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Gladius 61

El documento habla sobre el significado y la historia de la Epifanía, la manifestación de Dios a los gentiles. También menciona la visión del profeta Daniel sobre la estatua de varios metales que representa los diferentes imperios a través de la historia.

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El documento habla sobre el significado y la historia de la Epifanía, la manifestación de Dios a los gentiles. También menciona la visión del profeta Daniel sobre la estatua de varios metales que representa los diferentes imperios a través de la historia.

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1984-2004

GLADIUS
Gladius Spiritus Quod Est Verbum Dei

¡Gloria a Dios en el Cielo!


Y en la tierra paz a los hombres
de buena voluntad

61
BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO CATÓLICO
GLADIUS
61
1984-2004

I N D I C E

Rafael Luis Breide Obeid / Los Reyes Magos


Acto conmemorativo / Siervo de Dios Monseñor José Canovai
P. Ramiro Sáenz / España, Isabel y la cuestión judía
P. Gabino Tabossi / El Infierno según Urs von Balthasar (Parte II)
Edmundo Gelonch Villarino / San Pablo y la Universidad
Nelly C. Muzzio / El sabio enseña a leer y escribir
Alberto Caturelli / Jordán Bruno Genta, Filósofo
José León Pagano / La Orden de Malta

In Memoriam
Manuel Sánchez Márquez

Poesía
Canto a la vida, Juan Luis Gallardo

El testigo del tiempo. Bitácora


Documentos y Declaraciones
Libros y revistas recibidos
Bibliografía
GLADIUS
BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO CATÓLICO

61
INDICE
GLADIUS
Año 22 / Nº 61
Rafael Luis Breide Obeid Navidad 2004
Los Reyes Magos .......................................................... 3
Director
Acto conmemorativo
Siervo de Dios Monseñor José Canovai ................. 43 Rafael Luis Breide Obeid

Fundación Gladius
P. Ramiro Sáenz M. Breide Obeid, H. Piccinali, J. Ferro,
España, Isabel y la cuestión judía .......................... 63 P. Rodríguez Barnes, E. Zancaner,
E. Rodríguez Barnes, Z. Obeid
P. Gabino Tabossi Colaboran en este número
El Infierno según Urs von Balthasar (Parte II) ......119
Jorge N. Ferro, Patricio H. Randle,
Ricardo Bernotas
Edmundo Gelonch Villarino
San Pablo y la Universidad ..................................... 155 Del exterior
Ennio Innocenti, Thomas Molnar
Juan Luis Gallardo
Canto a la vida ..........................................................161 ILUSTRACIÓN DE TAPA
Adoración de los Magos,
Nelly C. Muzzio Libro de Oraciones s. XV
El sabio enseña a leer y escribir ............................ 165 BIblioteca Palatina, Parma (Italia)

Alberto Caturelli La compra de las obras del fondo editorial y las


Jordán Bruno Genta, Filósofo ................................173 suscripciones se pueden efectuar mediante che-
ques y/o giros contra plaza Buenos Aires, a la
orden de
José León Pagano Fundación Gladius
La Orden de Malta ................................................... 185 C. C. 376 (1000) Correo Central
Buenos Aires, República Argentina
Hno. Silvestre Jacob - Hilda Errecante Para correspondencia o envío de artículos o
In Memoriam. Manuel Sánchez Márquez ............. 191 recensiones dirigirse a la Fundación Gladius
telefax 4803-4462/9426
fundaciongladius@[Link]
El testigo del tiempo. Bitácora ...................................... 195
Para venta y distribución del
Documentos y Declaraciones ....................................... 211 fondo editorial Gladius y suscripciones
Quinto llamado a los cristianos libaneses, 211-215 / Educación
sexual: triunfaron los padres de familia, 215-217 VÓRTICE
EDITORIAL Y DISTRIBUIDORA
Libros recibidos ............................................................218 Hipólito Yrigoyen 1970
(C1089AAL) Buenos Aires
Telefax: 4952-8383
Revistas recibidas ......................................................... 219
vorticelibros@[Link]

Bibliografía ................................................................... 222


Horacio Bojorge, Las Bienaventuranzas. ¡Upa, Papá! Anuncio del Queda hecho el depósito que
Sermón de la Montaña (P. Alfredo Sáenz), 222-225 / Aníbal D’Angelo establece la ley 11.723
Rodríguez, Diccionario Político (Patricio H. Randle), 225-226 / Blas
Piñar, Bandera discutida (Patricio H. Randle), 226-228 / Marcelo ISBN Nº 950-9674-56-7
Ramón Lascano, Rosas. Imposturas Históricas e Identidad Nacional
(Octavio A. Sequeiros), 228-232 / Carlos A. Velasco Suárez, Psiquiatría Impreso por Editorial Baraga
y Persona (Mario Caponnetto), 233-234 / Daniel Raffard de Brienne, del Centro Misional Baraga
Il n’y a qu’ un seul Dieu (Ricardo Bernotas), 235-236 Colón 2544, Lanús Oeste,
Remedios de Escalada, Buenos Aires
República Argentina
Los artículos que llevan firma no comprometen necesariamente el
pensamiento de la Fundación y son de responsabilidad de quien firma Diciembre de 2004
Editorial

Los Reyes Magos

Significado de la Epifanía

La palabra “epifanía” significa manifestación, porque en este Miste-


rio, como en Navidad, Dios se hace visible. Mas no se muestra sólo a
los judíos, sino que en este día se revela a los gentiles.
Esto no solo había sido anunciado por Isaías, según veremos, sino
por la Tradición Primordial; y el Evangelio nos muestra cómo se han
cumplido estas profecías.
El desarrollo total de la Epifanía abarca una triple manifestación:
primero, ante los magos, Cristo se revela como Dios, como Hombre y
como Rey; luego durante el Bautismo en el Jordán se manifiesta la
Trinidad y en ella Cristo es Dios-Hijo; y en tercer lugar en las Bodas de
Caná muestra la intercesión mariana, el señorío de Cristo sobre los
elementos y la figura de la futura Eucaristía a partir de la cual se reali-
zará al fin de los tiempos la gran manifestación, o Parusía.
“Reconozcamos en los Magos adoradores las primicias de nuestra
vocación y nuestra fe, y celebremos con el corazón lleno de jubilo los
comienzos de esta dichosa esperanza; porque desde este momento
hemos empezado a participar de la herencia celestial” (S. León. mait.)

El Tiempo de los Gentiles

La Epifanía es la manifestación de Dios a los gentiles, cuyo tiempo


histórico está señalado por la visión del Profeta Daniel (cap. II) sobre
la estatua de varios metales:

GLADIUS 61 / Año 2004 3


La estatua era inmensa y de un esplendor extraordinario.
Erguíase frente a ti, y su aspecto era espantoso.
La cabeza de la estatua era de oro fino;
su pecho y sus brazos eran de plata;
su vientre y sus caderas eran de bronce;
sus piernas de hierro;
y sus pies en parte de hierro y en parte de barro.

Mientras todavía estabas mirando, se desgajó


una piedra –no desprendida por mano de hombre–
e hirió a la imagen en los pies que eran de barro,
y los destrozó.
Entonces fueron destrozados al mismo tiempo
el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro
y fueron como el tamo de la era en verano.
Se los llevó el viento;
de manera que no fue hallado ningún rastro de ellos,
pero la piedra que hirió a la estatua
se hizo una gran montaña y llenó la tierra.

La estatua tenía forma humana: representa al humanismo, o sea lo


que Jesús llama “el mundo”. Es la sucesión histórica de los reinos, que
comprende “todo el tiempo de los gentiles” (Lc 21, 24).
Recoge Straubinger 1 la siguiente explicación:

El primer reino, “la Cabeza de Oro”, es el reino de los Caldeos que


continuó Ciro el Persa –pues su Reino no fue menor que el de Nabuco-
donosor ni ellos destruyeron Babilonia como se creía antes, y continua-
rán aquel reino, y el mismo Daniel, ministro de Nabucodonosor, lo fue
también de Darío y seguía en tiempo de Ciro. Su lengua común era el
arameo.
El segundo reino, “el Pecho de Plata”, es el de los griegos que fun-
dó Alejandro y consolidó Seleuco, fue menor que el babilónico y no
dominó toda la tierra como lo haría el tercero.
El tercero, el “Vientre de Bronce”, corresponde a los romanos que
dominaron toda la tierra y no como el de hierro que todo lo destruye,
sino difundiendo su derecho y cultura por lo que había llegado la ple-
nitud del tiempo en que llegaría el Mesías por primera vez “in pace” y

1 Straubinger, La Santa Biblia, Club de Lectores, t. II, Buenos Aires 1986.

4 Año 2004 / GLADIUS 61


se dividiría luego, del vientre a los muslos, en dos: Oriente y Occidente.
Su lengua es el latín.
El cuarto reino de hierro y de barro se inicia con las invasiones de
los pueblos del Norte y los nuevos reinos por ellos fundados, y se ca-
racteriza por estar dividido y porque ya no hay, como en los anteriores,
una sola nación que domine universalmente, y solo se llama reino en el
sentido lato del régimen o sistema político amañado de hierro y barro.

En esta última etapa de la humanidad vendrá Cristo (La Piedra)


por segunda vez y destruirá el reino del anticristo, sin mano de hombre.

La Cabeza de Oro

La Cabeza de Oro, que se descompondría en Babilonia, significa


también la Tradición Primordial. Abraham el Padre de nuestra Fe, era
caldeo y llegado un tiempo debió salir de Ur de Caldea.
Esta Tradición tenía un libro, con una revelación: la Naturaleza.
Unos Patriarcas: Adan, Abel, Set, Henoc, Melquisedec, Job, la reina
de Saba: “Los justos paganos”. Una Alianza en el Cosmos señalada
por el Arco Iris. Un sacerdocio: Melquisedec que ofrecía un sacrificio
incruento de pan y vino. No en un templo, sino sobre un monte con el
Cielo como templo cósmico.
Los sabios de la Tradición Primordial sabían leer en la Naturaleza
los designios divinos. El orden de las estrellas, la regularidad de las es-
taciones, la sucesión de los días son un modo de hierofanía –que nos
habla de Dios– pues la Creación es su huella.
El Salmo 18 (19) nos habla de la Gloria de Dios en la Naturaleza
(en la cual leían los sabios de los gentiles) y en la Palabra (dada a los
judíos por la Sagrada Escritura):

Los cielos proclaman la Gloria de Dios;


el firmamento anuncia la gloria de sus manos,
cada día transmite al siguiente este mensaje;
y una noche lo comunica a la otra.
No hay lenguaje ni idioma en los cuales
No se dejen de oir estas voces.
Su sonido se ha propagado por toda la tierra.

GLADIUS 61 / Año 2004 5


Y respecto de la Sagrada Escritura:

La ley del Señor es inmaculada y convierte las almas;


el testimonio del Señor es verdadero,
y da sabiduría a los pequeños

También recuerda San Pablo” (Rom. 1):

Pues la ira de Dios se manifiesta desde el Cielo


contra toda impiedad e injusticia de los hombres,
que injustamente cohiben la verdad;
puesto que lo que es dable conocer de Dios
está manifiesto en ellos
pues Dios se lo manifestó.
Porque lo invisible de Él,
su eterno poder y su divinidad
se hacen notorios
desde la Creación del mundo,
siendo percibido por sus obras.

La Naturaleza es un gran jeroglífico divino. La sabiduría antigua


debía, mirando lo visible de la Naturaleza, remontarse a su causa para
ver lo invisible del designio divino.
En ese sentido las estrellas fueron muy estudiadas por los caldeos,
tanto que fundaron la astronomía.
Las estrellas como fuentes de luz simbolizaban el espíritu y traspasan
la oscuridad.
Para los paganos las estrellas obedecían a los designios de Dios y
los anunciaron a veces.
No son criaturas inertes, un ángel vela sobre cada una de ellas (1
Enoc 72, 3).
Para la Biblia las estrellas son símbolos de los ángeles, la caída de
los ángeles es vista como una caída de las estrellas (Ap. 6, 13).
También la estrella es símbolo del Mesías esperado (Núm. 24, 17;
Mt. I; Ap. 24).

6 Año 2004 / GLADIUS 61


Los magos, sabios de los caldeos, observaban las estrellas con la
ayuda de un espejo, speculum, de donde vino la palabra “especulación”.
Igualmente sidus (estrella o sideral), ha dado “consideración”, que
etimológicamente significa el acto de mirar a la luz de las estrellas.
El espejo primero reflejaba la verdad, el orden, la regularidad del
Cosmos. Considerando y especulando los caldeos transmitieron y
desarrollaron los estudios sumerios destinados a la astronomía y a la
medición del tiempo, de donde nos viene el sistema sexagesinal: 360
días al año, 12 meses de 30 días, veinticuatro horas, 60 minutos de 60
segundos. Todavía vamos al mercado y pedimos una docena o media
docena de huevos.
Abraham es el nexo entre la Alianza Primordial en el Cosmos, la
Antigua Alianza que Dios efectúa en él.
Yahvé le habló diciendo:

No te heredará éste sino que saldrá de tus entrañas, ése ha de heredar.

Y le sacó fuera, y dijo:

Mira el cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas.

y agregó:

Así será tu descendencia.

La descendencia de Abraham sería como las estrellas del cielo y las


arenas del mar. Las estrellas del cielo señalan la descendencia espiritual
y las arenas del mar la descendencia carnal.

El Espejo Mágico

Pero esta ciencia era susceptible de corromperse.


El espejo en cuanto reflejaba la Inteligencia divina en las cosas era
un Símbolo Solar de lo reflejado, pero también era un símbolo lunar
del reflejante. Porque la luna no tiene luz propia sino refleja.

GLADIUS 61 / Año 2004 7


La especulación era un conocimiento indirecto, “lunar”, o vespertino,
que como todo espejo da de la realidad una imagen invertida:

Lo que está arriba, es como lo que está abajo.

dice la “Tabla Esmeraldina”. Cayeron en el hermetismo: “La manifesta-


ción es el reflejo invertido del Principio”. Eso expresan los dos triángulos
invertidos del hexágono estrellado. Se fabricaron su propia estrella.
La naturaleza era un reflejo de la inteligencia creadora, en lugar de
remontarse a ella la volvieron a reflejar en un modelo conceptual y
tomaron el fenómeno como objeto de la Ciencia y luego el modelo de
ese fenómeno.
La especulación en la inmanencia y de espaldas al Ser y al Autor
del Ser transformó la Ciencia en el Mito, y la Técnica en Magia. Sin la
referencia “al Dios invisible” la regularidad del movimiento de los as-
tros de la naturaleza se transformó en culto del determinismo del des-
tino y lo fatal. Los astrónomos se volvieron astrólogos y su espejo se
empañó transformándose en “Espejo mágico”, instrumento degenerado
de la revelación de la Palabra de Dios. Dice la leyenda que el primer
poseedor de un Espejo mágico en Occidente fue Pitágoras.
Pero hay otro espejo además de la Naturaleza y es la propia alma
del hombre, que tampoco puede encandilarse consigo, como le pasó
a Narciso y... a Lucifer.
Porque la identidad la creatura no la tiene exclusivamente de sí
misma, sino del Creador.
Ocurre que la caída en la idolatría trae siempre aparejada una cul-
tura de la muerte. Los ídolos, tanto sensibles como conceptuales, re-
claman sacrificios humanos.
La magia de los magos, según nos revela Ana Catalina Emmerich 2,
había derivado un crimen horrendo a lo que llegaban por una interpre-
tación corrupta de la Revelación Primordial. Esos sacrificios humanos
fueron abolidos por nuestros Reyes Magos en una revelación divina
tenida quince años antes del nacimiento de Cristo.
De modo que tenemos en la época de Cristo dos tipos de Magos,
los malvados que difundían la gnosis y cuyo arquetipo son Simón el

2 Emmerich, Ana Catalina, Historia de la Infancia de la Virgen, Ediciones Sol de Fátima,


Madrid, p.95.

8 Año 2004 / GLADIUS 61


Mago y el mago Kinops 3 y los Santos Reyes Magos que recordamos
en la Epifanía y que se mantenían fieles a la Tradición Primordial y
son el modelo de la relación armónica entre Ciencia y Fe; naturaleza y
gracia; Tradición Pimordial y Sagrada Escritura.

El Profeta Balaam y las Profecías


más antiguas sobre la estrella

La primera profecía sobre la Estrella de Belén la hace el mago Balaam,


hijo de Beor más de mil doscientos antes del nacimiento de Cristo. Su
patria Petor está junto al gran río, en el país de los hijos de Amav, que
se identifica con Pitrú sobre el río Eufrates. Este poderoso mago y
adivino es convocado por el rey sacerdote Balac de Moab para maldecir
a Israel que ingresaba en sus tierras. Jahveh convierte a Balaam en su
profeta y torna la maldición en Bendición.
Tres veces ordena el rey a Balac levantar siete altares en distintos
lugares altos y hacer sacrificios y cada vez bendice en lugar de maldecir
a pesar de los presentes y regalos del rey.
Finalmente hace la profecía de la estrella (Núm. 24, 15-17):

Palabra del Balaam, hijo de Beor


palabra del hombre de los ojos cerrados,
palabra del que oye los dichos de Dios,
conoce los pensamientos del Altísimo,
y ve las visiones del Todopoderoso
recibe la visión y se le abren los ojos.
Le veo, pero no como presente,
le contemplo, más de cerca:
una estrella sale de Jakob
y de Israel surge el cetro.

El vidente tiene cerrados los ojos del cuerpo, pero abiertos los del
alma pues está en en éxtasis. 4

3 El Mago Kinops dominaba y atemorizaba la isla de Patmos hasta que fue destruido por
San Juan Evangelista.
4 Staubinger, op. cit., T Iº, p.180. Núm. 14, 4 (I Reyes 19, 24; Ez. 2, 1; Dan. 8, 18; Ap.1, 17).

GLADIUS 61 / Año 2004 9


Los magos no solo tenían la tradición primordial caldea que leía en
los astros; sino también la del “fuego esencial” de los persas.
Un reciente descubrimiento 5 sacó a la luz numerosos fragamentos
escritos con tinta roja y negra sobre yeso que hacen referencia a un
extracto Libro de Balaam:

INSCRIPCIÓN LIBRO DE BALAAM (HIJO DE BEOR), EL HOMBRE


QUE VEÍA A LOS DIOSES. He aquí que los dioses vinieron junto a él de
noche y ellos le hablaron según estas palabras y dijeron a Balaam, hijo
de Beor, así: “LA ÚLTIMA LLAMA HA APARECIDO, UN FUEGO PARA EL
CASTIGO HA APARECIDO”.

Se trata del más antiguo texto literario en arameo. Este texto del vi-
dente parece referirse a los tiempos finales por la angustia que manifiesta
el mago a continuación: “lloraba y se negó a comer”.
La aparición de una estrella es el nacimiento de un Gran Rey.
(Virgilio, Égloga 9, 47; Horacio, Oda 1, 12, 26).
Si los paganos tienen mil doscientos años antes la noticia de la apa-
rición de la estrella, los judíos no carecían de profecías más detalladas
sobre la aparición de la “lumbrera” y la venida de los reyes de los gen-
tiles. Así Isaías:

El pueblo que andaba en tinieblas


Vio una gran luz
Sobre los habitantes de la tierra de sombras de muerte
Resplandeció una luz (9, 2).

Yo, Yahvé te he llamado en justicia;


Te he tomado de la mano y te he guardado;
Para que seas alianza con mi pueblo,
Y luz de las naciones (42, 6).

También el texto de Isaías que leemos como epístola el día de la


Epifanía.

5 Descubrimiento de H.J. Franken en las excavaciones holandesas efectuadas en Deir


Allah (posiblemente la Sucot de la Biblia o la ciudad de Penuel) en el año 1967. Actualmente se
encuentra en el Museo Arqueológico de Jordania.

10 Año 2004 / GLADIUS 61


Lección del profeta Isaías:
Levántate, recibe la luz, Jerusalén,
porque ha venido tu Lumbrera,
y la gloria del Señor ha nacido sobre ti.
Porque he aquí que las tinieblas cubrirán la tierra
y la obscuridad a los pueblos;
mas sobre ti nacerá del Señor, y en ti se dejará ver su gloria.
Y a tu luz caminarán las gentes,
y los Reyes al resplandor de tu nacimiento.
Levanta tus ojos en rededor, y mira:
todos éstos se han congregado para venir a ti;
tus hijos acudirán de lejos,
y tus hijas se llegarán a ti de todas partes.
Entonces te verás en la abundancia,
y tu corazón se maravillará y se ensanchará,
cuando venga a ti la muchedumbre de naciones
de la otra parte del mar
y las naciones poderosas acudan a ti.
Te verás inundada de muchedumbre de camellos
y dromedarios de Madián y de Efa.
Todos los de Sabá vendrán, y te traerán oro e incienso,
y pregonarán las alabanzas del Señor (60, 1-3).

“Tu lumbrera” es el Mesías Redentor.


Isaías vaticina la venida de los gentiles y sus reyes a la luz. Los pue-
blos de Arabia actúan en nombre de todos los gentiles. Los dones re-
presentan el Reino de la Gracia (incienso), la Luz de Fe (mirra) y el
Señorío efectivo de Cristo sobre el Mundo (el oro). “Todos los de Sabá
vendrán”.
No solo recuerda la visita de la Reina de Saba a Salomón que tam-
bién vino a buscar la Sabiduría y trajo aromas, oro y piedras preciosas
(Rey. 10, 1-13); sino que tiene un sentido esjatológico para los tiempos
finales que aclarará el mismo Cristo: “La Reina del mediodía se levan-
tará, en el juicio, con la generación ésta y la condenará, porque vino
de las extremidades de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón;
ahora bien, aquí hay más que Salomón” (Mt. 12, 49).

GLADIUS 61 / Año 2004 11


Los Magos según los Padres de la Iglesia
y el libro de la Estrella

La Catena Aurea 6 de Santo Tomás de Aquino nos trae una impor-


tante colección de dichos de los padres de la Iglesia sobre los Reyes
Magos que nos ilustran sobre quiénes eran, la grave dificultad de la su-
perstición astrológica, la verdadera ciencia astronómica de los magos,
el Misterio de la Epifanía y su permanencia en el tiempo.

Quiénes eran los Magos

Los magos eran caldeos que adoraban las estrellas y descendían de


Balaam (San Remigio) 7 monpolizaban la ciencia de la época, astrono-
mía, medicina y matemáticas. Son los filósofos de los caldeos y los
príncipes siempre ajustan sus actos a la ciencia de estos hombres (Rá-
bano) 8. Son reyes y representaban todas las naciones descendientes
de Noé (La glosa) 9. Son las primicias de todas las Naciones (San
Agustín) 10, sabían la fecha pero no el lugar (San Remigio) 11.
La definición más generalizada de mago era la de quien “posee un
especial conocimiento secreto sobre todo acerca del sentido que puede
tener el curso de los astros y sus correspondencias con los acontecimien-
tos mundanos”.
Los rabinos desconfiaban de ellos y los llamaban encantadores.

El peligro de la Astrología

Conservaron la tradición primordial y la defendieron de los astró-


logos.
Los padres de la Iglesia debieron defender la recta doctrina de los
herejes que querían introducir el determinismo en la Iglesia a través de

6 Santo Tomás de Aquino, Catena Aurea I San Mateo, Ed. Cursos de Cultura Católica,
Buenos Aires 1948.
7 Id., p.47.
8 Id., p.46.
9 Id., p.47.
10 Id.
11 Id.

12 Año 2004 / GLADIUS 61


la interpretación astrológica de la estrella del nacimiento. Así, por ejem-
plo, los priscilianos, que sostenían “que la estrella es la estrella del des-
tino del Salvador” (Crisóstomo) 12.
Así, justificaban todos los crímenes e introducían al mal en Dios.
San Agustín 13 denuncia que “por la palabra destino además del
sentido ordinario en que la usan los hombres, se entiende la influencia
de ciertas posiciones de los astros correspondientes a la concepción o
al nacimiento de los hombres, y en los cuales algunos ven otra cosa
que la voluntad de Dios. Otro error es que Dios les ha dado a los as-
tros esa influencia, grave injuria a la Majestad divina que nos muestra
a la corte celestial decretando crímenes por los cuales una ciudad debe
ser destruida por la indignación del género humano si esa fuera su es-
trella” 14.
San Juan Crisóstomo dice que “si un hombre hace un crimen por
la influencia de una estrella, grande es la iniquidad de la estrella pero
mayor es la de aquel que la crió [...] Si una estrella nos hace buenos o
malos, nuestras virtudes no merecen premio ni nuestros vicios merecen
castigo. Los Mandamientos de Dios prohibiendo el mal y aconsejando
el bien se destruyen por esta doctrina insensata” 15.
San Gregorio Nazianzeno sostiene que: “La fatalidad destierra la
bondad divina y su providencia pues dicen los astrólogos que los movi-
mientos celestes determinaron no solamente los de nuestros cuerpos sino
también los pensamientos de nuestra alma, destruyen así no sólo la
realidad de todo lo que existe sino la naturaleza del ser contingente” 16.
San Agustín admite que: “No es absurdo atribuir algunas modifica-
ciones corporales a la influencia de los astros; así es indudable que los
adelantos y retrasos del sol influyen en la variedad de las estaciones, y
las diversas fases de la Luna en sus crecientes y menguantes influyen
indudablemente en el crecimiento o decrecimiento de ciertas cosas en
la naturaleza, como por ejemplo, el maravilloso flujo y reflujo del oceá-
no. Pero las voliciones del alma no deben someterse al influjo de los
astros” 17.

12 Id., p.48.
13 Id.
14 Id.
15 Id.
16 Id., p.48.
17 Id., p.49.

GLADIUS 61 / Año 2004 13


Santo Tomás de Aquino y la Astrología

Santo Tomás de Aquino en un opúsculo llamado De Iudiciis astro-


rum 18, sobre los juicios de los astros, dice:

Lo que se puede hacer:

En primer lugar, pues, es necesario que tú sepas que la virtud de


los cuerpos celestes llega a producir cambios en los cuerpos inferiores.
En efecto, dice San Agustín, en el libro V, Sobre la ciudad Dios: “Pue-
de decirse, no siempre neciamente, que ciertos hábitos astrales llegan
a solas diferencias de los cuerpos”.

Aplicación:

Y por esto, si alguno hace uso de los juicios de los astros para cono-
cer de antemano los efectos corporales, como la tempestad y la sereni-
dad del aire, la salud o la enfermedad del cuerpo, o la abundancia y la
esterilidad de frutos y otras cosas de este tipo que dependen de causas
corporales y naturales, no parece que haya ningún pecado. Pues todos
los hombres, acerca de efectos tales, hacen uso de alguna observación
de los cuerpos celestes; por ejemplo: los labradores siembran y cosechan
en un momento determinado que es observado según el movimiento
del sol; los marinos evitan las navegaciones en el plenilunio o durante
el eclipse de luna; los médicos, respecto de las enfermedades, observan
los días críticos, que son determinados según el curso del sol y de la lu-
na. Por lo cual no es malo, según algunas otras observaciones.

Lo que no se puede:

Mas es necesario mantener completamente esto: que la voluntad


del hombre no está sujeta a la necesidad de los astros; de lo contrario,
perecería el libre albedrío, suprimido el cual, no serían imputadas al
hombre ni las buenas obras para mérito, ni las malas para culpa. Y por
esto debe ser mantenido con toda certeza por todo cristiano, cualquiera
sea, que aquellas cosas que dependen de la voluntad del hombre,
como son todas las obras humanas, no están sometidas por necesidad
a los astros; y por esto se dice en Jeremías 10, 2: “No tengáis miedo de
las señales del cielo, a las cuales temen las gentes.

18 Santo Tomás de Aquino, De Iudiciis atrorum, edición bilingüe con el título Sobre la
astrología, prólogo, traducción y notas de Victor Horacio Basterretche, Ed. Santiago Apostol,
Buenos Aires, 1998, 14 pgs.

14 Año 2004 / GLADIUS 61


GLADIUS 61 / Año 2004 15
Explicación:

Pero el diablo, para arrastrar a todos al error, se inmiscuye en las


operaciones de los juicios de los astros; y por esto dice Agustín en el
libro II, Sobre el Génesis según el sentido literal: “Hay que confesar
que, cuando por astrólogos son dichas cosas verdaderas, lo son debido
a cierta ocultísima inspiración, que sin saberlo padecen las mentes hu-
manas; lo cual, dado que se hace para engañar a los hombres, es una
operación de los espíritus inmundos y seductores, a los que se permite
conocer ciertas cosas verdaderas acerca de los asuntos temporales”. Y
por esto dice Agustín, en el libro II, Sobre la doctrina Cristiana, que es-
te tipo de observaciones de los astros deben ser referidas a ciertos pac-
tos celebrados con los demonios. Ahora bien, el tener pacto o sociedad
con los demonios, debe ser absolutamente evitado por el cristiano, se-
gún aquello del Apóstol en I Corintios 10, 20: “No quiero que vosotros
os hagáis asociados de los demonios”. Y por esto debe tenerse por co-
sa cierta que es pecado grave hacer uso de los juicios de los astros
acerca de aquellas cosas que dependen de la voluntad del hombre”.

La Verdadera Ciencia Astronómica de los Magos.


El Genesedium o libro de la estrella del Nacimiento

Los Reyes Magos dieron prueba de una verdadera integración del


saber pues supieron unir:

1) Las profecías y vaticinios de la tradición primordial


2) La observación del fenómeno
3) La moción de la gracia a través de una revelación particular
4) Una conjetura para seguir su investigación
5) Las profecías de la Sagrada Escritura
6) La comprobación del hecho por la experiencia sensible
7) Nuevamente la Fe

La ciencia de los Magos fue reunida en un libro extraviado llamado


El Genesedium esto es el libro dela Estrella del Nacimiento, según
refiere San Agustín citando a Fausto 19.

19 Id., p.48.

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Tratemos, siguiendo a los padres, de reconstruir parte de ese libro.
La observación del fenómeno: dice Fillion 20 que en el Imperio Ro-
mano, sobre todo en Oriente, dominaba entonces el presentimiento
general de una nueva era para la humanidad. La Judea era reputada
como el punto de partida de esta edad de oro. Los historiadores roma-
nos Tácito y Suetonio son formales y expresivos en este punto. Los
Magos conocían la idea y cuando advirtieron de súbito un astro nuevo
establecieron una conexión íntima entre el fenómeno y el nacimiento
misterioso del Redentor esperado, y a todas luces una revelación divi-
na les dio a conocer la conexión y les impulsó a emprender el viaje.
San Agustín: “Un nuevo astro aparece de repente en el cielo ilumi-
nando la tierra y disipaba la niebla que cubría todo el mundo” 21.
Los Magos restauraron la ecuación Ser-Pensar, pues no especulaban
sino que observaban directamente el cielo y advirtieron las siguientes
características esenciales de este fenómeno: que no era de una estrella
ordinaria, según refiere San Juan Crisóstomo 22:

1) El camino del Norte al Mediodía (Sur) no es el ordinario.


2) Era visible de noche y en la mitad del día.
3) Aparecía y desaparecía, ocultándose cuando los magos entraron
en Jerusalén y apareciendo cuando dejaron a Herodes.
4) No tenía andar fijo ni marcha determinada, sino cuando convenía
a los Magos caminar ella caminaba y cuando convenía detenerse se
detenía.
5) Anunciaba el parto de la Virgen descendiendo.

Todo lo cual no es propio de una estrella ordinaria sino de una vo-


luntad inteligente, por lo tanto, de una virtud invisible. San Remigio
dice que pudo ser un ángel y San Agustín corrige: “que sin duda un
ángel intervino para revelar que la estrella significaba el Nacimiento
del Redentor” 23.

20 Fillion, L. Cl. Nuestro Señor Jesucristo según los Evangelios. Ed. Asociación Pro-Cultura
Occidental, Guadalajara, Jalisco, Méjico, 2001, p.85.
21 Catena Aurea, op. cit., p.46.
22 Id., p.50.
23 Id., p.51.

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A través de la mirada física llegaron a la mirada espiritual más pro-
funda: “La aparición de la estrella hirió su vista corporal y el rayo más
resplandeciente de la verdad instruyó sus corazones, lo cual correspon-
día a la iluminación de la fe” (San León) 24.
San Agustín señala: “Esta estrella de los Magos, no significaba pues
a la entrada de la cuna del Salvador la fatalidad y la dominación sino
que se manifestaba a su servicio y para dar testimonio”.
No era, por lo tanto, del número de aquellos astros que desde el prin-
cipio del mundo siguen, bajo la voluntad del Creador, el orden prescripto
a sus caminos sino que era un mero astro criado para el parto de la
Virgen –y para ofrecer su ministerio marchando delante de los Magos.
La estrella nació para dar a conocer a Cristo. No podemos decir que
Cristo nació porque ella existía sino que ella existía porque Cristo na-
ció: de suerte que podía decirse en razón que no fue la estrella el desti-
no de Cristo, sino que Cristo fue el destino de la estrella, porque El fue
la causa de la existencia de aquella y no a la inversa 25.
San Agustín dice: “Los ángeles anuncian a los pastores que ha na-
cido Cristo; una estrella a los Magos: el cielo con su lenguaje habla a
unos y a otros, porque el de los profetas ha cesado. Los Cielos cantan
la Gloria de Dios, los ángeles a los pastores, la estrella a los Magos” 26.
Los Magos creen y buscan a imagen de aquellos que caminan en la
fe y desean la realidad.

El Fenómeno Estelar

Las estrellas son como las manecillas del gran reloj del mundo (Gén.
1, 14-19).
El fenómeno estelar de Belén puede ser un meteoro, un cometa o
una conjunción. La ciencia astronómica moderna 27 parece indicar
que era una conjunción.
La conjunción es el encuentro aparente de dos astros, y el signo del
zodíaco donde se encuentran.

24 Id., p.51.
25 Id., p.50.
26 Id., p.50.
27 Heinrich Mertens, Manual de la Biblia, Herder, Barcelona, 1989, pp.316-320.

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Los magos seguramente vieron 7 años antes de Cristo, en la madru-
gada del día del calendario babilónico que equivale a nuestro 12 de
abril, una sorprendente aproximación de Júpiter y Saturno en el signo
de Piscis (Mulu-babar u kaiwanu ina zibati).
Esa conjunción de Júpiter y Saturno en la salida matinal helíaca,
un poco antes de la salida del sol, se fue acentuando cada vez más du-
rante las semanas siguientes, hasta que el 29 de mayo y en el grado 21
de Picis, se encontraron a una distancia de solo 0,98 grados, dando la
sensación de formar un solo astro.
Los magos interpretaron: Júpiter es el astro rey y Saturno el astro
de occidente, de Siria y más precisamente de Judea. La división de las
horas y de los días se establecía según los dioses planetarios. Lunes:
Luna; martes: Marte; sábado: día de Saturno (Saturday en inglés). Co-
mo el sábado era el día festivo de la semana judía establecieron la re-
lación entre sábado y Saturno (Padre de los Siglos de Oro).
Piscis era también el signo de occidente, de la tierra junto al mar.
Por lo tanto, el razonamiento de los magos relacionó el astro que
significa rey con el que significa Judea y con las profecías naturales del
nacimiento del Mesías. El fenómeno fue desapareciendo poco a poco
del 8 de julio al 15 de julio. La conjunción aparecería dos veces más.

Los Reyes Magos en las visiones de Ana Catalina Emmerich

Poco nos dice San Mateo del origen de los magos; sólo la referencia
“vinieron de Oriente unos Magos”.
La tradición más común refiere que eran tres, que era reyes, que
venían del país de Balaam (actual Irak), que se llamaban Baltasar,
Melchor y Gaspar, que representaban a las tres razas que tenían ori-
gen en Noé (Sem, Cam y Cafet), y que luego de un largo periplo sus
restos descansaban en la Catedral de Colonia en Alemania.
Ana Catalina Emmerich, que ha sido beatificada por el Papa Juan
Pablo II el 3 de octubre del 2004, nos da abundantes detalles que co-
rroboran algunas tradiciones patrísticas.
Hasta la beatificación reciente no había habido una aprobación tan
contundente de sus visiones, que deben entenderse como privadas. No
obstante, el valor que tienen es tanto que basta para justificar el juicio

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de León Bloy, que la considera “la más grande de todos los videntes
sin excepción”.
Ella nos informa que eran descendientes de Job, que eran de la tie-
rra de Balaam, que eran reyes, que eran tres pero que cada uno había
llevado cuatro parientes cercanos, en total quince.
Con respecto a los nombres los llama Mensor (Baltasar), Teoceno
(Gaspar) y Seir (Melchor), el más anciano.
Las visiones sobre los reyes magos se pueden agrupar en cuatro
cuadros generales: de la Concepción de María, del nacimiento de Ma-
ría, del nacimiento de Cristo y las del viaje de Nuestro Señor Jesucristo
a la ciudad de los Magos en Arabia, antes de su Pasión.

La Concepción de María

“Quince años antes del nacimiento de Cristo habían visto por pri-
mera vez en esta misma noche (8 de diciembre) la estrella anunciada
por Balaam (Núm. 24) que hacía tanto tiempo habían aguardado ellos
y sus antepasados escrutando fielmente los cielos.
Habían divisado en ella la imagen de una doncella que en una ma-
no tenía un cetro y en la otra una balanza, en uno de cuyos equilibrados
platillos yacía una hermosa espiga de trigo y un racimo de uvas en el
otro. Por este motivo, desde su vuelta de Belén, todos los años celebra-
ban un triduo en esa fecha” 28.

Abolición de los Sacrificios Humanos

Refiere la vidente que luego de esta visión evidentemente eucarística


el Mago Mensor (Baltasar) tuvo una iluminación que le permitió abolir
los sacrificios humanos de niños que practicaban los caldeos por una
deformación de las profecías sobre la Eucaristía.

Vi que a consecuencia de la iluminación recibida el día de la Con-


cepción de María quince años antes del Nacimiento de Cristo, se abo-
lió entre estos hombres que daban culto a las estrellas un rito horrendo.

28 Emmerich, Ana Catalina, La Vida de la Virgen Niña, pp.94-95.

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Era un cruel sacrificio de niños que practicaban de hacía mucho tiem-
po a causa de revelaciones mal comprendidas o enturbiadas por los in-
flujos del maligno. […]
Esta acción horrible la realizaban llenos de fervor y con la mayor
naturalidad. Se me dijo que habían llegado a esta espeluznante costum-
bre por la mala interpretación y deformación de avisos proféticos que
prefiguraban la Eucaristía.
Vi esta horrible costumbre en Caldea, país de Mensor, uno de los tres
Santos Reyes Magos. El día de la Concepción de María, Mensor reci-
bió en visión una iluminación divina por la que abolieron esta crueldad.
Estaba observando las estrellas en lo alto de una elevada estructura pi-
ramidal de madera, lo que venía haciendo esta gente durante siglos se-
gún antiguas tradiciones. Mensor yacía inmóvil, arrobado, como ausente,
mientras observaba las estrellas. Sus compañeros se acercaron y le vol-
vieron en sí, pero al principio no pareció reconocerlos. Había visto la
constelación con la doncella, la balanza, la espiga y el racimo, y había
recibido un mandato interior por el que se abolió aquel cruel culto di-
vino. 29

Las dos fuentes de la vida.


Imagen Paralela al Sacrificio del Niño

El demonio quiere evitar toda comunicación de la vida natural y


sobrenatural. Durante el reinado del Anticristo no habrá nacimientos
(aborto universal), ni misa. Cuando a la Madre Teresa del Calcuta le
preguntaron cuál era el crimen más grande del mundo, (esperando
que responda: el aborto), dijo ante la sorpresa de todos que era la pro-
fanación de la Eucaristía.
Ambos crímenes están conectados según lo señala dramáticamente
la vidente:

Cuando de noche, en sueños, vi a mi derecha la terrible imagen del


niño asesinado, me di la vuelta en mi lecho horrorizada, pero entonces
vi lo mismo a mi izquierda. Rogué a Dios de todo corazón que me li-
brase de aquella horrible visión y entonces me desperté, oí que el reloj
daba la hora, y a mi Celestial Prometido que me decía señalando a su
alrededor: “He ahí peores cosas que a diario me ocurren en el mundo
entero, cometidas por muchos”.

29 Id., pp.95-96.

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Y cuando miré en torno mío se presentaron ante mi alma muchas
cosas mucho más horribles que el sacrificio del niño, pues vi a Jesús
mismo cruelmente sacrificado en el altar de muy diversas maneras por
la realización indigna y pecaminosa del Misterio Sagrado. Vi yacer la
Sagrada Hostia en el altar como un Niñito Jesús vivo al que los sacer-
dotes indignos y degenerados cortaban con la patena y martirizaban
horrorosamente. Aunque realizaban eficazmente el Misterio, su Misa
aparecía como un feroz asesinato. También se me mostró idéntica
crueldad en el trato inhumano de los miembros de Cristo, que son
quienes confiesan su nombre y a quienes Dios adoptó por hijos. Vi que
hoy día, en muchos lugares se oprimía, perseguía y maltrataba a innu-
merables personas buenas, y vi que esto se le hacía siempre a Jesús.
Esta es una época horrible, no hay refugio por ningún lado; una espe-
sa niebla de pecados cubre el mundo y lo peor es ver que la gente se lo
toma con tibieza e indiferencia. Todo esto lo vi en muchas visiones
mientras llevaban mi alma por muchos lugares de la tierra. Y por últi-
mo volví a la visión de la Fiesta de la Concepción de María. 30

Acota Brentano:

Así como el sacrificio del Calvario se realizó por la cruel voluntad


de sacerdotes olvidados de Dios, y por las manos ávidas de sangre de
verdugos desatados, así también, el sacrificio del altar, cuando se cele-
bra indignamente, sigue siendo verdadero sacrificio, pero el realizador,
indigno por culpa suya, ocupa simultáneamente el lugar de los sacerdo-
tes judíos que condenaron a Jesús y el de sus verdugos. 31

Anuncio del nacimiento de María a los caldeos

La noche que nació María vi en una ciudad caldea que cinco sibilas
o vírgenes profetisas tenían visiones que corrían a contar a los sacerdotes.
Luego, éstos anunciaron en muchos lugares de alrededor que las sibi-
las habían bajado a la tierra a saludarla y que en cambio otros espíritus
huían de ella y se afligían. También vi que los hombres que adoraban
a las estrellas, quienes desde la Concepción de María veían en una es-
trella la imagen de una doncella llevando vino y trigo parejos en una
balanza, ya no la divisaron a partir de la hora en que nació María, co-
mo si la doncella ya hubiera salido. Apareció una brecha en la estrella
y fue como si la estrella misma bajara a un paraje determinado.

30 Id., pp.96-97.
31 Id., p.250.

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Entonces mandaron hacer y colocar en su templo el ídolo grande
que hacía referencia a la Santísima Virgen, y que yo vi allí cuando con-
templé las enseñanzas de Jesús en aquel lugar.
Más tarde instalaron en su templo el Huerto Cerrado, otro símbolo
de la Santísima Virgen. En el templo de los Reyes Magos siempre ha-
bía visto por las noches hasta ahora una iluminación maravillosa. Mi-
rando para arriba se veía como un cielo estrellado dispuesto con varias
constelaciones. Según las visiones que divisaban en las estrellas, introdu-
cían los cambios correspondientes en el firmamento artificial de sus
templos. Este fue también el caso después de nacer María, de modo
que la iluminación, que hasta ese momento venía de fuera, estaba
ahora en su interior. 32

Cómo era el Templo Observatorio de los Magos

El 7 de Diciembre del tercer año del magisterio de Jesús vio al


Señor en un templo de los caldeos: Tenían en un altozano próximo
una gran pirámide escalonada con galerías desde la que se observaban
afanosamente las estrellas. Profetizaban por el movimiento de los ani-
males y explicaban los sueños. Sacrificaban animales, pero tenían asco
de la sangre, que siempre dejaban caer al suelo. En sus usos religiosos
empleaban fuego sagrado, agua, zumo sagrado de una planta y paneci-
llos benditos. Su templo ovalado estaba lleno de imágenes metálicas fi-
namente trabajadas. Tenían muchos presentimientos de la Madre de
Dios. El objeto principal del templo era un obelisco triangular. En un
lado había una imagen con muchas patas y brazos que en las manos
llevaba, entre otras cosas, una bola, un aro, un ramito de yerbas y una
gran mazana estriada cogida por el rabito. Su nombre sonaba como
Miter o Mitras. En otro lado de la columna había una imagen de un
animal con un cuerno; era un unicornio, y su nombre sonaba como
Asfas o Aspax. Con su cuerno luchaba contra otro animal maligno que
estaba en el tercer lado. Tenía éste cabeza de buho con el pico curvo,
cuatro patas con garras, dos alas, y cola que acababa como la del ala-
crán. He olvidado su nombre pues en general me resulta dificíl recordar
estos nombres extraños, que fácilmente confundo y sólo aproximada-
mente puedo decir cómo suenan poco más o menos. En la esquina del
obelisco, sobre los dos animales en lucha, había una imagen que que-
ría representar a la madre de todos los dioses, cuyo nombre sonaba
como Señor Aloa o Aloas. También la llamaban Granero de Trigo. Del
cuerpo de la imagen crecía una haz de gruesas espigas de trigo. Su ca-
beza estaba encogida entre los hombros e inclinada adelante porque

32 Id., pag.109.

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en la nuca llevaba un recipiente con vino o en el que debían ponerlo.
Tenían una máxima que decía: “El trigo se convertirá en pan, y la uva
en vino para reconfortar a todos”. Encima de la imagen había una es-
pecie de corona, y en el obelisco, dos letras que me parecieron la O y
la W (quizás alfa y omega). Lo que más me llamó la atención del tem-
plo fue un jardincito con una verja de oro que estaba sobre una mesa
metálica y que tenía encima la imagen de una virgen. En el centro del
jardincillo había una fuente con varias tazas tapadas, unas encima de
otras, y ante ella, una parra verde con uvas rojas muy bonitas que col-
gaba de una prensa para vino, oscura, cuya forma me recordaba viva-
mente la Santa Cruz, pero que era una prensa de vino. En lo alto de
un tronco hueco habían colocado un embudo ancho, en cuyo extremo
más estrecho colgaba un saco. Contra el saco presionaban dos brazos
móviles en forma de palancas que entraban por ambos lados en el tron-
co hueco y que exprimían las uvas que estaban dentro, de modo que
el zumo salía por aberturas colocadas más abajo en el tronco. El jar-
dincillo redondo, de cinco o seis zapatos de diámetro, estaba lleno de
finas matas verdes, flores, arbolitos y frutos que, al igual que la parra,
eran muy naturales y llenos de significado profundo. 33

En Marcha hacia Jerusalén

El viaje

La conjunción que nos narra la astronomía moderna 34 apareció


por segunda vez a principios de octubre, cuando los astros se encuentran
en estrecha conexión por diez días coincidiendo con el Yom Kippur el
3 de octubre, y ese día se aproximaron en Piscis hasta 0,97 grados. La
segunda conjunción fue vista durante toda la noche y marcó la señal
de la partida para iniciar el viaje que duraba 5 ó 6 semanas; luego fue
desapareciendo.
La tercera conjunción duraría desde la tercera semana de noviembre.
San Remigio 35 dice que los Magos conocieron primero la fecha del
nacimiento; pero no el lugar específico. Creyeron que el niño debía
nacer en una ciudad real y fueron a Jerusalén para cumplir lo escrito.

33 Id., p.254. Nota del traductor Observaciones: 1ª Téngase en cuenta que el alfabeto
habitual para la Hermana Emmerich era el gótico. 2ª Que veía la Santa Cruz aproximadamente
como una Y griega, en la que los brazos del Salvador, terriblemente tensos, unían ambos
extremos de los brazos de la cruz.
34 Heinrich Mertens, op. cit., p.318.
35 Catena Aurea, op. cit., p.47.

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La descripción del viaje de los reyes, que narra Ana Catalina, es
admirable. Mensor y Seir, que juntos observaban la estrella, se ponen
en marcha inmediatamente. También lo hace Teoceno, que vivía algo
más lejos, y que les da alcance en una ciudad en ruinas, probablemente
Babilonia:

Marchaban en tres partidas, con una suma ligereza. Algunas veces,


empero, iban lentamente, mirando gozosos a la estrella y cantando, al
través de la noche, un cantar grave y melancólico, de notas ora muy
altas, ora muy bajas.
Andaban los dromedarios a grandes pasos, pero muy seguros y sua-
ves, como si no se moviese su cuerpo y no quisieran dañar donde ponían el
pie; al modo que una bandada de aves migratorias deslizábanse en lontananza.
Tan tranquilo, apacible y acompasado va todo como un sueño placentero.
¡Oh, qué conmovedora es la bondad y el candor de estos reyes! A las
gentes que vienen a ellos les dan piezas de oro y de todo cuanto tie-
nen; hasta llegan a ponerles en los labios sus vasos de oro cubiertos de
piedras preciosas, y les hacen beber en ellos, como a los niños. 36

El Evangelio de San Mateo (2, 1-12)

Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempos del Rey Herodes,


unos magos que venían de Oriente se presentaron en Jerusalén, dicien-
do: “¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Pues hemos vis-
to su estrella en Oriente y hemos venido a adorarle”.
El Rey Herodes, al oír esto se turbó y con él toda Jerusalén. Convo-
có a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos tra-
taba de averiguar dónde había de nacer el Cristo.
Ellos dijeron: “En Belén de Judá; porque así está escrito por profeta:
“Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la más pequeña de las ciudades
del reino de Judá; porque de ti saldrá un caudillo, que regirá a mi pue-
blo Israel”.
Entonces Herodes, llamando en secreto a los Magos, se informó de
ellos cuidadosamente acerca del tiempo en que les apareció la estrella,
y enviándoles a Belén, les dijo: “Id e informaos cuidadosamente del
Niño; y cuando le hubierais hallado, hacédmelo saber, para que yo
también vaya a adorarle”.

36 Ezcurra Medrano, Alberto, “La Adoración de los Magos vista por Ana Catalina Emmerich”,
Gladius nº 4, Navidad 1985, p.68.

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El Drama Teológico. Non intelligit quod legit

El texto de Mateo que acabamos de transcribir es comentado por el


Padre Alfredo Saenz 37 como el drama teológico que constituye la
ceguera de los judíos para reconocer al Mesías largamente esperado:

San León Magno descubre un símbolo de este impresionante misterio


de traición a la vocación recibida desde toda la eternidad, en el hecho
de que ante la averiguación de los Magos acerca del lugar donde había
nacido el Mesías, fueran precisamente los judíos los que les informasen,
y les informasen bien, sin acudir ellos mismos a adorarlo:
“A los que les preguntan responden que Cristo nace en Belén, y no
siguen la ciencia suya, con la que instruyen a los otros. Por lo cual han
perdido la sucesión de los reyes, la eficacia de sus sacrificios, el lugar
destinado a sus plegarias, el orden sacerdotal, y, constatando con su
experiencia que todo ha sido clausurado y que todo ha terminado para
ellos, no ven que todo eso ha pasado a Cristo (et cum omnia sibi
clausa, omnia experiantur sibi esse finita, non vident ea in Christum
esse translata) (Homilía de la Epifanía)”.

Todo lo que en el Antiguo Testamento había sido instituido con el


fin de preparar la llegada del Mesías, expresión de la admirable peda-
gogía de Dios para educar a ese pueblo de dura cerviz, los reyes, los
sacrificios, el templo, el sacerdocio, todo ello debía culminar en Cristo,
Rey definitivo, Víctima perfecta, Presencia viva de Dios entre los hom-
bres, Sumo y eterno Sacerdote. El pueblo elegido se aferró a los prelu-
dios y dejó que la Consumación pasara a su lado.
Y así, ante la ceguera, el rechazo y la emulación de los judíos, Cris-
to decidió adelantar su revelación a los pueblos gentiles:

Cuántas acciones de gracias debemos dar al Señor por la ilumina-


ción otorgada a los gentiles, lo muestra la misma ceguera de los judíos.
¿Quiénes hubo tan ciegos y tan extraños a la luz como estos sacerdotes
y escribas de Israel? A las cuestiones de los Magos, a la pregunta de
Herodes sobre el testimonio de la Escritura acerca del lugar donde ha-
bía de nacer Cristo ([Link]. 2,4), respondieron con el oráculo profético

37 Sáenz, Alfredo, San León Magno y los Misterios de Cristo, Mikael, Paraná 1984, p.147.

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GLADIUS 61 / Año 2004 27
lo mismo que indicaba la estrella en el cielo. Esta, ciertamente, habría
podido conducir a los Magos por sus indicaciones, como lo hizo ensegui-
da, hasta la cuna del Niño, dejando a un lado Jerusalén; pero no sin
motivo, fue conocido el nacimiento del Salvador no sólo por el camino
que mostraba la estrella, sino también por la declaración de los mismos
judíos. Así, pues, la palabra profética pasaba ya a los gentiles para ins-
truirlos, y los corazones de los extranjeros se disponían a conocer a
Cristo, anunciado por los antiguos oráculos
[...] Este príncipe ha nacido, los ángeles lo han anunciado a los
pastores, y los pastores a vosotros. Este príncipe ha nacido, y las nacio-
nes lejanas del Oriente gentil lo han reconocido por el resplandor insó-
lito de un nuevo astro. Y para que no dudasen del lugar donde había
visto la luz este rey, vuestra ciencia les da a conocer lo que la estrella
no les había enseñado. ¿Por qué cerráis para vosotros mismos el camino
que abrís a los otros? ¿Por qué vuestra falta de fe pone en duda lo que
es manifiesto por vuestra respuesta? Gracias al testimonio de la Escritura,
indicáis el lugar del nacimiento; gracias a las señales del cielo y de la
tierra, conocéis que ha llegado a tiempo, y, sin embargo, en el momento
mismo en que el alma de Herodes se enardece para perseguir, vuestra
inteligencia se endurece para no creer. ¡Más dichosa, pues, la ignorancia
de los niños muertos por el perseguidor que vuestra ciencia a vosotros,
a quienes él consultó en su turbación!

Este texto ilumina perfectamente “el misterio teológico de Israel”.


¿No era al cabo la Sagrada Escritura una luz más resplandeciente que
el astro que iluminó a los Magos? Sin embargo, aun en su misma in-
credulidad, Israel prestó un gran servicio, el de iluminar el camino que
conduce a Belén. Es lo que acabamos de leer que San León decía de
los Judíos: “Vuestra ciencia les da a conocer lo que la estrella no les
había enseñado”. Israel señaló al Mesías, como luego lo haría el Bau-
tista, pero no fue tras Él: éste es su drama. Nuestro Santo se explaya
sobre el presente tema en diversos sermones de Epifanía. Transcriba-
mos uno de sus textos, denso de teología de la historia:

La verdad ilumina a los Magos, la infidelidad ciega a los maestros.


El Israel carnal no comprende lo que lee ni ve lo que él mismo señala
(non intelligit quod legit, no videt quod ostendit). Se sirve de las páginas
de las que no cree sus palabras: ¿Dónde está, judío, tu título de gloria?
(Rom. 3, 27) ¿Dónde está la nobleza que debías a tu padre Abraham?
¿Es que con tu circuncisión no eres más que un incircunciso? He aquí
que, siendo mayor, sirves al menor (Gen. 25,23), y te pones a servir al

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extranjero, que ha entrado a tomar parte de tu herencia al leer el testa-
mento, del que sólo retienes la letra.
Entre, pues, la plenitud de las naciones (cf. Rom. 11, 25), entre en
la familia de los patriarcas, y que los hijos de la promesa reciban la
bendición de la raza de Abraham, a la cual han renunciado, los hijos
según la carne (ibid. 9, 8). Todos los pueblos, en la persona de los tres
Magos, adoren al Autor del universo, y no sea ya Dios conocido sólo
en Judea, sino en el mundo entero, para que en todas partes sea gran-
de su nombre en Israel (Ps. 75, 2).

La Adoración de los Reyes

Nuevamente la Estrella

Continúa la narración de San Mateo (2, 10):

Con esas palabras del rey, se pusieron en marcha, y he aquí que la


estrella, que habían visto en el Oriente, iba delante de ellos, hasta que
llegando se paró encima del lugar donde estaba el Niño.
Al ver de nuevo a la estrella experimentaron un gozo muy grande.

Los Magos están esclarecidos por la Sagrada Escritura y al salir de


Jerusalén vuelve a aparecer la estrella. Es la tercera conjunción, que
según la moderna astronomía 38 ocurrió a mediados de noviembre, y
llegó a su plenitud el 4 de diciembre a 1,05 grados. Entonces el fenó-
meno astral se vio por la tarde todavía con cielo diurno y la estrella
que iba delante de ellos debe entenderse literalmente igual que “parar-
se”, que en la astronomía babilónica significa el primer indicio de la
desaparición de la conjunción. Este fenómeno duró varios días después
de la llegada a Belén.
No debe extrañar que hayan tenido una “inmensa alegría” que es
lo que caracteriza al tiempo Mesiánico. Dice San Agustín: “La estrella
inundó el hospedaje de una luz clarísima y después de haber iluminado
con sus rayos del albergue desapareció”.

38 Heinrich, Mertens, op. cit., p.318.

GLADIUS 61 / Año 2004 29


Los Magos frente al Niño

Entrando en la casa, hallaron al Niño con María su madre, y


postrándose, le adoraron, y abiertos sus tesoros le ofrecieron como do-
nes, oro incienso y mirra (Mt. 2, 11).

Ana Catalina Emmerich nos narra este momento culminante:

Estaba la Virgen más recostada que sentada sobre un tapete a la iz-


quierda del Niño. En el momento de entrar ellos, se incorporó, velóse
y le sentó en su regazo en medio de un amplio cendal. Mientras Men-
sor se arrodillaba y deponía los dones, entre palabras de humilde ho-
menaje, descubierta la cabeza y cruzadas sobre el pecho las manos,
había la Virgen desnudado al Niño de la cintura arriba; el cual así bri-
llaba graciosísimo en medio de su velo entreabierto. Tenía cruzadas al
pecho las manecitas; rutilaba de afabilidad y de cuando en cuando ex-
tendía suavemente los bracitos.

Añade después que María expresó su agradecimiento a los reyes en


humildes y cariñosas palabras, que éstos incensaron al Niño, a San
José, a la Virgen y a toda la caverna y que luego, habiendo llegado la
noche, se retiraron a rendir su culto diario a las estrellas cantando so-
lemnemente 39.
La visión corrobora que la adoración de los Magos fue en el portal
por más que algunos sostienen que fue en una casa basándose en la
palabra usada por Mateo 40.

Epifanía y la Integración del Saber

San León Magno 41 nos ilustra sobre la importancia de que tuvieron


la ciencia y la Fe integradas en una verdadera sabiduría en el episodio
de los Magos:

39 Alberto Ezcurra Medrano, op. cit., p.68.


40 Catena Aurea, op. cit., p.57.
41 Sáenz, Alfredo, San León Magno y los Misterios de Cristo, op. cit., p.155.

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Los tres hombres, divinamente estimulados por el resplandor del
astro insólito, siguen el camino que la luz esplendorosa traza ante ellos,
pensando encontrar en Jerusalén, la ciudad real, al Niño significado.
Mas, habiendo fallado esta conjetura, conocieron de los escribas y
doctores de los judíos lo que había predicho la Escritura santa sobre el
nacimiento de Cristo. Fortificados de este modo por un doble testimonio,
se dispusieron a buscar con una fe más ardiente lo que les manifestaron
la luz de la estrella y la autoridad de la profecía.

La fidelidad de los Magos a la estrella, comenta el P. Sáenz, resulta


verdaderamente ejemplar para nosotros. En última instancia la
búsqueda de Cristo no fue sino un acto de fidelidad al llamada de la
gracia de Dios que, valiéndose de tal astro, acompañó la procesión de
los Magos hasta Belén con eficacia propiamente divina. El texto de
San León es incisivo:

El que había dado tal signo, iluminó la inteligencia de los que lo con-
templaban; hizo que le buscaran los que lo comprendieron; y ofrecióse
El mismo a ser hallado por los que le buscaron (Dedit ergo aspicientibus
intellectum, qui praestitit signum; et quo fecit intelligi, feci inquiri, et se
inveniendum obtulit inquistus) 42

San León señala los pasos del amor divino: despierta la atención,
suscita el deseo, colma la expectativa. No fue suficiente, sin embargo,
que los Magos, sumisos a la estrella, arribasen a la meta de su deseo
–un deseo, por otra parte, suscitado por el mismo Dios–, sino que su
fidelidad se vio probada cuando, al llegar a Belén, en vez de encontrar
a un Rey radiante de majestad, como era de suponer, hallaron a un
niño balbuciente, revestido de humildad. Les fue preciso hacer un ac-
to de fe –en última instancia, en el misterio de la unión hipostática–,
reconociendo en ese niño al Rey de la gloria:

Cuando los tres Magos fueron conducidos por el resplandor de una


nueva estrella para venir a adorar a Jesús, ellos no lo vieron expulsando
a los demonios, resucitando a los muertos, dando vista a los ciegos,
curando a los cojos, dando la facultad de hablar a los mudos, o en
cualquier otro acto que revelase su poder divino; sino que vieron a un
niño que guardaba silencio, tranquilo, confiado a los cuidados de su

42 Id.

GLADIUS 61 / Año 2004 31


madre. No aparecía en él ningún signo de su poder; mas les ofreció la
vista de un gran espectáculo: su humildad. El espectáculo mismo de
este santo Niño, al cual se había unido Dios, el Hijo de Dios, presentaba
a sus miradas una enseñanza que más tarde debía ser proclamada a
los oídos, y lo que no profería aún el sonido de su voz, el simple hecho
de verle hacía ya que El enseñara. Toda la victoria del Salvador, que
ha subyugado al diablo y al mundo, ha comenzado por la humildad y
ha sido consumada por la humildad. Ha inaugurado en la persecución
sus días señalados, y también los ha terminado en la persecución. Al
Niño no le ha faltado el sufrimiento, y al que había sido llamado a
sufrir no le ha faltado la dulzura de la infancia, pues el Hijo Unigénito
de Dios ha aceptado, por una única humillación de su majestad, nacer
voluntariamente hombre y poder ser muerto por los hombres. 43

Los Magos han prestado un gran servicio a todas la generaciones


futuras, nos dice San Léon en otro de sus sermones de Epifanía. De
por sí les hubiese bastado con creer, a la luz de la fe, en la venida del
Mesías, sin que les fuera preciso ver con los ojos corporales al que ya
habían contemplado con la mirada del alma. Pero el celo por cumplir
plenamente su deber, los indujo a ir hasta el Niño para verlo con sus
propios ojos. Y así como ha resultado conveniente para toda la poste-
ridad que el apóstol Tomás, el incrédulo, se cerciorase de la resurrección
de Cristo tocando con sus propias manos las señales de las llagas en su
carne, fundando la fe de los que no hemos visto pero hemos creído en
la resurrección del Señor, así también no ha dejado de ser útil para
nosotros el que los Magos comprobasen la infancia de Cristo mirándolo
con sus propios ojos. ¿Qué vieron los Magos? Vieron a un niño de la
tribu de Judá, del linaje de David según la carne, nacido de mujer,
nacido bajo la ley (cf. Gal. 4, 4), a un niño pequeño, que requería la
asistencia de otros, incapaz de hablar, en nada diferente a los demás
hijos de los hombres. Así, desde el primer momento de la entrada del
Verbo en el mundo, tenemos testigos fidedignos de que el Verbo se ha
hecho realmente carne, asumiendo una verdadera naturaleza humana,
de modo que cuando después nuevos testigos nos hablen de sus mila-
gros y otros actos de su majestad divina, pruebas evidentes de que es
verdadero Dios, no olvidemos aquella verdad fundamental: que Cristo
es verdadero hombre. Contempláronlo los Magos bien humano, bien
niño, bien desvalido, pero no vacilaron en adorarlo como a Dios.

43 Id.

32 Año 2004 / GLADIUS 61


Ya veremos que el apóstol Tomás fue el designado por Jesús para
llevar el Evangelio al país de los Magos.
Santo Tomás de Aquino 44 le da un simbolismo científico a los do-
nes de los Magos: “Los tres hombres que ofrecen a Dios su dones, re-
presentan a sus pies las naciones venidas de las tres partes del mundo,
mientras abren sus tesoros hacen salir del fondo de su corazón la con-
fesión de la fe: lo hacen en el interior de la casa para enseñarnos que
no debemos publicar los tesoros de la buena conciencia, ofrecen los
tres dones, esto es, la fe en la Santa Trinidad. También puede entender-
se que de sus tesoros abiertos ellos ofrecen los que son figuras de los
tres sentidos de la Sagrada Escritura, el histórico, el moral y el alegórico;
a las tres partes de la ciencia, la lógica, la física y la moral, ciencias to-
das que hacen servir a la fe”.

La Infancia Espiritual y la Recomposición del Espejo

El verdadero espejo del Universo no son los esquemas intelectuales


del “espejo mágico” sino el alma humana restaurada.
La restauración del espejo se produce por la fe cuando el alma
vuelve a su Modelo y está dispuesta a recibir su influencia. (Eneadas
4, 3). Importa, por supuesto, la calidad del espejo. El alma purificada
recibe en su pureza la imagen de la belleza incorruptible. El alma par-
ticipa de la belleza en la medida en que se vuelve a ella (Niceno). No
es un simple reflejo pues por la participación se transforma. Se produce
una configuración entre el Sujeto contemplado y el espejo contemplan-
te. El alma participa de la belleza misma a la cual se abre.
El espejo humano puede enderezar la imagen cuado ve según la
realidad esencial.
El acto de fe de los Magos implica una purificación de su mirada y
cierto espíritu de infancia espiritual. El niño cree en su madre y el fiel
cree en Dios.
Sáenz 45 recuerda los textos de San León Magno:

44 Santo Tomás de Aquino, Catena Aurea, op. cit., p.55.


45 Sáenz, Alfredo, op. cit.

GLADIUS 61 / Año 2004 33


Cristo ama la infancia, que El mismo ha vivido al principio en su al-
ma y en su cuerpo. Cristo ama la infancia, maestra de humildad, regla
de inocencia, modelo de dulzura. Cristo ama la infancia; hacia ella
orienta las costumbres de los mayores, hacia ella conduce la ancianidad.
A los que eleva al reino eterno los atrae a su propio ejemplo... A esta
semejanza con los niños nos invita, amadísimos, el misterio de la fiesta
de hoy. Esa es la forma de humildad que os enseña el Salvador niño
adorado por los Magos.

El ejemplo de fe en el misterio de la unión hipostática que nos ofre-


cen los Magos, lo ve San León simbolizado en la elección de los dones
que llevaron al Niño divino:

Los Magos realizan su deseo, y llegan, conducidos por la estrella,


hasta el Niño, el Señor Jesucristo. En la carne adoran al Verbo; en la
infancia, a la Sabiduría; en la debilidad, a la Omnipotencia; en la reali-
dad de un hombre, al Señor de la majestad (et in hominis veritate Do-
minum majestatis). Y, para manifestar exteriormente el misterio que
ellos creen y entienden, atestiguan por los dones lo que ellos creen en
su corazón. A Dios le ofrecen incienso; al hombre, mirra, y al rey, oro,
sabiendo que honran en la unidad las naturalezas divina y humana.

Por otro camino

Mas habiendo sido avisados en sueños que no volviesen a Herodes


regresaron por otro camino a su país (Mt. 2, 12).

Una noche y un día permanecieron allí los reyes. Al mediar la no-


che siguiente aparecióseles el ángel y les ordenó regresar inmediata-
mente por otro camino. La despedida fue conmovedora. “Entre lágrimas
y abrazando a José, despidiéronse de él”. Poco antes la Virgen les ha-
bía dado como recuerdo el amplio cendal amarillo en que tenía envuelto
al Niño. Y Ana Catalina añade un detalle que le fue revelado en cierta
ocasión por el Niño Jesús: los reyes, al saber por el ángel la cólera de
Herodes, quisieron llevar consigo a la Sagrada Familia 46.

46 Ezcurra Medrano, Alberto, op. cit., p.68.

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La Narración de Erimen-Sear. Treinta años después

Ana Catalina se refiere a una visita que Cristo le hizo a los magos
treinta años después a sus lejanas tierras, acompañado de tres discípulos
de diez y seis a diez y ocho años de edad, viaje del cual no hay men-
ción en el Evangelio. Sin embargo Ana Catalina dice que uno de los
discípulos, llamado Erimen-Sear, rogó a Jesús, “tomándole la manga
del vestido”, que le permitiese escribir algo de este viaje, y que Jesús le
permitió hacerlo, pero después de la pasión, y le ordenó que depositare
lo escrito en poder de Juan. Añade la vidente que siempre tiene la
idea de que algo existe todavía de esto. De ser así, no sería imposible
que algún día pudiésemos conocer la narración de Erimen-Sear.
Veamos cómo lo refiere el poeta Brentano:

En las visiones de A.K. Emmerich sobre la predicaciones de Nuestro


Señor, que relató cronológicamente a diario durante tres años, vio que
Jesús, tras resucitar a Lázaro el 7 de octubre de su tercer año de ma-
gisterio, se retiró al otro lado del Jordán para evitar la persecución de
los fariseos. Allí despidió a los Apóstoles y discípulos, y los envió a sus
hogares, excepto tres jóvenes, Eliud, Silas y Erimen-Sear. Descendían
éstos de acompañantes de los Tres Reyes Magos que a su marcha se
quedaron en la Tierra Prometida y se casaron en las familias de pasto-
res de Belén. Jesús viajó con ellos a la que entonces era ciudad de los
Tres Reyes Magos, desde donde volvió a través de Egipto a la Tierra
Prometida.[…]
Desde el 1 al 15 de diciembre del tercer año de magisterio, vio y
contó diariamente la estancia del Señor con sus tres acompañantes en
una ciudad de tiendas de los Tres Reyes Magos en Arabia, donde se
habían asentado tan pronto como regresaron de Belén. Dos de estos
Patriarcas vivían todavía. Describió con maravilloso detalle su manera
de vivir, sus usos religiosos y los festejos con que recibieron a Jesús.
Del 4 al 6 de diciembre contó entre otras muchas cosas cómo los servi-
dores de las estrellas llevaron a Jesús al templo, al que describió como
una pirámide cuadrangular truncada, de madera, rodeada de escaleras
y peldaños. Desde su interior observaban las constelaciones, y allí cele-
braban los servicios religiosos. Le enseñaron la imagen del Niño Jesús
en un pesebre que habían colocado y preparado inmediatamente des-
pués de su vuelta de Belén, y que habían hecho exactamente tal como
lo habían visto en la estrella que iba delante de su caravana. La viden-
te lo describe con las siguientes palabras: “Todo era de oro y estaba
rodeado de una placa de oro en forma de estrella. El Niñito, de oro,
estaba en un pesebre igual que el de Belén, sobre una manta roja, con

GLADIUS 61 / Año 2004 35


las manitas cruzadas sobre el pecho y envuelto desde los pies hasta el
pecho. Habían puesto incluso heno en el pesebre, que podía verse co-
mo una coronita blanca, de no sé qué material, detrás de la cabeza del
Niño. Enseñaron esta imagen a Jesús, pues no tenían ninguna otra en
su templo”. Tal es la descripción de la imagen del pesebre a la que se
refieriere el texto. 47

Los Magos y el Apóstol Santo Tomás

Una antigua tradición indica que el Apóstol Santo Tomás en su ca-


mino hacia la India pasó por el actual Irak y entrevistó a los magos.
Ahí tuvo su origen la Iglesia Católica de los Caldeos que conserva su
liturgia en arameo igual que los Maronitas (también Católicos) del Lí-
bano. Inclusive en la ciudad de Mosul existía, hasta que fue destruida
por Bush padre, una iglesia católica del siglo IV construida sobre otra
anterior que habría sido donde evangelizó Santo Tomás, llamado Dí-
dimo. Esta tradición coincide con la visión de Ana Catalina Emmerich,
según se nos refiere.
En el viaje que Cristo hizo con Eremenzear les prometió a los ma-
gos que les enviaría alguien que los bautizaría e instruiría en la fe.
Años más tarde fueron visitados por Santo Tomás. Seir había muerto.
Mensor (Baltasar) fue bautizado como Leandro y Teoceno como León.
Así lo confirma San Juan Crisóstomo: “Si los Magos hubieran bus-
cado al Salvador como un rey terrenal, una vez que le hubieran en-
contrado no le hubieran dejado jamás; pero no fue así, sino que le
adoraron y se volvieron, y después de haber vuelto a su país, se mos-
traron más fieles a Dios que antes, y con su predicación convirtieron a
muchos; y más tarde, cuando Tomás llegó a aquellas regiones, se
unieron a él; y después de bautizarlos fueron sus compañeros en la
predicación del Evangelio” 48.

