Kovel Translations
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El regreso de la Dama Caballero
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Ilustración: Jiya
Segundo Arco
Capítulos: 61 al 70
Traducción: Kiara
Edición: Nemoné
Aclaración:
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El regreso de la Dama Caballero
Contenido
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Hubiera sido imposible si esta fuera su primera vez en combate en esta vida,
pero debido a su entrenamiento, luchó mejor que antes. Poco a poco se fue acercando
a sus antiguas habilidades, pero aún quedaba un largo camino por recorrer hasta que
alcanzara su máximo potencial.
Ató a los culpables inconscientes con una cuerda y luego se dirigió rápidamente
hacia el puente. Los cautivos serían interrogados, pero primero tenía que quitar los ex-
plosivos de cada muelle antes de que pudieran ser manipulados.
Elena volvió a la cubierta y sus ojos se dirigieron al lugar del festival, donde vio a
Carlisle bajar luego de intercambiar algunas bromas en el podio. Afortunadamente, no
parecía demasiado tarde.
Elena no pudo evitar sorprenderse ante sus agudos sentidos. Se había lavado la
mayor cantidad de sangre posible en el río.
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El regreso de la Dama Caballero
—No es mi sangre.
Solo después de eso, la temible energía de Carlisle disminuyó un poco. Sin em-
bargo, su tono se volvió peligrosamente bajo.
—Entonces, ¿de quién es esta sangre? Te perdí en alguna parte. ¿De dónde dia-
blos volviste?
—No estoy herida, así que no te preocupes. Tengo algo más importante que de-
cir primero.
— ¿Qué es?
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—Si vas por debajo del puente, encontrarás algunos cautivos. Quita los explosi-
vos que se han colocado en el puente e interroga a los hombres y descubre quién los
envió.
Zenard estaba sorprendido, pero como un sirviente obediente, sus ojos brillaron
al cambiar rápidamente su actitud y cumplir las órdenes. Elena lo vio salir del recinto
del festival.
Carlisle comenzó a arrastrar a alguna parte a Elena por la muñeca. Ella no podía
sentir su agarre por la armadura, pero sus nudillos estaban blancos.
— ¡Su Alteza! ¿A dónde va? Debe disfrutar de la noche del festival. Hay personas
a las que me gustaría presentarle...
—Aléjate de mi camino.
— ¿Qué?
La cara del hombre perdió todo color. Había un aura terrible emanando del Prín-
cipe.
Carlisle continuó arrastrando a Elena hacia un área aislada del festival donde no
se veían la luces, dejando atrás al noble. El hombre no fue el único sorprendido. Incluso
Elena se sorprendió bajo su casco de metal.
—Su Alteza, ¿qué está haciendo? Si tratas a otros nobles de esa manera...
—Pero…
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El regreso de la Dama Caballero
Carlisle se giró hacia Elena y la observó con sus ojos azules fríos como el hielo.
Pronto llegaron fuera del área de celebración, más allá de la vista de todos los
demás. Para Elena ya era un lugar familiar, ya que lo había estado investigando.
Carlisle se detuvo y lentamente se volvió hacia Elena. Podía ver sus ojos bri-
llando de ira en la oscuridad.
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—No podía hacer eso. El puente iba a colapsar cuando todos los explosivos fue-
ran instalados. ¡Entonces la gente en el puente y Su Alteza habrían...!
Carlisle la interrumpió.
— ¿Y si te lastimaban?
Elena se puso rígida. Carlisle tenía razón en que la situación era peligrosa. Pero
Elena confiaba en poder detenerlos. Había estado arriesgando su vida con frecuencia
en el pasado, y en esta vida no sería diferente desde el momento en que prometió pro-
tegerlo. Pero todo lo que Carlisle señalaba era el peligro.
— ¿Eh?
Elena hizo una pausa. No lo había considerado tanto, pero para ser justos, no te-
nía mucho tiempo para pensar en eso cuando estaba ocupada salvando a Carlisle.
—Entiendo lo que dices. Pero si no los hubiera detenido, tu vida podría haber es-
tado en peligro. ¿La gratitud no debería ser lo primero en una situación como esta?
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El regreso de la Dama Caballero
Algo amargo surgió en su pecho. Ella nunca imaginó que estaría tan molesto
como para no ofrecer siquiera una simple palabra de gratitud. Nunca haría un comen-
tario semejante contra alguien que le salvó la vida, sin importar lo preocupada que es-
tuviera.
— ¿Qué?
Su mirada se volvió pesada y ardió como la luz del día en la oscuridad. Su in-
tensa mirada se fijó exactamente en Elena.
— ¿Has pensado en lo que haría con ellos si te lesionas? Podría arrancarles las
extremidades para que parecieran muertos, pero aún estarían vivos.
Él era serio. Su voz tranquila pronunció tales palabras crueles sin dudarlo.
