EL ESTRÉS DOCENTE: UN HECHO AL QUE CASI NADIE
PARECE IMPORTAR.
FOTO: DOCENTES PRIMERO
Desgraciadamente, cada vez más docentes sienten en su trabajo ese malestar
personal, esa sensación de no servir para nada, de que su esfuerzo no es reconocido
como debería serlo, y que en muchas ocasiones se le exige hacer cosas que no son ni
mucho menos de su competencia.
Además, muchos de ellos tienen que soportar y aguantar escenarios de presiones y
reuniones con familias poco respetuosas y maleducadas. Igualmente, se puede dar el
caso de que algunos de ellos no tengan buenas relaciones con los demás compañeros
del centro y que se sientan desplazados del grupo. Si al tiempo que dedica el docente
a estar en clase, le sumamos el que invierte en corregir exámenes, trabajos,
actividades y preparar las clases de toda la semana, podríamos decir perfectamente,
que es un trabajo que genera un estrés elevado. Y sí, así es, pero a la mayoría de las
personas parece no importarle.
Me parece a mí, que todavía se cree en el rol de los maestros de las civilizaciones
clásicas: ese rol que definía al docente como un “semidios”, que todo lo sabía, que
sabía darle explicaciones a casi todas las cosas, y uno de los seres más sabios e
inteligentes del lugar. Así pues, se defendía que los profesores podían con todo y que
en ningún momento podrían necesitar ayuda de vez en cuando. Esa creencia era
absurda hace décadas y lo sigue siendo ahora.
Los docentes son personas de carne hueso (oh, qué gran sorpresa), que sienten y
padecen. Y que en más casos de los que les gustarían, sufren un malestar que
posiblemente no sepan explicar. Ese malestar, no provoca únicamente estrés (que ya
es suficiente), sino que puede desembocar en fatigas, excesivo cansancio, dolores
musculares, dolor de huesos, de cabeza, problemas al conciliar el sueño, en la
alimentación, en sus relaciones personales e incluso en una depresión laboral.
Estas situaciones, como os podéis imaginar no han suscitado demasiada importancia
en los medios. Ni siquiera en los centros educativos. Son muy pocos colegios o
institutos los que hacen algo para evitar lo anteriormente citado. La mayoría de
programas, de actividades, de reuniones son en referencia a los alumnos, y eso está
bien. ¿Pero quién “cuida” a los docentes? ¿Quién se encarga de su bienestar en el
trabajo? Sí, la respuesta más sencilla es que ellos mismos. Pero es que ellos mismos,
en muchas ocasiones se sienten tan agotados y menospreciados que no tienen ni
ánimos para motivarse por sí solos.
Muchos, por ejemplo, no han desarrollado habilidades para enfrentarse a estos
conflictos, o no están preparados para una situación concreta. Algunos, se implican
demasiado con los alumnos y les termina afectando también a ellos.
Desgraciadamente, más personas de las que me gustaría, se estarán preguntando:
“estrés docente, ¿es eso posible?”. Parece ser que algún sector de la sociedad
española, todavía no se ha dado cuenta que el personal educativo es uno de los
peores reconocidos y tratadas desde hace algunos años. ¿Qué puede provocar
entonces ese malestar en los docentes? A mí se me ocurren un montón de cosas a
exponer:
◦Muchos alumnos para un único profesor: pues sí, en muchas ocasiones, hay aulas
compuestas por 30 alumnos para un único docente. ¿Es eso normal? No, por
supuesto que no. Habitualmente, el maestro o profesor se encuentra sólo en clase.
Tiene que enfrentarse a estudiantes diferentes, con distintas habilidades y
capacidades, con ritmos de aprendizaje muy dispares, y con un sin fin de intereses.
Cada día, tiene que adaptar sus clases, tiene que centrarse en todos los alumnos y
dejar a un lado esa atención personalizada e individualizada que muchos centros
dicen tener y muchos padres quieren que se de. ¿Pero cómo se va a llevar a cabo ese
deseo? Para llegar a esa cumbre, haría falta por lo menos tener a tres docentes por
aula todos y cada uno de los días. ¿Estarían dispuestas las autoridades a eso? No, me
temo que no.
◦Lo que se aprende en la universidad, está lejos de ser práctico: es cierto, los que
estudian magisterio no aprenden a tratar las dificultades de aprendizaje, por
ejemplo. Y tampoco las necesidades específicas de los alumnos. En muchos casos, los
docentes se encuentran con estudiantes de altas capacidades y no saben qué hacer.
