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ISAIAS

El documento describe la visión de Isaías en la que ve a Dios en el trono rodeado de serafines que proclaman su santidad. Isaías se da cuenta de que es pecador y uno de los serafines limpia sus labios con un carbón encendido. Dios luego llama a Isaías para que sea su profeta y lleve su mensaje al pueblo.

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ISAIAS

El documento describe la visión de Isaías en la que ve a Dios en el trono rodeado de serafines que proclaman su santidad. Isaías se da cuenta de que es pecador y uno de los serafines limpia sus labios con un carbón encendido. Dios luego llama a Isaías para que sea su profeta y lleve su mensaje al pueblo.

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TEMA: EL PROPÓSITO DE TU LLAMADO

Contenido

 Abraham, Génesis 12.1 al 5; el principio de la fe


 Moisés, Éxodo 3,4: el principio del liderazgo
 Gedeón, Jueces 6.16; el principio de la dirección
 Eliseo, 1 Reyes 19.19 al 21; el principio del discipulado
 Isaías, Isaías 6; el principio de la santidad

TITULO: Isaías; el principio de la santidad


TEXTO: ISAIAS 6
¿QUIEN ES ISAIAS?
Isaías ("Yahveh es salvación") fue uno de los profetas mayores de Israel, cuyo ministerio tuvo lugar
durante el siglo VIII a.C.3 La vida y ministerio de Isaías abarca aproximadamente setenta años, 750 hasta
680 a.C. Era contemporáneo de cinco reyes de Judá: Uzías, Jotam, Acaz, Ezequías y Manasés. Algunos de
ellos eran buenos y otros malos. Manasés en particular era hombre impío, viviendo poco antes del
cautiverio babilónico en 586 a.C. Isaías era hijo de Amós (a quien no hay que confundir con el profeta del
mismo nombre) y según la tradición estaba vinculado a la casa real de Judá.
Se ha dicho que su libro es la Biblia en miniatura. La Biblia consta de sesenta y seis libros: treinta y nueve
en el Antiguo Testamento y veinte y siete en el Nuevo. Isaías a su vez consta de sesenta y seis capítulos,
divididos entre treinta y nueve que están en paralelo con la enseñanza del Antiguo Testamento y los
capítulos 40 al 66 que están en paralelo con la doctrina del Nuevo Testamento. Esta segunda parte
comienza con el ministerio de Juan el Bautista y termina con los cielos y tierra nuevos. En el centro está el
capítulo 53 que describe en detalle profético el nacimiento, rechazo, muerte, sepultura y gloriosa resu-
rrección del Mesías. El tema de la segunda parte es el Siervo de Jehová. En lenguaje por demás hermoso,
se presenta el advenimiento del Mesías en humillación y su reino espléndido por venir.

El llamamiento de Isaías. – Isaías 6


Él fue llamado en el año que murió Rey Uzías. Según 2 Crónicas 26.20, ese rey fue castigado con lepra por
haber tenido la osadía de entrar en el templo para ofrecer incienso. Fue el pecado de orgullo y
presunción. Uzías había reinado cincuenta y dos años y era de los reyes de Judá el más poderoso y capaz.
Era militar, estadista, agrónomo e inventor. La ciencia y estrategia dieron estabilidad a su trono, pero el
pecado lo vació.
Habiendo sentido el golpe de este desastre siete años después cuando el rey murió, Isaías es llevado a la
presencia de Dios y ve la visión de su santidad y majestad. La vision del capítulo 6 consiste en:
¿QUE ES SANTIDAD?
La Santidad es un vestido espiritual, significa ser consagrado, separado exclusivamente para un plan y
propósito. Es estar disponible para el uso exclusivo de Dios. Cuando usted está separado solo para Dios,
usted no se presta para; criticar, para chismes, para ver pornografía, guarda su caminar y pensar para
cristo. Ese es el vestido que Dios quiere que usted guarde.
I. EN LA PRESENCIA DE SI SANTIDAD.
Lo primero que podemos observar es que Isaías era un hombre que, bueno no cometía pecado, era un
hombre cumplidor de la ley y es llevado a la presencia de un Dios todo poderoso donde el asombro de él
es inmenso.
El llamado qué en esta mañana, Dios nos hace a nuestras vidas es que podamos comprender ese llamado
a la santidad, y para lograr esa santidad, primero tenemos que acercarnos a ÉL. Isaías fue trasladado en
espíritu de una escena de lepra y contaminación a una de santidad inmarcesible. Se asocian con el trono:

