Antología de Poetas Renacentistas
Antología de Poetas Renacentistas
Un viaje a través
de la literatura
1º 2º 3º
Para comenzar, Y para terminar,
En segundo lugar,
elegiremos 4 hemos escogido 4 explicaremos
poetas y poemas con las razones por
pasaremos a temática de amor las cuales
explicar su y copiaremos el hemos elegido
biografía. poema para cada poema.
reflejarlo.
GARCILASO DE LA VEGA
Garcilaso de la Vega
Garcilaso de la Vega fue un poeta español del Renacimiento, considerado uno de los máximos
exponentes de la poesía española del siglo XVI. Sus obras, influenciadas por la literatura italiana, se
caracterizan por su elegancia, musicalidad y refinamiento lírico, reflejando las sensibilidades propias
del Humanismo.
BIOGRAFÍA
Garcilaso de la Vega nació en Toledo, España, en 1501. Provenía de una familia noble y
recibió una esmerada educación, lo que le permitió dominar varios idiomas como el latín,
el griego y el italiano.
Sirvió como soldado y diplomático bajo el reinado de Carlos I, participando en campañas
militares en Italia y Argelia. A pesar de su actividad militar, Garcilaso dedicó gran parte de
su vida a la escritura, siendo considerado uno de los poetas más influyentes del
Renacimiento español.
Este poema transmite sensación de melancolía y reflexión sobre el paso del tiempo de la
vida. Garcilaso usa imágenes de la naturaleza y de la vida cotidiana para transmitir la
01 idea de que todo en este mundo está destinado desaparecer con el tiempo. Esta temática
del paso del tiempo y la inevitable muerte haciéndolo importante incluso en la
actualidad.
Tenía habilidad para usar la forma poética del soneto de manera increíble. En
"Canción V", enseña su habilidad poética con una estructura métrica, así como
02 imágenes inspiradoras y un lenguaje delicado. La elegancia y la belleza del poema
pueden gustar a los lectores y hacer que les guste la calidad de la obra de
Garcilaso.
"Égloga I"
SALICIO
¡Oh más dura que mármol a mis quejas
y al encendido fuego en que me quemo Y tú, desta mi vida ya olvidada, Cuántas veces, durmiendo en la floresta,
más helada que nieve, Galatea! sin mostrar un pequeño sentimiento reputándolo yo por desvarío,
Estoy muriendo, y aun la vida temo; de que por ti Salicio triste muera, vi mi mal entre sueños, desdichado!
témola con razón, pues tú me dejas, dejas llevar, desconocida, al viento Soñaba que en el tiempo del estío
que no hay sin ti el vivir para qué sea. el amor y la fe que ser guardada llevaba, por pasar allí la siesta,
eternamente solo a mi debiera. a abrevar en el Tajo mi ganado;
Vergüenza he que me vea
¡Oh Dios!, ¿por qué siquiera, y después de llegado,
ninguno en tal estado, pues ves desde tu altura sin saber de cuál arte,
de ti desamparado, esta falsa perjura por desusada parte
y de mí mismo yo me corro agora. causar la muerte d’un estrecho amigo, y por nuevo camino el agua s’iba;
¿D’un alma te desdeñas ser señora no recibe del cielo algún castigo? ardiendo yo con la calor estiva,
donde siempre moraste, no pudiendo Si en pago del amor yo estoy muriendo, el curso enajenado iba siguiendo
della salir un hora? ¿qué hará el enemigo? del agua fugitiva.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
El sol tiende los rayos de su lumbre Por ti el silencio de la selva umbrosa, Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?
por montes y por valles, despertando por ti la esquividad y apartamiento Tus claros ojos ¿a quién los volviste?
las aves y animales y la gente: del solitario monte m’agradaba; ¿Por quién tan sin respeto me trocaste?
por ti la verde hierba, el fresco viento, Tu quebrantada fe ¿dó la pusiste?
cuál por el aire claro va volando,
el blanco lirio y colorada rosa ¿Cuál es el cuello que como en cadena
cuál por el verde valle o alta cumbre
y dulce primavera deseaba. de tus hermosos brazos añudaste?
paciendo va segura y libremente, ¡Ay, cuánto m’engañaba! No hay corazón que baste,
cuál con el sol presente ¡Ay, cuán diferente era aunque fuese de piedra,
va de nuevo al oficio y cuán d´otra manera viendo mi amada hiedra
y al usado ejercicio lo que en tu falso pecho se escondía! de mí arrancada, en otro muro asida,
do su natura o menester l’inclina; Bien claro con su voz me lo decía y mi parra en otro olmo entretejida,
siempre está en llanto esta ánima mezquina, la siniestra corneja, repitiendo que no s’esté con llanto deshaciendo
cuando la sombra el mundo va cubriendo, la desventura mía. hasta acabar la vida.