No por falta de capacidad ni de habilidades, sino simplemente porque no les han
enseñado. Pueden tener apuntes, pueden saberse la teoría de memoria. ¿Pero qué
pasa en la práctica? Y se sienten perdidos.
◦Seamos sinceros; no todos los alumnos tienen ganas de aprender: pues sí, es de
sobra conocido, que muchos alumnos presentan falta de interés y poca motivación.
Que se sienten desanimados y que no tienen ganas de aprender cosas nuevas. El
docente, se esforzará en crear un innovador y atractivo proceso de enseñanza-
aprendizaje, para llamar la atención de los estudiantes, pero hay veces que las
expectativas no se cumplen y no se ha generado el clima ni la actitud que ellos
esperaban.
◦Sí, hay familias que insultan a los docentes. Y no sólo en una ocasión:
desgraciadamente, hay familias que culpan a los maestros de todo lo que le pase a
sus hijos. Se crea un escenario de críticas, de malas palabras, de acusaciones y de
ofensas hacia el profesor. Hay padres, que están lejos de ser personas civilidades y
con buena comunicación. Y algunos de ellos, pueden llegar a insultos e incluso a
acosar al profesor.
◦Los futbolistas son más importantes que los docentes: ya se puede dar el caso de
que un profesor haya hecho algún logro importante, que seguramente no será
reconocido por las demás personas ni por los medios de educación. Hay muchos
docentes que cada día se esfuerzan y dan lo mejor de sí mismos para los alumnos.
Pero claro, da más audiencia que Cristiano Ronaldo haya dejado a su novia.
¿Hay algo que se puede hacer al respecto? Evidentemente, sí. Los expertos dicen,
que practicar deporte en cualquier situación de estrés es beneficioso, ya que reduce
el riesgo de ansiedad. Evidentemente, los docentes necesitan tiempo para ellos
mismos, y en muchas ocasiones, ese tiempo de ocio o de estar con sus familias y
amigos, lo dedican a corregir exámenes, trabajos, actividades o a preparar las clases,
y eso les genera más sensación de malestar. No se debería dar casos en que los
maestros dejaran de hacer cosas que les gustan por exceso de trabajo (ojo, ni los
maestros ni ningún trabajador). También, es muy importante que el docente
fomente su autoestima y que potencie las actitudes positivas que tenga a lo largo del
día. Que sea consciente de los obstáculos que ha superado y de que su esfuerzo ha
merecido la pena. Y que por supuesto, en situaciones límites que no sepa cómo
actuar (porque… ¡oh, madre mía!, el docente no lo sabe todo), pida ayuda a los
pedagogos, directores y demás personal educativo del centro.
Como es obvio, desde el propio centro también se pueden plantear diversas
actividades para reducir el estrés docente en las aulas, como por ejemplo diferentes
cursos de formación, reuniones mensuales para que los maestros hablen de sus
experiencias, de sus dudas, de sus inquietudes, fomentar la comunicación y la
relación entre el personal educativo creando grupos de trabajo y de colaboración
entre ellos, apoyándose en las situaciones y casos en las que sean posible. Quizás,
empezando por eso, los docentes se sentirían valorados por el lugar del trabajo, y
estarían más motivados en las clases. Pero, ya sabemos que en gran parte de los
colegios, institutos y universidades, realizar esos programas, les parece una pérdida
de tiempo, y en muchas ocasiones, los propios docentes se ven obligados a buscar
ayuda externa para no verse superados.
Aunque a la gente le cueste creerlo, la docencia es una de profesionales que más
estrés produce. Muchos psicólogos dicen que el número de maestros que pasan por
sus consultas está ascendiendo a un ritmo vertiginoso. Algunos de ellos, afirman
haber pasado por depresiones provocadas por el exceso de trabajo y el poco
reconocimiento y estima que se les tiene. Lo que es cierto, es que como la mayor
parte de la sociedad sigue sin darse cuenta de lo que realmente llegan a hacer los
profesores, como no son conscientes de su implicación con los alumnos, me temo que
este problema tardará en solucionarse y que estará presente durante varios años
más. Además, como viene siendo habitual, estas situaciones pasarán desapercibidas
por la mayor parte de las personas. Pero, ¿no son los docentes superhéroes
camuflados? Pues no, señores míos, está claro que no lo son.
