Leyenda del Río Negro
Quiero destacar la importancia que tiene el río Negro para todos los
habitantes de esta provincia, que desean mostrar y compartir toda su
belleza y esplendor. Es también relevante conocer sus raíces,
tradiciones, historia y leyendas de este fabuloso recurso hídrico que
surca nuestro territorio y deseo compartir en estas líneas la leyenda del
pueblo mapuche, que nos narra el origen del mismo y el porqué de su
nombre, que comparto a continuación:
–Neuquén y Limay eran dos caciques muy amigos. Uno vivía al Norte y
el otro, al Sur. A ambos les gustaba ir a cazar y, casi siempre, lo hacían
juntos. Un día, mientras recorrían la orilla del lago en busca de alguna
presa, escucharon una hermosa melodía. Se dirigieron hacia allí y sus
ojos se deleitaron al descubrir una bella mujer de largas trenzas negras.
“¿Cómo te llamas?”, preguntaron casi al unísono. “Me llamo Raihue”,
contestó la joven, mientras bajaba la cabeza, avergonzada. Ambos
muchachos se enamoraron de Raihue. Y tanto querían su amor que, ya
en el camino de regreso, sintieron que los celos destrozaban su larga
amistad. Los padres de los jóvenes comenzaron a preocuparse.
Neuquén y Limay ya no se frecuentaban tanto como antes. Ni siquiera
iban a cazar juntos.
Entonces, consultaron a una machi (chamana), quien les explicó la
causa de la enemistad. De común acuerdo, los padres propusieron una
prueba a los muchachos.”¿Qué es lo que más te gustaría tener?”,
-preguntaron a Raihue- “Una caracola para escuchar en ella el rumor del
mar”, contestó la bella mujer. “El primero que llegue hasta el mar y
regrese con el pedido de Raihue, tendrá su amor como premio”,
sentenciaron los padres.
Los dioses convirtieron a los jóvenes en ríos, quienes -uno desde el
Norte y otro desde el Sur -comenzaron la larga carrera hacia el lejano
océano.
Mientras tanto, el viento – envidioso por no haber sido tomado en
cuenta – comenzó a susurrar en los oídos de Raihue: “Ellos nunca más
volverán. Las estrellas que caen al mar se convierten en hermosas
mujeres que enamoran a los hombres. Nunca más los volverás a ver.”Al
ver pasar el tiempo sin que sus amantes regresaran, Raihue comenzó a
sentirse muy triste. Tanto era el dolor, que fue al lago y, extendiendo sus
brazos, le ofreció su vida a Nguenechen (el creador del mundo) a
cambio de la salvación de los dos muchachos. Dios concedió el pedido
y transformó a Raihue en una hermosa flor de pétalos rojos. El malvado
viento corrió a contarles a los jóvenes, que esforzadamente,
continuaban su camino hacia el mar. Sopló tan fuerte el viento, que
modificó el curso de los ríos hasta juntarlos en un solo caudal.
Cuando comprendieron que Raihue había muerto de angustia, dejaron
atrás el resentimiento que los había distanciado y se abrazaron
vistiéndose de luto por su amada. Unidos para siempre, siguieron su
recorrido hasta el mar, en honor de la bella Raihue.
Y cuentan nuestros ancestros que vieron tan triste aquel río, tan
sosegado y oscuro, que lo llamaron Curru Leuvú (río Negro). Y hoy
existen de verdad los ríos Limay y Neuquén, que unidos forman el río
Negro desde la confluencia.
Es el más caudaloso de todos los ríos y ocupa el segundo lugar en
relación a todos los ríos de la Patagonia y fluye en dirección Oeste
Sudeste, a lo largo del todo territorio rionegrino, desembocando en el
océano Atlántico.
Las aguas del Currú Leuvú susurran, no siempre son lamentos,
porque, a veces el río suena como la risa de dos amigos que se están
divirtiendo.
