Teoria Psicoanalitica de Freud PDF
Teoria Psicoanalitica de Freud PDF
Dedicatoria
A mis alumnos
Índice
Capítulo 1. Formación profesional de Freud y conceptos generales de
su teoría.
Capítulo 2. El inconsciente.
Capítulo 3. Mecanismos de defensa.
Capítulo 4. Etapas erógenas.
Complejo de Edipo.
Capítulo 5. La sexualidad y las perversiones.
Capítulo 6. Los sueños.
Capítulo 7. Los trastornos mentales. Las neurosis.
Capítulo 8. Psicoanálisis y ética. Críticas a la teoría freudiana.
Cap. I
La psicología se conoce como la ciencia que estudia la conducta o
comportamiento humano y los procesos mentales. Podemos clasificarla desde
diferentes enfoques. En función del tema que estudia, podemos hablar de una
psicología animal, de una psicología de la personalidad o de una psicología
social, por ejemplo. En función de los procedimientos o métodos que se
utilizan, podemos hablar de psicología clínica, experimental o comparada. En
función de las teorías que intenta explicar, a través de hipótesis y leyes,
podemos hablar de una psicología de la Gestalt, de una psicología
estructuralista o de una psicología conductista.
La Psicología Psicoanalítica surge a fines del siglo XIX, pocos años
antes que la Psicología Conductista de Watson y casi al mismo tiempo que la
Psicología de la Gestalt. Estas nuevas teorías psicológicas atacan la
psicología clásica en su objeto de estudio (los estados de conciencia) y en su
método (la introspección).
El Psicoanálisis va a afirmar que la consciencia es sólo una cualidad
de lo psíquico y pondrá el énfasis en los fenómenos psíquicos inconscientes.
La teoría psicoanalítica no nace en el contexto de los estudios del hombre
normal, sino surge directamente del interés por encontrar métodos adecuados
para curar las manifestaciones neuróticas.
Para comprender la trascendental importancia de los trabajos de Freud
es necesario hacer una reseña histórica que nos permita ubicar su labor en el
tiempo.
Sigmund Freud nació en 1856, en Viena, y murió en 1939, en
Inglaterra. Fue un alumno destacado de medicina y como profesional sus
inquietudes se dirigieron hacia la investigación de tipo fisiológica (fisiología
e historia del sistema nervioso). Se dedicó más adelante a estudios de
anatomía cerebral y los apremios económicos lo llevaron a trabajar en forma
privada en su consultorio, dedicándose a lo que entonces se llamaban
enfermedades nerviosas.
En 1885 consiguió una beca y fue a Francia a estudiar con Charcot en
la Salpetriere, en un centro de investigaciones dedicado al campo de la
hipnosis. En 1886 regresó a Viena, sus primeros problemas surgen cuando
presenta a la Sociedad de Medicina de Viena el resultado de su experiencia
en la Salpetriere, donde se demuestra que la histeria no es un trastorno que
padecen exclusivamente las mujeres sino que afecta a los hombres. Esta
postulación de Freud fue rebatida con argumentos como este: ¿Cómo un
hombre puede sufrir de histeria si la palabra histeria proviene de otra que
quiere decir útero y si los hombres no tienen útero no pueden padecer
histeria?
Freud abandona los métodos terapéuticos de la época, la hidroterapia
y la electroterapia y los reemplaza por la hipnosis. En 1889 vuelve a Francia,
en Nancy con Bernheim, y profundiza sus conocimientos sobre el
hipnotismo.
Si bien la existencia del inconsciente había sido revelada de algún
modo por pensadores anteriores, Freud va a desarrollar un método que
permite un conocimiento de lo que hasta entonces no había expresado nunca
con rigor científico.
Charcot por medio de la sugestión post-hipnótica producía en
pacientes sanos síntomas similares a los que padecían los pacientes histéricos
y de ahí surge la idea de que si la hipnosis sirve para provocar esos
fenómenos, también puede curarlos.
Poco a poco Freud empieza a advertir que la hipnosis por sí sola no
sirve como método terapéutico. Sirve si, para lograr la descripción del hecho
traumático, pues el paciente en trance hipnótico puede narrar acontecimientos
que no puede relatar en estado consciente. Pero para que la hipnosis cumpla
su función terapéutica es necesario que el hecho traumático sea recordado
con toda la carga emocional, inhibida en el momento en que este traumático
se produjo. Esto es la catarsis, un concepto al que llega Freud después de
comprender que lo que se reprime no es solo el hecho traumático sino el
conjunto de manifestaciones emocionales que lo acompañan y son estas las
que deben ser liberadas durante el proceso terapéutico para que el tratamiento
sea efectivo.
El intercambio de experiencias con Breuer le dio a Freud información
muy interesante que le permitió perfeccionar su método. El caso de un
paciente de Breuer fue el punto de referencia que le permitió llegar a algunas
conclusiones de trascendental importancia.
Esta paciente es conocida en las obras de Freud como Ana O. Era una
mujer joven que padecía neuralgias, accesos de tos convulsa, perturbaciones
en la función visual, parálisis de los brazos, etc. Además había olvidado su
idioma, el alemán y se manejaba con el inglés que no conocía por completo.
También padecía estados crepusculares o períodos de ausencia durante los
cuales deliberaba. Todos estos síntomas aparecieron en el transcurso de la
enfermedad que padeció su padre y se incrementaron después de la muerte de
éste. La característica que orientó a Breuer con esta paciente fue que en los
estados crepusculares hablaba con fluidez de hechos acontecidos en su
pasado. Por momentos alucinaba sobre los hechos ocurridos en el día que
acababa de pasar, pero más adelante comenzó a revivir hechos muy lejanos
en el tiempo.
Breuer observó que ese revivir los hechos anteriores determinaba la
desaparición o la reducción de alguno de los síntomas que padecía. Breuer
decidió utilizar esta característica y comienza a tratar de hacerla revivir cosas
del pasado sometiéndola a hipnosis.
Mediante el trance hipnótico se llevaba a la paciente a recordar
aquellos hechos que estaban relacionados con los síntomas que padecía, pero
posteriormente Breuer advirtió que el recuerdo de los hechos traumáticos,
reprimidos por sí solos, no bastaba. Era necesario que se reviviera el hecho
con toda la carga emocional implicada en el momento en que fue reprimido.
Entonces el método de curación si era efectivo.
Es necesario, antes de seguir adelante, aclarar conceptos tales como
conflictos, represión, síntomas y resistencia.
El sujeto está viviendo algo que debe ser reprimido, eliminado de la
consciencia, pero ese contenido reprimido no permanece estático, sino que
pugna por salir a la consciencia y es a esa lucha entre dos fuerzas opuestas lo
que se denomina conflicto. Estos sentimientos que acompañan a lo reprimido
buscan aflorar, expresarse, y su descarga se transforma a veces en síntoma. El
sentimiento que ha sido bloqueado se ve imposibilitado de salir a la
consciencia, busca caminos que le permiten expresarse, y es así como un
conflicto psíquico se transforma en trastorno orgánico.
Freud denomina represión al mecanismo mediante el yo de un sujeto
elimina o segrega de la consciencia un sentimiento que atenta contra su
ubicación frente al medio ambiente. En la terapia se procura que los
sentimientos reprimidos surjan y se hagan conscientes y he aquí que el
fenómeno de la represión seguirá actuando en estos momentos como
resistencia al tratamiento. Por eso se dice que la resistencia se encuentra al
servicio de la represión. En el proceso terapéutico es común que el paciente
incurra en ocultamientos o actos Que permiten determinar que si bien desea
curarse, teme que lo reprimido salga a la luz, porque aún persisten las
ansiedades y temores que lo llevaron a reprimir esos sentimientos. A través
de su experiencia con distintos paciente, Freud comprobó que la resistencia
es un fenómeno ineludible del proceso psicoterapéutico.
Son diversos los modos en que se manifiesta la resistencia durante el
tratamiento, algunas veces el paciente la pone de manifiesto llegando tarde a
sus sesiones, escamoteando del método asociativo, del método catártico,
vencer la resistencia.
La labor del psicoterapeuta es ir venciendo la resistencia para que lo
reprimido pase a formar parte de la consciencia del sujeto. A veces lo
reprimido puede hacerse consciente por sí solo, cuando la carga emotiva
reprimida llega a incrementarse tanto que vence la represión que le impide
permanecer consciente.
El método de coerción asociativa, es una técnica que utilizó Freud
que persigue los mismos fines del método catártico, vencer la resistencia;
colocaba la mano en la frente del paciente y lo invitaba a recordar lo que
recordaba. Esa técnica la utilizó con Isabel de R. (La Histeria, Historiales
Clínicos).
Esta es una paciente de 24 años, que padecía astasia-abasia, es decir
una dificultad para caminar y estar de pie. Su enfermedad era psicógena, no
había sido posible hallar una causa orgánica que determinara su estado. Fue
tratada por Freud.
Resumen de este caso: la paciente tenía 24 años y fue una mujer muy
feliz hasta un par de años atrás su padre se enfermó del corazón y murió.
Tenía dos hermanas, y poco después de la muerte del padre se casa una de
ellas, la mayor. Este matrimonio no fue bien visto por ella y por su madre
por el carácter del marido y poco después se casa la hermana menor con un
hombre que constituía algo así como el marido ideal.
Al poco tiempo la madre vuelve a enfermarse de una afección que
había sufrido en la vista e Isabel de R resuelve llevarla a una estación de
veraneo donde se agrava la afección y deben someterla a una intervención
quirúrgica, con la cual queda curada.
Para festejar el hecho todo el grupo familiar se reúne. Isabel de R. que
era muy apegada a su grupo familiar se siente totalmente feliz. Pero
precisamente en esta oportunidad es cuando aparecen estos síntomas de su
astasia-abasia.
Cuando sus hermanos se retiran, Isabel de R. queda sola con su madre
y se dirigen al otro balneario para ver si esta vez sus dificultades también se
alivian. . A los pocos días de estar allí reciben la noticia de que su hermana
menor está gravemente enferma, las noticias se van haciendo cada vez más
alarmantes, parten urgentemente para Viena pero al llegar se encuentran con
que había muerto.
Freud trata en un primer momento de hipnotizarla, pero sin resultado
pues la paciente se mantiene despierta. Recurre luego a la coerción
asociativa, pero tampoco obtuvo resultados de inmediato. Hasta que por fin la
paciente recuerda un hecho que según ella no tiene nada que ver. Narra
entonces un paseo que había hecho con un joven que era su novio en ese
entonces, este paseo lo había hecho mientras su padre estaba enfermo.
Relaciona entonces con este relato el conflicto que vivió como hija que debía
estar al lado de su padre y el amor que profesaba por su novio.
Freud utiliza la coerción asociativa y la interroga sobre cómo se
iniciaron sus dolores de piernas. Isabel recuerda entonces que mientras estaba
en el balneario, cuando se reunieron todos los miembros de la familia, dio un
paseo con su hermana y su cuñado. Después de eso sintió malestares en las
piernas y lo atribuyó al cansancio. Luego los dolores desaparecieron pero
cuando recibió la noticia de la enfermedad de su hermana y decidió
abandonar el viaje que estaba haciendo con su madre volvieron estos dolores,
pero con más intensidad. También recuerda, en otro momento de su
tratamiento que en alguna oportunidad ella había pensado que sería lindo
encontrar un hombre como su cuñado. Freud va hilvanando todos estos
resultados y poco a poco llega a la conclusión de que la enfermedad de Isabel
está bien simbolizada en un recuerdo fugaz que tuvo frente a su hermana ya
muerta, ahora está libre y puede hacerte su mujer. El conflicto que
enfrentaba esta paciente eran por un lado los sentimientos amorosos que
vivía hacia su cuñado y por otro lado las normas morales que hacían percibir
estas pasiones como monstruosas. La represión de estos impulsos amorosos
es lo que enferma a Isabel de R., porque al reprimir evita resolver
conscientemente el conflicto.
Su enfermedad se denomina histeria de conversión, porque se trata
del desplazamiento de un conflicto inconsciente al área corporal, un síntoma
del conflicto.
Freud abandona la técnica de la coerción asociativa porque advierte
que en el sujeto se dan las dos fuerzas mencionadas anteriormente que
producen conflicto, entonces lo que el sujeto es solo lo que puede recordar. A
esto que el sujeto puede comunicar y que emerge conscientemente Freud lo
denominó derivado porque es algo que deriva de las fuerzas inconscientes
que pugnan dentro del sujeto.
En este sentido el síntoma es también un derivado ya que resulta de la
lucha entre esas dos fuerzas.
Freud decide utilizar la técnica de la asociación libre y, a través de
ésta, interpretar los derivados que surjan. Toma en cuenta que ningún relato,
equivocación u omisión del paciente son casuales. Lo invita a que vaya
diciendo lo que surja en su mente. No coacciona sino que simplemente lo
invita a hablar. El rol del psicoterapeuta es más pasivo, procura que la
verbalización del sujeto y su conducta en general sea espontánea, el paciente
dice y hace libremente lo que quiere y es esa libertad de asociación del
paciente lo que le va a dar una pista al terapeuta sobre cómo funcionan sus
mecanismos de defensa y su dinámica inconsciente.
La finalidad de la terapia psicoanalítica es lograr que los impulsos
que se alojan en el inconsciente se hagan conscientes, o sea que el paciente
admita los sentimientos reprimidos como suyos y pueda enfrentar la realidad
teniendo conocimiento de ellos.
