Los Impactos de
El Niño en México
editado por
Víctor O. Magaña Rueda
Investigador del
Centro de Ciencias de la Atmósfera
UNAM, México.
Con apoyo de la Dirección General de Protección Civil
Secretaría de Gobernación
Derechos de autor en trámite
Septiembre de 1999
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Agradecimientos
Este trabajo ha sido posible gracias a la valiosa colaboración del Fís. Gerardo Wright, quien
ayudó en la edición y desarrollo de formatos de los textos, así como en la preparación de las figuras.
Agradecemos también el apoyo técnico del Sr. Rodolfo Meza, así como al Fís. Miguel Angel Villanueva,
al L.C.A. Vladimir Hernández y al Dr. Fernando García, por sus comentarios y sugerencias a los
temas tratados.
Las investigaciones realizadas durante este proyecto son en gran medida el resultado de los
apoyos financieros otorgados por CONACyT para el proyecto "Desarrollo de un esquema de diag-
nóstico y predicción de anomalías climáticas en México asociadas al fenómeno El Niño/Oscilación
del Sur"; por el Programa de Apoyos a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica (PAPIIT)
al proyecto IN100697 y por el Instituto Inter Americano para la Investigación del Cambio Global (IAI).
La integración del capítulo 5 fue posible gracias al apoyo del proyecto SIMAC 970106044. Los
datos de pigmentos en el océano fueron utilizados con el permiso del proyecto SeaWiFS (clave
970.2) y DAAC (Distributed Active Archive Center; Code 902) del Centro de Vuelo Espacial Goddard,
NASA.
Agradecemos también el apoyo de la Dirección General de Protección Civil de la Secretaría de
Gobernación, otorgado para la impresión de este libro.
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Instituciones participantes
1 Centro de Ciencias de la Atmósfera, Universidad Nacional Autónoma de México
2 Licenciatura en Ciencias Atmosféricas, Universidad Veracruzana
3 Instituto de Ingeniería, Universidad Nacional Autónoma de México
4 Universidad Autónoma de Baja California Sur
5 Departamento de Física, Universidad de Guadalajara
6 Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada
7 Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, Unidad Guaymas
8 Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, Universidad Nacional Autónoma de México
9 Instituto Nacional de Ecología
10 Departamento de Agrobiología, Universidad Autónoma de Tlaxcala
11 Centro Interdiciplinario de Ciencias Marinas, Guaymas, IPN
12 Centro Regional de Investigación Pesquera de La Paz, IPN
13 Centro Regional de Investigación Pesquera de Guaymas, IPN
14 Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas, La Paz, IPN
15 Instituto de Investigaciones Económicas, Universidad Nacional Autónoma de México
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Prólogo
Incendios forestales fuera de control en México, Centroamérica o Indonesia; desbor-
de de ríos en China; gente evacuada en Alemania por las inundaciones. En el norte del Méxi-
co preocupa la prolongación de la sequía y algunos afirman que ésta ha durado ya por más
de diez años. Al igual que en Perú, las pesquerías se ven afectadas en México. Estas noticias
se repiten cotidianamente, dando la impresión de que estamos metidos en un lío climatológi-
co, donde los culpables son El Niño, La Niña o el Cambio Climático.La realidad es que algo
está pasando y los problemas se empiezan a acumular. Acerca de esto, el Panel
Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC), en su segundo reporte de evaluación
publicado en 1995, establece que: “El balance de las evidencias sugiere la existencia de una
influencia humana discernible en el clima”. Esta afirmación implica que los eventos que es-
tán ocurriendo, o lo que aparece como comportamiento extraño en el clima, se deben en
parte a la acción humana.
El PICC es un organismo internacional instituido por la Organización Meteorológica
Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA),
cuyo propósito es revisar la investigación que sobre cambio climático se realiza en el mundo.
Sus análisis se presentan como informes integrados y coherentes, que son útiles tanto para
investigadores, como para tomadores de decisiones. Sin embargo, para enterarse de lo que
está ocurriendo en el planeta con relación al clima o la variabilidad climática, no es absoluta-
mente necesario leer los voluminosos reportes del PICC. Las noticias y los diarios están
llenos de información sobre el clima y los impactos de sus fluctuaciones: «Bangkok se ha
sobrecalentado 1.2 grados en los últimos 50 años», «los hielos en la Antártida han retroce-
dido 3000 km2 sólo durante 1998», «la primavera llega una semana antes que hace 20 años
a Colorado (EEUU)». Algunos datos son muy reveladores, como por ejemplo: los años 1990,
1995, 1997 y 1998 han sido los más calientes desde 1400. En estas noticias se mezcla
información de fenómenos que corresponden a cambios naturales en el clima, con otra que
sugiere alteraciones al clima por influencia humana. Por ejemplo, el que años recientes sean
más calientes, puede ser un síntoma de cambio climático por causas antropogénicas. Inclu-
so el que los eventos El Niño se presenten con mayor frecuencia a partir de los ochentas en
comparación a periodos anteriores, o que otros eventos como tormentas y huracanes sean
más intensos en la actualidad, son indicadores de un cambio climático.
Quizá no estamos seguros de que los fenómenos climáticos anómalos se deban al
cambio climático global por efecto antropogénico, pero sí sabemos que somos capaces de
perturbar la naturaleza. Los gases de efecto invernadero se están acumulando en la atmós-
fera y sabemos que su efecto es calentar el planeta. Una atmósfera más caliente puede
contener una mayor cantidad de vapor de agua, que además de ser un gas de efecto inverna-
dero, es un transportador muy eficiente de energía. Se puede inferir entonces que el cambio
climático alterará el ciclo hidrológico que controla las precipitaciones. Es por ello que algunos
investigadores atribuyen al cambio climático las alteraciones en el clima que se manifiestan
como eventos El Niño más frecuentes e intensos.
De 1994 a 1996 se desarrolló el proyecto denominado Estudio de País: México, entre
cuyos objetivos estaban: estimar los impactos que el cambio climático tendrá en nuestro
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país, para así poder determinar las regiones más vulnerables a dichos cambios, con el fin de
proponer estrategias de adaptación. Entre los trabajos desarrollados durante 1994 y 1995
destacó el de generar escenarios regionales de cambios climáticos, a partir de los cuales se
evaluarían los impactos de dichos cambios en diversos sectores como la agricultura, la
silvicultura, o el bienestar de la población. El estudio de país representó el inicio de una serie
de trabajos multidisciplinarios para analizar un problema con implicaciones ambientales de
gran importancia para la sociedad, no sólo de México, sino del mundo entero.
Con la ocurrencia de una prolongada sequía en el norte de México, los daños provo-
cados por los huracanes Opal, Roxane o Ismael, o las inundaciones en Tijuana o en Chiapas,
la sociedad mexicana comenzó a hablar más frecuentemente de El Niño, La Niña y el cam-
bio climático. El Niño ocurrido en 1997-98 se convirtió en el gran detonador del interés por
este fenómeno. Para muchos ya no existían dudas de que «El Niño se había ensañado
contra nuestro país», y que «lo había hecho presa de frío en el invierno y las sequías e
incendios forestales en verano y primavera». Quizá uno de los mayores avances en materia
de estudios del clima, a partir del Estudio de País, haya sido el entender que el fenómeno El
Niño es el gran modulador de las variaciones interanuales del clima mexicano. La genera-
ción de escenarios de los cambios a futuro en nuestro clima, mostró la íntima relación entre
los procesos de interacción océano-atmósfera, como El Niño, y las fluctuaciones en precipi-
tación y temperatura.
Conociendo de los efectos negativos de El Niño en nuestro país, el Gobierno Mexica-
no puso en marcha en 1997 acciones de protección civil en el noroeste, para prevenir los
efectos negativos de las lluvias invernales intensas, que se presentan en estos periodos. Tal
acción mostró que, con base en la experiencia de previos inviernos de Niño, era necesario
prepararse. Sin embargo, los preparativos ante la sequía del verano de 1997 y 1998 fueron
muy pocos. La sequía que se presentó en el verano de 1997 y la primavera de 1998 ocasionó
cuantiosas pérdidas en el campo, tanto en agricultura como en materia de incendios foresta-
les. Hoy quedan pocas dudas de que también hay que prepararse ante los impactos negati-
vos de El Niño en verano. Los apoyos al campo entregados en la primavera de 1999 a los
estados más afectados por la sequía, llegaron demasiado tarde y sólo ayudaron temporal-
mente a los más afectados por condiciones extremas en el clima. Quizá durante 1999 habrá
que preparar más fondos de ayuda para los afectados, esta vez por las inundaciones.
Nuestra comprensión del fenómeno El Niño ha mejorado sustancialmente en los últi-
mos años. Incluso nuestra capacidad de pronosticarlo se manifestó cuando predijimos su
evolución con varios meses de anticipación en 1997. Debe recordarse sin embargo, la varia-
bilidad entre un evento de Niño y otro. El Niño de 1991 no fue tan bien previsto, y es que en el
fenómeno y sus impactos intervienen muchos factores adicionales como los vientos alisios,
la temperatura del océano Pacifico ecuatorial o la alberca de agua caliente al sur de Baja
California. En muchas partes del mundo, ya se usan pronósticos a largo plazo con el fin de
planear actividades productivas. En México, se ha establecido un estudio regional del clima
de Tlaxcala con el fin de proporcionar pronósticos a los productores de maíz para así dispo-
ner de una herramienta adicional de planeación. Los pronósticos a nivel regional permiten a
agricultores adecuarse a condiciones extremas del clima, ya sea utilizando variedades de
semillas resistentes a poca agua, calor excesivo o vientos intensos. Pero no sólo la agricul-
tura se puede beneficiar de los pronósticos climáticos. Muchas otras actividades económi-
cas requieren de esta información. Por ejemplo, los pronósticos de probabilidades de even-
tos extremos pueden ser de gran ayuda en materia de protección civil. El saber si en un
cierto año habrá más o menos nortes o huracanes, ayuda a que la población tome medidas
viii
preventivas. Es claro, se trata sólo de pronósticos y como tales tienen una probabilidad de
fallar. En todo caso, el principio de precautoriedad, apoyado por la guía del pronóstico, resulta
de gran valía para: “prevenir, en lugar de lamentar”.
El trabajo conjunto de expertos en diferentes áreas del conocimiento, unidos a través
del tema El Niño, ha dado como resultado este libro que constituye una valiosa contribución al
estudio del clima de México. La meteorología, la oceanografía, la agroclimatología, la pesque-
ría, así como la economía y la sociología, encuentran que El Niño es un vasto campo por
explorar. Esta es una muestra de que para obtener el mayor provecho del conocimiento en
esta área, es necesario impulsar el trabajo interdisciplinario e interinstitucional. El libro “Los
Impactos de El Niño en México”, describe algunas de las formas en que este fenómeno
tropical altera el clima de nuestro país. El material está al alcance de cualquier profesional
dedicado a las ciencias ambientales, incluyendo descripciones de los procesos involucrados
en la detección de la señal El Niño en la atmósfera y el océano. Los capítulos 2 y 3 son sin
duda una muestra de «la riqueza» de nuestro país en materia de variabilidad y procesos
climáticos. Nortes, huracanes, corrientes y remolinos oceánicos, son sólo algunos de los
temas tratados. Por otro lado, las relaciones de estos fenómenos con la agricultura y la
pesca, presentadas en los capítulos 4 y 5 respectivamente, nos permiten concluir que la
variabilidad climática es de trascendental importancia en la vida de muchos mexicanos aun-
que hasta la fecha, haya pocos ejemplos del uso de este conocimiento sobre variabilidad
climática en dichos sectores. Finalmente, el capítulo 6, sobre la economía, la sociedad y el
fenómeno El Niño, constituye un claro ejemplo de los costos que tiene la variabilidad climática.
En esta parte del libro se distingue cuáles pérdidas económicas pueden ser asociadas a El
Niño 1997-1998 y cuáles no. También se trata de cambiar aquella visión de que todo lo malo
que ocurre en México es causa de factores naturales, fuera de nuestro control e inevitables.
El presente volumen es un compendio de información que describe una gran parte de
lo que sabemos acerca del fenómeno El Niño y sus señales en México. Es importante y
original, pues abarca aspectos que van desde la física atmosférica y oceanográfica, pasando
por los impactos en la agricultura y otros sectores, hasta los impactos económicos y su
importancia en la sociedad del país. El libro es serio y riguroso, al no trivializar los aspectos
más complicados del problema, aunque sí hace un esfuerzo importante por ponerlos al al-
cance del mayor número de lectores posibles. Otra de sus virtudes es que presenta un
problema con una visión multidisciplinaria, al dar una visión integrada del fenómeno. La infor-
mación que aquí se presenta permitirá sin duda la reflexión de científicos, estudiantes,
tomadores de decisiones y de aquellos interesados en problemas ambientales y en la impor-
tancia de la variabilidad del clima, así como de sus consecuencias. No se trata de un trabajo
más sobre El Niño y su dinámica en la zona tropical ecuatorial del Pacífico del este. El estar
enfocado en la señal de El Niño en México lo hace un trabajo pionero, que esperemos genere
entusiasmo para seguir avanzando en esta materia, ya que el no tomar medidas de adapta-
ción a la variabilidad climática hará al país más vulnerable.
Finalmente, debe señalarse que la estructura del libro por temas en cada capítulo,
permitirá al lector concentrarse en el área de su interés, con la posibilidad de analizar los
otros componentes para enriquecer su conocimiento del tema, adquiriendo esa visión
multidisciplinaria que el fenómeno El Niño tiene en sí mismo. Hacemos pues una invitación al
lector para que avance en su conocimiento sobre el clima de México y El Niño.
Dr. Carlos Gay
17 de septiembre de 1999
Instituto Nacional de Ecología, SEMARNAP
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Contenido
1. Introducción . . . . . . . . . . . . . 1
El clima y la sociedad . . . . . . . . . . . . 1
El Niño . . . . . . . . . . . . . . 6
La vulnerabilidad ante El Niño . . . . . . . . . . 12
Las ventajas del pronóstico . . . . . . . . . . . 17
2. El Niño y el clima . . . . . . . . . . . . . 23
Climatología de México . . . . . . . . . . . 23
El Niño y el clima de México . . . . . . . . . . . 29
La señal de El Niño en invierno . . . . . . . . . . 29
Los Nortes . . . . . . . . . . . . . . 34
La señal de El Niño en verano . . . . . . . . . . 41
Los huracanes . . . . . . . . . . . . . 47
La Canícula . . . . . . . . . . . . . 56
Hidrología . . . . . . . . . . . . . . 57
El pronóstico estacional de lluvias . . . . . . . . . . 62
3. Oceanografía y El Niño. . . . . . . . . . . . 69
El Pacífico mexicano . . . . . . . . . . . . 69
Los efectos de El Niño en el Pacífico mexicano . . . . . . . 78
El Golfo de Tehuantepec . . . . . . . . . . . 82
El Golfo de California: la frontera norte de la alberca de agua cálida . . . . 85
La costa de Jalisco: un estudio de caso . . . . . . . . . 93
La Alberca de Agua Cálida y el clima mexicano . . . . . . . 97
4. El Niño y la Agricultura. . . . . . . . . . . . 103
El Niño en el sector agrícola . . . . . . . . . . . 103
Efectos . . . . . . . . . . . . . . 107
xi
Contenido
Clima y agricultura . . . . . . . . . . . . 109
Impacto de El Niño en la producción de maíz de temporal . . . . . . 113
Tlaxcala: un estudio de caso . . . . . . . . . . . 117
Pronóstico climático para Tlaxcala . . . . . . . . . . 119
Un modelo de productividad agrícola: CERES . . . . . . . . 123
El Niño y los incendios forestales . . . . . . . . . . 132
5. Las Pesquerías y El Niño . . . . . . . . . . . 137
El sector pesquero . . . . . . . . . . . . 137
La administración pesquera en ambientes variables . . . . . . . 139
Efectos regionales: el ambiente físico . . . . . . . . . 141
Imágenes por satélite de los pigmentos del Fitoplancton en el Pacífico mexicano . . 150
Consecuencias inmediatas . . . . . . . . . . . 164
Efectos a mediano plazo . . . . . . . . . . . 172
El Niño 1997- 98: Una evaluación preliminar . . . . . . . . 175
Problemas y perspectivas . . . . . . . . . . . 177
6. Los aspectos económicos y sociales de El Niño . . . . . . . 181
Impactos económicos de El Niño en México . . . . . . . . 181
Economía y la pesca mexicana . . . . . . . . . . 182
Deforestación e incendios forestales . . . . . . . . . 184
Impactos económicos en la agricultura mexicana . . . . . . . 189
Los efectos de los huracanes . . . . . . . . . . 199
Balance de los costos económicos de El Niño en México . . . . . . 199
Procedimiento para evaluar costos asociados a la variabilidad climática . . . 200
Aspectos sociales de El Niño . . . . . . . . . . 204
Vulnerabilidad, desastres naturales y sociedad . . . . . . . 204
La sociedad mexicana ante los desastres naturales . . . . . . . 206
El caso de El Niño 1997 -98 . . . . . . . . . . . 207
Políticas de estado ante desastres naturales . . . . . . . . 208
xii
Hacia una estrategia de prevención y mitigación de desastres naturales . . . . 209
7. Conclusiones . . . . . . . . . . . . . 213
Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . 219
xiii
xiv
El clima y la sociedad 1
1 Introducción
1 1
Víctor Magaña y Cristina Morales
El clima y la sociedad
Las condiciones extremas en el clima siempre han preocupado a la gente,
principalmente a quienes trabajan en el campo. Periodos de secas han resultado
en cosechas pobres y, en muchas ocasiones, en hambruna y migraciones masi-
vas. Con el rápido incremento de la población en el siglo XX, se requiere que las
actividades agrícolas sean cada vez más eficientes, aun bajo los efectos negati-
vos de las variaciones en el clima.
La escasez de lluvias provoca sequías
agrícolas que pueden convertirse en
problemas sociales como hambruna o
migraciones masivas.
No sólo la agricultura siente los impactos de los cambios que año con año
experimenta el clima. Otras actividades, como la ganadería, la pesca, la genera-
ción de energía eléctrica y las comunicaciones, también se ven afectadas por las
variaciones del sistema climático. Incluso la salud humana puede reflejar los efec-
tos negativos de condiciones meteorológicas extremas. Por ello, resulta funda-
mental tener un mejor entendimiento de los mecanismos que controlan el clima
(Fig. 1.1), para así planear y tomar decisiones en materia de producción agrícola
y pesquera, o en materia de protección civil.
Por otro lado, cada vez es más clara la estrecha relación existente entre
sociedad y medio ambiente, y la necesidad de un manejo de los recursos natura-
les en forma racional. Las políticas de desarrollo sostenible deben considerar las
variaciones en el clima como factor de peso en el desgaste de los ecosistemas,
transformados intensamente por la actividad humana. Los cambios que el hom-
bre impone al medio ambiente, como aumento de los gases invernadero, o cam-
bios en el uso de suelo, pueden modificar ciertos procesos meteorológicos rela-
cionados con la lluvia y la temperatura. Uno de los retos en el estudio del llamado
Cambio Climático es el de distinguir cuáles de las alteraciones que hoy en día
experimenta el clima son de origen natural, y cuáles son de origen antropogénico
[IPCC, 1996].
2
Capítulo 1 Introducción
Fig. 1.1 Elementos del sistema climático
El clima y la sociedad 3
En México, los procesos productivos agropecuarios y forestales, así como
los de desarrollo urbano, tienen una estrecha relación con los cambios del clima.
La transformación de los paisajes y la contaminación han llegado a modificar el
ciclo hidrológico, al cambiar la captación y retención de humedad en la superficie.
Un caso dramático es el de la Ciudad de México, donde la precipitación ha au-
mentado casi 200 mm y la temperatura en aproximadamente 3°C, desde princi-
pios de siglo (Fig 1.2).
años
Fig. 1.2 Temperatura (ºC) y precipitación (mm) media anual en Tacubaya,
Ciudad de México (Datos del Servicio Meteorológico Nacional).
Estudios recientes muestran que la deforestación afecta el ciclo hidrológico
al modificar la evaporación, la humedad en el suelo y los efectos que los árboles
ejercen sobre los vientos (Sud et. al 1996). Una sequía es básicamente conse-
cuencia de las variaciones naturales de la circulación atmosférica pero, si a di-
chas variaciones atmosféricas se añaden los cambios en el uso del suelo, los
efectos negativos en el medio ambiente se pueden amplificar, resultando en falta
de humedad en los terrenos agrícolas y forestales.
4 Capítulo 1 Introducción
En el complejo conjunto de factores que modulan el clima y los cambios del
entorno (muchas veces resultado de la actividad humana), las interacciones entre
componentes resultan en eventos hidrometeorológicos extremos cada vez más
intensos, que son motivo de preocupación entre la población. Los desastres de
origen hidrometeorológico son los que afectan en mayor medida a la población
mundial. Cifras recientes de la Cruz Roja Internacional (1995), correspondientes
al número de afectados por desastres naturales de cualquier tipo (e.g., sismos,
volcanes, huracanes, etc.), muestran que el número de afectados va en aumen-
to, principalmente por el incremento en la población mundial. Lo más interesante,
sin embargo, es que condiciones extremas en el clima, como sucede durante el
llamado fenómeno El Niño o La Niña, parecen provocar que el número de afecta-
dos aumente dramáticamente (Fig. 1.3). Los casos de El Niño de 1982-83, 1986-
87, 1991-92 o de la Niña de 1988 sugieren que el número de afectados aumenta
ante condiciones extremas en el clima.
gente afectada (millones)
ºC
años
Fig. 1.3. Histograma de gente afectada por desastres naturales (datos
de la Cruz Roja Internacional) y anomalías de temperatura superficial
del mar en el Pacífico del este correspondientes a la señal de El Niño
(máximos) o La Niña (mínimos) (línea continua).
La mayoría de los sistemas ecológicos, sociales y económicos son sensibles
a las fluctuaciones en el clima, a veces sin importar si éstas son de gran o mediana
intensidad, o de corta o larga duración. Aunque nuestro conocimiento sobre los
impactos que la variabilidad climática global tiene en México ha aumentado en la
El clima y la sociedad 5
última década, aún es difícil cuantificar los costos, pues los estudios existentes
rara vez toman en cuenta las interacciones entre los sistemas sociales, económicos
y naturales. Por ejemplo, los impactos de El Niño en agricultura son sólo uno más
de los elementos que deben tomarse en cuenta cuando se analiza la eficiencia de
la producción agrícola en nuestro país. Algunos piensan que las mayores pérdidas
en este sector se deben a decisiones equivocadas en política agraria, en
combinación con sequías o inundaciones.
Las prácticas comunes en la agricultura son, en gran medida, resultado del
conocimiento ancestral sobre el clima y el campo. Hoy en día se viven anomalías
en el clima que parecen ser más intensas que las experimentadas años atrás.
Algunos autores sugieren que la ocurrencia de un cambio climático global está
provocando la intensificación del ciclo hidrológico (IPCC, 1996). Las variaciones
en el clima de nuestro país en las últimas décadas parecen confirmar esta afirma-
ción.
La prolongada sequía de la última déca-
da en México parece ser el resultado de cam-
bios climáticos globales. Ante tal situación de-
bemos replantear nuestras estrategias de de-
sarrollo.
Las prolongadas sequías, las ondas de calor y la falta de agua, nos obligan
a establecer nuevas estrategias en actividades de producción de alimentos. Tales
consideraciones deben extenderse a un mayor número de sectores en la socie-
dad, que lleven a procesos de adaptación acordes con los cambios que se expe-
rimentan en el medio ambiente.
Las variaciones que el clima en México exhibe año con año están en gran
medida determinadas por la ocurrencia del fenómeno El Niño (Magaña y
Quintanar,1997). Las sequías a principios de los noventas o las más recientes
(1997-98), así como las inundaciones en el sureste de México, han despertado
gran interés por comprender los factores que modulan nuestro clima (e.g. Maga-
ña et al. 1999). Es por ello que el estudio de la influencia de El Niño en las lluvias,
la temperatura y en la ocurrencia de eventos meteorológicos extremos se ha de-
sarrollado rápidamente con el fin de entender los cambios que están ocurriendo
en nuestro medio ambiente. Ante este panorama, varios científicos hemos decidi-
do conjuntar el conocimiento que se tiene sobre El Niño y sus impactos en Méxi-
co, de tal manera que los diversos sectores afectados por fenómenos climáticos
conozcan con mayor detalle lo que encierra este fenómeno.
Existen muchas interrogantes sobre el tema El Niño y falta mucho por enten-
der, pero nos encontramos en un momento en que el conocimiento adquirido ya
resulta de utilidad para diversos tomadores de decisiones que demandan infor-
6 Capítulo 1 Introducción
mación climática. Como se ha puesto de manifiesto recientemente, el hacer pro-
nósticos a largo plazo es útil para la agricultura y representa un gran avance en
las ciencias atmosféricas.
El Niño
Durante mucho tiempo, uno de los grandes retos científicos ha sido el enten-
der las variaciones climáticas que se producen año con año para poder predecir-
las. En las últimas tres décadas, se ha encontrado que gran parte de dichas fluc-
tuaciones está altamente relacionada con el fenómeno de El Niño - Oscilación del
Sur (Díaz y Markgraf, 1992). Durante el resto del trabajo nos referiremos a este
fenómeno como El Niño.
Varias han sido las denominaciones usadas para describir el calentamiento
que experimentan los mares del Pacífico tropical del este. El término El Niño, el
más aceptado, fue originalmente utilizado para caracterizar una corriente marina
cálida del sur a lo largo de las costas de Perú y Ecuador, que se establece al
aproximarse el periodo navideño; de ahí el nombre, asociado a El Niño Jesús. El
calentamiento en las aguas de la costa del Pacífico sudamericano pronto fue
relacionado con el calentamiento anómalo del Pacífico central y del este, a lo
largo del ecuador (Fig. 1.4), extendiéndose desde la línea internacional del tiem-
po (180 ºW) hasta la costa sudamericana, resultando en graves alteraciones en el
clima global y los ecosistemas.
¿Qué son El Niño y La Niña?
El Niño y La Niña son condiciones anómalas en la temperatura del océano
en el Pacífico tropical del este. Bajo la definición más aceptada, El Niño corres-
ponde al estado climático en el que la temperatura de la superficie del mar está
0.5°C o más, por encima de la media del periodo 1950-1979, por al menos seis
meses consecutivos, en la región conocida como “Niño 3” (4°N-4°S, 150°W-90°W).
De acuerdo a esta definición de Trenberth (1997), en los últimos cincuenta años
han ocurrido doce acontecimientos El Niño. De 1982 a principios de 1999, ocu-
rrieron cuatro Niños en los inviernos 1982-83, 1986-87, 1991-92 (que algunos
definen de 1991 a 1995) y 1997-98, siendo el primero y el último, de los anterior-
mente referidos, los más intensos del siglo XX. En el invierno de 1997-1998 las
anomalías positivas de la temperatura superficial del mar en el extremo oriental
del océano Pacífico ecuatorial llegaron a ser de casi 6 ºC (WMO, junio 1998).
En los 80s y 90s han ocurrido cuatro
eventos Niño en los años 1982-83, 1986-87,
1991-92 y 1997-98. Este último se considera
el más intenso del siglo XX.
El Niño 7
Fig. 1.4. Anomalías de la temperatura de la superficie del mar (ºC)
en agosto de 1997.
En contraste con la gran actividad reciente de El Niño, durante el período
1980-1998 sólo se produjeron tres episodios La Niña, los más recientes en los
años de 1988-89, 1995-96 y en 1998-99.
Se debe decir que la ocurrencia de El Niño o La Niña no es periódica, en
otras palabras, no ocurre un evento de este tipo cada cierto número de años. Por
otro lado, a un evento El Niño no sigue necesariamente uno La Niña o viceversa.
Por ejemplo, se considera que de 1991 a 1995 se vivió el más largo periodo El
Niño. La intensidad de El Niño o La Niña varía de un evento a otro, pudiendo ser
clasificados como fuertes, moderados, débiles, o muy débiles, dependiendo de la
amplitud de la anomalía en la temperatura superficial del mar (Quinn y Neal 1992).
Aun más, se ha encontrado que la actividad Niño o Niña varía en escalas mucho
mayores de tiempo, aproximadamente en forma interdecadal (Trenberth 1997),
siendo en los ochentas y noventas más intensa que antes (Fig.1.5).
8 Capítulo 1 Introducción
mb
ºC
años
Fig. 1.5 Series de tiempo suavizadas del Indice de la Oscilación del Sur (línea
punteada) y de las anomalías de la temperatura de superficie del mar en la
región Niño 3.4 (línea sólida).
La dinámica de El Niño involucra procesos por medio de los cuales el océano
Pacífico tropical se ajusta activamente al debilitamiento de los vientos alisios.
Pero, ¿ qué causa ese cambio de intensidad en los vientos de un año a otro? Aun
no existe una respuesta definitiva.
Para entender la complejidad inherente a los cambios en el clima, hay que
recordar que los primeros intentos por entender tales cambios se dieron durante
el siglo pasado, cuando el científico inglés Gilbert Walker (1868-1958) trabajó en
el estudio del fenómeno conocido como el Monzón de la India (Fein y Stephens
1987). Sus observaciones mostraron que en años cuando la presión en superficie
de Australia era en promedio más baja de lo normal, en el océano Pacífico central
(Tahití) era más alta. Esta especie de «sube y baja» en la presión, con periodos
de dos a cuatro años, se denominó Oscilación del Sur. La diferencia entre la
presión de ambos puntos se conoce como Indice de la Oscilación del Sur (Fig.
1.5).
No fue sino hasta los años sesentas cuando el meteorólogo Jacob Bjerknes
(1969) estableció que la Oscilación del Sur y la corriente El Niño son parte de un
mismo fenómeno climático que involucra interacciones entre la atmósfera y el
océano Pacífico tropical. Posteriormente, se encontró que las señales de la ocu-
rrencia del fenómeno El Niño no se limitan a las regiones tropicales del océano
Pacífico, sino que afectan lugares tan distantes como Norteamérica o Sudáfrica
(Ropelewsky y Halpert, 1989).
El Niño 9
A partir de investigaciones recientes, se sabe que en condiciones normales
el océano Pacífico tropical es recorrido por vientos dominantes que vienen del
este, denominados alisios. Tales vientos tienden a acumular el agua tropical más
caliente en el lado oeste del océano Pacífico es decir, en la región de Indonesia
(Fig. 1.6a). Por ser la temperatura de superficie del mar elevada ( >28°C) en esta
región, el aire es más ligero, creando una atmósfera inestable en la que se pre-
senta gran convergencia de humedad, formación de nubes y lluvias intensas
(Webster 1994).
Fig. 1.6 Diagrama
que representa la
circulación atmos-
férica tropical y las
condiciones medias
del océano Pacífico
durante a) un año
normal y b) un año
El Niño.
10 Capítulo 1 Introducción
El Pacífico tropical del este es en general más frío (< 27°C) que el del oeste.
Ahí se mezclan masas de agua caliente y fría, y ocurren surgencias que traen a la
superficie nutrientes del fondo del océano, razón por la cual algunas de las pes-
querías más ricas se encuentran frente a las costas de Perú. Sin embargo, la
presencia de estas aguas relativamente frías, condiciona la formación de nubes
bajas, llamadas estratus, frente a las costas de Ecuador a Chile, que producen
pocas lluvias.
Durante años El Niño, los vientos alisios en el Pacífico se debilitan y las
aguas más calientes del Pacífico tropical se esparcen a lo largo del Ecuador
(Fig.1.6b), por efecto de una onda oceánica ecuatorial del tipo Kelvin. Aunque no
parece un gran aumento en la temperatura del mar (~2°C), la cantidad de energía
(calor) involucrada sí lo es, al punto de poder alterar los patrones de convección
profunda, la formación de nubes cúmulus de gran altura y con ello el calor que se
transporta a la atmósfera. El desplazamiento de esta fuente de calor atmosférica
(las nubes cúmulus) produce cambios en el clima global (WMO,1999).
Con la aparición de una zona de agua caliente en el Pacífico central y del
este se producen precipitaciones intensas sobre esta parte de los trópicos. Tal
corrimiento en los patrones de lluvia no se debe a mayor evaporación in situ, sino
a la mayor convergencia de humedad. Con tales cambios, donde antes llovía
poco (por ejemplo, en Perú y Ecuador), ahora se producen lluvias intensas e
incluso inundaciones; mientras que donde antes llovía mucho, llueve menos e
incluso, se producen sequías, como en el Pacífico del oeste (Indonesia o norte
de Australia). Por ello, El Niño provoca en la región del océano Pacífico tropical
oriental lluvias torrenciales y concentradas, que ponen en grave riesgo la seguri-
dad de la población, dañan las tierras de cultivo, perjudican asentamientos huma-
nos e industriales, destruyen obras civiles afectando de manera negativa a varios
sectores de la economía regional.
En años de El Niño llueve
más en regiones donde
generalmente llueve poco
(Perú, Etiopía), mientras que
llueve menos en donde antes
llovía mucho (Indonesia,
Centroamérica).
El Niño puede alterar el clima de regiones distantes a las costas del Pacífico
oriental. Por ejemplo, su influencia se siente en el noreste del Brasil, donde se
producen sequías intensas, con impactos negativos en agricultura. También en
Australia, la agricultura y la ganadería resultan afectadas por la sequía.
El Niño 11
Al parecer, La Niña provoca, al menos en los trópicos, eventos climáticos
contrarios a los experimentados durante El Niño. Por ejemplo en Australia o
Indonesia, en vez de las sequías que se producen durante El Niño, llueve más de
lo normal. Sin embargo, aún no es claro que los efectos en el clima de otras
latitudes sean «simétricos» entre periodos de Niño y Niña. Aún más, aunque se
sabe que el clima durante años de Niño tiende a ser anómalo en ciertas direccio-
nes (más o menos lluvias, calor o frío), hay grandes variantes en las respuestas
climáticas de un año El Niño a otro, especialmente a nivel regional, por lo que se
habla de la no-linearidad del sistema océano-atmósfera (Kumar y Hoerling, 1997).
Tal condición genera en ocasiones algunas fallas en los modelos de regresión
lineal, por lo que frecuentemente se debe recurrir a modelos dinámicos para com-
plementar los esquemas de pronóstico.
El Niño es un fenómeno natural del
sistema climático y no una amenaza
apocalíptica. Desde siempre ha existido
aunque al parecer cambia su frecuencia
e intensidad entre décadas.
Pero aun cuando es a través de situaciones climáticas extremas que la so-
ciedad reconoce la presencia e influencia de El Niño en la vida diaria, los proce-
sos por medio de los cuales un fenómeno ambiental de este tipo repercute en la
sociedad, son en ocasiones tan complejos como la dinámica misma del fénomeno.
De ahí que el manejo alarmista que algunos medios de comunicación dan al tema
resulta totalmente inadecuado. No todos los males del mundo son producto de El
Niño, como algunos dicen, pero tampoco somos ajenos a su influencia. Por lo
tanto, no se debe pensar que el fenómeno de El Niño es una amenaza apocalíptica
que va a terminar con la humanidad. En realidad tal tipo de variabilidad climática
ha existido siempre, y tanto los seres humanos como los ecosistemas se han
adaptado a ella. Quizá hoy, fenómenos como El Niño causan más preocupación
por afectar a más personas ya que el desmedido aumento de la población ha
obligado a establecer asentamientos en zonas vulnerables a estos eventos natu-
rales. Así, la posibilidad de que un huracán cause daños a la población es mayor
al existir más gente viviendo en laderas de cerros o en lechos aparentemente
secos de ríos (Magaña, et. al., 1998). El huracán Paulina en 1997 fue un claro
ejemplo de este problema.
12 Capítulo 1 Introducción
La vulnerabilidad ante El Niño
El fenómeno El Niño, que empezó en la primavera de 1997, constituye un
caso más de cómo las variaciones en el clima pueden afectar a la población mun-
dial (Fig. 1.7). El aumento de la temperatura en Mongolia, alcanzando 42°C, la
precipitación en Kenia por encima de lo normal, las inundaciones de Europa cen-
tral, la fuerte temporada monzónica en Madagascar, así como las sequías en
Indonesia y regiones cercanas, parecen haber tenido un origen común: El fuerte
Niño de 1997-98. En algunos aspectos, éste superó la devastación de su prede-
cesor de 1982-83, cuando se estima que los impactos de El Niño provocaron
directa o indirectamente la muerte de 2 mil personas en todo el mundo y daños
por aproximadamente 13 mil millones de dólares (Suplee 1999).
Se estima que por causa de El
Niño de 1982-83 murieron 2 mil
personas en todo el mundo y las
pérdidas materiales ascendieron a
casi 13 mil millones de dólares.
En nuestro país el fenómeno El Niño tiene serias repercusiones. De manera
general podemos decir que las lluvias de invierno se intensifican y las de verano
se debilitan. En la zona centro y norte del país se incrementan los frentes fríos en
invierno, en tanto que en verano aparece la sequía y disminuyen el número de
huracanes en el Atlántico, Mar Caribe y Golfo de México (Magaña, et. al.1998).
Pero son muchas más las formas en que El Niño afecta a México y que se descri-
ben en el presente trabajo.
Hoy sabemos más sobre cómo se manifiesta El Niño en el mundo, pero falta
mucho para poder cuantificar el costo de este fenómeno en cada país. Los estu-
dios existentes son limitados, y en la mayor parte de los casos no toman en cuen-
ta las interacciones entre medio ambiente y sociedad. Por ejemplo, en México El
Niño de 1997 provocó importantes cambios en la distribución y abundancia de las
lluvias, y de acuerdo a economistas, esto ocasionó pérdidas de más de 2 mil
millones de toneladas de granos básicos, además de daños materiales por cerca
de 8 mil millones de pesos. La severidad de la sequía fue tal, que cerca de 2
millones de hectáreas sembradas con diversos granos básicos se vieron afecta-
das. En combinación con los daños causados por el huracán Paulina, los perjui-
cios a la agricultura mexicana provocaron que las importaciones de maíz y sorgo
alcanzaran 4,716 millones de toneladas. A esto se debe añadir el gran número de
gente afectada por la sequía que tuvo que emigrar de sus tierras.
La vulnerabilidad ante El Niño
H uracan es Inc endios Vid a M arina
Inund aciones Seq uías Aves m arinas
E nferme dades de En ferm eda des
E ro sión Co ra les
origen m arino de tra nsm isión
de C ostas
13
por vector
Fig. 1.7. Mapa de la distribución de algunos impactos de El Niño en el mundo.
14 Capítulo 1 Introducción
Ante la evidente vulnerabilidad de nuestro país, tanto en su parte económica
como social, resulta cada vez más urgente desarrollar sistemas de planeación
que eviten o disminuyan los impactos negativos por condiciones extremas en el
clima, como las sufridas en el año 1997.
El Niño de 1997 provocó cambios en la distribución y abun-
dancia de las lluvias, ocasionando la pérdida de 2 mil millones
de toneladas de granos básicos que tuvieron que ser importa-
das a un alto costo.
Algunas naciones avanzadas en los estudios de los impactos regionales de
El Niño, establecen planes de acción ante el pronóstico de este evento. Por ejem-
plo, en Australia se cambia el tipo de semillas empleadas para hacer los cultivos
más resistentes a condiciones de sequía. En los Estados Unidos el fenómeno de
El Niño afecta las cotizaciones de granos o harina de pescado en la bolsa de
Nueva York, incluso las compañías aseguradoras invierten en pronósticos climáticos
para establecer las primas de los seguros.
En la actualidad, la variabilidad del clima tiene un importante lugar en el
contexto del desarrollo económico, por lo que es cada vez más necesario hacer
uso de pronósticos del clima. La posibilidad de estimar las anomalías en lluvias o
temperaturas abre espacios adicionales de planeación ambiental, económica y
social. Ante un fenómeno como El Niño, los riesgos que se tienen son calculados
para ampliar el margen de acción en el diseño de programas de adaptación. En
México ya se dan los primeros pasos en esta dirección. La Secretaría de Gober-
nación publicó en noviembre de 1997, una lista de acciones a tomar ante la pre-
sencia de El Niño y sus posibles efectos en el noroeste de México. Los pronósti-
cos de lluvias de verano se distribuyeron entre agricultores de Tlaxcala.
La dependencia humana del medio ambiente y los estragos que los cambios
del clima ocasionan en nuestros sistemas de producción y generación de bienes-
tar son evidentes. «Los países que experimentan tasas de crecimiento bajas, un
rápido aumento en su población y una degradación continua de sus sistemas
ecológicos son cada vez más afectados por las variaciones climáticas, convirtien-
do algunos eventos meteorológicos en desastres naturales» (IPCC, 1997). En
este contexto es que se puede definir la vulnerabilidad de países y regiones, o de
los sistemas sociales.
La vulnerabilidad ante El Niño 15
Los países que experimentan tasas
bajas de crecimiento , un rápido aumento
en su población, y una degradación
continua de sus sistemas ecológicos, son
cada vez más afectados por las
variaciones climáticas, convirtiendo
algunos eventos meteorológicos en
desastres naturales (IPCC, 1997).
En México son considerables las pérdidas socioeconómicas que se ligan a
las variaciones climáticas estacionales e interanuales, particularmente aquellas
asociadas con el fenómeno El Niño. La mayor parte de la producción de alimen-
tos se da en regiones frágiles, altamente sensibles a malas políticas de uso del
suelo, disminución en la disponibilidad del agua o inundaciones, que agravan los
problemas socioeconómicos de la población. Para reducir los daños que se origi-
nan por fenómenos hidrometeorológicos intensos, es necesario que se cuente
con mejor infraestructura para el adecuado drenaje de los escurrimientos y pro-
tecciones contra el desbordamiento de los cauces. También es necesario que la
población tome conciencia de los peligros a que está expuesta y de las medidas
que puede tomar para reducir su vulnerabilidad.
En gran medida, la
vulnerabilidad de la población a
fenómenos hidrometeorológicos
está asociada a asentamientos
humanos irregulares.
Por lo anterior, hoy se analizan y proponen mecanismos de respuesta regio-
nal ante eventos meteorológicos extremos, con el objeto de asegurar la estabili-
dad, intentando disminuir su vulnerabilidad. La comprensión de las condiciones
de vulnerabilidad en un contexto medio ambiente-sociedad en una ciudad repre-
senta la clave de posibles soluciones.
Garza, M. y Rodríguez, D. (1998) establecen que «...por extraordinarios que
sean los fenómenos naturales, no son en sí mismos un desastre. Un terremoto en
una zona despoblada no genera ningún efecto social. Más bien, el desastre es el
resultado de la conjunción de determinados fenómenos y la capacidad de los
soportes físicos construidos por la sociedad para amortiguar sus efectos».
16 Capítulo 1 Introducción
En este sentido, los medios de comunicación juegan un papel trascendente
al ser responsables de difundir información suficiente o adecuada de los proble-
mas de fondo ante un evento climático extremo, permitiendo que la sociedad
conozca las dimensiones y efectos reales del fenómeno, así como los mecanis-
mos de respuesta.
La vulnerabilidad de un país ante eventos muy fuertes de El Niño, está en
relación inversa con:
i) la difusión y comprensión de eventos climáticos extremos,
ii) la capacidad técnica para aplicar medidas preventivas, y
iii) la disponibilidad de recursos financieros para aplicar estas medidas.
El Niño 1997-98 fue uno de los eventos climáticos más estudiados en su
origen y evolución, siendo quizá el más intenso del que se tiene registro. Muchos
países tomaron acciones preventivas ante los posibles impactos negativos, pero
también para aprovechar los efectos positivos. Los usos potenciales de la infor-
mación anticipada fueron casi ilimitados. Por ejemplo, los productores de café en
Kenia enfrentaron una mayor demanda de este producto cuando la sequía afectó
a las cosechas de Brasil e Indonesia. La disminución en la producción de aceite
de palma en Filipinas durante El Niño, se convirtió en oportunidad para otros
productores. Por ello, los países que se anticipan a estos acontecimientos pue-
den llenar los vacíos del mercado y prosperar.
En Perú, la construcción de refugios y la acumulación de suministros para
casos de emergencia salvaron cientos de vidas durante 1997 y 1998. Gracias a
las advertencias, la ayuda internacional llegó a tiempo a lugares como Papua
Nueva Guinea, donde la amenaza de hambruna se cernía sobre las poblaciones
de tierras altas, afectadas por las heladas y sequías que se combinaron para
destruir las cosechas de subsistencia. Muchas áreas afectadas pudieron prepa-
rarse para las inundaciones o incendios, la migración de la población o la propa-
gación de enfermedades (Suplee, 1999).
El conocimiento de los impactos de El Niño
representa una oportunidad para muchos
países. Conocer las variaciones de la
producción agrícola en otras regiones, así
como las condiciones extremas del clima,
permite planear parte de la economía agrícola.
Las ventajas del pronóstico 17
En la búsqueda de soluciones en México, la Secretaría de Gobernación ha
diseñado el Atlas Nacional de Riesgos, donde se describe a los fenómenos
hidrometeorológicos como los que mayor daño han causado a nuestro país
(Delgadillo, 1996). Sin embargo, poco énfasis se ha puesto en el papel de El Niño
como un riesgo, despreciando sus relaciones con eventos como la frecuencia de
ciclones tropicales, inundaciones, sequías, tormentas de granizo o nevadas. Por
esta razón, se ha decidido presentar un análisis de los impactos que este fenó-
meno tiene en México, no para que El Niño sea contemplado como un riesgo
adicional, sino para ser entendido en su real magnitud y para diseñar estrategias
de adaptación ante su ocurrencia.
Las ventajas del pronóstico
Los ciclones tropicales o tormentas intensas cobran importancia en la socie-
dad y en la economía cuando entran a tierra, ya que la combinación de fuertes
vientos y lluvias torrenciales tiene efectos devastadores. En general, son las pér-
didas humanas y económicas las que se cuantifican para establecer la vulnerabi-
lidad de una sociedad ante fenómenos de origen hidrometeorológico. A partir de
datos estadísticos y modelos físicos, los científicos y planeadores han podido
reconocer las relaciones entre variables meteorológicas y la forma de los impac-
tos, lo que permite determinar estrategias de adaptación. El uso de modelos de
predicción climática ha permitido promover acciones de mitigación, que resultan
en servicios de emergencia preparados tanto para la prevención de los impactos,
como para la atención de los afectados por el siniestro, porque sólo al conocer los
tiempos e intensidad de los fenómenos, se puede preparar a la población
(WMO,1998). El impacto de los huracanes en Estados Unidos, México o Centro-
américa, es una muestra de las características y los grados de vulnerabilidad de
la población ante fenómenos hidrometeorológicos extremos. En cada una de es-
tas regiones, los efectos negativos ante huracanes (e.g. muertos) varían en un
orden de magnitud.
Son las pérdidas humanas y
económicas las que se cuantifican
para establecer la vulnerabilidad de
una sociedad a fenómenos de ori-
gen hidrometeorológico.
