La Edad Media en la Península Ibérica
Introducción: El Islam
El Islam es una religión monoteísta surgida en la península arábiga en el siglo VII. Su fundador fue
Mahoma, convertido en profeta de Alá, un dios único y todopoderoso cuyas revelaciones están
recogidas en el libro sagrado, el Corán. Mahoma predicó la nueva doctrina en La Meca, pero tuvo que huir
a Medina en el año 622; a este suceso se le conoce como la Hégira, y marca el inicio de la era
musulmana. Finalmente logró conquistar La Meca y a su muerte (632) casi toda la península de Arabia
se había convertido al Islam.
En el año 661 se alzó con el poder la familia Omeya, que trasladó la capital del califato a Damasco y
prosiguió una rápida expansión por el Imperio bizantino, Persia y el norte de África.
1. Al Ándalus
1.1. Conquista y ocupación de la península Ibérica (711-756)
La ocupación musulmana de la Penínsulafue una fase más dentro de la expansión del islam por el
Mediterráneo. La conquista fue facilitada por las disputas sucesorias de los nobles visigodos tras la
muerte de Witiza. Así, en el año 711 se produjo la invasión de las tropas musulmanas al mando de Tariq,
que derrotaron a los visigodos de don Rodrigo en la batalla de Guadalete. Con la ayuda de Musa,
gobernador del norte de África, lograron una rápida conquista de la Península. La facilidad de esta
ocupación se explica por la debilidad del estado visigodo y, por las alianzas que establecieron los
musulmanes con parte de la nobleza visigoda. De este modo, para el año 719, sólo una franja montañosa
del norte permanecía fuera del dominio islámico.
Los musulmanes siguieron su avance por el norte de los Pirineos pero fueron derrotados por los francos
en la batalla de Poitiers (732). Esto supuso el freno definitivo de la expansión musulmana por Europa.
Durante estas primeras décadas, al-Ándalus fue un emirato dependiente del califato omeya de
Damasco.
1.2. El esplendor de Al Ándalus: emirato y califato (756-1031)
En Al-Ándalus, el período de estabilidad comenzó con Abd-al-Rahman I, quien estableció un Emirato
independiente (756-929) y fortaleció el estado andalusí mediante la recaudación de impuestos, un
ejército mercenario y una rápida islamización.
Abd-al-Rahman III proclamó el Califato de Córdoba (929-1031), alcanzando el máximo esplendor
andalusí. Este período fue económica, política y culturalmente próspero, destacando los reinados de
Abd-al-Rahman III y Al-Hakam II, quienes ejercieron un poder absoluto.
La administración de Al-Ándalus, centralizada en Córdoba, controlaba el territorio a través de provincias
y gobernadores locales. Las ciudades desempeñaban un papel crucial en la economía y el poder político
y religioso. Los impuestos, como la sadaqa para creyentes y jarach y chizya para no musulmanes,
sostenían al estado. El ejército estaba compuesto principalmente por mercenarios bereberes y eslavos.
1.3. Retroceso y declive de Al Ándalus (1031-1492)
Tras la muerte de Almanzor en 1002, Al-Ándalus entró en crisis y el Califato desapareció en 1031,
dividiéndose en Reinos de Taifas (Primero reinos de taifas, 1031-1085).Estos reinos débiles pagaban
tributos a los cristianos, lo que permitió la expansión cristiana hacia el sur.
En 1085, Alfonso VI de Castilla conquistó Toledo, lo que provocó la intervención de los almorávides, que
convirtieron Al-Ándalus en una provincia de su imperio entre 1085 y 1147. Los almohades tomaron el
control en 1195, pero finalmente fueron derrotados por una coalición de reinos cristianos en la batalla de
las Navas de Tolosa en 1212.
La derrota permitió a los cristianos avanzar rápidamente por el valle del Guadalquivir, y en 1248,
Fernando III conquistó Sevilla, dejando a Al-Ándalus reducido al reino nazarí de Granada. Este reino pagó
tributos a Castilla hasta su conquista por los Reyes Católicos en 1492.
1.4. Economía y sociedad en Al-Ándalus
La presencia musulmana en la Península revitalizó las actividades económicas. Se establecieron lazos
económicos con Europa y mantuvo intensos flujos comerciales a lo largo del Mediterráneo con toda la
comunidad musulmana.