El terapeuta utiliza la interpretación como vínculo entre lo que el
paciente verbaliza y lo que realmente está sucediendo. Las interpretaciones
que formula el psicoanalista corresponden entonces a las condiciones del
inconsciente del paciente y en cómo se van revelando en el aquí y ahora, en
la situación analítica.
Fenómenos como la transferencia y la contratransferencia forman
parte de la situación en la que interactúan psicoterapeuta y paciente.
Se entiende por transferencia la actualización de experiencias
infantiles del paciente. Este transfiere a la situación actual lo que realmente
hubiera querido vivir en aquel entonces, Si anheló que su padre fuera un
sujeto cariñoso adjudica al psicoanalista ese rol de padre comprensivo y
cariñoso. En ciertas ocasiones el paciente transfiere experiencias de
abandono, negativas en general y como consecuencia se relaciona con el
psicoterapeuta reproduciendo estas situaciones.
Freud considera que la trasferencia es la expresión de la resistencia
porque el sujeto elude la situación terapéutica, no la reconoce y repite
experiencias de su pasado.
El psicoterapeuta se vale de la transferencia para formular sus
hipótesis sobre el conflicto del paciente. Interpreta verbalmente, basándose en
sus hipótesis, cuando considera que el paciente está en condiciones de
integrar o asimilar la interpretación.
En los casos en que la interpretación no es aceptada por el paciente no
se puede considerar ésta necesariamente errónea, puede ocurrir que la
interpretación sea correcta pero no ha sido suministrada al paciente en el
momento adecuado para provocar el “insight”.
Una interpretación puede considerarse oportuna cuando el paciente,
en el momento que la recibe o poco después, logra establecer relaciones entre
la conducta manifiesta (del aquí y ahora) y sus impulsos inconscientes.
Por lo antes dicho, la transferencia cumple un papel fundamental en la
terapia psicoanalítica pues a través de ella el psicoterapeuta capta los
conflictos del sujeto.
La contratransferencia es otro fenómeno que se da en la relación
terapeuta-paciente, se denomina así a todo lo que el psicoterapeuta vive en
relación con su paciente. El manejo y control de este fenómeno le sirve para
comprender los mensajes del paciente o sea “si yo que soy así reacciono de
tal forma, es porque en este momento está ocurriendo tal cosa”. Un buen
control de la contratransferencia nos lleva a señalar algunos requisitos que
debe reunir el psicoterapeuta. Uno de los más importantes es que el analista
conozca sus propios defectos, su carácter, sus propias ansiedades, etc.
El nivel requerido de autoconocimiento ha de ser lo más profundo
posible, para ello se recomienda que quien aspira a hacer psicoanálisis se
analice a su vez, recurriendo al análisis didáctico. Esto garantiza un trabajo
más objetivo por parte del psicoterapeuta.
Freud dice en el Psicoanálisis y la teoría de la libido que se es
psicoanalista solamente cuando se admite la existencia de procesos
inconscientes, el reconocimiento de la resistencia y la represión, la
importancia de la sexualidad y el complejo de Edipo.
Estas características le permitirán interpretar lo que subyace a la
verbalización del paciente.
Cómo debe o puede interpretar el psicoanalista depende del paciente
que tiene delante y la situación en que se encuentre.
Hay casos en los que el terapeuta capta rápidamente el conflicto que
angustia a su paciente, pero debe esperar a que el paciente se encuentre en
actitud conveniente para que la interpretación surta el efecto deseado y no
contribuya a aumentar sus ansiedades, lo que en algunos casos haría fracasar
el tratamiento en general.
Otras veces es necesario interpretar desde el comienzo de la relación
terapéutica, porque el paciente se encuentra excesivamente ansioso y este
estado dificulta la comunicación terapéutica.
La finalidad de las interpretaciones es fortalecer el yo, ampliar su
capacidad, enriquecerlo, favoreciendo el pasaje de sentimientos e impulsos
reprimidos a su campo de acción y lograr que el superyó sea más tolerante
con los impulsos del ello.
Principios en que se basa la teoría psicoanalítica
Determinismo psíquico, este principio afirma que todos los
fenómenos y procesos psíquicos, sin excepción, están determinados por
procesos psíquicos anteriores. Es decir que siempre hay una causación y no
hay conducta que ni sea motivada. Los procesos actuales son causados
siempre por procesos previos.
La consciencia es un atributo excepcional del psiquismo. A través de
la hipnosis se probó que el nivel inconsciente existe y que puede incidir en la
conducta manifiesta.
Cap. II
En el año 1913 Freud formuló lo que se denomina hipótesis
topográfica. En ella formula la subdivisión del psiquismo en tres niveles:
consciente, preconsciente e inconsciente.
Es importante que tengamos una idea clara de las características del
inconsciente para poder entender los conceptos expresados anteriormente.
a) Las ideas inconscientes nunca son negativas. O sea que en el
inconsciente no existe el no. Se trata siempre de impulsos que buscan
satisfacción. La negación está dada por la represión que impide la
manifestación consciente de estos impulsos.
b) Las ideas inconscientes son contradictorias, es decir pueden
manifestarse de una manera totalmente opuesta a la que significan. Esto se
descubre en con la interpretación.
c) Las tendencias inconscientes son extremadamente móviles. Esto
nos permite entender el desplazamiento de descargas de pánico, en el caso de
las fobias, de una representación que no es consciente a otra que si lo es. Por
ejemplo un sujeto puede ser consciente de tener pánico a los caballos pero no
consciente del aspecto que tiene reprimido y por eso lo desplaza a los
caballos. Proyecta ese miedo en un objeto que está fuera de él.
d) El inconsciente está fuera del tiempo, es por eso que todo lo
reprimido a lo largo de la vida de un sujeto permanece en el inconsciente
como si recién hubiera sido reprimido.
e) Lo inconsciente está regido por el principio del placer, o sea que
son tendencias que no toman en cuenta la realidad.
La condición del contenido inconsciente no se ha ocasionado por un
proceso voluntario sino por los mecanismos de defensa del yo que también
son inconscientes. Del mismo modo los contenidos inconscientes no pueden
hacerse conscientes voluntariamente. Esto solo es posible mediante la
identificación y debilitamiento previo de los mecanismos de defensa que
imposibilitan el pasaje de estos contenidos a la consciencia.
Se denomina preconsciente a todos aquellos contenidos que, si bien
no permanecen en la consciencia, pueden aflorar a ella con facilidad, a veces
con la intervención de la voluntad pero algunas veces espontáneamente.
Pero si bien la voluntad puede revelarnos contenidos preconscientes,
ciertas regiones del mismo están teñidas por filtraciones del nivel
inconsciente. Estos contenidos preconscientes contaminados afloran a la
consciencia en forma de chistes o actos fallidos para evitar que sean
identificados.
En el nivel consciente podemos incluir todas las características que
un sujeto asume como propias, ya sea el pasado o el presente. Incluye las
funciones de aprendizaje, memoria y percepción y por lo tanto las conductas
de adaptación al medio ambiente. La cantidad de energía que se encuentre a
disposición del nivel consciente regula la creatividad del sujeto. Freud afirmó
que la consciencia es un órgano sensorial para la percepción de las cualidades
psíquicas.
En 1923 Freud expone la hipótesis estructural en la que se divide el
psiquismo en tres instancias: yo, ello y superyó.
El yo es la parte del aparato psíquico que se relaciona con el medio
ambiente para obtener el máximo posible de gratificaciones. En la primera
etapa hablamos de los primeros meses de vida, el yo es ejecutor de los
impulsos, es el mediador entre el inconsciente y la realidad, de él va a
depender que los impulsos puedan satisfacerse. Según Freud el yo se forma
alrededor de los seis meses de vida. En un primer momento se trata de un yo
fundamentalmente corporal, encargado de aprender a controlar la motricidad,
ir desarrollando la función perceptiva e ir organizando las funciones
mnémicas.
La evolución de estas funciones depende de la maduración del sistema
nervioso, por lo tanto poseen un sustrato anátomo fisiológico. Lo importante
es cómo el yo va organizando las distintas experiencias.
La identificación es un proceso muy relacionado con la evolución del
yo, esto nos lleva a vincular al yo con las conductas de imitación temprana.,
las primeras sonrisas, el aprendizaje del lenguaje, etc.
Tomando en cuenta la hipótesis topográfica debo señalarles que en el
yo hay aspectos conscientes, aspectos preconscientes y aspectos
inconscientes.
Lo inconsciente del yo, son los mecanismos de defensa.
La función más ardua que desempeña el yo es de actuar como
mediador entre los impulsos del ello, regidos por el principio del placer y las
exigencias del mundo externo, regidas por el principio de realidad.
El criterio de realidad es la capacidad que tiene el yo para distinguir
entre lo que es estímulo o percepción que proviene del mundo externo y lo
que es deseo o impulso que proviene del ello. En la formación del criterio de
realidad es fundamental el papel que juega la frustración. El niño advierte que
no puede alejar ciertos estímulos, ni tenerlos cerca a su antojo, entonces
gradualmente va adquiriendo la noción de la diferenciación existente entre lo
que corresponde a sí mismo y lo que corresponde al medio ambiente.
El conocimiento que podamos tener, como psicólogos, sobre el medio
ambiente que acompaña la evolución de un sujeto es por lo tanto fundamental
para su comprensión.
En su evolución el yo va predominando sobre el ello y una de las
causas de este dominio está dada por la capacidad que tiene el yo de padecer
angustia.
En un primer momento Freud atribuyó la angustia a una descarga
inadecuada de la libido pero posteriormente amplió este concepto y vinculó
la angustia a situaciones traumáticas. Es decir que la angustia se presenta
cuando el sujeto enfrenta estímulos demasiado intensos, demasiado
importantes, que no puede dominar o descartar. Las primeras situaciones
traumáticas que sufre el niño provienen de las exigencias del ello,
posteriormente el yo aprende a predecir la llegada de las situaciones
traumáticas y a esta angustia que se anticipa a la situación traumática Freud la
denominó angustia como señal de alarma.
El ello es inconsciente, al nacer el aparato psíquico está formado solo
por esta instancia, de la que luego se irán diferenciando el yo y el superyó. El
ello está vinculado a los procesos orgánicos. En él se albergan los impulsos
libidinosos y agresivos.
No todos estos impulsos llagan a ser conscientes, algunos nunca lo
logran, otros han sido conscientes y pasaron al inconsciente al ser reprimidos.
Nacemos con dos instintos: el instinto de vida o eros y el instinto de
muerte o tánatos. La energía del instinto de vida es la libido. Esta es la
energía sexual básica, entendiendo por sexual aquella energía que nos
posibilita el acercamiento sexual, trabajar, amar, crear y querernos a nosotros
mismos.
La energía del instinto de muerte es la agresividad, mediante su
manifestación es posible la autodestrucción y la destrucción de los demás.
El superyó se forma alrededor de los cinco a seis años, el proceso
mediante el cual se va formando se interioriza realmente al final de la etapa
de latencia y continúa durante toda la vida.
Surge el superyó como heredero del complejo de Edipo. A esa edad se
reprimen los deseos incestuosos y los impulsos agresivos y se forma el
superyó por la identificación del niño con las figuras paternas. Al
identificarse con los padres aprende a repudiar en sí mismo lo que los padres
rechazan en él. La lucha que lleva acabo el niño contra sus impulsos está
acompañada por el temor al castigo, por lo que se denomina angustia de
castración.
La calidad del superyó, que sea más o menos rígido, va a depender de
la calidad de las introyecciones que se dan en este período. A figuras
parentales muy severas corresponde un superyó severo. También es necesario
tener en cuentan que lo que los hijos introyectan no es el yo de los padres
sino el superyó de los mismos. De las cualidades del superyó de ellos van a
depender buena parte de las conductas que tendrán hacia sus hijos.
El superyó una vez constituido actúa como juez y funciona de acuerdo
con la ley taliónica. La parte consciente del superyó está dada por las normas
sociales, todo el comportamiento que obedece a reglas y que el sujeto puede
verbalizar. En el aspecto inconsciente podemos señalar la acción del superyó
sobre el ello y se comunica con el yo haciéndole sentir desazón y temor. El
sujeto normal posee un yo que está suficientemente informado sobre las
fuerzas y conflictos que guarda en el ello, entonces la acción del superyó es
menos sorpresiva, produce menos angustia.
Según Freud la angustia de castración es la más importante y de ella
derivan las angustias que padece el sujeto, admite eso si, angustias previa a la
de castración y son las que aparecen en el nacimiento del sujeto, trauma del
nacimiento, y en las primeras ausencias de la madre.
Según Freud la energía instintiva puede seguir tres caminos: puede
transformarse en síntoma (psiconeurosis), puede ser reprimida o puede
transformarse en angustia, en este caso la angustia misma es un síntoma
(neurosis actuales).
Freud planteo también la hipótesis económica del aparato psíquico.
Denomina cargas a los impulsos libidinales y contracargas a todas las fuerzas
que se oponen a ellos.
Esto nos permite entender cómo un impulso puede ser expresado por
un sujeto y por otro no. Un individuo puede tener más carga agresiva o sexual
que otro, esto significa que tiene mayor cantidad de energía comprometida en
este proceso que otro. El criterio económico sirve para evaluar
cuantitativamente los fenómenos psíquicos. A las cargas instintivas se
contraponen las contracargas que tienden a controlarlas y es de origen social.