18 Capítulo 1 Introducción
Todo pronóstico tiene cierto grado de incertidumbre. En principio, sólo es
posible pronosticar de forma determinista las condiciones de la atmósfera a me-
nos de quince días. En las predicciones a corto plazo (uno o dos días) se desea
conocer en qué regiones del país lloverá o hará frío, dando valores precisos a
cada una de las variables en el espacio y el tiempo. En las de largo plazo, se trata
de determinar cuál es la probabilidad de que las condiciones climáticas medias en
una región del planeta se vean alteradas en un cierto porcentaje. Es así que en
predicciones del clima se habla de anomalías en lluvias o temperatura, o sea, de
valores por encima o debajo de la media (Magaña, et. al., 1998).
Hasta hace un tiempo, la mayor parte de los trabajos en el campo de la
predicción climática se basaban en estadísticas climáticas de los últimos treinta
años o más. Recientemente, los métodos de predicción incluyen el uso de mode-
los numéricos que dan un sentido más físico a la estadística, explicando los even-
tos de Niño como resultado de procesos de interacción entre los componentes del
sistema climático. La combinación de técnicas estadísticas y dinámicas, así como
el avance en el estudio de sistemas dinámicos, amplía la gama de posibilidades
para realizar pronóstico. El aumento en la cantidad y calidad de las observacio-
nes permite ahora contar con mejores diagnósticos y pronósticos del clima.
Fig. 1.8.- Arreglo de boyas para la atmósfera y el océano tropical
en el Pacífico, así como regiones Niño (tomado de NOAA).
Las ventajas del pronóstico 19
El estudio físico de las anomalías climáticas, ha llevado a implementar cam-
pañas de observación mediante las cuales los datos medidos y los modelos ma-
temáticos son comparados. Hoy se cuenta con redes de observación como la del
sistema Océano-Atmósfera Tropical (TAO, por sus siglas en inglés), integrado por
70 boyas ancladas y distribuidas en el Pacífico ecuatorial (Fig.1.8), que constituye
el principal sistema de advertencia en el mundo, en cuanto se refiere a los cam-
bios climáticos en el océano tropical. Estas boyas han aportado en años recientes
información completa en tiempo y espacio sobre las anomalías de vientos, tem-
peratura superficial del mar y cambios de la termoclina que caracterizan a El Niño.
Para el caso especifico de El Niño de 1997, el banco de datos comprendido en el
periodo de diciembre de 1996 a diciembre de 1997, facilitó la descripción y pro-
nóstico de la propagación de las ondas oceánicas hasta una profundidad de
500 m (CLIVAR, 1999).
Por otra parte, el uso de los satélites continúa siendo un recurso de gran
valía en el monitoreo de sistemas convectivos intensos (como huracanes, ciclo-
nes de latitudes medias, etc.). En épocas recientes, la capacidad de observar
nuestro planeta se ha visto sustancialmente aumentada al entrar en funciona-
miento satélites que detectan cambios en la temperatura superficial del mar, ve-
getación continental y producción primaria en los océanos. Por ejemplo, el satéli-
te TOPEX/Poseidon, de una misión franco-estadounidense, que fue puesto en
órbita en 1992 a una altitud de 1,336 km, mide el aumento del nivel de la superfi-
cie del mar y transmite información acerca de la circulación oceánica, incluyendo
las enormes ondas Kelvin y Rossby que van y vienen por todo el Pacífico resul-
tando entre otras cosas, en El Niño.
Con los datos las boyas de la red TAO, del satélite TOPEX/Poseidón y una
variedad de modelos dinámicos, los científicos cuentan ahora con información
que les permite desarrollar y validar teorías sobre lo que ocurre, tanto durante
condiciones climáticas normales, como durante los cambios marítimos que anun-
cian las llegadas de El Niño y de La Niña.
Los desarrollos recientes en materia de pronóstico de El Niño abren la posi-
bilidad de estimar algunas anomalías en el clima a nivel regional y con ello, un
espacio de planeación en materia ambiental, e incluso económica y social. La
implementación de políticas que toman en cuenta el factor clima, ya son una
realidad en los países más afectados por El Niño.
La implementación de políticas que
toman en cuenta pronósticos del clima,
ya son una realidad en los países más
afectados por El Niño
20 Capítulo 1 Introducción
La capacidad de adaptación de un país ante condiciones adversas en el
clima depende de los avances tecnológicos, los arreglos institucionales, la dispo-
nibilidad de información y recursos financieros con que cuente. Por ejemplo, en
los Estados Unidos el fenómeno El Niño se enfrenta con una visión amplia que
incluye reconocer los impactos negativos y positivos, tanto económicos como
sociales. Es con esta visión que se instrumentan programas de acción que inte-
gran a toda la población. Los científicos realizan estudios permanentes, que son
utilizados por los responsables de protección civil para preparar actividades de
información y auxilios en casos de desastres (CLIVAR,1999).
Debe recordarse el caso de las
sequías e incendios forestales de
1982-83 registrados en México y Cen-
troamérica, cuyos costos se estima-
ron en más de 600 millones de dóla-
res.
Dado que el factor económico y de infraestructura determina en gran medida
la capacidad de adaptación, los países en desarrollo son generalmente los más
vulnerables. Por ello, en estos países es más importante desarrollar planes de
adaptación, ya que los costos de remediar los daños por condiciones meteoroló-
gicas y climáticas extremas son por lo general varios órdenes de magnitud mayo-
res a los de acciones de prevención. Baste recordar el caso de las sequías e
incendios forestales de 1982-83 registrados en México y Centroamérica, cuyos
costos se estimaron en más de 600 millones de dólares. Lo más importante es
aplicar el principio de precautoriedad, aumentando las medidas de protección.
No es necesario esperar a conocer perfectamente todos los detalles de al-
gún proceso climático para realizar pronósticos y hacer uso de ellos. Sin embar-
go, es importante conocer cuáles son las limitaciones de tales pronósticos, para
no crear falsas expectativas. Aunque existe una gran necesidad de saber con
suficiente anticipación si habrá más huracanes afectando las costas mexicanas,
lo más que podemos decir es si esperamos más sistemas de este tipo, pero de
ninguna manera se puede pronosticar el embate de otro huracán como Paulina
para un cierto día.
Las perspectivas de aprovechar la información climática en el siglo XXI son
grandes. México y el resto de la comunidad internacional deben reconocer los
avances científicos en materia ambiental para utilizar de manera responsable los
recursos con los que cuentan. Ya no es aceptable seguir considerando a los hura-
canes o a El Niño como feroces enemigos que se empeñan en destruirnos, sino
como fenómenos naturales con los que siempre viviremos y a los que hay que
adaptarse con estrategias de desarrollo adecuadas.
Las ventajas del pronóstico 21
En este trabajo sobre El Niño, se trata de establecer en qué medida este
fenómeno realmente afecta a México. Sólo mediante un análisis científico se pue-
de concluir en qué grado los problemas ambientales de nuestro país son causa-
dos por el Niño, para evitar usarlo como «chivo expiatorio» de todos nuestros
males.
22
Climatología de México 23
2 El Niño y el clima
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Climatología de México
Por su ubicación geográfica, la República Mexicana es afectada por sistemas
meteorológicos de latitudes medias durante el invierno, y por sistemas tropicales en
el verano. Parte importante de la dinámica de una atmósfera subtropical como la
mexicana, son las interacciones entre trópicos y extra-trópicos, que ayudan a enten-
der los cambios que experimenta el tiempo día con día. Los llamados «Nortes» son
una manifestación de dicha interacción entre trópicos y extratrópicos. Otro elemento
importante al analizar la dinámica atmosférica mexicana son los factores de frontera
como la topografía, el uso de suelo y la presencia de mares, que en gran medida
determinan el tipo de clima que se experimenta regionalmente.
El clima mexicano se debe estudiar considerando procesos de interacción océa-
no-atmósfera-continente. La existencia de procesos como la canícula de verano,
es una muestra de la importancia de estas interacciones, principalmente en regio-
nes como el sur de México y Centroamérica (Magaña et. al. 1999).
Para entender los cambios del
clima de una región a otra es
necesario analizar la interacción
de la atmósfera con el océano y la
orografía, al igual que las
características del uso del suelo.
Por extenderse desde regiones tropicales hasta latitudes medias, y debido a lo
complejo de su topografía, en México se tienen una gran variedad de climas, que
van desde los cálidos, con temperaturas medias anuales mayores a 32ºC, hasta los
fríos, con temperaturas menores a 10ºC. Sin embargo, las temperaturas medias de
superficie varían en el 93% del territorio nacional entre 10ºC y 26ºC (INEGI, 1999).
Este porcentaje comprende climas cálidos-subhúmedos en 23% del territorio nacio-
nal; secos en el 28%, muy secos en el 21% y templados-subhúmedos en el 21%.
24 Capítulo 2 El Niño y el clima
En invierno se alcanzan los mínimos de temperatura, principalmente en la re-
gión norte y en las zonas montañosas (Fig. 2.1a), ocurriendo incluso nevadas en
algunas sierras. Los veranos en las zonas semiáridas son extremosos, con tempe-
raturas que alcanzan con frecuencia los 40° C o más (Fig. 2.1b). Los años recientes
han sido considerados como los más cálidos en el mundo, al parecer por los efectos
del calentamiento global. México no ha escapado a esta tendencia y en 1997 y 1998
se registraron temperaturas record en casi todo el país, y en particular en la Ciudad
de México (Fig. 1.2).
a)
Fig 2.1a Climatología (1958-1999) de invierno de
la temperatura media de superficie
Climatología de México 25
b)
Fig 2.1b Como 2.1a, pero para verano
Aunque llueve en invierno (Fig. 2.2a), las lluvias más intensas ocurren en vera-
no, y de forma general se puede decir que la temporada de lluvias en México comien-
za entre mayo y julio (Fig. 2.2), terminando entre septiembre y octubre, dependiendo
de la zona de interés. Por otra parte, el invierno se caracteriza por condiciones secas
en la mayor parte del territorio, excepto en el noroeste y en la vertiente del Golfo de
México. Por el hecho de presentarse lluvias durante el verano (Fig. 2.2b) en la mayor
parte del país y condiciones mayormente secas durante el invierno (Fig. 2.2a), se
habla de que México tiene un clima monzónico.
26 Capítulo 2 El Niño y el clima
a)
Fig. 2.2a Climatología (1958-1999) de precipitación en invierno (mm/día)
En términos de dinámica atmosférica, en el período de invierno se presentan
ciclones de gran escala en latitudes medias que afectan el norte del país y que en
ocasiones se propagan hacia el sur, sobre el Golfo de México y el sureste, provocan-
do bajas de temperatura y en ocasiones lluvias desde Veracruz, hasta Yucatán, que
pueden incluso alcanzar Centro América.
Climatología de México 27
b)
Fig. 2.2b Como en 2.2 a, pero para verano
Las lluvias de verano están asociadas a una mayor variedad de estructuras
meteorológicas entre las que destacan:
i) La Zona Inter-Tropical de Convergencia (ZITC),
ii) El monzón mexicano,
iii) Las ondas del este y
iv) Los huracanes en el Pacífico, el Caribe y Golfo de México.
28 Capítulo 2 El Niño y el clima
Como parte del ciclo anual de las lluvias de verano, en la región centro-sur de
México y hasta Centroamérica, aparecen dos máximos en la precipitación de vera-
no, uno en junio y otro en septiembre. Por tanto, existe un mínimo relativo entre julio
y agosto (Fig. 2.3) conocido como sequía intraestival, sequía del medio verano, caní-
cula o veranillo, dependiendo de la región o país donde se experimente (Magaña et.
al. 1999).
Durante julio y agosto, tal mínimo de precipitación corresponde a una menor
cantidad de nubes convectivas profundas, lo que permite la mayor incidencia de
radiación solar y por lo tanto una mayor temperatura de superficie que la gente
asocia con el calor agobiante de la canícula. Tal característica del ciclo anual pare-
ce ocurrir sólo en la región del Pacífico mexicano, donde se forma una alberca de
agua caliente que favorece la formación de nubes profundas. Esta alberca de agua
caliente juega un papel fundamental en la dinámica del clima de México y Centro
América (ver Cap. 3).
Fig. 2.3 Climatología quincenal de la precipitación (mm/2 semanas)
en subdominios de 5°X5° (adaptado de Magaña et al 1999).
Gran parte de la dinámica atmosférica de verano en México está relacionada
con la presencia de la Zona Inter Tropical de Convergencia (ZITC) en el Pacífico del
este. La posición, intensidad y densidad de la convección profunda en esta región
puede resultar en periodos de fuertes lluvias o severas sequías para México. Es en
esta zona donde también tiene lugar la mayor actividad ciclogenética del planeta,
formándose huracanes intensos. La variabilidad de la estructura espacial de la ZITC
ha sido poco estudiada (Zhang 1993). Sin embargo, se sabe que la ZITC experimen-
ta periodos de intensa y débil actividad convectiva, a veces modulados por el paso de
ondas tropicales (Magaña y Yanai 1995).
La señal de El Niño en invierno 29
El Niño y el clima de México
Las lluvias son parte fundamental de la vida. El exceso o falta de precipitacio-
nes afecta de manera evidente los patrones de conducta de los seres humanos. Es
por ello que desde siempre ha existido un gran interés en pronosticar estaciones de
precipitación abundante o escasa. En México, las actividades agrícolas son las más
afectadas por extremos en las características de la época de lluvias (Florescano,
1980). La ocurrencia de sequías en nuestro país ha resultado en serios problemas
socio-económicos, como en el norte de México durante la década de los noventa.
Por esta razón, el reto de pronosticar las lluvias ha inquietado a los especialistas del
clima por mucho tiempo (Jáuregui, 1977).
Desde hace algunos años, se sabe que el fenómeno de El Niño afecta las
lluvias en México (Magaña y Quintanar 1997). Por ejemplo, Mosiño y Morales (1988)
encontraron que el fenómeno de El Niño tiene grandes repercusiones en la precipi-
tación en el centro del país. Otros trabajos han confirmado el papel que juega El
Niño, no sólo en las lluvias de verano, sino también en las de invierno (Cavazos y
Hastenrath, 1990).
De manera general, se puede decir que las lluvias de invierno se intensifican
durante años El Niño en el noroeste y noreste de México, mientras que disminuyen
hacia la parte sur (Magaña, et. al. 1998). Los inviernos de Niño resultan más fríos en
casi todo el país. Por otra parte, los veranos de Niño son más secos y cálidos que los
veranos de Niña. Es por ello que, para entender los cambios que experimenta el
clima mexicano durante periodos de Niño o Niña, es conveniente analizar por sepa-
rado el invierno y el verano.
Inviernos de Niño
corresponden a más lluvia en
el norte de México, mientras
que veranos de Niño
corresponde a lluvias por
debajo de lo normal.
Evidentemente, además de El Niño existen otros procesos climáticos que re-
sultan en más o menos lluvia. Encontrarlos es un reto científico.
La señal de El Niño en invierno
El clima mexicano es afectado por ciclones de latitudes medias que generan
frentes fríos. Estos ciclones producen frecuentemente lluvias, al mismo tiempo que
mueven masas de aire cambiando el tiempo atmosférico día con día (Holton 1979).
En años normales, el clima mexicano es parcialmente modulado por frentes fríos y
lluvias invernales, tanto en la región de Baja California, Sonora y Chihuahua, como en
la de Nuevo León y Tamaulipas. Algunos de estos sistemas de latitudes medias lo-
gran alcanzar bajas latitudes convirtiéndose en “Nortes”, que afectan los estados de
la vertiente del Golfo de México, la península de Yucatán y partes de Centroamérica y
el Caribe (Schultz et al.1997).
30 Capítulo 2 El Niño y el clima
Durante años de Niño, la circulación media invernal (Fig. 2.4a), con corrientes
en chorro sobre el Pacífico norte y la costa este de los Estados Unidos, es alterada
por una onda estacionaria del tipo Rossby, que se ha denominado patrón de circu-
lación del Pacífico Norte América, o patrón PNA (Fig. 2.4b). La presencia de esta
anomalía en la circulación media resulta en cambios en la posición de la corriente
en chorro de latitudes medias y subtropical, que se desplazan hacia el sur alrededor
de 500 km (Magaña y Quintanar, 1997).
a)
b)
Fig. 2.4 Circulación a 500 Hpa. a) media de invierno y b) anómala durante invier-
nos de Niño (1965-66,1972-73,1982-83,1986-87,1991-92,1997-98).
El sombreado corresponde a la intensidad del viento (m/s).
La señal de El Niño en invierno 31
Dado que los sistemas de latitudes medias utilizan este sistema de corriente
en chorro para adquirir energía, el paso de frentes fríos en el norte de la República
Mexicana se vuelve más frecuente y con ello, se tienen más lluvias invernales en el
norte y centro del país, e incluso en la península de Yucatán (Fig. 2.5a). Así, el norte
de Baja California experimenta lluvias invernales más frecuentes e intensas duran-
te periodos de Niño (Pavía y Badán, 1998), las cuales provocan en ocasiones inun-
daciones que afectan a la población. Por ejemplo, la compleja topografía de la
ciudad de Tijuana la hace vulnerable a las intensas lluvias invernales durante años
Niño (Rosquillas, 1998). Sin embargo, la experiencia de eventos El Niño anteriores
ha llevado a que en años recientes la población de esta región tome medidas preven-
tivas ante el anuncio de este fenómeno. Durante años La Niña, las anomalías en la
precipitación de invierno (Fig. 2.5b) parecen simétricamente opuestas con respecto
a las observadas en años de Niño.
a)
b)
Fig. 2.5 Como en la Fig. 2.4b, pero para anomalías de precipitación
(mm/día) a) durante inviernos de El Niño (1965-66,1972-73,1982-83,1986-
87,1991-92,1997-98) y b) durante inviernos de La Niña. (1964-65,1970-71,
1973-74, 1975-76, 1988-89, 1998-99)
32 Capítulo 2 El Niño y el clima
La presencia anómalamente continua de frentes fríos durante inviernos El Niño,
provoca que las temperaturas en gran parte del país estén por debajo de lo normal
(Fig. 2.6a), llegando a producirse nevadas en la sierras e incluso, en la parte central
de México. Las nevadas de 1997 en Jalisco, Guanajuato y el Distrito Federal se con-
sideran eventos extraordinarios, resultado de El Niño.
a)
b)
Fig. 2.6 Como en la Fig. 2.4 pero para anomalías de temperatura
superficial del aire (°C) durante inviernos: a) El Niño y b) La Niña.
Como en el caso de la precipitación de invierno, durante años La Niña (Fig.
2.6b), las anomalías de temperatura de superficie parecen opuestas a las observa-
das durante años de El Niño.
Climatología de México 33
El impacto de El Niño en las lluvias de invierno de México no es siempre el
mismo. Esto quiere decir que existen diferencias en las características regionales y
temporales de las anomalías de lluvia y temperatura de un año Niño a otro (Fig.
2.7). Por ejemplo, El Niño de 1986-87 no parece haber resultado en mucha mayor
lluvia de invierno. El Niño de 1982-83 produjo lluvias invernales por encima de lo
normal, aunque tuvo un impacto aparentemente menor al del invierno de 1991-92;
mientras que El Niño de 1997-98 sólo impactó el norte de Baja California, parte de
Sonora y la península de Yucatán. Estas diferencias de un año a otro en las anoma-
lías invernales de lluvia entre eventos de Niño, dependen en gran medida de la posi-
ción de las circulaciones atmosféricas estacionarias, como el patrón PNA el cual es
a la vez, influenciado por las características de la actividad convectiva anómala del
Pacífico central (Ambrizzi y Magaña, 1998). Variaciones en la fase e intensidad del
patrón PNA determinan la región donde ocurre la precipitación anómala. Un cambio
en la fase de 5° a 10° en longitud de esta onda estacionaria, significa desplazamien-
tos en los patrones de precipitación regional.
Fig. 2.7 Anomalías de precipitación (mm/día) durante eventos El Niño.
34 Capítulo 2 El Niño y el clima
Parte de Centro América se ve afectada por la sequía invernal durante años El
Niño. La subsidencia de gran escala y los efectos orográficos constituyen mecanis-
mos mediante los cuales El Niño afecta el Caribe oriental y Centroamérica occiden-
tal. La intensa convección anómala en el Pacífico del este genera mayores circula-
ciones descendentes del tipo Walker y Hadley sobre el Mar Caribe (Webster, 1994),
las cuales inhiben la convección profunda y las lluvias normales de invierno.
En regiones de los estados de Veracruz, Tabasco y Yucatán, el impacto de El
Niño en el clima invernal se relaciona con la actividad de los Nortes, cuyo número e
intensidad parecen verse afectados al cambiar la circulación atmosférica media.
Los cambios en la posición e intensidad del jet subtropical asociados al estableci-
miento de circulaciones estacionarias (Fig. 2.4b), parecen provocar un aumento en
el paso de estos sistemas de latitudes medias por el Golfo de México, los cuales
afectan la parte sur de México, e incluso Centroamérica y el Caribe, sin que necesa-
riamente esto se refleje en mayor precipitación. La precipitación en las regiones afec-
tadas por Nortes parece disminuir durante años Niño. Esto resulta una interrogante
científica.
Los Nortes
La atmósfera no tiene valores constantes de temperatura o densidad. Sin
embargo, en algunas partes se forman masas de aire con propiedades físicas rela-
tivamente afines a las características de su región de origen. Estas masas de aire,
casi-homogéneas, al desplazarse modifican el estado del tiempo regional. En oca-
siones, el paso de una masa de aire puede ocasionar condiciones de tiempo severo.
Por ejemplo, las masas de aire polar continental que en invierno llegan a México
provocan días de intenso frío. Cuando dos masas de aire de distintas características
se encuentran, se dice que ocurre un frente. En general, las condiciones meteoroló-
gicas de un frente frío se caracterizan por vientos y descensos de temperatura en
superficie. Cuando el aire frío encuentra una masa de aire caliente y húmeda, se
produce el desarrollo de nubes que pueden provocar precipitación. Si la posición de
el frente frío es tal, que el viento sopla intensamente de norte a sur sobre el Golfo de
México o Centroamérica, se tiene un “Norte”.
Los nortes son el resultado de la
acumulación de aire frío en latitudes
medias e intensos gradientes
meridionales de presión en la tropósfera
baja que resultan en irrupciones de aire
frío hacia los trópicos (Hastenrath 1991).
Los Nortes 35
Los Nortes ocurren preferentemente de octubre a mayo. Son parte de ondas de
escala sinóptica de latitudes medias y están asociados con altas presiones que se
originan al este de las montañas Rocallosas en los Estados Unidos. En la vertiente
del Golfo de México, los Nortes generan vientos de hasta 30 m/s, descensos de
temperatura que van de 2ºC a 15ºC en 24 horas, nubosidad baja, y en ocasiones,
precipitación, principalmente sobre el este de las cordilleras de México y Centroamé-
rica. Los efectos de un Norte permanecen desde un día hasta casi dos semanas
después del paso del frente (Reding, 1992), pudiendo afectar actividades portuarias,
la captura de crustáceos para exportación, e incluso actividades relacionadas con la
industria del petróleo. Es por ello que determinar la actividad de Nortes ha sido y es
de importancia económica.
Norteamérica, con sus estructuras
orográficas predominantemente
meridionales, constituye un escenario
apropiado para que las masas de aire
frío con frecuencia se propaguen al sur,
hacia México, Centroamérica y el
Caribe.
Los estudios sobre la estructura y la dinámica de los Nortes estuvieron por
mucho tiempo basados en la experiencia de los analistas es decir, eran de carácter
subjetivo. Por ejemplo, Mosiño (1958 y 1964), clasificó patrones de circulación at-
mosférica sobre la República Mexicana, incluyendo los Nortes. Jáuregui (1971) ana-
lizó diversas tipificaciones del tiempo en México y encontró que la frecuencia de
Nortes entre 1919 y 1965 estuvo estrechamente relacionada con la cantidad de pre-
cipitación. Klaus (1973) describió el origen de los Nortes a sotavento de las monta-
ñas Rocallosas y los clasificó dependiendo de la región mexicana afectada y de su
desplazamiento meridional.
Con la aparición de sistemas de análisis objetivo de datos y modernos siste-
mas de cómputo, hoy es posible analizar patrones de circulación, como los de los
Nortes, a partir de consideraciones dinámicas. Así, DiMego et al. (1976) mostraron
que el número de frentes que penetran sobre la región del Golfo de México y el
Caribe aumenta rápidamente de septiembre a octubre, alcanzando un máximo a la
mitad del invierno. Trasviña y Barton (1997) analizaron cómo los Nortes afectan al
Golfo de Tehuantepec con fuertes vientos, que atraviesan el Istmo de Tehuantepec
mezclando sus aguas (ver Capítulo 3). Schultz et. al. (1998) realizaron, a partir de los
análisis de Klaus (1973), una de las primeras estimaciones de actividad de Nortes en
años El Niño y La Niña, aunque los resultados parecen poco concluyentes.
36 Capítulo 2 El Niño y el clima
Para establecer las relaciones entre la ocurrencia de El Niño y los Nortes, es
preciso contar con una clara definición de estos últimos. Un diagnóstico de datos
históricos utilizando datos de campos de viento, temperatura y precipitación permite
determinar la ocurrencia de los Nortes. Por ejemplo, se puede identificar la ocurren-
cia de un Norte, en un punto de la vertiente del Golfo de México, a partir de los siguien-
tes criterios:
i) Descenso en la temperatura superficial de 2ºC o más, en 24 horas.
ii) Cambios en la dirección del viento, siendo éste del norte o noreste.
iii) Precipitaciones.
En la Figura 2.8 se muestra la temperatura máxima, la precipitación y la direc-
ción del viento para enero de 1998, cerca de Veracruz, y se indican cuatro casos de
o
descenso de temperatura mayor o igual a 2 C, de los cuales sólo tres cumplen los
criterios establecidos para un Norte.
Día:1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31
4.0 35
Norte
b
3.5 30
Temperatura máxima
3.0 a d 25
Precipitación
2.5
c
20
Norte
2.0
Norte
15
1.5
10
1.0
0.5 5
0.0 0
Dirección del viento en
Precipitación superficie en el punto Temp. Máxima
18.1 N, 95.6 W.
Fig. 2.8 Series de tiempo de temperatura máxima, precipitación y dirección del
viento de superficie para enero 1998 en el punto 18.1N,95.6W (cerca de Veracruz,
Ver.). Los círculos b, c y d corresponden a casos en que se satisfacen los criterios
de ocurrencia de un Norte. El círculo a, no corresponde a un Norte.
Los Nortes 37
Así, se puede determinar en forma sistemática la ocurrencia de Nortes en el
Golfo de México para muchos inviernos. Para comprobar que efectivamente se
«captura» la circulación a escala sinóptica, característica de este fenómeno, se
obtiene el patrón compuesto del Norte con los campos meteorológicos, que no es
otra cosa que el promedio de todos los casos de Norte identificados (964) entre 1958
y 1998. La evolución de los Nortes se muestra en las condiciones meteorológicas
dos días antes, un día antes, durante, un día después y dos días después del evento.
Este tipo de patrones compuestos se elabora para campos de vientos de bajos nive-
les y presión en superficie (Fig. 2.9), así como para campos de precipitación (Fig.
2.10). De los mapas sinópticos compuestos se puede concluir que un Norte se
caracteriza por los siguientes elementos sinópticos:
i) Una alta presión que se desplaza del noroeste al sureste de los Estados
Unidos, es decir, desde las Rocallosas hasta la península de Florida.
ii) Circulaciones anticiclónicas cerca de la superficie en el centro de Esta-
dos Unidos, cuyos vientos de norte a sur en el Golfo de México se inten-
sifican, impactando directamente la costa mexicana.
iii) Los vientos de norte a sur, que son canalizados por el Itsmo de Tehuan-
tepec, salen al Pacífico, donde producen mezclado en las capas
superficiales del océano (ver Cap. 3).
iv) Descensos drásticos en la temperatura de superficie, asociados al paso
de la masa de aire polar continental.
v) Inestabilidad convectiva que frecuentemente se traduce en precipitacio-
nes en los estados de la vertiente del Golfo de México.
La rapidez con que se desplaza la onda de latitudes medias que caracteriza al
Norte, varía dependiendo de varios factores, entre ellos la longitud de la onda del
sistema y la intensidad del flujo medio en que se mueve con un comportamiento
casi-geostrófico (Holton, 1979). Su velocidad de fase determina el tiempo que dura el
evento de Norte.
Los huecos en la orografía de la
Sierra Madre, como en del Istmo de
Tehuantepec o el de Papagayo,
permiten que la señal del norte alcance
el océano Pacífico, con fuertes vientos
que mezclan sus aguas.
38 Capítulo 2 El Niño y el clima
2 días antes 1 día antes
durante
Fig. 2.9 Patrones medios
de presión en superficie y
vientos (925 mb),
característicos de un
Norte
1 día después 2 días después
Los Nortes 39
Fig. 2.10 Campo de precipitación (mm/día) media durante un
evento de Norte en Veracruz, Ver.
Al comparar el número de Nortes identificados en los periodos octubre-mayo
de los años 1980 a 1998, con las anomalías de temperatura superficial en la región
Niño 3.4, se encuentra que en los años El Niño la actividad de Nortes tiende a
aumentar, en comparación con años La Niña (Fig. 2.11). Este resultado está en
concordancia con los cambios observados en la circulación media de Norteamérica,
esto es, con los jets desplazados al sur en años El Niño. Sin embargo, al parecer el
aumento de Nortes no necesariamente se refleja en un aumento de las precipitacio-
nes en la región (Fig. 2.7). No existe una explicación única al por qué de esta dismi-
nución en las lluvias ante el aumento en el número de Nortes. Es probable que la
mayor frecuencia de estos sistemas resulten en un paso más rápido de las lluvias y
en menor duración de los periodos de precipitación. El aumento en el número de
Nortes incrementa la entrada de aire frío a parte del país, resultando en inviernos
más crudos (Fig. 2.6a).
40 Capítulo 2 El Niño y el clima
Nº. de nortes
´
TSM (ºC)
Años
Fig. 2.11 Temperatura superficial del mar (°C) en la región Niño 3.4 y núme-
ro de eventos de Norte de octubre a mayo para el periodo 1980 – 1998.
El que la actividad de Nortes esté relacionada con El Niño, da predictabilidad
sobre la frecuencia de tiempo severo durante el invierno en los estados colindantes
con el Golfo de México. La importancia socioeconómica que tiene el conocer la
dinámica y comportamiento de estos sistemas es grande. En octubre de 1998, un
Norte provocó la pérdida de vidas humanas en Xalapa, Veracruz, al caer árboles por
los fuertes vientos y ocurrir accidentes de tránsito. Un pronóstico preciso y oportuno
de la actividad de Nortes puede ser útil para prevenir a la población, pudiéndose
preparar para evitar fallas en el sector eléctrico o de agua potable y aun en la planeación
estratégica de las actividades pesqueras, dada la relación que guarda la dinámica de
Nortes con el océano en el Golfo de Tehuantepec y por tanto, con la pesquería regio-
nal.
Sin embargo, se debe enfatizar que el sistema climático es no-lineal, esto es,
no se puede esperar que lo que ocurre con el clima en México durante El Niño, sea
exactamente opuesto a lo que ocurre durante La Niña, especialmente a nivel regional
(Ambrizzi y Magaña, 1998). Por esta razón, es necesario considerar el uso de mode-
los dinámicos, además de relaciones estadísticas lineales, cuando se realiza un
pronóstico de lluvias o de frecuencia de tiempo severo como los Nortes.
La señal de El Niño en verano 41
En resumen, los impactos de El Niño durante el invierno pueden describirse de
manera general como lluvias y fríos anómalos en el norte de México debidos a la
mayor entrada de ondas de latitudes medias y frentes fríos, por causa de una alte-
ración en la circulación invernal sobre Norteamérica (Fig. 2.12).
B A
A A
Fig. 2.12 Diagrama esquemático de los impactos de El Niño en México. A denota
anomalías de circulación anticiclónica y B, anomalías de circulación ciclónica.
La señal de El Niño en verano
En México, durante el verano El Niño provoca que las lluvias en la mayor parte
del país disminuyan (Fig. 2.13a), llegando con frecuencia a producir sequías. La cons-
tante aparición de El Niño en los noventa ha llevado a declarar zonas de desastre a
gran parte de los estados del norte del país por la falta de lluvias (La Jornada, 25 de
mayo de 1999). Los efectos de El Niño en materia ambiental, asociados a menores
precipitaciones incluyen menos humedad en el suelo y frecuentemente, pérdidas de
miles de hectáreas de bosques por incendios forestales (ver Cap. 4). En abril y mayo
de 1998 se vivió uno de los peores desastres ecológicos de nuestro país, al ocurrir
un gran número de incendios por la gran sequedad del terreno (Cedeño y Medina,
1999). Las pérdidas materiales fueron inmensas, superando incluso aquellas repor-
tadas en 1983 (NOAA, 1994). Las perspectivas a futuro en materia de incendios, aun
no son alentadoras (ver Cap. 6). Es por ello que los mayores esfuerzos en materia
de diagnóstico y pronóstico del clima se centran en la temporada de primavera y
verano.
42 Capítulo 2 El Niño y el clima
Durante veranos La Niña, las lluvias en la mayor parte de México son cercanas
a lo normal, pudiendo incluso ser anómalamente intensas (Fig. 2.13b). Varios son los
factores que resultan en mayores lluvias, pero quizá el más importante sea la activi-
dad de ondas del este y los huracanes en el Caribe y Golfo de México. Véase por
ejemplo el cambio en la anomalía de las lluvias en los estados de Veracruz y
Tamaulipas (Fig. 2.13). Como en el caso de invierno sin embargo, la anomalías en
precipitación durante El Niño no son exactamente opuestas a las observadas duran-
te La Niña, como sucede en Sinaloa y partes de Sonora. Tal condición es nuevamen-
te reflejo del caracter no-lineal del clima, no sólo en México, sino en todo el mundo.
Asimismo, debe recordarse que El Niño no es el único modulador del clima.
a)
b)
Figura 2.13 Patrón compuesto de anomalías de precipitación (mm/día)
durante veranos de a) El Niño (1965, 1972, 1982, 1986, 1991, 1997) y
b) La Niña (1964, 1970, 1973, 1975, 1988, 1998).
La señal de El Niño en verano 43
Varios son los procesos dinámicos que se combinan y que resultan en una
disminución en la actividad convectiva sobre México durante veranos de Niño. Es-
tos tienen que ver principalmente con cambios de los sistemas atmosféricos relacio-
nados con la lluvia. En primer lugar, la Zona Inter-Tropical de Convergencia (ZITC) del
Pacífico del este, donde existe gran cantidad de nubes profundas (cumulunimbus),
tiende a permanecer más cercana del ecuador (Waliser y Gautier 1993). Esto se
debe a que la convergencia de humedad para las lluvias tiende a ser mayor en el
Pacífico ecuatorial del este que frente a la costa oeste de México (Magaña y Quintanar
1997). En años normales, el contraste térmico entre la alberca de agua caliente en el
Pacífico mexicano (ver Cap. 3) y la lengua de agua fría frente a las costas de Perú,
resulta en una circulación directa del tipo Hadley, que parece acumular humedad
frente a las costas de México. Al desaparecer este contraste térmico meridional du-
rante El Niño, la convergencia permanece cerca de la región de agua anómalamente
caliente frente a Sudamérica, por lo que los movimientos convectivos ascendentes
más importantes de la estación ocurren lejos del territorio mexicano. El desplaza-
miento meridional de la ZITC resulta en menos actividad convectiva cerca de nuestro
país y por lo tanto en menos lluvias.
La disminución en la densidad de nubes sobre México permite el aumento en
la cantidad de radiación que llega a superficie con lo que se registran temperaturas
por encima de lo normal en gran parte del territorio durante veranos El Niño. El con-
traste entre anomalías de temperatura de superficie durante veranos El Niño y La
Niña tiene que ver en cierta medida con la cubierta nubosa en unos y otros periodos.
Nuevamente, véase por ejemplo el caso del sur de Tamaulipas (Fig. 2.14a y b). Una
disminución en la cantidad de humedad sobre el altiplano, puede resultar en mayor
enfriamiento radiativo y heladas inesperadas sobre el centro de México ( Magaña y
Morales,1998).
a)
Fig. 2.14a Como en la Fig. 2.13, pero para anomalías de temperatura de
superficie (°C) en veranos a) El Niño y b) La Niña
44 Capítulo 2 El Niño y el clima
b)
Fig. 2.14 Continuación.
Por otra parte, la actividad convectiva en la ZITC genera subsidencia (movi-
mientos descendentes de aire) asociados a la circulación de tipo Hadley, los cuales
inhiben el desarrollo de nubes convectivas profundas alrededor del trópico de Cán-
cer (Fig. 2.15).
Fig. 2.15 Circulación (m/s) media a 925 HPa y velocidad vertical omega
(Pa/s) a 700 Hpa durante verano. Sombreados obscuros corresponden a
movimientos descendentes y sombreados claros a movimientos ascen-
dentes.
La señal de El Niño en verano 45
Al parecer, con la ZITC más cerca del ecuador, la rama descendente de la
celda de Hadley se refuerza en ciertas regiones del norte de México (Fig. 2.16a),
provocando una disminución y debilitamiento de los procesos asociados al desa-
rrollo de nubes profundas y de lluvia. Un efecto aproximadamente opuesto se regis-
tra durante veranos de La Niña (Fig. 2.16b).
a)
b)
Fig. 2.16 Anomalías en la circulación (m/s) media a 925 HPa y en la velocidad
vertical omega (Pa/s), a 700 Hpa, durante verano. Sombreados obscuros (claros)
corresponden a movimientos anómalamente ascendentes (descendentes)
a) durante El Niño, y b) durante La Niña.
46 Capítulo 2 El Niño y el clima
Aun no es claro como determinar las regiones preferentes de la subsidencia
asociadas a fuentes de actividad convectiva intensa, pero simulaciones numéricas
sugieren que en las Américas tropicales, la subsidencia hacia el norte y hacia el
este, es consecuencia de la actividad convectiva en la ZITC del Pacífico del este
(Gandu y Silva Días 1998), por lo que la marcada disminución de las lluvias en el
mar Caribe del este (Fig. 2.13a) resulta de una subsidencia anómala (Fig. 2.16a).
Un elemento adicional a considerar en vernos Niño es la intensificación de los
vientos alisios sobre el Caribe y la región del Golfo de México (Fig. 2.16a). La ZITC
como centro de forzamiento de calor convectivo y movimientos ascendentes, al nor-
te del ecuador, provoca una respuesta en forma de onda de Rossby estacionaria de
bajos niveles (Gill, 1982) detectable sobre la parte sur de México. Compárese por
ejemplo años El Niño y La Niña sobre el Pacífico mexicano. Tal onda de Rossby
estacionaria se traduce en alisios más intensos (débiles) durante veranos de Niño
(Niña), que al interactuar con la orografía generan patrones de clima regional marca-
do (Fig. 2.13).
Los alisios intensos (débiles) resultan en más (menos) lluvias en la costa del
Caribe centroamericano, mientras que producen un déficit (superávit) de precipita-
ción en la costa del Pacífico (Magaña et. al., 1999). En el sur de México, alisios más
intensos pueden inhibir la entrada de humedad por las costas del Pacífico, debili-
tando la componente orográfica de la lluvia y con ello, la posibilidad de formación
de nubes profundas y lluvias en la costa del Pacífico de México (Fig. 2.13a).
La intesificación de los alisios
sobre México en años de Niño inhibe la
entrada de humedad por las costas del
Pacífico y debilita la componente
orográfica de la lluvia, tan importante
en la cantidad de precipitación en esa
zona del país.
Una región de interés especial en cuanto a lluvias de verano, es la zona del
monzón mexicano en el noroeste de México. Algunos estudios recientes (Higgins et.
al., 1999) concluyen que el monzón mexicano en la región de Sonora y Sinaloa, es
débil durante veranos de Niño. Sin embargo, la señal en las lluvias en periodos de
La Niña no está bien definida. El inicio del monzón en el noroeste mexicano, puede
presentar adelantos o retrasos substanciales (~ 30 días), con respecto a la fecha
de inicio de la temporada de lluvias (~ 17 de junio). Un inicio tardío en el monzón del
noroeste mexicano generalmente significa una temporada de lluvias deficientes, lo
cual parece ocurrir en años de Niño.
Los huracanes 47
En años de Niña, las lluvias parecen estar alrededor o por encima de lo normal
en gran parte de México, pero especialmente en el noreste del país (Fig. 2.13b). La
respuesta de las lluvias a La Niña parecen casi opuestas a las observadas durante
El Niño, aunque como se ha mencionado, los patrones de anomalías no son exac-
tamente inversos (por ejemplo, en la región del monzón mexicano). Debe recordarse
que además de El Niño, existen factores que influyen en las lluvias de verano en
México como la temperatura de la superficie del mar tanto en el Pacífico mexicano
(Magaña et. al., 1999), como en el Caribe (Enfield y Mayer, 1996); la circulación me-
dia, y la humedad en el suelo (Sud et. al., 1996).
Además, se debe tomar en cuenta como factor escencial para las lluvias de
verano la actividad de huracanes (Jáuregui, 1989). La disminución de las lluvias en
México durante años El Niño, principalmente en la región del noreste, está asociada
con el decremento en el número de huracanes en el Caribe y Golfo de México (DeMaria
y Kaplan, 1994). Esta relación entre El Niño y los huracanes del Atlántico es significa-
tiva. Por otro lado, no es claro que la ocurrencia de El Niño afecte el número de
huracanes que se forman en el Pacífico mexicano.
Los huracanes
En verano, el país se ve afectado por huracanes, tanto en el Pacífico como en
el Atlántico. Los huracanes se forman principalmente en regiones de aguas tropica-
les cálidas, donde los cambios de la intensidad del viento en la vertical son débiles
(Emanuel, 1991). México se encuentra en medio de dos regiones ciclogenéticas muy
activas: el Pacífico tropical noreste y el Mar Caribe (Fig. 2.17).
Los huracanes constituyen un
elemento escencial en la temporada de
lluvias en México. La disminución de la
actividad de estos meteoros en el Caribe
y Golfo de México en años de Niño resulta
en severas sequías en el noreste del país.
Debemos por tanto considerar a los
huracanes como nuestros «amigos».
En un análisis sobre la frecuencia de huracanes y el fenómeno El Niño, Mosiño
y Morales (1988) encontraron que el número de huracanes en el Atlántico disminuye
durante años El Niño, lo que provoca un déficit de lluvias en la parte central de Méxi-
co. Tal relación entre El Niño y el número de huracanes en el Atlántico fue original-
mente propuesta por Gray (1984). Al parecer, El Niño no afecta el número de huraca-
nes en el Pacífico nororiental.
48 Capítulo 2 El Niño y el clima
AÑOS NIÑO
Fig. 2.17 Trayectorias e intensidades de huracanes observadas en el Pacífico y Atlántico
durante veranos El Niño (1982,1992,1997) y veranos La Niña (1985, 1988,1998).
Los huracanes 49
AÑOS NIÑA
Fig. 2.17 Continuación
50 Capítulo 2 El Niño y el clima
Hoy en día se sabe que la relación entre El Niño y el número de huracanes del
Atlántico es estadísticamente significativa. Sin embargo, no es posible saber en qué
lugar del Atlántico se formaran más huracanes en años La Niña, si tenderán a seguir
trayectorias más cercanas o alejadas de las costas mexicanas o si serán fuertes o
débiles, aún y cuando todo esto se intenta pronosticar (Gray et. al. 1984). Evidente-
mente, un mayor número de huracanes en el Atlántico aumenta las posibilidades de
que estos toquen territorio mexicano aumentando las lluvias de verano. La disminu-
ción de huracanes en el Golfo de México, afecta principalmente las lluvias del norte
de Veracruz, Tamaulipas y Coahuila. Así sucedió durante el verano de 1997, debido
a la formación de un intenso fenómeno de El Niño (Fig. 1.4). Son tan importantes los
huracanes en las lluvias del noreste, que un sólo huracán puede significar el fin de
una sequía, como ocurrió en Texas en 1998 con el huracán Charley, que resultó en
alrededor de 450 mm de lluvia en la región (WMO 1999). De manera similar, si bien el
huracán Gilberto en 1988 causó graves daños en el norte del país, sus precipitacio-
nes aumentaron sustancialmente la disponibilidad de agua en una región, donde se
carece de tal elemento. En este sentido, debe también pensarse en la importancia
que tienen los huracanes para nuestro país como “proveedores de agua”.
Como se mencionó, existen dudas de que haya relación entre número de hu-
racanes en el Pacífico y El Niño. Al parecer, durante veranos en que la anomalía de
agua caliente aparece en el Pacífico del este, la dispersión en la génesis y trayec-
torias de huracanes aumenta, pudiendo incluso extenderse hacia regiones del Pa-
cífico central (Fig. 2.17). Sin embargo, la anomalía de agua caliente en años de El
Niño alcanza las costas mexicanas, hace pensar que la intensidad de los huracanes
en esta región aumente, como parece haber ocurrido con el huracán Paulina. Lo que
no se puede afirmar es que la trayectoria seguida por éste huracán a lo largo de
Oaxaca y Guerrero se debió a El Niño o que sea algo anómalo. Durante cada verano
existe la posibilidad de huracanes entrando por las costas del Pacífico, razón por la
que los planes de emergencia ante la presencia de huracanes, deben ser una cons-
tante en las ciudades y poblados de las costas mexicanas.
Las acciones de prevención de
desastres ante huracanes deben ser
implementadas cada año, sea éste de
Niño o de Niña. Es mejor pagar el precio
del principio de precautoriedad a pagar
por la falta de acción.
Con el fin de categorizar la intensidad de los huracanes, se ha elaborado una
escala denominada de Saffir-Simpson (Tabla 2.1), en términos de la intensidad de
la depresión en el centro del huracán y de los vientos máximos, los cuales son
parcialmente responsables de los daños que ocasionan estos hidrometeoros.
Los huracanes 51
Tabla 2.1 Categorías de escalas de ciclones de Saffir Simpson.
Presión Viento
Tipo Categoría
(mb) (m/s) (km/hr)
Depresión DT ---------------- <17 <62
Tormenta Tropical TT ---------------- 17-32 62-117
Huracán 1 >980 33-42 118-152
Huracán 2 965-980 43-48 153-176
Huracán 3 945-965 49-57 177-208
Huracán 4 920-945 58-68 209-248
Huracán 5 <920 >68 >248
Desafortunadamente no existe una escala que indique cantidades de precipita-
ción en relación a la intensidad del huracán, aun cuando esta sería de más importan-
cia para México, pues los mayores daños se asocian a los escurrimientos de las
lluvias. Nuevamente, el caso de Paulina (octubre 1997) muestra que las fuertes pre-
cipitaciones y los escurrimientos causan muchos más daños a la población que los
intensos vientos. Los daños por los escurrimientos ante fuertes precipitaciones pa-
rece ser común en México y Centroamérica, ante lo cual cabe preguntarse si en
alguna medida no estamos pagando el precio de la gran deforestación de nuestro
territorio.
