hijos de mancomún, incluyendo a los
beneficiados de la Iglesia, hasta las nueras (exigencia esta última que se pidió el 19
de junio). Así lo hicieron el 1 de julio de 1480 en el Corral de los Olmos Lope
Suárez, Alvaro Benadeva91 y Fernando Benadeva; el 5 de julio se obligó la mujer,
i ■ •
D* Constanza de Cabrera, para cobrar en Robaina, villa de la Orden de San Juan, las
rentas que allí tenía, cf. A.P.S., IX (= 17415), 1471 p. 1, f. 9r; IX (= 17415), 1479 f.
18r. Otra documentación notarial: A.P.S., IV 1450-1494 (= 2154), f. 296r. Los docu
mentos nos permiten restituir en el texto de Andrés Bernal la variante Benito, sin
duda la correcta (cf. asimismo Sello, II, n° 1078 [p. 152]), en vez de Bartolomé de
forralba, la preferida por todos los editores y por Lea {Historia, I, p. 189).
prueba de la desesperación e impotencia del fisco ante las mañas, argucias y tri
quiñuelas de los conversos y de sus poderosos valedores. En cuanto a Juan de
Lugo, siguió siendo tenedor” de los bienes confiscados, pues con ese dinero ade
lantó a la Hermandad 200.000 mrs. que debía pagar el concejo de Sevilla101.
Por otra parte, los reyes consideraron que los oficios que ocupaban ios incul
pados, si eran municipales, revertían a la Corona, esto es, que a ellos nom
brar de nuevo las veinticuatrías y juraderías: si el titular había sido i por
muerte; si se hallaba encarcelado en espera de juicio, "en secrestado . ecir,
en depósito, en sustitución del titular mientras no hubiese sentencia í Los
jurados sustituidos —o depuestos temporalmente— fueron los siguientes
Las leyes de Toledo, sin embargo, ordenaban que estos oficios, de pertene
cer a los "acrecentados”, debían de consumirse. Los reyes, advertidos de su des
liz jurídico, revocaron las mercedes el 30 de julio de 1484103. En otro caso tampo
co lograron imponer su voluntad. Uno de los cargos que había ocupado Juan
Fernández de Sevilla, el antiguo mayordomo huido, fue el de ballestero de maza
de la casa del cabildo de los caballeros de Sevilla"*. El 3 de diciembre de 1483 los
LA LLEGADA DE LA INQUISICIÓN A SEVILLA 67
julio de 1482, unos días antes de que acabara el término del edicto, el doctor Juan
Ruiz de Medina fue a amonestar a los cautivos, exhortándolos a confesar la verdad
y alcanzar misericordia. Sus palabras hicieron mella en el ánimo de algunas perso
nas débiles, aterradas ante los castigos impuestos a sus amigos y parientes v poco
acostumbradas a sufrir los sinsabores de la cárcel. Uno de los que sintic . . qiuear
su corazón fue un vecino de Hinojos, el trapero Gonzalo de Córdob. 94 n°
292), consuegro de Pedro Fernández Benadeva (ya quemado para en . por
tanto, ejemplo a no seguir). Una y otra vez lo había reconvenido Me -na y
otra vez el trapero había permanecido sordo a sus amonestaciones. A! : ebró
su resistencia. Decidido a confesar sus yerros, quiso tener compañía en • ación
y mandó traer a su mujer ante su presencia para animarla a seguir . inplo.
Cuando el arrepentido trapero anunció el propósito que albergaba a los demás con
versos presos en la torre, se armó un gran revuelo. Tomás de Jaén, Alemán
Pocasangre, Alvaro Abrabanely Martín Abrabanel, todos a una intentaron disuadir
a su deudo de su loca intención con palabras entreveradas de aliento y de reproche:
"¡Oh, pese a Dios con vos, y qué seso tenéis! ¿Avéis de confesar por que vos pon
gan una coroga en la cabegay os quemen a vos y a vuestra mujer, y tomaros vuestra
hazienda? ¡Morir, pese a Dios, como buenos, y nunca tal confesar!’’ Y la cólera
reventaba en Alemán Pocasangre y Tomás de Jaén, que con sus ademanes parecían
querer comerse a su apocado pariente. Gonzalo, viendo que todos ellos preferían
perder la vida antes que sincerarse ante los inquisidores, para evitar riñas los tran
quilizó aparentando un valor que no tenía: "Os prometo no confesar la verdad, antes
sabré morir". No fue así: el pánico cerval, que no lo abandonaba ni por un momen
to, se convirtió en obsesión por declarar su pecado y error a Dios y a los inquisido
res antes de que transcurriera el término fijado en el edicto.
Los reverendos padres no quisieron oír de inmediato su confesión, sino que la
aplazaron por algunos días a fin de que el reo, más turbado todavía, se acordara con
detenimiento de todos sus pecados y denunciara a los demás judaizantes. En la
segunda comparecencia ante el tribunal, que tuvo lugar el 11 de julio de 1482,
Gonzalo proclamó que, puesto que Dios y la Virgen María habían tenido a bien
alumbrar su entendimiento, estaba dispuesto a hacer confesión general. Los jueces
le indicaron que se apartase a declarar con el notario Antonio Martínez. Una vez ter
minada y puesta por escrito, la confesión fue leída a los inquisidores en presencia del
reo. El doctor Medina apretó entonces a Gonzalo de Córdoba, reprochándole su
anterior sordera a sus evangélicos consejos y afeándole que los pregones puestos por
L/\ LLEGADA DE L/X INQUISICIÓN /X SEVILLA 69
1483. Viernes, 16 de mayo. "En este día quemaron quarentay siete erejes entre omnes
y mujeres e reconciliaron veinte y tres e los sentenciaron para cárcel perpetua’’118.
fj;' V^***!,
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Otra vez se imponía un bautismo forzoso que, en una sociedad menos convul
sa, no hubiese debido tener validez canónica. Por otra parte, el Santo Oficio decidió
acabar por la tremenda con los cementerios de los judaizantes; y así "quemaron infi
nitos huesos de los corrales de la Trinidad e San Agustín e San Bernardo, de los con-
fessos que allí se avían enterrado, cada uno sobre sí, al modo judaico’’121.
donadío del Silvar en Carmona136. Su nombre figura en la lista negra del estatu
to Quantum m vinea; pero en ese mismo momento, en 1515, había curiosamente un
Gabriel Martínez en el cabildo, probablemente un sobrino.
Más tarde, a finales de 1484 o principios de 1485, fue condenado y quema
do el canónigo Diego Alonso de Jaén, quizá pariente de Rodrigo de •. .<? : ”. Sus
bienes pasaron también al cabildo eclesiástico, que el 23 de febrero ’5 ven
dió por la muy respetable suma de 115.000 mrs. la casa que Jaén te; calle
de Placentines a los hermanos Francisco, Diego y Rodrigo de Sanó nóni-
gos de la Iglesia de Sevilla108; para asegurar en el futuro el derecho nuni
dad de los compradores, el 5 de mayo de 1486 el cabildo en pleno, ce ;ítimo
propietario, confirmó la venta del inmueble como de cosa suya, ’ por quaruo apov-
tataverat a fide catbolica” el anterior dueño159. El 12 de mayo de 1485 se acordó
apreciar las demás casas del condenado, tasación que se llevó al cabildo del 51 de
mayo. El registro y su tasación dieron el siguiente resultado:
1) una casa en la Xamardala con otra pequeña pegada a ella, estimada en 25.000
mrs140.
2) una casa pequeña, convertida en taberna, en el barrio de D. Alvaro de Estúñiga,
tasada en 10.000 mrs.
3) una casa, morada de un barbero, en la carnicería de los Catalanes, apreciada en
10.000 mrs.
se deshizo145.
LA LLEGADA DE LA INQUISICIÓN A SEVILL/X 73
¡ &
excelencias del converso, como en 1480, sí cabía mostrar compasión. En una fogo
sa carta dirigida al cardenal y arzobispo de Sevilla D. Pedro González de Mendoza
y escrita a finales de 1481 o principios de 1482150, el humanista Fernando del
Pulgar. iar..h‘«cn él converso, señaló con toda justicia que los métodos empleados
por ición no eran los que requerían las circunstancias. Para atraer a los
jud. _onvencerlos de su ciega ignorancia, a su juicio, valían más que cien
hog .. ripio de buenos sacerdotes y su predicación, la senda que habían
mee. ?ispos burgaleses Pablo de Santa María y Alonso de Cartagena.
PuL • ’ió a parangonar los resultados de unos y otros con atroz y mordien-
te i’ ndo en cuenta que Juan de San Martín era también húrgales151:
Buenos son, por cierto, Diego de Merlo y el doctor de Medina [el asesor]; pero yo
sé bien que no harán ellos tam buenos christianos con su fuego como hizieron los
obispos Don Paulo [de Santa María] y Don Alonso [de Cartagena] con su agua. E
no sin causa: porque a éstos escogió Nuestro Redemptor Jesuchristo para aquello,
y a éstos otros escogió el li^entjiado nuestro chanciller para esto otro152.
varias cartas llenas de gracia sobre su incapacidad para abrirse paso en la socie
dad hispalense de su tiempo, cuando los nobles cifraban la suprema sabiduría no
en tener libros ni en saber latín, sino en allegar dinero en abundancia158. Un hijo
de Pulgar, ? ■mando Pérez del Pulgar, que fue regidor de Loja, entregó en 1512
al impreso. íácome Cromberger “un libro que se llama Lucano, conplido, en
roir :< < ■.ladernado"159; se casó este Fernando con Da María de Robles, hija
de mercader toledano —también converso — que se afincó en Sevilla,
Fer-. ez Jarada.
lentos de Pulgar, corregidos y aumentados, volvieron a sonar poco
desp ?s e . pluma de otro personaje importante, el protonotario Juan Ramírez
de L . ■ cn¿ . . humanista educado en Roma, el autor de la Vita Beata, que acaba
ba de volver de una prolongada misión diplomática en Inglaterra y Borgoña,
donde había cosechado éxitos tan importantes como la firma del tratado de
Abbéville (1471)160; el triunfante embajador podía permitirse, pues, ciertas licen
cias. De todas formas, parece que Lucena presentó sus reparos a la Inquisición
de manera paulatina. Su objeción primera y principal llevó la polémica a otro
terreno, más teológico: el bautismo forzoso dado a los judíos en las matanzas de
1391 no podía ser tenido por válido, luego a los conversos judaizantes se los debía
de tratar como a infieles, y no como a herejes, “pues nunca fueron christianos, ca
la tal disimulación ni dolosa fue ni decisoria, mas medrosa”161; ésta era, por otra
parte, según hacía notar el protonotario, la doctrina que había defendido un teó
logo del peso de Escoto. A esta razón realmente formidable Lucena fue añadien
do otras consideraciones, que por fin reunió y ensambló en una carta perdida que
dirigió a los reyes hacia 1-490 ó 1491. En ella volvía a exponer su argumento
Aquiles con su intrincado y conceptuoso estilo latinizante, no sin acusar de paso
a los inquisidores de haber procedido contra los herejes “por avaricia e cobdicia
más de ganar muchos cuentos que las ánimas de los próximos..., sin autoridad de
la Yglesia e con precipitación de consejo”162. Desde un punto de vista político,
trajo a colación el protonotario una sentencia de San Agustín: "Sin venganza
suele quedar el pecado de los muchos, porque muchos pecados más de clemencia
piden que de crueza un solo pecado demanda. Sacrilega, cruel e superba es la dis
ciplina que muchos hostiga e castiga pocos”163.
El clero de la sede primada había manifestado una y otra vez su adhesión a
la causa del Santo Oficio: un canónigo, el maestro Pedro Jiménez de Préjano,
había encomiado en 1486 la cruda guerra que los reyes hacían tanto a los moros
78 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
de Granada como a los infieles herejes dispersos por sus reinos16"1. Ahora le tocó el
turno de tomar la defensa de la Inquisición a su concanónigo el doctor Alonso
Ortiz, que ya había tenido ocasión de corregir una vez " fraternalmente” los "erro
res de Lucena165. Pero este primer toque de atención no había sido suficiente. A
la vista de la sutileza —y terquedad— de su adversario, Ortiz compuso antes de 1492
una voluminosa réplica que enderezó asimismo a los monarcas: el Tratado contra la
se centró sobre iodo en el
carta del protbonotario de Lacena166. Su argumentación se
error decimocuarto del protonotario (dividido a su vez en tres grandes aparta
dos): esto es, en dilucidar si los judaizantes eran herejes o infieles, decisión que
dependía a su vez de si el bautismo que se les había administrado era válido o no.
Aunque Ortiz ya le había hecho notar su error a Lucena, no tuvo más remedio que
volver a exponer con toda prolijidad la doctrina comúnmente aceptada entonces
por la Iglesia: basta la intención del ministro para que el bautizado reciba el sacra
mento, aunque sin fe no reciba la gracia y último efecto del mismo. La propia doc
trina de Escoto en este punto se presta a distingos, observó agudamente Ortiz:
según Escoto, no recibe el bautismo quien disiente dünpliciter ueldecunduni quid’, sí lo
recibe, en cambio, quien consiente dimpliciter. Cabe apostillar por nuestra parte: en
un caso concreto puede funcionar la regla; pero, ¿cómo aplicar estos distingos y
logomaquias al drama general y pavoroso de una conversión en masa? Ortiz, exce
lente escolástico, se agarró como tabla de salvación a la tradición venerable de los
padres toledanos: si el IV Concilio de Toledo había dado por válido el bautismo
administrado a los judíos tras el insensato edicto de Sisebuto, era evidente que se
debía aplicar la misma doctrina al caso actual167. Por mucho que Ortiz descollase
como teólogo y polemista, la solución que proponía no era brillante; pero casaba
bien con el espíritu de aquellos tiempos. La doctrina de Lucena, más cristiana, vol
vió a ser defendida por el gran Suárez, muy probablemente sin saber que, de
haberse estimado un siglo antes, se hubiesen salvado muchas vidas168. En conclu
sión: según el canónigo, “los príncipes más han de ser justicieros que clementes 169.
La réplica de Ortiz fue publicada en un volumen junto con otros tratados de
ocasión, que se enmarcan cronológicamente entre la consolación por la muerte del
príncipe D. Miguel (13 de julio de 1491) y la acción de gracias por la salvación de
O. Fernando, escapado con vida del atentado sufrido en Barcelona (/ de diciembre
de 1492). El cabildo toledano andaba muy preocupado a la sazón por que los reyes
pudieran dejar preterida su sede en favor de la recién tomada Granada1'0, de suerte
que es comprensible que Ortiz, delegado de la Iglesia primada171, buscara halagar a
LA LLEGADA DE LA INQUISICIÓN A SEVILLA 79
los monarcas con este ramillete de obras pensadas y escritas ad luían Catholicorum
reguni. Más curioso es que su publicación se hiciera en Sevilla, en 1493, y ello cuan
do, como se explícita al final del tratado, había tenido lugar ya la condena pública de
Lucena: "En Córdova ante muchos prelados e maestros en Theología se reconcilió a
la Yglesia [Lucena] y fue condenada su carta e tratado públicamente’’172. Da la
impresión de que no todos se habían quedado convencidos de la falsedad de los
argumentos del protonotario: el Santo Oficio había puesto un sello en la boca de
Lucena, pero su doctrina seguía viva, sobre todo en las ciudades donde con mayor
intensidad lv/nía descargado la violencia inquisitorial. De ahí el interés en la difusión
del Tratado de Ortiz y la oportunidad de su impresión en Sevilla.
Pero hay más. Un ejemplar de la Biblioteca Nacional de Madrid (1/1905) trae
en el colofón una nota manuscrita, redactada en castellano o latín macarrónico:
"Revistos per nos F M Gorricios ”. La nota indica que los "mercaderes de libros’’
Francisco y Melchor Gorricio, hermanos del cartujo covitano Gaspar Gorricio (el
amigo de Cristóbal Colón) y residentes a la sazón en Sevilla, tuvieron algo que ver
en su edición, quizá corrigiendo el texto175. No es de extrañar: en 1494 salió a la
luz otra vez en Sevilla el Manuale de la Iglesia de Toledo expendio providoruni vira
rían Franeioeiet Melcbiorio de Gurritiif17-1, volumen que había sido preparado por tres
canónigos de Toledo, uno de ellos Alonso Ortiz, estudioso de antiguallas y gran
patrono y restaurador del rito mozárabe: como que fue Ortiz quien por encargo
de Cisneros y también impendió nobilio Melcbiorio Goricii Novarienoio —¡qué casuali
dad!— publicó en 1502 en Toledo el Breviariuni jecundiun regulara Sancti loidori, pie
dra angular de la liturgia mozárabe. Se atisba, pues, la existencia de un grupo de
presión favorable por convencimiento o por interés al Santo Oficio, que comen
zó a bullir insistentemente en Sevilla y en Toledo hacia 1493, si no antes.
80 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
Notas
1 Así, ya en las postrimerías de la guerra de Granada se comenzó a vislumbrar el sesgo que iba a tomar
a este respecto la política de los reyes: poco antes de la expulsión de los judíos se promulgó el 15 de
marzo de 1-491 una disposición ordenando que los moros viviesen “apartados por sí", sin andar mez
clados con los cristianos; se proyectaba de esta suerte un ghetto musulm¿ín creado al uso y manera de
la judería, manteniendo al pueblo cristiano a salvo de las salpicaduras e impurezas de los infieles.
Repárase en el caso aleccionador de Bizancio: tres emperadores (Heraclio, León 111 y Basilio el
Macedonio) ordenaron conversiones forzosas de judíos al cristianismo. Los tres inauguraron
una dinastía, los tres pusieron orden en un imperio caótico y los tres tuvieron un carácter recio.
