1
Natividad del Señor
Hoy celebramos la fiesta del Nacimiento del Señor, para la cual nos
preparamos durante las semanas de Adviento. Dios, nuestro Padre, nos ha
hecho el mejor regalo al darnos a Jesús. El misterio del nacimiento del Hijo de
Dios invita a una contemplación serena sobre el amor de Dios, la familia, la
ternura, la vida interior, la sencillez…
Para facilitar esta contemplación, los invito a explorar el origen y el significado
de los tres grandes símbolos de este tiempo litúrgico: el pesebre, el árbol de
Navidad y los villancicos. Al comprenderlos podremos interiorizar mejor el
mensaje que nos transmiten.
Hablemos, en primer lugar, del pesebre:
Su origen se remonta a San Francisco de Asís, ser excepcional que
predicó la paz, la sencillez de vida y el amor a la naturaleza.
Cuenta la tradición que, mientras meditaba el texto del evangelista
Lucas sobre la anunciación y el nacimiento de Jesús, tuvo la inspiración
de reproducir en vivo lo que narraba el evangelista.
Así, en la Navidad del año 1.223, eligió un lugar abierto, extendió un
paño blanco, recogió heno y, con la ayuda del soldado Juan de Greccio,
consiguió un burro y un buey, y convocó a los campesinos de la región
para que reunieran nueve días antes de la Navidad y participaran en
una eucaristía que tenía como escenografía esta representación de los
misterios de Cristo. Con anterioridad había solicitado la autorización
del Papa Honorio III. San Buenaventura es quien nos narra este
episodio de la vida de San Francisco.
Por razones prácticas se pasó de este pesebre con animales vivos y
pastores de carne y hueso, al pesebre con figuras hechas de diversos
materiales. La variedad es infinita.
Esta hermosa costumbre fue acogida inmediatamente en Italia y pasó a
España por el influjo de Carlos III, que ocupó el trono de Nápoles y
quiso trasladar esta práctica a su país de origen.
2
Los frailes que viajaron en los barcos con los descubridores y colonos
trajeron el pesebre a América, el cual fue una herramienta catequética
muy útil en la evangelización de los indígenas.
Algunas personas se refieren con desprecio al pesebre y se burlan de lo
que califican como “muñecos”. Los invito a tener una mirada diferente.
Recordemos que en el siglo XIII no existían los desarrollos tecnológicos
de hoy (Internet, tecnología digital para crear imágenes y efectos
especiales). En ese contexto, las imágenes del pesebre eran como las
animaciones digitales de hoy, es decir, una manera muy sencilla de
visualizar los grandes misterios de la redención y acercarlos a los
sentidos y a la imaginación del pueblo sencillo, que era analfabeta.
Pasemos al árbol de Navidad:
Sus orígenes hay que buscarlos en Alemania.
Antes de la conversión al Cristianismo, las tribus germanas pensaban
que un árbol gigantesco sostenía al mundo, y que de sus ramas
colgaban el sol, la luna y las estrellas.
Cuando los primeros misioneros entraron en contacto con estas tribus,
vieron que celebraban al nacimiento del dios del sol y de la fecundidad
adornando un árbol de hoja perenne (una conífera)
Cuenta la tradición que San Bonifacio, monje inglés que evangelizó las
tierras de la actual Alemania en la primera mitad del siglo VIII, decidió
respetar el símbolo del árbol, muy arraigado en esa cultura, pero le dio
una significación muy diferente.
Así, pues, San Bonifacio institucionalizó el pino como árbol de Navidad,
pues al no perder las hojas durante el invierno simboliza el amor
eterno y constante de Dios por la humanidad. Lo adornó con manzanas
y velas; las manzanas evocaban el pecado original y las tentaciones; las
velas representaban a Jesucristo, luz del mundo. Con el paso del
tiempo, las manzanas se convirtieron en bolas de colores y las velas
cedieron el lugar a las instalaciones eléctricas con bombillos de colores.
¿Cuáles son, entonces, los elementos básicos del árbol de Navidad:
- Ante todo, debe ser un pino – natural o artificial – por la perennidad
de sus hojas, que simbolizan el amor eterno de Dios.
3
- La estrella, puesta en la parte superior, hace referencia a la estrella
de Belén, y simboliza la fe que nos guía por camino de la vida.
- Las bolas de colores sustituyeron a las manzanas originales de San
Bonifacio, que recordaban el pecado original y las tentaciones
- Las luces de colores – originalmente velas – representan la luz de
Cristo.
- Los lazos y cintas manifiestan la unión de los familiares y seres
queridos.
