TIPOS DE ERUPCIONES VOLCÁNICAS
Según las características del magma o de la clase de los volcanes, existen diferentes tipos
de erupciones volcánicas. En base a su actividad las podemos catalogar en erupciones
explosivas, es decir, aquellas en que las que se produce una gran acumulación de gases que
acaban saliendo al exterior de forma violenta; y erupciones efusivas, en las que la presión
se libera paulatinamente y el magma fluye de forma más gentil.
Pero las erupciones volcánicas también se pueden clasificar en base al mecanismo que las
origina. En este sentido existen 3 tipos de erupciones volcánicas:
Erupciones magmáticas.
Erupciones freatomagmáticas.
Erupciones freáticas.
Erupciones freáticas
El tercer tipo de erupciones volcánicas son las llamadas erupciones freáticas, las cuales se
deben al contacto indirecto del magma con un volumen de agua. En estos casos el calor del
magma origina un calentamiento y evaporación muy rápida del agua, generando una alta
presión y con ello una gran explosión de vapor, agua, cenizas y piroclastos. Por lo general,
en este tipo de erupciones no se producen coladas de lava.
Las erupciones freáticas son explosiones impulsadas por vapor que ocurren cuando el agua
debajo del suelo o en la superficie se calienta por magma, lava, rocas calientes o nuevos
depósitos volcánicos (por ejemplo, tefra y depósitos de flujo piroclástico). El intenso calor
de dicho material (tan alto como 1.170 ° C para la lava basáltica) puede causar que el agua
hierva y destelle a vapor, generando así una explosión de vapor, agua, cenizas, bloques y
bombas.
EFECTOS DE LA ERUPCIÓN DE UN VOLCÁN
Así pues, las erupciones volcánicas son algunos de los fenómenos naturales más
asombrosos de nuestro planeta y una impresionante muestra del poder de la naturaleza. Un
poder capaz originar auténticos desastres naturales que en ocasiones suelen traducirse en la
pérdida de numerosas vidas humanas. La peligrosidad de un volcán depende de la cercanía
de las poblaciones humanas que se asienten cerca de ellos, y en este sentido, la erupción
conocida con más víctimas mortales fue la tuvo lugar en el Monte Tambora en 1815, en la
que fallecieron cerca de 60.000 personas. Entre los peligros que entrañan los volcanes
podemos encontrar:
Explosiones: las explosiones producidas en una erupción pueden arrojar material volcánico
de diferentes tamaños a grandes distancias provocando una lluvia de proyectiles sobre los
terrenos circundantes.
Derrumbamientos: las erupciones volcánicas a menudo vienen acompañadas de ondas
sísmicas y terremotos de diferente magnitud que pueden afectar a las construcciones
humanas cercanas y producir derrumbamientos.
Coladas de lava: son flujos de roca fundida que arrasan todo lo que encuentran a su paso. Si
bien son muy destructivas, salvo en el caso de las lavas muy fluidas, dado que avanzan muy
lentamente, rara vez suponen un peligro para los seres humanos y animales.
Lahares o flujos de lodo: pueden producirse en periodos de erupción o bien de tranquilidad
volcánica. Se trata de corrientes de lodo conformadas por fragmentos de roca volcánica y
ceniza arrastrados por el agua de lluvia o de deshielo que discurren por las pendientes de un
volcán. Dependiendo de la cantidad de agua y materiales evacuados pueden destruir todo lo
que se encuentran a su paso y desplazarse hasta 200 kilómetros de distancia.
Avalanchas: en este caso no de nieve, si no de los escombros procedentes del derrumbe del
edificio volcánico afectado por una erupción. Ocurren con poca frecuencia, pero cuando
tienen lugar son fenómenos enormemente destructivos.
Nubes y lluvia de cenizas: la erupción de un volcán arroja a la atmósfera grandes
cantidades de ceniza volcánica que posteriormente se depositarán en la tierra, a veces
formando capas de varios centímetros de espesor. Estas cenizas pueden causar problemas
respiratorios en personas y animales, afectar a la flora y cultivos impidiendo a las plantas
realizar la fotosíntesis, o contaminando fuentes de agua. En las erupciones volcánicas de
mayor magnitud, las cenizas depositadas en la atmósfera pueden llegar incluso a afectar al
clima terrestre a nivel global.
Flujos piroclásticos: si los gases que emanan de un volcán no tienen la suficiente energía o
la densidad adecuada para elevarse hacia la atmósfera, estos gases a altas temperaturas (de
hasta 700 ºC) y que viajan a gran velocidad (de hasta 550 kilómetros por hora), pueden
desplazarse ladera abajo del volcán calcinando todo lo que encuentran a su paso.
Emanación de gases: los gases emanados por un volcán suelen dirigirse y dispersarse
rápidamente en la atmósfera. Una consecuencia de ello es la formación de lluvia ácida, la
cual puede producir daño en los cultivos, por corrosión o por contaminación de fuentes de
agua. No obstante, estos gases también pueden alcanzar grandes concentraciones en las
partes bajas de un volcán o en zonas deprimidas, donde pueden producir numerosas
muertes por intoxicación o asfixia.
Incendios: si la erupción de un volcán se produce en las inmediaciones o cercanía de un
bosque, las altas temperaturas generadas suelen propiciar la expansión de incendios
forestales añadiendo nuevas consecuencias al desastre.
Tsunamis: si una erupción volcánica tiene lugar bajo el agua también pueden producirse
tsunamis asociados al vulcanismo. Estos pueden atender a dos procesos: bien debido a las
fuertes explosiones producidas por el contacto entre el magma y el agua, o bien debido al
hundimiento de una caldera volcánica submarina.