Los ciclones tropicales o huracanes se desarrollan sobre océanos con tempe-
ratura superficial de al menos 26.5ºC. En el huracán se producen movimientos as-
cendentes de hasta 10 m/s. La ocurrencia de tormentas tropicales y huracanes mues-
tra gran variabilidad interanual. Un análisis de la ocurrencia de los ciclones tropicales
para cada año del periodo 1963-1993 (DeMaria y Kaplan, 1994; Whitney y Hobgood,
1997), permite obtener algunas conclusiones sobre la variabilidad de los huracanes
que afectan a México, Centroamérica y el Caribe en años El Niño y No-Niño. La
información sobre posición geográfica (latitud-longitud) o intensidad máxima alcan-
zada resulta de gran interés para entender algunas variaciones de las lluvias.
En las últimas décadas (1963-1993) existe una tendencia a un mayor número
de huracanes intensos en el Pacífico noreste (Fig. 2.18) (Whitney y Hobgood, 1997).
Tal tendencia parece coincidir con ciertas predicciones que establecen que en una
atmósfera más caliente, como aquella que se tendría bajo el calentamiento global,
los huracanes serían más intensos.
Durante años El Niño y No-Niño, uno de los diagnósticos más interesantes es
sin duda, la marcada diferencia entre el número de sistemas que se forman en el
Atlántico (Tabla 2.2), principalmente por el potencial de predicibilidad asociado.
52 Capítulo 2 El Niño y el clima
Pacífico Atlántico
Fig. 2.18 Ocurrencia de huracanes (negro) y tormentas tropicales (achurado)
en el Pacífico y en el Atlántico.
Las otras relaciones, aunque menos significativas, también permiten analizar
la actividad ciclónica durante cada uno de los periodos. Por ejemplo, en años Niño,
los ciclones tropicales (tormentas y huracanes) en el Pacífico tienden a ser más
intensos, aunque en promedio, están más alejados de las costas mexicanas. Este
resultado pareciera un poco contradictorio cuando se piensa en el caso del huracán
Paulina en octubre de 1997, que entró por Oaxaca y Guerrero, afectando gravemen-
te a la población. Ante eso, sólo puede decirse que el que haya sido año Niño, no fue
relevante para que el huracán entrara a tierra. Quizá sí tuvo importancia para que
alcanzara intensidad clase 5.
Existe una relación empírica entre temperatura de la superficie del mar y la
máxima intensidad que un huracán puede alcanzar. No se trata de una relación
lineal entre temperatura de superficie del mar e intensidad de los vientos, sino de
un límite a la intensidad del sistema ciclónico. A mayor temperatura de superficie
del mar, es mayor la intensidad que, potencialmente, los vientos pueden alcanzar
(DeMaria y Kaplan 1994). Así, la presencia de aguas más cálidas en el Pacífico Mexi-
cano durante años Niño, permite que la máxima intensidad de los huracanes puedan
alcanzar aumente, pudiendo los vientos medios ser de 68 m/s o más. Por lo anterior,
la intensidad de Paulina pudo verse modulada por la presencia de aguas anómala-
mente calientes en el Pacífico de México en 1997.
Los huracanes 53
Tabla 2.1 Estadística de huracanes en años Niño y No Niña
en el Pacífico nororiental y el Atlántico
(tomadas de Whitney y Hobgood (1977) y de De Maria y Kaplan (1994))
Nº promedio Latitud Latitud Intensidad
Factor Nº de años tormentas promedio promedio promedio Océano
por año (Norte) (Oeste) máxima (m/s)
El Niño 7 5.4 30.8 65.3 31.4 Atlántico
No-El Niño 24 9.1 26.8 66.6 32.9 Atlántico
El Niño 7 15.1 16.2 116.2 32.4 Pacífico
No-El Niño 24 15.0 17.0 114.8 31.4 Pacífico
Adicionalmente, se ha encontrado una diferencia estadísticamente significati-
va en lo referente a la duración de las perturbaciones tropicales en el Pacífico
nororiental. El número de perturbaciones tropicales con duración mayor a los trece
días aumenta en años El Niño. Esto nuevamente parece estar relacionado con la
energía disponible que tienen las aguas anómalamente calientes del Pacífico del
este en años El Niño (ver Cap. 3).
Las estadísticas de la Tabla 2.2, muestran que para el Atlántico, las tormentas
tropicales y huracanes son (significativamente) más comunes en años No-Niño, que
en años El Niño. Contrario a lo que ocurre en el Pacífico, en años No-Niño los ciclo-
nes tropicales en el Atlántico son en promedio más intensos y cercanos a México. Tal
relación lleva a pensar que en años de Niña, se debe estar mejor preparado ante los
huracanes del Atlántico (Fig. 2.17).
Para analizar dinámicamente las condiciones que pueden afectar la ciclogénesis
y la evolución de lo huracanes en años El Niño y La Niña, se pueden considerar
algunos elementos meteorológicos que influyen en la formación de ciclones tropica-
les como son:
i) Las anomalías en temperatura superficial del mar.
ii) La cizalladura del viento entre los niveles bajos y superiores de la tropósfera
(850 y 200 mb).
iii) El contenido de humedad en la atmósfera.
Para el análisis de estas variables se eligieron dos dominios de referencia: uno
en el Caribe (85W-60W, 10N-20N) y otro en el Pacífico nororiental (120W-95W,
10N-20N).
54 Capítulo 2 El Niño y el clima
Analizando valores medios mensuales para el verano se encontró que:
En el Caribe: La temperatura superficial del mar alcanza un máximo durante
los meses de agosto a octubre, época en la que se registra la máxima actividad de
tormentas tropicales. En años de Niño, las temperaturas son ligeramente menores
(~0.5°C) a las alcanzadas en años Niña. Quizá el cambio más substancial, y al que
se le atribuye la disminución en el número de tormentas tropicales que se forman
en el Caribe en veranos Niño, es el de la cizalladura (gradiente vertical) del viento.
Durante El Niño, la cizalladura del viento en la región del Caribe aumenta, debido a
la intensificación de los alisios (Fig. 2.16), particularmente del jet de bajos niveles
(Amador y Magaña 1999). Este aumento de la cizalla dificulta el desarrollo vertical
de las nubes profundas, de las que se compone un huracán. En cuanto a la hume-
dad disponible, el agua precipitable en la región muestra un ligero aumento durante
años de Niña, con respecto de años de Niño. La combinación de estos tres factores
resulta en condiciones más favorables para la ciclogénesis en años Niña, que en
años Niño.
En el Pacífico nororiental: Las diferencias en la cizalla del viento no parecen
ser tan significativas. De cualquier forma, la cizalla es débil en esta región, y menos
importante que en el Caribe. Los cambios más marcados entre años Niño y Niña se
dan en la temperatura superficial del mar, siendo más calientes (~0.5°C) durante
veranos Niño. Tal aumento en la temperatura permite que en principio, la intensidad
de los huracanes pueda ser mayor. No se aprecian cambios apreciables en la can-
tidad de humedad (agua precipitable) en la región (Fig. 2.19).
Un aumento en la temperatura de
mar, la disminución de la cizalla en el
viento y una mayor humedad
observadas en años Niña, son los
elementos que resultan en más
huracanes en el Caribe y Golfo de
México.
Algunos autores han sugerido que la fase de la oscilación casi bienal en la
estratósfera es decir, la dirección del flujo medio a 50 km aproximadamente, es un
elemento modulador del número e intensidad de los huracanes que se forman tan-
to en el Pacífico como en el Atlántico (Gray, 1984). Este argumento sin embargo,
sólo se incluye en algunos modelos estadísticos de predicción, al no ser claro el
efecto dinámico que tal fenómeno estratosférico tiene sobre el desarrollo o intensi-
dad de los huracanes.
Los huracanes 55
Canícula
Niño
Niña
Fig. 2.19 Valores de temperatura de la superficie del mar (°C), cizalladura del
viento(m/s) y agua precipitable (kg/m2) en a) el Caribe y b) el Pacífico,
durante veranos El Niño y La Niña.
56 Capítulo 2 El Niño y el clima
La Canícula
Un entendimiento más completo de las dinámica de las lluvias de verano debe
incluir efectos como el de la llamada canícula o sequía intraestival, y su relación con
el fenómeno de El Niño. La sequía intraestival corresponde a una disminución en
las lluvias durante julio y agosto, y no a una sequía (Magaña et al 1999). Aunque se
ha tratado de encontrar una relación entre la canícula y el fenómeno El Niño, no se
tiene una respuesta definitiva, pues la dinámica de la canícula parece estar más
relacionada con la alberca de agua caliente frente a las costas del Pacífico mexicano
que con la dinámica del Pacífico del este ecuatorial.
Algunos resultados sugieren que en años No-Niño, en ciertas regiones se tie-
ne una canícula marcada. Sin embargo, en ocasiones se presentan años El Niño
que también muestran indicios de canícula, aunque con una disminución generaliza-
da de las lluvias. Como ejemplo de las variaciones que la sequía intraestival o caní-
cula experimenta año con año, se muestra la distribución de la razón de precipitación
para dos regiones (Fig. 2.20), una en Centroamérica (12.5N,87.5W) y otra en el sur
de México (17.5N, 97.5W). Al parecer, años El Niño y años La Niña presentan la señal
de la canícula en mayor o menor grado.
Fig. 2.20 Histogramas de precipitación quincenal en subdominios (5°´ 5°) centra-
dos en el sur de México (17.5N, 97.5W) (gris claro) y Centroamérica
(12.5N,87.5W) (gris obscuro). (tomado de Magaña, et al. 1999)
La Canícula - Hidrología 57
En resumen, la señal de El Niño en verano sobre México se puede presentar
como disminución de las lluvias en la mayor parte del país debido a (Fig. 2.21):
i) Permanencia de la Zona InterTropical de Convergencia (ZITC) cerca del
ecuador geográfico.
ii) Disminución del número de huracanes en el Golfo de México y el Caribe
iii) Incremento de la subsidencia en el norte de México.
iv) Menor humedad en la atmósfera de México por diminución de flujo del
oeste.
Fig. 2.21 Diagrama de los impactos de El Niño en el clima de verano en México
Hidrología
Las sequías continúan ocurriendo sobre muchas partes del mundo con dife-
rentes grados de duración y severidad. En su mayor parte, las sequías están aso-
ciadas a variaciones en la circulación global del sistema océano-atmósfera, como
en eventos El Niño. Indonesia, el noreste de Brasil, Africa del Sur o Australia, son
sólo algunos ejemplos de regiones donde El Niño provoca graves sequías. México
también es frecuentemente afectado por sequías.
En el periodo 1982-83 se produjo un evento El Niño muy intenso que provocó
sequías, incendios forestales y pérdidas en la agricultura. Durante el periodo 1991-
1995, se estableció un periodo El Niño, que si bien no fue tan fuerte como el antes
mencionado, resultó en una de las sequías más prolongadas en el norte de México.
Tal fenómeno produjo problemas internos y externos por el uso del agua en las pre-
sas. Las noticias de los reclamos de agua en la Presa de “El Cuchillo” entre Tamaulipas
y Nuevo León, o los conflictos por aguas en el Río Bravo con los Estados Unidos,
fueron tema de análisis durante varios días. Otros años dramáticos para México, en
materia de sequía y de incendios forestales, fueron 1997 y 1998, asociado al evento
El Niño 1997-98, considerado por algunos como el más intenso del siglo.
58 Capítulo 2 El Niño y el clima
Fig. 2.22 Presas de mayor capacidad en México
Ante la grave sequía del verano de 1997 y el número record de incendios en la
primavera de 1998, en 1999 se destinaron cuantiosos recursos financieros para
mitigar los efectos negativos de la sequía acumulada. Casi doce estados del país,
principalmente en el norte, fueron apoyados con recursos federales para hacer
frente a la falta de agua, y así apoyar actividades agropecuarias. Los casos descri-
tos muestran la fuerte relación entre ocurrencia de eventos Niño y la disponibilidad de
agua en México.
Las lluvias de invierno son de gran importancia para el norte de México. Du-
rante inviernos de La Niña, se tiene una disminución de las precipitaciones. Sin
embargo, inviernos de Niño resultan en general en mayores precipitaciones, permi-
tiendo que en principio, se pueda disponer de más agua en las presas de la región
norte (Fig. 2.22). Así por ejemplo, en la región de la presa Huites, entre Sonora y
Sinaloa, las lluvias de diciembre y el caudal del río parecen reflejar la ocurrencia de
Niño o Niña (Fig. 2.23). Aquí se observa que las mayores precipitaciones ocurren en
años de Niño, pero ésta no es una condición que siempre se cumple. No todos los
Niños producen la misma respuesta en las lluvias y consecuentemente en los
escurrimientos, pudiéndose tener un evento Niño con lluvias invernales escasas (Fig.
2.7). En el mejor de los casos, el Niño explica sólo un 25% de la variabilidad de la
precipitación invernal regional. Es por ello que otros factores deben ser considera-
dos para tener pronósticos estacionales de lluvia más precisos.
Hidrología 59
SINALOA
ESTACION HIDROLOGICA Y CLIMATOLOGICA HUITES
DICIEMBRE
150
N
PRECIPITACION(mm)
100
N
N N
50 N n
n
N = NIÑO
n n = niña
N
0 N
n
0 500 1000 1500 2000 2500 3000
GASTO(m3/s)
Fig. 2.23 Relación entre precipitación (mm) y caudal del río(m 3/s), en la esta-
ción hidrológica Huites para diciembre.
Fig. 2.24. Histogramas de anomalías estandarizadas de condiciones
hidrológicas en la presa Plutarco Elías Calles, Sonora, durante el periodo (El
Niño) 1982-1983.
60 Capítulo 2 El Niño y el clima
El conocimiento de ocurrencia de El Niño en ciertos años puede permitir dispo-
ner de información para planear parte del manejo del agua. Por ejemplo, hasta antes
del invierno 1982-83, el nivel de la presa Plutarco Elias Calles, en Sonora, era bajo
(Fig. 2.24), pero las lluvias de invierno asociadas a El Niño permitieron una recupera-
ción del nivel del caudal del río que alimenta la presa.
Los periodos más críticos en términos de déficit en precipitación ocurren duran-
te veranos El Niño. En la época de lluvias, los descensos en la cantidad de lluvia son
notables y por tanto, disminuyen los escurrimientos y los niveles de agua en presas
y ríos. Una muestra clara de los impactos de El Niño en los escurrimientos se tiene al
analizar la correlación que existe con las anomalías de la temperatura superficial del
mar, en la llamada región Niño 3, y los escurrimientos en puntos cercanos a las
presas del país (Fig. 2. 22).
Considerando las correlaciones, se puede ver que cuando se presentan con-
diciones de Niño en verano, los escurrimientos en la mayor parte de México dismi-
nuyen (Fig. 2.25a). Sólo en dos puntos muestreados, Tijuana y Campeche, la rela-
ción parece invertirse. En el caso de Tijuana, esta relación no es tan relevante, por
ser mínimas las lluvias en la época de verano. Los bajos valores de correlación en
otros sitios, simplemente muestran que El Niño no es un factor tan importante en las
lluvias y los escurrimientos.
El caso más interesante es el de la región del Pacífico mexicano en donde los
escurrimientos decrecen notablemente bajo condiciones El Niño en verano. Tal rela-
ción es mucho más clara cuando sólo se consideran eventos fuertes El Niño.
A nivel regional, la zona que parece más afectada es la del Pacífico Sur, cuyos
escurrimientos están negativamente correlacionados con la ocurrencia de El Niño
(Fig. 2.26). Este resultado es sólo consecuencia de la disminución en la precipita-
ción que ocurre durante estos periodos (Fig. 2.12). Al separar los análisis de corre-
laciones en dos periodos de verano, junio-julio y agosto-septiembre se encuentra
que El Niño afecta principalmente los escurrimientos de la segunda parte del vera-
no, particularmente en la región del Pacífico Sur (Fig. 2.25b). Esto se debe a que
conforme avanza el año, el fenómeno El Niño se intensifica.
Una de las regiones más afectadas en términos de disponibilidad de agua es
la región del Pacífico norte, en donde años El Niño parecen resultar en un monzón
débil y escurrimientos por debajo de lo normal. Aquí resulta clave un manejo adecua-
do de los recursos hidráulicos pués de otra manera, años El Niño intenso, aunque
con posibles lluvias invernales importantes, continuarán provocando falta de agua y
graves pérdidas en agricultura y ganadería durante el verano.
Hidrología 61
a)
b)
Fig. 2.25 Coeficientes de correlaciones entre temperatura de superficie del mar en
la región Niño 3 y la media de escurrimientos a) por estación para el verano (jun-
sep) y b) por región y periodo: jun-sep (negritas), jun-jul (paréntesis superior), ago-
sep (paréntesis inferior)
62 Capítulo 2 El Niño y el clima
El pronóstico estacional de lluvias
Frecuentemente, una medida del entendimiento de un fenómeno físico se tie-
ne en términos de la calidad de pronóstico. El mayor reto de las Ciencias Atmosféri-
cas y de la Meteorología en particular, ha sido el poder pronosticar el estado futuro de
la atmósfera. En las últimas décadas se han registrado notables avances en el Pro-
nóstico Numérico del Tiempo. Ya se cuenta con complejos modelos que permiten
pronosticar con acierto el estado del tiempo hasta con tres días de anticipación. Los
productos de estos pronósticos son de utilidad en un gran número de actividades de
protección civil.
Sin embargo, históricamente el mayor interés por conocer el estado futuro de
la atmósfera se ha centrado en saber con meses de anticipación, si se aproxima
una buena o mala temporada de lluvias, principalmente en regiones de clima monzó-
nico como en México. Es claro, la disponibilidad de agua y la agricultura dependen de
manera crítica de las lluvias de verano.
La tradición del uso de “las cabañuelas”, de “la rueda salomónica” o del análisis
del comportamiento de los animales se ha extendido hasta nuestros días con la
esperanza de disponer de pronósticos del clima como una herramienta (de poco
éxito) de planeación en la agricultura (ver Cap. 4). En el mundo, aumentan los inten-
tos por pronosticar la anomalías del clima utilizando modelos numéricos. Los esque-
mas van desde modelo basados en ecuaciones de balance de energía (Adem, 1964)
hasta complejos modelos de circulación general de la atmósfera (Trenberth, 1992).
Las tradiciones populares en
materia de pronóstico del tiempo y clima
incluyen «las cabañuelas», «la rueda
salomónica», «el comportamiento de los
animales». Aunque continúan en uso,
ninguna de ellas parece ser de utilidad.
El conocimiento adquirido en años recientes sobre la importancia que el fenó-
meno El Niño tiene en el clima de la República Mexicana, permite utilizar técnicas
estadísticas que relacionan las anomalías de la temperatura de superfice del mar
con las lluvias o temperaturas a escala regional mediante modelos de regresión.
Incluso, la técnica del uso de análogos parece ser de gran utilidad (Barry y Perry,
1973). Para pronosticar con análogos, considerando años El Niño y La Niña, o es-
quemas estadísticos, es preciso establecer relaciones de diagnóstico con o sin re-
traso, entre anomalías observadas o pronosticadas de temperatura superficial del
mar en regiones clave (e.g., región Niño 3) y las lluvias a escala regional o incluso
local. Los pronósticos de la temperatura del mar en superficie son calculados en
grandes centros de pronóstico y puestos a disposición de la comunidad.
El pronóstico estacional de lluvias 63
Si bien es cierto que esta técnica de pronóstico se basa en relaciones lineales
de un sistema complejo y no-lineal como el clima, las predicciones resultan útiles
como primera aproximación, y con frecuencia son más precisas a escala regional o
local, que aquellas obtenidas directamente con modelos de circulación general. Tal
estrategia ha sido seguida para elaborar pronósticos de anomalías de lluvia como
el que se muestra en la Fig. 2.26a para el invierno 1997-98. La predicción de ano-
malías de precipitación para este periodo utilizó ecuaciones de regresión para die-
ciocho regiones climáticas en que se dividió el país (Douglas, 1994). Al comparar el
pronóstico con las anomalías observadas (Fig. 2.26b), se encuentra que se acertó
al pronosticar lluvias por encima de lo normal en la región noroeste y la península
de Yucatán. En la zona central se presentaron anomalías débiles. En algunos pun-
tos, se logró incluso pronosticar déficit de precipitación, como en ciertas partes de
Veracruz, Oaxaca y Guerrero.
Fig. 2.26. Anomalías de precipitación
(mm) para el invierno (dic-ene-feb) de
1997-98 sobre la República Mexicana,
a) pronosticadas con un modelo de
regresión, en dieciocho regiones
climáticas, evaluado con anomalías de
temperatura del mar pronosticadas con
modelos dinámicos, y b) anomalías
observadas.
64 Capítulo 2 El Niño y el clima
En gran medida, el éxito de los modelos de regresión depende de un buen
pronóstico de las anomalías de temperatura de la superficie del mar. En casos de
eventos de Niño intensos, los pronósticos de clima regional tienden a ser más
acertados, pues la señal de El Niño resulta más clara en el clima de México. Estas
son buenas noticias porque después de todo son los casos extremos, como los
ocurridos en 1997 y 1998, los que más alteran el clima y cuando más necesario se
vuelve el pronóstico.
El uso de análogos o de pronósticos estadísticos puede extenderse a otras
escalas espaciales, como se ha venido realizando en el “Estudio de Variabilidad
Climática en Tlaxcala“ (ver Cap. 4).
Fig. 2.28 Histogramas de pronóstico, medias climáticas y valores observados de
lluvia (mm) en los meses del verano de 1998 para cuatro municipios del Estado
de Tlaxcala.
El pronóstico estacional de lluvias 65
Para el verano de 1998 se pronosticaba que El Niño se debilitaría para dar
paso a condiciones La Niña alrededor de julio o agosto. Basados en relaciones de
diagnóstico, se podía prever que mientras permanecieran las condiciones El Niño, la
sequía estaría presente, pero al desaparecer El Niño, las lluvias se recuperarían.
Con base en este pronóstico, en marzo de 1998 se emitieron predicciones de ano-
malías de precipitación (a escala local) para Tlaxcala, con el fin de que los agricul-
tores planearan sus actividades (ver Cap. 4). Los resultados de estos pronósticos
son alentadores a la luz de las comparaciones con lo ocurrido en el verano de 1998
(Fig. 2.28). En todos los casos se pronosticó adecuadamente el retraso en el inicio
de la temporada de lluvias y una segunda parte del verano con lluvias abundantes.
Aunque los resultados son valiosos desde el punto de vista práctico, siempre
es necesario preguntarse por qué funcionó el pronóstico y cómo funciona el clima
en nuestro país, con el fin de aumentar nuestro entendimiento del sistema y mejo-
rar los esquemas de predicción estacional. En este sentido, los modelos dinámicos
resultan más útiles.
En años recientes, se han desarrollado modelos que utilizan los resultados de
simulaciones con modelos de circulación general de baja resolución espacial, como
condiciones iniciales de un modelo de mesoescala de alta resolución espacial. Los
efectos locales o regionales, resultado de la presencia de montañas, o diferentes
usos de suelo, aparecen como factores de forzamiento local del clima. Un ejemplo
de este tipo de simulación es presentado en la Figura 2.29, donde se comparan el
campo observado de precipitación para enero de 1992, con el simulado por el mo-
delo de mesoescala (mesoscale model) versión 5 (MM5) cuando las condiciones de
gran escala son las observadas (análisis de el National Center for Environmental
Prediction), y con el campo simulado cuando las condiciones de gran escala son
aquellas generadas por un modelo de circulación general, como el National Center
for Atmospheric Research (NCAR) Community Climate Model versión 3 (CCM3)
(Magaña y Pérez, 1998).
Apenas se comienza a avanzar en esta dirección, pero el potencial de tal es-
quema de diagnóstico y pronóstico es definitivamente prometedor. Con este proce-
dimiento de análisis, diagnóstico y pronóstico comenzarán a entenderse los facto-
res que controlan el clima a escala regional y su variabilidad.
66 Capítulo 2 El Niño y el clima
Fig. 2.29 Simulaciones de lluvia (mm) para enero de 1992, utilizando
un modelo de mesoescala (ver texto).
67
68
El Pacífico mexicano 69
3 Oceanografía y El Niño
A. Trasviña , D. Lluch Cota , A.E. Filonov y A. Gallegos
6 7 5 8
El Pacífico mexicano
El impacto de El Niño en los mares mexicanos parece ser más claro en el
Pacífico. Las interacciones de esta región con el Pacífico ecuatorial del este, donde
es máxima la señal de El Niño, resulta en cambios en la estructura y dinámica de los
mares mexicanos, que alteran el clima y las actividades pesqueras regionales. Las
alteraciones en la actividad de la Zona InterTropical de Convergencia (ZITC) en el
Pacífico Mexicano pueden incluso sentirse en el Caribe sin embargo, la amplitud de
la señal en esta región es mucho menor que en el Pacífico nororiental.
Fig. 3.1 Climatología de corrientes marínas (cm/s) y temperatura
superficial del mar.
El Pacífico Mexicano se extiende desde la entrada del Golfo de California hasta
la frontera sur de México, donde comienza el Pacífico Tropical Oriental Centroameri-
cano. Una forma de identificar la frontera norte del Pacífico Mexicano es en términos
de la posición de la isoterma de 25°C, utilizada tradicionalmente en oceanografía
para localizar el extremo de las masas de aguas tropicales superficiales (Fig. 3.1).
70 Capítulo 3 Oceanografía y el Niño
25
Temperatura (ºC)
20
15
10
0
33.8 34 34.2 34.4 34.6 34.8 35
Salinidad (usp)
Fig. 3.2. Diagrama TS típico de la boca del Golfo de California, construido a partir de
datos de 25 perfiles verticales de temperatura y salinidad, hasta los 800 m de
profundidad. Los círculos indican las posiciones de los índices TS de las masas de
agua típicas de la zona. La salinidad está en unidades de salinidad práctica (usp).
Según la nueva definición, corresponden aproximadamente a gramos de sal por
kilogramo de agua. La densidad se escribe restando 1000 de su valor real. Por
ejemplo una densidad de 23 es en realidad 1023 kg m-3.
En el límite norte, aguas de tipo subártico de la Corriente de California y aguas
ecuatoriales de alta salinidad del Golfo de California (Fig. 3.2) se encuentran con las
aguas tropicales que provienen del sur.
Hacia el ecuador, la frontera del Pacífico Mexicano es geográfica y limita con los
mares centroamericanos, donde la Contracorriente Ecuatorial alcanza
estacionalmente la costa, cubriendo la superficie con aguas de alta salinidad y po-
bres en nutrientes. Es a través de esta frontera sur que las aguas ecuatoriales su-
perficiales y tropicales superficiales avanzan hacia el norte por la Corriente Costera
de Costa Rica, como un flujo estacional que acarrea aguas de baja salinidad a lo
largo de la costa de Centroamérica y del sur de México.
El Pacífico mexicano 71
Del comportamiento de las corrientes de gran escala dependen en gran me-
dida las temperaturas superficiales del océano, los flujos de humedad hacia la
atmósfera y consecuentemente el clima costero, desde Baja California hasta
Chiapas. Los mares mexicanos tienen un ciclo anual que puede variar
interanualmente. Así, en ocasiones se ve alterado por eventos de calentamiento
como El Niño, o de enfriamiento, como La Niña.
Los mares mexicanos tienen va-
riaciones interanuales, con
calentamientos o enfriamientos rela-
cionadas con El Niño o La Niña.
Existe la tendencia a pensar en los mares tropicales como regiones de baja
productividad y de poco interés económico. Este no es el caso del Pacífico Tropi-
cal Mexicano, pues de allí proviene, entre otras, la mayor parte de nuestra produc-
ción atunera. Al existir gran variabilidad interanual en los mares mexicanos, las
zonas productivas también cambian.
La temperatura superficial del mar es una de las variables más importantes
en el estudio del océano, por relacionarse directamente con el intercambio de
energía (calor) y de humedad con la atmósfera baja. Los patrones de temperatura
responden a los cambios atmosféricos (vientos y lluvias), oceánicos (corrientes y
surgencias) y a la radiación solar. Por ello, en el contexto del clima, los estudios se
centran en esta variable. Sin embargo, el estudio del océano requiere de mucha
más información.
La oceanografía física utiliza relaciones entre las variables de estado para
describir las características del mar, como se hace en los diagramas de tempera-
tura y salinidad (TS), con los que se analiza el comportamiento de las masas de
agua. Los esquemas TS definen la termodinámica de los cuerpos de agua y sus
cambios con la profundidad. Es posible calcular isolíneas de densidad en el océa-
no, con ayuda de la ecuación de estado del agua de mar y superponerlas en el
diagrama para identificar masas de agua. Aunque la profundidad no aparece de
manera explícita, se sabe que las temperaturas altas corresponden a la superficie
y las bajas al fondo. Las densidades más bajas están siempre en la superficie.
72 Capítulo 3 Oceanografía y el Niño
Cuando se grafican los datos de temperatura y salinidad desde la superficie
hasta el fondo, el diagrama TS proporciona información útil sobre las características
de las masas de agua. Así:
i) Las masas de agua presentan una gran variabilidad en la temperatura y
salinidad en superficie, debido a la influencia que reciben de la atmósfera y
la radiación solar. Es a causa de esta influencia que todas las masas de
agua se forman en la superficie.
ii) Conforme aumenta la profundidad y disminuye la temperatura, aparecen
inflexiones en la curva TS que representan masas de agua que alguna vez
estuvieron en superficie, y que se hundieron debido a procesos termodiná-
micos que aumentaron su densidad. Las bajas súbitas en temperatura o
incrementos dramáticos de salinidad son capaces de hundir masas de agua.
Esto ocurre comúnmente en los mares árticos o antárticos, o en regiones
de convergencia de la circulación, donde las características de temperatu-
ra y salinidad (índices TS) de las masas de agua, se conservan en su tra-
yecto bajo la superficie.
iii) Los datos tomados en el fondo del mar describen a las masas de agua
más densas, como las que se localizan en el Mar de Wedell en el Océano
Antártico.
Un diagrama TS típico de la entrada al Golfo de California, muestra la presencia
de masas de agua de orígenes muy diversos (Fig. 3.2). Por ejemplo, las zonas de
superficie con temperaturas mayores a 20°C presentan la mayor dispersión de valo-
res. Algunos de los perfiles TS son influenciados por la masa de Agua Tropical Su-
perficial (ATS) que se forma miles de kilómetros al sur. Otras zonas con baja tempe-
ratura presentan valores más cercanos a los que definen a la masa de Agua del
Golfo de California (AGC) con temperaturas entre 15 y 20°C, características de las
Aguas de la Corriente de California (ACC). Las (ACC) pueden tener valores altos de
salinidad, lo cual indica que en esta capa se da la mezcla con aguas del Golfo de
California. Por debajo de la Corriente de California, se encuentran zonas con tempe-
raturas de alrededor de 12°C, características de las masas de Agua Subtropical
Subsuperficial (AStSs), que tienen un máximo de salinidad de 34.8, característico de
las aguas del Pacífico Tropical Oriental, al norte del Ecuador. Otra característica de
esta masa de agua es que su núcleo se centra en los 200 m de profundidad, des-
pués de la cual la dispersión de los valores es cada vez menor. Así, a los 5°C apare-
ce el mínimo de salinidad típico de las Aguas Intermedias del Pacífico (AIP), que
tienen su núcleo en los 500 m de profundidad y se encuentran en todo el océano
Pacífico, desde su orígen en la convergencia Antártica (aprox. 50°S), hasta latitudes
de 50°N o más. Finalmente, los valores más profundos tienden hacia el índice TS de
la masa de agua Pacífica de Fondo (APF), que es la más densa de la región.
El Pacífico mexicano 73
Siguiendo los análisis TS para el Pacífico Mexicano, se pueden definir sus ca-
racterísticas físicas. Así, se sabe que existen diversas masas de agua en el Pacífico
Oriental (Fig. 3.3), (Emery y Dewar, 1982). El área surecuatorial del Pacífico Ecuato-
rial Oriental se caracteriza por una masa de agua superficial cálida y salina (35 usp)
identificada como Agua del Pacífico Ecuatorial (APE) (Sverdrup, 1942). Bajo ésta se
encuentra el Agua Intermedia del Antártico (AIA), también conocida como Agua Inter-
media del Pacífico (AIP) y que se identifica claramente por el mínimo de salinidad
(34.5 usp) a 5°C. Hacia el norte, entre 5°S y 5°N, la superficie se caracteriza por baja
salinidad (33 usp) que se incrementa rápidamente bajo la superficie hasta un máxi-
mo subsuperficial a 14°C, donde se origina el Agua Tropical Superficial (ATS). La
baja salinidad del ATS se debe probablemente a la dilución de la APE, con agua de
precipitaciones y aportes de ríos. En esta zona se observan mínimos de salinidad
que definen las AIA en profundidades intermedias. El área más al norte del Pacífico
mexicano se extiende desde el Golfo de Tehuantepec (14°N) hasta la entrada al Gol-
fo de California (20°N), presentando una amplia variedad de curvas TS, con máxi-
mos y mínimos de salinidad subsuperficial. El máximo en la salinidad se encuentra
inmediatamente por debajo de la termoclina y de las zonas de surgencia, en donde
por efecto de la misma circulación, afloran aguas ricas en nutrientes.
La circulación de gran escala del Pacífico Tropical Oriental fue descrita por Wyrtki
(1965) utilizando datos de la deriva de buques. Por mucho tiempo fue la única infor-
mación disponible sobre las corrientes de gran escala en el Pacífico Oriental. Hoy en
día se cuenta con nuevos análisis y observaciones (Meehl 1982), que permiten estu-
diar, no sólo el estado medio anual del Pacífico mexicano, sino también los cambios
que experimenta año con año.
Durante mucho tiempo,
la circulación de gran escala
del Pacífico Tropical Oriental
se describió utilizando datos
de la deriva de buques.
Así, se tiene que en el Pacífico Oriental se encuentran:
i) la Corriente de California,
ii) la Corriente Surecuatorial,
iii) la Contracorriente Ecuatorial y
iv) la Corriente Costera de Costa Rica.
74
Capítulo 3 Oceanografía y el Niño
Fig. 3.3. Masas de agua del Pacífico Oriental en la región de la corriente de California, el Pacífico
Tropical Mexicano, los mares Centroamericanos, y el Pacífico Ecuatorial Oriental.
El Pacífico mexicano 75
Wirtki observó tres regímenes de circulación estacional:
De agosto a diciembre tanto la Corriente Surecuatorial como la Contracorriente
Ecuatorial son intensas (Fig. 3.4a). La contracorriente fluye hacia la costa, se une a la
Corriente Costera de Costa Rica (CCCR) en su flujo hacia el norte y posteriormente
entra en la región de la Corriente Norecuatorial entre 10 y 20°N. En el norte, la Co-
rriente de California se separa de la costa de Baja California (25°N), alimentando la
Corriente Norecuatorial.
Fig.3.4a Corrientes y temperatura media superficiales
durante octubre.
De febrero a abril, la corriente de California se intensifica y penetra hacia el sur
hasta 20°N (Fig. 3.4b). La Contracorriente Ecuatorial está ausente durante este
período y es reemplazada por un flujo variable hacia el oeste o noroeste. La Co-
rriente Surecuatorial es débil y muestra movimientos ocasionales hacia el este,
cerca del ecuador. La Corriente Costera de Costa Rica también está ausente. En los
golfos de Tehuantepec y Panamá existen flujos hacia afuera de la costa por el efecto
local de vientos, como los ocurridos en periodos de Norte (ver capítulo 2).
De mayo a julio (Fig. 3.4c) la Contracorriente Ecuatorial se forma de nuevo y la
mayor parte de sus aguas fluyen hacia el norte, cerca de la costa, para alimentar la
Corriente Costera de Costa Rica.
76 Capítulo 3 Oceanografía y el Niño
Fig.3.4b. Corrientes y temperatura media superficiales
durante abril.
Fig.3.4c. Corrientes y temperatura media superfi-
ciales durante julio.
El Pacífico mexicano 77
Además de la circulación y las características de las masas de agua, se deben
considerar algunos elementos adicionales del Pacífico Oriental, como la topografía
de la termoclina del Pacífico Tropical Oriental, que fue descrita por Cromwell (1958)
a partir del registro de 4000 lances de batitermógrafos desechables del tipo (XBT).
La profundidad de la termoclina cerca de las costas, es somera durante casi todo el
año, principalmente en el domo de Costa Rica y el Golfo de Tehuantepec, donde se
distinguen 4 situaciones:
i) De enero a marzo las profundidades típicas de la termoclina costera os-
cilan alrededor de los 30 m, excepto en el Golfo de Tehuantepec y en el
Domo de Costa Rica, donde la termoclina se acerca a 10 m de la super-
ficie, básicamente por la ocurrencia de Nortes. Lejos de la costa, hay una
tendencia al aumento en la profundidad de la termoclina, alcanzando los
100 m en la entrada al Golfo de California.
ii) De abril a junio la termoclina alcanza un mínimo de profundidad en el
Golfo de Tehuantepec y en la zona del Domo de Costa Rica con un nivel
persistente mínimo de 10 m.
iii) De julio a septiembre toda la zona costera presenta valores homogéneos
de 30 m a lo largo de la costa. En la región del Domo persiste el mínimo
de 10 m, debido presumiblemente a la presencia de una capa de mezcla
gruesa y cálida en los meses del verano.
iv) De octubre a diciembre las profundidades de la termoclina en el océano
abierto se incrementan de norte a sur. En tanto que cerca de la costa se
observa una vez más el mínimo de 10 m en el Golfo de Tehuantepec y la
región del Domo de Costa Rica.
En resumen, el Pacífico Tropical Nororiental se caracteriza por una elevación
de la termoclina hacia la costa. En las regiones costeras del Domo de Costa Ríca, al
igual que en el Golfo de Tehuantepec, la profundidad de la termoclina presenta valo-
res mínimos, principalmente durante el invierno.
Con base en la información oceanográfica de los diagramas TS y de la termoclina,
se han desarrollado estudios sobre productividad en los mares mexicanos. En par-
ticular, se ha mostrado la influencia y relación que tienen las regiones productivas
con la termoclina somera, al constituirse en áreas de gran potencial productivo por
la fertilización de la superficie.
Tanto el Golfo de Tehuantepec, como
el Domo de Costa Rica, se destacan por
su importancia en pesquerías
comerciales como el atún.
78 Capítulo 3 Oceanografía y el Niño
El estudio de la variabilidad interanual del Pacífico Tropical Nororiental en los
últimos años ha tenido un avance significativo gracias a la información obtenida con
los sistemas de observación por satélite. Junto con un mayor número de instrumen-
tos de monitoreo del océano, hoy se cuenta con mejores datos de las condiciones
superficiales del mar, que muestran que el ciclo anual de la profundidad en la
termoclina se puede ver afectado por la ocurrencia de eventos El Niño, debido princi-
palmente al paso de ondas costeras. Estas ondas pueden incrementar la profundi-
dad de la termoclina cerca de las costas mexicanas, afectando la productividad bio-
lógica y pesquera. Bajo condiciones El Niño, algunas especies comerciales dejan de
estar disponibles cuando la termoclina se profundiza. El impacto económico de este
fenómeno puede ser importante (ver Cap. 5), principalmente en lo relacionado con el
calentamiento de la superficie del mar durante eventos de Niño.
Los efectos de El Niño en el Pacífico mexicano
Las variaciones de las corrientes oceánicas afectan la posición de la termoclina
y las características de las masas de agua, con una amplitud que depende de las
condiciones topográficas regionales y de la época del año en estudio. El modo más
importante de variabilidad interanual es El Niño, que afecta los patrones oceánicos
de circulación, intensidad y formas de los sistemas.
El Pacífico Tropical Mexicano presenta alternancia entre zonas de aguas frías
en invierno y calientes en verano. En el Golfo de Tehuantepec se localiza una franja
de baja temperatura, durante los meses de octubre a marzo, cuyos orígenes están
en la actividad de Nortes, con vientos que mezclan las aguas del Golfo de Tehuantepec.
Por otro lado, frente a las costas de Guerrero y Michoacán se forma una alberca de
agua caliente (TSM > 28°C) durante el verano (Fig. 3.5), cuya presencia no es fácil
de explicar, aun cuando se piensa es consecuencia de los patrones de circulación.
Aparentemente, las corrientes en el Pacífico mexicano son muy lentas, por lo que las
masas de agua son expuestas durante mayor tiempo a la insolación, resultando en
elevadas temperaturas superficiales. Tanto la ”franja de agua fría” como la ”alberca
de agua caliente” presentan variaciones estacionales e interanuales, moduladas por
el ciclo anual de las corrientes y de la insolación. En los años del Niño, la lengua de
agua fría desaparece y crece la alberca de agua caliente (Fig. 3.5). En años de la
Niña, sucede lo contrario, al crecer la lengua fría, la alberca cálida disminuye de
tamaño. Así, en el Pacífico tropical mexicano, un evento del Niño aumenta la cobertu-
ra horizontal de la alberca cálida y una Niña la disminuye.
La «lengua de agua fría»
frente a las costas de Perú y la
«alberca de agua caliente» frente
a México, son alteradas por El
Niño.
Los efectos de El Niño en el Pacífico mexicano 79
a)
b)
c)
Fig. 3.5. Variabilidad interanual del Pacífico Tropical. a) condiciones El Niño en
diciembre de 1997; b) condiciones normales en diciembre de 1990;
c) condiciones durante la Niña en diciembre de 1988 .
80 Capítulo 3 Oceanografía y el Niño
Durante un Niño, la propagación de ondas de largo período que provienen del
Ecuador (Fig.3.5) resulta en la expansión de la zona caliente. Moore (1968) y
Anderson y Rowlands (1976), mostraron que una onda ecuatorial de Kelvin, al refle-
jarse en una costa oriental, produce ondas costeras que viajan hacia los polos. Enfield
y Allen (1980), y Chelton y Davis (1982) encontraron señales de baja frecuencia de
este tipo con datos de nivel del mar, proponiendo que se trataba de la señal de El
Niño propagándose hacia los polos. Por otro lado, Christensen et al. (1983), y
Baumgartner y Christensen (1985) documentaron ondas de baja frecuencia a lo lar-
go de costas mexicanas que afectan la dinámica de la termoclina. El paso de las
ondas aumenta el nivel del mar e incrementa la profundidad de la termoclina cerca
de la costa, alterando con ello la productividad marina y las actividades pesqueras. El
impacto de la Niña en el Pacífico Tropical Mexicano no es tan fácil de explicar. Los
cambios de la temperatura superficial del mar involucra procesos termodinámicos
complejos e interacciones entre el océano y la atmósfera.
Lee y Chelton (1999) han propuesto un esquema dinámico de circulación,
donde:
i) Las ondas costeras de Kelvin alcanzan el Pacífico Tropical Mexicano tres
meses después de que las ondas de Kelvin ecuatoriales alcanzan las cos-
tas de América del Sur.
ii) Al propagarse hacia el norte la onda costera de Kelvin, irradia ondas de
Rossby que se propagan lentamente hacia el oeste.
El paso de las ondas tipo
Kelvin en el Pacífico mexicano
eleva el nivel del mar , incrementa
la profundidad de la termoclina
cerca de la costa, y altera la
productividad marina.
Con estas hipótesis, los autores sugieren que la ocurrencia de las ondas de
Rossby está relacionada con la presencia de anomalías de temperatura y del nivel
del mar en zonas interiores del Pacífico, y las ondas Kelvin costeras con la propa-
gación de la señal del Niño del Ecuador hacia las costas norteamericanas.
Recientemente Lee Chelton (1999) han propuesto que las fuertes precipitacio-
nes ocurridas en la costa del sur de California, un año después del paso de El Niño
en el Ecuador, estuvieron relacionadas con la dinámica de ondas reflejadas. Los
procesos involucrados en la propagación de la señal de El Niño hacia Norte América,
incluyendo la propagación de las ondas de Rossby, se muestran esquemáticamente
en la figura 3.6.
Los efectos de El Niño en el Pacífico mexicano
Fig. 3.6. Esquema de la propagación de ondas costeras de Kelvin y radiación de ondas
81
oceánicas de Rossby frente a las costas de América del Norte. Para cada onda se muestra el
balance de fuerzas restauradoras del movimiento (adaptado de Lee y Chelton, 1999).
82 Capítulo 3 Oceanografía y el Niño
El Golfo de Tehuantepec
El Golfo de Tehuantepec se encuentra al sur de la llamada “alberca de agua
cálida“ del Pacífico Tropical Mexicano, frente a las costas de Oaxaca y Chiapas. Se
caracteriza por la presencia de aguas provenientes de la Corriente Costera de Costa
Rica. Su dinámica es única, debido a los intensos Nortes que soplan cada invierno
de octubre a marzo, y que resultan en mezclado de las aguas en la capa oceánica
superior.
Cada año, el paso de estos frentes fríos atmosféricos afecta el Golfo de México
(ver capítulo 2). El viento atraviesa el Istmo de Tehuantepec, en forma similar a un
viento de paso de montaña, dando lugar a intensos pulsos que se esparcen sobre el
Golfo de Tehuantepec afectando las temperaturas superficiales y la circulación
oceanográfica local. Estos eventos forman ”lenguas de agua fría” (Fig. 3.7) que se
extienden hasta 500 km hacia afuera de la costa (Trasviña et al., 1995). Durante los
meses de octubre a marzo, la ocurrencia de tales episodios se refleja en las relativa-
mente frías aguas del Golfo de Tehuantepec (Fig. 3.4a). Los Nortes afectan con fre-
cuencia el Golfo de Papagayo, en Nicaragua, con efectos similares en el campo de
temperatura de superficie del mar.
Fig. 3.7. Temperaturas superficiales (frío en azul) durante un Norte, para el 7 de
febrero de 1996 en los Golfos de Tehuantepec, México y Papagayo, Nicaragua.
Cortesía del Laboratorio de Oceanografía Costera (LAOCOS) de la Universidad
Nacional de Costa Rica.
El Golfo de Tehuantepec 83
Tanto en el Golfo de Tehuantepec, como en el de Papagayo, se generan giros
de mesoescala que se propagan al interior del Pacífico. Un análisis de la circula-
ción en estas regiones para los meses de febrero a julio muestra parte de esta
dinámica (Fig. 3.8).
a) b)
FEBRERO 1996 MARZO 1996
c) d)
ABRIL 1996 MAYO 1996
e) f)
JUNIO 1996 JULIO 1996
Fig. 3.8 Velocidades a partir de flotadores ARGOS, de febrero a julio de 1996.
84 Capítulo 3 Oceanografía y el Niño
Wyrtki (1965) describió parte de la circulación de estos mares de febrero a abril,
diciendo: “en los golfos de Tehuantepec y Panamá existen flujos hacia afuera de la
costa consistentes con el efecto local de vientos”. Esta cruda, pero acertada des-
cripción se ha confirmado con algunos datos de trayectorias y velocidades de
flotadores que son seguidos por satélites. Por ejemplo, entre febrero y abril de 1996
(Fig. 3.8 a, b y c) se observaron al menos tres giros de mesoescala alejándose de la
costa. Su velocidad de propagación varía entre 9 y 11 km día-1 . Dos de estos, con
diámetros de unos 200 km, se generaron en el Golfo de Tehuantepec. El tercero es
de diámetro mayor (300 km) y se generó en el Golfo de Papagayo durante el mes de
marzo. Estos giros mantienen su estructura hasta mayo y parte de junio (Fig. 3.8d y
e), y son giros cálidos con rotación anticiclónica. Las velocidades del flujo en el inte-
rior de los giros son de alrededor de 1 m s-1.