 El trono alto y sublime. Compárense Isaías 52.13 (“Mi siervo será prosperado, será engrandecido y
exaltado, y será puesto muy en alto”), Filipenses 2.9 (“Dios también lo exaltó hasta lo sumo”). y
Efesios 1.21 (“… sobre todo principado y autoridad”).
 Los serafines eran guardianes del trono, contando con cuatro alas para reverencia y adoración,
además de dos para servicio. Claman: “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra
está llena de su gloria”.
 La casa se llenó de humo, tal vez la nube de gloria de la cual leemos en 2 Crónicas 5.13 y Ezequiel
10.4. Justicia y juicio son el cimiento de su trono, Salmo 97.2.

II. SANTIDAD

A consecuencia de esta visión espantosa del trono y la santidad divina, Isaías exclama: “¡Ay de mí!”. Esta
expresión de Isaías nos hace entender, que el reconoce que es un pecador, porque no solo conocía a Dios
si no que conocía a Isaías, se conocía a si mismo. Cuando nos acercamos a Dios es conocernos nosotros
mismo también, Isaías reconoce que, a pesar de ser un profeta, de seguir los mandamientos de Dios y
cumplidor de la ley, pero sabe que aun es un pecador. Y bueno nos solo reconoce a el si no el ambiente
en donde vive. Lo primero que aprendemos que para acercarnos a el que somos pecadores y el santo, y
que envió a su hijo para poder nosotros por medio de él acercarnos también.
Seis veces había empleado la expresión en los cinco capítulos anteriores, refiriéndose a otros. Su
primer ay fue dirigido a los mercaderes que monopolizaban los bienes raíces para sí. El segundo fue para
el ebrio y el que vivía en deleites, y el tercero contra los que pervertían el derecho. Los últimos
dos ayes cayeron sobre aquellos que seguían las enseñanzas de éstos. Isaías emplea lenguaje fuerte al
condenar a estos pecadores.
Pero a la luz del trono y en la presencia de Dios, exclama: “¡Ay de mí! Que soy muerto; porque siendo
hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis
ojos al Rey, Jehová de los ejércitos”. Se ve cual leproso en medio de leprosos. Varones como Moisés, Job,
David, Pedro y Pablo tuvieron esta experiencia, y es un requisito para todo siervo a quien Dios llama a
realizar su obra.
Versículo 6,7,8.
No vamos a poder escuchar la voz de Dios si no reconocemos que somos pecadores. Así como paso con
Isaías que fue quitados su pecado para poder escuchar la voz Dios que te esta llamando. “Entonces voló
hacia él uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido tomado del altar. Tocó los labios
de Isaías con ese carbón, y le dijo: “Es quitada tu culpa, y limpio tu pecado”. No se trata del altar de oro
con su incienso, sino del altar de cobre para el sacrificio, donde se derramaba la sangre. El altar es la
respuesta al trono.”
Nosotros como parte ya del cuerpo del señor Jesucristo y muchos aun por añadirse, nuestro llamado es
comprender es quien era Dios y nuestra posición delante de él como pecadores. Isaías pudo entender esa
posición y cuando Dios dijo ¿A quién enviare? El respondió: Heme aquí, envíame a mí. En otras palabras,
dijo: Aquí estoy Dios, quiero ser un instrumento tuyo, estoy aquí para lo que tu quieras.
Para los que ya hemos aceptado a Cristo como nuestro salvador y hemos sido lavados nuestros pecados
en el Bautismo ésta debe ser nuestra actitud. ¿y cómo sé que es lo que quiere el señor de mí? Hiendo a su
palabra.
Si nosotros profesamos ser cristianos, pero no está habiendo frutos de arrepentimiento en nuestra vida,
cambios, aunque lentos, pero cambios. Quizá nos estamos engañando. Es lo que estaba pasando Israel.
Porque ellos creían que, con solo ser por la nacionalidad Israelita, eso bastaba para ser parte del pueblo
de Dios.
1 Pedro 1:13-25
Dios nos llama a ser santos y como cristianos debemos escuchar la voz de Dios.
Debemos vivir una vida cristiana como el nos manda. No solo debemos expresar que somos cristianos si
no vivirlo también, debe haber frutos en nuestras vidas.
Los fariseos que fueron enemigos del señor, ellos se consideraban santos, de hecho, la palabra fariseo
significaba que era apartado para santidad. Pero cuando se encontraron con el señor Jesucristo debieron
estar contentos de haber encontrado el salvador que esperaban. Pero fue todo lo contrario, lo odiaron
¿Por qué? Él era genuinamente santo y ellos solo eran externa mente santos.
Podemos ver un claro ejemplo de esto en Mateo 19:16-22.
Jesús sabía las intenciones de este Joven, y cuales eran sus deseos. Lo pone a prueba para ver a quien
amaba mas al dinero o a Dios… en nuestras vidas suele suceder lo mismo, no debemos ser cristianos por
el exterior, porque si en nuestros corazones aun tenemos algo del mundo Dios no puede habitar ahí. No
puede haber un cambio en nuestras vidas si en mi corazón aun queda algo de pecado mundano.
Debemos examinarnos y tener cuidado en no ser solo cristianos por nombre.

