Esquizia: Psicoanálisis y Filosofía
Esquizia: Psicoanálisis y Filosofía
AÑO 5 | N° 6 | 2024
ESQUIZIA
REVISTA DE PSICOANÁLISIS, FILOSOFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
AÑO 5, N° 6, 2024
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Samuel Hernández Huerta
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7 | Carta editorial
EPITAFIOS
Del latín tardío epitaphĭum ‘epitafio’, y del griego ἐπιτάφιος epitáphios ‘sepulcral’,
‘funeral’, de ἐπι epi ‘al pie de’ y τάφος táphos ‘tumba’.
H a transcurrido el tiempo junto a la nostalgia, cruces por los cuales se añeja el pulso
de lo escrito, con ello sentimos la contractura de los músculos del cuerpo del texto.
La retórica de la amabilidad nos dice que “después de la tormenta viene la calma”,
sin embargo, por mi cuenta les propongo: “después de la tormenta se avecina el desastre”.
Toda escritura y pensamiento es obra negra, pieza inconclusa, imagen barrida o
arquitectura en fuga. Aquel que ha tocado la superficie del texto comprenderá que no toda
escritura deja marca o huella; su espesura aletarga lo que se ha de escribir en el epitafio del
autor. En el acto de escribir se tensa la condición de la memoria junto a los márgenes de lo
inconcluso. No hay homenaje en vida, y no es el interés de la vanidad subrayar nombres que
construyen puentes y caudales; se proponen epitafios a condición de saber de su muerte. Un
ir, venir y escribir más allá de la muerte del autor.
Nuestra compilación responde a la ausencia, la cual no es exclusiva de quienes ahora
son el mar de Caronte para los escritos. Es algo más… No es un mar de muertos o un cemen-
terio lleno de flores de cempasúchil, tampoco son nuestras calaveritas o nuestros homenajes
a lo pensado y su porvenir. Estamos vivos después del desastre y sus máximas vitales nos
conciernen en los márgenes de nuestros deseos.
Aquí no hay homenajes en tanto que si algo nos ofrece la muerte es la relocalización
de nuestras pulsiones. ¿Epitafios post escriptum?
La muerte junto a la finitud que le acompaña es inevitable -para suerte de algunos y
penar de otros- y no es asunto de tristezas o dolencias anímicas, sino de revaloración de
nuestro lugar con los otros, con los vivos y los muertos, más aún, con los resquicios de la
vida que nos comparten en migajas del decir. Nuestra vida también conlleva a los muertos
que nombramos. Nuestra lengua escribe epitafios día a día al ser la suma de lo que ya no está,
sino a condición de su ausencia. Hablantes presentes de lo dicho y por decir.
Los manuscritos que se ofrecen a continuación se escriben y hablan en nombre propio.
Los ausentes y su vacío son ahora fragmentos de nuestra memoria, retazos de nuestros diarios
de duelo, pero también son ellos, nuestros ausentes, los autores de sus propios epitafios. Se
han escrito a modo de duelo y discusión en vivo, porque probablemente, antes de aventurar-
nos a otra vida, siempre tendremos derecho de réplica frente nuestros interlocutores.
En este año retomamos las posiciones y vestigios intelectuales, formativos y sociales
que han dejado algunos nombres que hace un tiempo se (nos) han ido: Néstor Braunstein,
Jean Allouch, Gérard Pommier, Toni Negri, Gianni Vattimo y Enrique Dussel.
Nuestra escritura propone una textualidad para las tensiones del presente.
7
El legado filosófico de Toni Negri en Argentina
DIEGO SZTULWARK
[Entrevista por MELINA ALEXIA VARNAVOGLOU]
L a partida de Antonio “Toni” Negri (1993 - 2003) trajo consigo una serie de recuerdos,
homenajes y reflexiones. La llegada de sus libros a Argentina durante los años 90, en
pleno auge del neoliberalismo, y leídos al calor del estallido del 2001, fueron guía e
impulso para abrir nuevos imaginarios teóricos y políticos. En esta entrevista con el filósofo
Diego Sztulwark recorremos algunos conceptos claves de su obra, imbricándolos con la emo-
cionante historia de los colectivos de pensamiento, militantes políticos y editores que lleva-
ron sus ideas a una praxis colectiva.
Sabemos que el legado se construye en un movimiento doble: lo que los otros nos dejan, y lo
que nosotros podemos hacer con eso. La obra de Toni Negri dejó una marca en mí hace
décadas y puedo hablar desde esa marca. Quiero decir: es posible que el discurso de Negri
sea conocido para muchas personas por ese gran manifiesto que fue Imperio (y los textos
escritos con Michael Hardt), y da la impresión de que hoy a Negri se lo lee sobre todo como
el autor de los tres notables tomos que conforman su magnífica autobiografía Historia de un
comunista. Pero para mí el núcleo más perdurable de su obra se juega en torno a una triada
de libros que son Marx más allá de Marx (una extraordinaria lectura sobre los Grundrisse),
La anomalía salvaje (libro dedicado a Spinoza escrito en la prisión) y El poder constituyente
(un magnífico ensayo que trata a la vez sobre las alternativas subversivas de la modernidad
europea, sobre relaciones entre los niveles material y formal del derecho, y sobre la historia
no lineal de la cualificación de los contrapoderes).
En la obra de Negri hay una renovación del discurso materialista que pasa por una
encendida reflexión en torno a la “excedencia”. Su filosofía no tiene nada que ver con el ser,
la estabilidad o la representación. Por el contrario, en él la potencia se da como desmesura
sobre el poder, de las fuerzas productivas contra las relaciones sociales de producción y del
poder constituyente sobre el poder constituido. Por desmesura habría que entender a la vez
un dentro, contra y más allá, que desborda todo dispositivo de poder. No se entiende a Negri
si no se presta atención a la intimidad que en él alcanzan los términos de “constitución” e
“historicidad”: La constitución es enriquecimiento del cuerpo y de la mente, y la historicidad
es la apertura de los cuerpos y las mentes entramados como cooperación social.
Alguna vez Deleuze explicó los diversos modos del materialismo filosófico con la
siguiente comparación: para el marxismo dialéctico lo propio de la sociedad es contradecirse.
Para el Foucault del poder y la resistencia la sociedad tiende a estrategizarse, y “para mi”
-decía Deleuze, sobre las líneas de fuga- la sociedad se define por los modos que crea para
Entrevista publicada originalmente en el portal “Filosofia&Co” en [Link] [España] y posteriormente
el 26 de febrero de 2024 en el sitio “Lobo suelto. Anarquía coronada” en https:// [Link]
onda-lobo/ [Argentina]. Agradecemos a lxs editorxs por su disposición y compartir el manuscrito para México.
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ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
huir de sí misma. Continuando el ejercicio comparativo quizás se podría agregar que para
Negri lo específico de las sociedades sea excederse -un exceso de productividad ontológica
de la cooperación colectiva y deseante- respecto de todo aquello que le fija una medida.
Negri fue sistemáticamente traducido al castellano desde mediados de los años 90. Con el
tiempo fueron llegando las ediciones españolas, pero hubo mucho trabajo de traducciones en
revistas locales. La salida de Imperio coincide con el estallido del 2001 en Argentina. Para
entonces sus textos circulaban entre militantes y estudiantes. Hacia el año 2003, apenas es
liberado de su prisión domiciliaria, Negri hizo varios viajes al país, dio entrevistas y realizó
actividades públicas. También lo hizo en Brasil y otros países de Sudamérica como Bolivia,
Ecuador y Venezuela. Recientemente el presidente de Colombia, Petro, emitió un mensaje
recordando que sus programas de gobierno fueron inspirados en sus lecturas sobre el con-
cepto de “multitud” de Negri y sobre sus caracterizaciones de la globalización y del capita-
lismo postfordista. La Argentina que recibió los textos de Negri preparaba un ciclo de luchas
populares contra el neoliberalismo. Buena parte del activismo sindical, piquetero y estudian-
til buscaba entonces crear una imaginación que no se limitara en la tradición marxista-leni-
nista o populista-peronista y discutía en asambleas conceptos como los de “contrapoder”,
“nuevas subjetividades” y “acontecimiento”. En aquel contexto la afirmación de la “multitud
como concepto de clase”, propuesta por Negri en una fábrica recuperada por sus trabajadores
en la Ciudad de Buenos Aires, desafiaba los lenguajes locales y abría acaloradas polémicas
sobre si la multitud era un concepto económico, sociológico o político. Dadas las preocupa-
ciones de un país en donde la consigna movilizadora era “qué se vayan todos”, la consigna
negriana era interrogada desde diversos ángulos: ¿pueden realmente “los muchos” dar lugar
a una subjetividad política? ¿no debe mediar un partido para que ello ocurra? ¿cómo distin-
guir unas masas amorfas de una multitud formada por sujetos singulares? ¿puede la multitud
hacer política frente a un Estado que sólo se deja interpelar en términos de un Pueblo? ¿Puede
la multitud tomar decisiones, crear instituciones autónomas, generar procesos de autovalori-
zación, producir sus propios saberes? Entusiastas y detractores de Negri discutieron sus tex-
tos apasionadamente al menos hasta la llegada del kirchnerismo al poder. Los textos de Negri
siguieron circulando siempre en clave militante y no académica. La progresiva desactivación
de los modos autónomos de movilización (muy fuertes luego de la pandemia) y el enorme
esfuerzo de las clases dominantes por destruir todo lo acumulado por los movimientos popu-
lares terminaron por alterar los términos del encuentro entre Negri y la Argentina. En las
actuales circunstancias actuales, Negri guarda interés sobre todo como figura del militante
que atesora y recrea en la adversidad la hipótesis comunista y el trabajo teórico, el pensador
que se sobrepone a la derrota y desafía la última palabra de los poderes. Hay un reflejo ar-
gentino para el juego de espejos entre los militantes comunistas italianos que teorizan en la
peor de las derrotas: Antonio Gramsci y Toni Negri escribiendo sobre Spinoza en la cárcel.
A mi modo de ver, con Negri siempre se trata de lo mismo: sostener la excedencia ontológica
desde la peor de las adversidades. Esa imagen me parece que le dice mucho a la Argentina
de hoy.
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El legado filosófico de Toni Negri en Argentina • DIEGO SZTULWARK
Esta pregunta me llevará a una respuesta necesariamente larguísima. Tras la muerte de Toni
sus amigos escribieron recuerdos y publicaron sus fotos con él. Pero como en aquellos años
no sacábamos selfis, muchos tuvimos que lamentarnos por no contar con ninguna. Por suerte
unxs compañerxs encontraron una vieja foto magnífica, porque resume el ambiente entre
conspirativo y celebratorio de aquellos encuentros en Buenos Aires. La imagen no es muy
nítida, pero se lo distingue a Toni junto a quiénes en ese momento éramos del Colectivo
Situaciones (Sebastián Scolnik, Natalia Fontana, Verónica Gago, Mario Santucho y yo), y a
tres compañerxs que por ese entonces formaban parte de la experiencia del Movimiento de
Trabajadores Desocupados (MTD) de Solano. Me refiero a Neka, a Jorge Jara y a Alberto
Spagnolo. Harían falta muchas voces y muchas páginas para reconstruir la riqueza de esa
trama de prácticas, lecturas y discusiones. Y algo de eso comenzó a hacerse de modo espon-
táneo cuando nos enteramos de la muerte de Toni. Sebastián Scolnik, por ejemplo, escribió
la historia más completa de las andanzas de estos grupos militantes que fuimos conformando
para los veinte años de 2001 en un libro extraordinario titulado Nada que esperar, historia
de una amistad política.1 Rescató las páginas dedicadas a nuestra amistad de con Toni. Al
enterarse de su muerte, las reescribió y publicó hace pocos días2 y Verónica Gago junto con
Marta Malo, antigua compañera de andanzas de Madrid, publicaron una conversación que
habían ensayado para un cumple años reciente de Toni, una suerte de dialogo entre la amistad
política e intelectual con Negri a partir de su intenso activismo feminista.3 También a mí me
ocurrió, al enterarme de su fallecimiento, de revivir algunos momentos particularmente que-
ridos respecto de Toni,4 y hasta de tener que buscar en medio de la conmoción las palabras
para contar públicamente cómo fue esa amistad nuestra con él.5 Como ves, hay un archivo
vivo de estos recuerdos.
Pero no pretendo eludir tu pregunta. Y de hecho puedo contarte esto, mezclando re-
gistro personal entreverado con los colectivos que formamos durante aquellos años. Mi inte-
rés por Negri se remonta a la primera mitad de los años noventa, cuando era estudiante en la
Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y participaba de una agrupación militante llamada
El Mate. Entonces llegó a mis manos un librito suyo en castellano publicado en Barcelona.
Recuerdo que la edición venía con una introducción de Gabriel Albiac. En ese libro encontré
por primera vez la idea de una posmodernidad desde abajo, leída desde la dinámica de la
lucha de clases. Un poco antes había leído un artículo suyo publicado en una revista de cien-
cia política que se vendía en la Facultad de Ciencias Sociales, El cielo por asalto, dirigida
entonces por Atilio Borón y Horacio Tarcus. En el número dos (de otoño de 1991), ellos
tradujeron y publicaron un artículo muy impactante de Toni en el que se trataba de leer el
1
Scolnik, S. (2021). Nada que esperar, historia de una amistad política. Argentina: Tinta Limón.
2
Véase: Scolnik, S. (2023). “El clamor de la palabra. Recuerdo y despedida a Toni Negri” en [Link]
[Link]/el-clamor-de-la-palabra-recuerdo-y-despedida-a-toni-negri-sebastian-scolnik/
3
Véase: Gago, V. & Malo, M. (2023). “No sabemos lo que pueden las luchas” en [Link]
[Link]/post/no-sabemos-lo-que-pueden-las-luchas/
4
Véase: Sztulwark, D. (2023). “Las razones de Toni Negri” en [Link]
nes-de-toni-negri?ampOptimize=1&fbclid=IwAR0mfj0S5oj5TRpkQRc-993BexhdR7hrklCAf-
NgTHIPXEx2rItJB0F42WzA
5
Véase: “Columna de Diego Sztulwark” en [Link]
980/?fbclid=IwAR3BM-uAgQqSQghJ4h_XGVCD8_0XUIg8NEkskJ297CFqOeZN84dHrqs_hZ0
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De izquierda a Derecha: -arriba- Neka Jara (MTD de Solano), Toni, Natalia Fontana, Sebastián Scolnik, Ve-
rónica Gago (de Colectivo Situaciones), Alberto Spagnolo (MTD de Solano), Mario Santucho (Colectivo Si-
tuaciones); -abajo- Jorge Jara (MTD de Solano) y Diego Sztulwark (Colectivo Situaciones)
Quiero decir, el primer Toni Negri que leí fue en la coyuntura de la caída de la URSS y de la
ofensiva ideológica neoliberal de aquellos años contra las ideas revolucionarias. Luego vino
la lectura luminosa del ya citado El poder constituyente. Ensayos sobre las alternativas de la
modernidad, publicado por primera vez en castellano en el año 1994 en Madrid. Ese libro
me dio la pauta definitiva de que Negri era el autor que con más sistematicidad teórica y
militante se dedicaba a plantear un problema absolutamente esencial para la política y la
filosofía, que es el de re-situar la lucha de clases como la premisa que otorga racionalidad y
produce conocimientos –tanto teóricos como prácticos–. Y que esto lo hace sobre el modo
de producción capitalista en todas sus instancias: económica, política, ideológica y jurídica.
La lectura de El tren a Finlandia (editado también en la España de los 1990; con epílogo de
6
Negri, T. (2013). Una vez más comunismo. Argentina. Tinta Limón.
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El legado filosófico de Toni Negri en Argentina • DIEGO SZTULWARK
Albiac) me puso en contacto con su vida militante. Estas lecturas constituyeron mi primera
aproximación a Negri y su obra.
Luego vinieron los años de investigación militante en el Colectivo Situaciones, por el
que me preguntas. Ya en medio de la crisis y de la emergencia de un nuevo protagonismo so-
cial, hicimos una larga entrevista a Negri, aún preso en Roma. Le permitían estar en su casa
de día, pero luego volvía a pasar la noche en la prisión. Eran los años de discusión febril
sobre Imperio. Recuerdo que lo fuimos a visitar a su casa del barrio de Trastevere. Allí con-
versamos una tarde entera y nos dio una entrevista muy larga, que me sigue pareciendo ge-
nial. La publicamos con el título “Entrevista a Toni Negri” en un libro llamado Contrapoder,
una introducción7 en el año 2001 (Ediciones De mano en mano). En aquella visita le había-
mos contado la experiencia de las Cátedras Libres Che Guevara, desarrolladas a partir de la
experiencia en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, desde 1997. Para la edición
de Contrapoder, Negri escribió especialmente un texto –que llamó así, “Contrapoder”– que
citaba con evidente complicidad a Guevara dentro del contexto de su pensamiento. Así que
leímos Imperio con mucho interés. Aún si el libro dividió aguas en el mundo de las izquierdas
(fue criticado por igual, y por razones hasta cierto punto coincidentes, por el marxismo-leni-
nismo y por el populismo), nosotros lo defendimos apasionadamente. Nos movía una do-
ble motivación: la necesidad de abrir un pensar nuevo para el protagonismo emergente de los
movimientos populares (lo que con Toni podíamos llamar “autonomía”), y la chance de ha-
cerlo en una discusión productiva y sostenida con el propio Negri y a través suyo con algunos
de sus viejos compañeros como Paolo Virno, Maurizio Lazzarato, Sandro Mezzadra
o Franco Bifo Berardi, autores que fuimos dando a conocer desde Tinta Limón Ediciones.
Por ese entonces, publicar a Negri y hasta leerlo, suponía participar de acaloradas
polémicas. Los “autonomistas”, caracterizados por intentar actuar y pensar en medio del es-
tallido en términos de un contrapoder éramos para la izquierda marxista leninista básicamente
“postmodernos” inconsecuentes con la teoría del partido y para los nacional populares (la
izquierda peronista), algo así como unos liberales que no entendíamos al pueblo ni -como si
fuera lo mismo- entendíamos la impotencia de abrazarnos al Estado. A pesar de la enorme
riqueza del universo negriano -que va de Marx a Deleuze y Guattari, de Spinoza a Nietzsche
y Foucault- y de la constelación de discusiones militantes con vertientes de toda la izquierda
(sus debates con Agamben, Badiou o el argentino Laclau), se le reprochaban generalidades
como ser “europeo” o “académico” (a pesar de tener prohibido pisar una universidad en Ita-
lia). Creo que una de las pruebas de la perdurabilidad de Negri es lo bien que funcionan sus
textos ya clásicos cuando se los ilumina en función de las críticas más insistentes que se le
han hecho. Algunos ejemplos: su nítida evocación de una plenitud de la potencia nunca fue
negación de la experiencia -tan suya por otra parte- de la tristeza o la derrota, sino ejercicio
ético político en filosofía; la postulación de lo “común” -como algo distinto de lo privado y
a lo público estatal- y de la “multitud” -como un concepto de clase- jamás tuvo que ver con
alguna subestimación de la dimensión organizacional de la acción colectiva o de una supuesta
incomprensión de las singularidades. Su insistencia -no solo suya, sino de varios de sus com-
pañerxs- en el General Intellect (noción con que Marx se refería a la inteligencia colectiva)
siempre fue una pista avanzada para pensar subjetividades en catástrofe.
7
Negri, A.; Holloway, J.; Benasayag, M.; Mattini, L.; González, H. y Colectivo Situaciones. (2002). Contrapo-
der. Una introducción. Argentina: Tinta Limón.
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Este año cumplen precisamente 20 años con la editorial Tinta Limón. ¿Ubicarías su sur-
gimiento dentro de este proceso? ¿Y a Lobo suelto?
La editorial surge de un cruce entre nuestra trayectoria militante y el encuentro con el grupo
que llevaba adelante en Madrid la editorial y librería Traficantes de sueños. Nosotros editá-
bamos nuestros libros con un sello que se llamaba De mano en mano, que venía de la expe-
riencia de El Mate. Pero los compañerxs de Madrid nos ayudaron a convencernos de la im-
portancia de llevar adelante una función de edición militante, que en nuestro caso tuvo por
entonces un fuerte impulso a la edición de procesos de autonomía popular en América Latina,
con eje en el zapatismo y varias experiencias que se desarrollaban sobre todo en Bolivia. Por
entonces editar a Negri era imposible: luego de Imperio se había vuelto un autor muy difun-
dido y muy publicado por editoriales con mayor desarrollo comercial.
Luego vinieron los años de los gobiernos llamados “progresistas” en algunos lugares
de América Latina y nuestros intercambios con Toni se volvieron más desparejos, segura-
mente porque no siempre nos entendíamos del todo sobre cómo interpretar los procesos
sudamericanos. Seguimos leyendo con interés sus libros en colaboración con Hardt (Multi-
tud y Commonwealth, pero también un libro anterior y el menos conocido, de los tantos
publicados por la colección de antagonismos de Akal, El trabajo de Dionisos), pero -hablo
por mí- el interés por su obra tendió a ir hacia atrás, hacia sus libros de teoría política como
el ya citado La anomalía salvaje, pero también La fábrica del sujeto (33 tesis sobre Lenin),
Del obrero masa al obrero social y el también citado Marx más allá de Marx. Aunque tam-
bién leí con mucho interés libros más nuevos, algo laterales, pero preciosos como La taza de
porcelana.
Hasta donde conozco, la obra de Negri se siguió desarrollando por las mismas tres
vías por las que se movía los últimos años: 1. su obra biográfica Historia de un comunista
(traducida por Raúl Sánchez Cedillo y editada en Madrid por Traficantes de Sueños y en
Argentina por Tinta); su última colaboración con Hardt, Asamblea, publicado en español el
año pasado por Akal (que tiene poderosas sugerencias sobre la relación entre nuevas formas
de cooperación económica y de toma de decisión política y de liderazgo); y finalmente sus
artículos (y libros de compilaciones) de filosofía y política, en particular los libros que ha
editado Cactus estos últimos años: Marx y Foucault, un libro fuertemente metodoló-
gico, y De la fábrica a la metrópolis y Spinoza ayer y hoy que profundiza sus intuiciones
sobre la necesidad de pensar la noción de renta y antagonismo en el espacio intensivo y ex-
tensivo de la metrópoli contemporánea, intuición que ya estaba presente en la tesis del pasaje
de la fábrica a la ciudad-fábrica.
Mientras tanto el blog Lobo Suelto, que animamos desde 2010 con un pequeño pu-
ñado de amigxs ha reunido más de cincuenta archivos de entrevistas, artículos o libros de
Toni,8 cumpliendo una función algo híbrida entre el archivo y las ganas de intervenir en la
coyuntura argentina.
8
Véase: “50 veces Toni Negri // Archivo de entrevistas, artículos y libros de Negri en Lobo Suelto” en [Link]
[Link]/50-veces-toni-negri-archivo-de-entrevistas-articulos-y-libros-de-negri-en-lobo-
suelto/?fbclid=IwAR1DVyEp2LEqhxX2-prbL7OYQ3xU4jslE8ZhHrbqQM4mpIiGQ0_xCOgIIBY
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El legado filosófico de Toni Negri en Argentina • DIEGO SZTULWARK
Esto también lo veo muy en consonancia con lo que decís en tu prólogo al primer tomo
de la biografía: “filosofía y militancia se encontraban de un modo nítido en los procesos
de producción de subjetividad, enraizados, a su vez, en los antagonismos de las relacio-
nes de producción”. ¿Por qué pensás vos que ese encuentro es importante?
¿Y qué ha ocurrido hoy con la relación entre filosofía y militancia? Daría la sensación
de que ha tendido a debilitarse…
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combatir. De ahí que pensar sea una acción dentro, contra y más allá. En este sentido, leo a
Negri como el autor de una obra que liga la anomalía a la adversidad, la desmesura al fracaso
y la excedencia a la derrota. Porque cada vez es más necesario presentar una asimetría real,
mostrar que el término políticamente anulado del antagonismo es en rigor el más rico. En
Negri la potencia es siempre una evocación: un recuerdo vivo, un presente reprimido, un
futuro escamoteado. Pero esta evocación, esta tensión imaginativa y lingüística que intenta
iluminar la actividad de las subjetividades sumergidas conecta con ellas como con una praxis
por momentos deslumbrante. Esa actividad intelectual y militante que se compromete con la
potencia productiva como con algo siempre más relevante que ese cliché meramente reactivo
y marginalizado con que se suelen presentar las luchas, no tiene nada que ver con una ima-
ginación o una retórica de tipo personal. En Negri -en el Negri que yo leo y con el que con-
verso- la subversión anida en la adversidad. Y la adversidad, las catástrofes de la cooperación
social, son siempre señales sobre la eficacia de las tácticas de un poder del poder constituido,
de las relaciones de producción, de las teologías políticas.
En torno a tu pregunta, queda la posible confusión -que se irá despejando sola- de una
nostalgia de Toni como nombre de la radicalidad propia de un siglo ya ido. A pocas horas de
su fallecimiento, Tinta Limón difundió el epílogo del tercer volumen de su biografía (aun no
editada en castellano) traducida por el más importante de sus traductores argentinos, Emilio
Sadier. Al leerla comprendí que en ese último dialogo filosófico político,9 Negri nos pasaba
una clave fundamental sobre como reiniciar la lucha. Esta confusión que vivimos, escribe
Toni, esta falta de inteligencia y belleza, se llama fascismo. Y contra el fascismo solo hay un
remedio. Vencer el miedo y llevar a fondo una guerra pacífica contra él.
9
Véase: Sztulwark, D. (2023). “La última conversación. Toni Negri contra la melancolía y el fascismo” en
[Link]
sztulwark/
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Jean Allouch, un paso al costado, el estilo de su distinción
PATRICIA GARRIDO ELIZALDE
Cesar Pavese
C
on profunda tristeza recibimos el anuncio de la muerte de Jean Allouch. Nos había-
mos encontrado en marzo y luego en junio de 2023; octubre,de forma insólita, pas
rendez-vous! Su fallecimiento conmovió, sacudió, se hacía presente su desaparición
de la que habrá de sacar consecuencias.
El duelo susurra al oído del psicoanálisis La Erótica del duelo en los tiempos de la
muerte seca, libro de gran aporte a la aventura analítica. Él golpeado también por la desapa-
rición, la muerte temprana de una hija, una muerte erótica, una muerte a secas sin sustitución,
como Mallarmé se topó con lo indecible, lo que no tiene nombre, la muerte de un hijo. Como
Mallarmé Pour un tombeau d’Anatole, está solo frente a decenas y decenas de hojas, sobre
las cuales, día tras día, probablemente luego de muchos y largos silencios los dos han hecho
de la escritura un ritual mudo, una práctica de duelo, un gesto apologético. En su libro sobre
la necesidad de secar el sentido dice: “Todo duelo debe tomarse como la muerte de un hijo”.
