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Valor 1

Este documento trata sobre los valores morales de los aviadores militares chilenos. Explica que los valores fundamentales como el honor, la lealtad y el cumplimiento del deber guían a los aviadores, pero también se derivan otros valores para orientar su desempeño profesional y personal.
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Valor 1

Este documento trata sobre los valores morales de los aviadores militares chilenos. Explica que los valores fundamentales como el honor, la lealtad y el cumplimiento del deber guían a los aviadores, pero también se derivan otros valores para orientar su desempeño profesional y personal.
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FUERZA AÉREA DE CHILE

ESCUELA DE AVIACIÓN

GRUPO ESCUELA

Los valores nos orientan; se practican

UNIDAD 2. GÉNESIS DE LOS VALORES MORALES

Cada aviador militar ha de orientarse y dejarse iluminar por valores, los cuales se hacen
necesarios en la praxis, ya sea en el análisis, la toma de decisiones o la ejecución,
especialmente en situaciones y momentos en que reina la duda, la incertidumbre y la
ambigüedad moral. Los contenidos del siguiente apunte correspondiente a los temas de la
segunda unidad son los siguientes: 1. Qué son los valores y en qué plano se encuentran. 2.
Jerarquía y polaridad de los valores. 3. Discernimiento y situación: La deseabilidad del
valor. El marco fundamental del estudio de esta unidad es el valor del aviador militar. El
aviador militar se orienta principalmente por los valores fundamentales como son el honor,
la lealtad, el cumplimiento del deber y la excelencia en el servicio; sin embargo, desde ellos
se derivan una serie de valores como referentes orientadores en el actuar ético de un
aviador militar en su desempeño y desarrollo profesional y personal.

1. Qué son los valores y en qué plano se encuentran.

La axiología (del griego, “Axios”, digno) es aquella disciplina que se encarga de estudiar
los valores (“Valor”, Del lat. Tardío valor, -õris). Al respecto de la significación moral de la
palabra "Valor", cabe señalar que el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española
(RAE), en su definición número 10, acierta discretamente sobre el concepto del valor. Dice
el diccionario que "Valor es una cualidad que poseen algunas realidades consideradas
bienes, por lo cual son estimables". La acepción ciertamente se mueve en círculo, tanto
cuanto bienes y valores son estimables o bien, que lo estimable es un bien y es valioso, etc.