Todas la culturas encuentran su plenitud sólo en Cristo

El aporte de los caldeos a la civilización fue la astronomía y el co-


nocimiento de la naturaleza, y el de los persas fue la noción del fuego

47 Emmerich, A.C., Vida de María Niña, op. cit., pp.241-242.


48 Santo Tomás de Aquino, Catena Aurea, op. cit., p.60.

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esencial, no solo de la iluminación y orden del universo; sino del or-
den interno del Cosmos como logos. Ambas culturas constituyen la
“Cabeza de Oro” que se desvirtuó. Los caldeos cayeron en la astrología
y el determinismo y los persas en la idolatría del fuego sensible que
derivó en la energía obtenida por la explotación de la realidad vista
como conflicto.
Ambas ideas pasaron a los griegos, el “Pecho de Plata”, envueltas
en el mito irracional. El aporte griego fue develar el mito por la razón y
desarrollar la ciencia humana. El legado griego también era suceptible
de corromperse, por cuanto la razón autosuficiente que no reconoce
sus límites y no recibe su luz del Misterio no se puede liberar totalmente
del mito, y es un mito ella misma. Cae a su vez en otra idolatría, no la
de lo sensible; sino la de los conceptos: “se entontecieron en sus pro-
pios razonamientos” (Rom. 1).
Luego de las cumbres de Sócrates, Platón y Aristóteles (que nunca
se liberó del todo de los mitos) cayeron en el escepticismo, el cinismo,
el epicureísmo y el academicismo apostatando finalmente la razón.
La ciencia griega se transformó en ciencia práctica en Roma: “El
Vientre de Bronce”, pero el escepticismo y estoicismo terminaron ha-
ciendo impracticable el amor.
El pueblo judío ha sido elegido para recibir al Mesías y también es
incompleto mientras no pueda cumplir la causa de su elección.
Por ello, llegada la plenitud de los tiempos Nuestro Señor se manifies-
ta a los gentiles representados por los Magos, representantes de la
“Cabeza de Oro” o Tradición Primordial.
Los Magos alcanzan al fin la cumbre de su civilización cuando
descubren que la estrella es Cristo: “La luz que ilumina a todo hombre
que viene a este mundo” (Jn. 1).
Los griegos alcanzan la cumbre de su civilización en el Prólogo al
Evangelio de San Juan: “El Logos se hizo carne y habitó en nosotros”
(Jn. 1). Ahí la luz de la estrella se vuelve luz de la Razón.
Los romanos se alcanzan a sí mismos cuando el Derecho Romano
se deja dar su forma íntima por la Caridad. Cuando la ley del obrar es
el amor porque “Dios es Amor” (I Juan).
Y esto es todo el “Tiempo de los Gentiles”, lo demás es “greda y
hierro” que espera ser deshecha por la piedra en la “Segunda Venida”.
En cuanto a los judíos llegan a su plenitud y se alcanzan a sí mis-
mos, cuando reciben al Mesías, y el Mesías es Cristo.

GLADIUS 61 / Año 2004 37


Epifanía Hoy

El día que Cristo, Salvador del mundo, se manifestó a los gentiles


no ha terminado. Hoy como ayer debe subir a nuestra alma la alegría
que llenó los corazones de los Magos. El don de Dios se multiplica y
nuestra época experimenta todo lo que ocurrió entonces, tanto en los
que no quieren que reine, como los que abren los ojos a la iluminación
evangelica.

No queremos que éste Reine

“No queremos que Cristo Reine sobre nosotros” es un grito que en-
cuentra eco en el mundo actual y en no pocos católicos. El P. Sáenz
recuerda un texto del Cardenal Pie que a su vez cita a San Gregorio
Magno donde ese santo doctor comenta el Misterio de la adoración de
los Magos:

Los magos reconocen en Jesús la triple cualidad de Dios, de hombre


y de rey: ofrecen al rey el oro, a Dios el incienso, al hombre la mirra.
Ahora bien, hay algunos herejes que creen que Jesús es Dios, que creen
igualmente que Jesús es hombre, pero que se niegan absolutamente a
creer que su reino se extiende por doquier”. Lo que así comenta Pie:
“Me dices, hermano, que tienes la conciencia en paz, y aceptando to-
talmente el programa del catolicismo liberal, entiendes permanecer or-
todoxo, sobre la base de que crees firmemente en la divinidad y en la
humanidad de Jesucristo, lo cual es suficiente para constituir un cris-
tianismo inobjetable. Desengáñate. Desde el tiempo de San Gregorio,
había «algunos herejes» que creían esos dos puntos como tú; y su «he-
rejía» consistía en no querer reconocer al Dios hecho hombre una rea-
leza que se extendiese a todo: «se niegan a creer que su reino se ex-
tiende por doquier». No, no eres irreprochable en tu fe; y el papa San
Gregorio, más enérgico que el Syllabus, te inflige la nota de herejía si
tú eres de aquellos que, creyendo deber suyo ofrecer a Jesús el incienso,
se niegan a agregar el oro”.
El clamor de los que, en una u otra forma, hacen suyo el viejo grito
“No queremos que Éste reine”, eco del satánico “Non serviam”, por
resonante que sea, nunca será capaz de destronar a Jesucristo. Porque
todos somos súbditos de Dios, ya reconozcamos su autoridad, ya re-
chacemos su soberanía. El mundo fue creado para su gloria. La soberbia
del hombre nada puede contra el imperio del Señor. Será preciso, sin

38 Año 2004 / GLADIUS 61


embargo, y tal es la tarea de la Iglesia, convencer a los hombres, sobre
todo a los hombres públicos, de que nada lograrán en orden a la con-
solidación de los individuos y de las naciones, mientras se resistan a
poner como base la piedra, la única piedra que ha sido puesta por la
mano divina: Petra autem erat Christus”. (l Cor.10, 4) 49

Presencialización del Misterio

Los misterios de Cristo no se pierden en la historia, ni envejecer en


el tiempo; sino que perviven siempre y conservan todo su vigor.
Dice San León:

El contenido de estos hechos llenos de misterios perdura, pues,


amadísimos, como aparece manifestamente. Lo que había comenzado
en figura se termina en realidad. Brilla aún en el cielo la estrella por la
gracia, y los tres Magos, llamados por el resplandor de la luz evangélica,
acuden diariamente, en la persona de todas las naciones, para adorar
el poder del soberano Rey. Herodes, igualmente, en la persona del
diablo, tiembla y gime al ver desaparecer su reino de iniquidad en los
que pasan a Cristo (in iis qui ad Christum transeunt). Por eso, al matar
a los niños, cree que da muerte a Jesús. Es lo mismo que el demonio
trata de hacer sin cesar cuando intenta arrancar el Espíritu Santo a los
que acaban de renacer y de aniquilar al que, como niño, aún tiene una
fe tierna. En cuanto a los judíos, que han querido estar fuera del reino
de Cristo, en cierto modo están aún bajo el poder de Herodes. 50

Terriblemente presente Herodes con el crimen contra la vida. San


León pronuncia su homilía en el transcurso de una Misa destacando el
vínculo que une las ofrendas de los Magos con la liberación Eucarística,
la otra fuente de Vida:

El Señor ha revelado su santo brazo a los ojos de todos los pueblos,


y los extremos confines de la tierra ven la salvación de nuestro Dios…
Y lo verán aquellos a los que no se les había anunciado y entenderán
los que no escucharon (Is. 52, 10,15). Por eso, cuando vemos que

49 Sáenz, Alfredo P. El Cardenal Pie, Gladius, Buenos Aires 1987, pp.82-83.


50 Id., p.161.

GLADIUS 61 / Año 2004 39


hombres que hasta entonces se habían entregado a la sabiduría del
mundo y estaban bien lejos de conocer a Jesucristo, son sacados del
fondo de su error y llamados al conocimiento de la verdadera luz, no
cabe duda que ha obrado el esplendor de la divina gracia; y lo que
aparece de nueva luz en los corazones enternecidos, irradia de la mis-
ma estrella, de modo que a las almas que son tocadas por su resplandor
las pone en movimiento milagrosamente y las guía para llevarlas a
adorar a Dios.
Mas si queremos considerar con mayor atención que esas tres mis-
mas clases de dones son ofrecidas por todos los que vienen a Cristo
mediante los pasos de la fe, ¿acaso no se celebra justamente la misma
oblación en los corazones de los creyentes? Saca, en efecto, el oro del
tesoro de su alma el que reconoce en Cristo al Rey de todas las cosas;
ofrece la mirra el que cree que el Unigénito de Dios se ha unido a sí
mismo una verdadera naturaleza humana; y venera a Cristo con una
especie de incienso el que lo reconoce en todo igual a la majestad de
su Padre. 51

Es menester que nosotros mismos “brillemos como estrellas en el


mundo” (Fil. 2, 15) para señalar a los demás el Camino que conduce
a Cristo que no es otro que Él mismo: “Yo soy el camino” (Jn. 16, 6).

Esperemos la Estrella Matutina que anuncia el Día Eterno

La Estrella es el camino, y el camino es Cristo.


Dios le prometió a Abraham el caldeo descendencia numerosa co-
mo las estrellas del cielo y las arenas del mar. Las estrellan son la des-
cendencia espiritual, generación del cielo, como las arenas son la des-
cendencia carnal. “La estrella, dice San Agustín 52, era el mismo Cristo,
esperanza de las naciones, cuya innumerable descendencia, los cristia-
nos, había sido un día prometida al justo Abraham, multiplicada no
por la sangre sino por la fe y comparada a la multitud de estrellas que
tachonaron la boveda celeste, a fin de que el Patriarca, a quien la pro-
mesa se había hecho, la comprediera como generación del cielo y no
de la tierra. Con el nacimiento de la nueva estrella es como los herede-
ros figurados por las estrellas son llamados a formar este nueva genera-

51 Id., p.160.
52 Catena Aurea, op. cit., p.50.

40 Año 2004 / GLADIUS 61


ción, con el fin de que los mismos que habían servido de testimonio
que el cielo daba a la tierra, sirviesen de homenaje que la tierra pres-
taba al cielo”.
El Evangelista San Juan menciona a Cristo como Luz y como Es-
trella.
Como Luz en el maravilloso Prólogo a su Evangelio (1, 4-6):

Él era la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz luce en las tinieblas
y las tinieblas no la recibieron

El principal significado de luz es Vida, como cuando se dice “dar a


luz”.
Como estrella al final del Apokalypsis (22, 16):

Yo soy la raíz y el linaje de David,


la estrella esplendorosa y matutina”
Y el espíritu y la novia dicen: “Ven”.
Diga también quien escucha “Ven”.

Esperemos la aparición de la Estrella definitiva como esperaron los


Reyes Magos.

RAFAEL LUIS BREIDE OBEID

GLADIUS 61 / Año 2004 41


Siervo de Dios Monseñor José Canovai
Acto conmemorativo del Primer Centenario del Nacimiento

Con la invitación de Ediciones Gladius y el auspicio de la Nunciatura


Apostólica se realizó un Solemne Acto de Conmemoración del Naci-
miento del Siervo de Dios Monseñor José Canovai, el 30 de noviembre
de 2004, a partir de las 18 horas, en Riobamba 1227, Capital Federal,
antigua sede de la Nunciatura, donde vivió Monseñor Canovai.

Santa Misa

El acto se inició con la celebración solemne de la Santa Misa, pre-


sidida por Su Excelencia Reverendísima, el Nuncio Apostólico de su
Santidad, Mons. Adriano Bernardini, concelebrando los señores obis-
pos de La Plata, Mons. Héctor Aguer; de Mercedes (Luján), Mons. Ru-
bén Héctor Di Monte; de San Miguel, Monseñor José Luis Mollaghan;
de Chascomús, Mons. Carlos Humberto Malfa; de San Martín, Mons.
Guillermo Rodríguez Melgarejo; el auxiliar de Buenos Aires, Mons. Jo-
sé Antonio Gentico, y Mons. Mario José Serra.
Concelebraron, asimismo, el Secretario de la Nunciatura Apostólica
Mons. Nicola Girasoli, y numerosos sacerdotes y representantes de las
órdenes Franciscana, Dominica, Jesuita, de la Prelatura del Opus Dei,
de la Fraternidad Sacerdotal Santo Tomás de Aquino y del Clero Se-
cular de la ciudad de Buenos Aires y de las provincias de Buenos
Aires, Entre Ríos, Santiago del Estero, etc.
Un magnífico coro de la Universidad Católica Argentina acompañó
la celebración litúrgica.
En la Misa predicó el Señor Secretario de la Nunciatura, Mons. Ni-
cola Girasoli, sucesor en el cargo del Siervo de Dios Mons. José Canovai.

GLADIUS 61 / Año 2004 43


Homilía de Mons. Nicola Girasoli

Excelentísimos Señores Obispos concelebrantes y asistentes a esta


Liturgia Eucarística, queridos sacerdotes, hermanos y hermanas:

Nos hemos reunido en esta Capilla para orar y recordar al Siervo


de Dios Mons. Giuseppe Canovai, en ocasión del Centenario de su
nacimiento y celebramos hoy la fiesta de San Andrés Apóstol, hermano
de San Pedro. El Evangelio de Juan nos dice que fue uno de los pri-
meros en ser llamado por Jesús y que fue él quien guió a Pedro hacia
el Señor diciéndole “Hemos encontrado al Mesías”. Jesús después de
invitarlos a seguirlo, les dice que los convertiría en pescadores de hombres,
y todavía el Evangelio de Mateo pone en evidencia que “Inmediatamen-
te ellos dejaron las redes y lo siguieron”.
Celebrando a San Andrés, volvemos a experimentar que la Iglesia
está edificada sobre la fe inquebrantable de los Apóstoles y está siempre
aferrada a la piedra angular que es Cristo. Y San Pablo en la lectura
que acabamos de escuchar nos recuerda que es por medio de la fe
transmitida por los Apóstoles, que alcanzamos la salvación: “La fe na-
ce de la predicación y la predicación se realiza en virtud de la Palabra
de Cristo” (Rm. 10, 16).
Sobre el ejemplo de los Apóstoles y animado por un profundo de-
seo de cumplir plenamente las enseñanzas del Divino Maestro, Mons.
Canovai ha vivido un ideal perfecto de santidad que a todos se nos
propone como modelo a seguir. Sus escritos son un itinerario de pro-
funda meditación que examina y remueve las conciencias, especialmen-
te la de nosotros, sacerdotes, y las acerca a Dios.
Una nota característica de la espiritualidad de Mons. Canovai es la
de su amor al Padre. Se sentía realmente hijo del Padre celestial y de
esta convicción brotó la decisión de abandonarse totalmente en sus
manos. En todas las tareas a las que fue llamado, también en aquellas
que humanamente podían resultarle no agradables, o no de acuerdo
con su ideal de vida apostólica, veía siempre la luz de la providencia
divina. El abandono fue su camino. Y cuando el 27 de mayo de 1939
fue nombrado Auditor de la Nunciatura Apostólica en Argentina, aun
advirtiendo que la nueva misión significaba la separación de las cosas
más queridas: el adiós a su amada Italia, el adiós a los ministerios apos-
tólicos que se iban encaminando, el adiós a los jóvenes universitarios
tan queridos y el adiós a la obra “Familia Christi”, la acoge con fervor

44 Año 2004 / GLADIUS 61


místico: “Ha llegado la hora de cumplir el primer mandamiento: priori-
dad absoluta a las cosas de Dios”. Y desarrolla su servicio en las Nun-
ciaturas de Buenos Aires y de Santiago de Chile con una gran seriedad,
consciente de la extrema responsabilidad de representar al Santo Padre
y a la Santa Sede. En su Diario dice: “El mejor modo de representar a
la Santa Sede y de «anunciar» al Papa y su voz sobre la tierra, es la
irradiación de una santidad iluminada e iluminante. Esto exige una
santidad superior a la ordinaria”.
Pero Mons. Canovai fue ante todo y sobre todo sacerdote, y la Eu-
caristía fue el punto focal de su sacerdocio. En su Diario nos dice de
manera categórica: “La razón de ser sacerdote es la Eucaristía”. Dio
siempre particular importancia a su preparación personal para la Santa
Misa, la que prefirió hacerla en la Capilla dedicándole por lo menos un
cuarto de hora. La Eucaristía era para él como el preludio del Cielo,
un adelantar el Cielo. Y muchas veces encontramos en su Diario que
reflexiona místicamente sobre la falta de la Eucaristía en el Paraíso:
“¿Cómo es posible mi Cristo, mi Dios, que tu Paraíso sea sin Eucaristía?
Vivía su sacerdocio como un auténtico alter Christus: “un hombre
elegido de lo alto para ser continuador de la misión del Señor. Y ser
luz para iluminar, sal para condimentar, fuego para encender los espí-
ritus y apóstol para difundir la buena nueva”. Siempre supo mantener
unidos el aspecto contemplativo y el fervor apostólico para acercar las

GLADIUS 61 / Año 2004 45


almas a Dios, especialmente las de los jóvenes, infundiendo en ellos el
coraje de “gastarse” por Cristo.
Y hoy experimentamos una gran emoción, al pensar que precisa-
mente, en esta Capilla y sobre este altar, por más de dos años, Mons.
Canovai ha celebrado la Santa Misa y pasaba varias horas de oración
ante el Santísimo. Y quién sabe cuántas veces al día interrumpía sus
tareas de oficina y se refugiaba en la Eucaristía para alabar y orar al
Señor y repetirle sin cansancio las palabras que encontramos en su
Diario: “oh Amigo mío, oh escondido Huésped mío, oh mi Cristo, oh
mi Dios, Tú eres mi vida, Tú eres todo, mi todo, diría que eres mi ver-
dadero yo, tan cerca me siento y poseído de Ti”.
Mons. Canovai trabajaba a pocos metros de esta capilla. Su habi-
tación se encontraba casi al lado de la iglesia y esto le permitía, aún
más, advertir y vivir una cercanía casi “física” con la Eucaristía. Esta
casa y especialmente estas paredes son testigos silenciosos de sus
largas y profundas meditaciones, y también de sus sufrimientos interiores
y de las penitencias, tantas penitencias, muchas veces corporales, que
se aplicaba para sentirse todavía más unido al Cuerpo Místico de Cris-
to y advertir, como él mismo nos escribe, “la continua presencia del
sacrificio de Cristo y la ofrenda perenne de Tu caridad crucificada. Es-
to es Señor lo que te pido: tu Cruz”.
S. E. Mons. Giuseppe Fietta, Nuncio Apostólico en Argentina en
aquellos años, fue, ciertamente, el testigo más cercano de la santidad
de vida de Mons. Canovai, y a quien éste amó como padre y respetó
como superior, y a quien pocos días antes de morir, sumido en los su-
frimientos, escribe: “Estoy aquí para ser útil a Vuestra Excelencia”.
Mons. Canovai murió en la Clínica Lavalle de Buenos Aires, el 11
de noviembre de 1942; tenía 38 años. Su cuerpo fue velado en el sa-
lón principal de esta casa, donde dentro de poco será presentado el
libro del Padre Sáenz, y descansa en esta Ciudad, en la Iglesia “Regina
Martyrum”.
El Padre Jesuita Andrea Doglia, Director Espiritual de Mons. Cano-
vai, escribe: “La vida que llevó entre nosotros fue la de un santo, y la
de un santo fue su muerte”.
Oremos por lo tanto en esta celebración centenaria, a fin de que el
precioso testimonio de vida de Mons Canovai pueda ayudar a tantos
sacerdotes, seminaristas y laicos, a vivir más intensamente el llamado
del Señor a la santidad, y también a acrecentar la devoción al Siervo
de Dios de manera que podamos venerarlo, lo más pronto posible, so-
bre los altares. Amén.

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Presentación del libro

Seguidamente se realizó la segunda parte del acto, que consistió en


la presentación del libro del Padre Alfredo Sáenz: José Canovai. La
sorprendente figura de un diplomático de la Santa Sede en la la Ar-
gentina (ediciones Gladius, Buenos Aires 2004, 288 pgs.), con prólogo
del Señor Nuncio Apostólico de Su Santidad, su Excia. Revma., Mons.
Adriano Bernardini.
Estaban presentes, además de los concelebrantes: el Gran Canciller
de la Universidad FASTA de Mar del Plata, Dr. Aníbal Fosbery O.P.; el
Vicerrector de la Universidad Católica Argentina, Lic. Ernesto Parselis;
el Rector de la Universidad Católica de La Plata, Ing. Ricardo de la
Torre; el ex rector de Universidad Nacional de Entre Ríos, Dr. Luis A.
Barnada; el Presidente de la Corporación de Abogados Católicos Dr.
Eduardo Quintana; la Presidenta del Instituto Hugo Wast, María Eugenia
Martínez Zuviría de Fernández Górgolas; el Coronel Juan Francisco
Guevara y su esposa, la gran iconógrafa Bety Pulau de Guevara, entre
otras importantes personalidades.
En primer término habló el Director de Ediciones Gladius, Profesor
Rafael Breide Obeid, quien ubicó el libro en el contexto de la obra del
Padre Saénz.
Manifestó el disertante que la obra del Padre Sáenz tiene dos líneas
principales: la línea del Sacerdocio y la de las obras históricas o de
Historia de la Iglesia.
La línea del Sacerdocio cuenta entre sus obras principales: In Persona
Christi (con prólogo de Monseñor Antonio Quarracino), El Templo,
La Eucaristía, Sacramento de Unidad, Homilías para los ciclos A, B y
C, Los Misterios de Cristo en San León Magno y en San Máximo de
Turín, El Santo Sacrificio de la Misa (que mereció en su momento una
generosa presentación de Monseñor Héctor Aguer) y Las Parábolas de
Cristo según los Padres de la Iglesia, magnífica obra en 8 volúmenes
de los cuales hay publicados seis: I. La Misericordia de Dios; II. La
Misericordia con el Prójimo; III. El Señorío de Cristo; IV. El Misterio
de Israel y las Naciones; V. El Misterio de la Iglesia; VI. La Siembra
divina y la fecundidad apostólica. Faltan escribir dos volúmenes que se
refieren a las virtudes del cristiano y a la esjatología (parábolas sobre el
fin de los tiempos).
Además el Padre Sáenz desarrolla una línea histórica en una doble
vertiente. En primer lugar una historia de la Iglesia a través de sus

GLADIUS 61 / Año 2004 47


pruebas y vicisitudes, serie que se llama La Nave y las Tempestades,
donde ya se han publicado 8 trabajos: 1. La Sinagoga y la Iglesia
Primitiva y las persecuciones del Imperio Romano. El arrianismo; 2.
Las invasiones de los Bárbaros; 3. La embestida del Islam; 4. La Que-
rella de las Investiduras. La herejía de los Cátaros; 5. El Renacimiento
y el peligro de mundanización de la Iglesia.
La segunda vertiente histórica es la de los Arquetipos: se inicia con
Cristo y las Figuras Bíblicas: Adán, Abel, Noé, Isaac, Melquisedec,
Moisés, Josué, David, Salomón, Isaías, Juan Bautista. Se continúa con
la serie Héroes y Santos: La Ascención y la Marcha, El Pendón y la
Aureola, La Catedral y el Alcázar, y otros arquetipos que se incluyen
en obras históricas; si las ordenamos por época tenemos:

Tiempos Apostólicos: San Pablo


Tiempos Patrísticos: San Juan Damasceno, San Nicéforo, San
Teodoro Estudita.
Tiempos Medievales: San Vladímir, San Bernardo, San Fernando
de Castilla, San Luis Rey de Francia, Santa Catalina de Siena, Teófa-
nes el Griego, Andrei Rubliov.
Siglo de Oro: Isabel la Católica, San Ignacio de Loyola, Santa
Teresa, Santo Toribio de Mogrovejo.
Cristiandad en América: P. Antonio Ruiz de Montoya S. J., Hernan-
darias, San Roque Gonzalez de Santa Cruz, Madre Antonio de la Paz
y Figueroa, Padre Francisco de Paula Castañeda.
Contemporáneos: Cardenal Pie, Anacleto González Flores; Antonio
Rivera, Antoni Gaudí, Alexander Solzhenitzin, Tatiana Goricheva,
Antonio de Oliveira Salazar.

La culminación de su obra histórica, o mejor, de Teología de la


Historia, es también esjatológica. Por ello ha dedicado siete estudios a
los autores modernos que se han referido al fin de los tiempos: Dos-
toiewsky, Soloviev, Benson, Thibon, Pieper, Castellani y Hugo Wast.
El libro que enseguida presentará el propio autor es una obra no de
culminación sino de encrucijada, pues en él se encuentran las dos
líneas mencionadas, la de los arquetipos y la del sacerdocio.

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Presentación del libro por parte del P. Alfredo Sáenz

Resulta para mí muy grato presentar este libro sobre monseñor José
Canovai y particularmente emotivo que el acto se realice en este lugar
donde él vivió sus últimos años. He querido incluir esta obra en la se-
rie que he titulado “Héroes y Santos”, donde me he propuesto ir pre-
sentando la vida y el pensamiento de varios personajes gloriosos de la
historia, especialmente con el objeto de ofrecer arquetipos y paradigmas
a una sociedad que muere por falta de valores, teniendo particularmente
en cuenta a la juventud, tan desamparada, casi a la intemperie.
Desde hace mucho tiempo tenía pensado escribir sobre este ilustre
sacerdote, a quien no conocí personalmente pero sí a través de personas
mayores que me eran muy caras. Ya había conseguido buena parte del
material necesario. Pero pensaba hacerlo en años posteriores. Cuando

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providencialmente me enteré de que Canovai había nacido en el año
1904, entendí que no podía desaprovechar la celebración del centena-
rio, y así me aboqué a redactar, un poco a marchas forzadas, las pági-
nas del presente libro.
Como muchos de los aquí presentes posiblemente nada o casi na-
da sepan de él, antes de exponer su pensamiento, aludiré brevemente
a su biografía.
Nació Giuseppe, a quien sus padres llamaban Peppino, diminutivo
de su nombre, en la ciudad de Roma, el 27 de diciembre de 1904.
Tras cursar los años del bachillerato, ingresó en la Facultad de Derecho,
al tiempo que en la Acción Católica. Desde los 15 años comenzó a es-
cribir un Diario espiritual, perseverando en ello hasta su muerte. Dicho
documento, donde se revela la exuberancia de su espíritu, es la fuente
principal en que hemos abrevado, así como en su nutrida correspon-
dencia. Era un joven generoso y ardiente. Entre otras cosas, su adhesión
a la Iglesia y a su Patria le hacían ansiar la restauración de la Cristiandad
en su amada nación. “Que algún anciano divino del Vaticano –escribe
en el Diario–, algún ilustre Pontífice de la Iglesia pueda volver a unir al
seno inmenso de la Iglesia la oveja perdida de Italia, la querida patria
mía, he aquí el sueño más grande del católico italiano, el sueño por el
cual debemos combatir y rogar de modo de modificar nuestro país, nues-
tro pueblo, volviéndolo a acercar a la sede gloriosa de Pedro. Qué be-
llo sería el Pontífice circundado por 40 millones de italianos fervientes
católicos, gobernados por un gobierno sabio y católico, bendecido por
Dios, escudo y defensa de la Santa Sede. ¿Cuándo, cuándo tanta feli-
cidad?” Tales las inspiradas palabras de este adolescente de 15 años,
rebosante de ideales, de mirada pura y penetrante, que buscaba el
retorno de su Patria, la Italia liberal y masónica, al regazo de la Iglesia
Madre.
Luego de doctorarse en Derecho, estudió Filosofía, culminando exito-
samente dichos estudios. Creyó entonces sentir el llamado al sacerdocio.
Emprendió así los estudios eclesiásticos, cursando la teología en la Uni-
versidad Gregoriana. Fue sin duda un acontecimiento glorioso para él
cuando se ordenó de sacerdote, al día de la Exaltación de la Santa
Cruz, según lo destacó una y otra vez.
Hubiera querido entrar en la Compañía de Jesús, pero su padre es-
piritual, el P. Enrico Rosa, que era jesuita, le pareció que ello no sería
posible ya que siendo su madre viuda y muy anciana no podía desen-
tenderse de ella. Entonces trató de ubicarlo en alguno de los Dicasterios

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de la Santa Sede, consiguiendo finalmente un lugar para él en la Con-
gregación de los Seminarios, donde permanecería durante 8 años. Si
bien el prefecto de dicha Congregación, mons. Ernesto Ruffini, lo reci-
bió como a un hijo, Giuseppe se sentía incómodo. No le gustaba en lo
más mínimo ser algo así como un “empleado”, recluido en un cuarto,
despachando asuntos oficinescos. No quería ser “funcionario”, quería
ser “sacerdote”, dedicado directamente a la salvación de las almas.
Por lo demás no le interesaba en absoluto “ponerse en carrera”... a no
ser hacia el cielo! Canovai era un hombre sumamente dotado y bien
formado, especialmente apto para la enseñanza, el apostolado intelec-
tual. Tal era su anhelo: servir a la Verdad, llenarse de ella, vivirla, y fi-
nalmente comunicarla. En medio de la gran confusión de ideas que
había traído la difusión de las filosofías modernas veía la necesidad y
la urgencia de un pensamiento católico sólido, que orientase las inteli-
gencias, un pensamiento que fuese tradicional y tomista, a la vez que
capaz de llegar al hombre de nuestro tiempo. Por eso aprovechó los
ratos libres que le dejaban sus horarios en el Dicasterio para consolidar
su formación y ejercer alguna forma de apostolado. Pronto fue nom-
brado asesor de la Acción Católica Universitaria de Roma.
Su personalidad resultaba fascinante para quienquiera se le acercase.
Era simpático, de trato exquisito, mirada penetrante y sonrisa comuni-
cativa. Sin embargo muchas veces la procesión iba por dentro. Desde
muy joven la cruz entró a formar parte de su vida, tanto en el alma
como en el cuerpo. En el alma, por la desazón que le producía estar
encerrado así todo el día en el Dicasterio, y en el cuerpo porque desde
siempre tuvo que soportar una dolorosa úlcera de duodeno, que lo
atormentaría hasta su muerte. Tantos pesares podían haber hecho en
él un personaje agrio a insoportable. Pero no dejó que sus angustias se
dejaran traslucir. Los que lo frecuentaban sólo conocían la vivacidad
de su temperamento, su manera de ser dicharachera, tan propia de los
romanos. Poquísimos, aun entre los más íntimos, supieron darse cuenta
de que aquel joven sacerdote, jovial y simpático, siempre de buen ta-
lante, tan proclive a captar el lado cómico y humorístico de las cosas,
ocultase un drama interior de gran envergadura.
De manera totalmente inesperada recibió cierto día un nuevo des-
tino: la Nunciatura de Buenos Aires, debiendo ejercer allí el oficio de
“auditor”. Para sorpresa de él y para felicidad de nosotros. Era por
aquel entonces Nuncio en la Argentina monseñor José Fietta, un hom-
bre realmente superior, quien recibiría a nuestro don Giuseppe con
gran cordialidad y espíritu paterno. Llegó Canovai a Buenos Aires el

GLADIUS 61 / Año 2004 51


1º de enero de 1940, a bordo del barco Oceanía. Y aquí permanecería
–salvo algún intervalo– hasta su muerte. Monseñor Fietta entendió in-
mediatamente que este dinámico joven no podía ser recluido entre
cuatro paredes y le dejó libre las tardes para que pudiera dedicarse al
apostolado. Ya había pasado aquí más de un año cuando, a raíz de la
muerte del Nuncio de Santiago de Chile, recibió la orden de trasladarse
a dicha ciudad como Encargado de Negocios interino. Luego retornaría
a esta casa. Precisamente en los pocos meses que permaneció en Chi-
le, un partido político había intentado introducir el divorcio en la legis-
lación chilena. Él se opuso con todas sus fuerzas e incluso le ofreció a
Dios su vida para evitar tamaña desgracia. Fue entonces cuando es-
cribió en su Diario una plegaria de cinco páginas donde le pedía a
Dios que impidiese aquella medida, plegaria que escribió con su propia
sangre. De hecho aquella ley no fue aprobada. La nación trasandina
mantendría dicha tesitura hasta hace pocos meses.
Poco tiempo después de volver a la Argentina moriría. Como se ve,
su vida no tiene ribetes demasiado destacados. Parece más bien pro-
saica. Sólo Dios conoció a este hombre hasta el fondo. En nuestro li-
bro tratamos de asomarnos a ese “fondo”. Él entendía que su oficio en
la Nunciatura era exigitivo. “Sentir la responsabilidad de representar a
la S. Sede –leemos en el Diario–. Esto exige una santidad superior a la
ordinaria.” Pero el principal tesoro que se anidaba en el fondo de su
alma era el sacerdocio, vivido en plenitud. Por sobre todo y ante todo
él era y quería ser sacerdote cabal. Por eso largas páginas del presente
libro están dedicadas a perfilar su semblanza sacerdotal.
Canovai se había propuesto ir obrando cada vez más in persona
Christi. Porque era consciente de que el Señor no lo había querido
llamar “siervo” sino “amigo”. Y la amistad es unitiva, identifica, hace
de dos uno. De ahí que no tema decirlo al Señor: “Tú eres mi vida, tú
eres mi todo, diría que eres mi verdadero yo.” Al elegirlo, Cristo lo
había ganado para su causa redentora. Pero él también quería ganarlo.
“Te conquistaré –le dice– quiero conquistarte y tenerte todo conmigo.”
Si es cierto que principalmente en la consagración eucarística el
sacerdote obra in persona Christi, no será digno de ello si no se esfuer-
za con todas las energías de su alma “por vivir in persona Christi todos
los instantes de su jornada y si no logra al fin obtenerlo”. La conquista
ha sido doble. Cristo se ha apoderado de él, tomándolo como instru-
mento suyo, él se ha apoderado de Cristo, al punto de poder realizar
en Él todas sus acciones sacerdotales.

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Un sacerdocio, por lo demás, nada intimista, clausurado en sí mis-
mo, fugitivo de la realidad cotidiana, sino comprometido en la trama
de la historia, como lo fue el de Cristo. Comentando un versículo del
salmo 103: “Sólo el hombre sale para sus trabajos hasta la tarde”, se-
ñala en el Diario la impresión que experimentaba ante la obra divina
en todas las cosas. Un hecho de su vida, del todo banal, nos lo revela:
“Iba por la calle Callao..., autos, tranvías, autobuses, circulación intensí-
sima..., tanto ruido, pero todo me recogía, me resonaba dentro como
silencio vivo..., el hombre saldrá a sus obras y a su trabajo hasta la tar-
de.” Helo ahí al sacerdote, viendo a su Dios operante en el trajinar de
los hombres. Así pontificaba en medio de la ciudad turbulenta.
A su juicio la entera vida del sacerdote debe ser un ininterrumpido
Sursum corda, arriba los corazones, una permanente exhortación a los
fieles de modo que no se afinquen en las cosas de la tierra. “Así como
los Doce miraron y vieron la ascensión del Maestro, que las almas, al
mirarnos, perciban nuestro verdadero e interior ascender hacia las co-
sas celestiales y sean llevados a glorificar y celebrar al Señor.”
No quiso, como se ve, fungir de “funcionario”. Era un “enamorado”.
La confesión más esplendorosa que nos ha dejado la encontramos en
el siguiente trozo de su Diario: “Siento estremecer, palpitar en mí, au-
gusto, celestial, el poder del Sacerdocio... Es una creatura viva, la sien-
to que me roe, me consume, me invade, me aferra de todas partes...

GLADIUS 61 / Año 2004 53


Dios mío, que se apodere de mí, que me devore en el horno de tu
amor... Dios mío, quiero ser sacerdote, en todo, por todo, en cualquier
instante de la vida, en todo momento de mi jornada, en toda actitud
de mi espíritu..., quiero que todo sea Sacerdocio y por ende destrucción
de mí, glorificación de ti.”
El Santo Sacrificio de la Misa era para él la consumación cotidiana
de su sacerdocio. En el Diario nos va revelando su modo de entender
las diversas plegarias que lo integran, haciendo de ellas alimento de su
vida espiritual. Lo que anhelaba, escribe, era “unificar en un solo reci-
bir, en un solo ofrecer, la caridad que se ofrece desde la eternidad, que
se hace cruz y sangre y pan y vino en mis manos, que desciende y em-
briaga y santifica y eleva y me transforma y me hace sacerdote y me
asocia a Él en multitud ilimitada de almas, bajo la bendición de Ma-
ría.” Magnífico texto, de alcance cósmico, donde lo humano se une
con lo divino, la eternidad con el tiempo, el Redentor con la multitud
de los salvados.
Su ideal hubiera sido instalar su morada junto al altar. A este res-
pecto recuerda aquellas palabras que el Señor dirigió a Moisés: “As-
ciende al monte y permanece allí. Et esto ibi.” Es cierto, comenta, que
a veces hay que alejarse materialmente del altar, en razón de nuestras
ocupaciones, pero el corazón nunca puede permanecer distante, siem-
pre debe estar en el altar, en el anhelo imperecedero “de consumarse
con mi Cristo sobre el mantel blanco”. Obviamente el momento de la
consagración es, como ya lo señalamos, el acto culminante donde la
figura de Cristo transfigura la de su sacerdote. Allí “todo es in persona
Christi: las mismas palabras, los mismos gestos, la misma mirada al
cielo, invocando y buscando al Padre, todo idéntico a lo que los Doce
vieron la tarde de la última cena”.
Particularmente se detiene en las palabras de la doxología: “Por él
creas todos los bienes, los santificas, les das vida, los bendices y nos
los otorgas.” Al comentarlas confiesa: “Sentía estremecerse bajo aquel
velo de pocas sílabas toda la infinita dación de Dios, y toda la economía
de la revelación, y el mismo Cristo, en el cual se unen lo divino y lo
humano... Toda la creación, toda la naturaleza y toda la sobrenaturaleza
que obra ab aeterno para que allí, sobre el altar, estuviesen estos do-
nes... el pan y el jugo de la vida, los frutos de la naturaleza y la gran
flor de la sobrenaturaleza, para que una creatura hija de Dios viniera a
injertarse como un pétalo vivo en la flor viva, y alcanzase el poder de
alimentarse del Cristo vivo, escondido bajo los frutos de la tierra; y
sentía la fragancia del universo sensible escondido en el olor del pan y

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sentía el dulce perfume de Cristo, el buen olor de Cristo. Oh misterio,
oh secreto, oh alegría inseparable!” Estas palabras no podían haber
brotado sino de un alma extática, un alma mística.
Su corazón de sacerdote rebosaba de júbilo mientras daba la co-
munión a los fieles. Se sentía en el punto de intersección de dos mara-
villas: traer a Cristo y dar a Cristo. Veía en ese momento principalmente
la relación del sacerdocio con la Santísima Virgen: también ella había
traído a Cristo y había dado a Cristo. El hacerlo, escribe, “es verdadera-
mente proseguir la misión de María, dar a Cristo a las almas, como ella
lo dio al mundo, darlo, y darnos para darlo en nuestro darnos!” Nun-
ca veía a Cristo “Salvador” con tanta evidencia como en el momento
de pasar de sus manos a los labios del comulgante.
Como se ve, la Eucaristía fue el corazón de su sacerdocio. Con el
tiempo llegaría a ser para él el arquetipo de todas sus virtudes. Así pu-
do rezar: “Señor, dame el silencio de la Eucaristía, la oración de la
Eucaristía, el ocultamiento de la Eucaristía, la dación a las almas de la
Eucaristía.” La Eucaristía llegó a ser para él la causa ejemplar de su
sacerdocio.
Advertimos asimismo en el Diario la gran importancia que le confería
al rezo cotidiano del Oficio Divino. “Soy sacerdote –escribió– primero
de todo y ante todo para tributar a Dios un perfecto sacrificio de ala-
banza.” Y ello en íntima conexión con el sacramento del altar. “La Eu-
caristía es Cristo en el corazón, el Breviario es Cristo sobre los labios.”
También aquí quería ser “otro Cristo”, el continuador de su alabanza.
También aquí entendía obrar in persona Christi, prestándole sus labios
a Cristo para que pudiese continuar la alabanza que en el transcurso
de su vida en la tierra había dirigido al Padre. “La Misa y el Breviario
son las razones de mi vida: existo antes que nada para esto.” Le gusta-
ba rezarlo en la capilla de esta Nunciatura, sin precipitación, con solemne
lentitud, de manera despaciosa, ya que, como bien dice, “el apuro es
la muerte de la plegaria”. En una palabra, buscaba que el Breviario em-
papase de alabanza todos los momentos de su jornada. No se conten-
taría con pronunciar la alabanza, él mismo quería “hacerse alabanza”.
Un aspecto esencial en su espiritualidad lo constituyó lo que podría-
mos llamar “la mística de la cruz”. El hecho de haber sido ordenado el
día de la Exaltación de la Santa Cruz no dejaba de parecerle una pre-
monición. Dios le había mostrado que su llamado al sacerdocio era
fundamentalmente un llamado a la Cruz. El “ven” evangélico que ha-
bía oído del Señor lo entendía como el eco y la prolongación del lla-

GLADIUS 61 / Año 2004 55


mado del Padre a su Hijo para que realizase la redención por la entre-
ga en el dolor. Canovai anhelaba que se imprimiese en su interior lo
que gustaba llamar “la caridad crucificada”, de modo que “el Señor
hiciese de mí un alma de Cruz, que me consumase en la interior adhe-
sión del alma a su dolor”. Quizás sea uno de los rasgos que mejor ca-
racteriza el perfil sacerdotal de Canovai. Entendía que la Cruz era
fuente de fecundidad. En carta a un amigo así lo exhortaba: “Dime de
tu alma, de cómo amas y de cómo sufres, de cómo aspiras a amar
más y a sufrir más, para ser más cruz adentro, más vida afuera, para
ser más muerte para ti, más vida para los demás.” Pesada fue, por
cierto, la cruz que debió cargar. Dolores físicos terribles, lo hemos di-
cho, noches oscuras del alma que lo llevaron al borde de la desespera-
ción. Quien lee su Diario quedará impresionado por el caudal de sus
sufrimientos.
Canovai es, asimismo, una expresión viva de la necesidad que tie-
ne el sacerdote de unir la acción y la contemplación. “Una vida es con-
templativa –dice en una de sus cartas– no porque se recen dos nocturnos
más, sino porque se envuelve de una cierta lentitud, de cierta majestad,
casi, en la plegaria, lo que ayuda inmensamente al alma para unirse
con Dios y para gustar por largo tiempo su presencia.” No es sino de
este ambiente “lento y majestuoso”, lejano de todo activismo y febre-
lidad, de donde brota el auténtico apostolado. “Acción verdadera –es-
cribe– es aquella que no se pone por una necesidad exterior, sino por
una necesidad interior, verdadera acción es aquella que se pone por
una plenitud de abundancia interior, que aspira irrefrenablemente a
concretarse en una obra y a decirse en una palabra.” Es lo de Santo
Tomás: “contemplata aliis tradere”, con otras palabras: algo que brota
de la “plenitud de abundancia interior”. He ahí su fuente: el silencio,
el olvido de sí, el distenderse de la paz del alma. Sólo eso hace posible
la dación apostólica. El apostolado no es agitación, proselitismo, propa-
ganda: es transfusión de sangre.
Especial acicate para su apostolado encontró Canovai en la parábola
del sembrador. El sembrador salió a sembrar, comienza el texto sagrado.
Particularmente le impresionaba este “salir” de Cristo, un múltiple sa-
lir, comenta, del seno del Padre al seno de María, del seno de María al
mundo... “Hay, pues, un andar, un misterioso andar, recogido en la
unidad de la inmovilidad divina, como hay un eterno obrar del Padre,
al cual se asocia la operosidad de la humanidad asumida, todo ello
consumado en la perenne inmovilidad del infinito... Nuestra vida inte-
rior es ser tomados, absorbidos, poseídos por el misterioso andar del

56 Año 2004 / GLADIUS 61


Verbo.” No es posible sembrar si no se sale. Es el éxtasis que suscita la
vida interior.
Acción y contemplación. ¿Qué vale una oración –se pregunta– que
se aleja del interés por la salvación de las almas, y qué vale una vida
apostólica que se aleja del alma de todo apostolado, cual es la oración?
El sacerdote debe ser arquitectónico, armónico. Habrá de cultivar una
oración que suscite la sed de dar y un dar que suscite el deseo ardiente
de recogerse para recibir.
El corazón sacerdotal de Canovai se fue moldeando en el Corazón
de Cristo, cuyas medidas –anchura, altura, profundidad– son inconmen-
surables. Bien ha dicho de él el cardenal Siri, su compañero en la Gre-
goriana, que si hubiera que recurrir a una sola virtud para caracterizarlo
a Canovai habría que elegir la “magnanimidad”. “Era un alma grande.
Para mí esta palabra dice todo lo que siento de él.” Nunca se contentaba
con lo que era. Siempre repudió todo tipo de “mediocridad”. No hubo
“bastas” en su vida espiritual. Buscaba ser “liberal”, en el mejor sentido
de la palabra, es decir, libre de ataduras que frenen. No era sino la res-
puesta condigna al “totalitarismo” del amor de Dios, quien quiere que
lo amemos con “toda” nuestra alma, con “todo” nuestro corazón, con
“toda” nuestra inteligencia. Canovai fue siempre enemigo de los térmi-
nos medios, de las virtudes aburguesadas, que se satisfacen quedándose
a mitad de camino. Una de las palabras que más se reitera en su Dia-
rio es la palabra “intensidad”. “Señor, ardo en el deseo ferviente de

GLADIUS 61 / Año 2004 57


ofrecerte una vida intensa, densa, como corresponde al amor generoso
con que nos has amado... No importa, Señor, cuánto vivamos, sino
cuán intensamente vivamos!”
Su acción apostólica se desenvolvió sobre todo en el campo inte-
lectual. Entendía que su misión peculiar como sacerdote era la del es-
clarecimiento doctrinal, la iluminación de los espíritus. Le impresionaba
la frase de Cristo a sus apóstoles: Vosotros sois la luz del mundo. Él
mismo era un intelectual nato. Siempre fue un lector empedernido. No
sólo cuando residía en Italia sino también mientras vivió en esta Nun-
ciatura. En una de sus cartas escritas desde aquí señala que estaba
leyendo vorazmente a Pascal, San Agustín, Santo Tomás. Amó nuestra
lengua y la aprendió a través de los clásicos españoles como fray Luis
de León y San Juan de la Cruz. Pero también leía autores profanos
como Schiller, Cervantes, Goethe. Era un hombre de cultura general,
que abarcaba lo antiguo y lo moderno. En una de sus conferencias en
Buenos Aires señaló: “Goethe, con su Fausto, es el poeta de la filosofía
moderna, así como Dante es el poeta de la filosofía medieval.” Con todo
no era un repetidor, ni siquiera de Santo Tomás, su autor predilecto.
Por eso no se quedaba con las respuestas que el Doctor Angélico daba
a los objetores de su tiempo, sino que atendía principalmente a la ac-
tualidad de sus reflexiones. Con frecuencia iba desde esta casa a la bi-
blioteca de los Cursos; allí, dice en una ocasión, “he leído De Civitate
Dei y la Summa: horas deliciosas”.
Particularmente se decidió a colaborar en la obra de los Cursos de
Cultura Católica. Los Cursos marcaron a toda una generación de ca-
tólicos argentinos. Culturalmente, ha de haber sido lo más importante
que se ha hecho en nuestra Patria durante el siglo XX. De ahí saldrían
teólogos, filósofos, literatos, artistas de primer nivel. Entre ellos Casares,
Pico, Ballester Peña, Bernárdez, Anzoátegui, Dondo, Basaldúa... Incluso
Borges hizo incursiones en dicho grupo. Canovai quedó fascinado an-
te este conjunto de personas. Decía que difícilmente en Italia encontraría
un grupo semejante, de tantas cualidades. Que jóvenes menores de
30 años, brotados casi por generación espontánea, fuesen capaces de
publicar una revista como Ortodoxia o Sol y Luna, donde escribían las
mejores inteligencias de la época, Chesterton, Belloc, Garrigou Lagran-
ge, Papini y tantos otros, era algo difícil de entender. Pues bien, Cano-
vai fue el alma espiritual de los Cursos.
Vayamos cerrando esta estampa de nuestro homenajeado. Siempre
había sido enfermo, según lo señalamos, pero de pronto su enfermedad
se agravó. Los médicos nada pudieron hacer. No sería adecuado decir

58 Año 2004 / GLADIUS 61


de él que “se murió”, como si se hubiese tratado de un accidente, de
algo fortuito. Preparándola con tiempo, quiso asumir voluntariamente
su propia muerte, como lo hizo Cristo, en un acto sacrificial, pastoral y
hasta eucarístico... Quiso vivir su vida intensamente, lo dijimos, y tam-
bién quiso que su muerte fuese intensa. Así leemos en el Diario, no
mucho antes de su deceso. “Oh el limón exprimido, tirado a un lado,
cuán querido es; en el vaso colmado se recoge el jugo fresco que apa-
ga la sed y regocija; así, así, Señor, me encamino a mi rápido ocaso:
un pobre limón exprimido; exprime, exprime, Señor, que no quede
una gota de jugo, y que el jugo sea fresco, sabroso y agradable a las al-
mas sedientas.” Lenguaje de místico, de alma enamorada, que hace
suyo aquel cupio dissolvi del Apóstol: “Morir y verte, oh Señor, extin-
guirme a la luz de la tierra y encenderme en la revelación exultante de
tu luz.”
El 29 de octubre de 1942 pronunció su última conferencia en los
Cursos. El 5 de noviembre concluyó una tanda de Ejercicios a sus
miembros. Esa misma tarde se sintió mal, muy mal. Lo atendieron los
mejores médicos de Buenos Aires. Finalmente lo internaron en la Clí-
nica Lavalle, donde fue operado de urgencia. Tenía una gravísima pe-
ritonitis. Su muerte fue conmovedora. Pidió que recitaran con él el
Credo, la Salve, el Magnificat y luego le cantasen en gregoriano las
dos últimas estrofas del himno “Vexilla Regis”, que tanto amaba. Des-
pués de haber recibido los últimos sacramentos, le dijo al P. Doglia, su
confesor: “Jamás, nunca, padre, habría pensado que fuese tan dulce
morir y morir joven.” Tenía 38 años. Sus últimas palabras fueron:
“Todo por ti, Señor.” Era el 11 de noviembre.
Llevaron sus restos a este salón de la Nunciatura, donde lo velaron.
Todos se hicieron presentes, los de los Cursos, los jóvenes de la Ac-
ción Católica, sacerdotes, religiosas. Los funerales se celebraron en la
iglesia del Pilar y fue luego enterrado en el cementerio de la Recoleta,
en un nicho de la Capilla del Clero. El Presidente de la República de-
claró luto nacional y dispuso que en el día de la sepultura los edificios
públicos pusiesen la bandera a media asta, honor que de por sí no le
era debido al grado diplomático del difunto. En el entierro hablaron el
Dr. Tomás Casares, en nombre de los Cursos, y el Dr. Mario Amadeo,
por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Espléndidos discursos que
transcribimos en el apéndice del libro. En 1949 sus restos fueron tras-
ladados a la iglesia Regina Martyrum, anexa a la residencia de los je-
suitas, donde hoy se encuentran.

GLADIUS 61 / Año 2004 59


Sin duda Canovai nos estará mirando ahora desde el cielo. ¿Será
realmente feliz en el cielo? Pregunta extraña, por cierto. Pero cabe for-
mularla luego de leer estas sublimes reflexiones suyas que encontramos
en el Diario. Allí escribe: “Si fuera posible –que no lo es– tener alguna
tristeza en el cielo, tendría la de no poder celebrar el Santo Sacrificio...
¿Cómo es posible, mi Dios, que tu Paraíso sea Paraíso... sin Eucaristía?
¿Es posible que por toda la eternidad no podré ya tenerte en mis ma-
nos y adorarte sobre el blanco mantel? ¿Y podré ser feliz, infinitamente
feliz, sin tu Cáliz, elevado en alto por la salvación del mundo?” Algo
semejante encontramos en otro lugar: “En el cielo no habrá duelo de
la tierra, con todo, cuando estaré en el fulgor de tu gloria, no te podré
esconder, carne viva y vivificante de Dios, en mi corazón, y tendré
nostalgia del Altar... Sé que es absurdo, que Tú serás todo en todos,
que me perderé cara a cara contigo... pero mi Paraíso es tu altar.”
Tal fue el personaje. En 1992 se abrió oficialmente en Roma su
causa de beatificación. En el 2001 se cerró la investigación.
Hemos ofrecido un pantallazo de la vida y del pensamiento de este
gigante del espíritu. Su existencia ha sido una verdadera gracia para la
Iglesia en nuestra Patria, un don que hemos recibido de Roma y que
no habíamos merecido. Necesitamos sacerdotes como él, necesitamos
pastores como él, transidos de amor a Dios, quemados por el celo de
las almas, sacerdotes de buena doctrina y de ardor apostólico. Sólo así
se salvará nuestra Patria.

Bendición Apostólica de Su Santidad

Para culminar el acto, Su Excelencia Reverendísima, el Señor Nuncio


Apostólico de Su Santidad, felicitó al autor por su obra haciendo una
aguda observación sobre la espiritualidad ignaciana de José Canovai,
lo que explica su profunda coincidencia con la obra del autor, Padre
Alfredo Sáenz S.J., y a continuación leyó el mensaje de Papa Juan
Pablo II que transcribimos:

Su Santidad Juan Pablo II saluda con afecto a los participantes en


el solemne acto conmemorativo del primer centenario del nacimiento
del Siervo de Dios Mons. Giuseppe Canovai, fiel servidor de la Santa
Sede en tierras argentinas y chilenas, que hizo de la Cruz el camino de
su vida y experimentó la presencia de Cristo como maestro interior y

60 Año 2004 / GLADIUS 61


fuente de su celo apostólico, haciéndose todo para todos, para salvarlos.
Su existencia, marcada por un profundo espíritu de penitencia, responsa-
bilidad y entrega a las misiones confiadas, puede iluminar a todos, es-
pecialmente a los sacerdotes, como nuevo impulso en el camino hacia
la santidad.
El Santo Padre, implorando la protección maternal de Nuestra Se-
ñora de Luján, se complace en impartir a todos los asistentes a dicha
celebración, en la antigua sede de la Nunciatura Apostólica, en Riobam-
ba, la implorada Bendición Apostólica.

Finalmente, el Padre Sáenz recibió los saludos de los participantes


y firmó los libros mientras se servía un vino de honor, ofrecido por la
Pontificia Universidad Católica, a los numerosos invitados.

GLADIUS 61 / Año 2004 61


España, Isabel y la cuestión judía
P. RAMIRO SÁENZ

Yahaveh os dispersará entre los pueblos


y no quedaréis más que unos pocos,
en medio de las naciones (Dt 4, 27)

Los judíos son un pueblo disperso


y separado en todos los confines del
mundo en el seno de los pueblos de
los respectivos países. 1

Al tenerse noticias de la posible beatificación de Isabel I de Castilla,


varias instituciones judías levantaron su voz acusándola de mujer into-
lerante, injusta, ambiciosa, homicida y cruel. Más allá de la injusticia e
irresponsabilidad de estas afirmaciones, es ocasión para poner de re-
lieve la verdad sobre el tema, pues muchos cristianos quedaron perple-
jos. Falsos principios, silencios y deformaciones históricas pululan por
el mundo de hoy, sembrados por las ideologías, que impiden hacer un
juicio equitativo sobre esta mujer excepcional. Haremos por ello un
recorrido histórico y concluiremos con un juicio de valor. No es una
simple cuestión histórica propia de especialistas. Está detrás de ello la
malicia del mundo y la santidad de la Iglesia, pues “el que obra el mal
aborrece la luz” (Jn 3, 20).

2
I. La cuestión judía

El pueblo de Israel no puede ser tratado como cualquier otro. Es


del todo singular. Nos basta para probarlo su propia historia. ¿Qué

1 Flavio Josefo, La guerra de los judíos, 7, 3, 3.


2 Dubnow, Simón, Manual de la historia judía, versión castellana y apéndice de Salomón
Resnik, Ed. judaica, Bs. As.1944. Johnson, Paul, La historia de los judíos, ed. Javier Vergara 1991;
Beinhart, Haim, Los judíos en España, Ed. MAPFRE, Madrid 1992; Meinvielle, Julio, El judío en
el misterio de la historia, ed. Theoría, Bs. As. 1959; Suárez Fernández, Luis, La expulsión de los
judíos de España, Ed. MAPFRE, Madrid 1991.

GLADIUS 61 / Año 2004 63


pueblo ha perdido su territorio y ha conservado su identidad veinte si-
glos? Ese es el hecho. Si quisiéramos conocer las causas, no indaguemos
en la economía, ni en la psicología ni en la sociología ni en la etnología.
La comprensión vendrá por la Revelación de Cristo, es decir, el conoci-
miento de los designios misteriosos queridos o permitidos por Dios pa-
ra este pueblo, inseparable de su Plan de Salvación. Podemos verla en
tres etapas. Su misión teológica comienza por la gratuita elección de
Dios, desde Abraham, para dar a luz al Mesías y difundirlo a las nacio-
nes. Pero su recurrente infidelidad culmina con el rechazo del Cristo y
la más injusta de las condenas de la historia. No sólo rechazaron al
Salvador, sino que se apropiaron de las promesas haciéndolas carnales
y temporales. Así, el pueblo elegido por gracia de Dios para una mi-
sión universal de salvación eterna, se corrompió volviéndose sobre sí
mismo. Su mesianismo se ha temporalizado y la excelencia que signifi-
caba su elección y misión se ha transformado en soberbia racial: “So-
mos descendencia de Abraham” le enrostraban a Cristo (Jn 8, 33),
que les había reprochado juzgar “según la carne” (Jn 8, 15) y “ser de
este mundo” (ibid v. 22). Tal culpa tuvo su pena. Como se le había
profetizado, quedan sin territorio y sin templo. Ello significa ausencia
de sacrificio, de sacerdocio y de la presencia de Dios. Si el exilio de
Dios es su culpa, el exilio de su tierra es la pena.
Comienza aquí otra etapa de su misión en el Plan Divino. Aquellos
hechos se van a prolongar en la historia. Por ello será la nación que
persiga a la Iglesia de Cristo a través del tiempo con un encono teoló-
gico que parece llevarlo en su sangre. “La Synagoga de los judíos es la
fuente de las persecuciones”, decía Tertuliano en el siglo III. La Iglesia,
Cuerpo de Cristo, ha sufrido de los mismos la misma afrenta. Por otra
parte, ha sido también una nación castigada. Pueblo errante, doliente
y cautivo de otros pueblos, especialmente de los paganos, que los han
sojuzgado y humillado. Son como una imagen viva del castigo debido
a su infidelidad, reiterada tenazmente a través de los siglos. La “sangre
[del Mesías] ha caído sobre ellos” (Mt 27, 25). En su tradición vetero
testamentaria ya se le había anunciado este terrible dilema vinculado a
su fidelidad a Dios: “Mira, yo pongo ante ti vida y felicidad, muerte y
desgracia,...vida o muerte, bendición o maldición” (Dt 30, 15 y 19).
Su prolongada “ceguera” (2 Cor 3, 14; Rm 11, 7-10) y “endureci-
miento”(Rm 11, 7 y 25), señales de la “reprobación” de Dios (Rm 11,
15), culminarán en los “últimos tiempos” con la persecución final y los
tiempos del anticristo (2 Tes 2, 14), que saldrá de sus entrañas. Entonces
se convertirá, “todo Israel será salvo” (Rm 11, 26) y habrá un maravillo-

64 Año 2004 / GLADIUS 61


so y momentáneo esplendor cristiano. He ahí la última parte de su mi-
sión teológica.
Un agudo texto de San Bernardo († 1090) sintetiza el pensamiento
teológico medieval y sus consecuencias prácticas:
“No se debe perseguir, ni asesinar, ni expulsar siquiera a los judíos.
Preguntad a quienes conocen las divinas Escrituras qué profetiza el
salmo sobre los judíos y qué dice la Iglesia: «Dios me ha mostrado res-
peto a mis enemigos, para que no los mates, para que no se olviden
de mi pueblo» (S 59, 12). En realidad son para nosotros una memoria
viva que nos recuerda la pasión del Señor. Por ese motivo viven dis-
persos en todos los países, y al llorar por doquier las justas penas de
un crimen tan enorme, son testigos perennes de nuestra redención.
Por eso añade en ese mismo salmo la Iglesia: «Dispérsalos y derríbalos
con tu potencia, Señor, escudo nuestro» (ibid, 15). Y así ha acontecido:
viven dispersos y humillados, y soportan una despiadada cautividad
bajo los príncipes cristianos. Pero «se convertirán por la tarde y en su
momento se les mirará con benevolencia» (Sab 3, 6). Y, finalmente,
cuando se reúna la plenitud de los pueblos, entonces dice el Apóstol
que se salvará Israel (Rm 11, 25-26). Mientras tanto, el que muere
«permanece en la muerte» (1 Jn 3, 14)” 3.
En el largo paréntesis de la historia, han ocupado un lugar en relación
inseparable al estado de la cristiandad. Cuando ésta ha sido vigorosa,
han podido ser contenidos y convencidos. En la medida en que ha de-
crecido, han avasallado a los cristianos. He ahí una constante histórica.
El tiempo que nos ocupa es el final de los siglos de cristiandad, pro-
longado por España de una manera particular.

1. El misterio de Israel: pueblo errante y cautivo

Si bien la presencia de comunidades hebreas en Europa es anterior


a los tiempos de Cristo, con su diáspora o emigración generalizada, a
raíz de la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 y la poste-
rior expulsión, se acrecienta en todos los rincones del Imperio. Israel se
convierte ahora en un pueblo errante. De fuerte personalidad, única
en la historia de las naciones, conservará su identidad histórica, cultu-
ral y religiosa, con una firmeza capaz de soportar los más duros emba-

3 Carta 363, 6.

GLADIUS 61 / Año 2004 65


tes del medio y del tiempo. Desde entonces, hasta la época moderna,
la geografía humana de Israel puede dividirse en dos épocas. La pri-
mera que va hasta el siglo XI en que la mayoría de su población se en-
cuentra dispersa por el oriente (Persia, Babilonia, Arabia, Siria, Palestina
y Egipto); en la segunda, del siglo XI en adelante, la mayoría emigra
hacia occidente (Bizancio, Italia, Francia, Alemania, España, Rusia).
Es importante advertir la coincidencia del crecimiento de la población
judía en Occidente con la “cristiandad”. Desplazándose constantemente
y dispersos en tantos pueblos, no se asimilan a ninguno. En consecuen-
cia, han padecido constantes persecuciones de paganos, musulmanes
o cristianos; griegos, persas o romanos. Si bien las pasiones humanas
impregnan todo fácilmente de injusticia y pueden perder toda mesura,
en vano intentan defenderse sosteniendo que son una especie de vícti-
mas universales. ¿Qué hay en este pueblo que los hace fastidiosos a
los demás? ¿A qué se debe su fácil impopularidad? ¿Cómo organizar
la vida política y religiosa de una ciudad y de una nación con elementos
constitutivos como este?

2. El régimen en los reinos cristianos

Un pueblo tan singular, que no quiere asimilarse a los demás y que


insiste en mantener en todos los aspectos (jurídico, social, económico,
religioso, etc) su identidad racial, cultural y religiosa, no era fácil de
regir. Si le sumamos su permanente agresividad hacia el hecho cristiano,
que lo lleva en su misma doctrina, como veremos, la cristianización
del mundo romano y luego del bárbaro exigirán resolver el problema
de la convivencia. Los hebreos quedan como minoría en medio de sus
antiguos adversarios. Con el correr de los años la Iglesia (por razones
de fidelidad a la verdad revelada por Cristo) y la sociedad (por razones
de bien común temporal), fueron adquiriendo la experiencia histórica
necesaria para saber cómo regular las relaciones sociales y pastorales
de esta minoría tan particular. Llegando al medioevo, tenemos un cri-
terio prudencial más o menos uniforme en todo el orbe cristiano, con
las variantes de circunstancias. El estatuto fundamental estaba basado
en dos ideas básicas heredadas de San Agustín: la tolerancia en espera
de su conversión. Por ello se aceptó su presencia en los reinos cristianos
e incluso se les dió garantías y protección, pero cuidándose siempre de
su mal influjo sobre la sociedad. Desde el concilio de Elvira (303), cer-
ca de la actual Granada, que había urgido medidas de precaución a
los cristianos para que no se casaran con judíos, hasta el concilio de

66 Año 2004 / GLADIUS 61


Constanza (1050), que prohíbe casarse y tener trato con ellos encontra-
mos reiteradas las mismas indicaciones. Desde entonces no hay sínodo
regional que no trate de reglamentar, con mayor o menor justicia, sus
derechos y deberes. Debieron ser siempre tratados como un cuerpo
diverso y extraño en la sociedad.
También, y ello es de suma importancia para el tema que nos ocu-
pa, hay más insistencia segregacionista de parte de los rabinos para
su pueblo que de los cristianos. Ellos preferían y exigían vida indepen-
diente y la reglamentaban fuertemente.
Al amparo de una legislación ya definida se va acrecentando su
presencia en los reinos occidentales ya desde el siglo VIII en adelante
hasta el siglo XI. Ello hace ver que la legislación de los reinos cristianos
del medioevo fue para ellos sustancialmente satisfactoria y hasta la segunda
mitad del siglo XII no van a tener mayor problema. Recordemos que la
mentalidad racista como se da en nuestros días o en la antigüedad pa-
gana era extraña al mundo medieval. ¿Qué ocurrió de aquí en adelante?
Llegados al siglo XII vemos que Europa ha sufrido muchos cambios
notables. Por un lado está la toma y caída de Tierra Santa por parte de
las Cruzadas y el acrecentamiento del poder y presencia del Islam. Por
otro la maduración de la cristiandad europea. En sus venas se ha infil-
trado el virus de los Cátaros o Albigenses que han requerido un enorme
esfuerzo misionero y militar. El horror al pecado contra la fe se ha hecho
un hábito social. La herejía es considerada más grave que el romano
delito de lesa majestad y ha dado origen al tribunal de la Inquisición.
Será Inocencio III (1198-1216), el gran papa del medioevo, quien
refiriéndose a la comunidad de fieles como a la Universitas christiana,
el que fije las normas prácticas del trato a las minorías judías en la so-
ciedad cristiana. No está innovando sino asumiendo una larga tradición
y dando fuerza universal al modo cristiano de resolver justamente este
asunto político-religioso. Judíos y musulmanes no estaban incorporados
a la Iglesia y sólo parcialmente a la sociedad temporal, pues no se asi-
milan al todo, al bien común. Esto no era problema alguno. Cabe para
ellos la tolerancia. Serán acogidos con algunas condiciones. En su
Constitutio pro Iudaeis del 1199 se indican tres cosas 4:

4 “Son ellos los testigos vivos de la verdadera fe. El cristiano no debe exterminarlos ni
oprimirlos, para que no pierda el conocimiento de la Ley. Así como ellos en sus sinagogas no de-
ben ir más allá de lo que su Ley les permite, así tampoco debemos molestarlos en el ejercicio de
los privilegios que les son acordados. Aunque ellos prefieran persistir en el endurecimiento de
sus corazones antes que tratar de comprender los oráculos de los Profetas y los secretos de la Ley

GLADIUS 61 / Año 2004 67


1º. Deben ser protegidos en medio de los cristianos con la esperanza
de su conversión
2º. No deben ser obligados al bautismo ni a otros sacramentos
3º. Los príncipes cristianos deben protegerlos de los abusos en sus
bienes, fiestas y cementerios

Pocos años después, en el concilio IV de Letrán (1215) se completa


la legislación. Deben residir en barrios separados; llevar un signo dis-
tintivo (rodela o sombrero); los cristianos no pueden tener criados, no-
drizas o médicos judíos; la usura está prohibida; los judíos no pueden
tener potestad sobre cristianos. Estas normas serán repetidas por todos
los sínodos del siglo XIV y XV.
Para comprender mejor esta legislación debemos hacer algunas
aclaraciones.
Mucho antes de que se les obligara a hacerlo, los judíos tuvieron la
costumbre de agruparse en barrios propios llamados kahal 5. Hasta el
siglo XIV la existencia de dichos barrios significó para ellos seguridad,
necesidad y comodidad a la vez. El mismo régimen solicitaban tener
en los países musulmanes.
Otra costumbre que llama la atención es la señal que les obligaron
a llevar. El primero que la exigió fue el califa Omar, por el 634, para
todos los no musulmanes 6. Continuaron con esta costumbre y solían
exigir vestimentas especiales mucho más ridículas e infamantes que en
la cristiandad 7. En el siglo XIV el emir de Granada ordenó a los judíos

y llegar al conocimiento de Cristo, sin embargo no tienen por eso menos derecho a nuestra pro-
tección. Así como reclaman nuestro socorro, Nos acogemos su demanda y los tomamos bajo la
égida de nuestra protección, llevados por la mansedumbre de la piedad cristiana; y siguiendo las
huellas de nuestros predecesores [...], prohibimos, a cualquiera que fuere, de forzar al bautismo
a ningún judío [...] Ningún cristiano debe permitirse hacerle daño, apoderarse de sus bienes o
cambiar sus costumbres sin juicio legal. Que nadie les moleste en sus días de fiesta, sea golpeán-
dolos, sea apedreándolos, que nadie les imponga en esos días obras que puedan hacer en otros
tiempos. Además, para oponernos con toda nuestra fuerza a la perversidad y a la codicia de los
hombres, prohibimos, a cualquiera que fuere, el violar sus cementerios y desenterrar sus cadáveres
para sacarles el dinero. Los que contravinieren estas disposiciones será excomulgados”.
5 Significa reunión, asamblea. De allí procede la palabra castellana calle.
6 Los cristianos llevarían gorra, cinturón y trozo de tela azul, los judíos amarillo. La misma
costumbre observaron en adelante. En los países cristianos el tipo de señal ha variado: solía ser
una rodela amarilla de unos 20 centímetros, un sombrero o alguna otra vestimenta. Cfr Beinart,
H., op. cit., pp 239-243. En tiempos de los Reyes Católicos las mujeres concubinas de algún
sacerdote debía llevar “un trozo de paño bermejo de tres dedos, e que los traigan encima de las
tocaduras públicamente”. Azcona, T., op. cit., p. 475.
7 Johnson, P., [Link]., p. 184, 210-11 y 241.