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REDACCIÓN: DOCENTES PRIMERO.
FUENTE: TU DOCENTE
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¿Cómo ganarse el respeto de tus alumnos?
1. Dar ejemplo. El docente no tiene la misma posición que el alumno en el aula. En
muchas ocasiones tendemos a distanciarnos mucho de nuestros estudiantes y ello
conlleva un cierto peligro. A mayor distanciamiento con tus alumnos, más difícil se
hace ganarse su respeto, ya que te ven más como una autoridad que como un
docente con ganas de transmitir valores y conocimientos.
Dar ejemplo a tus alumnos es algo tan sencillo como respetar las normas del centro
y echar a un lado lo que entenderíamos como privilegios. Por tanto, conviene tener
en cuenta:
La falta de puntualidad al inicio y al final de la sesión lectiva.
El uso del móvil en el aula sin una finalidad estrictamente educativa.
Ausentarse del aula con regularidad. Demuestra falta de previsión y de
planificación.
El retraso en la corrección de pruebas, exámenes y trabajos.
Faltar al respeto a nuestros alumnos.
El trato desigual a tus alumnos.
Ser coherentes entre lo que se dice y lo que se hace, respetando en todo
momento las reglas del centro.
2. Tono de voz. El tono de voz es un aspecto determinante para ganarse el respeto
de tus alumnos. En muchas ocasiones nuestro tono de voz determina el quehacer
de una sesión lectiva. Hay que evitar un tono monótono y cansino porque provoca
que el alumno deje de escucharnos.
En muchas ocasiones nuestro tono de voz no es el adecuado y refleja con
demasiada claridad nuestro estado de ánimo. No es mejor profesor aquel que tiene
un mayor tono de voz. Es importante que nuestra voz refleje decisión y pasión, que
nos creamos aquello que estamos transmitiendo, que seamos verosímiles en
nuestras explicaciones, que evitemos vacilaciones y anacolutos (no finalizar una
oración y empezar con otra).
De lo que se trata es de sacar partido a nuestra voz y para ello es recomendable
tener unos hábitos saludables como:
Hidratarse durante toda la jornada laboral.
Evitar gritar.
Evitar hablar en el momento en que varios alumnos lo estén haciendo al
mismo tiempo.
Tener una conducta postural adecuada.
No hablar mientras borramos la pizarra.
Aprender a respirar con el diafragma.
Expulsar el aire por la nariz.
3. Actitud corporal. Otro factor para ganarse el respeto de tus alumnos es la
actitud corporal con la que afrontamos una clase. Es fundamental que noten nuestra
presencia en el aula en todo momento.
Nuestra actitud corporal debe ser decidida y enérgica porque en muchas ocasiones
transmite mucho más que nuestra voz. Debemos ser capaces de utilizar todo
nuestro cuerpo para captar la atención de nuestros alumnos.
El lenguaje no verbal es un tipo de lenguaje que complementa nuestras enseñanzas
y es una herramienta muy útil para reforzar los contenidos. Para ello es
recomendable:
Gesticular con las manos cuando pretendamos destacar un aspecto que nos
parece importante.
Movernos continuamente por toda la clase.
Ser expresivos con nuestro rostro a la hora de manifestar sentimientos,
deseos, órdenes…
Caminar erguidos y con paso decidido y firme.
Mirar al alumno que nos está hablando en ese momento.
Estar callados y utilizar nuestro cuerpo cuando en el aula se producen
conductas disruptivas. Hay veces que un gesto es mucho más eficaz que dar
una orden de forma oral.
4. Preparación y coherencia. Otro factor muy a tener en cuenta de cara a ganarse
el respeto de tus alumnos es preparar a conciencia las sesiones lectivas de cada
uno de tus grupos, y que estas sesiones sean coherentes con los contenidos
previstos en la programación. Los alumnos valoran enormemente a los profesores
que saben en todo momento qué hacer en sus clases.
Es muy importante que no vacilemos durante la clase sobre lo que se va a trabajar.
Es el docente el que decide en todo momento qué hacer en el aula. De no ser así el
respeto de vuestros alumnos se verá afectado porque perderéis capacidad de
decisión y de control del aula. Vosotros sois los que os encargáis de los contenidos
de la programación y de llevarlos a la práctica. Otro factor relacionado con este
punto es la importancia de ser coherentes durante vuestras sesiones lectivas y con
la programación.
