Demoliendo Hoteles | Volumen 3:
Consejo editorial para el presente volumen:
Ivelisse Álvarez
Nelmaries N. Medina Rodríguez
Jean Alberto Rodríguez-Torres
Daniel Rosa Hunter
Diseño de cubierta e interiores (+):
Ivelisse Álvarez
Daniel Rosa Hunter
Imagen de portada: “Sin título I”, Lápiz sobre papel (2023)
por Tana Oshima
© DEMOLIENDO HOTELES 2024
Las obras publicadas en este volumen mantienen los derechos de
autor. Ninguna obra puede ser reproducida, ni total ni parcialmente,
por ningún medio ya sea electrónico, mecánico, óptico o xerogrado,
sin autorización por escrito de su respective autore.
Demoliendo Hoteles | Volumen 3
Todos los nombres que desobedezco me alegran.
NADIA PRADO
Javier Peñalosa M. (Ciudad de México, 1981) escribe poesía,
literatura infantil y guiones para cine y televisión. Es licenciado
en educación y cursó la maestría en escritura creativa en la
Universidad de Nueva York. Es autor de los libros de poesía
Aviario, Los trenes que partían de mí, Los que regresan y H. Su
trabajo ha sido reconocido con la beca de la fundación para las
letras mexicanas, del programa Jóvenes Creadores y del New
York Fund For The Arts. Obtuvo el premio nacional de poesía
Enriqueta Ochoa en 2009 y el premio Xirau Icaza que otorga el
Colegio de México en 2017. Poemas suyos han sido traducidos al
inglés y al alemán y aparecen en diversas antologías, películas y
obras de teatro.
5
hay
una bocanada de aire
en el principio
hay una respiración
hay
hidrógeno
en el universo
hay silencio
materia madre
que no se escucha
hidrógeno
en las estrellas
6
hay esta masa muda
que persiste
hay nada
pero hay
silencio
el sonido del aire
cuando respiras
7
una bóveda celeste
y bóvedas
huecos en las piedras
cavidades que se llenan
y vacían
corredores por donde el aire
alguna vez
hará cueva y barro
para los pies de los animales
para los pies de los animales
8
hay en cuevas
solamente en cuevas
animales primerísimos
grabados en el paladar
con el aliento
9
¿pero quién habita a quién?
huésped
de una voluntad
que me lleva
el agua a la boca
huésped
que me abre
los músculos
que me llena el costillar
¿quién habita a quién?
quién es
quién
es
mi cuerpo
que interpreta
en la salida al escenario
el papel de la sombra
10
Anthony Hernández Rivera (Ponce, Puerto Rico, 1992). Tiene
estudios en Psicología, Derecho, Mediación y Literatura. Labora
como gerente administrativo en la industria financiera. Su
primer libro, Saber de sed, fue publicado por el Instituto de
Cultura de Puerto Rico (2017).
11
Sobre las pertenencias
de Saber de sed (2017)
lo que tengo de poesía
es todo lo que sospecho
se me ha caído
de las manos,
las canciones guardadas
en el kit de cosas tristes
para sobrevivir los domingos.
tengo unas alas que no lo parecen,
unas manos que salen de la boca
de mis entrañas
y aguantan cadenas
con la nostalgia de quienes saben:
hay cosas que no se pueden dejar ir.
guardo una pecera
con todas las palabras que se me escaparon;
ahí viven, son
luciérnagas
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extrañadas del brillo.
bajo esta piel habitan los cuerpos
de quienes nunca tuve el tiempo de amar;
me incluyo.
respiro aire
y siempre
-como la luz-
se me escapa;
poseo pulmones vacantes,
años de menos.
todo lo que esta carne quiso fue
habitar las aguas como la sal,
saber los huesos hondos,
insospechados
como cordilleras bajo mareas
de precipicios.
son miles las cosas que he perdido
así que me conformo
con tragarme la vida a sorbos,
buscar soledades en ojos ajenos
y convencerme de que no son mías.
13
NUNCA SÊ QUÊ DECIR
*
estoy hecho a la imagen
de un cordón umbilical quê no acaba
y quê es tan largo quê se pierde
*
se me ha ido la vida tratando
de hacer una mejor versión de mî
*
soy el feto más grande del mundo
y las sombras cargan con el presentimiento
de que existen lugares inundados de luz;
yo las escucho:
cierro fuerte los ojos
como quien guarda a sabiendas
la ceguera de una sorpresa
para el abandono de la locura
*
si las aguas me dejaran
14
abandonado por el aire,
¿acaso olvidaría las formas de la tinta?
ya guardo un par de pulpos muertos en el baúl…
*
lloro a sorbos el veneno de los días
(¿o acaso rîo?)
