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Albert Einstein

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Albert Eisntein.

Albert Einstein fue un físico alemán de origen judío, nacionalizado después suizo,
austriaco y estadounidense. Se le considera el científico más importante, conocido
y popular del siglo XX.​​

En el siglo XVII, la sencillez y elegancia con que Isaac Newton había logrado
explicar las leyes que rigen el movimiento de los cuerpos y el de los astros,
unificando la física terrestre y la celeste, deslumbró hasta tal punto a sus
contemporáneos que llegó a considerarse completada la mecánica. A finales del
siglo XIX, sin embargo, era ya insoslayable la relevancia de algunos fenómenos
que la física clásica no podía explicar. Correspondió a Albert Einstein superar tales
carencias con la creación de un nuevo paradigma: la teoría de la relatividad, punto
de partida de la física moderna.

Uno de los científicos más importantes de la historia


Campo: Física teórica
Aportaciones: Relatividad especial, Relatividad general; Movimiento browniano;
Efecto fotoeléctrico...
Distinciones: Premio Nobel de Física (1921), Medalla Max Planck (1929), Medalla
Benjamin Franklin (1935)...
Padres: Pauline Koch y Hermann Einstein
Cónyuges: Mileva Maric (m. 1903-1919), Elsa Einstein (m. 1919-1936)
Hijos: Eduard, Hans Albert, Lieserl
Un mal estudiante

Albert Einstein nació en la ciudad alemana de Ulm el 14 de marzo de 1879. Fue el


hijo primogénito de Hermann Einstein y de Pauline Koch, judíos ambos, cuyas
familias procedían de Suabia. Al siguiente año se trasladaron a Munich, en donde
el padre se estableció, junto con su hermano Jakob, como comerciante en las
novedades electrotécnicas de la época.

El pequeño Albert fue un niño quieto y ensimismado, y tuvo un desarrollo


intelectual lento. El propio Einstein atribuyó a esa lentitud el hecho de haber sido la
única persona que elaborase una teoría como la de la relatividad: «un adulto
normal no se inquieta por los problemas que plantean el espacio y el tiempo, pues
considera que todo lo que hay que saber al respecto lo conoce ya desde su
primera infancia. Yo, por el contrario, he tenido un desarrollo tan lento que no he
empezado a plantearme preguntas sobre el espacio y el tiempo hasta que he sido
mayor».

En 1894, las dificultades económicas hicieron que la familia (aumentada desde


1881 con el nacimiento de una hija, Maya) se trasladara a Milán; Einstein
permaneció en Munich para terminar sus estudios secundarios, reuniéndose con
sus padres al año siguiente. En el otoño de 1896 inició sus estudios superiores en
la Eidgenossische Technische Hochschule de Zúrich, en donde fue alumno del
matemático Hermann Minkowski, quien posteriormente generalizó el formalismo
cuatridimensional introducido por las teorías de su antiguo alumno.

El 23 de junio de 1902, Albert Einstein empezó a prestar sus servicios en la


Oficina Confederal de la Propiedad Intelectual de Berna, donde trabajó hasta
1909. En 1903 contrajo matrimonio con Mileva Maric, antigua compañera de
estudios en Zúrich, con quien tuvo dos hijos: Hans Albert y Eduard, nacidos
respectivamente en 1904 y en 1910. En 1919 se divorciaron, y Einstein se casó de
nuevo con su prima Elsa.
Einstein con Elsa, su segunda esposa.

La relatividad
Durante 1905, publicó cinco trabajos en los Annalen der Physik: el primero de ellos
le valió el grado de doctor por la Universidad de Zúrich, y los cuatro restantes
acabarían por imponer un cambio radical en la imagen que la ciencia ofrece del
universo. De estos cuatro, el primero proporcionaba una explicación teórica en
términos estadísticos del movimiento browniano (así llamado en honor a su
descubridor, Robert Brown), y el segundo daba una interpretación del efecto
fotoeléctrico basada en la hipótesis de que la luz está integrada por cuantos
individuales, más tarde denominados fotones. Los dos trabajos restantes sentaban
las bases de la teoría restringida de la relatividad, estableciendo la equivalencia
entre la energía E de una cierta cantidad de materia y su masa m en términos de
la famosa ecuación E = mc², donde c es la velocidad de la luz, que se supone
constante.
El esfuerzo de Einstein lo situó inmediatamente entre los más eminentes de los
físicos europeos, pero el reconocimiento público del verdadero alcance de sus
teorías tardó en llegar; el Premio Nobel de Física, que recibió en 1921, le fue
concedido exclusivamente «por sus trabajos sobre el movimiento browniano y su
interpretación del efecto fotoeléctrico». En 1909 inició su carrera de docente
universitario en Zúrich, pasando luego a Praga y regresando de nuevo a Zúrich en
1912 para ser profesor del Politécnico, en donde había realizado sus estudios.