Debéis evitar preguntar a vuestros alumnos en qué punto del tema os habías
quedado o corregir ejercicios que ya se habían corregido el día anterior. Los
alumnos notan en seguida que no tenemos nuestras sesiones lectivas preparadas y
eso hace que aumente la disrupción en el aula, provoque la queja de los alumnos y
sea más difícil que os respeten.
5. Empatía. La empatía es para mí el aspecto determinante en el proceso
educativo. Ya en otro artículo me referí a la importancia de la empatía como un
factor clave en la relación entre alumno y docente.
El artículo en cuestión se titula 5 consejos para aumentar la empatía con
tus alumnos. En esta entrada hago referencia a la importancia de sabernos
poner en la piel de nuestros alumnos mediante la escucha activa.
Escuchar con atención a nuestros alumnos y asentir la cabeza ayuda ganarnos su
respeto. Los estudiantes valoran enormemente que conectemos con ellos, que nos
hagamos partícipes tanto de sus logros como de sus fracasos, tanto de sus alegrías
como de sus preocupaciones. Ser docente sin ser empático es algo que no concibo
en la Educación.
Aquellos docentes que carecen de empatía son, por lo general, aquellos que tienen
más problemas de relación con un grupo.
El respeto de un profesor viene determinado por sus actuaciones en el aula. No
tiene nada que ver con el hecho de ser hombre o mujer, de ser un profesor recién
llegado o un veterano. Ganarse el respeto de los alumnos viene determinado por
nuestro trabajo, por nuestra profesionalidad, por nuestra dedicación y preparación y
por la pasión con que llevemos a cabo nuestras sesiones lectivas.
Así y sólo así conseguiremos una de las máximas satisfacciones para un docente, el
respeto y la admiración de nuestros alumnos. Porque
TODO SE PUEDE APRENDER. TODO SE DEBE ENSEÑAR
Es el primer día de clase, el profesor llega al aula, escribe en la pizarra su nombre y escucha
por detrás: "Ya empieza el tío éste con chorradas". En la mayoría de las ocasiones está
incluso más nervioso que los alumnos. ¿Cómo debe reaccionar ante esos comentarios? De
acuerdo con los expertos, estos son los consejos a seguir para atajar situaciones conflictivas
en las clases:
1. Dejar claro el rol de cada uno: evitar el "colegueo" y establecer la autoridad moral.
2. Evitar el enfrentamiento abierto con el alumno, buscar la comunicación escrita y la
instancia superior.
3. Establecer normas claras acordándolas junto a los alumnos y anunciar cuáles serán las
sanciones desde el primer momento
4. Recurrir a la expulsión de clase o la retirada de aparatos electrónicos si es necesario.
5. No quedarse solo en los departamentos o aulas con los alumnos y evitar el contacto físico
innecesario.
María Victoria Pérez de Guzman, coautora del libro Aprender a convivir. Violencia y
resolución de conflictos, lo tiene claro: "el profesor tiene que ser capaz de trasladar al
alumno cuál ha de ser el rol que cada uno tiene que adoptar. El problema llega cuando un
profesor se presenta a través de una comunicación de 'colegueo', de ser uno más en la
clase, porque lo que hace es que pierde su autoridad moral".
A la eterna pregunta sobre si el enseñante debe presentarse como amigo u adversario,
María Victora, explica: "la solución para situaciones conflictivas es que demuestre autoridad
moral, no creo que el autoritarismo sirva para solucionar ciertos tipos de conducta". De la
misma opinión es Elena Cuenca, profesora del curso "Violencia y resolución de conflictos.
Técnicas de intervención", impartido por la Universidad de Educación a Distancia (UNED),
"hay que trabajar con los alumnos de igual a igual, de una forma horizontal que haga que
nos escuchen". Sin embargo, Elena admite que esto no siempre es fácil, "la teoría está muy
bien, pero hay que conocer una serie de técnicas para tratar al alumno".
"El mejor desprecio es el no aprecio" parece funcionar a la perfección con los "típicos
graciosillos" de la clase: "Como el profesor esté constantemente diciéndole cállate, el
alumno volverá a repetir y repetir y repetir, está comprobado" afirma María Victoria. Ahora
bien, si el comportamiento del alumno se hace más violento y llega a romper una mesa, tirar
una silla, etc, "la acción que se debe realizar no es sólo de aula sino también del centro
educativo".
