Sociología y Medio Ambiente en Argentina
Sociología y Medio Ambiente en Argentina
Aproximaciones sociológicas al
estudio del medio ambiente. La
perspectiva del Desarrollo
Sustentable
9 y 10 de diciembre de 2010
Cita sugerida:
Pi Puig, P. (2010). Aproximaciones sociológicas al estudio del medio ambiente. La
perspectiva del Desarrollo Sustentable: El caso de los Residuos Sólidos Urbanos en
Argentina. VI Jornadas de Sociología de la UNLP, 9 y 10 de diciembre de 2010, La
Plata, Argentina. En Memoria Académica. Disponible en:
[Link]
Introducción
La presente ponencia tiene como principal finalidad presentar una sistematización acerca de
los estudios sobre el medioambiente en sociología y dar cuenta del tipo de concepciones
prevalecientes en el mundo y en Argentina en particular. Asimismo, y derivado de lo anterior
se muestra el anclaje adoptado por la Argentina desde un caso particular: la gestión de los
Residuos Sólidos Urbanos (RSU). Esto se realiza a través del análisis de las normativas,
fundamentos y políticas desarrolladas tanto a nivel Nacional, como Provincial (Buenos Aires)
y Local (La Plata).
1
explicadas ni comprendidas sino en relación al contexto. Aquí, por lo tanto, las interacciones
con el medio ambiente físico y biológico, y su influencia en las relaciones sociales, quedan
excluidas del objeto sociológico. (Rojo, 1991; Pardo, 1996) En el transcurso de este trabajo,
se hará referencia al medio ambiente, y no al ambiente social referido a la dicotomía
herencia/medio. Si bien se está lejos de contar con un cuerpo teórico sobre la crisis
medioambiental y sus consecuencias ecológicas y sociales, la idea de lo natural y lo social
como dos mundos separados e incluso antagónicos, ya no es posible. (Pardo, 1994)
El primer eje de la clasificación versa sobre las interpretaciones que ha hecho la sociología
sobre la relación medio ambiente-sociedad. Por lo tanto, siguiendo las tres dimensiones de
análisis que propone Pardo (1996)1, puede decirse que las teorías contemporáneas coinciden
en establecer un tipo de relaciones de interconexión entre sociedad y medioambiente; en la
adopción de un concepto amplio de medioambiente, que excede la idea más estrecha de
espacio biofísico; y en la consideración del doble proceso de influencia del medio biofísico
sobre la sociedad e impacto causado por la sociedad en el medioambiente. Al contrario, en las
teorías clásicas estos elementos no aparecen tan claramente ni todos juntos.
Enfoque Clásico
1
La autora propone un marco-propuesta para el análisis de la literatura sociológica sobre el medio ambiente,
compuesto por tres dimensiones: “1. El tipo de relación que se establece entre la sociedad y el medio biofísico; 2.
La consideración del espacio físico, o más precisamente hablando biofísico y/o del medio ambiente en su
acepción más completa; 3. El binomio influencia del medio biofísico sobre la sociedad/el impacto que la
sociedad causa en el medioambiente.” (Pardo, 1996: 3)
2
economistas ecológicos. Se destaca asimismo, la importancia que los autores dan a la
naturaleza tanto en su base biofísica, como en su papel en el desarrollo de las sociedades.
Sin embargo, podría señalarse como una contradicción de esta propuesta la confianza que los
autores ponen en el progreso continuo de las sociedades en términos de aumento de la
productividad, el crecimiento económico y el desarrollo de las fuerzas productivas. Esto
implicaría una fuerte transformación de la Naturaleza, concebida esta como un medio para el
trabajo. La libertad de los seres humanos entonces estaría basada en un modelo de superación
de las constricciones de la Naturaleza.
La explicación de la crisis medioambiental actual involucra más perspectivas de análisis que
llegan a cuestionar los mismos conceptos de progreso y de crecimiento económico, que
subyacen a la explicación del devenir de la historia de estos autores, por lo que su teoría
resultaría insuficiente. (Pardo, 1996, 1998)
En términos generales, la Ecología Humana Clásica (que puede considerarse precursora de la
Sociología Urbana ) utiliza el concepto de medio ambiente como sinónimo de espacio o
territorio en el cual se manifiestan los procesos sociales. Esta acepción se vincula con los
desarrollos llevados a cabo por Robert Ezra Park, padre fundador de la Escuela de Chicago.
Dicho autor propuso un marco conceptual, la Ecología Humana, que aplicaba el marco
conceptual de la ecología vegetal y animal al estudio de los problemas sociales urbanos con
una concepción del hábitat como espacio en el que se desarrollan las actividades humanas.