Un hijo es el que recibe. Si el duelo es una pérdida sin sustitución, es una perdida sin hume-
dad, a secas, el mercado fabrica repuestos. Pero si todo análisis es un duelo, entonces las
ventas caerán en picada, como manifiesta Lacan, si digo: espanto a la clientela.1
Al duelo no se lo tramita trabajando. ¡No hay trabajo de duelo! Más aún, no hay
compra-venta. Se hace en Acto, puesto que hay un abismo entre trabajo y subjetivación de
una pérdida, no se hace poniendo a funcionar un mecanismo que dé movimiento. El acto es
1
Jacques Lacan, seminario El acto analítico (1967-1968), sesión del 13 de marzo 1968. versión crítica de
L’école lacaniene de psychanalyse, [Link]
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susceptible de efectuar en un sujeto una perdida sin compensación alguna. Cuando alguien
se muere se lleva un pedazo nuestro, un cacho nuestro, -un petit bout de soi- es a pura pér-
dida. Amputados y sin miembros fantasmas, y al mismo tiempo, sin poner nuestra satisfac-
ción en la “propiedad del objeto”.
Un hombre que se paró encima del horror sin victimizarse en esa funesta circunstan-
cia, atento lector de la palabra que se juega en el escrito, toma el riesgo del Amor Lacan,2
texto en el que dibuja una nueva figura del amor que se dispensa de la posesión y del apode-
ramiento con el que instiga unas ganas de vivir, de practicar el análisis, de fracasar,3 de ima-
ginar utopías, de amar… a condición de no pretender nada.
¿Voy a morir? Como psicoanalista habré alojado la muerte en el amor (lo cual no es
perceptible, decible sino después).4
Manifestarnos respecto al duelo, ¿cuál sería la modalidad más adecuada que no fuera
un simple parloteo? Marguerite Duras,5 propone ésta: “Escribir es gritar en silencio”, puesto
que escribir “No es decidir qué queremos decir y hacerlo”; escribir “es saber qué escribimos
si escribiéramos”, es dejarse escribir lo intraducible de la vida remedándose en nosotros a
duras penas.
En su último trazo, Jean Allouch, cita con notas de musicalidad:
“No sé nada mejor para hacer escuchar este silencio tan específico que una estrofa
de Marguerite Yourcenar. Luego de la cual me callaré. Se reconocerá que el silencio
es portadora de una palabra. Ahí se escuchará también lo neutro, la delicadeza y la
vitalidad.”6
2
Jean Allouch, El amor Lacan, Ed, literales/ el cuenco de plata, Buenos Aires, 2011.
3
Samuel Beckett “Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail Better.” Fragmento tomado
de Rumbo a lo peor, texto publicado en 1983, frase cercana a esta otra que se encuentra en su trilogía: “debes
seguir, no puedo seguir, seguiré”. En Beckett hay mucho humor negro que sirve para tomar distancia e ironía.
4
Jean Allouch, Contre l’éternité, Ogawa, Mallarmé, Lacan, Epel essais, París, 2009. p. 75 [Hay traducción en
español, p. 65.] El capítulo 4 del libro llamado “Quemado en el fuego del amor”, corresponde a una intervención
en el coloquio “muerte del psicoanalista, fin del análisis” realizado en la École Normale Supérieure los días 15
y 16 de junio, de [Link]ón ampliada en el artículo “El mejor amado” (L’Unebévue nº21, invierno 2003-
2004). Con este texto y las dos analíticas del sexo, que venían de aparecer en L’Autresexe, ed. Epel, París, 2015,
organicé una actividad en el marco de ELP, sobre “el fin del análisis’, ¿En qué instancia pensarlo ahora? el
Final de la partida analítica. Destitución subjetiva. Cf, [Link]
tida-analitica/?fbclid=IwAR1XYMbrQF4pXgBD2gp5IqCh-
JnCp6rW1HK3hswFC71lX84GG3oI_9Aab4. Jean Allouch, Para acabar con una versión unitaria de la eró-
tica. Dos analíticas del sexo, Ed. Epeele, México, 2018.
5
Marguerite Duras, Escribir, Tr. Ana maría Moix, Tusquets, España, 2000, p. 13.
6
El subrayado es mí, in Jean Allouch, “Vitalité du neutre, neutralité du vital”, Analytique du lien, analytique
du lieu, Revue Nº 1, Revue Neutre, elp, 2023.
[Link] [visitado última vez 11 de marzo de 2024.]
7
Marguerite Yourcenar, «Voici que le silence… », in Les Charités d’Alcippe, Paris, Gallimard, [Link] en
su última intervención en París, junio de 2023, “Vitalité du neutre, neutralité du vital”, Op. Cit.
18
Jean Allouch, un paso al costado, el estilo de su distinción • PATRICIA GARRIDO ELIZALDE
8
Marguerite Yourcenar, Las caridades de Alcipe. UNAM, material de lectura: serie poesía moderna, 156, Mé-
xico, 1990.
9
“[…] nous sommes frères de notre patient en tant que, comme lui, nous sommes les fils du discours”, sesión
del 21 de junio en …Ou pire. Dixit Jean Allouch.
10
Thierry Marchaisse, París, Epel, p, 199, citado por Jean Allouch, en La escena lacaniana y su círculo mágico,
unos locos se sublevan, tr. Silvio Mattoni, El cuenco de plata, B.A., 2020,174. pasar a otra cosa, Teorema de la
eternidad recobrada: es imposible inferir los lugares que ocupará un hombre después de su muerte de los lugares
que ocupó durante la vida”.
11
Jean Allouch, Transmaître Jacques Lacan et son élève hérisson, Ed. Epel essais, París, 2020, p, 9, Sobre la
relación maestro /alumno. “Si mis alumnos supieran adónde los llevo, le dice a uno de ellos, estarían aterrados”.
Hay un destino que queda opaco en estas palabras: Un cuerpo puro dolor.
12
[Link]
nancy/
13
Publicado en la Editorial El cuenco de plata, Buenos Aires, 2007.
19
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
“El que duerme, en efecto, pone todo su corazón a dormir, y del mismo modo el que
se ha ido sin retorno: dedica su corazón a esta insuficiencia cardiaca. No en vano
velamos por los moribundos y los muertos: la vigilia abre un ritmo entre los vivos y
los que se van, marca su partida como contrapunto a nuestra presencia vigilante. Los
vemos irse y los vemos irse, se duermen en nuestros ojos como en nuestros brazos,
como en la tumba en cuyo fondo nunca terminarán de desaparecer.
Es esta interminable desaparición, a la que ni el olvido ni el lento desgaste de las
tumbas ponen f, la que conserva en ella la apariencia eterna de cada una a una, no
solo la momia o la foto amarillenta, no solo el nombre grabado se vuelve ilegible, ni
semejanza con la frente de una ola descendente, ni marca de nacimiento, ni costumbre
o forma de hablar, pero finalmente a pesar de todo cada grano, cada gema, cada gota
y cada hoja, cada señal centelleante de una estrella o de un átomo, cada polvo, por
perfectamente anónimo que sea, no puede evitar esbozar un signo extraño, inquie-
tante, indescifrable, el signo sin sentido de una complicidad inconsistente pero insis-
tente sin otra analogía que la de un sueño común y compartido como indivisible.
Como la muerte, el sueño, porque elimina en sí mismo incluso la simplicidad de la
presencia, pero como el sueño, la muerte porque lo que elimina todavía lo presenta
inmortal al mundo o como el mundo mismo al mundo así velando por sí mismo,
vigilante encargado de la vigilia de la única noche”. 14
“La tumba es la intimidad de los muertos tan bien sellada que se expone sin reservas,
así como el que duerme se entrega sin riesgo de revelar ningún secreto, excepto este
sueño que no es uno”.15
Desaparición
Vitalité du neutre, neutralité du vital16 es el título de la última participación oral en una acti-
vidad en París en junio de 2023 organizada por la revista Neutre en el contexto de L’école
lacanienne de psychanalyse; como siempre sorprendió, esta vez sobre la vitalidad del neu-
tro. El coraje y el brío de sus palabras se dejaban escuchar, hasta el acto de abandonar la
sala luego de que Anne Portugal, poeta invitada, leyera uno de sus poemas; con palabras
y dichos la sala glosaba, Jean Allouch, intempestivamente refuta: “¡Después de la poesía, no
hay nada que decir!”. Luego, abandona la sala. No sabremos lo que dijo en su último suspiro,
como tampoco sabemos dónde y cómo yacen sus restos; no tenemos lápida con epitafio que
escriba su nombre, que facilite la identificación del difunto y que permita rendir homenajes,
sólo sus más próximos. No hay lugar institucional donde se objetive la muerte donde esté el
cuerpo sin vida y, si lo hay, se desconoce, no es público.
14
Jean-Luc Nancy, Tumba de sueño, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 2008, p.81 cit., p. 80, Con esta cita de
Nancy, recordamos aquí también el texto de Jean Allouch, Contre l’éternité, Ogawa, Mallarmé, Lacan, Epel
essais, París, 2009.
15
[Link]., p.81.
16
Jean Allouch, en Analytique du lien, analytique du lieu, op. cit.
20
Jean Allouch, un paso al costado, el estilo de su distinción • PATRICIA GARRIDO ELIZALDE
La práctica de escribir el nombre en una lápida es común en muchas culturas como una forma
de identificar la tumba de una persona fallecida. Esto facilita la identificación del difunto y
permite a los visitantes rendir homenaje o recordar a la persona que yace en ese lugar.
El yacer nos recuerda, no lo demasiado humano, sino lo animal en tanto humano. El
yacer en alguna medida es un agujero ni sombrío ni resplandeciente, es el lugar como desva-
necimiento o es el desvanecimiento que camina por la senda de lo que se borra, de lo que se
pierde por el lado del silencio, el desbordamiento del cuerpo en su fragilidad. Herida en tanto
cesura que no fuera otra cosa que abismar el nombre: el trazo de la inscripción del signo,
lejos de Saussure, lejos de Peirce, no fuera otra cosa que esa herida que abisma el nombre, la
carne en la gravidez del vacío. Un intersticio entre el tiempo y el espacio que es lo precario,
la precariedad de lo vivo.
Walter Benjamin al afirmar la tristeza de la naturaleza como la traición que el len-
guaje le hace a los animales, bien cierto que denuncia la condición instrumental de la escritura
como la techné humana privilegiada.17
Cadencia
¡Qué consistencia! Su última intervención, consuena con su desaparición. Este texto último,
potencia intensiva, vitalidad.18 Articula:
“Una pregunta inusual se presenta aquí: ¿cómo es posible que cada uno se suponga?
¿Suponer qué? Un yo [soi], a veces pesadamente duplicado en un yo mismo [soi-
même], incluso un yo mismo, en un "yo-yo" [“moi-je”]. En un lenguaje mucho menos
agradable que el de Arnauld y Nicole que acabamos de leer, la modernidad también
ha cuestionado este "ser uno mismo", incluso lo ha visto como una fatiga, La fatiga
de ser uno mismo [La fatigue d’être soi].”19
Y, prosigue:
“En Roland Barthes, lo neutro es vital. Es lo que rechaza, no frontalmente sino radi-
calmente, pero de manera indirecta, el mortal ‘querer comprender’ cuyo instrumento
es el lenguaje, ese conjunto de signos y significados impuestos a quien habla un
idioma dado. Según Barthes, el bebé no está, como en Lacan, sumergido en un ‘baño
de lenguaje’, sino atrapado en una red de mallas apretadas. No nada ni se revuelca en
un entorno acuático (que, imaginado por algunos, prolongaría la inmensa felicidad
del feto bañándose en el líquido amniótico); está de inmediato ametrallado, prisionero
17
Difícil pensar la modernidad ahora, sin el Antropoceno y sin el encuentro de: el humano, el animal y la
máquina, ¿Qué es ser humano hoy?, ¿cuál es nuestra actualidad? Se trata de una ontología del presente, del
presente de nosotros-mismos.
18
“La cadencia en la música se refiere a una secuencia de acordes o notas al final de una frase musical que
produce una sensación de conclusión o resolución. Es un elemento importante en la composición musical que
ayuda a estructurar la música y a crear un sentido de equilibrio y finalización en una pieza. La cadencia puede
variar en su tipo y función dependiendo del estilo musical y del contexto en el que se utilice.” Jean Allouch,
entusiasta de la ópera, con frecuencia se le escuchó hablar de ella y de la música, y si alguna referencia había a
la interpretación, era a la manera de la música. Como cuando se dice se interpreta la 9ª de Ludwig van Beetho-
ven. Sendos seminarios se organizaron en México y en París. Como la Traviata, Giuseppe Verdi.
19
Alain Ehrenberg, La fatigue d’être soi. Dépression et société. O. Jacob, París. 1998. Citado por Jean Allouch
en “Vitalité du neutre, neutralité du vital”, op. cit.
21
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
de un código que, en el mejor de los casos, solo puede resquebrajar, esa sería la fun-
ción liberadora de lo neutro.”
En varias ocasiones, el análisis se acercó a lo neutro, sin embargo, nunca le ofreció el lugar
que le corresponde, comenzando por el ejercicio analítico en sí mismo, que de todas formas
se vería aliviado (lo Neutro según Barthes: salida no conflictiva de los conflictos).
Un neutro que estaba en la antesala, desde su participación en un congreso de l’école
freudienne de Paris (1979), y luego con su ternario operatorio, traducir, transcribir, transli-
terar, en Letra por Letra.20 Esa terceridad en el que la operación de transliteración -lo nodular
del escrito- hace continuidad con la concepción de la letra de Jacques Lacan, prescinde del
sentido, es una operación neutra, sin embargo, no sin efectos. Una retoma operatoria en el
plano de la escritura de su ternario R.S.I. No descuida la observación en forma de pregunta,
luego del deceso de Lacan, ¿cuántos habrán podido regirse por su “triaca”? Tal como lo hacía
Lacan en su práctica.
Jean Allouch está muerto y en un cierto sentido hace que no dependa ahora de él lo
que uno dice que él dijo, o más bien lo que uno dice habría dicho. Él depende de lo que uno
dice, por lo tanto, este: “él dice” está bajo la dependencia del “yo digo”. Este “digo” sólo
tiene alcance, si él -él mismo- logra estar en tercera persona”. Si no fuera así, si este decir no
tuviera el alcance de un “se dice”, es decir, de una tercera persona, lo único que habría es un:
yo invento.
“Mi yo no tiene prácticamente nada que ver con el yo habitual, personificado, con el
yo tomado como persona. Durante estos días ‘yo no me expreso’, no les digo lo que pienso.
Al menos eso espero. No he sido en modo alguno inteligente, ‘No leo entre líneas’, leo las
líneas”.”21 Y, seguir las líneas es aprender a escribir. Eso supone una desubjetivación, un yo
neutro. Lo que “yo digo” no les interesa, salvo que no soy yo quien habla, es esto lo que hace
susceptible vuestro interés. Es la modernidad, que no es romántica, es la palabra de Beckett,
¡Qué importa quien habla! Foucault dice que es el mandato por excelencia de la ética mo-
derna.22
¿Qué quiere decir amigo, cuando se convierte en personaje conceptual, o en condición
para el ejercicio del pensamiento? o bien ¿amante, no será acaso más bien amante? ¿Y acaso
el amigo no va a introducir de nuevo hasta en el pensamiento una relación vital con el Otro
(que inexiste) al que se pensaba haber excluido del pensamiento puro? Es Blanchot quien
20
Jean Allouch, Letra por letra, Transcribir, traducir y transliterar, Ed., Epeele, México, 2009. Acompañado
en su movimiento por La alteridad literal, Posfacio 2021, LETRA POR LETRA, Ed. Epeele, México, 20021.
Una vez revisitado el texto de Letra por Letra publicado originalmente en 1984, esta vez no como una repeti-
ción sino como una retoma y matiza ahí, en este posfacio, ciertas posiciones sostenidas en otro tiempo fueron
revaluadas e introduce actualidades , su propósito, “Recusar que la interpretación puede lidiar con una palabra
insensata, dar otro valor a la imagen, reducir el alcance de la causa, limitar la imposición del objeto en las
mentes y en la prácticas, ejercer el análisis sin excluir jamás la posibilidad de que el analizante pueda haber
puesto en obra su libertad (que pueda también hacerlo en el curso de su análisis), revaluar el problema del
despertar, ya no descuidar la incidencia de la voluntad al lado del deseo son otros tantos rasgos susceptibles de
modificar el ejercicio analítico tal como se ejerce todavía bajo la dominación de un pensamiento supuestamente
“lacaniano” de la intersubjetividad y de la “estructura”, p. 9.
21
Jean Allouch, El psicoanálisis, una erotología de pasaje, Cuadernos de Litoral, Epele, Córdoba, Argentina,
1998. Seminario del 25,26 y 27 de octubre de 1997, en Córdoba, Argentina, p. 139. Reconocerán aquí que para
1997, cuando daba el seminario, él ya tenía una posición enunciativa.
22
Michel Foucault, ¿Qué es un autor? (1969), Tr. Corina Iturbe, Textos mínimos, Universidad autónoma de
Tlaxcala, México, 1985. Este texto de Foucault fue producido como respuesta a Roland Barthes quién habría
escrito: La muerte del autor (1968).
22
Jean Allouch, un paso al costado, el estilo de su distinción • PATRICIA GARRIDO ELIZALDE
nos introduce respecto de la amistad con la posibilidad del pensar en el mundo moderno.23
Es Blanchot quien insistió extensamente a propósito de la obra y el espacio de la muerte, “la
duplicidad del hermoso sueño que nos invita a morir tristemente en Eurídice con el fin de
sobrevivir gloriosamente en Orfeo”.24
Permítanme ir un poco más lejos al revelar un axioma de esta modernidad Qu’est-ce
que les Lumières?,25 por otra parte, me apoyaré en el acto literario de Roland Barthes,
que no es ajeno al acto y al decir de Jean Allouch, desde sus primeras contribuciones al
movimiento analítico, figura central del pensamiento de su tiempo y al que contribuyó
también a volverlo inteligible. Tampoco es ajeno a Georges Perec y las gramáticas de la
Desaparición.26
¿Qué me es posible escribir? El gran axioma de la modernidad ha sido el que no es
posible decir todo [tout dire] o más bien que no es posible decir lo nuevo, lo extremo, más
que a condición de renunciar a la Totalidad, que a condición de destruirla. Axioma ascético
-¿condición de su futuro clasicismo?- que en el apogeo de su historia, pudo adoptar aparien-
cias terroristas. Este terror en las letras en el que él mismo participó y en el que pudo ser, en
ciertos momentos, uno de los partidarios más decididos, lo comparte con Roland Barthes
quien reorienta profundamente su viaje a través de la noción de placer, mediante la escritura
en primera persona, mediante el uso novelístico o de elementos autobiográficos, sin ser una
autobiografía, no es antimoderno, contra-moderno, posmoderno, sino que está en profundo
acuerdo con el axioma al que simplemente le da un significado más agudo, “al margen de las
asfixias ideológicos que contribuyen a su atrofia progresiva”.
La conquista de objetos nuevos, excluidos por los criterios de la modernidad, se
acompañan entonces de una escritura más o menos profundamente fragmentaria que, por el
fragmento mismo, es la expresión à la lettre de la imposibilidad de decir todo. Roland Bart-
hes a la muerte de la madre, escribe La cámara lúcida, el libro del duelo, el duelo de la madre,
en la segunda parte tiene como eje central una fotografía de su madre en un invernadero,
llamada “El jardín de invierno” fotografía que no muestra en ninguna parte del libro. Es por
la vía de su ausencia en el libro de esa fotografía decisiva, justo donde la madre figura, que
el axioma moderno se va a imponer, al remplazar , al sustituir al todo de la imagen el texto,
la letra de la imagen, su simple descripción.
Pero es en la repetida apelación que hace en el libro de -la fotografía de “el salón
acristalado”- que Barthes eclipsa el todo de la persona que hace imagen, pues no la muestra
-en este caso, la mére enfant [la maternidad infantil]- en beneficio del lugar donde ella figura
23
”Pero no se trata sencillamente de una diferencia de nivel, como en una gradación, entre el filósofo y el
sabio: el antiguo sabio procedente de Oriente piensa tal vez por Figura, mientras que el filósofo inventa y piensa
el Concepto. La sabiduría ha cambiado mucho. Por ello resulta tanto más difícil averiguar qué significa “amigo”.
en especial y sobre todo entre los griegos”, Gilles Deleuze y Félix Guattari, ¿Qué es la filosofía? , Ed. Ana-
grama, Barcelona, 2005, pp. 9 y ss.
24
Maurice Blanchot, in El espacio literario, Editorial Nacional, Madrid, 1997, pp. 75-94.
25
Patrice Maniglier et Eduardo Viveiros de Castro , La modernité est-elle finie? . Université Populaire, Musée
de Quai Branly.
[Link] [Visitado el 20 de marzo de 20224] En la actualidad ¿Qué
quiere decir modernidad? Importantísimo para una discusión sobre el tema. Y, el ahora, del que hablo en este
texto.
Un texto obligado para pensar la modernidad , Cf, Michel Foucault, “Qu’est- ce que les lumières?”, nº 351, en
Dit et Écrits (1980-1988), Édition Gallimard, París, 1994., pp. 679-688.
26
Georges Perec, El secuestro (1969), Ed Anagrama, 1997.
23
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
-“Le jardin d’hiver”- , eso es lo que se llama en la retórica una metonimia, violenta metoni-
mia, figura favorita de los Modernos. Toman prestada esta figura retórica a Mallarmé y a
Flaubert,27 intensamente amada por ellos. Puesto que es la que aleja de la mimesis, de la
representación, de la imagen, y de la totalidad, al sustraer todo contenido “carne” para no
dejar más lugar que a este vacío que hace la forma y se constituye en signo. 28
De todos los modernos Roland Barthes fue el único en llevar de manera radical la
violencia de este formalismo -la ruda ley de la letra- que en el fondo prefería a las falsas
consolaciones del espíritu. ¿Habría sido el único en aceptar pagar el precio? ¿El único en
poner el axioma moderno a prueba en un acontecimiento que va a vivirlo de manera conse-
cuente? el duelo, la muerte de su madre. “La forma cuesta cara”, decía Barthes citando a
Valéry. Sí, cuesta tanto más cara que ella se experimentó en un acontecimiento literariamente
aniquilante.
Es el gesto que emprenderá luego con el género literario del Diario, al escribir “Diario
de duelo”. Que comienza el 26 de octubre de 1977, al día siguiente de la muerte de su madre,
gesto que deja la mayor parte de la hoja en dos líneas simplemente, antes de tomar otra hoja
blanca y que por este laconismo, por la elección de una sub-utilización de la superficie blanca
reconduce pues el principio del “no decir todo” y eso paradójicamente, al elegir un género
literario, el diario, que tradicionalmente aspira a la inversa, al todo, a decir todo, a decir el
todo de la vida, una tentación a la que hay que resistir, es un problema intelectual, pero es
también un problema que toca a su práctica.
Suena, resuena, consuena: sigamos a la letra a Roland Barthes, con su texto: La
muerte del autor:
“La escritura es ese lugar neutro, compuesto, oblicuo, al que va a parar nuestro sujeto,
-el blanco y negro- en donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la
propia identidad del cuerpo que escribe”.29
Para Barthes, es Mallarmé el primero en proveer en toda su amplitud “La necesitad de susti-
tuir por el propio lenguaje al que hasta entonces era su propietario; para él, al igual que para
nosotros, es el lenguaje el que el habla, y no el autor el que habla. Escribir consiste en alcanzar
una previa impersonalidad, […] ese punto en el cual el lenguaje “actúa”, “performa” y no
“yo”.
En tanto el autor se ausenta, hay algo con respecto a la temporalidad que “Cuando se
cree en el autor, este se concibe siempre como el pasado de su propio libro; el libro y el autor
se sitúa por sí solos en una misma línea, distribuida en un antes y en un después: se supone
que el autor es el que nutre al libro, o sea, que existe antes que él, que piensa, que sufre, y
vive para él; mantiene con su obra la misma relación de antecedente que un padre respecto a
un hijo. Por el contrario, el escritor moderno, nace a la vez que su texto; no está en absoluto
27
Tiphaine, Samoyault, Roland Barthes, Biographie, Éditions du Seuil, París, 2015. Cf., también para este
apartado Roland Barthes, Le Neutre, Cours au Collège de France 1978, Éditions du Seuil, París, 2023. (Publi-
cado por la misma editorial en otra versión en el año 2002); Roland Barthes, El grado cero de la escritura
(1968), Siglo XXI editores, México, 2011.
28
¿Recuerdan a Walter Benjamin y su teoría del aura fotográfica? Cf. Walter Benjamin, in “Petite histoire de
la photographie”, Oeuvres II, Gallimard, “folios essais”, 2000, p. 306-307.
29
Roland Barthes, “La muerte del autor” en El susurro del lenguaje, más allá de la palabra y de la escritura
(1984). 2da, ed, Ediciones Paidós, España,1994, p. 65.
24
Jean Allouch, un paso al costado, el estilo de su distinción • PATRICIA GARRIDO ELIZALDE
provisto de un ser que preceda o exceda a su escritura; no es en absoluto el sujeto cuyo pre-
dicado sería el libro; no existe otro tiempo que el de la enunciación, y todo texto está escrito
aquí y ahora”.
Se llama performativo a la forma verbal extraña (que se da exclusivamente en primera
persona y presente), en la que la enunciación no tiene más contenido (más enunciado) que el
acto por el cual ella misma se profiere: algo así como el “Yo declaro” […] o el “Yo canto”
de los más antiguos poetas. Para el moderno, […] la mano, alejada de toda voz, arrastrada
por un mero gesto de inscripción (y no expresión), traza un campo de origen, o que, al menos,
no tiene más origen que el propio lenguaje, es decir exactamente eso que no deja de poner en
duda todos los orígenes. El texto, no está constituido por una fila de palabras, de las que se
desprende un único sentido, teológico, en cierto modo (sería el mensaje del Autor-Dios) sino
un espacio de múltiples dimensiones en el que se concuerdan y se contrastan diversas escri-
turas, […] hoy, es un tejido de citas provenientes de los mil focos de la cultura. “Copistas
sublimes y cómicos” cuya ridiculez: denuncia la verdad de la escritura el escritor se limita a
imitar un gesto siempre anterior, nunca original, el único poder que tiene es de mezclar las
escrituras.30
Si la religión es la única que se ocupa de la transmisión ¿qué sería una política resuel-
tamente lacaniana?31
Jean Allouch en 1997 en Córdoba, Argentina, en una posición declarativa y, por con-
siguiente, performativa, por tanto, moderna, espetó:
30
“Quien nunca haya robado no me va a entender”, dice Clarice Lispector en Aprendiendo a vivir, y otras
crónicas. Ed. Siruela, p. 24.
31
No -toda escuela llamada lacaniana, por supuesto. Sabemos bien su diatriba con JA Miller y con Lacan
mismo, en su momento, al decirle ¡No! a la institución de L’école de la cause Freudienne’, llamada por él
una transmisión epiclera. “levirato” es otro nombre de esa modalidad excepcional de transmisión”.