Si la lesión por sí sola pudiera llevarlo a este terrible estado, ella no podía imagi-
nar qué haría él más allá de eso si moría. Carlisle continuó en voz baja.
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Ahora, la misión de Elena era cambiar su terrible futuro. La vida de su familia es-
taba sobre sus hombros. No importaba lo mucho que Carlisle lo odiara, ella lo defende-
ría y lo haría emperador.
—Caril... Quiero ser emperatriz, y es por eso que hice un matrimonio por contrato
contigo. Pero eso no significa que seré una muñeca esperándote dentro de un palacio
resplandeciente.
Ella lo llamó por su apodo para calmar el ambiente y, convencerle de que le per-
mitiera mantener su contrato, tanto como fuera posible.
Elena no era solo una mujer noble bonita con un vestido hermoso. También era
un caballero vestido con una armadura que empuñaba una espada.
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Una brisa se agitó y esparció pétalos rojos en el aire, que comenzaron a bailar
como copos de nieve alrededor de Elena, mientras esta todavía se encontraba en su
armadura negra. Los pétalos eran del mismo color que sus vivos ojos carmesí que bri-
llaban debajo de su casco. La armadura dura y los pétalos rojos ciertamente eran una
contradicción pero, en este momento, se adecuaban bien.
Carlisle no respondió. Solo le dirigió una mirada complicada, pero ya no había ra-
bia en sus ojos.
Los dos simplemente se miraron en silencio. El murmullo del río que fluía en la
distancia era extrañamente cómodo. Si estas dos personas habían mantenido partes
de sí mismas escondidas hasta el momento, era en esta ocasión que sus capas se ha-
bían expuesto un poco.
—No te lastimes.
Carlisle parecía haber olvidado que Elena no había sido herida durante la batalla.
En lugar de un abrazo apropiado, él acunó su cabeza contra su pecho. Ella no podía
sentir su toque debido a la armadura, pero quería salir de esta situación incómoda.
—Caril...
Elena quería preguntarle a qué se refería. Sin embargo, Carlisle volvió hablar con
más resolución en su voz.
—No tendrás que cambiar así que, por favor, quédate un poco más de esta ma-
nera.
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♦♦♦
El cochero, por su parte, se apartó de su asiento y le hizo una reverencia que fue
suficiente para que una persona normal se destrozara la espalda.
Quien se encontraba detrás de la quejumbrosa Helen era Sophie, que había sido
contratada y compensada generosamente por la familia Selby. Ella fue rápida para tra-
tar de impresionar a Helen más que nadie.
—Sí. Todos ustedes, tomen mi equipaje. Por Dios, espero que el frío no arruine
mis hermosos vestidos.
Otra criada apareció a las instrucciones de Helen. Ella era Tilda, la que había
destruido el vestido de Elena y había huido.
Era una mansión imponente con un gran jardín, a diferencia de la simple resi-
dencia Blaise. Pero, incluso eso no podía compararse con el castillo de Helen.
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Helen vio al mayordomo correr hacia ella, habiendo recibido tardíamente la noti-
cia de que había llegado a la mansión. Se habían retrasado mucho debido al largo viaje,
y el mayordomo no había recibido la debida notificación.
—He enviado a un hombre, pero no he sabido nada de él. Averigua qué está mal.
— ¡Sí, mi señora!
—Y envía a alguien para que averigüe si la Emperatriz puede recibir una audien-
cia.
—Sí, de inmediato.
— ¡S-Sí! —El mayordomo se apresuró a llevar a cabo las tareas que ordenó.
Ahora que el baile estaba cerca, había mucho trabajo por hacer. Afortunada-
mente, Tilda rasgó el vestido de baile de Elena, lo que hizo que no pudiera asistir. Sin
embargo, eso no calmó su ira.
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En este lugar no tenía muchas cosas que hacer como en el Castillo Blaise, pero
aún tenía que supervisar las tareas domésticas. Estaba inquieta por estar tan lejos de
casa, pero su padre se quedó en la mansión de la capital durante largos períodos de
tiempo, por lo que pensó que podría ser productiva aquí.
—No pasó nada malo, pero aun así siento que voy a enloquecer...
Ella no podía rechazarlo fácilmente, así que había hecho lo que le pedía. Incluso
si pudiera rehacer el momento, no necesariamente le hubiera impedido abrazarla. Sin
embargo, todavía se sentía culpable. Su relación con Carlisle no era más que un asunto
de negocios. Aunque estaban unidos por un matrimonio contractual, estaba formado
por necesidades mutuas. Elena no se volvería sentimental, ella tenía una familia que
proteger.
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adecuados para que ella construyera la fuerza de sus brazos, y cuando no había nadie
presente, haría repeticiones levantándola y bajándola.
—Adelante.