o la luz se avecina. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
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Materia diste al mundo d’espcranza Mas ya que a socorrerme aquí no vienes, ¿Cómo te vine en tanto menosprecio?
d’alcanzar lo imposible y no pensado no dejes el lugar que tanto amaste, ¿Cómo te fui tan presto aborrecible?
y de hacer juntar lo diferente, que bien podrás venir de mí segura. ¿Cómo te faltó en mí el conocimiento?
dando a quien diste el corazón malvado, Yo dejaré el lugar do me dejaste; Si no tuvieras condición terrible,
quitándolo de mí con tal mudanza ven si por solo aquesto te detienes. siempre fuera tenido de ti en precio
que siempre sonará de gente en gente. Ves aquí un prado lleno de verdura, y no viera este triste apartamiento.
La cordera paciente ves aquí un’ espesura, ¿No sabes que sin cuento
con el lobo hambriento ves aquí un agua clara, buscan en el estío
hará su ajuntamiento, en otro tiempo cara, mis ovejas el frío
y con las simples aves sin rüido a quien de ti con lágrimas me quejo; de la sierra de Cuenca, y el gobierno
harán las bravas sierpes ya su nido, quizá aquí hallarás, pues yo m’alejo, del abrigado Estremo en el invierno?
al que todo mi bien quitar me puede, Mas ¡qué vale el tener, si derritiendo
que mayor diferencia comprehendo
que pues el bien le dejo, m’estoy en llanto eterno!
de ti al que has escogido.
no es mucho que’l lugar también le quede. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
Con mi llorar las piedras enternecen
Aquí dio fin a su cantar Salicio, su natural dureza y la quebrantan;
Siempre dc nueva leche en el verano los árboles parece que s’inclinan;
y sospirando en el postrero acento,
y en el invierno abundo; en mi majada las aves que m’escuchan, cuando cantan,
soltó de llanto una profunda vena;
la manteca y el queso está sobrado. con diferente voz se condolecen
queriendo el monte al grave sentimiento
De mi cantar, pues, yo te via agradada y mi morir cantando m’adevinan;
d’aquel dolor en algo ser propicio,
tanto que no pudiera el mantüano las fieras que reclinan
con la pesada voz retumba y suena;
Títero ser de ti más alabado. la blanda Filomena, su cuerpo fatigado
No soy, pues, bien mirado, casi como dolida dejan el sosegado
tan disforme ni feo, y a compasión movida, sueño por escuchar mi llanto triste:
que aun agora me veo dulcemente responde al son lloroso. tú sola contra mí t’endureciste,
en esta agua que corre clara y pura, Lo que cantó tras esto Nemoroso, los ojos aun siquiera no volviendo
y cierto no trocara mi figura decildo vos, Pïérides, que tanto a los que tú hiciste
con ese que de mi s’está reyendo; no puedo yo ni oso, salir, sin duelo, lágrimas corriendo
¡trocara mi ventura! que siento enflaquecer mi débil canto.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
NEMOROSO
Corrientes aguas puras, cristalinas, ¿Quién me dijera, Elisa, vida mía, Cual suele el ruiseñor con triste canto
árboles que os estáis mirando en ellas, cuando en aqueste valle al fresco viento quejarse, entre las hojas escondido,
verde prado de fresca sombra lleno, andábamos cogiendo tiernas flores, del duro labrador que cautamente
aves que aquí sembráis vuestras querellas, que habia de ver, con largo apartamiento, le despojó su caro y dulce nido
hiedra que por los árboles caminas, venir el triste y solitario día de los tiernos hijuelos entretanto
torciendo el paso por su verde seno: que diese amargo fin a mis amores? que del amado ramo estaba ausente, Mas luego a la memoria se m’ofrece Divina Elisa, pues agora el cielo
yo me vi tan ajeno El cielo en mis dolores y aquel dolor que siente, aquella noche tenebrosa, escura, con inmortales pies pisas y mides,
del grave mal que siento cargó la mano tanto con diferencia tanta
que de puro contento que siempre aflige esta anima mezquina y su mudanza ves, estando queda,
que a sempiterno llanto por la dulce garganta con la memoria de mi desventura: ¿por qué de mí te olvidas y no pides
con vuestra soledad me recreaba, y a triste soledad me ha condenado; despide que a su canto el aire suena,
donde con dulce sueño reposaba, verte presente agora me parece que se apresure el tiempo en que este velo
y lo que siento más es verme atado y la callada noche no refrena
o con el pensamiento discurría
a la pesada vida y enojosa, su lamentable oficio y sus querellas, en aquel duro trance de Lucina; rompa del cuerpo y yerme libre pueda,
por donde no hallaba y aquella voz divina, y en la tercera rueda,
solo, desamparado, trayendo de su pena
sino memorias llenas d’alegría; con cuyo son y acentos contigo mano a mano,
ciego, sin lumbre en cárcel tenebrosa. el cielo por testigo y las estrellas:
y en este mismo valle, donde agora
a los airados vientos busquemos otro llano,
Después que nos dejaste, nunca pace desta manera suelto yo la rienda pudieran amansar, que agora es muda, busquemos otros montes y otros ríos,
me entristezco y me canso en el reposo,
en hartura el ganado ya, ni acude a mi dolor y ansí me quejo en vano me parece que oigo, que a la cruda, otros valles floridos y sombríos
estuve ya contento y descansado.