Abunda, “una cita del Talmud basta para aclarar en qué universo uno se sitúa entonces, muy diferente de las
escuela filosóficas de la Antigüedad que sirvieron como modelo a Lacan para la construcción de la escuela
freudiana “los discípulos son como hijos”. En su continuidad, su manifestación con enorme libro como “fe de
erratas", después de la aparición del seminario de La transferencia, del que JAM sabemos es heredero, albacea
testador de los seminarios y que le valió agrias y públicas confrontación con él, por su posición crítica a la
transcripción de los seminarios “Del seminario a los seminarios”, de la que da cuenta Laurent Le Vagurèse en
el sitio Oedipe, en su esquela de luto. Un largo combate lo había opuesto a la edición del Seminario en Seuil,
establecido por JAM, y su versión “corregida,” del seminario de La transferencia (que aparició “corregido” 20
años después de la aparición de esta ‘fe de erratas’ producido por stécriture: “Le transfert dans tous ses er-
rata”, Ed, Epel, París, 1991, una obras colectiva de l’école lacanienne de psychanalyse), poniendo un palo en
la rueda del establecimiento de los seminarios, por consiguiente las dificultades para su adquisición y su lectura,
en francés y en otras lenguas). Jean Allouch, Remarques sur les transcriptions des séminaires, conférences et
interventions orales de Jacques Lacan, in [Link] (última visita el 7 de
marzo de 2024).
32
De manera más amplia pero más críptica el 12 de noviembre de 2021, en Berlin, en una auto-cita, dijo: “El
análisis será foucaultiano a partir del momento en el que habrá sabido poner en término a esa mezcla teratológica
de dos diferentes metodologías que persisten en él, la freudiana y la psiquiatría. Michel Foucault, es, para y en
el análisis, el nombre de una línea de partición de aguas”; “El análisis será foucaultiano o ya no será”. Citado
por Rafael Perez el 20 de octubre de 2023, en “Una nueva figura de la erótica analítica”, inédito.
25
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
Habla tú también,
habla como el último,
di tu palabra
Habla –
No separes el NO del SÍ.
Da a tu palabra también el sentido:
dale las sombras.
Dale bastantes sombras,
dale tantas
como sepas repartirlas en torno a ti entre
medianoche y mediodía y medianoche.
Mira alrededor:
ve, cómo lo viviente deviene entorno.
¡Con la muerte! ¡Lo viviente!
Verdad habla quien sombras habla.
Pero ahora se contrae el lugar donde estás:
¿Adónde ahora, despojado de sombras adónde?
Sube. Tantea en lo alto.
¡Delgado te vuelves, desconocido, fino!
Fino: un hilo,
del cual quiere descender la estrella
para nadar debajo, debajo,
donde ella se ve nadar: en el oleaje
de errantes palabras33
33
Del libro De umbral a umbral (1955). Poema incluido en el libro Muerte en fuga y otros poemas, ed. Último
Reino, Buenos Aires, 1989.
26
Braunstein y la memoria del CIEP
EDWIN FRANCISCO SÁNCHEZ
1
Reynoso, M. Coord. (2011). Historia del psicoanálisis en México. Pasado, presente y futuro. México: Museo
casa León Trotsky.
27
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
psicoanálisis con orientación lacaniana, con todo y su carácter oficioso dado por los trámites
que ante la SEP se daba a dichos contenidos. El análisis personal de cada uno, desde luego,
era un espacio donde surgían las contradicciones y desacuerdos con ese modelo de enseñanza,
por lo que los analistas elegían entre sus pacientes y la pertenencia al proyecto del CIEP, o
bien hacían conciliables ambos proyectos sellando así la pertenencia a ese modelo.
Después de meses de escuchar a los profesores, quienes impartían clases en distintas
universidades empezaron a incluir en los contenidos académicos bibliografía lacaniana sobre
lo que otros decían de Lacan a quien se leía. Habíamos aprendido de los profesores un
establecimiento más o menos formal de la enseñanza de Lacan, la primacía de lo simbólico
y el falo, el Edipo, la castración, su continuidad con Freud y el modelo de formación al estilo
del CIEP.
La oferta de un título con reconocimiento oficial de la SEP era además compatible
con la actividad docente en abierta contradicción con el genuino interés por el psicoanálisis,
como el ir por un título que tendría cierta utilidad y al mismo tiempo aprender algo de
psicoanálisis, o bien en algún momento convertirse en psicoanalista. Así coincidieron
distintos ámbitos de la docencia, la psicología, la pedagogía y la sociología con universidades
como la UNAM, la Universidad del Valle de México, la Universidad Pedagógica Nacional,
la Universidad Metropolitana, el TEC de Monterrey, por citar algunas instituciones donde los
estudiantes del CIEP daban clases.
En pocos años en dichos centros educativos se empezaron a incluir por medio de los
programas de estudio a autores que hablaban e interpretaban a Freud y Lacan, y al propio
Freud, contribuyendo así a hacer más tolerable la labor docente, contribuyendo sin saberlo a
promover una psicología lacaniana.
Para hacer la maestría en el CIEP no era necesario leer ni uno solo de los seminarios
de Lacan, lo cual quedaba en la responsabilidad de los estudiantes hacer como pudieran,
donde pudieran y con quién quisieran. El gusto por la universidad y el modelo de maestros y
alumnos era algo que en el CIEP podía tener su lugar para beneplácito del alumnado.
Lo que escuchábamos en nuestras clases carecía de contextualización histórica y
fechas precisas de las construcciones analíticas de Lacan, los conceptos y las coyunturas
personales que atravesaba como analista disidente, sus luchas y su renuncia a la Internacional,
el informe Turquet y el dilema de la formación, la fundación de sus nuevas escuelas, o el
declive y el manejo de Miller. En realidad, nada que tuviera que ver con el tema de la
formación analítica era mencionado pues era un tema “sensible” dándose por hecho verdades
que se establecían en la práctica docente, con las que se promovía la práctica individual de
los analistas que ahí enseñaban y ofrecían sus servicios al alumnado.
Recibíamos una cátedra sobre los cuatro discursos y lecciones sobre lo que es el
discurso de la universidad con una lógica paradójica, pues ocupábamos la posición de
alumnos, ¡preparándonos para transmitir nuestro conocimiento en el mercado laboral de las
universidades para enseñar a Lacan!
Pese a que las autoridades afirmaban que esa maestría no tenía como objetivo formar
analistas, podíamos observar al caminar por los pasillos una serie de consultorios con divanes
y sillones adecuados para recibir pacientes, donde algunos de los profesores y de los alumnos
autorizados los recibían. Las oficinas para trámites y pagos eran las mismas donde los
solicitantes llegaban para anunciarse o para pedir la atención de un psicoanalista. Y aunque
se trataba de las mismas oficinas se diferenciaban administrativamente dos instituciones: por
una parte el CIEP y por la otra la Fundación Mexicana de Psicoanálisis “la funda” como se
le decía. Se operaba así articulando la Fundación, que era una Asociación Civil que atendía
28
Braunstein y la memoria del CIEP • EDWIN FRANCISCO SÁNCHEZ
pacientes con escasos recursos económicos que se anunciaba públicamente con una placa
metálica en la entrada del edificio y el CIEP. A la Fundación podían ingresar algunos de los
estudiantes de la maestría para completar su formación en la atención de pacientes. Se incluía
así el ideal de los orígenes, es decir, el estudio de los textos, el análisis personal, atención a
pacientes y la supervisión. Justo los elementos instituidos por primera vez en la clínica de
Berlín con la conducción de Eintingon.
Se nos decía que el análisis personal era cuestión libre y que cada uno podía elegir el
analista que más le conviniera. Sin embargo, quienes eran aceptados para recibir pacientes,
en la mayoría de los casos, asistían a su vez a los divanes de los docentes ya fuera que
ocuparan algún nombramiento administrativo en el CIEP o no.
El criterio de quienes podían ingresar a atender pacientes y quienes no y bajo qué
parámetros, requisitos o exigencias, no era público sino confidencial y dependía de las
decisiones de una mesa directiva cuyos miembros no eran abiertamente conocidos, ni en sus
funciones ni su jerarquía administrativa, salvo por la obvia dirección del Dr. Braunstein.
Quienes podían tener acceso a la lista de “analistas de la Fundación” eran invitados
para ese propósito. Quienes no eran invitados podrían hacer su solicitud y ser o no aceptados.
Ocurría también que los docentes de la mesa directiva invitaban a quienes, según su propio
criterio, podrían recibir pacientes en la Fundación Mexicana de Psicoanálisis. Esa decisión
se convirtió en una prerrogativa a la que tenían acceso quienes ocupaban cierto cargo
institucional. Esas circunstancias que eran secreto a voces generaron rivalidades y
enfrentamientos por el poder que a partir de la muerte de Frida Saal condujeron más adelante
al colapso del CIEP y su posterior desaparición definitiva.
Luego de estudiar la maestría muchos de los que ahí estábamos fuimos invitados a
estudiar un “doctorado’’, pero sin REVOE, es decir sin reconocimiento oficial de la SEP,
aunque con la misma estructura académica escolarizada, lo que alejó a una parte importante
de los interesados que ya habían obtenido el Título de la SEP que estaba siendo validado con
efecto de retroactividad.
Esas clases promovidas como “doctorado” planteaban abiertamente interrogantes
sobre la enseñanza y la transmisión. Si no había un diploma de doctorado de por medio, ni el
cumplimiento de los requisitos de la SEP estaban en juego ¿por qué haber mantenido esa
misma estructura organizacional jerarquizada, académica y universitaria y anunciarla como
un Doctorado sin titulación? ¿No se conocía acaso otra manera de transmitir el psicoanálisis
que no fuera del formato universitario de un negocio? La reproducción de distintas versiones
del CIEP por parte de los alumnos que ahí estudiaron confirma que lo que terminó por
transmitirse fue un modelo de negocios y al mismo tiempo un semillero de pacientes y
docentes del psicoanálisis.
Requisitos académicos, listas de asistencia, participaciones, trabajos parciales,
finales, calificaciones parciales y finales, exposiciones ante el grupo, pago de colegiaturas e
inscripciones. Para la maestría ese era el contexto del dispositivo académico y su plataforma
administrativa. Justamente uno de los elementos que Lacan rechazó en su momento como
parte de la formación para proponer una organización distinta.
A falta de condiciones analíticas vinculadas a la experiencia del análisis y la
posibilidad de conformar una escuela, el Dr. Braunstein y sus seguidores apostaron por un
modelo universitario para hacer posible un tipo de enseñanza acorde a su propia versión del
psicoanálisis. Esto conducía a la subordinación y la subalternidad o bien a la renuncia a ese
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ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
2
“Constancia del psicoanálisis. Coloquios de la fundación” (1996), “A medio siglo del malestar en la cultura:
Coloquios de la fundación 1” (1981), “El lenguaje y el inconsciente freudiano: Coloquios de la fundación 2”
(1982), “La re-flexión de los conceptos de Freud en la obra de Lacan: Coloquios de la fundación 3” (1984).
3
Braunstein, N.; Pasternac, Benedito, G.; Saal, F. (1975). Psicología: ideología y ciencia. México. Siglo XXI.
30
Braunstein y la memoria del CIEP • EDWIN FRANCISCO SÁNCHEZ
La orientación lacaniana
Habiendo sido testigo durante los últimos 30 años de la forma que adopta la narrativa de la
así llamada “transmisión” del psicoanálisis podemos identificar dos elementos que imprimen
direcciones distintas a la concepción de la práctica psicoanalítica. El primero se refiere a la
manera en que ha tenido lugar la recepción de Foucault en el psicoanálisis y la manera de
concebir la erótica y la subjetividad, dándole su lugar en lo más esencial del planteamiento
analítico y que forma parte de lo que Jean Allouch denominó el desplazamiento de Freud. Es
decir, la discontinuidad fundante de Freud a Lacan.
En el CIEP se gestó y se adoptó justamente la posición contraria, es decir continuidad
Freud-Lacan sin Foucault que es también con respecto al autor de la Historia de la
sexualidad, la posición de la orientación milleriana que cierra filas ante la episteme queer del
planteamiento psicoanalítico con todas sus implicaciones destitutivas del saber logocentrado
en la primacía fálico binaria de la estructuración subjetiva; y un segundo elemento de los
caminos que se bifurcan es el del fenómeno de la colonialidad como efecto de la constitución
subjetiva en la dialéctica del colonialismo y su consideración para la práctica analítica.
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Vattimo
El pensamiento débil y la potencia del pensamiento
ANTONIO BELLO QUIROZ
Gianni Vattimo
S
i algo caracteriza a la filosofía es la contradicción constante, la confrontación de las
ideas. Se desarrolla en el mundo de las dudas, las preguntas, promueve el diálogo, en
fin, la filosofía discurre (tendría que discurrir) por los derroteros de lo no dogmático,
y en ese sentido, un magnífico representante del pensamiento antidogmático fue el filósofo
italiano Gianni Vattimo, quien murió el 19 de septiembre de 2023 en un hospital de Turín,
en Italia. Él mismo se definía como homosexual y cristiano, cuando este sintagma era im-
pensable, una contradicción. Se sabe que también solía definirse como comunista y cris-
tiano (catocomunista se decía). Gianni Vattimo, el filósofo que contribuyó decididamente a
los estudios sobre la cultura posmoderna, nació el 4 de enero de 1936, contaba con 87 años
al momento de su muerte.
No podríamos pensar la práctica de la filosofía sin poner en el centro la controversia,
tanto la obra como la vida de sus actores. Esto no falta con Vattimo. Como suele ocurrir,
fue a partir de la muerte del filósofo italiano, creador de la noción de Pensamiento débil,
que se instaló nuevamente en el imaginario mediático el rumor ya añejo (incluso pasado por
un proceso judicial) de que estaba siendo explotado por su asistente y compañero por los
últimos 14 años Simone Caminada; fue justamente Simone quien anunció la muerte de Vat-
timo quien, por otro lado, nunca negó su homosexualidad.
Nuestro filósofo ya había vivido la dolorosa muerte de sus dos anteriores parejas.
En 1992 muere de sida su compañero Gianpiero Cavaglia, con quien Vattimo se dedicó
amorosamente a su cuidado por mucho tiempo, y en 2003 muere de cáncer su compañero
Sergio Mamino.
No podríamos tampoco pensar a la filosofía sin la búsqueda constante de la cohe-
rencia en el pensamiento. Acercarse a la obra de Vattimo significa un recorrido consistente,
riguroso y, sin dudas, coherente, sobre el nihilismo, la metafísica y, fundamentalmente, la
hermenéutica, siguiendo y cuestionando, incluso colocando en tensión, su lectura de
Nietzsche y Heidegger, en principio, y más tarde de Hans-Georg-Gadamer y su hermenéu-
tica. Es justamente esa búsqueda de la coherencia lo que llevará nuestro filósofo a no ser
pedante en su escritura y, de esa manera, hacer que lo complejo de su pensamiento sea
32
Vattimo. El pensamiento débil y la potencia del pensamiento • ANTONIO BELLO QUIROZ
absolutamente accesible para el gran público, quizá ese rasgo fue lo primero que pude valo-
rar en los tempranos acercamientos a su prolífera obra. Hay que decir, sin embargo, por lo
menos cuanto a su escritura, la gran influencia es en todo momento, en cada palabra escrita,
en cada idea, Vattimo refrenda su lectura nietzscheana, es decir, nihilista y lejos de los
grandes relatos metafísicos. En otras palabras, en todo momento refrenda la imposibilidad
de revivir a dios en forma de cualquier pensamiento totalizador. Y ahora que redacto este
reconocimiento a su obra, en algún sentido, me reconozco dado que al igual que Vattimo,
quien escribe esto, lo hace de manera periódica y para un público no especialista, para el
gran público como se dice. Por otro lado, hay que reconocer a Vattimo como uno de los
iniciadores del momento que hace de Italia un centro geográfico de la filosofía y el pensa-
miento contemporáneo en Europa, después de Alemania y Francia. Hay algunos nombres
relevantes que lo sustentan: Umberto Eco, Mauricio Ferraris, Rosi Braidotti y sobre todo,
Roberto Esposito y Giorgio Agamben.
Otro rasgo relevante en la vida de Gianni Vattimo, y que resulta poco común en la
práctica de la filosofía, es su abierta participación política, fue diputado en el Parlamento
Europeo, con posiciones siempre de izquierda, con plena conciencia de clase con respecto a
su precario origen social que nunca negó.
En sus inicios en la filosofía, Vattimo realiza su tesis de licenciatura sobre Aristóte-
les y se vuelve profesor de estética. Desde sus primeros libros nos muestra sus influencias
cuando escribe, por ejemplo, Ser, historia y lenguaje en Heidegger, y más tarde otros tres
textos, como lo son Introducción a Heidegger, Hipótesis sobre Nietzsche y El sujeto y la
máscara, donde ya deja ver la potencia de su pensamiento.
La filosofía, la religión, la política, la cultura posmoderna, los derechos de las dife-
rencias, e incluso la teología, son los temas que cruzan el pensamiento Gianni Vattimo. Sus
ideas las plasma de manera cotidiana en el periódico La stampa, tirado en Turín. Sin em-
bargo, si por algo es reconocido Vattimo es por su propuesta de la noción del pensamiento
débil o il pensiero debole. Propuesta que me resuena con aquella otra propuesta de Martín
Heidegger en Serenidad. Texto publicado justamente como una alocución conmemorativa
del compositor Conradin Kreuter. Ahí dice el filósofo alemán que conmemorar significa
pensar. Y el pensamiento es, sin duda, uno de los derroteros en la obra de Vattimo, y ade-
más en referencia a un tipo de pensamiento muy especial, el pensamiento débil. Heidegger
hablará de pensamiento pobre, e incluso de la pobreza del pensamiento en los profesionales
del pensamiento. Dirá Heidegger en Serenidad (texto de una enorme actualidad), que: “La
falta de pensamiento es un huésped inquietante que en el mundo de hoy entra y sale por
todas partes. Porque hoy en día se toma noticia de todo por el camino más rápido y econó-
mico y se olvida en el mismo instante con la misma rapidez”. Y también dirá el filósofo
alemán que las celebraciones conmemorativas son cada vez más pobres de pensamiento.
Con Martín Heidegger el vínculo que establece Vattimo también es profundo, se
orienta en el pensamiento de este para derrumbar a la metafísica a partir de dos términos, el
primero es el de aceptación o cura utilizado para indicar una cura de la enfermedad que es
la metafísica clásica; y el segundo es el concepto de rememoración y es que en tanto que
rememorar es tenerlo presente y no olvidar el corsette de la metafísica clásica nos podría
ayudar a encontrar otras alternativas de salida, en fin, Vattimo se apoya en Heidegger para
pensar el fin de la metafísica. Pero también coincide con el filósofo alemán en que el ser no
es sino que acontece, y es en el lenguaje donde ese acontecer ocurre, que es como Heideg-
ger lo propone al señalar que el ser humano es el pastor del ser y el lenguaje su morada.
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ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
Vattimo en su libro Más allá del sujeto reconoce que en el pensamiento de Heideg-
ger se resume en el hecho de haber sustituido la idea de ser como eternidad, estabilidad y
fuerza por ser como maduración, nacimiento y muerte. Y con esto señala que hay en el filó-
sofo alemán un nihilismo muy especial en su obra Ser y tiempo.
Aquí, en este número especial de Esquizia (como especiales son todos), fuimos invi-
tados para hacer conmemoraciones y homenajes póstumos a pensadores, intelectuales, psi-
coanalistas, quienes lamentablemente y de manera reciente han partido de este plano. Elegí
hacer lo propio con un filósofo como Gianni Vattimo dadas las coincidencias, guardando
las inmensas diferencias, con su pensamiento y, en particular, su estilo de transmisión.
La etimología de Conmemorar, como señala la Real Academia de la Lengua Espa-
ñola, se ubica en el latín commemorāre, y se define como “recordar solemnemente algo o
alguien”, sin embargo, esto se dificulta con Gianni Vattimo dado que se trata justamente de
alguien absolutamente antisolemne. Con todo, hacer una nota conmemorativa o un homena-
je luctuoso es un fuerte compromiso, hay que conocer, reconocer y valorar la obra del con-
memorado. Para hacerlo, se espera, quien lo haga conozca a profundidad su obra, y además
haberle conocido. En mi caso no ocurre ni lo uno ni lo otro, salvo que, como una licencia
poética se quiera tomar como cercanía la admiración por los factores que ya he mencionado,
la coherencia, la honestidad de pensamiento, la conciencia de clase, su posición política, la
apuesta por la diferencia, etc. En ese sentido, la cercanía, en intención por lo menos, es mu-
cha, tanto como para atreverme a plantear aquí las líneas de admiración hacia la persona y
la obra de Gianni Vattimo.
El fin de la modernidad, Nihilismo y hermenéutica en la cultura posmoderna es el
libro con el que conocí el pensamiento de Vattimo. Nuestro conmemorado entra con este
texto al gran concierto del pensamiento que se estaba dando en el ámbito de la filosofía en
Europa central, el tema en el centro del debate es la posmodernidad, lo posmo como se de-
cía entonces. Los primeros tiros para ese debate los puso Jean-François Lyotard, y las res-
puestas vinieron de Jürgen Habermas, lo que provoca la tranquilizadora participación de
Paul Ricoeur. Entre ellos y muchos otros se da un periodo de feroz discusión con respecto a
lo que estaba ocurriendo en el último tercio del siglo XX, los cambios en los paradigmas
políticos, la función de los medios de comunicación, la función de la filosofía, etc. Gianni
Vattimo contribuye con obras que ahora son imprescindibles para poder pensar lo posmo-
derno, obras tales Las aventuras de la diferencia, Más allá del sujeto, Ética de la interpre-
tación y Sociedad transparente. Es con El fin de la modernidad... que Vattimo da a conocer
su postura con respecto a lo que es la posmodernidad, desde una lectura nihilista y herme-
néutica, dirá entonces que “lo posmoderno se caracteriza no solo como novedad respecto de
lo moderno, sino también como disolución de la categoría de lo nuevo, como experiencia,
como fin de la historia, en lugar de presentarse como un estadio diferente (más avanzado o
más retrasado; no importa) de la historia misma”.
Una larga discusión se propiciaría si nos vamos por esta veta del fin de la historia,
sin embargo, excede la pretensión de este trabajo que es recordar y valorar los aportes que
un pensador como Vattimo nos ha entregado. Él mismo nos muestra las rutas y señala que,
en varios sentidos, el término posmoderno no se agota (valdría la pena discutir, y no es este
el espacio, sobre la vigencia del concepto), por ejemplo, 1989 señala que la sociedad en que
vivimos es una sociedad de la comunicación generalizada, las sociedades de los mass media.
Vattimo muere el año pasado, sin duda, muchos sucesos en el campo de la información o la
comunicación y ahora con la post-verdad o la Inteligencia Artificial.
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Vattimo. El pensamiento débil y la potencia del pensamiento • ANTONIO BELLO QUIROZ
Una de las ideas más reconocidas de Vattimo fueron las que expresa en su libro El
pensamiento débil, se trata en realidad de una compilación publicada en 1983 (con trabajos
de Umberto Eco o Franco Crespi, entre otros). En esa compilación Vattimo escribe Dialéc-
tica, diferencia y pensamiento débil, y nos deja ver que de ninguna manera hay que con-
fundir la noción de pensamiento débil con la debilidad del pensamiento, ahí dirá que: “lo
verdadero no posee una naturaleza metafísica o lógica, sino retórica”.
El pensamiento débil propicia la posibilidad de hacer filosofía después de la muerte
de Dios. Es necesario, después de que se acaben los totalitarismos, hacer filosofía a partir
del flujo en que procede desde el pensamiento débil. Propone que el sentido de esta senten-
cia del pensamiento débil es positivo, y la utiliza para reflejar la profunda erosión de los
fundamentos del modernismo, erosión que celebra, pone en cuestión la validez de la meta-
física tradicional. Se habla positivamente del pensamiento débil en contraposición con el
pensamiento que se promueve como fuerte, es decir, el pensamiento fundamentalista, totali-
tario, dogmático, radical y ortodoxo. Dicho de otra manera, el pensamiento fuerte es el que
se cierra al diálogo. Los políticos y las clases dominantes, justo porque tienen el poder, son
las que temen al pensamiento débil. La propuesta del pensamiento débil es también, en al-
gún sentido, un pensamiento de carácter nihilista, aunque más bien de una fase reconocida
por Vattimo como “optimista” dentro de la existencia. El pensamiento débil resulta así del
todo vigente en el cuestionamiento del pensamiento eurocentrista, y resulta vigente su lla-
mado constante al compromiso afirmativo con el pensamiento, pero no sólo el pensamiento
sino el pensamiento puesto al servicio de la sociedad. Quizá sean estas ideas basadas en el
pensamiento débil las que conducen a Vattimo a pensar que la renovación del mundo sólo
podría provenir de Latinoamérica.
Uno de los últimos y más profundos intereses intelectuales de Vattimo fueron los
vasos comunicantes entre la filosofía y la religión, y ahí se produce un acercamiento a la
obra del pensador judío lituano-francés Emmanuel Lévinas. Gianni Vattimo se muestra
muy inclinado a pensar las ideas teológicas o las discusiones sobre las cuestiones religiosas
en los últimos años del siglo XX. Nuestro personaje escribe textos como Creer que se cree
en 1996 (este texto me resuena con otro de Umberto Eco llamado En qué creen los que no
creen), pero también Después de la cristiandad. Por un cristianismo no religioso, del 2002;
El futuro de la religión, de 2005; Verdad o fe débil, de 2006, donde dialoga con René
Girard; o No ser dios, también de 2006, y más aún Después de la muerte de Dios. Conver-
saciones sobre religión, política y cultura; Dios, la posibilidad Buena. Un coloquio en el
umbral entre filosofía y teología.
Dentro de todos estos textos de corte teológico o religioso destaca un trabajo de
1995 nombrado Creer para creer. Se trata de un escrito en primera persona, autobiográfico
incluso, casi una confesión, que vuelve sobre su creencia de que la hermenéutica nace en
Europa debido a que ahí hay una religión del libro, aunque no sólo por eso, sino esencial-
mente, porque tiene como base la idea de la encarnación de dios, le llama kenosis, debilita-
miento. Este libro creer que se cree, es como una renovación de su cristianismo, escribe:
“La renovada sensibilidad religiosa que siento a mi alrededor, en su rigurosa imprecisión e
indefinibilidad, corresponde bien al volver a creer”.
¿Cómo hacer una alocución de un hombre tan profundamente creyente como lo fue
Vattimo por alguien cuya creencia religiosa está evaporada por completo como ocurre con
quien aquí escribe? Quizá pueda ser porque Vattimo le da todo el sentido a la etimología de
la palabra religión que Lactanio (304-311 d. C) hace derivar religio, que significa vincular,
atar fuertemente, y en ese sentido Vattimo se inclinó siempre por los más débiles y no con
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ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
las jerarquías religiosas dominantes; en la cristiandad sin duda se presentan estas grandes
divisiones, pero lo mismo ocurre en la política y la cultura, su filosofía siempre le dio un
lugar a el costado más débil, lo que no le hizo una militancia religiosa marcada por eso im-
perativos del poder eclesiástico que promueven el temor al mal o el castigo al pecado como
esquemas de dominio, sabe muy bien que, como decía Gadamer: “el hombre es un ser que
a veces vela, a veces duerme”.
Vattimo ahora duerme, pero sigue velando desde la potencia de pensamiento que
nos ha dejado como herencia.