Wyrki también describió la dinámica de principios de verano diciendo: “de mayo
a junio la Contracorriente Ecuatorial se forma de nuevo y la mayor parte de sus
aguas fluyen hacia el norte cerca de la costa para alimentar la Corriente Costera de
Costa Rica (CCCR). Este es el periodo más persistente de la CCCR”. Sin embargo,
algunos experimentos recientes sugieren que la circulación en esta época del año es
lenta y sin dirección definida. Para el mes de julio (Fig. 3.8f) no parece haber eviden-
cias de giros. Sólo se distinguen algunas señales de una contracorriente ecuatorial
débil, variable en dirección e intensidad. No parecen existir evidencias claras de la
circulación de la CCCR por lo que hay dudas sobre cómo se modifica la circulación
de la contracorriente ecuatorial al llegar al continente.
¿Qué sucede en años El Niño o La Niña en México y Centroamérica?
El enfriamiento superficial del agua que producen los Nortes en los Golfos de
Tehuantepec y Papagayo, como consecuencia de una termoclina somera expuesta
a vientos intensos, es en gran medida responsable de la alta productividad de la
región. En esta zona, el abordaje (‘entrainment’) de las aguas subsuperficiales a la
superficie es radicalmente distinto al de las surgencias costeras que estudian los
ecólogos (Trasviña et al., 1995). El golfo de Tehuantepec no es una zona típica de
surgencias, siendo otros los procesos físicos que incrementan la productividad en
forma estacional. La fuente de aguas ricas en nutrientes que se encuentra bajo la
superficie, en la masa de agua Subsuperficial Subtropical, alcanza la superficie cuando
el forzamiento atmosférico es suficientemente intenso. Estudios de la dinámica y la
hidrografía del Golfo de Tehuantepec revelan una termoclina excepcionalmente so-
mera, entre lo 20 y 50 m, fuera de la región donde se producen los giros de
mesoescala.
Durante un evento del Niño, los cambios en la circulación del océano cerca del
ecuador, y las modificaciones de la circulación atmosférica invernal afectan las ca-
racterísticas medias del Golfo de Tehuantepec (Trasviña, 1997; Trasviña et al, 1995).
El paso de las ondas costeras aumenta la profundidad de la termoclina.
El Golfo de California: la frontera norte de la alberca de agua cálida 85
Un mayor número de Nortes (ver Cap. 2) resulta en un mayor mezclado de las
capas superiores del océano. Sin embargo, aunque el número de Nortes es mayor en
años de Niño, la termoclina parece profundizarse, pués el paso de ondas ecuatoria-
les y costeras tipo Kelvin domina la dinámica de la región. Es decir, a pesar de la
importancia del forzamiento por los fuertes vientos de los nortes, la variabilidad
interanual de las temperaturas superficiales y de la productividad de esta región del
Pacífico parece estar controlada por la variabilidad oceánica interanual de gran esca-
la.
Lluch-Cota et al. (1997) reportan que durante el Niño de 1982-1983, la termoclina
alcanzó profundidades altas, acompañadas de coberturas mínimas de aguas pro-
ductivas. En contraste, durante 1985 y 1986, se incrementó la cobertura de aguas
productivas.
El Golfo de California: la frontera norte de la
alberca de agua cálida
Una de las regiones en los mares mexicanos más estudiadas es la del Golfo de
California (e.g., Lavín et al. 1997), donde la señal de El Niño es clara. Ahí, el ciclo
anual de temperatura de superficie del mar (Fig. 3.9 y 3.10), refleja la influencia de las
corrientes de gran escala y del ciclo anual de insolación. Por ejemplo, a la entrada
del Golfo de California en el invierno, de diciembre a marzo, las isotermas tienden a
ser zonales. Las temperaturas más bajas (23°C) ocurren en enero y las aguas tropi-
cales (de más de 25°C) se localizan al sur de 18°N.
ENERO FEBRERO
Fig. 3.9. Climatología de la temperatura superficial del mar (ºC) a la entrada al
Golfo de California: de enero a junio. La línea gruesa corresponde a la isoterma de
25ºC, CBL indica la localización geográfica de Cabo San Lucas.
86 Capítulo 3 Oceanografía y el Niño
MARZO ABRIL
MAYO JUNIO
Fig. 3.9. (Continuación)
Para la primavera, de abril a junio, el frente entre las aguas tropicales y de
origen subártico de la Corriente de California, se intensifica alcanzando su máxima
intensidad en junio.
En la entrada del Golfo de California, de julio a octubre, las isotermas tienden a
estar alineadas meriodionalmente. Aunque desde julio hasta octubre se encuentran
temperaturas superiores a los 28°C en gran parte del Pacífico T ropical Mexicano, es
durante septiembre cuando ocurren las temperaturas más altas y toda la entrada al
Golfo de California presenta características tropicales, con temperaturas mayores
de 25°C. En el mes de noviembre, en pleno otoño, se observa una rápida transición
de temperaturas que culmina con el inicio del invierno.
El Golfo de California: la frontera norte de la alberca de agua cálida 87
JULIO AGOSTO
SEPTIEMBRE OCTUBRE
NOVIEMBRE DICIEMBRE
Fig. 3.10. Climatología : temperaturas superficiales del mar (ºC) de julio a diciem-
bre a la entrada del Golfo de California.
En la entrada del Golfo de California, el movimiento de las aguas tropicales
usualmente no ocurre en forma de corrientes costeras o de gran escala. Gran parte
del transporte de propiedades se lleva a cabo por giros de mesoescala. La presencia
de giros en la región se debe a la confluencia de masas de agua de origen y compo-
sición diferentes, que produce estructuras frontales que funcionan como precurso-
res de giros y filamentos.
88 Capítulo 3 Oceanografía y el Niño
Fig. 3.11. Imagen de satélite de las temperaturas superficiales (ºC) a la entrada al
Golfo de California para el 12 de junio de 1993. .
La imagen del 12 de junio de 1993 muestra claramente la confluencia de las
aguas de origen subártico de la Corriente de California con las masas de agua tropi-
cales que avanzan desde el ecuador.
La dinámica del Pacífico Tropical Mexicano se puede analizar por medio de
cortes transversales entre Cabo San Lucas e Isla Socorro, LUSOC (Fig. 3.11).
Durante mayo de 1992, junio de 1993 y junio de 1998 se obtuvieron datos de
temperatura del mar en 11 niveles en la vertical. Mediante una comparación con la
climatología de la región se obtuvieron secciones de anomalías de temperatura. En
la entrada del Golfo de California, en mayo de 1992 (año de Niño), se observó que
toda la sección presentó anomalías positivas de temperatura, entre 3 y 4 °C por
encima de lo normal. Las anomalías más grandes se encontraron bajo la superficie,
entre 50 y 100 m, entre los paralelos 20 y 21°N (Fig. 3.12). Estas anomalías, se
presentaron al interior de un gran giro cálido de alrededor de 150 km de diámetro y
centrado a los 20.6°N (Fig. 3.12), lo que muestra la importancia de los procesos de
mesoescala subsuperficiales en esta frontera norte del Pacífico Tropical Mexicano.
El Golfo de California: la frontera norte de la alberca de agua cálida 89
(a)
Isla Socorro Cabo San Lucas
(b)
Isla Socorro Cabo San Lucas
(c)
Isla Socorro Cabo San Lucas
Fig. 3.12. Cortes transversales de la temperatura del mar entre Isla Socorro y
Cabo San Lucas. (a) Climatología de mayo, (b) temperaturas para mayo de 1992,
(c) anomalías de temperatura para mayo de 1992.
90 Capítulo 3 Oceanografía y el Niño
En años normales, la Corriente de California baja hasta alcanzar la superficie
frente a Cabo San Lucas dejando aguas frías y poco salinas dentro de una delgada
capa mezclada superficial. Sin embargo, en mayo de 1992 la capa mezclada frente
a Cabo San Lucas tuvo un grosor de 20 metros con anomalías positivas de 4 a 5°C,
evidenciando la extensión alcanzada por las aguas tropicales debido al Niño 91-93.
La capa mezclada se profundizó desde Cabo San Lucas (23°N) hacia el sur , alcan-
zando los 90 m en el núcleo del giro. En cuanto a los valores de la temperatura
cercana a la superficie, alrededor de Cabo San Lucas, la presencia de El Niño resul-
tó en temperaturas mayores a los 24°C, 4°C por encima de la normal. Anomalías
similares se observaron en Isla Socorro. La pendiente de la termoclina entre años de
Niño (1992) y de no-Niño es similar, al parecer indicando la presencia de un flujo
promedio hacia el este a lo largo de toda la sección es decir, la influencia de la Co-
rriente de California.
En conclusión, para el evento de Niño 1992 el impacto más notable correspon-
den a las alteraciones de las temperaturas superficiales y la profundización de la
capa mezclada, no siendo significativos los cambios en la pendiente promedio de la
termoclina a la entrada del Golfo de California.
La temperatura de la
superficie del mar en la entrada
del Golfo de California, en
mayo del 92, año de Niño, se
elevó entre 3 y 4 °C por encima
de lo normal
La sección Cabo San Lucas - Isla Socorro (LUSOC) para junio de 1993 (Fig.
3.13) muestra que la entrada al Golfo de California recuperó las condiciones casi
normales después de El Niño 92. Por debajo de los 100 m de profundidad las anoma-
lías en temperatura estuvieron entre 0 y 1°C, es decir , muy cercanas a la normal. Las
anomalías en la superficie son las de mayor magnitud y sus características cálidas
están afectadas por sistemas de mesoescala.
En junio de 1998, casi al final de un episodio de Niño, y a diferencia de 1992, no
se observó dominancia de estructuras de mesoescala. La estructura de la termoclina
sin embargo, entre las isotermas de 14 y 20°C, si resultó ser muy distinta a la clima-
tología. La característica pendiente sur - norte sólo se encontró al norte de 22°N, en
la vecindad de Cabo San Lucas.
Los efectos de El Niño en el Pacífico mexicano 91
(a)
Isla Socorro Cabo San Lucas
(b)
Isla Socorro Cabo San Lucas
(c)
Isla Socorro Cabo San Lucas
Fig. 3.13. Como en la Fig. 3.12, pero durante junio de 1993.
92 Capítulo 3 Oceanografía y el Niño
Las temperaturas superficiales típicas de la Corriente de California cambiaron
en toda la sección. En su lugar se tuvo una capa mezclada superficial profunda y
cálida, que alcanzó los 25 m frente a Cabo San Lucas y llegó a los 50 m cerca de Isla
Socorro. Las anomalías de temperatura superficial fueron menores que en 1992,
pero abarcaron una fracción mayor de la sección, entre 3°C y 5°C, cerca de la super-
ficie, y en otros dos lugares, entre 50 y 100 m. La intensidad de este evento del Niño
pareció haber inhibido la circulación del extremo sur de la Corriente de California. La
ausencia de actividad de mesoescala hace suponer que la zona de confluencia fue
desplazada hacia el norte de la entrada al Golfo de California.
Algunas señales típicas de El Niño o La Niña en la temperatura superficial del
mar en el Pacífico Mexicano son:
i) Durante los años concurrentes o inmediatamente posteriores al Niño, la
temperatura superficial del mar en el Pacífico Mexicano está por encima de
lo normal. Lo contrario ocurre durante los años previos a la Niña.
ii) Las tasas de pérdida de calor en el Golfo de California en otoño son meno-
res en años Niño que en años Niña.
iii) En años de Niña la temperatura superficial del mar característica en el Pa-
cífico Mexicano Subtropical se extiende hacia el sur hasta latitudes cerca-
nas a Cabo San Lucas con bajas temperaturas de 16 a 19 °C. Por otro
lado, la extensión de tales temperaturas superficiales en años de Niño al-
canza a la Bahía de San Quintin.
iv) El Golfo de California es notoriamente más caliente que el Pacífico Mexica-
no Subtropical en inviernos posteriorers a un Niño intenso.
Los cambios en la estructura del Pacífico Mexicano por causa de El Niño resul-
taron en afectaciones en la productividad de la región, registrándose cambios en la
abundancia y distribución de las poblaciones de peces, desde las lagunas costeras
hasta las provincias oceánicas. El aumento en la temperatura superficial del mar y
más que todo, en la cantidad de calor disponible, pareció impactar el clima de la
región (Fig. 3.14). Por ejemplo, huracanes con mayor duración o intesidad podrían
ser el resultado de más energía disponible en el mar (ver capítulo 2).
Las alteraciones más
importantes en el Pacífico Mexicano
están relacionadas con un aumento
en la capa de mezcla y elevadas
temperaturas de superficie del mar.
La costa de Jalisco: un estudio de caso 93
(a)
(b)
Fig. 3.14. a) Temperatura del océano y b) anomalías de temperatura del océano,
entre Cabo San Lucas e Isla Socorro, durante junio de 1998.
La costa de Jalisco: un estudio de caso
Durante 1997 y 1998, el Departamento de Física de la Universidad de
Guadalajara, realizó investigaciones sobre la variabilidad de los procesos dinámicos
del océano Pacífico en las áreas definidas dentro de un Polígono de estudio que se
encuentra situado en la zona costera de los estados de Jalisco y Colima (Fig. 3.15),
las cuales incluyeron levantamientos oceanográficos mensuales con sondas de tem-
peratura, salinidad y presión (CTD) ondulante (Filonov et al., 1996). Las observacio-
nes abarcan la capa superior (150 m) del océano.
94 Capítulo 3 Oceanografía y el Niño
Fig. 3.15.- Esquema de ubicación del Polígono frente a la costa de México, en el
cual se realizó el monitoreo de El Niño 1997-1998. Con puntos gruesos se mues-
tran zonas de cambio de dirección de los transectos oceanográficos. Con puntos
pequeños se señala la posición de los muestreos verticales con la sonda de
temperatura, salinidad y presión (CTD, SBE-19, ondulante).
La masa de agua superficial en la región del polígono se encuentra en la transi-
ción entre la masa de Agua Tropical Superficial y Aguas Subsuperficiales
Subtropicales. La capa superficial, hasta los 50 ó 75 m, se encuentra ocupada por
aguas de alta temperatura y salinidad características de Agua Tropical Superficial.
Bajo ésta se encuentra una capa entre los 75 y los 200 m,de Agua Subsuperficial
Subtropical.
Los campos de temperatura y salinidad en el Polígono, durante El Niño 1997-98,
se compararon con los de 1996, año relativamente normal. Los análisis de los cam-
pos medios mensuales de temperatura y salinidad se analizan desde junio de 1997.
Al inicio del periodo se produjo un desplazamiento de aguas más templadas y menos
salinas que venían del norte hacia la costa Mexicana, probablemente por el debilita-
miento de los vientos alisios.
La costa de Jalisco: un estudio de caso 95
A partir de junio de 1997, los índices T-S superficiales presentaron influencia de
la masa de Agua del Pacífico Ecuatorial (APE), resultando en aguas cálidas en las
capas superiores (Fig. 3.16). La ocurrencia de El Niño claramente afectó la distribu-
ción vertical de la temperatura y de la salinidad, desde la superficie hasta el nivel de
120-130 m de profundidad, la cual cambio notoriamente desde julio hasta diciembre
de 1997. La salinidad aumentó casi linealmente desde 34 usp en la superficie, hasta
34.7 usp en el nivel de 150 m. Desde septiembre de 1997, con el ingreso de grandes
volúmenes de Agua Ecuatorial, el perfil vertical de la temperatura muestra una capa
homogénea de agua caliente ocupando la región de estudio. En diciembre de 1997
ésta capa se situó entre la superficie y el nivel de 70 m con una temperatura de 28.5
ºC. Al mismo tiempo, en la superficie la salinidad disminuyó paulatinamente hasta
33.5 usp y en la capa de temperatura homogénea, ésta se incrementó con la profun-
didad hasta valores de 34 usp.
El ingreso de grandes
volúmenes de agua ecuatorial
durante 1997, por causa de El Niño,
provocó un aumento en el espesor
de la capa de mezcla en los mares
de Jalisco.
La señal El Niño alcanzó un máximo en enero de 1998 cuando Agua Tropical
Superficial (ATS), con temperatura cercana a los 27.5 ºC y salinidad menor a 34 usp,
ocupó los 80 m superficiales del polígono. En febrero de 1998, la capa homogénea,
con temperaturas de 25 ºC presentó un grosor de 40 m, con una salinidad superior a
los 34 usp. Hasta marzo de 1998, el polígono aún conservaba diferencias significati-
vas en la distribución vertical de temperatura con respecto a 1996, con anomalías de
hasta 4 o 5 ºC en ciertas profundidades. Para mayo de 1998, la estructura de la
región comenzó su retorno a condiciones como las de mayo de 1996, cuando co-
menzaron a desaparecer los efectos de El Niño 1997-1998.
La figura 3.17 presenta los datos promediados del polígono en diagramas TS
obtenidos para los meses de septiembre, diciembre, febrero y abril en los años de
1996,1997 y 1998. Estos muestran claramente cada etapa de variación de los índi-
ces TS de las masas de agua en la región de estudio durante lo que al parecer fue El
Niño más intenso de este siglo. En septiembre de 1997 el Agua del Pacífico Ecuato-
rial abarcó desde la superficie hasta el nivel de 80 m, pero en diciembre del mismo
año, la capa de 0-80 m presentó los índices TS característicos del Agua Tropical
Superficial (ATS), tal vez debido a la mezcla del agua ecuatorial con el agua local,
situándose las aguas ecuatoriales por debajo de estas en una delgada capa entre
80 y 93 m. En febrero, las aguas tropicales ocuparon tan sólo 50 m de profundidad,
y en abril, éstas disminuyeron hasta los 30m.
96 Capítulo 3 Oceanografía y el Niño
Fig. 3.16.-Perfi-
les verticales de
temperatura y
salinidad para 1996
(línea delgada) y
para 1997 y 1998
(línea gruesa).
La Alberca de Agua Cálida y el clima mexicano 97
Fig. 3.17.- Diagramas TS de la costa de Jalisco, durante
1997 y 1998 .
La Alberca de Agua Cálida y el clima mexicano
Una línea de investigación de gran actualidad, es la que estudia las interaccio-
nes entre el océano y la atmósfera, por sus repercusiones en el clima global. Por
ejemplo, existen zonas en el océano donde se registran temperaturas superficiales
iguales o superiores a 28°C, llamadas “albercas de agua caliente”, que favorecen el
desarrollo de convección profunda y precipitación (Webster 1994). Por su exten-
sión, el Pacífico Tropical Occidental es capaz de modular gran parte de la circula-
ción de los trópicos. Por ello, las fluctuaciones intraestacionales e interanuales modi-
fican el clima de gran parte del planeta. El caso más conocido es El Niño.
98 Capítulo 3 Oceanografía y el Niño
En el Pacífico Mexicano, frente a las costas de Michoacán y Guerrero, la alberca
de agua caliente juega un papel importante en la formación y dinámica de la ZITC.
Parte de la alberca alcanza temperaturas superiores a 28°C la mayor parte del año.
Las temperaturas superficiales exhiben un ciclo anual marcado, extendiéndose a la
entrada al Golfo de California (23°N) en octubre, y retrayendose a 17°N de abril a
junio, siguiendo en cierta forma la mínima y máxima intensidad de la Corriente de
California (Lynn y Simpson 1987). La máxima incursión al sur se registra entre abril y
mayo, llegando a 5°N, mientras que en enero y febrero puede alcanzar 16°N. Entre
noviembre y abril, la zona costera de la alberca de agua caliente del Pacífico mexica-
no se parte en dos debido al enfriamiento que se registra entre las latitudes 9 y 16°N
por la influencia de los Nortes en los golfos de Tehuantepec y Papagayo, (Trasviña
1991). La temperatura de verano en el Pacífico Tropical Mexicano parece alcanzar
un par de máximos relativos durante junio y agosto, debido a interacciones entre
radiación, nubes, vientos y lluvias, en un proceso típico de interacción océano at-
mósfera. Tales fluctuaciones en la temperatura superficial del mar (Fig. 3.18) pare-
cen modular la actividad convectiva en el sur de México, en procesos como la caní-
cula (Magaña et al 1999).
LATITUD
(ºC)
Fig. 3.18. Climato-
logía de temperatura
superficial del mar a lo
MES largo de la costa del
Pacífico del este (ºC).
La Alberca de Agua Cálida y el clima mexicano 99
A todo lo largo de la costa del Pacífico tropical, el modo dominante de variabili-
dad interanual corresponde a El Niño y La Niña. Las señales cálidas durante El Niño,
y frías durante La Niña, son claras. En la alberca de agua caliente del Pacífico mexi-
cano, se ve una disminución en amplitud de este cuerpo de agua durante periodos
del Niño. Por ejemplo, eventos de Niño intensos registrados durante los años 57-58,
82-83 y 97-98 generaron calentamientos intensos en las dos localidades extremas
de la alberca, Quepos y Punta Eugenia, con anomalías entre 1 y 2°C. En cambio, las
dos series que corresponden a Tehuantepec y Cabo Corrientes, muestran anoma-
lías menores, con valores por debajo de 1°C. Finalmente, en la serie de Acapulco las
anomalías máximas sólo alcanzan 0.8°C durante el Niño 57-58 y entre dos y tres
décimas de grado durante los eventos 82-83 y 97-98.
Durante la fase fría de La Niña, como en 54-55, 73-74, 75-76 y 88-89, las locali-
dades más alejadas de la alberca de agua caliente del Pacífico mexicano muestran
anomalías entre -1 y -2°C, mientras que en Acapulco las anomalías varían alrededor
de -0.5°C.
Fuera de los eventos asociados a El Niño, las series registran pocas desviacio-
nes importantes. Tres eventos son especialmente notables: 1962 y 1985, que co-
rresponden a enfriamientos, sin involucrar a ningún evento La Niña, y un calenta-
miento, 1990, que no coincide con ningún evento El Niño (Fig. 3.19a). En otros años,
la estabilidad de las altas temperaturas superficiales se mantiene durante eventos
no relacionados con El Niño. Este comportamiento ha sido una constante durante
los últimos 48 años y es una característica única dentro del Pacífico Tropical Orien-
tal.
Un análisis de temperatura superficial del mar a lo largo de la costa del Pacífico
de las Américas muestra que eventos de Niño, como en 1982-83, 1986-87 y 1997-
98, corresponden a un calentamiento, mientras que durante La Niña 1988-89, apare-
ce una disminución de la temperatura. El diagrama de anomalías (Fig. 3.19b) permi-
te observar la atenuación de la variabilidad térmica interanual en la región de la alber-
ca de agua caliente del Pacífico Mexicano. En el periodo 1983-1998 se presentan
cuatro eventos El Niño. Todos son evidentes en las latitudes cercanas y al sur del
Ecuador. Tres de ellos: 82-83, 92-93 y 97-98, también se manifestaron en latitudes
norteñas como eventos calientes característicos de la zona de California (Norton et
al., 1985). Estos eventos de El Niño involucran mecanismos oceánicos y/o atmosfé-
ricos que transmiten la señal a lo largo del Pacífico Nororiental. En cambio, el evento
El Niño de 1986-87 no mostró efectos extratropicales y corresponde al tipo Niño débil
( Norton et al. 1985).
100 Capítulo 3 Oceanografía y el Niño
a)
b)
Fig. 3.19. Evolución (año-mes vs. latitud) de a) la temperatura superficial del
mar (medias mensuales) para cuadrantes costeros a lo largo de el Pacífico Mexi-
cano y b) de anomalías de las medias mensuales. Las anomalías negativas se
grafican con contornos punteados. Márgen inferior: eventos El Niño registrados
durante el periodo. En ambos paneles, 16°N se identifican con la línea punteada.
La Alberca de Agua Cálida y el clima mexicano 101
La Alberca de agua caliente del Pacífico Mexicano es un sistema que además
de relacionarse con eventos de El Niño, establece nexos con otros eventos
interanuales diferentes. El primero de ellos, el enfriamiento de 1985, que se registró
en los gráficos como una lengua de anomalías frías que se extiende casi a todo lo
largo de la costa, fue una señal intensa y persistente hacia las latitudes ecuatoriales.
La fuerza de esta señal fue tal que, por única vez en el periodo, la alberca de agua
caliente desapareció durante varios meses y en su lugar se registraron anomalías
negativas menores a -0.5°C (Lluch-Cota et al. 1997). Se ha analizado este fenómeno
de enfriamiento en el Pacífico Tropical Mexicano durante 1985, cuando se presentó
una termoclina muy somera, pero su origen y naturaleza no han sido completamente
explicados. Una hipótesis preliminar es que en ese año se presentaron vientos inten-
sificados que pudieron favorecer la ocurrencia de surgencias y/o de mezcla vertical.
El segundo evento anómalo es el calentamiento de 1990, que se observa como
una lengua de anomalías cálidas que se originó próximo al núcleo de la alberca de
agua caliente (16°N) y que, aparentemente, se propagó hacia el norte hasta alcanzar
las latitudes 30°N. Este evento, muy localizado en la costa noroccidental de México,
fue identificado como un calentamiento de latitudes medias (Salinas-Zavala et al.
1992). Este es un tipo de variabilidad interanual, originalmente descrita por Norton et
al. (1985) para la región de la Corriente de California. que hasta ahora ha recibido
muy poca atención. Por ello es significativo que 1990 sea la única ocasión, dentro del
periodo analizado, en que el núcleo de la alberca de agua caliente registró anomalías
superiores a 0.5°C correspondientes a su mayor intensificación. Para el caso del
noroeste Mexicano, éste fue también un año benigno en términos de su baja aridez
meteorológica (Salinas-Zavala et al. 1998), con beneficios especialmente para Baja
California Sur, donde se modificaron los patrones de precipitación promedio, con
lluvias abundantes durante todo el invierno (Salinas-Zavala et al. 1992).
En resumen, aunque la mayor parte de la variabilidad interanual de la alberca de
agua caliente del Pacífico Mexicano está asociada con fenómenos El Niño o La Niña,
en ciertos años aparecen anomalías térmicas que pueden provocar cambios en el
clima regional de México, principalmente a lo largo de la costa del Pacífico.
102
El Niño en el sector Agrícola 103
4 El Niño y la Agricultura
Cecilia Conde , Rosa María Ferrer , Raquel Araujo , Carlos
1 1 1
Gay , Víctor Magaña , José Luis Pérez , Tomás Morales ,
1,9 1 1 1
Saturnino Orozco .
10
El Niño en el sector agrícola
En el libro “Historia del clima desde el año mil”, Emmanuel Le Roy (1991) pre-
senta múltiples ejemplos de cómo las alteraciones en el clima influyen en los mane-
jos de los cultivos y cómo aumenta la prosperidad de las poblaciones que conocen
las condiciones climáticas. Es claro que el clima no es el único factor que determina
el éxito de las actividades agrícolas, ya que las condiciones sociales y políticas pue-
den ser de igual o mayor importancia.
Aunque siempre han existido variaciones del clima, cuando éstas se presentan
de manera brusca o persistente generan problemas en las actividades agrícolas,
pudiendo resultar en migraciones de las poblaciones afectadas. Por ejemplo, en el
siglo XII la población vikinga que habitaba Groenlandia era floreciente, pero para fines
del siglo XV todos sus pobladores habían emigrado debido a un prolongado enfria-
miento que impidió las actividades agrícolas y congeló los mares de sus puertos. A
esta época se le llama en la actualidad “la pequeña edad glacial“ y tuvo consecuen-
cias en todo el continente europeo entre los siglos XIII y XVI (Le Roy, 1991). Recien-
temente, una prolongada sequía en México ha hecho que sectores de la población
del estado de Chihuahua emigren.
Cambios drásticos en el cli-
ma pueden resultar en migracio-
nes, como la de los vikingos en
el siglo XV por causa de la «pe-
queña edad glacial en
Groenlandia»
104 Capitulo 4 El Niño y la Agricultura
Diferentes culturas han interpretado de muy diversas maneras los fenómenos
atmosféricos con la finalidad de poder pronosticar el clima, objetivo que se persi-
gue con diversos métodos que incluyen las ancestrales cabañuelas y los actuales
modelos numéricos de simulación climática.
Debido a que la agricultura depende del clima se han probado una gran varie-
dad de tipos de maíz y otras semillas, buscando aquéllas que tengan resistencia a
factores climáticos adversos, como las sequías. En el caso de Mesoamérica, la
domesticación del maíz fue fundamental en el desarrollo y florecimiento de las cultu-
ras regionales precolombinas. El registro arqueológico muestra que la selección y
cultivo del maíz desde hace 8,000 años condujo a variedades de este cultivo con
mazorcas más grandes y granos más gruesos.
En Mesoamérica, existe una
gran variedad de tipos de maíz,
que surgen después de miles de
años de trabajo con este cultivo.
El conocimiento histórico empírico sobre clima ha sido muy importante para el
desarrollo de la agricultura en México. Buena parte de ese conocimiento no se puede
incorporar de manera formal a los modelos de simulación agroclimática. Sin embar-
go, el desarrollo de métodos científicos en el estudio de la variabilidad y cambio
climático, permite que algunas prácticas agrícolas tradicionales se modifiquen, para
adaptarse a las condiciones dominantes hoy en día.
Quienes practican la agricultura tradicional tienen un íntimo conocimiento de
su medio, obtenido a través de la observación constante del entorno. Tal conoci-
miento ha llevado a elaborar pronósticos del clima basándose en la presencia de
fenómenos, como la forma y color de las nubes o el comportamiento de algunos
animales y otras observaciones del entorno.
A pesar de este conocimiento empírico, los agricultores tradicionales enfrentan
hoy en día los aspectos negativos de condiciones climáticas extremas, por lo que es
necesario establecer alternativas en los manejos y tipos de cultivo que reduzcan las
pérdidas en el campo. Una de ellas incluye el uso de información climática regional
utilizando datos de décadas recientes y métodos modernos de análisis.
El Niño en el sector Agrícola 105
Los cambios en el clima
comienzan a volver limitado el
conocimiento tradicional por lo que se
requiere hacer uso de los avances de
la Meteorología en la planeación de
actividades agrícolas.
Los métodos científicos para pronosticar los efectos de las variaciones climáticas
en la agricultura son relativamente recientes. En la década de los setentas fue
característico el uso de modelos de regresión para inferir relaciones estadísticas
entre el clima y sus efectos potenciales en los rendimientos agrícolas. La sequía
persistente en el Sahel a principios de esa década fue el detonador de importantes
avances en el campo de la predicción climática.
El Fondo de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO) decidió, durante la Conferencia Alimentaria Mundial de 1974,
establecer un sistema de información y alerta sobre alimentación y agricultura a
nivel mundial, teniendo como objetivos principales el seguimiento de las condicio-
nes del cultivo, así como el pronóstico de rendimientos, especialmente en los paí-
ses en desarrollo. Esta iniciativa propició el desarrollo de modelos agroclimáticos
para la estimación de los impactos del clima en los cultivos.
La ocurrencia de se-
quías prolongadas, como
la del Sahel en los 70s, dio
un gran impulso a los es-
tudios agroclimáticos.
Otra organización interesada en impulsar el desarrollo de modelos
agroclimáticos ha sido la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que en diver-
sas notas técnicas, trata de explicar la estructura de algunos modelos y de comparar
estudios realizados en diferentes países (Baier, W. 1977; Doorenbos y Pruitt, 1977;
Frére y Popov, 1986). Así, existen dos líneas de trabajo para examinar las respuestas
de los cultivos a las variaciones climáticas, basadas en:
i) La medida de la aptitud de un cultivo mediante el uso de índices
agroclimáticos.
ii) La estimación de la productividad potencial1 al modelar la interacción cul-
tivo-clima.
1 Productividad en condiciones óptimas del cultivo
106 Capitulo 4 El Niño y la Agricultura
Los índices agroclimáticos se utilizan para caracterizar el crecimiento de un
cultivo sobre la base de variables dadas. Por ejemplo, es común el uso de la clasi-
ficación agrotérmica del clima, a partir de la Temperatura Efectiva Acumulada (TEA),
usualmente medida en unidades de calor. La TEA es la suma de las temperaturas
durante el periodo de crecimiento que se da por encima de una Temperatura Base,
considerada como crítica para el desarrollo del cultivo. Este tipo de índices permite
determinar la potencialidad de una región para un cultivo.
Un segundo método consiste en el uso de modelos de interacción cultivo -
clima, que pueden ser empírico-estadísticos o modelos de simulación de procesos.
Los primeros establecen relaciones estadísticas entre una muestra de datos de
producción del cultivo y una muestra de datos climáticos, las cuales se emplean
para predecir rendimientos con base en las observaciones climáticas. Este procedi-
miento no necesariamente se basa en la comprensión de las relaciones causales
entre el clima y el rendimiento del cultivo.
Por otra parte, los modelos de simulación de procesos describen el crecimien-
to del cultivo a lo largo de sus diferentes etapas, mediante un conjunto de ecuaciones
que relacionan el desarrollo de la planta, el suelo y los factores climáticos. Estos
modelos intentan describir los procesos del crecimiento vegetal. Algunos los consi-
deran como los más adecuados para estimar las respuestas de los cultivos a los
cambios en el clima (Conde et al., 1997). Sin embargo, también presentan algunas
desventajas. Por ejemplo, fueron diseñados para la toma de decisiones a nivel de
granjas, lo que los hace difícilmente generalizables a nivel regional. Además, preci-
san de datos climáticos, edáficos y del cultivo, no siempre disponibles en países
como México.
Los modelos de interacción
cultivo-clima tienen un gran
potencial para estimar la
respuesta de los cultivos a
variaciones climáticas, aunque
requieren de información
detallada de clima, suelo y del
cultivo mismo.
En México se han desarrollado estudios con gran variedad de modelos. Por
ejemplo, para la simulación de procesos en el cultivo del maíz se ha utilizado el
modelo CERES-Maize (Jones y Kiriny, 1986). Este modelo proporciona informa-
ción sobre crecimiento, desarrollo y rendimiento del maíz. Además, simula los efec-
tos del genotipo, el clima, las propiedades del suelo y su interrelación con la dinámi-
ca del nitrógeno y el cultivo.
Efectos 107
Dentro del proyecto Estudio de País: México (Conde et al., 1997) se utilizó este
modelo para la evaluación de impactos de cambio climático en la producción de
maíz. Actualmente se está utilizando para analizar la producción de maíz en el esta-
do de Tlaxcala, bajo diversas condiciones climáticas asociadas a El Niño (Conde et
al, 1998).
El modelo CERES-Maize, es
un modelo que proporciona
información sobre el crecimiento,
desarrollo y rendimiento del maíz
bajo diversas condiciones
climáticas.
Efectos
Los efectos del fenómeno de El Niño en la agricultura se han estudiado
sistemáticamente desde la década pasada. Buena parte de los estudios se basan
en lo que se denomina “teleconexiones”, esto es, en relaciones estadísticas entre el
clima de dos (o más) puntos distantes entre sí. Así, se ha observado que durante
condiciones de El Niño se presentan precipitaciones por debajo de lo normal en
Oceanía, en la India y en el sureste de Africa. El Niño provoca también cambios en el
clima de México (Cap. 2).
En agricultura, Cane et. al. (1994), encontraron una teleconexión entre la tem-
peratura superficial del mar (TSM) en el Pacífico ecuatorial en la región El Niño 3 y los
rendimientos de maíz en Zimbabwe. Ahí, el maíz es la fuente más importante de
alimento para la población y se cultiva principalmente en condiciones de temporal.
Sorprendentemente, la correlación entre los rendimientos de maíz y la TSM resultó
mayor (0.78) que aquella entre la TSM y la lluvia anual en ese país (0.64) para los
años de 1970 a 1993. Los resultados de tal relación para la agricultura hacen pensar
que el diagnóstico y pronóstico del El Niño son claves en Zimbabwe. Sin embargo, en
ese país aun existen reservas en cuanto al uso de pronósticos. Aunque el evento de
El Niño 1991 fue pronosticado correctamente, no fue posible convencer a los agricul-
tores de aplicar acciones preventivas para la severa sequía que se presentó en 1992.
Si bien hubo buenas lluvias en octubre y noviembre de 1991, en 1992 se presentó la
peor sequía en el siglo para 10 países de Africa del Sur, que se tradujo en cosechas
reducidas a la mitad de lo esperado, afectando a 10 millones de personas. Quizá su
impacto en la población no resultó tan grave gracias a las acciones de los gobiernos
amigos y a la ayuda internacional.
108 Capitulo 4 El Niño y la Agricultura
En algunos países hay dudas
entre los agricultores sobre los
beneficios de usar pronósticos
climáticos basados en la señal de
El Niño, aún cuando estos
pronósticos son cada vez mejores.
En otras partes del mundo también se trabaja en el uso de pronósticos de El
Niño para agricultura. En Perú, se decide en qué regiones se plantará arroz o algo-
dón, dependiendo del pronóstico de El Niño. Resulta entonces fundamental contar
con un pronóstico confiable de El Niño, conocimiento sobre los tipos de semillas,
fertilizantes y conocimiento en el manejo de cultivos alternos, para evitar pérdidas
en agricultura.
Para los Estados Unidos, los datos de rendimientos en los estados, del llama-
do cinturón de los cereales, muestran aumentos significativos durante eventos de
El Niño y bajos rendimientos durante eventos de La Niña (Mearns, 1998). Su inte-
rés en clima y agricultura se extiende a otros grandes países productores de gra-
nos. Bajo ciertas fluctuaciones en el clima, algunos países están en condiciones de
exportar granos, por ejemplo Estados Unidos y Argentina, mientras que otros se
ven en urgente necesidad de importarlos, por ejemplo, los países africanos.
Algunas estimaciones de los cambios en los precios de los granos a nivel
mundial bajo escenarios de cambio climático (Rosenzweig, 1994), sugieren que los
países en desarrollo resultarán ser los grandes afectados, pues ellos no sólo per-
derán áreas de cultivo, sino que también tendrán que pagar más por las importacio-
nes.
Los precios de granos mundiales
están en gran medida en función de las
variaciones climáticas globales, como
las que ocurren durante eventos de El
Niño.
La productividad agrícola depende de una compleja interrelación entre clima,
factores biofísicos y manejo de los cultivos. Sin embargo, resulta fundamental con-
siderar adicionalmente los factores económicos y sociales como potenciadores o
barreras a las alternativas de adaptación propuestas bajo condiciones de un evento
como El Niño.
Clima y Agricultura 109
Clima y Agricultura
De la discusión de los efectos del fenómeno de El Niño en México, particular-
mente en el régimen de lluvias, es claro que la disminución de la precipitación duran-
te veranos de El Niño afecta el ciclo agrícola primavera - verano, fundamental para la
producción agrícola en nuestro país.
Las prácticas agrícolas de temporal en México son particularmente sensibles a
cualquier alteración en la estación lluvias, ya sea por retraso, por irregularidad o de-
ficiencia persistente en las precipitaciones. Condiciones de sequía pueden provocar
desde la pérdida de algunos cultivos, hasta hambrunas y migraciones en vastas
regiones del país.
La intensidad y duración de las condiciones de sequía para la época colonial
ha sido reportada por Florescano (1980), cuyo análisis se basa en datos históricos
de los impactos de este fenómeno en la sociedad, particularmente en aspectos
agropecuarios, y no exactamente en mediciones físicas. La posible relación entre los
eventos de El Niño y el déficit de lluvia en algunas regiones de México ha sido estu-
diada para eventos ocurridos desde 1524 (Jáuregui 1995), utilizando información
sobre los impactos biofísicos de este evento en las costas de Perú (erosión del
suelo por inundaciones, muerte masiva de aves, etc.) y los archivos históricos de
Florescano (1980).
Mediante archivos que datan de las
épocas de la colonia, se sabe que el
fenómeno de El Niño ha existido siempre
y comúnmente ha estado relacionado
con sequías en el verano en México.
Para mostrar esta relación, se presentan en la Tabla 4.1 los años en que ocu-
rren simultáneamente El Niño y sequías en algunas regiones de México. Se incluyen
algunos casos en que los Niños tuvieron un fuerte impacto, no tanto por su intensi-
dad, sino por su duración, o bien, por su efecto en regiones más amplias del territo-
rio. Para los años previos a este siglo la información recopilada corresponde princi-
palmente a la región centro del país. Es claro que la confiabilidad de los datos es
mayor en la medida en que son más recientes. Los periodos reportados como se-
quía corresponden a los meses de mayo a agosto, principalmente. Los efectos en la
agricultura se describen en primer lugar, como una disminución o pérdida de las
cosechas, con la consecuente escasez y/o aumento en los precios de los granos
básicos. También durante estas sequías se reporta la mortandad de ganado, el au-
mento en las plagas y las limitaciones en el suministro de agua. A partir de la década
de los setentas, se encuentran ya reportes de enfermedades asociadas a ondas de
calor.
110 Capitulo 4 El Niño y la Agricultura
Tabla 4.1 Relación entre eventos de Niño y efectos negativos
en las actividades agrícolas en México de 1535 a 1987
C a ra c t e r í s -
R e gió n P er io do de I m p a c to d e l a
A ño Inte n sid a d t ic a s d e la
a fe c t a d a s e qu ía s e qu ía
s e qu ía
1 5 51
F S ur e s te 6 m eses h a m b r u na
1 5 52
falta d e llu v ia s
d e p r im a v e ra ; a u m e n to e n e l
1 6 41 F Va lle d e M é x ic o m a yo - o c tu b r e
s e qu ía p re c io d e g r a n os
e x tr e m a
1 7 20 MF E l B a jío jun io s e qu ía p é rd id a d e g a n ad o
m o rta lid a d d e
1 7 75 F N o re s te julio s e qu ía
g a na d o
p é rd id a d e
1 8 03 C e ntr o y e s ca s e z d e
F+ a g os to c o se c h as , es c a se z
1 8 04 O a xa c a llu v ia
d e g r a no s
7 años de
d e fic ie n c ia e n
1 8 54 M C e ntr o n /e n /e
las llu v ias
1 8 48 - 1 8 5 4
N o re s te , va lle p é rd id a d e
s e qu ía s e v er a
1 8 67 d e M é x ic o , c o se c h as , au m e nto
M+ m a yo - ju lio g e ne r a liz a da ;
1 8 68 O a xa c a , e n lo s p r ec io s d e
o n da s de c alo r
Ve ra c r uz los g ra n o s
p é rd id a d e
M a yo r ía d e l e s ca s e z d e c o se c h as , au m e nto
1 8 91 MF m a rz o - a g os to
p a ís ; e l Ba jío llu v ias e n lo s p r ec io s d e
los g ra n o s
a u se n c ia d e
e s ca s e z d e
llu v ias d es d e
g ra n o s ; p é rd id a d e
e n er o - e l a ñ o a n te r ior ;
1 9 07 M N o re s te , Ce n tro g a na d o , a u m e n to
s e ptiem b r e s e qu ía m á s
e n lo s p r ec io s d e l
p e rs iste n te e n
m a íz
a ñ os
s e ptiem b r e a
8 m eses de p é rd id a d e
1 9 10 M+ N o re s te m a yo d el
s e qu ía c o se c h as
s ig u ien te a ñ o
N o re s te , El
jun io - S eq u ía
1 9 17 F B ajío , N o ro e s te , e s ca s e z d e g r a no s
d ic ie m b r e p e rs iste n te
J a lis co
E l B a jío , N o rte , p é rd id a d e g a n ad o ;
C e ntr o, s e qu ía in te n s a p é rd id a d e
1 9 25
MF N o re s te , m a yo - ju lio p ro lo n ga d a ; c o se c h as ;
1 9 26
N o ro e s te , o n da s de c alo r s u m in is tr o d e a g u a
Ve ra c r uz lim itad o
Clima y Agricultura 111
Tabla 4.1 (continuación)
Caracterís-
Región Periodo de Impacto de la
Año Intensidad ticas de la
afectada sequía sequía
sequía
pérdida de
cosechas, aumento
1932 F Noreste, Centro junio sequía severa
en el precio de los
granos
1940
F Jalisco, Noreste abril sequía intensa ríos desecados
1941
Noreste,
Sureste, pérdidas parciales
sequía
1943 M+ Noroeste, la mayo - agosto de cultivo, pérdida
generalizada
mayor parte del de ganado
país
pérdida de cultivos
1953 M+ Noreste, Norte junio sequía de algodón en el
noreste
desem pleo en los
1957 Norte, Oaxaca, prim avera, campos; pér didas
F sequía intensa
1958 Noreste septiembre parciales de
cultivos
Norte, Centro, pérdida de ganado,
junio, julio, sequía intensa
1969 M- la m ayor parte pérdida de
agosto prolongada
del país cosechas
desem pleo,
pérdidas de
1972 Norte, El Bajío, sequía, ondas
F Julio - octubre cosechas,
1973 Noreste de calor
mortalidad infantil
por onda de calor
limitación en el
sequía suministro de agua
1976 M Norte abril - octubre prolongada, en Durango;
heladas pérdida de
cosechas
1982 Noreste,
MF n/e sequía
1983 Centro, Jalisco
n/e: no especificado
Tomado de Jaúregui, E., 1995
112 Capitulo 4 El Niño y la Agricultura
De 452 años (1535 a 1987) estudiados por Jáuregui, casi la mitad de la serie
(233), corresponden a condiciones de sequía. Sin embargo, la correlación entre se-
quías y años con condiciones de El Niño no es significativa. Ahora bien, al reducir el
periodo analizado (1822 - 1987), se observa que en el presente siglo la correspon-
dencia de los fenómenos El Niño y la sequía aumenta al doble que la frecuencia
encontrada para el siglo pasado, concluyéndose que “las condiciones de sequía en
regiones de México parecen estar ligadas significativamente al fenómeno de El Niño”.
A la tabla anterior hay que añadir prácticamente toda la década de los noven-
ta. De hecho, la duración prolongada de condiciones de El Niño de 1991 a 1996
sometió, particularmente al norte y centro - norte del país, a severas y prolongadas
condiciones de sequía. El fuerte Niño de 1997 - 1998, sólo comparable con el de
1982 - 1983, provocó una intensa sequía en prácticamente todo el territorio nacional.
La sequía de primavera - verano asociada a El Niño impacta principalmente a la
agricultura. La magnitud de este impacto depende tanto de su intensidad como de su
duración. La vulnerabilidad de una región a un evento climático extremo depende en
primer lugar de las características de éste, pero también de las condiciones econó-
micas, culturales y políticas de la región, que determinan la capacidad de prevención
y respuesta (adaptación) a los impactos de tal evento.
En México, la sequía asociada a El Niño tiene efectos diferentes dependiendo
de la región considerada. Liverman (1990) encuentra que en Puebla, los efectos de
la sequía de 1982 - 1983 fueron mayores para los productores con acceso a tecno-
logías agrícolas modernas y créditos, derivados del Plan Puebla (Peña y Ramírez,
1993), que para los productores que siguieron esquemas de agricultura tradicional
y aún para los que no sembraron y emigraron temporalmente a las ciudades, debido
a que los primeros, además de perder la cosecha, aumentaron sus deudas.