Para comenzar podemos poner ejemplos de valores de todas las épocas como la belleza de
la justicia, el bien y la santidad; si bien en cada una de las épocas históricas el contenido de
estos valores fue cambiando. La axiología ensaya sus primeros pasos en la segunda mitad
del siglo XIX. Sin embargo, desde Platón en adelante, la belleza, la justicia, el bien, la
santidad, fueron temas de viva preocupación de los pensadores de todas las épocas. Una
primera pregunta que tenemos que responder es dónde ubicamos los valores en la realidad,
dónde se encuentran los valores. Tenemos varias opciones. En primer lugar, podríamos
decir que los valores están en el mundo físico, que los valores son cosas. Pero tratar de
dignificar una cosa es menospreciar la dignidad. Más bien habría que ubicar a las cosas en
el reino de lo que tiene precio, como señala el filósofo Imanuel Kant: "En el reino de los
fines todo tiene un precio o bien una dignidad; el lugar de algo que tiene un precio puede
ser ocupado por algo equivalente, pero lo que se halla por encima de todo precio y que no
se presta a equivalencia alguna, eso mismo es aquello que posee una dignidad" Los valores
no son las cosas, pero hay gente que los confunde. En realidad las cosas son los
depositarios o portadores de los valores; así, podemos decir que los objetos materiales son
los que sostienen a los valores. En este sentido, los valores no existen por sí mismos, sino
que descansan en un depositario, que, por lo general, es corporal; p. ej., la belleza no existe
por sí sola flotando en el aire, sino que está incorporada a algún objeto físico ( una tela, una
piedra como el mármol o en un cuerpo). El valor de la belleza tiene un portador en el cual
descansa y no se confunde con él. Las cosas no son valores y sin embargo, reconocemos
que las cosas son bienes. Los bienes equivalen a las cosas valiosas, esto es: las cosas más el
valor que se les ha incorporado. [Link]: Un trozo de mármol; la cosa mármol se transforma en
una estatua, en un bien; la estatua conserva todas las características del mármol, su peso,
constitución química, dureza etc. Al mármol se le ha agregado el valor estético. En suma,
los valores no son cosas. En segundo lugar, cabe distinguir los valores de los objetos ideales
(como el reino de los entes numéricos), afirmando que estos últimos "son" mientras que los
valores no "son" sino que "valen". Esta distinción viene de Rudolf Hermann Lotze, filósofo
y lógico alemán (1 817-1881), y es muy útil para destacar una diferencia entre objetos que
habitualmente se confunden, pero es teóricamente objetable si se los confunde con ideas o
con conceptos. Así, sí podemos decir que no están en el mundo físico, sino en el mundo
ideal, entonces los valores son más bien ideas, esencias, conceptos o relaciones. Sin
embargo, los valores no son ideas ni esencias ni objetos ideales. En efecto, una cosa es la
belleza y otra cosa es la idea o el concepto de belleza; la belleza de una obra de arte se
capta por vía emocional mientras que la definición o la idea de la belleza la comprendemos
por medio del intelecto. Los valores son diferentes a los objetos ideales; estos últimos son
mientras que los valores no son, sino que valen tanto cuanto se me aparecen, es decir,
cuando se los aprecia. Finalmente, podríamos decir que los valores están en el mundo
psíquico espiritual, en la esfera de la subjetividad o en la conciencia; en el ámbito de la
esfera personal de cada uno, es decir, en la interioridad de cada persona. En este caso los
valores se corresponden con estados psicológicos, es decir, con aquello que nos agrada o en
aquello que deseamos y que es el objeto de nuestro interés. Así, los valores serían entonces
meras vivencias interiores. Sin embargo, finalmente también cabe objetar parte de esta
suposición del Psicologismo. La crítica al psicologismo corre por parte de la escuela
fenomenológica: Franz Brentano y luego Edmund Husserl l señalaron en el siglo XIX que
la intencionalidad de la conciencia contribuye como una característica de las vivencias que
exigen un objeto intencional. Me explico: "Si percibo, percibo algo; si quiero, quiero algo;
si pienso, pienso algo. Del mismo modo, si valoro, valoro algo. Si no hubiera ese aspecto
objetivo, el sujeto actuaría sobre sí mismo y sin control. Pero es evidente que vivimos en un
mundo de objetos y que los percibimos, valoramos y usamos". En otras palabras, el sujeto
no crea al valor, aunque participa en su constitución partiendo de algunos elementos
objetivos. Husserl sostiene que es mejor afirmar que los valores son "cualidades irreales" -
aunque no ideales-, pues, como vimos, no agregan realidad o ser a los objetos, sino tan sólo
valer. Un buen dato es comprender desde ahora y en adelante que los valores aparecen ante
quien está en la actitud de reconocerlos y de realizarlos. Por ejemplo, la belleza de la
justicia no existe, sino en quien tiene la actitud de contemplarla. Por aquí, eso de "estar en
actitud" resuena a vivir según la luz de la razón y en equilibrio con los propios afectos y
pasiones, es decir, bajo el esfuerzo moral de una virtud.

Cualquiera que sea la denominación, lo cierto es que los valores no son cosas ni elementos
de cosas ni ideas ni conceptos, sino propiedades, cualidades sui generis, que poseen ciertos
objetos llamados bienes. Como las cualidades no pueden existir por sí mismas, los valores
pertenecen a los objetos que Husserl llama "no independientes", es decir, que no tienen
sustantividad. Esta propiedad, aparentemente sencilla, es una nota fundamental de los
valores. Muchos desvaríos de ciertas teorías axiológicas objetivistas se deben al olvido de
que el valor es una cualidad, un adjetivo del sustantivo, y al sustantivar al valor cayeron en
especulaciones sin sentido y en la imposibilidad de descubrir su carácter peculiar2 (Ver
nota 2).