El islam era una civilización urbana, por lo que las ciudades andalusíes fueron las más importantes de la
España medieval; la Córdoba califal llegó a ser la ciudad más poblada e importante de Europa. La
importancia del mundo urbano hizo posible el desarrollo de una pujante artesanía (cuero, orfebrería,
trabajos en cobre…) y un gran dinamismo comercial (favorecido por la unidad monetaria islámica); desde
al-Ándalus se exportaban productos agrarios y artesanos a todo el Islam. Y es que, pese al carácter
urbano de la sociedad islámica, su economía era de base agraria. La agricultura alcanzó un notable
desarrollo: impulso del regadío, introducción de nuevos cultivos (arroz, algodón, naranja, azúcar)…
La sociedad andalusí fue un reflejo de la diversidad étnica y religiosa existente. Se pueden diferenciar, a
grandes rasgos, dos grupos:
● Conquistadores: El grupo más poderoso, aunque con diferencias importantes entre ellos. La
minoría árabe controlaba el poder político y la riqueza, mientras que los bereberes se quedaron
con las peores tierras. También estaban los eslavos, que solían formar parte de la guardia
pretoriana de califas y emires.
● Peninsulares: Eran la mayoría de la población pero presentaban diferencias según criterios
religiosos. Por un lado estaban los muladíes, descendientes de hispanovisigodos que se
convirtieron al islam. Los no musulmanes (agrupados bajo el término de dimníes) debían pagar
tributo: entre ellos estaban los mozárabes (cristianos que vivían en territorio musulmán) y los
judíos.
2. Los reinos cristianos: formación y expansión (s. VIII-XIV)
En las zonas del norte que no fueron ocupadas por musulmanes confluyeron algunos visigodos
refugiados en las montañas para fundar nuevos reinos.
2.1. La formación de los reinos cristianos (s. VIII-XI)
Entre los siglos VIII y XI se produjo la formación de los distintos reinos cristianos. Podemos distinguir dos
grandes focos:
a) Reinos cristianos occidentales:
Tienen su origen en la batalla de Covadonga (722), en la que el noble visigodo Pelayo derrotó a los
musulmanes. Los sucesores de Pelayo continuaron la consolidación y expansión del reino astur,
expandiendo su dominio hacia Galicia y hacia el este, donde se creó el condado de Castilla. En tiempos
de Alfonso III (mitad s. IX) se amplió el territorio hasta el Duero, pasando a denominarse posteriormente
Reino de León. Castilla fue adquiriendo una creciente autonomía hasta que en 1035 Fernando I fue
coronado rey de Castilla.
b) Núcleo pirenaico:
Carlomagno (768-814), para proteger su imperio, estableció una franja fuertemente fortificada al sur de
los Pirineos, la Marca Hispánica, que fue dividida en condados y gobernada por condes dependientes
del emperador. A principios del siglo IX, Navarra y Aragón se independizaron de los francos.
El condado de Barcelona destacó en Cataluña, y a finales del siglo IX, Wifredo el Velloso redujo la
influencia de los francos y controló otros condados catalanes. Borrel II logró la independencia completa
de los francos a finales del siglo X.
Con el tiempo, los pequeños núcleos cristianos del norte se convirtieron en reinos más fuertes. En el
siglo XI, el rey de Pamplona Sancho III (1004-1035) logró la hegemonía sobre los reinos cristianos,
anexando territorios y haciendo vasallos a otros monarcas y condes. A su muerte en 1035, el reino se
dividió entre sus hijos, dando lugar a Aragón, Castilla y Navarra.
2.2. La expansión de los reinos cristianos (s. XI-XIV)
A partir del siglo XI, los reinos cristianos aprovecharon la debilidad del califato y la disgregación de
Al-Ándalus en reinos de taifa para emprender su expansión hacia el sur, intensificando así el proceso
conocido como Reconquista.
a) La expansión castellano-leonesa:
Alfonso VI, rey de Castilla y León conquistó en 1085 el reino de Toledo. En la primera mitad del siglo XII,
durante los reinados de Urraca I y Alfonso VII el reino se dividió con constantes enfrentamientos entre
castellanos y leoneses; también se independizaría definitivamente Portugal.
En tiempos de Fernando III, en 1230, se logró la reunificación definitiva de los reinos de Castilla y León,
bajo el nombre de Corona de Castilla. Tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212), Fernando III logró
dominar el valle del Guadalquivir, conquistando Jaén, Córdoba y Sevilla (1248).
