“AÑO DEL BICENTENARIO DE LA CONSOLIDACIÓN DE NUEST RA
INDEPENDENCIA Y DE LA CONMEMORACIÓN DE LAS HEROICAS
BATALLAS DE JUNÍN Y AYACUCHO”
ESPECIALIDAD: ENFERMERÍA TÉ CNICA
CICLO: V
CURSO: ASISTENCIA EN EL ADULTO MAYOR
TEMA: VALORACIÓ N GERIÁTRICA CLÍNICA
INTREGRANTES:
ALTAMIRANO VALVERDE YADIRA
CERIN RUIZ ERIKA
CORNELIO VEGA HILDA
ROBLES CASTILLO ERICA
RUIZ SANTILLAN NERI
LIC: ROSMARY CALDERÓN QUIROZ
1
HUAMACHUCO- 2024
ÍNDICE
2
INTRODUCCIÓN
La valoración geriátrica integral (VGI) es un instrumento que permite, dentro de
la valoración clínica del paciente adulto mayor, integrar los conocimientos de
las esferas clínicas, psicológicas, mentales y sociales, lo que faculta el obtener
una visión amplia y clara del contexto en que se encuentra el paciente, facilita
el diagnóstico no solo de entidades patológicas habituales, sino también el
integrar a los síndromes geriátricos, lo que facilita la distribución de tareas en
un equipo multidisciplinario de atención al anciano y da una visión clara de los
objetivos del manejo con la intención de otorgar mejor calidad de vida. Se
presentan algunos test de los más utilizados, que ayudan a lograr la valoración
de la persona adulta mayor.
Las características inherentes a la edad geriátrica, en las que confluyen los
aspectos intrínsecos del envejecimiento fisiológico y la especial forma de
presentación de las enfermedades, hacen necesario un sistema específico de
valoración. En esta población, la prevalencia de alteraciones no diagnósticas,
de disfunciones potencialmente reversibles no identificadas, y que no son
susceptibles de ponerse de manifiesto con una valoración clínica al uso, hace
necesario un proceso diagnóstico dinámico y estructurado que permita detectar
y cuantificar los problemas, necesidades y capacidades del anciano en las
esferas clínica, funcional, mental y social, para elaborar una estrategia
interdisciplinar de intervención, tratamiento y seguimiento a largo plazo con el
fin de lograr el mayor grado de independencia y, en definitiva, calidad de vida
3
VALORACIÓN GERIÁTRICA INTEGRAL
La Valoración Geriátrica Integral (VGI) es un instrumento donde se evalúa a la
persona adulta mayor a nivel biopsicosocial y funcional para poder determinar
un plan a seguir para su tratamiento y el seguimiento que se le hará en el
futuro. El médico geriatra lo toma como su principal herramienta en la práctica
clínica diaria, pues esta permitirá identificar las necesidades de los pacientes
en cualquier nivel de atención medica sanitaria.
La aplicación de la VGI trae consigo múltiples beneficios como el análisis de la
funcionalidad de los adultos mayores los cuales permitirán hacer un diseño de
estrategias para poder recuperar su nivel basal o evitar que su deterioro. Los
adultos mayores por las múltiples comorbilidades que presentan y para mejorar
su autonomía y evitar la exclusión social requieren de atenciones
multidisciplinarias y estas deben estar orientadas a cuidarlos y no solo a
curarlos de esta manera se puede mejorar y/o mantener su autonomía.
La VGI permite identificar a los adultos mayores con múltiples con
morbilidades, con una declinación funcional y que ello lleva a una alta tasa de
mortalidad. La VGI se puede realizar en todos los niveles de atención desde
centros médicos hasta hospitales de alta complejidad nivel IV.
Objetivos de la valoración geriátrica clínica.
Mejorar la exactitud diagnóstica atendiendo a las cuatro esferas; clínica,
funcional, mental y social.
Descubrir problemas no diagnosticados previamente y potencialmente
tratables.
Establecer un tratamiento adecuado a las necesidades del anciano,
contemplando las alteraciones identificadas en las cuatro esferas.
Mejorar el estado funcional y cognitivo.
Mejorar la calidad de vida.
Conocer los recursos del paciente y su entorno sociofamiliar.
Para situar al paciente en el nivel médico y social más adecuado a sus
necesidades, fomentando en la medida que sea posible la autonomía,
intentando evitar los ingresos hospitalarios y las institucionalizaciones.
Disminuir la mortalidad.