Subyacente a estas concepciones, se encuentra un sentimiento antimalthusiano, es decir, la
afirmación de la independencia de la sociedad humana respecto de los límites bio-
medioambientales. (Rojo, 1991)
Los aportes más importantes de esta corriente se refieren a la fuerza con que aparece el
medioambiente físico en el planteo. El medioambiente en esta propuesta es entendido como la
base de recursos naturales que mantiene el balance biótico y el equilibrio social. Es decir, hay
una concepción de la interacción medioambiente-población-sistema social como un proceso
que afecta al desarrollo social. Y si bien estas elaboraciones aspiran a configurar una
perspectiva holística, no llegan a reconocer la dirección inversa del proceso: el impacto que la
sociedad produce en el medioambiente, asunto fundamental en la crisis medioambiental
actual. (Rojo, 1991)
Adicionalmente, en los años sesenta, tiene lugar la incorporación de la teoría sistémica en
sociología a partir de los aportes de la física y la ecología, siendo reconocido el papel de
Parsons en dicha tarea. La nueva visión revisa los conceptos de conflicto y equilibrio en las
ciencias sociales, estableciendo que los sistemas, incluidos los sociales, son abiertos e
3
inestables, y que en ellos conviven el consenso y el conflicto, siendo la contradicción el motor
de cambio. (Rojo, 1991)
En sus trabajos argumenta que la acción humana no está limitada solamente por las normas
culturales, sino que también está limitada por su medioambiente físico, incluyendo los
recursos naturales, y por la constitución biológica de los individuos. Parsons plantea que hay
cuatro requerimientos básicos para cualquier tipo de sistema social. El primero, y bastante
fundamental, es la función de adaptación correspondiente al organismo biológico humano, la
cual media entre la sociedad y el medioambiente físico, tomando recursos de éste e
intercambiando estos recursos con aquellos producidos por el sistema social en cuestión.
(Pardo, 1996)
La teoría de Parsons plantea las funciones sociales que deben entrar en juego en cualquier
sociedad para reproducirse a sí misma, y la relación entre lo definido biológica y
culturalmente, y el mundo externo de la naturaleza tiene un papel central en el mantenimiento
del orden social y en la reproducción social. (Pardo, 1998)
Si bien la sociología de la segunda posguerra se debate entre funcionalismo y marxismo,
ninguna de las dos corrientes consideraba las condiciones de los sistemas medioambientales
en los que se desenvuelven los sistemas sociales. Los desarrollos teóricos y disciplinares en
los años de la segunda posguerra desembocaron en una visión del medio ambiente como
entorno físico-biológico del sistema social, conformador de estructuras y comportamientos,
así como en la consideración de los impactos de la organización y el cambio sociales en el
medio ambiente natural. Fundamentalmente, estos avances se deben al enfoque sistémico y la
ecología. (Rojo, 1991)
Quizá el golpe más contundente proviene de la Sociología Medioambiental surgida en
Estados Unidos a mediados de los años setenta. El hito fundacional de dicha disciplina es la
publicación de un artículo de los sociólogos Catton y Dunlap (1978) titulado Environmental
Sociology: a New Paradigm (Sociología medioambiental: un nuevo paradigma). Estos autores
plantean que en la visión occidental del mundo domina el Paradigma del Excepcionalismo
Humano, que postula la idea de un mundo vasto que aporta oportunidades ilimitadas, por lo
que no habría restricción por parte de la naturaleza respecto de las actividades humanas.
Asimismo, sostiene la confianza en el progreso continuo de manera que para cada problema
hay una solución. Para estos autores, esos supuestos son antiecológicos en su fundamento, y
aquel tipo de perspectiva es cuestionado por los cambios producidos en relación a los
problemas medioambientales. Precisamente, es en la década de los setenta cuando comienzan
a manifestarse los riesgos sociales de un crecimiento económico. La evolución societal ha
4
posibilitado efectivamente un elevado nivel de supervivencia como especie, pero el ritmo de
crecimiento se ha vuelto claramente insostenible, dada la explotación acelerada de recursos y
el aumento demográfico sobre todo en los países subdesarrollados, que provocan el deterioro
del medio ambiente. Además, la crítica social producto de la progresiva concientización
ciudadana cumple un rol importante, presionando para que el medio ambiente sea un tema de
agenda. Se produce entonces una confluencia importante de crítica al antropocentrismo desde
varios campos. La tradición sociológica heredada del siglo XIX está de alguna forma
impidiendo que se entienda la importancia social de la solución a los problemas ecológicos.
Ahora que las condiciones ecológicas están amenazando a las sociedades humanas, es
necesario reconsiderar la teoría sociológica. (Pardo, 1998)
Aquí es donde cobra relevancia el enfoque contemporáneo, ya que de alguna manera, todas
estas propuestas reconocen la relación dialéctica entre sociedad y medioambiente. Sin
embargo, difieren en el planteo sobre la dirección que debe adoptar la intervención en la
relación medioambiente- sociedad.