Edmund Gustav Albrecht Husserl (1859-1938) fue un filósofo y matemático alemán,


discípulo de Franz Brentano, fundador de la fenomenología trascendental y, a través de ella,
del movimiento fenomenológico, uno de los movimientos filosóficos más influyentes del
siglo XX.
2 ¿En qué consiste ser valioso? y ¿Qué confiere valor a un objeto? Además del
psicologismo hay dos respuestas fundamentales al problema del valor. La más sencilla
sostiene que nosotros conferimos valor a un objeto cualquiera con nuestro interés, deseo o
placer. Si deseo algo, el objeto deseado es valioso para mí. Termina mi deseo y cesa el valor
del objeto. El valor depende de mi reacción o vivencia, sea individual o colectiva
(Subjetivismo). La doctrina opuesta a la anterior, el Objetivismo, sostiene, en cambio, que
el valor es objetivo, absoluto y a priori. Por tanto, no depende de la reacción personal o
colectiva ni de ningún elemento empírico. Existen dos mundos separados: el de los valores
y el de los bienes. Los bienes u objetos valiosos, cambian con el tiempo, la situación
histórica, las circunstancias y las personas involucradas. Por el contrario, los valores son
trans empíricos, a priori, atemporales e inmutables como las figuras geométricas o las ideas
platónicas. A su vez, son la condición de la existencia de los bienes: hay cosas bellas porque
existe la belleza. En mayor o menor

Análisis de las cualidades. Frente a estas tres opciones (nota 2), ¿en qué esferas se
encuentran realmente o definitivamente los valores? La cualidad valorativa es distinta de
otras cualidades. La filosofía moderna describió el ser de las cualidades y distinguió entre
cualidades primarias y secundarias. Las cualidades primarias son las propiedades
fundamentales para que una cosa o un objeto exista, tal como la extensión, la
impenetrabilidad o la dureza, el peso etc. Las cualidades primarias son compartidas por
todas las cosas existentes y sin ellas las cosas no podrían existir. Sin embargo, los valores
no forman parte de este tipo de cualidades, porque para que las cosas existan no es
necesario que sean bellas o feas; buenas o malas, sino que basta con que tengan cierta
extensión, peso, etc. Por otro lado, existen cualidades llamadas secundarias o sensibles, por
ejemplo, el color, el sabor, el olor, etc. Estas cualidades se definen a partir de la percepción
del sujeto y son relativas a su constitución, pero también, pueden ser modeladas
culturalmente, como consta en la publicidad. En particular, cabe precisar que la cualidad
personal es dependiente de las cualidades que forman parte del objeto, es decir, que es
propio del objeto tener un color y que éste pertenece a la realidad del objeto, a su ser; en
cambio, la utilidad o la belleza no forman parte necesariamente del ser del objeto, porque
aquel puede existir sin que tenga tales valores. Entonces, cabe preguntarse, ¿qué tipo de
cualidades son valores?.

La naturaleza del valor se corresponde con lo que llamamos una cualidad estructural. Una
estructura (Gestalt, sustantivo común alemán que significa 'figura', 'forma' o
'configuración), se caracteriza por tener propiedades que no
grado, los objetos bellos participan de la belleza, que es una cualidad inmutable. Dicho en
otros términos, los valores tienen prioridad óntica y por eso no se ven afectados con lo que
le ocurre a los bienes, es decir, si se destruyen todas las cosas bellas, la belleza queda
intacta, como no pierde el triángulo sus propiedades si destruimos todos los que existan en
el mundo. Lo afirmado sobre la belleza se extiende a todos los demás valores.
Subjetivismo. A fines del siglo XIX el tema de los valores cobró singular vigencia debido a
la obra del filósofo Friedrich Nietzsche (1844-1900). Nietzsche, reaccionando contra las
ideas platónicas y contra la moral cristiana, defendió que los valores son valoraciones
subjetivas, es decir, que los valores dependen de las preferencias individuales y colectivas y
se encuentran sometidas a las modas y a los caprichos humanos. Los subjetivistas defienden
que no existen cosas valiosas por sí mismas, ni tampoco valores en sí. Todos los valores son
creados o inventados por las personas. Valioso es lo que los seres humanos consideran
como tal. Representantes: Nietzsche, Meinong. Objetivismo: Por otro lado, según los
filósofos alemanes Max Scheler (1874-1928) y Nicolai Hartmann (1882-1950), los valores
son independientes, tanto de los sujetos que valoran como de las cosas y de los bienes en
que se encuentran. Los valores son entes ideales, objetivos y absolutos, existentes en sí y
por sí, que poseen una esencia propia y una existencia ideal. Para Scheler, los valores se
presentan en cosas o en bienes, y no obstante son independientes tanto de éstos como de
aquéllas. En tal sentido son comparables a los colores, que aparecen también en los objetos
concretos, pero en tanto en cuanto cualidades de color son independientes de ellos. Para el
filósofo español José Ortega y Gasset, "Los valores son un linaje peculiar de objetos
irreales que residen en los objetos reales o cosas, como cualidades sui generis. No se ven
con los ojos, como los colores, ni siquiera se entienden, como los números y los conceptos.
La belleza de una estatua, la justicia de un acto, la gracia de un paso de baile, no son cosas
que quepa entender o no entender.