La cantidad de energía que esté comprometida en la carga o contracarga
determina que un conflicto pueda evolucionar de una manera u otra.
La hipótesis económica se refiere a la cantidad de energía psíquica
comprometida en las funciones de cada instancia psíquica. El yo amplio
indica más salud mental. El yo se amplía a expensas del ello, por lo tanto la
amplitud del yo implica mayor conocimiento de sí mismo, más energía a
disposición de las funciones de adaptación y mayor gratificación para los
impulsos del ello. Por lo tanto el yo padece menos angustia, pues puede
operar directamente sobre sus posibilidades de gratificación.
Cuando el yo tiene poca energía disponible para la adaptación, da
lugar a una personalidad empobrecida, a comportamientos rígidos. Son
sujetos que se resisten al cambio y evitan las situaciones nuevas. Incurren en
conductas rituales con excesiva frecuencia o evitan la intimidad. Esto da
lugar a cuadros neuróticos. En los cuadros pre psicóticos, Borderline, el yo es
aun más débil, las defensas fallan y la adaptación es más deficiente. El sujeto
vive en permanente estado de disconformidad, actuando impulsivamente sin
que medie la reflexión. El yo trabaja alternadamente y el juicio de realidad se
deteriora progresivamente.
CAP. III
Si tomamos en cuenta las situaciones de riesgo a las que el yo
reacciona con angustia podemos considerar las siguientes:
Temor a la pérdida del objeto que gratifica, hasta el año y medio.
Temor a la pérdida del amor materno, objeto que proporciona gratificación,
hasta los tres años. Temor a la castración, hasta los cinco o seis años. Temor
a la desaprobación del superyó, después de los cinco o seis años.
La angustia que se manifiesta previamente a la formación del superyó,
se denomina angustia objetiva.
El tipo de angustia que nos interesa destacar es la angustia como
señal de alarma que nos lleva al tema de los mecanismos de defensa.
En el yo existe un área inconsciente que es la que corresponde a la
energía comprometida con los mecanismos de defensa. Freud afirmó que el
yo, ante la posibilidad de ser sancionado por los demás, o de perder su
autoestima, reacciona con angustia. Cada impulso inconsciente es censurado
por el yo mediante el principio de realidad. El yo decide si este impulso
puede manifestarse o no. El yo impide, a veces, la manifestación consciente
de un impulso por temor a ser reprobado por los demás, pero si el yo es
suficientemente amplio y maduro opera sobre los impulsos sublimándolos.
La sublimación es el único mecanismo positivo para el desarrollo
sano de la personalidad. Bajo este mecanismo, el impulso se manifiesta pero
en una forma aceptada por la sociedad. Por ejemplo, un impulso agresivo
puede sublimarse y descargarse a su vez a través de una profesión como la de
cirujano.
La patología que puede determinar los otros mecanismos de defensa,
depende de la frecuencia e intensidad con que se utilicen.
Anna Freud, hija de Sigmund Freud, escribió en 1936 el libro El yo y
los Mecanismos de defensa, aquí se señala que comúnmente los mecanismos
de defensa no se dan puros, es decir se presentan de manera combinada.
La represión consiste en rechazar de la consciencia los impulsos
instintivos, no solo actúa sobre los impulsos sino sobre la derivación o
conexiones en el plano de los recuerdos, fantasías, etc. Se da con el impulso
mismo. Lo reprimido deja de ser parte del yo y pasa a ser parte del ello. Si
recordamos lo antes mencionado sobre la hipótesis económica, es fácil
observar que la represión resta energía al yo y por lo tanto una represión muy
intensa y frecuente determina el empobrecimiento del yo. Los impulsos que
pugnan por expresarse son juzgados por el superyó y el yo es el encargado de
conciliar estas dos instancias. Por un lado debe satisfacer al ello y por otro
debe dejar satisfecho al superyó. Una vez que estos impulsos considerados
peligrosos son enviados al inconsciente, el yo debe continuar su tarea
manteniendo la barrera de la represión pues el ello no funciona como
depósito, sino que la energía que contiene, que se puede llamar también
impulso se mantiene constantemente en movimiento, presionando hacia el
exterior. Esta actividad consume constantemente energía al yo y esta será aún
mayor cuantos más impulsos reprimidos se alojen en el ello.
En la terapia psicoanalítica se tiende a aumentar la carga de los
impulsos agresivos o libidinales reprimidos y a debilitar las sobrecargas del
yo. A veces la carga instintiva es muy poderosa y los impulsos se hacen
conscientes espontáneamente.
La regresión es un mecanismo que suele darse en sujetos normales,
pero se transforma en patológica cuando se da en forma estereotipada. Este
mecanismo se hace presente cuando un sujeto enfrenta una situación que no
puede resolver, entonces responde a las mismas conductas que en etapas
anteriores de su evolución le permitían superarlas dificultades. El sujeto
incurre en conductas denominadas regresivas porque lo que hace es regresar a
lo que se denomina punto de fijación de la libido. Estos puntos corresponden
a etapas en las que el sujeto ha sufrido frustraciones muy tempranas o ha
tenido satisfacciones muy intensas y prolongadas. Ambas situaciones pueden
determinar puntos de fijación o sea puntos de atracción dentro del desarrollo
de la personalidad. Por ejemplo destete violento o amamantamiento
excesivamente prolongado. Vamos a utilizar un ejemplo de Freud para
aclarar este mecanismo. Imagínense una tribu primitiva que emigra desde las
regiones donde está instalada, buscando regiones más propicias. A medida
que esta población cumple con su proyecto, grupos diversos y por diferentes
motivos, en algún momento abandonan la búsqueda y se instalan en alguna
parte. Los otros siguen adelante, pero si estos que siguen enfrentan algún día
obstáculos muy serios, un pueblo enemigo por ejemplo, tratarán de retroceder
para juntarse con aquellos que ya están instalados, en cuanto les significa un
poderoso auxilio el saber que ahí, a pocos km. Se encuentran sus colegas.
Cuanto más son los individuos que se han demorado en el trayecto, los que
han continuado pierden fuerza expansiva y en ese sentido es más fácil que
sean derrotados, por lo tanto más fácil es que admitan la posibilidad de
retornar.
Por lo tanto la fijación preforma la dirección de una eventual
regresión y facilita precisamente esa regresión.
La formación reactiva es uno de los mecanismos que prueba la
afirmación de Anna Freud de que los mecanismos de defensa actúan en
combinación, porque la formación reactiva se produce cuando previamente
ha sido reprimido un impulso.
Este mecanismo consiste en reprimir un impulso y asumir las
características de lo opuesto. En el caso de un neurótico obsesivo, éste
reprime el impulso de ensuciarse y sustituye este impulso por una
preocupación constante por la higiene. Esta formación reactiva siempre da
lugar a conductas exageradas de generosidad, higiene, bondad, etc. Casi
siempre esta exageración de una característica, como las mencionadas de la
conducta, va acompañada de una rigidez de la conducta y absoluta carencia
de plasticidad. Lo que se reprime es un impulso aceptado socialmente.
La formación reactiva, junto con los mecanismos de anulación y
aislamiento, son característicos de la neurosis obsesiva.
La anulación es el mecanismo mediante el cual un sujeto realiza una
acción que tiende a anular o contrarrestar el efecto de otra. Si recordamos que
los mecanismos de defensa son inconscientes veremos que no se trata en este
caso de un cambio de estado del sujeto, sino que este mecanismo obedece al
temor de haber dañado a alguien, y la reparación que se intenta es
inconsciente. Es frecuente en neuróticos obsesivos incurrir en conductas de
carácter mágico, que tiende a anular inconscientemente una anterior. Por
ejemplo cuando un sujeto patea una piedra en la calle y después se vuelve y
la patea nuevamente en sentido contrario en que se hizo la primera vez.
El aislamiento es el mecanismo que utiliza el sujeto para mantener
separado, lejos de la consciencia un episodio determinado. Lo que se aísla no
es el episodio en sí sino la significación afectiva que este tiene. Estos sujetos
incurren en conductas también “mágicas” que son verdaderos rituales. A
veces manifiestan deseos compulsivos de bañarse y demoran sus actividades
porque deben hacerlo hasta cinco o seis veces por día. Otros son aquellos que
estando en su oficina deben vigilar constantemente el orden de sus lápices y
no pueden resistir ver uno fuera de su lugar. También caben dentro de este
grupo sujetos que viven con un trapo repasando constantemente los muebles,
son esas señoras que cuando ven una partícula de polvo en su casa se ponen
de malhumor. Esto que es casi grotesco se entiende con mayor facilidad si
pensamos que la más leve desorganización del mundo externo, significa para
un obsesivo la amenaza de desorganización de su mundo interno.
Es mucha la energía que consumen estos individuos, mejor dicho su
yo, para que ningún impulso agresivo salga a la consciencia. De ahí es fácil
deducir el grado de pobreza del yo que poseen los neuróticos obsesivos.
Tienen una capacidad creadora bastante limitada pero son muy eficientes y
meticulosos en trabajos rutinarios.
La proyección consiste en colocar en otra persona o en un objeto
exterior, aquello que no aceptamos como propio. Suelen ser deseos
reprimidos que su yo no puede satisfacer entonces se manifiestan, salen a la
luz, pero no se asumen conscientemente, sino que “se los ve en otra persona”.
Este mecanismo da lugar a la identificación proyectiva.
La introyección es el mecanismo mediante el cual un sujeto asume
características que no le pertenecen. Mediante este mecanismo se da la
identificación introyectiva. Es frecuente en los niños que juegan a ser la
mamá, el papá, la maestra, el doctor, etc. También se da con frecuencia en los
adolescentes, es una etapa en que la inseguridad los lleva a buscar modelos, y
en general buscan personajes que han superado los conflictos propios de los
adolescentes, o que aparentan haberlos superado, entonces vemos que estos
jóvenes se peinan como X, se maquillan como N o utilizan gestos y frases de
determinados personajes.
La racionalización se manifiesta cuando el sujeto se aferra a una
explicación de sus conflictos, sea cree conocer el motivo y se cierra a otro
tipo de explicación. Forma como un caparazón que le impide evaluar
afectivamente su problemática interna y se da por satisfecho con la
explicación que ha encontrado. Admitir que esa no es la verdadera causa, lo
llevaría a admitir sus conflictos reales, por eso se aferra a una explicación.
Esta es una de las defensas más difíciles de vencer porque el paciente se
niega a pensar y por lo tanto a vivenciar sus conflictos, lo que es
indispensable en la terapia psicoanalítica.
La negación es la defensa del yo contra los peligros que provienen
del exterior. Este mecanismo se pone de manifiesto en aquellos individuos
que rechazan la realidad y viven como si a su alrededor nada ocurriera que
los pudiera impactar. Estos sujetos construyen por medio de la imaginación
un mundo propio que no coincide con el real en que viven. Este mecanismo
es utilizado por el yo con la finalidad de evitar la angustia.
Suele darse en situaciones muy dolorosas, que se producen sin darle al
sujeto oportunidad para aceptar los hechos. El yo suele defender la integridad
de la personalidad negando situaciones dramáticas, por ejemplo alguien
pierde a una persona a la que está ligado afectivamente, en un accidente. En
situaciones muy nuevas que se presentan súbitamente ciertos sujetos tienden
a permanecer por horas y a veces días como si nada hubiera cambiado y
como si el hecho dramático no se hubiera producido. Dada la importancia de
este tema dentro de la teoría psicoanalítica se considera imprescindible y
obligatoria la lectura de El yo y los mecanismos de defensa de Anna Freud.
Se debe tomar en cuenta que este apunte cumple solo fines didácticos, pero
que todos los temas que aquí se tratan deberán ser comentados más
ampliamente en clase.
CAP IV
Freud denomina libido a algo que existe en las funciones psíquicas,
que tiene todas las propiedades de una cantidad susceptible de aumento, de
discriminación, de desplazamiento y de descarga, que se extiende por las
huellas mnémicas de las representaciones como la carga eléctrica sobre la
superficie de los cuerpos. La libido es la energía del impulso sexual.
Para comprender a qué se refiere Freud cuando habla de impulso
sexual debemos partir de su postulación de la existencia de una energía
sexual básica de la que forman parte, como aspectos de la misma, fenómenos
sensitivos, afectivos y emotivos.
Freud no deja de lado nunca la teoría del trauma como
desencadenante de las neurosis pero va disminuyendo su importancia al
mismo tiempo que progresa en la idea sobre los impulsos primitivos y su
incidencia en el desarrollo de las psiconeurosis.
En una primera clasificación de los instintos Freud nos habla de
instintos sexuales (conservación de la especie), e instintos de conservación
del yo (auto conservación).
En 1914 hace una revisión de esta teoría e incluye los impulsos
agresivos que antes no fueron tomados en cuenta. Freud admite que son
inherentes al ser humano y susceptibles de ser reprimidos. En esta etapa
investiga el masoquismo y el sadismo, cuando intenta investigar los vínculos
entre los impulsos sexuales y los impulsos agresivos. El estudio del
narcisismo le permite diferenciar dos etapas en el mismo. Una de narcisismo
primario que corresponde a la etapa en que una criatura no se diferencia del
mundo externo, por lo tanto la libido está puesta y dirigida hacia sí mismo.
Las sucesivas frustraciones que acompañan el proceso evolutivo
llevan a esa criatura a diferenciarse del mundo exterior. Cuando esta
diferenciación existe recién podemos hablar de narcisismo secundario.