Los ojos de Elena brillaron cuando Michael dijo ese nombre. Elena encontraría a
la que estaba detrás de la destrucción de su vestido. Sin embargo, contrariamente a lo
que esperaba, Michael abrió la boca con aire de culpabilidad.
— ¿Nada?
—Parece que ella tuvo un momento difícil después de que fue despedida. Estuvo
buscando empleo, pero al final perdió todo el dinero que tenía apostando.
Elena pensó que Sophie usaría la moneda de oro que le dio para establecerse en
algún lugar, pero no parecía ser el caso.
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—Parece que se quedó en los barrios marginales por un tiempo sin ningún lugar
a donde ir, pero un día algunos hombres de aspecto rudo la tomaron del camino. No he
podido confirmar nada de lo que sucedió después de eso.
—Entiendo.
Quienquiera que sea, no habrían tomado a Sophie sin razón. Se requeriría más
investigación, pero Elena se dio cuenta de una posibilidad importante.
Ella no creía haber ofendido a nadie desde que regresó al pasado, pero no podía
emitir un juicio apresurado. A veces Elena se involucra en las cosas, incluso cuando no
había hecho nada malo.
—Sí, mi señora.
— ¡Hermana!
— ¿Qué sucede?
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Así fue como Elena, Mirabelle y Michael llegaron al frente de la mansión y en-
contraron que la entrada estaba casi completamente bloqueada por un carro con gran-
des regalos. Los trabajadores estaban moviendo cuidadosamente las cajas en la man-
sión.
— ¿Qué en la tierra…?
Mirabelle ya había abierto una de las cajas herméticamente cerradas, con curio-
sidad por el contenido del interior. En lugar de explicarlo, rápidamente se lo entregó a
Elena. Era una bonita joya de madera. Elena lo abrió con mirada inquisitiva.
—Ah...
—No lo sabemos. Solo estamos haciendo lo que nos dicen. La persona encar-
gada de la entrega me pidió que le entregara esta carta a la señorita Blaise.
Michael recibió la carta de ellos con una mirada dudosa, luego regresó con Elena
y se la entregó.
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Elena se sorprendió una vez más por los artículos que habían llegado. No podía
pensar en nadie que le enviara estas cosas, incluso si estaba conectada con su padre.
Ella rápidamente abrió el sobre.
Elena supo quién era de inmediato. Él le envió vestidos para el baile tal como lo
prometió. Y... todo lo demás también.
—Ah... Bueno, supongo que es porque hubo muchas personas que dijeron que
iban a enviarme vestidos el otro día.
— ¿Qué?
Elena sintió que un sudor frío le corría por la espalda. Incluso Michael la estaba
mirando con una expresión de sorpresa.
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Luego, Elena abrió el tercer joyero, y se frotó las puntas de los dedos contra su
frente.
Ella no podía darse el lujo de ir al baile con un vestido atractivo, pero los regalos
de Carlisle eran demasiado.
Ella se emocionó ante los colores vivos y las decoraciones detalladas, con dise-
ños únicos. Si bien ella amaba los vestidos de Anco's Tailors, no podía compararlos con
estos vestidos que llegaron a la mansión.
Los vestidos hechos en la sastrería eran aptos para cualquier noble, pero estos
trajes elegantes eran para cualquier miembro de la Familia Real. Tenían la cantidad
apropiada de esplendor también. Sin ser demasiado llamativos para evitar ser pegajo-
sos; en ocasiones era demasiado poco o demasiado simple, pero la estética de los ves-
tidos que habían recibido estaba perfectamente equilibrada.
Un vestido le llamó la atención por el encaje en el pecho, mientras que otro tenía
un dobladillo hermoso en la falda. Mirabelle se sorprendió por la variedad y murmuró
sorprendida para sí misma.
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Elena no respondió, insegura del origen de los vestidos. Sin embargo, si Carlisle
se encuentra con el Reino de Freegrand en el campo de batalla, entonces seguramente
estos serían los despojos. Debe ser extremadamente rico habiendo adquirido tantas
riquezas a causa de la guerra.
¿Debería devolverlos?
El problema era que Elena y Mirabelle no tenían nada más que ponerse para el
baile. Además, Carlisle le dio una condición a cambio de estos vestidos.
Elena dejó escapar un suspiro de frustración. Mirabelle, que todavía estaba em-
papada en los regalos, se acercó a Elena.
— ¿Eh? ¿Cómo sabes eso? No enviarías todos estos vestidos a alguien que no te
gusta.
Mirabelle no quiso decir nada profundo, pero Elena se dio cuenta de una nueva
posibilidad. Apreciaba que Carlisle fuera tan amable, pero nunca pensó que tuviera
cierto sentimientos hacia ella.
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La relación que tenían entre ellos, era a causa de un contrato, no había nada más
allí. Así que era muy probable que él coqueteara con otras mujeres, en lugar de elegir
que le gustara alguien como ella.