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llevar señal. En el mundo cristiano se adoptó la señal en el concilio de
Letrán (1215). San Luis la implementó en Francia en 1269 pero en
Castilla y Aragón no se aplicó a pesar de las insistencias de Roma.
Aunque Alfonso el Sabio lo incorpora en las Siete Partidas, la norma
entra en vigencia en el siglo XIV. Recién en las Cortes de Madrigal del
1476 se obliga a los judíos a llevarla. Por otro lado, su misma ley los
obligaba a diferenciarse en la vestimenta, como les recuerda Santo
Tomás 8.
La permanencia de este grupo minoritario en el sistema feudal es
más fácil de comprender que en los sistemas políticos modernos. En
los reinos, los diversos grupos humanos, sea de las regiones, pueblos o
cofradías, se vinculaban al rey o al noble con una relación de vasallaje.
Eran fueros distintos y hacían su propio contrato de derechos y obliga-
ciones mutuas. Así, por ejemplo, los pescadores tenían su propio esta-
tuto como los comerciantes genoveses de la costa mediterránea. Los
reyes debían protegerlos y ellos pagarían un tributo en dinero y soldados
(los más ricos). San Fernando se decía rey de las tres religiones: católi-
ca, judía y musulmana. Vaya como ejemplo este texto de Isabel en de-
fensa de la Aljama de Trujillo: “E por cuanto todos los judíos de mis
reinos son míos e están so mi protección e amparo, e a mí pertenece
de los defender e amparar e mantener en justicia” 9. Fórmula frecuente
que se repite en la correspondencia de ambos Reyes. La situación ju-
día, desde este sistema, era de protección de la corona a un cuerpo de
súbditos o vasallos y contribución pecuniaria de estos a sus dueños y
señores. De hecho, los judíos vinculados a la Corte trabajaron siempre
por el robustecimiento de la monarquía porque percibían que de ella
recibirían amparo. En los países musulmanes tenían menos seguridades
civiles que en los cristianos, ya que no había una norma de justicia
que les sirviera de garantía; todo dependía del humor del príncipe del
momento. Allí sufrieron las mayores penurias. Con frecuencia se les
confiscaron arbitrariamente sus bienes, o fueron despojados por impues-
tos o se los obligó a la conversión o muerte.
Pero, dada su no integración con el todo social, en los países de la
cristiandad se les otorgaba un permiso de residencia, como pueblo
extraño, a cambio de un impuesto especial u otros servicios. Esto era
visto por ellos y la misma sociedad como absolutamente normal. Ese
permiso podía ser retirado y así se daba lugar a lo que podemos desig-

8 A la duquesa de Bravante, el opúsculo llamado De regimine iudaeorum (IX).


9 Citada por Tarsicio de Azcona, Isabel la Católica, BAC, Madrid 1964, p. 629.

GLADIUS 61 / Año 2004 69


nar como expulsión. Debe aclararse que esta legislación se aplicaba de
modo análogo, donde los había, a los musulmanes.

3. La barrera del Talmud

Desde que comienzan las grandes migraciones de judíos hacia Oc-


cidente se inicia también el influjo más marcado del Talmud. Es la re-
copilación de comentarios de los grandes rabinos sobre los libros sa-
grados que había quedado cerrado por el año 500; código completo
civil y religioso de la sinagoga. Evidentemente, todos iban orientados
a evitar la interpretación cristiana de la hebraica veritas, del Antiguo
Testamento. Más aún, agresivamente se ponía en guardia contra ella y
se agredía a Cristo y los cristianos. Para agravar más las cosas, había
adquirido un valor de texto sacro tanto o más que la misma Ley y los
Profetas. Era una barrera que le aseguraba al judaísmo carnal, en me-
dio de los pueblos cristianos, cierta protección. Si en las naciones cris-
tianas se los toleraba, era porque podía ser no dañoso y con la espe-
ranza de su conversión. Pero ahora esto era mucho más difícil pues
este nuevo cuerpo doctrinal los apartaba notablemente de la tradición
auténtica del Antiguo Testamento a la vez que agredía el cristianismo.
Para peor, por el siglo XII habían aparecido dos interpretaciones opues-
tas de la tradición de Israel: una más racionalista, de Maimónides
(1135-1204), y otra más esotérica, simbólica y mística, la Cábala, de
la que luego hablaremos.
Sea la que fuere la interpretación que se le dé al Talmud, sus afir-
maciones sobre Cristo y el cristianismo eran intolerables. Cristo es un
seductor, idólatra, tonto, sepultado en el infierno que no enseñó más que
errores y herejías. Los cristianos son idólatras, peores que los turcos,
homicidas, libertinos, bestias con forma humana, animales impuros,
bueyes, cerdos, perros y asnos, estiércol, de origen diabólico, cuyos cadá-
veres, destinados al infierno, son peores que los de las bestias, y mil cosas
más. En cuanto a la conducta con ellos, deben ser evitados y extermina-
dos. Evitados, porque son inmundos, idólatras y perniciosos. No es lícito
al judío tener niñera, ni preceptor, ni médico, ni peluquero ni partera cris-
tianos. A su vez el judío es siempre bueno, aunque tenga pecados 10,

10 “El judío es siempre bueno, a pesar del número y la cantidad de los pecados, que no al-
canzan a contaminarle, al modo que el barro no contamina al núcleo de la nuez sino sólo su cás-
cara”, Chagigah 15 b.

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su dignidad es tan alta que ni los ángeles la igualan 11. Sólo él es hom-
bre y de él es todo el universo y le deben servicio los demás hombres 12;
más aún, tiene una dignidad casi divina 13. Deben ser matados los que
revelan los secretos del Talmud o causan daño material a los judíos 14,
lo mismo que los judíos que reciben el bautismo 15. Todos los cristianos
deben morir, incluso los mejores 16, y no haya temor en ello pues ofre-
ce un sacrificio aceptable 17. Muchas otras afirmaciones de los grandes
rabinos han sido recogidas en este libro, que sería largo enumerar, donde
se habla de hacer la guerra a los cristianos por todos los medios, sin ja-
más hacer con ellos la paz, y ese merecerá el mayor premio en el pa-
raíso 18.
La educación y formación del mundo judío en base a estos escritos
irá creando toda una mentalidad, un espíritu, en la comunidad. En la
medida en que se tomó conciencia en el pueblo cristiano obviamente
contribuyó a crear esa indignación que fue creciendo con los siglos. Se
hacía tan fácil dar crédito a cualquier delito hebreo como hacer justicia
por propias manos. Había una injusticia a la vista que los reyes debie-
ron resolver: ese pueblo extraño al bien común, que era tolerado por
condescendencia, retribuía con injurias a Cristo y a los cristianos. En
un mundo de fe, no ha sido gratuita la fobia universal que nació hacia
los israelitas. Los que quieren presentarlos como sistemáticas víctimas
inocentes de todos los pueblos y de todos los tiempos, dejan sin expli-
car esa misma realidad.

11 “Está dotado de tan alta dignidad que nadie, ni siquiera un ángel, lo puede igualar”,
Chullin 91 b.
12 “Sólo el israelita es hombre; de él es todo el universo y a él deben servirle todas las co-
sas, principalmente los animales que tienen forma de hombre”, ibid.
13 “Quien golpee al israelita en la mejilla, es como si da una bofetada a la Divina Majestad”,
Sanhedrín 58 b.
14 “Es lícito matar al delator [...] en todo lugar en que sea encontrado [...] cuanto más pronto
alguien le matare, más mérito tendrá [...] Si fuera posible librarse de él, por ejemplo, quitándole
la lengua o los ojos, entonces no es lícito matarle”, Choschen Hammischpat 388, 10. “Si se
hubiera probado que alguien ha traicionado por tres veces a Israel, o ha hecho que su dinero pa-
sara a manos de cristianos, será necesario buscar un medio prudente y astuto de suprimirlo de la
faz de la tierra”, ibid 10.
15 “Los prevaricadores que se pasan a la parte de los cristianos y que se contaminan entre
los cristianos [...] deben ser echados al pozo y no sacados”, Iove Dea 158, 2 Hagah.
16 “Nuestra cautividad debe durar hasta que sean borrados de la tierra los príncipes cris-
tianos que adoran a los ídolos”, Zohar I, 219 b. “El mejor entre los goim debe ser muerto”,
Abhodah Zarah 26 b.
17 “Borra la vida del cristiano y mátale. Es agradable a la majestad divina como el que ofre-
ce un don de incienso”, Sepher Or Israel 177 b. “El israelita está obligado a poner todo su empe-
ño en quitar las espinas de la viña, es decir, arrancar y extirpar a los cristianos de la tierra; no se
puede dar alegría mayor a Dios bendito que ésta que hacemos exterminando a los impíos y a los
cristianos de este mundo”, ibid 180.
18 Ver otros textos en Meinvielle , J., [Link]., p. 45-50.

GLADIUS 61 / Año 2004 71


Evidentemente, con estas enseñanzas no era fácil mantener relaciones
pacíficas con este pueblo. El principio agustiniano, de tolerancia en es-
pera de su conversión, ya no queda en pie. Esto va a cambiar radical-
mente su situación jurídica y social en medio de los pueblos cristianos.
Tres obras del siglo XII van a reflejar el ambiente que se iba gestando.
La primera es del converso Pedro Alfonso, ahijado del rey Alfonso
el Batallador (antes Moshe de Huesca) y bautizado en 1106. Escribe el
Disciplina clericalis, donde explica que los comentarios de los rabinos
a la Escritura son completamente irracionales. El segundo es del céle-
bre abad de Cluny, Pedro el Venerable († 1156), que escribe para sus
monjes un Tractatus, donde insiste en leer el Antiguo Testamento en el
original pues los comentarios del Talmud lo han desfigurado. Por últi-
mo, Rufino en la Summa theologica (1160) sostenía que sólo la Vulgata
contenía el texto auténtico, pues los judíos han introducido graves al-
teraciones con sus comentarios. El detonante de esta situación fue un
hecho ocurrido en la Francia de San Luis. Un sacerdote dominico con-
verso, Nicolás Donin, que conocía bien el Talmud, presenta en 1236
una denuncia a la Santa Sede. El fraile sostenía que contenía 35 pro-
posiciones blasfemas y ataques contra el cristianismo. El papa Gregorio
IX lo hace estudiar, en 1239, por el centro académico más importante
de la cristiandad: la universidad de París. Como conclusión envía una
carta a Donin para el arzobispo de París. Disponía que el 3 de marzo
del 1240 se confiscaran todos los ejemplares del Talmud y se quemaran
si se comprobaban los errores e injurias. Previamente el rey pidió que
se realizaran dos acciones: un interrogatorio en regla a los cuatro rabi-
nos más prestigiosos de Francia y un debate público entre Donin y un
grupo de rabinos en presencia de la reina regente hija de Alfonso VIII,
Blanca de Castilla. Fue declarado herético y blasfemo, digno de destruc-
ción. En vano los judíos apelaron a Roma. Inocencio IV, luego de otra
investigación, confirmó la sentencia: el Talmud era nocivo para los
cristianos y los judíos. La conclusión fue que en mayo del 1248 se eje-
cutó la orden y fueron quemadas 20 carretas con ejemplares. Aunque
sólo se ejecutó en Francia, desde entonces la presencia de los judíos en
toda la cristiandad se puso seriamente en cuestión. Los papas subsi-
guientes, Alejandro IV (1255), Clemente IV (1264), Honorio IV (1286)
y Juan XXII (1320) confirmaron y ampliaron la sentencia condenatoria.
Se tomó conciencia de que su presencia era no sólo provocativa sino
un verdadero mal. Las nuevas tendencias doctrinales de este pueblo
se hacían más preocupantes. Los motivos de tolerancia menos funda-
dos. Las ocasiones de conflictos más frecuentes.

72 Año 2004 / GLADIUS 61


4. La preocupación misionera

La seria y creciente llamada de atención sobre la cuestión judía,


despertó en la Iglesia y los reinos de Europa la preocupación misionera
de modo urgente. Es este un aspecto poco considerado en el tratamiento
del tema. Lo mismo que con los Cátaros o Albigenses, la primera solu-
ción no fue la cruzada sino la predicación de la verdad, tal como lo ha-
bía indicado Jesucristo.
Tres consecuencias importantes se sacaron de este acontecimiento:
1) no eran de fiar los textos dados por los judíos; había que estudiar
las lenguas originales. El mismo papa de la condena, Gregorio IX, fo-
menta las escuelas de lenguas orientales; 2) deben estudiarse científica-
mente libros como el Talmud y rebatirlos; 3) hay que organizar debates
públicos como el de París.
Dos órdenes religiosas habían aparecido en esos tiempos y asumirán
esta tarea de manera especial, pues formaba parte de su carisma, y
para ello se preparaban. Son las fundadas por San Francisco de Asís
(† 1226) y Santo Domingo de Guzmán († 1221). Esta última recibiría
una preparación especial en orden a cultivar la sabiduría para combatir
los errores y exponer la verdad de un modo convincente. Grandes hom-
bres y santos de su cuño tendrán un papel decisivo en España.
El concilio de Letrán será también quier urja la misión. En consonan-
cia con esa indicación, los reyes cristianos pusieron una norma. Los
predicadores irán a las mismas sinagogas a predicar a los judíos, que
quedaban obligados a escucharlos. Este tipo de instrucción era una
nueva oportunidad para conocer la verdad que sus propios profetas
les habían enseñado, pero las interpretaciones de los rabinos habían
distorsionado, como acontecía con el Talmud. Fue practicada con in-
tensidad en toda la cristiandad durante los siglos XIII y XIV. Uno de los
misioneros populares de la orden dominicana más fecundos en lo que
a conversiones de hebreos se refiere fue el valenciano San Vicente Fe-
rrer († 1419).
En el mundo judío, por su parte, también trataron de responder a
esta estrategia, aunque más orientados a defender a los suyos que con-
vencer a los cristianos. La más antigua de estas obras data de 1245. Es
la Guerra Santa de Mayr ben Simon.
El equilibrio más o menos pacífico de los siglos anteriores estaba en
un punto de inflexión histórica.

GLADIUS 61 / Año 2004 73


5. La solución extrema

La cristiandad tuvo una inmensa paciencia con este pueblo que le


fue casi siempre desleal. Todo era por la esperanza de la conversión.
Curiosamente, no era a los monarcas a quienes más molestaba su pre-
sencia. Era más bien a la Iglesia y al pueblo cristiano. Ello por varios
motivos: solían ser sus prestamistas, sus médicos, aportaban los impues-
tos y servían como elemento de ocupación de tierras vacías o conquis-
tadas.
Hemos de agregar a los motivos de molestia social el odioso tema
de la usura. Prohibida para los cristianos, los judíos estaban habilitados
con restricciones en los intereses, cosa que con frecuencia se burlaba.
Aparte, pronto se convirtieron en los financistas de la nobleza y los
monarcas. Ambos temas, vinculados al manejo del dinero, los hacía
enriquecer y detestar con igual rapidez. En occidente, la dedicación a
las actividades financieras fueron de su preferencia. Tanto es así que
San Luis propuso como una solución a la cuestión judía el que sólo se
dedicaran a trabajar la tierra u otros oficios 19. No olvidemos que en el
medioevo, las actividades comerciales y más aún las financieras, eran
consideradas viles y prohibidas para la nobleza.
No obstante los recaudos político-sociales que se tomaban, los pue-
blos que los hospedan pasarán de la benevolencia a la impaciencia en
un constante equilibrio inestable. Los gobernantes no siempre pudieron
controlar las iras populares que con frecuencia se desataban. A veces
tenían que recurrir a la política de la expulsión como última solución.
En la historia de este pueblo va a ser frecuentísimas, y no solamente
por parte de las naciones cristianas. Ya Claudio los expulsó de Roma
en el año 50 (Hech 18, 2). Hagamos sólo mención de algunas de las
más cercanas a los tiempos que nos ocupan: Renania (1012), Alta
Baviera (1276), Inglaterra (1290), Francia (1182, 1306, 1322 y 1394),
Alemania (1348 y 1375), Viena y Linz (1421), Colonia (1424), Augs-
burgo (1439), Baviera (1442 y 1450), Moravia (1454), Perugia (1485),
Vicenza (1486), Parma (1488), Milán y Lucca (1489), Toscana (1494),
Cracovia y Lituania (1495) 20. Cada una de estas expulsiones significa-
ban oleadas de migraciones hacia países nuevos con los consiguientes

19 Lo mismo va a proponer Santo Tomás a la duquesa de Bravante por el 1261 y en


Castilla Alfonso XI en 1348.
20 Johnson, P., [Link]., p. 236-37.

74 Año 2004 / GLADIUS 61


problemas de adaptación. Por esos tiempos los que más exilados reci-
bieron fueron España y Polonia.
Como se puede apreciar, no fue España el país donde este pueblo
sufrió de un modo particular la persecución por un presunto capricho
racista de los Reyes Católicos. Habría que decir más bien lo contrario.
Que las naciones de la cristiandad sufrieron y toleraron hasta donde
pudieron su presencia. Lo hicieron incluso con más paciencia que los
musulmanes. En el reino de Granada, por ejemplo, por los días de los
Reyes Católicos no había más sinagoga que la de Málaga, puerto
abierto, y ninguna iglesia católica.

II. La situación española

En Cristo no hay judío ni griego, ni esclavo ni li-


bre, ni hombre ni mujer, ya que todos sois uno en
Cristo Jesús (Gal 3, 28).

1. De los orígenes a la invasión islámica

Su presencia en la Península data de los tiempos romanos. Particular-


mente en las ciudades de la costa mediterránea: Tarragona, Tortosa,
Sagunto, Cartagena, Elche, Adra, Elvira, Mérida.
Los Visigodos reinarán del 412 al 711. Es a partir de Recaredo, que
se convierte al cristianismo, y los sínodos III y IV de Toledo del 589 y
633 que se implementan las leyes restrictivas ya vigentes en otros pun-
tos de la cristiandad. Entonces dos grandes hombres darán la impronta
al espíritu de España: los hermanos San Leandro († 600) y San Isidoro
(+ 636) de Sevilla. Ambos participantes e inspiradores de los sínodos
toledanos.
Sustancialmente todas las leyes visigóticas iban dirigidas a preservar
la comunidad cristiana, especialmente a los conversos, del influjo reli-
gioso judío: evitar matrimonios mixtos, que tengan esclavos cristianos,
prohibición de cargos públicos, convivencia, etc. Ya entonces se presen-
taba el problema de los conversos que apostataban; a nadie había que
obligar al bautismo pero a los ya bautizados debía exigirseles la vida
cristiana.

GLADIUS 61 / Año 2004 75


Cuando ocurre la invasión musulmana a la península, “los judíos
recibieron a los árabes como a sus libertadores y les ayudaron en su
lucha contra los visigodos. Cuando los musulmanes conquistaban una
ciudad, sus dirigentes la entregaban al cuidado de los judíos, en quie-
nes veían amigos leales... La capital de España, Toledo, fue entregada
al guerrero árabe Tarik por los israelitas, los cuales le abrieron las puer-
tas de la ciudad mientras la población cristiana huía a buscar refugio
en las iglesias. El cuidado de la capital también fue confiado a los he-
breos. De este modo los judíos se convirtieron en dueños de las ciuda-
des de las cuales antes se les ahuyentaba despiadadamente” 21; más
aún, “conquistada ésta por los árabes en el siglo VIII, los hebreos orien-
tales penetraron en ella junto con los vencedores” 22. Para eludir sos-
pechas, hemos citado a un autor judío, aunque en este punto coinciden
con las crónicas cristianas y árabes. Por ejemplo, el Achbar Majmua
del siglo XI. Durante el dominio árabe lograron gran influencia y se
aprovecharon de ella contra el cristianismo.
No obstante esa acogida, no fueron suficientemente pacientes y hubie-
ron grandes masacres en Córdoba (1013) y Granada (1066 y 1070).
Con la muerte de Almanzor comenzó a declinar la fuerza del Islam.
Por el 1030 el asentamiento musulmán estaba dividido en más de trein-
ta reinos de taifas. La suerte de las comunidades judías, que vivían en
barrios separados, dependía de cada uno de sus gobernantes. Por fin,
fueron expulsados de sus territorios por parte de los califas almohades
en 1140, lo cual acrecentó su presencia en territorio cristiano. Había
comenzado la reconquista cristiana.
La época del dominio musulmán señala también el inicio del estudio
del Talmud que les llegaba de Babilonia a fines del siglo VIII.

2. La tolerancia española

El medioevo español presenta una situación singular por cuatro ras-


gos: 1) la gran afluencia de hebreos; 2) la tolerancia de los reyes; 3) la
preocupación misionera y lo numeroso de las conversiones; 4) la natu-
ral asimilación a la cultura cristiana.
Casi desde los comienzos fue España uno de los asentamientos
preferidos. Pero desde el siglo XII se va acrecentando por las expulsio-

21 Dubnow, S. op. cit., p. 374.


22 Dubnow, S., [Link]., p. 366.

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nes, tanto de los reinos cristianos como los musulmanes. Es casi impo-
sible dar cifras. Pero si comparamos los 3 mil que son expulsados de
Inglaterra en 1290, los 10 a 13 mil que hay en Italia con los 100 a 200
mil que había en 1492, podemos tener una lejana aproximación.
En su historia política y social, todos los reyes de la Península, tan-
to de Castilla como de Aragón, contaron siempre con la colaboración
de los judíos 23. Especialmente en dos rubros en los que siempre des-
collaron: la medicina y la economía. En este último menester, fueron
casi con exclusividad los recaudadores de impuestos y prestamistas.
Oficio muy rentable que les significó la natural antipatía, tanto de los
cristianos como de sus hermanos. Estos personajes eran los llamados
judíos de Corte. En Toledo desde Alfonso VII († 1157) se contó con
una Escuela de Traductores de gran nivel, con miembros cristianos,
conversos y judíos. Yehuda ha-Levy fue recaudador y administrador
de las rentas de los Templarios en España y tomó luego el apellido de
Caballería. Las Constituciones del IV Concilio de Letrán (1215) y las
Decretales del papa Gregorio IX, o fueron dispensadas o de hecho no
se aplicaban. En Castilla fueron particularmente san Fernando († 1252)
y su hijo Alfonso X el Sabio († 1284) quienes les otorgaron muchas
dispensas y privilegios. Cuando el rey Santo ocupa Córdoba, en 1236,
les entrega cuatro mezquitas y el mejor barrio de la ciudad con un par
de condiciones: que no menosprecien la religión cristiana y que no ha-
gan proselitismo. Nombra oficial suyo en la ciudad a Yehuda Abravanel.
En esta y otras conquistas les otorga barrios y tierras de cultivo. Alfon-
so X, por más que reconoce toda la legislación de la Iglesia sobre los
judíos y la incorpora a las Siete Partidas, de hecho, se rodeó de judíos.
Uno de ellos, Jacobo Junta, fue su colaborador en la famosa obra le-
gislativa, hizo traducir al castellano la Torá, el Talmud y la Cábala, in-
corporó un Rab Mayor o juez general de la comunidad sefardita 24 y
permitió la construcción de sinagogas. No solamente contó con médicos
y administradores, sino también con secretarios reales, consejeros y
diplomáticos hebreos. En España los judíos no estaban obligados a usar
señal, ni sujetos a vivir en barrios y practicaban todos los oficios. En
Aragón, Jaime I († 1276) y su hijo Pedro († 1285) se sirvieron abundan-
temente de médicos, financistas y administradores judíos. Eran famosos
en Zaragoza los Alconstantini y Bonseñor. La lista podría prolongarse
extensamente tanto para la corona de Aragón como para Castilla y Ca-

23 Cfr Beinart, H., op. cit., pp 77-99, donde cita numerosos ejemplos.
24 El primero fue don Todros ben Yoseph ha-Levi Abufalia, quien lo acompañó a Francia
a una visita al Papa.

GLADIUS 61 / Año 2004 77


taluña hasta los tiempos mismos de los Reyes Católicos. Las monarquías
de la época, fieles al sistema de los fueros propios del sistema feudal
español, estaban interesadas en preservar la vida de las comunidades
judías. Bástenos este texto de las Partidas de Alfonso:

Mansamente et sin bollicio malo deben vevir e facer vida los ju-
díos entre los cristianos, guardando su ley e non diciendo mal de la fe
de Nuestro Señor Jesucristo...

Pocos reinos que hospedaron los hebreos se dieron tanto como


España a la actividad misionera, estuvieron involucrados tan grandes
hombres y lograran tantos frutos. Destaquemos solamente los grandes
eventos.
El primero es la disputa de Barcelona. Esta tiene lugar en julio del
1263 a imitación de la de París. Van a ser protagonistas el converso
Pablo Cristiani (antes Saúl), ahora sacerdote dominico, y el célebre
rabino talmudista Moshe ben Nahman o Nahmánides 25 en presencia
de Jaime I, la corte, los obispos y san Raimundo de Penyafort. Duró
cuatro días y Cristiani se esforzó en demostrar que el Mesías ha veni-
do, como lo anunciaron los Profeta, que es Dios y hombre, que pade-
ció por todos y las esperanzas del AT están cumplidas. En el mundo
católico se consideró un éxito. De cualquier manera tuvo como conse-
cuencia tanto que se desacreditara el talmudismo como que se enrare-
cieron las relaciones entre cristianos y judíos. El papa Clemente IV en
su bula Damnabili perfidia iudeorum hizo expresa alabanza del método
usado por Cristiani y estimuló el celo de los predicadores a continuar
por ese camino.
En la línea catequística debemos agregar algunos escritos de excep-
cional valor. Como la Summa Contra Gentiles de Santo Tomás de
Aquino 26, escrita por el 1264 a pedido de su amigo san Raimundo de
Penyafort, dirigida a moros y judíos.
También se destacarán las vibrantes prédicas del dominico san Vi-
cente Ferrer († 1419) y sus compañeros que, en confesión de un in-
vestigador israelita, “llevó a la conversión de muchos judíos” 27. Entre
ellos a Semuel Abravnel de Sevilla, que toma el nombre de Juan Sán-

25 Era baíle o representante del Rey en Gerona.


26 Titulada estrictamente Liber de veritate fidei christianae contra errores infidelium.
27 Beinart, H., op. cit., p. 172.

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chez de Sevilla y al rabino de Burgos Selomo ha-Levy que recibe el
bautismo como Pablo de Santa María, luego obispo de esa ciudad. És-
te, influido fuertemente por la Suma Contra Gentiles, se convertirá en
cabeza de todo un movimiento de captación semítica con tales frutos
en su misma familia que llegaron a constituir en el siglo XV toda una
dinastía episcopal. Los mismos Papas reclamaban tal empeño como
complemento de la cruzada contra el Islam tan propia de estos tiempos.
Los conversos configuraron una verdadera clase, que pronto se
ubicaron en un status social medio-alto. Ocuparon cargos de jerarquía
tanto en el estado como en la Iglesia. Se destacaron en medicina y
economía y ocuparon con frecuencia lugares en los consejos munici-
pales. La mayoría de las familias nobles poseía sangre judía, como los
Santamaría, Alvarez, Alarcón, Santángel, Arias Dávila, Díaz de Toledo
e incluso el rey Fernando el Católico28. Ello hace ver la permeabilidad
de la cultura hispánica y que el rechazo que producían no era por la
raza sino por su religión. La región donde más se extendieron fue An-
dalucía. Si bien podemos suponer que la mayoría fue sincera, no se
debe ignorar las flaquezas de la naturaleza humana en estas circuns-
tancias. Algunos lo harían por asenso social a la par de otros que, sin-
ceros al momento de la conversión, cederían con el tiempo al peso de
sus hermanos o de la raza y la cultura. Muchos de los convertidos con-
tinuaban viviendo en barrios judíos y mantenían los vínculos naturales
de sangre. Además, y sin exagerar este elemento como determinante,
este ascenso produjo recelo de la vieja aristocracia y aparece en la so-
ciedad un generalizado rechazo ante esta clase mixta de raza y de du-
dosa ortodoxia. Luego los hechos mostrarán que las sospechas no eran
infundadas. Esto se confirma por el testimonio de ellos mismos: por
entonces “había en España decenas de miles de «marranos». Muchos
de ellos se vincularon por el matrimonio a la nobleza hispana y eran
allegados a la corte. Hubo también entre ellos buen número de minis-
tros, militares y obispos [...] Parte de ellos se fusionaron realmente con
los verdaderos españoles, renunciando a su propio pueblo, pero la
mayoría de los «marranos» observaban en secreto el judaísmo” 29.

28 Castro, Américo, La realidad histórica de España, México, Porrúa, 1954. Fernando tenía
sangre judía por su madre.
29 Dubnow, S., op. cit., p. 463.

GLADIUS 61 / Año 2004 79


3. Se acrecientan los conflictos

Los finales del siglo XIII y comienzos del XIV son para España el
comienzo de los conflictos.
Para el mundo interior del judaísmo, se estaban viviendo tiempos
de decadencia espiritual. Los síntomas eran la abundancia de Judíos
de Corte30, duramente criticados por su asimilación a la vida cristiana,
y las conversiones que se estaban produciendo. Las persecuciones
que comenzaban a padecer, decían, eran castigos divinos merecidos
por sus infidelidades.
Como contrapartida a la gran ofensiva misionera de la cristiandad,
dentro del judaísmo se da un movimiento que podríamos llamar de
“reforma”, de afianzamiento a su identidad, que toma diversos caminos.
Uno de ellos es una actitud un poco más filosófica o racional, que lle-
vó adelante Maimónides († 1204), acerbamente combatido dentro del
judaísmo casi como un hereje. Otro camino, más difundido, fue el de
una mayor obediencia a las prácticas de la Ley mosaica, la piedad,
según la línea del Talmud. La lucha y supervivencia de Israel frente a
los demás pueblos, era la del bien contra el mal, Iahveh y Satán. Edom,
nombre de Esaú, era figura de los pueblos cristianos 31. El tercero es el
de la Cábala 32, opuesta al racionalismo y versión judía de la teosofía y
el gnosticismo. Allí se insiste en la misión permanente de Israel, el valor
de la pobreza y la “limpieza de sangre”; ningún pecado puede compa-
rarse a la mezcla de sangre 33. Indudablemente esta reforma en pro de
su propio ser no facilitaba los acercamientos.

30 Así eran llamados los que participaban de actividades médicas, políticas y especialmente
financieras vinculadas a la corona.
31 “Esaú es Edom” (Gén 36, 8). Edom es un pueblo, descendiente de Esaú, enemigo de
Israel.
32 Significa recepción o tradición. De antiquísimo origen, es una doctrina esotérica nacida
en la época del Talmud en la región de Babilonia pero se difunde en Francia y España en el siglo
XIII. En España llega por varias vías, pero la principal expresión escrita es el libro llamado Séfer-
ha-Zohar o Libro del Esplendor, editado por el cabalista español Moisés de León († 1305) entre
1275 y 1285, quien parece ser el verdadero autor.
33 Suárez, L., La expulsión de los judíos de España, p. 78. Pérez Villanueva, J., “La crisis
del Santo Oficio” en HIEA, T. I, p. 1037. Insignes autores sostienen que el concepto de “limpieza
de sangre” como el radicalismo inquisidor proceden de la mentalidad religiosa hebrea y de prác-
ticas habituales en las aljamas. El historiador judío Américo Castro afirma que el “prejuicio de
limpieza de sangre pudo ser de origen judío”. Los argumentos han sido convincentes incluso pa-
ra el gran historiador Claudio Sánchez Albornoz y el nada sospechoso Salvador de Madariaga.
Respecto a la “limpieza de sangre”, es claro que para el cristianismo y el judaísmo es radicalmente
diverso. Para los primeros no es más que la cautela que pedía San Pablo para con los “neófitos”
(1 Tim 3, 6), en tanto que para los judíos es una cuestión meramente étnica.

80 Año 2004 / GLADIUS 61


De parte del lado cristiano, gran parte de los Judíos de Corte se ha-
cen cristianos. Ellos comienzan a desplazar a los no conversos.
Varios autores de esta época nos da la pauta de la situación que se
iba perfilando. Tres de ellos van a tener importancia. El primero es de
Raimundo Martini, discípulo de Penyafort y participante de la disputa
de Barcelona. Buen conocedor del hebreo y el Talmud, escribirá por
el 1267 el Capistrum iudeorum, y por el 1280 Pugio fidei adversus
Mauros et Iudaeos. La calidad y serenidad del trabajo causó estragos
entre los judíos. En adelante se convirtió en una referencia obligada.
El rabino de Barcelona, Salomón ibn Ardet, uno de los más doctos de
su tiempo, le responde con otro escrito, no simplemente defensivo si-
no afirmando la veracidad del judaísmo. Otro autor que refleja como
pocos la conciencia de la sociedad medieval es el franciscano Nicolás
de Lyra († 1349). Buen hebraísta, compuso varias obras 34 basándose
en sus mismos textos para probar que la verdadera lectura del Antiguo
Testamento concluye en la mesiandad de Jesús. Sólo la mala voluntad
de los rabinos podía producir tal ceguera. Estos escritos, en la línea de
los grandes tratados apologéticos medievales, convenció a muchos
judíos. Varias réplicas hebreas de defensa no hacían más que pedir
que no se dialogara con los cristianos, ni se admitirán otros textos que
los de los rabinos. Pero el autor que más ha influido en el medioevo
español ha sido el mallorquín Raimundo Lulio († 1315). En su fecunda
producción 35, y también conocedor del hebreo, hace un esfuerzo apo-
logético para esclarecer los tres grandes errores de los judíos: la Trinidad,
la Encarnación y la Ley de Moisés. Sus conclusiones eran tajantes: no
es conveniente que los judíos vivan en los reinos cristianos pues no
han sido fieles a la Revelación. Debe organizarse un gran programa
catequístico y si no se convierten deben ser expulsados. Se trata de
grandes esfuerzos apologéticos, no sólo para refutar el Talmud, sino
probar con los mismos textos originales del Antiguo Testamento, la he-
braica veritas, la verdad del cristianismo. Las tesis de Lyra y de Lulio
reflejan la situación ya apremiante de comienzos del siglo XIV y las
alternativas finales y únicas: conversión o expulsión.
Por entonces, el 1278, el Papa Nicolás III publicaba una bula seve-
rísima disponiendo que se intensificara la predicación a los judíos.

34 Tales son: Postilla litteralis super Bibliam, Quodlibetum de adventu Christi y la Responsa
ad quemdam Iudeum ex verbis Evangelii secundum Mattheum contra Christum nequiter
arguentem.
35 Tales como: Llibre de contemplació, Llibre de doctrina pueril, Llibre del gentil e los tres
savis.

GLADIUS 61 / Año 2004 81


4. Mayores precauciones de la sociedad

El Papa Clemente V convoca el concilio ecuménico de Vienne


(1311-12) para tratar cuestiones urgentes de la cristiandad. Allí estaban
varios obispos españoles y el mismo Lulio que expone su programa.
En sus conclusiones se pide inmediata aplicación de medidas sobre los
judíos: prohibición de la usura y de ciertos oficios, suspensión del de-
recho a prestar juramentos hebreos en los pleitos con cristianos. Se ex-
traña, por otra parte, que aún existan reinos donde son privilegiados y
no se aplican las normas de Letrán del 1215, como en España.
Las conclusiones de Vienne se trataron en la Península en el sínodo
de Zamora de 1313. En las decisiones sinodales no sólo se incluían los
tres puntos antedichos sino que agregaron otras como las de los ba-
rrios, o la potestad sobre cristianos. Amplias razones teológicas se in-
vocaban: los judíos vivían dispersos y en estado de servidumbre por
haber crucificado a Cristo negándole su condición de Mesías. Nada
nuevo había en la legislación. La importancia de este sínodo radica en
que por primera vez la Iglesia de España adoptaba una postura radical
y clara respecto a los judíos. En realidad eran las exigencias de Letrán
un siglo postergadas. Otro sínodo en Valladolid y un tercero en Sala-
manca (1335) renovaban las decisiones anteriores. Se ve que no ha-
bía nada de coyuntural.
En 1321 se conmocionó la comunidad judía de Burgos por la con-
versión de su rabino, el médico Abner. Hombre maduro de 50 años, y
marcado por un fuerte influjo de San Agustín, publicará, con el nombre
de Alfonso de Valladolid, una serie de escritos en hebreo y castellano:
Mostrador de justicia, Las guerras del Señor y Oferta del cielo. En él se
refleja la polémica teológica de la época: el largo exilio de Israel y las
desgracias que le acompañan, no eran muestra de predilección de Dios
que purificaba a su pueblo, sino castigo por su obcecación. Su tesis
tuvo un influjo notable en su pueblo y en los autores siguientes.

5. De las matanzas del 1391 a la disputa de Tortosa

Las constantes sociales de flujo y reflujo, de aceptación por la so-


ciedad y hasta por los reyes y el rechazo más duro tuvo también diver-
sos momentos en la península. Las polémicas escritas, aunque de me-
nor nivel, se han acrecentado. En la Semana Santa de 1391 cambió la
historia del judaísmo hispano. Se desató una terrible matanza en gran

82 Año 2004 / GLADIUS 61


parte inspirada por el arcediano Fernando Martínez. Comenzando por
la ciudad de Sevilla, se extendió a Córdoba, Valencia, Toledo, Barcelo-
na y otras con varios miles de muertos, quemas y destrucciones de ju-
derías y sinagogas. Algunos, urgidos por la agresión, pidieron el bautis-
mo. Aunque se castigó a los culpables y se indemnizó por los daños, se
había dado un paso peligroso en el equilibrio social que ya no se po-
drá restaurar. Se tomaron medidas inmediatas para controlar la situación
en base a la consabida solución medieval y el programa de Lulio: una
catequesis más intensa y las aljamas.
Por estos tiempos otro rabino de Burgos, Salomón ha-Levy, judío
de Corte, de inmensa riqueza y cultura, educado en la doctrina talmú-
dica, va a convertirse tras una larga reflexión. Fue bautizado en 1390
y pronto se lo hará obispo de su ciudad natal. Conocía bien la filosofía
griega y la escolástica, pero tres obras lo llevaron a la fe: la Suma de
Santo Tomás, el Pugio fidei de Martini y los escritos de Abner de Bur-
gos. Su experiencia y los sucesos vividos le dicen que todo judío debe
plantearse perentoriamente y analizar la postura del cristianismo.
El ilustre dominico valenciano San Vicente Ferrer, de autoridad
moral indiscutible y probada con milagros a su paso, fue testigo de los
sucesos. Reprobó duramente los hechos de violencia y puso en duda
la seriedad de las conversiones. No quedaba otro camino que la per-
suasión. Para el santo significaba no sólo la presentación clara de las
razones sino una cierta restricción de los derechos. Como la limitación
de los desplazamientos, del espacio reservado en las ciudades, etc.,
para revelarles su triste condición, efecto del castigo divino debido a
su terca infidelidad.
Probablemente las llamadas leyes de Ayllon, del 1412, están inspi-
radas en estas opiniones. Se volvía a las consabidas restricciones del
barrio, los desplazamientos, la ropa, los oficios. Significaron un cambio
radical para la jurisprudencia castellana. El entonces papa Benedicto
XIII las extendió a toda España. Pero se había roto un difícil equilibrio
social y ya no había autoridad eclesiástica ni civil que pudiera asegurar-
les la pacífica convivencia como cualquier ciudadano. Los aconteci-
mientos se precipitan.
En este ritmo creciente debe ubicarse la célebre disputa de Tortosa
de 1413- 1414 36, mezcla de catequesis y debate. Aunque fue llevada

36 El hecho está bien documentado por fuentes judías y cristianas. Pacios López, A., La
disputa de Tortosa. I- Estudio histórico-doctrinal. II- Actas. Madrid 1957; Suárez Fernández, Luis,
La expulsión de los judíos de España, p. 218-225.

GLADIUS 61 / Año 2004 83


adelante por la corona de Aragón, tuvo resonancia en toda la península.
Fue promovida por el sacerdote converso de San Vicente Ferrer, Jeró-
nimo de Santa Fe (antes Yeoshua ha-Lurquí), ex médico del Papa, y
tuvo como efecto conversiones en masa. Antes de finalizar la disputa,
que duró 21 meses y 59 sesiones, ya eran más de tres mil las conversio-
nes, entre los que se contaban catorce de los quince rabinos, y la fami-
lia de los Caballería casi en pleno. Es un hecho constatado que no hu-
bo ningún tipo de presión. Se convirtieron llevados por el peso de las
razones. Los neófitos se agregaban a los ya numerosos logrados por el
santo valenciano. El hecho es que para los judíos significó un “verdadero
desastre”, según confiesa el mejor historiador judío, F. Baer 37; que ini-
cia una “época de desaliento”, para otro 38. Ambas fechas marcan el
comienzo de la historia de los conversos. “Después de esto se propagó
la desgracia y se hizo fuerte la mano de la conversión, y envié esta
poesía al noble pariente mío Nastruch Bonafed, estando como de luto
por la separación de muchos y los más nobles jefes de nuestras comu-
nidades”. Así se expresaba la poesía judía de entonces por la pluma
de Shelomo Bonafed 39.
Jerónimo de Santa fe publica dos obras: Ad convencendum perfi-
diam iudaeorum y De iudaeis erroribus ex Talmuth, anterior y posterior
a la disputa respectivamente. En ambas se ponía en guardia contra la
gran dificultad que creaba para la conversión el judaísmo talmudista.

6. Restauración parcial

A pesar de tan duros golpes, el sefardismo no desapareció. Más


aún, se replegó sobre sí mismo en un movimiento de defensa e intentó
renovarse y fortalecerse. Autores como Semtob († 1430) nos indican
la interpretación de los hechos y el camino seguido: es reprobable to-
da comunicación con los cristianos; los judíos de Corte son los princi-
pales responsables, por el contacto con los gentiles, del ingreso de los
enemigos de la fe; los que se bautizaron son traidores; Dios ha castigado
por ello a su pueblo. Proponía volver a la piedad, modestia, moralidad,
a los oficios y dejar las actividades financieras y crediticias.
Nueva marcha atrás: los reyes de Aragón solicitan la suspensión de
las bulas de Benedicto XIII y las leyes de Ayllon, cosa que vale también

37 A History of the Jews.


38 Beinart, H., op. cit., p. 132.
39 Pacios López, A., op. cit., I, 77.

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para Castilla. Se reconstituyen las aljamas y se rehacen incluso econó-
micamente. Se restablece el cargo de Rab mayor en la persona de
Abraham Bienveniste, hombre piadoso y noble, de familia acaudalada
y empresario arrendador de impuestos de la Corona. Este realiza el
que sería el último de los intentos por lograr un estatuto seguro para su
comunidad, se estuvo muy cerca de dar con una fórmula de conviven-
cia. Don Alvaro de Luna aceptó un procedimiento que debía sustituir
las leyes de Ayllon. Coincidiendo con las Cortes de Valladolid de 1432,
una asamblea de representantes de todas las aljamas elaboraron un
Ordenamiento, takkanoth, que examinado por el rey pasó a ser ley.
En adelante cualquier modificación debía pasar por el mismo trámite,
aprovechando las Cortes. Eran, pues, los mismos judíos, de acuerdo
con el Consejo real, los que se daban a sí mismos las normas convenien-
tes. Al frente de toda la comunidad israelita estaría un Rab mayor. De
hecho, los cuatro que se sucedieron de 1342 hasta 1492 fueron muy
cercanos a la Corte. Parecía haber quedado resuelto el problema de
esta minoría.
Pero las ligas de nobles reclamaron el retorno a las leyes de Ayllon.
Muchas normas, como la aceptación del Talmud, contravenían man-
datos de Roma y los concilios.

7. Las causas de la impopularidad

A modo de balance, detengámonos un momento en resumir los


motivos de su impopularidad.
En general, a los monarcas les convenían por razones económicas.
La Iglesia no cesaba de hacer advertencias en orden a la custodia de la
fe y la catequesis. Para la nobleza era ambivalente. El pueblo era el
que más acumulaba argumentos y los expresaba en esas indignaciones
públicas incontroladas.
Podemos resumirlos en tres causas: económicas, sociales y religiosas.
Económicas. Al menos desde su destierro en Babilonia, desde el
siglo VIII AC les comenzaron a entusiasmar las actividades económicas.
La trágica renuncia al mesianismo espiritual, que acababan de consumar
con la muerte de Cristo, y el fuerte desarrollo de su sustituto temporal,
agregaba una razón no despreciable a la que naturalmente despierta el
gusto por el metálico. Esta actividad fue en aumento con los tiempos
de la dispersión. Dondequiera que habitaran, se destacaron en este ru-

GLADIUS 61 / Año 2004 85


bro. Era el pueblo clave en la red comercial de Oriente y Occidente.
Comerciaron perlas, diamantes, esclavos o telas. Fueron los habituales
empresarios de los monarcas y nobles en el cobro de los impuestos y
sus prestamistas. Sólo les interesaban los oficios de mayor valor, como
la orfebrería y la joyería. Si en algún arte descollaron fue en la medicina.
Esto les granjeó la simpatía de muchos reyes y nobles que necesitaban
sus servicios. Poco trabajaban la tierra, y evitaban los oficios serviles.
“Nenguno rompía la tierra ni era labrador, ni carpintero, ni albañil,
sino que todos buscaban oficios holgados e de modos de ganar con
poco trabajo” 40, sostiene con un poco de indignación el cronista de
los Reyes Católicos. Pero si el comercio es una actividad lucrativa y
puede hacer a ese estamento un poco odioso a la sociedad, mucho
más lo fue el préstamo de moneda a interés. Con demasiada frecuencia
adviene la tentación del abuso, es decir, la usura. He ahí una de las
grandes tentaciones en que cayeron en todos los pueblos y uno de los
motivos más fuertes de impopularidad. Para todo el pueblo cristiano la
inmoralidad de la usura estaba suficientemente clara. La práctica era
no sólo bajo pecado sino excomunión. La Iglesia insistirá machacona-
mente en el tema. Pero para un judío el asunto era distinto. No se aco-
gía a la ley moral cristiana sino a aquel texto del Deuteronomio: “Al
extranjero podrás prestarle a interés, pero a tu hermano no le prestarás
a interés, para que Iahveh tu Dios te bendiga en todas tus empresas”
(23, 21). No sólo la practicaban con toda libertad sino que de ello se
ufanaban. A su vez, y por razones de autonomía, se solían resistir a
pagar las contribuciones municipales. Un viajero alemán, J. Münzer,
relata en 1494-5 de su viaje por España que “los judíos y los marranos,
fueron antiguamente los amos de España, porque ellos obtuvieron los
principales empleos y explotaron a los cristianos” 41.
También entre los musulmanes de España prosperaron. La misma
Granada era llamada por los invasores Granatha Alyejud, Granada de
los judíos por su número y presencia económica. Formaron una formi-
dable red comercial y, entre otras cosas, proveían a los califas de escla-
vos cristianos, llamados slavones 42.
Sociales o políticas. Israel siempre fue un pueblo dentro de otro
pueblo, un estado dentro de otro. Los vínculos de unión entre ellos,

40 A. Bernáldez, Historia de los Reyes Católicos, ed. B.A.E. 70, Madrid 1953, p. 653.
41 Citado por Powel, Philip W., Arbol de odio, Ed. Iris de paz, Madrid 1991, nota 22, p.
232.
42 Dumont, Jean, Isabel la Católica, Ed. Encuentro 1993, p. 115.

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preservados por sus tradiciones culturales y religiosas, a la par que ra-
zones raciales, los hizo subsistir en medio de los pueblos más diversos.
Nunca se sintieron parte de la nación que los cobijaba. Por ello, con
mayor o menos fortuna, solicitaban un trato especial, basado en una
cierta autonomía ad intra. Autonomía que iba del barrio independiente,
que ellos mismos solicitaban, hasta fueros propios, leyes particulares e
incluso autoridades. Aunque en general no fueron proselitistas, su ten-
dencia a la segregación y desarraigo les hacía fácil la alianza con los
enemigos de la nación que los hospedaba. No nos extrañe esta psico-
logía tan propensa a la traición a la patria.
No hay dudas que ha sido, y es, un pueblo de fuerte personalidad.
Esta cohesión interna estaba alimentada por un sentimiento de superiori-
dad, alimentado por la conciencia de ser el pueblo elegido por Dios 43.
Donde gozaron de mayor libertad o poder económico, abusaron de
esa superioridad con agravios y revanchas. Luego padecerían las con-
secuencias. Tomado a la letra, el Deuteronomio (7, 1-3) enseñaba que
a los enemigos debía sometérselos, no mezclarse con ellos y no tener
misericordia. Era consigna implícita y explícitamente enseñada por los
rabinos, como también la pureza de sangre.
Religiosas. Aquí nos situamos en el tema más conflictivo en los paí-
ses cristianos, donde la fidelidad a Dios se tomaba en serio. En general,
todos los primeros recaudos que toma la Iglesia, son los de evitar toda
confusión religiosa. Ello explica toda la legislación que va a recomendar
insistentemente.
Evidentemente, en asuntos religiosos cristianos y judíos se excluían
mutuamente. No había una relación semejante con los cultos paganos.
La historia de Cristo y su enfrentamiento con los fariseos se continuaba
en los siglos. La exégesis del Antiguo Testamento distorsionada por los
rabinos y el Talmud dificultó las relaciones. Había agresiones mutuas
con frecuencia. Dada la condición de huéspedes en las naciones cris-
tianas, la tolerancia hacia ellos tenía límites precisos. La menor agresión
para con los cristianos y su religión, era duramente sancionada. No
obstante su agresividad aparecía con facilidad, sobre todo en tiempos
de mayor libertad. Por más que se han querido declarar infundados,

43 Véase esta oración judía, llamada Olenu recitada al final del oficio matutino: “Debemos
glorificar a Dios, ensalzar al creador del mundo porque no nos ha formado como a las demás
naciones ni nos mezcló con los idólatras y nos separó de ellos y distinguió su destino del
nuestro...”. Los idólatras son los cristianos. Citada por Dubnow, [Link]., p. 420, nota 1.

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los sacrilegios o sacrificios rituales existieron en muchos lugares 44. Co-
mo el de Santo Dominguito del Val, mártir inglés aparecido en Zaragoza,
San Simón de Trento († 1475) y el homicidio unido a sacrilegio del Ni-
ño de la Guardia († 1479) 45.
La constante e irrenunciable tendencia al mesianismo temporal los
hacía más sospechosos. Soñaban con una dominación política de los
otros pueblos como cumplimiento de las promesas tan postergadas. Sus
teólogos hablaban, por ejemplo, de España como el lugar de la “Nueva
Jerusalén”. Con la caída de Constantinopla en 1453, que ellos larga-
mente festejaron, se reactivó este espíritu mesiánico.
Las expulsiones masivas y las indignaciones populares del medioevo
europeo, que acababan en matanzas despiadadas, no pueden explicarse
sin la inteligencia de estas actitudes desarraigadas y provocativas. Atri-
buirlo a un simple estallido de ira racista y complot histórico gratuito es
dejar sin explicar un grueso hecho histórico. Es simplemente un prejuicio
ideológico. En última instancia se trata de un misterio que no se com-
prende separado del misterio de Cristo, cuyo rechazo y sustitución lle-
van en la entraña. Es un asunto teológico y no simplemente histórico.
No era ya una minoría religiosa en medio de una mayoría; se había
manifestado en ellos una agresividad religiosa que, por más que la di-
simularan en la conveniencia, afloraba. Los conversos lo sabían bien,
por ello les fueron tan agresivos. Para más, eran perpetuos y poco con-
fiables extranjeros en medio de las naciones.

46
III. La política de Isabel

1. Castilla (y Aragón) en la segunda mitad del siglo XV

Isabel de Castilla nace en 1451. Su matrimonio con Fernando de


Aragón en 1469 permitió unir ambos reinos y realizar un gobierno man-

44 Los primeros son del siglo XII: Norwich (1114), Blois (1171); del siglo XIII: Fulda 1235),
Narbona (1236), Lincoln (1255), Valréas de Vaucluse (1247), Munich (1286), Manosque (1296),
Uzés (1297).
45 Cfr. Tarsicio de Azcona, [Link]., p. 638. El caso ha sido puesto en duda, sin fundamento
histórico, por los historiadores judíos e incluso cristianos, como L. Suárez. No obstante, los docu-
mentos presentados por el P. Fita son concluyentes.
46 Tarsicio de Azcona, Isabel la Católica, BAC, Madrid 1964, p. 366-425 y 623-653; Mese-
guer Fernández, J., “El período fundacional: los hechos”, en HIEA, T. 1, p. 281-370; Suárez L.,
Isabel I, Reina, Ed. Ariel, Barcelona 2001; Dumont, J., Isabel la Católica, Ed. Encuentro 1993;
Walsh, W.T., Isabel la cruzada, Ed. Espasa Calpe, Madrid 1963, 4ª ed.; Sánchez Márquez, Ma-
nuel, Isabel la Católica, Ed. Gladius 1999.

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comunado. Una misma política se llevó a cabo tanto en los temas so-
ciales como religiosos. La claridad de objetivos y la unión de ambos
esposos fue la clave del éxito político que lograron. Grandes asuntos
de gobierno se habían postergado peligrosamente. Algunos eran de su
directa responsabilidad, como la presencia de los musulmanes, el régi-
men de los judíos, las cuestiones económicas o los privilegios de los no-
bles. Otros de común acuerdo con la Iglesia, como la cuestión de los
falsos conversos. Finalmente los que correspondían a la Iglesia y a ellos
sólo de modo supletorio o delegado, como la reforma de los religiosos
y los obispos.
Si en algunos puntos parecen haber tenido planes de gobierno cla-
ros desde el principio, como la expulsión de los musulmanes, o la so-
lución del problema de los criptojudíos, en otros no, como la expatria-
ción de la religión judía.
La población judía en los Reinos de Castilla y Aragón va, según los
historiadores, de 70-100 mil 47, hasta 200 mil, sobre un total de 7 mi-
llones de habitantes. Hemos visto que el estatuto medieval propuesto
por la Iglesia para esta minoría fue muy poco exigido en España. A
pesar de las resistencia crecientes de la sociedad, gozaron allí de muy
buena situación. Conforme al sistema feudal, poseían legislación propia
sobre su administración temporal, libertad religiosa, educativa e incluso
judicial con sus fueros ya que podían sustanciar sus propias causas,
tanto en lo contencioso como en lo criminal. En ningún país europeo
logró mayor libertad para organizarse, confiesa un historiador judío 48.
Según afirma un gran historiador protestante francés, “la España cristia-
na fue, en la Edad Media, el único país de la Cristiandad en el que pu-
dieron vivir, sin ser molestados, importantes minorías religiosas” 49. La
comunidad judía había encontrado en los reinos de la península y en
la estructura feudal un amparo único en la Europa medieval. Así lo
reconocen los mismos judíos 50. Eran vasallos directos de la corona, y
como tales, con derechos y obligaciones. “Apoyo oficial de la corona
como a un cuerpo de súbditos y vasallos; contribución pecuniaria im-

47 Para Luis Suárez, Isabel I, Reina, p. 286, cifra según la “documentación más reciente”.
Había por entonces unas 225 o más aljamas en la zona de Castilla.
48 Newman, Abraham, The jews in Spain, their social, political and cultural life during the
middle ages, 2 vol., Filadelfia 1944; cit. por Azcona, T. [Link]., p. 628.
49 Chaunu, P., La España de Carlos V, Península, Barcelona 1976, II, p. 106.
50 Neuman, Abraham, The jews in Spain, their social, political and cultural life during the
middle ages,Filadelfia 1944, 2 vol., cit. Por Tarsicio de Azcona, [Link]., p. 628 en nota. Vid.
también la obra de Cecil Roth antes mencionada.

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portante de éstos a sus dueños y señores”, sintetiza su situación un es-
pecialista moderno 51. Esa era la razón por la que casi sistemáticamente
apoyaran a los monarcas. Así había ocurrido con Isabel.
Pero desde fines del siglo XIV observamos una escalada de conflictos.
Desde entonces se fluctuaba de una situación de gran libertad a otra
de estrechez legal, como recomendaba la Iglesia, pasando por las in-
controladas irritaciones populares. Las disensiones de Enrique IV con
la nobleza y las guerras de sucesión que involucraron a Portugal y
Francia dejaron en un segundo plano, como tema pendiente, la cuestión
de los judaizantes. Fue uno de los temas más difíciles de resolver que
heredaron los jóvenes monarcas.

2. El problema de los falsos conversos

Llegados a este punto, debemos hacer algunas aclaraciones termino-


lógicas.
Ante todo llamamos judíos a los descendientes de Israel, lo que im-
plica una raza, una cultura y una religión, la veterotestamentaria o de
Moisés 52.
Conversos son los que recibían la instrucción cristiana y el bautismo.
También se los llamaba neófitos (nuevos nacidos); confesos, por la
profesión de fe; nueva generación o nuevo pueblo, por su reciente in-
corporación. Ahora bien, atendiendo a la sinceridad de tal conversión,
tenemos los conversos convencidos (o mesumad) y los forzados (o
anusim). Para la colectividad judía esta diferencia se ponía de relieve
en el trato, como afirma un autor de la época, poco afecto a aquellos:
“E si alguno de este linaje llega a algún lugar, donde ay aquesta mala
generación, preguntanle ellos: ¿eres «anuz», cristiano por fuerza, o
«mesumad», cristiano por voluntad? Si responde: anuz soy, danle da-
divas y honrranle; e si dize: mesumad soy, non le hablan mas” 53.
Más importante ha sido el de judaizantes, criptojudíos o vulgarmente
llamados marranos. Se trataba aquí de aquellos que, habiendo sido

51 Tarsicio de Azcona, [Link]., p. 631.


52 Debemos aclarar que estrictamente no serían los auténticos seguidores de Moisés y fieles
cumplidores de la Antigua Ley. Esta culmina en Cristo. Serían más bien los sucesores de la inter-
pretación farisaica de la Ley, que continuó en el Talmud, y luego en la Cábala, según que su in-
terpretación fuera primordialmente literal o mística de la dicha. Recordemos los duros términos
con que se refirió Cristo a aquella línea interpretativa.
53 Albrayque, autor anónimo del siglo XV, cit. por Azcona T., [Link]., p. 369.

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bautizados, continuaban practicando en secretos los ritos mosaicos.
Éstos fueron los que investigó la Inquisición 54.
Por la antigüedad de su conversión, tenemos los conversos recientes
y los más antiguos, que llevaban varias generaciones de vida cristiana.
Esto significaba, como es obvio y ya lo señalaba San Pablo (1 Tim 3,
6), la mayor o menor confiabilidad.
Ante todo es un hecho que en la España de Isabel había muchísimos
conversos, auténticos y falsos, y el asunto era complejo y serio. Además,
por no habérsele dado solución satisfactoria, se iba agravando. Si bien
algunos habían pedido el bautismo por coacción (como los del 1391),
otros lo habían hecho voluntariamente. Luego ocurrían varias situacio-
nes. Que los primeros luego aceptaran la fe, o sus hijos, o que los se-
gundos la abandonaran a ocultas por convicción o presiones de su fa-
milia. ¿Cómo resolver esta situación? Estaba en juego la fidelidad cris-
tiana, lo más sagrado para la sociedad y más aún para la Reina.
Los que retornaron a sus viejas creencias o hicieron una mezcla de
ambas o mantenían una doble vida religiosa eran percibidos claramente
por la sociedad que veía el fenómeno con alarma. Esta situación límite
es un hecho histórico indiscutible. Así lo reafirma un historiador judío,
Cecil Roth:

[Los conversos] formaban en el organismo de la nación un extenso


cuerpo extraño, imposible de asimilar y muy difícil de abandonar [...]
Fue, sin embargo, notorio que [los conversos] eran cristianos sólo de
nombre, observando en público un mínimo de la nueva fe y en privado
un máximo de la antigua [...] De la misma manera, hubo una gran
masa de conversos dentro de la grey de la Iglesia Cristiana, trabajando
insidiosamente por su propia causa dentro de las diversas ramas del
cuerpo político y eclesiástico, condenando en forma abierta muchas
veces la doctrina de la Iglesia y contaminando con sus influencias la
masa total de los creyentes. El bautismo apenas hizo poco más que
convertir a una considerable porción de judíos, de infieles fuera de la
Iglesia, a herejes dentro de la misma. Era lógico y aun justificado, que
desde todos los púlpitos se oyeran apasionados sermones llamando la
atención sobre la mala conducta de los nuevos cristianos y apremiando
a la toma de medidas para desenmascararlos 55.

54 La vida de un falso converso se caracterizaba por una serie de creencias, ceremonias


y preceptos. Se cuidaban de nombrar la Trinidad, aborrecían las imágenes, mantenían la esperanza
mesiánica, rechazaban el celibato, observaban el sábado, no comían cerdo, eran sepultados con
ritos fúnebres hebreos, etc. A la vez no creían en Cristo ni la Eucaristía, aunque comulgaran.
55 History of the Marranos, p. 27, 30, 31; cit. por Ph. Powel, [Link]., p. 74.

GLADIUS 61 / Año 2004 91


Para tener una idea clara de la situación real que se iba gestando
acudamos a una serie de testigos idóneos del momento. Toda la litera-
tura castellana del siglo XV, sea la pluma de los conversos o santos
como San Vicente Ferrer dan cuenta que el problema de esta minoría
era grave y candente y que exigía una solución urgente. En este sentido
el ex rabino Salomón Ha-Leví, luego cristiano y obispo de Burgos co-
mo Pablo de Santa María en Dialogus contra Judaeos, como otro rabi-
no llamado Jehoshua Ha-Lorqui, convertido en el fraile dominico Je-
rónimo de Santa Fe en su obra Hebraeomastix, y el converso aragonés
Pedro de Caballería en su Zelus Christi contra Judaeos. Fue particular-
mente influyente la obra del franciscano Alonso de Espina en su For-
talitium fidei contra Judaeos, del 1460 y editado en España en 1471.
Confesor de Enrique IV y rector de Salamanca, de origen judío, denun-
ciaba con elocuentes palabras la apostasía de los conversos. “Yo creo
que –decía–, si se hiciera en este nuestro tiempo una verdadera inquisi-
ción, serían innumerables los entregados al fuego, de cuantos realmente
se hallara que judaizan; los cuales, si no fueren aquí más cruelmente
castigados que los judíos públicos, habrán de ser quemados en el fue-
go eterno”.
Lo mismo el relator o letrado de la Audiencia real de Toledo, Fer-
nando Díaz de Toledo, también converso, quien sostenía “que si al-
gún cristiano nuevo hay, que mal use [...] que el tal sea punido e casti-
gado cruelmente, y yo seré el primero que traeré la leña en que lo que-
men, y daré el fuego, y aun pongo por conclusión que si él descendiere
del linaje israelítico, este debe ser más grandemente y cruelmente pu-
nido, pues que yerra a sabiendas, habiendo más noticias de la Ley e
de los Profetas, que otro” 56. El memorial del confesor de la Reina, prior
de los dominicos de Avila y con sangre judía, Fray Tomás de Torque-
mada, sobrino del cardenal Juan de Torquemada autor de un escrito
en defensa de los conversos de Toledo, en su obra Las cosas que de-
ben remediar los reyes, colocaba en lugar destacado los desacatos de
los judeoconversos.
Podemos advertir que los autores de sangre hebrea eran los más te-
naces y preocupados en advertir el peligro. Este fenómeno ha sido no-
tado por grandes historiadores como Chaunu, que lo denomina “el
antijudaísmo militante de los judeocristianos” 57. Reacción natural tanto

56 El texto está transcripto en el apéndice del Defensorium de Alonso de Cartagena; cit. por
Azcona, T., [Link]., p. 378.
57 Chaunu, P., op. cit., II, p. 119. Vid también Tarsicio de Azcona, op. cit., p. 372.

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por la psicología del converso como por conocer las tradiciones ocultas
de sus hermanos.
El humanista, diplomático y cronista colaborador de los Reyes,
Alonso de Palencia, relata que en Córdoba los conversos “se habían
enriquecido extraordinariamente [...] Desde entonces se muestran sober-
bios y tratan con arrogancia insolente de apoderarse de los cargos pú-
blicos, una vez que, a precio de oro y contra todas las reglas, han con-
seguido que les admitan en las Ordenes de Caballería, y se organizan
en clanes [... tales que llegan a disponer] de trescientos caballeros arma-
dos”. Seguros de su impunidad, “haciendo gala de una audacia sin lí-
mites, no se retraen de celebrar a su gusto las ceremonias judaicas” 58.
Un observador extranjero, Lucio Marineo Sículo, escribe: “En casi to-
da España, muchos judíos que se habían hecho cristianos, arrepentidos
luego de su conversión, hablan mal del nombre cristiano y se su santa
doctrina”.
Para completar el cuadro de gravedad, dos obispos conversos ha-
bían judaizado: el de Segovia, Juan Arias Dávila, que había sobornado
a testigos para ocultar a su padre, y el de Calahorra, Pedro de Aranda,
que no creía en la Trinidad ni en la Pasión de Cristo. A este último el
Papa lo destituye y pone en prisión en Roma.
Por el 1460 las dos órdenes religiosas más prestigiosas del momento,
jerónimos y franciscanos, hicieron un acuerdo para reprimir la herejía
que con alarma veían extenderse en la península. Esto incluía particu-
larmente el problema de los falsos conversos. El superior general de
los jerónimos y el prior de Guadalupe visitan a Enrique IV en Madrid
para exponerle la situación religiosa del Reino. Este manda hacer una
pesquisa al mismo superior y consejero del Rey, fray Alfonso de Oro-
pesa, comenzando por Toledo. Halló “de una y otra parte mucha cul-
pa; los cristianos viejos pecaban de atrevidos, temerarios, facinerosos;
los nuevos de malicia y de inconstancia en la fe”; constata “los engaños
de los judíos y de los conversos, y las artimañas diabólicas con las que
buscaban que los cristianos renegaran de su fe”. A raíz de estos suce-
sos, escribirá su obra Lumen ad revelationem gentium del 1465, donde
propone a los pastores de la Iglesia “levantarse con todas sus fuerzas”
contra “ciertos pérfidos judaizantes”.
No fueron los Reyes Católicos los que pensaron en una medida ex-
trema. Fue toda la sociedad castellana la que con antelación en algunos

58 Cfr. Dumont, J., op. cit., p. 86-87.

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decenios ya había planteado de alguna manera la solución. “Había di-
vergencia en cuanto a los medios que debían aplicarse para conjurar
dicho peligro, pero en cuanto a su existencia reinaba la unanimidad
más completa” 59. Según los documentos que hoy se manejan, la pri-
mera iniciativa de usar como instrumento la Inquisición nace no de los
cristianos viejos sino de los mismos conversos.
Estaba en juego la seguridad del Estado, la integridad de la nación.
Más grave aún: la existencia misma de la España cristiana. La inestabi-
lidad y debilidad política de los reyes había postergado un problema
urgente. Había que tomar medidas. La nueva situación de los Reyes y,
sobre todo, la lúcida voluntad de Isabel había de darle una solución
definitiva.
Ocurría por otro lado una situación particular. Los conversos autén-
ticos eran detestados por los no convertidos pues los consideraban
traidores y apóstatas. Recordemos lo que de ellos afirmaba el Talmud.
Fernand Braudel, historiador francés poco afecto al catolicismo, sostiene
citando al pro-judío Lucio de Valera que “la intolerancia de los judíos
del siglo XVI fue ciertamente más grande que la de los cristianos”.
Efectivamente, cuando los judíos adquieren poder, libertad y medios
son de una intolerancia muy superior a la de que son capaces los cris-
tianos. No es esto una situación de hecho sino que brota naturalmente
de sus principios doctrinales, como hemos visto. A la inversa, aquellos
eran los más duros críticos de sus hermanos falso-conversos. Como
afirma un eminente historiador, “la historiografía estrictamente judía
se hace también eco de esta clase social, compuesta para ellos de
renegados y traidores” 60. El historiador Américo Castro, de origen ju-
dío y nada sospechoso de antisemitismo, sostiene que “la sociedad es-
pañola iba fanatizando su cristianismo a medida que [...] se iban cris-
tianizando los judíos”. Salvador de Madariaga, historiador liberal, afirma
que la Inquisición española es en gran parte una idea judía 61. H. Ka-
men, gran enemigo de la Inquisición e ideologizado en sus juicios, tam-
bién sostiene que los principales polemistas antijudaizantes y promotores
de la Inquisición “eran ellos mismos ex judíos” 62.

59 Suárez, La expulsión... p. 278.


60 Azcona, T. , op. cit. p. 368.
61 Madariaga, S., Ensayos con un objetivo, Londres 1954, p. 148-52; cit. por Dumont, J.,
op. cit., p. 84-85.
62 Histoire de l’inquisition espagnole, Paris 1966, p. 31.

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¿Por qué esta conducta de los conversos? Encontramos dos razones
que no son excluyentes. Por una lado, esto parece responder al tempera-
mento natural de este pueblo que así se ha mostrado en toda su histo-
ria. Por otro, nadie como ellos conocían ese mundo cuasi hermético
de sus congéneres y percibía todo el peligro que significaban.

3. El conflicto toledano

La primera mitad del siglo XV fue de equilibrio inestable. Aparecían


tanto leyes que los protegían como otras que preservaban al pueblo.
Pero las leyes no bastaban para pacificar la sociedad tironeada desde
dentro. Tanto más que con frecuencia no se cumplían, como las de las
Cortes de Valladolid de 1411, por lo que en 1442, el papa Eugenio IV
dirige una bula al rey, obispos, nobles y autoridades exhortándolos a
cumplir las prescripciones del derecho. En cualquier momento estallaban
situaciones incontrolables.
Tal ocurrió en 1449 en Toledo. El motivo fue un nuevo impuesto del
Rey Juan II que desató la oposición del pueblo, que sospechó que los
judeoconversos lo apoyaban por personales conveniencias y así se de-
sata una pueblada que termina con la muerte del recaudador. Los cris-
tianos viejos, tras una lucha encarnizada, recuperan el poder comunal
que habían perdido de manos de los falsos conversos. En Toledo se acti-
van medidas restrictivas contra estos, equiparándolos a los simples ju-
díos (por ejemplo, excluyéndolos de los cargos públicos). Proponen un
estatuto de “limpieza de sangre” en adelante para impedirles el acceso
a cargos públicos. La solución no era fácil, pues los conversos como
tales merecían trato de cristianos, pero en tanto que no lo eran de ver-
dad, o sospechosos, merecían ser alejados. El hecho suscitó una larga
polémica académica de grandes obispos y teólogos, muchos de ellos con-
versos, que manifiestan el pensamiento peninsular del siglo XV. Los es-
critos van desde la defensa más rígida hasta la exigencia de precaución.
El conflicto se traslada a otras ciudades, como Ciudad Real, y debe
intervenir el papa Nicolás V. En tres bulas sucesivas plantea los conflictos
existentes y la solución de fondo. En la primera (setiembre del 1449)
deroga las prohibiciones a los conversos, en la segunda (octubre del
1450) anula la anterior y en la tercera (noviembre del 1451) propone
la Inquisición. Dos extremos entre los que se debatió la España del
siglo XV. Si la bula del Papa se hubiera llevado a efecto, la Inquisición
estaría en España 30 ó 40 años antes.