Denomina así al proceso mediante el cual un sujeto retira su carga libidinal
depositada en un objeto exterior y la orienta hacia sí mismo.
Freud en su nueva clasificación de los instintos toma en cuenta que
los impulsos sexuales abarcan más de lo que había considerado hasta el
momento y es así que llega a la clasificación de los instintos en dos grandes
divisiones, instinto de vida e instinto de muerte.
La energía del instinto de vida es la libido y con eso engloba las
subdivisiones que había hecho anteriormente sobre los instintos (auto
conservación y sexuales).
La carga del instinto de muerte es la agresión que como dije antes
significa capacidad de autodestrucción y de destrucción del mundo entero.
Es necesario señalar en este punto en qué consiste lo que el
psicoanálisis denomina principio del placer. En todos los sujetos se da la
tendencia a evitar las situaciones dolorosas o displacenteras. La búsqueda de
situaciones placenteras es constante, los niños se procuran situaciones
placenteras a través de su imaginación y los adultos tratan de evitar
situaciones dolorosas sumergiéndose en estados de ensueño, fantaseando
despiertos. Mientras dormimos muchas veces obedecemos al principio del
placer, cuando oníricamente construimos situaciones placenteras que poco
tienen que ver con la realidad. A este principio del placer se opone el
principio de realidad. A este principio del placer se opone el principio de
realidad que determina las funciones del yo y se incorpora a través del
contacto con el mundo exterior. El principio del placer y el principio de
realidad deben equilibrarse, esa es una de las funciones más arduas del yo.
Freud postula que la sexualidad acompaña al proceso evolutivo en
general desde sus comienzos. La afirmación de la existencia de la sexualidad
infantil escandalizó en su época, porque se consideraba que el impulso sexual
surgía en la pubertad, junto con las modificaciones que a nivel fisiológico se
dan en esta etapa. (Desarrollo de las características sexuales primarias y
secundarias).
Para afirmar la existencia de la sexualidad infantil Freud apela a la
teoría de las zonas erógenas, investiga la curiosidad infantil y el
comportamiento afectivo infantil.
El concepto de zonas erógenas corresponde a la existencia de ciertas
zonas del cuerpo que siendo estimuladas producen un placer específico.
La boca, el placer que proporciona da lugar a la etapa erógena oral
abarca la oral primaria y la oral secundaria o sádico oral o canibalística.
El ano, da lugar a la etapa erógena anal abarca la anal primaria o
expulsiva y la anal secundaria o retentiva.
La uretra permite el desarrollo de la etapa uretral.
El aparato genital facilita el desarrollo de las etapas fálica (complejo
de Edipo) y genital (madurez).
Las etapas de evolución de la libido son marcadas por el pasaje de una
zona erógena a otra.
Si un sujeto se encuentra en la etapa anal, no significa esto que las
etapas anteriores hayan quedado olvidadas, o que estas no intervengan más
en su comportamiento. Las etapas anteriores siempre actúan en el presente
del sujeto ya van determinando su comportamiento.
La amnesia infantil que se da desde el nacimiento hasta los cinco
años, según Freud se explica por el mecanismo de la represión que actúa
sobre los impulsos sexuales. Por lo tanto hablar de sexualidad no implica
genitalidad.
Freud en 1915 afirmó que “hablamos de amor, cuando las tendencias
psíquicas del deseo sexual pasan a ocupar el primer plano mientras que las
tendencias corporales o sexuales que forman la base de este instinto se hallan
reprimidas o momentáneamente olvidadas”.
Insisto en estas aclaraciones porque en la tarea docente he encontrado
que se confunde el concepto de sexualidad de Freud con la aceptación que
comúnmente se le da a esta palabra. Es importante aclarar que cuando Freud
se refiere a la sexualidad está hablando de una energía básica que él
denomina psicosexual.
Vamos a proceder ahora el análisis de las distintas etapas de la
evolución de la libido. Estas zonas que vamos a mencionar son zonas
específicas, pero el cuerpo es susceptible de placer erógeno.
La etapa oral abarca desde el nacimiento hasta el año y medio o dos
años.
La etapa oral primaria se desarrolla en los seis primeros meses. Está
relacionada con la actividad de chupar que es la primera que proporciona
placer al niño. Chupa para alimentarse y al mismo tiempo goza con ello. Esta
etapa marca la aparición del autoerotismo.
La etapa oral secundaria, también llamada sádica o canibalística,
abarca hasta el final de la etapa oral. El comienzo de esta etapa la marca la
aparición de los dientes. La incorporación del objeto ahora está acompañada
por sentimientos opuestos. Si bien por un lado el deseo de incorporar el
objeto significa desear una conexión más íntima con él, por otro lado la
incorporación de ese objeto significa la destrucción del mismo, implica
hacerlo desaparecer. Por un lado el objeto es querido y por otro es destruido.
A esta dualidad de sentimientos que se presentan ante un mismo objeto la
denominaremos ambivalencia.
La etapa anal abarca desde el año y medio hasta los tres años, o tres
y medio. En esta etapa comienzan a aparecer los primeros conflictos del niño
con los adultos. Merleau Ponty señaló que la conducta esfinteriana de las
criaturas está significando en cuanto a las primeras relaciones de generosidad
y avaricia que pueden empezar a darse en ellas.
Los niños que pasan por esta etapa son obligados a abandonar el
placer de llevar a cabo su actividad excrementicia sin tener en cuenta tiempo
y lugar, de cómo se enseña al niño dependen muchas alteraciones de la
personalidad. Por un lado el niño desea satisfacer a su madre, porque advierte
que se trata de algo sumamente importante para ella. Y por otro lado desea
ejercer el control de sus esfínteres libremente, porque eso le proporciona
placer. En cuanto advierte que la mamá exagera su interés por cómo, cuándo
y dónde lo hace, el niño comienza a utilizar sus actividades excrementicias
para agradare a mamá o para hostilizarla según las circunstancias.
También es bueno tener en cuenta que a esta edad el niño se encuentra
asombrado y admirado por esa capacidad que tiene de expulsar sustancias de
su cuerpo. A veces conductas que las madres censuran como impropias
obedecen a que el niño se siente orgulloso de sí y ejercita su capacidad.
Hay madres que, siendo ellas neuróticas obsesivas, exigen al niño un
aprendizaje rápido, lo amenazan con castigos e inclusive con abandonarlo.
Esto puede constituir un grave problema, porque el pequeño debe añadir a la
ansiedad que le produce la situación de aprendizaje, la ansiedad y temores
que le producen las amenazas. Esto puede llegar a configurar un círculo
vicioso, el niño no controla sus esfínteres el monto de la ansiedad que padece
se lo impide, esto a su vez aumenta la frustración y agresividad de la madre
que insiste en castigos y amenazas en algunos casos cada vez más severas.
La etapa anal expulsiva está caracterizada por la expulsión de las
heces, siendo esta a la actividad que produce placer. La expulsión da
satisfacción, la criatura descubre en esta actividad la capacidad destructiva.
La fijación característica de esta etapa son los accesos diarreicos.
La etapa anal retentiva, está caracterizada obviamente por la
retención. Esta es la actividad que produce placer. Los adultos fijados a esta
etapa sufren constipaciones crónicas.
La etapa fálica abarca desde los tres o tres años y medio hasta los
cinco aproximadamente. Esta etapa se caracteriza por la preocupación por los
genitales. Las relaciones más importantes en este período son conocidas
como relaciones edípicas. Esta es una de las etapas más importantes y
decisivas, Freud considera que en este período se determina el núcleo de la
salud o de la enfermedad.
Los niños de este período manifiestan una gran curiosidad por el
origen de los niños, o sea cómo nacen.
Otro tema que los preocupa es la diferencia de los sexos, cómo son
las niñas y cómo son los varones. Sobre esto preguntan a los padres. Pocas
veces los padres están preparados para responder, muchos consideran aun
estos temas como tabú y no satisfacen la curiosidad de sus hijos y es muy
común que se lo evite permitiendo que el niño se informe con sus amiguitos
posteriormente, inclusive hasta no hace mucho se los regañaba diciéndoles
que de esas cosas no debe hablarse.
Ahora bien, la curiosidad insatisfecha va en aumento, porque
realmente estos temas preocupan al niño. Cuando no recibe respuestas
adecuadas se calla y llena el vacío de la respuesta posible con su fantasía.
Imagina por ejemplo cómo debe ser el nacimiento por la boca o el ombligo.
Las fantasías más comunes a esta edad, y las que más trastornos provocan en
los niños, son las referidas a la diferencia de sexos.
Los niños se observan entre ellos con curiosidad y advierten las
diferencias que hay entre varones y niñas, suponen entonces que los varones
tienen algo que las niñas no tienen. De esta observación surge la angustia de
castración. Las niñas creen que tenían algo que ya no tienen y esto lo viven
como resultado de un castigo que se les ha infligido. Los varones saben que
ellos tienen pene, pero tienen miedo que les ocurra lo mismo que a las niñas.
Estas fantasías de castración intervienen de manera decisiva a lo largo de la
vida. Las niñas viven su condición con sentimientos de inferioridad de aquí
que los psicoanalistas hablen de la envidia del pene.
Este sentimiento de inferioridad lleva a veces a la mujer a adoptar
actitudes opuestas a lo que habitualmente se considera comportamiento
femenino, se conducen entonces de una manera juzgada como masculina.
Incurren en gestos y actitudes masculinas y a veces llegan a alterar la función
básica del mantenimiento de la especie. Muchos de los trastornos femeninos
referidos al ciclo menstrual tienen su origen en las dificultades de esta etapa
fálica.
Las conductas paternas y maternas, que se dan como respuesta a los
conflictos que vive el niño de esta edad adquieren una importancia
trascendente con respecto al futuro de ese niño, cuando llega a una edad que
se supone implica madurez. Los padres a veces se comportan exagerando su
rigidez, inhibiendo toda posibilidad de desahogo del conflicto. Otras veces
los padres, que no pueden manejar la ansiedad que les provoca la existencia
de estos conflictos, incurren en consentimientos que favorecen la mala
elaboración de estas etapas. Los niños duermen con los padres, o controlan
con otros recursos, como llantos, caprichos y miedos, la posibilidad de
intimidad de los padres o sea que estos padres no ayudan al niño a superar sus
conflictos, sino que se ponen al servicio de las ansiedades que éste
padece. El resultado es que aumentan la confusión y el monto de angustia,
tan difícil de manejar para el niño.
Los sentimientos del niño son ambivalentes hacia el padre del mismo
sexo. Esto se conoce como complejo de Edipo. El varoncito siente atracción
por su mamá y siente odio hacia su papa por él vínculo que su progenitor
tienen con su mamá, pero también se da el amor por lo que significa su padre
para él. El odio está expresado en el temor a las represalias que pueda tomar
el padre contra él, porque lo que realmente desea el niño es desplazar a su
padre y ocupar su lugar. Los impulsos agresivos están tan implicados en este
conflicto como los libidinales. Cuando Freud habla de los deseos de
acercamiento del niño hacia su madre está hablando de impulsos sexuales. Y
con respecto al padre los sentimientos ambivalentes lo llevan a no odiarlo del
todo pero tampoco amarlo completamente.
Si esta ambivalencia de los sentimientos se mantiene con los años,
este sujeto nunca podrá experimentar sus sentimientos de otro modo. Odiar a
una persona que se ama al mismo tiempo, trae aparejados el complejo de
culpa y la culpa se transforma en agresividad.
Los niños en este período son agresivos porque se sienten culpables y
porque además temen las represalias. Esto mismo sirve para las mujeres que
dirigen sus impulsos libidinales hacia el padre y los sentimientos
ambivalentes hacia su madre. En la práctica psicoanalítica se encuentra a
veces este conflicto que acompaña al sujeto hasta que es adulto. Cuando el
sentimiento amoroso se dirige hacia el progenitor del sexo opuesto hablamos
del complejo de Edipo positivo. Cuando se dirige hacia el progenitor del
mismo sexo hablamos de complejo de Edipo negativo.
Para que se comprenda con mayor facilidad la evolución de estos
afectos debemos señalar cómo están dirigidos los primeros vínculos
amorosos. Tanto en varones como niñas, el primer vínculo amoroso está
dirigido hacia la madre. En el caso de las niñas se da el alejamiento de la
madre y el acercamiento hacia el padre. Freud lo explica a través del
complejo de castración, es tal el resentimiento que las niñas tienen hacia la
madre, porque no las hizo completas, que la abandonan como objeto de su
amor y se aceran al padre buscando que este les solucione el conflicto. En el
caso de los varones el acercamiento hacia la madre se explica porque se
prolonga el vínculo amoroso inicial. Las niñas se introducen en la situación
edípica a partir del complejo de castración, fantasía de haber sido castrada.
Los varones por el contrario superan las fantasías edípicas,
reprimiéndolas por el temor a la angustia de castración.
Al llegar a los cinco años la culpa engendrada por los sentimientos
ambivalentes va llevando al niño o niña a la represión de los mismos.
La etapa de latencia va desde los cinco o cinco años y medio hasta
los diez aproximadamente. Los impulsos sexuales en esta etapa ya son
reprimidos y la energía sexual va a ser sublimada y utilizada para la
concentración en los estudios. Los varones eligen juegos violentos para
descargar los impulsos agresivos reprimidos y la niña juega a las muñecas y
adopta el rol de la mamá en sus juegos de este modo la sustituye en la
fantasía y canaliza los impulsos agresivos que han sido reprimidos.