¿Tal vez él quería pagar una deuda en el pasado? Elena optó por inclinarse hacia
esa explicación.
— ¿Ah, en serio?
—Sí.
Todavía no había decidido qué hacer con todas las joyas, pero no podían darse el
lujo de dejar objetos tan caros tirados por ahí. Mirabelle abrió la caja.
— ¡Oh, hermana!
Elena se volvió ante la voz asustada de Mirabelle. Había un collar con una joya
roja que llamó su atención. Mientras que las otras cajas rebosaban con varios acceso-
rios, esta caja solo contenía un collar especial.
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— ¿No es este el collar de diamantes rojos que vimos en la joyería antes de irnos
a la capital?
— ¿Qué?
Elena, que no se sorprendía fácilmente, esta vez lo hizo más de una vez en un
solo día.
Su boca se abrió al recordar el precio del diamante rojo que vio en la joyería. Sin
embargo, el conjunto de diamantes rojos en este collar era mucho más grande. No po-
día imaginarse llevando una cosa tan costosa alrededor de su cuello. Había vivido fru-
galmente durante su última vida, y mientras intentaba disfrutar del lujo cuando podía,
esto era demasiado.
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Elena, que estaba a punto de sucumbir al sueño, abrió los ojos ante la leve mo-
lestia. Su mano se deslizó hacia la daga debajo de su almohada. Entonces oyó una voz
familiar.
—Sí, lo sé.
—Me veo obligada a aceptar un vestido para el baile, pero en cuanto a las joyas...
Kuhn la interrumpió.
—Eso no es posible.
Parecía haber anticipado su respuesta. Cuando Elena trató de abrir la boca para
hablar, Kuhn la interrumpió de nuevo.
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—El general dijo que me cortaría la garganta si tomaba tan solo una prenda de
vuelta.
— ¿Q-Qué?
Elena se sorprendió por la inesperada respuesta. Ella habló de nuevo, con sos-
pecha escrita en sus rasgos.
—Probablemente no.
Dudaba que Carlisle matara a Kuhn, pero le había respondido tan seriamente. Al
parecer Carlisle supuso lo que pasaría. De hecho, él también le hizo prometer desde el
principio que aceptaría todos los artículos que enviaría.
El costo de los vestidos y las joyas era enorme, y ni hablar del exorbitante precio
del collar de diamantes rojos. Ella no podía aceptar tales cosas sin ninguna razón.
—Entonces, por favor dile al príncipe esto: Todo es demasiado valioso para que
lo acepte sin más. Devolveré el vestido después de usarlo en el baile, ya que hice una
promesa y debo cumplirlo. Aunque espero que pueda tomar de vuelta las joyas.
Elena fue insistente, pero Kuhn respondió con una expresión imperturbable.
—Le haré saber. Pero el general dijo: Si ella solicita devolver algo, dile esto.
— ¿Qué es…?
—Dijo que le gustaría verte como una dama en el baile con el vestido y las joyas
que te envió.
Elena no sabía por qué Carlisle quería darle esos preciosos regalos. Entonces, de
repente, recordó lo que le dijo la última vez que se encontraron.
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—No me gusta que otras personas te miren, pero no tengo la intención de de-
cepcionar a mi mujer.
¿Estaba diciendo que quería que ella fuera coronada como la dama del baile?
Este no era un honor otorgado en todos los bailes, solo en aquellos celebrado
por la Corte Imperial se llevaba a cabo la ceremonia en la que seleccionan a la mujer
más bella de la noche.
La mujer elegida era recompensada con una tiara, y aunque la tiara en sí era más
simbólica que valiosa económicamente, el puesto era un honor codiciado por muchas
jóvenes nobles. Al punto en que lo rumores decían que si una mujer humilde fuera co-
ronada como la mejor dama podría encontrar una buena pareja y ascender en su esta-
tus social. Fue por eso que las sastrerías estaban abarrotadas con trabajo durante la
temporada de bailes.
—Todavía es demasiado para mí de todos modos. Por favor, dile que se lo lleve
de vuelta.
—Le daré el mensaje, pero el general está lejos de la capital por asuntos urgen-
tes. Es posible que no puedas recibir una respuesta antes del baile.
—Entiendo.
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Madona es un término medieval italiano que según Wikipedia se usa para describir a una dama o una mujer de la
nobleza. Significa: mi señora.
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—El general dijo que si no quieres aceptarlo aun después de todo eso, debía de-
cirte una última cosa.
— ¿Qué?
La boca de Elena se abrió con sorpresa incluso antes de que Kuhn terminara de
hablar.
La forma estéril y profesional de Kuhn obligó a Elena a contener su ira. Era inútil
enojarse contra un mensajero.
Qué injusto.