Acuerdo entre partes
Para María Victoria es necesario llegar a un acuerdo con los alumnos, "es importante que se
le recuerden al alumno las normas del centro", pero sobre todo "se deben acordar con la
clase cuáles va a ser las normas de funcionamiento del aula de manera que todos
determinen qué tipo de castigo, si es que es un castigo, tendrá el alumno si no cumple con
las normas establecidas por la clase".
"Funciona muy bien porque consigue que los alumnos se impliquen y son capaces de
analizar sus responsabilidades dentro del aula" afirma María Victoria, "incluso muchos
llaman la atención al compañero que rompe las normas que han sido establecidas por
todos".
En 2008 el sindicato de profesores ANPE publicó protocolo de actuación para los profesores
(ver pdf). "Ha funcionado muy bien porque hicimos además reuniones explicativas" nos
explica Rosalía Allier, responsable de comunicación del sindicato.
En esa "practicopedia" del profesor encontramos, por ejemplo, como la asociación
recomienda castigar a aquellos alumnos con un mal comportamiento y explica que esa
amonestación puede ser "por escrito, la expulsión de clase o la retirada de cualquier aparato
electrónico". Dentro de esos aparatos se encuentra el móvil, una de las armas que más
preocupa a los profesores y autoridades. El número de agresiones grabadas con el teléfono
ha ido "in crescendo" cada año, lo que ha provocado que también en internet circulen
varios vídeos con los disturbios.
Pánico en las aulas
Asimismo, cada vez es más común que los estudiantes interpongan demandas contra los
docentes por haber sufrido agresiones cuando la acción del profesor no ha ido más allá de
poner una mano sobre el hombro del alumno o rozarle el brazo. Aunque pueda parecer
exagerado, el sindicato recomienda "no estar solo en los Departamentos o aulas con los
alumnos y evitar el contacto físico innecesario para eludir eventuales denuncias".
Pero los profesores no sólo se ven obligados a lidiar con los chavales, también los padres
son con frecuencia una fuente importante de conflictos. El último ejemplo lo tuvimos este
miércoles, cuando la directora de un colegio público de Madrid fue agredida por el padre
de un alumno. Por este motivo, ANPE recomienda recibir a "determinados padres
acompañados de testigos" así como en el caso de sufrir agresiones "adjuntar el parte de
lesiones junto a la denuncia".
Ante este panorama no es extraño que los profesores se vean obligados a "pedir la baja
porque sus niveles de ansiedad son altísimos" afirma Yolanda Sáiz Alcázar, psicóloga del
servicio de defensa del profesor. La ley propuesta por Aguirre puede presentarse como una
ayuda para los profesores, sin embargo lo que no está tan claro es que con la nueva
normativa los docentes dejen de llenar la consulta de los psicólogos, ya que según Yolanda,
"los profesores tienen pánico".
Ser docente en estos tiempos se ha convertido en una profesión de riesgo. Sin duda, el factor vocacional es
determinante a la hora de elegir una profesión exigente y que supone una enorme responsabilidad.
Lamentablemente, en las facultades no se nos prepara para una labor que a mi modo de ver marca buena
parte del destino de una sociedad. Muchos de nosotros hemos ido aprendiendo a ser profesores más por
nuestros errores que por nuestros aciertos.
Pues bien, en este artículo quiero dar a conocer algunos errores que son muy comunes en nuestra profesión
y que creo que con poco esfuerzo podemos corregir y mejorar así nuestras labor docente. Siempre me gusta
decir que errar nos hace humanos, y que rectificar no convierte en buenos profesionales.
¿Qué errores podemos evitar como docentes?
1. Falta de visibilidad. La presencia y visibilidad en el aula es un aspecto muy a tener en cuenta a la hora
de impartir una sesión lectiva. Ya me he referido en otros artículos a la importancia de que los alumnos
siempre tengan una referencia visual del profesor en el aula. Para ello es fundamental que estemos
preferentemente de pie y en constante movimiento, para que los alumnos fijen su atención hacia nosotros.
Ello nos permitirá tener un mayor control del grupo clase. Sobre este aspecto os recomiendo la lectura del
artículo ¿Cómo es mejor dar una clase de pie o sentado?