La etapa de la pubertad va de los diez para las niñas y desde los
once los varones. Aquí debemos tomar en cuenta las transformaciones que se
dan a nivel fisiológico. Las glándulas sexuales se ponen en actividad, esto
determina la presencia de caracteres sexuales secundarios, bello, cambio de
voz, aumento de proporciones de algunas partes del cuerpo, etc. Estas
modificaciones que sufre el esquema corporal los mantienen abstraídos y
concentrados en sí mismos. Empiezan a perder interés por el estudio y todas
y todas aquellas actividades que exigen concentración.
La etapa de la adolescencia es reconocida como la más difícil en la
evolución de cualquier sujeto. Ocurren profundos cambios físicos y
emocionales. Los conflictos que se afrontan van restando energías. Se
reactualizan los conflictos de la etapa fálica. En este período evolutivo se
alcanza, según Piaget, el grado máximo de evolución del pensamiento, utiliza
el razonamiento lógico hasta tal punto que los padres con frecuencia temen
un enfrentamiento verbal con sus hijos, pues estos no están dispuestos a
aceptar normas ni cumplir expectativas sin antes evaluarlas. Algunos
adolescentes se aíslan, prefieren leer o permanecer encerrados, se dedican al
estudio de una manera compulsiva, no se dan descanso, son los alumnos
modelo de la escuela secundaria que viven consagrados a su estudio, y niegan
de alguna manera la problemática que bien y mantienen reprimida. De alguna
manera estos conflictos deben ser vividos por el sujeto, porque siendo adultos
esta característica se habrá transformado en un rasgo neurótico que le impide
un comportamiento sao. Ya que la falta de elaboración de estos conflictos los
lleva a estados angustiantes y temores constantes.
La característica que se hace más evidente es el enfrentamiento con
los padres, esto se debe a que el adolescente ha bajado a sus padres del
pedestal en que los tenía, ahora los juzga y al hacerlo advierte errores, fallas.
Estas deficiencias que advierte lo tornan agresivo, se enfurece ante cualquier
error y recrimina constantemente. En esta etapa el adolescente debe elaborar
el duelo por los objetos idealizados que tenía, ya que ahora los ha perdido,
pues no son tan perfectos como él creía y es esto último lo que le resulta
difícil aceptar.
Constantemente hay discusiones, el adolescente a veces dice lo que
siente con tal espontaneidad que asusta a sus padres, que no saben cómo
tratarlo. Es una etapa difícil para los hijos y para sus padres. Muchas veces
quieren acercarse a él o utilizan palabras que hubieran servido tres años atrás,
pero frente a ellos encuentran a un hijo distinto, ya no es un niño y tampoco
es un adulto, pero no sabe bien qué es. El adolescente mismo se siente
inseguro en esa etapa de transición.
La Genitalidad o madurez no siempre puede señalarse
cronológicamente. Pasar los dieciocho o veinte años no es garantía de
alcanzar la madurez. Las características que describen la madurez es la
capacidad de sublimar los impulsos sexuales y agresivos, el equilibrio
afectivo y la elección final de pareja.
La forma en que el sujeto pasa por las distintas etapas determina
distintos caracteres. El sujeto que ha sido alimentado deficientemente, destete
brusco, falta de atención, etc., llega la madurez arrastrando una sensación de
carencia, siempre siente que no le dan lo que le corresponde.
El sujeto que ha sido muy reprendido, castigado, y en general el que
aprendió demasiado pronto su control de esfínteres (porque se lo impusieron,
aunque no había madurado suficientemente) posteriormente posee las
características de los sujetos excesivamente preocupados por la higiene., muy
detallistas, a veces avaros y comúnmente muy obcecados.
La teoría psicoanalítica ha sido y es criticada en la actualidad por
psicólogos de distintas escuelas. Una de las principales críticas fue la
predominancia que daba a lo sexual. Adler y Jung criticaron que se pueda
explicar todo a partir de la sexualidad y ante las disidencias con Freud, se
apartaron y formularon sus propias teorías.
Específicamente tratando el tema de las etapas de la evolución de la
libido muchos investigadores afirman que Freud ha desconocido la influencia
de factores biológicos y culturales. Algunos han dudado de su afirmación de
que el amamantamiento produzca placer sexual y afirman que Freud ha
ignorado la importancia de la boca como medio de conocimiento.
Pero más adelante sistematizamos las críticas hechas a la teoría
freudiana. En el capítulo siguiente podremos entender cómo se pueden
producir puntos de fijación en el desarrollo de la libido, por experiencias
excesivamente placenteras o excesivamente frustrantes, dando lugar a
conductas regresivas.
CAP V
El instinto sexual está formado por tendencias parciales, que en
algunas oportunidades se transforman en fuerzas independientes. Freud
señala que la sexualidad se da en etapas, que evolutivamente llevan a un
sujeto a la sexualidad genital. Pero a veces los impulsos sexuales se detienen,
se quedan a medio camino, dando lugar a las perversiones.
Hablamos de perversiones en aquellos casos en que las tendencias
parciales adquieren objeto y finalidad propia.
La finalidad de la sexualidad adulta es la relación genital, coito, y el
objeto sexual es una persona del sexo opuesto.
Tomando en cuenta las anormalidades con respecto al objeto podemos
clasificar las perversiones de la siguiente forma: 1) homosexualidad, 2)
paidofilia, 3) bestialismo, 4) necrofilia.
Podemos hacer otra clasificación tomando en cuenta las anomalías
con respecto a la finalidad: 1) voyeurismo, 2) exhibicionismo, 3) sadismo, 4)
masoquismo, 5) fetichismo, 6) sumisión extrema.
Todas estas modalidades se dan en forma mínima en la sexualidad
adulta normal. Comenzaremos describiendo la perversión más investigada en
relación al objeto:
La homosexualidad: Freud considera la homosexualidad dentro de la
clasificación de las perversiones. Considera homosexuales absolutos aquellos
casos en que a actividad homosexual se presenta en forma constantes solo
mantienen relaciones sexuales con personas de su mismo sexo. Denominó
homosexuales anfígenos a los casos en que la relación sexual se da en forma
alternada o simultánea con representantes de ambos sexos. Reservó la
denominación de homosexual ocasional para los sujetos que practican la
homosexualidad en situaciones muy especiales, en las que carecen de objeto
sexual adecuado.
Al nacer, según Freud, psicológicamente somos bisexuales. Que nos
identifiquemos con uno u otro sexo va a depender de nuestras experiencias
infantiles y finalmente de cómo resolvemos la crisis de la identidad que
padecemos en la adolescencia.
Son innumerables las variables que inciden sobre nuestra
personalidad, impidiendo a veces que asumamos las características
psicológicas que corresponden al sexo biológicamente determinado. Entre
estas variables se pueden tomar en cuenta: figura materna o paterna
rechazante lo que lleva a la identificación con el progenitor del sexo opuesto,
deseo de los padres de un sexo determinado para sus futuros hijos, deficiente
ejercicio del rol sexual por parte de alguno de los progenitores, excesiva
estimulación del ano, incremento de las tendencias anales o genitales,
fantasías de castración, angustia de castración, factores constitucionales como
alteraciones hormonales, etc.
En los hombres la homosexualidad no solo tiene por finalidad el coito
“per anun”, la masturbación reemplaza a veces esta actividad. En la mujer el
contacto con las mucosas bucales a veces es suficiente para alcanzar el
orgasmo.
Según Otto Fenichel, el rechazo hacia la mujer obedece al rechazo de
sus genitales “castrados” porque activa en los sujetos el temor a la castración.
A veces el temor obedece a fantasías de que la mujer es la que lo castrará, son
fantasías de “mujer fálica, que se corresponden a veces con el contacto con
una madre agresiva, dominante, frustrante. Otras veces el homosexual está
identificado con su madre y al igual que ella ama a los hombres y se somete
a ellos. La zona erógena predominante es el ano, por fijación a excesivas
gratificaciones en la etapa anal. A veces la identificación contraria
corresponde a una excesiva frustración por parte del progenitor del sexo
opuesto, pues los niños tienden a identificarse con el objeto que más frustra.
En el caso de la homosexualidad femenina se debe tomar en cuenta la
capacidad perturbadora de la sexualidad clitoridiana, más el erotismo oral
que se halla en primer plano. La percepción del pene masculino despierta en
algunas mujeres fantasías de castración, por eso lo evitan. La frustración por
parte del padre puede ocasionar que la mujer dirija su libido hacia el objeto
primario, su madre., identificándose con el objeto frustrante para
reemplazarlo. La envidia del pene, puede llevar a fantasías de omnipotencia
destinadas a prescindir del hombre.
Transvestismo: El hombre utiliza ropas femeninas con un significado
narcisista, puede ser hombre porque tiene pene y al mismo tiempo mujer
porque se viste como tal. Se caracteriza como la mujer fálica. En la mujer el
trasvestismo no es tan frecuente pues el usar ropas masculinas no
autoconvence de la posesión del pene pero si puede recurrir a estas
vestimentas con el fin de desconcertar a los demás y convencerlos. La mujer
con estas vestimentas sustituye la envidia del pene por la envidia por la
apariencia masculina.
Fetichismo: Esta perversión se presenta fundamentalmente en los
hombres. La inclinación erótica hacia cosas inanimadas está casi siempre
dirigida hacia objetos que han tenido significación sexual en el desarrollo
evolutivo del individuo. El hombre busca fetiches que simbolizan el “pene
femenino”, ya que no acepta la ausencia del pene en la mujer, pues eso activa
su temor a la castración. El fetiche debe estar separado del objeto mujer.
Algunos fetichistas son sádicos pues recurren a la castración simbólica, por
ejemplo cortando trenzas.
Exhibicionismo: Corresponde a la erotización de la mirada de los
otros. El sujeto puede llegar al orgasmo mediante exhibición de los genitales.
La satisfacción sexual lograda es a veces mayor cuando el sujeto se ve
obligado a observar, se asusta, obedecen a la necesidad de reaseguramiento
de su capacidad sexual. La indiferencia del observador puede frustrar el
orgasmo. La exhibición de los genitales por parte de los hombres y el deseo
de asustar obedecen a necesidad de reaseguramiento de su capacidad sexual.
Esta necesidad de reaseguramiento proviene de la angustia de castración en el
hombre y del complejo de castración en la mujer.
En la mujer no existe la exhibición de los genitales como perversión,
se desplaza el exhibicionismo de los genitales a otras partes del cuerpo. El
reaseguramiento femenino se obtiene a través de su capacidad de atraer al
sexo opuesto.
Voyeurismo: También denominado escoptofilia. Corresponde a
fijaciones en la etapa fálica. La causa puede ser la observación de los
genitales adultos o de la escena primaria. Se trata de repetir la escena
traumática con el fin de lograr un tardío control de la angustia. A veces el
voyeurista traslada su interés hacia escenas de violencia. En estos sujetos
suele darse un desplazamiento de impulsos sádicos, deseos de destruir o
castrar por el mirar, a fin de evitar responsabilidades y sentimientos de culpa.
Puede reflejar mediante la actividad de mirar el deseo de participar en la
intimidad de los padres. El orgasmo se logra casi siempre cuando el sujeto
que mira no es visto por la persona o personas observadas.
Paidofilia: La búsqueda de niños como objetos sexuales, proviene a
veces de la identificación con una madre muy posesiva y absorbente. Los
niños son tratados como él hubiera deseado ser tratado por la madre. A veces
esto se disfraza formando pareja con alguien mucho más joven. Lo mismo
ocurre con la identificación con un padre muy tierno, que lleva a los hombres
a esta misma búsqueda.
Coprofilia: Jugar con las heces propias o las de otra persona. Está
relacionado con conflictos originados en la etapa anal. Se complementa en
general, o a veces se limita solo a las siguientes actividades: lectura de
pornografía y uso de vocabulario obsceno. Constituyen actividades
sustitutivas de placeres dependientes de objetos vergonzosos o censurados.
La observación de las propias heces puede dar lugar en las mujeres al
reaseguramiento de no haber perdido el pene. Esta fijación en las funciones
excretoras, puede combinarse con la escoptofilia, como reaseguramiento de la
posesión de pene en las mujeres, por parte de los hombres.
La lectura de pornografía proporciona dos actitudes de
reaseguramiento. Por un lado prueba la existencia de objetiva de la
sexualidad, lo que alivia al sujeto del sentimiento de culpa y por otro la
sexualidad se disfruta en forma simbólica y por lo tanto es menos peligrosa.
La masturbación con ayuda de imágenes se encuentra más cerca de la
sexualidad normal que la masturbación sola como fuente de autoerotismo.
Las imágenes, figuras de revistas o películas simbolizan un objeto sustituto
del partenaire. Leer en el baño simboliza a veces incorporar algo para
sustituir lo que se pierde.
El ondinismo, interés por la micción femenina, puede tener el mismo
significado de reaseguramiento sobre la presencia del pene en la mujer.
Extrema sumisión sexual: La excitación sexual se obtiene con el
sentimiento de la propia insignificancia, en comparación con la grandeza del
partenaire. En este caso puede ser sólo una perversión con respecto a la
finalidad, pero también puede transformarse en una perversión respecto al
objeto cuando se da en parejas homosexuales.