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Gérard Pommier, un erotólogo de nuestros tiempos
[amor, pulsión y (contra)transferencia]
C
uando de pasiones se trata, es con Eros que se nos arroja al pozo inacabable de quejas,
dolencias y vanidades, pero también de las sutilezas que dan alojo a la posibilidad de
desear en sus múltiples formas. El amor es el obstáculo del inevitable despojo de sí
mismo. Condena autoerótica. El psicoanálisis no se puede minimizar a una -supuesta- cura
por la palabra, y más aún, hay que interrogar si acaso nuestro oficio no recurre a una pala-
brería que se sitúa en el romanticismo amoroso. Cierto es que hay un amor de transferencia,
pero si algo irrumpe un tratamiento también apela a una ética amatoria. No todas las historias
terminan hablando de amores, desilusiones o tragedias, ya que en un tratamiento (como en la
vida misma) hay canjes y juegos en los dominios pulsionales que se disputan el lugar del
Amo/r. La radicalidad del amor en tanto imposibilidad es ese despliegue acontecimental.
El amor tiene una particularidad, una muy singular que pone en tensión otras pasio-
nes, las más intensas y feroces, hasta las más dulces que se acompañan de la ternura. Pero
sabemos que en lo escrito siempre será sutil y blindado el acto de “hablar de amor”, porque
su pasión y erótica enceguece y obtura la libre circulación de lo más íntimo de cada sujeto.
El psicoanálisis no escatima en hablar de ello, no se acobarda en oír las locuras del
amar, no se escabulle de los estragos del amor, del amar o del haber amado. Nuestro oficio y
hacer se suscribe a una erotología que radicaliza los modos en que se habitan las pasiones.
Las pasiones son inacabables e indescriptibles, por ello que estemos condenados a ellas y a
sus derivas anímicas, afectivas y desastrosas. No obstante, ¿qué sería del deseo sin dichas
intempestivas que lo trozan para rehablarse antes de escribirse en un nuevo amor, en otro
nombre, en otro cuerpo? En todo amor excita la condición del duelo, de perderse a mar abierto
en la incapacidad del reconocimiento y correspondencia narcisista de no ser amado por quien
se ama. Excluirse en la desdicha de amar sin renunciar a un trozo de sí. Amar sin amar. Lustrar
semblantes del capitalismo afectivo, o más aún, amar a condición de ser amado.
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ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
La excitación que empuja al acto amoroso no es una metáfora, ya que, lo que atañe a
los temas de amor no podemos desvincularlos de lo concerniente al deseo. Es crucial atre-
verse a saber que si algo hace enlace, vínculo o lazo, es la tensión y el riesgo de reconocer
un saber, el cual se abisma en la posibilidades de perder y perderse con lo que se torna una
fantasía de su totalidad, o entorpecidamente, en una completud.
Se dice en el argot psicoanalítico que se trata de “apuestas”, pero tomemos a consi-
deración que en una lógica de intercambios y canjes, todo se reevalúa, y sí, el amor tiene un
coste indudablemente. Hay economías de los afectos y de las pasiones, de los goces. Quizás,
el coste de la renuncia -ya no solo a la vanidad que nos ofrece la propuesta freudiana- no nos
alcance ya, porque tal vez, en temas de amor no basta con desbrozarlos o comprenderlos,
sino habrá resituar las formas en que el psicoanálisis nos habla y dice cosas del amor.
Para amar se exige haber transitado un duelo amoroso, reconocer desde la partida de
sí mismo para habitar una temporalidad ajena. En cierta forma desconocerse sin olvidar o
anular el nombre de quien protesta su deseo. La gestualidad del amor podría decirse que es
una lejanía de la historia contada, y por ello, que no todas las historias terminen hablando de
amor, porque para amar de otra forma, de una forma radical y más intensa, se precisa de
rehacerse con el resto de las historias que se han escrito en nombre del amor, y no omitir que
la memoria también hará su esfuerzo por no olvidar.
El amor es un desvarío en tanto sea uno de los destinos de la pulsión.
Un amor también es una resaca.
Toda partida reluce por lo que se dice o no se dice del ausente, pero en esencia, es un decir.
Pommier en su basta obra, lúcida, con ese tenor clínico y con esa agilidad por transmitir no
escapa a los asuntos del amor con una pregunta: ¿qué quiere decir hacer el amor?
Más allá de un homenaje, quisiera retomar solo unas anotaciones para que sean los
trazos para este epitafio. Si bien, será importante subrayar que el psicoanálisis es una cura
que podría darse en el acto de hablar, pero bien sabemos que hablar -en un tratamiento- no
es una simple expresión lingüística o metáfora del vocabulario. Si algo nos ofrece un espacio
clínico entre dos, es esa resonancia del margen de la voz y sus decires.
¿Qué quiere decir hacer el amor? es la pregunta que se nos propone. Un decir y un
hacer. Una operación amorosa, si se me permite la expresión. El amor figura como destino
de la pulsión, en primer momento. Pero, ante ello, no es tan sencilla la operación, porque si
el amor cesa, ¿de qué se habla entonces? Hay una inversión de los elementos: el amor toma
a su objeto “amado”, pero en ese canje queda aislado y dominado por su deseo, velado y
entorpecido. Desde ya notamos que “hablar de amor” no es un “sentimiento” sino de una
revelación y un tránsito crucial frente al objeto, cuyo puente tiembla entre la disposición de
ser dominado o ser dominante. Las pulsiones son intempestivas ante todo.
Algo debe ceder, y no hablamos de uno u otro, no hablamos de una pareja, aunque
algo hay de ello. El empuje de la pulsión tiene un espectro por el cual el trayecto hacia la
búsqueda del “objeto amado” transforma también su destino y a sus elementos. Aquel que ha
elegido (sea cual sea el cruce por el que atraviese su inconsciente) y ha puesto en la mira su
meta, está dispuesto a despojarse de sí, esto en búsqueda de la satisfacción, pero hay una
inversión de lugares: aquel que se destina a su objeto está en el acantilado de destruirlo tam-
bién, ya que para dicha operación se sacrifica “en nombre del amor, del objeto preciado y
amado” a condición de fundirse con ello.
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Gérard Pommier, un erotólogo de nuestros tiempos… • SAMUEL HERNÁNDEZ HUERTA
Las posiciones se invierten y el primer destino que era el amor se subvierte. La ficción
del amor es el impasse ante el destino de los avatares del -supuesto- deseo, es su propio
obstáculo. Aquí podemos notar que la genialidad que nos legó Freud es haber construido una
lógica para ubicar a las pulsiones y reapropiarlas en beneficio del deseo propio.
Unas anotaciones más: en esa conversión la condición es que “el objeto se subjetiva
y el amor puede instalarse en su falta”, nos dirá Pommier, y esta falta parcha lo imbordeable,
diremos, en lo real del amor. Sin embargo, como es notorio, “el amor” se ha canjeado por el
lugar de goce, para la perseverancia de la gran ignorancia. Esa cesión de derechos de objeto
y sujeto dejan entrever la subjetivación, pero también la desubjetivación del hablante, o mejor
dicho: de los amantes, aquellos que aman (nótese que no hablamos de los enamorados, sino
de los que aman).
Transitar en este sentido implicaría la disposición (involuntaria) para despejarse del
lugar de sujeto y cederle un lugar al objeto. Una transacción en beneficio del “bien común”.
El binarismo e intercambio conlleva a otra situación que más allá de “explicar” como es que
un sujeto se acompasa y relaciona con su deseo y el amor (fractura irremediable del naci-
miento del sujeto), es el mostrar un panorama porque ese mismo sujeto fracasa en la transac-
ción del deseo. El sujeto pierde y es perdido… una vez más, en nombre del amor.
Volvamos a la pregunta: ¿qué quiere decir hacer el amor? Sabemos que las pulsiones
se han edificado en Eros y Tánatos, dualidad que pareciera eterna. Las pulsiones se arremo-
linan en esta partitura, por lo que también resisten a sus desplazamientos. En el caso del amor
y su intento de posesión de objeto hay que destacar que la pulsión se desgasta, por lo que el
fracaso pareciera inminente. De esto podemos extraer que para que la pulsión mantenga su
destino y luchando contra los dominios que le empujan a su objetivación y renuncia, la posi-
ble constancia tiene pocas posibilidades de encuentro con su destino. Para dicha operación
habrá que reconocer lo que tanto nos fascina decir y poco enfrentar: su imposibilidad.
El amor en su destino pulsional y en este choque ambivalente y continuo de transfor-
marse en objeto amado o ser amante que domina se disputa un lugar de correspondencia y de
continuos reacoplamientos pulsionales. Son los hiatos los que podrían mostrar una entrada
para lograr una continuidad sin meta, solo así, sin resistencia mutua a merced de un encuentro
siempre a distancia. ¿No es acaso eso una de las condiciones del deseo que tanto pregonamos
como máxima del psicoanálisis?
Amor y contratransferencia
Pommier deja pistas y coordenadas para el trabajo clínico. ¿Qué sentido leer psicoanálisis sin
una práctica clínica? ¿Cómo situar los saberes y técnica de un oficio que se presenta en be-
neficio de la vida anímica de quienes se disponen a renunciar al mutismo de sus pulsiones
para acceder a otra vida? ¿No es acaso el psicoanálisis también una terapéutica o espacio de
rehabilitación del hablar? ¿Qué consecuencias clínicas hay en un tratamiento a partir de las
lecturas de lectores, críticos o profanos de nuestro quehacer psicoanalítico? ¿Cómo reorga-
nizar o revolucionar una práctica que al día de hoy es la única que toma el riesgo del amor
como una posibilidad para vivir de otra manera ante los estragos que el propio constructo del
amor le ha dejado? ¿Qué necedad hablar de amor cuando es lo que más se omite?
Las pulsiones son la directriz freudiana para una mediana comprensión de los fenó-
menos psíquicos y anímicos en lo que compete a un individuo o sujeto, en tanto que los
conceptos se desplazan conforme al lugar en que en cada malestar o síntoma se identifique.
Sin embargo, el edificio teórico será siempre crucial para ejecutar la técnica, y más aún,
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ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
tratándose de la interacción entre dos personas que hablan y escuchan los decires y estragos
del amor en un espacio vacío e íntimo como lo es un análisis. Un lugar peculiar y en suma
erótico…
El amor es un concepto fundamental en nuestro trabajo, pero sabemos e intuimos que
no se trata de una exclusividad romántica, aunque en el acuerdo aparezcan fricciones en estas
posiciones tenemos en claro -o eso suponemos- que el amor en psicoanálisis es un amor de
transferencia. Pero la transferencia siempre ha sido tema de sobremesa y caparazón de los
fracasos de un tratamiento: ¿por qué alguien nos deja? ¿por qué alguien falta a la cita? ¿por
qué se nos olvida cuando se acordó el encuentro? ¿por qué continuamente somos el soporte
de los celos del otro? ¿por qué un tratamiento no avanza o se vuelve infinito? ¿cuándo termina
un análisis -si es que hay o se dio-? ¿quién termina con quién? ¿por qué la lógica superficial
de un analista con su paciente o analizante resuena en la lógica de los amantes? En suma, si
alguien ajeno a nuestro argot leyera lo dicho, podría pasar desapercibido y daría por hecho
que se trata de una correspondencia de dos personas que se encuentran.
Si fracasamos en un tratamiento dejemos abierta la puerta a saber que nuestras pul-
siones resisten también a ser transitadas junto a nuestros analizantes y pacientes (tanto las
hostiles como las “amorosas”). No es una apología al cariño, por el contrario, sino a darle
lugar a cada movilización que se da en cada encuentro y a su vez, de reconocer la finitud que
precisa toda lógica amatoria: una práctica de libertad y sin dominio.
Se podrá decir en la jerga lacaniana que toda demanda, es demanda de amor; o que
hablando es que se hace el amor, o (peor aún) que amar es dar lo que no se tiene… ¡Cómo
si de frases sostenidas en el “buen decir” cobraran un sentido in situ, en acto o en riesgo
súbito frente a mi semejante diferente!
Poco se habla del fracaso de amor -aunque siempre sea un tema a transitar-, de la
incapacidad de renunciar ya no solo al propio narcisismo, sino a disputarse íntegramente con
quien decide entablar un pacto amoroso. Un pacto que se enlaza a una ética de los amantes.
Compréndase que aquí no se trata de una relación de (a) Dos, sino de Uno a Uno. Ese espacio
entre dos y en el entredicho facilita saber que más allá de salir tiznados de una chimenea, se
trata de saberse manchado por algo que no siempre adviene de quien está frente a mí, en
ocasiones, la mancha encubre el tono fundacional.
En una ética amatoria el amante no es quien irrumpe el binario amoroso, sino quien
es capaz de cautivar el deseo de amar sin fracturar ni romper al otro.
In memoriam
Gérard Pommier, 1941 - 2023
40
Escrituras y montajes, el sujeto ante su de-escisión:
(In memoriam de Néstor Braunstein)
Braunstein, 2016.
E l trayecto del sujeto plantea dificultades sobre la elección de su vida. Sus posibilidades
están al margen de un discurso que utiliza al lenguaje como instrumento y lo entretejen
en distintas prácticas históricas. Se tendría que pensar en el sujeto, como entre tejido
en la historia y el lenguaje, en tanto a que las acciones y el mundo que habita, están atrave-
sadas por una estructuración significante prexistente.1
El discurso, tal como señala Foucault, se encuentra en el orden de las leyes, está con-
trolado, seleccionado y redistribuido para conjurar sus poderes y peligros, aquello de lo que
se puede o no hablar.2 Los sistemas discursivos se manifiestan en el hablante, en el cómo
organiza los enunciados a la hora de intentar comunicar. La estructuración no obedece a la
voluntad del individuo, sino que está determinada. La noción estructuralista observó cómo
un sistema discursivo teje al sujeto en una red significante determinada; esta idea implicaba
la muerte del sujeto mismo. Laclau en el Discurso, aludía que esta “Muerte del sujeto” fue
punto de inicio para la tendencia post-estructuralista, que abogaba por “la lógica de la sub-
versión desprendida de la imposibilidad lógica de construir un sistema cerrado”.
El discurso toma la dimensión de una estructura en falta. Hay un resto donde no todo
está escrito, queda una brecha que genera la posibilidad de distintos significados. Tal como
señala Esposito: “la lengua humana está definida por una falta, por una ausencia, que de-
termina un entramado insuperable, entre expresado e inexpresado, comunicable e incomu-
nicable, voz y silencio desde dentro de la palabra misma”.3
El sistema simbólico es incompleto, el lenguaje permea la sociedad de significaciones
posibles, pero no una sola, no hay un sentido único, pero si hay la ilusión de un Otro que
traza el camino en un terreno donde hay muchas posibilidades de significación, e impone una
sola, borrando al sujeto en toda posibilidad de formar un sentido-otro, virtualizando una
1
Ernesto Laclau (s/f) Instituto Tecnológico Autónomo de México. p. 7
2
Michel Foucault. (1970), El orden del discurso, Fábula Tusquets Editores, pp. 13-14.
3
Roberto Esposito. (2012), Diez pensamientos acerca de la política, Fondo de Cultura Económica. Argentina,
p. 201.
41
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
imagen del Yo que forma la apariencia de voluntad, inscribe los caminos de vida que se
“deben” tomar, aquello que no esté alineado al ideal, es incorrecto. Pero el sistema simbólico,
no es una totalidad cerrada, sino momentánea, es una estructura en falta. El sujeto, al entrar
a esta dimensión simbólica, también produce una falta, no todo puede ser capturado y enten-
dido. Un sistema incompleto y un sujeto en falta.
La falta abre un espacio para la singularidad, allí donde el Otro no alcanza a responder
y dictar, la decisión toma lugar. Esto involucra una desidentificación con la imagen del Yo
que proviene de Otro, así como el desmontaje del ideal de vida inscrito en diversas tecnolo-
gías de poder propias de la época e historia. Algo de lo dictado empieza a tambalear, la pre-
gunta por el Otro implica su demanda y falta.
En esta brecha abierta, donde el Otro demanda al sujeto, lo hace seguir imperativos,
tal como el “elegir la vida ante todo”, incluso cuando la muerte sea una decisión ética para la
vida, como el fin de la misma. La muerte, como decisión y acto, separada a la acción im-
puesta, del pasaje al acto ciego, como lucha del cuerpo propio contra el Otro. La muerte como
acto resulta ser una “de-esición” que implica un más allá del suicidio como un pasaje al acto
melancólico (o modernamente llamado depresivo), el obligado paso a la escritura, la decisión
como dimensión ética del acto suicida.4
Néstor, fue un personaje representativo en México, perteneció al círculo psicoanalí-
tico mexicano (1975-1980), fundó el Centro de Investigaciones y Estudios Psicoanalíticos
(1982) y fue docente en 17 Instituto de Estudios Críticos, donde ahora se conmemora su
memoria y legado con estudios psicoanalíticos. Lugares en donde se promueve la crítica ha-
cia las “verdades” hegemónicas y, sobre todo, sitios donde se brinda un espacio para la en-
señanza del psicoanálisis.
Su libro Psicología, ideología y Ciencia, fue un ejemplo de cómo la episteme de la
época excluye saberes que no están alienados al poder imperante. De manera silenciosa, el
libro fue excluido de las facultades. Uno que otro profesor, quienes promovían un discurso
crítico de este tipo de formulaciones sobre los saberes psi, recomendaba sus lecturas, en los
espacios universitarios donde permea el discurso de la ciencia como un conocimiento irrefu-
table.
Si algo tenemos que retomar de Braunstein, es la actitud crítica que ejercía, la sospe-
cha ante la decisión del Otro, como ocurrió en la separación de la enseñanza del Psicoanálisis
en las facultades de medicina y psicología, ejemplo de ello es que en 1978 fue exonerado de
las instituciones psiquiátricas mexicanas, por la posición problemática contra la categoriza-
ción y clasificación de las “enfermedades mentales”. Una actitud de duda contra este tipo de
saberes situados como verdades irrefutables.
Durante su vida defendió y problematizó con su estudio a la psicología y las funciones
psi, dando lugar al Psicoanálisis como discurso que se autoriza para hacer frente a los males-
tares contemporáneos. Tales como los padecimientos denominados ansiosos o depresivos
que toman lugar en una época hiper-capitalista. Quisiera poder discutir uno en particular, que
no ha estado exento de la reflexión psicoanalítica y de otras ramas de conocimiento. Después
del Addio,5 Néstor brinda aristas para pensar el trayecto del sujeto en su decisión, pero mos-
trando una diferencia radical que posiciona el acto en una dimensión ética, y no en un camino
4
Jiménez-Betancourt (2021) Acting out y pasaje al acto. Hacia una ética del acto suicida, Revista Affectio
Societatis Vol. 18 (34). pp.14-15.
5
Carta de despedida de Néstor Braunstein (septiembre de 2022). Retomado de: [Link]
dad/addio.
42
Escrituras y montajes, el sujeto ante su de-escisión… • ROBERTO VELÁZQUEZ GARCÍA
F., un joven de 25 años procedente de una familia acomodada en la Villa O. llevaba consigo
un tormento interno que lo conduciría a un destino trágico. Los dramas de la vida lo impul-
saron a ascender al puente, cerca de la medianoche. Se lanzó al vacío.8
La vida contemporánea esta entretejida por tragedias y pérdidas que siguen dejando su efecto
en la cotidianidad del humano, tanto el que cometió el acto suicida, como el que se produce
al leer y escuchar estas historias.
En el año de 2022, Braunstein se despide, pero no es un discurso melancólico el que
nos deja, ¿Cómo decir “adiós” a una vida que se acaba? Pregunta pertinente que se hacía, tal
como lo escribió en el inicio de su despedida, y, que así mismo se autoriza, para terminarla.
Se vuelve autor de su obra, de su vida. Se vivió la travesía hasta su muerte. El autor marca
un punto de inflexión que inscribe su acción en otra instancia, se autoriza morir, no es ya un
no soportar la vida, pues la vivió, su decisión es muestra de ello, un previo vivir; vivir la
muerte más allá de la pulsión de muerte.
Cito a Braunstein: “Pues, sabemos, vivir no es necesario, pero sí lo es navegar en
nuestra travesía, escoger lo único que nos es dado escoger: el camino que nos lleva a la
muerte”.10
El discurso moderno promueve un régimen en la vida el cual es difícil de seguir,
norman la decisión del sujeto y se elaboran tecnologías preventivas; hay un sin fin de
6
Sigmund Freud. (1915) Duelo y Melancolía, Amorrortu (Tomo XIV), Argentina.
7
Noticia de enero 2024 [Link]
8
Noticia de Enero, 2024. [Link]
9
Noticia diciembre 2023. [Link]
10
Prólogo en: Néstor Braunstein. (2016) Duelo y melancolía. Freud. conmemoración centenaria. Universidad
Veracruzana, México, p. 8.
43
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
campañas contra el suicidio y de alguna forma se “vigila” su búsqueda en los medios digita-
les.11 La vigilancia trasciende la búsqueda y la tecnología creada prohíbe hasta el pensar.12
El suicidio se ha problematizado como experiencia que plantea interrogantes a la po-
lítica y a sus ramas de conocimiento, y a la que le confían las respuestas es a la psicología.
La psicología se ha convertido en el nuevo conocimiento del malestar contemporáneo, no por
su cientificidad y calidad de la misma, sino por la inmediatez de obturación. No es de sor-
prenderse que hoy la psicología basada en evidencia tenga más aspiraciones en prácticas
jurídicas que científicas. La evidencia proyecta la imagen de seguridad y control ante el Es-
tado que la autoriza, haciendo que funcione la nueva economía del sacrificio.13
El malestar humano, como fenómeno que acontece dentro de la cultura, fue reducido
a su categoría mínima de “significado” para su objetivación por los saberes de la psicología;
el síntoma. Esta entidad conceptual es puramente descriptiva, utilizando las formas predilec-
tas de su análisis; lo nomotético e ideográfico, cuyo fin último es la adaptación comprensiva
del sujeto al malestar, mecanismos que forman parte de la exclusión metodológica del sujeto
al despojarlo de su discurso, como señalaba Maleval.14 No interesa escuchar al sujeto, sino
las relaciones funcionales del síntoma en su contexto.
El suicidio entra en una aporía, no puede ser comprendido bajo este tipo de conoci-
mientos. El sujeto que cometió el acto, está ahora ausente. ¿Cómo puede haber evidencia de
un acto que aún no ha ocurrido?, ¿cómo saber que influyó en la decisión si el contexto pudo
no haber sido el detonante?, ¿qué lo llevó a tal cosa? La lógica de la predicción no funciona
en la singularidad de cada sujeto y se refugian en la afirmación de “es un fenómeno multi-
causal” encubriendo la verdadera afirmación; “No tenemos ni idea que es lo que pasó”.
El suicidio no puede ser comprendido por la forma de exclusión de la experiencia en
la que esta articulada la ciencia, es una decisión, pero no cualquiera, y no cualquiera es autor
de su propia muerte. Hay acciones cometidas por ser actuadas, no decididas. De ahí la gran
diferencia de la manifestación de la pulsión de muerte, con la escritura y el nombre. Tal como
Sócrates en voz de Platón mencionan al hablar sobre la filosofía como ejercicio para la
muerte: Una vida que no es examinada no merece vivirse, tiene como objeto ese pensar hacia
y con la muerte.15
La vida está habitada de relaciones, incluso antes de portar un nombre. Si hay un
humano, es por la unión de otros dos que le preceden; ausentes o presentes, tienen efectos en
el “nuevo humano”. Desde la infancia estas relaciones empiezan a normarse (y nombrarse),
el lenguaje habita y determina cada una de estas. Si existe una pauta general del saludo o
despedida, es porque tuvo que ser mediado por otro. Se entrega un nuevo organismo al Otro.
Lo simbólico se inscribe en el cachorro humano, haciendo la separación del estado de gozo
a un desplazamiento incesante, las cadenas de relaciones empiezan habitar al sujeto despla-
zando la satisfacción. La satisfacción inicial queda perdida, el lenguaje hizo de ésta un objeto
imposible de alcanzar, que se desliza entre significantes. Al sujeto se le es negado vivir de la
11
Poner “Suicidio” en algún sitio web popular te lleva directamente al número de “Línea de la vida”, curioso
nombre para un tema de bordes y límites; entre vida y muerte, pues hay una línea fenomenológica que los
separa.
12
Es inconciliable el pensar sobre su propia muerte, se marca como “ideación suicida”, la represión de la única
certeza; Memento mori.
13
Los dispositivos que norman y regulan las tendencias pulsionales del humano. En Rosaura Martínez. Eros
Más allá de la pulsión de muerte Siglo XXI Editores. México.
14
Maleval, J. C. (1992). Lógica del delirio. Ediciones del Serbal.
15
Platón (427 a.C. - 347 a.C.).
44
Escrituras y montajes, el sujeto ante su de-escisión… • ROBERTO VELÁZQUEZ GARCÍA
manera “animalesca”, se convierte en un ser hablante que habita en una realidad producida
por un acuerdo de relaciones significantes. La realidad es un acuerdo.
Distintas instancias se apoderan de la vida del sujeto, pasan desapercibidas por el
efecto mismo del lenguaje y sus posiciones. Se vive lo que se cree vivir, la vida no es vivida
propiamente, sino a través de un montaje16. Ilusión que permea la vida humana, virtualidad
fundante sobre lo enigmático y necesario para la condición del humano.17
La falta habita al sujeto y sus producciones fantasmáticas. Esta falta, la castración
producida por el lenguaje, genera incertidumbre y angustia que se apodera ante el vacío y
cualquier discurso que promete suturar la falta de manera inmediata es bienvenido; si el ca-
pitalismo se constituyó como un suprasistema, es porque los sujetos que produce idealizan
sus productos y los sostienen en el lugar de completud (momentánea).
El discurso capitalista y sus productos, es accesible para algunas clases que puedan
tener acceso a los mismos, configurando nuevas servidumbres para las clases dominantes,
mientras que a los marginados entran en otro campo de consumo, no el de obtener el producto
“fetiche” sino a otros que entran en su margen de elecciones, tal como el alimentarse. Comer
para vivir, vivir para comer, comprar para vivir, vivir para comprar. El discurso capitalista
promueve posiciones en las cuales el sujeto se subordina.
En esta lógica del discurso capitalista, quien toma la posición de Amo, genera un tipo
de saber, se imponen ideales en relación a las condiciones socio históricas, objetivan una
forma de conocimiento sobre el humano, generando sujetos dentro del margen y la norma
Nadie se sale de ésta, los ideales ejercen tecnologías que promuevan la “normalidad”, tal
como la “Salud mental” y los signos que pueden ser focos rojos si esta se “descuida”. La
constitución de la salud mental, trae consigo la noción de enfermedad, una no existe sin otra.
Vigilar y modificar, es el nuevo imperativo, que tiene sus límites; la muerte, es uno
de ellos. Poco dicen estos ideales de la vida sobre la muerte. Se promueven discursos para
abordar el duelo, pero no la muerte, menos aún, la muerte propia: el suicidio. El acto suicida
pasa a ser un fenómeno a prevenir, la palabra no es escuchada propiamente, se le extrae y se
pone en un marco teórico que la normalice, bajo una metodología ortopédica de la corrección.
No hay una teoría científica que no promueva ideologías.