Enfoque Contemporáneo
Podría decirse que la dimensión que aquí articula el criterio de clasificación consiste en el
grado de aceptación de cada orientación respecto del modelo de acumulación capitalista
vigente, desde posturas que solo abogan por una adecuación de las normas y una reeducación
cultural, hasta el planteo de un nuevo modelo de sociedad, pasando por propuestas como la
del Crecimiento Cero2.
Tenemos entonces, por un lado, una corriente radical. Los principios teóricos y de acción de
la corriente radical parten del análisis del modo de producción capitalista en sus “rasgos
patológicos”, es decir, sobreexplotación de los recursos naturales y de la fuerza de trabajo, y
exigen un cambio extremo en el sistema social. Dentro de esta orientación figuran la ecología
profunda, el ecofeminismo3 y el ecomarxismo.
Las premisas de la ecología profunda se encuentran ancladas en el campo de la filosofía. Sus
ideas principales afirman que la vida y diversidad de los seres no humanos son un valor en sí,
que los individuos como tales solo existen en relación con los demás seres vivos, y que la
intervención humana en los ecosistemas es excesiva. Por lo tanto, deben modificarse
radicalmente las formas económicas, ideológicas y culturales de intervención, para evitar la
2
Ver más adelante Corriente Reformista.
3
Estrictamente, aquí nos referimos al ecofeminismo radical y al ecofeminismo socialista.
5
crisis ecosistémica, siempre desde una militancia ambiental formal y cotidiana que implique
una nueva forma de vincularse con la naturaleza. La aspiración máxima sería el reemplazo de
la idea de crecimiento económico por una vida sencilla en los medios pero de fines valiosos.
Como se observa, constituye un movimiento extremista, tanto por el profundo
cuestionamiento de los valores cotidianos, como por la búsqueda de una transformación
completa de la sociedad. (Devall y Sessions, 1985; Naes, 1973, 1984; Kwiatkoswska e Issa,
1998). El mayor aporte de esta perspectiva estriba en su carácter radical, asumiendo la
cuestión ambiental como un problema social e individual vinculado con valores y principios,
y en ese sentido, relacionados con las decisiones personales y la voluntad. (Aranda Sánchez,
2004)
El ecofeminismo, surgido en los años setenta, se centra en el análisis de la ocupación del
espacio profundamente sexuado (empleos, roles, valores, moral), y considera que es vocación
femenina el cuidado del entorno, afirmando la importancia del rol de la mujer en la
transformación del modelo de sociedad. El punto común básico del pensamiento ecofeminista
es el cuestionamiento al carácter patriarcal de la sociedad occidental, con lo cual se convierte
en una orientación radical con perspectiva de género. (Mellor, 2000; Ynestra King, 1991).
El ecomarxismo plantea que el capitalismo lleva a una crisis intensa porque su sistema de
producción destruye dos condiciones necesarias, los recursos naturales y la reproducción de la
fuerza de trabajo. Esta visión supera la concepción instrumentalista de la naturaleza, e intenta
rellenar el vacío ecológico que presenta el marxismo, incorporando los aspectos
socioambientales al análisis de las condiciones de producción. El ecomarxismo reposiciona a
la naturaleza como medio de producción y potencial productivo, y sostiene que el capitalismo
es el factor determinante de la crisis ambiental, ya que se trata de un modo de producción
basado en la explotación del hombre por el hombre, y del hombre sobre la naturaleza. (Bloch,
1965; O´Connor, 1988, 1998).
En segundo lugar, se encuentra la orientación reformista, habiendo dentro de ella diferentes
versiones. El patrón común, sin embargo, es el no cuestionamiento al sistema económico
mundial actual.
Por un lado, existe una orientación crítica según la cual, para preservar el medio ambiente, se
debe proceder al análisis detallado de los costos y beneficios de las tecnologías en uso,
procurando que de esa forma el mercado pueda ser el motor de un desarrollo económico,
social y ambiental sostenible, que priorice la implantación de tecnologías “blandas”,
respetuosas del entorno natural, en detrimento de la tecnología de punta, “dura”, productora
de desequilibrios ambientales–humanos irremediables.
6
Una tendencia aún más moderada propone abordar la problemática medioambiental a partir de
operaciones diplomáticas y burocráticas que consideran en su análisis los costos-beneficios de
las políticas gubernamentales con el fin de mejorarlas. Se concibe que el problema de la
degradación ambiental es la blandura de las normas y de los valores sociales ante la
conservación del patrimonio natural global y su permisividad frente al despilfarro y la
destrucción de recursos.
