Elliot Eisner
Siempre partidario de la educación integral y con una mirada holística, Eisner (2002)
plantea la necesidad de resolver el problema que se origina en la antigua contradicción entre
pensamiento abstracto y experiencia sensorial. Su propuesta es adoptar una visión artística de los
problemas, un tipo de actitud que pueda salvar el carácter único e irrepetible (con su unicidad y
originalidad) de cada idea o experiencia sensorial pero que, al mismo tiempo, rescate su valor
universal. Eisner construye la noción de conocimiento somático que parte de la idea aristotélica
que él descubre a través del trabajo de Langer (1957); este no sólo indica que la mente necesita de
los sentidos para conocer las características sensibles del mundo, sino que el cuerpo tiene otras
formas de conocimiento, como las emociones, la intuición, la memoria o el gusto. Goodman, autor
que cuenta con referentes procedentes de la filosofía, el arte o la física (entre otros campos de
conocimiento), reivindica que dentro del conocimiento humano, tanto el arte como la ciencia,
ocupan lugares semejantes, declaración que será una influencia decisiva para Eisner y que
convertirá en su leitmotiv. A partir de las ideas de Goodman, Eisner sustentará sus postulados
indicando que ambos campos son versiones de construcción del conocimiento hechas por
nosotros y que no hay razón para reclamar prioridad epistemológica de una por encima de todas
las demás. La necesidad de proclamar la importancia de los sentidos en la formación usando las
diferentes formas de representación con las cuales los seres humanos hacen públicas sus
experiencias individuales será el fundamento de uno de los trabajos más profundos de Eisner: el
estudio de la mente. Coincide con Arnheim (1994, 55) al reconocer que la percepción es en sí
misma un hecho cognitivo. Experimentar las cualidades del sonido, tacto, gusto, requiere atención,
selección, comparación y juicio. A través de nuestro sistema sensorial, nos dice Eisner (1994, 36),
aprendemos a leer las cualidades del entorno. Arnheim tendrá una gran influencia sobre el trabajo
de Eisner, del que recoge principalmente el concepto de que las artes al igual que las ciencias,
propician un pensamiento sofisticado, de alto nivel (high order cognitive intellectual ), el
fundamento del cual tiene cuatro facetas: producción, historia, crítica y estética. Su teoría
universal del pensamiento visual (visual thinking ), basada en la psicología de la gestalt postula que
la percepción y el pensamiento actúan recíprocamente, y la sustenta en las siguientes disciplinas:
la filosofía, con el fin de desarrollar la lógica; las artes plásticas (Studio Art), para refinar los
procesos de pensamiento; y la poesía, para desarrollar el lenguaje acorde al pensamiento visual.
Estas influencias emergerán también más tarde, en el no menos famoso modelo educativo
de Eisner potenciado por la Fundación Paul Getty. Más adelante colaborará con Gardner de cuya
participación se podría destacar tres puntos de coincidencia: crear, percibir y expresar el mundo
visual, según las propias experiencias estéticas. Eisner aclara la necesidad de entender la cognición
en un sentido amplio, no disociada de la afectividad. Cognición y afectividad, nos señala, son dos
procesos que ocurren de manera simultánea y que comparten la misma realidad dentro de la
experiencia humana. El lenguaje, los números, la música, la danza, las artes plásticas, son para
Eisner formas de representación que se manifiestan de diversas maneras, los medios expresivos
que sirven para trasmitir a otros las concepciones creadas en la experiencia individual. Ellas hacen
posible compartir nuestro conocimiento privado, transmitirlo a través de procedimientos y
técnicas; las cualidades únicas de cada lenguaje para expresar ciertas ideas hacen que, en algunos
casos, sea más apropiado usar palabras y en otros imágenes visuales. En este punto es cuando
enlaza con la función hegemónica de la escuela, la cual promueve ciertas formas de conocimiento,
como el lenguaje y la escritura, y margina otras, como las artes visuales. Como contrapartida,
defiende la revaloración de la expresión a través de los distintos lenguajes sin dejar de lado a
ninguno. A la educación general, entre otras cuestiones, aporta su capacidad de revisar
continuamente los puntos de vista, una actitud anti dogmática y flexible, y la necesidad de estar en
contacto directa y constantemente con la práctica en las aulas, capacidades todas que podemos
constatar tanto en los diagnósticos como en los procesos o en la valoración de los resultados. Tal
como explica Escudero Escorza, 1978) dentro el libro, La enseñanza. Su teoría y práctica de
Gimeno Sacristán y Pérez Gómez, la importancia que da al proceso creativo-, el cual conoce por su
profunda formación artística-, la traslada a la necesidad de ampliar su especificad, reivindicando
por ello, la utilidad de los objetivos expresivos Sus aportaciones las basa en las limitaciones
existentes que cierran y contradecir el desarrollo de una metodología creativa que priva de
encontrar resultados imprevistos.