El montaje suicida
16
Thayer, W. (2010) Tecnologías de la crítica: Entre Walter Benjamín y Gilles Deleuze. Ediciones Metales
pesados.
17
Braunstein, N. (1981). A medio siglo del Malestar de la cultura de Sigmund Freud. Siglo XXI. México.
18
Freud, S. (1914) Recordar, repetir y reelaborar. Amorrortu (Tomo XII). Argentina.
45
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
del sacrificio, inscrita en una sociedad fraternal donde la identificación a priori es el Yo-
Culpable. La acción moral es la que paga la deuda.
De la mano con Judith Butler, tejen que el inconsciente es el efecto de desalojo de la
subordinación, efecto de una vuelta reflexiva que no alcanza abarcar la pulsión, eso reprimido
es lo irreprimible, aquello “salvaje” imposible de normar por el Estado: la escena.
La economía del sacrificio19 genera sujetos culpables, pues esta primera identifica-
ción del Yo es con la culpa de asesinato y canibalismo. El objeto se pierde en el desengaño,
ya no es más el objeto amado, este cambio de posición supone una agresión hacía al yo como
especie de venganza por haberlo perdido, los autorreproches son morales, se vive como un
ser despreciable.20 La culpa se encarna, la dimensión del cuerpo toma lugar.
El cuerpo se convierte en el objeto del suplicio del soberano superyó. Tal como Fou-
cault resaltaba en Vigilar y Castigar, el cuerpo es la “sede” en donde el soberano de- mostraba
su poder. El sujeto resuelve la trama de la vida dictada por el Otro con la muerte, el personaje
se entrega al Otro, decide apoderarse de la pérdida del objeto que nunca tuvo. La decisión se
eclipsa por un montaje historizado y repetido. El acting out como mensaje al Otro, y pasaje
al acto como el sujeto reducido a la dimensión del objeto. La obra se acaba con la muerte del
personaje.
Acto suicida
19
Rosaura Martínez menciona a Judith Butler al retomar sobre la economía del sacrificio como estructura que
está inscrita en la cultura occidental fraternalista. Mencionan que esta inicia con la identificación de la culpa
producida por el asesinato del padre, y la acción canibálica. Recuerdo-identificación que quedan reprimidos,
pero no olvidados, siguen teniendo efectos en una cultura melancólica, incapaz de hacer un duelo.
20
Sigmund Freud. (1915) Duelo y Melancolía, Amorrortu editores (Tomo XIV), Argentina.
21
Expresión utilizada por José Milmaniene, La ética del sujeto (2008). Editorial Biblos. p.89, Argentina.
23
Helí Morales. Psicoanálisis con Arte. Lenguaje, goce y topología. Palabras en Vuelo. México.
24
Jacques Lacan (1976) La escritura del ego. Seminario 23, clase 10 del 11 de mayo, Paidós, p.142.
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Escrituras y montajes, el sujeto ante su de-escisión… • ROBERTO VELÁZQUEZ GARCÍA
Paul Celan
Referencias bibliográficas
Braunstein, N. (1981). A medio siglo del Malestar de la cultura de Sigmund Freud. Siglo
XXI. México
Braunstein, N. (1990) El goce. Siglo XXI. México.
Braunstein, N. (2016) Duelo y melancolía. Freud. Conmemoración centenaria. Universidad
Veracruzana, México.
Esposito, R. (2012), Diez pensamientos acerca de la política, Fondo de Cultura Económica.
Argentina.
Foucault, M. (1970), El orden del discurso. Fábula Tusquets Editores.
25
Lacan J. (1958) El fantasma, Más allá del principio de Placer. Seminario 5, clase 13 del 12 de febrero,
Paidós, Argentina.
26
Braunstein, N. (1990) El goce. Siglo XXI, México.
27
Carpe Diem
47
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
48
Biocapitalismo y constitución política del presente
de Antonio Negri
[reseña sobre la conferencia]
JONATHAN JARED GARCÍA CHÁVEZ
A
ntonio Negri fue un filósofo italiano con un gran aporte al activismo revolucionario
y a las teorías postmarxistas que contribuyeron no sólo en la academia, sino también
en la participación de los movimientos obreros, de los cuales Negri formó parte desde
los años 60. Era tanto el compromiso de este filósofo en la militancia que incluso cayó preso
siendo acusado de actos terroristas.1
Negri es un pilar para los jóvenes que comienzan a cuestionar su participación obrera,
siendo un idealista-teórico logró lo que pocos pensadores han realizado y que Karl Marx
apresuró con su frase célebre “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos
modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.2 De este modo, fue que Negri
asumió su papel como marxista llevando la academia a las calles, hombro con hombro, siendo
un actor político disidente, cuestionando el papel de los obreros en las fábricas mecanizadas.
La vasta obra de Negri conversa desde el espinosismo hasta temas más concretos de
la lucha obrera de sus tiempos, sin embargo, algo que define muy bien su pensamiento es la
intensidad y pasión tan romántica con la que versa cada palabra y cada acción. Tal vez, el
lector se esté preguntado por qué elegir una conferencia entre tantos trabajos esenciales y
magníficos, por qué una conferencia que ni siquiera se sitúa en el contexto mexicano3 a tales
preguntas solamente me queda posibilitar el pensamiento de Negri.
Al encontrarme con esta conferencia quedé sorprendido por la habilidad y el conoci-
miento con el que fue desarrollada. Negri produce una serie de elementos que van fragmen-
tado la transformación del capitalismo industrial o convencional a bio-capitalismo4, donde él
refiere que “dicha definición se estructura bajo dos espectros: el primero, el capitalismo in-
dustrial en las ciencias biológicas; y el segundo, involucra a la sociedad en su conjunto como
una fuente de ingreso”.5 La conferencia se desarrolla más partiendo del segundo punto, se
puede entender que el biocapitalismo produce una sociedad caracterizada por un modelo
postindustrial, en donde, según él, “las fábricas, como el trabajo material, están quedando en
segundo plano, sin embargo, presentes en las tomas de decisiones sociales”.6
1
Revisado el 8/02/24. [Link]
[Link]
2
Revisado el 20/02/24. [Link]
3
Esta conferencia se dio en Ecuador, sin embargo, Negri optó por elaborar una intervención más teórica sobre
elementos evolutivos que está adquiriendo el capitalismo en prácticamente todo el mundo.
4
Si bien, Negri anteriormente ya ha elaborado un complejo texto sobre este tema, me parece que lo rescatable
son los intentos de solidificarse en un contexto latinoamericano.
5
Antonio Negri, Michael Hardt y Sandro Mezzadra. (2013). “Biocapitalismo y constitución política del pre-
sente”, Biocapitalismo, procesos de gobierno y movimientos sociales, Quito, p. 20
6
Idem.
49
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
Algunos de los cambios que trajo la revolución industrial (como lo fue la automati-
zación de las fábricas) produjo la expulsión masiva de obreros, lo que permitió la reestructu-
ración de lo social, poniéndola a la merced de la producción. Asimismo, el proceso orilló
(obligó) a que los obreros tuvieran sus pequeños talleres o fábricas en sus hogares, siendo
este el punto de no retorno para la forma en que los seres humanos se relacionaban.
Durante la segunda mitad del siglo XX, sin duda alguna, estamos frente a una espantosa e
increíble transformación: podemos llamarla ‘subsunción de toda la sociedad bajo el capital’ y está
subordinada a los procesos de valorización capitalista [...] asistimos a un proceso de verdadera reor-
ganización capitalista y profundos cambios en la sociedad. En realidad, se trata de una reorganización
llevada a cabo por el capital –que representa un proceso de reestructuración general del sistema capi-
talista– y que establece las bases de la sociedad en la cual vivimos.7
Dicha reorganización capitalista funcionó con base en tres principios esenciales: “la
taylorización del trabajo, consiste en separar el mismo trabajo y reducirlo a actos repetidos
continuos; la organización fordista de la sociedad, la producción capitalista puede funcionar
solo si el obrero se vuelve el sujeto del consumo de la producción; y la macroeconomía key-
nesiana, es una intervención del Estado enfocada a sostener la demanda”. Sin embargo, el
capital requiere de un fundamento mayor y esencial para su existencia, es decir, necesita de
la recesión entre el explotador y el explotado, sin esta relación, no existiría dicho sistema. De
tal circunstancia nace la norma, que fue el dinero, para establecer quién sería el explotador y
quién el explotado. Dice Negri, “si es cierto lo que afirmamos anteriormente: a estas alturas,
la sociedad ha sido subsumida por el capital”.8
Respecto a todo el proceso histórico que vivió el siglo XX desde sus revoluciones,
batallas obreras ganadas y perdidas, los capitalistas fueron desarrollando nuevas formas de
control, con las que, eventualmente, llegaron al concepto de la deuda, volviéndose primordial
en la modificación, por lo que los obreros dejan de ser objeto de explotación de su trabajo y
pasan a ser productores de dinero para pagar su expansión y perpetuar el control. “Se trata de
una acumulación basada en la autonomía de los trabajadores y su capacidad de inventar su
propia vida. En este punto el capitalismo se vuelve capitalismo financiero y empieza a captar
el valor social, concretizándolo mediante la extracción de una materia monetaria particular:
los fondos de jubilación. O sea, vaciando los fondos del welfare9 para metérselos en el bol-
sillo”.10
Los cambios fueron ganando más y más terreno dentro de la historia de la humanidad,
lo que acercó necesariamente las ciencias económicas al capital como una de las tantas for-
mas de la dominación social. Sin embargo, la transformación postindustrial no terminó con
el trabajo industrial, mas trajo consigo nuevas formas de organización del mismo, como lo
fue el trabajo cognitivo,11 el cual terminó por adquirir mayor relevancia dentro de la industria.
Según Negri, con esta metamorfosis de la empleabilidad las fuerzas de trabajo se vuelven
más autónomas logrando apoderarse de la herramienta de trabajo y a su vez aumenta la inde-
pendencia de la organización en la cooperación social, debido a que el capital se vuelve más
7
Ibid., p. 22.
8
Idem.
9
El programa de Asistencia Temporal para Familias Necesitadas (TANF, sigla en inglés), conocido como
“welfare”.
10
Ibid., p. 25.
11
Es el trabajo que produce lenguajes, códigos, información y servicios
50
Biocapitalismo y constitución política del presente… • JONATHAN JARED GARCÍA CHÁVEZ
rentable y se valoriza de mejor manera.12 Es por ello que el capitalismo contribuye a la crea-
ción de estos nuevos puestos, pero le preocupa el ordenamiento social y su conjunto, por lo
que, no ataca la autonomía del obrero, sino, más bien, lo que se propone es agredir todo tipo
de resistencia obrera. A este punto, Negri evalúa la posibilidad de pensar la constitución
política del presente: “El capital financiero es una figura del capital. [...] El capital financiero
es una relación social. [...] No es el capital parasitario que se queda mirando y explota, coge
y chupa lo que salga de los buenos trabajadores del campo, por aquí y por allá. No. Es una
relación específica de producción de dominio”.13 Asimismo, resalta la importancia de iden-
tificar a aquellos que son los explotados en esta relación y producen valor en cualquiera de
las formas de cooperación social.
Además, se identifican tres contradicciones: La primera se refiere al significado de
producción bajo el capital financiero. El capital financiero se adueña de todo aquello que es
vital, pero lo vuelve inalcanzable porque produce su poder a un nivel muy alto. Cosifica la
vida, la enajenación de las personas es evidente y los obliga a crear plusvalía, aunque sean
conscientes de manera autónoma. Es de aquí donde nace la primera paradoja: cuando la pro-
ducción se basa en los niveles de trabajo cognitivo la valoración del capital ya no se enfrenta
con la masa de trabajadores en sí, sino, con el proletariado formado en singularidades, vol-
viéndose sujetos maquínicos, con la modificación de que ahora no se trabaja con la repeti-
ción, más bien, con la particularidad innovadora.14
La segunda es sobre la propiedad privada. La propiedad privada era el fundamento
del mundo capitalista, pero cada vez se ha ido orillando más al concepto de la renta. Según
Negri “cuando la producción capitalista se valoriza mediante los servicios, la propiedad pri-
vada ya no es posesión, sino relación”. Entonces, la posesión de un bien es completamente
desvalorizada.15
La tercera paradoja ocurre en la confrontación entre el biocapital y los cuerpos de los
trabajadores. Dice Negri:
Es preciso señalar que tal trabajo nos permite ampliar la proyección a futuro de lo que se
podría esperar del sistema capitalista, en la que sólo se vislumbran imágenes distópicas de
nuestra realidad, de ahí la posible aceptación y alta demanda de películas que basan, en su
totalidad, la trama en un porvenir catastrófico.18 Por otro lado, es muy pertinente la revisión
12
Ibid., p. 26.
13
Ibid., p. 28.
14
Ibid., p. 29.
15
Ibid., p. 30.
16
La cursiva es mía
17
Ibid., p. 32.
18
Pareciera que es el mismo sistema que nos está preparando para un futuro aterrador.
51
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
socio-histórica del capital, de lo que Negri acogió de una manera enriquecedora, permitién-
dole ampliar su visión ante dicho problema. Sin embargo, Negri, pareciera que tomó por alto
las aportaciones de Sigmund Freud sobre el deseo, el goce y las pulsiones,19 de lo que, el
capital se ha servido a manos llenas para mantener una relación más estrecha con la comuni-
dad, individualizándola, y así promover con una mayor facilidad su ideología y visión. Otro
aspecto, que el autor señala de una manera precisa es la del vínculo entre el dominar y el
dominado, pero esta coyuntura no es ajena a la ganancia de territorio físico y mental que ha
tenido a lo largo de su aparición, entonces, cuando Negri hace mención de esta soberanía
sobre el obrero, es importante agregar a ello la escenografía inmensa que se ha construido
sobre las ciudades en las que el trabajador habita.20 Asimismo, el obrero ha comprado la idea
millonaria de los gurús y el espectáculo, por lo que, se ha vuelto más sencillo para el capita-
lista generar sus cambios estructurales sin que haya una respuesta de la comunidad, he ahí
que en la actualidad los movimientos sociales cada día han ido perdiendo fuerzas y desapa-
reciendo.
Quizá hasta aquí es debido, y pertinente, comenzar a evaluar hacia dónde y cuál es el
papel que está jugando la demanda del capital a través de sus agentes represivos. La lectura
de Negri y el marxismo en general están más vivas que nunca, adentrarse en ellas para per-
mitirnos repensar nuestra realidad es un buen acto [contra/político] que favorece nuestra pro-
nunciación ante los problemas bio-psico-socio-históricos y económicos a los que nos estamos
enfrentando, tal vez, sin siquiera saberlo.
19
Para revisar temas del deseo proponemos revisar “La interpretación de los sueños”, sobre el goce y las pul-
siones “Más allá del principio de placer”.
20
Siendo más puntual me refiero a la planificación de las ciudades que giran en torno al capital, en donde solo
se puede salir a plazas comerciales y/o a bares, con los cuales los parques y unidades deportivas están siendo
erradicadas y lo que aún es más claro, respecto a la movilidad hecha para los automóviles, dejando completa-
mente de lado al ser humano.
52
Laboraciones maquínicas y pospandémicas
del inconsciente en su materialidad
Diferencia entre psique y mente,
una aportación de Néstor Braunstein
ERIK GONZÁLEZ LÓPEZ
N os dirigimos hacía una ambigüedad epistémica dentro del campo clínico psi, a una
oscuridad teórica en donde es urgente diferenciar psique y mente. Puntos distintos
que cuando chocan, producen efectos de similitud y contrariedad. Efectos de choque.
Expresiones que cuando se contradicen en la academia, no sucede gran cosa, a lo mucho un
recuento y recapitulación de sus diferencias, una nula asimilación de los daños, y algunos
tratados psicológicos, psiquiátricos y psicoanalíticos.
El problema es cuando se asimilan. Cuando las máquinas mentales maquilan una idea
de similitud, con flujos de enfermedad, anormalidad y desorden, para posteriormente aco-
plarse como iguales a psique, produciendo paradojas, movimientos, doxa y epistemes psi que
se asumen en una conjunción prodigiosa de términos, conceptos, significados, adjetivos, ad-
verbios y sufijos que producen para el mercado un expendio que no se agota de organizar y
mercantilizar la experiencia humana en un sin fin de etiquetados con la palabra “mente”,
dando como resultado individuxs, negados, reprimidos, desorganizados o en crisis, pues
hay una sujeción voraz desde esta y para esta producción-privatización de pensamiento en
el catálogo mental.
¿Alguna vez la pregunta sobre qué es la mente, empezó a construir otras preguntas y
posibles respuestas por la psicología, psiquiatría o el psicoanálisis?
¿Qué es la mente? y ¿qué es la psique?, ¿cómo las define la psicología? ¿cuál es el
objeto de estudio de esta disciplina?, ¿por qué preguntarnos sobre la mente, suena tan abs-
tracto, raro y confuso? ¿cuál es la importancia de una diferenciación entre estos dos concep-
tos? ¿qué implicaciones tiene para la epistemológica clínica no diferenciarlas? pero, sobre
todo, ¿cuáles serían las repercusiones ontológicas para el sujeto, el reducir psique a mente tal
como lo denuncia Braunstein?
La cuestión que evoco, se pone sobre la mesa, en Clasificar en psiquiatría Braunstein
(2013), misma que se presenta, a partir de la pregunta: “¿Qué clasifica la clasificación?” en
el campo psiquiátrico/psicológico/psicoanalítico, dilema que se desarrolla y resuelve a través
de la palabra como materialidad de la psique.
Néstor Braunstein toma con sus manos, esa duda que muchxs practicantes psi hemos
tenido alguna vez en el principio o dentro del desarrollo y ejercicio de nuestras practicas
clínicas. Duda vigente en las carreras de las psicologías. Condición con la que hace una con-
testación y posibilidad de subversión a las palabras establecidas. A ese ordenamiento que
sostiene una funcionalidad en crisis de las instituciones psicológicas, médicas, educativas,
familiares, etc.
Lo hace sin rodeos y sin poetizar al lenguaje de los textos en tono rimbombante sin
sentido, como las que suelen adornar los escritos de muchos psicoanalistas esotéricos que
escriben en español. Porque precisamente esta es una teñidura del problema que nos expone,
la cuestión de una ideología oculta, práctica y protestante, a los fines del ordenamiento
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ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
aristotélico y psicológico del alma, cuestión que en el problema se expone como una alegoría,
más allá de los discursos.
Braunstein se ocupa de recorrer el camino de la categorización a través del uso médico
de enfermedad, síndrome y trastorno, digiriendo para cada una de ellas el uso semántico,
teórico, práctico, técnico e ideológico de estas palabras, para así, encontrar algunas asocia-
ciones y sus ligaduras., En otros idiomas como lo son trouble y disorder.
Toma como punto de partida una dualidad en Platón, la cual posteriormente atiende
Aristóteles, y con lo que se establece un dogma psi para la física y metafísica del cuerpo y
del alma.
Si en la diferenciación de enfermedad, síndrome y trastorno damos cuenta de que
existen bastantes equívocos respecto al procedimiento categorial y etiológico, entendremos,
que, así como hay enfermedades definidas, en donde se reconocen causas y efectos compro-
bables, visibles dentro de una metodología cuantitativa, comprobable y verificable para el
campo de la salud, por otro lado, veremos que, en la inconsistencia del lenguaje humano, hay
síndromes y trastornos fuera de una etiopatogenia. Entidades que no pueden seguir el mismo
método de comprobación a las propiedades exactas del método de la ciencia moderna. La
psicología y la psiquiatría buscan categorizar erróneamente como enfermedades, muchos
trastornos dentro del mercado de las psicopatologías, cuando no lo son, por la génesis de
causas y efectos variables.
A partir de aquí, podríamos reconocer la dificultad metafísica del alma y su transfor-
mación eventual hacía mente a través de la categoría, desde una epistemología aristotélica
que viene produciendo formaciones, deformaciones y transformaciones a la cuestión princi-
pal de las conjeturas actuales entre psique y mente. Dilema qué ha formulado muchas expre-
siones ideológicas, etimológicas, sofoclísticas, históricas y políticas, no solo para los consul-
torios clínicos, que son esos dispositivos que funcionan de vez en cuando, con dos sillas, un
encuentro, o un diván, el sofá y cuatro paredes, sino, en la expresividad misma de la cultura
y las formalizaciones de consumo capitalista y sus entes neoliberales de la cotidianidad. Ex-
presiones que se han confundido y asimilado, mientras se post-dicen, reprimen y se padecen
en la psique, como malestar de lxs sujetxs, en sus representaciones en la clínica, la escuela,
el trabajo, la casa o la calle misma.
No es extraño que un sujeto en la clínica hable a través de un diagnóstico psi antes de
hablar por sí mismo, en el sentido de que “Las clasificaciones tienen siempre efectos perfor-
mativos, hacen a lo que nombran” Braunstein (2013).
Pensando lo anterior como una producción de nombres, clasificaciones y etiquetas de
enfermedad; ¿cuáles serán las características de la máquina que produce a la mente? ¿En qué
terreno epistemológico se produce lo mental y lo psíquico? ¿Es la mente un producto de la
psique, o es la psique un producto de la mente?, Braunstein nos dice:
Nosotros, por nuestra parte, ante las discusiones sobre lo mental, lo espiritual y lo
anímico, sostendremos —en lo lexical— que psikhé, la palabra homérica, mantiene
su vigencia: no entendemos que haya ninguna ganancia (y sí mucho que perder) al
transformarla en “alma”, “espíritu”, “conciencia “ o “mente”. Nos negamos a admitir
estos nombres que diesignan entidades abstractas objetivadas. En su lugar insistimos
en la existencia material del sujeto, el ser que habla y goza y padece, efecto del sig-
nificante. Conocemos las maneras de explorar eso que importa, la relación que el
sujeto tiene con el lenguaje. El lenguaje es, para cada uno, el inconsciente en su ma-
terialidad.” (p. 79-80)
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Laboraciones maquínicas y pospandémicas … • ERIK GONZÁLEZ LÓPEZ
Justificación que se vislumbra gracias a la lectura de Marx, Freud y Lacan, hacia una resis-
tencia a la explotación desmedida de esa fábrica mental de palabras, y sus efectos de auto-
matización, inmediatez, práctica e individual, desde donde las instituciones psi, suelen cosi-
fican el decir humano a partir de sofismas psicologizantes, desvaríos y definiciones etiológi-
cas de normalidad y anormalidad.
Mente de Mnemosine, a memoria. De memoria a mentalis. De mentalis a mente. Men-
tal a salud mental/ crisis mental/ problema mental/ disciplinamiento mental/ control mental/
desorden mental. Es decir, crisis de pensamiento, así como trastorno mental, que no es otro
que revueltas en el pensamiento. Si mente alude a un orden de pensamiento, podríamos sos-
pechar que todo el etiquetado de mente, en el mercado insiste y busca, producir control, a
partir de fabricar estos productos de dominio para evitar un “mal”: mal-pensar, mal-actuar,
mal-decir. Enfatizando así lo que sí deberíamos decir-pensar, a partir de palabras que consu-
mimos cada vez más, con un valor marginal, para el fetichismo de su utilidad capitalista.
¿Será qué hablar de psique es por otro lado, la posibilidad de improducir algo fuera
de esta banalidad de producción y sobreproducción capital?
Mente no es sinónimo de psique, y tampoco es la psique la que reside en la mente,
sino al contrario, toda esa entidad conocida como memoria/pensamiento/cognición/concien-
cia a la que hace referencia la palabra mente, reside en la psique, y constantemente varía,
cambia y se mueve. Aquí es oportuno señalar una puntualización semántica sobre la palabra
psyché/psykhé/psique, misma que sumamos a la construcción que hace Braunstein para la
vigencia de su uso.
La palabra psique, que deriva del griego psyché, según múltiples diccionarios etimo-
lógicos, alude en algunos significados a la concepción griega que tiene la fuerza vital de un
individuo. Sobre las interpretaciones a psique, se ha enseñado en la academia un uso genérico
que refiere al alma humana, cosa que se ha extendido y entendido como una mera utilidad
metafórica sin darle el uso concreto dentro de la experiencia de lxs sujetxs. Por ejemplo,
Ricardo Moscone en su artículo “Lo psíquico (psykhé) en Homero, Una sabiduría ignorada
y criptada” dice: “Parte de lo psíquico es imperceptible para el observador y su existencia es
conocida por medio de las palabras de quien lo experimenta” (Mascone, 2012, p.201).
De aquí, que suponer que psique al no tener un estatuto óntico visible y “aparente”
respecto a los cuerpos se entienda como algo metafórico y metafísico, abstracto, irreal o
inexistente, pero no por ello incorporal. Así mismo, la idea también hace referencia a entida-
des incorpóreas como el movimiento y el aire, cuestión que posibilitaría reelaborar la palabra
psique, no ya como una ideología de alma humana, sino como una equivalencia material del
ser, tomando el sentido de soplo o respiración del alma.
Moscone agrega:
Psykhé es una voz onomatopéyica que designa a fenómenos psicológicos que se pro-
ducen, y simultáneamente, forman parte de aspectos individuales, interpersonales y
comunitarios. Es un producto del cuerpo, que posee la singularidad cualidad, de dar
la sensación de ser incorpóreo e independiente de él, motivo por el cual, se relaciona
con un soplo, la respiración, el humo o el viento; atribuyéndosele, también, la cuali-
dad subjetiva de “inmaterialidad”, ya que se le otorga la capacidad de volar. (p. 224)
Si utilizamos estrictamente lo anterior, psykhé, como soplo del alma y expresión del ser,
nos permitiremos reunir lo necesario para posibilitar soplo como un equivalente al lenguaje.
Uso que hace el sujeto del lenguaje y la expresión del significante. Cuestión que no es
55
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
sencillamente, un decir al aire, ni el soplo de alma en una metáfora más allá del discurso. Es
precisamente la materialidad de hacer uso del lenguaje, en un más acá contextual, referencial,
óntico y ontológico para el sujeto, ya que volviendo a Braunstein:
Es sobre este pensa-mente, donde el capitalismo produce efectos objetivos desde el sofisma
mente, hacía algo corpóreo como lo es esa modificación-producción-mercantilización del
sujeto-cosa. Mientras la psiquiatría/psicología/psicoanálisis, hacen por moldear al pensa-
mente del sujeto-cosa, el sujeto siempre soberano de la psykhé habla, y por el hecho de ha-
blar, produce posibilidades de una praxis material a través del significante, el inconsciente,
el síntoma y su deseo.
Habrá que recordar y situar que, así como el inconsciente no tiene un estatuto óntico
ni ontológico, tal vez la psique como podríamos sospechar en este breve recorrido, tampoco
lo tenga. No hablamos ya de soplos metafísicos difíciles de encontrar y ubicar más allá de la
realidad. Estamos ante soplos materiales, como expresiones históricas y modos concretos de
existencia para lxs hablantes. Psique: soplo del alma/ Psique: lenguaje del ser.
Es extraño pero oportuno que en el capitalismo anterior y pospandémico, poco se ha
hecho por utilizar mercantilmente la palabra psique, expresión que desde un estatuto ético
evidencia que el capitalismo conquistando todo, aún no logra conquistar los últimos territo-
rios del alma. Terrenos de desbarajustes e imposibilidades totales del capitalismo. Digamos
como mal ejemplo, que la mente podría ser algo así como la punta del iceberg, en algún sitio
territorializado que tiene como resultado una representación óntica desfasada de la psique.