La relación con el partenaire se caracteriza por sumisión, disposición
al sacrificio y goce de la propia insignificancia, masoquismo. La fantasía es a
veces ser incorporado por el compañero, pasando a formar parte de él, este
proporciona al sumiso la oportunidad de sentirse omnipotente, cuanto más
poderoso es su compañero más poderoso es él, pues forma parte de él,
(identificación introyectiva).
Sadismo: Erotización del dolor infligido a otros. El sádico pretende
atemorizar al otro para evitar el temor de ser castrado durante el acto sexual.
Se presenta en distintos grados, desde crímenes hasta prácticas dentro de la
relación sexual, tales como mordiscos, golpes, encadenamientos, etc. El
sádico no pretende hacer disfrutar al otro a través del sufrimiento sino
dañarlo, ya sea en forma efectiva o simbólica.
El sádico agrede, a veces, para obtener el perdón, para que la víctima
lo libere del sentimiento de culpa, aceptando el castigo. Los juegos infantiles
ponen de manifiesto a veces el sadismo. Las características sádicas se hallan
más vinculadas a fines pre-genitales, que a fines genitales. No se limitan a
pulsiones correspondientes a una zona determinada.
Masoquismo: Raras veces se presenta en forma pura. Suele
presentarse como preámbulo de una situación placentera, para no sentirse
culpable por disfrutar. El sufrimiento también puede ser buscado para obtener
protección. Un superyó muy severo puede determinar prácticas masoquistas
muy autodestructivas. Podemos citar como ejemplo ciertas prácticas de
purificación en comunidades religiosas. La búsqueda de protección de un ser
omnipresente se paga a veces con la práctica del masoquismo.
Fenichel dice que el masoquista usa símbolos de autocastración para
evitar la castración. Los masoquistas se torturan en forma planeada para
evitar ser torturados en forma inesperada.
El masoquismo es el resultado del sadismo vuelto contra el propio yo
para evitar sentimientos de culpa. Los sentimientos de culpa son más fuertes
en el masoquista que en el sádico, por lo tanto la presión del superyó es
mayor.
Las personas masoquistas suelen obtener placer exhibiendo sus
desdichas. En el masoquista se dan comportamientos sádicos, exhibiendo sus
desdichas o su maldad, obligando al otro a verlo sufrir.
Se denomina masoquismo moral al placer que experimenta al sentirse
fracasado en un propósito o al placer de sentirse humillado frente a otras
personas.
El masoquista se suministra castigos y heridas pero protege los
genitales, utiliza símbolos de castración para evitar la castración. Prefiere el
placer preliminar al placer final y la fantasía a la realidad. El masoquista se
convierte en provocador para obtener el placer del castigo.
Pronóstico de las perversiones: Fenichel opina que el pronóstico es
desfavorable, puesto que los síntomas son placenteros. En general el sujeto
no concurre a la consulta para eliminar la perversión, sino por otro problema
que lo angustia.
Es difícil utilizar la técnica psicoanalítica y no remover contenidos
relacionados con la perversión del sujeto, por lo tanto la resistencia en este
tipo de pacientes es muy grande. En los casos en que las perversiones se
combinan con una neurosis, el pronóstico es más favorable ya que los otros
síntomas atraen la atención del paciente, por la angustia que provocan y lo
predisponen mejor al tratamiento.
CAP VI
Llamamos sueño a la actividad onírica que desarrollamos mientras
permanecemos dormidos, o sea que no estamos hablando de estados
alucinatorios, donde el sujeto despierto, fantasea y percibe una realidad
inexistente.
En el sueño se advierten influencias de estímulos exteriores, muchas
veces el desarrollo del mismo varía por la presencia de ruidos o voces, que
son captados por nuestros sentidos mientras estamos dormidos. Estos
estímulos externos pasan a formar parte de nuestro sueño.
También los sueños son influenciados por necesidades orgánicas del
sujeto que duerme, por ejemplo soñamos con mares o ríos de comida. Pero
estos sueños son provocados a veces por que el sujeto que duerme tiene sed o
hambre.
Estos dos tipos de sueños mencionados los que se producen por
influencia de estímulos externos, o por necesidades fisiológicas, no necesitan
ser interpretados según Freud.
Otros sueños que no necesitan interpretación son los infantiles, hasta
los cinco años más o menos los niños manifiestan sus impulsos directamente,
sin que estos deban ser transformados con la formación del superyó se hace
presente la necesidad de modificar o disfrazar estos impulsos.
La mayoría de los sueños están compuestos por imágenes visuales. La
explicación que da Freud del dormir, es que esta actividad le permite al sujeto
descansar, aminorando el efecto de los estímulos. Freud insiste en que el
sueño es provocado por causas psíquicas, está probado que la actividad
fisiológica si bien disminuye en el transcurso del sueño no cesa en su
actividad.
El sueño es una sustitución deformada de un suceso consciente, por lo
tanto la forma exterior del sueño no tiene importancia, es solamente una
forma por medio de la cual se expresa el inconsciente. El analista es el
encargado de buscar los aspectos significativos del sueño.
Todos los sujetos sueñan cuando duermen, en la mayoría las
oportunidades no recuerdan qué es lo que soñaron y muchas veces inclusive
afirman no haber soñado nada.
A veces se recuerda un sueño o parte de él en el momento de
despertar y luego no podemos recordarlo más. Otras veces conservamos en
nuestra en nuestra memoria parte de ese sueño y llegamos a verbalizar estas
partes.
La finalidad de los sueños es la realización de deseos. Es la búsqueda
de una forma sustitutiva que permita la expresión de impulsos y deseos
reprimidos.
Vamos a ver ahora como se producen los sueños, como se elaboran y
qué vías debemos seguir para su interpretación.
A partir del contenido latente se produce la elaboración primaria,
inconsciente. Se establece un primer nivel de censura mediante la
simbolización, dramatización, desplazamiento y condensación. El contenido
manifiesto del sueño es el sueño propiamente dicho. Que nuevamente el
sometido a censura mediante la elaboración secundaria, que se manifiesta a
través del olvido de partes o detalles del sueño. Como resultados de estos
procesos se llega al relato del sueño.
Vamos a analizar estos conceptos que sintetizan la formación de los
sueños.
El contenido latente es el impulso que se manifiesta a través del
sueño, es aquello que se manifiesta pero en forma disfrazada.
El contenido manifiesto es el sueño en sí, tal como nosotros lo
soñamos.
El relato es lo que recordamos de lo que hemos soñado.
El contenido latente se transforma mediante el trabajo del sueño,
elaboración primaria, que incluye cuatro mecanismos fundamentales. La
condensación, mediante la cual varias ideas se expresan a través de una es así
como a veces soñamos con una persona que tiene la voz de una amiga, el
vestido de una hermana nuestra y así sucesivamente. El desplazamiento se da
cuando elementos del contenido latente se colocan en un pequeño detalle, o
en un objeto hacia el que no van dirigidos los impulsos que deben ser
disfrazados. La dramatización permite que los sueños sean manifestados en
forma de escena, con personajes que desempeñan diferentes roles. La
simbolización es el mecanismo mediante el cual elementos del contenido
latente son representados, simbolizados en el contenido manifiesto.
Estos mecanismos mencionados se ponen en actividad porque los
contenidos latentes están sometidos a la censura que impide que los impulsos
se manifiesten directamente porque en el contenido latente están buscando
expresión los impulsos que en la vigilia son reprimidos.
Este trabajo de sueño en el que se transforman los impulsos latentes,
se denomina elaboración primaria.
La presencia de restos diurnos, aquellos contenidos que aparecen en
el sueño como recuerdos de la vigilia o de etapas anteriores de nuestra vida,
corresponden a partes de la vigilia que no han sido elaboradas, discriminadas,
analizadas. Nuestra capacidad de elaboración es limitada,
Los contenidos manifiestos del sueño se muestran incoherentes y
mayor es la falta de relación entre sus términos cuanto más nos esmeramos en
la elaboración primaria, o sea cuando los mecanismos tendientes a disfrazar,
modificar el contenido latente, actúa con mayor intensidad.
La elaboración secundaria se produce cuando al despertar
recordamos o tratamos de recordar lo que hemos soñado. También en este
paso actúa la censura y si es así como muchas veces olvidamos lo que hemos
soñado o partes del sueño que hemos tenido.
La censura actúa permanentemente protegiendo el disfraz que
deforma los contenidos latentes. Así es como un sueño sigue transformándose
aun cuando hacemos relatos sucesivos de él a distintas personas. Cuanto
mayor es la intensidad de los impulsos, deseos e ideas, que forman parte del
contenido latente, menos recordamos del sueño que acabamos de tener.
Este es el camino que sigue al sueño en su proceso, pero para
interpretar un sueño el psicoterapeuta debe seguir el camino inverso. O sea
debemos partir del relato que el paciente nos hace sobre lo que ha soñado, y
así parece a poco llegaremos, cuando es posible al contenido latente de ese
sueño.
Si el sueño constituye una manifestación de deseos ¿cómo pueden
explicarse las pesadillas? Se ha visto que el despertar de la pesadilla significa
la interrupción de la expresión del sueño. Si se hubiera continuado soñando
hubiera apreciado el deseo, pero se impide que aparezca porque es demasiado
rechazado por la censura.
En el transcurso del sueño el yo duerme, pero sigue activo, trata de
desempeñarse durante el sueño dentro de un nivel distinto de nuestra
consciencia.
Freud utiliza la asociación libre para interpretar los sueños, le pide al
paciente que narre lo que ha soñado y después divide este relato en partes.
Posteriormente le ofrece estas partes de su propio relato como estímulo para
que asocie libremente.
Observando el relato del sueño y las asociaciones que se producen,
vemos que el contenido de cada una de las partes del relato tiene una
significación totalmente diferente de lo que expresaba el relato del sueño.
Freud recomienda que el psicoterapeuta no se deje guiar por
interpretaciones fijas de los símbolos del sueño, pero si admite que algunos
símbolos se presentan a misma interpretación con cierta frecuencia.
Con respecto al chiste, Freud dice que es un proceso psíquico y al
terminar su investigación sobre el mismo, afirmó que sus ideas solo tenían
validez de hipótesis pues no estaban suficientemente probadas.
En su obra Psicopatología de la vida cotidiana Freud estudia los actos
fallidos. Las equivocaciones orales que, según él, tienen un sentido propio y
en general son actos psíquicos completos y correctos, que tienen su origen en
la oposición de dos intenciones diferentes. Los actos fallidos pueden ser
orales, cuando estamos hablando y queriendo decir una palabra la mezclamos
con otras que estamos pensando. Pueden ser auditivos cuando se sustituye
una palabra por otra mientras se escucha un relato. También pueden ser
visuales cuando leemos algo y también hacemos esa sustitución.
La tendencia perturbadora que nos lleva a modificar una palabra es
desconocida por el sujeto cuando está muy reprimida, pero la modificación se
produce igual. En otros casos el sujeto está en condiciones de reconocer la
causa de su equivocación en cuanto la comete. Otros actos fallidos son
provocados intencionalmente, cuando queremos hacer un chiste, por ejemplo.
Por todo lo dicho queda claro que los actos fallidos no son causales,
sino que resultan de la lucha entre dos intenciones distintas, una que se desea
reprimir y la que verdaderamente se quiso manifestar.
CAP VII
Entramos ahora en el desarrollo de los últimos temas planeados para
este curso. Para esto debemos utilizar parte de los conocimientos que han
adquirido ustedes en el transcurso del mismo.
Vamos a referirnos a algunos trastornos que se presentan en el
desarrollo de la personalidad. No entraremos a analizar todos los cuadros
patológicos porque posteriormente ustedes cursarán materias donde ese será
el tema principal.
Nos dedicaremos a tomar en cuenta el punto de vista de Freud sobre
los trastornos mentales.
Para comenzar debemos analizar fundamentalmente un concepto que
a veces parece confundir a los estudiantes de psicología. Tendremos que ver
qué se entiende por normalidad.
Para definir este concepto podemos recurrir a diversos criterios. Si
apelamos al criterio estadístico la salud estaría determinada como promedio
estadístico y el enfermo sería lo inusual, lo estadísticamente inusual. Es obvio
que este criterio nos llevará a modificar constantemente lo que entendemos
por normalidad.
Otro punto de vista sería determinar un modelo dinámico de
funcionamiento ideal de una personalidad, lo sano estaría dado por la mayor
aproximación a ese modelo y la enfermedad demostraría una acentuada
desviación de ese modelo teórico.
Freud por su parte opina que salud es amar y trabajar, que estas
potencialidades se desarrollan depende del entrenamiento que se recibe
durante la niñez y la adolescencia.
En el capítulo IV ya hemos mencionado las características de la
genitalidad que forman parte del concepto de salud mental. Segú Freud el
conflicto más importante que afronta el individuo se produce entre él y la
sociedad. El yo es encargado de organizar, dirigir, e inhibir las fuerzas
instintivas. Las insuficiencias del yo provocan los fenómenos neuróticos. El
conflicto se produce entre él y la sociedad. El conflicto se produce como
hemos mencionado ya, entre una fuerza que pugna por salir y otra que inhibe
su salida.
Las neurosis representan un fracaso del yo para obtener satisfacción
de los impulsos, teniendo encuentra la realidad externa. Las funciones
perceptivas y ejecutivas del yo, están interrelacionadas. El yo percibe las
necesidades subjetivas y debe también percibir las posibilidades que ofrece la
realidad externa para que estas necesidades puedan ser satisfechas. Por medio
del principio de realidad, el yo integra las dos percepciones y actúa de
acuerdo al resultado de esta integración y de cómo actúe depende que su
conducta sea enferma o sana.