La sequía representa para los
productores no sólo la pérdida de sus
cultivos, sino también el aumento de
sus deudas.
De acuerdo con Dilley (1993), en el valle de Oaxaca se presentan actualmente
grandes presiones sociales resultado de la competencia por el uso del agua. Los
agricultores con recursos económicos han realizado un cambio de cultivos. Ahora
siembran alfalfa como forraje para vacas lecheras para la producción de quesos, así
como otros vegetales que requieren mayor cantidad de agua que los granos básicos
Impacto de El Niño en la producción de maíz de temporal 113
pero con una creciente demanda en los mercados de exportación. La creciente acti-
vidad turística y la demanda urbana de agua, colocan en desventaja a los producto-
res de maíz pobres, que difícilmente tienen acceso a los suministros de aguas su-
perficiales. En condiciones de sequía prolongada, como puede ser durante Niños
intensos, se incrementan los conflictos sociales asociados a la disponibilidad del
agua y los rendimientos de maíz de temporal disminuyen significativamente.
En el noroeste del país, particularmente en Sonora, el Tratado de Libre Comer-
cio (TLC) de América del Norte condujo al cambio de los cultivos tradicionales. Pues-
to que México no es competitivo en la producción de granos básicos, la producción
de la región incluye ahora uvas, alfalfa y espárragos para exportación. Liverman (1995)
sostiene que para México, la exportación de dichos vegetales es en realidad exporta-
ción de agua, escasa en la región.
Impacto de El Niño en la producción de maíz de temporal
La agricultura mexicana se desarrolla fundamentalmente durante el ciclo pri-
mavera - verano (P-V). De acuerdo con datos de la Secretaría de Agricultura, Ga-
nadería y Desarrollo Rural (SAGAR, 1998) el ciclo P-V ocupa el 80% de la superfi-
cie de labor del país y genera el 70% de la producción agrícola anual. De esta
superficie, el 87.5% se cultiva en condiciones de temporal.
Se considera temporal a la época del año en que se registran las precipitacio-
nes para el establecimiento y desarrollo de un cultivo. El temporal se puede clasifi-
car en cuatro niveles (Flores 1986), dependiendo de la cantidad de lluvia anual acu-
mulada:
i) temporal muy deficiente (menos de 350 mm),
ii) temporal deficiente (de 350 a 500 mm),
iii) temporal favorable (500 a 1000 mm) y
iv) temporal muy favorable (más de 1000 mm).
A partir de criterios climáticos, se determina la distribución de regiones de tem-
poral (Fig. 4.1). Los estados del norte son los menos adecuados para los cultivos de
temporal, mientras que las regiones centro y del Pacífico son de temporal favorable.
Dado que el promedio anual de lluvia en el país es de alrededor de 700 mm, la agri-
cultura de temporal a nivel país tiene escaso rendimiento (Bassols, 1993).
Para la determinación de la aptitud regional a los cultivos, es preciso incorpo-
rar a los niveles anteriores otros criterios, tales como la distribución de las lluvias,
los rangos de temperatura máxima y mínima, la pendiente del terreno, así como el
tipo de suelo. Las condiciones en que se desarrolla la agricultura en México deter-
minan su vulnerabilidad ante eventos climáticos, como El Niño.
114 Capitulo 4 El Niño y la Agricultura
Para la evaluación del impacto de fenómenos climáticos extremos en la agri-
cultura de temporal se utilizan varios métodos. Uno de ellos determina cuál es el
daño a nivel nacional en los cultivos, particularmente del maíz, tanto en la superficie
siniestrada (la cual es entendida como el porcentaje de la superficie sembrada que
se pierde durante el ciclo de cultivo), como en el decremento en la producción.
Temporal muy deficiente
menos de 350 mm
Temporal deficiente
de 350 a 500 mm
Temporal favorable
de 500 a 1000 mm
Temporal muy favorable
más de 1000 mm
Fig. 4.1. Clasificación de temporal a nivel estatal. Criterios desarrollados
a partir de estudios de Bassols (1993) y Flores (1986).
En el verano de 1997, El Niño afectó a gran parte del país. Extensas áreas
tuvieron decrementos cercanos al 50% en las lluvias (Fig. 4.2), hecho que se reflejó
en la superficie siniestrada para el cultivo de maíz grano1. Las superficies siniestradas
para el cultivo en 1997 aumentaron con respecto a años anteriores (Figs. 4.3a y
4.3b). Comparando dos años de El Niño (1991 y 1997), es claro que el fuerte evento
de 1997 tuvo grandes consecuencias negativas para la agricultura de temporal del
ciclo primavera - verano, particularmente en los estados del norte y costas del Pací-
fico. Si en 1991 cinco estados del país tuvieron pérdidas mayores al 40%, en 1997
fueron más de diez los estados afectados.
1
De 3 tipos de cultivo de maíz: grano y palomero (para consumo humano) y forraje
(para consumo animal), en este trabajo se considera sólo el maíz grano.
Impacto de El Niño en la producción de maíz de temporal 115
Fig. 4.2. Anomalías de precipitación (mm/día) para el verano de 1997
El Niño que inició en 1997 se prolongó hasta mediados de 1998. La precipita-
ción acumulada a nivel nacional del 1° de enero al 30 de abril, fue un 40% menor a la
media histórica para este período (SAGAR, 1998). La falta de lluvias en abril y la
primera quincena de mayo, es decir, el retraso del inicio de las lluvias, provocó
también un retraso en las siembras de los valles altos, principalmente en la región
centro del país que abarca los estados de México, Puebla, Hidalgo, Guanajuato,
Tlaxcala, Morelos y Querétaro. Con la información anterior, la SAGAR (1998) esti-
mó una disminución de la producción en el ciclo primavera - verano de 1998 del
14% del volumen programado, esto es, de 14.7 millones de toneladas.
116 Capitulo 4 El Niño y la Agricultura
Fig. 4.3a. Superficie sembrada en temporal de maíz-grano con siniestro, ciclo
primavera-verano, 1991
Fig. 4.3b. Superficie sembrada en temporal de maíz-grano con siniestro, ciclo prima-
vera-verano, 1997
Tlaxcala: un estudio de caso 117
Tlaxcala: un estudio de caso
El estado de Tlaxcala se localiza en la zona centro - oriental de la República
Mexicana, entre los 97° 37’ 07’ ’ y los 98° 42’ 51’ ’ de longitud oeste, y entre los 19°
05’ 43’’ y los 19° 44’ 07’ ’ de latitud norte. Está situado en las tierras altas del Eje
Neovolcánico sobre la meseta de Anáhuac. El estado se localiza por encima de los
2000 metros de altitud. Tlaxcala es la segunda entidad más pequeña del país y
cuenta con una superficie de 4,060.92 Km2, sólo mayor al Distrito Federal.
Los datos del Censo de Población y Vivienda 1995, elaborados por el Instituto
Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI, 1996a), indican que la den-
sidad de población en Tlaxcala es de 226 habitantes por Km2, casi 5 veces mayor
que la media nacional. Asimismo, la tasa de crecimiento poblacional, de 3.2% (INEGI,
1992), rebasó en 1.2% la media nacional. Tlaxcala, sufre de los agudos problemas
relacionados con la erosión y la degradación del suelo, así como la disminución de la
disponibilidad de agua. Estas condiciones se acentúan por la competencia de estos
recursos entre la población urbana, la industria y la agricultura.
El estado de Tlaxcala sirve como estudio de caso por ser pequeño y porque
ahí la agricultura ocupa un 82.6% de su superficie (INEGI, 1996b). De este espacio,
92.2% se dedica a la producción de temporal, lo que hace a la agricultura altamente
dependiente del clima. La producción de maíz de temporal predomina, ocupando el
53% de la superficie dedicada a labores del campo, con rendimientos promedio de 2
toneladas por hectárea. La mayor parte de formas agrícolas (85%) corresponde a
unidades productivas de menos de 5 hectáreas.
El Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias
(INIFAP) de Tlaxcala reporta que durante el ciclo primavera - verano, más del 90%
de la superficie de labor en el estado se encuentra bajo condiciones de temporal
(Legorreta-Padilla, 1998).
En Tlaxcala, más de 120 mil
hectáreas son dedicadas al maíz,
alrededor de 70 mil al trigo y a la
cebada, y 10 mil al frijol, a la haba y a
otros cultivos
De acuerdo a datos del VII Censo Agrícola y Ganadero de 1991 (INEGI, 1994), la
superficie de labor sembrada con maíz es grande pero los rendimientos obtenidos
son bajos (Fig. 4.4). Una gran extensión de la superficie resulta siniestrada (Fig.
4.4c) debido a que el maíz se cultiva en regiones del estado en donde, ni el clima, ni
las condiciones topográficas, ni el suelo son las adecuadas.
118 Capitulo 4 El Niño y la Agricultura
Los estudios realizados por el INIFAP demuestran que de la superficie sembrada
con maíz de temporal, sólo alrededor de 23 mil hectáreas son clasificadas como de
buen potencial productivo, mientras que para los cultivos de trigo y cebada se consi-
deran aptas más de 50 mil y 60 mil hectáreas, respectivamente. En el caso del frijol,
21 mil hectáreas presentan condiciones adecuadas (Tabla 4.2).
Figura 4.4a. Porcen-
taje de la superficie de
% labor sembrada con maíz,
De 0 a 20 ciclo primavera - verano
de 20 a 40
de 40 a 60 1991 (INEGI,1994).
de 60 a 80
de 80 a 100
Figura 4.4b. Rendi-
mientos del cultivo de
ton/ha
maíz, ciclo primavera -
De 0 a 0.5
de 0.5 a 0.8 verano
de 0.8 a 1.1 1991 (INEGI,1994).
de 1.1 a 1.5
de 1.5 a 2.2
Figura 4.4c.
Superficie siniestrada
% del cultivo de maíz,
De 0 a 1.3 ciclo primavera - vera-
de 1.3 a 3.7
de 3.7 a 7.8
no 1991 (INEGI,1994).
de 7.8 a 12.7
de 12.7 a 20.6
Pronóstico climático para Tlaxcala 119
Por lo anterior, en Tlaxcala se presenta la aparente incongruencia de tener el
53% de su superficie dedicada a la producción de maíz de temporal, cuando sólo el
15% de la misma o menos, es considerada por el INIFAP como de buen potencial
para tal cultivo. Tal condición vuelve al Estado altamente vulnerable a variaciones
climáticas.
Tabla 4.2 Características de los principales cultivos en Tlaxcala.
R eq u erim ien to H ectáreas co n
P ro fu n did ad P end iente d el F echa de D ur ació n d el
C ultivo d e ag u a (m m alto p otencial
d el su elo su elo siem br a ciclo
acu m u lad o s) p ro d uctivo
Menores al 4%
para labranza
Profundos
tradicional y Antes del 30
Maíz 600 (m ayores a 1 160-200 23 000
hasta el 6% de abril
metro)
para labranza
de conservación
Poco profundos
Cebada 450 (m enores a 40 De 0 a 8% 30 de junio 120-130 60 000
cm)
Poco profundos
20 de mayo
Trigo 600 (m enores a 40 De 0 a 8% 114-129 50 000
a 5 de junio
cm)
Hasta 30 de
Frijol 450 a 500 sin dato sin dato 100-135 21 000
junio
Pronóstico climático para Tlaxcala
Siendo Tlaxcala un estado de actividades agrícolas poco eficientes y vulnera-
bles a extremos climáticos, el uso de pronósticos y diagnósticos del clima se con-
sidera de gran utilidad. La fuerte relación entre producción de maiz de temporal y las
lluvias, controladas en gran medida por la señal de El Niño (Fig. 4.5), hacen del caso
Tlaxcala un buen tema de estudio. Evidentemente, el ciclo más importante es el de
primavera - verano, donde resulta clave describir y pronosticar, por ejemplo, el inicio
y fin del periodo de lluvias, así como la lluvia acumulada. Esta información es un
elemento adicional de juicio en la elección de la variedad de maíz a sembrar (depen-
diendo de su ciclo) , o aún en la decisión de un cambio de cultivo, si las condiciones
pronosticadas son lluvias escasas.
Fig. 4.5 Rendimientos de producción de maíz en Tlaxcala y la señal El Niño
120 Capitulo 4 El Niño y la Agricultura
a)
2-4
4-6
6-8
8 - 10
10 - 12
12 - 14
b)
500-600
600-700
700-800
800-1000
1000-1200
Fig. 4.6 Condiciones medias anuales a) de temperatura (°C) y
b) de precipitación (mm) para el estado de Tlaxcala.
En mayo de 1997 y durante el desarrollo del proyecto “Utilización de Pronósti-
cos Climáticos en Actividades Agrícolas en Tlaxcala”, se trabajó en diagnosticar las
condiciones climáticas a escala regional dominantes, sus fluctuaciones y las rela-
ciones de éstas con el fenómeno El Niño (Conde et al., 1999). Con base en los
impactos de El Niño en Tlaxcala se elaboraron pronósticos de inicio y fin de la tempo-
rada de lluvias, lluvia acumulada (de junio a septiembre, 1997) y anomalías de tem-
peraturas máximas, mínimas y medias. El pronóstico se elaboró en términos de si
se tendrían condiciones por encima o por abajo de lo normal o bien, alrededor de la
climatología normal (Fig. 4.6). Se incluyeron algunos diagnósticos de la canícula o
sequía intraestival (moderada, débil, intensa) y de la probabilidad de heladas, que es
el evento de tiempo severo que más daño causa en los cultivos del estado.
Pronóstico climático para Tlaxcala 121
Los pronósticos se basaron en las relaciones entre las condiciones regionales
observadas y los pronósticos de temperatura superficial del mar (TSM) en el Pacífico
tropical (TSM en la región Niño 3). El pronóstico indicaba que en marzo de 1997 se
estaría en condiciones de Niño débil. Se analizaron las condiciones en Tlaxcala du-
rante eventos anteriores de Niño débil y se obtuvo una primera estimación de las
condiciones a pronosticar (uso de análogos).
Para tener una mejor predecibilidad se evaluaron modelos estadísticos basa-
dos en ecuaciones de regresión. Finalmente, se analizaron otros pronósticos dispo-
nibles, como el del Instituto Internacional para la Investigación del Clima (IRI). La
conclusión fue que se aproximaba un Niño débil, por lo que las lluvias en Tlaxcala
estarían cerca de la media. El resultado fue medianamente exitoso ya que, aunque
se pronosticó acertadamente que se adelantarían las lluvias, la lluvia acumulada hasta
septiembre estuvo muy por debajo de lo normal ya que, el evento El Niño se desarro-
lló hasta convertirse en un Niño muy fuerte.
Para 1998 se decidió utilizar un método de análogos (Magaña et. al., 1998),
considerando que el comportamiento del fenómeno El Niño 1997 - 1998 evoluciona-
ría de manera semejante al ocurrido en 1982 - 1983. Esto permitió que se emitieran
pronósticos de lluvia acumulada mes por mes a nivel regional y local para seis luga-
res: Apizaco, Ixtacuixtla, Huamantla, Calpulalpan, Tlaxco y Españita (Fig. 4.7). La
mayor precisión de los pronósticos sobre la evolución de El Niño, resultó en mejores
predicciones de lluvia en Tlaxcala, que se distribuyeron entre los productores (Fig.
4.8).
Fig. 4.7 Municipios para los que se emitieron pronósticos de
lluvia acumulada mes por mes.
122 Capitulo 4 El Niño y la Agricultura
Fig. 4.8 Portada del tríptico de pronóstico
climático para Tlaxcala.
Un modelo de productividad agrícola: CERES 123
A nivel estatal, se pronosticó para 1998 una disminución muy importante de la
lluvia para los meses de marzo hasta mayo (Fig. 4.9a). Se determinó que no sería
sino hasta julio que se tendrían lluvias normales o por encima de lo normal (Fig 4.9b).
Después del mes de agosto el pronóstico señalaba la posibilidad de que se presen-
taran lluvias muy por encima de lo normal.
La utilización de pronósticos
climáticos para algunas regiones de
Tlaxcala ha permitido a algunos campesi-
nos planear sus actividades, reduciendo su
vulnerabilidad a condiciones extremas en
el clima, como la sequía.
Este pronóstico, presentado en marzo de 1998, fue altamente satisfactorio,
tanto a nivel estatal como a nivel regional. Los resultados fueron discutidos en
talleres y conferencias municipales y se repartieron en forma de tríptico en los seis
municipios señalados (Fig 4.8). Gran parte del éxito se debió a la precisión del pro-
nóstico de la evolución de El Niño.
Las variaciones del clima en Tlaxcala a nivel local, basadas en el fenómeno
Niño, resultaron razonablemente pronosticadas para diversos municipios del esta-
do para los meses de marzo a septiembre (Fig. 2.28). El contraste entre valores
climatológicos y observados permite llegar a tal conclusión (ver Cap. 2). Sólo para
marzo y julio no se acertó en cuanto a pronosticar correctamente el signo de ano-
malía de la lluvia, en algunas localidades, pues en algunos casos la precipitación
en marzo fue nula y en julio aún se tuvieron condiciones de déficit.
Un modelo de productividad agrícola: CERES
Apizaco es el municipio del estado para el que se tuvieron las series más
completas de datos diarios (más de 30 años), necesarios para el estudio climático y
la aplicación del modelo de simulación agrícola: el CERES-Maize. El Departamento
de Suelos de la Escuela de Agrobiología de la Universidad de Tlaxcala realizó aná-
lisis de suelos para simulaciones con el modelo. La información acerca del manejo
del cultivo: fecha de siembra, densidad de siembra, distancia entre los surcos, semi-
llas por mata y aplicación de fertilizante, así como de las variedades de maíz emplea-
das y su fenología (inicio de floraciones masculina y femenina), fue proporcionada
por los expertos de el INIFAP - Tlaxcala, Desarrollo Rural y los agricultores, a través
de entrevistas y encuestas.
124 Capitulo 4 El Niño y la Agricultura
a) ABRIL
19 .8 12 0
11 0 %
10 0
80
19 .6
60
40
20
19 .4
0
-20
-40
19 .2
-60
-80
-98 .8 -98 .6 -98 .4 -98 .2 -98 .0 -97 .8 -97 .6 -10 0
M AYO
12 0
19 .8
11 0
10 0
80
19 .6 60
40
20
19 .4 0
-20
-40
-60
19 .2
-80
-10 0
-98 .8 -98 .6 -98 .4 -98 .2 -98 .0 -97 .8 -97 .6
JU NIO
1 9.8 1 20
1 10
1 9.7
Fig. 4.9a.
1 00
Pronóstico
de lluvia para 1998
1 9.6 80
en términos de
60
porcentaje de preci-
1 9.5
pitación
40 media
normal.
2 0 a) para los
1 9.4
meses
0
de abril,
mayo y junio, y b)
1 9.3 -2 0
para julio, agosto y
-4 0
septiembre.
1 9.2
-6 0
1 9.1 -8 0
-9 8 .8 -9 8 .6 -9 8 .4 -9 8 .2 -9 8 .0 -9 7 .8 -9 7 .6
-1 0 0
Un modelo de productividad agrícola: CERES 125
b) JULIO
1 9 .8 120
% 110
1 9 .7
100
1 9 .6 80
60
1 9 .5
40
20
1 9 .4
0
1 9 .3 -2 0
-4 0
1 9 .2
-6 0
1 9 .1 -8 0
-9 8 .8 -9 8 .6 -9 8 .4 -9 8 .2 -9 8 .0 -9 7 .8 -9 7 .6
-1 0 0
AGO STO
1 9 .8 120
110
1 9 .7
100
1 9 .6 80
60
1 9 .5
40
20
1 9 .4
0
1 9 .3 -2 0
-4 0
1 9 .2
-6 0
1 9 .1 -8 0
-9 8 .8 -9 8 .6 -9 8 .4 -9 8 .2 -9 8 .0 -9 7 .8 -9 7 .6
-1 0 0
S E PTIE M BRE
1 9 .8 120
110
1 9 .7
100
1 9 .6 80
60
1 9 .5
40
20
1 9 .4
0
1 9 .3 -20
-40
1 9 .2
-60
1 9 .1 -80
- 9 8.8 - 9 8.6 - 9 8.4 - 9 8.2 - 9 8.0 - 9 7.8 - 9 7.6
- 1 00
126 Capitulo 4 El Niño y la Agricultura
Además de las variaciones interanuales, cada vez es más importante analizar
las tendencias del clima. Un estudio de variaciones decadales (Conde, et al, 1998)
de datos climáticos hace evidente, para el caso de la temperatura máxima, una ten-
dencia al calentamiento de aproximadamente 1.5 grados entre las décadas de los
sesentas y el periodo 1991 - 1995 (Fig 4.10). Esta tendencia también se observa,
aunque en menor grado, en la temperatura mínima. Para la precipitación se presenta
una tendencia al aumento (Fig 4.11), aunque para el quinquenio 1991 - 1995, se
observa un cambio en el régimen de la precipitación, particularmente en el fenómeno
de la canícula o sequía intraestival (Magaña et al., 1999), la cual se acentúa coinci-
diendo con la ocurrencia de más eventos El Niño prolongados. Cabe resaltar que los
promedios decadales pueden enmascarar condiciones contrarias a la tendencia,
puesto que minimiza, en periodos particulares, la aparición de eventos climáticos
extremos.
Fig. 4.10 Temperatura máxima (°C) promedio mensual para las décadas: 1961-
1970, 1971-1980,1981-1990 y para el periodo de 1991-1995.
Un modelo de productividad agrícola: CERES 127
Fig. 4.11 Como en la Fig. 4.10, pero para precipitación (mm/mes).
Al realizar el análisis decadal de los patrones de vientos, comparando la déca-
da de los sesentas con el periodo 1991 - 1997 (Fig 4.12), se observa que los vientos
del norte - noreste se presentan con mayor frecuencia que los del sur - sureste.
Además se observa una tendencia al aumento de la lluvia anual acumulada y una
mayor intensidad de la canícula, calculada como el decremento de la precipitación
de junio a julio. Así pues, las tendencias decadales exhiben variaciones climáticas
importantes, acentuadas particularmente en los años recientes bajo condiciones El
Niño.
Si se analiza la precipitación promedio para los años El Niño más fuertes, a
partir de los sesentas (1965 - 1966, 1972 - 1973, 1982 - 1983, 1986 - 1987 y 1991 -
1992) se observa que el efecto más importante es una disminución en las lluvias de
verano (Fig 4.13), especialmente en los meses en los que se presenta la sequía
intraestival (julio - agosto). Para los años La Niña, el patrón de lluvias es cercano a la
climatología media.
128 Capitulo 4 El Niño y la Agricultura
Fig. 4.12 Vientos
dominantes,
tendencia de la
lluvia acumulada
e intensidad de la
canícula para las
décadas: 1961-
1970, 1971-1980,
1981-1990 y para
el periodo de
1991-1995 en
Apizaco, Tlaxcala.
Fig. 4.13 Compa-
mm/mes
ración de la preci-
pitación promedio
del periodo 1961-
1992 (climático)
con años El Niño y
La Niña en
Apizaco, Tlaxcala.
Un modelo de productividad agrícola: CERES 129
Los resultados de los experimentos de simulación con el modelo CERES-Maize
(Conde et al, 1999) para los años El Niño muestran un notable decremento en los
rendimientos durante estos años, particularmente para El Niño 1982-1983, cuando
se perdió más de un 20% de la producción y existió una reducción en la fase de
llenado de grano (Fig 4.14).
Fig. 4.14 Reducciones en los rendimientos y en la fase de llenado de grano para
los años El Niño que se muestran.
Para los agricultores del estado, el comportamiento de la canícula es muy
importante. Cuando es muy severa (“la canícula no viene con agua”) su impacto se
refleja en el desarrollo del maíz. Una canícula sin lluvia puede producir heladas
inesperadas por radiación durante el mes de septiembre (Morales y Magaña, 1999).
La falta de humedad en la atmósfera en años de Niño parece permitir que escape el
calor y con ello que aumente la probabilidad de heladas (Sánchez, 1998). Al presen-
tarse este fenómeno no es posible aplicar medidas de adaptación.
Comparando la precipitación normal para los meses de marzo a junio, con las
lluvias que se presentaron para los mismos meses en 1983 y 1998, aparece la gran
deficiencia de lluvia, característica de condiciones de Niños muy fuertes (Fig 4.15).
130 Capitulo 4 El Niño y la Agricultura
La cultura popular que se tiene sobre el clima, se traduce en una serie de di-
chos o expresiones populares que son indicativos de las expectativas e intereses de
los agricultores del estado en lo que a pronóstico climático se refiere. Para los me-
ses de marzo a junio se tienen dichos populares asociados a la lluvia, resaltando el
conocimiento empírico sobre el pronóstico de la lluvia en este periodo. Podemos
suponer que para los agricultores las lluvias de marzo son poco confiables para la
toma de decisiones, sobre todo si se presentan de manera aislada, como lluvias
tempranas (“marzo florido, año perdido”). Por otra parte, las lluvias de abril son fun-
damentales para el desarrollo del cultivo, ya que corresponden a las primeras etapas
de crecimiento (“lluvias de abril, granos mil”), por lo que un pronóstico de la precipita-
ción para este mes es de sumo interés. Finalmente, el dicho “lo que San Juan no ve
nacido (24 junio), San Pedro (29 junio) lo da por perdido”, indica las fechas límite para
aplicar cualquier medida de adaptación. Esto es, sólo hasta junio es posible para los
agricultores decidir si se cambia de semilla (por una más precoz o “violenta”) o inclu-
so de cultivo (trigo, cebada o avena), dependiendo de si las lluvias se adelantan y
luego escasean o, más grave aún, si hubo condiciones de sequía entre marzo y
junio. Después de este mes, se incrementa el peligro de que el cultivo no pueda
prosperar por la aparición de las heladas.
Lo que Sa n Juan (24 jun)
no ve na cido,
San Pedro (29 jun)lo da
por perdido
lluvias de abril,
granos mil
ma rzo florido,
año perdido
Fig. 4.15 Precipitación (mm/mes) de marzo a junio para condiciones normales,
comparada con la correspondiente a 1983 y a 1998. Los dichos populares ilustran
las expectativas de lluvia de los agricultores tlaxcaltecas.
Un modelo de productividad agrícola: CERES 131
El pronóstico desarrollado por el Centro de Ciencias de la Atmósfera de la
UNAM demostró su utilidad cuando, a principios de mayo de 1998 los productores
agrupados en la Fundación Produce - Tlaxcala decidieron adquirir semilla de avena
forrajera para la reconversión de cultivos, dada la sequía pronunciada que impedía
la siembra del maíz y que confirmaba el pronóstico proporcionado a principios de
marzo. Este hecho concuerda con la información emitida por la Secretaría de Agri-
cultura Ganadería y Desarrollo Rural (SAGAR) en mayo de ese año, que sugería
fechas límite para la siembra del maíz, dependiendo del inicio de las lluvias, así como
las estrategias de reconversión de cultivos.
Para el caso de Tlaxcala, en 1988 el cultivo de maíz aún era viable si las lluvias
se iniciaban durante la segunda quincena de mayo (Tabla 4.3). Para el municipio de
Apizaco esta situación no se presentó, por lo que la alternativa fue la reconversión de
cultivos. Gracias a la existencia de un pronóstico adecuado fue posible que algunos
productores adquirieran a tiempo y a menos costo la semilla de avena forrajera.
Tabla 4.3 Tlaxcala. Periodo de siembras y ciclo vegetativo (Primavera-Verano)
Periodo / Marzo Abril Mayo Junio Ciclo
Producto 1-15 15-31 1-15 15-30 1-15 15-31 1-15 15-30 Vegetativo
Maíz 130 – 160
Frijol 90 – 120
Trigo 130 – 150
Cebada 120 – 130
Avena 80
Forrajera
SAGAR, CNA, 1998
Las deficiencias en la producción anual de alimentos en el campo mexicano
no son únicamente resultado de los efectos negativos de eventos como El Niño.
Las tendencias actuales de la política agraria han derivado en una reducción de la
capacidad productiva del campo (Calva, 1997). Por ejemplo, la producción agrícola
en 1995 resultó ser un 16.5% inferior a la de 1981, lo cual se reflejó en el aumento
de las importaciones de alimentos por casi 1,790 millones de dólares en 1982, a
cuatro veces más para 1994, y a ocho veces más, 271.4 millones de dólares, para
1996. El maíz no escapa a esta tendencia según se observa en la Tabla 4.4.
Así pues, al deterioro de la agricultura debido a la política agraria deben aunar-
se los efectos siniestrantes de algunos eventos climáticos extremos como son las
sequías, como las ocurridas durante los últimos años en nuestro país.
132 Capitulo 4 El Niño y la Agricultura
Tabla 4.4. Valor del m aíz importado.
Año Valor del grano im porta do
(m iles de dólares)
1988 393,819
1989 440,944
1990 435,346
1991 178,311
1992 183,311
1993 66,738
1994 369,183
1995 373,041
1996* 162,100
1997* 359,300
1998* 462,800
(Calv a, (* D elgadillo, 1999 C om unicación personal)
1997 ).
A partir del estudio Tlaxcala se hace evidente que la realización de pronósti-
cos climáticos, asociados a la planeación de las actividades agrícolas, posibilita la
reducción de pérdidas y riesgos para los productores, sobre todo en condiciones
de eventos como El Niño. La vulnerabilidad de la región decrecería si estos estu-
dios se realizaran sistemáticamente.
Además, resalta la necesidad de que los grupos de trabajo colaboren directa-
mente con los productores, como los organizados en la Fundación PRODUCE Tlax-
cala y con los tomadores de decisiones, como los representantes de el INIFAP y
Desarrollo Rural.
El planteamiento de estrategias que consideren a los pronósticos climáticos
como un elemento de juicio fundamental, permitiría el diseño de un abanico de
posibles medidas de adaptación, previamente experimentadas y viables, aun en con-
diciones de cambio climático futuro.
El Niño y los incendios forestales
La disminución o exceso en la lluvias alrededor del mundo, ocasionadas por la
aparición de El Niño, tiene impactos importantes en el clima del planeta. Los cam-
bios ambientales en algunos casos pueden ser enormes, principalmente en regio-
nes donde se presenta la sequía. Países como Australia, Indonesia, Brasil o México,
vivieron en 1997 y parte de 1998 uno de los periodos de sequía más severos en años
recientes. Al comparar la salud de la vegetación del suelo durante abril para dos años
consecutivos, 1998 y 1999, se distingue claramente la señal de El Niño (Fig. 4.16).
Por ejemplo, regiones en donde las lluvias disminuyen y aparece la sequía, la salud
de la vegetación disminuye (e.g. México, noreste brasileño, Sudáfrica), mientras que
en regiones donde llueve más de lo normal, la vegetación parece saludable (Uru-
guay, California).
El Niño y los incendios forestales 133
Fig. 4.16 Condición de la salud de la vegetación durante abril, a) de 1998 y
b) de 1999 (tomado del National Geophysical Data Center, NOAA)
En el caso particular de México, la sequía registrada en el verano de 1997 y la
falta de lluvias en el invierno 1997-98 provocó que la vegetación fuera suceptible
de incendiarse en la primavera de 1998 (Fig. 4.17).
Las prácticas agrícolas tradicionales de roza, tumba y quema, provocaron un
número anómalamente alto de incendios forestales (más de 10 mil) que afectó casi
850 mil hectáreas (Fig. 4.18).
134 Capitulo 4 El Niño y la Agricultura
Fig. 4.17Como en la Fig. 4.16 pero para mayo de 1998 y 1997.
Fig. 4.18 Imágen de satélite del 17 de mayo de 1998 mostrando regiones de
incendios forestales (puntos rojos), regiones ilumidadas por luz
eléctrica (manchas azules), nubes, continente y mares
(tomado del National Geophysical Data Center, NOAA).
El Niño y los incendios forestales 135
Aunque la mayoría de los incendios forestales en México son de tipo superfi-
cial (afectan vegetación herbácea y arbustiva), a causa de condiciones climáticas
adversas (sequía y fuertes vientos), se presentaron incendios denominados de copa
o de corona, difíciles de controlar (Cedeño y Medina 1999). Parte de los factores
climáticos adversos pueden ser asociados con El Niño 1997-98, aunque en su ma-
yoría, son por factores humanos.
Las condiciones de calor y sequía experimentada durante la primavera de 1998
no significaron condiciones negativas en todos los sentidos. Algunas regiones
semidesérticas de México, como Puebla, Oaxaca, Coahuila y Tamaulipas, experi-
mentaron un evento extraordinario de floración (Palacio et al, 1988).
136
El sector pesquero 137
5 Las Pesquerías y El Niño
D. Lluch-Cota , D. Lluch-Belda , S. Lluch-Cota , J. López-
7 14, 7 7
M a rt í n e z , M. Nevárez-Mar t í n e z , G. Po n c e -Díaz , G.
12 13 7
Salinas-Zavala , A. Vega-Velazquez , J.R. Lara Lara , G.
7 14 6
Hammann y J. Morales .
6 8
El sector pesquero
Si bien el tema de la variabilidad climática ha llamado la atención del público en
el mundo durante algún tiempo, El Niño 1997-98 ha sido el evento que más interés ha
recibido en diversos sectores de la sociedad mexicana. A ello contribuyó la amplia
cobertura que los medios de comunicación brindaron al tema. Sequías, incendios
forestales, precipitaciones excesivas, la presencia de ciclones o tormentas fueron
repetidamente señalados como catástrofes asociadas al Niño 97-98 que fue particu-
larmente intenso. En algunos casos la relación entre El Niño y algunos de estos
desastres naturales es inexistente o cuando menos discutible. Sin embargo, es cla-
ro que este evento hizo manifiesta la vulnerabilidad de algunos sectores y activida-
des ante la variabilidad climática.
Entre las actividades económicas que resienten el impacto de El Niño, una de
las más afectadas es sin duda la pesca. A nivel mundial las estimaciones prelimina-
res de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO) muestran que la producción mundial de alimentos registró un retroceso del 2
al 4% en 1997, esperándose un aumento para 1998. En realidad, fue en 1998 cuando
se registraron las alteraciones biológicas más severas, tales como incrementos de
la mortalidad natural, fallas de reclutamiento y crecimientos somáticos disminuidos.
Algunas estimaciones de la FAO indi-
caban que la pesca a nivel mundial sufriría
una disminución en 1997 por causa de El
Niño. Tal efecto negativo ocurrió y perdu-
ró durante 1998.
138 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
Aunque en cifras globales las pérdidas parecen grandes, para cada sector
pesquero del mundo existe una gran cantidad de variables que influyen en los
volúmenes totales de capturas. Además, debe reconocerse que los impactos de
estos eventos son diferentes para cada rubro de la actividad. En el caso del fenóme-
no del Niño, las pesquerías del Pacífico este son impactadas significativamente por
encontrarse en la zona de influencia directa. Así, para Perú el decremento en 1997
alcanzó casi el 60%, con cifras similares en 1998 (Duffy y Bryant 1998). Para el caso
de México, aún no existen cifras oficiales, aunque se sabe que los impactos fueron
severos, principalmente en el Pacífico, pues poco se sabe de cómo El Niño afecta al
Golfo de México o al mar Caribe. Los cambios en el Pacífico significan graves pérdi-
das para nuestro país, por ser estos litorales los que aportan la mayor parte de la
producción nacional en términos de volumen y de valor de producción. En 1996, la
proporción de la producción total fue de alrededor del 70% (Zavala 1997).
El origen de la vulnerabilidad en la actividad pesquera ante fenómenos de
variabilidad ambiental depende directamente de los patrones de producción y captu-
ra. Como en la pesca de organismos libres los recursos utilizados realizan perma-
nentes desplazamientos horizontales y verticales, relativos a la ubicación de sus
recursos de vida, las técnicas de captura son difíciles, a diferencia de la acuacultura,
donde los recursos se tienen disponibles en ambientes controlados. La influencia de
factores ambientales en la pesca, específicamente en la captura de organismos,
hace necesario integrar en los esquemas de extracción y manejo, límites en tipos y
periodos de captura, que no excedan la capacidad de recuperación o reproducción
del recurso, la cual se define por el crecimiento poblacional.
La vulnerabilidad en la pesca
ante fenómenos de variabilidad
ambiental, como por ejemplo El
Niño, depende de los patrones de
producción y captura seguidos.
El problema se agrava debido a que la mayoría de los modelos pesqueros
utilizados asumen que las poblaciones de organismos, crecen en función directa a
su tamaño, y no consideran las múltiples variables que determinan el tamaño y tipo
de los cardúmenes. Esta falta de modelos descriptivos de las poblaciones resulta en
un manejo de los recursos con base en esquemas muchas veces inadecuados,
ante variaciones ambientales como las que El Niño ocasiona en el Pacífico mexica-
no (Lluch-Cota et al. 1995, Lluch-Belda et al. 1998).
La administración pesquera en ambientes variables 139
La administración pesquera en ambientes variables
El objetivo de la administración pesquera es la explotación de los recursos,
obteniendo un rendimiento sostenido de los mismos es decir, la captura de organis-
mos sin rebasar la tasa de crecimiento de la población, para así asegurar la perma-
nencia de los mismos. De esta forma, se busca obtener una cantidad adecuada del
recurso año tras año y en consecuencia, tener una actividad económica sustentable.
Para alcanzar este objetivo, la biología pesquera recurre al conocimiento ecológico
básico en la forma en la que crece una población, incorporando dicho conocimiento
a modelos matemáticos que, bajo premisas correctas, permiten establecer la mejor
forma de explotar el recurso.
El enunciado biológico más importante para la administración pesquera es el
que define los esquemas básicos del crecimiento poblacional. En el universo de
información existente se plantean 2 patrones: el primero, asume que la población
crece en forma exponencial; mientras que el segundo establece que las poblaciones
crecen dependiendo de los recursos disponibles, llamando a estos: factores limitantes.
Con la presencia de agentes que condicionan el crecimiento, las poblaciones sólo
pueden sostener un determinado número de organismos, siendo el máximo posible
la capacidad de carga o capacidad portadora del medio (Odum 1953).
Si la capacidad de carga se considera constante, el crecimiento poblacional
obedecerá reglas muy simples: en ausencia de explotación, la población crecerá
hasta un nivel máximo que es constante, a una velocidad (tasa instantánea) que
depende de su tamaño. Cuando una población se desarrolla bajo los parámetros
descritos, se dice que ésta tiene un crecimiento sigmoideo, de acuerdo a la curva de
crecimiento que muestre (Fig. 5.1). Si un recurso pesquero creciera con estos
parámetros, la población llegaría a su nivel máximo constante y la captura de orga-
nismos se realizaría con toda la producción que se genere por arriba de dicho nivel.
Sobre esta base se han desarrollado modelos donde se establece que el crecimien-
to poblacional es aproximadamente sigmoideo. En sus primeras versiones, investi-
gadores como Graham (1935), Schaefer (1954) y Fox (1970), supusieron condicio-
nes de equilibrio estático o permanente en donde, si la pesca extrae el volumen
exedente del nivel máximo constante, la población se mantiene en un tamaño cons-
tante.
En investigaciones actuales, se trabaja con modelos dinámicos como el de
biomasa de Hilborn (Hilborn y Walters 1992), donde se supone que la población no
tiene un equilibrio estático. Este modelo considera al crecimiento anual como una
función del tamaño de la población del año inmediato anterior y de las remociones
o extracciones por pesca; se denomina a esta premisa condiciones de equilibrio
dinámico.
140 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
K1 (100)
100 1
Tamaño poblacional (N)
3
K2 (50)
50 2
dN r N (K - N)
=
dt K
0
Tiempo (t)
Fig. 5.1. Modelo sigmoideo de crecimiento poblacional
A pesar de que estos trabajos aportan información importante para el trabajo de
los administradores, la pesca continúa su desarrollo bajo criterios de crecimiento
sigmoideo, donde el único factor que determina el crecimiento es el tamaño mismo
de la población, en otras palabras, el crecimiento es densodependiente.
En general, en pesca se continúa
pensando que el único factor que
determina el crecimiento de la
población es su tamaño.
La Ecología reconoce que no todas las poblaciones crecen en forma
densodependiente, aunque la tendencia general ha sido considerar a este crecimiento
como el caso más general. Los trabajos en poblaciones de plantas (Harper et al
1965), invertebrados (Carpenter 1940) y aun en vertebrados superiores (Elton 1942),
han sido la pauta para describir una forma de crecimiento diferente. En este creci-
miento se describe el efecto limitante de los factores ambientales a los que está
expuesta la población y que de manera repentina actúan sobre los organismos. Esta
situación se ha observado ante variaciones repentinas y significativas de la capaci-
dad de carga. A este crecimiento, ajeno a la densidad de población, se le llama
densoindependiente, y hasta ahora se había reservado a casos particulares como el
de las plagas o los florecimientos algales masivos.
Efectos regionales: el ambiente físico 141
El asumir un crecimiento densodependiente como válido, obedece a que para
muchas poblaciones existe evidencia de que la tasa de crecimiento suele ser una
función decreciente de la densidad (Tanner, 1966). Al respecto, Lluch-Belda et al.
(1998) sugieren que con las evidencias resultantes de periodos de observación, más
bien cortos, el sistema puede mantenerse relativamente constante. Así, un recurso
pesquero podría crecer en forma aproximadamente sigmoidea durante un cierto tiem-
po. No obstante, una variación repentina y significativa de la capacidad de carga
podría dar como resultado un crecimiento que tienda a ser densoindependiente.
La modificación en los patrones de crecimiento, ha permitido observar e inferir
la estrecha relación que existe entre la medida de las desviaciones o variaciones de
los factores ambientales y el tipo de crecimiento densoindependiente, haciéndose
más evidente conforme aumentan los valores de las variaciones. Este cambio en los
esquemas de crecimiento muestra las deficiencias de las estrategias de captura
que no consideran al crecimiento densoidependiente como real. Existen razones
para considerar que la capacidad de carga de la generalidad de los recursos mari-
nos se modifica significativamente ante los efectos de El Niño, básicamente porque
el ambiente físico sufre drásticas modificaciones que repercuten en la generalidad
del ecosistema marino.
Efectos regionales: el ambiente físico
Las características generales de El Niño han sido previamente descritas. Bas-
ta señalar que, aunque El Niño se origina en el Pacífico tropical, existen mecanis-
mos que transmiten sus efectos físicos y biológicos fuera de los trópicos, como en el
Pacífico mexicano (Wooster y Fluharty 1985).
Uno de estos mecanismos es de naturaleza oceánica, y consiste en la gene-
ración de ondas costeras durante El Niño (ver Cap. 3). Por su naturaleza física,
relacionada con la elevación del nivel del mar, la onda Kelvin costera genera diver-
gencia en su extremo ecuatorial y convergencia en su extremo boreal, mientras se
propaga hacia los polos (Bakun,1996). Estas ondas viajan desde el Ecuador a los
polos a lo largo de la costa, de manera que unos tres meses después de iniciado el
evento podemos experimentar sus efectos en la región mexicana.
El medio de propagación de estas ondas costeras es la capa superficial del
mar, cuyas características son determinadas por la acción combinada de la radia-
ción solar, y las interacciones del mar y los vientos. Muchos de los procesos
involucrados en la dinámica de la capa superfical del Pacífico mexicano son motivo
de estudio (Trasviña 1991).
142 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
De manera general se puede pensar en la capa de mezcla como una capa homogé-
nea, cálida y normalmente poco densa. El agua por debajo de esta capa es más fría
y por lo general más densa. Entre la capa superior e inferior existe una interface
denominada termoclina, en donde la temperatura cambia bruscamente de cálida a
fría.
El contenido de nutrientes como fosfatos, nitratos o silicatos, escenciales para
la producción de fotosíntesis en el fitoplancton, es bajo en la capa superficial en
comparación con la capa más profunda. Por ello, los nutrientes tienden a acumular-
se en las capas más profundas, donde la luz no penetra o llega muy debilitada (Figu-
ra 5.2).
Por otro lado la actividad fotosintética es más activa en la capa de mezcla,
debido a la penetración de la luz, lo que produce el agotamiento de los nutrientes
en la columna de agua. Así, cuando la capa de mezcla es gruesa, y sin intercambios
por efectos de viento entre niveles, la producción biológica queda severamente limi-
tada (Mann y Lazier 1996).
En una capa del mar
superficial, sin intercambios de
agua por falta de mezclado vertical
por el viento, la producción
biológica es limitada.
La onda costera que caracteriza a El Niño se propaga en la capa mezcla-
da, produciendo incrementos en el espesor de la capa al propagarse la onda hacia
latitudes altas. Tal incremento se manifiesta a través de aumentos, tanto de tempe-
ratura como de espesor, ya que el agua se expande térmicamente.
Los efectos regionales de la onda costera se observan a partir de cambios en
tres variables y consisten en:
i) El aumento de varios centímetros en el nivel medio del mar.
ii) Los incrementos de hasta 4 o 5 °C en la temperatura superficial.
iii) Los descensos de decenas de metros en la profundidad de la termoclina.
La Figura 5.3 muestra las series regionales de temperatura superficial duran-
te años recientes, donde puede apreciarse que el año de 1997-98 fue el que registro
cambios extremos para varias localidades del Pacífico mexicano, .
Efectos regionales: el ambiente físico 143
Capa
mezclada
Fig. 5.2. Situación en la que el espesor de la capa mezclada es comparable al de
la capa fótica (i.e. la capa hasta donde penetra la luz). Al no existir mezcla
con el agua sub-superficial, los nutrientes no pueden ser utilizados.
(Compárese esta situación con el esquema de la Figura 5.6)
La propagación de la señal El Niño a latitudes subtropicales se produce por
efectos oceánicos, pero también a través de la atmósfera, mediante las llamadas
teleconexiones. Las teleconexiones se definen como un fenómeno de propagación
de una señal de un punto a otro por procesos de tipo ondulatorio que se identifican
como patrones espaciales persistentes en variables como la presión atmosférica.
En la Figura 5.4 se describe la naturaleza de estas teleconexiones, como un patrón
de presiones altas y bajas, en la superficie de un fluido en movimiento generado a
partir de una «fuente» (Wallace, 1985). Las zonas de alta presión corresponden a las
altas en superficie y lo mismo para las bajas, lo que indica que el fenómeno ocurre en
todo el fluido y no sólo en su superficie.
Otra característica de un patrón de ondas de una teleconexión es su carácter
estacionario en relación a un obstáculo presente, porque sin éste, el patrón no se
presentara y al cambiar de posición el tren de ondas desaparecería la relación entre
los puntos teleconectados.
144 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
Fig. 5.3.- Series de anomalías de la temperatura superficial del mar para cuadran-
tes costeros aledaños a varias localidades.Las flechas indican los principales
eventos El Niño registrados desde 1950. Nótese la intensidad de
El Niño 1997-98, comparable a los eventos de 1957-58 y 1982-83.
Fuente de datos: Reynolds y Smith (1994) y IRI-IGOSS (1998).