1. TÉCNICAS DE OBTENCIÓN DE DATOS DE LA VGI
4
Valoración clínica: La realiza el profesional de la medicina y/o de
la enfermería, centrándose en los aspectos físicos, psicológicos y
sociales para detectar una parte de los problemas del anciano.
La valoración clínica se suele centrar en patologías como
enfermedades pasadas y las secuelas de ellas, en las
enfermedades actuales y en la detección de factores
predisponentes de enfermedades futuras.
Valoración funcional: La valoración funcional se realiza desde
los profesionales de la fisioterapia, para recabar información sobre
la capacidad de la persona de realizar las Actividades de la Vida
Diaria, es decir, las que permiten que una persona sea autónoma e
independiente. Estas actividades pueden ser de todo tipo y sirven
para evaluar si la persona puede mantener su independencia en el
entorno habitual.
La valoración del estado mental del paciente: Generalmente
la valoración mental es realizada por profesionales de la psicología,
llevando a cabo una evaluación completa del estado cognitivo,
afectivo y detectando la posibilidad de coexistencia de demencia.
La valoración social: Es realizada por el profesional de
la asistencia social atendiendo al estado de la vivienda y de
adaptación del paciente a su entorno social, las posibilidades de
tener cuidadores formales y otros recursos sociales.
La VGI puede realizarse en cualquier punto del sistema
sanitario (público o privado).
Hospitales de agudos, hospitales de día, centros sociosanitarios y de
atención primaria, residencias geriátricas, consultorios, incluso, en el
domicilio, se realiza:
Una historia clínica completa
Exploración física.
Estado nutricional.
Presencia de dolor, heridas y úlceras cutáneas.
Análisis de la comorbilidad, es decir, presencia de diferentes
enfermedades en un único paciente
Valorar la fragilidad.
El proceso de VGI permite un gran aumento en la eficacia de los
resultados terapéuticos, ya que permite:
Mejorar la precisión diagnóstica.
Disminuir la medicación y realizar un uso más racional de los
fármacos.
Mejorar la función física, cognitiva y mental.
Mejorar la sensación de bienestar.
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Aumentar las posibilidades de los pacientes de permanecer en su
propio domicilio.
Retrasar el ingreso en residencias, centros sociosanitarios y
hospitalarios.
Reducir la mortalidad.
2. TEST DE VALORACIÓN GERIÁTRICO
El test de valoración geriátrica es una evaluación que se realiza en
personas mayores para detectar trastornos y situaciones de fragilidad.
Algunos de los cuestionarios utilizados en esta valoración son:
Escala Apgar familiar, para valorar las relaciones familiares.
Pruebas orientadas a detectar trastornos de la marcha y el equilibrio.
Cuestionario de 15 preguntas para el cribado de la depresión en
personas mayores de 65 años.
Identificar situaciones de fragilidad en el paciente.
Avances en la atención y los resultados clínicos
Mayor precisión diagnóstica
Mejora en el estado funcional y mental
Reducción de la tasa de mortalidad
Disminución de la tasa de internación crónica y en hospitales de
cuidados agudos
Mayor satisfacción con la atención.
ÍNDICE DE ACTIVIDADES DE LA VIDA DIARIA (KATZ)
El índice de Katz es un instrumento clínico que se utiliza para medir el grado
de dependencia de una persona en actividades de su vida cotidiana. En
términos más concretos, permite evaluar la necesidad de tener una ayuda
suplementaria para alguna situación puntual. Sin embargo, es necesario
aclarar que el índice de Katz no posee una perspectiva social que tome en
cuenta los lugares que transita una persona, por lo que su uso no está
diseñado para evaluar la posibilidad de tener relaciones sociales de forma
autónoma. En contraposición con esto, el propósito de este instrumento
consiste en contemplar las capacidades físicas de una persona para las
actividades básicas que puede realizar en soledad.
Para qué sirve el índice de Katz:
Evaluación de independencia funcional: la aplicación de este
instrumento brinda un panorama general acerca del estado de salud
física de una persona. De este modo, es posible evaluar su capacidad
de acción y resolución.
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Seguimiento de estado de salud: a lo largo del tiempo, el índice de
Katz puede utilizarse para corroborar mejorías o deterioros en la
persona afectada.
Intervenciones para el cuidado: mediante los resultados que arrojan
las pruebas, los profesionales de la salud pueden pactar intervenciones
que tengan como finalidad el cuidado de la persona.