((el gris centrifugô cualquier cosa quê creí saber))
*
soy una esponja que crece hacia adentro
y no necesita del sol;
entre tanta carne abierta,
a penas y a rastras -alcanzo
la herida del vecino
*
nunca he podido
conversar a ciegas sobre naufragios;
15
aprendí a respirar bajo el agua
y aborrecería
infectar con el cantar de las sirenas
*
si de la superficie cayeran manos
-tantas manos-
para confundir entre ellas
tan abominable sed de caricias
*
quê de lejos siempre
-cuando lejos-
sean trampa para convidar a esta ceguera
*
no soporto la compañía,
por eso de los crâteres que sê quedan
cuândo ellos sê van;
alguien sê queda
tân solo,
tân solo
16
*
ando con mi ombligo cômo quiên carga
con cordón y vaso
para poner en la boca y el oído:
aló,
aló,
¿hay alguien ahí?
17
NAVAJA
todo viene a romperse
sobre tû filo
18
ESTRELLAS EN EL TECHO
(O ENSAYO CURSI SOBRE LA CEGUERA)
*
hay asteriscos
desnudándose en sus cuartos e intentándole nombres
a sus nuevas figuras; no hacen ruido
*
las paredes ahogan toda la nada que no acontece
*
uno de ellos olvida su voz -y no tengo
fecha, posibilidad, -souvenir ; yo
que vivo entre los almacenes de la memoria
*
(dônde estar, desfigurados los pasillos)
((cômo volver))
*
las pesadillas vienen a recordarme que estoy vivo; yo
me acuesto como todos los días:
creyendo que amanece
19
INVENTARIO DE PUENTES
A QUEMAR O A CONSTRUIR
*
soñaste un salto y creíste
ver el rostro del mundo;
soñaste una caída y sentiste
la antorcha -quê mâs te quema
*
con los alvéolos de un cid vencido, llegas
a esta casa de espejos; te ríes,
vistes: por ellos escoges
esta versión prolongada del suicidio;
mientras, solo suenan, solo se repiten
-esas estúpidas canciones en la radio
*
ingenuo tratas de hacer una estadía distinta;
(tu escondite no morirá ante la historia)
((el amor será rodar algún barranco abajo))
*
rocinante herido, ¿cômo
20
hacerle ventanas a tu casa? ¿cômo
darle a tu cuerpo una salida?
*
ya escucharon quê eres
una nube de humo a medio pecho, una
suerte de trueno
desbocado de rastro y de camino;
(entre una ancha sucesiôn de espaldas,
una mano olvidada de miembros
tratando de aprender de nuevo
a-c.o-n.tar)
*
sabes de las personas
lo que aprendiste de los poemas y de las palabras:
la escasez estâ en las esquinas
y las vîs se ca al b los lab
ce en a rir ios
ras
*
¿cômo ofrecerles mâs? ¿de dônde
21
sacar fuerzas para imaginar
ûna piedra -de tanta ceniza?
*
la lengua siempre será fiel al hacha, son tus hechos; así
con la furia que odias la lástima, te digo:
saluda desde el imperio de las despedidas;
aprenderás-
en tu querencia -sol y quiebre,
a apostarle a sílabas distintas,
a hacer algo mejor de tus labios
*
algún día -volcado en tu sueldo- dejarás de sospechar;
aunque -sin puntos cardinales- parecieses,
un tipo de ezequiel enfermo, estás
porque es mejor alucinar una casa
((aunque respirase desierto;
y aunque nunca confesarías lo que te conmueve,
lo guardas bien ((para poder soñar.
22
23
Tana Oshima es artista visual, escritora y traductora literaria. Ha expuesto
sus dibujos y pinturas en galerías de Nueva York, Miami, Portland y
Massachusetts. Ha traducido al español a autoras japonesas
contemporáneas como Yuko Tsushima, Hiroko Oyamada, Yu Miri y Kaho
Nashiki, y también a autores clásicos como Yasunari Kawabata. Su primera
novela, Tratado de geometría, se publicará próximamente en España.
Actualmente vive en Nueva York.
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“Sin título I”
Lápiz sobre papel (2023)
25
“Sin título II”
Lápiz sobre papel (2023)
26
Thaís Espaillat Ureña (Santo Domingo, 1994) poeta, editor y
artista audiovisual. Es incapaz de elegir mal las mandarinas en el
mercado. Ha publicado algunos libros y fanzines, entre ellos
Pudo haberse evitado (Eloísa Cartonera, 2017; Ediciones
Cielonaranja, 2018), A veces quisiera dormir dentro de un pomelo
(Ediciones Nebliplateada, 2019), ¿Tienes quien te cuide la mula?