Por consiguiente, el motivo principal de la persecución —hubo otros, desde luego— es claro: al
procurar consolidar la autoridad regia, se intenta acabar de raíz con las minorías religiosas, que
siempre plantean problemas irritantes a la mayoría.
3 The Origino of tbe Inquisition, p. 925ss.
4 A juicio de H. Kamen (La Inquisición, p. 19), sin embargo, la expulsión —y el establecimiento de
la Inquisición— fueron “una tentativa de la nobleza feudal para eliminar aquella parte de la clase
media (los judíos) que amenazaba su predominio en el Estado" (pero en p. 133 se señala cómo
los conversos se habían introducido entre la nobleza). De la misma manera, según la sugestiva
hipótesis de A. Cáscales (La Inquisición, p. 35ss.), la implantación del Santo Oficio se debió a un
conflicto entre los arrendadores judeoconversos y la nobleza. El rey Fernando, sin embargo,
tuvo muy claro con quiénes se enfrentaba: en 1506 se quejó de la enemistad que ponían entre
él y su hijo Carlos los grandes y los conversos (cf. J. Suberbiola, Real Patronato, p. 253).
5 En la primera edición latina del De rebus Hispaniae memorabilibuo (XIX 21) de Lucio Marineo
Sículo se achacó el establecimiento de la Inquisición exclusivamente al prior de Santa Cruz
(Torquemada) y al secretario real Pedro Martínez Camañas (quizá Pedro Camañas, que perte
nece sin embargo a la cancillería aragonesa, cf. Sello, II, n° 219 [p. 30], 881 [p. 12-4]; Doc. relac.
intern., I, p. 4-49; Tumbo, II, p. 279); es notable que en la traducción de 1530 se añadiese: "y D.
Diego de Merlo, asistente de la ciudad de Sevilla". También A. Bcrnal recordó a Merlo como
encargado de sofocar la herejía judaizante (Memorias, XLIII [p. 98]). Es fama que en el séqui
to de Merlo fue Diego de Deza, el futuro arzobispo (cf. A. Cotarelo, Fray Diego de Deza, p. 46ss.).
6 En efecto, el cabildo había arrendado la renta de los propios con el mayordomazgo a Tomás de
Jaén y a Alemán Pocasangre por plazo de diez años, que corrían desde el 1 de julio de 1475 al
1 de julio de 1485; mas el 30 de junio de 1479 Diego de Merlo, el asistente, y el cabildo senten
ciaron que se hiciera nueva puja por el mayordomazgo y se les diese por recibida a Tomás de
Jaén y a Alemán Pocasangre la cuarta parte (= 335.375 mrs) de las rentas por los seis años que
quedaban de arrendamiento, que montaba 135.3/5 mrs. anuales, quedando netas de puja
200.000 mrs.; y el 16 de enero de 1480 les tomaron las cuentas Diego de Merlo, el licenciado
Pedro de Santillán, Roelas y Francisco Fernández de Sevilla. Jaén y Pocasangre pusieron pleito
al cabildo, alegando que en la ley del cuaderno por el que arrendaban las rentas se decía que, una
vez rematadas, no se podía recibir puja ni mayor ni menor; se replicó que no había tal condición
en la obligación que se había firmado con Jaén y Pocasangre. Por tanto, el rey confirmó el 22 de
setiembre de 1480 a Juan de Sevilla, el cual arrendó la mitad de las rentas de los propios con el
LA LLEGADA DE L/\ INQUISICIÓN A SEVILLA 81
cargo de mayordomo por tiempo de cinco años, que comenzaron a correr desde el 1 de julio de
1-480. Su puja, presentada el 2 de agosto de 1480 fue de un cuarto líquido, simple y verdadero,
sin condición alguna, en cada uno de los cinco años, sobre los 1.541.500 mrs. en que tenían las
dichas rentas Alemán Pocasangre y Tomás de Jaén, esto es, 1.926.937 mrs. anuales, unos
400.000 mrs. más. El 24 de agosto dio por fiador a Alonso Núñez de Toledo, vecino en la cola
ción de Santa Alaría, por cuantía de 1.000.000 mrs. La otra mitad fue traspasada a Tomás de
Jaén, obligándose éste el 14 de setiembre de 1480 (A.M.S., Mayordomazgo, 1480). Cf. A.
Cascajes, Zxz inquisición, p. 46ss., quien sin embargo identifica al jurado Juan de Sevilla {Tumbo,
III, p. 97) cor el veinticuatro Juan (Fernández) de Sevilla, el contador del duque de Medina
Sidonia (/A?. p. 60), que a la primera de cambio huyó de la ciudad y se refugió en Sanlúcar
de Bai ramed;.’. Los reyes confirmaron la mayordomía al jurado Juan de Sevilla el 30 de julio de
1487y el 20 de julio de 1489 {Tumbo, IV, p. 219; V, p. 8).
Cuenta al respecto una curiosa leyenda Páramo {De origine, II, tit. 2, cap. 3, pp. 134-35): cómo
un Guzmán oyó todo escondido, por haber ido a requebrar a una mujer, e informó a Hojeda,
que inmediatamente se encaminó a Córdoba a dar cuenta de los hechos a los monarcas. Si la
historia es cierta, el itinerario regio sólo admite la posibilidad de que el encuentro del fraile con
los soberanos hubiese tenido lugar en noviembre-diciembre de 1478 (así lo hace Ortiz de
Zúñiga, Anales, III, p. 103). Prefiero, por tanto, acogerme a la versión dada arriba.
8 Para tal ocasión hizo un burlesco epitalamio Rodrigo de Cota (R. Foulché-Delbosc, Cancionero
castellano del siglo XV, n°967, Madrid, 1915, II, p. 588).
9 Andrés Bcrnal, Aiemorias, XLIII (p. 96-97).
10 Lo editó N. López Martínez, Zxmjudaizantes, p. 391ss. Parece que fue impreso también por J.
Crombergcr (Escudero, Tipografía, n° 462 [p. 211]). No sé por qué T. Azcona tilda a su autor
de "rabioso cristiano viejo” {Isabel la Católica, p. 369); más bien parece lo contrario.
11 Tratados, f. 55r.
12 De rebus Hispaniae memorabilibus, XIX 21. Repitió la observación en Carmina II, 2 69-70: Sunt quibus
assiotitfurtim qui Sabbala serval /el pronas digito qui sibipurgat anum ("a algunos les sirve a hurtadillas
quien guarda el sábado y se limpia agachándose el culo con el dedo”; no era ése, en cambio, el caso
del alabado "cisne”, es decir, de Cisneros).
13 En el Cancioneiro de Resende hay algunas poesías de Alvaro de Brito feroces contra los judíos (I,
pp. 249-50, cf. p. 227, 259):
Soes huüm bruto animal
belfa casi tartaruga,
soes huüm coruo carniza!,
soes huüm demo infernal,
nom sej' quem de vos nao fuga.
Soes dañado lobisomem,
primo d'Ysaque Nafú,
soes por quem dise Jhesu
'Pésame ter feito omem’.
Véase también lo que dicen Fernando de Silveira (II, p. 16) y Luis Enríquez (III, p. 114ss.).
14 Publicado por N. López Martínez, £<v Judaizantes, p. 407ss. Corrijo el "Andrea Fernandes” en
Andrés Fernández.
82 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
15 Vivía en la colación de San Román (cf. A.P.S., IX 1503 [= 17429], al 8 de mayo). Una Teresa
Sánchez, reconciliada (S 1494 n° 810), estaba casada con Antonio Sánchez Peón de Santa
Alaría. Diego Peón fue marido de Juana de Segarra.
16 Publicó el testimonio N. López Martínez, Zxvjudaizantes, p. 407ss.
l' A. Bcrnal recordó sólo a D. Pedro (Aíemorias, XL1II [p. 98]).
F. de Talavera, Católica impugnación, cap. 18 (p. 118): "dije y prediqué muy abiertamente y por
muchas veces en Sevilla que la ley mosaica ya no tiene obligación". Alude a sus sermones en la
carta prólogo (p. 68) los sermones... que en el año de 1478 hice en la dicha ciudad’, en cap. 24
(p. 135): cuanto los predicadores dicen... y yo decía en Sevilla" y en cap. 75 íp. 257). Cf. A.
Castro, De la edad conflictiva, Madrid, 1972°, p. 145; Escudero, Tipografía, n' 98 (p. 117). La
Católica impugnación fue prohibida después por el índice de Valdés (cf. Lloren-, Historia, II, p.
ID- La edición de F. Martín Hernández (Barcelona, 1961) resulta a veces defectuosa. Doy
algunos ejemplos de malas lecturas: en cap. 3 (p. 76) se dice: "toma la hoz del pleito” ("hoz” en
vez de boz ); en cap. 19 (p. 120) se lee "milagrosamente ya oyó de muchos" ("ya oyó” en vez
de "y a ojo"); en cap. 21 (p. 126) se lee "se coge de los mismos libros” (en vez de "se colige"),
cf. cap. 27 (p. 139); en cap. 33 (p. 151) se lee "y zún" ("zún" en vez de "aun"); en cap. 59 (p.
203) se lee: "no se debían enterrar en ciertos cimiterios, que tenían su era de la ciudad" ("su era”
en vez de "fuera").
19 F. de Talavera, Católica impugnación, cap. 31ss. (p. 147ss.).
20 F. de Talavera, Católica impugnación, cap. 59 (p. 203); 63 (p. 210).
21 Católica impugnación, cap. 75 (p. 237).
22 F. de Talavera, Católica impugnación,carta a los reyes (p. 69).
25 F. de Talavera, Católica impugnación, cap. 53 (p. 186).
24 F. de Talavera, Católica impugnación, cap. 66 (p. 218).
2o F. de Talavera, Católica impugnación, cap. 70 (p. 222).
26 De todo ello dio noticia Femando del Pulgar {Crónica de loo Reyes Católicos, II 67 \BAE 111, p. 331
b]). Hubo de publicarse la amonestación hacia finales de 1479, pues en 1482 Gonzalo de
Córdoba confesó que gracias a ella hacía dos años que no observaba la ley de Moisés (A.C.S.,
Sección I, libro 14, f. 130r). Cf. Escudero, Tipografía, n° 95 (p. 1 16), quien supone erróneamente
que se publicó un catecismo; Lea, Historia, I, p. 183. Según dice el abad Gordillo en lo que pare
ce una reconstrucción de los hechos a posteriori, el cardenal Mendoza fue “el que más procuró
que la Inquisición se pusiese en España” (A.C.S., ms. 59-2-18, f. 109r); "su mejor apoyo lo con
sidera N. López Martínez {Loojudaizantes, p. 249ss.).
La evangelización de los conversos obligó a mejorar el nivel doctrinal de los sacerdotes. A ello
se dedicó con especial ahinco Rodrigo de Santaella, que escribió una Sacerdotahs instructio circo
missam, dedicada al arcediano de Sevilla D. Francisco de Mendoza, y un Manualde doctrina neceo-
saña al visitador e a los clérigos, dedicado a D. Diego Hurtado de Mendoza, publicados los dos en
1499 (J. Hazañas, Aíaese Rodrigo, p. 196y 197ss.; Vindel, Arte, n° 120 [p. 323ss.] y 131 [p. 358]).
27 Los contemporáneos atribuyeron a la devoción de Isabel el establecimiento del Tribunal. Puedo
presentar dos testimonios más, poco conocidos. Inghirami, en el discurso fúnebre pronunciado
en la curia romana para honrar la memoria del príncipe D. Juan, enumeró las virtudes del infan
te muerto y señaló que, mientras su padre lo había instruido en las artes marciales, su madre
había sido su maestra en las virtudes políticas, enseñándole "no sólo a curar las enfermedades del
Lr\ LLEGADA DE LA INQUISICIÓN A SEVILLA 83
reino, sino a extirpar las cabezas y las sedes de las úlceras, una vez descubiertas” {non aolum regni
nwrbaa curare, aed el ulcerum invenía capita aedeaque exatirpare). La metáfora médica revela, si ello hicie
ra falta, que se alude a la Inquisición (T. Phaedrus Ingheramius, Orafia de abita ilhiatriaaimi loannia
Hiapaniae principia ad Senatum apoatolicum ora lia, 1-497. Fue publicado el discurso a ruego del emba
jador regio Garcilaso Mendoza de la Vega, a quien va dedicado). La misma alabanza dedicó a la
reina, en su discurso fúnebre de 1505, Ludovico Bruni: Hereaim quidem repetitam Ebionia el Cherinti
aerean! uim circumciaioneni cum bapt¡amate, que a novellia ebriatianio nuper aub beata Vincentio ordinia
Predicatorum e ludaiamo cancérala in provincia ana plurimum creverat, aeveriaoime extinxit, aupra quinquagin-
la niillia bominum prapterea ¿gni damnatorum, multiaque deportaría el carceribua mancipatia {Reverendiaaimi
cc-mini ¡ 'Covici Bruni epiacopi Aquén. aereniaaimidontiniRomanarían regia apud S. D. N. lulium Papani .ij.
.■ratón. abita aereniaaime ac catbalice domine Heliaabetb Hiapaniarum et ulriuaque Sicilie ac Hieruaalem
repine > a río XXVI Februarij anuo domini A¡.cecee. »».).
28 Católica impugnación, cap. 9 (p. 83).
29 A.P.S.. IX 1479 (= 17415 parte 4), f. 22r “María mater Dei memento mei, ca pecador soy”; f.
24v y 25r "mater Dei memento mei ca pecauit tivi”; f. 25v “Ihesus Christus rex vin^it. María
mater Doy”; f. 27v "Ihesus Christus iuua"; f. 30 “Ihesus Christus rex ludeorum, María mater
Christi”. A.P.S., IX 1479 (= 17415 parte 5), f. 4v, 5v "Ihesus Christus prouidebit”.
30 Así dijo la reina el 9 de noviembre de 1480, temiendo que se repitiera la escena, como así fue, a
la llegada de los inquisidores {Tumba, III, p. 129).
3* Católica impugnación, cap. 1 (p. 74 y 75).
32 F. de Talavera, Católica impugnación, cap. 33 (p. 150).
33 F. de Talavera, Católica impugnación, cap. 3 (p. 76).
54 A la muerte de los herejes en la hoguera aludió claramente Talavera en Católica impugnación, cap.
3 (p. 77); cap. 8 (p. 83); cap. 9 (p. 84); cap. 75 (p. 237).
35 F. Cantera, "Fernando de Pulgar”, p. 319.
36 Cf. P. Gan Giménez, El Conaejo real de Carina V, p. 36ss.
3/ Tumbo, III, p. 1 13 (fechada la carta en diciembre, y no setiembre).
38 Así lo llamó Fernando el Católico cuando pidió el 27 de julio de 1479 al general de la Orden de
los Predicadores que confirmara en el puesto de provincial a “Miquel de Moriello” en vez de
dárselo a otro (A. de la Torre, Doc. relac. intern., I, n° 40 [p. 30] y 41 [p. 31]). El origen de los
dos inquisidores los conocemos gracias a Pulgar (F. Cantera, "Fernando de Pulgar”, p. 337).
Según Llórente (Hiatoria, I, p. 128), Morillo fue inquisidor en el Rosellón.
39 Una cédula regia ordenó el 15 de febrero de 1480 a las justicias de Castilla y Aragón que deja
sen pasar a fray Miguel o a quien tuviese su poder, sin pedirle derechos por los libros que iba
a buscar a Aragón {Sella, II n° 2554 [p. 362]). Intriga saber qué libros eran ésos que debía traer
Morillo (en este caso, evidentemente, su poderdatario).
**° Azcona, laabel la Católica, p. 396. Como prior lo presentó una cédula regia del 27 de diciembre
de 1480 {Tumba, III, p. 113, cf. Lea, Hiatoria, I, p. 187, que por error convierte Valladolid en
Sevilla). Quizá fuera pariente suyo —¿sobrino?— el fray Juan de San Martín, dominico, resi
dente en el convento de San Ildefonso de Toro, que apareció el 9 de marzo de 1536 por Sevilla
con un encargo de su comunidad (A.P.S., V 1536, 2 [= 3315]).
También iba protegido Torquemada, que llevaba como séquito 200 familiares del Santo Oficio
y 50 jinetes (así dice Páramo, De origine, II tit. 2, cap. 5, p. 157).
84 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
albaceas el lugar de su enterramiento, así como el aparato a desplegar en sus honras fúnebres;
despreocupado por la religión, se limitó a encargarles las mandas pías acostumbradas. Mandó
a su hermano Ruy González una parte de las 4/6 partes que poseía en la casa de su morada, para
que con las 2/6 que ya tenía fuera Ruy propietario de la mitad de dicha casa, así como la mitad
de un tributo perpetuo de 1.405 mrs. situado en una huerta del señorío del Copero que Pedro
tenía arrendada al alcalde del Copero Fernando Álvarez. Nombró heredero en el resto de sus
bienes a su sobrino Juan de San Martín, hijo de su hermana Beatriz Fernández y García
Fernándvz. Fueron sus albaceas Isabel Fernández la Beata y Juan de San Martín. Debió de
pelearse con su hermano, pues el 2 de julio del mismo año revocó la manda a Ruy González
(A.P.S.. 11 í [= 1496 bis antes, ahora 19725], parte 2, f. 48ry 113r).
A. Cáscales (Zzz Inquisición, p. 50) no sin muchas dudas propone identificarlo con el tesorero Luis
de Medina; pero hay demasiados Medinas para llegar a una certeza: ¿es el veinticuatro
Fernando de Medina el Viejo (Tumbo, II, p. 240)?