Dentro de la visión reformista, pues, existe una variedad de propuestas que combinan ambas
tendencias.
Las orientaciones que se encuentran en este grupo son: la Ecología Conservacionista, la
Ecología Humana Crítica y el Desarrollo Sustentable.
Como resultado de la preocupación por la crisis ecológica mundial evidente en los años
setenta, surge una corriente de ecología política o acción social colectiva basada en los
modelos de los nuevos movimientos sociales ambientalistas pero también en las relaciones
desiguales laborales, de género y las existentes en los espacios de poder en la sociedad,
derivadas de las luchas de siglo XX y XXI. Puede decirse que en un principio su mirada es la
confluencia de los partidos socialistas tradicionales y de los nuevos movimientos ecologistas.
Este nuevo enfoque propone la búsqueda de una igualdad efectiva de las personas,
fomentando la profundización en la democracia, el respeto por el ambiente a partir de la
construcción de un orden social sustentable que tenga en cuenta las necesidades de las futuras
generaciones y del cuidado del patrimonio cultural, las condiciones de vida en el medio
urbano y en el laboral. En el límite, y como una primera respuesta ante el panorama
catastrofista, este nuevo enfoque quedó representado por propuestas como la del Crecimiento
Cero, que reconocen una incompatibilidad entre la preservación del ambiente y el ritmo de
crecimiento económico planteado hasta entonces. (Boulding, 1966; Ehrlich, 1968; Goldsmith,
1972; Meadows, 1972)
El interesante aporte de la Ecología Humana Crítica, es su concepción del mundo como un
sistema entre otros, y el abordaje de la relación entre naturaleza y sistema social a partir del
concepto de dilema social: se trata de una oposición que surge en la frontera entre los sistemas
natural y social, donde ambas lógicas se contradicen mutuamente, ya que la búsqueda del
interés individual socava los intereses colectivos a largo plazo. (Aranda Sánchez, 2004)
Cuatro expresiones de este dilema serían la producción de residuos, el excesivo consumo de
energía, la falta de valoración de los recursos, y la magnitud creciente que adquiere la
economía humana. De acuerdo con el objetivo del presente trabajo, importa señalar que a
pesar del crecimiento de la industria de los residuos y las innovaciones técnicas para su
7
manejo, el aumento de los residuos es mayor que la capacidad de incorporación económica
integral por parte de las actividades que los generan, trasladándose el costo a la sociedad. En
este marco, y según la perspectiva de la Ecología Humana Crítica, la solución a los dilemas
debe ser cooperativa. Sin embargo, el proceso de negociaciones y compensaciones se da en el
marco de una estructura de poder, en donde es necesaria la comunicación para solventar la
tensión sociedad-naturaleza mediante el establecimiento de pactos (Wilson, 1986, 1999). En
cierto sentido, esta postura estaría buscando la mitigación de los conflictos ambientales
mediante la vía diplomático-burocrática.
Por último, el Desarrollo Sustentable es un enfoque neoliberal producto de la economía
racional instrumental que emerge en la segunda mitad de los años ochenta. Esta técnica de
intervención sobre el ambiente apunta al logro de fines económico-políticos basados en el
cálculo de los medios, y parte de la idea de desarrollo social sustentable en la que la
explotación-conservación de recursos se conjuga con la posibilidad presente de reponer-
renovar dichas explotaciones para evitar la futura degradación ecosistémica total. (Giraldo
Betancur, 2005)
Además, la postura de sustentabilidad que es impulsada a nivel internacional por la ONU,
considera a la pobreza del tercer mundo (originada por la falta de recursos tecnológicos) como
causa del problema ambiental mundial. Las propuestas de solución al problema de la
degradación de recursos serían entonces, el mantenimiento del sistema de mercado
internacional, la aplicación de políticas de control de la natalidad en los países del sur, y la
transferencia de tecnologías del norte al sur. (Giraldo Betancur, 2005)
El modelo de desarrollo sustentable está ciertamente en relación con orientaciones de la
gestión del medio ambiente natural y humano de tipo reformista, que no conciben en su
interior la acción colectiva ni parten del principio de precaución frente a impactos no
mitigables de la acción humana, sino que plantean un control por medio de modelos como el
de desarrollo limpio, o acciones gubernamentales e intercorporativas para la regulación de la
contaminación o la descontaminación. No se contempla un freno al crecimiento económico ni
el cuestionamiento al modelo de acumulación basado en la industrialización.