Búsqueda de necesidades de atención: tomando como referencia los
indicadores que señale el índice de Katz, existen posibilidades de
implementar recursos que atiendan las necesidades de cada ser
humano.
Clasificación del índice de Katz
Esta herramienta clínica posee seis ítems que corresponden a cada una de
las áreas que se evalúan. En este apartado, explicaremos la clasificación
del índice de Katz:
Alimentación: se evalúa la capacidad de alimentarse de forma
dependiente o independiente.
Baño: representa la posibilidad de bañarse con o sin ayuda.
Movilidad: implica los movimientos de un lugar hacia otro, tomando
como referencia la necesidad de utilizar bastón, silla de ruedas o
cualquier sostén.
Uso del inodoro: se toma en cuenta si la persona puede hacer sus
necesidades en el retrete con o sin la ayuda de un tercero.
Continencia urinaria y fecal: Otro de los puntos que se toma en cuenta
reside en el control de esfínteres. Dicho de otro modo, se evalúa si la
persona puede orinar y defecar en lugares específicos.
Vestido: Comprobar la capacidad de ponerse ropa y calzado de forma
autónoma o con ayuda de otra persona.
Evaluación del índice de Katz
Este recurso clínico presenta algunos criterios propios de la examinación de las
personas. De esta manera, surgen escalas con puntajes que se toman en
cuenta para realizar un diagnóstico adecuado según los ítems evaluados. En
los próximos ítems, hablaremos acerca de cómo se evalúa el índice de Katz:
0 puntos: la persona posee una imposibilidad total de realizar la
actividad sin una ayuda externa.
1 punto: existen probabilidades de que la persona lleve a cabo la
actividad con una ayuda parcial de un tercero. Sin embargo, la asistencia
resulta imprescindible.
2 puntos: la actividad puede ser realizada de forma independiente,
aunque con dificultades físicas.
3 puntos: La persona no requiere de ninguna ayuda.
ESCALA DE LA CRUZ ROJA
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Las escalas de incapacidad de la Cruz Roja, física y mental, (EFCR y EMCR)
se diseñaron como un instrumento para evaluar y clasificar a los ancianos
residentes en su domicilio dentro del área del hospital y localizar a aquellos que
precisaban asistencia geriátrica domiciliaria. Con el tiempo su empleo se ha
generalizado en la valoración de pacientes en servicios de geriatría,
residencias de ancianos y otro tipo de centros. Es una escala simple y fácil de
utilizar sin normas detalladas sobre su aplicación.
El evaluador debe clasificar al paciente en el grado funcional que más se
aproxime a su situación actual.
Evalúa la incapacidad física según una escala de seis grados que oscilan entre
el 0 (independencia) y el 5 (incapacidad funcional total).
La información se obtiene preguntando directamente al paciente o a su
cuidador.
El tiempo de aplicación es inferior a un minuto.
La asignación de un paciente a su grado es sencilla cuando coinciden las
características de la descripción de una de las puntuaciones, pero no en
los casos en las que no coinciden (sobre todo la deambulación y la
incontinencia) lo que obliga al evaluador a dar mayor relevancia a alguna
de ellas.
Ha sido aplicada en muestras de ancianos de la comunidad, en
programas de atención domiciliaria, a nivel hospitalario y en residencias y
centros de día, permitiendo la valoración continuada y la transmisión de
información entre los profesionales.
Valora también la respuesta al tratamiento.
El punto de corte 3 parece ser el que mejor permite la discriminación
entre dependencia leve a moderada y la grave.
Una puntuación por encima de 3 se ha asociado a aumento de
mortalidad en pacientes geriátricos ingresados o domiciliarios.
Escala funcional de la Cruz Roja
0. No se vale totalmente por sí mismo, anda con normalidad.
1. Realiza suficientemente los actos de la vida diaria. Deambula con alguna
dificultad. Continencia total.
2. Tiene alguna dificultad en los actos diarios por lo que en ocasiones
necesita ayuda. Deambula con ayuda de bastón o similar. Continencia
total o rara incontinencia.
3. Grave dificultad en los actos de la vida diaria. Deambula difícilmente
ayudado al menos por un apersona. Incontinencia ocasional.
4. Necesita ayuda para casi todos los actos. Deambula ayudado con extrema
dificultad (dos personas). Incontinencia habitual.
5. Inmovilizado en cama o sillón. Incontinencia total. Necesita cuidados
continuos de enfermería.