’ Quizá sea .Martín de Sepúlveda, que se pasó al rey de Portugal y ya en 1480 fue restituido en su
oficio de veinticuatro y en la tenencia de Encinasola (Tumbo, III, p. 58, 60); cobró por tanto en
la nómina de 1483 (A.M.S., Mayordomazgo, 1483); antes participó en la tenencia del castillo
de Matrera (A.M.S., Mayordomazgo, 1471). Otro veinticuatro, Fernando García de Córdoba,
era alcalde de las alcabalas, pedidos y monedas de Sevilla en 1477 (Tumbo, p. 59).
56 Pedro de Jaén (de las Roelas) percibió sueldo como veinticuatro en la nómina de mayordomaz
narrado por Ortiz de Zúñiga (Anales, III, pp. 256-57; transcribió el pasaje Gestoso, Sevilla, I, p.
220 n. 1); según Ortiz, eran ochenta, y no doce, los años que llevaba muerto el denunciante,
sepultado al pie de la palma del cementerio, y el fraile era franciscano, y no dominico. Cada cual
contaba la historia según las simpatías que profesara a una u otra Orden.
Cf. Páramo, De origine, II, tit. 2, cap. 3, p. 139. Los reyes regalaron los bienes confiscados al
Hospital guadalupano.
,3 A. Bernal, Aíemorias, XLIII (p. 96).
,A El éxodo había comenzado un mes antes poco más o menos.
75 A. Bernal, Aíemorias, XLIV, p. 101.
76 A.P.S., XV (= 9100), f. 71r.
" Cédula al receptor Egas, dada en Medina del Campo el 16 de mayo de 150-4 (A.H.N., Inquisic.,
libro 243, f. 141r).
78 Cédula del rey a Villacís del 19 de setiembre de 1514 (A.H.N., Inquisic., libro 244, f. 390v).
/9 Cf. Lea, Historia, II, p. 193; H. Kamen, La Inquisición, p. 166; García Cárcel, p. 162 (que lo estu
dia como un caso aislado).
80 Lea, Historia, I, p. 209; Martínez Millán, La Hacienda, p. 69.
81 A.P.S., XV 1501 (= 9101), f. 316v. Era Da Teresa la viuda de D. Pedro de Guzmán, señor de las
villas de Lepe, Ayamonte y la Redondela.
82 J. Meseguer, "Instrucciones", p. 210.
85 A.H.N., Inquisic., libro 572, f. 68v.
84 A.H.N., Inquisic., libro 244, f. 367ry 367v; cf. Lea, Historia, II, p. 232.
85 A.H.N., Inquisic., libro 244, f. 449v, 450r, 450v, 451v; cf. Lea, Historia, II, p. 233. Recuerda
Guillén ("Un padrón", p. 60) que el contador del marqués de Priego era a la sazón era el con
verso e iluminista Pedro Ruiz de Alcaraz.
88 Es la explicación dada por J. A. Llórente (Historia, I, p. 138) a "los quatro profetas de yeso
mencionados por A. Bernal (Aíemorias, XLIV [p. 102]).
87 Escrito "dexamos".
L/\ LLECAD/\ DE LA INQUISICIÓN A SEVILL/X 87
88 A.C.S., Sección I, libro 14, f. 127r. Cf. J. A. Ollero, "Una familia", p. 90ss.
89 Cf. M. Serrano y Sanz, "Noticias biográficas de Fernando de Rojas, autor de la Celestina, y del
impresor Juan de Lucena", Revista de archivos, bibliotecas y museos, VI (1902) 257, 282., extracta
do por S. Mitrani Samarían, "Un typographe juif en Espagne avant 1482", Róvue des Études
Juives, LIV (1907) 247 y 250.
90 C. Varela-J. Gil, Cristóbal Colón. Textos, doc. XXX (p. 376).
91 Sobre este Alvaro cf. A.P.S., IV (= 2154), f. 355v.
92 Tumbo, II!. p. 279. El 6 de febrero de 1478 los reyes le habían permitido a Pedro Fernández
Cansino renunciar la veinticuatría en su hijo Juan (Tumbo, III, p. 13).
95 A.M.S., .Mayordomazgo, año de 1499, cuentas de Juan de Pineda:
-En treinta e un días de abril del dicho año [1499] di al dicho escrivano siento e treinta e nueve
mrs. c medio por una carta conpulsoria que se enbió para los inquisidores, para que fiziesen
dar a su escrivano los dichos e dipusi^iones que contra Alimán Pocasangre e Pedro Fernández
Cansino fueron dichos ante los padres, para el pleito de Quintos.
—Este dicho día [24 de julio] di al dicho escrivano siento e treinta e nueve mrs. e medio por una
sobrecarta que se enbió para los inquisidores, para que diesen los dichos que contra Alimán
e contra el Cansino dixeron, porque la primera carta que para esto se dio pusieron s¡erto
inpcdimento.
94 Cf. A.P.S., IV 1480, f. 398r. Alvaro González Boniel fue nombrado el 9 de mayo de 1476 recep
tor de los impuestos pedidos para la guerra contra Portugal (Tumbo, I, p. 175ss.).
95 A.P.S., XV 9100, f. 3776v. Poco después Arana pidió a Diego Jiménez, hojero, que no hablase
en el pleito, y Jiménez dio su consentimiento (ibidem, f. 378r).
96 A.P.S., III 1497 (= 1497), f. 164r.
97 A.C.S., Fondo Gestoso, XXXI, f. 336v.
98 Tumbo, I, p. 273.
99 Transcribí este documento para el Catálogo Arle y cultura en Ionio a 1192, Sevilla, 1992, n° 29, p.
115.
100 Tumbo, III, p. 321 y 326, 357, 515.
101 El 26 de julio de 1483 el rey ordenó a Sevilla que se los devolviese (Tumbo, III, p. 375).
102 Sobre este aspecto llamó la atención muy oportunamente A. Cáscales (La Inquisición, p. 58ss.).
103 Tumbo, III, p. 493.
104 La ciudad le pagaba por ello 1.000 mrs. al menos desde 1471, cf. A.M.S., Mayordomazgo, 1471.
105 Tumbo, III, p. 438.
106 Tumbo, III, p. 528.
107 A.P.S., XXI 1561, 1 (= 14234), f. 404r.
108 A. Bernal, Memorias, XLIIV (p. 100).
A.C.S., Sección I, G.I.bis.
110 A.C.S., Sección I, G.I.bis, s.f.
1,1 Según Llórente (Historia, I, p. 136), tuvieron lugar el 6 de enero, 26 de marzo, 21 de abril y 4 de
noviembre de 1481.
112 Quizá fuera un plazo de 30 días, prorrogado por otros 30, como se hizo en 1483 y 1484 en
Ciudad Real (Lea, Historia, I, p. 192; II, p. 350, 775; Beinart, Los conversos, p. 107); por razones
obvias, he supuesto que hubo de haber un edicto anterior. En Valencia también fueron prorrogado
I
88 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
los edictos de gracia (García Cárcel, Orígenes, pp. 73-74). Debo decir, sin em bargo, que Páramo
conoció asimismo un plazo de 40 días (De origine, II, tit. 2, cap. 3, p. 136).
1,0 En el ms. se lee "rronia”; "irrónea” interpretó un copista posterior (A.C.S., Sección I, G.I.bis,
s.f.).
114 En 1480 uno de sus parientes, Juan Sánchez el Alvo, era cambiador en Sevilla (A.P.S., IV 1480
[=2154], f. 419v).
115 A.C.S., Sección I, libro 14, f. 128v. J. A. Ollero, "Una familia", p. 92ss.
Sello, XIII, n° 2656 (p. 422).
Sello. XIV, n° 761 (p. 112).
1.8 A.P.S., V 1483 (= 3212), f. 38r (Bono-Ungueti, Protocolos, p. 121 n° 13; Wagner, La Ini/uióción,
p. 444).
1.9 A.P.S., V 1483 (= 3212), f. 14r.
120 Bono-Ungueti, Protocoloj, p. 61 n. 2. El documento actualmente carece de signatura. Bono-
Ungueti leyeron “a [San Pa]blo” en vez de “a vello”.
121 A. Bernal, Aíemoriao, XLIV (p. 101).
Memorias, XLIV (p. 101).
123 Católica impugnación, cap. 1 (p. 74).
124 El 2 de marzo de 1480 se discutió si se habían de dar al canónigo Alonso Benadeva las horas, como
se habían dado a otros estudiantes. Se sometió el asunto a votación y prevaleció la negativa, “por
que se provó qu’el dicho Alfonso Benadeva no cstudiava” (A.C.S., Sección I, libro 2, f. 35v).
125 Aparece varias veces en las actas capitulares como arrendador del trigo del cabildo. En él se
remató el trigo de Gandul y Marchenilla, la cilla de Marchena, Santaolalla, Real, Cala,
Almadén, Pedroso, etc. (20 de setiembre, 12, 19 y 22 de noviembre de 1479, cf A.C.S., Sección
I, libro 2, f. 17v, 23v, 24v, cf. asimismo ibidem, f. 42v, 45v; A.P.S., IV [= 2154], f. 318r).
126 El cabildo no se portó mal con el estudiante, incluso después de la ruina de su padre. El 17 de
abril de 1482 se acordó conceder para su mantenimiento a García de Gibraleón, todavía en
París, los frutos del beneficio de Cazalla, "no obstante la fianza de su padre Pedro Fernández
del año pasado d’este presente año” (A.C.S., Sección I, libro 3, f. 88r).
127 Se le dio posesión inmediata (A.C.S., Sección I, libro 2, f. 39v).
128 El 4 Je noviembre de 1479 D. Juan de Góngora fue nombrado procurador y síndico en corte
romana (A.C.S., Sección I, libro 2, f. 22r). El arcediano dejó una Biblia y un Talmud escrito en
hebreo, que se entregaron el 4 de julio de 1480 al bachiller de Logroño a fin de que depositara
los manuscritos en un arca en el Sagrario, para facilitar su consulta cuando fuese menester
(A.C.S., Sección I, libro 2, f. 47v).
129 pue procurador de Diego González, beneficiado del Puerto de Santa María, y de Diego
González el 9 y el 14 de enero de 1478 (A.C.S., Sección I, libro 1, f. 3r, 4r).
130 Dos únicas noticias referentes a Jaén he encontrado en las actas capitulares. El 1 7 de setiembre
de 1481 el cabildo ordenó a su mayordomo que no le pagase al canónigo lo que se le debía de
sus tercias (A.C.S., Sección I, libro 3, f. 44v). El 7 de mayo de 1479 se remató en Jaén trigo del
molino de Guadairay del Minjoar, a 180 y 183 mrs. la fanega (A.C.S., Sección I, libro 2).
131 A.C.S., Sección I, libro 3, f. 55v. El 27 de marzo de 1482 el cabildo acordó sacar a la venta los
bienes de Benadeva y del arcediano de Jerez que estaban depositados en Juan de Saavedra y
Juan de Lugo (A.C.S., Sección I, libro 3, f. 86v).
LA LLEGAD/X DE L/X INQUISICIÓN A SEVILLA 89
de lebrero decidió el cabildo que Alonso Moreno diese cuenta de lo recibido y gastado de los
bienes de Martínez, cf. A.C.S., Sección I, libro 4, f. 83v). Del donadío de Carmona se ocupó el
cabildo mucho más tarde, el 24 de abril de 1504, cuando se acordó de su diezmo (A.C.S.,
Sección I, libro 6, f. 72v, cf. f. 98r, 99v).
I,'/ Quedan pocas noticias de este personaje en las actas capitulares. El 31 de agosto de 1478 die
ron la horas por 20 días al bachiller Diego Alonso de Jaén, racionero, para que solicitara en
Córdob; ’ pleito del comendador de Hcliche (A.C.S., Sección I, libro 1, f. 3Ir; cf. todavía libro
2, í. 55\ El 2 de mayo de 1479 el cabildo lo nombró hacedor de la vicaría de Constantina
(A.C.S.. Sección I, libro 2, f. 13v). Fue diputado para entender en el pleito con Da Inés de
Ribera (A.C.S., Sección I, libro 3, f. 71r). Permutó una ración con Andrés Gómez, arcipreste
de Peñafiel, quien tomó posesión de la suya el 21 de agosto de 1481 (A.C.S., Sección I, libro 3,
f. 40v). Tomó posesión de la canonjía el 1 de setiembre de 1481 (A.C.S., Sección I, libro 3, f.
42v-43r). Cf. asimismo A.C.S., Sección I, libro 3, f. 119r; J. Hazañas, Aía&fe Rodrigo, p. 266; J.
A. Ollero, "Una familia", p. 67.
13f* A.C.S., Sección I, libro 3, f. lOv.
139 A.C.S., Sección I, libro 4, f. 52r. Tomaron posesión los nuevos propietarios el 18 de mayo (cf.
A.C.S., Sección I, libro 4, f. 55r).
140 Quizá las casas "a la Xamardala” rematadas el 25 de febrero de 1488 en Periáñez y Leonor de
Medina (A.C.S., Sección I, libro 4, f. 83r). Cf. asimismo A.C.S., Sección I, libro 5, f. 353r. De
una casa en la Xamardala hizo dejación la viuda Leonor de Porras en 1546 (A.C.S., Sección I,
libro 18, f. 61v). La Xamardala (cf. asimismo A.C.S., Sección I, libro 17, f. 80v, 85v, 89r) per
vive en la actual calle Jamerdana, "cuyo nombre da mucho que discurrir a la erudición”, según
decía Ortiz de Zúñiga (Analeo, V, p. 72).
141 A.C.S., Sección I, libro 4, f. 53r, 55v.
142 A.C.S., Sección I, libro 3, f. llr.
143 A.C.S., Sección I, libro 3, f. 14r.
144 A.C.S., Sección I, libro 3, f. 22v.
145 Un sobrino de Jaén había dejado al monasterio de San Jerónimo diez castellanos. Los frailes
pidieron gracia de ellos. El cabildo replicó el 10 de febrero de 1486 que se contentasen con la
limosna de 11.000 mrs. que les había hecho (A.C.S., Sección I, libro 4, f. 29r). El 24 de julio de
1486 el cabildo acordó denegar al monasterio de San Jerónimo los 1.000 reales y diez capella
nías de Jaén, “pues que avía inpetrado bienes después de la concordia y gracia fecha”. Y el 28
de julio encargó al arcediano de Jerez que cobrase al prior aquellos diez castellanos y los pri
meros 10.000 mrs., y que por los otros 10.000 recibiese las prendas de plata que ofreciese, a qui
tar la próxima Navidad (A.C.S., Sección I, libro 4, f. 68v). Sevilla también tuvo que pechar con
deudas: el 25 de enero de 1486 pagó a la Iglesia de Toledo una deuda de 5.000 mrs. que le debía
Diego Alonso de Jaén (A.C.S., Sección I, libro 4, f. 29r).
146 A.C.S., Sección 1, libro 3, f. 15r.
90 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
,"1' A.C.S., Sección I, libro 4, f. 50r y 51; J. A. Ollero, “Una familia", p. 69. Ha de ser Fernando
Gómez de Cazalla (cf. J. Hazañas, Alaeoe Rodrigo, p. 256).
14S p Pacheco, Catálogo, f. 90; Ortiz de Zúñiga, Analeo, III, p. 59; Gestoso, Sevilla, II, p. 424. Quiso
quemar la reliquia el doctor Egidio, según Reginaldo Montano (p. 430).
149 Ortiz de Zúñiga, Analeo, III, pp. 114-15, 1 16ss. Otra eclosión de piedad tuvo lugar por las mis
mas fechas: el 12 de febrero de 1481 Diego Fernández Marmolejo, movido por la devoción que
tenía a los oficios de vísperas de Cuaresma que se celebraban antes de mediodía, y vi ndo que
la falta de concurrencia deslucía la procesión, dotó las vísperas con las rentas de un mesón de
vino arrendado a Inés González de la Fuente, a repartir entre los asistentes a los oficios (A.C.S.,
Sección II, ms. 14//, Libro Blanco, I, f. 134r). Diego fundó la capellanía de su hermano Nicolás
el 20 de octubre de 1486 [A.C.S., Sección II, ms. 1477, Libro Blanco, I, f. 159r]).
ISO Efectivamente, hay que fecharla cuando todavía D. Pedro —el destinatario de la carra— seguía sien
do arzobispo de Sevilla y estaba con vida Diego de Merlo. La dedicatoria a D. Diego Hurtado de
Mendoza es, en consecuencia, falsa, como ya vio Carriazo. Por tanto, se complica innecesariamen
te la vida H. Beinart, haciendo entrar en juego a los dos Mendozas (Zxa» converooo, p. 52ss.).
Por ello se sulfuró el refinador de quien se hablará más tarde, como si Pulgar hubiese llamado
judíos a todos los burgaleses: "ni la nación de Burgos es tal qual vos dais a entender ni qual es
verdaderamente la que vos queréis defender" {ibídem, p. 320).
152 F. Cantera, "Fernando de Pulgar", pp. 309-10. Sobre la polémica cf. asimismo H. Bcinart,
converooo, p. 47ss.
Cf. p.e. De loo apJotalad 36 (B AC 241, p. 198), De loo bieneo de la paciencia, 16 (p. 308). La cita bíbli
ca (Mateo, 18, 22) que alega Pulgar para refrendar su doctrina recibió el mismo comentario -no
podía ser menos- por parte de otros muchos padres de la Iglesia: Filastrio, Sobre lao berejíao, CVII
{PL 12, c. 1221); Paciano, Epíotolao {PL 13, c. 1071); San Ambrosio, Sobre Jacob y la vida dichooa
{PL 14, c. 624), Enarracioneo a loo Salnioo {PL 14, c. 991), Expooición oobre el evangelio de San Lacao
{PL 15, c. 1771-72), Cartao, LXIII 103 {PL 16, c. 1216-17); autor anónimo, Sobre la pendencia,
XXIV {PL 17, c. 997); autor anónimo. Sobre la lucha de loo vicioo y lao virtudeo {PL 17, c. 1063); y
el propio San Agustín, Sermoneo, LXXXIII {PL 38, c. 515).