Efectos regionales: el ambiente físico 145
La atmósfera, es el fluido que tiende a desplazarse horizontalmente bajos los
efectos de la rotación y contrastes térmicos. La fuente de la onda está asociado a la
masa de agua cálida del Pacífico tropical, que a su vez fuerza convección anómala-
mente intensa, con movimientos verticales que originan ondas estacionarias pre-
sentes en varios niveles de la atmósfera (Wallace y Gutzler 1981).
Durante El Niño, el desplazamiento de una masa cálida de agua en el Pacífico
tropical resulta en desplazamientos de la zona de convección tropical, lo que introdu-
ce cambios en los patrones de presión y circulación en la atmósfera de casi todo el
planeta. Uno de los más claros es el que se presenta como onda de Rossby estacio-
naria denominada patrón del Pacífico Norte América (ver Cap. 2).
0 (-) (+)
Fig. 5. 4. Esquema del modelo “intuitivo” de Wallace (1985), que representa un
tren de ondas estacionarias generadas por un obstáculo o fuente de forzamiento
en un fluido en movimiento. La proyección en la parte superior indica los cambios
de presión en el seno del fluido correspondientes al patrón de altas y bajas obser-
vado en la superficie.
146 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
a)
b)
Fig. 5.5. Isobaras de presión superficial para el invierno del hemisferio norte en
a) años normales y b) El Niño (1965, 1972, 1982, 1986, 1991, 1997).
Las áreas gris obscuro corresponden a alta presión del Pacífico
norte (>1020 mb) y la gris claro a la baja de las Aleutianas (<1004).
Efectos regionales: el ambiente físico 147
Durante años de El Niño la señal del patrón PNA es clara (Wallace y Gutzler
1981). La aparición de esta onda modifica la circulación atmosférica media con
cambios en la actividad convectiva y de vientos de bajos y altos niveles (ver Cap.2).
Aunque existe variabilidad en la fase y amplitud de las teleconexiones, éstas tienen
un aspecto aproximadamente regular, que las hace aparecer durante los inviernos
de Niño en el hemisferio norte (Tribbia 1991). Los principales efectos de
teleconexiones sobre México, como los del patrón PNA, aparecen en cambios en la
corriente en chorro subtropical durante el invierno, con lo cual se vuelve más fre-
cuente la incursión de sistemas de latitudes medias sobre la República Mexicana
(Fig. 2.4). Los efectos del patrón PNA son identificables también en la distribución de
la presión en superficie, principalmente frente a las costas de la península de Baja
California (Fig. 5.5).
Existe variabilidad en las características
de las teleconexiones de un evento de Niño
a otro, que tiene que ver básicamente con
la intensidad y fase de la onda estacionaria
asociada a la teleconexión.
Uno de los efectos de las teleconexiones durante años Niño está relacionado
con la zona de alta presión del Pacífico norte, que durante El Niño tiende a debili-
tarse por la aparición de la anomalía ciclónica del patrón PNA. La modificación de
esta circulación tiene efectos en los patrones de vientos, reflejándose en un debili-
tamiento de los del noroeste. Estos vientos confieren características muy particula-
res al ambiente marino del noroeste mexicano, ya que por efectos de transporte de
Ekman y surgencias costeras, se producen zonas de alta productividad marina. La
situación típica de estos sistemas se esquematiza en la Figura 5.6, donde se descri-
be la disposición característica del viento que sopla paralelo a una costa ubicada a la
izquierda respecto del sentido del flujo.
Los vientos del norte,
asociados a la alta semipermanente
del Pacífico, producen surgencias
costeras en las costas de Baja
California y consecuentemente, alta
productividad marina.
148 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
Fig. 5.6. Esquema general de un sistema de surgencias costeras y su localización
aproximada en el noroeste mexicano. El remplazamiento del agua arrastrada por
el transporte de Ekman permite el ascenso del agua sub-superficial hacia la zona
fótica (mezcla por surgencias); compárese esta situación con la de la Figura 5. 2.
Efectos regionales: el ambiente físico 149
La capa superficial del océano tiende a desplazarse debido a los efectos del
viento en la superficie del mar y al efecto de Coriolis. Este efecto produce que el
movimiento de la capa superficial de agua sea hacia la derecha de la dirección de
movimiento de los vientos en el hemisferio norte (Peixoto y Oort 1992). El desplaza-
miento de la capa superficial o capa de Ekman da lugar a que la capa superficial del
mar sea transportada hacia fuera de la costa, con lo que las aguas transportadas
son o serán remplazadas por el surgimiento de las capas inferiores. El resultado de
este transporte es la zona de surgencia costera, con elevados niveles de productivi-
dad primaria y secundaria y que constituye el sostén de muchas de las principales
pesquerías en el Pacífico mexicano.
La zona de surgencia costera
frente a Baja California, tiene
elevados niveles de productividad
primaria y secundaria, lo que la
hace una de las zonas de gran
riqueza pesquera.
Durante El Niño, tanto el engrosamiento de la capa mezclada vía las ondas
costeras, como el debilitamiento de los vientos noroestes, vía las teleconexiones
del tipo patrón PNA, tienen repercusiones importantes sobre los sistemas de
surgencias. En ambos casos, parecen producirse reducciones en el aporte de
nutrientes hacia la superficie, y por lo tanto una disminución en la producción bioló-
gica en general, como se muestra en la Figura 5.7.
En las costas de Perú, se han observado reducciones de la concentración de
pigmentos fotosintéticos del orden del 50% durante eventos El Niño, como el de
1982-83 (Feldman et al. 1984), mientras que en California la reducción llegó al 75%
(Fiedler 1984). Para el caso del Pacífico mexicano no existen evaluaciones equiva-
lentes, aunque la información disponible a partir de imágenes de satélite de color
del mar, donde se relacionan los colores con la presencia de fitoplancton, sugiere
que la disminución puede ser significativa frente a Baja California (Figura 5.8).
El debilitamiento del
transporte de Ekman en años
Niño, produce una disminución en
la producción primaria frente a
Baja California.
150 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
Onda
Costera
Teleconexión
Fig. 5.7. Efectos de El Niño sobre los sistemas de surgencia por transporte de
Ekman. Nótese como ambos mecanismos (onda costera y teleconección) redu-
cen el ascenso del agua sub-superficial hacia la zona fótica.
Imágenes por satélite de los pigmentos del
Fitoplancton en el Pacífico mexicano
El fitoplancton es responsable de más del 95% de la fotosíntesis marina por lo
que se convierte en el elemento escencial en la productividad ecológica de los océa-
nos. Este incide significativamente en los procesos de producción alimenticia mari-
na y en la regulación del dióxido de carbono en el mar. Actualmente, con los grandes
avances en el entendimiento de los procesos oceánicos en escala global, se ha
llegado a la conclusión que los ciclos biogeoquímicos están fuertemente ligados a
los procesos de variabilidad y cambio climático. Pero a pesar de reconocer la impor-
tancia de estos ciclos, hasta ahora la magnitud y la variabilidad de la fertilidad oceánica
permanece pobremente determinada. Salvo pequeñas excepciones, casi nada se
conoce acerca de la variabilidad interanual de la productividad primaria y la biomasa
del fitoplancton para los 332 millones de km2 del océano abierto.
Imágenes por satélite de los pigmentos del Fitoplancton 151
mgChlm2
Primavera promedio (1979-1985)
Primavera 1983
Fig. 5.8 Isolíneas de concentración de pigmentos fotosintéticos en la costa occi-
dental de la península durante la primavera, promedio y durante El Niño 1982-83.
La reducción de la biomasa fitoplanctónica media entre ambos casos es del 60%.
Fuente de datos: Tran et. al (1993).
152 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
El uso de la información generada a través de sensores remotos (satélites) del
color del océano, ha abierto las puertas para estudiar la variabilidad en la biomasa de
los pigmentos fotosintéticos y aumentando el potencial para estimar la producción
marina en escala global. Es también hoy en día, la única herramienta que ofrece a
los oceanógrafos la capacidad de evaluar de manera sinóptica las distribuciones y
variaciones del fitoplancton en regiones de alta variabilidad espacial y temporal (Gaxiola
y Nájera 1996).
La información del océano generada
por sensores remotos, ha permitido
estudiar la variabilidad del mar y los
pigmentos fotosintéticos que determinan
la producción marina en escala global
El sensor Coastal Zone Color Scanner (CZCS, por sus siglas en inglés) voló a
bordo del satélite Nimbus-7 de la NASA, generando datos de pigmentos totales
fotosintéticos del océano entre 1978 y 1986. Esta base de datos ha servido para
desarrollar aplicaciones oceanográficas, como la cuantificación de la variabilidad
biológica espacio-temporal, el análisis de la productividad oceánica y su papel en el
ciclo global del carbono (Martín y Perry, 1994). En agosto de 1997 se puso en órbita
un nuevo sensor: SeaWiFS, (Sea-viewing Wide Field Scanner) a bordo del satélite
OrbView-2 de Orbital Imaging Corporation, el cual fue diseñado con mejores carac-
terísticas espectrales para determinar diversas formas bio-ópticas del océano.
Las áreas adyacentes a México que han sido estudiadas utilizando datos del
CZCS son:
i) El sistema de la Corriente de California (Peláez y McGowan, 1986);
ii) El Golfo de México (Müller–Karger et al., 1991; Biggs y Müller-Karger, 1994);
iii) El Golfo de California (Santamaría del Angel, et al. 1994 a, b);
iv) La zona del Pacífico adyacente a Baja California Sur,
v) Cabo Corrientes y
vi) El Golfo de Tehuantepec (Lluch et al., 1997).
Con la información generada por el SeaWiFS, se abre toda una diversidad de
oportunidades para avanzar el conocimiento sobre la magnitud de la variabilidad
espacio-temporal de producción primaria y su relación con la fertilidad de las aguas
patrimoniales mexicanas.
Con el propósito de conocer los impactos de El Niño 1997-1998 en la distribu-
ción espacio-temporal de los pigmentos totales fotosintéticos del fitoplancton mari-
no en el Pacífico mexicano, se han descrito y comparado los impactos de la variabi-
lidad climática, en la distribución de pigmentos fotosintéticos totales del fitoplancton
como son la Clorofila y los Feopigmentos.
Imágenes por satélite de los pigmentos del Fitoplancton 153
Para entender la relación Niño-productividad primaria se establecen las condi-
ciones normales, a partir de una serie de imágenes estacionales promedio de
pigmentos totales generadas con el sensor CZCS durante el periodo de 1978-1986,
esta serie se compara con imágenes estacionales promedio, también de pigmentos
generadas por el sensor SeaWiFS, que representan el ciclo estacional de pigmentos
durante 1997-1998.
Aunque el sensor SeaWiFS provee datos que permiten la determinación de la
concentración de clorofila a, los datos se procesan con un algoritmo de pigmentos
tipo CZCS para facilitar la comparación. Tomándose en consideración la información
generada por Gordon y Morel (1983), se dispone de referencias generales sobre la
interpretación de imágenes por satélite para estudiar el color del océano.
Las imágenes de pigmentos totales tanto del CZCS como de SeaWiFS, fueron
obtenidas de la NASA, específicamente del programa Distributed Active Archive
Center (DAAC, por sus siglas en inglés). En el caso de CZCS se manejaron imáge-
nes compuestas estacionales de los periodos comprendidos entre 1978 y 1986. Las
imágenes del SeaWiFS, fueron esquemas compuestos mensuales entre octubre
1997 y octubre 1998, con las cuales se determinaron las imágenes compuestas de
los promedios estacionales de los periodos otoño 1997, invierno 1998, primavera
1998, verano 1998, y finalmente otoño 1998. A pesar de realizarse validación de los
datos, la comparación cuantitativa de estas series de imágenes debe tomarse con
cierta cautela debido a las diferencias entre los sensores y el escalamiento de los
mismos datos. Aun bajo tal consideración, se hacen evidentes las diferencias entre
los patrones espaciales de distribución de biomasa del fitoplancton, durante perio-
dos normales y años de Niño.
El área de estudio comprende las aguas entre 0-35º N de latitud y 85-130º W de
longitud, la cual incluye al Pacífico mexicano (Fig. 5.9). En condiciones normales,
esta región se encuentra influenciada por la Corriente de California, la corriente cos-
tera de Costa Rica, y el efecto de los vientos que producen surgencias costeras (ver
Cap. 3).
Distribución espacial promedio (1978-1986) de los pigmentos totales (CZCS)
En general, la variabilidad espacial de los pigmentos totales de las aguas del
Pacífico mexicano, se puede separar en grandes regiones:
i) La región del Golfo de California, que se encuentra entre 24-32o N, donde
generalmente se presentan los valores máximos de pigmentos totales
(> 0.6 mg m-3 ) de todo el Pacífico mexicano.
ii) La costa adyacente al norte de Cabo Corriente a 20°N, es otra región de
alta fertilidad, la cual es un área reducida en comparación con el Golfo de
California.
154 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
Fig. 5.9 Área donde se estudiaron los pigmentos fotosintéticos
del Pacífico mexicano.
iii) La región frente a las aguas adyacentes a la Península de Baja California,
ubicada a los 23–32o N, la región del Golfo de Tehuantepec en los 15o N,
que presentan concentraciones entre 0.3-0.6 mg m-3.
iv) Existe entre las regiones de menor biomasa fitoplanctónica, una franja
entre la región costera y la oceánica con valores entre 0.05-0.3 mg m-3.
v) Finalmente la zona de mar adentro tiene una muy baja concentración de
biomasa fitoplanctónica < 0.05 mg m-3, en la aguas propiamente oceáni-
cas frente a México (Fig. 5.10 a-d).
Ciclo estacional (1978-1986) de los pigmentos totales (datos CZCS)
El ciclo estacional de concentración de pigmentos en el Pacífico mexicano (Fig.
5.10) muestra que en invierno los máximos de pigmentos totales son mayores a 0.6
mg m-3, y ocurren en casi toda la región del Golfo de California. Otra región de altas
concentraciones la Bahía de Banderas, al norte de Cabo Corrientes y al sur de una
región de concentraciones medianas frente a la costa de Nayarit. La alta concentra-
ción en Bahía Banderas se encuentra todo el año. Próxima a esta área se presentan
altas concentraciones en las principales bahías adyacentes a la Península como
son: Bahía de Todos los Santos, Bahía de San Quintín, Bahía de Sebastián Vizcaíno
y Bahía Magdalena.
Imágenes por satélite de los pigmentos del Fitoplancton 155
En la región del Golfo de Tehuantepec se observan concentraciones interme-
dias, entre 0.2 a 0.6 mg m-3. Le sigue, al norte una franja relativamente ancha en la
región adyacente a la Península de Baja California, adelgazándose entre Cabo
San Lucas y Cabo Corrientes. En esta misma línea se encuentra un estrecho fila-
mento a lo largo de las costas de Jalisco, Colima, Guerrero, que se ensancha en las
aguas oceánicas frente al Golfo de Tehuantepec. Las aguas más pobres tienen con-
centración <0.05 mg m-3, y se localizan en la región oceánica frente a Michoacán.
Esta última es casi igual durante todo el año.
En primavera (Fig. 5.10b), a diferencia del invierno, la región de alta concen-
tración tiene más de 0.6 mg m-3 en el Golfo de California, y se encuentra compren-
dida en la región al norte de las grandes islas, es decir al norte de la latitud 28o N.
Existe un nivel intermedio en el resto del Golfo, hasta llegar a la boca, con una
región de menor fertilidad. Comparada con la estación de invierno, la península de
Baja California presenta una franja de intensa concentración de pigmentos cerca
de la costa, que disminuye rápidamente mar adentro. En el Golfo de Tehuantepec
la concentración es menor en comparación con el invierno en la extensión mar
abierto del golfo.
Fig. 5.10 a. Promedios
de invierno 1978-1986
de la concentración de
pigmentos fotosintéticos
medidos por el sensor
CZCS en el satélite
NIMBUS 7.
Concentración de pigmentos (mg/m3)
El verano (Fig. 5.10c), en comparación con el resto de las estaciones, presen-
ta las concentraciones más bajas de los pigmentos. El Golfo de California tiene una
concentración de entre 0.4 mg m-3 a más de 0.05 mg m-3, desde el sur hasta cerca
de la Bahía de Guaymas. Frente a la Península de Baja California existe una franja
de mediana concentración en pigmentos, desde Ensenada hasta Bahía Vizcaíno.
Después se encuentra una región más ancha de concentraciones medianas, frente
a Punta Baja, que se reducen hacia el final de la Península en Cabo San Lucas. En
verano, el Golfo de Tehuantepec presenta una distribución de pigmentos en par-
ches, que se encuentra puntualmente localizado al sur del Golfo.
156 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
Fig. 5.10b. Promedios
de primavera 1978-
1986 de la concentra-
ción de pigmentos
fotosintéticos medidos
por el sensor CZCS en
el satélite NIMBUS 7.
Fig. 5.10c. Promedios
de verano 1978-1986 de
concentración de
pigmentos fotosintéticos
medidos por el sensor
CZCS en el satélite
NIMBUS 7.
Concentración de pigmentos (mg/m3)
Imágenes por satélite de los pigmentos del Fitoplancton 157
Durante el otoño (Fig. 5.10d), se observa un incremento en áreas con concen-
traciones medias de pigmentos entre 0.3 y 0.8 mg m-3. La alta concentración de
biomasa del Golfo de California, se encuentran desde Alto Golfo hasta la zona cen-
tral, al norte del paralelo 28º N. Existe una banda muy estrecha de baja concentración
que une al Golfo de California con el de Tehuantepec, donde se localiza la más am-
plia distribución de pigmentos en concentraciones medianas durante todo el año. En
este periodo se define una gran región, que incluye el Golfo de Papagayo y el Domo
de Costa Rica. Las aguas adyacentes a la Península, presentan nuevamente regio-
nes con gran cantidad de pigmentos cercanos a la costa, desde Ensenada hasta
Bahía Vizcaíno, y una gran región de concentración media, desde la frontera con
Estados Unidos hasta Bahía Magdalena. Por último, las aguas pobres del océano se
ubican lejos de la región costera. Es así como se cierra el ciclo anual, observándose
la máxima fertilidad del año durante el otoño, en función de la cantidad de áreas y las
mínimas concentraciones durante el verano.
Fig. 5.10 d. Promedios de
otoño 1978-1986 de
concentración de
pigmentos fotosintéticos
medidos por el sensor
CZCS en el satélite
NIMBUS 7.
Concentración de pigmentos (mg/m3)
Distribución de pigmentos durante El Niño 1997-1998 (datos de SeaWiFS)
Al comparar el ciclo estacional de la distribución de pigmentos totales desde
invierno 1997-1998 hasta otoño 1998, durante la máxima influencia del evento El
Niño 1997-1998, con la referencia anteriormente descrita (1978-1986), se encuentra
una fuerte disminución de los pigmentos en todas las regiones descritas, a lo largo
del Pacífico mexicano (Fig. 5.11 a-e).
158 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
En el otoño de 1997 (Fig. 5.11a) se apreciar un frente de pigmentos extendién-
dose al suroeste de la región de Ensenada. La región de Isla Socorro, cuenta con
una concentración baja de pigmentos, y en casi todo el Golfo de California se detecta
una mediana concentración. Finalmente, la zona de 10°N hacia el Golfo de
Tehuantepec presenta una franja de pigmentos muy reducida.
Concentración de pigmentos (mg/m3)
Fig. 5.11a . Promedio de otoño 1997-1998 de la concentración de pigmentos
fotosintéticos (tipo CZCS) medidos por el sensor SeaWiFS en el satélite
OrbView-2.
En invierno de 1997-98 (Fig. 5.11b), los valores medianos de pigmentos se
presentaron en la costa adyacente a la Península, en una extensión mayor a la del
otoño promedio. El Golfo de California, tuvo una lengüeta de pigmentos angosta que
se extendió al sur hasta Bahía Banderas. El Golfo de Tehuantepec tuvo una reducida
concentración de pigmentos, aunque persistió la presencia de dos franjas bajas,
sobre 10º N y el Ecuador. La distribución de pigmentos en el invierno fue muy similar
a la observada con CZCS, pero con concentraciones menores y frentes menos
marcados.
Las condiciones de primavera durante 1998 (Fig. 5.11c) fueron similares a las
de invierno. En particular, en el Golfo de California se mantuvieron los niveles de
concentración de pigmentos. La presencia de estas concentraciones en las aguas
costeras adyacentes a la Península, sufrieron una retracción hacia la costa en con-
traste con el invierno. La alta concentración en la banda costera entre la boca del
Golfo y el sur de Cabo Corrientes, también se incrementó ligeramente. Finalmente el
Golfo de Tehuantepec presentó una región de mayor concentración en comparación
con las condiciones de invierno.
Imágenes por satélite de los pigmentos del Fitoplancton 159
Fig. 5.11 b . Promedio de
invierno 1997-1998 de la
concentración de
pigmentos fotosintéticos
(tipo CZCS) medidos por
el sensor SeaWiFS en el
satélite OrbView-2.
Concentración de pigmentos (mg/m3)
Fig. 5.11 c . Promedio de
primavera 1997-1998 de
la concentración de
pigmentos fotosintéticos
(tipo CZCS) medidos por
el sensor SeaWiFS en el
satélite OrbView-2.
160 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
Durante el verano de 1998 (Fig. 5.11d) se observaron las mínimas concentra-
ciones a lo largo de todo el Pacífico mexicano. Sólo la parte al norte de las grandes
islas en el interior del Golfo de California, presentó una franja costera a lo largo de
todo la península y una angosta que se extendió desde Mazatlán hasta Cabo Corrien-
tes, con una concentración de alrededor de 0.4 mg m -3. La formación de la franja
angosta de concentración total de 0.2 mg m-3 o menos, se vió a lo largo de toda la
península y en el interior del Golfo, al sur de las Grandes Islas hacia Cabo Corrientes,
asociada a un filamento costero que conectó al Golfo de Tehuantepec. Las aguas
pobres en pigmentos, con menos de 0.05 mg m-3 , se encontraron en toda la región
costera del Pacífico mexicano.
Fig. 5.11 d. Promedios
de verano 1997-1998
de la concentración de
pigmentos
fotosintéticos (tipo
CZCS) medidos por el
sensor SeaWiFS en el
satélite OrbView-2.
Concentración de pigmentos (mg/m3)
Durante otoño de 1998 (Fig. 5.11e), la región al norte de 28º N mostró un aumen-
to en los pigmentos en constraste con las condiciones de verano. Asimismo, se
observó una franja de mayor concentración de pigmentos que en la región costera
de la latitud 26º N en el Golfo de Tehuantepec. El Golfo mostró las mayores concen-
traciones de pigmentos durante todo este ciclo anual, indicando probablemente una
recuperación hacia las condiciones normales. Sin embargo, no se pudieron apreciar
las dos grandes extensiones de altas concentraciones que se observaron en las
imágenes del CZCS. Finalmente, las aguas costeras adyacentes a la Península de
Baja California, tuvieron una disminución en la concentración de pigmentos.
En general, se reconoce que los eventos El Niño reducen significativamente los
pigmentos fotosintéticos totales en la mayor parte de las regiones costeras del Pací-
fico Oriental, desde Perú hasta Alaska (Barber y Chávez, 1983; Gaxiola Castro y
Nájera Martínez, 1996), disminuyendo por consiguiente la fertilidad de los ecosistemas
marinos. Esta reducción de fertilidad se presenta principalmente, por el debilitamien-
Imágenes por satélite de los pigmentos del Fitoplancton 161
Concentración de pigmentos (mg/m3)
Fig. 5.11 e. Promedios de otoño 1997-1998 de la concentración de
pigmentos fotosintéticos (tipo CZCS) medidos por el sensor
SeaWiFS en el satélite OrbView-2.
to de los sistemas de surgencias y el hundimiento de la termoclina; situaciones que
reducen el aporte de nutrientes a la zona eufótica, causando una disminución en la
productividad biológica del océano (Barber et al., 1985).
Durante años de Niño disminuye la productividad primaria del Pacífico oriental.
McGowan (1983) indicó que la producción primaria y secundaria en la Corriente de
California es alta cuando el transporte de agua fría de baja salinidad es del norte, y
baja cuando el transporte es débil; así los períodos de calentamiento y baja produc-
ción en la Corriente de California tienden a coincidir con los eventos de El Niño en el
Pacífico Ecuatorial Tropical.
Los eventos El Niño tienen efectos marcados en el Golfo de California. Se ha
documentado una fuerte invasión al Golfo de las masas de agua del Pacífico Tropi-
cal Oriental y del agua subtropical subsuperficial durante el evento El Niño de 1957,
en comparación con 1974, un año normal. Durante 1985 se concluyó, con base a
muestras discretas, que los eventos de El Niño reducen la biomasa del fitoplancton
al sur del Golfo de California, donde las condiciones hidrográficas son similares a las
de las aguas oceánicas del Pacífico. Valdéz Holguín y Lara Lara (1987) reportaron
los efectos de El Niño 1982-1983 en productividad primaria del Golfo de California,
confirmando que la zona mas afectada fue el sur.
162 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
Por el contrario, la productividad en la región central y el alto golfo no fue afec-
tada, ya que el proceso de afloramiento y surgencia en la mezcla vertical y el efecto
de las mareas, continuaron aportando los nutrientes requeridos para el proceso de
fotosíntesis.
Durante el evento de El Niño
1982-1983, las especies tropicales
marinas se desplazaron hacia el
norte del Pacífico mexicano.
Los análisis con imágenes mensuales de los pigmentos totales generadas por
el CZCS, mostraron que durante 1978-1986, la variabilidad de la biomasa de fito-
plancton en el Golfo de California no estuvo dominada por la presencia de El Niño. El
intenso proceso de afloramiento y la surgencia en el interior del golfo enmascararon
los efectos del evento 1982-1983, el cual en otras regiones del Pacífico provocó
impactos en la fertilidad de ecosistemas costeros.
El Pacífico Oriental Tropical, en comparación con el resto del Océano Pacífico
presenta una intensa actividad biológica, debido a: una termoclina somera, los even-
tos de surgencia, afloramiento y mezcla vertical, que permiten una aportación signi-
ficativa de nutrientes de aguas profundas a la zona eufótica (Vinogradov, 1981;
Picaut, 1985). En el Golfo de Tehuantepec los vientos se combinan con la dinámica
oceanográfica para generar dos condiciones ambientales propicias de alta producti-
vidad: la primera, en verano cuando dominan las condiciones tropicales por la co-
rriente costera de Costa Rica, y la segunda en invierno, cuando esta misma corrien-
te se debilíta.
Los vientos
invernales en el Golfo
de Tehuantepec se
combinan con la diná-
mica del océano para
producir afloramientos
y alta productividad
marina
Imágenes por satélite de los pigmentos del Fitoplancton 163
El Golfo de Tehuantepec ha sido descrito como una región de alta productivi-
dad primaria, principalmente por efecto de los Nortes, los cuales actúan como bom-
bas de nutrientes y de carbono fitoplanctónico, enriqueciendo parte de las aguas
oceánicas del Pacífico Oriental Tropical (Robles Jarero y Lara Lara, 1993). Lluch y
colaboradores han descrito la variación espacio–temporal de los pigmentos
fotosintéticos del Golfo de Tehuantepec y las áreas adyacentes, utilizando la serie
de datos del CZCS, reportando que en 1997:
i) Las surgencias ocurrieron entre octubre y abril.
ii) En el Domo de Costa Rica la surgencia se presentó en el verano, y
iii) Los efectos episódicos de la mezcla por tormentas tropicales se dieron de
julio a octubre.
En concordancia con estos trabajos, los resultados de estudio de distribución
y abundancia de la clorofila durante 1997 y 1998, muestran un decremento completo
en las concentraciones de pigmentos, así como un fuerte debilitamiento del ciclo
temporal, en comparación con los reportes anteriormente descritos.
Otros de los cambios oceanográficos importantes observados durante un evento
de El Niño son: la elevación de la temperatura superficial del océano, la elevación
del nivel del mar, la intensificación de las corrientes costeras hacia los polos, la
intensificación de los patrones de precipitación o, en caso contrario, de sequía afec-
tando la estabilidad oceanográfica, la invasión de organismos tropicales y la mortali-
dad masiva de varios organismos locales.
Entre los fenómenos
observados en años Niño está
el aumento en la mortalidad de
organismos locales en el
Pacífico Mexicano
Los impactos de El Niño 1997-1998 en la actividad pesquera mexicana comien-
zan a ser cuantificados (ver Cap. 6). En las costas adyacentes a la Península de
Baja California, se reportan reducciones importantes en la pesca del erizo, langosta,
abulón, caracol, pepino de mar y el camarón. La producción en los bancos de
macroalgas se redujo un 70%. Se estima que la producción pesquera en la región
disminuyó alrededor de 30%, debido a las fuertes reducciones en la fertilidad del
fitoplancton y por lo tanto en toda la cadena trófica.
Las reducciones de concentración de pigmentos en los ciclos estacionales se
presentan, aun en épocas de no Niño.
164 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
Consecuencias inmediatas
Los mecanismos asociados a El Niño resultan directamente en un calenta-
miento anómalo de la capa superficial a todo lo largo del Pacífico mexicano, por
una modificación en los patrones de circulación de los vientos dominantes de la
zona. Tales cambios provocaron una disminución de los nutrientes disponibles para
la producción primaria en el océano. Estas alteraciones ambientales tienen efectos
inmediatos sobre los recursos pesqueros, directos y evidentes en ocasiones, pero
en general, complejos y poco entendidos.
Las alteraciones inmediatas, se presentan principalmente por cambios en la
distribución de los organismos. La explotación pesquera hasta ahora se ha ejercido
sobre especies con capacidad de desplazamiento que, ante condiciones ambienta-
les desfavorables, modifican su distribución vertical y horizontal, abandonando par-
cial o totalmente las áreas de pesca tradicionales. Algunas veces estos cambios
han resultado en incrementos de la disponibilidad de algunos recursos no accesi-
bles en determinadas zonas bajo condiciones normales.
Un caso notable se observó en la costa occidental de la península de Baja
California, donde se dio un máximo histórico de las capturas de camarón, que en
esta región consisten básicamente de camarón café (Farfantepenaeus californiensis).
En Baja California Sur se alcanzaron 1,900 toneladas en 1997, en contraste con
las 697 toneladas capturadas el año anterior. En tanto la captura en Baja California
registró un incremento similar, al pasar de 397 toneladas en 1996 a 547 en 1997 y
900 en 1998. Si bien la costa occidental de la península es una área de pesca
tradicional del crustáceo, durante El Niño la captura fue muy superior a la acostum-
brada en esta región que constituye el límite boreal de distribución de la especie.
Esto permitió que las pesquerías de los estados de la península incrementaran sus
ingresos por este concepto, en más de nueve millones de dólares durante 1997 y
1998 (Tabla 5.1).
En la costa occidental de la península
de Baja California, se tuvo un máximo
histórico de las capturas de camarón café
(Farfantepenaeus californiensis), resultado
de los cambios asociados al Niño 97-98.
Otro ejemplo de cambios en la distribución a lo largo de la costa occidental de
la península se registró para el caso de la sardina (Sardinops sagax). Esta pesque-
ría, en la península había presentado patrones de captura normales durante el año
de 1996, situación que se modificó para 1997, en presencia de El Niño, cuando se
registró un incremento en la captura para las áreas norteñas de Baja California, al
duplicarse la captura media, de poco más de 50 mil toneladas en 1996, al doble en
Consecuencias inmediatas 165
1998. En contraste, las capturas de Baja California Sur cayeron alrededor del 50%
entre los años de 1997 y 1998. En el caso de esta actividad, el balance total resultó
positivo en alrededor de 65 mil toneladas que, a precios de playa de 1997, significa-
ron casi dos millones de dólares adicionales durante El Niño 1997-98 (Tabla 5.1)
No siempre los cambios en la distribución de los organismos, resultan positi-
vos. En general, se han registrado pérdidas en los diferentes espacios y rubros de
la actividad. Esta situación se debe principalmente al desconocimiento casi total
que sobre la ubicación real del recurso, ya que la mayoría de las veces se actúa
siguiendo el conocimiento empírico del que se dispone. Este problema se ve acen-
tuado en años de El Niño, cuando se modifican las condiciones de pesca normales.
Una actividad pesquera, que ejemplifica muy bien esta situación es la captura
de sardinas del Golfo de California, que es la más importante del país por los volú-
menes de extracción. La especie principal es la sardina monterrey (Sardinops sagax),
que es un organismo de ambientes templados. En años normales, la pesquería de
sardina monterrey ocurre con estrategias de captura donde se aprovechaba su
migración al sur para la reproducción, desde la región de las Grandes Islas hasta
las costas de Sonora y Sinaloa, durante la temporada de surgencias. Pero en pre-
sencia de El Niño, este movimiento se reduce significativamente, permaneciendo la
mayor parte de la población en la región de las Grandes Islas, donde la temperatura
se mantiene comparativamente fría gracias a condiciones topográficas locales
(Badán et al. 1985, Lavín et al. 1997).
En contraste, la sardina crinuda (Ophistonema spp), especie de ambiente tro-
pical, extiende su distribución hacia el norte incrementando su presencia en las
zonas de pesca, lo que se refleja en las capturas y en los rendimientos (Lluch-Belda
et al. 1986, Ruiz-Luna 1995). A pesar de su relativa disponibilidad de captura, esta
especie ha presentado problemas en su comercialización debido a la dificultad para
ser enlatada.
Ante la recurrencia de El Niño, la industria ha venido flexibilizándose a fin de
utilizar especies no tan comerciales como la crinuda, con el fin de compensar de
esta forma los cambios en la disponibilidad de cualquiera de sus especies objeto o
más rentables. Por ello, la captura de sardina crinura en Sinaloa, aumentó de 36
mil toneladas en 1996, a 68 mil en 1997 y a 47 mil en 1998. Estos incrementos son
el resultado de una mayor disponibilidad del recurso para la captura y sobre todo, de
la aceptación de esta sardina por parte de la industria empacadora. Desafortunada-
mente estos incrementos no alcanzaron a compensar la importante caída de la pro-
ducción en Sonora, debido a la baja en las capturas de sardina monterrey, que se
cuantificaron en casi 300 mil toneladas en 1996, cayendo en 1997 a 257 mil y a 174
mil para 1998. En el balance global de volúmenes obtenidos en 1996, la pesquería de
sardina monterrey del Golfo de California dejó de capturar unas 122 mil toneladas de
sardina en 1997 y 1998, equivalentes a unos 5.6 millones de dólares (Tabla 5.1).
166 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
Tabla 5.1 Variaciones de la producción de las principales pesquerías del
Pacífico mexicano, 1996-98 (peso vivo)
Variación Variación Variación Variación en
Especie/zo- 1996 1997 1998 en dólares dólares
na Toneladas Toneladas Toneladas Captura (%)
1997-1998 (US$) Captura (%)
1997-1998 (US$)
1997-1998 1997-1998
Calamar
Pacífico 107,966 120,877 26,611 12 $2,530,556 -75 -$15,945,580
B.C. 17 7 101 -59 -$1,960 494 $16,464
B.C.S. 69,314 82,031 19,781 18 $2,492,532 -71 -$9,708,468
Sonora 33,976 31,238 2,268 -8 -$536,648 -93 -$6,214,768
Sinaloa 3,029 4,075 2,523 35 $205,016 -17 -$99,176
Atún y
similares
Pacífico 145,728 165,233 134,787 13 $12,912,310 -8 -$7,242,942
B.C. 47,099 44,462 31,805 -6 -$1,745,694 -32 -$10,124,628
B.C.S. 17,975 14,735 11,928 -18 -$2,144,980 -34 -$4,003,114
Sinaloa 67,427 79,217 62,138 17 $7,804,980 -8 -$3,501,318
Sardina
Pacífico 429,123 459,273 341,717 7 $1,386,900 -20 -$4,020,676
B.C. 50,668 86,214 96,046 70 $1,635,116 90 $2,087,388
B.C.S. 44,361 48,445 24,080 9 $187,864 -46 -$932,926
Sonora 297,844 256,688 174,129 -14 -$1,893,176 -42 -$5,690,890
Sinaloa 36,220 67,916 47,448 88 $1,458,016 31 $516,488
Camarón
Pacífico 57,430 66,505 66,243 16 $45,302,400 15 $43,994,496
B.C. 397 547 900 38 $748,800 127 $2,510,976
B.C.S. 697 1,904 677 173 $6,025,344 -3 -$99,840
Sonora 15,231 19,504 18,560 28 $21,330,816 22 $16,618,368
Sinaloa 25,520 30,821 31,924 21 $26,462,592 25 $31,968,768
Total 740,247 811,888 569,358 10 $62,132,166 -23 $16,785,298
Pacífico
(*): A precios en playa de 1997 y dólares (U.S.$). Fuente: SEMARNAP, Subsecretaría de Pesca. Indicadores
de la producción Pesquera
Consecuencias inmediatas 167
Otra pesquería que ha registrado pérdidas a causa de El Niño es la de atún, la
segunda en importancia por los volúmenes. La captura de las diferentes especies
que integran este recurso se realiza en casi todo el Pacífico mexicano, desde las
áreas netamente tropicales del Golfo de Tehuantepec, hasta las costas templadas
del occidente de Baja California. Considerando toda la extensión del Pacífico mexi-
cano, El Niño de 1997-98 no parece haber tenido efectos mayores sobre la produc-
ción atunera en relación a 1996, cuando se capturaron casi 146 mil toneladas. Fue
incluso observado un incremento moderado del 13% en 1997, seguido de un
decremento menor al 8% en 1998 en los volúmenes de captura. Con estos datos se
infiere que el balance es positivo en más de ocho mil toneladas, equivalentes a 5.7
millones de dólares. No obstante, debe considerarse que estos incrementos globales
no significan ganancias para todos los que participan de la actividad. En este caso,
el aumento obedeció a incrementos de la disponibilidad del recurso en las zonas de
pesca del Pacífico tropical mexicano. En contraste, esta disponibilidad disminuyó
notoriamente en algunas regiones, en especial a lo largo de la costa occidental de
la península de Baja California. El desplazamiento de los organismos hacia latitu-
des más norteñas (Karinen et al. 1985) parece ser la explicación de reducciones
que llegaron a alcanzar más del 30% de la captura de ambos estados, lo que les
significó a la región dejar de ingresar alrededor de 20 millones de dólares.
Los casos del atún y la sardina son los de una flota mayor, con capacidad para
movilizarse ante los cambios de distribución de sus recursos objeto. Para las pes-
querías artesanales, que se realizan en embarcaciones menores con poca autono-
mía, los efectos de los cambios de distribución suelen ser más drásticos. En casos
extremos, pueden implicar incluso la suspensión temporal de la actividad pesquera,
particularmente cuando por cualquier razón no existe capacidad para reubicar el
esfuerzo de pesca. Un ejemplo de este problema se tiene para el periodo 1997-98,
en los campos tiburoneros de la costa occidental de Baja California Sur, donde el
tiburón disminuyó su presencia en la zona hasta el punto de hacer incosteable la
actividad, ocasionando el cierre temporal de algunos campos pesqueros.
Para los pescadores con
embarcaciones pequeñas, el
desplazamiento del recurso pesquero
por causa de El Niño, puede significar
la paralización total de sus actividades.
Otra especie que experimentó cambios radicales en su distribución fue el cala-
mar (Doscidiscus gigas), que desde los setenta es explotado en el Golfo de California
aunque con marcadas variaciones en la captura (Klett 1981; Ehrhardt et al. 1982,
1986; Morales-Azpeita et al. 1997). El último periodo de alta producción se observó
en los inicios de 1992, con volúmenes que alcanzaron más de
168 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
120 mil toneladas, equivalentes a unos 23 millones de dólares en 1997. La elevada
disponibilidad en estos años motivó el desarrollo de toda una infraestructura alre-
dedor del recurso, que llegó a significar unos 4,000 empleos directos entre extrac-
ción y procesamiento. Pero durante 1998, en presencia de El Niño se dio un cam-
bio radical en la distribución de la población, que resultó en capturas prácticamente
nulas dentro del Golfo, ocasionando la pérdida de unos 3,200 empleos directos. En
contraste, empezaron a detectarse concentraciones elevadas en la costa occiden-
tal de la península de Baja California, donde llegaron a capturarse poco más de
20,000 toneladas. Pese a ello, el balance inmediato arroja una reducción de la
producción nacional del orden del 75% durante 1998, lo que supone una pérdida
cercana a los 16 millones de dólares (Tabla 5.1).
Finalmente, cabe destacar un caso especial de efectos de El Niño 1997-98 en
la distribución de recursos con alta capacidad de desplazamiento, que corresponde
a la pesca deportiva en el sur de la península de Baja California y en áreas del
Golfo de California, como las aledañas a Mazatlán y Puerto Vallarta, eje de la im-
portante actividad turística. Entre 1997 y 1998 la disponibilidad de las especies de
pico (marlines) fue baja en la zona, mientras que se incrementó notablemente en el
sur de California. Esta situación se dio a conocer rápidamente en diversos medios
de comunicación, por lo que el atractivo de los destinos turísticos mexicanos dismi-
nuyó en la medida en la que las expectativas de buena pesca se orientaron hacia
destinos en Estados Unidos. Aunque no existen estimados a este respecto, puede
afirmarse que la afluencia de visitantes a la región, muchos de ellos residentes en
California, disminuyó en forma significativa.
La pesca deportiva en Mazatlán y
Puerto Vallarta disminuyó durante El
Niño 1997-98, provocando un descenso
en la actividad turística interesada en
esta actividad.
Por otro lado, son los organismos sésiles o de baja movilidad los que presen-
tan una mayor vulnerabilidad a los cambios físicos que origina la presencia de El
Niño. Ante la imposibilidad para modificar su distribución, los organismos pueden
verse sometidos a condiciones de temperatura, salinidad y abundancia de alimen-
tos que pongan en riesgo su supervivencia, ya sea por encontrarse en ambientes
poco favorables o en los márgenes de sus límites de tolerancia. Los cambios am-
bientales resultan en estrés fisiológico, que a su vez puede determinar pérdida de
peso, mayor suceptibilidad a las enfermedades y en casos extremos, incrementos
importantes en la mortalidad natural.
Consecuencias inmediatas 169
Para el caso de El Niño 1997-98, los organismos de comunidades bentónicas
como las algas, fueron especialmente afectados, teniendo el ejemplo de los sargazos
gigantes (Macrocystis pirifera), en la región central de la costa occidental de la pe-
nínsula de Baja California. Esta población es de gran relevancia, no sólo desde el
punto de vista ecológico, sino pesquero, ya que alberga especies de muy elevado
valor comercial, como la langosta y el abulón, que son la base casi exclusiva del
desarrollo de muchas comunidades en la entidad. Los efectos de El Niño fueron
evidentes desde mayo de 1997, cuando se inició un rápido calentamiento del mar,
ubicando la temperatura 2 a 3ºC por arriba de la normalmente observada en esta
región.
En 1998, el calentamiento del mar
frente a Baja California provocó la
disminución de la población de
sargasos, que alberga especies de muy
elevado valor comercial, como la
langosta y el abulón, base del desarrollo
económico de la región.
Los cambios en la temperatura tuvieron efectos casi inmediatos en diversos
recursos marinos, entre los que destacó la pérdida casi total de las poblaciones de
macroalgas: Gelidium robustum, Macrocystis pirifera y Eisenia arborea principal-
mente. Tal pérdida, se extendió desde el límite sur en Bahía Asunción, B.C.S, hasta
las inmediaciones de Ensenada, B.C. Las dos primeras algas son cosechadas y
exportadas para la elaboración de diversos productos derivados de los alginatos.
En 1998 la producción de estos organismos alcanzó las 5,673 toneladas, represen-
tando apenas el 17% de lo cosechado en 1997. Hay que hacer notar que la cosecha
inicia en primavera, por lo que la mayor parte de ella se había realizado ya antes de
los primeros efectos de El Niño en el área en 1997. El problema resultó en dejar de
exportar alrededor de 700 mil dólares en 1998 (Tabla 5.2). Según diversos autores,
los daños que presentan los mantos de macroalgas durante El Niño son efecto de
factores como: las elevadas temperaturas, la baja concentración de los nutrientes
disponibles y el efecto mecánico del oleaje sobre las algas fisiológicamente debilita-
das, particularmente durante tormentas y ciclones (Tegner y Dayton, 1987). En todo
caso, los efectos de El Niño sobre estas macroalgas son tales, que incluso se les ha
señalado como una posible limitante para el aprovechamiento económico de estos
organismos (Casas-Valdez et al., 1996).
170 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
El principal recurso pesquero asociado a las macroalgas es el abulón (Haliotis
spp.), el cual depende directamente de la disponibilidad y calidad de las algas, su
dieta principal. Por esta razón, los efectos de El Niño sobre dicha comunidad vege-
tal se han señalado como una causa de deterioro para las poblaciones de abulón,
lo que representa una limitante para su aprovechamiento (León-Carballo y Muciño-
Díaz, 1995). La escasez de sargazo en 1997-98 tuvo gran impacto sobre los bivalvos.
Las observaciones directas evidenciaron animales adelgazados con un músculo
reducido, lo que se tradujo en una baja producción, debido a la mala calidad del
producto, los bajos precios y las pérdidas económicas para los pescadores. Con la
mala salud de la población de abulón, se observó también una alta mortandad
natural, debida a una mayor frecuencia de enfermedades como el síndrome de
deshidratación (Altstatt et al., 1996). Ante este panorama, podemos observar que
aun y cuando no hay estimaciones definidas sobre la reducción en la producción del
abulón, se puede afirmar que su baja producción ha contribuido al decremento en las
exportaciones nacionales de crustáceos y moluscos enlatados. Las producción es-
timada en más de 22 mil toneladas en 1996, se redujo a menos de 4 mil en 1998, por
lo que se dejaron de generar unos 34 millones de dólares durante 1997 y 1998 (Tabla
5.2).
Otro recurso pesquero directamente asociado a los mantos de algas es la
langosta (Panulirus interruptus). Esta comunidad, registró también un retroceso sig-
nificativo en su producción, cuantificándose en 2,037 toneladas para 1996 se redu-
jo a 1,184 toneladas en 1998, con una reducción en las exportaciones de más de
24 millones de dólares en 1997 y 1998 (Tabla 5.2). Los problemas que este rubro
pesquero ha enfrentado son: las reducciones en la accesibilidad y disponibilidad
del recurso, derivadas de una migración hacia el fondo de los organismos.
Adicionalmente, la langosta y el abulón en el mismo periodo estuvieron sujetos a
una mayor mortandad natural vía predación, al observarse un incremento impor-
tante del pulpo en la región, uno de los principales predadores tanto de abulones
juveniles como de langostas. Este predador es capturado generalmente en peque-
ñas cantidades, las cuales se han destinado al consumo doméstico. Esta situación
cambió durante El Niño, cuando al aumentar la población de pulpo, algunas coopera-
tivas lo explotaron comercialmente, obteniendo capturas de varias toneladas.