el campo al labrador con mano llena; de la dureza de la muerte airada;
¡ Oh bien caduco, vano y presuroso! inexorable diosa demandabas donde descanse y siempre pueda verte
no hay bien que’n mal no se convierta y mude. ella en mi corazón metió la mano
Acuérdome, durmiendo aquí algún hora, en aquel paso ayuda; ante los ojos míos,
que, despertando, a Elisa vi a mi lado. La mala hierba al trigo ahoga, y nace y d’allí me llevó mi dulce prenda,
en lugar suyo la infelice avena; que aquél era su nido y su morada. y tú, rústica diosa, ¿dónde estabas? sin miedo y sobresalto de perderte?
¡Oh miserable hado!
¡Oh tela delicada, la tierra, que de buena ¡Ay, muerte arrebatada,
antes de tiempo dada gana nos producía por ti m’estoy quejando ¿Íbate tanto en perseguir las fieras? Nunca pusieran fin al triste lloro
a los agudos filos de la muerte! flores con que solía al cielo y enojando ¿Íbate tanto en un pastor dormido? los pastores, ni fueran acabadas
Más convenible fuera aquesta suerte quitar en solo vellas mil enojos, con importuno llanto al mundo todo! ¿Cosa pudo bastar a tal crüeza las canciones que solo el monte oía,
produce agora en cambio estos abrojos, El desigual dolor no sufre modo;
a los cansados años de mi vida, que, comovida a compasión, oído si mirando las nubes coloradas,
que’s más que’l hierro fuerte, ya de rigor d’espinas intratable. no me podrán quitar el dolorido
Yo hago con mis ojos sentir si ya del todo
a los votos y lágrimas no dieras, al tramontar del sol bordadas d’oro,
pues no la ha quebrantado tu partida.
crecer, lloviendo, el fruto miserable. primero no me quitan el sentido. por no ver hecha tierra tal belleza, no vieran que era ya pasado el día;
¿Dó están agora aquellos claros ojos o no ver la tristeza la sombra se veía
que llevaban tras sí, como colgada, Como al partir del sol la sombra crece, Tengo una parte aquí de tus cabellos, en que tu Nemoroso venir corriendo apriesa
mi alma, doquier que ellos se volvían? y en cayendo su rayo, se levanta Elisa, envueltos en un blanco paño, queda, que su reposo ya por la falda espesa
¿Dó está la blanca mano delicada, la negra escuridad que’l mundo cubre, que nunca de mi seno se m’apartan; era seguir tu oficio, persiguiendo del altísimo monte, y recordando
llena de vencimientos y despojos de do viene el temor que nos espanta descójolos, y de un dolor tamaño las fieras por los montes y ofreciendo ambos como de sueño, y acabando
que de mí mis sentidos l’ofrecían? y la medrosa forma en que s’ofrece enternecer me siento que sobre ellos
aquella que la noche nos encubre nunca mis ojos de llorar se hartan.
a tus sagradas aras los despojos? el fugitivo sol, de luz escaso,
Los cabellos que vían
con gran desprecio al oro hasta que’l sol descubre Sin que d’allí se partan, ¡Y tú, ingrata, riendo su ganado llevando,
como a menor tesoro su luz pura y hermosa: con sospiros callientes, dejas morir mi bien ante mis ojos! se fueron recogiendo paso a paso.
¿adónde están, adónde el blanco pecho? tal es la tenebrosa más que la llama ardientes,
¿Dó la columna que’l dorado techo noche de tu partir en que he quedado los enjugo del llanto, y de consuno
con proporción graciosa sostenía? de sombra y de temor atormentado, casi los paso y cuento uno a uno;
Aquesto todo agora ya s’encierra, hasta que muerte el tiempo determine juntándolos, con un cordón los ato.
por desventura mía, que a ver el deseado Tras esto el importuno
en la escura, desierta y dura tierra. sol de tu clara vista m’encamine. dolor me deja descansar un rato.