Einstein tocando el violín, una de sus aficiones favoritas (c. 1930)

En 1914 pasó a Berlín como miembro de la Academia de Ciencias prusiana. El


estallido de la Primera Guerra Mundial le forzó a separarse de su familia (por
entonces de vacaciones en Suiza), que ya no volvió a reunirse con él. Contra el
sentir generalizado de la comunidad académica berlinesa, Einstein se manifestó
por entonces abiertamente antibelicista, influido en sus actitudes por las doctrinas
pacifistas de Romain Rolland.
En el plano científico, su actividad se centró, entre 1914 y 1916, en el
perfeccionamiento de la teoría general de la relatividad, basada en el postulado de
que la gravedad no es una fuerza sino un campo creado por la presencia de una
masa en el continuum espacio-tiempo. La confirmación de sus previsiones llegó en
1919, al fotografiarse el eclipse solar del 29 de mayo; The Times lo presentó como
el nuevo Newton y su fama internacional creció, forzándole a multiplicar sus
conferencias de divulgación por todo el mundo y popularizando su imagen de
viajero de la tercera clase de ferrocarril, con un estuche de violín bajo el brazo.
Hacia una teoría unificadora
Durante la siguiente década, Einstein concentró sus esfuerzos en hallar una
relación matemática entre el electromagnetismo y la atracción gravitatoria,
empeñado en avanzar hacia el que, para él, debía ser el objetivo último de la
física: descubrir las leyes comunes que, supuestamente, habían de regir el
comportamiento de todos los objetos del universo, desde las partículas
subatómicas hasta los cuerpos estelares, y agruparlas en una única teoría "de
campo unificado". Tal investigación, que ocupó el resto de su vida, resultó
infructuosa y acabó por acarrearle el extrañamiento respecto del resto de la
comunidad científica. A partir de 1933, con el acceso de Hitler al poder, su soledad
se vio agravada por la necesidad de renunciar a la ciudadanía alemana y
trasladarse a Estados Unidos; Einstein pasó los últimos veinticinco años de su
vida en el Instituto de Estudios Superiores de Princeton (Nueva Jersey), ciudad en
la que murió el 18 de abril de 1955.
Einstein dijo una vez que la política poseía un valor pasajero, mientras que una
ecuación valía para toda la eternidad. En los últimos años de su vida, la amargura
por no hallar la fórmula que revelase el secreto de la unidad del mundo hubo de
acentuarse por la necesidad que sintió de intervenir dramáticamente en la esfera
de lo político. En 1939, a instancias de los físicos Leo Szilard y Eugene Paul
Wigner, y convencido de la posibilidad de que los alemanes estuvieran en
condiciones de fabricar una bomba atómica, se dirigió al
presidente Roosevelt instándole a emprender un programa de investigación sobre
la energía atómica.
Después de que las explosiones de Hiroshima y Nagasaki pusieran fin a
la Segunda Guerra Mundial, Einstein se unió a los científicos que buscaban la
manera de impedir el uso futuro de la bomba y propuso la formación de un
gobierno mundial a partir del embrión constituido por las Naciones Unidas. Pero
sus propuestas en pro de que la humanidad evitara las amenazas de destrucción
individual y colectiva, formuladas en nombre de una singular amalgama de ciencia,
religión y socialismo, recibieron de los políticos un rechazo comparable a las
críticas respetuosas que suscitaron entre los científicos sus sucesivas versiones
de la idea de un campo unificado.

Albert Einstein sigue siendo una figura mítica de nuestro tiempo; más, incluso, de
lo que llegó a serlo en vida, si se tiene en cuenta que aquella fotografía suya en
que exhibe un insólito gesto de burla (sacando la lengua en una cómica e
irreverente expresión) se ha visto elevada a la dignidad de icono doméstico
después de ser convertida en un póster tan habitual como los de los ídolos de la
canción y los astros de Hollywood. Sin embargo, no son su genio científico ni su
talla humana los que mejor lo explican como mito, sino, quizás, el cúmulo de
paradojas que encierra su propia biografía, acentuadas con la perspectiva
histórica. Al Einstein campeón del pacifismo se le recuerda aún como al «padre de
la bomba»; y todavía es corriente que se atribuya la demostración del principio de
que «todo es relativo» precisamente a él, que luchó encarnizadamente contra la
posibilidad de que conocer la realidad significara jugar con ella a la gallina ciega.

En tanto que modelo explicativo completamente alejado del sentido común, la


relatividad se cuenta entre aquellos avances que, en los albores del siglo XX,
conducirían al divorcio entre la gente corriente y una ciencia cada vez más
especializada e ininteligible. No obstante, ya en vida del físico o póstumamente,
incluso los más sorprendentes e incomprensibles aspectos de la relatividad
acabarían siendo confirmados. No debe extrañar, pues, que Albert Einstein sea
uno de los personajes más célebres y admirados de la historia de la ciencia: saber
que son ciertas tantas ideas apenas concebibles (por ejemplo, que la masa de un
cuerpo aumenta con la velocidad) no deja más opción que rendirse a su
genialidad.

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