Ese fue el primer pensamiento que le vino a la mente. Carlisle estaba obligán-
dola a aceptar artículos caros, pero desde el punto de vista de Elena, no podía estar
endeudada con él. Ella también temía acostumbrarse a su ayuda.
En su última vida, vivió una vida solitaria con la venganza como su único obje-
tivo. Confiar en los demás podría debilitarla. Al principio, le gustaba que Carlisle la es-
tuviera tratando bien, pero ahora se sentía atrapada, y si seguía recibiendo constante-
mente ayuda de él, tendría que pagarlo un día.
—Entiendo, pero será solo por ahora. —Elena respondió con disgusto.
No había manera de devolver todo, incluso si ella quería hacerlo. Estaba preocu-
pada por los comentarios de Carlisle hacia Kuhn, y el hecho de que no podía hablar con
él en persona antes del baile. Se resignó a aceptar los vestidos y joyas. No había otra
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forma de asistir al baile y encontrarse con él. No le gustaba mucho, pero no tenía otra
opción.
No quedaba mucho tiempo para prepararse hasta el baile. Cuando llegara el mo-
mento, habría mucho que hacer. Primero, ella estaría oficialmente en una relación con
Carlisle; entonces, la boda se llevaría a cabo lo antes posible para que pudiera ocupar
el lugar como princesa. Aunque esto había sido planeado desde el principio, muchas
cosas cambiaron alrededor de ellos desde ese momento, mucho más de lo que ella
pensaba.
Elena miró por la ventana hacia el manto de estrellas en el cielo nocturno. In-
cluso en la oscuridad, la estrellas parecían brillar más que nunca.
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Mirabelle comenzó a medir a Elena a mano. Los vestidos que Carlisle había en-
viado eran tan hermosos que parecían haber reavivado la inspiración de la chica para
crear.
Elena nunca había visto los ojos de su hermana iluminados con tanto fervor, la
miró constantemente con curiosidad.
Mirabelle se sorprendió, como si esa idea jamás hubiera cruzado por su mente,
pero pronto sonrió suavemente y negó con la cabeza.
—Si no tuvieras que preocuparte por la matrícula y si padre te permitiera ir, ¿lo
harías?
No podía ser del todo sincera con Mirabelle ahora, pero Elena podría pagar la
matrícula tan pronto como se convirtiera en la princesa heredera. Sin importar la vida
que su encantadora hermana pueda elegir, Elena esperaba que su hermana menor
fuera libre y que hiciera lo que más amaba.
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—Sí, entiendo.
♦♦♦
El resto del día pasó tan rápido como la luz. Elena, Mirabelle y las criadas de la
mansión trabajaron juntas para completar los vestidos a tiempo.
— ¿De verdad?
—Ah...
Ella no pudo evitar mirar con la boca abierta. Aunque había visto el proceso in-
termedio, era la primera vez que veía el producto final de su trabajo.
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— ¡Sí! ¿No son hermosos? No hicimos mucho al diseño general, sino que simple-
mente hicimos algunos ajustes para adaptarlos a nuestra forma. Los originales ya eran
perfectos, pero pensé que sería mejor adaptarlos para que se ajusten a nosotros mis-
mos.
Mirabelle estaba siendo modesta, pero había creado una reinterpretación com-
pleta del estilo. El vestido que había hecho para ella, era negro, un color un poco
inusual, con una gran cinta alrededor del cuello y un lujoso patrón dorado decorado en
su falda.
El vestido de Elena era de una hermoso color rosa, los hombros estaban al des-
cubierto, enfatizando su encanto femenino, la falda está compuesta de capas, dando
una sensación elegante y flotante. Estaba segura de que los vestidos originales no
eran tan perfectos como este. Con la figura delgada de Elena y la pequeña de Mirabe-
lle, se crearon más partes del vestido de lo que se esperaba.
—Es impresionante.
—Tu vestido fue hecho para resaltar el collar de diamantes, especialmente por
que fue un regalo de incalculable valor.
Elena se había olvidado temporalmente del collar. Ella siguió con una mirada de
sorpresa en su rostro.
— ¿El collar?
—Sí, el que usarás en el baile. Entonces lo intentaré alguna vez, pero no ahora.
Me ocuparé de ello incluso si es un préstamo.
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—Has hecho un trabajo maravilloso con estos vestidos. Gracias por tu esfuerzo,
Mirabelle.
—Ahora que hemos terminado los vestidos, vamos a cuidar un poco de nuestra
piel.
— ¿Protección de la piel?
— ¡Por supuesto! Quiero que mi hermana sea coronada como la Madonna del
baile.
— ¡Vamos, vamos!
—Lo entiendo.
♦♦♦
Una gran línea de carruajes atravesaba las puertas del Palacio Imperial. Uno de
ellos estaba adornado con el sello de la Casa Blaise.
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Los carros entraron en orden, hasta que por fin llegó el carro Blaise a la entrada.