154 Así lo expresó a Donato {Carta 173, 10 [BAC 99 a, p. 380]); otro tanto defendió en su carta a
Bonifacio {Carta 185, 21 [BAC 99 a, p. 467]) y en su tratado Contra la caria deldonaluta Pettliano,
II 73, 184ss. {PL 43, c. 315ss.). Citó los pasajes de San Agustín a Bonifacio y Petiliano el doc
tor Ortiz (¿Tratado, f. 57v, 59r), trayendo a colación otros textos de San Jerónimo: "donde se
concluye que la tal piedad que éste para sus próximos desea sería más crueldad para las ánimas
d’ellos mesmos".
La superchería salta a la vista. San Agustín no escribió "Sobre el relapso de los donatistas , sino
"Sobre el bautismo contra los donatistas" {PL 43, c. 107ss.). Tampoco aconsejó sobre este tema
al emperador Marciano (450-57); pero así se llama el destinatario de la carta 258 de San
Agustín (BAC 99 b, p. 452).
155 Carta 109, 3. La sentencia fue muy citada por los partidarios de un integrismo religioso, como
Álbaro de Córdoba {Ind. luni., 11 [p. 284 Gil]). Asimismo salió a relucir cuando se implantó la
Inquisición medieval en el s. XIII, y más tarde, cuando se estableció el nuevo Tribunal en 1480
(A. Ortiz, Tratados del doctor Alonjo Ortiz, Sevilla, 1493, f. 97r; L. Páramo, De origine, II, tit. 3, cap.
3, p. 286).
LA LLEGADA DE LA INQUISICIÓN A SEVILLA 91
l.->6 ¡\jo fuc pulgar el único en inventarse autoridades. Alonso Ortiz citó de Platón un libro llamado
Telas, en el que se hablaba de la brevedad de la vida (Los tratados del doctor Alonso Ortiz, Sevilla,
1-495, f. 26v): ¡como si el filósofo hubiese escrito un DefinibusX
15/ Editó el texto corrigiendo no pocos errores de Carriazo el mismo F. Cantera (ibidem, p. 312);
otras faltas quedan por subsanar (así, p.e., en p. 315 se debe leer "puede hordenar sobreseer en
la execu^ión de la pena", y no "horbe sobre seir”).
158 Una de ellas editaron Tate-Alemany, Alfonso de Palencia. Epístolas latinas, V, p. 45ss. En ese círcu
lo lo único que se conocía de Palencia eran los tejedores, no el historiador. Palencia vivía enton
ces -debía de ser verano— en Castilleja. Los desprecios sufridos por Alonso de Palencia los vol
vieron a .'udecer otros humanistas. Pedro Mártir de Angleria compuso un poema contra un
noble ¡nto'ente. En el prefacio a tales versos Antonio de Lebrija exhortó a los petimetres de su
tiempo a escarmentar de una vez con ese ejemplo: Quare, optimates quicumque uoJ fatemini, quam
vobis expediat invigilare ne sublimegenus el ornatos fortune vestre ¿Ilécebras viciis inherentes deturpetis, alie
na.' exemplo adscribe, ne de vabis posteritas mate sentiens in sannam el nauseam contra vestros mores revi
starat (Pedro Mártir, Opera, Sevilla, 1511).
159 A.P.S., I 1512, 2 f. 884v (cf. C. Griffin, Los Cromberger, p. 83).
160 por c] tratacJo prometió ayuda en nombre de los príncipes al duque de Borgoña si le declaraba la gue
rra el rey de Francia Luis XI (Suárez, Política, I, p. 282 [y antes p. 59ss.]). En 1479 los reyes le envia
ron a él y a Lope de Valdivieso, embajadores en Inglaterra, 200.000 mrs. (de esa embajada deben
datar los libramientos no pagados en 1495 y 1496 todavía a los mercaderes que los habían hecho
efectivos en Flandes, cf. Doc. relac. inlern., V, p. 113, 351); en 1479 le volvieron a confirmar sus bene
ficios y cargos, ya que por su larga ausencia había sido dado por muerto (Sello, II, n° 2039 [p. 287]).
Capellán real y consejero regio, Lucena tuvo como abad de Covarrubias un pleito en 1491 con el
cabildo de dicha villa (Sello, VIII, n° 2305 [p. 340], 2342 [p. 344]; otros asuntos en Sello, IX, n° 2850-
52 [p. 462]); se le permitió renunciar a la abadía o permutarla en 1492 (Sello, IX, n° 3034 [p. 497]).
Su padre homónimo, Juan Ramírez de Lucena, fue admitido al linaje de los chancelleres de
Soria; pero éstos no quisieron guardarle los derechos a sus hijos (cf. Sello, II, n° 2220 [p. 312]).
Ello indica procedencia soriana, patente también en la merced de maravedíes y pan que tenía
en esa ciudad (Sello, VIII, n° 2273 [p. 336], 2632 [p. 390]).
161 Conocemos el texto de Lucena por la réplica de A. Ortiz, Tralados del doctor Alonso Ortiz, Sevilla,
1493, f. 74r.
162 A. Ortiz, Tratados, f. 65v.
A. Ortiz, Tratados, f. 68v.
16-4 Así se imprimió en el colofón del Confutatorium errorum contra claues recles¿e nuper editorum, dedi
cado al cardenal .Alfonso Carrillo, primado de España, e impreso en Toledo el 31 de julio de
1486 per venerabilem virum lobannem Vasqui: los Reyes Católicos inconcuso ac immobili animo etfer-
ventissbno zelo fidei accensifortissimo ac copiosissimo bellatorum exercitu contra expurciosbnos etferocissbnos
Sarracenos regni Granate et contra infideles heréticos per regna et dominio sua dispersos ingentissima acflo-
ridissima regna gerentes et catholicam fidem defendentes et exaltantes ac nomen Christi laudantes divinum
cultum gloriase in dies augent etfidelium corda in Christi amore ardentía redunt.
165 Tratados, f. 61r, 74r, 8Ir. Ortiz se permitió asimismo dar un palmetazo a Lucena, quizá no muy
ducho en latines, afeándole su imposible interpretación de ¿ponte, que el protonotario derivaba
de spondeo para forzar su significado en un texto pontificio (Tratados, f. 9Ir).
92 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
166 “Pocos días ha que vino a mis manos una carta prolixa dirigida a vuestras excelencias por el
prothonotario Juan de Lucena, donde ingeniosamente, con autoridades de la Sacra Escriptura
entendidas según su propósito, exorta a vuestras Reales Altezas a clemencia y en algunos luga
res reprehende e daña los autos e processos que por los inquisidores de la infidelidad e aposta-
sía en vuestros reinos son fechos” (Tratados, f. 53r). El término ante guem de la composición de
la obra lo da el propio Tratado: todavía no se había decretado la expulsión de los judíos
(Tratados, f. 87r).
lt>z En la oratio a los reyes Ortiz volvió a referirse al problema converso en términos muy duros:
Serperat siguídem per omnes Hispanias Judaicé prau¿latís vetusta perfidia el leíales su raili peni tiiostssimis
incrementé pullulaverant; ad guos erradicandos vigili studio solertigue cura animal i latibula be insidio-
si omni spurcitia Judaicé pravitatis expiare curaslis el remediis congruenlibus tante cecilatis vestro lamine
clantalem proposuistis, veterum radicum ac surculorum guorundam supputalione, ande ramorum perfidia
laxarían véa est; ac interdum cauleriis supposila medicina est surcalis insitione improbé, nonnullé aero
frondium excussa rubigine relictis (Tratados, f. 4Ir).
168 Afaior ergo videtur cose infamia, si violenter trabanlur paires adulli; hace namgue violen lia videtur nocere
Ecclesiae, guia baptizati invite non recipiunt sacramenlum nec cbaracterem baptémalem, sed remanen! infi
deles occulti nec ullum vere recipiunt sacramenlum (In tertiam partan Diui Thomae, disp. 25, tom. 2,
sess. 3 De origine'). Es una opinión que no aceptó, como era lógico, Páramo (De origine, II, tit. 2,
cap. 6, p. 165).
169 A. Ortiz, Tratados, f. 67r.
1/0 Cf. Tratados, f. 49r. Concluía Ortiz: "Contémplenlo bien Vuestras Altezas, no turben la orden
antigua de vuestros reinos los consejos súbitos” (Tratados, f. 49v).
171 Así lo declaró el propio Ortiz: ecclesie noslre Tolelane, cuius legatione fungimur (Tratados, f. 40r).
172 Tratados, f. lOOv.
*7^ “Por comissión de... Melchor de Gurrizo” se imprimieron en 1491 en Sevilla Las Siete Parí¿das
(Vindel, Arle, n° 28 [p. 104]) y en 1494 el Regimiento de príncipes (Escudero, Tipografía, n° 42 [p.
88]; Vindel, Arle, n° 69 [p. 185]). Después Melchor se estableció en Toledo y Francisco en
Salamanca. Hubo otro Francisco Gorricio, sobrino de los anteriores, que vivió asimismo en
Sevilla, muriendo allí en 1515 (cf. C. Varela, "Fray Gaspar Gorricio, monje cartujo al servicio
de la familia Colón”, Historia de la Cartuja de Sevilla, Sevilla, 1989, p. 111 y 127, que prefiere no
desdoblar a Francisco).
174 Vindel, Arte n° 72 (p. 194). Vaga noticia en Escudero, Tipografía, n° 40 (p. 87).
III. EL ÉXODO
1. La escapada
-el doctor Juan Rodríguez, físico de la ciudad, con sueldo de 2.000 mrs. al año.
—el licenciado Francisco de la Barrera, primo de Juan Alemán. El 5 de marzo de
1480 Francisco de la Barrera y Tomás de Jaén vendieron a la ciudad la lonja de
9-4 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
los placentines y milaneses, frontera a las Gradas de la catedral (S. Montoto, Laj
calleo de Sevilla, pp. 366-67). Fue mensajero de la ciudad a los reyes en 1480 (Tumbo,
III, p. 86, 90, 157, 254). Cf. A. Cáscales, La Inquisición, p. 56.
—Sancho Díaz de Medina, almojarife en 1478 (los reyes le encargaron cobrar la
imposición del uno por ciento sobre la dicha renta el 9 de mayo de 1478, cf. Tumbo,
II, p. 204ss.) y veinticuatro (A.P.S., XXIII 1472 [= 15963], f. 272v), cf. Sello, II n°
3473 (p. 499). En las labores de la ciudad se cita en 1496 los caños de la calle de
las casas que fueron de Sancho Díaz. El convento de Santa María de Jesús (de
monjas clarisas) se levantó en una casa señorial en la colación de San Esteban que
había pertenecido a Sancho Díaz de Medina, según se desprende de un documen
to del cardenal Cisneros del 4 de agosto de 1502 (Sevilla, Archivo del convento de
Santa María de Jesús).
-el jurado Pedro de Illescas. Falleció en el exilio antes de 1483 (Tumbo, III, p. 526).
Cf. A. Cáscales, La Inquisición, p. 58.
—los hermanos Manuel y Bartolomé Cisbón. En 1391 Juan Rodríguez era el nom
bre cristiano de David aben Cisbón (cf. A. Collantes, Sevilla en la Baja Edad Aleóla,
Sevilla, 1984, p. 374). Las casas del mariscal Diego Caballero en calle de Francos
fueron de Cisbón (Pacheco, Catálogo, f. 13 Iv).
—Juan (Fernández) de Sevilla y su mujer Leonor Fernández. Juan, contador del
duque de Medina Sidonia, fue nombrado veinticuatro el 21 de julio de 1476
(Tumbo. I, p. 195; II, p. 187, 257; S 1494 n° 172, 288, 289). Recibió del concejo en
1476 el alto de la pescadería en la plaza de San Francisco (Tumbo, II, p. 258).
Ocupó una casa del cabildo eclesiástico en la calle de Abades; fue su fiador el canó
nigo Gonzalo de Saavedra (cf. el cabildo del 13 de mayo de 1482 [A.C.S., Sección
I, libro 3, f. 91v]).
—Juan (Fernández) de Sevilla y su mujer Juana Fernández (S 1494 n° 1089).
Desempeñó la mayordomía de la ciudad en 1471-1474. Fue ballestero de maza
del cabildo, oficio que, como queda dicho heredó su hijo Diego de la Torre, tam
bién huido. La ciudad le dio en 1471 “doze varas de paño de Bruja e «jinco cafi-
zes de ^ebada” y le pagó 21.600 mrs. de los derechos de las imposiciones
(A.M.S., Mayordomazgo). Su casa, según veremos, fue dada a Alonso Carrillo
de Castilla.
-Juan de Sevilla y su mujer Beatriz Sánchez. Fue pagador. Su hija Catalina López,
mujer de Pedro López (hijo del veinticuatro Diego López), fue a reunirse con sus
padres a Portugal.
EL ÉXODO 95
i
96 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
E como quiera que la ausencia d’esta gente despobló gran parte de la ^ibdad, e fue
notificado a la reina que el gran trato que en ella avía se deminuía e sus rentas por
esta causa se abaxavan en gran cantidat, pero ella estimava en muy poco la dimi
nución de sus rentas e decía que, todo interese pospuesto, quería alinpiar su reino
de aquel pecado de eregía, porque entendía que aquello era servicio de Dios e suyo.
zl. Homi Martín de Alcalá. Juan Alemán, jurado (S 1494 n° 246). Fernando del
Algaba . S 1494 n° 1122?). Alonso Álvarez, boticario (¿S 1494 n° 205?). Juan
Ai zarcz. I mercader?). Francisco el Alvo. Gonzalo de Arcos (¿SL 1494 n° 98?).
Fernán' de la Barrera. Juan de Bivary su hermano Francisco. Manuel de Campo.
Juan de Caso, secretario. Fernando de Cazalla (¿S 1494 n° 22, 511?). Juan de
Cazalla (probablemente el marido de María Fernández, hija del licenciado Diego).
Fernando Cisbón (jurado). Francisco Cisbón. Diego de Córdoba, trapero (¿S 1494
n° 164 ó 759?). Diego de Coria (¿S 1494 n° 1218?). Diego, licenciado. Diego
Fernández, mercader (¿S 1494 n° 788?), y su hermano Pedro Fernández. Juan
Fernández, escribano (del Consistorio). Alonso Fernández Cemendar (S 1494 n°
51). Maestre Gabriel. Pedro de Gibraleón (jurado, S 1494 n°72). Gonzalo González
de Sevilla (S 1494 n° 258). Juan Gutiérrez, licenciado. Fernando Gutiérrez de
Écija. Gómez de Herrera. Luis de Jaén (a Luis de Jaén y a Fernando del Algaba el
mayordomo Juan Fernández de Sevilla les descontó 54.000 mrs. de la imposición
de las heredades en 1471 [A.M.S., Mayordomazgo]). Francisco Jiménez, bachiller.
Juan Jiménez (Abenbono), alguacil (¿S 1494 n° 1040?). Diego de León, doctor.
Luis ¿Juan? de León. Gonzalo López (¿S 1494 n° 288?). Pedro López (Ejecutor),
jurado. Fernando de Marchena (S 1494 n° 585). Juan de iMarchena. Francisco
Martín, jurado (S 1494 n° 425). Fernando Martín de Toledo. Juan Moreno.
Rodrigo de Palma (el cendalero a quien se le confiscaron los bienes, cf. Sello, XV, n° í
866 [p. 154]). Alvaro Pérez de Écija, Juan Rodríguez, doctor en Artes y Medicina i
(el médico del concejo). Gómez de Sevilla (Abolafia), jurado. Juan de Sevilla, paga
dor. Juan de Sevilla Nieto. Juan de Soria.
B. Adujered) Las esposas de los anteriores. Inés Martínez, viuda de Pedro Cansino (el
veinticuatro). Isabel Fernández, viuda de Diego de Arcos. Juana Díaz, mujer de
García Alemán. Isabel González, viuda del jurado Juan López. Isabel Gutiérrez,
hija del doctor Juan Rodríguez.
1,
98 LOS CONVERSOS Y L/\ INQUISICIÓN SEVILLANA
bula en la que pedía disculpas por su error anterior, echando la culpa del desaguisa
do al solicitador de los reyes —no a los reyes, por supuesto—y condenando sin paliati
vos la actuación de los dos dominicos en Sevilla; en el Futuro los inquisidores habrían
de dictar sentencia juntamente con el obispo de la diócesis, a quien hasta el momen
to se había marginado contra los cánones". Así escribió el Pontífice a los monarcas:
Por culpa de quien entonces pedía en vuestro nombre el despacho de esa carta [la
bula creando la Inquisición] sucedió sin embargo que, por haber c puesto la solici
tud no de una manera plena y específica, sino general y confusa, la carta . n cuestión
fue expedida contra los decretos de los Santos Padres y nuestros predecesores y la
observancia común. De ahí vino que se levantaran muchas quejas y lamentos tanto
contra Nos, por haber despachado una bula de este tenor, como contra Vuestras
Majestades y contra nuestros queridos hijos el maestro Miguel de Morillo y el bachi
ller en Teología Juan de San Martín, profesos de la Orden de los Predicadores, a
quienes nombrasteis por virtud de la susodicha carta inquisidores en vuestra ciudad
de Sevilla, ya que, según se dice, procediendo de modo desconsiderado y sin guardar
ningún orden de derecho encarcelaron injustamente a muchos, los sometieron a terri
bles tormentos, los declararon herejes contra justicia y los despojaron de sus bienes,
castigándolos con la pena capital, de modo que otros muchos, presas de miedo com
prensible, se dieron a la huida y se dispersaron acá y acullá. La mayoría de ellos, con
fesando ser cristianos y verdaderos católicos, se refugió en la susodicha Sede
[Roma], amparo segurísimo de los oprimidos, para librarse de tales opresiones y nos
presentó apelaciones, con el tenor de tales quejas, de los varios y diversos agravios
que les habían inferido los dichos inquisidores, pidiéndonos, no sin derramar muchas
lágrimas, que se viera la causa de sus apelaciones y se conociera de su inocencia. Nos,
tras madura deliberación con nuestros hermanos los venerables cardenales de la
Santa Romana Iglesiay con su consejo, hemos decidido, para zanjar en el futuro tales
quejas, que en este asunto, según manda el derecho, se proceda conjuntamente por
parte de los inquisidores y de los obispos de la diócesis8.