se hallan en ninguno de sus miembros ni en la suma de todos ellos. De ahí que al aparecer
una estructura haya siempre novedad. Un ser vivo es una estructura, pues es algo más que
la suma de los órganos, miembros o partes que lo constituyen ([Link]., si un kilo de azúcar son
dos medios kilos de azúcar, en cambio un ser humano como usted no es un conjunto de
partes). Lo mismo puede decirse de un poema, un cuadro o una universidad o de nuestra
institución, la Fuerza Aérea (Ver nota 3). Si el valor depende de las cualidades que una
cosa tiene y de lo que el objeto genera en nosotros, sin embargo, no se reduce a una
sumatoria de esos elementos, sino a la estructura resultante de la organización, de la forma
o de la disposición de estos componentes. Esto significa que al pensar el valor en términos
de estructura debemos tener en cuenta algunas cosas: En primer lugar, que toda estructura
se caracteriza por tener propiedades que no se hallan en ninguno de los miembros que la
constituyen, sino en el conjunto o totalidad. Se lo advierte en el caso de las palabras, donde
el cambio de posición de las letras R, M, O, A crea un nuevo vocablo, p. ej: "ROMA",
"AMOR", "MORA", "RAMO", OMAR. De igual modo no se trata de que un cuadro sea
bello porque el material utilizado sea bello o porque los colores elegidos o la forma que le
dio el artista sean bellos, de modo que al sumar todos estos elementos tenemos una obra
bella por ser cada uno bello; por el contrario, se trata de la conjunción de todas esas
cualidades en la obra, es decir, que la reunión e interrelación de todos estos elementos
genera una estructura que hace que la obra sea bella. Así también ocurre con los valores
morales de una acción, por ejemplo, de la honestidad. Una acción honesta no se reduce a
una mera suma de elementos que la caracterizan, sino que depende de cómo se vinculan y
cómo se relacionan dichos elementos; la persona que actúa libre y responsablemente, la
deliberación que esa persona hace antes de actuar, su concepción del bien, el modo en que
ejecuta su acción y la manera cómo repercute en el otro. Todos estos elementos
interrelacionados forman parte de la estructura del valor de la honestidad de una acción. El
juicio moral de la acción es correlativo al sentimiento moral de elogio y, sin embargo, ni el
valor de la acción depende de la estimación del sentimiento moral ni del juicio moral
correlativo, tampoco el valor de la acción se debe a la sola intención del agente ni a las
consecuencias de la misma, sino que el valor se manifiesta en el conjunto. El valor de la
honestidad es una cualidad que se agrega al todo, es una cualidad estructural del conjunto y
como tal, tiene un límite en sus componentes. No hace falta imaginar qué ocurre si faltara
uno de aquellos componentes, del igual modo a como la belleza escapa de una estatua
fracturada (lo cual no quiere decir que la belleza sólo se presente en la armonía y en la
proporción, pues ciertamente no lo hace, tal como la flor del loto reluce en pantanos y
ciénagas). Con todo, la estructura es una unidad concreta real y empírica y no una
abstracción como un concepto.