- Resulta, entonces, que el pesebre se remonta al siglo XIII, con San
Francisco de Asís y es de inspiración italiana; y el árbol de Navidad
procede de Alemania y se remonta San Bonifacio, que evangelizó
esas tierras en el siglo VIII.
Finalmente, digamos una palabra sobre los villancicos:
La palabra villancico hace referencia a los habitantes de las villas o
ciudades, los “villanos”.
En el siglo XV, los villancicos eran canciones en lengua vulgar (no en
latín, que era la lengua culta, sino en castellano, francés o italiano…)
sobre temas amorosos, que originalmente se interpretaban en los
salones nobles y que después entraban a formar parte del repertorio
de las clases populares o “villanos”
En el siglo XVIII, los maestros de música religiosa compusieron la
música para textos populares que hablaban del misterio de la
encarnación y que se inspiraban en la liturgia de Navidad. Estas
composiciones tuvieron mucho éxito y fueron interpretadas por el
pueblo; así los villancicos dejaron de ser canciones profanas y se
inspiraron en temas exclusivamente religiosos.
Cuando en la actualidad nos referimos a los villancicos, hacemos
referencia a las canciones de Navidad, que tienen una estructura
musical sencilla y que son interpretadas generalmente por grupos de
niños.
El más famoso de todos los villancicos es “Noche de Paz”, cuya letra fue
escrita por el párroco de un pueblito de Austria, y la música la compuso
un amigo suyo, profesor de música, y fue estrenado en la navidad de
1818.
4
He querido explicarles los orígenes y el significado de estos tres símbolos que
ocupan un lugar destacado dentro de las celebraciones navideñas:
Que el pesebre, el árbol y los villancicos no sean una costumbre más
que repetimos cada año simplemente por influjo de la sociedad de
consumo.
Mediante estos tres elementos, que llaman la atención de nuestros
sentidos, tomamos conciencia del amor infinito de Dios Padre, que nos
hace el regalo de su Hijo para que sea nuestro compañero de camino.
Que estas celebraciones tengan como protagonistas centrales a los
niños. Que se sientan rodeados de la ternura de nosotros los adultos. Y
desterremos de nuestros hogares los comportamientos escandalosos y
agresivos. La Navidad es tiempo de paz, amor y vida familiar.. Q.S.A.T
5
En esta sagrada noche de Navidad, nos reunimos como familia de fe para
celebrar el nacimiento de nuestro Salvador, Jesucristo. La luz de la esperanza
y el amor ha llegado al mundo, y con gratitud nos sumergimos en la maravilla
de este regalo divino.
En el Evangelio de Lucas, encontramos la narración humilde pero
extraordinaria del nacimiento de Jesús en Belén. María y José, obedientes al
llamado de Dios, encuentran refugio en un establo, y es allí, entre pesebres y
animales, donde el Hijo de Dios llega al mundo. Esta historia nos recuerda la
sencillez y la humildad que caracterizan el plan divino para la redención de la
humanidad.
La luz que brilla en esta noche es la luz que disipa las tinieblas de la
desesperanza y la desolación. Jesús, el Emanuel, Dios con nosotros, llega para
cambiar nuestras vidas y ofrecernos una relación íntima con el Creador. En
este Niño recién nacido, vemos la promesa cumplida de la venida del Mesías,
el Salvador del mundo.
La Navidad es un recordatorio de que Dios elige lo simple para confundir a los
sabios y lo débil para confundir a los fuertes. En el pequeño y vulnerable Niño
Jesús, encontramos el poder transformador del amor divino. El amor que se
nos muestra no con grandiosidad terrenal, sino en la ternura de un recién
nacido, en la fragilidad de la carne humana.
En este tiempo de celebración, recordemos que la verdadera alegría de la
Navidad no se encuentra en los regalos materiales, sino en el regalo supremo
de la presencia de Cristo en nuestras vidas. Que esta Noche Santa nos inspire
a llevar la luz de Cristo a todos los rincones del mundo, especialmente a
aquellos lugares envueltos en la oscuridad de la injusticia, la soledad y la
desesperanza.
Que el Espíritu de la Navidad nos llene de gratitud por el regalo de la
salvación y nos motive a ser portadores de esa luz divina en nuestro diario
vivir. Que cada uno de nosotros, al contemplar el pesebre, renueve su
compromiso de seguir el ejemplo de Jesús en el amor, la compasión y el
servicio a los demás.
6
En esta Nochebuena, abramos nuestros corazones a la gracia redentora de
Cristo y permitamos que su luz brille en nosotros y a través de nosotros. Que
la paz y la alegría de la Navidad permanezcan con cada uno de ustedes hoy y
siempre.