—
EL ÉXODO 99
No hay mal que por bien no venga: si en la creación del Santo Oficio podía
haberse cometido un error subsanable, preciso es reconocer que la inesperada
afluencia de reclamaciones se convirtió en un buen negocio para la curia romana,
"sumidero voraz” donde campaban por sus respetos "los piratas, es decir, los car
denales”, desde los ya lejanos tiempos de Gualtero de Chátillony su Propter Syon
non ¡acebo. Todo se compraba y se vendía, incluso el perdón de los muertos. “Del
oro se haz t’.esoro”, escribió Colón en 150310, “y llega a que hecha las almas del
Pui yatoiT . Esta fue la propaganda con que vendió Tetzel las bulas de indul
gencia -er. ‘ SÍ7 por Maguncia y Magdeburgo y uno de los acicates que espolea
ron la reacción indignada de Lutero. Si por dinero se rescataban las penas de los
difuntos, por dinero se podrían redimir con mucha mayor facilidad las culpas de
los vivos. La Penitenciaría comenzó a hacer su agosto gracias a la urgente nece
sidad que tenían los inculpados de obtener una carta exculpatoria que los librase
de las garras del Santo Oficio, encomendando la absolución de sus yerros a un
sacerdote elegido libremente por cada uno de los afectados.
Uno de los conversos que obtuvieron una bula de este jaez fue Francisco
Fernández de Sevilla junto con su madre Flora Martín y su mujer Blanca
Fernández. El 4 de diciembre de 1481 Julián, obispo Sabinense y penitenciario
papal, por la autoridad y expresa indicación verbal del Pontífice les concedió
libertad para elegir un presbítero, seglar o regular, que tras oír su confesión los
absolviese del anatema y de las sentencias promulgadas por los inquisidores, sus
asesores o el arzobispo, les quitase toda mancha de infamia y les remitiese las
penas, incluso las corporales, admitiéndolos de nuevo en el cuerpo de la Iglesia.
Los casos dispensados eran muchos y graves: haber pecado una vez oídas las
amonestaciones de los inquisidores o del arzobispo, haber callado los nombres de
sus cómplices en tales crímenes, haber sufrido por un año o más tiempo la cen
sura eclesiástica o un proceso por tales razones, haber guardado y enseñado ritos
judíos y haber recaído en la herejíay la apostasía11. El negocio pareció tan sucu
lento a la curia —y a los intermediarios— que en las prisas por expedir bulas algunas
veces hasta se dejó
■ en blanco el nombre de la persona beneficiada y la indicación
. la que pertenecía, para que el interesado pudiera rellenar a su
de la diócesis a
satisfacción tales extremos en Roma o en Castilla12.
Muy felices se las prometieron quienes compraron tal salvoconducto espiritual y
se confiaron a la protección de los nobles para reintegrarse con normalidad a la rutina
de la vida cotidiana. En esta ilusionada esperanza sucedieron escenas como la siguiente.
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Bula del Papa Sixto IV a Juan Fernández de Sevilla (A.G.S., Patronato Real, c. 28, n 1)
J
EL ÉXODO 101
L
1W LOS CONVERSOS Y L/\ INQUISICIÓN SEVILLANA
buenos tiempos.
EL ÉXODO 105
I,
106 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
Portogal a poder de los dichos sus padres condenados e comunicó y estuvo con
ellos y con otras presonas condenadas” (entre ellas, según se ve, con su cuñada
Francisca). Al igual que Juan y Beatriz, Pedro y Francisca habían huido de su
ciudad natal al ser acusados de apostasía y no haber comparecido ni por pienso
cuando por mandado de los inquisidores el pregonero público de Sevilla los citó
a lavar sus culpas. A todos ellos los aguardaba un largo exilio en el extranjero. La
estancia en Portugal de Pedro Ejecutor dejó al menos una huella b-.eraría. En el
Cancioneiro geral de García de Resende aparece una poesía castellana baje a auto
ría de Pero Secutor”; no hay duda de que se trata de nuestro personaje Es una
melancólica cantiga, que está teñida de pesimismo con ciertos ecos manriqueños
y que mereció ser glosada por el conde de Vimioso; reza así:
a Yucé Abrabanel 500 ducados atados en una toalla, diciéndole que eran un regalo
del duque de Viseo para Pedro de Albuquerque, el hermano del conde de
Penamacor44. No hace falta ser muy sagaz para adivinar que alguna conexión hubo
de haber entre la buena disposición de los Abrabanel hacia el partido de los
Braganzay la benevolencia del obispo eborense para con los conversos, así como no
fue una casualidad que los Reyes Católicos encomendaran el 11 de octubre de 1484
a Juan Margarit, cardenal de Gerona, que tratara de favorecer ante i nuevo Papa
al prelado luso, si el monarca portugués se revolvía contra él45. La conspiración ter
minó en un baño de sangre: D. Juan mató con sus propias manos al d :que de Viseo,
y el 9 de setiembre de 1484 fueron degollados D. Fernando de Menesesy D. Pedro
de Ataíde; en cuanto a D. Gutierre Coutinho, fue condenado a prisión perpetua en
atención a ser hermano de Vasco Coutinho, quien descubrió la traición. Por fin, el
30 de mayo de 1485 fueron condenados a la horca D. Isaac y D. Yucé Abrabanel46.
Ni que decir tiene que los judíos no habían esperado a oír la sentencia: en ese mismo
año de 1485 E). Isaac, refugiado en Castilla, arrendó las rentéis y alcabalas que per
tenecían al cardenal de España en el obispado de Sigüenza47, sin duda con el con
curso de los Braganza exiliados; y en Castilla permaneció hasta el fatídico 1492.
La protección dispensada por algunos nobles portugueses a los conversos
huidos desagradó profundamente a los Reyes Católicos. Plegándose a su deman
da, el 2 de abril de 1487 el Papa exhortó a los reyes, principes y potentados de los
reinos vecinos (entiéndase: de Portugal) a que en un plazo de treinta días hicie
sen prender a los herejes que se hubiesen refugiado en sus dominios y los devol-
viesen a su lugar de origen, so pena de excomunión48.
D. Juan II supo después beneficiarse económicamente del exilio de los
"judeus castelhanos", pues los desterrados le pagaron por su acogida en Portugal
un total de 3.610.618 reales y medio, a razón de 8 cruzados por cabeza49. Ignoro
si también los huidos de 1481 fueron sometidos a una alcabala especial; se trata
ba tal vez de un grupo demasiado reducido para que el rey les impusiera condi
ciones, obligándoles a una capitación.
A la muerte de Juan II (1495) los conversos establecidos en Portugal que habían
conseguido una bula absolutoria del Pontífice, como Pedro Ejecutor o Juan de
Sevilla, elevaron a la Corona una propuesta de conciliación: las 150 familias que
cumplían ese requisito se comprometieron a pagar a los reyes 7.000 ducados
(2.625.000 mrs.), si éstos los volvían a admitir en sus reinos; hasta se mostraban dis
puestos a recibir una penitencia "saludable" de manos de los inquisidores, por más
EL ÉXODO 109
-Catalina Gil, mujer primero de Juan Serrano y después de Juan López, al redactar
su testamento el 15 de junio de 1491 consignó entre sus deudas: "que le deve más 000
su agüela, vezina de la villa de Lisboa del reino de Portogal, todos los bienes mue
bles e raízes que a ella pertenes^ió aver e heredar de Fernand Pérez e de Guiomar
Gil, su padre e madre, difuntos, que Dios aya, los quales bienes puede aver veinte
años poco más o menos e los frutos e alogueres d’ellos manda que sean cobrados”5’4.
—Alvaro Fernández, hijo de Pedro de Cuenca55, bien establecido en Lisboa se casó con
Eugenia Dias y fue caballero del rey de Portugal56. Fernández siguió teniendo propie
dades en Sevilla; disfrutó, p.e., junto con su hermano Francisco de un tributo de 1.200
mrs. situado en una casa de Santa Cruz que era propiedad de Juan de Ocaña57. El 29
de julio de 1528 dio poder en Lisboa a Leonor de Mesa, viuda del sombrerero Cristóbal
Vaca, para enajenar una casa que tenía en Sevilla que había sido de Francisco López,
su abuelo, y que había heredado de Pedro de Cuenca, su padre, marido de Isabel López;
el tributo fue vendido el 13 de octubre a Gonzalo de Toledo por 15.000 mrs58.
—Beatriz Fernández, hija de Gómez García (San Lorenzo), dio poder el 4 de marzo
al mercader Francisco de Castro, estante en Lisboa, para recibir la herencia que le
110 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
Otras veces los conversos no buscaron asilo en los países más vecinos como
Portugal, Italia o Marruecos, sino que emprendieron largo viaje, llegando hasta la India:
una sevillana huida del Santo Oficio sacrificó su vida en 1501, tras haber sido cautivada
por la armada lusa al parecer cerca de Cranganor70. La misma solución última, el suici
dio, eligieron algunos judíos portugueses ante el decreto de expulsión de 1496' >.
EL ÉXODO 111
E¡: días ■ ados Juan López Fojero y su muger, vezinos de la ciudad de Vadajoz,
por dc > zo de sus conciencias testificaron en la Ynquisición contra un Juan de
Caira, he rege reconciliado, vezino de la dicha cibdad; e que agora a esta cabsa el
dicho Juan de Qafra e un yerno suyo, llamado Francisco de Nissa [otras veces escri
to "Missa”], salieron a matar al dicho Joan López, el qual se les metió en una casa;
e como no lo pudieron aver, fueron a la casa del dicho Joan López e fallaron a la
dicha su muger, que estava preñada de seis meses, e diéronle tantas feridas fasta que
la mataron, e acuchillaron a un moco fijo del dicho Joan López, que está a la muer
te; e pasáronse luego a ese vuestro reino de Portogal.
Era comprensible el tremendo estallido de cólera por parte del converso, que no
fue el único en tomar venganza72; mas no podía quedar impune. Como los inquisidores
habían enviado un alguacil a Portugal, un hombre llamado al parecer Martín del
Castillo, el rey pedía a D. Manuel en esa carta que mandase prender a los homicidas
para que, una vez traídos a España, los juzgara la Inquisición73. Así sucedió. Juan de
Zafra y Francisco de Misa fueron detenidos y llevados a Sevilla7-*, donde ya a princi
pios de 1501 el alguacil Hontañón de Angulo los tenía puestos a buen recaudo en el
castillo de Triana. Por orden del rey fue el alguacil quien instruyó el proceso juntamente
con Mateo Vázquez Dávila, el juez de los bienes confiscados, y quien ejecutó justicia
"atenta la calidat del delito"75. No hace falta imaginar el desenlace de la historia.
que entregase los judíos que tenía presos al asistente para que se hiciese en ellos
justicia82. El trágico desenlace —horca como a delincuentes y no hoguera como a
herejes— vino poco después, según indica la lacónica apostilla de un escribano:
1501. Miércoles, 22 de marzo: "En este día aforcaron en la forca de Tablada ocho
judías e un judío porque entraron en el reino de Castilla sin li^en^ia"83.
L
114 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
María. Después las cosas fueron de mal en peor: “han estado presos en el castillo
de Triana por mandado de los muy reverendos señores inquisidores... e Ies fueron
tomados en la dicha caravela giertos bienes e mercaderías, lo qual todo fue apli
cado a la cámara y fisco”. Sin embargo, y aquí les favorecía la ley, la mitad de
dichos bienes correspondía a sus mujeres en concepto de gananciales.
Agarrándose a esta triquiñuela, los tres mercaderes dieron poder a sus esposas
respectivas para que ellas, por virtud de esa licencia, pudiesen zncornendar a
Juan de Castellón la defensa de sus intereses89. Y así, sin duda, lo ici- on.
I’
EL ÉXODO 115
Notas
1 J. Meseguer, en su excelente visión de conjunto (“El período fundacional", pp. 291-92 y 297),
piensa que hubo una primera huida de judaizantes sevillanos en 1477. No hallo documentos en
qué sustentarlala: "los que han ido a Portogal", en quienes la reina ordenó hacer pesquisa en
1478 (Tumbo, II, p. 217), eran los que habían apoyado al rey D. Alonso en sus pretensiones al
trono castellano. El motivo era político, no religioso.
2 A. BernaJ, Alentarías, XLIV, p. 101.
■’ A.C.S., Scc-Jón I, libro 14, f. 127v. H. Beinart (Zxv conversos, p. 112) señala tres etapas en los
procesos de la Inquisición de Ciudad Real: a) contra los presentes (1483) b) contra los ausen
tes (1484) c) contra los muertos (1485). La fragmentaria documentación impide comprobar si
también hubo esta secuencia en Sevilla, aunque parece muy lógica.
4 Crónica de los Reyes Católicos, II 77 (BAE 1 11, p. 332 a).
5 Esta cifra pasó después a las crónicas de A. de Lebrija (4.000 casas deshabitadas) y de Garibay
(3.000), los dos autores citados por Páramo (De origine, II, tit. 2, cap. 3, p. 140).
6 Esta carra capital ha pasado desapercibida. Publico la parte narrativa de la súplica: Beatissime
pater. Poslquam Jevoli omnes vestri Jobannes Alemán, iuratus, el Jobannes RuJerici, Ardían Aledicineque
doctor, el Jobannes Je Sevilla, pagaJor, el bacballarius Franciscas Ximenes el FerJinanJus Guterij Je Erija
el Peírao Lupi, iuratus, el DiJacus León Je, doctor, et Jobannes Je Casa, secretarias, et Alfonsus Alvari, apot-
becarius, et Aíanuel Je Campo et Jobannes Guteri, licencialus, RoJericus Je Palma, Alartinus Je Aléala et
Jobannes Aloreno et Franciscas el Alvo et DiJacus licencialus et FerJinanJus Je Capaila, DiJacus Je
Cazalia, Jobannes Je Alarcbena, GunJisalvus Je Arcos, Petras Je Gibraleon, FerJinanJus Je Alarcbena,
mapisler Gabriel, Alfonsus FerJinanJi Cemen Jar, Jobannes Je Bivar et Franciscas eius frater, Jobannes Je
Sevilla Nielo, Gomecius Je Ferrera, Jobannes Je Capaila, GunJisalvus Lupi, DiJacus Je Coria, FerJinanJus
Alarlin Je Toldo, DiJacus Je CorJova trapero, Jobannes FerJinanJi notarios, FerJinanJus Je la Barrera,
GunJisalvus GunJisalvi Je Sevilla, FerJinanJus Jet Alpava, Alvaros Petri Je Erija, Jobannes Ximenes pre
tor, Gomecius Je Sevilla, iuratus, LuJovicus Jobannes ¿J<e>? León, Jobannes Je Soria, Jobannes Alvari,
FerJinanJus Cisbon, DiJacus FerJinanJi, mercator, Petras FerJinanJi, siius frater, Franciscas Alarían,
iuratus, Franciscas Cisbon, LuJovicus Je Jaben el eorum uxores et Isvel Gutierii, filia Jicti Jobannis Jocto-
ris, <el> Isvel FerJinanJi, uxor quondam DiJaci Je Arcos, Aqnes Martini, uxor quondam Petri Cansino,
Jobanna Diaz, uxor Alemán Garsie, Elisabeth GunJisalvi, uxor quodam Joannis Lupi, iurati, cuncti
Ispalensis civitalis et diócesis el alii quam plores lilis consortes appellamus ab infinitis pravaminibus, quo
rum nomina el copnomina Sanctilas Vestra Jipnetur habere pro sufficienter expressa eliam si aJ numerum
Jucenlarum personarían aseenJeret, que in decreto presenlium vipore firmo, quotiens opus sit, exprimí pos-
senl. Ipsorum aliquipropter inminentem pestem in dicta civitate et diócesi et aliis de causis a dicta civitate et
diócesi recesserunt. Nonnullis eorum absentibus, ut premittitur, el non iure citalis ñeque vocatis et aliquibus
vocatis quídam frater Alicbael de Morillo etfrater Jobannes de Alartino Soneto asserti inquisitores heretice
pravilatis per serenissimos principes dominas Ferdinandum et Elizabetb, Castelie et Lepionis et Araponum
etc. repem et repinam vipore propriarum litterarum apostolicarum per eandem Sanctitatem Vestram facúl
tate nominandi et deputandi inquisitores sibi concessarum, ut dicitur, nominati una cum quodam Jobanne
de Medina, Decretarían doctore, eorum ut dicitur assessore et associato, ipsis ómnibus a dicta civitate et dió
cesi absentibus, ipsi inquisitores defacto dona omnium prefatorum mobilia et inmobilia que tam in dicta civi-
116 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
tote quani diócesi babebant sequestrarunl el arrestaran! sea seques!rari el arrestarifecerunt el alia fecerunt
el fien mandarunt el multa baña de supradidis vendiderunl. Et etiam post ipsi inquisitores ad ¿nstantiam
Jobannis Lupi del Barca, dictarían assertorum inquisitoriim procuratoris fiscalis, ipsos omnes per preconem
el edictum publicum citarunt el monuerunt ac citan et moneri mandarunt quatenus sub excommunicationis
pena camparerent coram eisdem Ahcbaele de Alonllo, Jobanne de Sancto Aíartino ac dicta Jobanne de
Aíedina doctore in quodam castra de Triaría extra el prope civitatem Ispalensem existente, ubi, ul asserue-
runl, eral locus deputatus per cas ad causas predictas audiendas, ad respondendum accusationi contra eos ins-
truendae et ponendae per dictum Johannem procuratorem fiscalem supra certis criminibus el testimomis
hercsum et alus delictis fidem concernentibus, de quibus dixerunl fuisse et esse eos infámalos . comminando
quod, si non camparerent, pracederent contra eos ad declarationem et celera. Et omnes ¿pe i, habita noticia de
premtssis, sent¿entes propter ea indebite exinde segravari assignatis nonnullis gravaminibus, ’uit pro eorum
parte a tempore noticie de predichs citatione, momtione et aliis ad Sanctitatem Vestram Sandamque Sedem
Apostolicam appellatum et apostoh testimoniales desuper petiti. Et licet, Beatissime Pater, fuisset ut prenul-
titur appellatum, lamen ipsi frater Aíicbael el Jobannes de Sánelo Aíartino asserli inquisitores una cum
dicto Jobanne de Aíedina doctore tn dicta causa de fado procedentes post dictam appellalionem ipsos omnes
dictam excommunicationis sententiam tncurnsse et incidióse licet de fado declararunl titterasque declarato
rias et denuntiatorias contra eos decreverunt cosque tamquam tales et ul tales publicarunl el publice denun-
han mandarunt et pro talibus denuntiati et publica ti fuerunt el etiam contra eos sententias aggravarunt el
reaggravaverunt et alia fecerunt, licet defacto (A.G.S., Patronato real, caja 28, n° 12).