Razones por las que se ha
elegido este poema
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Razones por las que se ha
elegido este poema
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Razones por las que se ha
elegido este poema
A través de las palabras del poema, Garcilaso nos hace pensar en cómo la
vida puede ser llena de altibajos, con momentos de felicidad y momentos
02 de tristeza. Es como una reflexión sobre las experiencias emocionales que
todos tenemos en la vida.
FRANCISCO DE QUEVEDO
Francisco de Quevedo
Francisco de Quevedo (1580-1645) fue un destacado escritor, poeta y político español del Siglo de
Oro. Considerado uno de los autores más influyentes de la literatura española, Quevedo es
reconocido por su ingenio, su sátira mordaz y su profunda reflexión sobre la condición humana. Sus
obras abarcan una amplia gama de géneros, desde la poesía lírica hasta la prosa satírica,
destacando por su estilo conciso y su extraordinario dominio del lenguaje.
BIOGRAFÍA
Francisco de Quevedo nació en Madrid en 1580. Proveniente de una familia
acomodada, tuvo una educación esmerada que le permitió desarrollar una
vasta cultura y un dominio excepcional de la lengua española. Desde muy
joven, Quevedo destacó por su brillante inteligencia y su agudo ingenio, lo que
le valió el reconocimiento de la nobleza y la corte española de la época.
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Razones por las que se ha
elegido este poema
Este poema habla de un amor que es tan fuerte que incluso la muerte no puede
01 acabar con él. Es una idea poderosa y emotiva que puede tocar el corazón de
cualquiera, porque todos buscamos un amor que dure para siempre.
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Razones por las que se ha
elegido este poema
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Razones por las que se ha
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El poema utiliza la imagen del río como una metáfora poderosa para representar la
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Razones por las que se ha
elegido este poema
BIOGRAFÍA
San Juan de la Cruz nació en 1542 en Fontiveros, España. Proveniente de una
humilde familia, superó grandes dificultades y obstáculos para dedicarse a su
pasión por la espiritualidad y la poesía mística. A los 21 años, entró en la orden
religiosa de los Carmelitas Descalzos, donde profundizó en su fe y desarrolló
su talento poético. Su obra maestra, el Cántico Espiritual, es considerada una
de las cumbres de la literatura mística universal.
01
Dios a través de un lenguaje poético profundo y simbólico, convirtiéndose en
una fuente de inspiración para quienes buscan entender las experiencias
religiosas más profundas.
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Razones por las que se ha
elegido este poema
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Razones por las que se ha
elegido este poema
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Razones por las que se ha
elegido este poema
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Razones por las que hemos
elegido a este autor
El poema expresa un intenso deseo de unión con Dios, reflejando la
búsqueda espiritual y el anhelo de trascender la vida terrenal. Este
BIOGRAFÍA
Luis de Góngora nació en Córdoba, España, en 1561. Provenía de una familia de la alta
nobleza y recibió una educación esmerada, estudiando latín, filosofía y teología en la
Universidad de Salamanca. Después de dedicarse al sacerdocio durante algunos años,
Góngora se dedicó por completo a la poesía, convirtiéndose en uno de los más grandes
poetas del Siglo de Oro español.
Góngora falleció en Córdoba en 1627, dejando tras de sí una vasta y destacada obra
poética que sigue siendo objeto de estudio y admiración hasta el día de hoy. Su legado ha
influido profundamente en la literatura española y es considerado uno de los máximos
exponentes del Barroco en la Península Ibérica.
Razones por las que hemos
elegido a este autor
fue uno de los principales exponentes del estilo literario conocido como
culteranismo, que buscaba renovar la poesía española a través de un lenguaje
01
complejo, repleto de metáforas, alusiones culturales y juegos de palabras. Su
estilo poético único y su habilidad para jugar con el lenguaje lo convierten en
una figura destacada en la historia de la literatura española.
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Razones por las que se ha
elegido este poema
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Razones por las que se ha
elegido este poema
01 con cosas como las estrellas y las flores. Si te gusta leer sobre la
belleza y la admiración hacia las mujeres, este poema te resultará
atractivo.
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Razones por las que se ha
elegido este poema
Aunque trata sobre un tema triste, el poema está escrito de una manera
02 hermosa y poética. Es agradable de leer y puede hacerte sentir muchas
emociones mientras lo lees.
FIN