A pesar de que para el mayor número de poblaciones asociadas a los mantos
de macroalgas presentaron pérdidas en sus volúmenes poblacionales, existen ca-
sos en donde las poblaciones aumentaron. Por ejemplo, las comunidades asocia-
das a Macrocystis parecen encontrar mejores condiciones para su desarrollo du-
rante El Niño, teniendo el caso más importante en el camarón. A nivel mundial, estas
pesquerías tropicales suelen registrar incrementos en las capturas y en los rendi-
mientos. Para el caso del Pacífico, esta pesquería es la más importante del país en
términos de generación de divisas, por lo que las variaciones que conlleva el evento
El Niño tienen un efecto determinante en el valor de la producción pesquera nacional.
Consecuencias inmediatas 171
La pesquería de camarón se basa en la explotación de dos especies principa-
les: el café (Farfantepenaeus californiensis), que aporta alrededor del 65%, y el
azul (Litopenaeus stylirostris), que genera aproximadamente el 30%. En diversas
ocasiones, los efectos de El Niño han resultado en incrementos de la producción
sobre la base de un cambio en la proporción de estas especies, con aumentos del
camarón azul y disminuciones del café. Ahora se sabe que esta modificación en la
captura es debida a que el camarón azul desarrolla sus estadios larvarios en el
interior de las lagunas costeras, las cuales durante El Niño se incrementan en ex-
tensión y en productividad. El aumento de estas regiones parece estar asociado a
la mayor presencia de las aguas dulces, producto de las fuertes lluvias en las cos-
tas de Baja California durante años Niño (Lluch-Belda et al. 1991) (ver Figs. 2.5 y
2.13). Estos cambios en la disponibilidad del recurso camaronero son entonces re-
sultado de los balances entre aumento en la pesca del camarón azul y reducción en
el camarón café.
Los aumentos en la
temperatura del mar y en las
precipitaciones en Baja California
durante años Niño parecen
favorecer el desarrollo de algunas
especies de camarón.
Aun cuando se vio un incremento en las capturas de dichos crustáceos entre
1997 y 1998, la proporción promedio de ambas especies se mantuvo. Para el caso
del camarón café, el incremento en su población parece ser resultado del aumento
en la temperatura del océano, ya que puede favorecer la presencia de las etapas
poslarvarias y por lo tanto incrementar el porcentaje de sobrevivencia en las etapas
tempranas. Este enunciado se basa en el incremento relativo de poslarvas de este
camarón en la zona litoral de Sinaloa, presentes a algunos eventos El Niño. Algu-
nos investigadores proponen que el incremento en la temperatura del mar tiene una
resonancia mayor en el aumento de espacios habitables por el camarón en la plata-
forma continental del Pacífico. Cualquiera que sea la razón, a nivel del Pacífico mexi-
cano, El Niño de 1997-98 estuvo acompañado de una buena temporada camaronera,
con incrementos en la captura del orden de 15-16% en 1997 y 1998 respecto de
1996. Para las flotas, esto representó ingresos adicionales por casi 90 millones de
dólares (Tabla 5.1). A nivel nacional, este hecho permitió que las exportaciones de
camarón se incrementaran en 68 millones de dólares en el periodo 1997-1998, lo
que afortunadamente contribuyó a compensar las pérdidas observadas en la gene-
ralidad de los recursos pesqueros de exportación (Tabla 5.2).
172 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
Tabla 5.2. Variaciones en la exportación de productos pesqueros de México, 1996-98
Volumen Valor Volumen Valor Volumen Valor Variación 1997-1996 Variación 1998-1996
1996 1996 1997 1997 1998 1998 Volumen Valor Volumen Valor
Algas y sargazos 24,386 10490 32,665 12140 5,673 3140 8,279 1650 -18,713 -7350
Atunes y similares /1 65,770 660960 45,905 605680 33,550 567330 -19,865 -55280 -32,220 -93630
Calamar 19,957 184210 24,957 254190 7,780 105600 5,000 69980 -12,177 -78610
Camarón 38,251 4071770 36,898 4456820 38,221 4368110 -1,353 385050 -30 296340
Langosta 2,037 335070 1,697 257060 1,184 172590 -340 -78010 -853 -162480
Crustáceos y 22,646 737620 18,617 714320 3,774 421680 -4,029 -23300 -18,872 -315940
moluscos en
conserva /2
Total 173,047 6000120 160,739 6300210 90,182 5638450 -12,308 300090 -82,865 -361670
Valores en toneladas y miles de dólares (U.S.).
Fuente: SEMARNAP, Subsecretaría de Pesca. Anuarios Estadísticos de Pesca 1996, 1997 y 1998.
Página electrónica www.semarnap.gob.mx/sspesca/
P/ Cifras preliminares.1/ Incluye descargas en puertos extranjeros. 2/ Incluye volumen y valor de abulón enlatado.
Efectos a mediano plazo
Es evidente que además de los efectos directos, los cambios ambientales por
causa de El Niño pueden tener consecuencias en la alimentación, crecimiento,
sobreviviencia y éxito reproductivo de los organismos. Desafortunadamente, para
la generalidad de los recursos pesqueros los efectos a mediano plazo han sido
poco evaluados y desde luego, aún no es posible establecer las consecuencias de
El Niño 1997-98.
Efectos a mediano plazo 173
La buena temporada de
captura del camarón en 1997 y
1998 compensó en cierta
medida, las pérdidas en pesca
de otras variedades.
Una razón es que, a diferencia de los efectos inmediatos, los de mediano
plazo no son fácilmente relacionados con El Niño, pues la señal de éste puede
encontrarse enmascarada en otras fuentes de variación, particularmente en los
cambios en las técnicas pesqueras.
Con frecuencia ocurre que las áreas a las que los organismos se desplazan o
son desplazados no reúnen las condiciones adecuadas u óptimas requeridas para
los procesos biológicos, particularmente cuando los efectos de El Niño desaparecen
y los ambientes naturales recuperan sus patrones medios. Esta situación se dio en
el caso de la langostilla (Pleuroncodes planipes), crustáceo abundante en la costa
occidental de la península de Baja California, que durante El Niño desplazó sus fases
pelágicas hacia el norte hasta las costas de San Francisco, donde después del evento
se observaron muertes masivas una vez que se restablecieron las condiciones frías
del área (Lluch-Belda et al., 1998).
Los efectos de estas migraciones sobre el ecosistema, así como las muertes
que ocasionan, no han sido evaluadas a profundidad. Sin embargo, con los datos
disponibles es posible inferir que la desaparición de estos organismos tiene reper-
cusiones significativas en las cadenas alimenticias, por ser este crustáceo el ali-
mento de muchos consumidores en la corriente de California, incluyendo algunos
de interés comercial como la merluza (Merluccius angustimanus), para la cual la
langostilla representa hasta el 99% de su dieta (Balart y Castro-Aguirre, 1995).
La desaparición de
organismos pelágicos de
zonas costeras en Baja
California, repercute en la
cadena alimenticia.
174 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
Otros efectos de El Niño a mediano plazo se dan en los ciclos reproductivos
de varias especies. Frecuentemente, los desoves pueden registrarse fuera de tem-
porada. Debido a que el éxito reproductivo depende de la sincronización entre el
proceso y el ambiente, cualquier alteración de estos factores da lugar a organismos
inmaduros o enfermos, que conllevan a mediano plazo a poblaciones con recluta-
mientos pobres. Para el caso de El Niño 1997-98, tanto el abulón como la langosta
registraron este tipo de efectos, presentándose en el primero un retraso en el desa-
rrollo gonádico y para la langosta un adelanto del periodo de desove.
Condiciones inapropiadas para la
reproducción de las especies marinas
puede resultar en generaciones débiles.
El Niño puede tener así, consecuencias
a mediano plazo en las pesquerías.
Otro efecto involucra a las fases tempranas planctónicas, comunes a la gran
mayoría de las especies, que suelen ser transportadas hacia latitudes más boreales
de las que normalmente ocupan. En esta nueva ubicación puede suceder el en-
frentamiento a condiciones adversas del medio no necesariamente relacionadas
con la temperatura (e.g. Larkin et al. 1990; Wooster, 1992). No obstante, para algu-
nas especies como la macarela (Scomber japonicus), las modificaciones en los
patrones de circulación durante El Niño permiten a sus larvas ser suspendidas en
los niveles de condiciones favorables, lo que da como resultado una abundancia en
organismos sanos para la población (Sinclair et al., 1985).
Finalmente, debe considerarse que los efectos de la variabilidad ambiental no
se restringen a determinadas poblaciones, sino que se extienden a la generalidad
de los componentes bióticos del ecosistema marino. Las modificaciones ecológicas
en este sentido pueden nuevamente tener efectos a corto y mediano plazo sobre la
explotación pesquera, cuyos recursos objeto pueden enfrentar escasez de alimen-
to, mayor competencia inter e intraespecífica, o mayores tasas de predación, espe-
cialmente cuando la productividad primaria se ve reducida en forma significativa. Así,
son motivo de preocupación las bajas del sargazo gigante en la costa occidental de
la península, que hasta agosto de 1998 sólo se habían recuperado en un 50%. Por
otro lado, los volúmenes fitoplactónicos en los principales sistemas de surgencias,
posiblemente haya disminuido durante el evento El Niño, debido a las anomalías
térmicas observadas (Fig. 5.3). Es por tanto de esperarse que dichas reducciones
sean comparables a las registradas en el intenso El Niño de 1982-83 (Fig. 5.8). En
ambos eventos, los cambios necesariamente tuvieron implicaciones mayores en la
capacidad de carga de un gran número de recursos pesqueros, con consecuencias
al momento desconocidas, pero que probablemente se registrarán durante las próxi-
mas temporadas de pesca.
El Niño 1997- 98: Una evaluación preliminar 175
El Niño 1997-98: Una evaluación preliminar
En las Tablas 5.1 y 5.2 se describe la información hasta ahora recabada, sobre
los efectos de El Niño 1997-98 que reportó la actividad pesquera. Dos de las cuatro
pesquerías más grandes del Pacífico mexicano, sardina y calamar, experimentaron
decrementos muy significativos en sus niveles de producción. El total del volumen
de captura para ambas pesquerías en los años 97 y 98 tuvo una reducción de 126
mil toneladas, equivalentes a unos 16 millones de dólares, considerando únicamente
el valor de la captura como materia prima (Tabla 5.1). Más significativo aún, entre
ambos años se dejaron de exportar alrededor de 74 millones de dólares por disminu-
ciones en la producción de organismos como calamar, algas marinas, atún, langos-
ta y mariscos enlatados, principalmente abulón (Tabla 5.2).
Afortunadamente no todo fueron pérdidas. El incremento en los precios del
camarón en el mercado, asociado a la capturas de 18 mil toneladas en 1997 y 1998,
permitió compensar sobradamente el valor de la producción regional en más de 89
millones de dólares. Con esta situación, el balance y el valor de la producción a
nivel del Pacífico mexicano se incrementó en más de 78 millones de dólares duran-
te 1997 y 1998 (Tabla 5.1). El aumento de los costos del camarón propició un avance
en las exportaciones pesqueras nacionales de este crustáceo (Tabla 5.2). Este mar-
gen de ganancias se mantuvo a pesar de tener una reducción en el volumen de
pesca mayor al 50% del total de 1996, con sólo 95 mil toneladas. Los ingresos en el
periodo 97 y 98 descendieron sólo 6 millones de dólares, representando el 1% de los
ingresos por este mercado en 1996.
Aunque hubo disminución en la
captura de calamar y sardina, las
ganancias con mayores capturas de
camarón aliviaron las potenciales
pérdidas en el sector pesquero
mexicano.
Con el ejemplo anterior, se puede decir que los impactos de El Niño fueron
minimizados, porque en algunas pesquerías se tuvieron temporadas afortunadas
que compensaron las pérdidas de otras. Es claro que el balance no puede ser tan
simple y directo. Los beneficios obtenidos en una pesquería generalmente no com-
pensan las pérdidas de otras, ya que la flota y la industria son diferentes, especial-
mente respecto de las personas que dependen de estas actividades.
176 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
Para el caso del calamar por ejemplo, es difícil considerar que el auge
camaronero haya compensado la pérdida de unos 3,200 empleos directos, corres-
pondiendo algunos de estos, a personas que vendieron su patrimonio para hacerse
de una embarcación ante la expectativa de lograr ganancias atractivas en poco tiem-
po. Otro tanto puede decirse de las plantas procesadoras que se crearon para la
industrialización del calamar, y que después de El Niño registran niveles elevados de
subutilización. Lo anterior, sin contar los costos que implica la reubicación de parte
de la flota, así como el transporte de la materia prima desde las nuevas zonas de
pesca en la costa occidental de Baja California hasta las plantas procesadoras ubi-
cadas en la costa oriental.
Otra de las pesquerías que registró importantes pérdidas socio-económicas
derivadas de El Niño 97-98 fue la de captura y procesado de sardina en la región
del Golfo de California. En esta actividad el potencial de empleos directos es de
unos 3 mil, pero las malas temporadas pueden reducir esta cifra hasta en un 50%.
En particular, la substitución en las capturas de sardina monterrey por crinuda tiene
efectos negativos; mientras que la primera suele destinarse al empaque esto es, a la
producción de sardina enlatada, la segunda es más utilizada en la producción de
harina de pescado. El empaque es una actividad que demanda gran cantidad de
mano de obra para el limpiado y evicerado de los organismos. Por el contrario, la
elaboración de harina o “quemado” es un proceso casi totalmente automático. Así, la
relación de empleos es de 10:1 a favor del empaque. Adicionalmente, debe conside-
rarse que el empaque ocupa tradicionalmente a las mujeres, que no tienen acceso a
la fase extractiva de la actividad.
Un ejemplo de los impactos que
El Niño 1997-98 tuvo en la sociedad
se refleja en la disminución de fuen-
tes de empleo al cambiar la varie-
dad de especie pescada, de sardina
para enlatados, a sardina para hari-
na.
En otro rubro, las cooperativas langosteras y abuloneras de la península expe-
rimentaron marcados descensos en producción. La inflexibilidad para adaptarse a
los cambios en la disponibilidad del recurso pesquero se debe a que las zonas de
pesca son muy específicas y bajo condiciones El Niño sufren importantes transfor-
maciones.
El camarón tampoco compensó las pérdidas, aún no cuantificadas pero consi-
derables, que significó para la industria turística la distribución anómala de las es-
pecies de pesca deportiva, y menos aún las experimentadas por numerosos pesca-
dores artesanales que, al menos en algunos casos, tuvieron que suspender su
actividad.
Problemas y perspectivas 177
Falta aun incorporar a estos elementos el problema de la administración pes-
quera, que va más allá del seguimiento y pronóstico del clima oceánico. Al menos
para los principales recursos pesqueros como el camarón, la sardina, la anchoveta,
el abulón y la langosta debe pasarse de las hipótesis a la determinación del efecto de
El Niño y otros cambios climáticos. Al respecto, la investigación necesariamente
tendrá que ser multidisciplinaria, desarrollada por diferentes grupos de trabajo que
requerirán acceso oportuno a los resultados y a la información de los demás.
El entendimiento de los problemas
de la pesca en México no se reduce a
cambios en las condiciones por efecto
de El Niño, sino que requiere de estu-
dios en materia de adminitración de los
recursos pesqueros.
El pronóstico del evento Niño y sus efectos, requieren acciones coordinadas
que involucran tanto al sector pesquero como al gubernamental y al académico.
Con esta idea, la administración pesquera debe revisar las premisas en las que se
basan los esquemas de regulación y manejo. El suponer una capacidad de carga
constante, aun en términos de pocos años, puede implicar un riesgo alto en siste-
mas sujetos a variaciones climáticas. Los esquemas regulatorios tradicionales como
las vedas, tallas mínimas de captura, zonas, etc. suelen en ocasiones ser rígidos , al
punto de requerir procesos legislativos antes de poder modificarse, lo que deja poco
margen de maniobra ante eventos de variabilidad interanual pronunciada.
Problemas y perspectivas
La idea de integrar los estudios del fenómeno El Niño a la planeación pesque-
ra, no es fácil ni inmediata. El manejo adecuado de recursos demanda información
veraz en un corto plazo que en la mayoría de las veces, simplemente no existe. El
Niño es monitoreado rutinariamente por grupos internacionales, cuyos diagnósticos
y pronósticos generalmente están disponibles. Desafortunadamente, es muy poco
lo que estos sistemas dicen sobre las condiciones del clima oceánico en México y
menos aún, sobre sus efectos en ecosistemas marinos.
178 Capítulo 5 Las Pesquerías y El Niño
Existen condiciones para llevar a cabo programas de formación de recursos
humanos, técnicos, científicos, así como de investigación en los diferentes aspec-
tos involucrados en pesca como son la oceanografía, la biología y la meteorología.
No parece exagerado pensar que en el futuro cercano puedan implementarse sis-
temas de pronóstico y alerta, básicos en un principio y mejorados conforme se ma-
dure en términos de experiencia. Ello, a condición de que se destinen los recursos
económicos, se diseñen las políticas de investigación y se logre la coordinación en-
tre los sectores involucrados en el uso y manejo de los recursos pesqueros.
No es exagerado pensar que en
el futuro puedan implementarse
métodos científicos de
diagnóstico, pronóstico y alerta
para el sector pesquero.
179
180
Impactos económicos de El Niño en México 181
6 Los aspectos económicos
y sociales de El Niño
Javier Delgadillo Macías , Teodoro Aguilar Ortega y
15 15
Daniel Rodríguez Velázquez .
15
Impactos económicos de El Niño en México
Los cambios en las condiciones del clima que afectan las distintas actividades
económicas regionales y globales, acentúan su presencia e impacto en función de
las condiciones geográficas propias de cada lugar. Tales son los casos de las fuer-
tes sequías en el norte y centro de México, de la ocurrencia de intensas lluvias que
ocasionan inundaciones en el sureste, o de las poderosas tormentas tropicales y
huracanes que año con año tocan las costas del Pacífico y el Golfo de México. Así,
en los años recientes se ha puesto especial atención al fenómeno El Niño. A su
presencia se le asocia una serie de variaciones hidrometeorológicas que hoy afec-
tan a una gran parte del planeta. En México, tal fenómeno climático impacta en
mayor medida las precipitaciones regionales (dependiendo de la época del año) y
consecuentemente, al país en su conjunto sobre sus potencialidades productivas.
La sequías son algunos de los efectos atribuidos al Niño aunque no se tiene certeza
sobre la magnitud de los impactos.
México es un país poco apto para la producción de granos básicos por la
escasez del recurso agua en algunas regiones y por las condiciones extremas del
clima, relieve y altitud entre otras. Más de la mitad del territorio mexicano se conside-
ra árido o semiárido. La mayor disponibilidad del agua se concentra en el sureste del
país. Más del 60 % del escurrimiento se produce en el 20 % del territorio principal-
mente en el centro y sur, mientras que el norte, correpondiente al 34 % del territorio,
cuenta con un escurrimiento que alcanza sólo el 2 % del total nacional (CNA, Plan
Hidráulico 1995-2000).
La mayor cantidad de agua
disponible se encuentra en 20% del
territorio. México es por tanto árido
o semiárido y poco apto para la
agricultura.
182 Capítulo 6 Los aspectos económicos y sociales de El Niño
En México, la sequía acumulada de los últimos cinco años, ha causado incre-
mento en el número de incendios forestales, pérdidas en la producción agrícola y
daños en la actividad ganadera. Por otra parte, los huracanes que afectan en esca-
la de tiempo menor, dejan también pérdidas tanto humanas como económicas, así
como daños ecológicos incalculables. No se piense sin embargo que todo lo rela-
cionado con huracanes es malo. Estos sistemas producen importantes precipita-
ciones, que elevan los niveles de agua de las presas, sobre todo las ubicadas en el
norte del país. Es por ello que hoy se hace necesario emprender programas de
carácter preventivo, que superen el sentido de emergencia y permitan revalorar el
papel benéfico que tienen los cambios climáticos naturales.
Las pérdidas económicas por fenómenos climáticos extremos son difíciles de
estimar debido a factores como son la diversidad productiva del territorio mexicano
y la insuficiente información con que se cuenta. A esto hay que añadir ciertas incerti-
dumbres sobre los desastres naturales, para distinguir cuáles son resultados del fe-
nómeno y cuáles no. Por ejemplo, existe la posibilidad de que los efectos negativos de
los huracanes en el Pacífico no sean consecuencia directa de El Niño. Tal es el caso
del huracán Paulina en 1997. Aunque se puede pensar que su intensidad fue aumen-
tada por causa de El Niño, su trayectoria parece ser independiente de este fenómeno.
Economía y la pesca mexicana
La pesca es una actividad importante para México, debido principalmente a
que el país cuenta con más de 10 mil kilómetros de costa o litoral, repartidos entre
el Golfo de México, el Océano Pacífico y el Mar Caribe. Esta gran dimensión del
litoral favorece una actividad de captura que en condiciones normales, satisface el
mercado interno y permite tener excedentes para exportación, principalmente a los
mercados de Estados Unidos y Canadá.
No es fácil estimar los costos aso-
ciados a El Niño, pues es necesario de-
terminar hasta que punto los fenó-
menos meteorológicos extremos son
consecuencia directa de este fenóme-
no.
Sin embargo, la presencia de corrientes de agua más caliente de lo normal
durante El Niño (ver cap 3 y 5) provocan la migración de especies regionales, como
las de origen tropical que pueden encontrarse en mares de América del Norte. En el
Golfo de California, El Niño provoca el rompimiento de la cadena alimentaria y una
drástica disminución de la población de especies de alto valor comercial. Por ejem-
plo, se produce una baja en la captura de sardina y calamar gigante. Asimismo,
aumenta la mortandad entre mamíferos marinos como lobos marinos y focas, mien-
tras que la ballena gris migra debido a la falta de alimentos y regresa hasta el invierno
siguiente.
Economía y la pesca mexicana 183
Se cuenta ya con algunos indicios de los efectos debidos a la variabilidad
climática en el mar (Cap 5). A mediados del año 1997, los volúmenes de pesca en
las costas del Pacífico disminuyeron por el alejamiento de especies mar adentro,
buscando mejores condiciones climáticas y de alimentos, por lo que solamente las
grandes embarcaciones con capacidad de captura realizaron sus actividades en
condiciones favorables (Tablas 6.1 y 6.2), en detrimento de los propietarios de pe-
queñas embarcaciones, que no cuentan con capacidad técnica para seguir a los
peces. La disminución en la pesca mexicana de 1996 a 1997 (año Niño), se observó
principalmente en aguas del Golfo de California y a través de las costas de la penín-
sula de Baja California.
Tabla 6.1. Captura pesquera en peso vivo por principales especies.
Litoral del Pacífico mexicano (1996-1997).
Entidad Cazón y tiburón Atún y similares
Federativa 1996 1997 variación 1996 1997* variación
Baja California 1 825 1 412 -22.6 38 323 33 233 -13.3
Baja California Sur 3 621 3 545 -2.1 15 843 9 110 -42.5
Sonora 2 664 2 825 6.0 1 167 1 404 20.3
Sinaloa 2 282 2 252 -1.3 54 217 58 012 7.0
Otros 6 072 5 790 -4.64 10 570 18 489 74.9
Total nacional 25 813 25 260 -2.1 120 120 120 248 0.1
* Enero a septiembre. (toneladas)
Fuente: SEMARNAP
Tabla 6.2. Captura pesquera en peso vivo según entidad federativa (1996-1997)
Entidad federativa 1996 1997 Variación %
Litoral del Pacífico 842 622 905 504 7.5
Baja California 127 303 142 553 12
Baja California Sur 164 532 162 849 -1.0
Sonora 305 563 332 832 8.9
Sinaloa 137 350 159 499 16.1
Nayarit 9 375 10 602 13.1
Jalisco 12 361 12 039 -2.6
Colima 22 132 31 570 42.6
Michoacán 24 360 17 390 -28.6
Guerrero 13 951 15 054 7.9
Oaxaca 10 263 7 191 -29.9
Chiapas 15 432 13 923 -9.8
Total nacional 1 147 365 1 210 608 5.5
Enero a septiembre (toneladas)
Fuente: SEMARNAP
184 Capítulo 6 Los aspectos económicos y sociales de El Niño
Para finales de 1997 y parte de 1998 existió una tendencia hacia la disminu-
ción de la pesca (ver Cap. 5), afectando la captura en el litoral del Pacífico, mientras
que los niveles nacionales totales de pesca sufrieron poca alteración, en cuanto a
volumen global de captura, debido principalmente a que la pesca en el Golfo de
México se incrementó con respecto al año anterior. Tal situación muestra que los
efectos derivados de extremos en el clima, no pueden ser generalizados para el
conjunto del país, sino que exhiben una distribución regional.
Tomando en cuenta el total de la pesca nacional, los efectos económicos se
dividen entre directos e indirectos. Los primeros se asocian con las pérdidas en
volumen de pesca por causa de las corrientes de agua caliente, que ahuyentan a
las especies marinas mar adentro. Los segundos son por ejemplo, los incrementos
en el precio final del bien, que afecta a quien adquiere estos productos. Los efectos
directos son entonces, los que afectarán los ingresos de los pescadores del Pacífi-
co mexicano, y los indirectos, los que afectarán a los consumidores del producto.
Los efectos directos de El Niño, en términos monetarios, significaron una pér-
dida de aproximadamente 700 millones de pesos durante parte de 1998, cifra que
representa los volúmenes de pesca que dejaron de capturar las embarcaciones
costeras. Dentro de este cálculo económico se excluye a aquellas embarcaciones
de tamaño y capacidad mayor que tienen posibilidad de internarse mar adentro,
partiendo del supuesto que en el periodo analizado, mantuvieron sus promedios de
pesca.
Los efectos directos del Niño, en
la pesca afectan a los pescadores; los
efectos indirectos afectan el bolsillo
de los consumidores.
Deforestación e incendios forestales
Los incendios forestales son un grave problema para el país por las pérdidas de
riqueza natural y económica. Sus efectos perduran el la reserva biótica al activarse
un proceso de cambios en el uso del suelo, que se expresa en distintos grados de
aridez. Los daños dependen de los tipos de suelo y de la intensidad del incendio. Los
efectos ecológicos de la quema del bosques son graves, debido a: 1) disminución de
la porosidad del suelo, 2) descenso en la infiltración de agua, 3) incremento variable
de la erosión de los suelos, 4) incremento en la temperatura en capas superiores del
suelo, en corrientes y lagos, 5) mortalidad de la microfauna, 6) desplazamiento físico
de la fauna, 7) extinción de especies y 8) contaminación del aire por los subproductos
de la contaminación.
Deforestación e incendios forestales 185
En México, la cobertura forestal abarca aproximadamente 56 millones de hec-
táreas (SEMARNAP. Programa para el desarrollo forestal, México 1996), de las
cuales sólo unos 20 millones son bosques compactos y el resto son áreas
segmentadas, perturbadas o bosques muy abiertos. La mitad de la superficie fores-
tal se distribuye en zonas templadas y la otra mitad en áreas tropicales (SEMARNAP,
Defensa de la frontera silvícola y lucha contra la desertificación, México, 1997). De
esta superficie arbolada, actualmente se cuenta con menos de 800 mil hectáreas
de selvas húmedas o bosques tropicales perenifolios, que son los ecosistemas
terrestres de mayor diversidad y productividad biológica dispersas en la región
Lacandona, en los Chimalapas y en algunos manchones aislados e inaccesibles en
Veracruz y de algunas regiones de Oaxaca.
La deforestación ocurre en la actualidad a ritmos muy elevados, ubicando al
país entre los primeros del planeta en este rubro. Las tasas actuales de deforestación
son superiores a las 500 mil hectáreas por año, con mucha mayor incidencia en las
zonas de alta densidad campesina, como el sureste mexicano.
El fuego es el instrumento más peligroso a través del cual se conduce el pro-
ceso de deforestación (Tabla 6.3). Los elementos atmosféricos son factores que
pueden cambiar un incendio forestal. La temperatura ambiental, la humedad relati-
va, la dirección y velocidad del viento, así como la lluvia pueden modificar los incen-
dios.
Un incendio forestal es el fuego con una ocurrencia y propagación no contro-
lada que afecta selvas, bosques o vegetación de zonas áridas o semiáridas. Exis-
ten tres tipos de incendios: superficiales, de copa o corona y subterráneos. Los
incendios superficiales se presentan a nivel del suelo afectando principalmente
pastizales y vegetación herbácea, causando daños severos a la reforestación natu-
ral e inducida. Los incendios de copa o corona se propagan por la parte alta de los
árboles (copas) causando la muerte de los árboles grandes y dañando severamen-
te al ecosistema en su conjunto. Los incendios subterráneos se propagan a través
de las raíces de los árboles o por la materia orgánica. Se estima que el 93% de los
incendios reportados a nivel nacional son de tipo superficial (Tabla 6.4).
Tabla 6.3. Número de incendios y superficie afectada.
1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998
Número de
incendios 2,892 10,251 7,830 7,860 9,256 5,163 14,445
Superficie
afectada has. 44,401 235,020 141,502 309,087 248,765 107,845 849,632
Fuente: SEMARNAP.
186 Capítulo 6 Los aspectos económicos y sociales de El Niño
Tabla 6.4. Superficie afectada por los incendios, por
tipo de vegetación.
Fuente: Información estadística de incendios en áreas forestales por entidad federativa.
Informe al 31 de diciembre de 1998, SEMARNAP 1998.
En el país los incendios son en su mayoría provocados intencionalmente y una
proporción muy alta de estas áreas afectadas se destina a la agricultura o ganade-
ría, propiciando la degradación ecológica del lugar por procesos intensivos de ero-
sión. De acuerdo con datos oficiales, los incendios registrados han resultado en
pérdidas de superficies entre 100 mil y 300 mil hectáreas. Sin embargo, 1998 con-
siderado el de mayor daño ecológico, fue un periodo que arrojó una superficie
afectada superior a las 849,632 hectáreas (Tabla 6.4). Esta situación de siniestralidad,
debe considerarse como fenómeno asociado directamente a prácticas agrícolas (roza,
tumba y quema) y pecuarias tradicionales, que han agudizado los problemas ambien-
tales en los últimos años por los efectos del Niño ya referidos.
Los incendios forestales son en
su mayoría provocados para utilizar
las tierras en actividades agrícolas o
pecuarias. Esto generalmente resul-
ta en daños ambientales severos.
Los descuidos humanos son otra causa de que se inicien los incendios, que
bajo condiciones atmosféricas adversas, se propagan rápidamente haciendo difícil
su control. Las fuertes ráfagas de viento diseminan el fuego rápidamente y llevan el
humo a otras regiones, aumentando los efectos ambientales negativos a distancia.
Muchas regiones sufrieron fuerte contaminación atmosférica por el humo de los
incendios. Se estima que el 97% de los incendios forestales que han ocurrido en
México son de origen humano, intencional o no. De estos, el 47% son producto de
las quemas agrícolas (El Financiero, 27 de mayo 1998).
Los impactos de El Niño en el clima de México se han documentando (Magaña
et al 1998), haciéndose incluso predicciones. En particular, se pronosticó que en
1997-1998 se presentaría un periodo de secas agudo. Este resultó cierto, y la sequía
propició el incremento de incendios forestales. Aun ante este panorama, las medidas
preventivas que se tomaron fueron mínimas (Fig. 6.1).
Deforestación e incendios forestales 187
800
600
400
200
0
1 9 92 1 9 93 1 9 94 1 9 95 1 9 96 1 9 97 1 9 98
Fig. 6.1. Superficie afectada por los incendios de 1992 a 1998
(miles de hectáreas) de acuerdo a SEMARNAP.
De acuerdo con datos de SEMARNAP, el combate a los incendios en 1998 lo
realizaron 1,954 personas, divididas en 154 brigadas y 93 campamentos, quienes
contaron con 88 torres de observación y 34 centros de control, recursos insuficien-
tes para cubrir el conjunto de áreas siniestradas. Si tomamos en cuenta que México
cuenta con 56 millones de hectáreas de zonas boscosas de todos los tipos (Bassols
1993), a cada una de estas personas les corresponde cubrir más de 28 mil hectá-
reas, por lo que el personal disponible para cuidar los bosques de posibles incen-
dios es insuficiente. Ante tal problema, la SEMARNAP solicitó el apoyo de la Secre-
taría de la Defensa Nacional, institución que aportó 142 mil 168 efectivos militares
quienes participaron en la extinción de 3 mil 110 incendios forestales, que afecta-
ron 416 mil 388 hectáreas en 31 entidades del país (Tabla 6. 5 ) (SEMARNAP
1998).
Las fuertes oleadas de calor que llegan al territorio mexicano, sumado a los
descuidos humanos, provocaron 14 mil 445 incendios forestales con una superficie
dañada de 849 mil 632 hectáreas. De los incendios que afectaron en este periodo
al país, los estados que más lo resintieron fueron Michoacán, Hidalgo, Puebla, San
Luis Potosí, Oaxaca, Chiapas, México y el Distrito Federal. El Estado de México es
el que mayor número de incendios registró, con 3 mil 649 en 1998, seguido por el
Distrito Federal y Michoacán, aunque por superficie afectada, Oaxaca encabeza la
lista (SEMARNAP, estadística de incendios).
188 Capítulo 6 Los aspectos económicos y sociales de El Niño
Tabla 6.5. Estadística de incendios en áreas forestales por entidad
federativa para 1998.
Estado Número de Superficie afectada (hectáreas)
Incendios PastizalForestal Otros* Total
Aguascalientes 5 5 63 99 167
Baja California 233 2,482 3 3,009 5,494
Baja California Sur 12 17 10 2 29
Campeche 76 182 5,071 0 5,253
Coahuila 41 2,004 2,093 10,505 14,602
Colima 64 85 28 1,078 1,191
Chiapas 405 85,335 65,883 47,590 198,808
Chihuahua 921 10,435 9,071 7,996 27,502
Distrito Federal 1,932 4,705 316 714 5,735
Durango 436 24,191 20,422 24,347 68,960
Guanajuato 61 134 1,648 1,029 2,811
Guerrero 496 11,682 2,012 5,509 19,203
Hidalgo 420 5,984 3,351 5,222 14,557
Jalisco 428 8,208 3,867 6,121 18,196
México 3,649 9,616 3,881 12,350 25,847
Michoacán 1,793 8,553 5,922 11,315 25,790
Morelos 330 336 246 1,778 2,360
Nayarit 71 231 1,777 276 2,284
Nuevo León 96 502 2,556 25,076 28,155
Oaxaca 419 144,694 35,340 61,674 241,708
Puebla 544 5,745 5,230 8,860 19,835
Querétaro 96 776 1,136 15,612 17,524
Quintana Roo 234 880 1,409 3,920 6,209
San Luis Potosí 249 4,058 9,343 13,780 27,181
Sinaloa 129 2,757 4,595 859 8,211
Sonora 26 1,194 93 380 1,667
Tabasco 67 5,436 3,133 5,369 13,938
Tamaulipas 91 466 2,514 14,846 17,826
Tlaxcala 439 4,819 1,396 2,617 8,832
Veracruz 539 1,730 4,146 3,814 9,690
Yucatán 41 2,454 935 2,008 5,397
Zacatecas 102 2,564 997 1,127 4,670
Total Nacional 14,445 352,242 198,487 298,903 849,632
Porcentajes 41.5% 23.4% 35.1% 100%
* Comprende vegetación arbustiva y matorrales.
Fuente: SEMARNAP.
Impactos económicos en la agricultura mexicana 189
Los recursos económicos destinados a sofocar los más de 14 mil incendios
forestales ascendieron, solamente hasta el mes de mayo de 1998, a 230 millones
de pesos. Las cantidades destinadas a la extinción de incendios son distintas a las
destinadas a la reforestación de las zonas siniestradas (El Financiero, 9 de mayo
1998). Sin embargo, las pérdidas ecológicas son imposibles de calcular debido a
que los incendios han destruido diferentes especies de árboles. Del total de los
incendios registrados a lo largo del año, el 23% es considerado de copa o corona
afectando una superficie de 134 mil 614 hectáreas. Por otro lado, el costo estimado
de las pérdidas promedio de las diferentes superficies destruidas en la cubierta de
árboles, matorrales y pastizales, fue de aproximadamente mil 699 millones de pe-
sos. Una vez que se ha extinguido el incendio, el siguiente paso es iniciar la
reforestación del lugar, actividad que se realiza anualmente por el Programa Nacio-
nal de Reforestación, instrumentado por las autoridades de la SEMARNAP y que
para el período analizado, utilizó la cantidad de 70 millones de pesos a nivel nacio-
nal.
Con base en información obtenida hasta el mes de octubre de 1998, el costo
económico por los incendios que destruyeron extensas zonas boscosas es de alre-
dedor de 2 mil 300 millones de pesos. Este es el resultado de sumar los costos por
extinción de incendios, reforestación de zonas destruidas y pérdida de existencia
de recursos maderables disponibles. Los costos totales deberán ser pagados por la
sociedad en su conjunto, dado que se utilizarán recursos públicos para reforestar y
restituir parte de las zonas destruidas. A los costos económicos hay que sumar los
costos sociales y los generados por las pérdidas de vidas humanas a causa de los
incendios, las cuales sumaron más de 80 muertos, principalmente al tratar de extin-
guir el fuego.
Las pérdidas por incendios
forestales son de más de 2 mil 300
millones de pesos, lo cual incluye
extinción de incendios, reforestación y
la pérdida de recursos maderables.
Impactos económicos en la agricultura mexicana
Los procesos agrarios, la agricultura y la ganadería han sufrido transformacio-
nes importantes en México, constituyéndose en las actividades con el impacto am-
biental más importante en el país. Entre los factores que determinan esta situación,
se encuentra la debilidad actual de los sistemas de propiedad, producto de las
modificaciones legales de la Constitución Política, que ha originado con el tiempo un
agudo sentido de irresponsabilidad hacia la tierra. Esta situación ha repercutido en
actitudes de sobrexplotación, abuso de los ecosistemas y de obtención del máximo
beneficio en corto tiempo, sin importar los costos a largo plazo.
190 Capítulo 6 Los aspectos económicos y sociales de El Niño
En una perspectiva territorial, las políticas agrarias configuraron una notable
dispersión de la población campesina hacia miles de localidades convertidas en
nuevos centros de población ejidal. En 1921 había 62 mil poblados con menos de 2
mil 500 habitantes; en 1940 sumaban ya 105 mil, llegando en 1990 a casi 200 mil,
con las consecuentes dificultades para dotar a la población de servicios básicos
(Tabla 6.6). Esta circunstancia ha conducido a la colonización y ocupación extensiva
del territorio nacional, que en su mayor parte se caracteriza por terrenos sumamente
accidentados y suelos frágiles. La áreas colonizadas en décadas recientes son alta-
mente frágiles en el contexto de procesos generalizados de deterioro ecológico a
través de fuego, desmonte, erosión y deforestación.
Aunque la colonización formal ha terminado, la colonización informal prosigue
al migrar miles de campesinos de tierras altas y de áreas con fuertes presiones
demográficas, como las tierras tropicales de Chiapas, Campeche, Quintana Roo y
del Istmo de Tehuantepec. Se estima que el 80% de la superficie de bosques y sel-
vas que aún sobreviven en México está bajo régimen de propiedad común
(SEMARNAP, 1996) ( Fig. 6.2).
90
80
70
60
50
40
30
20
10
0
Sin.
Dgo.
Oax.
Colima
D. F.
B. C.
Camp.
Chis.
Qro.
Q. R.
Tamps.
Nay.
Hgo.
Mich.
Ver.
Gto.
Jal.
Gro.
Tlax.
Zac.
Ags.
Pueb.
Tab.
Yuc.
Coah.
Chih.
Son.
S. L. P.
B. C. S.
Méx.
Mor.
Nvo. L.
Tierras ejidales y comunales Superficies forestales
Tierras ejidales y comunales Superficies forestales
Fig. 6.2. Porcentaje de tierras ejidales y forestales en cada estado del país.
Impactos económicos en la agricultura mexicana 191
Tabla 6.6 Proporción de tierras ejidales y comunales respecto a la superficie
forestal
Estado Superficie Ejidal y % Superficie % % respecto a
Total (has) comunal forestal sup. forestal
Aguascalientes 519,700 271,258 52.20 4,783 0.92 0.03
Baja California 14,300,400 5,887,386 41.17 65,780 0.46 0.42
Baja California Sur 2,713,485 923,850 34.05 12,745 0.47 0.08
Campeche 5,679,800 3,490,246 61.45 1,774,345 31.24 11.39
Coahuila 14,951,100 7,090,347 47.42 44,955 0.30 0.29
Colima 543,300 334,101 61.49 48,372 8.90 0.31
Chiapas 7,372,400 4,066,098 55.15 1,264,529 17.15 8.12
Chihuahua 24,594,500 9,897,017 40.24 2,899,056 11.79 18.61
Distrito Federal 154,700 59,057 38.18 33,035 21.35 0.21
Durango 12,177,600 8,415,947 69.11 2,470,389 20.29 15.86
Guanajuato 3,076,800 1,321,527 42.95 58,275 1.89 0.37
Guerrero 6,458,600 4,567,207 70.72 603,087 9.34 3.87
Hidalgo 2,050,200 1,069,729 52.18 79,905 3.90 0.51
Jalisco 7,838,900 3,146,371 40.14 598,485 7.63 3.84
México 2,119,600 1,152,638 54.38 164,898 7.78 1.06
Michoacán 5,820,000 2,752,461 47.29 396,136 6.81 2.54
Morelos 496,800 383,519 77.20 36,735 7.39 0.24
Nayarit 2,690,800 2,199,950 81.76 435,854 16.20 2.80
Nuevo León 6,421,000 2,203,522 34.32 126,273 1.97 0.81
Oaxaca 9,313,600 8,048,972 86.42 1,563,571 16.79 10.04
Puebla 3,399,500 1,510,012 44.42 74,637 2.20 0.48
Querétaro 1,197,800 604,405 50.46 61,738 5.15 0.40
Quintana Roo 3,937,600 279,297 7.09 1,661,850 42.20 10.67
San Luis Potosí 6,303,800 4,181,797 66.34 165,751 2.63 1.06
Sinaloa 5,649,600 374,773 6.63 212,687 3.76 1.37
Sonora 18,083,300 5,967,803 33.00 184,182 1.02 1.18
Tabasco 2,457,800 1,121,525 45.63 62,706 2.55 0.40
Tamaulipas 7,893,200 2,506,206 31.75 135,456 1.72 0.87
Tlaxcala 403,700 194,856 48.27 11,416 2.83 0.07
Veracruz 7,173,500 2,941,868 41.01 174,590 2.43 1.12
Yucatán 4,325,700 2,251,530 52.05 110,402 2.55 0.71
Zacatecas 7,310,300 3,736,264 51.11 52,323 0.72 0.34
México 197,429,085 92,951,539 47.08 15,588,946 7.90 100
Fuente: Anuario estadístico INEGI. 1995.
192 Capítulo 6 Los aspectos económicos y sociales de El Niño
El sector agrícola mexicano es hoy una de las ramas más atrasadas de la
economía y una de las más vulnerables, con niveles muy bajos de inversión y tec-
nología obsoleta. Una gran parte de las tierras dedicadas al cultivo son de temporal
lo que las hace muy sensibles a los cambios en las condiciones climáticas, princi-
palmente a déficit en las lluvias. Todo retraso de la temporada de lluvia implica
disminución en las cosechas y graves pérdidas económicas, ya que los producto-
res ni siquiera recuperan su inversión inicial.
La agricultura muestra niveles de producción inferiores al crecimiento de la
población. La falta de lluvia, principalmente en el norte del país, afecta aún más los
niveles de producción. A una agricultura atrasada y sin niveles importantes de in-
versión, hay que sumarle los desastres naturales agudizados por el fenómeno El
Niño, como sequías, huracanes y heladas.
La agricultura en México es
uno de los sectores económicos
más atrasados, con tecnologías
obsoletas que agravan el alto nivel
de vulnerabilidad de esta actividad
bajo condiciones climaticas
extremas, como las sequías.
La agricultura de temporal, que en su mayoría es de autoconsumo, es la más
afectada por la falta de lluvia. Los agricultores de esta modalidad sufren la pérdida
de sus cosechas, ó no llevan a cabo la siembra de sus tierras en el tiempo acostum-
brado, por la incertidumbre y el temor al retraso de las lluvias (Fig. 6.3). La baja en
los volúmenes acumulados de la precipitación pluvial afecta en mayor medida a los
cerca de 25 millones de campesinos que viven del autoconsumo.
La frecuente ocurrencia de El Niño y los cambios que se han observado en el
clima del país en las ultimas décadas corresponden principalmente a una fuerte se-
quía en gran parte del territorio nacional. Tanto el centro, como el norte de la Repúbli-
ca han visto disminuidos sus niveles de lluvia (Tabla 6.7). La falta de agua afecta
principalmente a la población de bajos recursos y a personas que se dedican a acti-
vidades agrícolas de autoconsumo en las zonas rurales. La menores precipitacio-
nes impactan principalmente el ciclo primavera-verano de temporal (ver Cap. 4).
Estas condiciones climatológicas adversas, asociadas a otras de orden económico
como la baja de los precios internacionales de los granos básicos, ocasionaron que
al primer trimestre de 1998, el producto interno bruto (PIB) agrícola disminuyera en
una proporción del 6%. Se estima que el PIB llegó a alcanzar una reducción histórica
del 4.5% anualizado en 1998 (Fig. 6.4), cifra considerada por el Consejo Nacional
Agropecuario (CNA), como la caída más grande en los últimos 50 años. De acuerdo
a datos oficiales, en 1998 el PIB agrícola sufrió una contracción de 3.91% (la Jorna-
da, 15 de junio 1998).
Impactos económicos en la agricultura mexicana 193
Producción (miles de toneladas) precipitación en milímetros
120,000 900
850
110,000 800
750
100,000 700
650
90,000 600
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997
Fig. 6.3 Nivel de precipitación pluvial (mm) (línea continua) y producción agrícola
(toneladas) (línea punteada) en México. (Fuente: SAGAR)
-1
-3
-5
1989
1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998*
Fig 6.4: Variación porcentual del PIB agropecuario en México.
* Estimado. Fuente: INEGI.
194 Capítulo 6 Los aspectos económicos y sociales de El Niño
De acuerdo con el CNA, las pérdidas en las tierras de labor son significativas y
desalentadoras, con gran reducción de la superficie sembrada, y disminución en la
productividad, que resulta en una menor disponibilidad de granos básicos. En 1998,
la producción esperada en 28 millones de toneladas, fue menor a los 30 millones de
1997 y los 33 millones de 1996. Con esta situación el país importó cerca de 15 millo-
nes de toneladas de granos básicos, siendo 7 millones de toneladas de maíz y sorgo.
La producción agrícola medida en toneladas puede ofrecer datos opuestos al valor
monetario del PIB, esto es producto de que los precios internacionales de los granos
básicos varían sin necesidad de que se dé un cambio en la producción. Por ejemplo,
si existe igual número de toneladas de producción en 2 años distintos, el valor del PIB
puede ser distinto en estos años por la variación de los precios internacionales.
Tabla 6.7 Precipitación pluvial en los estados de la República más dañados
por la sequía 1991-1998 (milímetros).