La anticanonicidad de Morillo y San Martín estaría justificada "porque la bula [de creación del
Santo Oficio] daba lugar a semejante interpretación" (J. Mcscguer, "El período fundacional ,
p. 303).
8 El texto de la bula en Llorca, p. 60ss. (cf. especialmente pp. 61-62), Doc. relac. intern., I, p. 216ss.
Cuando el 11 de febrero de 1482 el Papa nombró inquisidores a los dominicos Pedro de Ocaña,
Pedro de San Martín, Alonso de San Ciprián, Juan de Santo Domingo, Juan de Santo
Espíritu, maestros; al licenciado Rodrigo de Segarra, al bachiller Tomás de Torquemada y al
presentado Bernardo de Santa María, repitió las mismas salvedades expresadas en la bula ante
rior (Llorca, p. 63; Doc. relac. intern., 1, p. 390). El 18 de abril de 1482 el Pontífice volvió a hacer
las mismas advertencias a los inquisidores de Aragón (Llorca, p. 67ss.).
9 Para Beinart (Los conversos, p. 55), la bula del 18 de abril de 1482 se refiere no a Aragón, sino "a
Andalucía en general y a Sevilla en concreto".
19 C. Varelay J. Gil, Cristóbal Colón. Textos y documentos completos, Madrid, 1992, p. 497.
11 A.G.S., Patronato Real, caja 28, n° 17. Publicó el texto Lea, Historia, I, pp. 894-95. Su tenor es
el siguiente: Julianas, miseratione divina episcopus Sabinensis, dHedió in Chnsto Francisco Ferdinandi de
Sevilla et Blanco Ferdinandi, eius uxori, ac Flore Aíartini, eiusdem Francisci matn, civibus Ispalensibus
salutem. Sedes apostólica, pia mater et aliorum Christifidelium salute solhcita, libenter vobis illa concedit
per que conscientie paceni et anime salutem Deo propitio consequi valeatis. Nos igitur auctoritate domim
Pape, cuius penitentiarie curam gerimus, el de eius spiritali mandato super hoc vive vocis oráculo nobis fado,
devot 'iani vestre concedimus quatenus Uceat vobis ydoneum et discretum presbiterum secularem uel cuiusvis
ordinis regularem in confessoreni eligere, qui vos et quenlibet vestrum, deleslatís pnus in eius manibus secre
te apostasie secta, superstitionibus et heresis reatibus ac ómnibus bereticis ritibus, etiam si de prenussis dif-
famali, suspecti, convidi, probationibus superad aut per heretice pravitalis inquisitores sen loci ordmanum
vocali el apprebensiac post eorum moniliones deliqueritis aut ex eo quod alios huiusmodi cnminum cómplices
EL ÉXODO 117
non manifedtaveritid cendurid ecclediadticid ¿llaqueati et ut taled publicati ac in eiddem cendurid per annum el
ultra pernianoeritio vel til berelici declarati per denlenliam fuiddetid a til aliad contra vod premiddorum occa-
dione quomodolibet dit proceddum, a dictid decía, duperdtitionibud, reatibud el cendurid ac exceddibud buiud-
modi, etiam di ritud el cerimoniad ludaicad obdervando el ¿liad uel ¿liad aliad docendo et ab orlbodoxefidei cre-
duhlale recedendo alteriiid heredid et apodtatie notam incurreritid, etiam a dententiid excommunionid,
analbcmatizationid ac maledictionid cierne cendurid etpenid in taled lam per proceddud apodtolicod guaní aliid
a aire cham peí inquiditored predictod et dtiod adociatod et ordinariod vel aliid quomodolibet latid et promulga-
lid proptcrprcmidda incurdid abdolvat in forma eccledie conduela et iniungat vobid pro modo culpe penitenciara
dalutarem et. ecrelam ac a vobid omnem infamie maculam omnedque aliad iurid penad, etiam corporid afflie-
tica.-, abolea! et tolaliter remillat ac vod ad communionem Cbridtifidelimn et dáñele matrid Eccledie necnon
umtalem Cal balice eccledie ac in pridtinum et eum dlatum in quo eratid, antequam in predictod exceddud pro-
lapdiJuiddcl'.e. aucloritate et mandatopredictid reponat, reintegret, redlituat el reducat, contradictoredper cen-
durad ecelediadticad auclorilale et mandato predictid compedcat et omnibud iurid remediid oportunid vobid
addidlal. Datum Rome apud Sanctum Pelrum dub digilla officii penilentiarie II Nanad Decembrid
Panlifieatud domini SixtiPape lili anua duodécimo (A.G.S., Patronato real, caja 28, n° 17).
12 El 12 del de 148-4 los reyes ordenaron recoger dichas bulas y devolverlas a Roma para su exa
men por el Papa, "pues es de creer no aver procedido de la mente de Su Beatitud” tamaño desa
guisado (J)oc. relac. inlern., II, p. 121).
1,5 A.G., Patronato Real, caja 28, n° 1; cf. Lea, Hidtaria, I, pp. 723-2-4; J. Meseguer, "El período fun
dacional”, p. 299. El texto de la bula, que no se ha publicado nunca, que yo sepa, es el siguien
te: Sixtud epidcapud, derviid dcrvorum Dei, dilecti* filiid manadterii Beale Alarie de Barrameda per priared
doliligubernari ac deolarid (escrito dcclarid: ¡decularidT) et collegiate eccledie Sancti Salvatorid de Xericia
Idpalendid diacedid prioribud dalutem el apodtolicam benedictionem. Humilibiid dupplicium votid libenter
annuimiid caque favoribud prodequimur opportunid. Exibita diquidem nobid nuper pro parte dilecti filii
Jobannid de Sevilla, laici, et dilecte in Cbridta filie Elionore Fernandi, eiud uxarid, mulierid Idpalendid, peli
llo continebat quod, licet ipdi coniuged Catbalici Cbridtiani dint ac credant omnia el dingula que quilibet f¿de
lid Cbridtianiid credere tenetar et debel el nunquam ad ritum el duperdticianed Ebreorum declinaveri<n>t,
lamen nuper ad eorum noliciam pervenit quod nonnulli qui de in partibud illid pro beretice pravitatid inqut-
ditoribud gedderunt et gerunt in civitate Idpalendi cammaranted ac minad aera {ofciter prolendented eodde/n
conjuged ab orlbodoxe fidei ueritale declinadde et rilad ac duperdticianed Ebraicad abdervodde el in beredim
relapdOd fuiddc, contra eod diiper boc ad inquiditianem dcdcenderunl eadque abdented per editum citatod dub
excommunicalionid late dententie pena ac indeffendod ad indtanciam dilectifilii Jobannid del Barco, laici, pro
procuratore fi<d>ci el fidei de gerentid, berelicikf, relapdOd et excommúnicatod fare per eorum difinitivam den-
tenliam decíararunt, ipdOd deculari curie puniendod relinquented, prout in proceddibud et dententia ipoorum
laliiid dicitur contineri. Cum autem, dicut eadem petitia dubjungebat, conjuged prefatiparad dint coramJudi-
ce non dudpecto de predentare el Judicio acJudticie illiud de dubicere et propter metum ac dcveritatem et crude-
lilatem dictorum ¿nquiditorum coram cid non conparuerinl et a dententia predicta appellare omidderint
(escrito -runt), pro parle dicli Jobannid, adderentid quod ipde computatar redituum dilectifilij nobilid viri
Enrici ducid de Aledina exidtit, nobid fuit bumiliter diipplicatum ut de vita el moribiid ipoorum conjugum et
an ipdi alicuitid beredid labe re<d>perdi (escrito -de) dint vel ne et ad ritud et mored Ebraicod nunquam decli-
naverinl et berelicipredertim relapdi exidtant ac aliad de contentid in proceddu habito contra ei\i et lata dedu-
per condempnalione predicta veritatem inquirí; et di veri ac fideleo et Catbalici Cbridtiani et a veritale ortbo-
doxe fidei minime deviadde et deviare ac nunquam ritud et mored perfidorum Ebreorum dectad<d>e aut declare
118 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
conperti fuerint, eos fideles esse decerni et processum ac condempnationem buiusmodi aboleri mandare añasque i/i
premiosis opportune pnoviden de benignitate apostólica dignareniur, /Va» igilur ipsos coningés a quibusvis excom-
mumcatioms, suspensioms et interdicto atasque ecclesiasticis sentenciis, censuris et penis a ñire velab bonune qua-
i'is alia quam premissorum occasione vel causa latís, quibus forsam quo<modo>libet innodati exislunt, ad presen-
cium dumtaxat consequendum effectum barum serie absolventes et absolutos fore cénsenles, buiusmodi supplica-
tion¿bus indinati discretioni vestre per apostólica scripta mandamos quatenus pa» uel altor vestrum, vocalis dictis
inquisitoribus et Jobanne del Barco ac aliis qui fuerint evocandi, eosdem coniuges, prestita proís per eos caplione
idónea super eo quo excommunicato babentur quod, <si> vobis constiterit buiusmodi exconimunicationis senten-
tiam in eosfore inste latam, vestrio et ecclesie mandatis parebunt, a quacumque exeommtmicalionio sententia(ni}
per eosdem inqu¿sitares contra eos lata ad cautelam, si ut prout iustum fueril, absolvalis ac causam ¿nnocentie dic-
torum conjugum auloritate nostra audiatis et apellatione remota fine debito termine!¿s el decida tic, facientes quod
decreveritL per censurani ecclesiasticamfirmiler observan, non obstantibus premiosis sententia et obnussione appe-
Uationio ab ea necnon constitutionihus et ordinationibus apostolicis ceterisque contradi’ quibuocumque, aut si
inquisitoribus et Jobanni del Barco predictis uel quibusvis aliis communiter uel divisim a Sede Apostólica indul-
lum existat quod interdici, suspendí vel excommunicari non possunt per Hileras apostólicas non facientes plenam
et expressam ac de verbo ad verbum de indulto buiusmodi mentionem. Datum Borne apiló Sanctum Pelrtim anno
incamalionis dominico millesimo quadringentesimo ocloagesimo primo, quinto Ydus Febroaris, pontificalus nos-
ir* anno undécimo. Sorprende no poco lo temprano de la bula: 9 de febrero de 1481.
14 A.G.S., Patronato real, caja 28, n° 12.
15 A.C.S., Sección I, libro 3, f. 103r.
16 A.C.S., Sección I, libro 3, f. 115ry 115v.
17 A.C.S., Sección I, libro 3, f. 116r.
18 Lea, Historia, I, p. 727.
19 A.C.S., Sección I, libro 4, f. 15ry 15v.
20 Llorca, p. 73ss.; Lea, Historia, I, p. 268ss.
21 Llorca, p. 76ss.
22 Llorca, p. 84.
23 Al problema de la apelación dedicó un capítulo Lea {Historia, I, p. 721ss.).
tenido quejas bien fundadas contra él, ha redactado cierta bula”']). Reproduzco el texto latino
para que todos lo puedan consultar a placer: Nuperrime vero, cum nonulliex huiiunwdi inquisitis hic
apud nos multa crudelia exponerent que in eis ficri dicebant et suppliciter a nobis ut ele aliquo remedio provi-
deretur postularent, moti misericordia ordinavimus quandam bullam ad futuram rei memoriam, quam dili-
genter examinandam nonnullis commiseramus. Cum autem indigeat adhuc acuratioriexaminatione et non-
dum sccundum mentem riostra ni digesta sit, ordinavimus et mandavimus illam retineri et ad nos stalini
remití i, ut maturáis etiam possit consultan. De quo voluimus maiestatem tuam certiorem /acere, ut quid
arca boc acta s er deliberatum per nos sil intelligeret. Acertó Lea, como solía {Historia, I, pp. 725-26).
29 Llorca, p. 106ss.
50 Tomó posesión el 31 de agosto de 1485 (A.C.S., Sección I, libro 3, f. 37r).
31 A.C.S., Sección IX, c. 179, n° 18.
32 Cf. S. Mitr?.n; Samarían, “Un typographe juif en Espagne avant 1482 ”, Róvue des Études Jueves,
LIV (1907) 246ss.
33 Cf. P. León Tollo, Judíos de Toledo, I, p. 275.
34 Señala F. del Pulgar {Crónica de los Reyes Católicos, II 77 [BAE 111, p. 332 a]; y, siguiéndolo, como
acostumbra, Lucio Marineo Sículo, pero añadiendo el reino de Navarra [De rebus Hispaniae
memorabilibus, XIX 21]), que muchos conversos huyeron a Portugal, otros a Italia, a Francia y
a otros reinos. Desde Sevilla, sólo cabían dos salidas rápidas: Portugal o el mar (África o Italia).
35 A.C.S., Sección I, libro 14, f. 178r.
36 A.P.S., V 3214, f. 2r.
37 La identificación de Juan de Sevilla entre sus muchos homónimos la hace posible, a mi juicio, la
cédula dada por los reyes el 3 de febrero de 1495 a Diego López, el marido de Catalina López,
hija de Juan de Sevilla y de Beatriz Sánchez (A.G.S., Sello, II, 1495, n° 15): en ella se narran las
peripecias de Catalina que expongo en el texto.
38 Sobre Diego López de Sevilla cf. Sello, II, n° 348 (p. 48); Tumbo, II, p. 196.
39 García de Rcsende, Cancioneiro geral, Lisboa, 1516, f. LXXXIIIr (corrijo el lusimo "pera” por
para en el v. 5); edición de Lisboa, 1973, II, p. 296.
40 Verosímilmente Pedro; el texto dice alter eorum, no los dos.
41 Llorca, p. 170ss.; cf. Llórente, Historia, I, p. 192.
42 Llorca, p. 175ss.
43 Cf. el texto de las sentencias de Isaac y Yo^é Abrabanel, huidos, publicadas por A. Braancamp
Freire en Archivo histórico portuguez, II (1904) 31ss., 346ss.
44 Sentencia contra D. Fernando, publicada por A. Braancamp Freire, Archivo históricoportuguez, III
(1904) 444ss.
45 A. de la Torre, Doc. relac. intern., II, n° 130 (p. 116).
46 Cf. A. Braancamp Freire, Archivo históricoportuguez, VI p. 31ss.
47 P. León Tello, Judíos de Toledo, II, n° 1397 (p. 502), cf. I, p. 509ss. Abrabanel, el padre de León
Hebreo, residió en Castilla hasta 1492 {ibidem, n° 1590 [p. 569]; 1611 [p. 575]; I, p. 354, n. 28).
48 Llorca, p. 132; Llórente, Historia, I, p. 204. Según Lea {Historia, I, p. 286), la bula se expidió
como consecuencia del asesinato del inquisidor Arbúes (1485).
49 Archivo históricoportuguez, III, p. 315 (año 1497); 472 (año 1496). Juan Brandáo (m.ya en 1501),
"contador de fazenda” en Oporto, fue nombrado “recebedor no Porto do dinheiro dos Judeus
castelhanos das seiscentas casas e oito cruzados” (A. Braamcamp Freire, "María Brandoa, a do
I
120 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
Crisfal , Archivo históricoportugués, VI [1908] 297-98). Samuel Cisque (Consolaban!, 1908, III 27,
citada por Braancamp), recuerda cómo "a moor parte [de los judíos castellanos] se veo a
Portugal acordándose seiscentas casas com elrey dom Joáo segundo daquellc nome em dous
cruzados cada pessoa que no reino entrasse”.