GLADIUS 61 / Año 2004 95


4. Propuestas de solución

Tradicionalmente, dos caminos se había seguido para este problema:


el de una legislación propia y el del discernimiento teológico a cargo
de un organismo adecuado, la Inquisición 63.
En 1465 se reúnen en Medina del Campo los representantes de la
nobleza y el Rey Enrique IV para concertar asuntos del Reino. Estamos
en plena conmoción social entre la nobleza y el rey. El tema de los ju-
díos va a ser uno de los revisados. Se constata que los últimos no vi-
ven en las aljamas y juderías ni llevan distintivos. Se ordena que en ade-
lante lleven señales, no trabajen los domingos y días festivos, no ocu-
pen cargos públicos o que supongan jurisdicción sobre cristianos, que
no construyan o mejoren sus sinagogas, que permanezcan en sus ca-
sas del Jueves Santo al Sábado de Gloria, se les prohíbe usar ropas de
lujo. Estas ordenaciones valían también para los moros. Todo esto que-
dó en nada, como anteriormente.
A continuación de la sugerencia del papa Nicolás V, es el mismo
rey quien solicita a Roma el tribunal de la Inquisición. Nadie que co-
nozca suficientemente a Enrique IV (hermano de Isabel), viviendo al
estilo morisco y de una vida bastante poco exigente, sospecharía que
fue el que tuvo la iniciativa de solicitar a la Santa Sede dicho tribunal.
Se ha encontrado el documento de la solicitud elevada en 1461 al Pa-
pa como solución definitiva al problema de los conversos. El papa Pío
II responde positivamente nombrando al Nuncio Antonio Giacomo Ve-
nier como inquisidor general al modo de la inquisición medieval. La
respuesta romana llegaba a la corte castellana el 1 de diciembre del
1461 y se remitía a Venier la bula Dum fidei catholicae en marzo del
1462. No era esto lo que Enrique solicitaba. Por ello, o la situación de

63 El tribunal de la Inquisición, nacido en el medioevo, era un organismo mixto de la Iglesia


(que discernía si había error en la fe) y el Estado que aplicaba la pena. Naturalmente en esos
tiempos la herejía era considerado un mal social pues la justicia respecto a Dios y a Cristo era
considerada parte principal del bien común. El tema, punctum dolens de la historia, ha sido muy
tratado en la actualidad con abundancia de documentos pero casi siempre con prejuicios ideoló-
gicos. Son buenos los trabajos de Menéndez Pelayo M., en su Historia de los heterodoxos espa-
ñoles (Madrid 1880-2); Walsh, William Thomas, Personajes de la inquisición, Espasa Calpe, Ma-
drid 1948; Llorca, Bernardino S.J. , La Inquisición en España (1954); Gonzalez Novalín, José
Luis en la Historia de la Iglesia en España, el capítulo La Inquisición española (T. III, 2º; cap. VIII,
pgs. 107-268). La obra más completa en la actualidad es la Historia de la Inquisición en España
y América, en tres tomos (BAC, Madrid 1984, 1993, 2000), dirigida por Joaquín Perez Villanueva
y Bartolomé Escandel Bonet. De muy desigual valor, por la abundancia de autores, ha contribuido
no obstante a revisar el planteo ideológico. Uno de los últimos y mejores trabajos es el de Jean
Dumont, Proceso contradictorio a la Inquisición Española, Ed. Encuentro, Madrid 2000.

96 Año 2004 / GLADIUS 61


guerra civil que se inicia por 1462, todo quedó en nada. Los conversos
pudieron continuar tranquilos unos años más.
En 1464 un grupo de obispos y nobles de Castilla solicitan al mis-
mo rey que urja las medidas sobre los judaizantes ante la gravedad del
problema. El rey forma una comisión que concluye recomendando el
establecimiento de la Inquisición.
El decenio 1465-75 fue de conflictos entre la nobleza castellana y el
rey. La inestabilidad política favoreció nuevas tensiones. Nuevas colisio-
nes hay en Toledo y Ciudad Real al querer los conversos recuperar el
poder por 1467. También en Sepúlveda en 1468, Córdoba y Jaén en
1473, Segovia en 1474 en que perecieron muchos conversos víctimas
de la indignación popular. En Segovia un sacristán judaizante roba una
hostia y en la sinagoga un conocido rabino en vano intenta destruirla
con agua hirviendo. En Sepúlveda en la Semana Santa de 1468 los
judíos secuestran un niño al que azotan y crucifican, en venganza de
las prédicas que por esos días hacen los cristianos con motivo de la
Pasión. Luego de un proceso diez y seis responsables son castigados
con la pena capital.

5. La primera solución de Isabel: el orden legislativo

Como había sido costumbre en los monarcas anteriores, Isabel y


Fernando contaron con un equipo, reducido, aunque importante de
judíos. Abraham Seneor era consejero y tesorero mayor de la Herman-
dad, Lorenzo Badoz médico de la Reina, Vidal Astori su principal
platero, Mayr Melamed, Samuel Abulafia, Abraham y Vidal Bienveniste
muy vinculados a sus actividades económicas y políticas, Isaac Abrava-
nel, protegido por los Reyes y otros. La mayoría luego se bautiza.
Fernando e Isabel comienzan su reinado poniendo en vigor las le-
yes de protección de las aljamas, al menos los diez primeros años de
su reinado. Adoptan desde el comienzo las Concordias o takkanoth de
Valladolid del año 1432 y la reunión de los procuradores de las alja-
mas. Ellos dependían directamente de la corona y con frecuencia go-
zaban de privilegios sobre los otros ciudadanos. Ejercieron una verda-
dera protección legal y los documentos muestran esta constante preo-
cupación. Por ello las ciudades y villas se quejaban constantemente al
Consejo Real. A pesar de las deslealtades que habían padecido. Durante
la guerra civil de sucesión y contra el rey de Portugal, los judíos de

GLADIUS 61 / Año 2004 97


Cáceres se aliaron con los portugueses. Tenemos, para corroborarlo,
dos testimonios de importancia. Un viajero polaco del 1484, Nicolás
Poplau, recoge la opinión general de que la reina Isabel se mostraba
muy favorable a los judíos. Esta actitud caritativa y paciente de la Rei-
na era testificada y valorada por los mismos judíos andaluces que es-
cribían en 1487 a sus pares de Roma “sobre la suerte de vivir en un
país donde los monarcas se mostraban tan respetuosos con ellos, par-
ticularmente «Isabel», a la que calificaban de reina «justa y caritativa»”,
y con un Rab mayor eficaz y piadoso como era Seneor 64. Advirtamos
que hacía siete años que funcionaba la Inquisición...
En dos momentos se había tratado especialmente el tema.
El primero son las Cortes de Madrigal del 1476, donde retoman el
programa esbozado en Medina del Campo. Estas se pronuncian abierta-
mente en cuatro puntos: exigir el uso de señales externas, prohibir ves-
tidos lujosos 65, reglamentar los préstamos a interés usurario, limitar la
competencia de sus jueces en lo criminal. Sabemos que algunos se re-
sistieron a dejar sus trajes suntuosos. En cuanto a la usura, el tema se
hacía complicado. Muchos habían pedido préstamos para pagar los
impuestos. Los Reyes debieron conducirse con gran justicia exigiendo
los pagos, por un lado, y la reducción de intereses por el otro.
Se convocan las Cortes de Toledo de 1480. Se acaba de firmar la
paz con Portugal y han recibido el título de Condes de Barcelona. Tie-
nen la autorización de Roma para iniciar el tribunal de la Inquisición.
Ahora se va a programar la gran política del reino. Son las más impor-
tantes de su reinado y dieron otro gran paso. Se mandaba que en el
plazo máximo de dos años todos los judíos se concentraran en las alja-
mas. La ley no era nueva en la península. Había sido dada para Casti-
lla ya en las Cortes de Valladolid de 1411, pero nunca había sido urgi-
da, ni siquiera benignamente. La razón principal era religiosa: evitar la
“confusión y daño de nuestra santa fe”, peligro especialmente serio
para los conversos. En realidad no se trataba de otra cosa que las an-
tiguas normas de convivencia del concilio ecuménico de Letrán del
1215. Esta vez se cumplió con rigor. Para reforzar la decisión, lograron
una bula de Sixto IV (31 de mayo del 1484) que respaldaba las medi-
das de los monarcas.

64 Suárez, L., La expulsión..., p. 259-60; Isabel I, Reina, p., 295; Dumont, J., [Link]., p. 96.
65 La prohibición de vestidos lujosos está en la orientación impuesta a todo el Reino de
austeridad.

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No olvidemos que las “Cortes” eran asambleas de todo el Reino
con representantes de las ciudades, lo cual refleja la opinión general.
La reacción más fuerte venía de las corporaciones municipales, lugar
donde abundaban los conversos. Ello hace ver la exasperación popular
contra la presencia judía en las ciudades. Incluso en las zonas de cam-
po había ocurrido otro problema serio. Los campesinos se negaban a
pagar los préstamos que habían tenido que solicitar a los judíos con
ocasión de los impuestos por la guerra de Portugal alegando que eran
usurarios y transgredían las disposiciones de Madrigal del 1476. El
problema se extiende por toda Castilla y llega al Consejo Real que de-
be hacer un arbitraje: nadie queda dispensado de la deuda pero los
hebreos no pondrán intereses superiores a los que pedían otros presta-
mistas. Hubo que nombrar jueces reales para pacificar los espíritus.
Los mismos diputados de las juderías reconocerán sus abusos en la
reunión de Maqueda, donde se comprometen a restituir a los prestata-
rios 1.900.000 maravedíes. Con ello se terminó el conflicto. Era junio
del 1485. Tanto en las ciudades como en el campo la población tenía
constantes motivos de indignación que fácilmente desembocaba en
toda clase de injusticias.

6. La segunda solución: la Inquisición

Cuando en 1475 llega el nuevo nuncio del papa Sixto IV, Nicolás
Franco, entre las instrucciones que trae en su cartera se le pide que es-
té atento a la cuestión de los conversos. En la bula de su nombramiento
se le decía que los falsos conversos eran un peligro para la fe y las cos-
tumbres del pueblo a la vez que se le recordaba que caían bajo su
competencia y se le daban atribuciones de inquisidor pontificio: “pro
christianis se gerentes, intus vitam et mores hebraeorum servare [...] ac
alios ad ritus huiusmodi trahere continuo moliuntur” 66. En 1477 se
entrevista con Isabel y le manifiesta el peligro grave que significa para
la Cristiandad la existencia de grupos musulmanes y judíos en la Pe-
nínsula. Roma está pensando en la clásica Inquisición medieval.
Pero los años decisivos para España son 1477 y 78. Entonces los
Reyes hacen su viaje por Andalucía y palpan directamente el problema.

66 “Sobre los que aparecían como cristianos pero en su vida y costumbres privadas
guardaban las hebreas [...] e intentaban constantemente arrastrar a otros a estos ritos”.

GLADIUS 61 / Año 2004 99


Ese Jueves Santo se descubre en Sevilla una reunión de conversos ju-
daizantes que se mofaban de las ceremonias católicas.
Estos acontecimientos y el consejo de hombres cercanos a los Re-
yes, como el dominico Alonso de Hojeda, les hicieron tomar la histórica
decisión de crear la Inquisición. Tanto los Reyes como los que los acon-
sejaron no buscaban otro fin que la pacificación de la sociedad española
en base a la más estricta justicia, acudiendo al modo ordinario como
la Iglesia había resuelto estos temas con éxito en el medioevo: la Inqui-
sición.
Es cierto que existía por entonces la llamada Inquisición episcopal,
pero era de experiencia que no bastaba, como ocurrió en el medioevo,
para este nuevo problema: su jurisdicción era limitada, había compromi-
sos de obispos conversos con sus familias y exigía una estructura que
superaba las posibilidades de una diócesis.
Para entonces, “aun dejando de lado los crímenes de los malos
conversos y los desafueros del populacho en los motines [...] siempre
queda el problema neto de la radical imposibilidad de convivencia en-
tre ambos sectores” 67. Está de más plantearse a esta altura de los acon-
tecimientos sobre el inspirador de la Inquisición. Esta estaba en el am-
biente de la manera más explícita. Sin ningún fundamento histórico se
ha querido explicar la creación de esta institución por razones econó-
micas, de poder o racismo antijudío del cardenal González de Mendo-
za 68. No hubo ningún beneficio económico ni a los reyes les convenía
enemistarse con familias poderosas, económica y socialmente. No hu-
bieron otras razones que las del celo cristiano por la pureza de la fe.
Era tan clara la convicción de los Reyes que, años después, Fernando
reafirmaba la idea en Santa María del Campo ante la Junta de la
Inquisición en momentos muy delicados del tribunal: “Y en principio
no podimos menos hazer, porque nos dixeron tantas cosas del Anda-
lucía, que si nos las dixeran del Príncipe, nuestro fijo, hiziéramos aque-
llo mismo”. Es decir, no solamente el problema de la convivencia con
los judíos y el de los conversos había pasado al plano de las urgencias
desde hacía más de cincuenta años sino que ya tenía consenso la ins-
talación del tribunal como solución adecuada. Veamos el testimonio
de un contemporáneo, Andrés Bernáldez, historiador de los Reyes Ca-
tólicos:

67 Tarsicio de Azcona, op. cit. p. 384.


68 Como lo hace la Enciclopedia judaica castellana en la voz España, México 1949.

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En los primeros años del reinado de los muy católicos e cristianísimos
rey Don Fernando y reina Doña Isabel su mujer, tanto empinada esta-
ba esta herejía, que los letrados estaban en punto de la predicar la ley
de Moisés, e los simples no lo podían encubrir ser judíos [...] E en tiem-
po de la empinación de esta herética pravedad de los gentiles hombres
de ellos e de los mercaderes, muchos monasterios eran violados, e mu-
chas monjas profesas adulteradas y escarnecidas, de ellas por dádivas,
de ellas por engaños [...] no temiendo la excomunión, pues lo hacían
por injuriar a Jesucristo y a la Iglesia [...] Muchos de ellos en estos rei-
nos en poco tiempo allegaron muy grandes caudales e haciendas, por-
que de logros e usuras no hacían conciencia [...] Y visto que de ningu-
na manera se podían tolerar ni enmendar, si no se hacía inquisición
sobre ello [...] ovieron bula del Papa Sixto IV 69.

Isabel eleva la solicitud para Castilla el 2 de setiembre del 1477 en


Sevilla. Fernando el 18 de octubre del mismo año en Jerez. Es así que
el Papa Sixto IV envía la bula Exigit sincerae devotionis del 1 de no-
viembre del año 1478 atendiendo al pedido de los monarcas. Nacía
una inquisición sustancialmente idéntica a la medieval pero con una
diferencia: aquí los Reyes propondrían los inquisidores y Roma los
confirmaría. En la provisión exponen los motivos: los judíos “siempre
por cuantas vías e maneras pueden de subvertir e subtraer de nuestra
santa fe católica a los fieles cristianos [... lo hacen] instruyéndolos en
las ceremonias e observancias de su ley” 70. El mismo pontífice, en el
texto de la bula, hace referencia a que la excesiva tolerancia no hacía
bien pues favorecía las infidelidades. De hecho, cesaron las revueltas
populares.
Esta institución marcaría la historia de España y América.

7. Misericordia de la Reina y obstinación de los conversos

Los Reyes están habilitados para proponer los inquisidores desde


fines del 78, pero no lo hicieron sino dos años después. No se trata de
dudas u oposición de la Reina. Prefería la acción misionera, como lo
había intentado la Iglesia desde el siglo XIII y lo proponía Raimundo
Lulio. Es necesario destacar que la Inquisición no aparece como la

69 Op. cit., p. 599 y ss.


70 Meseguer Fernández, J. Las primeras estructuras del Santo Oficio, en HIEA, T. I, p. 386.

GLADIUS 61 / Año 2004 101


única solución a los problemas de la fe. Anterior y simultáneo es el
ímpetu reformador del que ya hemos hablado. Este paréntesis refleja
el espíritu y la actitud de la España reformista de los siglos XV-XVI, tan
vinculados ahora a Isabel. Fiel al programa del lulismo, hay que inten-
tar el camino de la evangelización ante todo, es decir, de la benignidad
y el convencimiento. De allí la proliferación de misiones, catecismos y
predicación, que no se dirigía a los conversos en particular sino a to-
dos los cristianos sin distinción.
La gran tarea reformadora va a comenzar por la ciudad andaluza
de Sevilla, donde la corruptela parece más apremiante. Allí el obispo,
cardenal González de Mendoza, va a organizar su obra misionera. Co-
labora con él un sacerdote que se le parece mucho y es el hombre de
confianza de los Reyes: Fray Hernando de Talavera. Este último, de la
naciente orden de los jerónimos, es confesor y consejero de los reyes,
hombre culto y de sangre judía. Tal vez a él se deba la “Constitución”
(hoy llamaríamos “Carta pastoral”) del cardenal con el programa de
acción. En tres direcciones cifró su esfuerzo. La predicación por todos
los medios, una instrucción general en forma de programa pastoral y
una pesquisa para indagar las reacciones y resultados. Más de un año
se empeñó en esta gran misión. Los Reyes piden entonces al obispo
de Cádiz, Alonso de Solís y al gobernador de Sevilla, Diego de Merlo,
un informe sobre los resultados. La relación fue enteramente desfavo-
rable. Eran tantos los judaizantes y tanto su influjo socio-político que
se afirmaron seguros en sus viejas actitudes. Escuchemos a Hernando
del Pulgar, cronista de los Reyes y de sangre judía: “Estos religiosos, a
quienes fue dado este cargo, como quiera que primero con dulces amo-
nestaciones e después con agrias reprensiones, trabajaron por reducir
a estos que judaizaban, pero aprovechó poco a su pertinacia ciega,
que sostenían. Los cuales aunque negaban y encubrían su yerro, pero
secretamente tornaban a recaer en él, blasfemando el nombre e doctrina
de nuestro Señor y Redentor Jesucristo [...] el Rey y la Reina conside-
rando la mala y perversa calidad de aquel error y queriendo con gran
estudio y diligencia remediarlo, emviaronlo a notificar al Sumo Pontífice,
el cual dio su bula, por la que mandó hubiese inquisidores” 71
En los hechos que se sucedieron está la prueba de lo grave de la si-
tuación. En 1480 un anónimo sacerdote converso publica un escrito
burlándose de las predicaciones de Talavera, de las Constituciones de
Mendoza y de las personas de Fernando e Isabel e intentando probar

71 Crónica, c. 96, p. 334-38.

102 Año 2004 / GLADIUS 61


que la perfección del católico está en la aceptación de la ley de Moisés.
Su burla llegaba a los religiosos, obispos e incluso al Papa. Talavera
publica una apurada pero terminante refutación72. Aunque se haya
perdido el libelo acusador, por la respuesta del pacífico fraile nos ente-
ramos de lo que podríamos llamar la cosmovisión de un judaizante.
Era una señal más de que la pureza de la fe, las costumbres cristianas
y paz ciudadana no admitían otra solución. “Si los Reyes Católicos no
se hubiesen decidido por fin a establecer en Sevilla el tribunal de la fe,
hubieran aparecido las matanzas y tropelías que rubricaron con sangre
la convivencia de las dos razas durante la baja Edad Media” 73.

8. Inicia su actuación

Los falsos conversos no aprovecharon la situación y tal vez envalen-


tonados por su fuerza, influencia y poder no facilitaron las cosas. Tal
vez no contaron tampoco con la firmeza de Isabel. Aunque nombrados
en setiembre de 1480 para Sevilla, los primeros inquisidores recién co-
menzaron a actuar en enero del 81. Son los dominicos Fray Juan de
San Martín y Fray Miguel Morillo, ambos conocidos y con buenos an-
tecedentes en la corriente de los reformados. El primero había sido vi-
cario para la provincia de Castilla y el otro provincial de la de Aragón.
Una serie de hechos de resistencia van a mostrar que los falsos con-
versos no eran tan mansos ni inocentes. Una serie de verdaderas re-
vueltas se desatan en la península.
Está bien documentado el hecho de la resistencia que los conversos
piensan hacer en Sevilla a los inquisidores. Incluso por la fuerza armada
y el asesinato de los inquisidores. Iniciado por un rico converso, Diego
de Susán. En el complot había grandes señores de la ciudad en dine-
ro, profesión y títulos, y hasta eclesiásticos. Pero la hija de uno de los
cabecillas, Susana, “fermosa fembra”, enamorada de un cristiano viejo,
los denunció y pudo ser controlado. Se realizó la captura y juicio de
los conjurados y así tuvo lugar el primer auto de fe de la Inquisición el
6 de febrero de 1481. El otro hecho notorio y sintomático fue la huida
generalizada hacia tierras de señorío, donde Ponce de León, marqués

72 Católica impugnación, Juan Flors, Barcelona 1961. La introducción de Francisco Márquez,


de la universidad de Harvard, por sus prejuicios ideológicos, no entiende ni la época ni sus insti-
tuciones y personajes, cayendo en evidentes contradicciones.
73 González Novalín, [Link]., p. 128.

GLADIUS 61 / Año 2004 103


de Cádiz los protegía. Tuvo que intervenir el poder real con un requeri-
miento en enero de 1481 amenazando una intervención directa.
Esto complicaba los procedimientos. Todo este contexto y la perso-
nalidad de los inquisidores motivó que el rigor con que comenzaron su
actividad dejara consternada la ciudad, aunque los cristianos viejos lo
vieron con agrado.
Pronto se extienden los tribunales. En Toledo tampoco fueron pací-
ficos los comienzos. Instalado en 1485, los judaizantes prepararon una
conjura para asesinar a los inquisidores el 2 de junio de ese año, día
de Corpus Christi, y tomar por asalto el alcázar. Descubierta la noche
anterior fue desbaratada y no sólo no se toman represalias sino que se
extiendo hasta 90 días el tiempo de gracia. En Zaragoza se establece
en 1484. También allí los judíos tienen poder económico y vínculos de
sangre con la nobleza. Gabriel Sánchez es tesorero de Fernando y
Sancho de Paternoy es tesorero de Aragón. Hicieron un intento de so-
bornar a las personas más influyentes e incluso al Rey y al Papa con
fuertes sumas. Como fracasan, toman el camino del crimen. En la ma-
drugada del 14 de setiembre de 1485 fue asesinado el inquisidor Fray
Pedro de Arbués (hoy canonizado) en la iglesia. Se hubiera producido
una nueva matanza de judíos si no hubiera intervenido el mismo obis-
po frenándolos por la calle con la promesa de justicia. Con grandes di-
ficultades por la oposición de los judeoconversos se establece en Te-
ruel, Valencia y Barcelona.
“Las causas de todas ellas eran siempre las mismas: por un lado, y
esta era la más eficaz y poderosa, la influencia extraordinaria de los
judíos conversos, y por otra la suposición de algunos de que el nuevo
tribunal se oponía a los fueros regionales” 74. Todo ello hace ver la si-
tuación real que había en la península y la necesidad de una solución
política de fondo. No se puede desconocer que también han influido
en estos conflictos otros elementos secundarios, como los fueros que
en algunos consideraban invadidos por esta tribunal centralizado.
Para adentrarnos más a la situación real hay que referir un par de
polémicas de la época en Castilla. La primera fue entre Hernando del
Pulgar y un anónimo. El primero, en una carta al Cardenal González
Mendoza de comienzos del 81, sin cuestionar el tribunal sugiere atenuar
las exigencias ya que los cristianos viejos no les han dado el mejor ejem-
plo y la responsabilidad primera y principal es de unos pocos cabecillas.

74 Llorca, B., [Link]. p. 165.

104 Año 2004 / GLADIUS 61


Propone que el castigo más duro recaiga sobre éstos, caso contrario
serían muchos los penados. Un anónimo le responde que se debe cas-
tigar a todo el que lo merezca, sean muchos o pocos. La segunda po-
lémica es más intelectual. Fue entre Juan Ramírez de Lucena y el ca-
pellán de la corte, Alonso Ortiz. Aquel sugería mayor blandura dado
que se podía sospechar que muchos habían recibido el bautismo invá-
lidamente y entonces se los debía tratar como infieles y no como here-
jes. Más allá de las razones de cada uno esto nos muestra que en toda
España se comenzaba a opinar sea en el campo pastoral o político,
sea en el doctrinal sobre la actuación del Santo Oficio. Todo esto llegó
a Roma que oportunamente interviene.
¿Fue dura la Inquisición Isabelina? No debemos desconocer la du-
reza de los códigos penales de los tiempos, natural para cualquier ciu-
dadano de cualquier nación. La misma Hermandad, parte esencial en
la restauración del orden interno contra los delitos comunes, era de gran
dureza. Era normal que por robo y homicidio hubiera pena de muerte.
Los tribunales sentenciaron a muerte y fueron quemadas en 8 años,
en persona o en efigie, unas 700 personas a la vez que se reconciliaron
unas 5 mil 75. Según algunos especialistas más recientes, para el período
de Isabel, 1480-1504, no pasaron de 400 los ajusticiados 76. Alfonso
de Palencia, testigo presencial habla de unos 500 reos quemados, vi-
vos o muertos 77. Debe también decirse que el rigor inicial del 1481 fue
atenuándose ya en el 82.

9. Dudas romanas y firmeza de la Reina

Todo el año 81 trabaja la Inquisición en el arzobispado sevillano.


También se activan todos los influjos de los conversos en la curia ro-
mana. Por un lado los judaizantes hacen llegar noticias pavorosas de
abusos e interés económico de los Reyes. Otros alarman con el poder
extremo que con esta nueva modalidad del tribunal ponía en sus ma-
nos. Por otro, eran ciertas algunas acusaciones de dureza, especialmente
del tribunal de Sevilla. Hay que agregar que desde el 1479 al 82, por
razones políticas, la relación de los Reyes con el papa no son muy
buenas. A comienzos del 1482 un par de cartas de Sixto IV indican la

75 La cifra es de Bernáldez.
76 Cfr. Dumont, J., Isabel..., p. 98.
77 Citada por Suárez, en Isabel I, Reina, p. 302, pero de la que no da entero crédito.

GLADIUS 61 / Año 2004 105


decisión de retornar hacia una inquisición de tipo medieval o simple-
mente episcopal. En enero del 1482 emite una bula suprimiendo las
facultades otorgadas. Da las razones de tal revocación: no observar la
ley en los procedimientos (nullo iuris ordine servato), crueldad (duris
tormentis subiecerint) y expoliación de bienes (bonis spoliaverint). Los
papas no se resignaban a otorgar al poder temporal tal independencia
en el funcionamiento. Jamás pusieron en duda la necesidad imperiosa
del tribunal, pero se sentían más seguros con un modelo de tipo me-
dieval, directamente regido por los papas y que en España sólo existió
en Aragón o simplemente la episcopal. Pronto los Reyes reaccionan;
con dureza Fernando y con gran mansedumbre Isabel, haciendo todos
los descargos posibles y mostrando que los otros modelos no han fun-
cionado para la situación presente. A principios del 1483 la situación
se había aclarado. El breve Venerabilis frater, del 25 de febrero, daba
la razón a Isabel, la exhortaba a proseguir la obra comenzada y le pro-
metía su apoyo.
Torquemada, que era ya uno de los siete inquisidores de Castilla y
León desde febrero, es nombrado a mediados de 1483 Inquisidor Gene-
ral. Entonces los Reyes crean el Consejo de la Suprema y General In-
quisición, institución que regía todos los tribunales de la península. Queda-
ba unificado en Santo Oficio, y constituido como uno de los organismos
de la administración del Reino al modo de los modernos ministerios.
Sólo exigió que se reservara a la Santa Sede las causas de los obis-
pos y otras dignidades eclesiásticas. El inquisidor general sería elegido
por los reyes y Roma le confería la misión canónica. La tarea de vigi-
lancia de los obispos no se anulaba, pero no correspondía a ellos erigir
los tribunales; intervenían en ciertas etapas del proceso. Nacía así un
nuevo modelo de Inquisición que atendía, como la medieval, tanto a
los intereses de la fe como del bien común temporal. Había terminado
una serie de malentendidos 78.

10. Últimas vicisitudes con Roma

Mientras se afianzaba la Inquisición una gran ofensiva de los conver-


sos en Roma hicieron nuevamente dudar a Inocencio VIII en los últi-
mos meses del 1488. Por otro lado la curia no cesaba de repetir al Pa-

78 Para el tema, un buen análisis de Meseguer Fernández, J., [Link]., p. 297-309; B. Llorca,
op. cit. p. 90-113.

106 Año 2004 / GLADIUS 61


pa que “la preeminencia de Su Sanctidad dello recibe detrimento”. En
esos momentos de vacilaciones, Roma exige que se lleven allí algunas
causas pendientes en Castilla, como la sustanciada contra el obispo
converso Arias Dávila y sus padres. Isabel, a través de sus embajadores,
solicitaba que se le enviaran dos curiales para que controlaran los pro-
cesos. Nada tenía que ocultar. Con el siguiente pontífice, Alejandro VI,
se llega a un arreglo con Roma eligiendo nuevos miembros del Consejo
de la Suprema. Fue la última intervención de la Santa Sede en lo que
llamaríamos aspectos institucionales de la Inquisición. Isabel había he-
cho valer sus puntos de vista, al menos en dos decisivos: nombramiento
de los inquisidores por parte de la corona y la gestión de todas las cau-
sas en Castilla sin apelación a la curia romana.

11. La expulsión de los judíos

Las dos soluciones anteriores se habían probado, por primera vez,


en los reinos de España y no habían sido satisfactorias. Algunos judíos
acariciaron la idea de crear allí una Nueva Jerusalén. También llegaban
noticias que el sultán de Constantinopla les daba buena acogida y se
hablaba de un inmediato advenimiento del Mesías, una pronta destruc-
ción de la Cristiandad, nueva Babilonia, por aquel nuevo Ciro79. Tal
vez por ello, un testigo presencial, el cronista Bernáldez, dice que el de-
creto de destierro no produjo en ellos depresión moral sino una exalta-
ción religiosa que los rabinos alimentaban comparándola al éxodo de
Egipto y diciendo que no tardaría en producirse una maravillosa ma-
nifestación de Dios.
La aplicación de lo resuelto en las Cortes de Toledo del 80 y la ex-
periencia de dos años del tribunal de la Inquisición mostraron que esta
política era insuficiente. Se probó otra medida parcial. En 1483 fueron
expulsados de Andalucía y en 1486, luego del asesinato de Pedro de
Arbués, de Zaragoza y Albarracín. En ambos casos tuvieron todas las
garantías: disposición de bienes, seguridad, etc. Por entonces muchos
sectores opinaban que debía llegarse a una solución definitiva tal co-
mo lo recomendaba Lulio. El caso del Niño de la Guardia, salido a luz
en 1490, fue como un detonante. Del proceso resultaron cinco senten-
ciados a muerte. Eran judíos y falsos conversos. Se había hecho ya
inevitable la solución última, a pesar de los Reyes.

79 Suárez, L., Isabel I, Reina, p. 320.

GLADIUS 61 / Año 2004 107


A estas consideraciones, dos novedades deben tenerse en cuenta
para comprender el hecho del destierro. El primero es el cambio de la
concepción política del estado. En la estructura feudal medieval, hasta
cierto punto podía subsistir una minoría de este género no sin algunas
dificultades. Pero de ninguna manera cabía en la nueva concepción
política que se insinúa en el Renacimiento. La tendencia es ahora ha-
cia una mayor centralización de la administración que exige, de hecho,
mayor homogeneidad en la comunidad social. El segundo y más de-
terminante es propio de la España reformadora. Es el espíritu cristiano
que va tomando conciencia de sí. Ello lo impele a la reforma de los
institutos religiosos, los obispos, el clero, el pueblo, la autoridad política,
el arte y todas las manifestaciones humanas. Este espíritu reformador,
tan bien encarnado y propulsado por Isabel, se expresaba en estas tres
metas que según un gran historiador de la Reina se propuso en su ges-
tión: la unidad religiosa, la reforma de la Iglesia y la misión 80. El mis-
mo espíritu que alimentó la cruzada y reformó la Iglesia es el que en-
gendró la Inquisición y expulsó esa minoría que no quiso aceptar la fe
ni ser huéspedes pacíficos. No debe olvidarse tampoco una serie de
fuerzas negativas y disgregantes, como la presencia siempre creciente
y amenazante del Islam y los movimientos que engendraron la pseudo
reforma protestante que ya estaban obrando en Europa. Ese peligro
exigía no solamente una particular vigilancia interna y externa, sino
unidad nacional y una acción rápida y vigorosa sobre el mal.
¿Cuál fue la causa decisiva de la expulsión?
Ya hemos visto que esta solución no era extraña a los pueblos cris-
tianos o musulmanes. Tal vez nadie como Isabel deseaba su integración
al Reino, pero no se podía obligar a creer. Se han querido dar razones
económicas. Ni se benefició la corona con sus expulsión, pues estudios
recientes prueban que los 2.275.000 maravedíes que ingresaron por
bienes que quedaron en desherencia, no llegaron a cubrir los gastos
administrativos del procedimiento. Ni tampoco ocasionó una grave
crisis económica. Los ingresos por el permiso de residencia, impuesto
familiar llamado “cabeza de pecho” eran unos 450 mil maravedíes en
1475. Cifra poco significativa. Sólo produjo una lógica crisis momentá-
nea. La motivación real la encontramos en el mismo decreto del 31 de
marzo del 1492 81; el motivo religioso inseparablemente unido al polí-
tico-social de bien común, es decir, unidad, integridad y convivencia:

80 Azcona, T., [Link]., p. 367.


81 Para facilitar la lectura he traducido el texto original, en castellano antiguo, al moderno.

108 Año 2004 / GLADIUS 61


Sabéis o debéis saber que, porque nos fuimos informados que en
estos nuestros Reinos había algunos malos cristianos, que judaizaban y
apostataban de nuestra Santa fe Católica, de lo cual era mucha causa
la comunicación de los judíos con los cristianos, en las Cortes que hici-
mos en la ciudad de Toledo el año pasado de mil cuatrocientos ochen-
ta años mandamos apartar a los dichos judíos en todas las ciudades,
villas y lugares de nuestros Reinos y Señoríos, y darles juderías y luga-
res apartados, donde viviesen, esperando que con su apartamiento se
remediaría; e otrosí hubimos procurado y dado orden cómo se hiciese
inquisición en los dichos nuestros Reinos y Señoríos; la cual, como sa-
béis, ha más de doce años que se ha hecho y hace, y por ella se han
hallado muchos culpables, según es notorio, y según somos informados
de los inquisidores y de otras muchas personas religiosas y eclesiásticas
y seglares; consta y parece el gran daño que a los cristianos se ha se-
guido y sigue de la participación, conversación, comunicación que han
tenido o tienen con los judíos; los cuales se prueban que procuran
siempre, por cuantas vías y maneras pueden, de subvertir y sustraer de
nuestra Santa fe Católica a los fieles cristianos, y apartarlos de ella, y
atraer y pervertir a su dañada creencia y opinión, instruyéndolos en las
ceremonias y observancias de su ley, haciendo ayuntamiento donde
les leen y enseñan lo que han de creer y guardar según su ley, procu-
rando circuncidar a ellos y sus hijos, dándoles libros por donde rezasen
sus oraciones, y declarándoles los ayunos que han de ayunar, y juntán-
dose con ellos a leer y enseñarles las historias de su ley, notificándoles
las pascuas antes que vengan, avisándoles lo que en ellas han de guar-
dar y hacer, dándoles y levantándoles de su casa el pan cenceño y car-
nes muertas con ceremonias, instruyéndoles de las cosas que se han
de apartar, así en el comer como en las otras cosas por observancia de
su ley, y persuadiéndoles en cuanto pueden a que tengan y guarden la
ley de Moisés, haciéndoles entender que no hay otra ley y verdad, sal-
vo aquella; lo cual consta por muchos dichos y confesiones, así de los
mismos judíos, como de los que fueron pervertidos y engañados por
ellos; lo cual ha redundado en gran daño y detrimento y oprobio de
nuestra Santa fe Católica.

La de Isabel fue una decisión política en el sentido de prudencial


perfectamente legítima para un gobernante. Incluso admirable por el
anhelo demostrado, también políticamente, de asimilar este pueblo
tan particular. Y fue una solución última. Podemos agumentar con el
nada sospechoso Fernand Braudel: “Me niego a considerar a España
como culpable del asesinato de Israel. ¿Hay alguna civilización en el
pasado que por una sola vez haya preferido otra a la suya propia?
Ninguna; y mucho menos que las otras, Israel o el Islam [...] Calificar a

GLADIUS 61 / Año 2004 109


España del siglo XVI (y del XV) como un país totalitario, e incluso, ra-
cista, no es razonable. La Península, para volver a ser Europa, rechazó
ser Africa y Oriente, según un proceso que recuerda en cierta manera
los procesos actuales de descolonización” 82.
Tenían cuatro meses de plazo bajo pena de muerte y confiscación
de bienes. Torquemada, inquisidor general, hizo agregar nueve días
por la demora de llegar la noticia. Si bien se les dio la posibilidad de la
conversión y el bautismo, la mayoría decidió por el destierro. Los que
decidían quedarse, quedaban exentos de impuestos por varios años e
inmunes a la Inquisición. Esto muestra las intenciones de los Reyes de
evitar su partida. También la firmeza de muchos en su adhesión a la
ley de Moisés y que no estaban dispuestos a asimilarse a la sociedad
castellana. De unos 200 mil judíos que por entonces había en la Pe-
nínsula, según números de Bernáldez, van a partir 150 mil 83.
La partida se organizó con la garantía de los Reyes mediante una
“carta de seguridad.” Además nombraron una serie de jueces comisarios
especiales para arbitrar conflictos de intereses y evitar abusos. Podían
llevarse bienes muebles, pero no oro, plata, monedas, armas y caballos.
Estas cláusulas eran leyes del Reino para todos. Podían poner en ban-
cas el valor de lo que no podían llevarse y recuperarlo en el extranjero
mediante letras de cambio. Ninguna de estas condiciones tan justas y
benignas habían sido aplicadas en anteriores expulsiones (Francia, In-
glaterra, Austria). Con el nuevo jefe de la colectividad, Isaac Abravanel,
los Reyes mostraron una especial indulgencia: perdón de sus deudas,
permiso para sacar oro y plata, relación cuasi diplomática con él en su
nueva residencia italiana. Para evitar tasas usurarias, muchos prefirieron
sacar clandestinamente oro o plata. Según algunas crónicas, los judíos
quisieron coimear al Rey con 600 mil ducados. La cifra era alta y Tor-
quemada cree que el Rey la ha aceptado. Se presenta ante los Reyes
y, arrojando el crucifijo sobre la mesa, les dice: “Judas vendió a Cristo
por treinta monedas de plata; Vuestras Altezas piensan venderlo por
treinta mil”. Según otros es una leyenda 84.
Un documento nos muestra de nuevo el sentido de la justicia de los
reyes. Para resarcir daños ocasionados, en octubre de 1492 Fernando

82 [Link]., T. II, p. 153 y 154.


83 La cifra es aceptada por el mejor especialista judío en el tema, Baer, basándose en Ber-
náldez. Otros sostienen que no pasaron de 100 mil los afectados por el decreto.
84 Suárez sostiene que se origina de la negociación que el rico Isaac Abravanel, amigo de los
Reyes, quiso hacer de su permiso de residencia por algunos años más, pagando una fuerte suma.

110 Año 2004 / GLADIUS 61


envía a Florencia un oficial de la Corona de Aragón para que hiciera
un informe de daños, sobornos, cohechos y malos tratos que se hubie-
ran padecido en la partida.
Los grupos tomaron caminos diversos. Algunos fueron a Portugal,
de donde años más adelante serán nuevamente expulsados. La peor
parte la tuvieron los de Castilla que se dirigen al Magreb, particularmente
Marruecos, zona musulmana. Muchos fueron engañados por sus anti-
guos aliados, despojados y hechos esclavos. Los que fueron a la Pro-
venza fueron expulsados en 1501 por Luis XII. Lo mismo los de Ná-
poles en 1541. Fueron mejor acogidos en Constantinopla, los Estados
Pontificios, Londres, Amsterdam, Frankfurt. Algunos de los que fueron
al Imperio Otomano terminaron siendo sus espías y colaboradores en
un momento decisivo de España y la Cristiandad: la batalla de Lepanto
(1571).
El pueblo hebreo estaba habituado a estos destierros y una cierta
vida errante. Además en todas las grandes ciudades había comunidades
hermanas que los acogieron. Así pronto alcanzaron buena situación
económica y el resentimiento acumulado les hizo los principales aliados
de los protestantes o del Islam. De hecho, las principales editoriales y
librerías de Amsterdam y Frankfurt que luego difundirían literatura lu-
terana para ser introducida en España, eran judías. Estos también fue-
ron los centros difusores de la Leyenda negra antiespañola 85. Harían
pagar caro la expulsión.
Entre los muchos que se convierten tenemos casos como los del
Condado de Luna que lo hacen en masa. En premio se les condona
toda su deuda. Otros casos fueron más impactantes. Como el rabino
Abraham de Córdoba que fue bautizado en la basílica de Guadalupe y
tuvo como padrino al cardenal Mendoza. O el gran rabino Abraham
Seneor, financiero y Rab mayor de la comunidad judía, que junto a su
yerno, el rabino Mayr Melamed y sus familias tuvieron de padrinos a
los mismos Reyes también en Guadalupe. Entre sus descendientes se
encuentra sor María de Jesús Agreda 86.
Se había logrado el objetivo deseado: la plena asimilación y la pa-
cificación. España no les había sido tan inhóspita. Incluso conservan
hasta la actualidad la lengua: el ladino o sefardí.

85 Powel, Ph., [Link]., p. 70 y 80. En nota también la cita de Sombart sobre la concentración
de judíos en Frankfurt.
86 Abraham Seneor tomaría el nombre de Fernando Núñez Coronel y será regidor de
Segovia, miembro del Consejo Real y contador mayor del príncipe de Asturias.

GLADIUS 61 / Año 2004 111


Uno de los finales más inesperados de la expulsión es que, en los
años sucesivos, piden el retorno sea porque se han bautizado o piden
el bautismo unos 50 mil. Estos 100 mil se asimilaron plenamente ya
que la Inquisición no tendrá prácticamente problemas con ellos. Se les
daba la posibilidad de recuperar sus bienes. Algunos de estos tuvieron
de inmediato, no solamente sus antiguos bienes y la inmunidad respecto
al tribunal de la Inquisición, sino un trato especial. Se usaron todos los
recursos humanos para moverlos a la fe.
El Claustro de la Universidad de París se reunió para redactar una
felicitación a los monarcas españoles que habían decidido una “sabia
medida”. En Roma el Papa Alejandro VI ordenó fiestas. Esto les valió
luego para recibir el honorable título de “Reyes Católicos”.

12. La amnistía general del 1495

Resuelto el problema más grave de los falsos conversos por la justi-


cia inquisitorial y alejado por la expulsión el peligro constante a que se
encontraban expuestos por la presencia de los no conversos, piensa la
Reina en su plena incorporación a la nación.
Es sabido que a los que habían judaizado se les aplicaban ciertas
penas. Entre ellas la inhabilitación para cargos públicos o ciertos oficios,
tanto ellos como sus descendientes directos. Pues bien, del 1495 al
1497 se realiza, viendo caso por caso, una gran amnistía. El estudio de
estos documentos nos ha dado más luz sobre el número de conversos
procesados y arrepentidos. En los quince años del tribunal hay unos
6.000 en todo el suroeste español.
Es paradigmático el hecho que entre los rehabilitados de Toledo,
encontramos a un comerciante llamado Juan de Toledo o Juan Sán-
chez. Recobra todos los derechos profesionales y cívicos. Ello le permitirá
más adelante ser titular de un cargo público bien remunerado y reserva-
do en principio a los hidalgos: recaudador de rentas reales y eclesiásticas
en Avila. Incluso en razón de este cargo, gozó de exención impositiva
y pudo ver la proclamación oficial de nobleza de sus hijos por la Can-
cillería de Valladolid en 1520. Una de sus nietas será de las glorias más
preclaras de España: Santa Teresa de Jesús.

112 Año 2004 / GLADIUS 61


IV. Conclusiones

1. La decisión de Isabel, tanto de establecer la Inquisición como de


suspender el permiso de residencia de los judíos, no tiene nada de
improcedente en su esencia. Comprender esto supone aceptar lo que
la tradición grecolatina ha sostenido y ha confirmado el pensamiento
cristiano: el fin de la sociedad política y de la acción del gobernante es
el bien común. No, como sostiene el liberalismo, el simple arbitraje de
libertades de pensamiento y acción. Ello no supone el extremo de la
tolerancia cero, como se practica en los regímenes totalitarios, y parado-
jalmente, también liberales, como reacción. Santo Tomás se planteaba
en el siglo XIII “si la ley debe preceptuar todos los actos de virtud y re-
primir todos los vicios” 87. Para sorpresa nuestra respondía que no. A
lo primero, porque no todos son perfectos sino perfectibles; a lo segundo
porque así se evitan males mayores. Cabe la tolerancia del malo, tanto
para evitar males mayores como en espera de su conversión. Pero tie-
ne un límite: no deben tolerarse “aquellos (vicios) que van en perjuicio
de los demás, sin cuya prohibición la sociedad humana no podría sos-
tenerse” 88. Disculpar a Isabel, como hacen algunos biógrafos 89, porque
era un error de los tiempos es absolutamente falso. Es doctrina política
tradicional, de sentido común y de toda la tradición teológica cristiana.
Nada de esto ha sido derogado, ni podría serlo, por el Vaticano II ni
algún otro documento.

2. Salvada la bondad intrínseca de tal tipo de decisiones políticas,


otra cosa es plantearse si fueron prudentes, es decir, teniendo en cuen-
ta todas las circunstancias. Ello podría ser discutible y los mismos mo-
narcas se habrán planteado todos los pro y contra. De todas maneras
en su favor está no solamente su autoridad moral probada en tantos
otros hechos, sino también en la aprobación general que tuvo: del Ro-
mano Pontífice y la Curia Romana, la Universidad de París, las Ordenes
religiosas, obispos, los santos varones, el pueblo cristiano y los mismos
conversos. Si algo se le ha reprochado es su paciente demora más allá
de lo conveniente al bien común.

3. Jamás se trató de una cuestión racial, como hoy se presenta. Ese


planteo, en todo caso, lo hacían los judíos. La prueba más decisiva es

87 Suma Teológica, I-II, 96, 2-3.


88 Santo Tomás, ibid, 2 c.
89 Como Luis Suárez, constantemente en sus obras.

GLADIUS 61 / Año 2004 113


la facilidad con que se recibía a los conversos en todo tipo de cargos
públicos, tanto civiles como eclesiásticos y ellos se asimilaban. España
logró una fusión cultural única en la historia con un pueblo difícilmente
asimilable. Ello fue posible por la primacía de Cristo en la vida política
y social. Y la raza de Abraham hizo su valioso aporte. Sería larguísima
la lista de hombres de primera importancia con sangre judía: a los ya
nombrados debemos agregar Santa Teresa de Jesús, San Juan de Ávi-
la, Francisco de Vitoria, Fray Luis de León, Antonio de Nebrija y mu-
chos otros colaboradores de los monarcas. Jamás tuvo España prejuicios
raciales sino temor de Dios y valoración de la fe por encima de los
otros bienes.

4. El judaísmo talmúdico o farisaico fue y siempre debe ser consi-


derado un mal. Porque no es la Revelación del Antiguo Testamento si-
no su deformación. El primero en denunciarlo fue el mismo Cristo en
términos muy duros: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo” (Jn 8,
44). No podemos hablar de cristianismo y judaísmo como dos credos
distintos con la única diferencia de ser uno mayoritario y otro minorita-
rio. Por muchos defectos que tuvieran los cristianos de entonces eran
la verdad frente al error. La tolerancia hispánica fue más allá de lo que
sabiamente sugería Roma, y dio sus frutos. Pero llegó un momento en
que se podría convertir en un mal de dimensiones, tanto por los con-
flictos de sangre como por la distorsión de la fe. Y la prudencia política
de Isabel y Fernando decidieron con lucidez.

5. El modo de proceder de la Inquisición como el complejo proceso


de la expulsión estuvieron marcados por la voluntad de la más estricta
justicia. Beneficio del que no gozaron en otros pueblos cristianos y
mucho menos en los musulmanes o paganos. Podemos preguntarnos
si los israelitas hubieran procedido con igual sentido de justicia de ha-
ber estado en la situación inversa.

6. La razón determinante, tanto de la Inquisición como de la expul-


sión, fue la defensa de la fe. Se ha querido manchar tales decisiones sin la
más mínima fundamentación histórica y alegar razones económicas o
de poder. Justamente fue más bien lo contrario: significó una pérdida
material y un desgarramiento de familias allegadas a la nobleza y a la
monarquía. Tampoco el principio renacentista de la Paz de Augsburgo
del 1555 cuius regio eius religio (según el rey será la religión). La pri-

114 Año 2004 / GLADIUS 61


macía de la religión cristiana no era por la voluntad de los reyes sino la
voluntad de los reyes por la primacía de Cristo. Decisión heroica que
sólo se entiende a la luz de virtudes no comunes de fe, prudencia y
fortaleza.

7. No debemos desconocer la circunstancia peligrosa que estaba


viviendo la Cristiandad con la presencia del Islam. Toda España sabía
que los judíos los habían introducido en la Península y tenían con ellos
frecuente trato. Su habitual desarraigo y desinterés respecto a la fe
cristiana y los intereses de la patria los hacía poco confiables. Para
más, no sólo había caído Constantinopla en 1453 sino que los mismos
judíos españoles habían festejado el suceso e incluso visto como un
anuncio de liberación.

8. Los siglos han probado que “los judíos son el pueblo más tenaz
de la historia” 90. Duros de asimilar y de una personalidad admirable.
Defienden sus derechos y su identidad con un coraje del que carecen
los mismos pueblos que los albergan. La existencia de la nueva tierra
de Israel, lograda al filo del terrorismo 91, y las audacias en cuanto país
habitan, y nosotros mismos lo hemos experimentado tantas veces, nos
dan una nueva prueba del peligro que significaban los judaizantes o
los mismos judíos para los auténticos conversos. A su vez, de haber
triunfado su mentalidad farisaica tan dura, exclusivista, racista, into-
lerante, carnal, ¿qué hubiera sido de España?

9. Por último, en los planes de Dios, que superaban a Isabel, y vis-


tos en la perspectiva de los siglos todo aquello fue providencial. Los
múltiples reinos de la Península se unieron en Fernando e Isabel. El
mismo año en que se expulsaba a moros y judíos se descubría América.
España había emprendido anticipadamente la reforma, tantas veces
postergada, de la Iglesia. Dios había suscitado allí hombres de trascen-
dencia incalculable, como San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Je-
sús, San Juan de la Cruz y San Juan de Avila. Cuando el Islam y el Pro-
testantismo avanzaban, apareció el inmenso campo de América. España
fue la que libró la batalla de Lepanto, realizó el concilio de Trento y evan-
gelizó todo un continente. La invitación de Isabel fue la última opor-
tunidad de Israel para participar de esas grandes empresas apostólicas.

90 Johnson, P., op. cit. p. 15.


91 Johnson, P., op. cit. p. 524.

GLADIUS 61 / Año 2004 115


V. Apéndices

92
La obra de Fray Tomás de Torquemada

Este decisivo personaje encarna la etapa organizativa de la Inquisi-


ción y el período que se ocupó del tema de los judíos. Ha tenido tan
mala prensa que pasa por un monstruo de crueldad, hombre sin en-
trañas ni conciencia. Caso significativo de la falsificación e ideologiza-
ción de la historia.
Fray Tomás de Torquemada O.P. había nacido en 1420 en Valla-
dolid, procedente de una noble familia de sangre judía. Ingresa en un
convento de la “reforma” dominicana, donde se vincula a toda la co-
rriente renovadora de su orden. Hombre notable por sus cualidades
morales es pronto elegido prior de uno de los principales conventos: el
de la Santa Cruz de Segovia, donde permanece durante 22 años. Este
humilde fraile jamás quiso aceptar dignidades. Pero su fama de pru-
dencia y santidad llega a la reina Isabel que lo hace predicador y con-
fesor de los Reyes. Es entonces que escribe Las cosas que debían re-
mediar los Reyes, todo un tratado de reforma de la sociedad, donde
sugiere medidas para controlar el problema de los judaizantes. En
1483 es nombrado Inquisidor General entre siete que había propuesto
Roma para Castilla. Tuvo la ardua tarea de crear prácticamente la es-
tructura jurídica y organizativa de los tribunales. Si bien contaba con
toda la tradición medieval en el tema, la situación que debió resolver
era inédita. Obra suya es la organización de los primeros tribunales en
Castilla y Aragón y la primera codificación del tribunal español. En sus
quince años de mandato promulgó cuatro instrucciones (dos en 1484,
1488 y 1498), fruto de la experiencia y el consenso de los inquisidores
y letrados. “Volviendo la mirada a las instrucciones como un todo se
percibe el sumo cuidado que en no perjudicar al reo y en no descuidar
la vigilante defensa de la fe pusieron los inquisidores. Trataron de ha-
llar el equilibrio entre los derechos de ambos y entre ambas obligacio-
nes”, afirma un investigador contemporáneo 93. Fue Inquisidor General
hasta 1498 en que asume Deza.

92 Walsh, W. Th., Personajes de la Inquisición, Ed. Espasa Calpe, Madrid 1948, p. 160-
208; Meseguer Fernández, J., Tomás de Torquemada, inquisidor general, en HIEA, I, p. 310-
343; Llorca, B., [Link]., p. 121-167;
93 Meseguer Fernández, J., [Link]., p. 321.

116 Año 2004 / GLADIUS 61


Fray Tomás es un hombre típico de este siglo español, que un his-
toriador define con dos rasgos: sólida virtud y celo por la fe. Duro para
consigo mismo y para la defensa del bien común espiritual, unía la re-
ciedumbre hispánica con un espíritu magnánimo, desprendido y mise-
ricordioso.

Un paradojal y providencial judío converso de nuestros tiempos

Pocos saben que Francisco Franco Bahamonde, de origen judío por


ambas partes, ha sido, junto a Pío XII y la Iglesia, quien más hebreos
salvó del exterminio nazi. Cuando EEUU, Inglaterra, Suiza y otros paí-
ses cerraron sus puestas a los emigrados y dijeron desconocer la solu-
ción final nazi, este sucesor espiritual de Isabel les daba la ciudadanía
española. El ABC de Madrid publicaba el 21 de noviembre del 1978,
tercer aniversario de su muerte, esta nota: “Ayer se celebró en el tem-
plo de la comunidad sefardí de Brooklyn una ceremonia religiosa para
rezar por la memoria de Franco, como testimonio de gratitud por la
salvación de 40 mil judíos, del tiempo de la segunda guerra mundial”.
Gratitud confirmada por el presidente del estado de Israel, Chaim
Herzog en su visita a Madrid del 1992, con ocasión del centenario de
la expulsión. Lo mismo atestigua el entonces embajador americano en
España, Carlton J.H. Hayes en sus memorias tituladas “Misión en
tiempo de guerra en España”. Todos los años, hasta su muerte, una de-
legación de judíos americanos se hacía presente al Caudillo para ex-
presarle nuevamente su gratitud.
Pero el mundo marxista-liberal ha logrado ocultar el hecho en una
nueva falsificación histórica.

GLADIUS 61 / Año 2004 117


El Infierno según Urs von Balthasar
Parte II

P. GABINO TABOSSI

Hace algunos meses exponíamos, en esta misma revista, el pensa-


miento de Hans Urs von Balthasar, con respecto al tema del infierno.
Expusimos su pensamiento sobre dicho tema, dividiendo la exposición
en lo que, creímos, eran las “fuentes” principales de su especulación:
la Escritura, la consideración de la libertad humana y su relación con
la divina; y finalmente, las experiencias místicas –según Balthasar– de
una amiga y dirigida espiritual, Adrienne von Speyr.
En esta segunda y última parte, y luego de haber conocido el pen-
samiento de nuestro autor, nos proponemos hacer una crítica, con la
intención de dar a conocer los errores que allí se contienen, en atención
a las repercusiones (nefastas, en este caso) que puede generar en las
almas, y, en definitiva, en toda la vida de la Iglesia. “Parvus error in
principio, magnus in fine”, decía Aristóteles.
Porque lo propio del sabio es, al decir de Santo Tomás, “conocer la
verdad y detectar el error”, ahora intentamos cumplir con esta segunda
faceta de la sapiencia. Algo es algo.

1. En la Escritura

Visto lo que, a nuestro juicio, constituyen los tres fundamentos prin-


cipales que Balthasar desenvaina en su discurso, y tras haber concluido
qué cosa sea el infierno para nuestro autor, nos detendremos brevemen-
te en los puntos que se presentan como más dudosos, o, incluso, errados.
Recordemos cómo habíamos comenzado viendo los fundamentos
escriturísticos de los que se sirve Balthasar en su exposición. Hablando

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del juicio, nos decía en su TD que el mismo estaba muy presente en el
pensamiento del antiguo pueblo de Israel. Siendo éste el elegido por
Dios, los extranjeros con sus dioses eran considerados poco menos
que enemigos, sobre los que recaía el divino juicio. Las exhortaciones
venían dirigidas a los israelitas para que, teniendo a Yhwh por Dios,
no adorasen dioses paganos. La fidelidad –manifestada sobre todo en
el culto y en la vida– era la mejor respuesta del hombre.
Ahora bien; Balthasar nos decía 1 que, con el Nuevo Pueblo de Is-
rael, ya no existen dos naciones distintas, la elegida por Dios y ésta ex-
tranjera, sino una sola, porque la llamada a la salvación, con Cristo, se
hizo universal. Desaparecidos pues los enemigos del Antiguo Pueblo
se opaca también la idea del juicio y castigo divino.
Para iluminar más aún su pensamiento el autor traía el ejemplo de
la parábola del buen samaritano: Cristo que, al hacerse samaritano de
la humanidad, quiso hacer partícipe de su verdad también a “los de
afuera”.
La comparación es poco feliz. Sí podríamos ver en tal imagen la
universalidad de la llamada, poniéndose Él mismo como ejemplo de
extranjero; pero lo que no se puede es afirmar que, al no haber más
enemigos para Israel, poco sentido tiene seguir hablando de juicio. No
que no haya más juicio para los enemigos, sino que éstos ya no se
identificarán con el territorio, como antaño. Siendo “universal” la lla-
mada, “universales” podrán ser tanto los amigos como los enemigos.
No confundir.
Pasemos a las citas bíblicas propiamente dichas, donde explícita-
mente se habla del deseo de salvación universal de parte de Dios.
Von Balthasar, como se dijo, se afana por buscar en la Escritura las
referencias de tipo “universales”, allí donde la palabra “todos” lleva la
primacía. El controvertido tema de las dos afirmaciones antagónicas
sobre el deseo universal de salvación por una parte, y la dificultad, por
otra parte, de “entrar por la puerta angosta”, no es de hoy. ¿Cómo
conciliar ambos datos? Los escolásticos habían distinguido, en el interior
de la simplicísima voluntad de Dios, una triple división, cada una de
ellas a su vez subdividida, las cuales fueron asumidas luego por la teo-
logía católica 2. Nos detendremos en una de esas distinciones, por ser
la que más toca a nuestro tema.

1 Cf. cit. 7-9, cap.1°.


2 Cf. Antonio Royo Marín, ¿Se salvan todos?, BAC, Madrid 1995, p.48.

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Tenemos de una parte la voluntad antecedente: aquella que Dios
tiene sobre una cosa en sí misma o absolutamente considerada, prescin-
diendo de las circunstancias especiales que puedan añadírsele (ej., la
salvación universal).
La voluntad consiguiente, en cambio, es la que Dios tiene sobre
una cosa revestida ya de todas sus circunstancias particulares y concretas
(ej., la condenación de un pecador obstinado).
La primera es relativa, en cuanto que la creatura es capaz de frus-
trarla. La segunda, en cambio, es absoluta: se cumple siempre, en la
medida y grado previsto por Dios. Ensayemos entonces una respuesta,
a la luz de tal distinción.
Dios, con su voluntad antecedente quiere que todos los hombres se
salven e incluso ofrece a todos los auxilios necesarios para que lleguen
a dicho fin. Ni siquiera los paganos están exentos de tal ofrecimiento.
Pero si alguno se empeña en rechazarlos voluntariamente Dios quiere
con su voluntad consiguiente –aquella que contempla el hic et nunc de
la situación– castigar al pecador.
Reiterémoslo: Ante previsa merita (o sea, sin considerar los méritos
del hombre) Dios quiere que todos los hombres se salven, para alegría
de Balthasar. En tal sentido hablaba San Pablo cuando le escribía a su
amigo Timoteo (cf. 1 Tim. 2,4). Pero el drama no termina aquí. Con-
secuentemente, o sea, absolutamente; es decir, teniendo en cuenta to-
das las circunstancias que acompañan al hombre y sus actos, el mismo
Dios que ante previsa merita desea la salvación de todos quiere que tal
deseo se vea confirmado por parte del hombre. Si éste con sus actos
buenos corrobora la voluntad antecedente de Dios no hace más que
llevar a su total realización aquello que, antecedentemente, el Eterno
había pensado para él. Pero si tales actos obstaculizan la voluntad an-
tecedente, Dios, que también mira los méritos del hombre post previsa
merita (luego de los méritos, que en este caso serían en cambio «de-
méritos»), sabrá juzgar de acuerdo a tales acciones. No que Él lo casti-
gue por un capricho eterno, sino que ha sido el mismo hombre quien,
con sus actos, ha frustrado la antecedente voluntad; ha elegido ser
aquello para lo que no fue pensado; ha decidido anular una idea y un
deseo divinos que, no obstante ser tales, requerían la libre confirmación
de la criatura.
En su Suma Teológica Santo Tomás pone el ejemplo de un juez
quien, con su voluntad antecedente y general no desea condenar a
nadie, pero con la consiguiente quiere que se castigue cumpliendo con

GLADIUS 61 / Año 2004 121


las normas de la ley 3. Si el juez humano es bueno, no creemos que se
frote la manos y sonría al leerle al condenado el escrito de su sentencia;
pero sí pensamos que mirándolo con ternura, le diga: Tú mismo has
elegido ir a un lugar que no fue pensado ni deseado para ti. Eres tú el
carcelero de tí mismo.
Balthasar probablemente conoce la escolástica distinción (voluntad
antecedente y consecuente), pero encandilado con las afirmaciones
escriturísticas universales de la salvación, de algún modo pone al mar-
gen aquellas que, en cambio, nos hablan en lo concreto de la seria po-
sibilidad de la condena.
Tanto en Lc 13, 24 4 como en Mt 7, 13-14 5 aparece bastante claro
cómo es el mismo Dios que, mientras antecedentemente quiere y hace
lo posible para que todos se salven, consiguientemente nos dice que
no todos alcanzan tal fin. ¿Por qué? Porque el hombre, sabiendo que
debe elegir la vía angosta, opta no obstante por la espaciosa.
No queda claro en von Balthasar la mencionada distinción, antes
bien, como se dijo, prefiere citar a diestra y siniestra afirmaciones que
miran sólo a la voluntad antecedente de Dios, obviamente positiva.
Recordemos por otro lado que el autor nos decía que, a la luz de las
benévolas afirmaciones de la Escritura, “no se veía en la necesidad de
poner en acto aquello que sólo era una posibilidad [la de la condena-
ción]” 6
Nosotros decimos lo mismo, pero al revés: tampoco, a la luz de las
palabras severas de Cristo, nos vemos en la necesidad de esperar en
un infierno vacío.
Algunos autores afirman 7, hablando de las sentencias de Cristo
acerca de la condenación, que las mismas no miran a decir cuántos se
salvarán y cuántos no; que Cristo no habría tenido la intención de de-
terminar el número de los elegidos y de los réprobos cuando decía que
“muchos entrarán por la puerta espaciosa y pocos por la angosta”. Es-
to es difícil determinarlo. Pero admitiendo que así sea, nos preguntamos:

3 Cf. I, c.19, a.6; c.23, a.4, ad.3.


4 “Luchad por entrar por la puerta estrecha porque, os digo, muchos pretenderán entrar y
no podrán.”
5 “Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y son muchos los que
entran por ella; mas, ¡qué estrecha y angosta la entrada que lleva a la vida!, y pocos son los que
la encuentran.”
6 Cf. Breve discorso…, p.33.
7 Cf. Antonio Royo Marín, Se salvan…, p.18ss.

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¿es que ni siquiera se pueden entender las palabras del Señor como
teniendo un valor de advertencia, involucrando una constante exigencia
a la conversión? Si es cierto –como se dice– que las sentencias del Se-
ñor no se refieren a números mayores o menores, ¿no sería legítimo,
por lo menos, no pretender desnudarlas de su carácter exigitivo, como
una condición sine qua non que, en el futuro, se requiere para la sal-
vación?
Balthasar no sólo hace la vista gorda a la primera consideración, si-
no que también silencia con la ignorancia el valor exhortativo de tales
palabras.
Otro detalle, que no quisiéramos dejar pasar: Royo Marín dice 8, en
su citado libro, que cuando a Cristo le preguntaron sobre el número
de los predestinados (cf. Lc.13, 22-30) el hecho de haber callado una
respuesta explícita, limitándose a exhortar al esfuerzo, dejaría ver que,
en realidad, se abre una franja hacia un optimismo moderado acerca
de la salvación universal. Citando a otro autor, dice el escritor dominica-
no que, en razón de esta respuesta dada por el Señor, se han abierto
durante la historia dos hipótesis antagónicas: una rigorista, que afirma
que si Cristo ocultó el misterio lo hizo para no producir desesperación
en sus oyentes y en los hombres de todos los tiempos; la otra, en cam-
bio, que dice lo contrario: si calló el misterio de su misericordia ha sido
para que no caigamos en la presunción.
No es nuestra intención abrazar una posición al respecto, en un pa-
saje tan delicado. Pero sí digamos algo teniendo en cuenta la respuesta
dada a los oyentes de ayer y de hoy.
Cierto es que Cristo, en el pasaje de San Lucas, no habla ni de mu-
chos ni de pocos, dejando en ayunas a su interlocutor que, seguramente,
esperaba de su parte una respuesta más taxativa. Notemos sin embar-
go que sí se habla de un “esfuerzo” y de una “puerta estrecha”. Ahora
bien, ¿tales palabras no hacen inclinar la balanza hacia una cierta
dificultad para alcanzar la salvación?, ¿es lícito decir con Royo Marín y
su colega que Cristo se limita a “ocultarnos el misterio de su miseri-
cordia” para que no pequemos de presunción? De ser así, creemos, ni
siquiera se hablaría de un empeño por parte del hombre.
Como tercera crítica al pensamiento de nuestro teólogo, siempre en
el terreno escriturístico, mencionemos la atrevidísima afirmación acuña-

8 Cf. ibid.

GLADIUS 61 / Año 2004 123


da aparentemente por Adrienne von Speyr, donde distingue dos tipos
de sentencias de parte del Señor: de condena, pronunciadas antes de
la Pascua, y de salvación, que resuenan –según ellos– sobre todo lue-
go de la cruz. Será el evento de la cruz aquel bajo el cual hemos de con-
siderar la salvación universal en razón al famoso “subrabrazo”, del
cual ya se hizo mención.
Dos aclaraciones. Primero: “Y les dijo: «Id por todo el mundo y
proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bau-
tizado se salvará; el que no crea, se condenará»” (Mc.16,15-17). Pala-
bras éstas de nuestro Señor que fueron proclamadas después de la re-
surrección, mal que les pese a Balthasar y Speyr. Una expresión poco
dulce y tranquilizante, no obstante sea posterior a la Pascua. Nos pre-
guntamos entonces: ¿por qué nuestros autores hacen silencio ante ta-
les versículos?, ¿qué intención hay detrás de una lectura unilateral de
las Escrituras?
Segundo: decir que Cristo dirigió un tipo de sentencias antes de la
pasión y resurrección y otras luego, nos llevaría a preguntarnos simple-
mente sobre el por qué. ¿Acaso la inmutable Palabra encarnada tenía
necesidad de andar retractándose, de cambiar la tonalidad de sus afir-
maciones?; ¿puede el tiempo establecer una distinción cualitativa en
las palabras del Señor?
Lecturas parciales descuartizan el texto, y con él, el conjunto de la
Revelación.
Cuando Trento tuvo que salir al cruce de la libre interpretación pro-
puesta por los protestantes, afirmó entre otras cosas que la lectura de
la Escritura no debe reducirse ni a propias ideas, ni ir en contra del
sentido que la Iglesia siempre le ha dado en sintonía con el común
sentir de los Padres 9. No se puede poner de rodillas la divina Palabra
ante ideas personales, o arbitrarias interpretaciones, por piadosas que
sean. Somos nosotros en todo caso quienes debemos hacer el esfuerzo
de una reverencial adecuación.
El eterno Verbo, Aquel que dijo de sí mismo que, a pesar de que
pasen el cielo y la tierra no ocurriría lo mismo con sus palabras 10, no
tiene entonces por qué retractarse; cosa que, en cambio, sí sería de
esperar en Balthasar y compañía. “Probadas son todas las palabras de

9 Cf. DS 1506-1508.
10 Cf. Lc 21, 33.

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Dios (…) No añadas nada a sus palabras, no sea que te reprenda y
pases por mentiroso” (Pr 30,6).
Dos últimas citas que no quisiéramos dejar de mencionar, por la luz
que éstas nos pueden echar. La primera es la que se nos presenta en
Mt 25, 32-34.41:

Serán congregadas delante de él todas las naciones [...] Pondrá las


ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda. Dirá a los de la dere-
cha: “venid a mí, benditos de mi Padre” [...] Dirá también a los de su
izquierda: “apartaos de mí, malditos”.

Cierto es que no aparecen cifras aquí, cuántas serán las “ovejas” y


cuántos los “cabritos”; pero sí se dice que habrá dos tipos de “rumian-
tes”. Negar los de la izquierda sería, pues, unilatelarizar el discurso.
El segundo texto es el de Lc 12, 47-48. Luego de haber narrado la
conocida parábola del administrador infiel, termina el Señor con esta
sentencia:

Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no se preparó


ni obró conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no co-
nociéndola hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos.