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EL ÍNDICE DE BARTHEL
Se conoce como Índice de Barthel o Escala de Barthel, es un instrumento de
evaluación en forma de escala ampliamente utilizado por diversos
profesionales de la rama sociosanitaria con el fin de evaluar o valorar el nivel
de independencia que tiene una persona a la hora de realizar actividades
básicas.
Esta medida permite valorar la existencia de una discapacidad física o
neurológica que suponga una dificultad para el desempeño y realización
de tareas fundamentales en nuestro día a día.
Concretamente este índice valora las llamadas actividades básicas de la
vida diaria, las cuales se entienden como el conjunto de acciones y
actividades que una persona necesita hacer con el fin de mantener un
auto-cuidado adecuado y mantenerse sano y activo.
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Es decir, al contrario que otras actividades que se vinculan más bien a la
relación del sujeto con el medio que lo rodea, las básicas se centran en
cómo el sujeto se mantiene a sí mismo.
No poder realizar estas actividades supone un claro perjuicio para la
integridad física y mental del sujeto e incluso podría llevarle a la muerte
en caso de no ser ayudado.
Actividades básicas que evalúa
El Índice o Escala de Barthel evalúa como hemos dicho un total de diez
actividades básicas de la vida diaria, las cuales pueden dividirse principalmente
en alimentación, higiene, desplazamiento y control de esfínteres. Las
actividades en concreto que se observan son las siguientes.
1. Comida: Este ítem valora si el sujeto es capaz de comer por sí
mismo. Implica ser capaz de introducirse el alimento en la boca,
masticar y tragar. Además de ello también se valora si es capaz de
realizar acciones como cortar la comida o servirse agua, si bien si pese
a no poder hacer estas últimas acciones puede comer por sí mismo
también va a tener una puntuación distinta de cero (10 si puede hacerlo
todo independientemente, 5 si necesita ayuda para cortar, usar
cubiertos, etc.). Si necesita una ayuda completa para poder comer, la
puntuación es 0.
2. Lavarse/Aseo personal: Esta actividad implica ser capaz por sí mismo
de mantener la higiene corporal, de tal modo que puede ducharse y
limpiarse de manera autónoma. También se tiene en cuenta si puede
entrar y salir del baño. Se valora si precisa ayuda o supervisión (0) o si
puede hacerlo de manera independiente (10).
3. Vestirse: Otra de las actividades básicas es la de vestirse. Aquí se
valora si el sujeto puede ponerse y quitarse la ropa de manera autónoma
y sin ayuda (10 puntos), tiene que ser ayudado en algunos momentos
pero la mayoría de cosas puede hacerlas por sí mismo (5 puntos) o
necesita que alguien le ayude en todo momento (0 puntos).
4. Arreglarse: Esta actividad implica en parte aseo personal, e incluye
acciones como peinarse, lavarse cara o manos, afeitarse o maquillarse.
Se valora si el sujeto puede hacerlo por sí mismo (10) o necesita ayuda
para ello (0).
5. Continencia/incontinencia urinaria: Del mismo modo que se evalúa la
incontinencia fecal, también se valora la urinaria. En este sentido,
teniendo en cuenta también el desempeño en la semana previa a la
evaluación, se observará si el sujeto puede contener la orina y/o cuidar
el funcionamiento de una posible sonda (10 puntos), si tiene episodios
(máximo 1 diario) de incontinencia (5) o si de manera habitual no puede
retener la orina (0 puntos).
6. Uso del retrete: Vinculado a los dos anteriores puntos, en este caso se
valora si el sujeto es capaz de utilizar los sanitarios por sí mismo. Si
puede ir al lavabo, quitarse la ropa, realizar sus necesidades y limpiarse
se valora con 15 puntos. Si necesita ayuda pero es capaz de limpiarse
10
se valoran 5 puntos y en caso de que necesite ayuda para ambos
aspectos se valorará el ítem con 0 puntos.
7. Trasladarse a silla o cama: Esta actividad entraría entre las que valora
la capacidad de desplazamiento del sujeto, concretamente si es capaz
de sentarse o levantarse por sí mismo o entrar y salir de la cama. El
sujeto puede ser totalmente independiente (15 puntos), necesitar poca
ayuda (10 puntos), necesitar que alguien especializado y con gran
fuerza (algo que implica que gran parte del esfuerzo lo hace gracias a
dicha ayuda) le ayude aunque puede permanecer sentado por sí mismo
(5 puntos) o necesitar una ayuda total en que o una grúa o varias
personas lo trasladen y no pueda estar sentado (0 puntos).