La brevedad del texto y su interés me animan a publicarlo íntegro: “Por razón de la Inquisición salie
ron algunas personas d estos reinos al reino de Portugal, los quales siguieron en Roma sus causas
e dizen que ovieron absolución del Santo Padre. Desean benir a estos reinos a su naturaleza, y
dizen que, si Sus Altezas son d’ello serbidos mobidos a misericordia et, aunque tengan las dichas
sentencias, los quieren admitir para que los padres de la Inquisición los resciban e les den peni
tencias saludables, e con esto dándoles Sus Altezas seguro para que libremente puedan venir e
entrar e tratar e estar de bivienda en estos sus reinos, que ellos serbirían a Sus Altezas con siete mil
ducados ciento c cinquenta casas que han quedado en Portugal porque tenían esta dicha absolución
del Santo Padre; que los que no la tenían todos fueron echados del dicho reino por mandado del
rey de Portugal que agora murió ”. En las espaldas del documento se lee: “El capellán Pineda sobre
los conversos que están en Portugal" (A.G.S., Patronato real, caja 28, n° 4). Sobre las medidas de
D. Juan II contra los judíos castellanos cf. J. Lúcio de Azevedo, H'istória, p. 23ss.
51 A.H.N., Inquisic., libro 574, 8v; cf. para otras personas más f. 17v, 66v.
52 A.H.N., Inquisic., libro 245, f. 15r; con este motivo Carlos I envió el 23 de mayo de 1528 una
carta a D. Juan III, pidiéndole que entregara Ordás a la persona que enviasen a tal electo los
inquisidores (publicada en As gavetas da Torre do Tombo, Lisboa, 1974, X, p. 616). Otras veces los
presos fueron portugueses: el 12 de febrero de 1529 se escribió al rey de Portugal, pidiéndole
que devolviera a Gonzalo Rodrigues, vecino de Évora y de Moncaraz, y a Jorge Dias, vecino
de Lisboa, que estaban presos en la cárcel de la Inquisición por el delito de la herejía y que se
habían escapado de la cárcel (A.H.N., Inquisic., libro 245, f. 13v).
00 No me resisto a presentar como paradigmático el caso de Fernando Núñez, que salió en el auto cele
brado en Sevilla el 14 de noviembre de 1574. Fernando, hijo de Enrique Fernández, Papatocinos,
mercader, natural de Lisboa, de 21 años, "descendiente de judíos de todas partes, fue testificado por
un testigo de que, aviendo sus padres huido de Portugal porque judaizavan, aportaron con todos
sus hijos a Ferrara, adonde bivio con los dichos sus padres judaizando y guardando la ley de
Moisén. Y siendo preso, en la primera audiencia que con él se tubo lo confesó ansí; y que allí sien
do mochacho de diez años le retajaron y pusieron por nombre de judío David, y guardava las
Pascuas, fiestas y ayunos de los judíos y vestía camisa limpia y vestidos mejorados las fiestas que
ellos, y esperava la venida del Mesías; y que creía y tenía todo lo que los demás judíos, como su
padre se lo avía enseñado. Fue admitido a reconciliación en forma de confiscación de bienes y hábi
to y cárcel por tiempo de tres años en la parte y lugar que le fuere señalada para que allí sea ins
truido en las cosas de nuestra santa fee cathólica” (A.H.N., Inquisic., legajo 2075, n 5 ff. 2-3).
54 A.P.S., IX 1491 (= 17417 parte 3), f. 6r. Catalina dejó por heredera a Guiomar Gil.
55 A identificar tal vez con S 1494 n° 588, 735, muerto ya en 1494; pero este Pedro de Cuenca esta
ba casado con Catalina Sánchez.
56 Vivía en la calle lisboeta de Matapuercos, en la casa de María Dias, probablemente su suegra o
su cuñada.
57 A.P.S., III 1508, 2 (= 1507), f. 984r. El 23 de setiembre de 1508 le pagó 2.000 mrs., mujer del
•’S A.P.S., I 1528, 5 (= 33), f. 989r y 993v. Como su tío Diego López, su tutor en Sevilla, había
muerto hacía poco, le dio asimismo poder a Leonor de Mesa para pedir el testamento y ver si le
había dejado alguna manda. Leonor era vecina de Sevilla en la colación de San Vicente, pero
residía en Lisboa.
59 A.P.S., XX 1521 (= 13452), f. 192.
60 A.P.S., I 1529 (= 36), f. 144v.
61 A.P.S., I 1527, 2 (= 30), f. 942r.
62 A.P.S., I 1528 (= 33). f. 590r.
65 A.P.S.. IX 1503 (= 17429), s.f.
64 A.P.S.. IX 1503 (= 17429), s.f.
65 A.P.S., I 1534 (= 46), al 15 de mayo.
66 A.P.S.. 1 1528, 4 (= 34), f. 108v. Otros comerciantes tuvieron factores en las islas de los /Yzores.
Así Francisco de Herrera, vecino de la isla de San Miguel, enviaba pastel a su hermano Alonso
de Hcrrcr: . vecino de Baeza (A.P.S., I 1528, 4 [= 34], f. 225r).
67 Fernando de la Fuente, que acostumbró a fletar naves a Lisboa, tuvo frecuente trato comercial
con Portugal. Francisco Núñcz, mercader de Lisboa, le envió corambre y mercadería en el
navio San Vicente el 13 de enero de 1529 (A.P.S., I 1529, al 29 de enero).
68A.P.S., I 1532 (= 41), s.f.
69 Había formado compañía con /Xlonso de Nebreda y Juan de Haro, en la que los primeros habían
metido 5.000 ducados, él 1.000, yendo todos a tercias. En caso de fallecimiento, la herencia
habría de ir a Pedro Pardo (A.P.S., I 1535 [= 49], s.f.).
70 P. Peragallo, "Carta de El-Rei D. Manuel ao Rey Catholico narrando-lhe as viagens portugue
sas á India desde 1500 até 1505", con un apéndice con la "Rela^áo analoga de Lunardo Cha
Mcsscr c dos documentos de Cantino e Pasqualigo”, Centenario do Dejcobrimcnto de America,
Aíemoriao da Commmioodo Portuguesa, Lisboa, 1892, p. 68.
71 Así lo indica Cataldo Sículo en su carta tremenda al judío Próspero, en que tachó a los suicidas
de “mártires de Satanás": "muchos valientes y magnánimos circuncisos, a fin de no alcanzar la
gloria eterna... degollaban primero a su mujer y a sus hijos y, una vez degollados, para que no
partiesen sin compañía, se anudaban al cuello una soga y se colgaban de una viga: bellísimo
espectáculo" (Cataldo Parióio Siculo. Epistolar et orationeo, edición facsímil, Coimbra, 1988; es la
penúltima carta del libro primero). La propuesta de Cataldo era drástica: despellejar a los rabíes y
clavar su piel, montada en paja, en las almenas de las torres más altas. Otra crítica a los judíos,
sin que viniera a cuento, le salió en una carta al padre Martín, su confesor. Y en su alabanza de
D. Manuel, puesta en boca del conde de Alcoutim Pedro de Meneses, volvió a insistir en la pie
dad regia: lo primero que hizo el monarca al subir al trono fue expulsar a los judíos (“¿dije
‘expulsar? No los expulsó, sino que les permitió marchar").
72 Un crimen semejante tuvo lugar en Fregenal: un hijo de Catalina la Bogaza, condenada por la
Inquisición, mató a dos beatas a las que culpaba de la sentencia dada contra su madre y huyó tam
bién a Portugal (A.H.N., Inquisic., libro 243, f. 128v, 128-130, 149v). Antes, en 1489, se había refu
giado en Portugal el jurado de Fregenal Ruy García, también acusado de herejía (Tumbo, V, p. 124).
73 A.H.N., Inquisic., libro 242, f. 216v; cf. Lea, Historia, II, p. 450.
7A En otros casos los reos fueron devueltos a la Inquisición de origen. Así ocurrió en un escándalo
sucedido en Córdoba que motivó otra carta de D. Fernando a D. Manuel (Sevilla, 31 de enero
122 LOS CONVERSOS Y L/\ INQUISICIÓN SEVILLANA
de 1502): "De pocos días aquá se han descubierto en la ciudat de Córdova muchas hercgías... e
procediendo los inquisidores [especialmente Lucero] en aquella ciudat contra los culpados, diz
que se fuyeron a esse vuestro reino Alfonso Fernández, herrero, y Fernando de Córdova, bor-
zeguincro, e su mujer Elvira; e por ser éstos personas muy notadas e infamadas del dicho deli
to, e que induzían a otros a judaizar e en especial la dicha Elvira, los dichos inquisidores enbia-
ron hun alguazil en pos d ellos; e diz que los prendió estando ya en esse vuestro reino, c que
posieron esta diligencia porque fuera mucho daño e escándalo si se escondieran e luyeran sin
venir a poder de los dichos inquisidores; e que, a esta causa, ni el alguazil tovo ticnpo de llevar
carta nuestra ni de ir a vos antes de prender las dichas tres personas para ha cer licencia vues
tra para ello, con confianza que, siendo vos príncipe tan cathólico, no se daría inp- limento en
cosa que tocare al exerip^io d’este Santo Offi^io. E porque los dichos inquisidores nos han escri
to que, antes de otorgar la ligen^ia para traher los dichos presos, queréis que se nos cnbíen las
informaciones que tienen contra ellos, y esto sería grande inconviniente c daría mucho inpedi-
mento al dicho Santo Offi^io, e tanbién quedando ellos en su error e pertinacia sin punición e
castigo sería Dios muy deservido, por ende a Vuestra Serenidat affettuosamcnte rogamos que,
por haver esto respecto a la honra de Dios, vos plega proveer e mandar que los dichos presos...
sean entregados a la persona que los dichos inquisidores enbían para que los buelva a Córdova,
donde cometieron los delitos” (A.H.N., Inquisic., libro 242, f. 255v).
'5 Cédula dada en Granada el 22 de enero de 1501 (A.H.N., Inquisic., libro 242, f. 251r). Cf. J.
Meseguer, "El período fundacional", p. 391 n. 276.
'6 A.H.N., Inquisic., libro 242, f. 89r, cf. Lea, Historia, II, p. 213.
" No sé si es el hijo o el sobrino. Sobre esta familia cf. lo que dije en "Marinos y mercaderes en
Indias (1499-1504)", p. 341ss., 353.
78 En efecto, el 8 de noviembre de 1499 el Consejo General de la Inquisición decretó confiscación
de bienes para los patrones, mercaderes y capitanes que pasaran conversos allende el mar
(A.H.N., Inquisic., libro 572, f. 42r; cf. Lea, Historia, I, pp. 205-06).
/9 A.H.N., Inquisic., libro 572, f. 56v. Editó la cédula J. Meseguer, "Fernando de Talavera,
Cisneros y la Inquisición en Granada" en J. Pérez Villanueva, La InijuÚHcúín, pp. 390-91.
80 A.H.N., Inquisic., libro 242, f. 236v.
81 A.H.N., Inquisic., libro 242, f. 252r.
82 A.H.N., Inquisic., libro 242, f. 266v.
83 A.P.S., XV 9101, f. 168r.
84 A.H.N., Inquisic., libro 242, f. 239r.
85 Carta dada en Nápoles el 6 de diciembre de 1506 (A.H.N., Inquisic., libro 243, f. 412v, 420r).
En 1542 se prendió a otros portugueses en Alicante que huían a Roma (A.H.N., Inquisic., libro
574, f. 104r).
86 Una notable relación ofrece Andrés Bernal, Memorias, 206 (p. 503ss.): su informante fue un
dominico testigo de la tragedia, el maestro Miguel de Nájera.
87 A.H.N., Inquisic., libro 243, f. 412v.
88 A.H.N., Inquisic., libro 243, f. 328r.
89 A.P.S., I 1517, 2 (= 17), f. 579v. Firmó sólo "Gómez de Toledo, mercador", que parece estar
emparentado con S 1494 n° 276. Los otros dos también parecen conversos sevillanos.
IV. CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DEL ESTABLECIMIENTO
DE LA INQUISICIÓN
1. La Iglesia de Sevilla
La medida, por muy bien que casara con la política que se quería llevar a
cabo, levantó una oleada de quejas, y no precisamente entre los conversos. Una
de las primeras instituciones en protestar por el embargo fue la propia Iglesia
de Sevilla, acaudillada por el cardenal de España, su arzobispo, y el cabildo
eclesiástico. Los motivos de las reclamaciones saltan a la vista. El caso más san
grante era el del propio receptor. Pedro Fernández Benadeva, antes de la con
dena, había obligado e hipotecado todos sus bienes muebles y raíces a la mesa
arzobispal y capitular, en fianza de los muchos dineros que les debía a los pre
bendados de sus rentas y beneficios; luego era ya el cabildo quien había toma
do posesión de los mismos, constituyéndose, por tanto, en su legítimo propieta
rio. No obstante, sin respetar su derecho, el licenciado Lobón embargó los bie
nes de Benadeva y de otras muchas personas condenadas que se habían ausen
tado de la ciudad. No paraban ahí las cosas. Para gran indignación y disgusto
de la Iglesia sevillana, Lobón, un hombre estricto que quería demostrar a los
reyes su eficacia, no permitió que el cabildo alquilase de nuevo las casas arren
dadas a los huidos, alegando que antes las había de arrendar él por el tiempo
que las habían disfrutado los ausentados, sin duda para resarcir de la pérdida
al fisco regio. Resultado: "diz que las dichas casas están agora sin moradores e
que no rentan cosa alguna e se pierden e se destruyen, porque no ay quien las
repare".
La reclamación de la Iglesia hispalense —y sobre todo del cardenal de
España— no cayó en saco roto. El 22 de octubre de 1481 los reyes ordenaron a
Lobón que, tras averiguar las cuentas, pagase al cabildo eclesiástico y al arzobis
po las sumas que les debían los condenados. Del febril papeleo que, para ganan
cia de escribanos, se hubo de producir con motivo de esta devolución, apenas per
viven míseras briznas. El único caso que conozco es la liquidación hecha al car
denal de España D. Pedro González de Mendoza, representado por el canónigo
Pedro Espíndola en virtud de un poder dado en Barcelona el 1 de octubre de
1481. El 24 de abril5 de 1482 Lobón, ya en su calidad de receptor y pesquisidor
mayor de los bienes pertenecientes a la cámara y fisco por razón de la herética
pravedad, levantó el embargo sobre los bienes de algunos conversos para satisfa
cer las cantidades que éstos debían al cardenal por el pan tomado tanto de villas
y lugares del arzobispado como de los alfolíes de la ciudad hasta el año de 1480.
Plegándose a los deseos del cardenal, Lobón hizo otro alzamiento del embar
go el mismo día 24 de abril de 1482. Entonces aparecieron nuevos nombres y otro
tipo de deudas, las producidas por las quiebras en las alcabalas de rentas:
de Cantillana) 32.640
—Juan de Barrasa (bienes de Brenes de 1480) 10.400
-Juan Álvarez, mercader (vino de Rianzuela de 1480) 2.250
126 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
Yo, el bachiller Matheo de la Quadra, e Matheo Sánchez, notario, juezes comisarios por
el honrado señor litjencpado Fernandiáñez de Lobón, regebtor de los bienes confiscados
a la cámara del rey e reina, nuestros señores, por razón de la herética pravidad, fazemos
saber a vos, el jurado Pero López e Juan Díaz de Qea e Ruy González de Solúcar e
Rodrigo de Palma, tendalero, e Rodrigo Jorje e Diego, aljofarero, e Diego de la Torre,
hijo del mayordomo Juan de Sevilla, e al jurado Fernando Qisbón e Femando de París
e Pedro de Mansilla e Gómez de Córdova e vuestra madre e Juan Fernández del
Consistorio e Femando de Córdova e Juan de Córdova de la Balanga e Gonzalo
Rodríguez de Guadalcanal e Juan de Sevilla, pagador, e Diego de Sevilla, yerno de
Benito de Torralva, et Femando Rodríguez Qisbón e Alemán Pocasangre e a cada uno
de vos que por parte del reverendísimo señor cardenal de España, arzobispo de Sevilla y
obispo de Qigüen^a, nos es mostrado e fecha relación en cómo vos e cada uno de vos avéis
e sois obligados a pagar pierias contías de mrs. de ciertas rentas e otras cosas, e nos pidie
ron que de vuestros bienes le mandásemos dar e pagar lo que así es devido e vos pusié
semos término en que pares^iédes ante nos a pagar los tales mrs. que así devéis aver rema-
tamiento de pierias casas e otras heredades vuestras que ante nos andan en el almoneda,
E nos, queriendo en ello proveer en la forma qu’el dicho quiere, mandamos dar e dimos
esta nuestra carta para vos e cada uno de vos, por el thenor de la qual vos requerimos e
llamamos que, del día e ora que esta nuestra carta vos fuere
amonestamos e pitamos e
CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DEL ESTABLECIMIENTO DE LA INQUISICIÓN 127
leída o entimada o fuere puesta e fixa a las puertas del Perdón d’esta Iglesia fasta tres
días8, los primeros siguientes, que vos damos por todos términos, parescades ante nos <a>
aver rematamiento de los dichos bienes e heredades que así andan en la dicha almoneda.
E non paresgiendo, vuestra absenta avida por presencia, mandaremos fazer remata
miento de los dichos bienes e heredades e de su valor faremos pago al dicho reverendísi
mo señor cardenal de sus debdas que así lo son devidas, e procederemos en la cabsa según
falláremos por derecho, e mandamos que esta nuestra carta sea puesta por edito a la puer
ta de! Perdc.n d’esta Iglesia, porque venga a vuestra noticia e no podáis pretender ino
rancia. Fe-cha a veinte e ocho días de enero de mili e quatrogientos e ochenta e dos años.
—La heredad de Fernando Suárez en el asistente Merlo por 75.100 mrs. con cargo
de gallinas (7 de diciembre).
—las casas de Albaida en el deán Juan Arias por 15.008 mrs. (7 de diciembre).