Pero la psique es a su vez un campo inconsistente, parcial y potencialmente desterritoriali-
zado y desterritorializante.
No recuerdo haber visto que se escriba que el deseo es mental, aunque los psicólogos
repitan una y otra vez que las fantasías de sus pacientes son mentales, o que en los catálogos
etiológicos de las enfermedades psicológicas se utilice a la psique con la seguridad y certi-
dumbre que produce clasificar o nombrar un lugar o un territorio de productividades. Lo
anterior, tal vez se deba porque es la cartografía de la psykhis desconocida, para la epistemo-
logía de la taxonomía.
¿Por qué nadie anteriormente a Braunstein se había ocupado de la producción teórica
en el español o el inglés, a desambiguar y diferenciar psique y memoria?
Es como si la producción de etiquetas con la palabra mente en sus distintos derivados y pre-
sentaciones, oclusionara1 perfectamente a cualquier discurso de control, para funcionar al
discurso capital. Advertidos por otro lado, de que el uso de psique no se puede ver, ni medir,
ni controlar y que precisamente porque no se ve, no se mide y no se controla, es inútil darle
un uso.
Pensar en la psique como aquella pragmata de lo material histórico., Para mí es pensar
en el agricultor que ha tenido que inventar un lenguaje para entender que la temporada de
1
La palabra “oclusión”, distinta a “eclosión” hace referencia en el campo odontológico, al alineamiento de los
dientes para morder o masticar algo. Utilizamos esta palabra para visualizar y dar sentido a la relación funcional
que producen los discursos de control y sumisión, en el alineamiento que producirá mordidas y masticadas del
capitalismo voraz.
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Laboraciones maquínicas y pospandémicas … • ERIK GONZÁLEZ LÓPEZ
cosecha va a llegar, o en aquel que ha inventado el catalejo para ver y nombrar las cosas que
están más allá de sí. El campesino inventa sus herramientas para labrar la tierra, inventa la
pala y el rastrillo, y también inventa los sistemas de riego. Así mismo, inventa y usa un len-
guaje para saber de semillas y equinoccios. Un lenguaje que ha cuidado del campo y, que
gracias a esa praxis en donde espera al sol y a la lluvia, puede expresar también sus anhelos,
mismos en donde reconoce una labor en donde entiende el significado que tienen para él,
lluvia, sol, tierra y viento. Qué mejor ejemplo de materialidad hay en eso, sino aquello que
se expresa por sus labios, desde su boca, y qué va hasta sus manos y se presenta ante sus ojos,
y por sus ojos y qué es a través de todo su cuerpo. Y que es por aquella materialidad perfor-
mática que puede construir nuevas relaciones con el mundo que lo rodea y en el que vive y
existe. Materialidad que constituye transformar constantemente a su ser y a las cosas mismas,
que le otorgan el sentido de existencia.
Como vemos nunca se ha tratado de un problema de pensamiento/memoria/mentali-
dad, ya que la experiencia del ser en el lenguaje hace desenvolver la psique, cosa que no se
puede medir con estándares de normalidad o anormalidad.
La pandemia evidenció la ineficacia de los dispositivos de control psi y de toda la
política mental. Las técnicas/herramientas de relajación contra la ansiedad y angustia colap-
saron, así como colapsaba el sistema económico y político. Después del 2020, ahí cuando se
evidenció de nuevo que la angustia, la ansiedad, la crisis, la depresión y muchos padecimien-
tos del lenguaje, nunca habían sido individuales y menos entidades con identidad, tal como
los exponen “las máquinas psíquicas” Exposto (2022), apareció un meme que denunciaría la
manía taxonómica del control mental. El meme hace referencia desde el chiste a sospechar
de la ineptitud de los jueces, controladores y gurús de la salud mental sobre aquellas expre-
siones materiales de la psique. Meme en donde estos jueces siempre niegan el dicho de lxs
sujetxs. El hartazgo hecho broma, es que no importa que se diga, los dispositivos psi, repri-
men y niegan los discursos que propiciarán una revuelta contra el capitalismo.
¿Ese desorden, esa anormalidad y esa turbulencia de la que hablas, está psíquicamente
aquí con nosotrxs? la respuesta sería: sí, siempre ha estado.
La máquina pospandémica2 sin duda viene produciendo nuevos afectos y nuevos padecires
para lxs sujetxs. Habrá que seguir atentxs.
2
Hablamos de una máquina pospandémica a partir de advertir nuevos flujos conectivos en la pregunta por otras
máquinas posteriores a la contingencia sanitaria por covid 19 en el 2020 en el sentido de la propuesta de Deleuze
y Guattari en el “Antiedipo”
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ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
Bibliografía
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¿Allouch? ¡Qué me importa!
DIEGO GARCÍA
Q uizás sólo quien haya leído aquel libro de Jean Allouch, al que este homenaje le roba
su título, pueda captar el carácter irónico de semejante declaración. Una pista: no tiene
otro alcance que “el de designar un camino vuelto practicable que nunca cesó de im-
portarme”.1 Del mismo modo, una foto con él y unas palabras suyas de puño y letra, que aún
conservo, no valen aquí como fetiche de un encuentro personal, sino como testimonio de una
transferencia efectuada.
Resulta imposible, por tanto, retirarles a las palabras que siguen su carácter testimo-
nial, puesto que efectivamente ese es el registro en el que se inscriben y que les corresponde.
Es otro modo de hacerse eco del libro recién aludido, quizás, uno entre tantos otros que
Allouch dejó, no como legado (palabra que dudo le hubiera gustado), sino como testimonio
de sus lecturas, sus preguntas y las respuestas tentativas a las que pudo arribar. Acaso no de
los más conocidos de su prolífica pluma, ya que se trata de la compilación de un conjunto
de textos, intervenciones, comunicaciones públicas y entrevistas que habían permanecido en
su mayoría inéditos en lengua castellana hasta julio del año 2020 en el que este libro se abrió
camino en medio de la pandemia de COVID-19.
Varias razones me llevan a escoger un breve comentario sobre su ¿Lacan? ¡qué me
importa! como ejercicio de homenaje y de duelo.2
La primera, su procedencia. Este libro de Allouch fue traducido y editado a pulmón
por Marcos Esnal,3 un amigo que, en los últimos años había sabido alejar a sus afectos y yo
no había sido la excepción. Sin embargo, esa distancia no había logrado disminuir mi agra-
decimiento con él por lo compartido ni la deuda que sentía por haberme acercado, por primera
vez, hace mucho tiempo, un libro de Allouch. Se trataba de La etificación del psicoanálisis.
Calamidad.4 Yo era aún un estudiante de grado de la carrera de Psicología en la universidad
pública de Rosario y aquel libro fue, para mí, una bocanada de aire fresco entre tantas lecturas
obligadas y obligatorias. Era provocador, incisivo, preciso en cada palabra, sin resignar nunca
la posición crítica ni salirse del campo del psicoanálisis.
Segunda razón. Cuando ¿Lacan? ¡qué me importa! finalmente salió publicado en
el 2020, Marcos y yo ya no nos hablábamos y habíamos perdido contacto. No fue si no
meses después que el libro llegó a mí a través de las manos… de mi analista. Al término
de una sesión en la que había hablado de la amistad y, en particular, de la relación con
Marcos, recibí este libro acompañado de la siguiente declaración: “Creo que Marcos querría
que lo tuvieras”.
Tercera razón. El libro mismo de Allouch es un libro-testimonio. Testimonio de en-
cuentros y de rupturas; no sólo del autor para con algunos otros, sino también de Lacan con
algunas figuras del llamado, con razón y por el propio Lacan, campo freudiano. Se ve desfilar
1
Jean Allouch, ¿Lacan? ¡qué me importa! (2020), Rosario, Una Piraña Ediciones & artefactos, p. 11. Las
cursivas son del autor.
2
Una breve reseña del libro, aquí retomada, ya vio la luz como “Notas de lectura” en [Link]
[Link]/2020/11/[Link]
3
Con la co-edición de artefactos, cuadernos de notas a cargo de Alberto Sladogna.
4
Jean Allouch, La etificación del psicoanálisis. Calamidad (1998), Córdoba, Edelp.
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ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
a lo largo de las páginas a esas figuras (André Green, Moustapha Safouan, Wladimir Granoff,
Georges Lantéri-Laura, Conrad Stein, Olivier Flournoy, Danielle Arnoux, Jacques-Alain Mi-
ller) como a otras que, sin pertenecer al mismo campo, no dejan de tener relaciones con él
(como Philippe Sollers, David Halperin, Leo Bersani, el movimiento queer). Todo ello le da
al libro un sesgo intimista, en el que uno se siente parte de esos debates, algunos de los cuales
se remontan a décadas que parecen lejanas, pero no lo son tanto. Responder, entonces, con
este escrito-testimonio a esa otra escritura testimonial de Allouch encuentra aquí su lugar.
Cuarta razón. Allouch, entre sus páginas, está picante. El libro tiene ese carácter; en
lo monocromático de su tapa y sus hojas, queda claro que no se trata de color, sino de sabor.
Podría considerarse como un condimento infaltable a sus otras obras, quizás más “teóricas”,
si ese adjetivo tuviera algún sentido en alguien que, a cada paso, tras un cierto número varia-
ble de palabras no deja de remitirse siempre a la práctica analítica, de entreverse en sus
comentarios alguna indicación “práctica” valiosa (como la no pretensión de saber sobre la
locura, la función del pensamiento como censura, su definición del analista como alguien del
cual es posible desentenderse no sin él, etc.).
Como las intervenciones no siguen un orden estrictamente cronológico, aunque en su
conjunto van de 2001 a 2014, es a otro criterio que parece responder su agrupamiento y su
ordenación. A veces se trata de una contigüidad que se anuncia (como cuando hablando de
Georges Lantéri-Laura, Allouch dice no haber tenido una experiencia parecida sino con Con-
rad Stein); a veces gira en torno a ciertos dispositivos que conciernen al psicoanálisis (el
ejercicio del análisis mismo, la presentación de enfermos, la práctica de control); otras se
suceden de manera temática (a propósito de la guerra de escuelas, la ideología familiar, la
transmisión epíclera), y habrá algunas otras cuyo anudamiento seguramente escapa al lector...
al menos a éste lector.
Con todo, creo poder ofrecer un hilo de lectura que, en cierta medida, se distancia de
esta seriación más o menos explicitada. Ese hilo es la demanda. No sólo porque el origen
de este libro surge de una demanda (que uno de los editores no deja de señalar), sino porque
la demanda está presente, incluso cuando se ausenta como palabra, en cada uno de los
textos.5 Ya desde el Prefacio ella aparece a propósito del “no es eso”,6 fórmula lacaniana de
la demanda. En ¿Lacan? ¡Qué me importa!, conferencia homónima al título del libro, la
demanda aparece articulada a ese desentendimiento de Lacan, que Allouch profiere, pero
que se muestra como una aserción no recíproca: Lacan no se desentendió de él. ¿Cómo?
“Haciéndose, por mi demanda, mi psicoanalista”.7
Esta demanda de análisis, dice el autor, que muerto Lacan ya no es posible hacerle,
pero que también –en vida de Lacan– a algunos otros le fuera rechazada. Es el caso mencio-
nado en Gracias Moustapha, de Jacques-Alain Miller para quien no había otro “analista de
elección” que Lacan, con lo cual “su demanda de análisis se encontró en un impasse”;8
impasse del que Lacan no la sacó.
En Wladimir Granoff, Jacques Lacan: ¿una ruptura?, encontramos una perlita acerca
del llamado “obsesivo” y la posición del analista como siendo colocado, sádicamente, por el
analizante “en el lugar de demandarle hablar, dicho de otra forma, de pedirle que cague”.9
5
De aquí en adelante los títulos de cada uno de los textos que componen el libro son indicados con cursivas.
6
Jean Allouch, ¿Lacan? ¡qué me importa! (2020), Op. cit., p. 11.
7
Ibid., p. 23.
8
Ibid., p. 36.
9
Ibid., p. 42.
60
¿Allouch? ¡Qué me importa! • DIEGO GARCÍA
En ese mismo artículo, pero en un pie de página, la demanda aparece en relación al disposi-
tivo del pase, a lo que Lacan esperaba, en términos de respuesta, de ese dispositivo; demanda
que “podría constituir el infranqueable obstáculo a eso que se esperaba obtener”.10
A propósito de otro dispositivo, esta vez la presentación de enfermos, tema del ho-
menaje a Georges Lantéri-Laura, vemos tratar la demanda singular que allí se juega y las
maneras diferentes de situarse en relación a ella que tuvieron Lacan, Lantéri-Laura y el propio
Allouch. “¿Dónde estaba la demanda cuando Lacan presentaba a un enfermo? No se puede
excluir que la demanda estaba de su lado, era suya, la del presentador. No había nada de eso
en Lantéri-Laura. De entrada, estaba claro que la demanda venía principalmente del equipo
médico”.11 De modo tal que, si la presentación de enfermos tiene algún efecto de enseñanza,
es también la de un modo singular de poner en acto el no es eso. Dice Allouch: “Se creía
saber que la cuestión estaba ahí, y se cae en la cuenta de que está en otro lado, y entonces es
diferente. No es gran cosa; y es mucho”.12
En cuanto a Stein en lo de Lacan, Lacan en lo de Stein: momentos y la particular
manera en que cada uno visitó el lugar del otro, no es posible inferir que “la demanda queda
del lado de Stein”, ya que Lacan “anhelaba la presencia activa de Stein en su seminario, es
algo que le hizo saber”.13 Del mismo modo, Allouch rectifica en el diálogo con Philippe
Sollers que “el amor que no se obtiene” sea un amor que Lacan podría haber obtenido. Antes
bien, eso permite situar una forma inédita del amor, que lleva el nombre de Lacan, y sitúa al
mismo tiempo la demanda en análisis (como demanda de amor). De allí la pregunta: “¿qué
es lo que eso puede producir de bien a alguien, a saber el analizante, el tener un asunto con
un partenaire que, como tal, iría a obtener de ese alguien el amor que no se obtiene?”.14
¿Y en Donde hay control y control? También allí, respecto de ese dispositivo, bajo el
nombre de Olivier Flournoy “al ir a demandar, un buen día, un control a Jacques Lacan”15 se
nos pone al tanto de las diferencias entre quien se posiciona en esa práctica como portador
de un saber (en este caso, Francis Pache) y el modo en que Lacan “agujereaba el saber que
el controlador aportaba”.16
En Coloquio, 26 de noviembre de 2006 y en Poquita escuela, guerra de escuelas apa-
rece nuevamente la figura de J.-A Miller, el problema de la transmisión epíclera, y los litigios
por el derecho moral sobre la enseñanza de Lacan tras su muerte. Se trata de la “segunda
demanda”17 presentada por Seuil contra una transcripción ilegal del seminario sobre La
transferencia. Se entiende que se trata allí de una demanda en sentido jurídico, pero, claro
está, ello no excluye lo que de la demanda queda dicho en los otros pasajes del libro. ¿Hay
en juego una demanda de otro orden en eso que allí se reclama? Más aún si, ateniéndonos a
lo que del derecho moral francés allí se plantea como una “eternización de la voluntad del
sujeto”,18 es posible pensar la demanda del muerto respecto de aquel que ha sido ubicado
como su heredero (véase, una vez más, por caso, Hamlet y el espectro del padre muerto).
10
Ibid., p. 56.
11
Ibid., p. 59.
12
Ibid., p. 61.
13
Ibid., p. 64.
14
Ibid., p. 85.
15
Ibid., p. 114.
16
Ibid., p. 117.
17
Ibid., p. 123.
18
Ibid., p. 125.
61
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
Finalmente, el libro cierra con Siete respuestas a la revista Descartes a propósito de la Queer
theory. Siete respuestas, efectivamente, a siete preguntas/demandas (demandes), que
Allouch contesta no sin dejar de enviar al emisor de aquellas su propia pregunta en forma
invertida. ¿Se trata en lo queer de un “pensamiento”? ¿Lo queer “representa”? ¿Es deseable
una recepción “verdadera” y “durable” de lo queer? Para el autor el movimiento queer “nos
ayuda a resistir mejor al psicoanálisis como pastoral”19 a condición de reconocer el límite
que es constitutivo de todo campo. Límite que concierne también al campo freudiano, si este
no quiere perder lo que tiene de parasitario en aras de responder a demandas que lo social le
formula.
Tratándose entonces de la demanda, creo que es motivo de celebración el tan intere-
sante ejercicio que este libro hace de una docta ignorancia. ¿No es acaso la demanda lo que
agujerea todo saber en tanto ella se formula como un no es eso allí donde alguien cree poder
satisfacerla?
Jean Allouch se cuidó hasta el final de intentar hacerlo. Su último libro, publicado
poco antes de morir, La lección de Artaud. Una estética del espíritu nos lo confirma.20 Es,
cuanto menos, un libro curioso (tanto como el que recién reseñábamos). Aunque la curiosidad
–sobre todo la morbosa– es aquello que se abstiene de ejercer. Es curioso en otro sentido;
una curiosa lección de lectura: “adherirme permanentemente a las afirmaciones de Artaud
tan de cerca como era posible”.21 ¿No es esa también una preciosa indicación de la posición
que conviene al analista respecto del decir analizante?
De lección en lección (la que él testimonia haber recibido de Artaud, la que su libro
testimonia como operación de lectura), se arma un texto diferente a otros de Allouch. Cier-
tamente no es la primera vez que acomete la tarea de abordar a un artista, en especial escri-
tores (Kenzaburo Oé, Marguerite Duras, D. H. Lawrence, Mallarmé, Canudo, etc.), para
extraer de allí una enseñanza. Sin embargo, en el modo de hacerlo, quizás porque Artaud es
inclasificable en cualquier rubrica –”se había sustraído de cualquier etiquetado”–22 sea la de
artista, escritor, actor, pintor, su lectura se singulariza en dos puntos:
2) No construye, por tanto, hipótesis alguna sobre el decir de Artaud, ninguna teoría explica-
tiva para sus actos; toma nota de su lección. Cuanto mucho “un enfoque que calificaremos
de conjetural”.23 Se ven así aparecer otros términos en juego: círculo mágico (Allouch se
ubica como formando parte de ese círculo que Artaud suscita),24 relato épico (Fethi
19
Ibid., p. 137.
20
Jean Allouch, La lección de Artaud. Una estética del espíritu (2023), Córdoba, Ediciones Literales.
21
Ibid., p. 11.
22
Ibid., p. 59.
23
Ibid., p. 101.
24
Acerca de la noción de círculo mágico puede el lector consultar Jean Allouch, La escena lacaniana y su
círculo mágico. Unos locos se sublevan (2020), Buenos Aires, El cuenco de plata.
62
¿Allouch? ¡Qué me importa! • DIEGO GARCÍA
Benslama, aunque sin citarlo),25 amor puro (Jacques Le Brun),26 cuerpo sin órganos (Gilles
Deleuze y Félix Guattari),27 sublevación (Michel Foucault)28 y una revalorización insistente
del SE en la enunciación artuadiana: ese SE que es “no tanto una persona sino una situación
objetiva”,29 “la incidencia de lo neutro en el sexo”.30
25
Véase Fethi Benslama, El salto épico o la inclinación a la yihad (2022), Buenos Aires, Artefactos.
26
Jacques Le Brun, El amor puro de Platón a Lacan (2004), Buenos Aires, Ediciones Literales en coedición
con El cuenco de plata.
27
En especial en Gilles Deleuze & Félix Guattari, Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia (1994), Valencia,
Pre-textos.
28
Michel Foucault, Sublevarse. Entrevista inédita con Farés Sassine (2016), Viña del Mar, Catálogos.
29
Jean Allouch, La lección de Artaud. Una estética del espíritu (2023), Op. cit., p. 97.
30
Ibid., p. 99.
31
Ibid., citado por Allouch en p. 62.
32
Jean Allouch, Contra la eternidad. Ogawa, Mallarmé, Lacan (2009), Buenos Aires, El cuenco de plata.
33
Jean Allouch, La lección de Artaud. Una estética del espíritu (2023), Op. cit., p. 20.
34
Ibid., p. 97.
35
Según la expresión que utilizara en su enorme libro sobre el duelo. Véase Jean Allouch, Erótica del duelo en
tiempos de la muerte seca (2006), Córdoba, Ediciones Literales.
36
Así lo había manifestado públicamente en su Seminario Nuevas consideraciones sobre el pasaje al acto,
dictado en la ciudad de Rosario los días 21 y 22 de abril de 2018.
63
El (falso) saber de la psicología en su teoría y praxis
BRIAN YAHIR CRUZ MÉNDEZ
[BRIAN X]
a) se afirma que la ciencia se constituye yendo de lo más simple a lo más complejo y que
comienza por el conocimiento directo que los sentidos nos dan de las cosas. En otras
palabras, que se llega al saber científico partiendo de las apariencias y por un movimiento
progresivo que lleva desde lo evidente a lo desconocido;
b) se postula la existencia de una facultad especial del intelecto o del espíritu humano que
le permite aprehender la esencia de los fenómenos de un modo repentino y exacto, tras-
cendiendo las engañosas apariencias que pudiesen ocultar esa esencia y
1
Néstor Braunstein, Psicología: Ideología y Ciencia (1983) Ciudad de México, p. 183. Ed. Siglo XXI
2
Ídem.
3
Dicha cita aparece por primera vez en un artículo publicado en 1983 en la revista: La nave de los locos, pp. 4-
11. El fragmento será publicado de manera póstuma en el libro La psicología contra sí misma. (El diván negro,
2023).
4
Néstor Braunstein, Psicología ¿no? (2023) San Luis Potosí, pp. 28-29, Ed. El diván negro.
64
El (falso) saber de la psicología en su teoría y praxis • BRIAN X
c) se sostiene que la ciencia no se apoya en las apariencias ni tampoco tiene como objetivo
la búsqueda de esencias escondidas, que la ciencia se construye merced a un trabajo de
producción de conceptos enfrentando a los datos de la experiencia sensorial y a las con-
vicciones espontáneas.5
Podemos ubicar el problema epistémico al que se enfrenta todo aquel que busque defender
la psicología como una ciencia strictu sensu, puesto que debe de elegir un camino hacia el
cual debería ubicar su postura dogmática. La psicología se ha atiborrado de corrientes, ejem-
plo de ellas las siguientes:
• Estructuralismo: Movimiento dictado por el fisiólogo Wilhem Wundt, considerado por mu-
chos como el padre de la psicología proponiendo la investigación experimental de la psico-
logía. Se ubica su participación en cada uno de los procesos psíquicos y su posible explica-
ción fisiológica/anatómica.
• Condicionamiento: Hay al menos tres referentes fundamentales, los cuales son Iván Pávlov,
Frederic Skinner y John Watson. El primero siendo nuevamente fisiólogo centrando sus apor-
taciones en estudios salivales con perros y colocando el hito de la conducta como pieza de
estudio en la psicología.
• Psicoanálisis: Una multifacética engloba este conocimiento psi; por un lado, el psicoanálisis
se erige inicialmente como una rama de la medicina, o bien un método terapéutico. Sigmund
Freud medico neurólogo fundador de dicho movimiento explora un largo y perpetuo camino
hacia un nexo que puede y debe existir entre la psicología y el psicoanálisis.
• Humanismo: Siendo una de las primeras corrientes dictadas por psicólogos propios, Abraham
Maslow resulta ser pieza fundamental en este movimiento filosófico y psicológico, a la par
de Carl Rogers ubican el saber del ser-ente en su labor terapéutica y fenomenológica.
5
N. Braunstein, Psicología: ideología y ciencia, op cit. p. 7, Siglo XXI, 1983.
6
Ibid., p. 27.
65
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
y camino en diversas directrices. Ubiquemos los últimos puntos descritos por Braunstein, la
consciencia, y la conducta, al respecto de la primera colocamos lo siguiente:
La conciencia es utilizada para definir a todo lo demás, real o imaginario, pero ella,
en sí, escapa a toda definición […] Fijar […] como objeto de la psicología es al
mismo tiempo, según ya se indicó, ofrecer una propuesta metodológica para alcanzar
conocimientos sobre ese objeto […] aparece acá como una cosa o un recipiente que
tiene "contenidos". En ella se reconocen "funciones" y estas "funciones" de la con-
ciencia pasan a ser los temas de la psicología: sensación, percepción, atención, me-
moria, pensamiento, juicio, emoción, sentimiento, voluntad, etc.7
Por tanto, hallar un lugar inhóspito que busque distinguir un discurso enunciado hacia un
objeto, un análisis profano en el saber que pretende resolver, sugiere entonces anunciar otro
u otros objetos de estudios, ramas o funciones que pretenden validar y justificar sus acciones.
La psicología entonces atiende como tal a una necesidad de construcción, o bien, de decons-
trucción utilizada como una estrategia de emancipación con otros saberes para que dentro de
la contraposición de la construcción de consciencia, haya lugar para hablar del soma, cuerpo
inerte, hablante, sintiente, doliente.
“Freud en relación con las tesis de Descartes. Nada de ‘pienso, luego existo’. Por el
contrario: existo como cuerpo y, en tanto que cuerpo, tiendo al placer”8, siendo así que el
cuerpo se vuelve entonces uno de los otros objetos más estimados sobre el saber psi. Anun-
ciando una nueva forma de análisis controversial. Entiéndase por otro lado la forma en la que
colocamos el concepto de consciencia y ubiquemos los conceptos de las tópicas freudianas,
“Das Ich” la cual representa una pieza de la triada original de los conceptos del psicoanálisis,
acompañados a su vez de los otros dos registros “Das Über-Ich und Es”. Siendo entonces el
primer concepto y el que nos anuda al tema central es el yo:
Si bien, pareciera que se ha cimentado todo un estatuto claro al respecto del saber psi, la
verdad y la consciencia, mientras que el Yo antepone solamente un eslabón en la cadena del
saber psicológico. Si hallásemos incluso en la definición etimológica del nombre en sí, ubi-
camos este discurso fenomenológico hacia su simple traducción en función de una traducción
lineal.
La palabra “psicología” evoca hacía dos raíces: la primera interpone dos funciones
fáticas, por un lado, el concepto de alma, al cual alude más a un saber filosófico propio,
puesto que el concepto en sí no lucha con otras interposiciones posteriores y ayuda incluso
7
Ibid., p. 30.
8
Ibid., p. 32.
9
Ibid., p. 33.
66
El (falso) saber de la psicología en su teoría y praxis • BRIAN X
con conceptos similares, como psicopompo.10 Otra forma de interpretación de dicho saber
surge posterior a la labor platónica de traducción académica, conceptos como el soma cam-
bian por completo el concepto libre que surge subyugado a su composición, parafraseando a
Platón, “El alma y el cuerpo están unidos por accidente”, dando así en la función dispersa al
concepto de psique y soma, y colocando un nuevo concepto que sería posteriormente difun-
dido: Mente. Esa es la traducción dada posterior para tratar de justificar y validar un saber
estructurado; cuerpo y mente son ahora los ejes bajo los cuales se busca alimentar esta qui-
mera llamada psicología.