Leyenda del colibrí
La leyenda que cuentan los viejos y sabios mayas señala que los
dioses, cuando crearon todas las cosas de la tierra, a cada animal, a
cada árbol y a cada piedra le encargaron un trabajo, pero cuando
terminaron se dieron cuenta que a nadie le habían encargado llevar los
deseos y pensamientos de un lugar a otro.
Como ya no tenían barro ni maíz para hacer otro animal, tomaron una
piedra de jade y tallaron una flecha. Era una flecha muy chiquita,
cuando estuvo lista, soplaron sobre ella y la flechita salió volando. Los
dioses habían creado al ‘x ts’unu’um’, el colibrí.
El colibrí era tan frágil y tan ligero que podía acercarse a las flores más
delicadas sin mover uno solo de sus pétalos, además sus plumas
brillaban bajo el sol como gotas de lluvia y reflejaban todos los colores.
Los hombres trataron de atraparlo para adornarse con sus bellas
plumas, pero los dioses se enojaron y ordenaron: “si alguien lo atrapa,
será castigado”. Es por eso que nunca nadie ha visto un colibrí en una
jaula ni en la mano de un hombre.
Así, el misterioso y delicado pajarito ha podido realizar tranquilo su
trabajo y llevar de aquí para allá los pensamientos de los hombres. La
leyenda cuenta que si te encuentras con esta ave es porque alguien
seguro te manda buenos deseos y amor. Si te desean un bien, él te trae
el deseo; aunque también puede advertirte de un mal deseo.
Leyenda de las cataratas del iguazú
Que hace muchos años habitaba el río Iguazú una gigante y malvada
serpiente llamada Boi. Era tan monstruosa y egoísta que exigía una
ofrenda a todos los pueblos que vivieran en la zona circundante de este
río de “agua grande” (y guasú en guaraní). Los indígenas guaraníes
debían una vez por año sacrificar una bella doncella y entregársela.
Tenían que arrojarla al río para que el animal no les echara sus temibles
maldiciones. Para esta ceremonia se invitaba a todos los miembros de
las tribus de ese origen, pues el río era tan caudaloso que permitía que
varias se desarrollaran.
Fue así que un año una doncella aborigen de largos cabellos y de
nombre Naipí fue elegida para consagrarse al sacrificio. Al mismo
tiempo, llegó al frente de su tribu un joven cacique llamado Tarobá. El
valiente joven, al conocer a Naipí, se enamoró. Y tan grande fue su
amor que Tarobá se reveló contra los ancianos de la tribu.
Desesperadamente, trató de convencerlos de que no sacrificaran a
Naipí. Sin embargo, todo fue en vano. Siempre era más grande el temor
que el pueblo sentía por el monstruo del río que lo mucho que el
discurso sincero de Tarobá pudiera conmoverles.
Entonces, para salvarla, la noche anterior al sacrificio, el joven cacique
llevó a Naipí hasta su canoa e intentaron escapar por el río. En ese
momento, Boi, que todo lo podía ver, se puso furiosa y con su poderoso
lomo partió el curso del río. De esa manera se formaron las Cataratas,
en las que los enamorados terminaron atrapados. Como si eso no fuese
poco, la cruel serpiente decidió separarlos para siempre. Convirtió al
muchacho Tarobá en árboles, esos que hoy podemos ver en la parte
superior de este paisaje misionero. Mientras que la bella Naipí fue
transformada en las potentes caídas de agua de las Cataratas.
Dice la leyenda que Boi sigue sumergida en la Garganta del Diablo,
vigilando que los amantes no vuelvan a unirse. Se cuenta que cada vez
que un arco iris aparece en el horizonte, significa que Tarobá y Naipí
vuelven a estar juntos, al menos por cuanto duren esas luces fantásticas
en el cielo.