Su hijo Alfonso X el Sabio logró completar la expansión hasta Cádiz, y ya en el siglo XIV, en 1344, los
castellanos lograron conquistar Algeciras, cerrando la posibilidad de una nueva invasión desde el norte
de África y aislando el reino nazarí de Granada.
b) La expansión aragonesa:
En el primer tercio del siglo XII, Aragón y Cataluña lograron la expansión de sus territorios hacia el sur,
hasta la zona del Ebro.
En 1137, el matrimonio del conde Barcelona, Ramón Berenguer IV, con Petronila (de un año de edad), hija
del rey de Aragón, significó la unión de ambos territorios. Su hijo, Alfonso II, fue el primer rey de la
Corona de Aragón.
Tras la victoria cristiana en las Navas de Tolosa, el reino de Aragón reanudó su expansión hacia el sur;
liderados por Jaime I el conquistador, la Corona de Aragón ocupó las islas Baleares, Castellón y Valencia.
El avance de los reinos cristianos incrementó las rivalidades entre las coronas castellana y aragonesa,
siendo necesaria la firma de varios tratados (Tulidén, Cazorla y Almizra) entre los siglos XII y XIII para
delimitar las zonas de expansión de ambos reinos.
2.3. La repoblación cristiana
La expansión de los reinos cristianos se produjo sobre Al-Ándalus en una combinación de conquista
militar y ocupación del territorio por población cristiana. Las diferentes fases y formas de la repoblación
influyeron en la estructura de la propiedad y en el desarrollo social de los reinos peninsulares. A grandes
rasgos, se dieron tres modelos:
● Presura, aprisio o repoblación libre: Se da durante los siglos X y XI y afecta a las tierras del valle
del Duero y en la zona sur de los Pirineos. Los campesinos, dirigidos por un noble o un clérigo,
ocupan una propiedad, que es ratificada posteriormente por el rey. Esta repoblación genera una
sociedad de campesinos libres basada en la pequeña propiedad. Estos campesinos se hallan
comprometidos en la defensa militar de la tierra conquistada.
● Repoblación concejil. Se produce entre los siglos XI y XII, fundamentalmente en los valles del
Tajo, Duero y del Ebro. Se organizan a través de los concejos de los municipios a los que los reyes
conceden privilegios y libertades para atraer población a zonas fronterizas peligrosas.
● Repartimientos. Es la forma de repoblación principal a partir del siglo XIII. La mayor parte del
territorio fue repartido en forma de grandes latifundios a los nobles, los clérigos y las órdenes
militares. Se conforma una estructura basada en la gran propiedad. En Andalucía y Extremadura
la mayoría de la población musulmana huirá hacia el reino de Granada y el norte de África,
mientras que en la zona levantina, una parte de la población musulmana permaneció en dicho
territorio y pudo conservar su religión y sus leyes (mudéjares).
2.4. Organización y estructura de los reinos cristianos
a) Economía:
Hasta el siglo XI se basó en la ganadería y agricultura para autoconsumo. En el siglo XII, Aragón inició
rutas comerciales por el Mediterráneo, y Castilla expandió su agricultura, artesanía y comercio hasta el río
Tajo.
En el siglo XIII, la ganadería ovina merina en Castilla, con lana de alta calidad exportada a Inglaterra y
Países Bajos, llevó a la creación de la Mesta para defender los intereses ganaderos. La riqueza se
concentró en la nobleza y el clero, obstaculizando el desarrollo de la manufactura local y una burguesía.
En el siglo XIII y parte del XIV, la Corona de Aragón prosperó económicamente, convirtiéndose en una
potencia comercial. Barcelona y Valencia alcanzaron su apogeo económico gracias al comercio y la
exportación, especialmente en el sector textil.
b) Sociedad:
La sociedad estaba articulada en tres estamentos, determinados por el nacimiento o la función social. La
nobleza y el clero constituían los estamentos privilegiados, basaban su poder en la posesión de tierras y
estaban exentos del pago de impuestos y sometidos a leyes especiales.
La nobleza gozaba de la posesión de tierras y de poder jurisdiccional sobre sus posesiones. Esas grandes
propiedades eran los señoríos, que debido a la institución del mayorazgo eran transmitidos
íntegramente al heredero (al mayor).