Ubicamos entonces por un lado la consciencia, el yo, la mente y todo concepto abs-
tracto que se ubique dentro del registro de lo real.11 Por ultimo y para efectos que aquí con-
vengan, colocamos el segundo vocablo, Logos, y para no alargar esta traducción e interpre-
tación lo colocaremos solamente como: Sentido, razón o discurso, lo cual ayuda a compren-
der mejor lo que buscamos situar.
Ahora bien, encontramos el nexo hacia la mente, la consciencia, das Ich en los con-
ceptos de Freud, pero, aquello que no se puede ver, medir u observar no se puede consolidar
por sí mismo como una ciencia. Para el efecto característico debe de cumplir los rubros que
ya hemos descrito, y es ahí cuando surge la conducta, el soma; en esta epistemología que
reúne más adecuaciones de lenguaje cientificista. “La ciencia no ‘encuentra’ su objeto;
lo ‘produce’ a través de un trabajo teórico. El objeto de la ciencia es, pues, un objeto formal
y abstracto, a diferencia de los objetos empíricos, concretos, de nuestra vida cotidiana”.12
Alzándose entonces de nueva cuenta otra vertiente del objeto psicológico como puede ser el
cuerpo, la conducta, movimientos o acciones, pasan a ser el nuevo objeto centrado de un
saber que busca ser legitimado a toda costa, busca adaptar su discurso a la letra de cada nuevo
saber.
Sin embargo, parece que no es necesario tal explicación ante la discusión constante
de Braunstein y su lucha imperfecta contra la psicología en-sí, “La psicología se da a sí misma
unos objetos, esos que ya enumeré, y pretende hacer de ellos la teoría arrojándose una cien-
tificidad por demás discutible”.13
La cultura pop ha adoptado el termino psicología para enmarcar una serie de conductas y
comportamientos validados. Ubica dentro de un entramado social la estructura psi como un
prefijo de control a masas, personas o cuerpos. Ya lo habría ubicado Michel Foucault con el
ejercicio de poder físico hacia los cuerpos; La biopolítica, o incluso Byung-Chul Han en su
descripción hacia el control de las masas, cuerpos y sujetos desde la praxis indolora aparente,
10
Fueron considerados seres mitológicos que tienen como función principal el conducir las almas de aquellos
difuntos hacia su respectivo camino, el cielo o el infierno. Al menos en México la similitud que guarda esta
figura sería con la del Xoloitzcuintle.
11
Si bien podríamos desarrollar más esta idea desde el Seminario XXII de Lacan R.S.I, para efectos de no
desviarnos más sobre el tema. Invitamos al lector al texto mencionado, o bien al Seminario De los nombres del
Padre, para efectos de darle un sentido más lacaniano al respecto.
12
N. Braunstein, Psicología: Ideología y ciencia, 1983, p. 41. Siglo XXI.
13
N. Braunstein, Psicología ¿no?, op cit. p. 29
67
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
surgiendo así el concepto de “psicopolítica”.14 El prefijo psi se ha utilizado para validar una
serie de discursos ontológicos, algo similar al uso del prefijo neuro para validar una serie de
proyectos, programas y demás utensilios que solo prometen y no encuadran a su saber.
A modo de no colisionar con los dos textos sugeridos Psicología: Ideología y Ciencia,
y Psicología ¿no?, y para esta consulta profana, ubicaremos un tercero, que si bien se anexa
solamente para continuar con el orden de discurso.
Hemos advertido que el saber de la psicología se ha desvirtuado a la venta de todos
y de nadie, en varios de los límites de su propio gremio, no es el caso fuera del mismo.
Al margen de la similitud que comparte la filosofía y la psicología podríamos retomar lo
siguiente:
[…] el puesto que en este momento ocupan la industria cultural, los místicos e ilumi-
nados, los terapeutas de bolsillo, los charlatanes del alma, los locutores de radio, los
cómicos y todo ese desfile de opinadores o doxócratas, es decir, de todos aquellos
que ejercen el poder de la opinión. Todos ellos participan del “boom” terapéutico que
pretender erigirse en la consciencia del sujeto actual. […].15
De ahí que cada uno con su cada cual elija un discurso que valide la barbarie con la que
pretende deformar la práctica psi en cada uno de los espacios donde se enuncie, diría con
platón: “Ya nadie se siente con la obligación de justificar lo que se piensa y lo que se dice,
como si todo y cualquier cosa valieran lo mismo”.16 Como todo lo que sale de la boca de los
seudo mentores del alma que elogian no sólo su labor hacia sus pacientes, sino más bien a
sus clientes. Tal criadero de puercos que solo engorda para usarlos posteriormente y sobrevi-
vir un poco más. Uno paga el alquiler, otro paga la cuenta del teléfono, y así consecutiva-
mente el discurso entonces engorda a quien nada tiene que ver, ya que, al parecer para ejercer,
ni siquiera es necesario estudiar, o en algunos casos conocer, como si todo aquel que con un
par de materias, cursos o diplomas tuviera lo suficiente para ponerse en la labor de la clínica,
celosos de trabajo, sedientos de poder, dinero y pobre reconocimiento, ¡pobres hombrecitos!
diría Wilhem Reich.
14
Si bien una forma de trasmutar dicho paralelismo sería a través del texto Psicopolítica. Neoliberalismo y
Nuevas Técnicas de Poder de Byung-Chul Han, otro texto fundamental que ayuda a comprender su contrapo-
sición hacia Foucault, sería La sociedad del Cansancio, que permite revisar una nueva forma de organización
dispersa o diferente a la sociedad punitiva/ disciplinaria: “La sociedad disciplinaria de Foucault, que consta de
hospitales, psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, ya no se corresponde con la sociedad de hoy en día. […]
La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento.” Han Byung-Chul, La
sociedad del cansancio, (2012) España, Ed. Herder, p. 25.
15
Gerardo Avalos, Ética y política |para tiempos violentos|, (2016), Ciudad de México, p.p. 25-26: […] Es todo
un síntoma de nuestra época que ese espacio […] lo usurpen los seudomaestros místicos de sabiduría, los libros
de autoayuda y superación persona, o ya en el extremo, lo locutores de radio y televisión: dan consejos de la
vida buena, desde dietas para adelgazar, hasta de cosmética, desde el régimen de ejercicios para lograr la figura
soñada, hasta la forma de comportamiento frente a la pareja, los hijos, los padres, los amigos, los compañeros
de trabajo, etcétera. Ed. Universidad Autónoma Metropolitana.
16
Manuel López, Tanatología contemporánea. Hacia una tanatología para el siglo XXI, (2023), Ciudad de
México, Ed. Alterarte, p. 36.
68
El (falso) saber de la psicología en su teoría y praxis • BRIAN X
de explicación: la palma hacia abajo y una oscilación que ora hace bajar el pulgar y
levanta el meñique, ora baja el meñique y sube el pulgar […] manteniendo siempre
la analogía de la interacción entre dos realidades diferentes como son el organismo y
su medio (la ameba y el charco). 17
Referencias bibliográficas
Ávalos, G. (2016). Ética y Política |para tiempos violentos|. México, Universidad Autónoma
Metropolitana.
Byung-Chul, H. (2012). La sociedad del Cansancio. España, Herder.
Braunstein, N. et al. (1983). Psicología: Ideología y Ciencia. México, Siglo XXI.
Braunstein N. (2023). Psicología ¿no? en Hernández, S. (2023) (coordinador). La psicología
contra sí misma. México, El diván negro.
López, M. (2023). Tanatología Contemporánea. Hacia una Tanatología para el siglo XXI.
México, AlterArte.
17
N. Braunstein, Psicología ¿no? op cit. p.p. 33-34.
69
El Psicoanálisis como Praxis Espiritual
JOSÉ ANTONIO OREJEL ALVAREZ
A
partir del diálogo de Jean-Luc Nancy con Jean Allouch sobre el concepto de lo
“espiritual” como afín a lo “inconmensurable”, es imperativo que nos situemos
dentro de los límites de su definición. Este término se utiliza para indicar aquello que
no se puede medir, calcular o cuantificar. En este sentido, resulta concebible comparar
“lo inconmensurable” con el florecimiento del espíritu y con la edificación de una verdad
singular, que el sujeto inventa a través del dispositivo clínico en psicoanálisis.
Por otra parte, Jean-Luc Nancy vincula al “espíritu” con la relación [rapport]. A pro-
pósito de “no hay relación sexual” [“Il n’y a pas de rapport sexuel”],1 refiriéndose a que la
relación sexual es la relación espiritual; es lo espiritual mismo. La relación con lo inconmen-
surable quiere decir la relación propiamente con el espíritu. En ese contexto, es viable atre-
verse a añadir a ese punto una noción que consiste en la fabricación de una relación espiritual
con el lenguaje. Porque el lenguaje actúa como un marco tanto para la conceptualización, la
referencialidad y la subjetivación. Así, el lenguaje nos encadena a las normas culturales a
través de una política que abarca el cuerpo, la vida y los placeres.
Antes de nuestro nacimiento, el lenguaje, como constructo simbólico, ya nos en-
vuelve y, de acuerdo con una serie de disposiciones socioeconómicas y contextuales establece
puntos de referencia que trazan nuestra existencia.
Las coordenadas que dominan nuestras estructuras sociales son a menudo aquellas
que han sido impuestas por historias de hegemonía y se caracterizan por un conjunto de
saberes eurocéntricos cuantificables, estandarizados y coloniales. En este marco, tal como
Mladen Dolar establece, existe una dimensión “simbólica” no-subjetiva de la cual el sujeto
1
Cfr. Espiritual ¿El psicoanálisis? Diálogo Jean Allouch – Jean-Luc Nancy. Reflexiones Marginales. Recupe-
rado el 23 de noviembre de 2023, de Reflexiones Marginales: [[Link]
[Link]/blog/2021/11/29/espiritual-el-psicoanalisis-dialogo-jean-allouch-jean-luc-nancy/#_edn1] Traducción:
Patricia Garrido Elizalde.
70
El Psicoanálisis como Praxis Espiritual • JOSÉ ANTONIO OREJEL ALVAREZ
La transferencia surge necesariamente a partir del discurso que se dirige al Otro; está
inscrita en la dimensión básica del lenguaje. Esta es la función que Lacan denominó
posteriormente como el ‘sujeto supuesto saber’. La transferencia, entonces, se mani-
fiesta inicialmente como la apertura del inconsciente; es la forma en que la ‘regla
fundamental’ desencadena un flujo de ‘asociaciones libres’, generando el subsi-
guiente proceso de recordar, repetir y reelaborar lo reprimido. El Otro, a quien se
dirige este flujo de palabras, está presente en la figura del analista, como el destina-
tario supuesto de los mensajes del inconsciente: los síntomas y los sueños.3
Siguiendo esta línea de razonamiento, cabe señalar también la relevancia del texto de Freud
de 1890 sobre el tratamiento del alma4 en el contexto del psicoanálisis.
En ese escrito, Freud le apuesta al recurso de la palabra, confiándole los efectos fun-
damentales del tratamiento anímico, dado que el lenguaje funciona como vehículo para la
articulación de las sensaciones, afectos y representaciones. Además, su ejercicio, habilitación
y empleo dentro del dispositivo clínico puede tener impacto en la condición física de un
individuo, ya que el ejercitar espiritualmente los procesos del aparato anímico respecto a la
traducción, transcripción y transliteración5 de percepciones, representaciones y energía li-
bidinal también modifican los sistemas fisiológicos.
Podría decirse que el atravesamiento de la fantasía en un análisis, además de posibi-
litar una reedición de la vida erótica, viabiliza una descolonización de la gramática que nos
constituye, específicamente, en nuestro contexto, lo concerniente al legado indoeuropeo,
latino, romano y todas las implicaciones religiosas asociadas a estos constructos lingüísti-
cos, incluyendo la noción de lo espiritual; ahora en este diálogo despojado de la noción de
Dios soberano.
Aquí nos permitimos acudir a los argumentos de Epicuro:
2
Dolar, M. Uno Se Divide En Dos. Más Allá De La Interpelación (2017), p. 233.
3
Ibidem.
4
Cfr. Freud, S. (1890). Tratamiento Psíquico (tratamiento del alma). En J. L. Etcheverry (Trad.), Obras Com-
pletas de Sigmund Freud: Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Freud (1886-
1899) (Vol. 1). Amorrortu Editores.
5
Cfr. Allouch, J. (1984). Letra por Letra. Traducir, Transcribir, Transliterar. EPELE.
71
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
No es impío el que niega los dioses de la mayoría sino el que les atribuye a los dioses
las opiniones de la mayoría. Pues sus afirmaciones acerca de los dioses no son pre-
nociones sino suposiciones falsas. De ahí que los más grandes daños procedan de los
dioses, y también los beneficios. Pues, al estar continuamente consubstanciados con
sus propias virtudes, ellos acogen a los que les son semejantes y a todo lo que no es
de tal condición lo consideran como ajeno.6
Autorizarse para hablar libremente y escucharse, hace posible profundizar sobre las imposi-
bilidades de “Lalengua”7, superficie en la que se engendran marcas de escritura que fulguran
como destellos entre significantes. Se trata de la poética que según Jean-Luc Nancy, “permite
dejarse abrir justamente a lo inconmensurable”.8
Por lo tanto, la escritura poética es una forma de resistencia que en términos de Fou-
cault se propone como un ejercicio de desubjetivación “en el campo estratégico de las rela-
ciones de poder”,9 ya que ésta resulta una ruta para impugnar la idea de discursos universales,
ideales o totalitarios.
La escritura poética en análisis resulta de los tropiezos y fracturas de saber; espacios
donde el espíritu resurge desde los bordes del agujero ontológico de lo real; permitirse existir
desde las coyunturas, hiancias y aperturas que lo imposible del decir engendra.
De acuerdo con Jean-Luc Nancy “El existente es una abertura. ¿Abertura hacia qué?
Abertura hacia nada. […] Si no hay bordes, no hay abertura. Decir los bordes, es decir la
finitud, es decir la mortalidad, la singularidad, etc”.10
En ese sentido el espíritu de lo singular surge de las fracturas narcisistas, territorio
donde se engendran los bordes de las fisuras del saber Yoico que nos constituye; el ejercicio
analítico como un espacio donde el espíritu inaugura el sendero a la verdad “alétheia” que
en palabras de Heidegger define como: “Algo verdadero es algo no oculto”.11
Descubrir la finitud de la vida en aras de vivir auténticamente; en términos de Epicuro
“Piensa que es mejor ser desafortunado sensatamente que afortunado insensatamente, pues
en las acciones es preferible que la decisión correcta no sea realzada por la fortuna a que lo
sea la incorrecta”.12Arriesgarse a vivir, para procurar morir con dignidad.
Apostamos por un tratamiento espiritual de la existencia. Este es un ejercicio en el
que la sabiduría se sirve de la tecnología de la palabra como fundamento, vínculo, resistencia
y habilidad para soportar de manera nominal la fragilidad de la existencia. La poética, cuando
se vincula con la política, genera disidencia y emancipación en la praxis. Se trata de una
6
Cfr. Epicuro, citado en Balzaretti, Boeri, & Facultad de Humanidades y Artes de Rosario, 2000, p. 113.
7
Lacan acuña el término lalangue para designar aspectos no-comunicativos del lenguaje que, jugando con la
ambigüedad y la homofonía, generan una especie de goce. Cfr. Evans, Dylan. Diccionario introductorio de
psicoanálisis lacaniano. Buenos Aires. Paidós. 2015. p.117.
8
Cfr. Espiritual ¿El psicoanálisis? Diálogo Jean Allouch – Jean-Luc Nancy. Reflexiones Marginales. Recupe-
rado el 23 de noviembre de 2023, de Reflexiones Marginales: [[Link]
[Link]/blog/2021/11/29/espiritual-el-psicoanalisis-dialogo-jean-allouch-jean-luc-nancy/#_edn1] Traducción:
Patricia Garrido Elizalde.
9
Foucault, M. (1976). Historia de la sexualidad I. La voluntad de saber. Siglo XXI. p. 116.
10
Cfr. Espiritual ¿El psicoanálisis? Diálogo Jean Allouch – Jean-Luc Nancy. Reflexiones Marginales. Recu-
perado el 23 de noviembre de 2023, de Reflexiones Marginales: [[Link]
[Link]/blog/2021/11/29/espiritual-el-psicoanalisis-dialogo-jean-allouch-jean-luc-nancy/#_edn1] Traducción:
Patricia Garrido Elizalde.
11
Heidegger, M. (2007). De la esencia de la verdad. Herder. Barcelona, p. 21.
12
Epicuro, citado en Balzaretti, Boeri, & Facultad de Humanidades y Artes de Rosario, 2000, p. 125
72
El Psicoanálisis como Praxis Espiritual • JOSÉ ANTONIO OREJEL ALVAREZ
(Po)ética del decir, hacer, morir y nacer. De esta forma, a partir de la deconstrucción del Yo,
adviene un ente ético, político y estético.
En el ejercicio analítico, al desmantelar la idea del “Yo” como entidad unificada,
individual y esférica, tanto la emancipación como la disidencia emergen a partir de la muerte
del Yo como dispositivo hegemónico de la existencia, cuyo correlato es heredado del sistema
político-económico imperante.
Las construcciones en análisis,13 generan nuevas formas de traducción de pensa-
miento que se reflejan en nuestras prácticas cotidianas. Esto implica tramitar, habilitar y me-
tabolizar todo lo relacionado con la hegemonía de los discursos dominantes, creando una
praxis espiritual que orienta nuestros actos, referencias y representaciones de la vida.
Desde esta perspectiva, es posible ampliar los dispositivos clínicos; ya no solo limi-
tándose al diván, sino que la práctica de la poética como una política existencial; viabiliza
descubrir otras formas de legitimación que no se limitan al análisis en un dispositivo analí-
tico. Sino que se vinculan con la experiencia estética producida a partir de lo comunitario.
Se busca poetizar los discursos del amo, utilizando el poder para prescindir de él:
Estamos explorando una sabiduría que busca hacer consciente la precariedad humana y la
fragilidad del Yo. Es decir, al estar advertidos de las ilusiones del Yo como una entidad ínte-
gra, total y absoluta, se nos insta a cuestionar estas múltiples identificaciones que nos han
subyugado en aras de existir. Según Epicuro, en sus propias palabras:
Pues, ni las borracheras ni las continuas juergas ni los goces con adolescentes y mu-
jeres, ni los pescados ni demás manjares cuantos ofrece una mesa suntuosa generan
la dulzura de la vida, sino el sobrio razonamiento capaz de indagar las causas de toda
elección y evitación y capaz de desechar las opiniones a partir de las cuales la más
grande inquietud se adueña de las almas.15
Desde el punto de vista del pensamiento freudiano, desligarnos de las identificaciones del Yo
en el marco de la economía libidinal fragmenta la noción de un ser completo y acabado.
Reconocernos a través de las fracturas narcisistas, nos impulsa a la búsqueda de una nueva
manera de subjetivarnos ante el mundo, donde la disposición libidinal esté íntimamente
13
Sigmund Freud, “Construcciones en el análisis”, en Obras completas, vol. 23, trad. José Luis Etcheverry
(Buenos Aires: Amorrortu, 1986), 260.
14
Cfr. Espiritual ¿El psicoanálisis? Diálogo Jean Allouch – Jean-Luc Nancy. Reflexiones Marginales. Recu-
perado el 23 de noviembre de 2023, de Reflexiones Marginales: [[Link]
[Link]/blog/2021/11/29/espiritual-el-psicoanalisis-dialogo-jean-allouch-jean-luc-nancy/#_edn1] Traducción:
Patricia Garrido Elizalde.
15
Epicuro, citado en Balzaretti, Boeri, & Facultad de Humanidades y Artes de Rosario, 2000, p. 123
73
ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
conectada con una nueva lógica de la erótica, la política y la poética, y así, asumirse con
finitud para arriesgarse a sostener un deseo en vida.
Esta nueva forma de subjetividad se alinea con lo que Epicuro decía en su carta a
Meneceo:
Acostúmbrate a pensar que la muerte no es nada para nosotros, ya que todo bien y
todo mal reside en la sensación, y la muerte es privación de la sensación. El recto
conocimiento de que la muerte no es nada para nosotros hace gozosa la condición
mortal de la vida, no por añadirle un tiempo ilimitado, sino por suprimirle el deseo
de inmortalidad.16
Basándonos en las reflexiones previas, podemos considerar que en una vida donde se asume
la carencia ontológica, se cuestionan los saberes hegemónicos, universales y cuantificables
que le han constituido. Y, además, se han fragmentado las narrativas heredadas, firmemente
arraigadas en una mitología familiar. Tal vez, en ese contexto, es posible edificar una espiri-
tualidad similar a la que propone Jean-Luc Nancy sobre la noción de ‘sorge’ de Heidegger,
que en alemán significa ‘cuidado’. Este término, que Heidegger retoma de un poema latino
tardío, hace referencia al personaje ‘Cura’.17
Es importante señalar que esta “cura” no se vincula con el resguardo de sí mismo, en
el sentido de permanecer protegido en un flatulento narcisismo neoliberal. En cambio, se
trata de abrirse a la transitividad de la vida; lo que implica “poner en juego mi ser”, como
menciona Nancy en su intercambio dialógico con Jean Allouch. Y agregaría, poner en juego
miser(ias), fallos, yerros y carencias del ser. Cuestionar al narcisismo ahí donde se edifica y
sustenta; pillarle ahí en su Otro-referencialidad.18
Al concebir al psicoanálisis como un ejercicio espiritual, lo alineamos con el plantea-
miento de que el psicoanálisis es también un ejercicio de escritura. De esta manera, el reco-
rrido analítico va delineando las coordenadas textuales de una lógica de la fantasía, y ubi-
cando las permutaciones respecto a obtener un lugar narcisista frente al Otro.
Durante un análisis, las ilusiones yoicas se desmantelan y se reconfiguran constante-
mente, dando lugar a una nueva forma de erotismo. Orientado a la construcción de un pasaje
hacia una erotología inédita que surge “del análisis hecho ante y por alguien (el analista) al
autoanálisis, lo que para terminar pone a cada uno en una posición, si no idéntica, al menos
cercana a la inaugural de Freud”.19 Esto implica la adopción de una dialéctica libidinal iné-
dita de los placeres, las identificaciones, las referencias y por ende la existencia misma. A
propósito de [“Il n’y a pas de rapport sexuel”], refiriéndose a la relación con lo inconmensu-
rable, con aquello que está más allá de toda medida lo cual es, en esencia, la relación con el
espíritu mismo.
Pasar del “In come men sureable” [trad. Vienen hombres seguros] aferrados, al ser y
al estar incautos sobre ideales sostenidos en referencias inertes. Al paso por lo
16
Epicuro, citado en Balzaretti, Boeri, & Facultad de Humanidades y Artes de Rosario, 2000, p. 113
17
Cfr: Heidegger, M. (s.f.). “La confirmación de la interpretación existencial del Dasein como cuidado por
medio de la autointerpretación pre-ontológica del Dasein” §42, en Ser y Tiempo, p. 219.
18
Hemos introducido este neologismo para indicar que el narcisismo se fundamenta en la percepción de Otro y
todas sus identificaciones se derivan de imágenes especulares. El desafío radica en cuestionar al narcisismo allí
donde se edifica y se sustenta, sorprendiéndolo en su referencia constante al Otro.
19
Jean Allouch, El psicoanálisis, una erotología de pasaje, trad. Silvio Mattoni (Córdoba: Edelp, 1998), p. 22.
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El Psicoanálisis como Praxis Espiritual • JOSÉ ANTONIO OREJEL ALVAREZ
inconmensurable; a la deriva de lo pulsional; tal como lo señala Allouch al final del diálogo
con Nancy hasta “Arrojar al analista, desecharlo, al igual que cualquier otro amo. Conver-
tirlo en trapeador y aventurarse a ser arrojado al mundo.” A la deriva marítima de lo pul-
sional, no sin antes haber trazado rutas en la cartografía que comanda lo singular del deseo
humano.
75
Fragmentos de un diario de vida en el encuentro
con la desaparición de las otredades pensadoras
JORGE GÓMEZ MANCERA
L os seres humanos tomamos los hechos desde una temporalidad consensual, son
hechos por el marcaje del tiempo. Ellos, desde luego, consiguen forjar la consigna de
su nombre: hacen.
Los hechos, que solo pueden ser humanos dentro el campo de nuestra entendida sub-
jetividad, son los que marcan la epidermis del acontecer consensual social e individual. Si
bien, los seres humanos tenemos un campo de libertad, estamos siempre hechos de hechos.
La subjetividad contemporánea de muchas y muchos, ha estado marcada por el campo
cultural, las academias, las discusiones y los movimientos sociales, las disciplinas del queha-
cer social, los psicoanálisis, el arte, la literatura, y la poesía.
Así los hechos sociales, son más que una identidad desperdigada en palabras, son
parte de la epidermis de una subjetividad alcanzada por las llamas del decir, el sentir y el
pensar del otro; por ello nuestras subjetividades están también hechas de carbono. Si nos
pudieran hacer una prueba del carbono-14, aparecerían las huellas indelebles de aquellas
llamas de subjetividad carbónica; aunque cabría decir, no son llamas que consumen, son lla-
mas que consuman hechos, llamas que con-suman subjetividades.
76
Fragmentos de un diario de vida en el encuentro… • JORGE GÓMEZ MANCERA
Henos aquí en este recorte (ciclo) de hechos1 del fin del 2022 a principios del 2024.
La palabra pertenece a multiplicidad de subjetividades. Y son ellas las que me hacen
pensar, me hacen sustentar, me cobijan al pensar; pero me abrigan al decir-pensar, para lan-
zarme de nueva cuenta al torbellino del pensamiento.
René Lourau, el sociólogo francés, me ha seguido invitando a practicar la diarística,
a trabajar con el análisis de las implicaciones (esto no es lo que haré exactamente aquí); y
aclaro que no fue una relación directa con este pensador la que me sube hacia aquel carril,
sino fue la danza de sus alumnos y continuadores de su pensamiento, quienes me invitan a
seguir esa ruta: Roberto Manero, Gregorio Kaminsky, Fernando González y Raúl Villamil
(para mí sobre todo el primero y el último como profesores de formación en psicología). A
últimas fechas re-rescato la diarística louraniana, en varios trechos, que anudo con la hoy
denominada autoetnografía, y con mis apuntes reflexivos, que utilizo como parte de mi sen-
tir-pensar-intervenir en el área psicosocial.
Dispensen… este trozo de letras, es solo un fragmento de mis diarios… Hoy además
de pensar lo social, me dedico a la psicoterapia, y que creo dedicarme al psicoanálisis…
1
Colocaré en negritas, a los seres humanos que recién fallecen, y que le han brindado una contribución a la
cultura, a la ciencia y a los interventores sociales, desde una franca acción y un franco pensamiento. Del mismo
modo, resaltaré algunas frases o palabras que resulten importantes, como un modo de otorgar una lectura di-
dáctica.
2
Ese que apenas está afuera de la atmósfera, y aprovecha el halo de energía, que abduce y conduce energía
para sabernos demarcados en un campo magnético-terrenal.