El texto habla por sí solo. No sólo la pasa mal quien, conociendo lo


que Dios espera de él, obra en contra de su divina voluntad; sino que
además se nos dice que aquellos que obran mal –y a pesar de no co-
nocer la verdad– no estarán exentos de algún que otro “azote”. Esto
para quienes hacen de la “ignorancia invencible” un estado de absoluta
inocencia, y como tal, de salvación 11.
Una última objeción. Veíamos en la primera parte de nuestro tema
que tanto Balthasar como Speyr se encargaban de mandar al Cielo
incluso a Judas, diciendo que su separación, fruto de la traición, era
como el arjé de toda separación entre Cristo y el pecador.

11 Tanto el Vaticano II como el Catecismo son claros en este punto. Cuatro condiciones re-
querirían los “ignorantes” del Evangelio: 1. Tal ignorancia. 2. Buena voluntad o corazón sincero.
3. No poner obstáculos a las mociones de la gracia. 4. Vivir la ley natural (cf. LG 16, CIC 847). Y
así y todo “pueden” salvarse –se dice–; y no “deben”.

GLADIUS 61 / Año 2004 125


A menudo se dice que, dado que la Iglesia no se ha pronunciado
sobre la condenación de ningún hombre –ni siquiera de Judas– tal si-
lencio abriría una esperanza a la salvación universal. El mismo Balthasar
cree encontrar “agua para su molino” en dicha argumentación:

Éste es el motivo por el cual la Iglesia, que ha canonizado tantos in-


dividuos, nunca se ha pronunciado sobre la condenación de alguien.
Ni siquiera sobre la de Judas 12.

Respondo: Primero: cierto es que, en el caso concreto del Iscariote,


la Iglesia jamás ha dicho palabra alguna sobre su suerte eterna. Pero
creemos que no haríamos justicia a la totalidad de la Escritura si no se
toman en consideración las palabras severas del Señor a su discípulo
traidor, cuando lo llama “hijo de la perdición” y cuando afirma, ade-
más, que más le valdría “no haber nacido”. Notemos la crudeza meta-
física de esta última sentencia: es mejor no-ser a ser en el estado de
perdición. Conclusión: o Cristo exageró las cosas (?), o mintió (?), o
tales palabras no pertenecen a los ipsissima verba Iesu, lo cual –según
entiendo– ello no se puede demostrar.
Segundo: el Concilio de Quiersy, del año 853, refiriéndose en con-
creto al tema de la predestinación afirmó que

Dios omnipotente quiere que todos los hombres sin excepción se


salven (1 Tim.2,4), aunque no todos se salvan. Ahora bien, que algunos
se salven, es don del que salva; que algunos se pierdan es merecimiento
de los que se pierden (DZ 318).

Es cierto –y en ello nos hacemos eco de Balthasar– que ni siquiera


aquí se habla con nombres y números. Nada se afirma sobre el
quiénes y cuántos. Pero sí notemos que explícitamente se dice que no
todos se salvan. Hacer propaganda en favor de una esperanza de
salvación universal parece, pues, más que temerario.
Tercer sed contra: ¿es cierto que la Iglesia nunca ha afirmado la
existencia de condenados? El P. Cándido Pozo en su meduloso libro
de esjatología 13 muestra cómo el tema de la salvación y la reprobación

12 H.U. Von Balthasar, Breve discorso…, p.33.


13 Cf. Cándido Pozo, Teología del más allá, BAC, Madrid ³ 1992, pgs. 454-455, 554-556.

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ha sido también –aunque no de manera primordial– materia prima
para la elaboración del documento sobre la Iglesia del Concilio Vaticano
II. En efecto: en el n° 48 de la Lumen gentium la idea inicial era hablar
sobre la vocación esjatológica de la Iglesia, haciendo referencia a la
santidad y la visión de Dios, como fin último del hombre. Ahora bien:
he aquí que para hablar íntegramente de la vocación esjatológica no
se podía puentear el tema de la condena, si es que no se quería adul-
terar la verdad total referente al fin. Hubo de hecho un primer texto
esbozado, que es llamado comúnmente textus prior, en el cual nada
se decía sobre la reprobación (teniendo en cuenta, como hemos dicho,
que la idea original era referirse a los santos y a la visión beatífica). El
textus prior se sometió a una primera discusión. Muchos Padres concilia-
res, conscientes de esta laguna, pidieron la revisión del primer esbozo,
por lo cual se pasó a un segundo texto, llamado enmendado, en don-
de se recurre a la Escritura para hablar de la existencia del infierno y
de la posibilidad de la condena, exhortando al mismo tiempo a la vi-
gilancia.
Pero la historia no termina aquí. Señala Cándido Pozo que hubo
un Padre conciliar que llegó a pedir incluso que se afirmase explícita-
mente la existencia de los condenados con el fin de que la realidad del
infierno no quedase a nivel de mera hipótesis. Entonces la Comisión
teológica (aquella que se encarga de dar la interpretación final a un
determinado texto), atenta a este pedido, insistió en la forma gramatical
futura que poseen los textos evangélicos citados en el n° 48, descartando
con ello cualquier proposición de tipo condicional. No son verbos en
forma hipotética o condicional, mas futura: decir que “irán” –como se
lee en los evangelios– supone que alguien irá. Hasta aquí la respuesta
de la Comisión teológica.
Cabe preguntarse qué valor tienen las respuestas dadas por dicha
Comisión en las instancias de un Concilio. Sus respuestas, ¿representan
o no algo más que una opinión personal o el eco de algunos Padres y
peritos? Decíamos recién que las Comisiones teológicas ofrecen la in-
terpretación final de un texto. Si un Padre del Concilio estaba discon-
forme con un texto elaborado se pedía la interpretación teológica del
mismo a la Comisión. Tal interpretación era sometida a votación, con
una doble posibilidad en las respuestas: placet o non placet.
Volvamos entonces a nuestro n° 48 de la Lumen gentium. El texto
fue sometido a la interpretación de la Comisión (en razón de un pedi-
do). De las votaciones finales el placet se llevó la mayoría, y con el
placet la interpretación teológica final de nuestro texto, que era –recor-

GLADIUS 61 / Año 2004 127


démoslo– el de notar que las formas verbales en futuro que aparecen
en los textos evangélicos usados descartan cualquier forma de tipo hi-
potética acerca de la condenación: si se dice que “irán” se supone no
que “se podría ir” (forma condicional) sino que alguien realmente irá.
Quiénes y cuántos, no lo sabemos.
Hasta aquí la Sacra Escritura. ¿Y qué decir del fundamento de la li-
bertad dependiente esgrimido por nuestro autor en justificación de su
postura?

2. La libertad: ¿libre?

Recordemos las premisas de Balthasar. El Espíritu Santo pone a la


humana libertad frente a ella misma y a la posibilidad de su máxima
realización “dentro de” la libertad infinita. Esto es una gracia, la cual
podrá transformarse en eficaz si logra su objetivo: hacer que el hombre
le diga que sí a Dios, o al menos, lograr que a aquél le vengan las ga-
nas de pronunciarse en favor de tal adhesión. Si, en cambio, la gracia
no puede hacer que la libertad creatural se pliegue a su Creador, en-
tonces seguirá siendo simplemente suficiente. 14
Hasta aquí no habría demasiada dificultad, puesto que quedaría a
salvo por una parte la iniciativa divina que mueve a la voluntad a la
conversión 15, y por otra, la esencia de la libertad: su capacidad de ele-
gir entre lo bueno y lo malo.
Pero Balthasar no deja en claro la cuestión. Por una parte no expli-
ca lo que significa aquellas “ganas de pronunciarse” en favor de Dios
y de ella misma. O la voluntad adhiere o rechaza, porque las “ganas”
deben concretizarse. Y por otro lado afirma que decirle que “no” a
Dios sería una contradicción insoportable, un renegar de sí misma,
puesto que la creatura depende en su ser del Creador. Y dicha contra-
dicción sería casi…imposible. Casi, entiéndase.
Hablar de la gracia y de su dinamismo en la naturaleza es cosa no
poco delicada. ¿De quién es el primado en la justificación del hombre?,

14 Cf. cap.1, nota 37.


15 Dice incluso Santo Tomás que la misma preparación a la gracia de parte del hombre,
siendo un acto humano, requiere a su vez de una divina moción (I-II, c.112, a.2). Un acto
teándrico, podríamos decir. El principio basilar que guía la reflexión del Angélico en torno a la
gracia es que siendo ésta mayor que la naturaleza, esta última no puede por sí misma tender a
Dios. Requiere una causa del mismo “grado” de perfección.

128 Año 2004 / GLADIUS 61


¿cuál es la mutua interacción entre Dios y la naturaleza?, ¿a qué se re-
duce el papel de la humana colaboración? Introducirnos en la profun-
didad de estas aguas implicaría un minucioso trabajo que iría más allá
de la intención de estas páginas. Pero dado que, al hablar del don de
la salvación no podemos dejar de mencionar el supremo don de la
gracia dada por Cristo, echar un vistazo al dinamismo que ésta juega
en el hombre no será al ñudo. Venga para ello Santo Tomás en nues-
tra ayuda.
Nos detendremos brevemente en tres puntos, por ser a nuestro pa-
recer los que tocan más de cerca la problemática balthasariana.
Ante todo la gracia en sí misma considerada.
Con su habitual agudeza nos hace ver el Aquinate que, de los di-
versos tipos de perfección existentes en la creatura surgirán diversos
tipos de amor de parte de Dios 16. Entre ellas la más amada por Él será
la naturaleza humana de Cristo, en razón de su unión con la divinidad;
una unión en la hipóstasis. Comparando luego la natura humana en
lo que tiene de común con la angélica, Dios las ama igualmente. Por-
que ambas son iguales en el orden de la gracia y de la gloria. Por últi-
mo aparece la naturaleza humana en cuanto tal, que, por ser menos
perfecta que la del ángel, es como tal menos amada por Dios; según
aquello de que “cada uno ama a su semejante”.
Entre quienes simpatizan con esas teologías que tienen al hombre
como primado, en donde todo ha entenderse y juzgarse a partir de los
postulados humanos, es muy probable que más de uno se rasgue las
vestiduras al oír decir que no es el hombre el ser más amado por Dios.
Podrá incluso esgrimirse el argumento de la Encarnación, pues, ¿no es
ésta la máxima prueba de amor hacia los hombres? Respuesta: Sí.
Pero Dios “no asumió la naturaleza humana porque más la amaba,
sino porque más la necesitaba”, dirá Tomás.
Conclusión: Dios no ama a todos por igual, sino que más ama a los
que más se asemejan a Él. Semejanza que vendrá a través de la gracia
y de la caridad que ella obra en el hombre.
El Aquinate es taxativo:

Los mejores y más amados por Dios son los que poseen más gra-
cia. 17

16 c.2, a.4, resp. 2.


17 Ibid.

GLADIUS 61 / Año 2004 129


Jacques Maritain al final de sus días escribió un corto pero sustan-
cioso ensayo, que aparece como la cosecha de un seminario dictado a
religiosos franceses, en 1962 18. El librito trata acerca de Dios y el mal;
y como tal no es ajeno a la relación libertad-gracia ni deja en el tintero
el tema de la predestinación. Páginas realmente pensadas, “rumiadas”
y escritas por un filósofo en la madurez de su pensamiento. Páginas
que recogen el bagaje de la historia y las disputas esgrimidas en el
tiempo con respecto a dicho tema. Y páginas, finalmente, que descansan
en la seguridad de un realismo fresco, tan antiguo como actual, y de
su gran exponente de Aquino.
Hablando Maritain sobre la predestinación, trae a luz unas reflexiones
profundas que hunden sus raíces en la más aguda metafísica, y que
creemos podrán ayudar a entender mejor el tema que venimos tratando:
el del mayor o menor amor de Dios a los hombres.
Toda la “historia” de esta predestinación a la eternidad; todo el iter
que el hombre recorre, partiendo de los actos cotidianos buenos hasta
llegar a la posesión total del Bueno por excelencia tiene su comienzo
en Dios mismo. Es Él quien permanentemente abastece a nuestra na-
turaleza con mociones, con gracias actuales que tienen como fin la
ejecución de una acción buena. Ahora bien, siendo Dios el Ser Subsis-
tente y, por lo mismo, el Bien Excelente y Absoluto es claro que de Él
no puede brotar otra cosa que no sea ser y bien. Así pues sus mociones
siempre estarán orientadas en la línea del bien, que es también la línea
del ser. Llega la moción al alma, ¿y qué ocurre? Aquí el camino se
puede bifurcar.
Sucede que las mociones, por el mismo hecho que están dirigidas a
la naturaleza y a una voluntad que, de suyo, es falible, tienen ellas mis-
mas la particularidad de presentarse como falibles, como quebrables.
Tal fragilidad, claro está, no es en razón de su divina fuente sino a cau-
sa de su destino, que es el hombre. Porque si Dios mueve todas las cau-
sas según su naturaleza –como genialmente afirmara Santo Tomás– es
de pensar que a nuestra voluntad, en sí misma frágil, sujeta al cambio
y falible, la mueva a través de una moción que también reúna las mis-
mas características; y ello porque –como anota Maritain 19– Dios juega
limpio con la naturaleza por Él mismo creada, moviéndola de la mis-
ma manera que su condición metafísica querida por el Hacedor.

18 Cf. Jacques Maritain, Dio e la permissione del male, Morcelliana, Brescia 1983.
19 Cf. ibid., p.60.

130 Año 2004 / GLADIUS 61


Volvamos a la moción en aquella alma; moción al bien –como ya
dijimos–, moción al ser. Si la persona no hace infecunda tal gracia,
evitando obstaculizarla con una negación libre, digamos entonces que
dicha moción se ve actualizada alcanzando aquello para lo que fue
dada, es decir, actualizando el bien y el ser. En la medida en que ella,
por no poner obstáculos, colabora a la fructificación de la moción,
permite que ésta pase de ser quebrable a ser inquebrable, porque re-
cién ahora sí que se irá cumpliendo aquel designio eterno, inmutable y
universal que es la salvación ante previsa merita 20. Entonces, en la
medida en que ella no anule tal moción al bien y al ser, ella misma se
irá haciendo más buena: porque comenzará a participar más perfecta-
mente de la Bondad. Se irá haciendo más humana: porque será más
ella misma, “llenando” cada vez más su vacío metafísico que como tal
no descansa sino en la perfección de la propia naturaleza. Y finalmente,
se hará la persona cada vez “más divina”, porque in crescendo habrá
una mayor participación en la vida divina.
Cada acto bueno cumplido voluntariamente es, por todo lo que ve-
nimos diciendo, una ocasión más que posee la natura para hacerse
más amable, desde el momento en que lo amable tiene que ver con lo
bueno. Y así, si estos actos se multiplican, la comunicación de bien y
de ser que se sigue de actualizar una moción con tales características
hará de la criatura un objeto cada vez más grato a los ojos de Dios,
porque ella misma, libremente, irá poniendo por acto aquello que –di-
gámoslo nuevamente– Dios tenía pensado eternamente para ella. La
iniciativa es siempre divina: es Dios quien ama primero al hombre,
amándolo desde toda la eternidad y antecedentemente. Pero es el hom-
bre quien, a su vez, se hace más o menos amable de parte de Dios en
la medida en que vaya concretizando ese amor ante previsa merita, en
la medida que voluntariamente haga que la moción se transforme de
quebrable en inquebrable. Dios antecedentemente la eligió y la predes-
tinó; y el hombre consiguientemente llevó a su realización este amor
de predestinación, sinónimo de salvación.
Esto en cuanto a lo concerniente al amor divino considerado –digá-
moslo así– en general; el hombre, llevando a su fin la moción al bien
actualiza su ser, y así, se hace más semejante a Dios, Ser y Bondad
Subsistente; semejanza ésta que hará a la criatura “merecedora” de un
amor especial de parte de Dios, según aquello de que el amor está en
correspondencia con la semejanza.

20 Cf. más arriba.

GLADIUS 61 / Año 2004 131


Cuando, en cambio, luego Santo Tomás desciende a la considera-
ción particular de tal amor, prefiere hacerse a un lado en el juicio, para
confiarlo a la misericordia de Dios. En efecto, a la pregunta sobre si
Dios amó más a Pedro o a Juan, dirá el Santo que no es el hombre ca-
paz de juzgar esto, sino sólo Dios 21.
Conclusión: en línea de principios el hombre necesita de la gracia,
que es de preparación para la gloria, y que lo hará objeto predilecto
del divino amor. En línea de principios el buen obrar del hombre, cuando
es la concreción de una moción quebrable de Dios, permitirá que
participe más y más del bien y del ser, haciéndose así más grato ante
Aquel que es Bien y Ser Infinito. Pero quiénes serán luego más amados
en lo concreto, es cosa que no le compete al hombre saber.
Mas he aquí que llega Balthasar y nos da vuelta el discurso. Por un
lado silencia esta exigencia de la perfección de la naturaleza dada por
la gracia y la caridad, para ser más amada por Dios; y en cuanto se
refiere a lo particular, intenta mandar a todos al Paraíso.
Veamos ahora el obrar propio de la gracia en el alma.
Es preciso distinguir entre la llamada gracia actual y la gracia habi-
tual. La primera es una moción que Dios da y que tiene por fin la con-
secución final de la segunda. He aquí su dinamismo: Dios, que es el
único autor de la justifcación, impulsa al hombre a la justicia, y lo hace
respetando la condición propia de la naturaleza. Siendo en ésta esencial
su libre albedrío, el impulso dado por Dios para “llevarlo” a la gracia
habitual –y por tanto a su justificación– es concomitante al modo de
proceder humano, que incluye el ejercicio de la libertad. La gracia, di-
rá Santo Tomás, mueve al libre albedrío del hombre para que la acep-
te, siempre que se trate de un sujeto susceptible de tal moción 22. El rol
del libre albedrío será pues determinante en la recepción de la gracia
que viene de Dios. “He aquí que estoy a la puerta y llamo” (Ap 3,20):
quien nos justifica –reiterémoslo– es Dios, pero de nuestra parte está el
“abrirle la puerta”, el hacernos “susceptibles” por medio de un movi-
miento que implica, primeramente, la detestación del pecado; y luego,
el deseo de la gracia 23. A este pasaje Santo Tomás lo llama conversión.

21 Cf. I, c.20, a.4, resp. 3. En otro pasaje, cuando reflexiona sobre el posible número de los
elegidos, tras haber expuesto las diversas opiniones, dirá: “Pero lo mejor es decir que sólo Dios
conoce el número de los elegidos que han de ser colocados en la felicidad suprema” (I, c.23,
a.7).
22 Cf. I-II, c.113, a.3.
23 Cf. I-II, c.113, a.5.

132 Año 2004 / GLADIUS 61


Podemos decir entonces que para que aquella gracia actual con la
cual Dios mueve el libre albedrío produzca su deseado efecto se re-
quiere, por parte del hombre, un rechazo y un deseo: el rechazo del
pecado, y el deseo de la justificación. Esto es lo que nos toca. El míni-
mo de aceite requerido para mantener encendidas las lámparas en la
espera del Esposo.
Se entiende mejor por qué el Santo pudo afirmar que

al que hace lo que está de su parte en virtud de la gracia actual, Dios


no le niega la gracia habitual. 24

¿Qué nos decía en cambio Balthasar y su primo Rahner? El primero,


que era el Espíritu Santo quien, en el interior del hombre, le hacía ver
su verdadera libertad dentro de una libertad mayor, la divina. La posi-
bilidad del “no”, si bien hay que mantenerla, pierde fuerza si se juzga
que ello pondría al alma en una eterna contradicción consigo misma.
Una contradicción que sería justamente el infierno. Si esta gracia cum-
ple con su feliz objetivo: he aquí la gracia eficaz. Si no lo logra, no pa-
sará de ser suficiente. Pero Balthasar, no conforme con la naturaleza
de las cosas ni, en última instancia, con el misterio, agrega de puño y
letra que

estaría en poder de Dios hacer que su gracia [...] estuviese en grado de


transformarse en una gracia “eficaz” para todos los pecadores. Pero
esto nosotros sólo lo podemos esperar. 25

Como se ve, se oculta la necesidad de que el sujeto sea –para usar


palabras del Angélico– susceptible; que se proponga con su libertad
iniciar el camino de detestación al pecado junto a un deseo, aunque
más no sea implícito, de acogida a la gracia. ¿Debemos esperar tranqui-
los y seguros que la gracia podrá barrer con esta “detestación”?; ¿y
qué decir del hombre que libremente no desea ponerse en camino de
conversión? La respuesta balthasarina parecería ser ésta: –“tranquilo
m’hijo, que el hombre, aunque no lo quiera 26, se encuentra implicado

24 I-II, c.112, a.3. Dígase además que la constitución conciliar Lumen gentium echa mano
de esta sentencia, para explicar el modo de operar de la gracia en los hombres que se encuentran
fuera de la Iglesia (n°16).
25 Breve discorso…, p.56.
26 Cf. nota 33, cap.1°.

GLADIUS 61 / Año 2004 133


en el diálogo amoroso del Padre con su Hijo. Que no le quite el sueño
pensar en el desastroso final de un pecador, porque Dios, no obstante
el rechazo, buscará en él una fe al menos potencial, la posibilidad de
aferrarse a un mínimo de amor 27. Porque al fin y al cabo: ¿hay algún
hombre que no desee el amor? ”.
Ante este somnoliento panorama no será extraño, pues, entender
la misión de la Iglesia como un tener paciencia “a largo plazo” Una
paciencia que no nos habrá de defraudar:

Esta visión del “paraíso para todos” no equivale a una invitación a


reposarse del empeño moral, sino que es [...] la exigencia a decidirse en
favor de una paciencia, la cual, por principio, nunca se ve despreciada y
está dispuesta a esperar infinitamente, esperar a largo plazo, al otro. 28

La presunc..., perdón, la esperanza balthasariana, de este modo,


viene a darse la mano con una paciencia infinita, una espera in aeter-
num en la conversión de los hombres.
–¡Pero es que Dios es rico en paciencia con nosotros, por lo cual
nosotros debemos imitarlo!; más aún: ¡es incluso la misma Biblia la
que nos dice que “Dios disimula pacientemente” nuestros pecados!,
¿y no hemos nosotros de seguir sus huellas con nuestros hermanos?
Respuesta: –Sí, tiene usted razón, pero termine de leer sus versículos:
Dios “disimula” nuestras faltas y alarga pacientemente su Venida pero
en la espera de nuestra conversión 29. Lo cual, mi amigo, no va en
detrimento de su misericordia, sino que la hace más visible todavía.
Por lo demás, bueno es saber que la verdadera misericordia no consiste
en darle una palmadita de hombros al vicio; más bien lo contrario:
implica en sí misma una oposición al pecado 30. “Yo te perdono, mu-
jer. Vete, pero no peques más”.
Otro cantar sería, creemos, la respuesta que esbozaría Santo Tomás,
considerando las condiciones requeridas para que la gracia produzca
su esperado efecto:

27 Cf. nota 19, cap.1°.


28 Breve discorso… p.58.
29 Cf. Sab 11, 23; 2 Pe 3, 9.
30 Cf. I-II, c.113, a.4, sol.

134 Año 2004 / GLADIUS 61


1. Dios no nos justifica sin nosotros. La moción inicial de la gracia
por la cual se justifica la libertad, requiere de la adhesión de ésta que
haga eficaz tal justificación 31.
2. El pecado lleva consigo un impedimento para merecer la gracia,
que es el pecado mismo 32.
3. Dios prepara al hombre para la gracia moviéndolo al bien, pero
que no es un bien completo 33. Se trata de una preparación que prece-
de a la gracia.
4. No bastan ni la fe ni las obras de misericordia solamente para
salvarse, si no hay caridad 34.

Vemos pues que el panorama que nos ofrece Tomás es, si se quie-
re, “menos esperanzador”, si entendemos esta virtud como una anes-
tesia de una vida moral cada vez más perfecta –justamente, como no
hay que entenderla–. Dios, nos dice el Santo, infunde una gracia ac-
tual a la libertad con el fin de llevarla a la justificación; dicha gracia de-
be encontrar acogida en el hombre. Acogida que se traduce, al menos
en sus comienzos, en un rechazo al pecado y el deseo de recibir ese
divino don. He aquí el inicio de un movimiento ascendente llamado
conversión, que lleva a una vida cada vez más caritativa. Caridad sin
la cual no es posible la salvación.
Bien cierto es que, como también nota el Doctor Común, si la in-
tención de Dios al obrar sobre el corazón del hombre es que éste con-
siga la gracia, lo conseguirá infaliblemente 35. Porque Él es el Todopo-
deroso. Pero una cosa es evitar ponerle límites a Dios –dándole la últi-
ma palabra al misterio– y otra bien distinta es armar un aparato racio-
nal que haga la vista gorda a la necesidad imperante del motus del
hombre con el cual comenzar el camino de su justificación.
Otra corrección a von Balthasar, con respecto al tema que ahora
nos ocupa.
Veíamos en la exposición de su pensamiento referido a la libertad
del hombre cómo su ser-creatural, por una parte, junto a su ser-imago

31 Cf. I-II, c.111. a.2, ad.2


32 I-II, c.114, a.5.
33 I Supl., c.99, a.5.
34 I-II, c.112, a.2, resp.2.
35 Cf. I, c.112, a.3.

GLADIUS 61 / Año 2004 135


Trinitatis, entraban en juego en la consideración de una libertad que,
frente a la divina, renunciaba a lo que le es propio: su capacidad de
elección. Decía él que en realidad, no es la humana libertad la que
pierde en este encuentro sino que, “entrando” –por así decir– en el in-
terior de aquella infinita, la finita se encuentra a sí misma, realizándose
y plenificándose 36.
Sería interesante, en otro orden de cosas, saber qué quiere decir
nuestro autor al afirmar que es la relación tú-yo, el encuentro de dos li-
bertades, aquello que permite que el hombre “se haga” persona 37.
¿Se trata de una visión existencialista del hombre en donde la relación
juega aquí su rol de actus essendi? Como en otras páginas de su obra,
la cosa no queda nada clara.
Pero en realidad donde queríamos detenernos es en la reflexión
que Balthasar hace de la imagen y semejanza de Dios en el hombre.
Sus conclusiones, recordémoslas una vez más, eran las siguientes: pri-
mero: las “infinitas distancias” interpersonales en Dios dan lugar a es-
pacios que permiten la creación. Distancia que, además, puede servir
de vestigio en la distancia que la creatura guarda con el Creador.
Segundo: además de la distancia Balthasar nos decía que, dado
que Dios está en un eterno coloquio de amor interpersonal, así también
el hombre –que es su imagen– entra en esta “conversación”. Incluso
cuando no lo quiera –decía a una voz con la von Speyr–, no está
exento de escuchar y de ser escuchado por su Señor.
Finalmente: considerado hasta ahora la imago Trinitatis con su fun-
damento en Dios Padre y su Verbo, Balthasar, no queriendo dejar re-
zagado al Espíritu Santo, dice de Él que su labor consistirá en mover
cielo y tierra a fin de que la gracia divina se transforme de suficiente en
eficaz en las almas de los hombres, para que así se llegue a la ansiada
salvación.
Las preguntas que más arriba habían surgido eran si tales “espacios
infinitos” y “distancias incomensurables” servían para justificar también
la separación voluntaria por parte del hombre, cuando éste peca. La
respuesta, por lo que venimos diciendo páginas ha, quizás ya la pode-
mos olfatear.
Pero lo que nos proponemos notar aquí es lo siguiente: todo el dis-
curso balthasariano gira en torno a una imago Trinitatis paupérrima,

36 Cf. I, c.112, a.3.


37 Cf. nota 22, de la primera parte de estudio.

136 Año 2004 / GLADIUS 61


que está bien lejos de hacer ver el verdadero alcance y profundo senti-
do de lo que significa tan sublime concepto. Será nuevamente Santo
Tomás 38, hijo de una larga tradición eclesial, quien nos echará luz en
esta crucial consideración, espina dorsal de toda la antropología teo-
lógica. He aquí su reflexión.
Primeramente deja en claro qué se entiende por imagen y qué por
semejanza. Por un lado “imagen” se refiere a una cierta igualdad de
una copia con su arquetipo. Bien nota el Angélico que esta “cierta”
igualdad se trasluce en la misma Escritura cuando se dice “a imagen
de”. El “a” indica un mayor o menor acercamiento con el modelo, lo
cual supone ya una cierta distancia.
De allí deduce el por qué Cristo no es imagen por semejanza (no de-
cimos de Él que sea “a imagen de”) sino imagen perfecta, “la” imagen.
Como una segunda particularidad se dice que la imagen, con res-
pecto a la semejanza, añade a ésta el ser sacada de otro. Expliquémoslo:
podríamos tener un ser que proceda de otro, que esté tomado de otro.
Tal dependencia causal no es sin embargo motivo alguno para decir
que el segundo ser –el causado– sea con respecto al primero su ima-
gen. ¿Y por qué? Señala Santo Tomás que la procedencia no tiene la
última palabra para explicar en qué consista la imagen, sino que para
constituir una imagen –aunque esté tomada de otro– se requerirá que
la semejanza sea en la especie 39. Y lo explica con un ejemplo: los gu-
sanos que nacen del hombre no por eso tienen su imagen, dado que
no hay en ellos una semejanza de especie.
A fin de descubrir en qué consiste propiamente esta imagen Santo
Tomás, con ayuda de San Agustín, echa mano de la analogía para ver
de qué manera en Dios proceden las Personas del Verbo y del Espíritu,
y cuál sea la relación entre las Tres. Aproximándonos a este insondable
misterio podremos vislumbrar analógicamente en qué consista la imago
Trinitatis en el hombre.
En Dios, la Palabra o Verbo es engendrado eternamente, siendo
como la expresión sin tiempo de Dios Padre, al que contempla y ama.
Dicho amor, a diferencia del amor humano, es una hipóstasis diversa,
una Persona distinta a la del Padre y la del Verbo; es el Espíritu Santo,
fruto del recíproco amor contemplativo entre el que engendra y el en-
gendrado.

38 Cf. I, c.93.
39 Cf. art. 2, sol.

GLADIUS 61 / Año 2004 137


Veamos por analogía qué es lo que ocurre en nuestro espíritu, con
una mirada introspectiva. También en nosotros la palabra procede del
entendimiento y el amor de la voluntad. Ambas potencias sin embargo
tienen su raíz en una misma realidad espiritual. Por un lado el amor,
por el otro, la palabra del entendimiento, la cual a su vez encuentra su
raíz última en la memoria. Tenemos así la memoria, la mente y el
amor como el fruto de la experiencia introspectiva, a través de la cual
podemos analógicamente descubrir la divina huella de la Trinidad en
la creatura espiritual. Esto es lo “más divino” que encontramos en el
hombre (considerado sólo en un plano natural, puesto que “más divi-
no” será hablar de su divinización por medio de la gracia).
Por eso será contundente el Aquinate al afirmar que la imagen de
Dios en el hombre se da en virtud de la mente –considerada como lo
espiritual–; siendo el resto de las partes corporales meros vestigios.
Nos introducimos finalmente en el apasionante tema de la semejanza.
“Apasionante”, decimos, porque será este concepto el que nos permitirá
considerar la imagen no como una realidad “hecha” sino en un proceso
ascensional que la lleva a la perfección.
Santo Tomás no se cansará de decir que la semejanza puede ser
considerada como la perfección de la imagen. Ahora bien, la imagen
de la Santísima Trinidad en el alma está en relación con su objeto, que
es Dios. La misma, como dijimos, se refleja en lo propiamente humano,
que es la mens: memoria, inteligencia y voluntad. Tres potencias o
capacidades que tienen al alma como su único principio.
He aquí que tales potencias, dado que están encarnadas en una
materia, podrán por ello volverse hacia las cosas terrenales; pero dada
además la propiedad espiritual de la autorreflexión podrán también
volverse sobre sí mismas. Y finalmente, siendo como hemos dicho
Dios su objeto, pueden volverse hacia Dios.
Y aquí viene la magnífica intuición de nuestro Santo: dado que la
perfección llega por medio de la semejanza, que es como el fruto del
dinamismo de la imagen, dicha perfección se dará cuando la imagen
ponga a Dios como objeto de sus actos, siendo así memoria de Dios,
inteligencia de Dios y amor de Dios 40. Por eso dirá que cuando la

40 “La semejanza lleva a la perfección el carácter de la imagen. Pero no cada semejanza es


suficiente para construír una imagen, sino sólo aquella fidelísima semejanza mediante la cual una
cosa es representada según el carácter de su especie” (De veritate, c.10, a.7). Y en el alma esto
sucede cuando las tres potencias se dirigen a Dios, configurándose así la semejanza por con-
formidad.

138 Año 2004 / GLADIUS 61


mente se “ancla” en las realidades terrenales no se constituye en ima-
gen de la Trinidad sino en su semejanza imperfecta, a modo de vestigio.
Por otro lado cuando vuelve sobre sí misma, hay una representación
de Dios por analogía. Y por último cuando la memoria, inteligencia y
voluntad se dirigen a Dios mismo, entonces sí que podemos hablar de
una semejanza por conformidad.
Nótese la honda consideración de Santo Tomás 41, preñada de con-
templación y que mira siempre a la perfección del hombre, llamado ya
en este mundo a la comunión con Dios. En efecto: el hombre por ser
tal posee ya la imagen divina, lo que le permite además llegar a un co-
nocimiento natural de su Dios. Un patrimonio inherente a la naturaleza
humana. Pero esta semejanza de vestigio que posee dicha imagen no
es todo: puede el hombre por ser espiritual volver sobre sí, y al hacer-
lo, la imagen divina en él brilla aún más, dando lugar a la semejanza
analógica. Y finalmente, cuando sus facultades espirituales se dirigen a
Dios he aquí que la semejanza de la imagen llega a su plenitud, res-
plandeciendo por conformidad con las Tres Divinas Personas.
La vida humana de este modo se hace dinámica, una permanente
ascensión hacia las cúspides de la conformidad. Es esta idea tanto pa-
trística como tomista la que nos hace pensar en la vida del hombre co-
mo en un itinerario con dos suertes antagónicas: aquel que, por que-

41 Aunque esta idea de la dinamicidad de la imagen ya estaba muy presente en los Padres
de la Iglesia.
Un detalle respecto de los Padres: se dice a menudo que uno de los grandes méritos de Bal-
thasar consiste en haber redescubierto el pensamiento de San Máximo “el Confesor”, una de las
perlas patrísticas del Oriente del s.V-VII. En una de sus tantas obras, llamada Questiones ad Tha-
lassium (n°10) el Santo hace una consideración magnífica de la imagen y semejanza. Dice allí
que cuatro son sus propiedades en la creatura humana, a saber: el ser, la eternidad, la voluntad y
la sabiduría o inteligencia. Las dos primeras son inherentes a la naturaleza, y no se pueden per-
der ni siquiera por el pecado. Están –como dirá él– “en la sustancia”. He aquí la imagen de Dios
en el hombre. Pero ocurre que tanto la voluntad como la sabiduría implican el aspecto dinámico
de esa imagen; una dinamicidad que lleva a la creciente perfección, y que es la semejanza, pues-
to que, por la voluntad nos hacemos buenos, y por la inteligencia sabios. Dicha semejanza se en-
cuentra en la capacidad volitiva y, a diferencia de aquélla, sí se pierde por el pecado.
Conclusión: todos somos imágenes de Dios, todos llevamos la impronta de su ser; pero no
en todos dicha imagen brilla de la misma manera , siendo el pecado el gran eclipse que hace que
–al decir de Santo Tomás– la misma se encuentre “oscura” y “deformada”.
Recuerdo que tuve un profesor de Teología que una vez me dijo que para entender el pen-
samiento de Balthasar era preciso conocer un poco el modo de escribir y de pensar de San Máxi-
mo “el Confesor”. Admitiendo el mérito que el teólogo suizo pudo haber tenido en hacer conoci-
das las obras del Santo, e incluso las semejanzas que puedan existir entre ambos autores, al me-
nos en el tema que nos ocupa yo aconsejaría que, para conocer el pensamiento de San Máximo,
lo mejor es pasarle bien de lejos a una TD cuya consideración de la imagen y semejanza viene en
ayunas de su auténtica perfección.

GLADIUS 61 / Año 2004 139


darse anclado en el mundo, no sale de la oscuridad del vestigio 42; y
aquel camino in crescendo que nos lleva a la cima de la conformidad
con Dios, y como tal, a las cumbres de nuestra propia humanidad.
O la transfiguración o la metamorfosis. Tal podría ser el mensaje
del Señor: “sed perfectos, si no queréis terminar comiendo de las be-
llotas de los puercos”.
Pero la propuesta balthasiana es otra. Silenciando la verdad teológica
de que la naturaleza es para la gracia, se ordena a ella, así como de
que esta última encuentra su plenitud en la gloria, propone en cambio
una consideración tan novedosa como antigua. “Novedosa”, porque
en vez de decirnos que la imagen divina en el hombre depende en su
perfección del aspecto dinámico que le viene de la semejanza, Balthasar
nos habla de unos “espacios infinitos” entre las divinas Personas que
vienen a ser como el arquetipo de la distancia entre Dios y el hombre
(¿incluso cuando éste peca?); de un amoroso diálogo entre el Padre y
su Verbo que hace que el hombre, “aunque no quiera”, participe tam-
bién de esa romántica conversación. Un hombre que, no obstante su
obrar (su “hacerse semejante a”), viene de todos modos a participar
de la imagen de Dios desde el momento en que se ve implicado en las
relaciones trinitarias.
¿A qué se debe esta consideración rastrera de la imagen y seme-
janza?; ¿por qué este empeño por diluir tan sublime concepto? Parecería
ser que asistimos a una nueva forma de naturalismo. Un naturalismo
que, a diferencia de aquel iluminista, se enmascara sub angelo lucis.
Sí; se sigue hablando de la gracia, de que el hombre participa de la
vida divina y de su vocación trascendente, pero al mismo tiempo nada
se dice que tal tipo de vida exige una marcha ascensional que, partiendo
del mero vestigio, ha de lanzarse a la perfección de la conformidad,
cuando –y lo decimos una vez más– todas sus potencias espirituales se
orientan a Dios, que es Su objeto.
En lo dicho radica pues la “antigüedad” del pensamiento de Baltha-
sar, que no es sino un coletazo más –y no menos peligroso– del viejo
naturalismo.
Un párrafo ahora para Rahner, de quien más arriba hicimos men-
ción.

42 Por eso no titubea Santo Tomás en decir que el pecador, si bien tiene la imagen de Dios,
se encuentra ésta de un modo “oscuro y deforme” (art.8, resp.3).

140 Año 2004 / GLADIUS 61


Recordemos escuetamente su tesis antropológica: el hombre, en
virtud de su experiencia subjetiva trascendental se encuentra abierto al
Absoluto, una naturaleza que se ordena al Trascendente. Semejante
apertura, habíamos notado, impide que el sujeto pueda poseerse en
cada acto como una opción de aceptación o rechazo a Dios; justamente,
porque su natural apertura lo trasciende.
Optimismo antropológico el suyo que se apoya en “una gracia que
ya ha formado el horizonte a-priorístico de cada acto individual” 43. La
gracia, dirá, no es una añadidura extrínseca sino el fin último de la
creación, y de este modo la acción comunicativa de Dios al hombre
plasma y condiciona su naturaleza aun antes de su libre toma de
posición 44, dándole el carácter de existencial sobrenatural. Basta pues,
según Rahner, que el hombre se acepte a sí mismo para que cumpla
con un acto de fe sobrenatural que lo justifique; porque al hacerlo, de
alguna manera también estaría aceptando la gracia inherente en su ser
creatural. Tal asunción, además, es la implícita aceptación de Cristo
como perfeccionador absoluto y garante de su anónimo movimiento
hacia Dios 45.
La “aceptación integral”, dirá, se da a través de la “opción funda-
mental”, que consiste en acoger las exigencias de su conciencia como
absoluta, lo que lo llevará a Dios, por ser Él su último fundamento. ¿Y
cuáles son las exigencias de esta conciencia ranheriana? El amor al
prójimo, que al final se identificará con el amor a Dios, la aceptación
en vivir con lealtad y paciencia la carga pesada de la vida cotidiana, el
servicio a los deberes de estado y las exigencias que le imponen los
hombres encomendados a él 46.
Será éste, como yapa, el telón de fondo del así llamado cristianismo
anónimo del que tanto ha hablado Rahner; para no asumirlo –cosa
que es bien difícil– bastará con ponerse en contradicción con la propia
naturaleza, y así, con el Creador de ella.
A esta visión aguada de la fe y de la gracia, a esta equiparación de
caridad y filantropía, a esta semejanza que se establece entre vida cris-
tiana perfecta y una vida moral reducida a la “aceptación de la pesada
cotidianidad”, hemos de decir con Santo Tomás 47 que el movimiento

43 Karl Rahner, Cristianessimo e religioni non cristiane, in Saggi di antropologia sopranaturale,


Paoline, Roma 1965, p.566.
44 Cf. íbid., p. 765.
45 Cf. íbid., p. 766.
46 Cf. íbid.
47 Cf. I-II, c.112, a.2, resp.2.

GLADIUS 61 / Año 2004 141


inicial de la gracia requiere preparación, una disposición hacia ese
bien completo que es la misma vida de la gracia; movimiento inicial
que también tiene a Dios como causa. Por lo que las virtudes ranheria-
nas serían, en el mejor de los casos, disposiciones para una vida hu-
mana más perfecta.
Contra este naturalismo católico que tiene a Rahner como a otro
de sus abanderados, preciso es decir que la gracia de Dios, siendo en
esencia la misma en todos, sin embargo admite graduaciones, “más y
menos”, en razón de las disposiciones del sujeto 48. Que los actos na-
turales no pueden decirse méritos con respecto a la gracia, sino sólo
disposiciones remotas 49. Y finalmente –en contra de aquella filantropía
embadurnada– que el amor del hombre por sí mismo no es digno de
vida eterna, a no ser que se presuponga que ese hombre es grato a
Dios, lo cual se consigue sólo por la gracia 50.
Algo más respecto a la libertad. Cuando más arriba comparábamos
algunos puntos en los dos autores, vimos en concreto sus semejanzas
en lo que respecta al tema de la libertad. Tanto Balthasar como Rah-
ner –junto a Speyr– se esmeraban por hacer notar la dependencia que
dicha potencia volitiva tiene respecto de Dios, y por tanto, su muy re-
lativa autonomía. Siéndole dada la existencia al hombre, no será él
quien, en último término, decida sobre su póstumo pasar.
Pero he aquí una nueva pregunta que asoma: ¿cómo se entiende
entonces que los ángeles caídos, cuya libertad también ha de tener su
fundamento último en Dios, hayan no obstante dicho que “no” a su
Creador?; ¿cómo entender que estos seres espiritualmenete más per-
fectos que los hombres, e igualmente deudores en su ser, hayan por
un solo acto ido en contra de su “objeto formal” (TD,V, 257)?; ¿acaso
el mismo principio que se quiere aplicar a la naturaleza humana no
debería ser válido también para los ángeles?; y de no ser así, ¿dónde
radicaría la diferencia?
Cada vez más preguntas. Cada vez menos respuestas.
Más coherente y honesto parece ser el pensamiento de Santo To-
más:
Dios mueve tanto las causas naturales como las voluntarias. Y así
como el mover las causas naturales no impide que sus actos sean natu-

48 Cf. I-II, c.112, a.4. resp.2.


49 Cf. comentario de I-II, c.114, a.5, resp.2, hecho por la traducción española BAC (4ªed.)
50 Cf. Cuest. disp. sobre la verdad, c.27, a.2, resp.2.

142 Año 2004 / GLADIUS 61


rales, así al mover las voluntarias, tampoco impide que sus acciones sean
voluntarias. 51

Dios ha creado las cosas con sus propias leyes; y la naturaleza hu-
mana no fue ajena a esta ejecución. De modo tal que cuando, en el
caso concreto de la libertad, ésta se mueve a adherir libremente al
bien o al mal, tal movimiento natural no va en detrimento de la omni-
potencia divina, puesto que omnia movet secundum modum eorum:
Dios obra en cada uno según su propio ser 52. A los seres no libres los
mueve mediante leyes fijas; a los hombres, mediante su libertad. Es
por lo dicho que el Angélico se empeñará en decirnos que nadie va a
Dios por la gracia santificante sin el ejercicio del propio albedrío.
Tras estas reflexiones de Santo Tomás recurramos, una vez más, al
meduloso comentario de Maritain en su ya citado ensayo. Dice el filó-
sofo francés, haciéndose eco del Aquinate, que Dios mueve siempre
las cosas según la naturaleza de éstas. Así Él, que antecedentemente y
desde toda la eternidad quiere la salvación del hombre, va dando gra-
cias actuales que no son sino mociones al bien. Gracias que miran a
transformarse en eficaces, desde el momento que el hombre mismo
quiere llevarlas a su plentiud. Si tal gracia, en cambio, es anulada por
la humana libertad entonces no pasará de ser una gracia suficiente,
por cuanto ha quedado amputada de su fin.
Consideremos entonces, junto a Maritain, el caso de una persona
que ha rechazado la moción, impidiéndole que se transforme de que-
brable que era en el tiempo (por cuanto estaba destinada a una volun-
tad falible) en inquebrable in eternum, por cuanto que mira desde to-
da la eternidad a la salvación ante previsa merita (si no viene anulada,
se entiende).

Hablar aquí de un rechazo de parte de Dios es del todo impropio,


porque en sentido estricto se rechaza algo ofrecido o pedido. Ahora
bien, es Dios quien –en la moción quebrable– “ofrece” la gracia eficaz
(como en la flor el fruto), y es la criatura la que, lejos de pedirla, la “re-
chaza” (por el hecho mismo de que rompe con la moción quebrable).
Podemos decir simplemente que la gracia eficaz o la moción inquebrable
no es dada por Dios, y ello en virtud de la naturaleza misma de las co-

51 I, c.83, a.1, resp.2.


52 Cf. ibid..

GLADIUS 61 / Año 2004 143


sas, porque la moción quebrable que habría fructificado de por sí en
moción inquebrable si no hubiese sido anulada, ha sido de hecho anu-
lada por la libre iniciativa (…) del mal. Es la libertad de la criatura la
que ha obstaculizado el don de la gracia eficaz poniendo con su “nadi-
ficación” [elegir la nada antes que el ser] la causa del mal. 53

Así ocurre si la moción no se hace inquebrable; si la gracia dada


por Dios al alma no pasa de ser suficiente a eficaz. Si este motus falible
que procede de lo Alto no llega a su fin (que es siempre sobrenatural y
que, en suma, no es otro que la salvación del hombre), ello se deberá
no a un eterno capricho de Dios que rechaza a algunos y acepta a
otros, sino que la causa más honda de tal frustración será la iniciativa
de la libertad; iniciativa anti-natural de la libertad, porque será –como
subraya Maritain– una iniciativa hacia la “nadificación”, o sea, hacia
la degradación del propio ser.
La libertad tomista (y maritainiana, si se quiere) tiene, pues, su rol
en el dinamismo que la gracia produce en el alma (revelándonos una
vez más ese preciso equilibrio que supo guardar el Aquinate en la in-
teracción natura-gracia); a diferencia de esa libertad trascendental es-
grimida por Balthasar-Rahner, dicen que se “resuelve” en Dios, pero
ello implicaría disolverla en el divino querer.
La situación, como vemos, es preocupante. Teológos y filósofos
que, echándole agua bendita a un mundo moderno religiosamente en
crisis, intentan hacer de la excelencia de la vida cristiana un mero na-
turalismo, solapado además con conceptos cristianos tradicionales 54.

53 Jacques Maritain, Dio e la permissione.., p.56.


54 Veámoslo en tres ejemplos: Notamos ya cómo Balthasar, bajo el sacro velo de la imagen
y semejanza, expone un pensamiento del todo particular y ayuno de perfección. Otro tanto po-
dríamos decir de Rahner: “Dios tiene hacia nosotros una relación trinitaria libre y gratuita, que
no es solamente una imagen o analogía de la Trinidad inmanente, sino que es Ésta misma en
cuanto participada libre y gratuitamente. Se participa justamente el Dios Trino y personal. La co-
municación a la creatura libre [...] se puede verificar en la manera divina de las dos comunicaciones
de su esencia” [serían las dos procesiones] (Saggi di antropologia..., p.35) Nótese que al decir que
la imagen “no es analogía de la Trinidad, sino que es Ella misma”, no está en sintonía con aque-
lla visión ascendente que nos ofrecía Tomás; a no ser que agreguemos a los manuscritos de Rah-
ner los otros grados que llevaban al alma a la conformidad con Dios –al “Ella misma” de nuestro
autor–, y de los cuales él se autodispensó.
Segundo ejemplo: Es sabido que cuando la Biblia habla de testimoniar (la palabra latina es
traducción del griego mártir), se quiere indicar un testimonio radical de parte del “testigo”, quien
puede llegar incluso a dar la vida por aquello que testifica. El testimonio bíblico se desposa así
con el martirio.
Pero entonces viene Rahner, y… ¿qué nos ofrece de nuevo? “El testimonio puede ser dado
sólo cuando el hombre en él se acepta incondicionalmente y se testifica así como él es [...] La

144 Año 2004 / GLADIUS 61


Delante de este estilo de vida cristiana, entendida como ellos la conci-
ben, sí se puede ver con claridad y se comprende –como ya hemos
notado– aquello que Balthasar decía de la misión del cristiano: un te-
ner paciencia “a lungo” de que las cosas, al final, irán por buen ca-
mino.
Paciencia infinita que pone el broche de oro a la esperanza baltha-
sariana.

3. Adrienne von Speyr

Para ver y juzgar el último punto de los expuestos más arriba, el


referido al “subabrazo” de Cristo en la cruz, nos ha parecido conveniente
yuxtaponerle una sucinta exposición del pensamiento de la ya tan
mencionada Adrienne von Speyr, amiga, dirigida espiritual y
colaboradora de von Balthasar durante 27 años.

participación de sí mismo al otro en el testimonio, cuando resulta realmente (es decir, cuando
consiste en la incondicionada aceptación de sí mismo en la trascendencia de hecho sobrenatural-
mente elevada), es un testimonio de Dios [...] Él puede por tanto ser «anónimamente cristiano»
[...] Está siempre dirigida al otro. El que da testimonio quiere hacerse partícipe al otro” (Karl
Rahner, Nuovi saggi, Paoline, Roma 1975, pgs.221-225).
Por lo que si los cristianos de las persecuciones romanas –para citar sólo un caso–, antes de
quemar un granito de incienso al Emperador, preferían verter su sangre y sellar con ella la fide-
lidad al Señor; a los cristianos de Rahner, les basta aceptarse a sí mismos como son y lo hagan
partícipe a su prójimo para testimoniar –incluso implícitamente– la trascendencia divina, que ya
estaría presente en la naturaleza.
Tercer y último ejemplo de adulteración del léxico cristiano: Aunque el tema requeriría algu-
nas páginas, no nos resignamos a no hacer mención de la llamada potencia obediencial; término
éste que, para buena parte de la tradición cristiana, significa la disponibilidad de la creatura a la
omnipotencia divina. Ínsita en la humana natura, va más allá de ella permitiéndole así poner en
acto su deseo de Dios. Es por ello una potencia pasiva no natural pero que permite la superación
de su existencia.
Pero Rahner invierte el discurso en el momento en que presenta la potencia obediencial co-
mo un constitutivo ordenamiento a la gracia, una apertura trascendente y a-priorística de la natu-
raleza que le permite la absoluta tensión, recepción y consumación de la misma. Poniendo su
origen en la inicial autocomunicación de Dios al hombre, del cual ha de seguir una respuesta en
la propia línea de su existencia –y no por tanto como algo que lo lleva a su superación– hará de
la naturaleza una realidad “agraciada”, echando por tierra la distinción entre los dos órdenes.
Por eso llegará a decir que el hombre es radicalmente potencia obediencial.
Digamos finalmente que lo que Santo Tomás aplicaba a la humanidad de Cristo –que, en la
Encarnación, actualizó su capacidad de unión con Dios (cf. III, c.4, a.1, rep.2)–, Rahner lo ex-
tiende generosamente a toda la naturaleza humana.
Consecuencia práctica: si dicha potencia para el santo de Rocaseca por el mismo hecho de
ser pasiva–no natural alienta al hombre a actualizar su deseo con un conocimiento y amor cada
vez más perfecto de Dios (ibid.), en el filósofo alemán, identificándose el deseo con la recepción
y el fin en la autoconciencia del hombre, se le amputa a la semejanza su operación de conocimiento
y amor, sin la cual tendría lugar la unión.

GLADIUS 61 / Año 2004 145


¿Quién es esta mujer que tanto ha influido en el pensamiento y en
la teología de Balthasar?, ¿cuáles son sus cualidades que le han llevado
a decir a nuestro autor: “he recibido de ella más que ella de mí”?, ¿qué
tipo de teología mística acompañó a Speyr al punto tal de incitar al
teólogo Balthasar a “re-formular su visión de la revelación”? 55 Veámoslo
brevemente.
Von Speyr, como ya notamos, conoce la fe católica gracias a Bal-
thasar, luego de lo cual comienza en ella una larga serie de revelaciones
místicas:

Inmediatamente después de su conversión, una verdadera catarata


de fenómenos místicos comienza a fluir sobre Adrienne [...] A la primera
visión de la Virgen habían sucedido otras manifestaciones más claras
[...] Con San Ignacio mantiene también relaciones regulares y perfecta-
mente armoniosas; en ellas se unen [...] la cordialidad, el humor, la se-
renidad, un marcado despego de todos los protocolos terrestres y ecle-
siásticos [...] Pero es con la gran multitud de santos que se le aparecen,
solos o en grupo, en sus “visiones” o “éxtasis” cómo Adrienne se intro-
duce y empieza a gustar el mundo del más allá. Muchas leyes del reino
de los cielos le son reveladas por los diferentes Santos, los Apóstoles, los
Padres de la Iglesia o incluso por Santa Teresita y el cura de Ars, su
gran amigo 56.

A estas asiduas “conversaciones” luego se le agregaron los sufrimien-


tos y estigmas de la Pasión 57, e incluso –como sigue contando Baltha-
sar– la posibilidad que ella habría tenido de hacer resucitar a un niño,
“forzando con una oración la omnipotencia de Dios” 58, y a la cual re-
nunció.
Suspendiendo el juicio sobre la veracidad y autenticidad de tales
revelaciones (para lo cual debo hacerme violencia), de lo que sí estoy

55 Cf. Adrienne von Speyr, …., pgs.7-8. La causa de tal re-formulación es porque, a juicio
del teólogo, Speyr tuvo la gracia de descubrir aspectos nuevos de la revelación que, hasta el mo-
mento, eran desconocidos: “El Espíritu Santo puede iluminar de modo imprevisto partes de la
revelación…sobre los cuales nunca se había reflexionado. La historia de la Iglesia lo testifica. An-
tes de San Francisco ninguno había pensado en la pobreza de Cristo con tal profundidad [¿nin-
guno?...] Antes de San Agustín tantos habían hablado del amor de Dios, pero nadie como él lo
hizo [...] Análogamente para Adrienne. Existen cosas en la revelación que ninguno ha descubierto
como ella” (Cf. H. U. Von Balthasar, Vagliate…, p.74). Con la pequeña diferencia que la pobre-
za de S. Francisco, la obediencia de S. Ignacio y el amor predicado por Agustín no ponían de ro-
dillas (ni menos aún negaban) algunas verdades del “todo” de la revelación.
56 Ibid., p.28.
57 Cf. Ibid., p.30.
58 Cf. Ibid., p.29.

146 Año 2004 / GLADIUS 61


absolutamente convencido es que las experiencias místicas, por más
legítimas y “divinas” que sean, son paja en comparación a la Revelación
escrita y “eclesial”. Duda aquella que se agudiza aún más cuando tales
“revelaciones” novedosas no sólo no ayudan a profundizar el dato re-
velado sino que, incluso, caminan sobre el umbral que separa la ver-
dad de la mentira.
Adrienne von Speyr, como lo ha dejado ver su director espiritual en
el citado libro, elabora buena parte de su pensamiento en base a reve-
laciones subjetivas tales como visiones, locuciones y sentimientos inter-
nos de dolor; experiencias todas que serán el fundamento de su obra
teológica. Así, por ejemplo, escribe un comentario al libro del Apocalipsis
en base a una visión en la que, según el teólogo suizo, Adrienne pudo
“ver” todas aquellas imágenes que San Juan nos relata en el libro sa-
cro 59.
Lo mismo dígase de la descripción del descenso de Cristo a los in-
fiernos –que es el tema que ahora tratamos–, y a la que nos referimos
páginas atrás. Sería una experiencia de su participación en la Pasión
del Señor seguida con su posterior descenso lo que le habría permitido
a la conversa suiza hacer sobre ello amplias descripciones. Descripciones
que, a juicio de Balthasar, lejos de ser piadosas consideraciones, tie-
nen por el contrario “una importancia decisiva”.
Hablará él de unos estados interiores que solían arrebatar y atormen-
tar a su dirigida, y que ha dado en llamar “infiernos de misión”, que
consistían en ser prolongaciones del misterio central de la obediencia
del Sábado Santo 60.
Conclusión: aquel “subabrazo” de Cristo desde la cruz; aquel aban-
dono de parte del Padre que aparecería como el “modelo” del abando-
no que experimenta el pecador; aquel descenso a las regiones infernales
donde lo único que existe es lo repugnante de la creación, el mal del
mundo que arde y se consume separado del Creador, y que habría
permitido que Cristo como tal redimiera a todos los pecadores por ha-
berse insertado en aquella gehenna del pecado y así esperar una sal-
vación universal; todo esto, por lo dicho, no parece ser sino el fruto de
una experiencia que, además de rozar la herejía 61, tiene su carta de
presentación no en la objetiva Revelación (que tiene a su vez a la
Iglesia como a su único intérprete) sino en la subjetividad de un alma

59 Cf. Ibid., pgs.88-91.


60 Cf. Ibid., p.65.

GLADIUS 61 / Año 2004 147


que, por virtuosa y santa que sea, no puede hacer de sus propias ex-
periencias y especulaciones materia prima para la ciencia teológica.
Para hacer teología, que es la reflexión sistemática de la fe, se necesita
–¡parece mentira tener que aclararlo!– mucha fe. Una fe cuya luz es la
oscuridad, y cuya “inteligibilidad” para el alma consiste en su incapa-
cidad para poderla entender.
Y si Santo Tomás, a quien autoridad teológica no le faltaba como
para indagar en otras fuentes, supo decir que

nuestra fe se fundamenta en la Revelación hecha a los Profetas y a los


Apóstoles, los cuales escribieron los libros canónicos; y no en la revela-
ción hipotéticamente hecha a otros doctores 62.

Absurdo sería de nuestra parte pretender echar mano de experiencias


que, además de ser del todo particulares, ponen entre paréntesis una
parte de la Palabra de Dios: aquélla referida al infierno y a la posibilidad
real de la condenación.
Es por eso que la consideración final que ambos hacen acerca de la
esencia del infierno se caerá de maduro, teniendo en cuenta el discurso
que la precede: porque si Cristo, con su descenso al lugar del pecado
alzó a todos los pecadores que yacían en la espera del Salvador, en-
tonces sí que habrá fuertes razones para esperar en la salvación de
todos los hombres.
¿Y qué decir entonces del infierno?, ¿cuál sería su realidad última,
puesto que el Señor con su descenso habría rescatado a quienes allí se
encontraban? La respuesta vino a luz páginas más arriba: y es que el
infierno balthasariano sería el pecado pero separado del pecador (TD,V,

61 Hemos ya señalado cómo las ideas de Balthasar-Speyr no corresponden a las enseñanzas


del Catecismo, el cual –como también se dijo– no hace sino recoger un bagaje doctrinal plurise-
cular.
Por otra parte encontramos en la enseñanza de Juan Pablo II una aclaración muy acertada
en relación con el tema que nos ocupa. En efecto; delante de aquella distinción entre el sheol e
infierno propiamente dicho (que brillaba por su ausencia en los escritos de Balthasar), el actual
Pontífice nos dice: “Como punto de partida aclárese además que la expresión «infiernos» no sig-
nifica el infierno, el estado de condena, sino la morada de los muertos, que en hebreo se decía
sheol y en griego hades” (Catequesis sobre el Credo, II, Palabra, 2ª ed., Madrid 1996, p.393). Y
luego aclara quiénes sean los beneficiados con el descenso del Señor: “Es Cristo el que, puesto
en el sepulcro en cuanto al cuerpo, pero glorificado en su alma (…) comunica su estado de beati-
tud a todos los justos con los que, en cuanto al cuerpo, comparte el estado de muerte” (p.395).
“Todos los justos”, dice, y no “todos los hombres”.
62 I, c.1,a.8, c.

148 Año 2004 / GLADIUS 61


269) 63. Afirmación tan ridícula como la de decir que el cielo es un her-
moso mar de virtudes, pero separadas de los santos.
Y a pesar de que Balthasar se encapriche en decir que

lo que Adrienne vio, describió de la forma más exacta y después expli-


có sin conocer el texto de la Escritura no fueron representaciones sub-
jetivas [...], sino que ella habla de un mundo de imágenes objetivo que
forma parte de la revelación divina 64,

nosotros hemos de decir con San Juan de la Cruz, que

de todas estas aprehensiones y visiones imaginarias y otras cualesquie-


ra formas o especies, como ellas se ofrezcan debajo de forma o imagen
o alguna inteligencia particular –ahora sean falsas de parte del demo-
nio 65, ahora se conozcan ser verdaderas de parte de Dios– el entendi-
miento no se ha de embarazar ni cebar en ellas, ni las ha el alma de
querer admitir ni tener, para poder estar desasida, desnuda, pura y
sencilla, sin algún modo y manera, como se requiere para la unión
[con Dios] 66.

Cuando Dios da la gracia a algunas almas de gozar de tales revela-


ciones lo hace –como dice el Santo de Fontiveros– no para que que-
den entretenidas en ellas cuanto con una intención pedagógica, siguien-
do el modo humano de conocimiento y de amor que es partiendo de
lo sensible para llegar finalmente a la unión por la fe, que es una no-
che oscura. Porque “Dios va perfeccionando al hombre al modo del
hombre”, es decir, “por lo más bajo y exterior hasta lo más sensible y
espiritual ” 67. Tales experiencias, por tanto, podrán tener sólo el valor
de medios, en vistas a una creciente espiritualización.

63 Quien alguna vez haya al menos ojeado un libro de Hilemorfismo habrá notado que la
particularidad del accidente es existir “in alio”, en otro, que es la sustancia. Y que lo propio de és-
ta es existir “in se”. Ahora bien; el pecado lo mismo que la virtud son hábitos adquiridos volunta-
riamente, y por ser tales, gozan de la ciudadanía de accidentes: existen en otra realidad, inhieren
en una sustancia, que es, justamente, el alma espiritual. El apartarse del realismo tiene sus riesgos.
64 Adrienne von Speyr…, p.91-92.
65 Puesto que, como nota el Místico Doctor, también el demonio es capaz de engañar al al-
ma con visiones y locuciones interiores: “el demonio siempre les procura mover la voluntad a
que estimen aquellas comunicaciones interiores, y que hagan mucho caso de ellas, por que se
den en ella y ocupen el alma en lo que no es virtud, sino ocasión de perder la que hubiese” (Su-
bida al Monte Carmelo, libro II, cap.29).
66 San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo, libro II, cap. 16.
67 Ibid., cap.17.

GLADIUS 61 / Año 2004 149


Si San Juan de la Cruz hubiera sido parte de esa “multitud de san-
tos” que se le solían aparecer a von Speyr seguramente le hubiese di-
cho que no buscara hacer morada en sus internas experiencias, y que,
por el contrario, hiciera el esfuerzo por desnudarse espiritualmente ca-
da vez más para darle más cabida a la pura fe, que, como se dijo, es
tiniebla y oscuridad.
Quizás por ello se entienda el por qué Adrienne, no obstante la ad-
miración que profesaba tener hacia la oración de San Juan, no deseaba
leer más sus descripciones 68. Por lo mismo que dejó de leer a Santa
Teresa, por haber encontrado en sus escritos numerosas objeciones. Y
es porque su “misticismo” nada tiene que ver con el de los santos car-
melitas del dorado siglo español.

Excursus final

Llama la atención que San Juan Bautista, a la llegada del Salvador,


haya insistido en la conversión como condición necesaria para acoger
el Reino de los Cielos (cf. Mt 3, 2). No menos llamativo es el hecho de
que nuestro Señor, apenas ingresado en su vida pública, haya puesto
a la conversión en el centro de su predicación, y que además haya si-
do Él mismo quien, antes de su ascensión definitiva, mandase a los su-
yos hacer lo mismo (cf. Lc 24, 47). Otro tanto dígase de la Iglesia na-
ciente, luego de Pentecostés, que a los cuatro vientos llamaba al arre-
pentimiento, la conversión y el bautismo para la remisión de los peca-
dos (cf. Hch 2, 38; 3, 19). Así San Pablo, el “alegre apóstol de la resu-
rrección”, nos dice que el fin de la obra de Cristo fue la conversión de
los pecadores, relacionándola con el juicio del último día (cf. Hch 17,
30), dado que el mundo, el siglo, o la “era presente” (como él escribe),
tiene un dios propio que es especialista en cegar entendimientos ante
la luz del Evangelio 69. Mientras que “el dulce y tierno discípulo amado”
advierte a viva voz que el que peca es, ni más ni menos, un hijo del de-
monio (cf. 1 Jn 3, 8); y que el mundo que no reconoció a Cristo –que
es Luz y Verdad– es el mismo mundo que tiene como Príncipe a aquel
que es tiniebla y mentira. Principado éste del cual es posible escapar a
condición de permanecer (verbo tan querido al léxico joánico) en Cristo,
y con Él, en Dios. Lo cual es posible por una ascendente conversión.

68 Cf. Adrienne von Speyr, …., p.36.


69 Cf. 2 Cor 4, 4.

150 Año 2004 / GLADIUS 61


Y ello sin hablar de los profetas del Antiguo Testamento, cuyo men-
saje giraba siempre en torno a la metánoia, palabra griega que indica
un cambio de mente, unido a la renuncia al pecado y la conversión al
Dios verdadero. “Convertíos y vivid”, exhortaba Dios por boca de
Ezequiel (cf. 18, 32).
Para Santo Tomás, recordémoslo, la conversión o justificación
consistía en un movimiento, lo que supone la existencia de dos puntos,
uno de partida y otro de llegada. Así el motus de la conversión supone
un distanciamiento del pecado –que él llama detestación– y una apro-
ximación a Dios por el deseo. Proceso éste en donde la libertad se ve
implicada.
¿Por qué esta encarecida insistencia en favor de la conversión? La
respuesta, creemos, ha ido asomando a lo largo de estas páginas, y es
que si hay algo que caracteriza al Cristianismo, ya desde sus orígenes,
es justamente la permanente conversión a la que está llamado aquel
que ha resuelto alistarse en las huestes de su divino Fundador.
Es legítimo hacer especulaciones sobre las ultimidades, pero sin ol-
vidarnos de aquello que nos toca en este nuestro camino a la anhelada
visio Dei, y es la permanente conversión a Dios con toda la mente,
con todas las fuerzas, con todo el corazón.
Hemos dicho también, siguiendo las huellas del Doctor Común, que
la vida eterna está a mano para quien se une a Dios por la fe que justi-
fica (que poco tiene que ver con esa aceptación integral de sí mismo 70
preconizada por Rahner) y se esfuerza por vivirla mediante la caridad,
que tampoco consiste en el “amor a un tú-humano, porque tal es el
acto primario del amor de Dios” –llegando incluso aquel autor a afir-
mar que el acto temáticamente religioso como tal, es decir, la adoración
a Dios en sí, es y permanece secundario respecto a aquel acto a-te-
mático de caridad, que sería el amor al otro 71.

* * *

Como cristiano y sacerdote soy el primero en desear la eterna bea-


titud de todos los hombres; a la vez que soy consciente de que tal de-
seo no se alimenta con teologías de laboratorio, que no hacen más

70 Cf. Karl Rahner, I cristiani anonimi, in Saggi di antropologia….., p.766.


71 Cf. Karl Rahner, Scritti di teologia, VI, Paoline, Roma, pgs.294-295.

GLADIUS 61 / Año 2004 151


que anestesiar las conciencias y castrar las voluntades, sino con un se-
rio empeño por la conversión personal y comunitaria, junto a una mi-
sión eclesial que se oriente no a esperar con holgada paciencia una
hipotética salvación universal, sino a un cambio de vida siempre in
crescendo hacia Aquel que se hizo carne para traernos Vida.
Cuando en el año 1990 Juan Pablo II promulgó la Encíclica Redemp-
toris missio hizo notar allí la crisis por la que atraviesa la Iglesia en su
misión ad gentes; crisis que, como él mismo decía, es signo de una
crisis de fe (nº2). Y en el análisis de las causas internas que llevaron a
tal estado el Papa se refería a la “mentalidad indiferentista, ampliamente
difundida, por desgracia, incluso entre los cristianos, enraizada a menu-
do en concepciones teológicas no correctas y marcadas por el relativis-
mo religioso” (nº36). Desconozco si al escribir esto el Pontífice miraba
de reojo a Balthasar y sus parientes intelectuales. No lo sé. Pero lo que
sí aconsejaría a un alma llameante de celo misionero es que, a su tie-
rra de misión, no se lleve para leer en sus momentos libres ni la Teo-
drammatica ni los Ensayos antropológicos de Rahner; no sea cosa que
se arrepienta y quiera pegar la vuelta.
El hombre moderno está en crisis. El mundo está en crisis. La Igle-
sia está en crisis –si tenemos en cuenta que su vida ad-extra es la con-
secuencia de lo que vive en sus entrañas 72.
La solución, a mi entender, se encuentra esbozada más arriba, y
consiste en la invitación a que tanto pastores como teólogos se decidan
a inmolar el baal de las propias ideas para que, llagados por la luz de
la verdadera fe, puedan penetrar con temor y temblor (pero también
por caminos seguros) en los divinos misterios, para luego hacerlos par-
tícipes a los otros como conviene.
Y a todos los hombres, un nuevo (y viejo) llamado a abrazar la coti-
diana metánoia 73. Sólo ella nos permitirá la realización personal y par-

72 Quizás algún lector, ya al final de esta exposición, podría preguntarse si realmente la re-
flexión de Balthasar ha hecho “mella” en la teología contemporánea, o si más bien, no se trata
de una disquisición especulativa que en nada afecta al común de la gente. O, dicho de otro mo-
do, ¿la tesis de nuestro autor es sólo alimento para eruditos, o tiene además repercusiones en to-
do el “mundo católico”? Para esbozar una respuesta, traigo a colación un caso de propia cose-
cha. Estudiando Teología en Roma tuve como profesor en la materia “Esjatología” al P. Antonio
Nitrola, quien, a la hora de abordar en tema del infierno, hizo suya la especulación balthasariana.
El P. Nitrola era (y es, según tengo entendido) profesor en un Ateneo Pontificio y en otra conoci-
da Universidad Pontificia romana. He aquí un claro ejemplo de lo grave de la cuestión, teniendo
en cuenta lo que significa Roma también para el mundo intelectual católico en general, con la
posterior consecuencia que ello acarrea a la hora de plasmar en la acción aquello que se ha
aprendido. Porque, recordémoslo, la praxis es siempre el fruto de una idea. Lo que en el lengua-
je eclesial equivale a decir que el apostolado es “la prolongación de la doctrina”.
73 Cf. Redemptoris missio, nº46.