En términos económicos el desarrollo sustentable no plantea un cambio en la matriz de
acumulación, como tampoco profundiza en los desiguales patrones de consumo de recursos
naturales entre los países del Norte y El Sur. (Giraldo Betancur, 2005)
8
Actualmente, en general, se destaca la ausencia de una definición explícita de medio ambiente
en los trabajos que tratan sobre el mismo. Los trabajos que adoptan la perspectiva del
desarrollo sustentable no son una excepción. Por lo tanto, a continuación se desarrolla una
definición aproximativa de lo que la corriente contemporánea entiende por medio ambiente, y
en base a los elementos mencionados en los antecedentes, se propone que la diferencia entre
las orientaciones que integran la corriente, es justamente la interpretación que se hace de
dicha definición, y en consecuencia la forma de intervenir en el medio ambiente.
Lo común de la corriente contemporánea respecto del concepto de medio ambiente, como ya
se mencionó, es la afirmación de un tipo de relaciones de interconexión entre sociedad y
medioambiente; la adopción de un concepto amplio de medioambiente, que excede la idea
más estrecha de espacio biofísico; y la consideración del doble proceso de influencia del
medio biofísico sobre la sociedad e impacto causado por la sociedad en el medioambiente.
Ahora bien, lo distintivo del desarrollo sustentable es que el mismo no contempla un freno al
crecimiento económico ni el cuestionamiento al modelo de acumulación basado en la
industrialización, como tampoco profundiza en los desiguales patrones de consumo de
recursos naturales entre los países del Norte y El Sur. En este planteo no se distingue entre
crecimiento y desarrollo, y el cuidado de los recursos no es un fin en sí mismo, sino el medio
para posibilitar el crecimiento. Más bien, se considera que el crecimiento es necesario para
superar la pobreza y mejorar las condiciones de vida.
Podría decirse que, bajo la óptica del desarrollo sustentable, el medio ambiente es concebido
como un escenario sobre el cual se interviene apuntando al logro de fines económico-
políticos. La idea de desarrollo social sustentable significa que la explotación-conservación de
recursos se conjuga con la posibilidad presente de reponer-renovar dichas explotaciones para
evitar la futura degradación ecosistémica total. El control se plantea por medio de modelos
como el de desarrollo limpio, o acciones gubernamentales e intercorporativas para la
regulación de la contaminación.
Las Naciones Unidas, organismo internacional que propuso el concepto de desarrollo
sustentable concibe al ambiente como un potencial productivo para un desarrollo alternativo,
igualitario y sustentable, fundado en el manejo integrado de sus recursos ecológicos,
tecnológicos y culturales. Esta concepción contrasta con las ideas dominantes en las que el
ambiente se considera como un factor limitante o un recurso natural disponible cuya
degradación sería el costo ineludible del desarrollo. (UNESCO-PNUMA, 1985)
Ahora bien, ¿cómo se generó el consenso internacional en torno a dicha definición?
9
Desde los años de la segunda posguerra, habían comenzado a publicarse informes científicos
que señalaban los límites físicos a la tendencia mundial de crecimiento económico. A finales
de los años sesenta la crisis ambiental cobró presencia en el escenario político, provocando
una doble respuesta: la expansión del movimiento ambientalista y la institucionalización de la
problemática a nivel internacional. En los inicios de la década del setenta, entonces, existían
tres corrientes de pensamiento sobre la cuestión ambiental: la ecologista-conservacionista, la
desarrollista (o ambientalismo moderado) y la crítica humanista.
El hecho singular es que, partiendo de posiciones muy diferentes , la comunidad internacional
confluyó años después en la propuesta de desarrollo sustentable, como resultado de la
progresiva imposición de una corriente, la del ambientalismo moderado, que logró consenso y
persistencia en torno a sus ideas. Esto implicó la prevalencia de la visión de la sustentabilidad
ecológico-económica por sobre la social, a pesar de que el concepto de desarrollo sustentable
engloba las tres dimensiones. (Pierri, 2001)
Una de las primeras propuestas, acorde con el panorama catastrofista inicial, fue la del
“Crecimiento Cero” a nivel económico y poblacional. La tesis de los límites físicos al
crecimiento hunde sus raíces en Malthus y Ricardo, representantes de la economía clásica.
Pero es el informe encargado por el Club de Roma al MIT y publicado en 1972, llamado
justamente Los límites del crecimiento, el que mayor difusión y repercusión tuvo a nivel
mundial. La propuesta central planteada por el informe era la de un estancamiento en el
crecimiento como vía para resolver la evidente contradicción entre la sociedad y la naturaleza,
producto de la presión poblacional sobre los recursos naturales finitos (Boulding, 1966;
Ehrlich, 1968; Goldsmith, 1972; Meadows, 1972). La crítica común suscitada en torno a esta
idea se centró en su visión ecocentrista de la crisis ambiental.