Leyenda del cerro de los 7 colores
Cuenta la leyenda que, en un pequeño pueblito de la Provincia de
Jujuy, llamado Purmamarca, rodeado de grandes cerros iguales a todos
los que se conocen en el mundo, a un grupo de niños que se habían
cansado de que todos los habitantes y los paisajes siempre se vieran
tristes y aburridos, se les ocurrió hacer algo para alegrar a su pequeño
pueblo. Les preguntaron a sus padres qué podrían hacer, pero ellos no
supieron que responder, pensando que sus hijos se terminarían
acostumbrando; pero los niños no se dieron por vencidos y decidieron
que juntos solucionarían el problema. Juntaron toda la pintura de color
que encontraron y cada noche salían de la cama y subían a pintar el
cerro. Siete noches repitieron eso y aunque les avisaron a sus padres
que estaban saliendo para colorear el cerro, ellos no les creyeron y
pensaron que sólo estaban soñando.
Los niños pintaron el cerro con todos los colores que habían
conseguido ¡Mientras más colores encontraran, más bello y alegre sería
el cerro! Una noche, uno de los mayores se despertó y no encontró a su
hijo en la cama; se lo dijo a los demás padres y entonces se dieron
cuenta de que ¡estaban todos desaparecidos! Preocupados, decidieron
entonces salir a buscarlos. Cuando ya no sabían en donde buscar, se
acordaron de lo que los niños habían dicho y levantaron la vista al cerro.
Asombrados vieron que el cerro aburrido y triste que rodeaba a su
pueblo ¡Estaba pintado en siete hermosos colores! Vieron a todos los
niños bajar del mismo, llenos de pintura, corriendo, riendo y llenos de
felicidad.
Desde ese día se festeja cada año el día de los siete colores en el
pueblo de Purmamarca y desde ese día el cerro que está rodeando el
pueblo, alegra a sus habitantes y da vida al paisaje con sus siete
hermosos colores.
Leyenda del Amancay
En la orilla derecha del río Manso y hasta su nacimiento en el valle del
Lolol Mahuida (cerro Tronador), vivían los indios vuriloches.
Quintral, hijo del cacique de la tribu, era un muchacho apuesto y
valiente, que acostumbraba recorrer la orilla del río, cazando y
pescando, hasta llegar a Co-carí (lago Mascardí). Fue en uno de esos
paseos donde conoció a una hermosa muchacha india llamada
Amancay.
Al verse, ambos se enamoraron de inmediato. Pero aquél fue un amor
imposible por ser Amancay de origen humilde. Pasó el tiempo, hasta
que un día se desató una epidemia que comenzó a diezmar la tribu. Y
Quintral cayó enfermo. Todos los esfuerzos de los brujos por mejorarlo
fueron inútiles. Enterada Amancay, consultó a una machi (hechicera),
quien le confió el secreto para obtener el remedio. Tenía que preparar
una infusión con una flor que crecía en la cumbre helada del Lolol
Mahuida. Amancay no dudó un instante y se puso en camino, a pesar
de las advertencias de la machi sobre el peligro que corría su vida. El
amor que sentía por Quintral parecía darle una misteriosa fuerza. La
muchacha llegó a la cima del cerro y encontró la flor. Y feliz por haber
logrado su cometido, comenzó el descenso. Pero al pie de una hermosa
cascada vio cernirse sobre ella la amenazante figura del cóndor, que le
exigió que abandonara la preciada flor. Como Amancay se negó, el
cóndor le propuso que le dejara en cambio su corazón. La indiecita,
pensando sólo en su amado, aceptó sin titubear. Y fue así corno el rey
de las cumbres emprendió el vuelo hacia su morada, con el pequeño
corazón entre sus garras. A su paso, gotas rojas teñían el camino.
-Y allí mismo donde éstas caían, florecía una preciosa flor, de varios
pétalos, corno un mensaje de amor pregonado por todos los valles y
montañas del Co-carí y Nahuel Huapí.