2. Oír sin escuchar. Un aspecto al que le doy mucha importancia en mis sesiones lectivas es intentar no
sólo oír a mis alumnos, sino también escucharlos. La diferencia entre oír a una persona y escucharla es
enorme, ya que cuando la escuchamos lo estamos haciendo de forma activa y les transmitimos a nuestros
alumnos que aquello que nos está diciendo es importante tanto para ellos como para nosotros. Los alumnos
de una clase demandan atención en todo momento. De ahí que en la medida que nos sea posible, debemos
esforzarnos para escuchar con atención aquello que nos quieran decir. Con ello aumentaremos la empatía y
mejoraremos nuestra relación con ellos. Aquellos docentes que sólo oyen a sus alumnos pero no
interactúan, corren el riesgo de tener una relación distante y ello repercute negativamente en la relación del
docente con el grupo. Para saber más sobre este apartado os recomiendo la lectura del artículo 5 consejos
para aumentar la empatía con tus alumnos.
3. No mantener el contacto visual. La comunicación no verbal de un docente, aquella que se transmite a
través de los sentidos, resulta fundamental en el desarrollo de una sesión lectiva. Bien es cierto que los
docentes enseñamos a través de la palabra oral y escrita, pero también comunicamos a través de nuestro
cuerpo y, por supuesto, con la mirada. Referente a la mirada hay un aspecto que es importante corregir y es
el hecho de hablar a nuestros alumnos sin mirarlos directamente a los ojos. No mantener un contacto visual
con nuestros alumnos repercute negativamente en la relación y en el aprovechamiento de nuestras sesiones
lectivas. No mirar a nuestros alumnos transmite inseguridad, duda, incomodidad, falta de empatía… No
mirar a nuestros alumnos hace que exista un distanciamiento con ellos que luego repercute negativamente
en nuestra relación con el propio grupo.
4. No cumplir con lo prometido. Lo prometido es deuda. Todos sabéis el sentido de la justicia que tienen,
por lo general, los alumnos. Incluso añadiría que además de sentido de la justicia tienen muy buena
memoria para aquello que les conviene. De ahí la importancia de ser muy escrupulosos con aquello que les
prometemos, porque si ya de antemano sabemos que no vamos a cumplirlo, esta promesa no cumplida se
volverá en nuestra contra. Esto sirve tanto para las promesas como para con las amenazas en caso de no
cumplir con las normas del centro. Un docente que no mantiene su palabra o que no cumple con sus
palabra es un docente que poco a poco va debilitándose frente al grupo y puede afectarle muy
negativamente en el caso de que quiera ganarse su respeto.
5. Prolongar el tiempo de corrección. Profesor, ¿tienes los exámenes corregidos? Seguro que se trata de
una pregunta que si no a todos, a casi todos os habrán hecho en algún momento. Todos somos conscientes
del esfuerzo que implica la corrección de ejercicios, trabajos exámenes… Pero creo que es importante
hacer un esfuerzo por entregar dicha corrección en la mayor brevedad posible. La rapidez en la corrección
es algo que los alumnos valoran muy positivamente y hace que te ganes el respeto de tus alumnos, porque
consciente o inconscientemente te conciben como un profesional implicado y eficaz. El hecho de entregar
con rapidez aquello que hemos corregido también le da valor a la corrección en sí en el caso de que
queramos hacer algún inciso o comentario en clase. Hay docentes que tardan semanas en la corrección y
ello repercute negativamente en su beneficio. Sobre cómo ganarse el respeto de tus alumnos recomiendo la
lectura del artículo 5 consejos para ganarse el respeto de tus alumnos.
6. No utilizar el mismo código. Para que exista una correcta comunicación entre dos personas, estas deben
conocer y compartir el mismo código. En muchas ocasiones se producen problemas de relación entre
alumno y docente porque la fractura que existe del código de cada parte es insalvable. Los docentes
tenemos la facultad de dominar todos los registros de una lengua, desde el culto hasta el vulgar, pasando
por el coloquial. El error que cometemos es pensar que también nuestros alumnos dominan todos estos
registros. En la medida que seamos capaces de compartir al máximo el mismo código, más fluida será la
relación entre alumno y docente y mayor será el grado de comprensión. Con ello no digo que debamos
situarnos a su nivel de competencia lingüística, sino que se trata de encontrar un equilibro entre aquellos
que les podré enseñar como nuevo y el registro que utilizaré para que ese conocimiento llegue a todos los
alumnos.