(Ediciones Liliputienses, 2020), Notas sobre la morfología del
Malecón (Ediciones de a Poco, 2020) y ¿Viste los pingüinos?
(Editorial Matrerita, 2021). Su trabajo literario aparece en
revistas y antologías de Latinoamérica y Europa. Algunas de sus
piezas audiovisuales han sido expuestas en República
Dominicana, Estados Unidos y Brasil. Actualmente está
escribiendo/programando una novela electrónica llamada La
fiesta en el catamarán. Cada cierto tiempo actualiza su Vimeo:
vimeo.com/thaisespaillat.
Fragmentos de Alguien me prestó este cuerpo y ya no lo quiero
(inédito).
Para la mujer que nunca fui.
Cuando crezca y sea nada,
un pozo de cuerpo mutilado
mirándose al espejo diciendo:
“Todo este tiempo pensé que era especial
pero sólo estaba enferma”,
algo cambiará
y seré para peor.
El brillo que podría irradiar
no es otra cosa que la náusea
quitándose la baba de la cara.
29
Sola y sucia
vuelvo a casa
por qué dejé
al extraño entrar
por qué
si tampoco estuvo tan mal
si tampoco estuvo tan mal
si había algo mojado
era mi mermelada podrida
quizá cuando termine
este terrible café
la cosa volverá a su sitio
y de nuevo más caras
y más caras y más caras
quizá si me rapo la cabeza
quizá si me baño en el río
más sucio que yo
quizá si me hago la idiota
no te volveré a ver
no te volveré a ver
no quiero saber nada
sólo quiero que alguien me cuide
no quiero mi cuerpo
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desnudo llorando
mirando los libros
todos los libros del librero
no quiero saber nada
sólo quiero
que alguien me cuide.
31
De qué manera podría
hacer algo diferente si
en mi oreja siempre
una campana
nerviosa vibra nunca se calla
ni con la música ni el
beso ni el
pan tostado ni el
gato que acerca su cabeza
su ojo en mi ojo y ahí
todavía la campana
de qué manera
neutralizar toda la cosa
envolvente como
regalo olvidado no pedido
No me harás creer en ti
Dios no ganarás
si tú si tú aquí
todo no estaría como parece
aléjate con tu orden y tu falso
mundo y llévate contigo
el mal todo lo que hiciste
un hombre o cualquiera
tú siempre
entre una pared
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después de balacera
una cortina para ocultar el llanto
que se levanta a veces
y como propina dejo mi cuerpo
mi bella palabra inventada
un pensamiento largo y sin
sentido escrito justo
ahora para ahuyentar las gárgaras
del monstruo en mi pecho
en mi pecho cada burbuja
una lágrima un decirme idiota
de qué manera podría
decir lo que
decir lo que quiero
decir
sin hacer rabieta
sin
decir la verdad toda
sin dejarla sobre
la bandeja hedionda para quien decida
abrazarme dejarme menos sola
de qué manera de qué forma
de cuál
quién dónde cómo
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estar menos sola
estar menos sola
hacerme mejor compañía
con la mano
el pie
el pelo hundido en mi tierra llena de
llena de.
34
Prometo no volver a tener miedo
No hablaremos
del caballo,
la casa horrible,
el framboyán
y la luna
Una luz se disolvió frente a mis ojos
cerrados o abiertos
no podía saberlo.
Debajo de tu cuerpo caliente,
me paré.
Y en el balcón,
un árbol irreconocible
Quizá
querer desde lejos
para no destruir eso tan lindo
con nuestro sucio animal
Debajo de los hoyos
en el abrigo de la noche,
nos paramos una encima de la otra,
yo y todas,
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temblando de algún miedo
que no nos pertenecía.
Si digo que confío en mí
no me refiero a nada
más que a la suerte
de ser cualquier cosa,
menos lo que no.
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Julieta Marchant (Santiago de Chile, 1985). Codirectora de los
sellos Cuadro de Tiza Ediciones y Editorial Bisturí 10. Coordina
talleres de poesía. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía
El nacimiento de la hebra (Edicola, 2015), Reclamar el derecho a
decirlo todo (Pez Espiral, 2017), En el lugar de la mano el ímpetu
de un río (Bisturí 10, 2020; HD, 2021; Liliputienses, 2021),
Poemas somos que otros escribieron (Concreto, 2023; edición de
autora, 2024) y el ensayo Contra el cliché: genio y técnica en la
poesía (Mundana, 2022).
37
Fragmentos de La devota (inédito).
Pero esa risa, le había dicho, quizá mi mente espera un adjetivo.