Debe en nosotros haber un deseo por ser santos como el señor por dos cosas:
1.- Porque somos sus hijos: El invita sus hijos a ser santos porque, así como un padre se siente orgulloso
cuando su hijo sale igual a él.
2.- Luz del mundo: Para nosotros poder relejar, llevar esa luz de esperanza que es Cristo debemos ser
santos como él. Reflejara su luz a través de nosotros para poder ayudar a este mundo lleno de tinieblas.

III. LA COMISIÓN
Convicto, confeso y limpio, recibe el llamado: “¿A quién enviaré [yo], y quién irá por nosotros?”
Obsérvense el yo singular y el nosotros plural. Es el Dios Trino que llama, y tan sólo aquellos que han
tenido la experiencia de Isaías pueden responder: “Heme aquí, envíame a mí”.
Hubo primeramente la visión, luego la voz, y ahora la voluntad. Ahora Isaías está en condiciones de recibir
su comisión. Se le asigna un ministerio por demás difícil: “Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no
entendáis; ved, por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y
ciega sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad”.
Se trata de un ministerio de endurecimiento y ceguera judicial, el cual afectaría el corazón, oído y visión
de los oyentes. La corrupción fluye del corazón a los oídos y ojos, pero de éstos la sanidad alcanza el
corazón. Romanos 10.17.
Este gran pasaje dispensacional fue cumplido en primera instancia en el destierro babilónico de Israel y
Judá, como Moisés había profetizado siglos antes, Deuteronomio 30.18 al 20, 31.13. Se cita el pasaje siete
veces en el Nuevo Testamento, y en particular en el contexto de tres ocasiones de crisis:
Al preguntar el profeta por cuánto tiempo debería proclamar a la nación este mensaje de endurecimiento
judicial, recibió como respuesta: “Hasta que las ciudades estén asoladas y sin morador, y no haya hombre
en las casas, y la tierra esté hecha un desierto; hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres, y
multiplicado los lugares abandonados en medio de la tierra”. En otras palabras, ¡él debe predicar hasta
que no haya a quién predicar!
Sería por demás desalentadora esta misión para un hombre brillante como Isaías, poseído de tanta
habilidad y habiendo recibido un mensaje glorioso. Pero la comisión termina con un mensaje de aliento;
un Dios que guarda su pacto no podría permitir que el mensaje terminara en derrota. Un diezmo, o sea un
remanente, volvería del cautiverio. Iba a sobrevivir el germen de vida —la simiente santa— en el tronco
del árbol. La mesiánica Simiente Santa, la de la mujer, asegura la perpetuidad de la nación. Una cosa que
no permitió que Israel fuese arrancado de un todo, fue la necesidad de preservar la línea de ascendencia
del Mesías.
EL LLAMADO A LA SANTIDAD
Desde este punto en adelante, la misión y el mensaje de Isaías contó con dos polos: una advertencia del
juicio que vendría sobre la nación apóstata, y la esperanza de una Persona por venir con su misión
mesiánica.
Todo el libro de Isaías contiene indicios del profundo y duradero concepto que Isaías tenía de la santidad
de Dios, consecuencia de la visión del capítulo 6. Si bien el tema principal es la esperanza mesiánica, a lo
largo de su libro él hace hincapié en la necesidad de una vida santa acorde con la santidad divina. Vein-
ticinco veces habla del Santo de Israel, doce veces en la primera parte y trece en la segunda, mostrando
así la unidad del libro. Solamente seis veces se encuentra este título en todo el resto del Antiguo
Testamento.
¿Como se prueba la plata? Que como cristianos e hijos de Dios estemos dispuestos a decir como Isaías:
“Heme aquí, envíame a mí”.

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