En respuesta a esta perspectiva emergen las otras dos corrientes. Por un lado, la ONU fue
quien encarnó una de las respuestas al enfrentamiento economía-ecología, planteando la
compatibilidad del crecimiento con la conservación. El enfoque del ambientalismo moderado
quedó plasmado en la Declaración de la Conferencia sobre el Medio Humano de la
Organización de Naciones Unidas (ONU), realizada en Estocolmo en 1972, que además
constituye el primer antecedente de la formulación del objetivo de desarrollo sustentable
consolidado en el Informe Brundtland de 1987. En ella se intentó por primera vez conciliar
los objetivos de desarrollo y de protección de la naturaleza, no sin antes tener que ajustar
intereses, pues los países subdesarrollados se mostraron, en un principio, reticentes a
participar objetando que los problemas planteados eran propios del desarrollo de los países
10
industrializados.4 Son importantes algunas aclaraciones; en primer lugar, en este planteo no se
distingue entre crecimiento y desarrollo, siendo utilizados ambos términos como sinónimos.
Segundo, el cuidado de los recursos no es un fin en sí mismo, sino la vía para posibilitar el
crecimiento. Adicionalmente, se considera que el crecimiento es necesario para superar la
pobreza y mejorar las condiciones de vida. (Dubos y Ward, 1972; ONU, 1977)
La segunda respuesta al Informe del Club de Roma provino de la corriente humanista crítica,
en sus dos vertientes: el ecodesarrollo y el modelo Bariloche. Mientras el primero mantiene
varios rasgos propios de la propuesta del desarrollo sustentable, el segundo hunde sus raíces
más decididamente en el ecomarxismo. El ecodesarrollo se inscribió dentro de un movimiento
a favor de un nuevo orden económico internacional impulsado por los países no alineados. Su
idea general fue compatibilizar la economía y la ecología a partir de la elaboración de
modelos de desarrollo alternativos centrados en la perspectiva de los países dominados. 5
(Sachs, 1974)
Por su lado, el Modelo Mundial Latinoamericano elaborado por la Fundación Bariloche
implicó una crítica más profunda que el ecodesarrollo a la propuesta de crecimiento cero.
Directamente, lo que se cuestionaba aquí era el orden socio-económico vigente, abogando por
un cambio radical para la fundación de un mundo diferente. El eje se corrió de la naturaleza a
la sociedad, en el sentido de reconocer que los límites al desarrollo no eran físicos sino
políticos. (Herrera et al., 1971)
Durante los años que median entre Estocolmo (1972) y Brundtland (1987), un doble proceso
de hechos históricos y propuestas teórico-políticas, favoreció la instalación del concepto de
desarrollo sustentable. Por un lado, tuvieron lugar catástrofes ambientales que evidenciaron el
peligro al que está expuesto el planeta. Además, la neoliberalización de la economía mundial,
produjo efectos desastrosos en los países del sur. “Las luchas sociales pasaron entonces a ser
más protagonizadas por movimientos con objetivos parciales específicos, como el feminista y
el ecologista. Esto desplazó el alcance de los cambios en cuestión, de la vieja oposición
capitalismo-socialismo, al campo del cambio de aspectos parciales de esta sociedad, lo que
habilitó la idea de que atender la crisis ambiental es un cambio posible dentro del sistema
vigente, y necesario, para fortalecerlo.” (Pierri, 2001: 55)
El Informe Brundtland publicado en 1987, fue elaborado por la Comisión Mundial sobre
Medio Ambiente y Desarrollo (CMMAD) creada por la ONU. El mismo parte de la idea de
4
El Informe Founex de 1971 refleja el esfuerzo por recoger las preocupaciones de los países subdesarrollados.
5
Teniendo como antecedente el espíritu del Informe Founex (1971), se acuñó el término de ecodesarrollo en la
primera reunión del Consejo de Administración del PNUMA en 1973. Con él se buscó recoger la óptica
tercermundista, atendiendo a las situaciones de pobreza y marginación.
11
que desarrollo y medio ambiente no pueden ser separados, adoptando una óptica
antropocentrista en contraposición al ecocentrismo anterior del crecimiento cero: no es el
desarrollo el que causa el deterioro ambiental, sino que se debe procurar que este no limite a
aquel. En su formulación típica: “la humanidad es capaz de volver sustentable el desarrollo,
de garantizar que él atienda las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las
generaciones futuras de atender también las suyas.” (CMMAD, 1987: 9)6
Aquí entonces, crecimiento y sustentabilidad ecológica aparecen como condiciones centrales
la una de la otra. La equidad social no es un objetivo en sí, sino el medio para lograr ambos
objetivos en el marco de un sistema de mercado con una participación social ampliada en la
toma de decisiones. Brundtland significa la instalación definitiva de la concepción
ambientalista moderada a nivel político. La conquista ideológica consiste en haber puesto a
las diferentes interpretaciones bajo la idea común de una alianza entre conservadurismo y
desarrollo, pero subordinando el primero al segundo.