La fijación a las etapas más tempranas, determina una alteración más
profunda de la personalidad.
La fijación en la etapa oral primaria y secundaria y en la etapa anal
primaria da lugar a los cuadros clínicos que se denominan psicosis.
De ahí en adelante en las fijaciones posteriores, vemos que las
alteraciones son neuróticas. Para la escuela psicoanalítica la presencia de una
neurosis se explica por tres factores, el factor constitucional, el factor que
determinan las experiencias infantiles, el factor de la situación actual. Estas
tres series de factores constituyen lo que se denomina series
complementarias, porque dichos factores se complementan.
En 1899 Freud clasificó la neurosis del siguiente modo:
Neurosis actuales: se deben a trastornos bioquímicos de la
sexualidad, su causa no es psíquica sino somática. La masturbación excesiva,
el coito interrupto, abstinencia sexual, etc., pueden originar estos cuadros
caracterizados por síntomas como ansiedad, falta de apetito, dolores, gases,
deseos inconscientes de dependencia, incapacidad psíquica y sexual, sudores,
temblores, etc.
Neurosis mixtas: Combina síntomas de las neurosis actuales y las
psiconeurosis.
Psiconeurosis: tiene su origen en trastornos infantiles, fijaciones a las
etapas evolutivas de la libido. Por lo tanto para detectarlas y curarlas
debemos remontarnos a la historia del sujeto.
En 1915 Freud distinguió tres psiconeurosis, las que describiré a
continuación, incluyendo algunos criterios psicoanalíticos posteriores a la
teoría de Freud, con el fin de que los alumnos cuenten con un material más
actualizado.
El psicoanálisis se dedicó a las neurosis más que a otros cuadros
clínicos, dado que estas por su estructuración permiten la aplicación de todas
las reglas básicas y convierten la terapia psicoanalítica en el mejor
instrumento para su curación. La descripción de las psiconeurosis es uno de
los aportes más valiosos del Psicoanálisis, a la Psicopatología y a la
Psicoterapia.
El síntoma psiconeurótico surge como manifestación directa de los
mecanismos de defensa del yo. Es una gratificación sustitutiva de los deseos
reprimidos. Se considera que el síntoma es proveedor de un beneficio
primario porque permite descargar parte del impulso reprimido,
disminuyendo el temor a la culpa que el sujeto viviría si en vez de haber
llegado a la formación del síntoma, el impulso se hubiera manifestado, se
hubiera abierto camino en forma directa, generando angustia en el yo. Se
considera que el síntoma psiconeurótico provee un beneficio secundario pues
a veces se transforma en la excusa que puede utilizar el sujeto para no realizar
actividades que requieren ponerse a prueba o puede proporcionarle al mismo,
el beneficio de la compasión o lástima de los demás, haciéndole ganar su
protección.
A continuación haré una descripción de las psiconeurosis que aunque
no agota todas sus características y matices, puede servirle a los alumnos
como introducción a temas de Psicología.
La neurosis obsesiva
La fijación corresponde a la etapa anal secundaria. El conflicto radica
en el choque de dos fuerzas, los impulsos inconscientes por un lado y un
superyó muy sádico. Esto da lugar a un yo muy empobrecido, porque la
energía está comprometida en la actividad defensiva contra los impulsos. Los
mecanismos de defensa son puestos en actividad movidos por fuerte
sentimientos de culpa. Los fuertes sentimientos de culpa son provocados por
las experiencias de interacción con el medio ambiente, las que han
provocado una percepción especial de los contenidos internos. Estos son
captados como amenazantes y peligrosos.
El mundo interno es malo por lo tanto hay que controlarlo, y cuando
las defensas se debilitan el yo recurre a mecanismos de reaseguramiento
como la anulación, el aislamiento y la formación reactiva. El yo pierde
estabilidad en las defensas y esto da lugar a conductas rituales compulsivas.
Como los mecanismos son utilizados con gran intensidad y frecuencia, dan
lugar a las conductas que se convierten en síntomas.
Fenichel señala que los síntomas pueden originarse en los
mecanismos de defensa, por ejemplo la conducta compulsiva de anulación, o
pueden reflejar directamente impulsos rechazados por el yo, por ejemplo una
conducta sádica exigiendo pulcritud a los demás puede reflejar ideas
obsesivas de agresión a otros.
El mecanismo de represión es ejercido sobre los impulsos agresivos y
sexuales. El sujeto pretende reafirmar la represión mediante conductas
rituales compulsivas. El mecanismo de aislamiento se refleja en estas
conductas se activa con el fin de marginar el contenido afectivo del impulso
que se manifiesta en la conducta ritual. El mecanismo de anulación es un
intento de reparación de los daños que el sujeto cree haber ocasionado en su
fantasía inconsciente, o través de conductas que pueden poner al descubierto
los impulsos reprimidos. La formación reactiva es el mecanismo más
generalizado en la personalidad del neurótico obsesivo, pues para reforzar la
represión de impulsos que él fantasea como agresivos, asume las
características opuestas exagerando la manifestación de las mismas. El
neurótico obsesivo regresa a la etapa anal donde la actividad placentera de
expulsión fue severamente inhibida por el medio externo. Estos sujetos
desarrollan una tendencia a la ejecución de actividades asépticas, prefiere
actividades que exijan razonamiento, orden rutina, pero donde loa afectos no
deban ser tomados en cuenta.
Se impone el comportamiento que le impiden manifestar sus impulsos
inconscientes de un modo masoquista, hasta entrar en un juego donde el
placer es precisamente martirizarse. Se aferra a prejuicios y le es imposible
abandonarlos, pues esto lo lleva a situaciones angustiosas intolerables. Es un
sujeto difícil de persuadir o influenciar, pues el sentido de su vida gira en
torno a convicciones firmes ya a la pérdida de seguridad que éstas le otorgan
lo llevaría a la angustia y esto es precisamente lo que el yo trata de evitar.
El neurótico obsesivo es útil en trabajos donde pueda utilizar su
habilidad para ordenar, clasificar, manejar cifras, etc.
A medida que el yo va perdiendo más energía su dificultad de
adaptación se hace más evidente, esto le acarrea dificultades en el trato con
otras personas. La terquedad y obstinación reflejan su deseo de no perder
objetos, lo que está relacionado con su fijación al erotismo anal. A menudo se
dedica a coleccionar objetos, cuadros estampillas, antigüedades, monedas,
etc.
En general en su trabajo se desenvuelve como un empleado leal,
sumiso y tiende a permanecer en el mismo por tiempo prolongado, los
cambios lo asustan así que es frecuente que decida un cambio de ocupación
laboral cuando surge un nuevo jefe, que introduce cambios bruscos en el
desarrollo de las tareas.
A medida que el yo se va empobreciendo más y más, estas
características se acentúan dando lugar a una personalidad indecisa, tímida e
inhibida socialmente. Presentan trastornos de la sexualidad como impotencia
o frigidez o alteraciones de la psicomotricidad como tics y tartamudeo.
Suelen aparecer ciertos rasgos de rebelión contra el aprendizaje del control de
esfínteres a pesar de ser pulcro a veces presenta un aspecto descuidado en su
apariencia física o su escritura, dando lugar a veces a accesos de cólera
impulsiva.
Cuando el yo el neurótico obsesivo no puede mantener esta situación
el sujeto evoluciona hacia la esquizofrenia. A veces el yo gratifica el placer
de retener y en este caso el placer obtenido mediante conductas masoquistas
permiten la supervivencia de la neurosis obsesiva, sin riesgos de que esta
deriva e una psicosis.
En general el neurótico obsesivo tiene consciencia de enfermedad, y
ofrece pocas dificultades para su diagnóstico. Esta neurosis aparece
generalmente en la pubertad.
El tratamiento más recomendable, según Henry Ey en su libro
Tratado de Psiquiatría es el psicoanalítico. Durante su tratamiento se pueden
apreciar los beneficios secundarios de sus síntomas, la valoración narcisista
de sus virtudes tales como pulcritud, orden etc., que dificultan el tratamiento
haciéndose éste muy prolongado.
En el transcurso de la terapia se observa una transferencia muy
ambivalente, su continua actitud censora hacia la asociación libre y
terquedad. Tiende a intelectualizar las interpretaciones, racionalizando con
frecuencia, aislando el contenido ideacional con respecto a las emociones.
Histeria
Corresponde a fijaciones en la etapa fálica. El sentimiento de culpa,
generado por las fantasías edípicas, determina que el sujeto vivencia como
algo negativo y sucio su sexualidad. El histérico disocia el aspecto sexual en
su relación con los demás. Procura reafirmarse procurando la aceptación de
los demás, para lograrlo hace gran despliegue de simpatía y seducción.
Presenta una fuerte tendencia a la conversión y somatización. Debo poner en
claro que cuando se habla de trastornos sicosomáticos tomamos en cuenta los
casos en que se produce una verdadera alteración orgánica, como
consecuencia de un conflicto inconsciente, por ejemplo dermatitis, eczemas,
úlcera, diarreas, et. En el caso de la conversión el trastorno orgánico es
ficticio, se produce una alteración orgánica, sin que medie ninguna alteración
fisiológica que lo determine, por ejemplo, las cegueras o parálisis histéricas.
Actualmente son más frecuentes los casos de trastornos
psicosomáticos que las conversiones, quizás esto se debe a la influencia del
medio ambiente ya a la posibilidad o no de obtener un beneficio secundario.
Se compadece a aquel que tiene un problema orgánico real, aunque se le haya
diagnosticado e origen nervioso, mientras que a una persona incapacitada,
pero no lesionada orgánicamente se le critica, en este caso el deseo de obtener
un beneficio secundario es muy evidente y las personas afectadas se
defienden al sentirse manipuladas por el histérico. Esta es una hipótesis
personal sin confirmar, pero la formulo con mucha convicción.
En general los histéricos son sujetos muy expresivos que gozan de
mucha popularidad con el sexo opuesto debido a su poder de seducción y su
gran preocupación por mantener una apariencia física atractiva.
Les es difícil intimar con los demás, esto hace que sus relaciones sean
superficiales. Las actividades que más le atraen son aquellas en que pueden
satisfacer sus deseos exhibicionistas. Otros síntomas son la frigidez o la
impotencia, cuando logran concretar el acto sexual lo viven con fuertes
sentimientos de culpa.
Utilizan permanentemente la técnica de seducción verbal o corporal,
pero en cuanto logran atraer la atención del objeto lo abandonan por su
incapacidad de darse. Son personas sugestionables e hiperemotivas.
Presentan tendencias a la mitomanía, fantasean, distorsionando
permanentemente sus experiencias. A través de su hiperemotividad y
capacidad de seducción logran involucrar a otros en sus problemas, pero al
final frustran la relación buscada por la otra persona.
Es frecuente en los histéricos la tendencia al suicidio, que por una
razón u otra suele fracasar, este es un intento desesperado de atraer la
atención de los demás. Esta es una situación que afecta sin duda a familiares
y amigos, si tiene éxito, logra que varias personas vivan pendientes de él por
el peligro en la reincidencia de su conducta suicida. A pesar de que el sujeto
no quiere realmente morir sino que reclama atención, es frecuente que
encuentre la muerte en uno de esos intentos de suicidio. En general la
preparación para la conducta suicida está llena de mensajes escritos,
indirectas verbales, llamadas telefónicas, etc., que no son más que los pedidos
de auxilio del histérico para que se lo vigile y no se lo deje morir, cuando
intente matarse. Los mecanismos de defensa más usados son la disociación y
la negación.
El histérico a veces construye un mundo ficticio, y aun cuando sus
técnicas de seducción fallan, mediante la fantasía llega a la conclusión de que
todos lo aman. No solo engaña a los demás sino que también se engaña a sí
mismo, convirtiéndose en un actor de su propia vida.
El mecanismo de negación, utilizado con mucha intensidad, se pone
de manifiesto en su tendencia a los desmayos, crisis histéricas semejantes al
ataque epiléptico. Freud compara el ataque histérico, con pérdida de
consciencia, al orgasmo. A veces los ataques se limitan a gritos o llanto.
Según Fenichel la causa de la conversión es la erogenidad general del
cuerpo, en virtud de la cual todo órgano y toda función tienen la posibilidad
de expresar la excitación sexual. El órgano afectado por la conversión
sustituye los genitales. Fenichel también agrega que cada vez que una
perturbación emocional ha quedado asociada en la infancia a un conflicto
emocional y este conflicto ha sido reprimido, toda alusión posterior ya sea a
la perturbación funcional o al conflicto emocional que la provocó puede
reactivar ambos componentes del síndrome total. La manifestación funcional
es consciente mientras que el conflicto emocional se convierte en la fuerza
inconsciente impulsora de los síntomas de conversión.
En el histérico se presenta cierta predisposición a la identificación,
puede identificarse con la dolencia de un rival amoroso, caso de Dora citado
por Freud, puede identificarse con la dolencia del objeto amoroso y participa
fácilmente en las conductas emocionales grupales, por su facilidad para
fusionarse con los demás.
La disociación excesiva puede llevarlo a la esquizofrenia, aumentando
la gravedad del cuadro. Puede evolucionar hacia la psicosis con más rapidez
que el neurótico obsesivo, puesto que se trata de un yo menos estructurado.