3
Eso me sucedió con Mario Bunge y Claude Levi-Strauss. Conocí que aún vivían casi al encontrármelos; ello
se debió -en parte-, a que fueron personas bastante longevas.
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ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
78
Fragmentos de un diario de vida en el encuentro… • JORGE GÓMEZ MANCERA
algunas familiares; y debo decir, cuando entro a su apartamento, parece que también co-
mienza a rodarse aquella película).
Al ingresar a la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-X). De pronto me hallé
buscando el área de teatro de la uni; iniciaba mi carrera en psicología, y sin más, me encontré
a un hombre acomodando basura en un recién abandonado salón teatral, con energía, con un
ceño fruncido, pero cálido en su expresión facial. Dispuesto ese día como ningún otro, a
explicar lo que hacía ese taller de teatro, me habló directo como si se tratase de una persona
conocida, y yo a su vez, sentía que lo conocía de toda la vida.
Nunca más lo volví a ver en esa actitud de cuasi-par-universitario; no es que luego
uno se encontrara con otro ser en esa gran faceta de cordialidad y bienvenida, en diferentes
ensayos teatrales; solo que, específicamente para mí, esta primera charla, significó un en-
cuentro con el Otro-Bonilla.
Debo decir, para entonces dentro de la universidad, la crítica a lo que entonces en-
tendíamos como “el sistema” (Estado, mundo capitalista, economía de guerra, medios ma-
sivos de comunicación, etc.), la encontraba dentro del salón de clases (con su propuesta
uamera de sistema modular) pero, también fuera del aula, precisamente en posturas como las
de Bonilla. Mi paso por ahí, trató de un experienciar diferentes disposiciones corporales, que
me permitían entender algo más de lo que era el teatro y, sobre todo, me permitían enterarme
de algo más de lo que era mi cuerpo. Bonilla era un ser todo jugado en una escena, todo
jugado en su postura política; para mí, por ello, no solo fue un encuentro para la dinámica de
teatro (que nunca hice), sino antes, se trató de un verdadero encuentro humano… pocas ex-
periencias subjetivas como aquella.
En un lapso de tres meses, estos icónicos actores se habían marchado. Haciéndose
verdaderos personajes; porque no solo el arte se queda en sí mismo, también hace al pensa-
miento, a la reflexión y a la cultura.
Estos hombres se marchan en un lapso de constantes “partidas”, aún dentro del con-
texto de la pandemia. Un octagenario y un nonagenario, se cruzan en lo que hemos creído
como el coletazo de la pandemia de covid-19 (Gómez, 2024a).
Para ese mismo momento, entre fines del 2022 y principios del 2023, circulaba por
diferentes vías cibernéticas de chat entre psicólogos, psicoanalistas y científicos sociales; un
emotivo y potente mensaje de despedida de la vida y de aproximación al existir, por parte
del brillante psicoanalista Néstor Braunstein. En particular, tuve la gran oportunidad de ha-
cer un homenaje-catarsis a Néstor, con un artículo, a los tres meses de su fallecimiento (Gó-
mez; 2023). Este gran psicoanalista y pensador, nos hacía una larga invitación al encuentro
con la vida, mostrando algo que incluso, excede al nombre de valentía delante de la muerte.
Optaba por la eutanasia (como en algún momento lo hizo Sigmund Freud), aunque particu-
larmente nuestro Néstor, optaba por la eutanasia auto-asistida.
Para continuar hablando de él, prosigo con mis andanzas de formación. Cuando como
párvulo de la psicología me encontré con Néstor la primera vez, creo que fue en la UNAM;
me encontraba ávido de conocer diferentes formas de uso del psicoanálisis (y de hecho, en-
tender también, qué caramba era eso). Asistí a una de sus conferencias, y me acerqué a él. La
recepción fue idéntica a la de López Tarso y Bonilla; afable, dispuesto y bien plantado en su
decir; esto último era lo que me arredró un poco, pues yo no solo era un neófito en el psicoa-
nálisis, sino un novato en la psicología y las ciencias humanas. Por ello intentaba beber agua
de donde pudiese para comprender lo que ya consideraba mi disciplina (a pesar de ya estar
inmerso dentro de ella, y no saber en dónde estaba parado); Néstor me incitaba a entender lo
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ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
no inteligible, pero me atemorizaba el campo teórico por conocer; ya que su decir, alcanzaba
mi comprensión, pero en otro trecho, la excedía.
Las asistencias a sus conferencias y encuentros de pasillo, me hicieron conocer mu-
chas rutas analíticas, que solo pude clarificar mucho más tarde. Por momentos, el escuchar
algunas teorías analíticas me daba la impresión de escuchar distintos quehaceres, y no una
disciplina en particular. Entrar a conferencias como las de Roberto Castro (donde no entendía
literalmente nada), de José Perrés, de Enrique Guinsberg, de Heli Morales, de Daniel Gerber,
de Néstor Braunstein, o la diada de Celia Lieberman y Norberto Bleichmar; resultaba como
navegar en diferentes horizontes de pensamiento. No comprendía por qué se podía hablar de
modos tan diversos en un mismo campo disciplinar.
Al tiempo, se vivían diferentes horizontes de pensamiento dentro de la formación
universitaria. Permanecía aún el marxismo en sus formas pretéritas, que se cimbraban con
ecos de diferentes movimientos, y que no dejaban de insistir en las universidades (nueva-
mente el eco del 68, era potente). Nietzsche, Marx, Engels, los personajes históricos que “se
debía” conocer, y seguían surgiendo otros conforme me iba formando, Max Weber, Norberto
Bobbio, Bovero, Guevara Niebla, Rosario Castellanos, Simone de Beauvoir, Duverger, De-
vereux, Morin, Moscovici, Castoriadis, Levi-Strauss, Tarde, Schütz, Deleuze, etc., …y sí,
dos filósofos clásicos, que desde siempre me han hecho preguntas, y que sigo sin responder:
Kant y Hegel… y también,… un extraño sujeto que no entendía siquiera si su nombre era
Jaques Lacan.
Mientras, por otro lado, asomaba un insistente, un pensador que llegó muy temprano
a mi lectura de adolescente, casi por accidente; fue a través del comentario disperso de un
profesor de la preparatoria. El que por cierto me reprobó (suspendió) por no acudir al exa-
men final de Literatura Universal, debido a que justo, el día anterior, al regresar de presentar
mi primer examen final de salida del bachillerato, al entrar a casa, mi abuela fallece de un
paro cardiaco delante de mí y de mi hermano mayor…
Nunca más se iba a morir mi abuela… ¡¿qué iba a estar yo acudiendo al día siguiente,
a un burocrático examen final, si experimentaba el primer fallecimiento de un ser humano
con el que había departido toda la existencia?!...
Aun así, me dejó la cosquillita aquel comentario sobre Vigilar y Castigar, y sí, tam-
bién me dejó un ruidito aquel raro apellido francés, para un adolescente sin convivencia con
la lengua francesa, era curioso ese Fucó, delante de su nombre franco-fono: Michel Foucault.
Un autor que sí, para mi recorrido universitario fue un insistente, que se volvió un
existente completo en mi vida. Los cuestionamientos foucaultianos llegaron por la ruta del
saboreo de pensamiento, y no por la exigencia escolarizada; y después paradójicamente, al
volverse una demanda universitaria, pudieron ser solo puro degusto de pensamiento.
Debo decir, Néstor Braunstein no hablaba propiamente de Foucault, pero al escu-
charle hablar, por momentos, yo opinaba que verdaderamente hablaba de modo muy seme-
jante a él; así que no entendía por qué tenían un idioma tan diferente. Aquel entrecruce de
impresiones, lo pude plasmar, hasta justo treinta años después en el artículo de homenaje al
pensador nacido argentino (Gómez, 2003).
Braunstein era un personaje por sí mismo dentro del psicoanálisis latinoamericano, y
después, también un personaje mucho más allá de aquellas fronteras. Como ya he comentado
en otros espacios, la migración argentina en tiempos de la dictadura brindó una riqueza
intercultural importante, que derivó en francas corrientes de pensamiento. En México esta
riqueza posee aún muchos rostros particulares.
80
Fragmentos de un diario de vida en el encuentro… • JORGE GÓMEZ MANCERA
Psicología, ideología y ciencia (2006); fue un texto que, gestado a cuatro manos
(Braunstein, Saal, Pasternac, Benedito), sigue fungiendo como un documento de interpela-
ción para quien desee preguntarse por el destino de nuestro pensar-hacer de las ciencias
sociales. La ideología en su participación para el hacer ciencia, y en particular para el
hacer ciencia social, sigue siendo una de mis grandes inquietudes. Los planteamientos
de Braunstein fueron decisivos para insertar interrogaciones a la ciencia, la psicología y el
psicoanálisis.
Braunstein creó una ruta de pensamiento, erudita, pero mesurada. En algún trecho
pudo haber gestado una escuela de pensamiento. Desde la ruta marxista, lacaniana o freu-
diana, pudo haber gestado escuelas que invitasen a la ortodoxia braunsteiniana, pero no fue
así; solo se encargaba de gestar grandes interrogaciones y reflexiones de pensamiento. Algu-
nas de mis rutas de entrada a Lacan sí fueron a partir de los textos de Braunstein, y muy
por la vía uamera. Leí a muchos lacanes. El braunsteiniano fue difícil, aunque potente. Y
encontré otras formas después, por la vía didáctica de mi primera y querida supervisora Silvia
Radosh Korkidi; y más adelante, quizá por un Lacan muy particular, al leer a Heli Morales
(a pesar de las interrogaciones incesantes que realizan muchos psicoanalistas, a su forma de
pensar al psicoanalista francés).
Considero que sin la lectura de Braunstein y sus contemporáneos, no se hubieran
abierto brechas que pensaran elementos teóricos, como el término subjetividad (en Latinoa-
mérica), o las premisas de reflexión sobre el género (incluso antes que tuviesen la denomi-
nación de teorías de estudio de género) que interrogaban a la cultura, a las ciencias sociales,
y desde luego que, en primer lugar, al psicoanálisis. Las reflexiones de Frida Saal, bastan
como mínima referencia. Aquellas reflexiones se dieron en grupos pequeños, y desde tertu-
lias de colegas, hasta estructurados grupos operativos (ese dispositivo surgido de la propuesta
del psicoanalista inicialmente kleiniano: Enrique Pichon-Rivière).
Aquello que eran las interrogaciones al “sistema” dentro de la universidad, como explicaba,
derivaban de la ruta marxista, y desde luego, del hartazgo (en México) por la insistencia en
una “democracia” priísta. Muchas universidades tendían a pensar en rutas entonces conside-
radas izquierdistas en medio de la salida de la guerra fría (cabe decir, hoy en México ya no
hay oposición, y debemos preguntarnos en qué momento se disolvió la izquierda, o si real-
mente existió en algún instante; así como sucedió en otras partes del mundo).
Había muchas maneras de pensar el Imperialismo yanqui, que tendería a volverse una
dinámica que hoy reconocemos como globalización, y que pudimos nombrar desde el pro-
ceder neoliberal. Hoy a mí me apetece pensarlo con la terminología de lo capitalístico, deri-
vada de las teorizaciones guattarianas (en particular desde la voz de Suely Rolnik; 2021).
Los movimientos latinoamericanos opositores al imperialismo norteamericano, no
solo eran teoría, sino que eran hijos de las experiencias latinoamericanas: dictaduras chilena,
argentina, brasileña, el sandinismo, la fórmula de sendero luminoso en Perú, y del embargo
económico a Cuba (en Colombia, se sembraba estratégicamente la dinámica de producción
de narcóticos, incitada por la prohibición al consumo, propuesta por Richard Nixon en Esta-
dos Unidos; que conllevaba su inherente venta de armas -estratégicamente producidas- para
Sudamérica; ver Astorga, 1996; Escohotado, 1999; J. Asensi insistía mucho en este punto).
México se presentaba como un lugar que daba cabida a partisanos, a opositores en sus propios
países, y a población civil que buscaba “salvar el pellejo”. Sin embargo, aquello, ocultaba
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ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
también la política corrupta interna de un partido que se afincó setenta años en el poder, sin
matices de oposición democrática, que lograban silenciar a voces disidentes, por medio de la
fuerza, y gracias al uso estratégico de medios masivos de información (prensa, radio y tele-
visión); al tiempo que se gestaba la economía nacional desde una camisa de fuerzas produ-
cida por la tan cacaraqueada “deuda externa” [que azotó a todo Latinoamérica, y que sigue
teniendo sus consecuencias hasta el día de hoy; en México, la cuestión de la deuda externa,
dio oportunidad al engaño a la población por parte del salinato -1988 a 1994-, que invitaba
a pensar en “la salida” de aquella deuda, y entrar en una dinámica de “primer mundo” (y
paradójicamente, el hoy saliente presidente de izquierda, afirma que “tenemos una atención
de salud de primer mundo”… Considero que hablar en demasía, puede llevar a los políticos
a contradicciones básicas entre su decir y la propuesta política que dicen representar)].
La universidad se presentaba -en esa época- como un lugar privilegiado para gestar
pensamientos disidentes o que se marquen en resistencia. Ahí tenían cabida las voces que se
gestaron en Francia, como Deleuze, Guattarí o Foucault (el mayo francés tenía una forma de
irrupción; mientras en México y América Latina, presentaba unas derivas tan particulares que
marcarían una época de resistencia). Latinoamérica tenía sus propias luchas y había gestado
sus formas de gestar pedagogía alterna, al estilo de Freire, que interrogaba la denominada
educación bancaria, que era aquella solo entendida como dinámica vertical (influían en él
las teorizaciones marxistas sobre la dinámica de poder; en este caso particular, la idea de
poder será interrogada por las formulaciones de Foucault. Podemos decir, que a partir de su
propuesta se podrá hablar también, de un poder que circula, más allá de un funcionamiento
evidente, con su inherente conformación vertical u horizontal).
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Fragmentos de un diario de vida en el encuentro… • JORGE GÓMEZ MANCERA
Mientras en América, a principios del siglo XX, aún se proseguía con dinámicas post-
revolucionarias (reformas de sus propias formas de funcionamiento, posteriores a las inde-
pendencias), lucha contra el sometimiento económico imperialista de Estados Unidos y Eu-
ropa; para más adelante, experimentar dictaduras, rebeliones, y protestas delante de condi-
ciones inhumanas (de aquello que en algún momento fue llamado como tercermundismo).
Algunos pensamientos, surgen de verdaderas resistencias, y no solo de reflexiones
teóricas de escritorio. En este ciclo de fallecimientos que revisamos, aparecen tres grandes
nombres, que sería injusto enunciar en orden de importancia. Me parece que los tres, estaban
empapados o formaban parte, de la circunstancia de resistencia en el contexto europeo; al
tiempo que participaban profundamente del acontecer latinoamericano y de sus propuestas.
Hablo de Alain Touraine, Toni Negri (desde las luchas concretamente europeas); mientras
en Latinoamérica y en concreto México, hablamos de uno de los forjadores de la Teoría y
Filosofía de la liberación: Enrique Dussel.
Se agrega de modo inmediato, por su diálogo con ellos, también el non grato falleci-
miento de Gianni Vattimo, quien no resultó para mí -antaño-, de una cercanía tan ancha
como la de los autores mencionados.
Nuevamente me otorgo el permiso (recuerdo el inicial formato diarístico) de narrar
un encuentro con Vattimo en Barcelona. Un pensador en la extensión de la palabra; con po-
sibilidades de diálogo con los otros, dispuesto a diversas preguntas (como alguna vez pude
mirar también en Butler, Žižek, y Badiou; o a quienes de modo gustoso respondían incluso
en diferentes idiomas; como el caso de unos muy mayores Mario Bunge y Zygmunt Bauman).
El acercamiento con Vattimo, con formato algo más casero, generado por las universidades
de Barcelona y de Girona; permitía desde el debate sobre la posmodernidad y el tema de los
medios de comunicación (que incluso, desconozco si la idea contemporánea de la sociedad
de la transparencia de Byun-Chul Han, le perteneció más bien en su génesis a Vattimo). La
dinámica afable de Gianni Vattimo, no dejaba al tiempo su carácter político, incluso al tocar
temas de otro campo de mi interés, como las temáticas de género y homosexualidad (sin
entrar en el detalle LGBT+). Y a pesar de encontrarme en ese momento cercano a temáticas
heideggerianas al cursar el doctorado en filosofía en la Universidad Autónoma de Barcelona
(UAB), y siendo asesorado por un especialista en el joven Heidegger, no pude mantener una
conversación en ese camino (era parte de mi interés; y desde luego, poder dialogar también
sobre alguno de los autores que no dejarán de ser una gran inquietud en mi vida, como es el
caso de Friedrich Nietzsche; el encontrarme delante de Vattimo, era toparme con un gran y
verdadero conocedor de éste, de uno de los considerados “maestros de la sospecha”; al lado
de Freud y Marx, como los bautizara Paul Ricoeur).
A los primeros europeos mencionados, no tuve la oportunidad de conocerlos perso-
nalmente; pero ellos sí fungieron como verdaderas sacudidas a nivel personal, mucho más
fuertes que la mencionada anteriormente. Touraine, que fallece unos meses antes que Negri,
fue para mí, una gran oportunidad de reflexión sobre lo social, y que me permitió también
un debate sobre aquello que es de tanta preocupación para mí, como el tema de la subjetividad
(Gómez, 2024b). Los campos de su trilogía reflexiva sobre lo que implica la acción social
en la conformación individual y subjetiva (tres libros complementarios, pero independientes
dan cuenta de estas disertaciones). Representa un elemento que yo encuentro coincidente con
las formulaciones generadas por algunos psicoanálisis (sobre todo los latinoamericanos), y
las preocupaciones de Foucault, Lacan, Castoriadis, Morin, o Guattarí.
El lugar de reflexión aquí es sociológico, lo que nos abre el panorama (a los psicoa-
nalistas), para hablar de la problemática de la subjetividad, con una riqueza que escapa -pero
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Fragmentos de un diario de vida en el encuentro… • JORGE GÓMEZ MANCERA
4
Tendré que aclarar en otro texto esta idea, ahora me conformo con decir, que no estoy hablando de la posibi-
lidad de que un sujeto pueda abarcar todo su campo de acción sobre “el terreno” (argot metodológico surgido
de la Antropología). Y subrayo que, desde luego, me aparto de un panegirismo del autor.
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el sociólogo norteamericano Norman Denzin, quien fallece en agosto del 2023. Denzin pro-
pone eso que puede comprenderse como una investigación militante o una etnografía acti-
vista. Aquí habría toda una ruta de interrogaciones, como la que planteaba atrás, sobre la
posible percepción que tendría Touraine, sobre la acción de liberación en Dussel; y que se
ajustaría también al proceder propuesto por el sociólogo estadounidense. Por otra parte, se-
guramente las teorías del análisis institucional tendrían muchas interrogaciones respecto a la
demanda del quehacer científico, y a sus acercamientos, que siempre serían -para estas co-
rrientes- una intervención. Aquí la interpelación vendría en reflexiones sobre el encargo y la
demanda (tema también lacaniano) con Georges Lappassade, o con Lourau, a partir del tema
de la implicación (del investigador); ellos, como podemos notar, ya consideran el interjuego
inconsciente imbricado en cualquier relación humana (esto no siempre aparecerá con tanta
claridad en Touraine o Dussel).
Los aportes de Denzin, resultan muy interesantes; y en últimos tiempos precisamente
sigo de cerca, ciertas rutas que ha tenido su Handbook of Cualitative Research, que coorga-
niza con Yvonna Lincoln; una propuesta colectiva de expertos en metodología cualitativa,
que aborda interrogaciones muy diversas (derivadas de problemáticas sociales bastante di-
símbolas, traídas por muchas y muchos investigadores; un camino que por cierto no tuvo
nada de sencillo; 2000). Me pilló por sorpresa el fallecimiento de Denzin, y reconozco que
muchos de sus esfuerzos, han logrado interrogar la forma de relación que tenemos los inves-
tigadores sociales, con las teorías, las técnicas, los métodos, y desde luego, las políticas
inherentes a la investigación misma. Ya no necesito volver a resaltar la imbricación que tiene
el legado que deja este hombre, en conjunto con los autores traídos previamente.
Esta ruta norteamericana, puede brindar grandes vías de reflexión (considerando
desde luego la instancia científica, académica o editorial, que facilita a un pensamiento, su
posibilidad de ser dicho; eso que tanto denuncian Lourau y Foucault); y que con voluntad y
apertura, podemos hacer dialogar con nuestros distintos quehaceres sociales [a mí en parti-
cular, me interesa la atención que pueden tener los psicoanálisis sobre las prácticas de inves-
tigación humana].
Hemos de decir, por la vía norteamericana, no solo se ha marchado Denzin; también
falleció Bruno Latour, un gran estratega y pensador, que desde luego hay que leer y com-
prender. Algunos de sus aportes generan también una ancha interrogación al hacer histórico,
sociológico, y de muchas ciencias humanas; gestando interrogantes incluso epistemológicas,
como puede suceder con la obra de Edgar Morin (quien se acerca a los 103 años). Algunas
de sus teorías como la del “actor-red” (Actor-Network Theory), a mí en lo particular me dejan
muchas inquietudes, como la cuestión de lo que él denomina el actante, que pretende com-
prender la ruta tecnológica que se adhiere a la comprensión de las relaciones humanas a
partir de las herramientas que ya no coligen por sí mismas lo humano, pero que pueden “es-
tudiarlo” (o digo yo ¿será que Latour solo habla de un comportamiento? -no parece-..., ¿o
será solo un ámbito etológico “evidente”?...). Creo que estas interrogaciones se pueden ad-
herir a las preguntas y propuestas que trae Donna Haraway sobre el Cyborg (eso que enten-
demos como mínimo elemento ortopédico, que nos transforma en cyborgs al intentar intelegir
el mundo; el ejemplo por excelencia para ilustrar su problemática, es el del investigador que
requiere gafas para “poder mirar” el mundo). Alcanzo a comprender las posturas de Haraway
desde mi propio quehacer: desde sus aportes al problema humano, animal, y al tema de gé-
nero; respecto al posible nexo con Haraway, no me parece que podamos decir que las teorías
se adhieran, de modo claro y sobre todo, satisfactorio; invito a pensar un posible diálogo
entre ambas teorías.
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Fragmentos de un diario de vida en el encuentro… • JORGE GÓMEZ MANCERA
E intento cerrar […no paro de hablar…], dispensen mis actos fallidos, fallecieron
dos franceses importantes para mí en muchos sentidos. El primero, Daniel Defert. El com-
pañero de vida de Michel Foucault (ya mencioné lo que significa para mí), a él, le que pude
conocer en una tertulia foucaultiana en la Casa del tiempo, de la UAM; donde curiosamente
(por lo revisado atrás), un colega académico abocado a la filosofía, le preguntó su opinión
por la imbricación foucaultiana dentro, del entonces aún en boga, texto Imperio de Negri; y
me pareció que Defert evitó participar de cualquier nexo entre las reflexiones foucaultianas
y las negrianas. Por lo demás, me encontré con un dispuesto y alegre personaje, para solo
darnos un saludo en el idioma que encontráramos. Defert representa muchas luchas, entre
ellas la gran causa del VIH/SIDA -recordemos que Foucault fallece por aquella pandemia en
1984, hace ya exactamente 40 años-; y algunas de las causas de Defert, sí logran ser concu-
rrentes con las resistencias de muchos autores mencionados, aunque otras, tengan más bien
una franca divergencia con ellas; como quizá ha sucedido en su “diálogo” con Didier Eribon,
el gran biógrafo de Foucault (desconozco el motivo de las divergencias).
Y finalmente, debo decir, pude quizá iniciar con otra partida, pero seguramente se
trató de un acto de resistencia, “algo” impidió iniciar por ahí. Muchas y muchos, lamentamos
el fallecimiento de Jean Allouch (lo nombré antes, pero me esperé a la parte conclusiva para
“despedirle”). Él pisó tierra mexicana en diferentes ocasiones. Y para mí representa un gran
cuestionador, un interpelador de las teorías, que van, desde el cuestionamiento al hacer
mismo del psicoanálisis, y hasta el armado de las teorizaciones lacanianas (fue discípulo de
Jaques Lacan, y no solamente de eso, Allouch estuvo en análisis con el propio Lacan).
Hay un punto imprescindible abordado por este gran psicoanalista. El binarismo se-
xual, ese por el que es tan criticado el psicoanálisis, en Allouch, recibe una dimensión refle-
xiva potente. Para quienes no solo estamos interesados, sino que nos parece fundamental
trabajar con la problematización de género; podemos encontrar en este psicoanalista francés,
una gran oportunidad (basta ver uno de sus últimos textos El punto ciego del binarismo se-
xuado, 2023). Sólo debo advertir, hay que tener cautela para leerle, sin confundir su decir; él
se encarga incluso de anunciar cómo ciertos feminismos o reflexiones sobre la homosexua-
lidad, hablan no solo de diferencia sexual, sino que pueden estar hasta oponiendo los sexos
[cosa que no ayuda en nada, a salir de atrapamientos culturales]. Los binarismos hombre/mu-
jer, heterosexual/homosexual, podrían ser, la veta donde se afinca la voz binarista. En verdad
resulta una gran invitación la que hace Allouch, usa a Lacan, pero siempre interrogándole.
Algunas voces del mundo académico y cultural, lo colocan en el plano de reflexiones
de orden queer, si bien, esto no sería propiamente un equívoco, tampoco sería un verdadero
acierto. Su interrogación por el amor (empezando por el de transferencia), nos brinda opor-
tunidades de entrar en una dirección profunda sobre el sujeto en su forjarse, y en las posibles-
imposibilidades-posibles de interrogación.
Allouch era un analista dispuesto al diálogo con el mundo, al dialogo con la vida.
Por ello una de sus grandes interrogantes, llegó al problema del duelo (inquiriendo profun-
damente a Freud); que resulta otro de mis grandes temas de intervención clínica desde hace
treinta años. Y solo porque tengo que acabar; para Allouch, la muerte es seca (no sé si decirle
a esto la verdadera muerte, pero mejor usemos su gran propuesta así: muerte seca), aquella
que rasga un pedazo del propio sí mismo, que ya no dirime, ni siquiera, temáticas catécticas
con el Yo.
Despido a Allouch, ese que me produce muchos sobresaltos al leerle, con una inso-
portable-soportable levedad de mi ser (también marchó Milan Kundera); y justo me des-
pido de él, aún con otro sobresalto por el último fallecimiento que nombro… Se trata de un
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ESQUIZIA • AÑO 6, N° 5, 2024
verdadero pensador, que al dar una charla de unos minutos, transformaba a su audiencia, en
pensante, y la ponía a vivir en otra frecuencia. Me refiero a Raymundo Mier, Él apenas
falleció… dejo aquí mi sorpresa, de haber tenido la oportunidad de convivir con un gran ser
humano, con un verdadero loco de la reflexión en vivo… hasta siempre.
Del mismo modo, me seguiré cruzando con todos estos pensadores y hacedores, que
me dejan al alcance de su contribución, primero al dejar esa su obra hecha; y en segundo
término, por dejar una obra que pasó por mi carne hasta subjetivarla y hacerla pensar de
otro modo.
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