Un heraldo anunció los nombres con voz atronadora.
Cuando la voz del heraldo se apagó, un sirviente abrió la puerta del carruaje. Ha-
bía una alfombra roja desde el carruaje hasta la entrada del palacio.
El hombre de la invitación hizo una doble toma en Elena y luego dejó caer la lista
que tenía. La multitud a su alrededor, emocionada por el baile, dejó de actuar para mi-
rar a la mujer que había emergido como una diosa.
Cabellos como el oro fundido y piel blanca como la nieve. Un exquisito collar de
diamantes rojos hermanados, además sus ojos eran rojos y brillaban como rubíes. La
joven salió completamente del carruaje, su movimiento fue tan suave y refinado como
el agua y con un vestido tan impresionante que fue suficiente para recuperar el aliento
de todos. Era como ver una belleza de otro mundo.
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— ¿Podemos entrar?
Él nombró a un sirviente para que les sirviera de guía, y Elena y Mirabelle pronto
entraron al palacio, tomándose las manos con afecto.
Tan pronto como las dos desaparecieron de la puerta, los murmullos aumenta-
ron considerablemente. Todos allí hablaban una palabra tras otra sobre Elena. Su apa-
riencia era extraordinaria.
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Las puertas del salón de baile era tan grandes como las puertas del palacio, se
abrieron lentamente para revelar el reluciente salón. Elena y Mirabelle se deslizaron
dentro, capturando los ojos de los nobles y haciendo que murmuraran entre ellos. Era
lo mismo tanto para hombres como para mujeres. Los que no notaron a Elena al princi-
pio se sorprendieron cuando pasó a su alrededor, y el zumbido se hizo más fuerte.
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Mirabelle había estado esperando el baile real con ansia, y por sobre todas las
cosas anhelaba ver al misterioso Príncipe Heredero.
—Bueno, todavía no lo sé, pero me encanta que todos te estén mirando. ¡Por al-
guna razón me hace sentir orgullosa de mí misma!
Mirabelle sonrió entusiasmada y Elena sonrió por lo linda que era su hermana. Si
Elena era una hermosa rosa, Mirabelle eran delicadas flores de aliento de bebé. Aun-
que los dos eran algo similares, Elena inmediatamente llamó la atención, mientras que
Mirabelle tenía una gracia más sutil. Pero las rosas no eran lo única cosa que eran her-
mosas. Mirabelle todavía era joven, pero cuando madurara, seguramente también se
convertiría en una dama muy bella.
Los ojos de Elena se volvieron hacia la mujer que se acercaba. Era Marissa Ho-
lland, la principal figura de la sociedad del sur y la esposa del difunto Marqués Holland.
Había pasado mucho tiempo desde que la vio por última vez en la fiesta del té. Elena le
otorgó a Marissa una mirada de bienvenida.
—Quizás me apresuré a asistir al baile real. Mucha gente del sur también vino.
Elena miró a su alrededor, y de hecho vio algunas caras familiares. Cuando sus
ojos se encontraron, hizo una leve reverencia a los otros niños nobles, que también in-
clinaron sus cabezas en retorno. Marissa se volvió hacia Mirabelle.
—Esta pequeña joven también se ha vuelto más hermosa desde la última vez
que la vi. Lo sentí entonces, pero no me di cuenta de cuán verdaderamente hermosos
son los Blaise. Hazme saber si tienes algún secreto para compartir.
—Me halaga.
Marissa se cubrió la boca cortésmente y sonrió, luego se volvió con algo de cu-
riosidad.
Lo único que las mujeres nobles no se perdían en las reuniones eran los vestidos
y las joyas.
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—Parece que tengo razón. Puedo decir que es una joya preciosa. Te queda muy
bien.
Mientras que otros podrían haberse preguntado dónde compró Elena el collar o
si lo recibió como regalo por parte de un hombre, Marissa no hizo más comentarios.
Ella podría haber pensado que era grosero entrometerse tan profundamente. Debido a
su naturaleza sabia, era una figura tan poderosa en la sociedad del sur.
—Me complace que pienses que me conviene. En realidad es un poco más pe-
sado de lo que pensaba.
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—Sí, me siento aliviado ahora de que el hombre que será el futuro pilar del Impe-
rio haya regresado.
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En un momento pareció que todos dejaron de respirar. Elena también. Ella sabía
que Carlisle era atractivo, lo supo desde el momento en que se conocieron, pero hoy
parecía abrumar la habitación. Sus fríos ojos azules no mostraban signos de aprehen-
sión a pesar de la atención de los nobles hacia él, su rostro inexpresivo y aires de so-
berbia solo sirvieron para conmover los corazones de las mujeres. Pronto los numero-
sos nobles hablaron al unísono.
El emperador Sullivan miró a su hijo con orgullo y luego se volvió para dirigirse a
la habitación de nuevo.