2. Jerarquía y polaridad de los valores.

Una característica de los valores es la polaridad. Los valores se pueden desdoblar en


valores positivos y valores negativos. La belleza se opone a la fealdad, lo malo a lo bueno,
lo injusto a lo justo, etc. ¿Por qué es importante advertir esta polaridad?. Porque las cosas
con las que tratamos día a día en la medida en que tengan un valor incorporado a ellas, esas
cosas no nos dejan indiferentes, sino todo lo contrario; dependiendo de si una cosa tiene un
valor positivo o negativo esa cosa está correlacionada a nuestros afectos de aceptación y
aproximación o de negación y rechazo. Podemos pensar, por ejemplo, en el caso del arte:
no hay obra de arte que sea neutra ni persona que se mantenga indiferente al escuchar una
sinfonía, leer un poema o ver un cuadro. De igual modo nos puede generar asco reconocer
el valor de una injusticia o la perfidia en la palabra lisonjera4 (Ver nota 4).
4 De igual forma ocurre con los valores negativos, como bien lo ejemplifica el drama
trágico Ricardo III de William Shakespeare, obra cuyo texto está basado en la visión que
presentó Tomás Moro de este monarca, en su «Historia del rey Ricardo III» (1513). El
personaje principal sigue la moda de su tiempo de encarnar el espíritu de Maquiavelo

"Dios, Sé sonreír, y sé asesinar mientras sonrío.

Gritar satisfecho a lo que aflige mi corazón, humedecer mis mejillas con lágrimas falsas y
transformar mi cara según la ocasión.

Puedo ahogar más marineros que el canto de las sirenas, puedo orar tan bien o mejor que
Néstor, ser más astuto que el astuto Ulises y puedo conquistar una nueva Troya. Añadir
colores al camaleón; puedo cambiar de forma cual Proteo y llevar a su última consecuencia
las máximas de Maquiavelo.

¿Podré, o no podré conseguir la corona?

Todo esto y mucho más he de ponerlo en práctica" (W. Shakespeare, Ricardo III,
Introducción)

Otra característica de los valores es que aquellos se encuentran ordenados jerárquicamente,


habiendo valores inferiores y valores superiores. Esta jerarquización no debe entenderse
como una clasificación, ya que una clasificación no implica necesariamente un orden
jerárquico. Por ejemplo, se puede clasificar a los hombres en gordos y flacos, altos y bajos,
solteros y casados, etc., sin que ninguno de los grupos tenga mayor jerarquía que el otro. En
cambio los valores se dan en su orden jerárquico o tabla de valores. ¿Cómo nos damos
cuenta de que existe una jerarquía o tabla de valores? Simplemente a través de la
preferencia que el ser humano tiene por ciertos valores. Al enfrentarse a dos valores una
persona comúnmente prefiere el valor estimado superior, [Link].: no es lícito poner en peligro
vidas humanas para ganar dinero, pero sí lo es arriesgar una fortuna económica para salvar
vidas humanas; en cambio, a veces se elige el valor inferior por razones circunstanciales
(Ver Nota). Entonces, ¿cómo debe actuar una persona?, ¿debe actuar según su preferencia
personal o de acuerdo con lo "preferible" que él no prefiere? y ¿cómo podemos conocer los
criterios para establecer una tabla de valores?

3. Discernimiento y situación: La deseabilidad del valor.

Las dos preguntas iniciales sobre la existencia de una preferencia nos sitúa ante un
problema central como es el de discernir el valor implicado en cada situación. El verbo
discernir (Del lat. discernére, distinguir, diferenciar, discriminar y conceder u otorgar un
cargo, distinción u honor), denomina a la Facultad de distinguir entre lo real y lo ilusorio; lo
justo y lo Injusto, lo esencial y lo accesorio, lo útil y lo inútil, lo verdadero y lo falso, lo
egoísta y lo altruista. Como ya fue planteado en la unidad anterior, la virtud moral es una
disposición firme de la voluntad de querer el bien, es decir, una actitud de querer ser a ojos
de cualquiera y para con nosotros mismos buenos. Se trata de una te

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