Vivo rodeada por los ruidos de siempre y abruma la devoción de
la que estoy hecha. Imaginé su lengua como un bosque —
destello entre las hojas, tierra en guijarros, musgo azulino— para
proyectar mi cuerpo quieto, extraviado aunque no impaciente,
abierto y entero, al interior de tu cuerpo, ahí te ruego, háblame.
Pero esa risa, le había dicho, o inventó que dijo en una escena
inverosímil, a kilómetros de distancia abriría una puerta en su
cabeza. Hazme pequeña entre deseos blancos. Con un alfiler
hacerse espacio. Te daría de comer brevísimos trozos. Polvo de
huesos, proteína de una pierna. Frutas que crecen en mis
órganos. Reflujo de polen. Quiso interrumpir una oración y su
paisaje interior, en una reverencia, sonó a campanas. No le temo
a esta forma absoluta de amor. Templo la materia de
pronombres.
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Le incomodaba la desnudez y ella había resignado. Hay otras
maneras. Alimentó con bichos minúsculos el reino de la
imaginación. Munúsculo es un don insignificante y pequeño.
Aprendió a consagrarse a un mundo en miniatura que dejó de
comparar con lo real. La pérdida de proporciones a su lóbulo
parietal desorientó, ¿qué sabe del cerebro? Si metieras una aguja
por la nuca verías los espejos, uno frente a otro, proyectando
puntos de luz y perlas y una pupila, hollejo de uva, iris marrón
cubierto por una tela finísima que le da un efecto de humedad.
¿Llora? Siempre llora. No es tristeza sino conmoción. Soy una
pésima actriz: no sé fingir. Soy una pésima escritora: no sé
inventar. De qué fardo de emociones extraigo esta emoción que
escribe. En Londres son las nueve y media de la noche. Quince
grados Celsius, despejado con intervalos nubosos. Pone pausa
para observar el gesto de su boca cuando llora. Hace zoom.
Pareciera que una niña adentro sonríe, sentada en el césped de la
lengua murmura: intolerablemente feliz. Vestía de monarca y
tuvo cuidado de cubrir sus tobillos.
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Había escrito en la punta de su nariz una palabra en un idioma
que aprendió en el sueño pero era tan breve que parecía un lunar.
La palabra era breve aunque también el idioma. El gesto de
escribir, el sueño, la nariz misma, la mano, el instrumento que
usó, la punta, cuál. El disparo de la mente. Incluso este poema:
brevísimo. Aprendió a no temerle a lo pequeño. Cada palabra es
una síntesis del mundo, le dijeron, bajó la cabeza y se encontró
con sus pies. ¿Y estos ya estaban aquí? No lo sabía aunque le
sorprendió el hecho de estar sostenida por dos objetos
horizontales perfectamente simétricos que se desprendían de su
cuerpo. Yo hubiera pensado que mi carne era una estaca en la
tierra. Pero de qué tierra estás hablando, yo solo veo aquí un
montón de lunares. La abrumó la imagen, porque, aunque eran
pequeñísimos, reunidos como estaban parecían una isla o incluso
un continente o hasta un globo terráqueo, si hubiera podido
mirar de lejos. No son lunares, dijo de pronto, son un montón de
comas. Tomó una con el índice y el pulgar, qué inmensidad de
signos de puntuación. Sin embargo, lo curioso es ese kimono que
te pusieron, Olivia.
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Piensa en estas imágenes. Unas manos pálidas abren jaulas de las
que salen una decena de conejos. Esas mismas manos alimentan
perros en el palacio real. Las mismas toman a un pájaro con una
pata herida en el entretecho de un cine o acarician la frente
oscura de un caballo. Unas manos saludan y besan, corren
cortinas, sostienen con una inusitada delicadeza una taza de
porcelana o una cartera pequeñísima del tamaño de una palma.
Enguantadas de seda alzan coronas o acarician el hombro de un
anciano que ha olvidado su nombre. Soportan el peso de cientos
de ojos que no parpadean. Se quitan las lágrimas del rostro en la
medida en que brotan, pero las ves y quisieras lamerlas, con
ternura tragarlas y guardarlas en una copita de plata en el esófago.
Son tan claras que irradian luz desde el esqueleto. Parecen el
núcleo del músculo del corazón. ¿Has visto unas manos que no
puedas quitarte de encima? Soy tu amiga y te digo desde una
grieta de la nuca: si pudieras tener esas manos.
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Este tercer volumen de Demoliendo Hoteles se
terminó de editar en el mes de abril del 2024 en
Bayamón, Puerto Rico, acompañado por la
impotencia frente al genocidio del pueblo palestino.
Denunciamos la violencia colonizadora desde
cualquier espejo en que se mire y abrazamos la
poesía como herramienta de restitución.