152 Año 2004 / GLADIUS 61


cial felicidad en este mundo, y su plenitud en el venidero. Sólo ella nos
ayudará a vestir como conviene en las bodas del Cordero. Sólo ella
nos hará ser elegidos entre los llamados.
Y sólo ella nos permitirá esperar –¡ahora sí!– contra toda esperanza.

Sabemos que hemos sido llamados; no sabemos si somos escogidos.


Por eso es tan necesario que cada uno de nosotros se mantenga hu-
milde, por lo mismo que no sabe si es escogido.
[...] Que ande cada uno tan solícito y temeroso, por cuanto ignora
lo que le resta; ya que –cosa que debe repetirse a sí mismo muchas ve-
ces y retenerla siempre en la memoria, sin olvidarla–, “muchos son los
llamados y pocos los escogidos” [...] Por consiguiente, puesto que na-
die está seguro de ser elegido, resta que todos deben estar temerosos.
Teman todos de sus acciones, gócense todos únicamente en la misericor-
dia divina; ninguno presuma de sus fuerzas. 74

Bibliografía consultada

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74 San Gregorio Magno, Hom. In Evang., lib. 18 (38) 14.16: PL76, 1290.1293, cf. Alfredo
Sáenz, Las Parábolas del Evangelio, según los Padres de la Iglesia, III, Gladius, Buenos Aires
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GLADIUS 61 / Año 2004 153


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Karl Rahner, Nuovi saggi, Paoline, Roma 1975.
Santo Tomas de Aquino, Suma de teología, I, I-II, III.
Santo Tomas de Aquino, Cuestiones disputadas sobre la verdad.
San Juan de la Cruz, Subida al monte Carmelo.

154 Año 2004 / GLADIUS 61


San Pablo y la Universidad
EDMUNDO GELONCH VILLARINO

Si todavía los signos algo significan, “universidad” procede de “uni-


verso”, con lo cual se significaba “Versus Unum”. A la idea griega del
“cosmos”, del orden que a cada cosa da su lugar propio, los platónicos
y neoplatónicos enriquecieron con la idea de grados jerárquicos de
perfección de los seres; por ejemplo, integrando con las nociones aris-
totélicas de acto y potencia, de materia y forma, de esencia y existencia,
y de abajo a arriba: la pura potencia o materia, la materia organizada
o mineral, la materia viviente o vegetal, el viviente sensitivo o animal,
el animal intelectual u hombre, las formas puras sin materia o espíritus
compuestos de esencia y existencia, y el Acto Puro y Simple, cuya esen-
cia es existir. Y al culminar en el acto puro, el cosmos u orden jerár-
quico de la realidad, siguiendo los grados de participación de perfeccio-
nes desde la causa a los efectos, nos mostraba la dependencia ontológica
de todo el plural mundo visible, respecto del Uno, invisible en Sí, pero
visibilísimo en el retrato que de Él pintan las cosas todas. Por lo cual,
el cosmos de la pluralidad, terminaba en un canto de glorificación al
Uno, como lo imagina Tolkien en el Ainulindalë. Y eso significa Univer-
so: todas las cosas dirigidas desde Dios, por Dios y a Dios, causa Ejem-
plar, causa Eficiente y causa Final de todo.
Y si la schola era el ámbito de la contemplación, la Universidad era
la schola con definición de objeto: el lugar de la contemplación del Uni-
verso; de todas las formas como imágenes o vestigios de Dios; o todas
las cosas como móviles en su dinámica que empieza en Dios como
Primer Motor; y todas las acciones como por peldaños ascendentes
que nos devuelven a Dios, Principio y Fin. La hermandad de los con-
templativos de Dios, la comunidad de los que se comunicaban para
ser Como Uno, no podía menos que terminar en ecclesia de adoración

GLADIUS 61 / Año 2004 155


a la Verdad-Amor. Era el ámbito de la Sabiduría, revelada o descubierta,
pero de un Único Objeto del cual se desprende, y al cual vuelve, toda
la pluralidad.
El sentido de la Universidad realizaba y se identificaba con el pro-
pósito paulino: “a fin de que, unidos en la caridad, alcancéis todas las
riquezas de la plena inteligencia y conozcáis el misterio de Dios, esto
es, a Cristo, en quien se hallan escondidos todos los tesoros de la sa-
biduría y de la ciencia” (Col. 2, 2-3).
Empieza a envejecer cuando se empieza a separar la Teología de la
Filosofía, de las Ciencias... Como si sabiduría no fuera siempre Teología,
o saber de y desde lo Primero y Principal. En el sitio correspondiente a
la Fe y la Caridad de Cristo, se puso la superstición del ídolo llamado
“método científico”; en el sitio de la Revelación y la Contemplación,
un criterio caprichoso que permitió eliminar a Cristo Verdad en prove-
cho de la mentalidad utilitaria. Una dudosa pretensión de autonomía
para algunas ramas, desgajadas de la Unidad, hacen de lo que fuera
universidad, una poco inteligible coexistencia de “ciencias” divididas
que degradan en técnicas y, como mucho, tratan de acercarse en la
“interdisciplinariedad”.
Y termina decrépita multitud de facultades por “competencias” o
“salidas laborales”, profesiones u oficios, dirigidos a lo útil, a la acción
utilitaria, con olvido de la contemplación, apuntados a lo que separa y
rechazando al que Une. Puede decirse que, en el modelo actual, des-
de la Reforma del 18 y el dogmatismo laicista y ateo, la Universidad
ha muerto, y como todo cadáver, el suyo sigue descomponiéndose en
carreras divergentes. Mientras, un contradictorio “espiritualismo anti-
intelectualista” posmoderno descree de todo el modelo cientificista, al
que atribuye la catástrofe del mundo agnóstico y desesperado, de la
explotación odiosa y del antihumanismo de la infelicidad.
Se ha cumplido también el daño contra el que nos prevenía la ad-
vertencia de San Pablo: “Mirad que nadie os engañe con filosofías fa-
laces y vanas, fundadas en tradiciones humanas, en los elementos del
mundo y no en Cristo” (Col. 2, 8). (Aquí, al hablar de tradiciones, San
Pablo no se opone a lo tradicional, sino a la transmisión de lo mundano,
de ese humanismo pagano o ateo, que adora la autoridad del mundo
o de la razón humana, oponiéndola a la Revelación de la Verdad divi-
na que es Cristo.)
El primer estándar –esencial– de la calidad universitaria es el Cristo-
centrismo. Si no es cristocéntrica, en el todo y en cada una de sus par-

156 Año 2004 / GLADIUS 61


tes, no es Universidad. El Mundo de los mundanos, no quiere creerlo.
Así va el Mundo.
Ni tampoco están exentas de peligro las que, con más voluntad que
realismo, se denominan “Universidad Católica”. Pueden tener capilla
u oratorio donde adorar al Santísimo Sacramento y encomendarse a
la Sedes Sapientiæ, y, yuxtapuestas, aulas. Pueden incluir en el currí-
culum una asignatura como Teología o Religión, y yuxtapuestas, todas
opciones curriculares tal como se dictan en cualquier “universidad”
atea, con la que se trata de “igualarse para poder competir”. Pueden
ser administradas por congregaciones religiosas, que reclutan y se-
leccionan a los mejores profesores de las “universidades” ateas –mejor
si comulgan todos los días, pero pueden tener cualquier religión o nin-
guna–, o por lo menos, a los que sean tan piadosos que cobren me-
nos. Entonces, le propondríamos llamarse “Agregación Clerical de Plu-
ralidades para las Acciones Divergentes”, o algo por el estilo.
Aunque el fin de la Universidad sea la contemplación, y preparar
para la acción y el trabajo corresponda por derecho propio a otras
instituciones más idóneas (tradicionalmente, a los gremios, facultades
o sindicatos profesionales, que forman, patentan y habilitan para el ejer-
cicio profesional), no se crea que estamos contra los estudios superiores
que facultan para hacer bien un trabajo. Todo lo contrario, para que
toda obra humana lo sea realmente, ha de inspirarse y ser opus Dei, y
la primera condición para que el trabajo humano continúe a la causa-
lidad divina, es que la obra sea bien hecha, como Dios hace bien las
cosas.
Lo que decimos es que un amontonamiento de carreras u oficios ca-
rentes de unidad, opuestas a contemplar a Dios como Principio, Forma
y Fin, debería buscar un nombre más adecuado, independiente de
toda heredada connotación teológica medieval; algo más “moderno”
y democrático; algo así como “congreso de los partidos profesionales”,
o “pluralidad de divergencias”, y no engañarse y engañar, denominán-
dose con el arcaico, aristocrático y fingido nombre de Universidad. Si
no quieren ser contemplativas de la Verdad, si no quieren ser rigurosa-
mente selectivas de la virtud intelectual, sino irrestrictas y con carreras
activistas, para lo útil, búsquense un nombre apropiado, que no sea Es-
cuela ni Universidad, ni Academia ni Liceo, porque significan otra cosa.
En segundo lugar, afirmamos que tampoco un manojo de carreras
laborales, por más que lo administren clérigos o laicos católicos, puede
terminar en obras bien hechas, “como Dios manda”, sin referencia y

GLADIUS 61 / Año 2004 157


ordenamiento intrínseco al Autor de todo Bien y Causa primerísima
de todo el obrar. Porque, omitido Cristo del programa de cada una y
todas las ciencias, técnicas o “disciplinas”, quedan aprendizajes que
terminan, como suele verse, en aquel triste fin que preveía San Pablo:
“Son preceptos que implican cierta especie de sabiduría, de afectada
piedad, humildad y severidad con el cuerpo, pero sin valor alguno, si
no es para satisfacción de la carne” (Col. 2, 23).
Esta preocupación, sentida tal vez más que definida, experimentada
como un hecho asfixiante en la cultura posmoderna del Primer Mundo,
se vio en los congresos (¡cuarenta y ocho!) que hace cuatro años se
reunieron en Roma y aledaños, para el Jubileo de las Universidades.
Y salió un diagnóstico. Y Juan Pablo II predicó el fondo de la solución.
En el s. XXI, la Universidad no subsistirá en su identidad, si no recupe-
ra la Verdad trascendente, si no vuelve a centrarse en el Hombre Ver-
dadero: solamente puede salvarse en torno a un “nuevo humanismo”,
como lo vio Juan Pablo II en el mensaje de aquel 9 de Septiembre:

¡Queridísimos Docentes universitarios!


El tema de fondo sobre el cual habéis reflexionado –La Universidad
por un nuevo humanismo–, bien se encuadra en el redescubrimiento
jubilar de la centralidad de Cristo. El hecho de la Encarnación, en efec-
to, toca al hombre en profundidad, le ilumina la raíz y el destino, le
abre una esperanza que no desilusiona. Como hombres de ciencia, os
habéis querido interrogar continuamente sobre el valor de la persona
humana. Cada uno podría decir, con el filósofo antiguo: «¡Busco al
hombre!»
Entre las muchas respuestas dadas a esta búsqueda fundamental,
vosotros habéis asumido la respuesta de Cristo: aquella que emerge de
Su palabra, pero todavía antes brilla sobre Su rostro. ¡Ecce homo: he
aquí al hombre! (Jn 19,5). Pilato, mostrando a la multitud exaltada el
rostro martirizado de Cristo, no imaginó estar diciendo, en un sentido,
palabras de revelación. Sin saberlo, señala frente al mundo al Único
en quien todo hombre puede reconocer su raíz, y del cual todo hombre
puede esperar su salvación. Redemptor hominis: es esta la imagen de
Cristo que, al final de mi primera encíclica, he querido «gritar» al mun-
do, y que este año jubilar quiero relanzar en las mentes y en los cora-
zones. 1

1 “Carissimi Docenti universitari! Il tema di fondo sul quale avete riflettuto –L’università
per un nuovo umanesimo– ben si inquadra nella riscoperta giubilare della centralità di Cristo.
L’evento dell’Incarnazione infatti tocca l’uomo in profondità, ne illumina le radici e il destino, lo

158 Año 2004 / GLADIUS 61


Hasta en la enseñanza de las “ciencias humanas”, habitual en las
universidades, el desprecio por el verdadero hombre, por Cristo y por
el hombre real, natural y sobrenatural, creado y redimido por Dios, es
patente en la total ausencia de menciones: nunca se recuerda la exis-
tencia de ese modelo. Y Juan Pablo II, en línea con la tradición pauli-
na, propone el programa para superar los males de la corrupción pre-
sente, recuperando la Unidad en la Visión de la Verdad, que eso es la
Universidad:

Ante tales cometidos, lo más urgente hoy es llevar a los hombres a


descubrir su capacidad de conocer la verdad y su anhelo de un sentido
último y definitivo de la existencia. 2

En toda la encíclica he subrayado claramente el papel fundamental


que corresponde a la verdad en el campo moral. Esta verdad, respecto
a la mayor parte de los problemas éticos más urgentes, exige, por parte
de la teología moral, una atenta reflexión que ponga bien de relieve su
arraigo en la Palabra de Dios. Para cumplir esta misión propia debe re-
currir a una ética filosófica orientada a la verdad del bien, a una ética,
pues, que no sea subjetivista ni utilitarista. Esta ética implica y presupone
una antropología filosófica y una metafísica del bien. Gracias a esa vi-
sión unitaria, vinculada necesariamente a la santidad cristiana y al
ejercicio de las virtudes humanas y sobrenaturales, la teología moral
será capaz de afrontar los diversos problemas de su competencia –co-
mo la paz, la justicia social, la familia, la defensa de la vida y del am-
biente natural–, del modo más adecuado y eficaz. 3

Una pseudo universidad, laicista, que desprecia a Cristo como cen-


tro; “desaristotelizada”, expresión liberal y reformista que reivindica la
ceguera metafísica, no es ni puede llamarse Universidad. Y que ha for-
mado la mentalidad de una clase dirigente responsable del rumbo que
llevan las cosas del mundo de hoy.

apre ad una speranza che non delude. Da uomini di scienza, voi vi interrogate continuamente sul
valore della persona umana. Ciascuno potrebbe dire, con l’antico filosofo: «Cerco l’uomo».
”Tra le tante riposte date a questa ricerca fondamentale, voi avete accolto la riposta di Cristo:
quella che emerge dalle sue parole, ma ancor prima brilla sul suo volto. Ecce homo: ecco l’uomo!
(Gv 19,5) Pilato, mostrando alla folla scalmanata el volto martoriato di Cristo, non immagino
ogni uomo ricognoscere la sua radice, e dal quale ogni uomo può sperare la sua salvezza. Re-
demptor hominis: è questa l’immagine di Cristo che, fin dalla mia prima Enciclica, ho voluto «gri-
dare» al mondo, e che quest’anno giubilare vuole rilanciare nelle menti e nei cuori” (Discorso del
Santo Padre Giovanni Paolo II, durante l’udienza di 9 Settembre 2000).
2 JUAN PABLO II: Fides et ratio, (1998), nº 102.
3 Id. cit, nº 98.

GLADIUS 61 / Año 2004 159


La Universidad, desde los cimientos de la Metafísica, contempla al
hombre verdadero y lo halla realmente en la Humanidad santísima de
Cristo. El programa de San Pablo –y la Cristiandad Medieval– puede
parecer hoy imposible. Y es imposible pensar en universidades y sabi-
durías en épocas de pura barbarie y salvajismo, aun en las “casas de
estudios”.
Sin Cristo centro de la universidad, la universidad es imposible.
Que se estudie para servir a Dios y a los hombres reales, pecadores
redimidos, puede parecernos un idea muy superior a nuestras fuerzas.
Y seguramente es muy superior. Pero esa imposibilidad no es motivo
para retroceder, porque “Mirándoles, Jesús les dijo: Para los hombres,
imposible, mas para Dios todo es posible” (Mt. 19, 26).

160 Año 2004 / GLADIUS 61


Canto a la vida

JUAN LUIS GALLARDO

Para cantar la vida pienso que es lo mejor


empezar por cantar a su divino autor.

De modo que estos versos, agrupados de a dos,


principian, como cuadra, dando gracias a Dios.

Al Dios omnipotente, creador insoslayable


de todo cuanto existe, conocido o probable.

Que actuó en forma directa o acaso, así lo admito,


disimulando un poco su poder infinito.

Mediante evoluciones que exigen poseer


una fe inquebrantable para poderlas creer.

Por tanto le agradezco a Dios omnipotente


conferir la existencia a todo lo existente.

Le agradezco los mundos del cosmos sideral,


dispersados o no por el ¡bang! inicial.

Agradezco el pequeño sistema planetario


que funciona en un átomo corriente y ordinario.

De nardos y jazmines agradezco el aroma,


agradezco el portento de cada cromosoma.

Agradezco del hielo sus cristales perfectos


y el variado universo que forman los insectos.

Agradezco el instinto del animal salvaje


y las gamas de verde que combina un follaje.

GLADIUS 61 / Año 2004 161


Agradezco el juncal que vela una laguna
y el caudal de mercurio que derrama la luna.

Agradezco de un bosque su lejano confín


y la curva que traza el salto de un delfín.

El armonioso porte que exhiben las coníferas


y el tesoro que ocultan las arenas auríferas.

Los anillos concéntricos que a su modo y manera


declaran en los leños la edad de la madera.

Los ciclos sucesivos de las cuatro estaciones


y el fuego hospitalario que brilla en los fogones.

La orientación atávica impresa en la memoria


del ave que repite su gira migratoria.

Y es hora que lo diga, le canto especialmente


a la vida encarnada en el hombre y la gente.

Al misterio entrañable de la fecundidad,


que parte desde el tiempo hacia la eternidad.

Pues la vida, iniciada cuando la concepción,


prosigue en otra vida de gloria o perdición.

Por lo tanto la muerte no es un punto final


sino una encrucijada necesaria y fatal.

Un nexo entre dos planos, el paso inevitable


que conduce al abismo o al edén deleitable.

Y como es conveniente cultivar la esperanza


recuerdo aquí que el justo la salvación alcanza.

(Después de examinar a mi propia conciencia,


proseguiré cantando a la humana existencia).

Cantemos al esfuerzo, cantemos al amor,


cantemos al perdido sentido del humor.

162 Año 2004 / GLADIUS 61


Al modesto coraje que requiere el momento
de salir cada día a ganarse el sustento.

A las buenas maneras, cuyo suave ejercicio


transforma nuestro entorno en ámbito propicio.

Al debido respeto que merece la edad


y a la sana costumbre de decir la verdad.

Al triunfo que se obtiene pagando un alto costo


y al espíritu clásico que se enciende en el mosto.

Al gesto poco usual de aceptar la derrota


y al empeño que implica seguir siendo patriota.

A la noble fatiga que experimenta el músculo


y a la melancolía que ocasiona el crepúsculo.

Le canto a quienes fundan familias numerosas


porque demuestran ser personas generosas.

Capaces de poblar con hijos este suelo,


confiados en sus fuerzas y en la ayuda del cielo.

Lo cual no significa que deje de cantar


a quienes no pudieron llegar a procrear.

Ni a los que se abstuvieron de tener descendencia


para servir a Dios con mayor diligencia.

También a los que educan los vástagos ajenos,


templando su carácter para que salgan buenos.

Le canto al gobernante que manda con acierto,


le canto al timonel que conduce a buen puerto.

Le canto al magistrado que juzga rectamente


y a los sanos prejuicios de la gente decente.

Le canto al inmigrante que acaricia un proyecto


y al hijo de la tierra prudente y circunspecto.

GLADIUS 61 / Año 2004 163


A la ciudad inmensa, de idiosincrasia extraña,
y al ejido apacible del pueblo de campaña.

Le canto a los ganados que pueblan la llanura


y al círculo que un cóndor difumina en la altura.

Al trigal y al viñedo, al ombú y la glicina,


al taller, a la fábrica, al aula y la oficina.

Al metro y la retórica, la ciencia matemática,


la música sinfónica y la actuación dramática.

La estrategia y la táctica, el orden cronológico,


la olvidada gramática y el estudio teológico.

Le canto a los tres reinos, incluido el mineral


que le presta a los otros contorno y pedestal.

Le canto a la borrasca y le canto a la calma,


le canto al equilibrio entre el cuerpo y el alma.

Y debo terminar, por haber alcanzado


el número de versos que estaba estipulado.

De modo que concluyo, lograda esa medida,


dando gracias a Dios, de nuevo, por la vida.

164 Año 2004 / GLADIUS 61


El sabio enseña a leer y escribir
NELLY C. MUZZIO

En el remoto siglo IV, en el año 345, nació San Jerónimo, y murió


en el año 419; San Jerónimo, santo, sabio y, quizá por ello, prudente
pedagogo. Asceta hasta someterse a las privaciones mayores, a los
ayunos rigurosos y a la soledad, fue también severo hasta la intransi-
gencia con el error y polemista por la misma causa; cultivó la amistad,
amó a sus discípulos y a sus amigos sin traicionar ni los principios ni la
lealtad debida y, para sorpresa de algunos que sólo tienen de él la
imagen mortificada que dejaron en sus pinturas Valdés Leal (Las ten-
taciones de San Jerónimo), Zurbarán (El sueño Ciceroniano, San Je-
rónimo azotado por los Angeles) y Ribera (San Jerónimo penitente),
este santo sabio, doctor Máximo de la Iglesia, tuvo una delicada ternu-
ra para aquellos a quienes dio su enseñanza.
Es sabido que dedicó parte de su vida a traducir la Biblia, a pedido
del Papa Dámaso, (364-384); esa versión, conocida como Biblia Vul-
gata, es suficiente para cimentar su fama de traductor, historiador y
teólogo pero su afán y su esfuerzo en el estudio, su perseverancia día a
día, produjo una obra numerosa: comentarios, exégesis, apologías, un
amplio epistolario; sus traducciones del Griego, del Hebreo o Arameo
–que S. Jerónimo prefería nombrar Caldeo–; la elaboración de las lis-
tas comparativas entre Terencio Varrón y Orígenes... Excede a esta
síntesis mencionar su obra total, fruto también de su versación en lite-
ratura latina (Virgilio, Cicerón, Salustio, Terencio, Plutarco, Horacio,
Lucrecio, Ovidio, Persio...) no menor que su conocimiento del griego
de Homero y de los filósofos Aristóteles, y Platón. E igualmente frecuen-
tó las páginas del humanista romano Quintiliano (s. I, dC), quien en
las Institutio Oratoria dejó las primeras consideraciones sobre organi-
zación de la enseñanza.

GLADIUS 61 / Año 2004 165


Si pensamos en las distancias, en las dificultades de las travesías y
en los medios utilizados, sus viajes nos admiran: las Galias, quizá com-
prendiendo la margen Oriental del Rhin, de Tolosa a Maguncia; de
Estrasburgo a la Costa Atlántica, hasta los Pirineos y España: la Aquilea
y Antioquía. También visitó los Balcanes y el Asia Menor, Atenas y de
aquí a Francia y al Ponto (las principales ciudades de Bitinia, Galacia,
Capadocia), bajó a Cilicia y se detuvo en Antioquía de Siria; llegó fi-
nalmente a Jerusalén y, en el segundo viaje a Oriente, se estableció en
Belén.
En Tréveris había conocido la vida monástica, ideal de vida religiosa
que lo impulsó a las fundaciones de Belén, a la organización y cuidado
de los monasterios. Ello no le impidió sostener polémicas, traducir las
Homilías del teólogo alejandrino Orígenes; consultar por carta a San
Agustín y ser por él consultado, luchar contra la herejía pelagiana...Y
tantos otros trabajos, que exceden en mucho este espacio.
Sus Cartas, más de ciento cincuenta, la primera fechada en el año
374, interesan no sólo a la Historia y a la Teología, también a la
Pedagogía. Especialmente la Carta CVII, “A Leta, noble dama romana,
sobre la educación de su hija Paula”, y la Carta CXXVIII, “Al caballero
Gaudencio, para la educación de su hijita”.
La Carta CVII (escrita en Belén en el 403) “A la noble dama roma-
na Leta”, trata de la educación de Paula, de cinco años; hija de Toxo-
cio –hijo de santa Paula–, y de Leta –hija de Albino, Pontífice Máximo
de Júpiter–. Paula fue muy esperada por su madre que rogó por ella y
la prometió para la vida religiosa. El Santo tiene en cuenta esa forma
de vida para dar sus orientaciones para la vida espiritual de Paula y
remarca el beneficio que recibirá Albino de la piedad de la hija y de la
nieta. Y recuerda: “Hácense los cristianos, no nacen”. San Jerónimo
desea la salvación de Albino que en esos días asistía a la indiferencia
del pueblo frente a los ídolos semideshechos y, en cambio, corría a las
tumbas de los mártires.
Paula, nacida de una promesa, debe recibir una educación “que
responde a su origen” y así su alma debe formarse ignorando las pala-
bras torpes y gozarse en el canto de los salmos. Para aprender a leer
“hágansele letras de boj o de marfil y díganle sus nombres [...] juegue
con ellas y jugando aprenderá. Y no conozca sólo el orden alfabético
de las letras de memoria, sino alterando el orden, mezclando las últi-
mas con las del medio y las del medio con las primeras, a fin de que
las conozca no sólo por el sonido sino también por la forma [...];

166 Año 2004 / GLADIUS 61


cuando use el punzón sobre la cera, que otra mano guíe sus pequeños
dedos, o los elementos han de estar grabados en la tablilla, de modo
que el punzón necesariamente siga las huellas de los surcos y no pue-
da salir fuera y desviarse”.
Es necesario que tenga premios para juntar las sílabas, que tenga
compañeras de estudio para emularlas, el elogio de cuyos adelantos
pique su ambición. Aunque sea lenta, quien le enseña no debe rezon-
garle, por el contrario excitar su ingenio para que se regocije de haber
triunfado. “Tened cuidado de no amargarle el estudio, para que el amar-
gor sentido por él en la infancia no le quede en los años maduros”.
Que las palabras propuestas para formar frases, no sean propuestas
al azar, sino seleccionadas con esmero; sean los nombres de los profetas
y de los apóstoles y toda las serie de los patriarcas después de Adán,
como San Mateo y San Lucas los refieren, para que mientras estudia
la gramática prepare su memoria para otros estudios.
El maestro ha de ser de probada edad, vida y erudición y “creo que
ningún varón docto ha de ruborizarse por hacer con su pequeña pa-
rienta o una doncella noble, lo que Aristóteles hizo con el hijo de Filipo
rey de Macedonia, a saber: enseñarle los primeros elementos de las le-
tras como cualquier humilde preceptor”.
La niña no debe acostumbrarse a proferir los vocablos a medias...
en la elocuencia de los Gracos influyó el hablar de la madre durante
su infancia y el arte oratorio de Hortensio se formó en el regazo de su
padre. “Difícil es borrar las impresiones que recoge el alma ruda”.
“¿Quién podrá devolver a la lana teñida su blancura primitiva?”
“Un vaso nuevo guarda por largo tiempo el sabor y el olor del pri-
mer licor que recibió”. San Jerónimo recuerda a los padres su responsa-
bilidad en la formación de la conducta moral de sus hijos, aun cuando
hayan alcanzado la edad adulta; con mayor razón son responsables
cuando los hijos no distinguen “la diestra de la siniestra”.
Son muchos los cuidados que deben tener los padres para la for-
mación de la prometida a la vida religiosa, pero es para beneficio de
todas saber las Escrituras, los metros de la poesía griega y la erudición
latina. Válido para Leta y para todos los padres es el criterio de S. Je-
rónimo: El ejemplo de los padres debe ser siempre virtuoso y el tiem-
po de la niña debe estar siempre ocupado: lectura, oración, labores...
Quizá Leta pueda considerar que la educación de Paula es una ta-
rea difícil “para una mujer que vive en el mundo y ha de tratar con in-

GLADIUS 61 / Año 2004 167


finidad de gente” A esa dificultad se anticipa S. Jerónimo: “No carguéis
con un peso que no podéis sobrellevar”
Y luego ofrece: “Si nos enviareis a vuestra hija Paula, yo mismo me
comprometo a enseñarla y a criarla. La cargaré sobre mis hombros y
viejo como soy, formaré sus palabras balbucientes, y me sentiré con
este trabajo más glorioso y satisfecho que el filósofo del mundo, pues
no he de adoctrinar al rey macedonio que había de perecer en el ve-
neno babilónico, sino a una sierva y esposa de Cristo para los Reinos
Celestiales”.
De la Carta “Al caballero Gaudencio” para la educación de su hiji-
ta, los comentaristas repiten que “habría sorprendido a Pestalozzi”.
Fue escrita en Belén hacia el año 414, época de crisis en el mundo,
después del saqueo de Roma por los godos de Alarico (410). Pacátula,
hija de Gaudencio que es aún pequeña, podrá leer esa carta cuando
sea grande porque no podría comprender los asuntos que trata en este
momento de su vida. “Tarea dificultosa es escribir a una niña, que no
entiende lo que decís, cuya mentalidad no conocéis y de cuya voluntad
es peligroso prometer cosa alguna”. Mientras llega ese día, que Pacátula
“conozca las letras del abecedario, junte las sílabas, aprenda los nombres
y hermane los verbos. Y para que con su voz argentina medite estas
materias, prométanle dulces premios para la tarea cumplida; roscones
y cualquier golosina, un ramillete de flores, alguna perla luciente o una
suave muñeca”.
A ratos Pacátula debe empezar a hilar, a sacar las hebras con su
“tierno dedo pulgar” y rompa con eso muy a menudo el estambre,
“para que algún día no lo rompa más”. Cumplidas las labores pase a
los juegos, cuélguese del cuello de su madre y robe besitos a sus pa-
rientes. “Debe recibir regalos que la estimulen en el estudio de los
salmos a fin de que ame lo que ha de estudiar, para que el estudio no
le sea trabajo sino diversión, y no lo haga por necesidad, sino por gus-
to y voluntad”.
San Jerónimo discierne también si conviene permitir que la niña se
“componga y vista como quisiera” y concluye: “Más vale que, cansada,
deje esas cosas que, no teniéndolas, desee tenerlas y gozarlas”. El
fundamento de tal criterio es el ejemplo bíblico, cuando Dios satisfizo
al pueblo de Israel, que codiciaba las carnes de Egipto, dándoles tan-
tas codornices que se “hartaron hasta la náusea y el vómito”... Y luego
de tratar en una extensa consideración acerca de la conducta del hom-
bre y de la mujer, en la virginidad y en el matrimonio, vuelve a Pacá-

168 Año 2004 / GLADIUS 61


tula para recomendar que en su infancia trate con otras niñas y no
tenga juegos con varones, obedezca a la madre y la baste una seña de
ella, no use palabras deshonestas y si, en las reuniones familiares oye-
ra algo malo, que esté tan ajena que no lo entienda. A los siete años,
“cuando ya comenzare a ruborizarse”; “a saber cuándo ha de callar y
a dudar qué ha de decir, aprenda de memoria el Salterio y hasta la
adolescencia haga el tesoro de su corazón de los libros de Salomón,
de los Evangelios, y de los escritos de los Apóstoles y de los Profetas”.
Que no se acostumbre a las coqueterías de las muchachas.
Pacátula vivirá los tiempos de crisis de la destrucción de Roma
consumida por el incendio, los romanos desterrados viven en los más
remotos lugares, las iglesias han sido arrasadas y, en contraste, se cons-
truyen palacios y casas como si fueran para siempre... “resplandecen
las paredes con oro, con oro las bóvedas, con oro los capiteles de las
columnas. ¡Y delante de nuestras puertas está Cristo desnudo y pere-
ciendo de hambre en los pobres!” En tales tiempos ha nacido Pacátula...
Tanto en la “Carta a Gaudencio” como en la “Carta a Leta” se re-
conocen principios permanentes en la pedagogía: la relación entre el
aprender y el jugar; el beneficio de la relación con otros en el grupo de
estudio; el desarrollo de la memoria, la perseverancia en el esfuerzo; la
aplicación de lo aprendido a situaciones nuevas; la selección de los
contenidos según los valores implícitos; la constante relación entre lo
que se aprende y lo que se practica ; que la enseñanza sirva a la for-
mación moral para que la persona en edad adulta y responsable dis-
tinga el bien del mal y se proponga obrar sólo el bien.
Y respecto a la formación de quien enseña: el maestro ha de tener
erudición, paciencia, tacto, tolerancia con los más lentos, rectitud mo-
ral, debe saber ayudar a quien aprende para que desarrolle su perso-
nalidad y ser capaz de establecer una estrecha relación entre el Fin y
los contenidos.
San Jerónimo escribe para su tiempo y para la formación de quie-
nes están prometidos a la vida monástica; esto explica las lecturas en
que insiste pero muchas de ellas, en su proporción y medida, mantienen
su validez para la formación del seglar católico de todos los tiempos.
La sabiduría humana del Santo, adquirida en parte en el trato con
el mundo y en parte en el trato con Dios, lo orienta en el juicio de lo
aconsejable y lo conveniente para la formación del niño. Para desmentir
a quienes, malamente informados, afirman que la Edad Media tuvo
un criterio despectivo para la mujer, advertimos que las dos cartas ci-

GLADIUS 61 / Año 2004 169


tadas se refieren a la educación de niñas y que San Jerónimo fue el
fundador de escuelas monásticas –anexas al Monasterio–, en las que
se difundieron las Letras, la Gramática y la Lógica, la versificación, el
canto litúrgico, el estudio del Antiguo y Nuevo Testamento.
Su método para enseñar a leer y escribir va del sonido y la forma a
la palabra y del término al concepto: de la palabra a la frase, esto es el
juicio; de lo concreto a lo abstracto, de lo simple a lo complejo.
El concepto de “lectura” significa, en primera acepción, reconocer
y aplicar una secuencia de caracteres colocados en un orden particular,
en español de izquierda a derecha, siguiendo el camino desde el ojo
hasta el cerebro. Las palabras están compuestas por sonidos, por ello
la importancia del conocimiento fonético, del nombre de las letras que
los representan, de la palabra oral compuesta por sonidos, de la pala-
bra escrita en las que las letras representan los sonidos. Del significado
en la relación de las palabras y de las frases. De tales distinciones se
beneficia la enseñanza de la escritura y su práctica en la vida diaria. La
investigación ha demostrado que la temprana enseñanza fonética, cuan-
do se practica en forma sistemática, es causa del éxito en la lectura.
En la antigüedad ya se habían dado las recomendaciones prácticas
para escribir y aun para hacerlo de tal manera que se previera la posi-
bilidad de dejar espacios libres para componer un texto cuya redacción
se quiere mejorar. San Jerónimo recibió el legado y lo aplicó. En más
profunda consideración, leer y escribir es apropiarse de la sabiduría
acumulada por la civilización.
San Jerónimo apreció como una experiencia humana fundamental
la comunicación entre las personas por el lenguaje. De ello da prueba
su Epistolario. En las recomendaciones acerca de la propiedad y ele-
gancia de la expresión demuestra el amor a la palabra, lo que sin duda
demostró también en su labor como traductor.
En los años setenta del s. XX se afianzó en la Argentina la crítica a
la enseñanza de la lecto-escritura por el método inductivo; privaba en
esa crítica la influencia de la psicología piagetiana, que para muchos
fue excluyente de otras consideraciones. Pero, también el insuficiente
conocimiento de la Historia de la Educación y de la Filosofía de la
Educación; y no pocas veces la débil formación en Lógica Metodológica
o Formal...
Al considerar la riqueza y originalidad de pensamiento de los inte-
lectuales de la Edad Media, se advierte claramente una deficiencia no-

170 Año 2004 / GLADIUS 61


table en la formación cultural de los últimos cincuenta años en la Ar-
gentina. El conocimiento de la Edad Media es necesario para la integra-
ción de los conceptos críticos. Nos parece aún más necesario porque
la historia cultural de nuestro país comienza con el albor del Renaci-
miento.
Por tales carencias, la Pedagogía actual, Ciencias de la Educación,
tiende a transformarse en una suma de técnicas, recursos, saberes, que
provienen de la Psicología y de la Sociología y de Ciencias Auxiliares.
El Dr. Máximo, Eusebius Jeronimus, nacido en Estridón, pequeña
ciudad de Dalmacia, cumplirá un año más el próximo 30 de setiembre,
día en que se lo celebra. Sus convicciones respecto a la educación y la
enseñanza coinciden con Séneca que, en la Epístola a Lucilio dijo “no
se debe enseñar para la escuela sino para la vida” y no deja de lado la
recomendación de San Agustín: “el maestro debe enseñar con fervor y
placer, enseñar con alegría y demostrar respeto por la materia” (que
trasmite). Porque aprender y enseñar es una práctica de la humildad
ante la sabiduría.

Breve nota bibliográfica

Migne, Patrología Latina.


Huber, Sigfrido, Cartas selectas de San Jerónimo, Ed. Guadalupe, Bs. As. 1945.
Penna, Angelo, San Jerónimo, ed. Luis Miracle, Barcelona 1954.
F.A. Wright, Select Letters of Saint Jerome, London 1933.

GLADIUS 61 / Año 2004 171


Jordán Bruno Genta, Filósofo
ALBERTO CATURELLI

El trigésimo aniversario del martirio de Jordán Bruno Genta me ha


impulsado a releer y meditar sus dos obras más filosóficas publicadas
en el año 1949; pude percibir, cuando componía mi Historia de la filo-
sofía en la Argentina, 1600-2000 (Buenos Aires, 2001), que ambos li-
bros (lecciones que casi se pueden oír) revelan el fundamento de toda
su obra y de su vida 1.
Ahora, dejando de lado todo aparato erudito y académico, intento
pensar con él, dejarme asumir y absorber por sus textos de modo que
logre meditar con su ritmo interior haciéndolos míos. No es fácil, pero
hay egregios ejemplos en la historia que, precisamente por ser proto-
típicos, pueden ser imitados.
En un primer examen, como el que seguramente realicé en mi ju-
ventud cuando ambos libros fueron publicados, se presentan como
simples lecciones dictadas en el “íntimo y recoleto recinto” de su ho-
gar; esa impresión, aunque importante y positiva, no basta. Tengo
motivos interiores suficientes para re-pensar sus meditaciones a partir
de los diálogos socráticos y de los diálogos maduros de Platón que
permiten formarnos una idea precisa de Genta filósofo; como Sócrates
que sentía el deber irrenunciable de mantener despiertos a los atenien-
ses, exponía un pensar comprometido; como dice en el prefacio de La
idea y las ideologías, sentía su “deber de argentino” de “contribuir a
esclarecer la inteligencia de mis compatriotas”. Desde esta perspectiva
se pueden descubrir un magisterio comprometido y una búsqueda
progresiva de la contemplación de la verdad, en cuyo servicio existimos.

1 El filósofo y los sofistas, 285 pp., Talleres gráficos Lumen, Buenos Aires, marzo, 1949;
La idea y las ideologías, 224 pp., Ediciones del Restaurador, Buenos Aires, octubre, 1949.

GLADIUS 61 / Año 2004 173


I. El magisterio comprometido

1. Un magisterio socrático

No es posible develar y saborear la sabiduría del magisterio que se


manifiesta en los diálogos socráticos y en los testimonios de Jenofonte,
sin “limpiar” de ciertas adherencias nuestra situación actual. Quizá no
sea posible comprender y vivir aquel filosofar concreto sin un previo
examen de nuestra mentalidad, en el fondo opuesta al magisterio so-
crático. Por eso Genta comenzaba contraponiendo lo que era normal
en la Academia platónica (siglo IV a.C.), la realidad inmóvil de lo que
es y la mutación de fenómenos constitutivos del inmanentismo moderno.
Un joven de hoy, en lugar de comenzar por observar el desarrollo
de las cosas según su naturaleza, como recomienda Aristóteles (Pol. I,
2, 1252 b), se ve forzado a hacerlo por “el igualitarismo de los fenóme-
nos”, aceptando de hecho el punto de vista de la ciencia exacta o la
experimental de los “fenómenos” (El filósofo, p. 16); tal es una “ciencia
de leyes y no de causas” que describe sin explicar; somos pues, vícti-
mas (desde Descartes y del “hábito del cálculo y la experimentación”,
y en la pedagogía se proyecta en un método que nada enseña que no
se pueda “medir ni ilustrar con gráficos” (op. cit., p. 19).
Pretender que la realidad se constituye de lo que no es (los fenóme-
nos mutables) es decidirse por Protágoras; para Genta es “necedad y
locura” (La Idea, p. 160); hemos de volvernos a la “pura esencia”, a la
sustancia de lo real que es, al mismo tiempo, “el mayor de todos los
bienes” y que pone las bases del buen orden político (El filósofo, p.
21); es lo que enseña Sócrates quien, al asumir esta actitud esencial,
aprendió a vivir sabiamente y a preparar una muerte justa. Más allá de
las citas críticas de Descartes, Marx, Nietzsche y Hegel, nuestro pensador
señala la crisis de la física teórica que no intenta una explicación del
universo sino “la descripción de la estructura matemática de los fenóme-
nos en su exterioridad” (op. cit., p. 28). Lo verdaderamente real es la
sustancia (Aristóteles, Met., VII, 3, 1029a); pero nuestra inteligencia, al
quitarle su objeto, ha quedado mutilada dejando que la eficacia práctica
se convierta en “el criterio absoluto de verdad”, criterio que destruye
el mundo moral; Sócrates nos enseña el camino al concebir la filosofía
como el saber que “prepara para bien morir” y la orienta a la verdad,
objeto del alma inmortal (op. cit., p. 42-43).

174 Año 2004 / GLADIUS 61


2. Conocimiento de sí y libertad

En la 5ª clase de su curso, comienza Genta la meditación de los diá-


logos socráticos, especialmente la lectura morosa del Alcibíades, que
sin duda, atribuía a Platón; hoy, la crítica lo declara inauténtico y no lo
edita en las Obras de Platón 2.
Lo importante, sin embargo, es que Genta piensa que “el diálogo
es la expresión viva y propia del pensamiento filosófico” (op. cit., p.
47) y que la ironía socrática es “el supremo recurso purgativo de la in-
teligencia” de modo que el alma asume la conciencia de su ignorancia.
En cierto modo, “pensar es como haber pensado ya” y así comienza el
diálogo con Alcibíades. Genta transcribe el precepto esencial de Delfos
que Sócrates aconseja a Alcibíades: “conócete a ti mismo” que equivale
a conocer la esencia del alma (op. cit., p. 53). Mientras el diálogo quie-
re descubrir la esencia del hombre y sostiene que “el alma es el hom-
bre mismo” (Alcib., 130c, esencialmente “la parte donde reside la inte-
ligencia, la facultad propia del alma” (Alcib., 133b, Genta habla no só-
lo del alma sino del “hombre interior” (op. cit, p. 54). Aparece aquí el
influjo correctivo de Santo Tomás (STh., I, 76, 1) que el mismo Genta
cita; pero insiste con Platón en la necesidad de conocer el alma y con-
templar en ella lo divino (op. cit., p. 60-61) como hace San Agustín cuan-
do se duele de haber tenido a Dios tan íntimo sin haberse percatado:
¡Tarde te amé! (Conf. X, 27-38).
El alma tiene, pues, una idea de sí misma, ella gobierna el todo y su
primer deber es adquirir la virtud; esta unidad interior es “el ideal de
vida que define la esencia de la república” personificada en el héroe;
ella debe ser el “espejo de la República”. Y así como el alma “revela su
espiritualidad cubriendo su cuerpo” (intimidad y recato), este cuidado
virtuoso equivale al cuidado de la Patria misma (op. cit., p. 64, 66,
73). En esta meditación de los diálogos socráticos, ya se revela la pro-
funda vocación patriótica de Genta.

2 No debe pensarse que nuestro autor procedía con ligereza; simplemente debe haber
leído por la edición de Croiset que sigue la antigua tradición que atribuye el Alcibíades a Platón;
Croiset rechaza la crítica de los alemanes: véase Platón, Oeuvres Complètes, t. I (allí se editan
seis diálogos juveniles y entre ellos, el Alcibíades) texte établi et traduit par Maurice Croiset, Les
Belles Lettres, Paris, 1925; Notice de Croiset, p. 49-59). En otras ediciones francesas se sigue
incluyendo el Alcibíades, como por ejemplo, en la de Robin: Platon, Oeuvres Complètes, traduc-
tion nouvelle et notes par Léon Robin, 2 vols., 1380 y 1597 pp., Bibliothèque de la Pleïade,
Gallimard, Paris, 1950. Hoy, en la muy buena edición castellana de la Biblioteca Clásica Gredos,
el Alcibíades no se incluye (5 vols., a partir del año 1981; cfr. el tomo I de los diálogos juveniles).
Seguramente, Genta no tuvo en cuenta estos problemas de cronología y autenticidad de los diá-
logos platónicos, que de ningún modo afectan su reflexión.

GLADIUS 61 / Año 2004 175


3. Saber, virtud y compromiso. La Patria en el horizonte

Este primer avance de la reflexión conlleva una crítica al democratis-


mo positivista e igualitario que Genta advierte en Spencer, Comte, Durk-
heim, Darwin y nuestros Alberdi e Ingenieros. (op. cit, p. 65, 85, 86;
68, 266; 77; 85; 206, 207).
Nada debe apartarnos, sin embargo, de los textos (8ª a 11ª clase);
me refiero al Protágoras, al Eutrifon y a La República, especialmente
al primero 3. Genta, salvo una breve alusión a la injusta acusación de
Meleto contra Sócrates, no se ocupa de ese diálogo, sino del Protágoras
que, en realidad, le sirve para exponer su propio pensamiento; para
Genta, perseguir el magisterio socrático es negar la Patria, porque la
ocupación de Sócrates es su guarda y cuidado y esto sólo es posible
en la medida de la perfección del alma del ciudadano (op. cit., p. 73).
Más allá del choque de inteligencias brillantes (Protágoras y Socrates)
que no llega a una solución definitiva acerca de la virtud, Genta, influi-
do por San Agustín, saca conclusiones radicales: el ciudadano “es el
hombre esencial” y nos forjamos el tipo ideal, el “arquetipo civil”, el
distinguido por la virtud moral; aunque esto, según Genta, se vislumbra
en La República (libro IX), en el fondo el arquetipo (el mejor hombre)
confiere a la ciudad una naturaleza aristocrática y jerárquica (op. cit.,
p.78). Protágoras no lo comprende en sus largos discursos; Genta con-
fronta sus conclusiones con el odio a los arquetipos y el horror a la
personalidad, típico de la civilización moderna (de Rousseau a Hegel);
también parece romper con Protágoras más que Sócrates y advierte
contra la “confusión deliberada de la virtud con la habilidad” (op. cit.,
p. 95): hoy, en la ciudad democrática, han sido desterradas la virtud y
la sabiduría, sustituidas por la “idolatría “científica” y el uso de las co-
sas (op. cit., p. 102). Pobre sociedad la nuestra en la cual, como Pro-
tágoras, aparecen los pedagogos indoctos en todo y que pretenden
enseñarlo todo: “no hay cosa más absurda que un doctor en pedagogía”
(op. cit., p. 108).
Las lecciones ahondan luego en la naturaleza intelectual de la virtud,
el poder formativo del saber, el aparente fracaso de Sócrates ante la
pseudo moral del éxito y la búsqueda del verdadero camino en un realis-

3 Pueden seguirse el Eutrifon en la ed. citada de Croiset (nota anterior); el Protágoras, en


el t. III de la misma ed., texte établi et et traduit par Alfred Croiset, 2ª éd., Les Belles Lettres. Pa-
ris, 1935; La République, ts. VI, VII et VIII, texte établi et traduit par Émile Chambry, Int. d’Au-
guste Diès, ib., 1932, 1933, 1934.

176 Año 2004 / GLADIUS 61


mo metafísico que funda el realismo político. Otros diálogos se hacen
presentes, especialmente el Menon primero (la docencia) y el Gorgias
después, regulados críticamente por San Agustín y Santo Tomás 4.
Genta no puede consigo mismo y la reflexión suscitada por la lectu-
ra del Menon le impulsa a avanzar en su contribución más personal.
La descripción del diálogo con el esclavo de Menón que le permite a
Sócrates afirmar que “saber es recordar” (op. cit., p.120, 138, 139)
suscita en Genta la doctrina de la interioridad de la verdad, amada por
el alma según San Agustín (Conf., X, 23, 33). El célebre texto platónico
concluye: “la investigación y el saber no son más que reminiscencia”
(Menon, 81 cd) y la extensa lectura de Genta es muy fiel; pero, al mis-
mo tiempo, muy superadora porque sostiene que saber es como des-
pertar de un largo sueño, como si el hombre fuese “descorriendo en su
alma, el velo de un mundo olvidado, de una antigua sabiduría”; pero
es una sabiduría velada en las cosas; por eso, el mejor maestro, es
aquel que mejor sabe lo que es la cosa (op. cit., p. 133). Aunque el sa-
ber matemático y científico sea necesario en su grado, no puede redu-
cirse la educación a su único criterio como hace el pedagogismo ac-
tual; en el fondo “aprender es volver a encontrar la misma verdad po-
niendo en acto los principios primeros”; por eso es menester, hoy,
abandonar la “mitomanía científica” que nos invade.
El meditador del Menon sabe que aprender a pensar es la tarea pri-
mordial; pero sólo es posible si el alma, en la cual se revela la verdad,
es inmortal en virtud de la misma verdad; no pueden separarse entonces
el saber y la inmortalidad personal que Genta medita en el Fedon 5. El
hombre sabio (educado) tiene el señorío de sí mismo y ha comprendido
que la virtud no se “transmite” sino que se “enseña”; es un hábito que
se forja y distingue a la persona; el verdadero filósofo es, por eso, aris-
tocrático; el sofista que confunde “todo con todo” es democrático (op.
cit, p. 158). El Sócrates del Fedon es fiel al hombre que debe ser y es fiel
hasta la muerte; sublime fidelidad solamente superada por el caballero
cristiano (loc. cit., p. 174).
Desde la lección 17ª a la 29ª, lo esencial no cambia; pero se acen-
túa el propósito de iluminar el orden práctico de la virtud de la pruden-
cia en vista del bien común. Es decir, sabiduría, virtud y política van

4 El Gorgias y el Menon, en la ya citada Oeuvres Complètes, vol. III, 2ª éd., texte établi et
traduit par A. Croiset, Les Belles Letres, Paris, varias ediciones.
5 Véase el t. IV, 1ª p. Phédon, texte établi et traduit par Léon Robin, 2ª éd., Les Belles
Lettres, Paris, 1934; es de gran valor la ‘Notice’ de L. Robin, p. VII-LXXXVI.

GLADIUS 61 / Año 2004 177


como fundiéndose; es el filósofo quien tiene la virtud de la palabra que
ilumina la Ciudad, no la “habilidad” retórica del sofista-demagogo; mien-
tras Cálicles detesta las normas absolutas, Sócrates se afana por la
absolutidad de la verdad que genera el dominio de sí mismo y el ver-
dadero orden político en el gobernante sabio. Mientras Sócrates es el
prototipo del héroe, el sujeto del “buen sentido” no quiere servir (op.
cit., p. 206-207). Esta es la razón profunda por la cual una sociedad
enferma de sofística liberal expulsó a José de San Martín (op. cit., p.
210-211); no comprende que “el hombre libre es el varón justo” y que
la República debe ser la “reproducción externa” de su ejemplo, como
lo es Sócrates ante los reclamos de Critón (op. cit., p. 213).
El joven pensador de sólo cuarenta años parece tener una premo-
nición de su destino: “consagrar la vida a la conservación de la propia
vida, a la seguridad, bienestar y prolongación material de la existencia,
repugna a quien tiene el sentido y la preocupación de lo eterno” (op.
cit., p. 219); como el Sócrates platónico, el hombre verdadero no debe
“demostrar demasiado apego a la vida”; lo importante es “el empleo
que hacemos de ella”. Sócrates sabía (Fedon 107e) que “el primer de-
ber del ciudadano es estar preparado para morir: estar dispuesto a morir
por la Patria” (op. cit., 221); compromiso total que es “acto eminente-
mente aristocrático” (op. cit., p. 228) que hace de la Política una cien-
cia metafísica y teológica. La modernidad ha sustituido a Platón por
Descartes y el Iluminismo; al hombre interior por el ciudadano burgués:
este desorden esencial se percibe en el desorden político y en la “psi-
cología sin alma” que es la psicología de las masas (op. cit., p.233); el
resentimiento igualitarista se expresa en la consigna “Libertad- Igualdad-
Fraternidad” que jamás logró ocultar el odio a lo superior y el horror a
la jerarquía (op. cit., p. 238). No hay otro camino que centrar la vida
política en la noción de bien común y en las formas más nobles de la
inteligencia: La teoría y la plegaria ([Link]., p. 243.
Genta, enfrentado absolutamente a la modernidad, dice lo insólito
para ese mundo: “la raíz de las cuestiones políticas está en el alma”;
más aún: “es en la tensión de las partes constitutivas del alma individual
donde se juega realmente el destino de la República”; el caos interior
engendra el caos social; la incapacidad de ser “señores de sí mismos”
es la “subversión del alma” (op. cit., p. 247). Como el Sócrates del Fe-
dón platónico, Genta reitera que “la ocupación más razonable, más
sensata y hasta más práctica de la vida, es prepararse para saber mo-
rir” (op. cit., p. 252-253). En el caso de Genta fue infinitamente más,
porque fue prepararse para morir en Cristo.

178 Año 2004 / GLADIUS 61


II. Verdad, compromiso, contemplación

1. Verdad e inmortalidad

Lo dicho no basta. Inmediatamente después del curso analizado, es


necesario otro que a través de la meditación del Fedón, del Parménides,
del Teeteto y del Sofista, indaga por el sentido de la inmortalidad per-
sonal, de la unidad y la pluralidad, del conocimiento y del ser mismo
como objeto de la contemplación 6.
En este segundo libro los diálogos platónicos son como el humus
de un pensar propio; el autor medita el tema y lo transpone a otro pla-
no, de la mano de San Agustín y Santo Tomás. A la vez que lo expone
con una suerte de cálido amor intelectual y de admiración agradecida,
también le critica no como quien se separa sino como quien puede ir
más lejos.
¿Quién no se ha deleitado leyendo las inmortales páginas del Fedón
hasta “sentir” la muerte de Sócrates? Todo el diálogo es, al mismo
tiempo, una doctrina sobre la inmortalidad del alma. En las seis primeras
lecciones, Genta expone el argumento de la compensación de los con-
trarios (Fedón, 71 a-c) el que sería erróneo, salvo que no se trate de
las cosas contrarias sino de las ideas de los seres contrarios; las ideas
no se excluyen, sí las cosas. La inmortalidad de las ideas de las cosas
materiales revela la inmaterialidad del alma (La Idea y las ideologías,
p. 18-19); la muerte sucede a la vida, pero no sale de la vida; el cono-
cimiento por abstracción que Genta asimila de Santo Tomás (STh. I,
76, 2) prueba la inmaterialidad; claro que la inteligencia está ligada a
la sensibilidad perceptiva (no aprehendemos directamente las ideas)
pero la inteligencia de los primeros principios revela una “participación
de la razón humana en el poder intuitivo y en la simplicidad de la
Inteligencia Absoluta” (op. cit., p. 23). En este sentido, se trata de una
forma superior y eminente de recuerdo (p. 26) y de estar en dependen-
cia del Acto creador: lo importante es que toda la realidad material se
ha transfigurado en signo y símbolo, en analogía del Verbo. Así, pues,
el alma tiene su ser “en la verdad”, en el verdadero orden inteligible
de San Agustín (Contra Acad., III, 17, 37). Ni siquiera la negación

6 Podemos tener a mano las ediciones que he citado de la Association Budé: Parmenide,
texte établi et traduit par Auguste Diès, t. VIII, 2ª p., Les Belles Lettres, Paris, 1923: Théétète, t.
VIII, 2ª p., ibidem, 1924; Le Sophiste, ibidem, t. VIII, 3ª p., ibidem, 1925..

GLADIUS 61 / Año 2004 179


anula la inmortalidad pues “la negación es acto del espíritu” (op. cit.,
p. 43). Como dice Platón en el Fedón (104 d-e, 105 a-e y 106 a-e) el
alma quiere la inmortalidad y hasta en el suicidio así lo muestra (San
Agustín, De lib. arb. III, 23) (loc. cit., p. 45). Para Genta, la inmortalidad
ejerce un influjo inmediato en la Política porque primero es menester
solucionar ese problema para resolver los asuntos temporales.

2. Pluralidad y unidad

Supuesta la filosofía como la incoercible tensión hacia el Absoluto


que Genta llama, platónicamente, el “eros intelectual” (op. cit., p. 49
ss) se inspira en el célebre discurso de Diotima en el Banquete 7. Por
eso el deseo de saber es “una forma del amor” y también un saber “ob-
jetivante”, intermedio entre la sabiduría (plena) y la ignorancia (Ban-
quete, 202 a); en este sentido, la vida teórica es lo más noble de la na-
turaleza humana, como lo han comprendido Nietzsche y Ortega (op.
cit., p. 55, 57) a la inversa de Marx que todo lo invierte (p. 58). Sea
como fuere, la inteligencia se ordena a lo inmóvil y lo expresa en la
palabra en cuya naturaleza penetró Platón en el Cratilo (op. cit, p. 62-
64); la “semejanza intencional” de la cosa no sólo representa lo que la
cosa es, sino que la palabra es signo del ser. Genta intenta reconocer
este sentido aun en Hegel, pero desarrolla lo dicho en su primer libro
sobre la primacía de la teoría.
Queda pendiente ahora la reflexión sobre el objeto de la inteligencia
que es uno y el mismo, y, al mismo tiempo múltiple. Transcribe Genta
la parte principal del poema de Parménides y, con Platón, se plantea
el antiguo problema de la relación entre pluralidad de seres y unidad
del ser. No es necesario reexponer las intrincadas paradojas e hipótesis
del célebre diálogo: me basta con recordar que “todo lo que existe,
dice Genta, es Uno en la medida en que es en sí y por sí, su realidad
es su unidad; y es múltiple en cuanto es en otro y por otro, en su ex-
terioridad material y sensible, donde el Uno es muchos” (op. cit., p.
104); es diferente el Uno considerado como esencia y el Uno conside-
rado como existencia, porque, Uno y Ser se toman en sentido opuesto:
“en un caso con relación a la esencia (el ser en sí); y en otro, con re-

7 Cf. Le Banquet, en Oeuvres Complètes, t. IV, 2ª p., Texte établi et traduit par Léon Ro-
bin, Les Belles Lettres, Paris, 1927; en las clases de Genta se hace una referencia a la obra de
Robin sobre Platón sin mayores detalles; debe tratarse de su libro Platon, Alcan, Paris, 1935.

180 Año 2004 / GLADIUS 61


lación a la existencia” (op. cit., p. 105). Podríamos decir que en el Par-
ménides se impone la dialectización de las formas platónicas porque el
Uno (yo diría el Esse) no excluye lo múltiple (entia); en el lenguaje de
Genta, podríamos decir que vemos lo Uno “engendrar a lo múltiple
sin dividirse él mismo” (op. cit., p.144). El lector podría pensar –y pen-
saría bien- que había llegado el momento de introducir las nociones
de participación y analogía.

3. El conocer

Como el lector de Platón sabe, el Parménides pide por sí mismo la


reflexión sobre el conocimiento (el Teetetos) y sobre el mismo ser, (el
Sofista) 8. En efecto, en la vigésimocuarta clase, me imagino al profesor
con el Teetetos sobre la mesa, después de haber sentido la perplejidad
que tendría Platón al proponerse definir la episteme: no es mera per-
cepción, no es sólo opinión verdadera; quizá sea opinión verdadera
con adecuada explicación (201c-210b). El profesor tiene una decisión
que falta en el Teetetos: mientras Sócrates se retira sin ofrecer una
doctrina definitiva, Genta piensa que el propósito de Platón es lograr
“el concepto del concepto, la definición del pensamiento que define lo
que cada cosa es” (op. cit., p. 148); hoy nuestra mentalidad, dominada
por la idea del “progreso” queda anclada en el ámbito de lo sensible y
de lo útil como Protágoras que pretende que lo que no-es sea la “ver-
dad” de las cosas (op. cit., p. 160); reaparece la sofística en nuestro mun-
do y podemos considerar a Protágoras como el padre del liberalismo
agnóstico. Pero el verdadero saber es “saber definir” y “decir lo que
las cosas son, es como crearlas” pues imita o refleja el acto creador; es
“como un regreso de las cosas desde su existencia material a su origen
en el Verbo” (op. cit., p. 170).
Según Genta, la intención del Teetetos es mostrar la real posibilidad
del juicio verdadero (la ciencia) que es la definición, verdadera explica-
ción de lo que es: ve lo que es y ve la diferencia con las otras esencias;
o sea que saber es saber definir “y saber definir es saber distinguir”
(op. cit., p. 104-185). Claro que el saber verdadero supone el ser.

8 Tengo a la mano Thééthéte, vol. VIII, 2ª p. de Oeuvres Complétes, texte établi et traduit
par Auguste Diès, Les Belles Lettres, Paris, 1924; Le Sophiste, vol. VIII, 3ªp., ibidem, 1925; es de
extraordinario valor el libro del mismo Auguste Diès, La définition de l’être et la nature des Idées
dans Le Sophiste de Platon, 137 pp., Librairie Philosophique J. Vrin, Paris, 1932.

GLADIUS 61 / Año 2004 181


4. El ser y la contemplación operante

No podríamos saber qué es entender “si el fin del acto de entender


no fuera el qué de las cosas existentes”: el ser de las cosas; de ahí la
naturaleza metafísica de la inteligencia (op. cit., p. 189). Cuando co-
nozco, mi pensamiento reconoce el existir de lo que es esto y no es
otro; “el no ser es todavía de algún modo”. Tal es, para Genta, el tema
dominante del Sofista; es decir, la cuestión del ser y del no-ser. El mé-
todo por el cual procede Platón es el de la división (recuérdese el pes-
cador de caña); así propone hasta seis definiciones del Sofista que
Genta enumera (op. cit., p. 192) para pasar a lo esencial; el sofista es
la contrafigura del verdadero educador que tiene la peor de las igno-
rancias: no saber y creer que se sabe (Sof., 229 c). El sofista se orienta
al no ser; el filósofo se deja iluminar por el ser; el ser “está en todas las
cosas” (que no son el ser); la idea del ser permite nombrar la cosa y
distinguirla de lo que no-es; el ser en toda su extensión es nuestro ob-
jeto; pero, en cuanto principio de distinción, “no será posible pensarlo...
sin que el no ser tenga, por lo menos, tanto lugar en el juicio como el
mismo ser” (op. cit., p.195); el ser une y concilia, une y distingue lo
uno y lo múltiple: es el universal por excelencia (op. cit., p. 196). Gen-
ta pasa así del orden ontológico al orden lógico, un tránsito que para
Platón sería el movimiento dialéctico.
La dialéctica sería así la ciencia del filósofo. Platón, en la discusión
entre Teetetos y el extranjero, reconoce que “el no ser, de alguna ma-
nera, es” (Sof., 240 c), o que “el ser no existe en cierto modo” (241 d).
Si me aparto momentáneamente de la clase de Genta, el diálogo pla-
tónico se vuelve enigmático y casi diría aporético: traduce Tovar en su
acreditada edición: “es inevitable que el no ser esté en el movimiento
y en todas las clases. Pues en todas ellas la naturaleza de lo otro, al ha-
cer que sea cada una otro que el ser, la vuelve no ser, y todas según esto
podremos decir con razón que son no ser, y, al contrario, en cuanto
participan del ser, que existen y son seres” (Sof., 256 d) 9.
Genta sostiene que en el Sofista queda demostrado que “la idea de
lo otro, del no-ser, de la negación, se refiere a algo que existe verdadera-
mente” (op. cit., p. 201); tanto uno como otro son, pues, géneros aná-
logos (op. cit., p. 202); en el fondo, dicen lo mismo. Claro que Genta

9 El Sofista, ed. de texto con aparato crítico, trad., prólogo y notas por Antonio Tovar,
Inst. de Estudios Políticos, Madrid, 1959.

182 Año 2004 / GLADIUS 61


va más allá, mucho más allá, de Platón. Por mi parte podría decir que
el dilema unidad-multiplicidad, uno-otro, se resuelve en Aristóteles
con la doctrina de la potencia y el acto. Sea como fuere, al final del
Curso y apoyado en el Vº Cahier de Le point de départ de la Métaphy-
sique del P. Marechal (1944), Genta no encuentra contradicción sino
coherencia con la idea de creatio ex niilo que, absolutamente, muestra
que el ser de lo existente no pre-existe; que es posición total del efecto
(op. cit., p. 209). Así se resuelven las aporías platónicas. Pero, para ello,
era necesario el tránsito inconmensurable permitido por la Revelación.

III. Meditación conclusiva

No sé si los dos cursos de Genta de 1949 fueron tomados taquigráfi-


camente o escritos por él mismo. Sea como fuere tienen el típico estilo
de la clase, de la docencia en acto. Es también significativo que Platón
fuera meditado y expuesto en su contenido esencial. Occidente no se
entiende sin Platón y Genta lo sabía muy bien.
Al estudiar ambos cursos se percibe que los problemas hermenéuticos
tan complejos que suponen los diálogos, no preocupaban a Genta o
estaban supuestos o le preocuparon el mínimo necesario. Lo que real-
mente le importa es pensar desde Platón. Desde esta perspectiva, se
percibe también que los diálogos platónicos son como un humus des-
de el cual germina la inteligencia; son también una suerte de trampolín
desde la cual salta por sí mismo a otro plano, o ilumina con la luz del
Fedón, del Sofista o de El Político, el pensar que piensa su circunstancia
histórica. En Genta es imposible imaginar un pensador no-comprome-
tido: por eso pone a Platón, pensador siempre contemporáneo, en el
centro de sus preocupaciones.
Por eso, ambos cursos son, explícitamente en algunas páginas,
una crítica mordaz al inmanentismo, sea el idealista, el positivista o el
relativista que conoció desde sus años de estudiante. El Genta filósofo
no soporta, por ejemplo, que la contemplación de los más altos princi-
pios de la Metafísica (que es la Verdad misma) no se “encarnen” en el
orden práctico, en la vida concreta. Si Sócrates simboliza al hombre
justo y el hombre justo es el contemplador de la eternidad en el tiem-
po, también la ciudad –en su caso la Patria- debe regirse por la misma
justicia y la misma contemplación: “La ocupación de Sócrates [...] es
el cuidado de la Patria misma” (El filósofo, p. 73) y lo es en la medida
de la perfección de su alma. Ante la Argentina, su amada Argentina,

GLADIUS 61 / Año 2004 183


“la misión del político, tal como la concebía Platón, es el cuidado de
las almas”, cosa que solamente se logra cuidando lo que se piensa,
cuidando las ideas; es pues necesaria, “una política fundada en la
metafísica” pues “no puede haber verdadera política sin filosofía” (La
Idea, p. 68-69). Hoy, frente al veneno invasor del liberalismo, del so-
cialismo... y del oportunismo pragmatista, es menester “la restauración
de la inteligencia, la vida objetiva del saber y de la verdad” (op. cit., p.
153). La “renovación constante de los viejos errores fundamentales”
del siempre presente Protágoras (op. cit., p. 155) nos pone en evidencia
que no es el hombre (el asesino de Dios) sino Dios la medida de todo
cuanto existe y debe ser la medida de la Patria. Genta filósofo es Gen-
ta político en el más noble sentido del término, porque el orden tem-
poral debe ser iluminado y regido por la luz de la Verdad del Ser y del
Bien. Por eso, el filosofo y el enamorado de su Patria es también el
cristiano que da testimonio y se entrega en el amor al bien común.
A lo largo de estos cursos del Genta filósofo se percibe una premoni-
ción de su martirio porque la vida del filósofo es preparación para la
muerte. Esto implica dos actos esenciales: el del testimonio y el de ha-
ber sabido siempre que “lo que necesita un pueblo es Teología y Me-
tafísica, sobre todo cuando es un pueblo que procede, que viene de la
Civilización de Cristo, de los griegos y de los romanos”. Así concluía el
último discurso de su vida.
Una filosofía que no “encarna” su verbo en la vida concreta no es
filosofía. Y si es filosofía cristiana es también propedéutica de la unión
concreta con el verbo Encarnado.