El otro grupo privilegiado era el clero, aunque habría que distinguir entre alto clero (con grandes
posesiones) y bajo clero, más cercano a las clases populares. Además, las órdenes religiosas (clero
regular) acumularon grandes rentas gracias a las donaciones.
Por debajo, el pueblo llano era todo aquel no privilegiado (no tenían porque ser pobres), el grupo más
numeroso, incluía campesinos en servidumbre con señores, pequeños propietarios agrícolas en el norte
y una emergente burguesía urbana. También había minorías étnicas como judíos y mudéjares,
musulmanes que vivían en tierras cristianas.
c) Instituciones políticas:
Los monarcas ejercían un poder supremo, aunque la autoridad real variaba en los distintos reinos. En la
Corona de Castilla, la monarquía era más autoritaria, con un rey que tenía amplios poderes para declarar
la guerra, dictar leyes y administrar justicia. En la Corona de Aragón, el poder nobiliario y las estructuras
feudales limitaban al monarca, y el control de la nobleza sobre el rey se ejercía a través de las Cortes.
Las Cortes eran reuniones de los estamentos con el rey, convocadas principalmente para obtener
recursos para campañas militares. En la Corona de Aragón, cada reino tenía sus propias Cortes con
funciones legislativas y de votación de impuestos. En Cataluña, surgió la Generalitat en el siglo XIV para
recaudar impuestos y supervisar leyes.
En Castilla, se crearon concejos electivos controlados por la nobleza, y luego se estableció la figura del
corregidor como representante real en las ciudades. En la Corona de Aragón, los municipios tenían
concejos con amplia autonomía, y en Barcelona se formó el Consell de Cent, dominado por la burguesía
rica.
3. Los reinos cristianos en la Baja Edad Media (s. XIV-XV)
3.1. La crisis de la Baja Edad Media
El siglo XIV fue un período de crisis en la Península Ibérica. Malas cosechas y la llegada de la Peste Negra
en 1348 causaron desnutrición y una alta mortalidad, especialmente en la Corona de Aragón.
La escasez de mano de obra llevó a una reducción de la producción agrícola y al aumento de precios. Los
nobles respondieron ampliando sus dominios mediante concesiones de tierras y aumentando la presión
sobre los campesinos con nuevos impuestos.
En las ciudades, la demanda de productos manufacturados disminuyó, lo que encareció su precio y
dificultó la exportación, agravado por la Guerra de los Cien Años (1337-1453).
Estos problemas causaron conflictos sociales significativos en el siglo XV, como la Guerra de los
Remensas en Cataluña, la rebelión de los irmandiños en Galicia y los asaltos a las juderías (pogromos) en
varias ciudades, incluyendo el de Sevilla en 1391.
3.2. Expansión territorial y el ascenso de la dinastía Trastámara
Durante la Baja Edad Media los reinos peninsulares se convirtieron en potencias europeas gracias a su
proceso de expansión territorial:
● Castilla: Tenía una gran rivalidad con Portugal por su interés en expandirse por el Océano y por
las aspiraciones de los monarcas de hacerse con los tronos de ambos reinos.
Hubo una guerra civil (1366-69) entre Pedro I de Castilla y su hermanastro Enrique de Trastámara
(apoyado por los nobles). Esta guerra se situará en el contexto de la Guerra de los Cien Años:
Pedro sería apoyado por los británicos y Enrique por los franceses. Vencerán los partidarios de
Enrique de Trastámara, quien reinará como Enrique II de Castilla.
● Aragón: Importante expansión por el Mediterráneo desde finales del s. XIII hasta mediados del s.
XV: Sicilia, Cerdeña y Nápoles, además de la ocupación temporal de los ducados de Atenas y
Neopatria.
El rey aragonés Martín I muere sin descendencia. Aparecen dos candidatos al trono: Fernando I
de Trastámara y Jaime de Urgel. Se decide que un grupo de jueces designe al sucesor, en el
llamado Compromiso de Caspe, lo que dará el trono a Fernando.
● Navarra: Juan Il de Trastámara estaba casado con la heredera navarra doña Blanca. Al morir ésta y
quedar reinando Juan Il empeoran las relaciones con su hijo, Carlos, príncipe de Viana. Ello
desembocará en una guerra civil entre dos bandos: agramonteses y beaumonteses. La guerra no
se dio por cerrada y contribuiría a debilitar el reino navarro, lo que aprovecharía Fernando el
Católico para anexionarse en 1515.