La histeria se presenta con más frecuencia en la adolescencia y la
menopausia.
El psicoanálisis puede ser de gran ayuda. El paciente recurre a la
seducción con el terapeuta y tiende a establecer un círculo vicioso, ya que se
siente atendido. Es el típico paciente manipulador. A veces es necesario para
su tratamiento atacar los beneficios secundarios de sus síntomas, cambiando
el ambiente que rodea al enfermo.
Histeria de angustia o fobia
Corresponde a una fijación en la etapa fálica, fundamentalmente en
las fantasías de castración. Se manifiesta en conductas de evitación que se
conocen con distintos nombres. El síntoma específico de la fobia es un miedo
intenso e irracional. El objeto o situación evitada se mezcla con un conflicto
afectivo del sujeto.
El mecanismo utilizado en relación al conflicto es el desplazamiento.
En la infancia el miedo más característico es el que corresponde a ciertos
animales esto a veces dificulta el diagnóstico de la fobia. Otra fobia difícil de
diagnosticar es la que involucra alimentos. La dificultad en este caso es que
pueden ser rechazos o temores aprendidos en el medio ambiente familiar.
Es imprescindible verificar en el trabajo de diagnóstico, tomando en
cuenta la situación global del sujeto, sin basarse exclusivamente en la
evitación de una situación determinada ya que la fobia se presenta con
frecuencia como síntoma de un brote esquizofrénico.
El fóbico a la superstición como medio de lograr la protección,
también se caracteriza por la búsqueda de situaciones tranquilizante (o
contrafóbica), con las que el sujeto intenta superar su miedo. Cuando se
encuentra en un lugar determinado, con una persona determinada no siente
miedo por ejemplo.
Otra forma de evasión de la angustia es la hiperactividad, ocuparse
permanentemente, como dedicarse en forma constante a una actividad
significativa, es casi imposible, el fóbico realiza actividades sin sentido,
evitando pensar por ejemplo lee cualquier cosa.
La actividad sexual del fóbico está inhibida, en forma similar al
histérico. La fobia se denomina neurosis de angustia, porque tiene una raíz
similar a la histeria y además ambas constituyen dos modalidades para
defenderse de la etapa fálica.
Estos sujetos se caracterizan por su poca tolerancia hacia las
situaciones ambiguas. El yo ve limitadas sus posibilidades de acción por la
angustia desplazada. El beneficio primario consiste en desplazar la angustia
de un objeto no adecuado hacia otro objeto más adecuado, a través de un
pretexto. Los síntomas de la fobia pueden ser ocultados durante años, aun
conscientemente, por miedo al ridículo. El fóbico concurre a consulta cuando
las posibilidades de acción del yo se ven muy limitadas, concurren a veces
cuando ya han entrado en un proceso depresivo.
La neurosis puede estabilizarse si las conductas de evitación y
tranquilización son eficaces. Los síntomas fóbicos pueden aparecer en la
histeria ya que ambos cuadros están muy relacionados.
El beneficio secundario del síntoma es la tranquilidad que se obtiene
una vez que la angustia se ha objetivado (depositado en un objeto externo), y
se sabe a qué atenerse y qué evitar. La fobia permite evitar sentimientos
ambivalentes, lo que se evita es precisamente la angustia de castración y los
sentimientos de culpa por la ambivalencia.
Según Freud en la terapia es importante inducir al paciente a enfrentar
la situación temida. En estos pacientes es frecuente la resistencia a utilizar el
diván, porque en esa posición no pueden ver al terapeuta.
El tratamiento de la fobia combinado con la neurosis obsesiva es más
completo, porque el desplazamiento está reasegurado mediante rituales, que
cumplen una función tranquilizadora y mágica (conjuradora).
A continuación desarrollaré un resumen sobre el caso de Juanito
atendido por Freud.
Este caso fue atendido por mediación del padre, quien informaba a
Freud los síntomas y aplicaba sus recomendaciones.
Juanito desde los tres años manifestaba curiosidad por los genitales.
Fue sorprendido masturbándose y su madre lo amenazó con cortárselo. A los
tres años y medio nace una hermanita, a Juanito se le habla de la cigüeña,
pero como el parto se lleva a cabo en la casa el cuento de la cigüeña le resulta
dudoso. Le llama la atención la cosita tan pequeña que tiene su hermana. Su
preocupación por los genitales aparece espontáneamente en dibujos de
animales, donde los destaca. Poco a poco se torna enamoradizo con sus
compañeros de juego. Hace alusiones directas para que le toquen el pene, esta
situación también aparece como deseada en sueños. La madre lo sanciona
diciéndole que eso es una porquería. Comienza a manifestar preocupación
por las dimensiones de los genitales de sus padres, su hermana y los
animales que ve. A los 5 años se presenta la fobia a los caballos, miedo a salir
a la calle para que no lo muerda un caballo, depresión.
Por las noches reclama a su madre, dice que un caballo entrará a su
curto. Menciona con miedo la posibilidad de que al día siguiente lo hagan
salir a la calle.
Las alusiones a los genitales se hacen frente a su madre. Tiene sueños
de angustia en los que su mamá lo abandona. Permanentemente reclama la
atención de su madre, sobre todo a la noche cuando se va a dormir. Freud le
propuso al padre que iniciase la educación sexual de Juanito. El
esclarecimiento sobre las diferencias sexuales, entre la madre y el padre,
parecen disminuir la angustia, pero no desaparece el miedo a los caballos. El
padre asesorado por Freud propicia las confidencias de Juanito sobre sus
fantasías. Así éste llega a describirle una fantasía sobre dos jirafas, una
grande y otra arrugada. Juanito le roba la arrugada a la más grande y ésta
grita muy enojada. Después deja de gritar y Juanito monta sobre la arrugada.
Freud interpreta esto como la diferenciación de los genitales paternos, jirafa
grande y los maternos, jirafa arrugada. El padre de Juanito trata de orientar a
la madre sobre la necesidad de limitar los mimos excesivos a Juanito, pero
esta se resiste, aquí se produce la escena imaginada sobre las jirafas, la
discusión se lleva a cabo frente a Juanito.
Poco a poco se va manifestando la ambivalencia, Juanito confiesas
temer solo a algunos caballos, afirma que los blancos no muerden pero los
demás sí.
Cuando su padre se dispone a salir de viaje en un carro de caballos,
Juanito manifiesta el deseo de que el caballo se vaya y después d eso teme
más a los caballos cuando se ponen en movimiento o se disponen a partir.
Gracias a la confianza manifestada por el padre, Juanito puede verbalizarle a
este su cariño y su temor de que él lo abandone porque se está portando mal
en un momento dado. Sin duda era la madre del niño la que estimulaba las
fantasías del niño, inclusive permitiendo que él entrara al baño mientras ella
defecaba.
Con la ayuda del padre de Juanito, poco a poco se va superando el
miedo a los caballos. Los padres de Juanito se divorciaron y cuenta Freud que
ya siendo este paciente un joven, intentó hacerle recordar lo ocurrido durante
la época de tratamiento, pero este joven había olvidado todo, o sea que había
reprimido aun lo elaborado mediante la terapia.
CAPVIII
A diferencia de otras técnicas de psicoterapia el psicoanálisis señala
sus propias limitaciones en cuanto al cuadro patológico a tratar y en cuanto a
las características del paciente que puede ser tratado con otra técnica. Esto
permite a los neófitos prevenir ciertos errores, cuando están dispuestos a
escoger la orientación psicoanalítica. Es lamentable observar a veces cuantos
esfuerzos profesionales se pierden, cuantos pacientes se ven perjudicados
porque el psicoterapeuta no acepta que la eficacia de su trabajo depende de
que esté usando la técnica adecuada con el sujeto adecuado.
En cuanto a los cuadros patológicos que pueden ser tratados con la
técnica psicoanalítica Freud recomienda, en Técnica Psicoanalítica, que se
utilice con preferencia en los cuadros psiconeurótico. Considera que son
casos más favorables aquellos que presentan síntomas poco violentos y
peligrosos. “Debe ser capaz de un estado psíquico normal, pues en casos de
confusión mental o de depresión melancólica no es posible hacer nada.
En cuanto a las características del que no puede ser sometido a eta
terapia, considera importante e imprescindible, que el sujeto concurra
voluntariamente a análisis y no presionado por algún familiar o amigo.
También es requisito que el futuro paciente posea un grado normal de
inteligencia, por lo tanto se excluyen a los sujetos con retardo mental.
Considera que no es conveniente aplicar esta técnica con pacientes
que se acercan a los cincuenta años. Pues “la acumulación de material
psíquico dificulta su manejo, el tiempo necesario para el restablecimiento
resulta demasiado largo y la facultad de dar un nuevo curso a los procesos
psíquicos comienza a paralizarse.”
En cuanto a los requisitos que debe reunir el terapeuta, Freud señala la
necesidad de evitar el contacto paralelo con el paciente, pues este pretenderá
llevar la relación social a la situación terapéutica, y a la inversa. Rompiendo
el encuadre de la psicoterapia y manipulando al terapeuta. A veces los
pacientes pueden aprovechar esta oportunidad esta oportunidad para revelar
material valioso, fuera de la terapia, que por supuesto no podrá ser
interpretado por las circunstancias y llegar luego a la sesión restándole
importancia a lo que ha dicho.
El terapeuta debe cobrar mensualmente sus servicios, al realizar el
tratamiento grais hace que el paciente se sienta culpable o establezca una
relación de dependencia con su terapeuta. El costo se fija de acuerdo con las
posibilidades del paciente., pero sin olvidar que el paciente debe dar algo a
cambio de lo que recibe.
Se le debe informar al paciente el número de horas semanales de que
dispone y éste debe tener claro que dispone de ellas aunque no asista. El uso
del diván para la psicoterapia, actualmente ha sido desechado por algunos
psicoanalistas. La finalidad que se persigue con su uso, es evitar que el
paciente vigile las reacciones del terapeuta y las utilice como estímulo de
aprobación o recazo.
Las demoras, ausencias y silencios del paciente son significativos y
deben ser interpretados. El analista no debe aconsejar al paciente sobre qué
debe hacer para resolver uno u otro problema, su intervención es una
afirmación sobre lo que le está pasando al paciente en el aquí y ahora. Uno de
los mayores riesgos en el ejercicio de esa técnica es la actuación
contratransferencial. Este riesgo se reduce notablemente con el análisis
didáctico.
El analista no debe preguntar directamente sino que debe limitarse a
escuchar el producto de la asociación libre del paciente. A veces la pregunta
del terapeuta corresponde a una actuación contratransferencial. En cuanto a la
iniciación del tratamiento Freud recomienda advertir al paciente que sólo se
puede encargar de él provisionalmente, por un número limitado de sesiones,
considera que esto “ahorra al enfermo la penosa impresión de una tentativa de
curación fracasada”, pues considera que estas citas son un mero sondeo
realizado para llegar a conocer el caso y decidir si es conveniente o no
someterlo a terapia psicoanalítica. Estas sesiones iniciales deben llevarse a
cabo con la técnica psicoanalítica, pues pueden ser el comienzo de una
terapia posterior, en caso de que reúna las condiciones para ser tratado.
Observaciones finales
Dentro de los temas que debemos tratar en clase, es inevitable el tema
sobre críticas hechas al psicoanálisis. Este es un tema sumamente importante
y requiere de nuestra ética. Para hacer nuestras las críticas nos basaremos
solo en aquellos autores y corrientes de la psicología que fundamentan sus
comentarios en un profundo conocimiento de la teoría psicoanalítica.
Desecharemos todas aquellas posiciones que basan sus afirmaciones en
prejuicios y falta de objetividad.
Tomaremos en cuenta a los discípulos de Freud, tales como Adler,
Jung y Rank. Tomaremos en cuenta también el punto de vista culturalista. Y
como una de las críticas más consistentes y actuales, la del grupo de
sicoanalista disidentes que en la actualidad critican el psicoanálisis sin
abandonarlo y sin restarle su importancia histórica. Estos psicoanalistas
proponen ciertas modificaciones en la aplicación de la técnica psicoanalítica,
buscando un enlace de la Teoría Psicoanalítica Ortodoxa con la sociedad
actual. Esta sociedad ya no es la misma en la que Freud expuso su teoría, por
lo tanto ellos proponen un mayor compromiso de parte de los psicoanalistas
con esta sociedad nueva plagada de violencia.
Marie Langer en Cuestionemos I afirma sobre los criterios de salud:
“Si la afirmación de Freud es correcta, la indiferencia manifiesta de muchos
pacientes frente a lo social, corresponde a una represión o negación y debe
ser abordada en el análisis. Una vez más, no hablo de adoctrinar, pero sí de
pesquisar las causas de esta indiferencia y considerarla como síntoma. Esta
problemática exige exhaustivas investigaciones clínicas”.
Frida Smud en Cuestionamos II expresa: “Pienso que el trabajo
psicoanalítico es esencialmente el ejercicio de la crítica de las estructuras
personales y sociales. Solo de esta manera entiendo que el análisis puede ser
un camino para obtener la calidad de ser humano pleno, responsable y
comprometido”.
Bibliografía
Obras Completas. Sigmund Freud
Historia General del Psicoanálisis. De Freud a Fromm. Ricardo
Mandolini Guardo.
El yo y los mecanismos de defensa. Anna Freud
La vejez del psicoanálisis. Herbert Marcuse
Cuestionamos. Marie Langer y otros