7. No dejarnos influir por nuestro estado de ánimo. Siempre he admirado a los presentadores de
noticias de la televisión porque siempre tienen el mismo semblante, pese a que seguramente tendrán como
todos nosotros sus días buenos y sus días malos. A esto se le llama profesionalidad. Pues bien, creo que
esta profesionalidad también debería ser aplicable a los docentes. En muchas ocasiones nos dejamos llevar
por nuestros problemas personales y los trasladamos a nuestras sesiones lectivas. Tenemos poca paciencia,
nos sentimos irritados, gritamos por cualquier nimiedad, expulsamos a alumnos de forma arbitraria. A mí
me gusta pensar que cuando entro en una clase es como si entrara en un plató de televisión. Al ponerme
delante de mis espectadores, los alumnos, debo dar lo mejor de mí mismo, independientemente del estado
de ánimo en el que me encuentre. Ser profesional bajo cualquier circunstancia es la mejor forma de
dignificar muestro trabajo.
8. No educar desde el respeto, sino desde el miedo y la autoridad. Muchas veces los docentes
mezclamos conceptos como la educación, el respeto y la autoridad. Son expresiones que por sí darían para
varios artículos. En este caso sólo quiero incidir en la importancia de no tratar de educar desde el miedo y
la amenaza. En muchas ocasiones asimilamos el control de una clase con medidas que fomentan el miedo a
nuestros alumnos o la amenaza ante el incumplimiento de alguna norma. Creo que es un error. Desde el
principio debemos enseñar a nuestros alumnos desde el respeto, desde la responsabilidad. Hay docentes
que se vanaglorian de que en su clase no hay problemas de disciplina. Lo que no dicen es que esta
disciplina viene condicionada por el miedo que le tiene los alumnos. Nunca hay que enseñar desde el
castigo, la amenaza o el miedo. Si así lo creéis posiblemente os habéis equivocado de profesión.
9. Enseñar sin educar. Los docentes solemos cometer el error de pensar que nuestra profesión consiste en
la transmisión pasiva de conocimientos, en la transmisión unidireccional de contenidos a través de lo que
podríamos llamar una clase magistral. Creo que este enfoque es erróneo. Y es erróneo porque un docente
es mucho más que un mero transmisor de conocimientos. Un docente es aquel que además de enseñar es
capaz de invertir, repito, invertir, todo el tiempo que haga falta en educar a sus alumnos, en transmitirles
valores como el de la solidaridad y la cooperación.
10. Mezclar lo profesional con lo privado. Redes sociales. En la sociedad actual la privacidad se está
convirtiendo en un lujo. El ámbito privado de los docentes es algo que debemos tener muy en cuenta,
porque un mal uso de nuestra privacidad puede afectarnos muy negativamente. Me parece importante que
en nuestras sesiones lectivas nos centremos en lo educativo y no en lo personal. Se trata de mantener una
distancia con nuestros alumnos, en especial, por lo que a las redes sociales se refiere. De ahí que sea
necesario mantener unas pautas de actuación muy estrictas. Lo digo porque los alumnos tienen la
costumbre de bombardearnos con preguntas sobre nuestra vida privada, nos envían solicitudes a nuestros
perfiles sociales, preguntan a otros compañeros de profesión sobre aspectos relacionados con nuestra
familia, edad, estado civil… Es por ello que creo conveniente guardar con mucho celo nuestra vida
privada, porque a corto o a medio plazo, la información personal que podamos dar a nuestros alumnos
podría afectarnos negativamente. En mi caso, por ejemplo, no acepto jamás ninguna solicitud de un
alumno de ninguna de las redes sociales de las que formo parte.
Revisando todos estos errores me doy cuenta de que la profesión de docente exige por nuestra parte una
dedicación y una vocación extraordinarias. Siempre he pensado que los mejores docentes son aquellos que,
habiéndose equivocado una y otra vez, tienen la capacidad de levantarse todas las mañanas para
enfrentarse al reto apasionante que supone la docencia. Para aquellos que amamos esta profesión tiene
tanto de reto como de pasión. Aquellos que nos dedicamos a la docencia debemos dar a en cada sesión
lectiva lo mejor de nosotros mismos, vaciarnos en clase, entregarnos para que nuestros alumnos adquieran
valores y conocimientos, enseñarles a través de la palabra y educarles desde el corazón. Si tú eres uno de
ellos, desde aquí mi más sincera felicitación porque,
TODO SE PUEDE APRENDER. TODO SE DEBE ENSEÑAR.
Fuente: justificaturespuesta.com