Finalmente, las diferentes corrientes ambientalistas se expresan ahora como diferentes
concepciones sobre el desarrollo sustentable, disputando las orientaciones concretas de su
instrumentación. (Pierri, 2001)
Lo que resulta incuestionable actualmente, entonces, es la hegemonía adquirida por la idea del
desarrollo sustentable como principio orientador en la elaboración de políticas ambientales, al
menos en nuestro país en donde el organismo encargado de esta gestión es la Secretaría de
Ambiente y Desarrollo Sustentable.7
A partir del cambio de gobierno ocurrido en mayo de 2003, una de las primeras medidas
tomadas fue la Modificación Ley de Ministerios mediante el Decreto 141/038. La misma
aconseja transferir las competencias relativas a la preservación y protección de los recursos
naturales y el desarrollo sustentable del ámbito del Ministerio de Desarrollo Social a la órbita
del Ministerio de Salud. Seguidamente, entonces, el decreto 295/03 modifica el organigrama
del Ministerio de Salud, transfiriendo la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable del
primer al segundo Ministerio. Al siguiente año, por el decreto 923/04 se sustituye la
6
Citado por Pierri (2001: 61).
7
La misma denominación de esta agencia estatal hace referencia explícita al concepto.
8
Publicado en B.O. el 5 de junio de 2003.
12
denominación de Ministerio de Salud por Ministerio de Salud y Ambiente. Posteriormente,
mediante los decretos 828/2006 y 830/20069, se modifica nuevamente la Ley de Ministerios,
con el propósito de ampliar las competencias de la Jefatura de Gabinete de Ministros
asignándole las relativas a la implementación de la política ambiental, la preservación y
protección de los recursos naturales y el desarrollo sustentable. Por lo tanto, se sustituye la
denominación del Ministerio de Salud y Ambiente por la de Ministerio de Salud, y se
transfiere la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la órbita del Ministerio de
Salud al ámbito de la Jefatura de Gabinete de Ministros, con sus unidades organizativas y sus
respectivas competencias, cargos, dotaciones, créditos presupuestarios y bienes.
La nueva estructura jerárquica del Estado, entonces, refleja la importancia progresivamente
adquirida por la temática del medio ambiente. Esto justifica que la atención se centre en las
publicaciones y la legislación ambientales de los últimos dos períodos presidenciales que
resulten relevantes para abordar el campo específico del tratamiento de los residuos sólidos
urbanos.
A continuación, se presentan en orden cronológico la normativa y los hechos más relevantes
relacionados con la Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (GIRSU), haciendo
hincapié en la escala local:
Marzo 2004: Bases para una agenda ambiental nacional. Política ambiental sostenible
para el crecimiento y la equidad – Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable –
Ministerio de Salud
4 Agosto 2004 : Ley Nacional 25916 - GIRD
13 Septiembre 2004: Decreto Nacional 1358 - Reglamentación de Ley Nacional 25916
Septiembre 2005: Estrategia Nacional para la Gestión Integral de residuos Sólidos
Urbanos (ENGIRSU) - Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable – Ministerio
de Salud y Ambiente
20 Diciembre 2006: Ley Provincial 13592 - GIRSU
Diciembre 2006: Acuerdo frente a Corte Suprema de Justicia de la Provincia de
Buenos Aires, del Gobierno de la Provincia y el CEAMSE, para el cierre definitivo de
dicho relleno sanitario en Diciembre de 2007.
5 Diciembre 2007: Fecha límite de cierre del CEAMSE.
9
Publicados en B.O. el 10 de julio de 2006.
13
Julio 2008: Municipalidad de La Plata - Lanzamiento Plan de Separación de Basura
en Origen
26 Noviembre 2008: Ordenanza 10462 - Creación Agencia Ambiental La Plata
Octubre 2008: Constitución del Consorcio Región Capital, conformado por los
municipios de La Plata, Berisso, Ensenada, Punta Indio, Brandsen. Magdalena no
participa.
4 Noviembre 2009: Municipalidad de La Plata - Lanzamiento Programa Gestión
Integral Responsable de Residuos Sólidos
12 Noviembre 2009: Presentación del Informe Final del Plan GIRSU Región Capital -
Elaboración: UNLP-UTN. (En respuesta a lo establecido por la ley provincial)
16 Diciembre 2009: Ordenanza Municipal 10661 (“Basura Cero”) - Creación de
Programa GIRSU
12 Julio 2010: Presentación del Pliego de Bases y condiciones para la Licitación de
Planta de Tratamiento de RSU- Intendente hace entrega del documento al Concejo
Deliberante
11 Agosto 2010: Aprobación del pliego en el Concejo Deliberante
13 Agosto 2010: Decreto Provincial 1215 - Reglamentación de Ley Provincial 13592
Como se observa, durante los últimos tres años10, la temática de RSU ha ocupado un lugar
central en la agenda pública local.