Región Entidad 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998*
Norte 681.4 717.1 698.6 590.2 512.1 560.2 525.8 544.2
Aguascalientes 573.6 608.6 464.4 448.0 462.1 379.6 322.7 358.7
Durango 584.0 494.1 494.7 373.0 317.6 442.3 393.2 269.6
Jalisco 781.2 1 276.6 899.9 550.5 513.0 598.0 580.1 720.4
San Luis P. 729.1 663.3 1 149.9 851.5 789.6 782.8 764.3 826.0
Sinaloa 778.3 725.2 744.5 744.9 490.8 675.9 670.6 614.8
Zacatecas 642.2 534.7 438.1 573.1 499.2 482.3 424.1 472.1
Centro 908.4 977.1 857.9 796.9 1 001.5 787.1 733.8 906.9
D. F. 1 127.7 985.1 744.5 1 022.1 961.2 619.9 777.9 787.9
Guanajuato 899.7 878.5 734.2 530.6 598.7 567.0 489.9 724.0
México 858.2 941.7 605.8 554.5 611.4 559.7 540.4 573.1
Michoacán 721.8 951.0 903.0 387.3 570.8 632.7 458.7 736.9
Puebla 1 216.6 1 034.9 1 505.1 1 302.3 2 135.0 1 616.4 1 423.2 1 894.8
Tlaxcala 626.2 1 071.4 655.8 984.7 1 132.1 726.9 712.9 725.0
Sur 1 225.2 1 171.5 1 567.4 1 344.2 1 854.8 1 346.5 1 286.4 1 238.3
Chiapas 1 063.1 1 208.1 2 103.7 1 723.3 2 104.6 1 522.4 1 475.6 1 662.5
Guerrero 874.5 1 006.6 1 059.8 698.2 863.6 1 000.7 823.7 923.4
Morelos 1 362.5 1 303.1 932.3 697.9 1 116.4 890.0 711.5 1 066.5
Oaxaca 953.1 715.5 1 652.8 1 430.7 1 922.5 1 323.1 1 286.7 1 821.1
Tabasco 1 872.9 1 624.1 2 088.5 2 170.9 3 266.9 1 996.2 2 134.7 1 956.2
* datos del 1º de enero al 30 de septiembre.
Fuente: Construida con datos de la SAGAR.
Impactos económicos en la agricultura mexicana 195
La SAGAR señala que para 1998 se importarían alrededor de 1,300 millones
de dólares en alimentos, es decir, un 17% más de compras de productos básicos al
exterior que en 1997 (La Jornada, 27 junio 1998).
Según estimaciones, los efectos de El Niño en la agricultura nacional se tradu-
cen en disminuciones de su producción del orden de 30%. En el caso del maíz se
habla de que en 1997- 1998 se habían perdido cerca de 3 millones 500 mil tonela-
das. Para el caso del frijol, se cosecharían solamente la mitad de lo previsto, con
una pérdida monetaria de cerca de 4 mil 600 millones de pesos (Tabla 6.8 ) ( El
Financiero, 28 de mayo de 1998).
Tabla 6.8 PIB agropecuario mexicano
(millones de pesos a precios de 1993) Fuente: INEGI.
Año Producto Variación
1988 65,980.3 -3.9
1989 65,891.8 -0.1
1990 69,603.9 5.6
1991 71,221.9 2.3
1992 70,533.1 -1.0
1993 72,702.9 3.1
1994 73,373.2 0.9
1995 71,516.2 -2.5
1996 76,646.1 7.2
1997 77,744.2 1.4
1998* 74,245.7 -4.5
* Estimado
Fuente: Construido con datos de INEGI.
Según la SAGAR los estados con importancia agrícola más dañados por la
sequía en los últimos años son: Aguascalientes, Coahuila, Durango, Sonora y
Zacatecas (SAGAR, Avance al segundo trimestre de 1998, México). La falta de lluvia
se agudiza en los estados del norte, reportándose para el año 1997 en Durango y
Sonora, más de 200 mil hectáreas perdidas totalmente, así como otras 260 mil que
sufrieron daños parciales, con pérdidas del orden de 730 millones de pesos. Ade-
más, se debe considerar a las miles de familias que se quedaron sin trabajo. En el
país, según datos de la SAGAR, hubo 910 mil 983 hectáreas dañadas de los 10
cultivos principales, de un total de 11 millones 578 mil 404 hectáreas sembradas.
Las pérdidas totales en el agro solamente por la falta de lluvia ascienden a 2 mil
millones de pesos para 1997.
196 Capítulo 6 Los aspectos económicos y sociales de El Niño
Durante 1997 la precipitación pluvial en el país comenzó a descender y los
efectos climáticos de El Niño comenzaron a sentirse. Para 1998 algunos pronósticos
de lluvia eran pesimistas, pues se calculaba que los niveles de precipitación serían
inferiores a los que se tuvieron durante 1997. Ante la falta de lluvias y disminución de
los niveles de agua en las presas, los agricultores, intentaron mantener sus activida-
des agropecuarias, mediante extracción de agua del subsuelo (pozos) lo que llevó a la
sobrexplotación y una grave escasez de agua (La Jornada, 22 marzo 1998). Sin
embargo, en 1998 las lluvias se recuperaron para finales del verano, lo que permitió
aliviar en parte los efectos del retraso en las lluvias.
2,000
1,800
1,600
Región Sur
1,400
1,200
1,000
Región Centro
800
Región Norte
600
400
1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998*
Fig. 6.5 Promedio de precipitaciones pluviales en tres regiones del país1 para
1991-1998* (milímetros) (Datos de SAGAR).
* Estimado.
1
Región Norte: Aguascalientes, Durango, Jalisco, SLP, Sinaloa y Zacatecas.
Región Centro: Distrito Federal, Guanajuato, México, Michoacán, Puebla y
Tlaxcala.
Región Sur: Chiapas, Guerrero, Morelos, Oaxaca y Tabasco.
Impactos económicos en la agricultura mexicana 197
En 1997, la sequía dañó la agricultura total del país ocasionando incluso la
pérdida de cultivos en dos millones 273 mil 502 hectáreas, equivalentes a 3 millo-
nes de toneladas de granos, de los cuales, dos millones fueron de maíz y frijol, con
un valor superior a los 3 mil 500 millones de pesos. Solamente la producción de
frijol tuvo pérdidas de 33% del total de los dos últimos ciclos agrícolas debido a la
sequía y heladas registradas, lo que afectó a más de 700 mil productores. Esta situa-
ción provocó un déficit interno de más de 200 mil toneladas de producto, que fueron
cubiertas por importaciones (Confederación Nacional Campesina, CNC).
Los bajos niveles de lluvia desde principios de la actual década han afectado
también la agricultura de riego, ya que el nivel de las presas, que almacenan el
agua para el riego, han alcanzado niveles mínimos históricos. Las zonas de riego
han disminuido su producción debido a que el almacenamiento de agua en las
presas se encontraba en menos de un tercio de su capacidad total, antes de dar
inicio al periodo de lluvias (Tabla 6.9).
Tabla 6.9 Almacenamiento total de agua en las presas de los distritos de
riego del país (millones de metros cúbicos).
Región Capacidad Volumen almacenado y % de la capacidad total
total 1997* % 1998* %
Noreste 25 153.9 8 718.8 34.7 5 888.3 23.4
Central norte 10 770.5 3 511.4 32.6 2 111.8 19.6
Noreste 10 459.4 2 107.9 20.1 2 323.5 22.2
Centro 6 642.0 3 068.2 46.2 4 929.8 74.2
Sur 1 478.0 1 035.9 70.1 1 460.5 98.8
Total nacional 54 503.8 18 442.2 33.8 16 713.9 30.7
* Para el año de 1997 incluye hasta el 31 de diciembre, en 1998 hasta el 19 de noviembre.
Fuente:
Fuente:Construido
SEMARNAP con datos de la SEMARNAP.
El bajo nivel de almacenamiento en las presas, sumado a la reducción en los
volúmenes de precipitación, incrementó los daños al campo. Los datos de la comi-
sión Nacional del Agua, al 16 de abril de 1998, sobre la situación de las 173 presas,
indicaban que las presas del centro de la República contaban con sólo 28% de su
capacidad, las de el sur 62%, las de el norte 30% y las del noroeste 29% (El Financie-
ro, 27 abril 1998). La agricultura de temporal tuvo un fuerte impacto negativo por el
retraso de las lluvias, mientras que la agricultura de riego no tuvo los rendimientos de
otros años, a causa de la baja disponibilidad de agua acumulada, producto de 4 años
de bajos niveles en las presas y la escasez de lluvias.
198 Capítulo 6 Los aspectos económicos y sociales de El Niño
Entre 1991 y 1995 El Niño produjo en Sinaloa una de las sequías más prolonga-
das en el noroeste de México, provocando mortandad de ganado y pérdidas en la
agricultura. La sequía que tanto ha afectado al norte, se extendió desde 1997 a todo
el país. La falta de agua que enfrentan las actividades agropecuarias ha disminuido la
producción total de granos, teniéndose que recurrir a importaciones para satisfacer al
mercado interno de granos. Como consecuencia directa en la balanza comercial
agropecuaria ha resultado desfavorable para México en los últimos años (Tabla 6.10).
En los primeros 4 meses de 1998 se compraron del exterior 1.8 millones de tonela-
das de maíz, estimándose que las importaciones totales superaron los 6 millones
de toneladas que se compraron en 1996, y los 2.8 millones que se compraron en
1997 (La Jornada, 11 mayo 1998). Con estas cifras se demuestra que el país tuvo un
déficit comercial de más de 300 millones de dólares en 1997.
Tabla 6.10 Balanza comercial agropecuaria de México.
A ño E xportaciones Im portaciones S aldo
1995 3 902.2 2 626.9 1 273.3
1996 3 385.4 4 654.1 -1 268.7
1997 3 828.1 4 173.1 - 345.0
1998* 3 600.0 4 600.0 -1 000.0
**Estimado.
Estimado. M illones
Millones de dólares.
de dólares.
FFuente:SAGAR
uente: SA GyABancoR y de México.de M éxico.
Banco
La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) indica que en los países
Centroamericanos y algunos del Caribe, el fenómeno El Niño de 1997 ocasionó in-
tensas sequías, que provocaron una caída promedio de 15% en la producción de
cereales (El Financiero, 18 diciembre 1997), lo que obligo a estos países a acudir al
mercado internacional para satisfacer su consumo nacional. Se estima que la pro-
ducción mundial de granos en 1997 fue de 381 millones de toneladas, igual a la de
1996. Como la producción mundial no creció en la misma proporción que la pobla-
ción humana, se produjo un incremento en los precios internacionales de granos (El
Financiero, 9 octubre 1997). En otro rubro, la producción de carne de ganado bovino
tuvo un ligero descenso de un millón 330 mil, a un millón 318 mil toneladas a causa
de la sequía.
Durante 1997 la producción
de granos y carne no aumentó,
lo que provocó aumentos en la
demanda y en los precios, debido
a que la población mundial
continuó creciendo.
Los efectos de los huracanes 199
En resumen, durante 1997 las pérdidas que dejó El Niño a la agricultura mexi-
cana fueron de aproximadamente 4 mil millones de pesos, aunadas a un déficit
comercial agrícola de 345 millones de dólares, siendo los campesinos que viven del
autoconsumo, así como pequeños productores, los más afectados.
La sequía asociada al Niño de
1997-1998 afectó principalmente a
los campesinos en tierras de
temporal, cuya producción es para el
autoconsumo.
Los efectos de los huracanes
No es claro si El Niño altera el número o trayectoria de los huracanes en el
Pacífico del Este. Los huracanes formados en esta región, favorecidos por las co-
rrientes de agua caliente que genera El Niño tienden a ser más intensos (ver Cap
2), haciéndolos más peligrosos para México, que cuenta con más de 7 mil kilóme-
tros de costa occidental. El Huracán Paulina, que provocó en 1997 grandes daños,
principalmente en los estados de Oaxaca y Guerrero, alcanzó categoría 5. Este hura-
cán se formó en aguas del Océano Pacífico y sus efectos se extendieron en un radio
de 185 kilómetros en todas direcciones. Se acercó a costas mexicanas tocando las
playas de Oaxaca el miércoles 8 de octubre con vientos de 210 hasta 260 kilómetros
por hora y marejadas de 7 metros de altura.
Algunas evaluaciones sobre Paulina indican pérdidas por varios cientos de
millones de pesos. Sin embargo, atribuir los daños causados por este huracán al
fenómeno El Niño resulta arriesgado, pues como se indicó anteriormente, los hura-
canes pueden tocar costas del Pacífico mexicano en años de Niño o Niña.
Balance de los costos económicos de El Niño en México
Una de las formas de prevenir o disminuir los efectos negativos de variaciones
extremas en el clima, consiste en conocer las características y las circunstancias
que propician dichos cambios, para pronosticar, planear o diseñar estrategias de
adaptación.
En verano el fenómeno Niño es causante de que el territorio nacional se vea
afectado por sequías y oleadas de calor. Los efectos y la magnitud de El Niño pare-
cen hasta ahora proporcionales a los daños ocasionados. Esta situación requiere
promover acciones concretas que permitan minimizar sus efectos negativos, y ayu-
dar a la población con acciones de prevención.
200 Capítulo 6 Los aspectos económicos y sociales de El Niño
El fenómeno El Niño generó en 1998 un incremento importante en el número
de incendios forestales. La sequía, acentuada por El Niño, ha mermado la producción
del campo, produciendo desabasto de agua para riego en gran parte del territorio
mexicano e incluso para consumo humano.
El sector agropecuario ha sido el más golpeado por los efectos negativos de El
Niño, debido a la falta de lluvias suficientes y del bajo nivel de agua en las presas.
Las pérdidas acumuladas del fenómeno de El Niño pueden estimarse en alre-
dedor de 17000 millones de pesos (Tabla 6.12). De incluirse en tal evaluación mo-
netaria el costo por importaciones de alimentos, la cifra aumentaría substancialmente
(6 mil millones), estas pérdidas estimadas se calcularon con base en los efectos
directos que el fenómeno originó.
Más allá de las pérdidas monetaria, los costos ambientales son incalculables.
Baste considerar la pérdida en los bosques por causa de los incendios.
Tabla 6.12 Impacto del fenómeno Niño en 1998.
(* Pérdidas económicas estimadas)
Efectos Zona afectada Pérdidas monetarias
Actividad
Agricultura Todo el país 14 000*
Pesca Pacífico mexicano 700*
Efectos climáticos
Incendios Todo el territorio nacional 2 300*
Efectos totales Territorio nacional y aguas del Pacífico mexicano
17 000*
* Millones de pesos estimados a partir de información oficial y documentos diversos
consultados por el grupo de trabajo del IIEc-UNAM.
Procedimiento para evaluar costos asociados
a la variabilidad climática
Para evaluar los costos económicos ocasionados por El Niño se requiere pre-
cisar los valores monetarios que cada actividad económica arroja al total de la ri-
queza nacional. La información se obtiene de revisar las cuentas nacionales y las
variaciones en existencia, relacionando ambas con las pérdidas monetarias. Como
no existe una contabilidad precisa, tanto de los bienes en existencia como de las
pérdidas ocurridas, además de saber que la apreciación de quien realiza la evalua-
ción no deja de ser subjetiva, los resultados obtenidos deben ser considerados sólo
como una aproximación.
Procedimiento para evaluar costos asociados a la variabilidad climática 201
El Niño y sus efectos en la pesca
El Niño, al producir una alteración en la temperatura del agua de las costas del
Pacífico mexicano, impacta a las pesquerías mexicanas. El cálculo de los efectos
económicos ocurridos en pesca en el Golfo de México y Caribe no pueden ser consi-
derados por estar estos asociados a procesos océanicos distintos.
El procedimiento contable utilizado para el cálculo de los costos Niño-Pesca, se
basó en los supuestos siguientes: a) año con año existe un nivel de captura conside-
rado normal, llamado el promedio histórico, b) el fenómeno Niño tuvo presencia desde
mediados de 1997, detectado por los cambios de temperatura del mar y c) si en el año
o años que se evalúa se presenta una variación importante regional y ésta se detecta
a través de informes económicos, entonces se establece una asociación con El Niño,
el cuál será el principal causante de tal disminución. Por lo tanto, si calculamos de
manera simple los valores de la disminución, tendremos una aproximación de la mag-
nitud de estas pérdidas.
El Niño y los incendios forestales
Uno de los desastres asociados directamente al fenómeno El Niño correspon-
den a los incendios forestales, debido a que las altas temperaturas y la disminución
en la humedad registrada durante los primeros meses de 1998, favorecieron el
surgimiento y rápida propagación de este fenómeno.
El cálculo de las pérdidas relacionadas con los incendios se realizó a partir de
tres supuestos: a) el costo de la extinción de los incendios forestales, b) la pérdida
de organismos de especies maderables destinadas al comercio y c) el costo que
representaría reforestar las áreas quemadas (afectadas parcial o totalmente). La
información sobre los recursos económicos destinados a sofocar los incendios y
para actividades de reforestación se tomaron de publicaciones periódicas, boleti-
nes y otros documentos oficiales del gobierno de México, emitidos a través de la
SEMARNAP.
Los costos de extinción de
incendios forestales, pérdida de
especies destinadas al comercio de
maderas o reforestación pueden
ser considerados menores cuando
se comparan con los costos
ambientales
202 Capítulo 6 Los aspectos económicos y sociales de El Niño
A partir de estimar la existencia de bosques en el territorio nacional y prome-
diar el número de árboles por hectárea afectada, se obtuvo el cálculo aproximado
de las pérdidas promedio en madera ocurrida durante un incendio en una zona
determinada. Dado que el índice obtenido asigna un valor promedio al total de las
hectáreas, se procede a multiplicar la superficie total afectada por el valor promedio
de la existencia de madera por hectárea. Las aproximaciones se hacen a partir de
ponderar las zonas con alta densidad de árboles que fueron quemadas y otras con
una baja o nula existencia de madera.
El Niño y la agricultura
La evaluación de las pérdidas relacionadas con El Niño en las actividades
agrícolas, se fundamentó en la revisión de los datos publicados por los organismos
oficiales encargados de informar sobre la situación de las importaciones de granos
y de los avances en la producción. Estos datos se confrontan con las cifras, gene-
radas durante y después de El Niño, tomando para estos cálculos las pérdidas de
siniestros esperados por efecto de las sequías principalmente.
Los datos utilizados en estos estudios están condicionados a: 1) saber de ante-
mano, que el agro mexicano tuvo pérdidas de alrededor de 4 mil 600 millones de
pesos solamente por semillas, que al no germinar se echaron a perder, ocasionando
un déficit de alrededor de 1,000 millones de dólares en la balanza comercial
agropecuaria, 2) considerar que las importaciones agrícolas en los últimos años han
crecido inercialmente y 3) tomar del déficit comercial sólo una parte como costo del
Niño, pudiéndose entonces establecer el escenario para calcular los efectos totales.
Se toma la balanza comercial porque los efectos climáticos afectan directa-
mente la producción y conllevan a incrementar las importaciones y disminuir las ex-
portaciones, lo que implica que la balanza nos da una idea aproximada de la situa-
ción global. Además, se considera como pérdidas directas del fenómeno El Niño a las
hectáreas siniestradas analizadas y la producción perdida en estas regiones (ver cap
4). Las pérdidas indirectas serían la baja en la productividad nacional de las hectá-
reas que, si bien tuvieron producción, ésta fue menor a la histórica nacional.
Para el análisis de los costos
de El Niño en agricultura se debe
considerar:
i) Semillas no germinadas
que se echan a perder, y
ii) Tendencia de las
importaciones agrícolas.
Procedimiento para evaluar costos asociados a la variabilidad climática 203
En caso de existir una disminución en la productividad relacionada con los
cambios climáticos por el fenómeno El Niño, el cálculo de los cambios en ese año en
producción total debe tomar en cuenta la calidad de los datos en años anteriores
sobre producción y hectáreas cosechadas, para poder estimar el déficit en la balan-
za comercial agrícola correspondiente a las pérdidas en la agricultura por El Niño
(Tabla 6.14).
Si se utiliza el déficit comercial agrícola para estimar las pérdidas relacionas
con El Niño y se calcula el total, se tiene un monto de 14 000 millones de pesos por
pérdidas en agricultura.
Tabla 6.14. Pérdidas indirectas del sector agrícola por El Niño.
Concepto Pérdida
Siem bras dañadas 5 000
Déficit comercial 5 000
Apoyo al campo 500
Carne de ganado 3 500
Total 14 000*
* millones de pesos
Las pérdidas globales asociadas a El Niño en los años 1997 y 1998, para
todas las actividades relacionadas suman un total nacional de 19 000 millones de
pesos, como se expresa en la Tabla 6.15.
Tabla 6.15. Pérdidas globales asociadas a El Niño para los años 1997 y 1998.
C oncepto P érdidas m onetarias*
Incendio forestales 2 300
A gric ultura 14 000
D esastre s naturales 2 000
P esc a 700
T otal nac ional 19 000
* m illones de peso s.
204 Capítulo 6 Los aspectos económicos y sociales de El Niño
Aspectos sociales de El Niño
Durante los últimos meses de 1997 y los primeros de 1998, fueron recurrentes
en los medios de comunicación, múltiples declaraciones y afirmaciones por parte
de sectores gubernamentales y sociales afirmando que El Niño y algunos fenómenos
extremos como sequías, inundaciones e incendios forestales, i.e., desastres natura-
les, estaban asociados. Así, se reproducía el discurso basado en el paradigma natu-
ralista, que oculta los problemas de fondo de los desastres: desigualdad social, sub-
desarrollo, precariedad organizativa, devastación ambiental, carencia de recursos
y una aplicación parcial del saber científico. Este panorama aparece frecuente-
mente en el contexto de la vulnerabilidad y riesgo ante desastres naturales
(Belausteguigoitia, 1999).
El debate público sobre El Niño es incipiente en México, por lo que es preciso
plantear una propuesta interdisciplinaria en la cual, tanto ciencias naturales como
ciencias sociales, formulen en un análisis metodológico, la descripción del objeto
de estudio, sus características y las interrelaciones sociedad-naturaleza, a fin de
aportar elementos para la instrumentación de estrategias de prevención de desas-
tres.
Vulnerabilidad, desastres naturales y sociedad
Según la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la
Media Luna Roja, entre 1969 y 1993 el promedio anual de personas afectadas por
desastres relacionados con factores naturales ascendió a 117.2 millones (Fig. 1.3), de
las cuales, el 49.40% padeció los efectos de sequías y hambrunas, en tanto que
cerca del 41% fue particularmente vulnerable ante inundaciones. Del total de perso-
nas lesionadas, 69.89% lo fue por efecto de sismos, 17.68% por inundaciones y
11.23% por ciclones (Federación Internacional, 1996).
Así como la «falta» de agua tiene que ver con la mayor proporción de afecta-
dos y de muertos, el «exceso» del vital líquido es la principal causa de la pérdida -
temporal o definitiva de vivienda. En el periodo 1969-1993, el 68.9% de los damni-
ficados habitacionales fueron víctimas de las inundaciones, mientras que más del
23% padecieron los efectos de los ciclones (Federación Internacional, 1996).
Por regiones, tenemos que el 87% de los afectados por desastres naturales
corresponden al continente asiático, proporción similar a la registrada de los que per-
dieron su vivienda (86.28%). Si bien es cierto que en relación a heridos, Asia conser-
va el primer lugar con el 57.99%, América (sobre todo América Latina y el Caribe)
representa casi el 32% mundial. En el indicador relativo a fallecimientos, Asia ocupa el
segundo lugar (38.86%), pues Africa le supera (53.28%) (Federación Internacional,
1996).
Aspectos sociales de El Niño 205
En algunos países en vías de desarrollo como México, se piensa que los de-
sastres naturales son impredecibles y cada vez más recurrentes. Ante tal situación
la sociedad juega un papel pasivo ante un elemento activo como la naturaleza. Las
implicaciones de esta visión derivan en que estado y sociedad no asumen clara-
mente las responsabilidades inherentes a toda organización en materia de seguri-
dad, al no reconocer la influencia de los procesos económicos y políticos en la
vulnerabilidad.
Al crearse el Sistema Nacional de Protección Civil (SNPC), el Gobierno Mexi-
cano cuestionaba el enfoque anterior, con la siguiente declaración:
«... en la investigación que se hace, todavía prevalece un sentido de causalidad
o dirección de la explicación, que va del ambiente físico a sus impactos sociales. De
ahí que todavía es común que las acciones más importantes que se emprendan
sean: el monitoreo geofísico, la ingeniería o la planeación del uso del suelo frente a
los agentes naturales; en tanto que los factores económico-sociales, organizativos
y las condiciones del hábitat no han sido atendidos sistemáticamente. (Secretaría
de Gobernación [Segob], 1986: 61)»
La aplicación de un enfoque diferente tiene como antecedente el estudio so-
bre los efectos de El Niño 1982-1983 en Sudamérica, apoyado por el Consejo La-
tinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), donde se concluyó que los siguientes
factores deben ser tomados en cuenta para definir estrategias preventivas (Caputo,
et al, 1985).:
i) El deficiente manejo de los recursos naturales que da lugar a procesos masi-
vos de deterioro ambiental;
ii) La falta de información sobre los procesos económicos y su influencia en las
regiones propensas a padecer desastres;
iii) Una amplificación de los efectos catastróficos relacionados con fenómenos na-
turales, de persistir la vulnerabilidad estado-sociedad;
iv) Los desastres interrumpen los procesos de desarrollo nacional y regional, si
las instituciones públicas desconocen como coordinar tales procesos en una
perspectiva de largo plazo;
v) Los desastres deben analizarse en el marco de los procesos económicos y
sociales hegemónicos, para que las acciones de recuperación atiendan tan-
to la emergencia como los problemas estructurales;
vi) La población afectada tiene capacidad de organización para enfrentar situa-
ciones adversas, y las instituciones públicas no deben minimizar, bloquear o
mediatizar dicha capacidad;
vii) Los desastres se suman a los problemas económicos cotidianos en que vive
la mayoría de la población y;
viii) la rigidez de los sistemas nacionales de defensa civil puede inhibir la incorpo-
ración de las propuestas planteadas por la población afectada.
206 Capítulo 6 Los aspectos económicos y sociales de El Niño
La sociedad mexicana ante los desastres naturales
Hasta la fecha, en México se cuenta con una estrategia limitada para enfren-
tar los efectos conocidos de El Niño: sequías, inundaciones, incendios forestales.
Aunque existen diversas políticas y programas, hay desarticulación entre ellos, por
lo que se carece de una visión integral para atender el problema.
Durante los últimos años se ha comenzado a reconocer la pertinencia de una
conceptualización integral y de análisis de los desastres. Las acciones por tomar no
son siempre fáciles de definir cuando se consideran fenómenos como El Niño,
donde se debe considerar:
i) El Niño lleva a situaciones anómalas del clima, pero hay variantes en los
patrones climáticos de un año de Niño a otro, lo que está asociado a la no
linearidad del sistema océano-atmósfera;
ii) Los límites en la predictibilidad del tiempo meteorológico están impuestos
por la naturaleza no lineal y a veces caótica del sistema atmosférico;
iii) Para el caso de fenómenos específicos como los huracanes, no se tiene
claro cómo pronosticar las zonas de origen o las trayectorias exactas, aun-
que al parecer los cambios de temperatura en el Pacífico del este resultan en
una mayor intensidad de estos fenómenos tropicales.
Ante consideraciones como las anteriores, se debe revisar la definición «ofi-
cial» de desastre como:
«El evento concentrado en tiempo y espacio en el cual la sociedad, o una
parte de ella, sufre un severo daño o incurre en pérdidas para sus miembros, de tal
manera que la estructura social se desajusta y se impide el cumplimiento de las
actividades esenciales de la sociedad, afectando el funcionamiento vital de la mis-
ma. (Segob, 1991)»
Esta definición es restrictiva, porque omite los diversos aspectos económicos,
políticos, climatológicos, geográficos, ambientales y territoriales, que en su articu-
lación configuran el contexto de vulnerabilidad, tanto por los efectos destructivos,
como por expresar una causalidad fundamentalmente social.
La preocupación gubernamental y la inquietud social respecto a El Niño en
nuestro país aumentó durante 1997-1998, debido a dos desastres: por una parte,
relacionados con los efectos destructivos del huracán Paulina en los estados de
Guerrero y Oaxaca en octubre de 1997; y por los incendios forestales ocurridos en
los primeros meses de año 1998, que afectaron aproximadamente 849,632 has,
cifra muy superior al promedio anual registrado entre 1970 y 1992.
El caso de El Niño 97 -98 207
Tal situación no es resultado de problemas coyunturales, sino de los procesos
generales que influyen en la ocurrencia de desastres. En el marco de la Organiza-
ción para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México ocupa el
lugar 28, entre 29 países, en cuanto a seguridad personal - personas fallecidas y
afectadas por desastres-. Lo anterior se relaciona con el bajo nivel del Producto Inter-
no Bruto por habitante y el alto índice de desigualdad entre ingreso percibidos.
El caso de El Niño 1997-98
A El Niño ocurrido en 1997-1998 se le considera el más intenso del siglo por los
efectos que dejó sobre la población, superando por mucho efectos históricos regis-
trados entre 1982 y 1983.
En nuestro país, los fenómenos vinculados a El Niño en el bienio 1997-1998,
pronosticados con varios meses de anticipación, fueron:
i) Aumento de la sequía durante el verano;
ii) Disminución de huracanes en el Caribe y Golfo de México;
iii) Potencial aumento de la intensidad de los huracanes en el Pacífico; y
iv) Lluvias invernales intensas en el noroeste del país.
A pesar de pronósticos apuntando en esta dirección, las intensas lluvias en el
noroeste ocasionaron una gran multitud de problemas en ciudades como Tijuana,
aun a pesar de experiencias recientes: por ejemplo, en el invierno de 1993, las lluvias
dejaron un saldo estimado de 200 muertos y 10 mil damnificados que perdieron sus
viviendas. Esta situación se presentó en un gran número de ciudades del noroeste
que se encuentran asentada en cauces de ríos, barrancas y cañadas, con un déficit
de drenaje pluvial superior al 85%.
Autoridades locales reconocen que la campaña de mitigación de los efectos
de las lluvias de 1997-1998 tuvo como «detonante principal» la magnitud de los
daños relacionados con el paso de Paulina en Acapulco, ciudad que tiene condicio-
nes topográficas similares a Tijuana. El impacto de las lluvias dejó un saldo oficial
de 11 muertos, 2 desaparecidos, «cientos de casas dañadas» y daños en redes de
agua potable, drenaje, vialidades, escuelas, etc. (Rosquillas, 1998).
Las sequías, incendios forestales, huracanes, lluvias torrenciales, deslaves,
derrumbes e inundaciones son tratados, sin embargo, de manera fragmentaria en
los documentos gubernamentales.
208 Capítulo 6 Los aspectos económicos y sociales de El Niño
Políticas de estado ante desastres naturales
Recientemente en México se desarrollan estrategias para enfrentar algunos
de los efectos de El Niño (sequías, inundaciones e incendios forestales). Sin em-
bargo, existe cierta desarticulación en las diversas políticas y programas oficiales, por
lo que se carece de una visión integral para atender el problema.
Cuando se pronosticó la ocurrencia de El Niño 1997-1998, en el seno del
Sistema Nacional de Protección Civil (SNPC), se promovieron acciones conjuntas
entre las Secretarías de Gobernación, Defensa Nacional, Marina, Salud y Medio
Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, para proteger a los habitantes en varios
estados, mediante las acciones siguientes:
* Recomendaciones de alerta a la población,
* Mejoramiento del drenaje y
* Planes de emergencia.
En el Programa de Protección Civil 1995 - 2000, a cargo de la Secretaría de
Gobernación (Segob), incluye las siguientes políticas en que basa su trabajo, son:
- Consolidar la normatividad, planeación, coordinación y concertación,
- Fortalecer la comunicación social y fomentar la cultura de protección civil,
- Reducir la vulnerabilidad de sistemas afectables,
- Capacitar, adiestrar y formar personal directivo, técnico y operativo,
- Mejorar la administración de emergencias,
- Ampliar la cooperación internacional y
- Fomentar la investigación y el desarrollo tecnológico.
Son varios los programas adicionales que apoyan las labores de prevención
de desastres, principalmente aquellos ocasionados por fenómenos
hidrometeorológicos asociados con El Niño.
El Programa Hidráulico 1995 - 2000 está bajo la responsabilidad de SEMARNAP,
e incluye aspectos de medición de precipitación pluvial y monitoreo de huracanes y
sequías, a fin de acotar los criterios para el alertamiento temprano en situaciones de
emergencia. Este programa trabaja en conjunto con el Sistema Nacional de Protec-
ción Civil en coordinación con la Comisión Nacional del Agua (CNA). El programa
Hidráulico reporta información meteorológica, climatológica e hidrométrica útil para
prever sobre posibles amenazas a la población.
El programa cuenta con una área específica de manejo y control del sistema
hidráulico, el cual tiene como uno de sus objetivos: atenuar los impactos ocasiona-
dos por fenómenos naturales extremos, como son inundaciones y sequías. En las
estrategias a seguir, se vincula con el programa sectorial de protección civil al pro-
fundizar en el conocimiento del sistema hidrológico, la planeación y administración
del agua, así como dar servicios de apoyo a la población civil.
Hacia una estrategia de prevención y mitigación de desastres naturales 209
Los programas analizados no precisan sin embargo, cómo ligar sus activida-
des a las políticas de desarrollo económico y regional. Por ello, en tanto no se
avance en este sentido, las medidas de prevención serán parciales, en espera de
la llegada de las distintas temporadas (huracanes, lluvias, estiaje, sequías e incen-
dios forestales).
Hacia una estrategia de prevención y mitigación de
desastres naturales
Se requiere avanzar en más investigaciones interdisciplinarias que aporten
elementos para el conocimiento sobre El Niño y sus interrelaciones con la socie-
dad. Cuando el Gobierno Federal mostró preocupación por los efectos que podrían
ocurrir durante el periodo 1997-1998, fue clara la necesidad de profundizar en ese
conocimiento para reformular las políticas de prevención de desastres.
Los escenarios de desastres requieren de estrategias de protección civil que
incorporen una política de desarrollo que contribuya a reducir la vulnerabilidad. La
prevención debe incidir en los dos componentes básicos del riesgo: el natural y el
social (Wilches, 1993). La mitigación debe ir más allá de la administración de las
crisis, incluyendo medidas estructurales como: obra física y diseño de estructuras
resistentes y medidas no estructurales como: jurídicas, de planeación y de regula-
ción (Wilches, 1993). En ambos casos se trata de procesos que involucran la toma
de decisiones y la negociación entre los distintos sectores con intereses específi-
cos, en los niveles micro (comunidades) y macro (regiones y la nación).
De la participación de México, en la Conferencia sobre Reducción de Desastres
de la ONU en Yokohama 1994, se concluyó en la necesidad de trabajar en la
planeación e implementación de acciones indispensables, destacando las siguien-
tes:
- La generación de una conciencia nacional de los eventos naturales, los
riesgos especificos que se enfrentan, asi como las causas de la vulne-
rabilidad en las diferentes zonas, ante diferentes fenómenos.
- La consolidación de apoyos y responsabilidades de los diferentes pro-
tagonistas sociales, y
- El desarrollo y aplicación de instrumentos y medidas de mitigación apro-
piadas para resolver problemas específicos.
210 Capítulo 6 Los aspectos económicos y sociales de El Niño
El Niño volverá, y con la experiencia ya adquirida, debemos comenzar a
pensar en acciones que nos ayuden a superar las situaciones previsibles, y a
plantearnos estrategias para:
- Implementación de una política de manejo de los recursos hidráuli-
cos, que garantice el abasto oportuno y que considere los índices de
recuperación del recurso;
- Redefinición de los criterios de protección civil, para mejorar las con-
diciones socioeconómicas de la población, y con ello abatir la vulne-
rabilidad;
- Diseño de políticas públicas integrales para prevenir y reducir los in-
cendios forestales;
- Formulación de programas de desarrollo regional y urbano que regu-
len efectivamente los procesos de urbanización en todo el territorio
nacional;
- Reorientación del presupuesto de egresos de la Federación, para
canalizar mayores recursos a las instituciones responsables de pro-
gramas económicos, sociales y urbanos;
- Promoción de investigaciones multidisciplinarias (científicas y socia-
les) que contribuyan a un mejor conocimiento de la relación sociedad
mexicana - desastres naturales.
211
212
Conclusiones 213
7 Conclusiones
Las interacciones entre atmósfera, océano y continente resultan en lo que la
gente experimenta como clima. En años recientes, gran parte de la información
climática nos llega a través de los medios de comunicación. Las noticias en radio,
televisión o en los periódicos nos han familiarizado con fenómenos climáticos como
el agujero de ozono, el calentamiento global, la contaminación atmosférica y muchos
otros procesos en el medio ambiente. Quizá uno de los que más popularidad ha
ganado en el mundo en años recientes es el llamado fenómeno El Niño, por
asociársele con los más graves desastres naturales en el planeta. Aunque se ha
avanzado en nuestro entendimiento del fenómeno Niño y su evolución en el océano
Pacífico tropical, es menos lo que sabemos de los impactos que lleva asociados en
el mundo, que del fenómeno oceanográfico mismo.
Los problemas ambientales recientes han generado gran interés por entender
los factores que controlan el clima. La sequía de los noventas, las inundaciones de
Chiapas y el deterioro general de nuestro entorno, con un aparente aumento en el
número de desastres naturales afectando a la población, son hoy en día motivo de
preocupación, ya no sólo de la comunidad científica, sino de las agencias guberna-
mentales y de la comunidad en general. Las preguntas sobre si llueve más o menos
que antes, si el clima es más caliente y si vamos hacia un planeta con condiciones
extremas nunca antes vividas, están en boca de muchos. La respuesta a estas
interrogantes comienza a darse, con base en análisis científicos, tratando de evitar el
sensacionalismo y la alarma.
El Niño es un fenómeno natural que siempre ha existido. Quizá es hoy en día
más popular por relacionarse directamente con alteraciones climáticas que afectan
las actividades socio-económicas a nivel mundial. El hablar de que los costos acu-
mulados de las variaciones climáticas en México, resultado de El Niño, ascienden a
casi dos mil millones de dólares y afectan a alrededor de veinte millones de perso-
nas, nos hace reflexionar sobre la importancia de diseñar estrategias de mitigación y
adaptación ante condiciones extremas en el clima. Varios países en el mundo toman
cada vez más en serio los pronósticos climáticos en la planeación de sus activida-
des. En México apenas se comienza a avanzar en esa dirección.
Los efectos de El Niño en el territorio mexicano están íntimamente ligados a la
disponibilidad de agua. La escasez de lluvia en ciertos años es quizá la señal más
evidente de un Niño fuerte. Son los costos de la sequía los que más se resienten en
México. Por otra parte, la aparición de La Niña, con lluvias generalmente abundantes,
lleva a creer que el clima vuelve a la normalidad. Esta llamada normalidad sin embar-
go, debe comprenderse como un estado cambiante, que en ocasiones alcanza ex-
tremos de Niño y en otras condiciones de Niña o de ninguno de los dos. Como al-
guien dijo una vez, “la única constante del clima es su variabilidad”. Esta variabilidad
es característica de cualquier sistema complejo en el que el número de factores que
intervienen, actuando e interactuando, no son comprendidos en su totalidad. Aunque
tal complejidad nos pudiera desalentar en el intento por pronosticar el clima, es cada
214 Conclusiones
vez más claro que el sistema climático posee predecibilidad, es decir que existen
señales climáticas que anticipan los cambios por venir. Sin duda, El Niño es una de
estas señales importantes.
Muchos países como Perú, Brasil, India, Australia, han desarrollado modernos
sistemas de observación y predicción del clima, principalmente de la señal El Niño.
Es natural, los países tropicales son quienes más directamente resienten su impac-
to. Como los anteriores países de regiones tropicales, México también resiente fuer-
temente los impactos de El Niño. Sin embargo, y a diferencia de los otros países, en
el nuestro son pocas las acciones coordinadas que se siguen para mitigar los efec-
tos negativos y aprovechar los aspectos positivos de El Niño, aun cuando el potencial
para hacerlo es verdaderamente grande. Existen algunas razones por las cuales no
se ha actuado en materia de planeación tomando en cuenta el factor climático. Por
ejemplo, no es sino hasta fechas recientes que las investigaciones sobre los impac-
tos de El Niño en México tomaron forma como para distinguir cuáles efectos le están
asociados y cuáles no. La tendencia a culpar al Niño de todos los males que sufre
México se tradujo en muchas ocasiones, en dudas respecto de la utilidad de conside-
rar seriamente a este fenómeno para planear actividades estacionales en algunos
sectores socio-económicos. Por otra parte, muchos de los potenciales usuarios de
la información climática esperan pronósticos altamente precisos en escalas espa-
ciales y temporales que están más allá de las posibilidades reales de las ciencias
atmosféricas. Es imposible decir con tres meses de anticipación si en la localidad X
comenzará a llover el día Z. Finalmente, existe cierta desconfianza hacia los pronós-
ticos del tiempo meteorológico, la cual se extiende con frecuencia a los pronósticos
climáticos. Estadísticamente se piensa que el grado de acierto en los pronósticos del
tiempo es del 60 o 70% y aun más en otros casos. Tal estimación es difícil de dar
para el caso de pronósticos climáticos, pues tendrían que pasar muchos años antes
de disponer de una estadística confiable. La evaluación está más relacionada con el
entendimiento de los procesos físicos que resultan en un cierto estado climático. A
los ojos de la comunidad científica y de muchos sectores económicos, la calidad de
los productos de pronóstico con que se dispone hoy en día ya es suficiente para
planear y definir medidas de prevención de desastres. El que la bolsa de valores en el
sector comercialización de granos tome en cuenta los pronósticos climáticos es
sintomático de la confianza que se tiene hoy en día en esta información.
La acción concertada del sector productivo (e.g., agrícola) con los científicos del
clima apenas comienza en México. El estudio realizado en el estado de Tlaxcala en
materia de clima y agricultura constituye un ejemplo en materia de colaboración. Con
el apoyo de instituciones de investigación nacionales e internacionales, agencias de
gobierno y organizaciones de productores hemos comprobado que es posible que
los agricultores se beneficien de las investigaciones sobre El Niño. Los pronósticos
de las lluvias deficientes en 1997, atrasadas en 1998 y adecuadas en 1999, se tradu-
cen paulatinamente en acciones de planeación en ciertos grupos de productores de
maíz. En 1998, algunos agricultores decidieron incluso cambiar de cultivo para hacer
frente a las lluvias deficientes de principios del verano. El interés por esta información
se ha extendido a otras regiones del país y ya se realizan estudios en detalle para los
Conclusiones 215
estados de Tamaulipas y Oaxaca.
Eventualmente, la experiencia de los pronósticos del clima basados en la señal
El Niño deberá extenderse no sólo a otras regiones del país, sino a otros sectores
como el de la pesca, la prevención de desastres o las comunicaciones. Incluso, se
debe pensar en el aprovechamiento de condiciones extremas para ciertos sectores
como el turismo y la salud. Dependerá del establecimiento de políticas, en cada uno
de los rubros asociados al clima, el que cambie la costumbre de: “enfrentar con
eficiencia los desastres” por “prevenir los desastres”.
Aunque para muchas personas la información climática de pronóstico no posee
el detalle espacial o temporal que quisieran, ésta ya es suficientemente valiosa como
para modificar prácticas y comenzar a considerar alternativas de uso de recursos
naturales que tomen en cuenta la variabilidad del clima. Hay muchas interrogantes
sobre El Niño, que hoy en día son motivo de estudio y que requieren de análisis
profundos. Las mayores preocupaciones de la sociedad en materia ambiental tienen
que ver con las variaciones que el clima está experimentando. A nivel gobierno, mu-
chas de las políticas en energía y comercio deberán considerar seriamente dicho
factor. Asuntos como el cambio climático demandan acciones conjuntas de los paí-
ses y las tendencias actuales de considerar al medio ambiente como parte de nego-
ciaciones y políticas internacionales incluye a México. Sólo con un conocimiento ade-
cuado de los problemas sobre el clima podremos tomar decisiones en las negocia-
ciones que se llevan al cabo en el mundo.
Es claro que el fenómeno El Niño no es el único elemento que modula el clima
mexicano. Muchos otros factores requieren ser tomados en cuenta para aumentar
nuestro entendimiento de la variabilidad del clima. Se deben analizar factores como
las ondas del este, los efectos de interacción océano atmósfera en el Caribe y en el
Golfo de México, las interacciones entre el flujo y la topografía, la humedad en el
suelo, los cambios en el uso del suelo, las interacciones trópicos extratrópicos, las
teleconexiones a partir de variaciones climáticas en el Atlántico o el Pacífico norte, el
cambio climático y muchos otros elementos que generan variaciones climáticas.
A partir de el estudio conjunto sobre El Niño en México surgen muchas pregun-
tas que se convertiran proximamente en investigaciones. Por ejemplo,
¿ por qué si en años de Niño hay más nortes, llueve menos?,
¿ cambia la intensidad de los huracanes en el Pacífico mexicano en años de
Niño?,
¿ cuál es la importancia de la alberca de agua caliente en el Pacífico nororiental
frente a México?,
¿ cómo se explica la variabilidad en el clima invernal mexicano de un año de
Niño a otro?,
¿ cómo afecta El Niño las regiones del Golfo de México o el mar Caribe?,
¿ se alteran las pesquerías en esos mares?
Mejorar los diagnósticos y predicciones climáticas y aún más, hacerlos útiles,
216 Conclusiones
continúa siendo el gran reto. Para aumentar nuestro conocimiento sobre el clima regional
es recomendable:
1) Mantener un sistema de observación meteorológico a largo plazo de tal
forma que sea posible monitorear con suficiente resolución espacial y temporal los cam-
bios que registra el clima.
2) Un programa de estudios de procesos climáticos para entender los fac-
tores que modulan nuestro clima para asegurarnos que éstos son considerados en las
predicciones.
3) Un programa de investigación que involucre el uso de modelos numéri-
cos o estadísticos para ser usados en pronósticos del clima.
4) Un programa de formación de recursos humanos en estudios de clima y
eventos hidrometeorológicos extremos para garantizar que los puntos antes mencio-
nados se cumplan.
Son muchos los programas mundiales encaminados a promover este tipo de accio-
nes. En todo caso se requiere que las instituciones de cada país los promuevan y los
apoyen para que lleguen a buen fin.
Los actores adicionales en el reto de manejo de información climática para prevenir
desastres, mitigar impactos negativos y aprovechar aspectos positivos de El Niño conti-
núan siendo los medios de comunicación. Un manejo adecuado del conocimiento sobre las
condiciones asociadas con El Niño permitirá a la población entender los programas de
investigación y acción que se establecen, tanto en México como en el mundo. El Niño no es
enemigo de nadie. La ignorancia y la desinformación si lo son. Una población informada de
los problemas ambientales que enfrenta actuará con conciencia y buena disposición.
217
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