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La Lección del Maestro y sus Discípulos

El documento presenta una historia sobre un maestro budista que pone a prueba a sus discípulos pidiéndoles que roben dinero para él, pero uno de los discípulos entiende que eso estaría mal y rechaza la idea. Luego, la historia presenta otro problema que el maestro les da a sus discípulos sobre un jarrón con flores y solo uno logra resolverlo rompiendo el jarrón.

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La Lección del Maestro y sus Discípulos

El documento presenta una historia sobre un maestro budista que pone a prueba a sus discípulos pidiéndoles que roben dinero para él, pero uno de los discípulos entiende que eso estaría mal y rechaza la idea. Luego, la historia presenta otro problema que el maestro les da a sus discípulos sobre un jarrón con flores y solo uno logra resolverlo rompiendo el jarrón.

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LA PRUEBA

Un día, el gran maestro le dijo a sus discípulos:

– Atended un momento, quería pediros una cosa… Soy viejo ya y es vuestro deber ayudarme a
sobrevivir de la mejor manera posible. No tengo dinero, y lo necesito.

– Pero maestro- dijo entonces uno de los discípulos- Con lo poco generosos que son aquí… ¿cómo
conseguiremos reunir el dinero?

– Sí, ya sé que la forma más natural de conseguir el dinero es pidiéndolo, pero hay otra forma…
¡cogiéndolo! En realidad, es algo que nos correspondería tener, ¿no es así? Una especie de paga por
nuestros servicios… Lo que pasa es que yo soy mayor y no puedo hacerlo, pero vosotros sois jóvenes
y no os costará tanto. No es muy difícil, solo tenéis que escoger a algún hombre rico y apropiaros de
su bolsa en algún lugar en donde nadie os vea. Eso sí, sin hacerle daño…

Al principio todos se quedaron un tanto sorprendidos de que su maestro les pidiera robar, pero al
cabo de un rato, la mayoría de los discípulos estaba conforme con la petición:

– Claro, maestro, por ti haremos todo lo que haga falta. Iremos a por el dinero.

El discípulo que supo entender la prueba y la lección del maestro

Sin embargo, uno de los discípulos se mantenía en silencio. El maestro, al darse cuenta, preguntó:

– Todos tus compañeros son muy valientes y han decidido ayudarme con el plan. Pero tú sin
embargo, tú no dices nada. ¿Por qué?

– Lo siento, maestro. Si no dije nada es porque veo el plan inviable…

– ¿Inviable?
– Sí, maestro. Tú mismo dijiste que escogiéramos un lugar en donde nadie nos viera robar… pero no
existe tal lugar. En cualquier lugar en donde yo esté mi Yo me verá robar. Preferiría mendigar que
permitir que mi Yo vea que hago algo con lo que no estoy de acuerdo.

El maestro entonces sonrió y dijo muy contento:

– ¡Qué alegría! Me enorgullece comprobar que al menos uno de mis discípulos lo ha entendido
todo…

Entonces, el resto agachó la cabeza al darse cuenta de que su maestro les había puesto a prueba y se
sintieron muy arrepentidos de haber caído en la trampa. Desde entonces, cada vez que escuchaban
en su cabeza un pensamiento indigno, o sentían tentaciones de obrar mal, recordaban eso que su
compañero dijo: ‘Mi Yo me ve’, y lo desterraban de su mente

EL PROBLEMA

Cuenta una antigua fábula que hace mucho tiempo, en un monasterio lejano, ubicado en una ladera
casi inaccesible de una montaña del Himalaya, uno de los monjes budistas más ancianos falleció.
Tenía un puesto importante, ya que era el guardián, y algún otro monje debía quedarse con su
puesto de trabajo. Pero no era fácil. Debía ser un monje que reuniera las características adecuadas.

Así que el Gran Maestro reunió a todos sus discípulos para comprobar quién podría ejercer tal
honroso puesto. En una amplia sala, todos los discípulos se sentaron frente al Gran Maestro. Él
colocó una pequeña mesita en medio de la sala y encima de ella un hermoso jarrón de porcelana. En
el jarrón colocó unas preciosas flores amarillas. Entonces dijo:

– He aquí el problema: asumirá el honroso puesto de Monje guardián quien lo resuelva.

El monje budista que consiguió resolver el problema

Todos se quedaron absortos, mirando en silencio el hermoso jarrón. ¿Qué representaría? ¿Dónde
estaba el problema? ¿Necesitaría agua la flor? ¿Representaría la belleza de la Naturaleza? ¿O la
tentación del hombre? ¡Eran demasiadas preguntas!
Pero entonces, uno de los discípulos se levantó decidido. Sacó su espada, miró a los discípulos y al
Gran Maestro y de un solo golpe, rompió el jarrón y las flores. Los demás se quedaron horrorizados,
pero el Gran Maestro dijo:

– Aquí tenemos a alguien que no solo ha adivinado el problema, sino que además lo ha resuelto y ha
terminado con él. Honremos a nuestro nuevo guardián del monasterio.

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