184 Año 2004 / GLADIUS 61


La Orden de Malta
JOSÉ LEÓN PAGANO

Como respecto de tantas cosas importantes, es mucho lo que se ha


fantaseado en torno a la Orden de Malta y, casi siempre, por ignorar
sus orígenes, su constitución y sus fines. Desde la frívola suposición de
considerarla una reunión de snobs que lucen una insignia en la sola-
pa, hasta desconocer sus más elementales características.
Digamos para comenzar que su nombre oficial es Soberana y Mi-
litar Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Mal-
ta. Precisamente del análisis de esta denominación surge el total escla-
recimiento de su auténtica condición.
La Orden es soberana porque jurídicamente constituye una perso-
na de derecho internacional público, aunque no es un Estado, pese a
tener territorio y soberanía. Es decir que en el manejo de su actuación
interna goza de absoluta autonomía, así como en el plano religioso
puesto que, si bien la mayoría de sus miembros son laicos, es de ca-
rácter confesional.
Por no ser un Estado sus miembros no son sus súbditos territoriales
sino institucionales. Es decir que no obstante conservar cada uno su
nacionalidad propia, como miembros de una comunidad de carácter
religioso están obligados a observar el Código y la Carta Institucional.
Por tratarse de una orden religiosa sus miembros deben caracteri-
zarse por una vida ejemplar, por seguir las enseñanzas del Evangelio y
por acatar las normas impuestas por la Iglesia Católica Apostólica
Romana.
Los miembros de la Orden se dividen en tres categorías o clases.
Los integrantes de la primera son los Caballeros de Justicia o Profesos

GLADIUS 61 / Año 2004 185


y los Capellanes Profesos que han emitido votos religiosos. Todos se
comprometen por los votos de pobreza, castidad y obediencia. For-
man la segunda clase los Caballeros y Damas de Honor y Devoción en
Obediencia, los Caballeros y Damas de Gracia y Devoción en Obe-
diencia y los Caballeros y Damas de Gracia Magistral en Obediencia.
Éstos, en virtud de la Promesa, se obligan a tender a la perfección en
la vida cristiana, de conformidad con los deberes de su estado y según
el espíritu de la Orden.
En la tercera clase se incluyen los Caballeros y Damas de Honor y
Devoción, los de Gracia y Devoción, los Capellanes Magistrales “ad
honorem”, los Caballeros y Damas de Gracia Magistral y los Donados
y Donadas de Gracia Magistral.
Tal como se indicó más arriba, los miembros deben ajustar ejem-
plarmente su vida a las enseñanzas y preceptos de la Iglesia y dedicar-
se a las actividades asistenciales de la Orden.
El gobierno de la Orden, cuya sede está actualmente en la ciudad
de Roma, en un sector que goza del privilegio de la extraterritoriali-
dad, lo ejerce el Gran Maestre, hoy Fra’ Andrew Bertie, a quien co-
rresponden prerrogativas y honores soberanos y el título de Alteza Se-
renísima. El cargo es vitalicio aunque cabe la renuncia.
Otros altos cargos de la Orden son desempeñados por el Gran Co-
mendador, el Gran Canciller, el Gran Hospitalario y el Recibidor del
Común Tesoro; éstos junto con seis Consejeros constituyen el Sobera-
no Consejo que asiste al Gran Maestre.
El Prelado es designado por el Sumo Pontífice de una terna propues-
ta por el Gran Maestre. Es el superior religioso del clero de la Orden,
en la función sacerdotal.
En su condición de persona de derecho internacional público la Or-
den acredita embajadores ante los gobiernos con los que mantiene re-
laciones diplomáticas, como lo haría cualquier Estado. El embajador
es el representante del jefe de la Orden, es decir el Gran Maestre, ante
los demás Estados y no ejerce otras actividades dentro del territorio de
la Nación ante la cual está acreditado. Es decir en nada se diferencia
de cualquier otro embajador extranjero.
La Orden erige para el cumplimiento de sus fines específicos, prio-
ratos, subprioratos o asociaciones. En el caso de nuestro país existe la
Asociación Argentina de Caballeros de Malta, creada por decreto del
Gran Maestre, previo voto decisorio del Soberano Consejo. Redacta

186 Año 2004 / GLADIUS 61


los estatutos de acuerdo con la legislación interna del país, que son
aprobados por el Gran Maestre también con el voto decisorio del So-
berano Consejo Del mismo modo se aprueba la elección del presiden-
te de la Asociación y de los miembros del Consejo Directivo.
La Asociación no depende de la embajada y sí directamente del Gran
Maestre de quien recibe, sin intermediarios, las comunicaciones y de-
cretos. La embajada se ocupa de las relaciones diplomáticas, la Aso-
ciación de cumplir los fines que le son específicos: Tuitio Fidei et Obse-
quium Pauperum.
La Orden es hospitalaria por sus orígenes. Desde el principio de la
Cristiandad y, más específicamente, después del bautismo del Imperio
Romano por Constantino, Tierra Santa fue el lugar donde convergie-
ron, con mayor asiduidad, los peregrinos. Cuando los Lugares Santos
fueron conquistados por los musulmanes estas peregrinaciones eran
autorizadas por las ventajas económicas que traían aparejadas, pero
con el correr del tiempo los romeros fueron objeto de vejaciones y per-
secución. Hacia el siglo IX Carlomagno realizó negociaciones con el
califa Harum-al-Rachid para mejorar la situación de los cristianos y así
se obtuvo la cesión de determinados lugares para construir oratorios y
alojamiento para los peregrinos.
No obstante, la situación se agravó con el correr del tiempo y los
que peregrinaban padecían enfermedades, hambre y fatiga además
de la hostilidad de los árabes. Aparecieron así hospicios bajo la advo-
cación de San Juan Bautista, administrados por los monjes benedicti-
nos. Del seno de esta congregación religiosa surgió el Beato Gerardo
quien dedicó todos sus esfuerzos al cumplimiento de la misión.
No hay certeza acerca del lugar y fecha de su nacimiento. Se supo-
ne que vio la luz en Mertigues, en la Provenza, hacia el año 1045, aun-
que otros sostienen que era oriundo de la región amalfitana. Para sos-
tener ambas tesis los historiadores aportan distintos elementos de jui-
cio. Lo cierto es que en el año 1099, con motivo de las Cruzadas y a
raíz de haberse convertido en cabeza de los monjes hospitalarios, fue
tomado prisionero por los musulmanes. Liberado por las tropas cristia-
nas, Godofredo de Bouillon le hizo importantes donaciones destinadas a
consolidar su obra. Asegurado el aspecto material, el Beato Gerardo se
propuso afianzarla espiritualmente, creando para ello una orden religio-
sa para lo cual instó a los caballeros y damas que lo asistían en los hos-
picios, que hicieran renuncia del mundo y tomaran estado religioso.
La aceptación fue unánime y se adoptó el hábito negro de los benedic-

GLADIUS 61 / Año 2004 187


tinos, con la cruz blanca de ocho puntas que se mantiene, con leves
modificaciones, en la actualidad. Se formularon, a perpetuidad, los
tres votos de obediencia, castidad y pobreza, dando así origen a la Or-
den Hospitalaria de San Juan de Jerusalén.
El 15 de febrero de 1113, S.S. Pascual II aprobó, mediante bula, la
regla establecida por el Beato Gerardo y se reconoció la autonomía de
la Orden, facultándola para elegir al sucesor de aquél. Nació así la
que, junto con los Templarios, fue la más poderosa orden de caballe-
ría hasta la actualidad.
Raymundo de Puy, sucesor de Gerardo a la muerte de éste, promul-
gó hacia 1130 la primera Constitución de la Orden. En ella, y a raíz de
la precaria situación de los cristianos en Tierra Santa, indefensos y perse-
guidos, se estableció además de los sacerdotes que no podía empuñar
las armas por su carácter sacerdotal y de los hermanos dedicados a las
obras puramente asistenciales, la categoría de los caballeros que po-
dían armarse y presentar batalla. La Orden, con mayor poderío y ri-
queza, se transformó en militar.
Los caballeros de San Juan se distinguieron durante la Quinta Cru-
zada por el arrojo con que se lanzaron al combate. Su empeño fue co-
ronado por el éxito al ocupar en 1192 San Juan de Acre, arrebatada a
la Media Luna. Finalmente, un siglo después, en 1291, el Gran Maestre
Juan de Villiers, muy superado en número por el enemigo, debió ca-
pitular y abandonar desde entonces Tierra Santa. La Orden se trasla-
dó a la isla de Chipre donde se asentó por otro siglo, hasta 1310. Des-
de allí se expandió hacia la isla de Rodas en la que permaneció hasta
1530, en que fue batida por las tropas de Solimán el Magnífico.
Gracias a las gestiones del Papa Clemente VII, el emperador Carlos
V cedió a la Orden derechos feudales sobre Trípoli, Gozo y Malta, con
la condición de pagar un canon anual que consistía en la entrega de
un halcón.
Bajo el Gran Maestre Jean Perisot de la Valette, Malta sufrió el últi-
mo asedio de los jenízaros de Solimán el Magnífico. La Valette, cuyo
nombre lleva la capital de Malta, al frente de siete mil caballeros contu-
vo a los cuarenta y cinco mil turcos lanzados a la conquista de esta
estratégica posición. La Valette, de setenta y un años –ancianidad en
aquella época–, y herido, era un robusto gigante que había remado
como galeote en las galeras turcas al ser tomado prisionero, en su ju-
ventud. Vistió su armadura y no abandonó el puesto de combate,
durante los casi cincuenta días que duró el asedio. He aquí una anéc-

188 Año 2004 / GLADIUS 61


dota –hoy los malteses la cuentan con orgullo–. Podrá parecer dura
pero pone de manifiesto el temple de aquellos guerreros, que no invo-
caban con hipocresía los derechos humanos para violarlos después
cínicamente, según sus conveniencias.
Viendo el visir de Solimán que no podía doblegar la enconada re-
sistencia de los defensores, abroquelados en el último baluarte, mandó
crucificar vivos, sobre tablones, a los prisioneros cristianos. Los lanzó a
favor de la marea para que llegaran hasta el pie de las murallas. Al ver
este espectáculo muchos caballeros palidecieron. La Valette reaccionó
con rapidez y energía. Dispuso traer a los prisioneros turcos y ordenó
decapitarlos. Con sus cabezas fueron cargados los cañones. A la terce-
ra andanada los turcos levantaron el sitio y se alejaron al tiempo que
llegaba una demorada flota prometida a los defensores por el rey Fe-
lipe II.
La flota de la Orden, poderosa y bien adiestrada, participó con de-
nuedo para conquistar la luminosa victoria de Lepanto, en 1572, que
puso fin al poderío musulmán en el Mediterráneo.
La Orden se mantuvo en Malta hasta el 12 de junio de 1798 en que
fue desalojada por Napoléon en su ruta hacia Egipto. Muchos critican
al entonces Gran Maestre Ferdinand von Honpesch por su rápida ca-
pitulación ante las tropas francesas, pero éste se justificó aduciendo
que la regla de la Orden no le permitía derramar sangre cristiana.
Lo cierto es que pese al tratado de Amiens que obligaba a Inglate-
rra a devolver las islas de Gozo, Comino y Malta, arrebatadas a la
usurpadora Francia, la ocupación se mantuvo por la fuerza.
Después de peregrinar por diversas ciudades, la Orden se estable-
ció definitivamente en Roma. En la actualidad le han sido restituidos
el castillo y la catedral de Malta.
Queda así esclarecido el origen y desarrollo de la Orden perfectamen-
te compendiados en su completa designación: Soberana y Militar Or-
den de San Juan de Jerusalén, Rodas y Malta.
Hoy la Orden concentra sus actividades, como se señaló antes, en
dos propósitos fundamentales: Tuitio Fidei et Obsequium Pauperum.
Ello se traduce en la oración de los caballeros argentinos: “me ayudéis
a permanecer fiel a la tradición de nuestra Orden practicando y defen-
diendo la religión Católica Apostólica Romana contra la impiedad y
ejerciendo la caridad hacia el prójimo, en especial hacia los pobres y
enfermos, con espíritu desinteresado y profundamente cristiano”.

GLADIUS 61 / Año 2004 189


Después de un milenio, la Orden, a través de la Asociación Argenti-
na de Caballeros, cumple en nuestro país con la consigna. Durante
años dirigió y solventó la campaña de ayuda para la erradicación de la
lepra. Prácticamente desaparecido hoy este flagelo, ha volcado sus re-
cursos a la prevención y asistencia de los enfermos de SIDA. Sostiene el
pabellón modelo de Neonatología del Hospital de San Justo, en la Pro-
vincia de Buenos Aires. Mantiene el Hostal de Malta, en Palermo Vie-
jo, de cuidados paliativos a los enfermos terminales. Sostiene el come-
dor infantil Nuestra Señora de Filermo, Patrona de la Orden, depen-
diente de la Parroquia del Socorro. Se ha hecho presente para asistir a
las víctimas de la inundación de Santa Fe repartiendo a través de Cari-
tas una tonelada de ropa. Estas son, a título de ejemplo, algunas de
sus realizaciones que no son pocas.
La fidelidad del compromiso con estos objetivos es lo que caracteri-
za a la Orden y distingue a sus integrantes.

190 Año 2004 / GLADIUS 61


In Memoriam

Manuel Sánchez Márquez


(29 AGOSTO 1935 / † 8 SEPTIEMBRE 2004)

El 8 de septiembre, Festividad de la Nati-


vidad de la Santísima Virgen, fallecía en La
Plata el Profesor Manuel Sánchez Márquez.
Su breve y grave enfermedad comenzó
en la tarde del 22 de agosto, día en que ce-
lebramos a María Reina.
Queremos testimoniar el profundo dolor
y el gran vacío que dejó su temprana muerte,
tanto para su esposa y su numerosa familia,
como en tantas instituciones donde era sabio
consejero, asesor, iluminador de proyectos,
amigo entrañable, maestro indiscutido.
Aceptamos la voluntada de Dios y sabemos que ya goza de la feli-
cidad eterna, del premio de los justos.
Entre las numerosas instituciones que tuvieron el privilegio de gozar
de su amistad y de su servicio incondicional de verdadero “Maestro”,
citamos aquí: las Señoritas de Total Dedicación del Instituto Terrero,
de La Plata; los Hermanos Maristas del Colegio San Luis, de La Plata;
y el Profesorado del Consudec Septimio Walsh, de Buenos Aires.
Espontáneamente, elevamos un himno de gratitud a Dios, por ha-
ber dispuesto, en su providencia, que Manuel Sánchez Márquez cami-
nara a nuestro lado tantos años iluminando permanentemente nuestras
instituciones y evangelizando con su vida ejemplar todos los ámbitos
en que actuó.
La misa exequial fue celebrada el 9 de septiembre, en la capilla del
Instituto Terrero.

GLADIUS 61 / Año 2004 191


Ofició el Arzobispo de La Plata Monseñor Héctor Aguer, y con-
celebraron Monseñor Raúl Rodolfo Gross, el Padre Walter Crivaro y el
Padre Esteban Alfón.
En la homilía, Monseñor Aguer hizo un panegírico del sentido pro-
videncial de la vida del querido difunto y en especial de su faceta do-
cente, en su calidad de “Maestro”.
En estas breves líneas, queremos señalar también el dolor y el agra-
decimiento del Consejo Superior de Educación Católica (CONSUDEC),
con quien Sánchez Márquez colaboró en muchos momentos de su fe-
cunda vida. Entre sus publicaciones está la obra: La Educación Católi-
ca, sus funciones, su historia en la Argentina (Consudec, Buenos Aires
1998).
Para reflejar su rica personalidad, publicamos a continuación las
palabras de despedida pronunciadas por la Profesora Hilda Errecarte,
de “Total Dedicación”.

Hno. Silvestre Jacob (Marista)

Misa exequial del Profesor Manuel Sánchez Márquez


9 de septiembre 2004
Palabras de despedida de la Profesora Hilda Errecarte

Se me ha encomendado por la Dirección de “Total Dedicación” y


por el Rectorado del Instituto de Profesorado Monseñor Terrero –ante
la licencia de su rectora– despedir al querido y distinguido Profesor, a
quien tuve la suerte de recibir en el momento de su incorporación a
esta Comunidad educativa en el ya lejano 1960.
Confieso que creo que me excede la tarea y desearía que alguien
pudiera hacerlo de mejor manera, como él lo merece.
El Profesor Sánchez Márquez llegó al país –no pensaba él que éste
era el escenario que le depararía la Providencia para cumplir su come-
tido aquí en la tierra, en 1960. Venía con un bagaje rico en estudios
realizados en España e Italia. Iba de camino para Chile... Pero ancló
en La Plata, para bien de los platenses. Y sus primeros años los dedicó
a trabajos en la curia arquidiocesana y en el recién fundado Instituto
Terrero, cuyo fundador Monseñor Plaza encomendara a Monseñor
Pearson y a Total Dedicación.

192 Año 2004 / GLADIUS 61


Su tan familiar figura en esta capilla y en nuestro ámbito escolar
destaca rasgos poco frecuentes que pudimos apreciar durante casi...
¡50 años! Lo vimos crecer en sus valores intelectuales y morales siempre
en el silencio laborioso de quien no busca nunca los primeros puestos,
pero tampoco rehúsa las tareas de vanguardia y de gran responsabi-
lidad.
Casi no imaginamos la dimensión de su tarea escrita, era más ma-
nifiesta su ejemplar tarea docente y su actividad en los diversos cargos
que dentro y fuera de la Iglesia supo desempeñar con absoluta fidelidad.
Sin descuidar por ello lo que fuera para él siempre lo primero: el Papa
Paulo VI la llamó “la iglesia doméstica”. Con su mujer e hijos afianzó
una hermosa familia a la que vimos crecer, con regocijo.
Cofundador de la Asociación Argentina de Estudios Clásicos, cofun-
dador y primer presidente de la Asociación Argentina de Lingüística,
dictó cursos para graduados en múltiples universidades, publicó obras
de distinto género, especialmente en las áreas filológica, lingüística e
histórica con variedad de tópicos casi inimaginables para ser tratados
con tal erudición y profundidad... Son más de 50 sus títulos. Su última
obra en diez volúmenes: La Ciencia lingüística, iba a ser presentada el
pasado mes de agosto a pocos días de su grave dolencia.
La clave de su vastísima obra escrita parece descifrar un ensayo
que tituló: El ocio, la libertad y la cibernética, Dice allí: “De no graduar
y hacer provechosos los ocios, de no regular y humanizar bien el tra-
bajo de las máquinas, llegaremos a encontrarnos con que el equilibrio
a que aspiramos, y al que en no poca medida contribuyó siempre el
trabajo, se rompa, siendo más perjudicial para la humanidad”. Y con-
cluye así su ensayo: “En efecto, sabemos del provecho de la terapéutica
por el trabajo, conocemos que muchos lograban realizarse en él”.
¿No es éste un párrafo de lo que podríamos considerar como su
autobiografía? A esos ratos de “ocio santo” debemos sin duda la suer-
te de contar hoy con obras como “Santos de ayer para el mundo de
hoy”, entre los cuales figura la vida romanceada de Monseñor Pearson
dedicada a los miembros de Total Dedicación y donde nos señala
como “compañeras de ruta en la labor docente por 30 años”.
Síntesis de fe y cultura, de servicio infatigable y desinteresado, de
amistad fraterna franca e incondicional, su vida deja un luminoso
ejemplo que el tiempo –no lo dudo– agigantará. Se irán descubriendo
otras facetas de su rica personalidad. Las anécdotas se sucederán en
las mentes y en el corazón de sus amigos y sus discípulos, la mayoría

GLADIUS 61 / Año 2004 193


en el ámbito de las letras. A ellos les corresponderá ir recogiendo ese
valioso material para escribir –algún día no lejano– la biografía del maestro
que a ellos consagrara lo más exquisito de su fecunda labor intelectual
Y para dar algo de valor a mis palabras, con fraterna emoción leo
esta oración de su autoría y que revela el secreto de quien nos ha con-
vocado por el afecto –puesto hoy de manifiesto en esta preciosa eu-
caristía–. Es una oración en la que pide “la humildad”:

NO ME DES NI UN POQUITO

Sabes bien lo que quiero, mi Señor,


conoces cuántas cosas necesito:
no me des nada, ¡no!, ni un poquito,
si con ello te voy a ser traidor
y serte infiel y provocar dolor;
dame, ¡sí!, humildad, mi Dios bendito,
y, siendo fiel, con corazón contrito
servirte a Ti y a los demás mejor.
Atiende de los otros los pedidos,
remedia, providente, su indigencia,
otorgando consuelo a sus quejidos;
yo poseo ya de Tu Providencia
tantísimos dones inmerecidos:
no pido más, actúe Tu clemencia.

Con ella damos gracias al Señor, dador de todo bien, por haber
cruzado nuestros caminos con el de quien fuera nuestro tan digno
amigo el querido Profesor Manuel Sánchez Márquez.
Faltó decir que su espíritu, impregnado de una especialísima devo-
ción mariana, recibió como recompensa ser sostenido en lo que perci-
bimos como un gesto de maternal protección de la Virgen María, ya
que su enfermedad, muy breve, transcurrió entre el día de María Rei-
na, 22 de agosto, y la festividad de la Natividad de la Santísima Vir-
gen, el 8 de Septiembre: Ntra. Sra. del Castañar en su ciudad natal,
Béjar, España.

194 Año 2004 / GLADIUS 61


EL TESTIGO DEL TIEMPO
Bitácora

Michael Davis murió ción de la Iglesia en Pentecostés.


a los 68 años Y en una de las últimas ocasiones
convenció al Cardenal Medina Es-
Promotor de la misa latina tra- tévez –prefecto de la Congregación
dicional –ex presidente de “Una del Culto Divino– de que rezara la
Voce Internacional”– murió el 25 misa tradicional para los pere-
de septiembre de un ataque masivo grinos.
al corazón en su casa en Inglaterra. A la vez que crítico feroz de los
Nacido en Gales en l936 se abusos en materia litúrgica con-
convirtió del anglicanismo después sentidos después del Concilio, fue
de “descubrir” al Cardenal New- igualmente firme en el reconoci-
man. Fue un defensor de la causa miento de la autoridad legítima de
de Monseñor Lefebvre sin ser “le- la Santa Sede. Así pues, en la re-
febvrista” escribiendo dos libros vista The Remnant donde habitual-
sobre él: Archbishop Lefebvre, The mente escribía dijo: “En la Iglesia
Truth (1977) y Archbishop Lefebvre Católica tenemos la Congregación
and Religious Liberties (1990). para la doctrina de la Fe que ha
Profesor de historia, abandonó publicado tres docenas de docu-
la enseñanza para poder dedicarse mentos desde el Concilio que clari-
a escribir y dirigir “Una Voce”, fican la enseñanza católica sobre
organización fundada en Noruega una variedad de tópicos como la
para restaurar la liturgia tradicio- ordenación de mujeres, el aborto
nal. En ese carácter fue visitante causado, el Misterio de la Iglesia,
frecuente de la Santa Sede donde homosexualidad, etc. (declaracio-
estrechó relaciones con los Car- nes aprobadas por el Sumo Pontí-
denales Stickler y Ratzinger que fice en forma specifica).
compartieron con él la convicción “Los he leído casi todos y creo
de que las reformas litúrgicas im- que son totalmente ortodoxos y
plementadas después del Concilio sería muy alarmante que no lo
han sido un fracaso. fueran como que haya laicos que
Entre sus numerosas iniciati- llamándose tradicionalistas disien-
vas participaba en la peregrinación tan con ellos. Eso nos pondría en
anual a Chartres para la Restaura- la misma posición de las iglesias

GLADIUS 61 / Año 2004 195


protestantes porque la esencia del hombre puede cuidar mejor a sus
protestantismo es que cada uno es padres en la vejez, a la vez que per-
su propio Papa.” petuar su apellido. Esta costumbre
Autor de muchos otros libros ha desatado un feroz infanticidio
que los citados se ocupó preferen- conjuntamente con el aborto
temente de la liturgia reformada y selectivo de fetos femeninos.
del Concilio Vaticano II, salvo The Wanderer, 3 Junio 2004
una curiosa obrita sobre las desvia-
ciones del culto católico en la India. # # #
Pero tal vez su obra principal fue
Liturgical Shipwreck: 25 Years or
the New Mass, en el que analiza Una Europa anticatólica
crudamente la brutalidad de los
que llama “reformadores protes- El Dr. Rocco Butiglione fue
tantes” que desacralizan santua- excluido de su nominación como
rios, así como sus discípulos: los ministro de Justicia de la Comisión
“demoledores de iglesias”. Europea en razón de su sostenido
apoyo a las causas a favor de la fa-
The Wanderer, 7 Octubre 2004
milia y por su convicción católica
pro-vida. Algunos miembros del
# # # Parlamento Europeo protestaron
que ello era incompatible con la
China admite la penuria tarea de ocuparse de las libertades
de niñas civiles y los derechos del hombre.
Pat Buckley, de la European
Beijing, Life Site News. Fun- Life Network, declaró: “Es un día
cionarios del gobierno chino ad- triste para Europa cuando un emi-
mitieron el 10 de mayo que se ha nente filósofo católico es declarado
creado un enorme problema a cau- inepto para ocupar el cargo de Co-
sa de haber impuesto la política de misionado de Justicia, Libertad y
un solo hijo. Seguridad simplemente porque
Actualmente hay 117 varones cree en las enseñanzas de la Iglesia
por cada 100 mujeres y trece mi- Católica sobre asuntos tales como
llones más de varones debajo de la el aborto y la familia. Los ideales
edad de nueve años. Los chinos del pluralismo y tolerancia religiosa
tradicionalmente han favorecido y cultural se hallan bajo amenaza
el nacimiento de varones antes en la medida en que la Unión Eu-
que de mujeres pensando que un ropea se va acercando al totali-

196 Año 2004 / GLADIUS 61


tarismo. Estos hechos no auguran York donde los estudiantes reco-
nada bueno para el futuro.” nocen que gracias al latín obtienen
Catholic Family News, 28 Octubre 2004 mejores calificaciones en los tests
oficiales.
# # #
Si hanc sententiam legere potes,
magistro Latinae gratias age. (Si
Órdenes no reconocidas: usted puede leer esta frase agradéz-
abstenerse calo a un profesor de latín). El la-
tín está volviendo al foco entre los
docentes, administradores, erudi-
Una reciente circular de la Pri-
tos, estudiantes y padres.
mera Sección de la Secretaría de
¿Una lengua muerta? Difícil-
Estado de la Santa Sede, dirigida
mente. “Quien quiera sea capaz
a todas las misiones diplomáticas
de enseñar latín hoy puede encon-
acreditadas ante el Vaticano, reafir-
trar empleo en cualquier parte de
ma que las únicas Órdenes ecues-
los Estados Unidos”, afirmó una
tres reconocidas por la Santa Sede
funcionaria de la Comisión Nacio-
son sólo dos: la Soberana Orden
nal Examinadora de Latín.
Militar de Malta y la Orden Ecues-
tre del Santo Sepulcro de Jeru- The Wanderer, 6 Mayo 2004
salén. Y les recuerda que tradi-
cionalmente “las altas personalida- # # #
des miembros de gobierno, durante
su presencia en Roma para las au- Visionarios sanguinarios
diencias pontificias no aceptan dis- en Uganda
tintivos honoríficos de órdenes no
La guerra civil en el Norte de
reconocidas por el Vaticano”.
Uganda ha sido calificada por el
30 Días, nº 6/7 2004 Secretario General de la ONU pa-
ra asuntos humanitarios como “la
# # # peor crisis humanitaria del mundo
y también la más olvidada”.
El latín vuelve en los EE. UU. El “Ejército de Resistencia del
Señor” (LRA en siglas inglesas) es
Una periodista de The Buffalo una abominación que hay que
News informa que el Latín, todavía denunciar y que es dirigido por un
el idioma oficial de la Iglesia donde líder visionario de nombre Joseph
está devaluado, se está difundiendo Kony, que alega recibir órdenes
en los colegios públicos de Nueva directamente del Espíritu Santo.

GLADIUS 61 / Año 2004 197


El LRA dispara indiscriminada- sia no tenía problemas para llenar
mente en emboscadas a vehículos, sus necesidades. Cada año se orde-
ataca y destruye poblados enteros, naban más de 500 sacerdotes.
secuestra a niños para obligarlos a Hoy, el total apenas alcanza a 50
combatir en sus filas, mata a civiles y algunas diócesis no reciben ni
que tienen la mala fortuna de to- siquiera un sacerdote por varios
parse con ellos o los mutila en for- años.
ma espantosa. Peter Birkhofer, que dirige el
El Cardenal Renato Martino, “Centro para la vocación sacerdo-
Presidente del Consejo Pontificio tal”, hace un llamado dramático:
de Justicia y Paz que viajó a Uganda “En algunas diócesis un tercio de
para informarse directamente de- los sacerdotes activos son mayores
claró: “A veces parece que la comu- de 60 años, por lo que se puede su-
nidad internacional, los poderosos poner que en el futuro previsible
del mundo, matan el tiempo con dos tercios de las parroquias no
otras guerras y con otras situacio- tendrán cura.”
nes internacionales, mientras hay The Wanderer, 8 Julio 2004
poblaciones que en determinadas
realidades como en Uganda del # # #
Norte hoy pagan un precio mayor
en medio de la indiferencia de la
mayoría.” El PSOE pide a la Iglesia
que cese su ofensiva
30 Días, nº 8/2004
contra el gobierno
# # #
Alfonso Perales, secretario de
Sacerdotes: una especie en Relaciones Autonómicas del PSOE
extinción en Alemania (Partido Socialista Obrero Espa-
ñol), reclamó ayer a la Iglesia Cató-
Daniel Decker del Frankfurter lica que deje de actuar como “mas-
Allgemeine Zeitung informó el 28 carón de proa” contra el gobierno
de junio que el número de efectivos por el matrimonio homosexual.
del clero alemán está disminu- La secretaria de Igualdad del
yendo velozmente y que cada vez PSOE, Maribel Montarión, asegu-
son menos los que se enrolan en ró a EFE que su partido no com-
los seminarios. parte la condena del Vaticano al
A finales de la década de 1950 feminismo radical y a la ideología
y principios de los años ’60 la Igle- del género, respondiendo así al

198 Año 2004 / GLADIUS 61


documento de la Congregación chos cristianos con obligaciones
para la Doctrina de la Fe. públicas terminan por vivir de un
ABC, 2 Agosto 2004 modo esquizofrénico, según un
asesor vaticano.
# # # Guzmán Carriquiry, subsecre-
tario del Consejo Pontificio para
Defiende a los palestinos el Laicado, destacó también que
existe hoy día un “agresivo surgi-
Un sacerdote italiano pasionis- miento del secularismo que es di-
ta, Padre Claudio Ghilardi, se nie- ferente del laicismo”.
ga a permitir que soldados de la Nosotros cristianos afirmamos
Fuerza de Defensa Israelí detengan que el verdadero laicismo se refiere
a palestinos que tratan de caminar a la distinción auténtica entre Igle-
alrededor del cerco defensivo o sia y Estado, dijo Carriquiry. “Pero
“muro del apartheid” que estran- el secularismo intenta marginar a
gula a su vecindario. la Iglesia de la vida social, econó-
“¡No!, ¡ellos son mis huéspedes mica y cultural como si no tuviera
y ésta es mi casa!” La admonición nada que decir; el secularismo bus-
se dirige a los soldados que intenta- ca la remoción gradual de la cris-
ron parar a un grupo de mujeres tiandad.”
palestinas que transitaban por el El autor de esta declaración es
terreno de un monasterio. un intelectual uruguayo partici-
El mensaje del Padre Ghilardi pante en un seminario celebrado
es claro. Por lo menos en cuanto en Valencia (España) el 31 de
se refiere al terreno del monasterio mayo.
no permitirá que sea hostigado The Wanderer, 10 Junio 2004
por soldados. Los soldados desis- N. de la R.: la distinción es válida pero
ten en tanto el Padre Claudio está se trata de una cuestión de grado, no de
esencia. El laicismo se extralimita siempre
presente. y contribuye a la secularización.
The Wanderer, 17 Junio 2004
# # #
# # #
Obispos imprudentes
Laicismo y secularismo
En una entrevista que el Catho-
En una época en que la religión lic Herald hizo a Lord Rawlinson,
es cada vez más marginada, mu- el decano de los abogados católicos

GLADIUS 61 / Año 2004 199


ingleses declaró sobre algunos de educación sexual en las escuelas
sus disgustos: “Respecto del anun- llamándolos “abuso sexual de niños
cio extraordinario de la Conferen- patrocinado por el Estado”. Y afir-
cia de Obispos Católicos sobre la mó que la amarga lucha que se de-
rectitud moral en materia de im- sató con motivo de la abolición de
puestos, he coincidido con Lord la norma oficial (section 28) prohi-
Rees-Mogg que en este mismo biendo la promoción de la homo-
periódico lo atacó fuertemente. sexualidad por parte de autoridades
¿Cuál de nuestros obispos está su- locales, empalidecerá comparada
ficientemente instruido en econo- con la nueva embestida sexual del
mía como para poder dar una opi- gobierno. Esta incluye educación
nión de valor sobre el particular? sexual desde los tres o cuatro años
Y lo mismo puede decirse de la re- y abortos para adolescentes sin
comendación de que los católicos consentimiento paterno.
voten a favor de la Constitución “Creo que las pasiones desatadas
de Europa.” con motivo de la abolición de la
Luego agregó que es triste que «section 28» van a parecer livianas
los obispos pontifiquen sobre cosas comparadas con las protestas de
en la que no son expertos porque padres determinados a preservar
debilitan el respeto que se les debe la inocencia de sus hijos y proteger
en materias genuinas de fe y de su infancia”.
moral. Y concluyó: “algo impor- El Cardenal O’Brien agregó
tante que podrían hacer es persua- que existía una agenda siniestra
dir a los laicos de tener confianza en algunos servicios de salud y
en la fe; lo que no siempre logran”. educación para sexualizar a los
Catholic Family News, 5 Septiembre 2004 chicos, incluyendo material gráfico
escandaloso para escuelas prima-
N. de la R.: El énfasis puesto en
cuestiones socio-económicas (léase rias y hasta para jardín de infantes.
“Mesa del Diálogo”) distrae a los pastores
The Wanderer, 9 Septiembre 2004
aquí y en todo el mundo de su misión de
avivar la fe especialmente filas adentro.
# # #
# # #
Inglaterra hoy
¿Educación sexual
o abuso sexual? La realidad de vivir en Gran
Bretaña en el siglo XXI es compro-
El Cardenal O’Brien de Esco- bar que casi todas las instituciones
cia ha satirizado los programas de han sido corrompidas por la cultu-

200 Año 2004 / GLADIUS 61


ra de la Muerte. El asesinato del neral para oponerse a la unión le-
niño por nacer ya no se cuestiona, galizada del mismo sexo.
al contrario: las opiniones pro-vi- El Presidente Bush es un meto-
da no se toleran más en la plaza dista unido, como es el vicepresi-
pública. dente Cheney y más de 60 miem-
Políticos británicos, jeques de bros del Congreso. La Iglesia Me-
los medios y otros profesionales todista Unida, que es la segunda
varios defienden el derecho a la vi- iglesia protestante más numerosa,
da de los zorros, ballena o bosques ha reafirmado su adhesión a las
pero no el de los bebés. creencias cristianas tradicionales
Vivimos tiempos bárbaros, en sobre homosexualidad en su Con-
medio de una cultura bárbara en ferencia General celebrada en
la que el más vulnerable de todos, Pittsburg a principios de este año.
el niño por nacer, es la víctima Cerca de los 1000 delegados de
sacrificial de quienes detentan el todo el mundo votaron para que
poder. no se condonen las prácticas homo-
Casi 200.000 fetos son asesi- sexuales, que los homosexuales no
nados por año, 500 por día, tres puedan formar parte del clero, que
por minuto. las iglesias no celebren ceremonias
Si alguien hace público esto para homosexuales, etc.
corre el riesgo de ser arrestado. The Wanderer, 16 Septiembre 2004
Global Family News, Septiembre 2004
# # #
[Link] la R.: la cultura de la Muerte poco
a poco se está instalando en todos los
Estados como algo obligatorio gracias Los [Link]. y el aborto
al trabajo de la ONU.
Hasta la llegada de Reagan el
# # # gobierno de los Estados Unidos
fue el principal arquitecto, líder,
Metodistas contra matrimonio entusiasta y contribuyente de fon-
unisex dos para programas de control de-
mográfico.
La Iglesia Metodista Unida de La administración Clinton vol-
los Estados Unidos es ahora la vió a encarar esta tarea con especial
primera de entre las protestantes fervor. Uno de sus primeros actos
en unirse al Catolicismo, a la Con- oficiales fue rescindir la política
vención Baptista del Sur y a los implementada por la Administra-
protestantes conservadores en ge- ción Reagan que prohibía a todos

GLADIUS 61 / Año 2004 201


los fondos norteamericanos ali- sempleo implica que las parroquias
mentar organizaciones que reali- reciben una parte menor del im-
zaran, promovieran o abogaran puesto nacional para las iglesias.
por la legalización del aborto. La El número de parroquias en
víctima principal de esta decisión cada diócesis deberá reducirse aún
fue la International Planned Pa- más. Otra medida de ahorro pre-
renthood Federation (IPPF) (Fe- visto es la venta de los edificios de
deración Internacional para la Pla- algunas iglesias. Ya en Gran Bre-
nificación Familiar) que desafía taña se han vendido iglesias en
las leyes nacionales, acudiendo a ruinas a cadenas corporativas que
los foros internacionales. Con gran las han reconstruido y convertido
influencia en la ONU adopta una en “super-pub” con espacio para
posición a favor de la legalización cientos de bebedores.
mundial del aborto. The Wanderer, 14 Octubre 2004
The family in America, Septiembre 2004
N. de la R.: la Argentina nunca tuvo # # #
una posición demasiado firme sobre el
particular. La actual gestión gubernativa
sigue la corriente de la ONU y de la Anularon 4000
Unión Europea, cada vez más permisivas. casamientos gay

# # # Fue en California. La luna de


miel ha concluido para miles de
Diócesis alemanas matrimonios de homosexuales en
en bancarrota San Francisco dispuestos ahora a
reclamar un cambio en la Consti-
tución que les niega la igualdad a
La agencia de noticias Deutsche
la hora de casarse.
Welle informó el 20 de septiembre
La decisión del Tribunal Su-
que varias diócesis alemanas han
premo de California de anular
admitido que están enfrentando
unos 4000 matrimonios celebra-
una crisis financiera de proporcio-
dos a principios de año fue recibido
nes sin precedentes.
con algunas lágrimas por los afec-
La arquidiócesis de Berlín y las
tados.
diócesis de Hamburgo y Tréveris
han anunciado medidas restricti- Crónica, 13 Agosto 2004
vas de los gastos muy severas. No
sólo hay más gente que abandona # # #
la Iglesia sino que el creciente de-

202 Año 2004 / GLADIUS 61


Pretenden legalizar el 356 muertes maternales en el
aborto apelando a 2002 a causa de una gran canti-
a mentira dad de patologías de embarazo,
parto, cesárea, puerperio, abortos
El Arzobispo de La Plata, mon- espontáneos y seguramente tam-
señor Héctor Aguer, reconoció bién complicaciones debidas a
que “la posibilidad de legalización abortos ilegales”.
del aborto es un tema recurrente Asimismo, alertó que estas ci-
en la Argentina” y advirtió sobre fras “citadas maliciosamente” pre-
“proyectos legislativos y embes- sionan a la opinión pública dado
tidas continuas de organizaciones que “se trata de conseguir que, fi-
feministas que, con amplia cober- nalmente, el Congreso de la Na-
tura de prensa, apelan siempre a ción apruebe un proyecto de despe-
una estrategia de mentira donde nalización del aborto”.
abultan desmesuradamente las ci- El prelado exhortó a “resistir
fras de los presuntos abortos clan- con la verdad la avalancha de
destinos”. mentira provocadas por la ideolo-
“Esta es una estrategia conoci- gía antivida”, porque se trata del
da en todo el mundo –subrayó–. “avance de una cultura que se vale
El famoso y reconocido doctor de cualquier medio para conseguir
Nathanson, autor del corto «El sus fines”.
grito silencioso», que se convirtió AICA, nº 2478, p.410
de ser un médico abortero en de-
fensor de la vida, señaló que la es- # # #
trategia fue precisamente impre-
sionar a la opinión pública con ci- Camino tenebroso de
fras siderales.” Más adelante cali- la UNESCO
ficó como “mentira” las afirmacio-
nes de una organización feminista El boletín de lengua española
que sostuvo recientemente que “en Vida Humana Internacional (VHI),
la Argentina se practican 500.000 sostiene que el lenguaje seductor
abortos clandestinos al año y que de la UNESCO esconde todo un
hay más de 70.000 egresos hospi- plan a favor del aborto, el lesbia-
talarios por complicación debido a nismo, el homosexualismo, entre
estas operaciones ilegales. Son un otros males.
alarde de inventiva extraordinario, Más adelante añade que “hay
porque las cifras del Ministerio de dos factores que indican el mal ca-
Salud de la Nación no dan más de mino que tomó la UNESCO. Uno

GLADIUS 61 / Año 2004 203


es el término «género». En los con otros documentos de la ONU,
documentos de la ONU y de otras el Comité de interpretación está
organizaciones antivida y antifa- integrado por abortistas. Las conclu-
milia, lo que se intenta promover siones son evidentes. El CEDAW
viene oculto con palabras ambiguas puede ser usado, y ya ocurrió, para
o de significado tergiversado. «Gé- presionar a los países en desarrollo
nero» aquí no refiere a los sexos y de América Latina, que cometie-
masculino y femenino, sino a una ron el grave error de firmarlo, a
ideología diseñada para subvertir cambiar sus leyes para permitir el
el orden natural. El término, fijado aborto.”
en la Conferencia de la ONU sobre VHI expresa en su boletín que
la Mujer (Pekín 1995), donde se la “UNESCO hizo de las niñas y
quiso promover el aborto y el les- adolescentes un blanco particular
bianismo, se refiere a la falsa teoría de su malévola ideología”. Citó el
de que la diferencia entre sexos no documento de la UNESCO, «El
se funda en diferencias naturales embarazo no deseado y el aborto
sino en construcciones sociales. inseguro» (2003), en el que se
Sus proponentes elaboraron hasta propone una reforma para hacer el
cinco o más sexos: hombre, mujer, aborto disponible a todas las muje-
bisexual, homosexual, lesbiana, res y adolescentes sin restricción,
etc. El significado de esta aberran- sugiriendo incluso que los gobier-
te propuesta es que la persona nos subvencionen abortos y ofrez-
puede hacer lo que le da la gana can una «reparación» a las mujeres
con su sexualidad. Aquí entra no a quienes se les negó el acceso a un
sólo todo tipo de desviación sexual aborto, pues «debería estar disponi-
sino el aborto, los anticonceptivos ble». Dicho documento también
(incluyendo los abortivos) y la pretende ofrecer acceso al aborto a
«educación» sexual hedonista, en jóvenes de cualquier edad y sin el
este caso, especialmente para las consentimiento de los padres.
niñas y adolescentes”. Aica, nº 2475, p.321
“El otro aspecto preocupante
de la UNESCO es su promoción de # # #
la CEDAW. A primera vista, el do-
cumento parece algo muy loable, Satán en la ciudad
pues pretende defender los dere-
chos de las mujeres. El texto no “Aunque parezca mentira a esta
dice una palabra sobre el aborto. altura de los tiempos, el satanismo
El problema es que, como ocurre existe”, señaló el arzobispo de La

204 Año 2004 / GLADIUS 61


Plata, monseñor Héctor Aguer, Por último, monseñor Aguer
recordando se trata de aquel que se sostuvo que “el Demonio no es om-
entiende como “una idolatría, una nipotente ni mucho menos y aque-
perversión del sentido religioso llo que puede detenerlo es sencilla-
innato en el hombre, el culto de mente Cristo, la cruz de Cristo, su
Satanás”. gracia y su amor”.
“El satanismo –explicó– apunta Aica, nº 2484, p.138
hoy hacia todo aquello que puede
destrozar la imagen de Dios en el # # #
hombre, en la criatura humana he-
cha a semejanza del Creador. Esto El diálogo interreligioso
parece cosa de otros tiempos pero no sustituye la misión
es una realidad actual, actualísima.”
Tras reconocer que “se ha dicho En un discurso a un grupo de
con razón que la victoria principal Obispo que concluía su quinquenal
del demonio es hacer como que no visita “ad limina apostolorum”, el
existe”, aseguró que “la presencia Santo Padre Juan Pablo II afirmó
del Diablo debe ser contemplada con claridad que una teología que
hoy en esa obra indirecta que él no invita a la conversión a Cristo
realiza manejando, por decirlo así, o que considera a todas las religio-
ciertos fenómenos colectivos, que nes como iguales, vacía al cristia-
es lo que induce a tanta gente a pe- nismo de todo su sentido. “Testi-
car, a apartarse de Dios, a vivir en- moniar a Jesucristo es el supremo
tregado a los placeres, a concebir servicio que la Iglesia ofrece a los
loa proyectos más alocados”. pueblos.”
“Son modas que se difunden Por este motivo, aclaró, “toda
globalmente, son esa difusión ma- teología de la misión que omita la
siva del error, de la mentira que se llamada a una conversión radical a
impone con prepotencia, la confu- Cristo y niegue la transformación
sión del bien y del mal, el que se cultural que esa conversión im-
promuevan actitudes contrarias a plica, falsea necesariamente la rea-
la naturaleza humana. Todo esto lidad de nuestra fe [...] En este sen-
que va cobrando aceptación está tido, reafirmamos que el diálogo in-
siendo la obra del Diablo, está terreligioso no sustituye la misión
sirviendo a los designios del Diablo (missio ad gentes) sino que más
y, en general, podríamos decir que bien forma parte de ella”.
el Demonio en su acción va ocu- “Las interpretaciones relativis-
pando sitios vacíos.” tas del pluralismo religioso, que

GLADIUS 61 / Año 2004 205


afirma que la fe cristiana no tiene te país africano, es el “verdadero
un valor diferente al de cualquier rostro” de los musulmanes, y seña-
otra creencia, vacían de hecho el la que éstos son una amenaza más
cristianismo del corazón cristoló- grave que el comunismo para el
gico que lo distingue. Una fe alie- futuro del cristianismo.
nada de nuestro Señor Jesucristo, En su entrevista a Il Giornale de
único Salvador, deja de ser una fe Milán, del 23 de mayo, monseñor
cristiana teológica.” Mazzolari dijo también que entre
Por último, el Papa advirtió el cristianismo y el islam existe un
que “una deformación más grande abismo porque “Alá no es el mismo
aún de nuestra fe tiene lugar cuan- Dios que el Padre, el Hijo y el Es-
do el relativismo lleva al sincretis- píritu Santo”.
mo: construcción espiritual ar- En la misma entrevista dijo que
tificial, que manipula y distorsiona “se está acercando el momento del
la naturaleza esencial, objetiva y martirio. Espero que el Señor nos
reveladora del cristianismo”. dé la gracia de enfrentar este derra-
“Lo que hace que la Iglesia sea mamiento de sangre. Hay necesi-
misionera por naturaleza es preci- dad de purificación. Muchos cris-
samente el carácter definitivo y tianos serán asesinados por su fe.
completo de la revelación de Jesu- Pero de la sangre de los mártires
cristo, como Hijo de Dios. Éste es surgirá una nueva cristiandad”.
el fundamento de nuestra fe. Esto Aica, nº 2484, p.167
es lo que hace que el testimonio
cristiano sea creíble”, afirmó el # # #
Santo Padre, repitiendo este con-
cepto en varias ocasiones. Cucos desinflados,
Boletín Miles Christi, nº 113,
leyendas negras y pedidos
Septiembre 2004 de perdón

# # # La Biblioteca Apostólica Vati-


cana publicó las Actas del Simposio
El Islam en Sudán “La Inquisición”, celebrado en oc-
tubre de 1998. Durante su presen-
Monseñor Cesari Mazzolari, tación al periodismo, el historiador
misionero colombiano y obispo de Agostino Borromeo, profesor de
Rumbek, Sudán, señaló que el Is- la universidad La Sapienza, de
lam que él conoce, y que persigue Roma, especialista en Inquisición
brutalmente a los cristianos en es- y coordinador del volumen (783

206 Año 2004 / GLADIUS 61


páginas), resumió los resultados y aproximada de un millón de ha-
conclusiones del Simposio, expla- bitantes); Polonia-Lituania (unas
yándose sobre las cuestiones más 10.000 sobre una población de
importantes, respondiendo a in- 3.400.000); Alemania (25.000
quietudes periodísticas y brindan- en una población de 16.000.000)
do cifras por demás elocuentes. y Dinamarca-Noruega (unas 1.350
Refiriéndose al tribunal más en una población de 970.000).
conocido, afirmó que la Inquisi- Con el término Inquisición,
ción en España “celebró entre explicó Borromeo, se designa al
1540 y 1700, 44.674 juicios. conjunto de tribunales eclesiásti-
Los condenados a muerte fueron cos que por expresa delegación pa-
el 1,8% y de ellos el 1,7% fueron pal tenían jurisdicción para juzgar
condenados en contumacia, es de- el delito de herejía.
cir no pudieron ser ajusticiados Los primeros comisarios (“in-
por estar con paradero desconocido quisidores”) fueron creados por el
y el su lugar se quemaba o ahorcaba Papa Gregorio IX para combatir
muñecos”. las herejías en determinadas regio-
Acerca de las famosas “cacerías nes. “Progresivamente, con el pa-
de brujas”, el historiador reveló sar del tiempo, el papado dotó a es-
que los tribunales eclesiásticos fue- ta institución de una organización
ron mucho más indulgentes que propia, de una propia burocracia y
los civiles. De los 125.000 proce- de normas propias (especialmente
sos de su historia, la Inquisición para los procesos) que dieron un
española condenó a muerte a 59 rostro específico a la Inquisición.”
“brujas”. En Italia, añadió, fueron “Particularmente activa en los
36 y en Portugal 4. “Si sumamos siglos XIII y XIV para combatir
estas datos, no se llega ni siquiera los movimientos heréticos medie-
a un centenar de casos, contra las vales, sobre todo cátaros y valden-
50.000 personas condenadas a la ses, la Inquisición tuvo un descenso
hoguera, en su mayoría por tribu- en su actividad en el siglo XV”,
nales civiles, en un total de unos pero experimentó una reactivación
cien mil procesos (civiles y ecle- en los siglos XVI y XVII con la
siásticos) celebrados en toda Euro- fundación de los nuevos tribunales
pa durante la edad moderna.” de la península ibérica, cuya acción
Proporciones hechas, las ma- se orientó principalmente contra
tanzas de brujas más numerosas los pseudo convertidos del judaís-
tuvieron lugar en Suiza (se que- mo y del Islam y con la creación
maron a 4.000 en una población del Santo Oficio romano, conce-

GLADIUS 61 / Año 2004 207


bido en un primer momento como portuguesa entre 1450 y 1629 se
instrumento de lucha contra la di- tradujeron en 5,7% de condenas a
fusión del protestantismo. muerte”.
“Los tribunales fueron supri- Al ser interrogado sobre las
midos entre la segunda mitad del torturas, el profesor de La Sapien-
siglo XVIII y en las primeras déca- za expresó que además del de la
das del siglo XIX. El último que hoguera, este tema constituía la
desapareció fue el español, abolido “segunda sorpresa”. “Hemos des-
en 1834.” cubierto que se aplicaba a menos
El mismo Agostino Borromeo, del 19% de los procesados y siem-
en una entrevista concedida al pre en condiciones mucho más
diario madrileño ABC, desmintió benignas que en los juicios civiles
algunas de las falsedades promo- del momento. La tortura nos choca
vidas por la llamada “leyenda ne- hoy mucho –por desgracia menos,
gra” sobre la Inquisición. Aseguró después de lo visto en Irak–, pero
que el trabajo presentado “rompe durante mucho tiempo formaba
el tópico de que los acusados termi- parte de la normalidad procesal.
naban casi siempre en la hoguera”. Era la «reina de las pruebas», y a
“La Inquisición española juzgó muchos delincuentes se los tortu-
en toda su historia a unas 130.000 raba antes de interrogarlos.”
personas, de las cuales fueron con- Siguió explicando que “no es lo
denadas a muerte menos del 2%. mismo la Inquisición medieval que
Durante mucho tiempo se confun- la de los siglos XVIII o XIX cuando
dieron juicios con condenas a muer- la gente era mucho más sensible a
te, y se pensaba en unas 100.000 la injusticia. En la Edad Media la
ejecuciones, cifra totalmente irreal. Inquisición era muy popular por-
Aunque hubo sentencias de prisión que se veía al hereje como un ene-
y de galeras, la mayor parte de las migo, un peligro. Y la pena de muer-
condenas fueron espirituales: pere- te era entonces muy normal”.
grinaciones, penitencias, plegarias, El Papa Juan Pablo II, al recibir
etc.”, señaló el catedrático. el trabajo de esta primera investiga-
Preguntando sobre las penas ción, dirigió una carta el cardenal
establecidas por la Inquisición en Roger Echegaray, antiguo presi-
otros países, Borromeo declaró dente del Comité para el gran Ju-
que “entre 1551 y 1647, el tribu- bileo del año 2000 expresando en
nal italiano de Aquileia condenó a uno de sus párrafos: “Ante la opi-
muerte sólo al 0,5%. En cambio, nión pública la imagen de la Inqui-
los 13.255 juicios de la Inquisición sición representa de alguna forma

208 Año 2004 / GLADIUS 61


el símbolo de antitestimonio y es- La Sábana Santa
cándalo. ¿En qué medida esta ima- y La Pasión
gen es fiel a la realidad? Antes de
pedir perdón es necesario conocer El Centro Español de Sindono-
exactamente los hechos y recono- logía, con sede en Valencia y dedi-
cer las carencias ante las exigencias cado al estudio de la Sábana Santa
evangélicas en los casos en que sea de Turín, sostiene que la película
así.” La Pasión de Mel Gibson “basa
Aica, nº 2485, pp.205-210 acertadamente muchas de sus esce-
nas en estudios realizados sobre la
# # # propia tela” aunque, “la crudeza
de la crucifixión del cuerpo refle-
Sobre la inquisición jado en la Sábana supera las más
española duras escenas del filme”.
El vicepresidente del Centro
Una editorial francesa (Collec- de Sindonología, Jorge Manuel
tion Saint Denys), publicó en 2003 Rodríguez, indicó a la agencia AVAN
un interesante trabajo sobre el siem- que uno de los “momentos más
pre urticante tema de la inquisición fuertes de la película y que más se
española. Se trata de Cartas a un ajustan a la realidad es el de la fla-
gentilhombre ruso sobre la inquisición gelación, donde se emplean instru-
española de Joseph de Maistre. La mentos de tortura muy similares a
primera parte de la obra incluye los utilizados en la época”, entre
un texto de André Sarroux sobre otros, látigos con cintas de cuero
la Inquisición, su necesidad y fun- acabadas en bolas con púas que
damento enraizado en la Biblia. “arrancaban la piel y dejaban en
Sigue entonces el texto de Joseph carne viva a la persona”. Según el
de Maistre, justificando al Tri- especialista, los estudios llevados a
bunal, de una claridad meridiana cabo por médicos forenses sobre la
y un rigor intelectual de la mejor Sábana Santa han determinado
tradición francesa. Responde a los que “cerca del 50% de la piel del
detractores ubicando con precisión cuerpo que envolvió la tela estuvo
las ideas de los mismos. herida, por lo que las lesiones que
Lecture et Tradition, nº 327, se ven en la película son acordes a
Mayo 2004, p.31 la realidad”.
Igualmente, “la escena final de
# # # la Resurrección, en el filme, se
ajusta del todo a las últimas investi-

GLADIUS 61 / Año 2004 209


gaciones sobre la Sábana Santa Las Obras Completas que aho-
que comprueban que la tela se des- ra se proyectan serán definitiva-
hinchó, como aparece en la pelícu- mente tales pues incluirán también
la, y el cuerpo salió del lienzo sin Año X, estudio crítico sobre la Re-
deshacer el envoltorio”, añadió Ro- volución de Mayo aparecido en
dríguez. 1960, y su obra póstuma Autobio-
Por otra parte, estudiosos de la grafía del hijito que no nació. Asi-
Síndone de Turín afirman que “la mismo contendrá Adónde nos lleva
realidad de los hechos supera en nuestro panteísmo de Estado, tesis
dureza las imágenes que muestra para optar al grado de Doctor en
La Pasión por más violentas que Derecho y Ciencias Sociales que
aparezcan. Así, la corona que rodea Martínez Zuviría presentó ante la
la cabeza de Jesucristo en la película Universidad de Santa Fe en 1907
“le produce muchas menos incisio- y fue rechazada. La publicación de
nes que las que refleja la Sábana la Opera omnia del célebre novelis-
en la que se contabilizan hasta 60 ta, tarea vasta y de largo aliento,
heridas punzantes que rodean toda será gradual y no ya en dos volúme-
la cabeza y el cuero cabelludo”. nes sino probablemente en siete
Panorama Católico, nº 36, Julio 2004 tomos.
Aica, nº 2478, p.422
# # #

Obras completas
de Hugo Wast

En su asamblea anual, celebra-


da el 21 de mayo de 2004, en su
sede de avenida Córdoba 1567,
piso 4º, 7º, (1055), de Buenos
Aires, la comisión directiva del
Instituto Hugo Wast consideró la
publicación de las Obras Completas
de Hugo Wast, ya que la edición en
dos tomos hechas entre 1956 y
1957 por la editorial Fax de Ma-
drid se encuentra totalmente ago-
tada.

210 Año 2004 / GLADIUS 61


Documentos

QUINTO LLAMADO A LOS CRISTIANOS LIBANESES

El miércoles 1º de septiembre de 2004, los obispos maronitas tuvie-


ron su reunión mensual en Dimán bajo la presidencia de Su Beatitud
Eminentísima Mar Nasrala Butros Sfeir. Analizaron las cuestiones eclesia-
les y las nacionales, locales y regionales. Finalizada la reunión, emitieron
el siguiente llamado:

Éste es el quinto llamado a nuestros hermanos e hijos libaneses para que no


cedan a la desesperación, a pesar de todas las dificultades que traban su cami-
no, hacen imposible su vida cotidiana y los conducen a perder la fe en su patria.
Quedan grandes razones para la esperanza, a pesar de todas las apariencias
contrarias, de todos los actos tiránicos repugnantes y las prácticas injustas.
La fuente de nuestra esperanza reside en nuestra fe en Dios, en la justicia de
nuestra causa, en la sagacidad de nuestro pueblo, en las lecciones de nuestra
historia y finalmente en el ejemplo de nuestros ancestros que, para vivir libres
y dignos y para no inclinarse jamás sino ante Dios, aceptaron la miseria y las
asperezas de la existencia.
Las causas de desesperación son numerosas. Citamos solamente algunas:

1. Un horizonte que se cierra ante la juventud libanesa. Numerosos son los


jóvenes que, promovidos en las universidades con los más altos diplomas, no
encuentran trabajo y son obligados a emigrar. Algunos nunca vuelven, lo que
contribuye al vaciamiento de cerebros de la nación.
2. Un enorme endeudamiento que pesa sobre los ciudadanos. Ya llega a los
cuarenta mil millones de dólares y se abulta a cada salida del sol. Todas las ten-
tativas del Estado no sirven sino para aplazar la quiebra sin eliminarla. La situa-
ción de las finanzas amenaza llegar a un desastre financiero, un crack, según la
opinión de los expertos en economía, incluso los de las instituciones financieras
internacionales, a largo plazo inevitable. Mientras tanto, el gobierno agobia a la
gente con el peso de los impuestos y atrasa –en ciertos casos durante años– el
pago a sus acreedores
3. Las divergencias entre los dirigentes en la cúpula del Estado, que reper-
cuten sobre los otros niveles del poder. Esto es visible en el comportamiento de
ciertos responsables que se abstienen de aplicar las decisiones del Consejo de
Ministros y multiplican las críticas contra las prácticas de sus jefes y sus colegas,
permaneciendo asimismo en sus puestos como si nada pasara. Esto hizo perder a
los detentadores del poder la credibilidad que deben tener ante el pueblo, y el
respeto que normalmente les era debido. Este problema encuentra en parte sus
causas en las fallas y lagunas del acuerdo del “Taef”, que debería haberse apli-
cado de una manera integral para precisamente sanearlo y reformar sus defectos.

GLADIUS 61 / Año 2004 211


4. La omnipresencia de las coimas en todas las administraciones públicas.
Ningún ciudadano, cumpliendo las formalidades administrativas, de cualquier
naturaleza, escapa a las peores molestias de ver prolongarse su trámite por mu-
chos meses o hasta años, esto si no permanece congelado por el funcionario
que no acepta desbloquearlo sino a cambio de un pago que cree debido antes
que lo debido al propio Estado. Y esto a condición de estar presente en su
puesto y no atrasado o en vacaciones. Solamente los servicios de la Seguridad
general, contrariamente a lo que aquí está en uso, han adoptado el sistema de
correo, a ejemplo de los países desarrollados.
5. Una corrupción que se expande en las filas de ciertos responsables. Entre
ellos algunos ocupan altas posiciones. Reparten los recursos del Estado y se en-
riquecen de una manera oscura, de un día para otro, sin que nadie ejerza el
menor control. Modifican las leyes en su beneficio, y se hacen culpables de de-
litos encubiertos, ignorando que hay gente que tiene ojos para mirar y lenguas
para hablar. Así el Casino del Líbano, la electricidad, el Banco Al-Madina, los
servicios de Aduana y otros casos resultan vivos ejemplos.
6. Un servilismo mortal que provoca la acumulación de “ñoquis”. Que
están al servicio de otros en reparticiones administrativas para las que carecen
de toda competencia. Se contentan con quedarse en casa y aparecen cada fin
de mes por la caja para recibir sus salarios. Un responsable afirma que hay no
menos de 9.000 funcionarios, entre los que figuran Directores Generales, que
no cumplen ninguna función en el Estado y a pesar de todo reciben sus salarios
mensuales.
7. Una justicia politizada que perjudica a los ciudadanos, los humilla y les
niega sus derechos. Una justicia que corrompe el sistema democrático, e impi-
de a los emigrados invertir en el Líbano y crear así oportunidades de empleo.
Esto es notorio: basta que un individuo que no es libanés y goza de una fuerte
influencia en el escenario local se manifieste, hasta por teléfono, pidiendo que
uno vaya preso o que otro sea liberado, para que se inicie un proceso para que
el primero vaya a la cárcel y al otro se lo deje tranquilo, aunque haya cometido
el peor de los crímenes. El contacto con Israel es ya el motivo más fácil de incul-
pación, el más accesible. La justicia se ha transformado en objeto de diversión
para ciertos altos responsables que la ignoran, incluso cuando se les pide com-
parecer ante la misma.
8. Un desarrollo equilibrado limitado a la capital. El resto del país ha sido
ignorado y sus habitantes se ven obligados a emigrar hacia la ciudad [...]. Sus
aldeas necesitan una escuela, un dispensario, una fábrica que les dé trabajo; en
ellas la vida es dos veces más barata que en la ciudad. He aquí una de las cau-
sas que no dejan a los desplazados volver a sus regiones. Se quejan de que has-
ta hoy han sido privados de la indemnización que les debe el Estado, mientras
los intrusos reciben lo que no les es debido en la ciudad y sus alrededores.
9. Una dilapidación sin límites [de los fondos públicos]. Sobre todo cuando
un encargado oficial acapara en sus manos el mercado y comparte con un
empresario la plata de un proyecto, en el cual se gasta sólo una parte de la su-
ma destinada, y la mayor parte va a parar al bolsillo de uno o del otro. En la
mayoría de los casos se ignora el buró de las adjudicaciones públicas, como
también el Concejo Económico y el mismo Concejo Constitucional cuyo man-

212 Año 2004 / GLADIUS 61


dato expira y los miembros permanecen por inercia. Como tampoco se toma
en cuenta a la Inspección Central, cuyos informes son destinados al olvido. Sin
hablar de las diferencias en los emolumentos en ciertas instituciones oficiales
donde los sueldos pueden llegar a ser diez veces superiores a los de otras repar-
ticiones.
10. Una miseria que se expande en todos los sectores de modestos recursos,
aplastados por el peso de los impuestos. Numerosos son los que reclaman ayu-
da para sus necesidades básicas. Algunos estudios demuestran que el 40% de
los grupos familiares libaneses viven debajo del nivel de pobreza.
11. La última queja se refiere a la elección presidencial. La Constitución es
reformada violando la misma, y tal reforma es impuesta por el extranjero con
todo menosprecio. Se moviliza a las instituciones constitucionales para adoptarla,
y se obliga a los ministros y a los diputados a tomar posiciones que no desean
, independientemente de las personas involucradas. En un futuro muy próximo
los diputados van a decidir. Es necesario que lo hagan con total libertad, te-
niendo en su conciencia el futuro de sus hijos, y que no se acobarden ante las
amenazas que reciban o que no cedan a las promesas que se les ofrezcan, y
que apuntan desde ya en ciertas áreas. Dejarse arrastrar por una corriente de-
vastadora jamás ha sido sinónimo de salud. Sólo la verdad es el camino. El nú-
mero sin el derecho no es nada. La minoría portadora del derecho es todo.

¿Cómo hemos llegado a esto?

El sistema democrático que caracteriza a nuestro país ha sido corrompido.


He aquí la causa que nos condujo al punto donde estamos. El pueblo no está
más en condiciones de llevar a quien quiere al Parlamento. Entonces, este pue-
blo no puede pedir cuentas al diputado que no se adecua a su misión. Toda
persona que proclama un punto de vista contrario a la opinión oficial es perse-
guida y arrestada. Las divisiones no cesan de cavar fosos entre los libaneses.
Algunos actúan para provocar disensiones y ahondarlas con amenazas o pro-
mesas. Cada vez que los musulmanes y los cristianos comienzan a intentar
aproximaciones entre sí, surge alguien que las impide. Esto no es ya un secreto.
Hay nombres e incidentes conocidos.
He aquí lo que hasta el presente impide una reconciliación global que man-
comune de nuevo a la gente y ponga término a las injusticias cometidas contra
algunos libaneses, notablemente Samir Geaga, los exiliados y los detenidos.
Así es que una parte de los libaneses se sienten, dieciséis años después del
acuerdo de Taef, como indeseables en su propio país. Y cada vez que levantan
la voz para reclamar su derecho a la libertad y a la independencia son reprimi-
dos, perseguidos, arrestados y echados a la cárcel. Aquellos que han sido confi-
nados han narrado una variedad de torturas y humillaciones contrarias a las
leyes y a la Carta de los derechos del hombre. Un sistema tal nada tiene que ver
con la democracia, supuestamente destinada a facilitar un vasto espacio de
libertad a los ciudadanos. [...]

GLADIUS 61 / Año 2004 213


¿Quién es el responsable?

Siria ha entrado en el Líbano en 1976, es decir hace 28 años. No volvemos


más al pasado. Una parte de los libaneses era hostil a Siria antes de cambiar su
vestimenta. Y viceversa. Después vino el acuerdo de Taef que, entre otras dis-
posiciones, preveía el retiro del ejército sirio del Líbano, dos años después de la
conclusión del acuerdo. Dieciséis años han pasado y las cosas permanecen en
el mismo punto, aunque con algunas modificaciones. Hoy todo el mundo sabe
que la última palabra en el Líbano no pertenece a los libaneses, sino a los sirios.
El Líbano, sin embargo, es un país reconocido por las Naciones Unidas, des-
pués de su salida del mandato francés, como un estado independiente y sobe-
rano, independencia y soberanía que había adquirido incluso antes que Siria.
Ya en el curso del primer mandato independiente los dos países estaban liga-
dos por intereses comunes, que una ruptura (“La Quataiaa”) vino a perturbar,
sin duda en razón de una falsa pretensión según la cual el Líbano no era sino
una provincia de Siria. Esto ya es historia y es inútil perder el tiempo en repe-
tirlo.
Lo decimos francamente. Siria es la sola responsable en el Líbano desde su
entrada en 1976, y sobre todo después del acuerdo de Taef, como si se tratara
precisamente de una provincia siria. Ayer un diario sirio, comentando la cam-
paña presidencial en el Líbano, ha escrito que Siria es el elector más grande, si
no el único, en el país. Como si el Líbano estuviese vacío de ciudadanos que
tienen su opinión sobre lo que concierne y determina ante todo su suerte y la
de sus hijos.
Los últimos acontecimientos han ilustrado estas consideraciones. La libaniza-
ción se ha transformado en sirianización pura que ningún punto de vista liba-
nés podría influenciar.
Si Siria ha ayudado efectivamente al Líbano en ciertas áreas, lo ha aplasta-
do en otras. Dicta sus órdenes y directivas. Designa los gobernantes, organiza
las elecciones parlamentarias y las otras. Nombra y revoca a quien quiere. In-
terviene en cada sector, en la administración, la justicia, la economía y eviden-
temente la política. Lo hace por intermedio de sus representantes y de sus asis-
tentes. Realiza las maniobras tocantes a los intereses del Líbano en las instan-
cias internacionales. Protege a los corruptos y a los corruptores. Permite que
ciertos intermediarios, asociados con libaneses de alto rango, repartan los re-
cursos del Líbano y el comercio de influencias.
Así constatamos cómo se ha expandido la prevaricación y se ha instalado la
cultura de la corrupción. Mientras el pueblo libanés, y en primer lugar su juven-
tud, emigra en gran número, y aquellos que se quedan se hunden día tras día
en la pobreza. El Líbano sucumbe bajo el peso de su enorme endeudamiento.
Si cae, Siria caerá con él. No deseamos esto para ninguno de los dos.
Sabemos que cuando Siria hizo una unión con Egipto, bajo el dominio de
Nasser, el pueblo sirio rechazó tal unión, por razones conocidas, no muy dife-
rentes de las que hemos citado. No es nuestra intención proclamar una mera
enemistad hacia Siria, ni negar toda responsabilidad por parte de los libaneses.
Al contrario, pensamos que no hay en el Líbano enemigos de Siria, y que el in-

214 Año 2004 / GLADIUS 61


terés común impone entre ambos países las relaciones más fraternales y amica-
les. Pero el hermano debe respetar las particularidades de su hermano, no
debe inmiscuirse en sus asuntos, ni considerarlo un menor sobre el que debe
ejercer su tutela.
Entre dos hermanos, lo que hace falta es una coordinación y una cooperación
sincera en todos los planos. Este es el sentimiento que comparten los libaneses,
cristianos y musulmanes. Nosotros queremos esperar que vengan al Líbano
dirigentes capaces de decir claramente esta verdad a sus homólogos sirios, pa-
ra que las relaciones mejoren.
No queremos creer que Siria tiene miedo del sistema democrático en el
Líbano, como algunos pretenden. Siria es libre de elegir el sistema que mejor le
siente, como también lo es el Líbano. Pero si permanecen la tensión y el mie-
do, ninguno de los dos países conocerá el reposo, porque lo perjudica al Líba-
no perjudica también a Siria. No queremos ni enemistad, ni conflicto, ni ma-
lentendidos. Todo lo contrario, estamos por la cooperación, la fraternidad y la
concordia. Que Dios atienda nuestras súplicas.

EDUCACIÓN SEXUAL:
TRIUNFARON LOS PADRES DE FAMILIA

La Ciudad de Buenos Aires no tendrá por ahora ley de educación se-


xual. Ni el proyecto de Suppa ni el De Estrada consiguieron los votos
necesarios.

Largas horas de espera e inexplicables dificultades para ingresar precedieron


a la sesión. Un férreo operativo policial custodiaba el frente de la Legislatura
que estaba vallado para “dejar afuera a los grupos más radicalizados contrarios
a la incorporación de la educación sexual en las escuelas porteñas” (Página 12,
14/12/04).
Durante el debate hubo muchos discursos. Los partidarios del proyecto de
Suppa esgrimieron supuestas estadísticas sobre embarazo adolescente, SIDA,
aborto, etc. y acusaron de oscurantistas y fundamentalistas a quienes se opo-
nían al proyecto. Los que defendieron el proyecto de De Estrada hablaron de
familia y de derechos de los padres, pero sólo el diputado Ricardo Busacca
concretó, en las observaciones que formuló, el reclamo de los padres de fami-
lia: de sancionarse educación sexual que sea optativa y extracurricular.