8. Deambular: Otra de las actividades básicas que se evalúan en el Índice
o Escala de Barthel es la capacidad de deambular y desplazarse en
distancias cortas. Se valora si el sujeto es capaz de caminar 50 metros
sin ayuda de otra persona o andadores (aunque puede usar muletas o
bastones). Si es capaz de manera independiente se puntúa con 15
puntos, si precisa de alguna ayuda o andador 10 y si depende de la
ayuda para desplazarse se puntúa con 0.
En el caso de personas en silla de ruedas que puedan desplazarse por
sí mismas con dicha silla de manera independiente, se puntúa con 5
puntos.
9. Utilizar escaleras: En gran parte de nuestras urbanizaciones y casas
podemos encontrar escaleras, escalones y cambios de altura, de
manera que ser capaz de emplearlas es considerada una actividad
básica de la vida diaria a la hora de desplazarse. Un sujeto que puede
subir o bajar unas escaleras de manera autónoma es puntuado con 10
puntos en este ítem, si necesita que alguien le ayude o supervise 5 y si
no es capaz de utilizar las escaleras se puntúa el ítem con 0 puntos.
LA ESCALA DE LAWTON Y BRODY
La escala de Lawton y Brody permite medir el grado de independencia que
mantiene el anciano, dándonos información valiosa para una posible
intervención.
Una de las principales consecuencias del envejecimiento es la pérdida
progresiva de la autonomía. El deterioro de la salud física y mental influyen en
que el anciano sea cada vez más dependiente, especialmente si padece algún
tipo de demencia o daño cerebral. La escala de Lawton y Brody permite
detectar las primeras señales de dificultad y falta de autonomía en la persona.
Este breve instrumento es uno de los más utilizados a nivel internacional y el
más empleado en las unidades de geriatría en España. Permite medir el grado
de independencia en personas ancianas, tanto institucionalizadas como no.
Además, destacar que lo hace a través de la evaluación de las actividades
instrumentales de la vida diaria (AIVD).
Actividades instrumentales
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A la hora de analizar la dependencia hemos de fijarnos en la capacidad de la
persona para llevar a cabo las actividades de la vida diaria. Para clasificarlas
podemos dividirlas en dos grupos, básicas e instrumentales:
Las primeras hacen referencia a aquellos aspectos más
elementales del cuidado personal, como pueden ser la
alimentación, el control de esfínteres o la movilidad.
Las actividades instrumentales, por otro lado, son tareas más
complejas, pero no menos importantes para poder llevar una vida
con autonomía. Incluyen actividades que requieren la capacidad de
toma de decisiones y resolución de problemas. De estas,
precisamente, se ocupa la escala de Lawton y Brody.
Las opciones de respuesta puntúan 1 (la persona las realiza de forma
independiente) o 0 (dependiente).
La puntuación total se obtiene sumando los valores obtenidos en cada ítem y
oscila entre 0 (totalmente dependiente) y 8 (independencia absoluta). En
función del caso, la escala será completada por el propio paciente o por
un cuidador fidedigno (en caso de que el anciano no sea capaz).
Capacidad para usar el teléfono
Utiliza el teléfono por iniciativa propia (1 punto)
Marca unos cuantos números bien conocidos (1)
Contesta al teléfono, pero no marca (1)
No es capaz de usar el teléfono (0)
Hacer compras
Realiza todas las compras necesarias con independencia (1)
Compra con independencia pequeñas cosas (0)
Necesita compañía para hacer cualquier compra (0)
Totalmente incapaz de comprar (0)
Preparación de la comida
Planea, prepara y sirve las comidas con independencia (1)
Las prepara adecuadamente si se le dan los ingredientes (0)
Calienta y sirve las comidas, pero no mantiene una dieta adecuada
(0)
Necesita que le preparen y sirvan las comidas (0)
Cuidar la casa
Cuida la casa solo o con ayuda ocasional (1)
Realiza tareas ligeras como fregar o hacer la cama (1)
Realiza tareas ligeras, pero no mantiene una limpieza aceptable (1)
Necesita ayuda en todas las labores (1)
No participa en ninguna labor (0)
Lavar la ropa
Lava por sí solo toda su ropa (1)
Lava pequeñas prendas (1)
Necesita que otro se ocupe del lavado (0)
Medios de transporte
Viaja solo en transporte público o usa su coche (1)
Es capaz de coger un taxi, pero no usa otro medio (1)
Viaja en transporte público acompañado por otra persona (1)
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Solo viaja en taxi o automóvil con ayuda de otros (0)
No viaja (0)
Medicación
Toma su medicación a la hora y dosis correcta (1)
Toma su medicación si la dosis se le es preparada previamente (0)
No es capaz de administrarse su medicación (0)
Asuntos económicos
Maneja sus asuntos económicos por sí solo (1)
Maneja asuntos cotidianos, pero necesita ayuda para grandes
compras e ir al banco (1)
Incapaz de manejar el dinero (0)
ESCALA DE NORTON
La Escala de Norton se desarrolló en la década de 1960 y se utiliza
para evaluar el riesgo de que un paciente desarrolle úlceras por presión. Su
principal objetivo es prevenir la aparición de este tipo de úlceras. Así, se utiliza,
generalmente, en geriatría para pacientes encamados, tanto crónicos como
en pacientes ingresados en unidades en los hospitales.