Bases para una agenda ambiental nacional. Política ambiental sostenible para el crecimiento
y la equidad
En este documento, se reconocen, como deuda en materia ambiental, serios problemas
relacionados al desequilibrio territorial (crecimiento urbano desbalanceado) y al inadecuado
manejo y disposición de residuos sólidos, domésticos e industriales. Por lo tanto, se plantea el
desafío primordial de abordar globalmente la gestión de los residuos, en el sentido de, por un
lado, coordinar las escalas local, regional y nacional, y por otro, atender a la totalidad de los
componentes operativos de aquella: reducción en origen, generación, recolección, transporte,
transferencia, procesamiento y disposición final. Se reconoce que la gestión de residuos
urbanos constituye tanto uno de los mayores problemas ambientales de la sociedad moderna
como uno de los problemas sanitarios centrales para la gestión local.
10
Desde 2008, año en que la “gestión Bruera” asume el gobierno municipal.
14
Por lo dicho anteriormente, uno de los objetivos que la SAyDS (2004) plantea apunta a
mejorar la calidad de vida desde la perspectiva de la interacción socio-ambiental. Y en
consonancia con ello, una de las líneas de acción inmediata es la elaboración de un Plan
Nacional de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos.
15
incorporación de la separación en origen en la disposición inicial, la valorización, la
reutilización y el reciclaje por parte de todos los Municipios de la Provincia de Buenos Aires;
por otro, el diseño e instrumentación de campañas de educación y divulgación ambiental a fin
de sensibilizar a la población respecto de las conductas positivas para el ambiente y las
posibles soluciones para los residuos sólidos urbanos.
Además, la ley provincial estableció como competencia de los Municipios, el deber de
presentar ante la Autoridad Ambiental Provincial un Programa de Gestión Integral de residuos
sólidos urbanos, a ser elevado en un lapso no mayor a seis meses desde la entrada en vigor de
dicha ley. A partir de la aprobación de los programas de cada Municipio, estos tendrían un
plazo de cinco años para que las distintas jurisdicciones alcanzaran una reducción del treinta
por ciento (30 %) de la totalidad de los residuos con destino a la disposición final, período que
incluía una campaña de concientización, y la implementación obligatoria de la separación en
origen como mínimo en dos fracciones de residuos. El programa debería incluir la
caracterización de cada etapa del Programa de Gestión Integral de residuos sólidos urbanos,
de los programas de difusión y educación, y estudios de Impacto Ambiental sobre las rutas de
transporte, los centros de procesamiento, tratamiento, disposición final de residuos sólidos
urbanos y tratamientos de los efluentes. Una vez aprobado, debería fijar los plazos para su
instrumentación, los cuales no podrán exceder de un año.
16
Programa Gestión Integral Responsable de Residuos Sólidos
A través de la Agencia Ambiental La Plata, la Municipalidad invita a empresas y particulares
a presentar proyectos integrales para Tratamiento Integral de los Residuos Sólidos Urbanos en
la Ciudad de La Plata, que promuevan el reciclaje y reducción de la basura; impulsen la
utilización económica de la basura; y que minimicen el vuelco de residuos en rellenos
sanitarios.
Presentación del Informe Final del Plan GIRSU Región Capital - Elaboración: UNLP-UTN.
A pedido del Consorcio Región Capital, se elaboró un estudio cuyo resultado fueron los
lineamientos para una GIRSU apropiada en la Región Capital, con la recomendación de dos
sistemas diferenciales (uno para el Área Central y otro para la Periferia).
17
Reflexiones finales
18
Bibliografía
Giraldo Betancur, Paulo César (2005), “Un aporte de la sociología a la temática ambiental: de
la mirada sociológica a la mirada socioambiental”, Revista Luna Azul, Colombia, n° 21 Julio-
Diciembre 2005. En [Link]
Pardo, Mercedes (1994), “Los sociólogos como profesionales en el campo del medio
ambiente”, Boletin del Colegio de Políticas y Sociología, España.
En: [Link]
19
Pierri, Naína (2001), “Capítulo II: Historia del concepto de desarrollo sustentable”, en,
(Foladori, G. y Pierri, N.), ¿Sustentabilidad? Desacuerdos sobre el desarrollo sustentable.
En: [Link]/infotecaea/descargas/[Link]
Rojo, Teresa (1991), “La sociología ante el medio ambiente”, Revista Española de
Investigación Sociológica, n° 55, pp.93-110. En:
[Link]
Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable (2004), Bases para una agenda ambiental
nacional. Política nacional sostenible para el crecimiento y la equidad, Argentina. En:
[Link]
20