Todas las jóvenes comenzaron a balbucear sobre Carlisle, y Elena no pudo evitar
sentirse un poco extraña por su popularidad. No eran solo las otras mujeres. Mirabelle
también tenía una expresión aturdida en su rostro.
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Elena asintió con rigidez ante las palabras de admiración de Mirabelle. Carlisle
era más popular de lo que ella esperaba. Pero aparte de eso, también se sintió bas-
tante aliviada.
Gracias a Dios.
En su última vida, Carlisle fue asesinado antes del baile. El afligido Sullivan dio
la bienvenida a los nobles de una manera muy diferente a como lo hacía ahora, y les in-
formó que no se uniría al jolgorio. Recordó la decepción de Mirabelle. Ahora, sin em-
bargo, Carlisle estaba aquí y tenía la atención de todos. Se sentía un poco esperanzada
en experimentar un futuro que ella misma cambió.
—En esta noche, hay muchos caballeros que quieren ser presentados a usted.
¿Nos dirigimos a la pista de baile? Le aseguro que los hombres provienen de buenas
familias.
Marissa volvió a hablar con una sonrisa, tal vez notando su vacilación.
Mirabelle parecía saber lo que Elena estaba pensando y la empujó hacia ade-
lante.
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—Pero...
Elena estaba a punto de preguntar qué estaba pasando, cuando de repente to-
dos se inclinaron al unísono.
—Ah ...
Carlisle miró a la hermosa joven que tenía delante y luego le ofreció la mano.
— ¿Eh?
Y así se dirigieron hacia el centro del salón de baile. Todavía era un poco tem-
prano para bailar, pero la música cambió tan pronto como Carlisle y Elena intercambia-
ron lazos.
El baile entre Carlisle y Elena comenzó ante la vista de todos en la sala. A Elena
le enseñaron los bailes de la corte cuando era joven, pero Carlisle tenía la aptitud de un
excelente bailarín, a pesar de haber pasado todo su vida en el campo de batalla.
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Incluso si ella bailara con otro hombre, sería una exageración decir que fue to-
mada. Los bailes de salón son disfrutados plenamente incluso por personas casadas.
—Te lo diré de antemano. Si otro hombre baila contigo, no tendrá una buena vida
en el futuro.
— ¿Por qué?
—Solo recuerdalo.
Las dos figuras se mecían debajo de la gran lámpara araña como en un cuadro.
Los otros nobles pronto intervinieron con sus compañeros y comenzaron a bailar tam-
bién. Rápidamente el centro del salón de baile se llenó de hombres y mujeres impor-
tantes de la sociedad, sin embargo entre todos ellos, los más impresionantes fueron
Elena y Carlisle. Su belleza y movimientos encantaron a todos los presentes.
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El asunto le había estado molestando continuamente desde aquel día. Sin em-
bargo, no podía preguntarle a Kuhn, ya que Elena, la mujer noble y Len, el guardaespal-
das, eran personas diferentes. Esa parte de su identidad todavía estaba oculta.
Carlisle respondió en voz baja cuando sus cuerpos volvieron a estar cerca.
—Bien.
—Escuché a una señora decir que te presentaría a otros caballeros. ¿Te reunirás
con ellos?
Carlisle dio una repentina mirada de sorpresa ante su respuesta directa, y de in-
mediato una sonrisa adornaba su rostros.
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—Mi novio está justo delante de mí, así que por supuesto no necesito a nadie
más.
—Sí. Debemos mostrar atracción mutua. Entonces podemos decir que nos ena-
moramos a primera vista como habías planeado.
Elena estuvo de acuerdo. Eso era exactamente lo que ella quería. Luego podrían
proceder con la boda lo antes posible.
—Oh no, ella es más hermosa que yo. También es encantadora y muy buena con
sus manos.
—Un poco más adelante mejor. Mirabelle es una chica tan encantadora —conti-
nuó rebatiendo Elena.
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Kovel Translations
Tenía una expresión soñadora en su rostro. Carlisle miró a Elena con cierta sor-
presa, ya que nunca antes la había visto con una mirada tan cálida. Entonces murmuró
en voz baja:
—Nada.
Ella estaba un poco curiosa, pero pronto se despidió. Se estaba poniendo ner-
viosa de nuevo ante la idea de dejar a Mirabelle sola y desprotegida ante las garras
desconocidas de la alta sociedad.
—Adelante.
— ¿Qué?
—He oído que has estado peleando en la guerra durante mucho tiempo. ¿Alguna
vez fuiste lastimado gravemente?
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El regreso de la Dama Caballero
—Por favor, dime cuándo entrenas. Sería un gran honor verte usar la espada.