Solo se requieren varios minutos para completar la escala de Norton para cada
paciente, por lo que el personal de enfermería realiza este tipo de
evaluación de forma rutinaria durante cada admisión.
El paciente se clasifica de 1 a 4, utilizando los siguientes cinco criterios:
condición física, condición mental, actividad, movilidad e incontinencia. En el
siguiente apartado, hablaremos en profundidad de cada uno de ellos.
Realización de la evaluación
A la hora de realizar la escala, como hemos dicho anteriormente, se
deben evaluar cinco categorías y asignar un número del 1 al 4 para cada
categoría. De esta forma, el cuadro de evaluación, junto con los parámetros, es
el siguiente:
La primera de las categorías es la condición física. Para que una persona tenga
un estado físico bueno, es decir, con la puntuación máxima, debe cumplir las
siguientes características:
Nutrición: realiza 4 comidas diarias, con una media de 4 raciones de
proteínas, 2.000 Kcal y un Índice de masa corporal entre 20 y 25.
Líquidos: 1.500-2.000 cc/día (8-10 vasos).
13
Temperatura corporal: de 36-37 grados.
Hidratación: persona con el peso mantenido, mucosas húmedas
rosadas y recuperación rápida del pliegue cutáneo.
Por otra parte, para que la persona tenga un estado físico mediano, es
decir, para obtener la puntuación de un 3, las características son:
Nutrición: realiza 3 comidas diarias, una media de 3 raciones
proteínas/día y 2.000 Kcal. El Índice de masa corporal tiene que ser
mayor de 20 y menor de 25.
Líquidos: 1.000-1.500 cc/día (5-7 vasos).
Temperatura corporal: de 37 a 37,5 grados.
Hidratación: persona con relleno capilar y recuperación del pliegue
cutáneo lento.
Para la puntuación de 2, es decir, regular, las condiciones son:
Nutrición: realiza 2 comidas diarias, una media de 2 raciones de
proteínas/día y 1.000 Kcal. El Índice de masa corporal mayor de 30.
Líquidos: 500-1.000 cc/día (3-4 vasos).
Temperatura corporal: de 37,5 a 38 grados.
Hidratación: ligeros edemas, piel seca y escamosa. Lengua seca y
pastosa.
Por último, para que la puntuación sea un 1, es decir, que la condición
física sea muy mala, las características son:
Nutrición: realiza una comida diaria, una media de una ración de
proteínas/día y menos de 1.000 Kcal. El Índice de masa corporal mayor
de 30.
Líquidos: < 500 cc/día (< 3 vasos).
Temperatura corporal: más de 38, grados o menos de 35,5.
Hidratación: Edemas generalizados, piel seca y escamosa. Lengua
seca y pastosa. Persistencia del pliegue cutáneo.
Interpretación de los resultados
Una vez hemos evaluado cada uno de los criterios y hemos realizado la suma,
es importante saber que, cuanto menor sea el puntaje de una persona, mayor
será el riesgo de que desarrolle una úlcera por presión. En general, se
considera que las personas que obtienen una puntuación de 14 o menos están
en riesgo.
La clasificación de riesgo, según la escala, es la siguiente:
Puntuación de 5 a 9 → Riesgo muy alto.
Puntuación de 10 a 12 → Riesgo alto.
Puntuación de 13 a 14 → Riesgo medio.
Puntuación mayor de 14 → Riesgo mínimo o sin riesgo.
14
15
CONCLUSIONES
16
BIBLIOGRAFÍA
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norton-y-que-mide
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