—el esclavo Cristóbal en el mayordomo Juan de Lugo por 12.000 mrs. (14 de diciembre),
—cierto lienzoy un Breviario-, fueron pedidos al fiscal de la Inquisición (4 de enero de 1482).
—una casa en la Pajería; reparada, fue alquilada a Francisco Pérez (4 de enero).
—un negro por 10.000 mrs. en el arcediano de Écija (9 de enero).
—un tributo de 400 mrs. en tierras de Triana en Antón de Segovia por 4.010 mrs.
—dos aranzadas de viña en los caños de Carmena en Juan de Lugo por 14.027 mrs.
(18 de enero).
—el esclavo Cabrera (mandado sacar en venta el 18 de enero).
—un esclavillo en Juan de Lugo por 8.000 mrs. (21 de junio).
—el cortijo de Cantillana fue inspeccionado por los canónigos Agustín Espíndola y
Alonso Moreno a partir de mediados de agosto de 1482. Se hizo un acuerdo de venta,
que finalmente se deshizo el 27 de noviembre. Se dió finalmente a Pedro Fernández
de Córdoba (cabildo del 29 de noviembre y 4 de diciembre). Pedro del Alcázar y
socios le pusieron pleito al cabildo por el cobro de la alcabala de dicho cortijo; el 1 de
julio de 1485 el cabildo nombró procuradores al deán, D. Juan Arias, y al canónigo
Pedro de Toledo para llegar a una iguala con Pedro del Alcázar y sus compañeros 1‘>.
Quanto a lo que suplicastes a Su Alteza quiera mandar a Luis de Mesa que pague a
la dicha Santa Iglesia y fábrica e personas singulares d’ella las debdas que diz que
se les deven de las personas condempnadas e reconciliadas e absentadas por razón
de la Ynquisi^ión, diréis que a Su Alteza plaze de mandar proveer en ello por mane
ra que lo que justamente se les deve pagar se les pague20.
del cual tributo el matrimonio había dado ya 11 cahíces de pan terciado en un dona
dío en término de Gerenay 2.500 mrs. en una casa en la collación de San Miguel. Con
la venida de la Inquisición el matrimonio había volado. Y ahora, confiscados los bie
nes de Juan Fernández y arrendada la heredad por parte de los reyes, ¿qué iba a ser
de la renta y, por tanto, del sustento de la comunidad? El 1 de agosto de 1482 expu
so estas razones al receptor el muy reverendo padre fray Pedro de Córdoba, prior del
convento de San Jerónimo de Buena Vista y administrador de Santa Paula, pidien
do el uso de ! heredad para las monjas así como el disfrute para siempre de aquel
adela. no de cahíces y 2.500 mrs. de tributo. Tras los dimes y diretes de rigor, el
licenciíido Locón pidió a fray Pedro de Córdoba y al licenciado Pedro Sánchez del
Alcázar, que asistía al prior, que tomasen el caso sobre sus conciencias y lo pusiesen
por escrito; y conseguido este papel, sin causar perjuicio al derecho de Juan de Sevilla
y su mujer, dejó a las monjas la heredad, desembargándola para que el convento
cobrara de sus frutos el censo y tributo que le correspondía; en efecto, no quiso car
gar a los reyes con el pago de la renta anual y se negó a conceder además los dichos
11 cahíces y censo, cosa que le "pares^ía llevar camino de logro, en grande cargo de
consciencia para la dicha priora y monjas”. Vanas fueron las protestas del priorjeró-
nimo, muy temeroso de las negativas consecuencias que podría tener para el conven
to una recesión económica: “por cuanto se esperava que en los años venideros la dicha
heredad valdría mucho menos de renta, por las turbaciones que en esta dicha gibdad
avían ocurrido así por la pestilencia como por la Santa Ynquisición”28.
2. La ciudad
Los libros de cuentas del cabildo secular permiten medir el profundo alcance que
tuvo en la economía municipal la primera desbandada de los cristianos nuevos29. Por la
Virgen de agosto de 1481 venció el plazo de pagar al tesorero de la Hermandad, García
del Castillo, una fuerte suma de 2.900.000 mrs. Para obtener ese dinero se habían fija
do ciertas exacciones extraordinarias que teóricamente hubiesen estado encargados de
cobrar los mayordomos de la ciudad cesados. Se dio el caso, sin embargo, de que
algunos de los arrendadores, en quien los dichos mayordomos libraron al dicho teso
rero de la Hermandad ciertas contías de mrs. en cuenta de los dichos dos cuentos e
nuevecientos mili mrs., fizieron quiebra en las rentas que tenían, en contía de noven
ta mili e quinientos e sesenta e siete mrs.
152 LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA
Por tanto, el cabildo decidió que sufragasen tal cantidad a medias los mayor
domos de su bolsillo (esto es, 45.283 mrs. cada uno), por considerarlos culpables
en última instancia de la falta de pago, y ello “por no aver tomado las fianzas que
devían . Tampoco la suerte sonreía a los mayordomos anteriores, Alemán y Jaén,
que ya estaban presos en el castillo de Triana. Por esta razón se libró una carta
de pago a Pedro Núñez de Guzmán, teniente de alguacil mayor, para que diese
los dichos 45.283 mrs. de los dozientas mili mrs... enbargados d_ los bienes del
dicho Alemán Pocasangre , y otra al tesorero veinticuatro Luis de Medina, como
secuestrador de los bienes de Tomás de Jaén, para que hiciese !<> mismo con los
bienes retenidos a éste último. Las dos cartas de pago llevan fecha de 5 de junio
de 1482^0.
La quiebra alarmó profundamente al concejo que, imposibilitado de pagar
tan enorme suma a la Santa Hermandad, suplicó a los reyes que atemperaran el
rigor del licenciado Lobón, que no dejaba salir un maravedí de los bienes embar
gados. Así lo hicieron el 16 de setiembre de 1482 los monarcas, ordenando a su
receptor que administrase a la ciudad “entero conplimiento de justicia”31. El 30 de
setiembre de 1482 fue enviado a Sevilla un vecino de Valladolid, Martín de Soria,
para hacer relación cumplida de las rentas y alcabalas que se habían dejado de
pagar en Sevilla y su tierra así como en el condado de Niebla y Écijay averiguar
quiénes habían sacado aceite en 1481 y 1482 del Aljarafe32.
El 5 de noviembre de 1482 los mayordomos Juan de Sevilla y Tomás de Jaén
consiguieron que se les tomaran en cuenta 126.070 mrs. resultantes de la quiebra de
Juan de Herrera, en quien se había rematado en 1481 la renta de las imposiciones
de la ciudad sin contar las seis villas —de ellas se hablará más abajo—, arrendador que
“se absentó e fue d’esta £Íbdad,,33y que, curiosamente, no figura en la lista de esca
pados transcrita más abajo, como tampoco quedan registrados en ella otros perso
najes que consta por otras escrituras que pusieron asimismo pies en polvorosa.
Para entonces la situación era ya crítica. El nuevo mayordomo Juan de
Sevilla se vio forzado a presentar por medio del escribano Alonso García de
Laredo una petición al cabildo secular el lunes 2 de setiembre. En ella exponía
cómo la última pestilencia de 1481 había causado graves daños a la ciudad, casti
go evidente de Dios a los gravísimos pecados de sus moradores; pero a la mor
tandad se unía otro serio motivo de preocupación, debido éste a otras razones más
humanas; en este punto conviene dejar la palabra al propio hacendista para que
nos explique que su preocupación provenía
CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DEL ESTABLECIMIENTO DE L/\ INQUISICIÓN 133
por cabsa del absentamiento que d'esta £Íbdad e de su tierra se fueron los conversos
por la Inquisición que en esta (Jbdad se fizo e faze contra ellos, los cuales dichos
conversos eran los principales arrendadores que arrendavan e acostunbravan arren
dar las dichas rentas, en tal manera que a causa suya se saneava el cargo del dicho
mayordomazgo; pero después que ellos se fueron e absentaron, todas las más de las
dichas rentas se perdieron, especial en el cuerpo d’esta cibdad, segund a todos está
notorio. E no tan solamente perdiéronse54 las dichas rentas, mas de lo que me de vían
me nevaron grandes contías de mrs., en tanto grado que doy fe a vuestra merced [el
asistente de Sevilla] que más de ochocientas mili mrs. me levaron; e de más se pier
de en cada un año más de quinientas mili mrs. en este dicho mayordomazgo.
Pedía por todo ello Juan de Sevilla que, usando de misericordia y piedad,
los regidores se comportasen con él como padres con sus hijos, prestándole la
ayuda que merecía por sus grandes servicios a la ciudad. Fueron encargados de
hacer información al respecto el alcalde mayor Martín Fernández Cerón y el
veinticuatro Diego de Fuentes, información que, acompañada de un escrito de
Juan de Sevilla, fue leída al cabildo, reunido el 20 de setiembre de 1482. En ella
el mayordomo volvía a presentar las mismas consideraciones. En primer lugar,
los arrendadores que arrendavan estas rentas heran conversos e ellos e sus padres las
solían arrendar e mantener en ellas, e porque los mayordomos les sobreseían las puja-
van; e así ivan de un año en otro e hera propio su ofici° e bevir. E agora ay pocos que
en ellas fablen, porque no son onbres en ello usados como los absentes heran.
Por tanto, el cabildo decidió que sufragasen tal cantidad a medias los mayor
domos de su bolsillo (esto es, 45.283 mrs. cada uno), por considerarlos culpables
en última instancia de la falta de pago, y ello ‘ por no aver tomado las fianzas que
devían’. Tampoco la suerte sonreía a los mayordomos anteriores, Alemán y Jaén,
que ya estaban presos en el castillo de Triana. Por esta razón se libró una carta
de pago a Pedro Núñez de Guzmán, teniente de alguacil mayor, para que diese
los dichos 45.283 mrs. “de los dozientas mili mrs... enbargados de los bienes del
dicho Alemán Pocasangre”, y otra al tesorero veinticuatro Luis de M dina, como
secuestrador de los bienes de Tomás de Jaén, para que hiciese lo mismo con los
bienes retenidos a éste último. Las dos cartas de pago llevan fecha de 5 de junio
de 148230.
La quiebra alarmó profundamente al concejo que, imposibilitado de pagar
tan enorme suma a la Santa Hermandad, suplicó a los reyes que atemperaran el
rigor del licenciado Lobón, que no dejaba salir un maravedí de los bienes embar
gados. Así lo hicieron el 16 de setiembre de 1482 los monarcas, ordenando a su
receptor que administrase a la ciudad “entero conplimiento de justicia”31. El 30 de
setiembre de 1482 fue enviado a Sevilla un vecino de Valladolid, Martín de Soria,
para hacer relación cumplida de las rentas y alcabalas que se habían dejado de
pagar en Sevilla y su tierra así como en el condado de Niebla y Écijay averiguar
quiénes habían sacado aceite en 1481 y 1482 del Aljarafe32.
El 5 de noviembre de 1482 los mayordomos Juan de Sevilla y Tomás de Jaén
consiguieron que se les tomaran en cuenta 126.070 mrs. resultantes de la quiebra de
Juan de Herrera, en quien se había rematado en 1481 la renta de las imposiciones
de la ciudad sin contar las seis villas —de ellas se hablará más abajo—, arrendador que
“se absentó e fue d'esta ^ibdad'^y que, curiosamente, no figura en la lista de esca
pados transcrita más abajo, como tampoco quedan registrados en ella otros perso
najes que consta por otras escrituras que pusieron asimismo pies en polvorosa.
Para entonces la situación era ya crítica. El nuevo mayordomo Juan de
Sevilla se vio forzado a presentar por medio del escribano Alonso García de
Laredo una petición al cabildo secular el lunes 2 de setiembre. En ella exponía
cómo la última pestilencia de 1481 había causado graves daños a la ciudad, casti
go evidente de Dios a los gravísimos pecados de sus moradores; pero a la mor
tandad se unía otro serio motivo de preocupación, debido éste a otras razones más
humanas; en este punto conviene dejar la palabra al propio hacendista para que
nos explique que su preocupación provenía
CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DEL ESTABLECIMIENTO DE LA INQUISICIÓN 133
por cabsa del absentamiento que d’esta $ibdad e de su tierra se fueron los conversos
por la Inquisición que en esta gibdad se fizo e faze contra ellos, los cuales dichos
conversos eran los principales arrendadores que arrendavan e acostunbravan arren
dar las dichas rentas, en tal manera que a causa suya se saneava el cargo del dicho
mayordomazgo; pero después que ellos se fueron e absentaron, todas las más de las
dichas rentas se perdieron, especial en el cuerpo d’esta cibdad, segund a todos está
notorio. E no tan solamente perdiéronse*54 las dichas rentas, mas de lo que me devían
me llevaron grandes contías de mrs., en tanto grado que doy fe a vuestra merced [el
asistente de Sevilla] que más de ochocientas mili mrs. me levaron; e de más se pier
de en cada un año más de quinientas mili mrs. en este dicho mayordomazgo.
Pedía por codo ello Juan de Sevilla que, usando de misericordia y piedad,
los regidores se comportasen con él como padres con sus hijos, prestándole la
ayuda que merecía por sus grandes servicios a la ciudad. Fueron encargados de
hacer información al respecto el alcalde mayor Martín Fernández Cerón y el
veinticuatro Diego de Fuentes, información que, acompañada de un escrito de
Juan de Sevilla, fue leída al cabildo, reunido el 20 de setiembre de 1482. En ella
el mayordomo volvía a presentar las mismas consideraciones. En primer lugar,
los arrendadores que arrendaran estas rentas heran conversos e ellos e sus padres las
solían arrendar e mantener en ellas, e porque los mayordomos les sobreseían las puja-
van; e así ivan de un año en otro e hera propio su oficio e bevir. E agora ay pocos que
en ellas fablen, porque no son onbres en ello usados como los absentes heran.
dixeron por sus dichos e depusigiones que, entrante Cuaresma del año de ochenta e
uno, algunos días poco más o menos, se fueron e se absentaron ciertos de los dichos
arrendadores, cuyos nonbres son éstos que se siguen:
—Alvar López de Lugena, arrendador del diezmo del azeite de Alcalá.
-Francisco de Cagalla, arrendador del almoxarifadgo de Salteras.
—Lope de Molina e Juan Élamo, arrendadores de las barcas de Villanueva.
—Manuel Guillen, arrendador de parte del peso de las mercadorías.
-Alfonso de la Barrera, arrendador del almoxarifadgo d’Escagena.
-El dotor Juan Rodríguez, arrendador de los exidos de Sevilla.
—Pero Mexía, escudero de Alonso de las Casas, arrendador del molino del Sohoril.
—Luis Bella, arrendador de las tavernerías e caga e freideras.
—Luis de Andújar, arrendador de las calupnias de leña e carbón.
-Ruy García Abarrox, arrendador de parte de la venta del peso.
—Gómez de Córdova, arrendador de alvaláes e gevada remojada.
-Juan de Rojas, arrendador de las calunias de teja e ladrillo.
-Pedro de Gibraleón, jurado, arrendador de las cargas.
—Luis Sánchez, canbiador, e Andrés Abarrox, arrrendadores del entrada del vino.
—Diego de Úbeda, arrendador de la guarda del albóndiga.
—Juan de Andújar, arrendador de gierta parte de la dicha renta.
-Juan de Caballa, arrendador de parte de la dicha renta del peso.
—Juan Ximénez Abenbono, arrendador de la renta de las varas.
—Femando de Egija, buticario, e Juan de Sevilla Tapón, arrendadores de las tierras vacadas.
—Rodrigo de Jahén e Bernabé González Quemado, arrendadores de parte de la
renta de las islas e marismas.
—Canpoverde e Juan Tapón, arrendadores de la mitad de la dicha renta.
—Ferrando de las Casas e su fijo, arrendadores de la mitad del entrada del vino.
Los cuales dichos arrendadores absentados dixo el señor mayordomo ante nos que
le devían e estavan por pagar las dichas seiscientas e veinte mili mrs.
El cabildo decidió que Juan de Sevilla procurase cobrar “lo más que ser
pudiere"' de los bienes de los ausentados. Fracasaron todos los intentos, así que el
30 de abril de 1483 volvió a reiterar sus súplicas el apurado mayordomo. Su apre
mio tuvo por resultado que el bachiller Bartolomé de Herrera y el letrado de la
ciudad Luis Sánchez, después de entender en el negocio, expusiesen su parecer
en un escrito que fue leído a continuación al cabildo y en el que dieron una de cal
CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DEL ESTABLECIMIENTO DE LA INQUISICIÓN 135
y otra de arena: por una parte argüían los leguleyos que el mayordomo no pedía
justicia, porque en su deber estaba el cuidado de arrendar las rentas a personas
abonadas e contiosas e resgebir d ellas buenas fianzas”; por otra parte concluían
que el caso de la inquisición era inopinado, por lo que
q procedía el descuento; para
su evaluación proponían que se hiciera
información qué tanto pueden montar e montan los intereses que ha ávido y pudo
aver de los dichos derechos en estos dos años [1481-1483] por razón del oficio de la
dicha mavordomía, e lo que montaren los derechos... se han de sacar del menosca
bo que as dichas rentas ovo; porque d’ello se deve fazer cargo al dicho jurado
con lo otro que montaron las rentas de los dichos dos años. E esto descontado, déve-
se moderar el dicho descuento por manera que la ^ibdad del todo no pierda lo que
monta el daño que ha venido en las dichas rentas, pues qu’el dicho jurado pudiera
perder en estas rentas aunque no fuera por esta cabsa alguna cosa por otro caso for
tuito..., y ni mesmo el dicho jurado aya de pagar tan grand suma de pérdida.