Elena amplió sus ojos en advertencia ante la rigidez de Carlisle. Los nobles que
ahora escuchaban en secreto su conversación seguramente difundirían rumores
pronto. Los rumores abundaban en la sociedad y, a menudo, se desviaban de su signifi-
cado original, y el escándalo entre el Príncipe Heredero y esta joven se convirtiria en su
próximo entretenimiento.
Elena necesitaba echarles algo de carne. Cuanto más difundidos sean los rumo-
res, mejor. El único problema era que Carlisle parecía estar luchando para seguir su
ejemplo.
Un joven noble con un rubor rojo en sus mejillas se acercó a Elena. Tímidamente
extendió su mano hacia ella.
No era raro que las damas populares bailaran con varios hombres durante la
noche, pero ella no había bailado con nadie más y solo le había prometido a Carliste la
oportunidad. Y con él justo enfrente de ella era obvio que se negaría.
—Lo…
—No.
Tanto el noble que pidió el baile, como la multitud de espectadores que observa-
ban en secreto, miraron a Carlisle con sorpresa, quien tomó la mano de Elena entre las
suyas, y luego continuó con una suave expresión en su rostro.
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Kovel Translations
El zumbido entre los nobles solo se hizo más fuerte y el joven, avergonzado,
dejó la escena. Pero fue Elena la que más se sorprendió.
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El regreso de la Dama Caballero
Se sintió bastante caliente bajo su vestido de repente. Ella reprimió sus fanta-
sías, y luego habló para que las otras personas cercanas pudieran escuchar.
—Gracias.
—Eres bueno en esto, ¿verdad? Todos lo creyeron. No creo que debamos preo-
cuparnos por algo más.
Ella se dio la vuelta, pero de repente se quedó paralizada en su lugar, sus pala-
bras se alojaron en su garganta, había visto la espalda de una figura familiar.
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Kovel Translations
ese simple sonido. Podía imaginar su cara y su barba peluda sin tener que enfrentarlo...
pero ahora su apariencia entró en su cabeza como una imagen.
Era Paveluc, el hombre que Elena había estado cazando durante décadas para
vengar a su familia asesinada. Todo su cuerpo temblaba no con miedo, sino con furia
que había permanecido dormida durante mucho tiempo.
Pave... luc...
En un momento vio todo rojo, como si su sangre saliera de sus venas. No había
nada más que quisiera que cortarle la garganta en el acto. Si Paveluc muriera ahora, su
querida familia nunca volvería a estar en peligro.
Los ojos de Elena recorrieron el área, buscando un arma. Ella fue consumida por
un solo pensamiento.
Mátalo.
Ella no podía dejar pasar la oportunidad. Sería mejor para el futuro eliminarlo de
inmediato. La tez de Elena se blanqueó mientras gradualmente perdía su razón.
—Mi señora.
Oyó una voz que la llamaba. Elena parpadeó aturdida por la dirección de la voz.
— ¡Elena!
El sonido de alguien que la llamaba por su nombre la hizo entrar en razón. Car-
lisle la estaba mirando con gran preocupación.
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El regreso de la Dama Caballero
— ¿Estás bien?
—Sí.
Por un momento estuvo tentada de matar a Paveluc. Cuando ella volvió a tener
ese pensamiento, notó que los riesgos eran demasiado grandes. Si algo salía mal, se
convertiría en una de las criminales más buscadas por intentar asesinar a una figura
importante dentro de la Corte Imperial. Ella no podía arriesgar la vida de su familia en
una apuesta tan arriesgada. Estaba completamente segura de que Paveluc moriría a
través de sus manos pero no en este momento.
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— ¿Su Alteza?
Su rostros estaba bastante cerca cuando bajó la cabeza para mirar directamente
a sus confundidos ojos.
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El regreso de la Dama Caballero
Paveluc, que había estado conversando con los otros nobles, giró la cabeza para
mirar la conmoción cuando Carlisle pasó a su lado. Los ojos negros de Paveluc eran tan
profundos como un abismo y tan tranquilos como el mar nocturno. El noble que le ha-
bía estado hablando continuó.
—Qué dulce es ser joven. Regresar de la batalla y estar con una mujer así.
Los ojos de Paveluc brillaron ante la palabra "Blaise". Reconoció el nombre del
informe de Batori.
—Casa Blaise...
♦♦♦
Redfield Ger Khan Ruford, el segundo hijo del duodécimo emperador, nacido de
la emperatriz Ophelia.
Redfield era un joven apuesto con el cabello tan rojo como el atardecer. Su lu-
joso traje hecho a medida era una figura sólida, y muchas mujeres lo miraban con inte-
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rés. Como segundo príncipe, contó con el apoyo total de la Casa Anita, una de las fami-
lias más grandes e influyentes de la ciudad capital. Por esa razón, él era un objeto de
envidia para muchos jóvenes nobles.
—No te preocupes por cosas inútiles. Aprovecha esta oportunidad para estable-
cer tu posición entre otros nobles.
—Sí, madre.
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