Los discursos

Marcelo Godoy: el presidente de la Comisión de educación aseguró que la


mayoría de los ciudadanos quiere educación sexual en las escuelas y que la
cantidad de adolescentes embarazadas, el SIDA, etc. exige la ley; pero destacó
al mismo tiempo que “ésta no debe excluir a los padres”. “Hay que educar en

GLADIUS 61 / Año 2004 215


el amor”. “Los programas de educación sexual eficaces son los que refuerzan
valores”.
Ana Suppa: le reclamó al dip. De Estrada haber presentado un proyecto
de educación sexual con el único fin de obstaculizar la sanción del promovido
por SIGLA y presentado por ella. Dijo que las opiniones estaban polarizadas:
de un lado los que defienden la escuela pública y la educación igualitaria y del
otro los que defienden los derechos de los padres y el rol subsidiario del Estado.
Santiago De Estrada: aseguró que nadie duda de la necesidad de la educa-
ción sexual. “La discusión gira en torno a los contendidos y a quien la orienta
y lleva a la práctica”. Destacó que mientras la oposición al proyecto de Suppa
provino de padres, educadores y credos, el apoyo se lo dieron las ONG’s femi-
nistas.
Juan Carlos Lynch: “el trato diario, personal y afectivo de padres e hijos, les
da a los padres la posibilidad insustituible de educarlos”.
Daniel Betty: destacó la intolerancia de los “fundamentalistas católicos”
puesta de manifiesto recientemente a raíz de la exposición de Ferrari y la confe-
rencia de Rebecca Goomperts (la capitana del barco de la muerte).
Beatriz Baltroc: remarcó la necesidad de una ley de educación sexual. Ha-
bló de los abusos sexuales y asimiló una vida digna a la posibilidad de elegir el
número de hijos.
Alicia Carusso: anticipó que el bloque de Ibarra no iba a apoyar ningún
proyecto, lo que provocó el encono del resto de los “progresistas”. Moresi, su
compañera de bloque, dijo a posteriori que el proyecto de Suppa era inconstitu-
cional porque desde la Legislatura no se pueden fijar los contenidos.
Fernanda Ferrero: dijo que los legisladores no tienen autoridad para fijar
los contenidos de la educación sexual y rechazó que se imponga desde el Es-
tado, sin intervención de la familia.
Jorge Enríquez: resaltó que la educación sexual no fue tema de campaña,
hizo foco en los derechos de los padres y fustigó la ideología de género.
María Soledad Acuña: defendió enfáticamente la perspectiva de género.
Héctor Bidonde: resaltó el actual estado de la juventud –drogas, violencia y
alcohol– y dijo que padres que no pudieron contenerlos no podrán educarlos
en la sexualidad.
Norberto La Porta: se autodefinió como agnóstico y defendió la libertad de
pensamiento y la educación gratuita, laica y obligatoria.
Paula Bertol: manifestó “no soy feminista soy femenina”. “Cuando escucho
estadísticas sobre aborto pienso en los niños por nacer”.
Ricardo Busacca: le señaló a los que impulsan una educación sexual con
contenidos oficiales porque el “Estado no puede estar ausente”, que una cosa
es un Estado ausente y otra el que se mete en las casas. Destacó que los padres
tienen obligaciones para con sus hijos y que de ellas manan derechos. Manifes-
tó las dudas que la reglamentación e implementación de cualquier proyecto de
educación sexual por parte del Gobierno de la Ciudad le genera, por lo que
pidió que la materia adopte el modo optativo y extracurricular. Le recordó a
quienes impulsan los proyectos de educación sexual que ellos mismos, cuando

216 Año 2004 / GLADIUS 61


defienden leyes como las del divorcio o aborto, usan como caballito de batalla
que esas leyes no generan prácticas obligatorias y pidió que de implementarse
un proyecto de educación sexual, tampoco sea obligatorio.

La votación

El proyecto de Suppa obtuvo menos votos a favor que el de De Estrada,


pero éste último no totalizó -entre los votos a favor y en contra- el mínimo de
31 requerido para sancionar. Luego ninguno de los dos fue aprobado.

El resultado

Suppa: 24 votos a favor, 28 en contra.


De Estrada: 26 votos a favor, 3 en contra y 23 abstenciones.
Entre los que fueron a la sesión a apoyar el proyecto de Suppa estaban: el
presidente de SIGLA, Rafael Freda; las abortistas María José Lubertino y Ceci-
lia Lipszyc; las diputadas nacionales María Elena Barbagelata y Juliana Marino
y los exdiputados de la Ciudad Clori Yelici y Eduardo Jozami; que esta vez se
retiraron cabizbajos, mientras los padres de familia celebraban alborozados
poder seguir educando ellos mismos a sus hijos.

Notivida, Año IV, nº 267, 15 de diciembre de 2004


Editor: Pbro. Juan C. Sanahuja - Coeditor: Lic. Mónica del Río
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
[Link] - notivida@[Link]

GLADIUS 61 / Año 2004 217


LIBROS RECIBIDOS
Allard, Paul, Diez lecciones sobre el martirio, Gratis Date, Pamplona (España)
2000, 99 pgs.
Andereggen, Ignacio, Contemplación filosófica y contemplación mística, Educa,
Buenos Aires 2004, 598 pgs.
Andereggen, Ignacio, Sacerdocio y Plenitud de vida, Educa, Buenos Aires
2004, 268 pgs.
Arazuri, Miguel, Dulce Isabel, Nueva Hispanidad Juvenil, Buenos Aires 2003,
252 pgs.
Belloc, Hilaire, Sobrevivientes y recién llegados. Los viejos y los nuevos ene-
migos de la Iglesia Católica, Pórtico, Buenos Aires 2004, 304 pgs. Estudio
preliminar de Aníbal D’Angelo Rodríguez.
Couvert, Etienne, La verite sur les manuscrits de la mer morte (2ª ed.), de
Chiré, France 2003, 128 pgs.
Caponnetto, Antonio, Jordán Bruno Genta, Santiago Apóstol, Buenos Aires
2004, 30 pgs.
D’Angelo Rodríguez, Aníbal, Diccionario Político, Claridad, Buenos Aires
2004, 653 pgs.
Díaz Araujo, Enrique, Aquello que se llamó Argentina, El Testigo, Mendoza
2002, 158 pgs.
Díaz Araujo, Enrique, El Sandinismo Nicaragüense, La Rosa Blanca, Mendoza
2004, 134 pgs.
Díaz Araujo, Enrique, La política del bien común, El Testigo, Mendoza 2004,
62 pgs.
Díaz Araujo, Enrique, Malvinas 1982. Lo que no fue, El Testigo, Mendoza
2001, 73 pgs.
Forment, Eudaldo, Id a Tomás, Gratis Date, Pamplona (Esp.) 1998, 182 pgs.
Gallardo, Juan Luis, Historia Argentina para chicos argentinos, Vórtice, Buenos
Aires 2004, 160 pgs.
González Flores, Anacleto, Ensayos, Asoc. Pro-Cultura Occidental, Guadalaja-
ra, Jalisco, México 2004, 80 pgs.
González Flores, Anacleto, Tú serás Rey, Asoc. Pro-Cultura Occidental, Guada-
lajara, Jalisco, México 2000, 156 pgs.
Iraburu, José María, El matrimonio en Cristo, Gratis Date, Pamplona (España)
2003, 143 pgs.
Iraburu, José María, Hechos de los apóstoles de América, Gratis Date,
Pamplona (España) 2004, 557 pgs.
Magaldi, Juan Bautista, Boceto familiar, Laus Deo, Buenos Aires 2004, 72 pgs.
Márquez, María Teresa, Anacleto González Flores, un espíritu encendido,
Asoc. Pro-Cultura Occidental, Guadalajara, Jalisco, México 2002, 59 pgs.

218 Año 2004 / GLADIUS 61


Márquez, Nicolás, La otra parte de la verdad, Argentinos por la memoria
completa, Buenos Aires 2004, 190 pgs.
Noriega, Néstor Alfredo, Don Quijote por las sierras de Córdoba. Semblanza
del Cura Gaucho Brochero, Didascalia, Rosario 2004, 35 pgs.
Oneto Roth, María Beatriz - Ballesteros, Juan Carlos Pablo, Una mirada an-
tropológica a la psicología de Lev. S. Vygotski, Univ. Cat. de Santa Fe,
Santa Fe 2004, 111 pgs.
Ottonello, Pier Paolo, Antiaccademici e maledetti, Venezia, Italia 2004, 152
pgs.
Ottonello, Pier Paolo, Sciacca la necessita della metafisica, Leo Olschki editore,
Firenze 2004, 121 págs
Pagano, José León (h), Veinte siglos de herejías, Sudamericana, Buenos
Aires 2004, 182 pgs.
Pérez García, María del Pilar Amparo, Hacia el futuro. Preguntas políticamente
incorrectas por España, Puerto de Castilla, Santander-España 2002, 588
pgs.
Raffard de Brienne, Daniel, In n’y a qu’un seul Dieu, de Chiré, France 2003,
234 pgs.
Raymond, M. (trapense), Tres monjes rebeldes, Asoc. Pro-Cultura Occidental,
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Rivera, José - Iraburu, José María, Síntesis de espiritualidad católica, Gratis
Date, Pamplona (España) 2003, 431 pgs.
Scala, Jorge, Género y Derechos Humanos, Vórtice, Buenos Aires 2004, 192
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REVISTAS RECIBIDAS
ACTUALIDAD PASTORAL, Abel Costa 261 (1708) Morón, [Link].
Nº 287, Año 2004, Buscar consejo es un don del Espíritu Santo
Nº 288, Año 2004, No temas, pequeño rebaño
AHORA, Bimensual, Ap. Correos 31.001 (08080) Barcelona, España
Nº 69, 11-M: Otra trama oculta, Mayo-Junio 2004
Nº 70, ¿Eurocracia? No gracias, Julio-Agosto 2004
ANALES de la Fundación Francisco Elías de Tejada, José Abascal, 38,
28003 Madrid, España
Año IX, 2003
CABILDO, C.C. 80 Suc. 7 (1407) [Link].
Nº 37, Año IV, 3ª época, El 5º: No Matarás, Junio-Julio 2004
Nº 40, Año V, 3ª época, No son transversales, es terrorismo de estado,
Octubre 2004
CONJECTURA, Filosofia e Educaçao. Rua Francisco Gétulio Vargas, 1130,
CEP 95070-560 Caixas do Sul, Brasil / educs@[Link]
Nº 1, V, 7, Jan/Dez 2002

GLADIUS 61 / Año 2004 219


CRISTIANDAD, Duran y Bas, 9 2º- 08002 Barcelona, España
Año LXI, Nº 875-876, La devoción al Corazón de Jesús en España,
Junio-Julio 2004
Año LXI, Nº 877-878, San José Manyanet, profeta de familia, Ago-Sept
2004
CRISTIANITA, via S. Franca 29, I-29100 Piacenza, Italia
Nº 324, anno XXXII, Martirio e tradizione, Maggio-Giugno 2004
Nº 325, anno XXXII, Il beato Carlo d’Austria, Settembre-Ottobre 2004
CUESTIONES TEOLÓGICAS, Apartado Aéreo 56006, Medellín, Colombia,
cuestiones@[Link]
Vol. 31, Nº 75, Juan Pablo II, profeta de la Esperanza, Enero-Junio 2004
DIÁLOGO, Y el Verbo se hizo carne, Mendoza
Año 11, Nº 36, Él es nuestra paz
DIDASCALIA, Revista de Catequesis, Pte. Roca 150 (2000) Rosario
Año LVIII, Nº 576, Eucaristía y Misión, Octubre 2004
Año LVIII, Nº 577, La Eucaristía nos envía, Noviembre 2004
EL HERALDO CATOLICO, 5890 Newman Court, Sacramento, CA 95819,
U.S.A. elheraldo@[Link]
Vol. 26, Nº 7, Denuncian perfil anti-hispano, Julio 2004
Vol. 26, Nº 8, La Iglesia católica promueve... Agosto 2004
ESPÍRITU, Cuadernos del Inst. Filosófico de Balmesiana, Duran y Bas, 9,
Apartado 1382 Barcelona, España
Año LIII, Nº 129, Enero-Junio 2004
FILOSOFIA OGGI, per l’unità delle scienze
Anno XXVII, Nº 108, F IV, Ottobre-Dicembre 2004
FUERZA NUEVA, Dios, Patria, Justicia, Nuñez de Balboa 31, 28001 Madrid:
Nº 1300, “Liberadores” en París (1944), chekistas en Madrid (1936),
Septiembre 2004
Nº 1301, Ya son “matrimonio”... Sin palabras, Sept-Oct 2004
GLOSAS SILENSES, [Link] la Abadía de Sto. Domingo de Silos, 09610
Santo Domingo de Silos, Burgos, España
Año XV, Nº 2, Luz de Luz, Hogar de Hogar, Mayo-Agosto 2004
LECTURE ET TRADITION, B.P.1, 86190 Chiré-en-Montreuil (France)
Nº 329/330, Du Nouveau sur la guerre d’Espagne, Juillet-Août 2004
Nº 331, Réplique à l’amiral de Gaulle, Septembre 2004
LECTURE FRANCAISES, B.P. 1 (86190) Chiré-en-Montreuil (France)
Nº 569, Les séminaires de l’islam, Septembre 2004
Nº 570, Europe: le partage de la gamelle, Octobre 2004
NEWMANIANA, Publicación de Amigos de Newman en Argentina, Av. Liniers
1560 (1648) Tigre, [Link].
Año XIV, Nº 41, Ex umbris et imaginibus in veritatem, Julio 2004

220 Año 2004 / GLADIUS 61


NUEVA LECTURA, La Revista Libro, Mensual, Ayacucho 236 P.B. “A”
(1025) Bs. As.
Año 11, Tomo XI, Nº 128, Fulton Sheen, el obispo “multimedia”, Octubre
2004
Año 11, Tomo XI, Nº 129, La cruz de Cristo, escándalo y locura, Noviembre
2004
RAZON ESPAÑOLA, Paseo Santa María de la Cabeza 59 (28045) Madrid,
España
Nº 127, Ganar años. La vejez en su sitio, Septiembre-Octubre 2004
SACERDOS, Ediçao Portuguesa, Cx. Postal 287. CEP:07500-970, Santa
Isabel, SP, Brasil. informations@[Link]
Año 11, Nº 52, A ajuda ás familias, prioridade do sacerdote, Julho-Agosto
2004
Año 11, Nº 53, A presença do Senhor, Setembro-Outubro 2004
SALMANTICENSIS, Universidad Pontificia de Salamanca, Compañía, 5,
37002, Salamanca (España)
Vol. LI, Fasc. 1, Enero-Abril 2004
Vol. LI, Fasc. 2, Mayo-Septiembre 2004
SIEMPRE P’ALANTE, Quincenal Navarro Católico, Doctor Huarte, 6 1º izq.,
31003, Pamplona (España)
Nº 506, Eucaristía y Misión, 16 Octubre 2004
Nº 507, El Rey Juez separará, benditos...malditos..., 1º Noviembre 2004
STROMATA, Universidad del Salvador, Filosofía y Teología, San Miguel,
Buenos Aires, Argentina
Nº 1/2, Año LX, Enero-Junio 2004
Nº 3/4, Año LX, Julio-Diciembre 2004
THE PRINCETON SEMINARY BULLETIN, Revista Trimestral, P.O. Box
821, Princeton-New Jersey
Vol. XXV, Nº 2, 2004, There be dragons
TODO MARIA, Ayacucho 236 P.B.“A” (1025) Buenos Aires
Edición Especial, Juan Pablo II, el peregrino de María, Octubre 2004
Año 8, Nº 84, La Virgen de los Servitas, Noviembre 2004
UNIVERSITAS, Revista del Inst. Tomás Moro, F.R. Moreno 229 c/ Yegros,
Asunción, Paraguay
Año 1, Nº 1, Cinco años del Instituto Tomás Moro, 1999 (edición Especial,
reimpresión)
Año 5, Nº 5, La epistemología de la historia en el Paraguay, 2003
VERBO SPEIRO, José Abascal, 38, 28003, Madrid, España
Nº 425-426, La inteligencia en peligro de muerte, Mayo-Junio-Julio 2004

GLADIUS 61 / Año 2004 221


BIBLIOGRAFÍA

Bojorge, Horacio
Las Bienaventuranzas. ¡Upa, Papá! Anuncio del Sermón de la Montaña
Lumen, Buenos Aires 2003 y 2004, 123, 128 y 140 pgs. resp.

Al P. Bojorge lo conocen bien los lectores de Gladius por sus magníficos artículos,
poesías, etc. Siendo como somos buenos amigos, no nos será fácil escribir esta nota ya
que en tales casos, como señalamos hace poco en esta misma revista, con frecuencia
la objetividad en el juicio se torna ardua. El A., que es uruguayo, cursó sus estudios en
Chile, Argentina, Holanda y Roma. Licenciado en filosofía, teología y Sagrada Escritura,
se ha dedicado especialmente a esta última asignatura. Lo apreciamos sobre todo por
ello, ya que en este tiempo no es frecuente encontrar exégetas de tan recta doctrina. Y
él lo es a carta cabal. Pensamos, con todo, que sus dos mejores obras son la que ha
dedicado al estudio de la acedia, como vicio característico de la época actual, y al
pensamiento teológico de su compatriota el P. Juan Luis Segundo.
En los tres volúmenes que ahora nos ocupan, el A. expone el contenido del Ser-
món de la Montaña (Mateo, cap. 5 a 7). En el primero de ellos va recorriendo las Bie-
naventuranzas, exordio al tiempo que quintaesencia de aquel sermón; el segundo está
dedicado al Padrenuestro, y el tercero a lo que resta de las palabras que en aquella
ocasión pronunciara el Señor. No se trata, por cierto, de un tratado sistemático. Sus
páginas reúnen las fichas empleadas en retiros predicados a seminaristas, sacerdotes,
religiosos y fieles de parroquia en general. Si bien ha repetido los mismos esquemas en
diversos lugares, sin embargo en cada circunstancia Dios lo inspira para poner los
énfasis necesarios. Cada uno de los volúmenes acaba por ser un pequeño manual o
“apuntes” de clases.
En el tomo Anuncio... se propone ofrecer una visión de conjunto del Sermón y sus
enseñanzas centrales, las líneas maestras de su interpretación y sus principales partes.
Pero para que fuera realmente “Anuncio” y no una suma de clases, si bien procura ilu-
minar las inteligencias con la doctrina, trata asimismo de conmover y arrebatar el cora-
zón, en orden a la conversión y comunión con Dios. ¿No son acaso los tres fines de la
predicación: ut doceat, ut delectet, ut flectet, que enseñe, que conmueva y que con-
vierta? A su juicio la letra pura, aun la Sagrada, puede matar, si se queda en mero tex-
to. Es preciso que se convierta en un lugar de encuentro individual con las tres perso-
nas de la Santísima Trinidad. Por eso suele alternar el comentario con la oración, la
meditación con la exhortación. El tono es coloquial, dialogal y familiar. ¿No era acaso
ese el estilo en que enseñaba Jesús?
Bojorge lo imagina a Cristo sentado sobre una roca en la montaña. “Señor, tú eres
mi roca”, leemos en el salterio. Al fin y al cabo la vida del cristiano debe fundarse no
sobre arena sino sobre roca, al decir del mismo Señor. Asimismo el A. lo muestra a Je-
sús enseñando no sólo a los circunstanciales contemporáneos suyos sino también a
todas las generaciones de la historia.
Lo que principalmente buscaba el Señor al pronunciar este Sermón fue que llegá-
semos a ser hijos de Dios e incluso a sentirnos tales. Dios, nuestro Padre, no nos dio el
ser al comienzo para luego olvidarse de nosotros. Siempre, día a día, a semejanza de
lo que hace con su Hijo eterno, nos sigue engendrando. Incorporándonos al Hijo, nos
mantenemos en Él hijos del Padre, filii in Filio, decían los Padres de la Iglesia, “hijos en
el Hijo”. La paternidad divina no se limita a Cristo sino que se extiende a nosotros.

222 Año 2004 / GLADIUS 61


Bien hace Bojorge al reiterar que nadie practicó las Bienaventuranzas con tanta
plenitud como el mismo Jesucristo. Porque en verdad su doctrina no es diversa de su
vida. Dixit el fecit, leemos en el Evangelio, “dijo e hizo”, lo que dijo lo hizo. Él fue po-
bre de espíritu, Él fue manso, Él lloró, Él tuvo hambre y sed de justicia, Él fue limpio de
corazón, Él sufrió persecución hasta su muerte. BIen ha dicho Juan Pablo II: “Las Bie-
naventuranzas no son más que la descripción de un rostro: su Rostro.” Por eso, para
mejor entender algunas de las enseñanzas de Jesús, lo mejor es advertir cómo las
practicó. Para ofrecer un ejemplo, si queremos saber qué significa “poner la otra meji-
lla” (Mt 5, 39) tenemos que contemplar a Jesús en su Pasión, respondiendo al sirviente
del Pontífice que acababa de abofetearlo: “Si he hablado mal prueba en qué; y si no,
¿por qué me pegas?” (Jn 18, 23). Jesús pone la otra mejilla “no actuando cobardemente,
sino exponiéndose incluso a sufrir algo más. ¿Te castigan una mejilla porque tú dices
lo que tu Padre te manda decir? Sigue diciéndolo. Eso es «poner la otra mejilla». Expo-
ne, no te achiques con el primer golpe. Los hijos de Dios no se achican con el primer
golpe sino que el primer golpe como que les cría callos para seguir sufriendo más. Di-
cen: «Mira, no era tan tremendo.» Y van descubriendo la gloria y la alegría de sufrir
por la Verdad y por el Padre. Experimentan la octava Bienaventuranza. Y les quita la
cobardía esa por la cual los que no son hijos no saben ni osan oponerse al mal”. Lejos
de una actitud de cobardía y achicamiento, Jesús mostró así su señorío, su coraje. Hay
que renunciar, por cierto, a toda venganza. Lo que se nos prohíbe es oponernos al mal
que nos hacen con ánimo de venganza, devolviendo mal por mal, no oponernos dig-
namente a los ataques injustos, ni mucho menos combatir el mal en el mundo.
No vamos a recorrer una por una las ocho Bienaventuranzas. Sólo destacaremos
algunos de los logros del A., entre tantos. Refiriéndose a la primera bienaventuranza,
“bienaventurados los pobres de espíritu”, señala que dicha pobreza tiene que ver con
el desapego, más que con la carencia de bienes materiales. ¿Quién se “desapegó” más
que el Verbo encarnado, que renunció a la gloria y a los honores que le eran debidos?
A semejanza de Él también nosotros hemos de despojarnos. En cierto modo San Pa-
blo nos aplica esta bienaventuranza al escribir: “¿No sabéis que no os pertenecéis?” (1
Cor 6, 19). Magnífico nos pareció también el comentario a la tercera bienaventuranza:
“Bienaventurados los que lloran.” Allí habla del llanto de Jesús, del llanto de María,
del llanto de la Iglesia, del llanto de los justos... Igualmente espléndido es el comentario
a la cuarta: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia” donde, tras alu-
dir a los pozos de agua del Antiguo Testamento, lugar frecuente de memorables en-
cuentros esponsalicios, recuerda el hambre salvífico de Cristo y la sed que experimentó
junto al pozo de Jacob, así como su último grito: “Tengo sed”, sobre la cruz.
En relación con este primer volumen de que estamos hablando nos atrevemos a
hacerle una sugerencia al autor. ¿No hubiese sido interesante agregar a la consideración
de las bienaventuranzas la de lo que podríamos llamar las “malaventuranzas”, o
“ayes”: “Ay de vosotros...” que son como la réplica de aquéllas, dirigidas especialmente
a quienes viven según el “espíritu del mundo”?
El comentario del Pater es para Bojorge la ocasión de destacar aún más el carácter
esencialmente filial del cristiano, al que aludimos más arriba. Comenzó Jesús la ora-
ción recurriendo a la palabra abbá, expresión familiar con que un niño de lengua ara-
mea se dirigía a su padre natural. Equivale a nuestro papá, papi. Como un niño habla
con su padre, así habla Cristo con Dios, de manera llana, sin tapujos, en total abando-
no. Ello sin perder nunca la reverencia y el respeto debidos, según se advierte por lo
que enseguida agrega: “que estás en los cielos”. Al llamar a Dios Padre “nuestro” esta-
mos reconociendo que es el Padre de Jesús y el nuestro. En cuanto a nosotros, nadie
“nace” hijo de Dios, ni “se hace a sí mismo” hijo de Dios, como nadie se hace a sí mis-
mo hijo de sus padres, sino que somos elegidos como tales por la voluntad previa de
nuestro progenitores. Es el Padre el que nos llama a ser hijos y de hecho nos hace ta-
les. La iniciativa es del Padre. Los Apóstoles trataron de explicar este misterio recu-
rriendo a una palabra griega palingenesia, que significa “nacer de nuevo”. El cristiano
recibe todo su ser filial del Padre y lo recibe, por así decirlo, no de una vez para siem-
pre sino en cada momento.

GLADIUS 61 / Año 2004 223


Por desgracia a la sociedad moderna se le hace difícil comprender este misterio
porque vive ajena a su condición filial, buscando la felicidad en el bienestar y el placer.
Es una sociedad sin padre. Los que, por gracia de Dios, no estamos dispuestos a adhe-
rirnos a la “sabiduría del mundo”, sabemos que el mismo Padre de Jesús es nuestro
Padre. Por eso el Señor pudo decir: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre” (Jn 20, 23).
Jesús es nuestro hermano mayor, “el primogénito entre muchos hermanos” (Rom 8,
23). Somos sus hermanitos menores. “Padre nuestro”, empieza nuestra oración. Nos
hemos acostumbrado a llamar a Dios “Padre”, pero ello fue una novedad absoluta en
la historia religiosa de la humanidad. Antes, Dios era considerado como un ser remo-
to, absolutamente extraño. Fue Cristo quien hizo el puente. Por algo es “pontífice”, es
decir, hacedor de puentes. Porque el Pater, antes que ser nuestra oración, es la ora-
ción de Jesús. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña: “El camino de nuestra ora-
ción es su propia oración [la de Jesús] al Padre.” Para vivir esta gozosa realidad nos
será preciso zambullirnos en la filialidad del Hijo, entrar en comunión con su filialidad.
Sólo desde allí podremos rezar como corresponde “la oración del Señor”. Ello podrá
actualizarse principalmente en cada comunión eucarística, donde al participar en la
mesa de los hijos, comemos la filialidad de Jesús. Nunca como allí nos podemos “atre-
ver” a decir: Padre nuestro.
El A. va analizando una a una las peticiones del Pater. Especialmente nos agradó
lo que dice acerca de la segunda de ellas: “Hágase tu voluntad”. Tal fue el propósito
principal de Jesús a lo largo de toda su vida: hacer la voluntad del Padre. Por eso con-
sideraba hermanos, hermanas y madre, a cuantos hacían la voluntad del Padre.
Cuando el A. se refiere a la súplica: “El pan nuestro de cada día...”, comenta que no
sólo se trata del pan material sino del pan en su sentido “integral”, que incluye la Eu-
caristía. “Hay algo de sacerdotal en el dar de comer. Cuando la Virgen María pone al
Niño Jesús en un pesebre, que es el lugar donde se pone el alimento de los animales,
creo que también hay ahí un gesto profético: estaba entregando el cuerpo nacido de
sus entrañas, su propia carne y su sangre ¡para comida del mundo! Yo veo en ese
gesto de María una especie de gesto sacerdotal, en que Ella está entregando a su Hijo
para alimento del mundo.” La fórmula de Jesús atinente a la primacía del Reino po-
dríamos aplicarla a la petición del pan: “Buscad primero el Pan celestial: la Eucaristía y
la Palabra del padre, el pan terrenal se os dará por añadidura.”
Las tres primeras peticiones se refieren al Padre y emplean el pronombre posesivo
tu: santificado sea “tu” nombre, venga “tu” reino, hágase “tu” voluntad. Los tres si-
guientes se refieren a los hijos y se caracterizan por los pronombres nuestro y nos: da-
nos hoy “nuestro” pan, perdona “nuestras” ofensas, no “nos” dejes caer y líbranos. La
ofensa es una deuda contra el honor o la gloria debida a alguien y que no se le da, a se
le sustrae. ¿Qué le debemos a Dios? “A Dios le debemos los derechos que le hemos
arrebatado”, enseña Santo Tomás. Y también: “Es derecho de Dios que cumplamos
su voluntad, pero nosotros le arrebatamos ese derecho cuando anteponemos nuestra
voluntad a la suya.” Por lo demás, nuestras “ofensas” le duelen más que la de los ex-
traños. Son faltas de hijos.
“No nos dejes caer en la tentación.” Muchas son las tentaciones. Pero Jesús, afir-
ma Bojorge, parece referirse especialmente aquí a una particular que es la raíz de to-
das, a la que todas pueden reducirse. Es la tentación que nos hace declinar del amor
filial, que nos aparta del amor al Padre hacia otros amores alternativos. En lenguaje
bíblico “tentar” es lo mismo que poner a prueba. “Dios tentó a Abraham” (Gén 22, 1),
Dios “tentó” al pueblo elegido en el desierto (Éx 15, 25). Más que “no nos dejes caer”
habría que traducir “no nos dejes entrar”, instalarse en la tentación o sucumbir en ella.
Entrar en dicha tentación es salir de la condición filial, abandonar o menospreciar la
divina filiación. Sucede cuando alguien se detiene en cuestionar su propia fe: ¿Cómo
me pasa esto si Dios es mi Padre? ¿Cómo es que no me escucha? Esta es la madre de
todas las tentaciones. El Tentador aprovecha cuando nos ve debilitados por persecucio-
nes, tristezas, marginaciones, enfermedades...

224 Año 2004 / GLADIUS 61


“Líbranos del Malo.” El principal agente de la tentación es el Demonio. La expre-
sión: “No nos dejes caer en la Tentación, sino líbranos del Malo” es una sola petición
con dos miembros paralelos. La condición filial es una condición de libertad. El Demo-
nio, en cambio, esclaviza. Señala el A. que las tres últimas peticiones se corresponden
con las tres actividades del Buen Pastor, según las describe el salmo 22: alimentar (da-
nos el pan), guiar (perdona nuestras ofensas), defender (líbranos del Malo). Son tam-
bién las tres formas de la Providencia divina con el pueblo de Israel al sacarlo de Egip-
to: la conducción a través del desierto hacia una tierra que mana leche y miel, la ali-
mentación con el maná y la defensa contra los pueblos hostiles.
Recomendamos al lector la meditación serena de estas tres obras del A., llenas de
contenido doctrinal y espiritual. Gracias, P. Bojorge, por su entrega generosa a las al-
mas y porque se muestra incansable en la labor pastoral de dar a las ovejas el alimento
debido en el tiempo oportuno. Ojalá pueda cumplir pronto lo que promete en uno de
estos libros, a saber, que dedicará más adelante al Sermón de la Montaña un comen-
tario más riguroso, espiritual y exegético.

P. ALFREDO SÁENZ

D’Angelo Rodríguez, Aníbal y descriptivo sin por ello evitar algunos


Diccionario Político juicios de valor necesarios para su entera
Claridad, Buenos Aires comprensión.
2004, 653 pgs. Así, pues, desfilan en sus páginas con-
ceptos, personas, hechos históricos signifi-
Se trata de una obra de envergadura cativos en materia política, ismos y otros
y erudición, sin por eso carecer de perso- términos en los que se destaca el matiz
nalidad y estilo propio, aparte estar total- así como una referencia acertada a la ac-
mente actualizada, todo lo cual le otorga tualidad.
valor intrínseco, más allá de la utilidad de A lo largo del texto aparecen distincio-
su uso por parte de estudiantes de Ciencia nes necesarias que no suelen tenerse habi-
Política y afines, generalmente condicio- tualmente en cuenta, tales como en los
nados por bibliografías a la moda. artículos fascismo, falangismo, nacional-
Por cierto no es un diccionario común, sindicalismo o nación y nacionalismo,
ni una enciclopedia general; más bien se acción directa, guerra fría-guerra revolu-
trata de un género especial de diccionario cionaria y guerrilla, grupos de presión y
especializado, con mucho de enciclopedia lobbies y otros de uso muy corriente como
especializada, si es que esto no es una marginalidad, anomia y macartismo o tér-
contradicción en los términos. minos politizados como feminismo que
no suelen estar bien definidos en los dic-
La oportunidad de su edición no es cionarios corrientes.
poca en tiempos en que las palabras se
emplean sin demasiado rigor –desde el Algunos artículos, empero, han mere-
periodismo a la cátedra– pues cada térmi- cido un tratamiento más pormenorizado
no, desarrollado en forma de artículo, es cuando por su importancia e interés así
tratado con relativa exhaustividad pese lo merecían; por ejemplo: medios masivos
al estilo ágil de todo el libro. De allí que de comunicación, marxismo, terrorismo
la selección de entradas haya tenido muy y otros.
en cuenta la relevancia de cada palabra y No faltan referencias a autores de ac-
la necesidad de acotar con precisión su tualidad como Marcuse o Adorno de la
alcance semántico. escuela sociológica de Frankfurt con fuerte
Pudiendo haber convertido en un bre- influencia sobre el pensamiento político.
ve ensayo la definición de cada artículo, No faltan tampoco otros más antiguos
el autor ha optado por un lenguaje sobrio cuyo valor se ha renovado como Le Play,

GLADIUS 61 / Año 2004 225


List,Sombart, La Tour du Pin, ni se han complacientes con esta persecución por
obviado otros “malditos” como Maurras, parte de liberales aperturistas y ex-fran-
Primo de Rivera, de Bonald o de Maistre. quistas en tren de cambiar de chaqueta,
Esta es una obra de largo aliento y jactanciosos de su “evolución” progresista.
notable mérito por haber sido compuesta Como en tomos anteriores, el testimo-
por un solo autor, que satisfará sobre to- nio de Blas Piñar tiene la originalidad y el
do a aquel lector que tenga la inquietud valor de echar luz sobre la conducta equí-
de precisar conceptos en vez de usarlos a voca, cobarde y gradualmente traidora
la ligera y quien no se conforme con las de muchos personajes que se sirvieron
definiciones secas de las enciclopedias del régimen franquista para escalar posi-
impersonales sino que busque, con ojo ciones sociales, económicas y políticas
crítico, algo más que una explicación se- para luego trasbordarse con armas y ba-
mántica o una biografía cargada de fechas gajes al extremo enemigo.
y lugares. Un segundo capítulo titulado: “Con-
Por lo demás, si bien es, como se titu- traste de pareceres en el ámbito eclesial”
la, un “diccionario político”, no es un dic- revela de qué modo y en qué medida el
cionario “políticamente correcto”, o sea “destape” español es consecuencia de la
convencional, al mero uso del “pensa- defección de obispos, clero y católicos
miento único” prevaleciente en nuestras que fueron tomando gradual distancia de
universidades o suplementos culturales los valores consagrados por la victoria
de diarios. sobre los rojos, masones y liberales de iz-
quierda, más que del gobierno de Franco
PATRICIO H. RANDLE al que en buena parte lograron debilitar.
El gran detonante fue, acaso, el asesinato
de Carrero Blanco, a partir del cual la
traición a los ideales fue ya desembozada
Piñar, Blas pues el Almirante era una garantía para
Bandera discutida la fidelidad a los principios y un alerta
Colección Denuncia, contra los avances del progresismo
Madrid 2003, 632 pgs. católico.
Como no pudo ser de otro modo Pi-
Se trata del 4º tomo de la serie “Escri- ñar advirtió esta “movida” desde sus más
to para la historia” que el autor está publi- remotos orígenes y la denunció con cla-
cando con sus memorias políticas, a razón ridad y valentía; lo que le valió inmediata-
de una por año. Falta aun un quinto que, mente el sambenito de “extremista”. Ya
Dios mediante, saldrá este año y que cu- en 1967 en un artículo publicado por el
brirá el período 1982-2000, o sea, el que periódico “Informaciones” señalaba la
coincide con los dos últimos gobiernos existencia de “un ambiente de desprecio
“democráticos”. y persecución” dentro de la Compañía
de Jesús contra los propios miembros
El presente volumen cubre los años que no se subieron al carro triunfal de
1967-1982 correspondiendo al lapso crí- progresismo posconciliar y la teología de
tico que se inicia con la decadencia del la liberación. Fue justamente ese año que
franquismo “oficial” y burocrático y culmi- percibiendo la raíz religiosa de la apertura
na con la apertura al socialismo. Como pronunció una serie de conferencias cua-
es habitual en nuestro autor aquí se hallan resmales en el Palacio de los Deportes
prolijamente recopilados múltiples y varia- (un recinto inmenso) con una repercusión
dos juicios y opiniones sobre su persona notable e, incluso, con el elogio de Monse-
y sobre Fuerza Nueva (su movimiento ñor Guerra Campos, ya obispo y entonces
político), en sus últimos años de existencia. secretario del Episcopado Español así co-
Un primer capítulo refiere especial- mo del propio arzobispo de Madrid Mon-
mente amenazas, difamaciones e intimi- señor Casimiro Morcillo y otro prelados;
daciones (incluso un atentado con bomba) que a partir de esa época fueron siendo
de que fue objeto por parte de comunistas relegados y sustituidos por otros más pro-
y etarras, al propio tiempo que opiniones clives a aceptar las corrientes de moda

226 Año 2004 / GLADIUS 61


que preanunciaban el famoso “destape” Sin negarle méritos como escritor
de las ideas y de las costumbres. “prolijo y excelente historiador” Blas Piñar
Famoso por su brillante oratoria, Blas revela las ambigüedades de de la Cierva
Piñar supo definir el justo papel del laico que se deja pasar por ser un hombre “de
en la Evangelización en tiempos en que derechas”, franquista, católico tradicional,
muchos sacerdotes ya se caracterizaban, como cuando publicó un artículo titulado:
sea por sus desviaciones doctrinales como “Yo no estoy con ningún bando” precisa-
–en el menos malo de los casos– por sus mente cuando la situación política de Es-
omisiones culposas y por su tendencia paña oscilaba como sobre una bisagra.
secularizante. En este panorama puede Ya antes, siendo importante funcionario
imaginarse con qué recelo fue mirado había dado vía libre a una versión “pop”
quien llamaba al clero a cumplir con su de “Cara al Sol” como para aventar cual-
misión apostólica en lugar de competir a quier acusación de reaccionario. Peor aún
ver quien era más “comprensivo” con los fue su actitud cuando llegó a calificar de
tiempos que corren. putrefacta a la philosophia perennis en
un artículo contra Santo Tomás de Aquino.
Los temas de sus disertaciones dan
testimonio de su ortodoxia y de que tenía Como es de suponer, Piñar no le deja
bien en claro el deslinde entre religión y pasar ninguna de estas barbaridades,
política: “Sentido cristiano del dolor y de máxime porque revelan su incongruencia,
la muerte”, “La lección de los contempla- como cuando le recuerda que en un diario
tivos”, “Hablemos del Purgatorio”, “Refle- declaró: “Soy prietista, azañista y canovis-
xiones cristianas sobre la Eucaristía”, “Ma- ta pero también joseantoniano” (sic). Y
ría Nuestra Madre”, “Juan de Avila, sacer- así también en su constante ambigüedad
dote y santo”, “Santo y seña para nuestro de atacarlo como extremista pero al mis-
tiempo”(sobre San Pablo de la Cruz), mo tiempo reconocerle cualidades huma-
etc. En todas ellas dio pruebas de su sóli- nas como para amortiguar la reacción
da formación religiosa, la que, unida a que se veía venir.
sus dotes de orador (en tiempos en que Nada podría haber irritado más a Blas
ya los”oradores sagrados” brillaban por que estas actitudes vergonzantes; mucho
su ausencia) hizo que cosechara abundan- más que los ataques frontales del enemigo
tes frutos espirituales en su audiencia. comunista declarado, porque han contri-
Que un laico tradicionalista lo lograra, buido a sembrar la duda dentro de la
era algo que algunos (curas progres) no gente más próxima y a debilitar la defensa
podían tolerar. de los principios tradicionales.
Pasados los años Piñar debió dirigir En fin, los pormenorizados recuerdos
su atención directamente sobre algunos que se exhuman en este capítulo explican
sacerdotes y hasta prelados, como el Car- por qué de la Cierva, a pesar de que sus
denal Tarancón, que concientes de haber- últimos libros contra la masonería y la
se apartado del recto rumbo, le atacaron teología de la liberación son en un 90%
abiertamente. aceptables, dejan siempre una duda de
El tercer capítulo está dedicado por por qué no son concluyentes. Y la duda
entero a Ricardo de la Cierva con motivo es mayor cuando se sabe que es hijo de
de que en numerosas ocasiones se per- una víctima de los asesinatos a mansalva
mitió hacer una crítica malintencionada a de los rojos en Paracuellos del Jarama al
nuestro autor. Curiosamente, las primeras iniciarse la guerra civil de l936. Realmen-
referencias de de la Cierva sobre Piñar te de la Cierva no hace honor a su padre
fueron en extremo laudatorias y en espe- cuando ataca con bajeza a quienes, co-
cial a la revista Fuerza Nueva, pero pronto mo Blas Piñar o Fuerza Nueva, revindican
fueron muy críticas, a partir de que el ré- –sola voz clamando en el desierto- los
gimen le hiciera Director de Cultura Po- principios del Alzamiento. Y todo por cui-
pular. Luego, al publicar su biografía de dar su quintita, especialmente a partir de
Franco, en 1973, en vida del Caudillo, la llamada “transición” o vergonzosa aper-
retrospectivamente le descalifica por tura para lograr ser alto funcionario, sena-
“crear un grupo de extrema derecha”. dor y hasta ministro de Cultura de la mo-
narquía parlamentaria.

GLADIUS 61 / Año 2004 227


(Permítasenos, a esta altura, hacer un men franquista”. Esto lo sabían bien Carri-
breve excursus. En su exhaustivo libro llo y el propio Piñar pero lo negaban los
sobre la teología de la Liberación en His- oficialistas que querían seguir mamando
panoamérica, de la Cierva incurre en de la teta del Estado Español hasta el final;
una sospechosa omisión al no referirse hasta dejarlo exhausto como está hoy,
en absoluto a este movimiento en la Ar- vacío de las esencias que supo atesorar.
gentina, ni servirse del valioso libro de Haber previsto con sagacidad de buen
Carlos Sacheri, La Iglesia clandestina, que político lo que muchos teniéndolo frente
no debe desconocer. Reflexionando sobre a sus ojos se negaban a ver (y hasta le
las características del personaje uno llega ocultarían al Caudillo) le ha valido esta
a la fundada sospecha de que no ha que- persecución que lo honra. Y este libro, en
rido cargar con la acusación de “represor” ese sentido, es un alegato indiscutible que
–abundantemente difundida en España– confirma su subtítulo: “Escrito para la
conjuntamente con las Fuerzas Armadas historia”, la que sin duda, tarde o tempra-
que pusieron fin a la aventura bélica pro- no lo reivindicará haciéndole justicia.
gresista.)
El resto del libro que comentamos PATRICIO H. RANDLE
pensando más en el lector argentino que
haciendo una recesión completa, repro-
duce con una imparcialidad que honra al
autor los múltiples y agraviantes ataques Lascano, Marcelo Ramón
que ha sufrido en estos últimos años por Rosas. Imposturas Históricas
ser uno de los pocos blancos que ha en- e Identidad Nacional
contrado el enemigo donde descargar su
munición. Es que Blas Piñar no ha ahorra-
do críticas al destape democrático (que Quizá una cierta inclinación suicida
ha exculpado al marxismo) desde la trai- pueda explicar que a un hombre aparen-
ción del ex-funcionario franquista Adolfo temente respetable, de amplia trayectoria
Suarez cuyo republicanismo lo llevó a pública, profesor universitario, distingui-
aceptar el bochornoso título de Duque al do economista, heterosexual confeso y
inédito regreso del socialismo de Felipe asumido, monógamo en razonable armo-
Gonzalez y la falsa derecha de Aznar , to- nía con su familia, se le ocurra escribir un
dos envueltos en el común denominador libro con semejante título; para colmo aún
de no tener enemigos hacia la extrema retoma allí los peores precedentes –des-
izquierda. de Adolfo Saldías y pasando por los Ira-
Los ataques recibidos también se de- zusta al último gran libro sobre el tema,
ben a su incansable defensa de los princi- Los Críticos del Revisionismo Histórico,
pios contra la transigencia de la jerarquía de Antonio Caponnetto–, los amplía y los
ante la revisión del Concordato, los avan- completa, luego de prolongados estudios
ces del progresismo, la destrucción de la comparativos con los hombres que
liturgia, y, no menos, la falta de una estra- fundaron el único Imperio vigente, pues
tegia definida contra el separatismo vasco ha “penetrado en los intersticios de la his-
encarnados por los asesinos terrorista de toria norteamericana” (p.7) y las naciones
la ETA. de vanguardia..
Que la mera figura de Blas Piñar era El libro es breve y el autor se guardó
una molestia para el giro que iba tomando material para otros cinco, por motivos de
España ya en 1969 –seis años antes de marketing y por si acaso a alguno se le
morir Franco– lo demostró Santiago Carri- ocurriera polemizar, hipótesis casi impen-
llo, artífice de Paracuelllos y líder del Parti- sable en estas tierras y temas.
do Comunista Español cuando en una Cuando Lascano se pregunta sobre
asamblea partidaria sin duda con buena la ocultación y falseamiento de los hechos
información lo señalaba como “uno que más evidentes, el menosprecio de la ver-
ha comenzado a topar con la Iglesia, que dad histórica y sus causas, incurre en cier-
el Vaticano ha comenzado ya una política tas ingenuidades, quizá a propósito para
de separación y de alejamiento del régi- parecer bueno. Así piensa: los Puiggrós

228 Año 2004 / GLADIUS 61


pudieran actuar por mera envidia, todo Ferns, pretendíamos, es decir pretendían
un agravio para un marxista que se supo- los unitarios, “disolver el ejército”, y mí-
ne baila por plata, intereses o elementos renlos Ud. hoy en día.
más sólidamente materiales, como el pre- Pues bien, el gran héroe civil de nuestra
supuesto y la propaganda; también ima- Patria, pues Rosas fue ante todo un esta-
gina que el hecho de no pertenecer al dista civil, no un estratego, ganó guerras
gremio de los historiadores le da patente a escala bíblica, guerras que el mejor crí-
de independencia intelectual. ¿Quién le tico imaginable, el Gral. San Martín, juzgó
va creer? Le dirán fascista, retrógrado, más importantes que las de la Indepen-
nacionalista oligárquico, tarado, y no dencia. Rosas hizo la Argentina, y aún
sigamos, etc. Es la ley. vivimos de las residuos de aquella funda-
ción cívico militar. Veamos: el respeto de
El Reo de lesa Patria las autonomías provinciales consolidadas
por la ley, el progreso de la agricultura, la
A toda la historia llamada argentina exportación privilegiada de lanas y cueros
le cayó desde el cielo progresista y liberal en barcos argentinos, la técnica de la di-
este imperativo categórico: “cambiar pre- visión del trabajo, el método de la salazón,
viamente los ejes de la política, de los va- la seguridad de las fronteras, el crecimien-
lores, de la tradición, para ajustarlos, en to, y control demográfico, así como el
definitiva, a las conveniencias de los gana- progreso de la inmigración, la notable ley
dores de Caseros que son los continua- de aduanas de 1835, “la creación de uno
dores infatigables de la tradición unitaria” de los primeros bancos estatales del mun-
(p. 6). “Son las conclusiones premeditadas do”, la Casa de la Moneda, la interrupción
las que determinaron la selección de los del pago de la deuda para dividir interna-
hechos y la hegemonía absoluta del méto- mente al invasor, la creación de una justi-
do de exclusión” que domina el enfoque cia federal (1835), la disciplina fiscal y
unitario (p. 22). Por eso “este ensayo, monetaria, la configuración de un gran
nos dice, tiene por objeto reflexionar sobre taller industrial en el país, la conquista
la cultura y la identidad nacional” (p. 13). del desierto que frenó a Chile y también
a Brasil (p. 21), la relación con los indíge-
Dado que no estamos solos en el mun- nas y con los negros, la industria militar y
do, a Lascano se le ocurrió consultar “la los astilleros, la pacificación del país, la
doctrina universal” y la experiencia históri- calidad intelectual de sus hombres de go-
ca invariable, incluido el último mono bierno, etc., etc.
que traicionó a su especie: los estados se
conservan y engrandecen gracias a “la Frente a ello ya fue una hazaña de los
recuperación de territorios usurpados por unitarios, silenciar como hasta hoy silen-
otras potencias; la consolidación de un cian sus “intelectuales”, y Lascano docu-
espacio geográfico expuesto a la codicia menta, la gloria militar de la Argentina
de terceros; la reivindicación del honor rosista, pero mayor hazaña fue despresti-
nacional; la implantación de un sistema giar sus triunfos políticos, no ya silenciados
nacional que contemple las diversidades sino convertidos en locuras del tirano san-
culturales y regionales; la recta distribución griento. Le endilgaron hasta la migración
de los poderes; el bien común del consor- unitaria que empezó con Rivadavia en
cio político”, todo lo cual es tan ajeno a 1829, el cierre de la universidad de Bue-
los hombres del unitarismo como vital nos Aires y las carencias presupuestarias
para los federales (p. 7); otro tanto vale motivadas por la guerra al invasor y no
para esta receta infalible, a saber, “el por el capricho de un tirano, la acusación
triunfo de las armas” nacionales en des- de entregar las Malvinas, y mil otros críme-
medro de las reformas políticas ideales y nes que el estado totalitario liberal le atri-
utópicas. Lo saben hasta los grandes be- buyó durante más de un siglo y medio.
nefactores de la humanidad como Clinton Todas estas “imposturas históricas impul-
y los dos miembros de la logia Skull and sadas por las ideologías que mezquina-
Bones, Bush y Kerry, que compiten por mente han inundado durante generacio-
pacificar el mundo y “administrar” USA. nes nuestras mentes, constituyen una im-
Nosotros en cambio ya en 1922, según portante causa, mejor concausa, de nues-

GLADIUS 61 / Año 2004 229


tra precaria identidad nacional y una ino- cluso en EEUU eran abrumadoramente
cultable señal de corrupción …”. Se trata predominantes; porque el latifundio era
en realidad de un “parque de disparates” el equivalente a la empresa industrial mo-
(p.22). Entre ellos, no es el menor la exi- derna, en especial donde los ganaderos
gencia de una constitución escrita (aparte eran grandes exportadores.
de que todo sabemos para qué sirve en Es que como le dice Henry Southern
la realidad), imposible en esas circuns- a Lord Palmerston el 10 de enero de
tancia, muy diferentes de la de los funda- 1851: “No es fácil juzgar ligeramente los
dores de USA. motivos de un hombre que ha descubierto
la forma de gobernar a uno de los pueblos
Corrupción cultural e indefensión más turbulentos e inquietos del mundo y
con tal éxito que, si bien hay mucho lugar
Lascano le dedica un capítulo especial para la protesta y bastante para el descon-
al dilema entre Civilización y Barbarie: tento, aún así la muerte del General Rosas
Mentiras a Designio (p. 24 ss), donde sería considerada por todo hombre de
Sarmiento se lleva los laureles: “Si miento este país como el infortunio más directo”
lo hago como don de familia, con la natu- (p. 26). El infortunio de su muerte política
ralidad y sencillez, sencillez de la verdad” continúa hoy igual que entonces, pues
(Carta a R. M. García, octubre de 1868) como dice Darwin que sabía distinguir a
Nuestro autor nos resulta algo moralista, los hombres evolucionados: “Es digno de
pues quiere ponerle límites a la difamación verlo, ya que se trata decididamente de la
de los ideólogos: “Entonces una cosa es personalidad más prominente de la Amé-
la ambientación de la protesta y otra la rica del Sur” (p. 27).
difamación de valores para obtener réditos “La corrupción de nuestra cultura en
políticos y partidarios” Convengamos que la sistemática falsificación de la historia”
en la actualidad se necesita un escolástico no es gratuita o teórica sino que aumenta
para semejante distinción. nuestra indefensión “frente al ecumenismo
No se trata de una mera disquisición y la globalización” (p. 28).
académica, pues como no queremos sa- Vale la pena el capítulo titulado Inmi-
ber, los muertos mandan de modo que gración. Fragmentación Cultural e Identi-
“La corrupción de nuestra cultura en la dad Nacional, porque indignará a muchos
sistemática falsificación de la historia” no de sus colegas. Recuerda las revueltas
es gratuita o teórica sino que aumenta constitucionalistas de 1819, 1826 y 1830
nuestra indefensión “frente al ecumenismo que dieron como resultado el fortaleci-
y la globalización” (p. 28). miento del federalismo afín al gobierno
Además, ahora se sumaron los “think español, retomando las facultades extraor-
tanks” del postmodernismo imperial como dinarias reconocidas desde la Primera
el desvergonzado de John Lynch: Rosas Junta, el Primer Triunvirato y la Asamblea
y su grupo de estancieros, dicen, utilizaron del año XIII, antecedentes de Rosas, su
la independencia y el comercio exterior magistratura nacional empírica (Irazusta),
para enriquecerse y aumentar su poder y el famoso régimen presidencialista de
(p. 18), y se resistían “a la innovación y el nuestra Constitución.
cambio” mientras Rosas en veinticuatro Los americanos de Norteamérica en
meses triplicó sus inversiones cuando sólo cambio sabían que “estaban frente a un
tenía veinte años (1815). En USA lo pro- nuevo experimento político, institucional
moverían como super self made man. La y cultural”, más allá de sus luchas internas
estólida idea de una provincia cautiva de y “todo lo que condujera a la expansión
latifundistas contrarios a la modernidad territorial sin concesiones ni límites y a
industrial, promovida por hombres que perpetuar la valoración del sistema en
hoy callan la compra por extranjeros de vías de ejecución, no podía cuestionarse
latifundios nada menos que en las sin grave riesgo de los eventuales transgre-
fronteras, constituye un contrasentido, en sores” (p 31)…”En comparación con no-
efecto, apenas se consulta la historia de la sotros, la ambición territorial para los ve-
época (p. 47) resulta evidente que salvo cinos del norte debe considerarse una
excepciones las actividades primarias, in- cuestión de principios y de envergadura

230 Año 2004 / GLADIUS 61


política” (idem) a diferencia de los unita- industriales, el 74% de los comerciantes y
rios; recuérdese que ya Moreno reprimió el 60% de los obreros industriales”, según
los ímpetus de Castelli. “en los EEUU una N. Rodríguez Bustamante (p. 36).
decisión semejante hubiera inquietado a Por otra parte, nuestra inmigración
toda la dirigencia, siempre dispuesta a “no estuvo acompañada de pautas políti-
expandirse por las buenas o por las ma- cas específicas” (p. 37) para preservar la
las”, por la razón o por la fuerza dicen los tradición y las raíces nacionales, gran logro
chilenos. norteamericano. Logro imposible en la
No estamos ante un error político ais- Argentina, agreguemos, pues nosotros
lado o reducible a extravíos de un grupo: cortamos el instrumento principal de na-
“de no ser la indiferencia territorial una cionalización, como fue en USA la guerra
convicción tan profunda en la sociedad de conquista del oeste que forjó al extran-
argentina, Sarmiento no se hubiera anima- jero como ciudadano, mientras que aquí
do a decir, bastante tiempo después de el pacifismo derrotista nos disolvió. El
cumplido su mandato presidencial que ideal era vivir en el ghetto de Argirópolis.
«No debemos, no hemos de ser una nación Ello sin hablar de la traición sistemá-
marítima. Las cosas del sur no valdrán tica , “la vergonzosa colaboración de emi-
nunca la pena de crear para ellas una grados al servicio de la extranjería” (p.
marina. Líbrenos Dios de ello. Guardémo- 37). A esta altura el libro se pone más
nos nosotros de intentarlo»”. (El Nacional políticamente incorrecto y ciertamente im-
7 XII 1879). Como en la película de Mel bancable para cualquier argentino bien
Gibson sobre la crucifixión; todos tenemos educado y cuidadoso de su inserción so-
la culpa, pero evidentemente algunos se cial. Es que Lascano prolonga con bastan-
la tienen mucho más merecida. te indiscreción la Historia de la Oligarquía
donde los Irazusta desenmascaran la pro-
Los héroes de papel (moneda) gresiva degeneración de la llamada clase
dirigente. Da ejemplos varios y recuerda
Después de Caseros, “Brasil conquistó que John Calhoum, titular del Departa-
la apertura de nuestras vías fluviales mien- mento de Estado, consideró en 1845 a
tras cierra los afluentes brasileños” y nos Rosas “el hombre más eminente que ja-
canceló el Amazonas. El mismo Sarmiento más había producido la América del Sud”
le recuerda a Mitre los millones que les y Millard Fillmore, el decimotercer presi-
costó a los brasileños la compra de Urqui- dente, en su discurso inaugural de 1850
za y la vergüenza que pasó cuando se lo se mostró por demás nazifascista, para
recordaron en la corte brasileña. emplear el lenguaje de los actuales domi-
nadores: “El General Rosas ha enarbolado
Frente a ello uno se encuentra allá en una bandera en la que está escrita con le-
el Norte con el discurso de despedida de tras indestructibles la línea democrática
Washington (17 XI 1873), una verdadera de su país, y en el reverso Independencia,
convocatoria política nacionalista en pero no con vanas palabras” (p. 38).
colaboración con Hamilton y Madison,
obligatoria en las escuelas, que marcó a Lascano nos divierte desenmascaran-
fuego el espíritu religioso y patriótico de do a los historiadores y académicos “de
EEUU. En esto, agreguemos, el ecumenis- la historia falsificada” como dijo Castellani
mo pacifista del mensaje católico actual de Levene, que ocultan las épicas guerras
tiene todas las de perder, más cuando se de su propia nación, y las consecuencias
acompaña con un comportamiento obje- de la traición: una deuda gigantesca con
tivamente feminoide. La Iglesia está pa- Brasil, el gran comprador de lamas libera-
gando las consecuencias. les y progresistas, un país desgarrado polí-
ticamente hasta 1880, sometido a ley del
Además influyó en estos pagos la pro- garrote. Hasta se destruyeron los archivos
porción de inmigrantes: 27%, la más alta nacionales para borrar todo rastro de la
del mundo en la época, de la población a diplomacia dirigida por Arana y Rosas
diferencia del 9% yanqui y 14 % austra- (p. 43). El Barón de Mauá, gran banquero
liano, de modo que aquí en 1895 “los brasileño, cumplió con su promesa: “Ur-
extranjeros representaba el 81 % de los quiza hará todo lo que yo le diga” (p. 41),

GLADIUS 61 / Año 2004 231


y no sólo Urquiza que tuvo una muerte Sin recurrir al ejemplo empresarial de
adecuada, a pesar de su arrepentimiento Rosas, hete aquí que Urquiza, López, Ra-
sentimental, el país hizo los deberes con mírez y nada menos que Facundo Quiro-
su aún inacabada historia de pérdidas ga, resultan mucho más parecidos a los
territoriales, que enumera Cecilia Gonzá- Washington, Adams, Jefferson y todo el
lez Espul en La Guerra de la Triple Alian- staff empresarial político que los liberales
za. Aunque con matices un tanto grotescos unitarios falsamente alegan imitar. Nos
seguimos gozando hoy de la famosa “di- vendieron pues un espejo cambiado: los
plomacia desarmada”, que nos presenta ideólogos inservibles a partir de Rivadavia
el autor. son los unitarios, producto de una literatu-
En fin el unitarismo “siempre repre- ra financiada principalmente por el ene-
sentó la primacía de los intereses mercan- migo, de la que carecieron los federales y
tiles y financieros subordinados al capital carecerá Lascano.
extranjero, mientras que el federalismo Conocemos el final, pero hay que re-
privilegió la defensa del patrimonio nacio- petirlo: “Bien, este festival de mentiras y
nal y un enfoque económico decididamen- agresiones sirviéndose, como siempre, de
te productivista, según se deduce de la aliados externos, termina en Caseros con
ley de aduanas (1835)” (p. 45). una extraña alianza entre unitarios, brasi-
leños, uruguayos, mercenarios y nativos
desprejuiciados. Muchos de ellos genero-
El Imperio posible y el real samente retribuidos ni bien cesaron las
operaciones, según demostró el académi-
La carencia de un proyecto, explícito co Pedro Santos Martínez y cuya nómina
o no, para la unidad y la grandeza nacio- da escalofríos mencionar” (p. 55). “La
nal nos diferencia de otras sociedades, consecuencia era lógica. La alternativa
dificulta o impide la concordia política y triunfante proponía una definición econó-
desemboca en la anomia o anarquía gene- mica donde serían la inversión extranjera
ralizada. Frente al panorama sureño disol- y la deuda externa las variables que de
vente, en cambio no hay en USA desmem- consuno resolverían la ecuación capitalista
braciones sistemáticas al estilo unitario, liberal que se desprende de Las Bases.
ni las enemistades personales pudieron Lo cierto es que al fin de cuentas preva-
jamás, como aquí, justificar la traición, y leció una atmósfera de especulación ban-
el desprestigio histórico convertido en sis- caria y bursátil que periódicamente arras-
tema; las famosas Aliens and Seditions tró al país a experimentar crisis monetarias
Acts “fueron concebidas, entre otras cosas, y cambiarias, al margen de los desórdenes
para deportar residentes extranjeros o presupuestarios federales recién inaugu-
sancionar a quienes –léase bien– escriban rados en 1864”.
maliciosamente contra el gobierno de los No, Lascano no sirve para político,
EEUU” y ni ellas ni los veinte o treinta mil economista o embajador del Mercosur.
habeas corpus denegados por Lincoln por En realidad en el Estado actual no sirve
razones de seguridad nacional, salpicaron para nada. Es un místico, tomada la pala-
sus reputaciones (p.48). bra en uno de sus peores sentidos, o sea
Es de notar que el golpismo no es de un universitario apasionado por la verdad.
origen federal –Rosas por ejemplo se negó Debió emigrar y evitar autodenigrarse es-
a derrocar a Rivadavia–, sino unitario, cribiendo estas inconveniencias en pro
empezando por Lavalle (p. 52). En fin, de la Patria y la buena conciencia.
Lascano encuentra en los federales un
“singular parecido con los fundadores de OCTAVIO A SEQUEIROS
la nación estadounidense”, una afirmación
como para paralizar de iracundia a La
Nación de Buenos. Aires; esta semejanza
no reside sólo en la consideración de la
política “como cuestión eminentemente
práctica, sino también desde el punto de
vista de sus intereses personales” (p. 52).

232 Año 2004 / GLADIUS 61


rica, sólida y aquilatada experiencia clíni-
Velasco Suárez, Carlos A., ca. Así leemos: “La historia de mi expe-
Psiquiatría y Persona riencia como psiquiatra es la historia de
Educa, Buenos Aires un encuentro, siempre renovado, con la
2003, 270 pgs realidad de la persona” (página 9). Es a
partir de este encuentro cotidiano que el
La Medicina está huérfana de filóso- autor ha desarrollado sus reflexiones.
fos. Por eso un libro como el que tenemos Velasco Suárez ha recorrido, pues, el úni-
a la vista es más que bienvenido pues lle- co camino válidamente posible: de la ex-
na un vacío, cada vez mayor, en la ciencia periencia a la episteme. Por eso sus con-
y en la conciencia de los médicos de hoy. clusiones tienen la robustez propia de un
Conocíamos del autor su obra La acti- pensamiento realista que discurre no des-
vidad imaginativa en psicoterapia, publi- de los apriorismos de los “modelos”, las
cada hace ya muchos años, en 1974, por “teorías” o demás presupuestos al uso
Eudeba, un libro excepcional en la literatu- del racionalismo dominante, sino a partir
ra médico psiquiátrica de nuestro medio. de una fenomenología incontaminada de
Sobre la firme base de la olvidada psicolo- prejuicios o de “ficciones plausibles”.
gía de los sentidos internos (según la ela- De acuerdo con lo dicho, el autor no
boración aristotélica, aviceniana y tomista hace sino reivindicar la gran tradición hi-
y la renovación de Fabro) y con eje en la pocrática, tan olvidada, de la cual nuestra
facultad imaginativa, Velasco Suárez rein- medicina parece apartarse cada vez más;
terpretaba, allí, no sólo la psicoterapia si- en definitiva, la psiquiatría –afirma– oscila
no la entera psicopatología. Siempre he- entre los extremos de una fidelidad o no
mos lamentado que a este libro –que abre fidelidad al realismo médico. “En la expe-
una senda nueva en la psiquiatría y en la riencia clínica de quienes se mantienen
psicología– no se le haya dado, entre no- fieles a la gran tradición del realismo médi-
sotros, el lugar que merece. También he- co, se manifiesta la realidad de la persona”
mos lamentado que el autor, pese a insis- (página 11). Velasco, sin lugar a dudas,
tentes ruegos, no nos haya dado aún una ha elegido la fidelidad y en esto consiste
nueva versión de tan fundamental obra. el mérito central de esta obra.
Pero ahora nos sorprende con este volu- Pero hay algo más que debe ser seña-
men en el que se reúnen trabajos escritos lado. Esa fidelidad a la tradición no ha
a lo largo de veinticinco años, es decir, significado, como puede suponerse, una
poco menos del período transcurrido des- apreciación superficial, una clausura frente
de la publicación de la primera obra. Por a los problemas de nuestro tiempo. Por
lo que se ha de decir, en primer término, el contrario; nuestro autor es un psiquiatra
que el libro que comentamos ofrece los de hoy, atento a todas y a cada una de las
frutos de una larga experiencia, de un innovaciones, inquietudes y problemas que
largo estudio y, ¿por qué no?, de un lungo caracterizan el desarrollo actual de la psi-
amore, cuyo punto de inicio ha de bus- quiatría. Por eso, su proclamado persona-
carse en aquellas tempranas páginas antes lismo cristiano es el privilegiado sitial des-
aludidas. de el que ensaya –y logra– un diálogo fe-
Tal como lo declara el título, los traba- cundo con las expresiones más calificadas
jos reunidos en este libro tratan diversos y significativas del pensamiento psiquiátri-
temas de la psiquiatría –teóricos y prácti- co hodierno. Tal espíritu de diálogo es
cos– a la luz de la noción de persona; explícito: “La convicción que alienta en
más específicamente, de un llamado per- este libro es que este personalismo cristia-
sonalismo cristiano del cual el autor se no viene naturalmente al encuentro de
declara, desde el comienzo, ferviente se- las necesidades de la psiquiatría y de la psi-
guidor y cuyos rasgos esenciales quedan cología contemporáneas” (pp.10-11). Más
expuestos a lo largo de los diversos textos aún; para Velasco se da una obligada con-
incluidos y ordenados en las cinco partes vergencia del personalismo cristiano con
en que se divide el volumen. concretas expresiones de la psiquiatría
El punto de partida de todas las inda- actual de las cuales rescata –como la más
gaciones que componen la obra es una relevante– la llamada psicología del self,

GLADIUS 61 / Año 2004 233


surgida dentro del psicoanálisis a partir, (especialmente Husserl) en busca de una
fundamentalmente, de los trabajos de integración que estimamos posible y nece-
Heinz Kohut. saria. Karol Wojtyla es, en esto, el maestro
Este personalismo, caracterizado co- que nuestro autor ha elegido y al que si-
mo un tesoro en vasija de barro, en tanto gue con auténticas devoción y admiración.
se propone a sí mismo como un saber in- Edith Stein, por otra parte, por el camino
tegrado e integrador, es, además, la clave inverso, de la fenomenología al realismo,
para superar la situación de “doble ver- suma su propio magisterio al de Wojtyla.
dad” que padece no sólo la psiquiatría si- Pues bien, en este contexto, Velasco resca-
no la entera cultura moderna hija de un ta de la persona (entendida con Laín En-
largo proceso de ruptura con la Tradición. tralgo como un quien, sujeto inteligente,
¿Qué ha significado, en suma, esta ruptu- íntimo, libre y responsable) una fenome-
ra? En esencia, una separación del pensa- nología plenamente válida que él proyecta
miento respecto del ser: si, como enseña a la clínica. De este modo, la “realidad
Santo Tomás, sólo lo que es puede ser clínica de la persona” se hace visible a
conocido y, por contrapartida, lo que no través de siete rasgos fundamentales, a
es no puede conocerse, toda la posibilidad saber, autarquía (que no autonomía), rela-
del conocimiento humano, ya especula- ción con la verdad, responsabilidad, iden-
tivo, ya práctico, reposa sobre la aprehen- tidad, intimidad, comunicabilidad y corpo-
sión por parte de nuestro intelecto del en- reidad (pp.41 ss).
te real, de su inagotable realidad. Merced Consideramos que esta fenomenolo-
a esta ruptura, el pensamiento humano gía de la persona, fundada en un realismo
transcurre en la inmanencia de sí mismo cristiano en diálogo con las mejores expre-
y en el vacío del ser. He aquí la fuente de siones del pensamiento contemporáneo,
todas las formas del idealismo y del racio- ofrece a la medicina de nuestro tiempo
nalismo modernos que nos han llevado a una suficiente y sólida base en orden a lo
una serie de insalvables dicotomías en que podemos llamar su “rescate” de los
las ciencias que se ocupan del hombre (la riesgos de una mentalidad tecnocientífica,
“doble verdad” antes aludida): naturaleza radicalmente antifilosófica, reductivista y
y espíritu, cuerpo y alma, sensibilidad y abusivamente operativa que amenaza con
racionalidad, necesidad y libertad. La subsumirla. Y tal rescate comprende no
vuelta a la realidad total de la persona sólo los aspectos especulativos (una ver-
permite superar estos dualismos, graves dadera theoria del enfermar del hombre)
limitaciones de nuestros extensos conoci- sino, también, los delicados aspectos éti-
mientos actuales pues nos impiden acce- cos que enfrenta en la actualidad la prác-
der a la inteligibilidad última de los fenó- tica de la ciencia médica. En este sentido,
menos que tales conocimientos ponen la llamada bioética se muestra a todas lu-
ante nuestros ojos. Por último, desde y ces ineficiente pues su creciente inmanen-
por este personalismo se vislumbra la posi- tismo moral y sus innegables contamina-
bilidad cierta de insertar el Evangelio en ciones ideológicas anulan, por regla gene-
una cultura en crisis profunda que necesita ral, sus méritos iniciales. Una moral que
ser iluminada y salvada (página 13). tenga en cuenta los presupuestos del per-
Ahora bien; si el personalismo cristia- sonalismo cristiano expuestos en estas
no es, como vimos, el eje vertebrante de páginas bien puede proponerse como
estos trabajos, se impone preguntarnos adecuada respuesta a las insuficiencias
qué es y en qué consiste este personalis- de la bioética actual.
mo. Es cierto que Velasco no expone una Por todo lo dicho, resulta evidente
metafísica de la persona, en sentido estric- que esta obra va mucho más allá de la
to, aunque, sin duda, la presupone. Por psiquiatría; interesa, en efecto, a toda la
otra parte no apunta a ello la intención medicina y es, sin dudarlo, un aporte sig-
del autor en estos escritos. Velasco se si- nificativo en pro de la construcción de
túa, en el marco de la reflexión filosófica una cultura católica.
cristiana de hoy, en la línea de aquellos
pensadores que procediendo del realismo MARIO CAPONNETTO
han avanzado hacia la fenomenología

234 Año 2004 / GLADIUS 61


sostienen sus concepciones ni sus convic-
Raffard de Brienne, Daniel ciones sobre el trabajo de la inteligencia.
Il n’y a qu’ un seul Dieu “Más bien se limitan con frecuencia a for-
Editions de Chiré, Paris mar sus propias opiniones según su sensi-
2003, 234 pgs. bilidad y a vivir según sus pasiones” (p.
11). Situación en la que se involucra una
En materia religiosa, no abundan hoy buena porción de la masa de bautizados,
día trabajos de apologética y tal vez por entre los cuales muy pocos sostienen su
esas trampas tan frecuentes en nuestra fe en base a un conocimiento objetivo.
“Muchos «creyentes» y «practicantes» se
sociedad moderna, las buenas que apare-
remiten a un sentimiento subjetivo, a la
cen suelen pasar bastante inadvertidas
alegría de una piedad sincera, al fervor
en los anaqueles de las librerías. En cam-
bio, sí hay cabida y espacio privilegiado de las liturgias colectivas; toman su reli-
para autores como L. Boff, K. Rahner, E. giosidad por religión exponiéndose a los
Schillebeeckx... etc. Para verificarlo es su- peligros de graves desviaciones” (p.11).
ficiente detenerse a mirar las vidrieras de A partir de estas consideraciones se
las librerías “católicas” más o menos “ofi- proyecta entonces la apologética, dirigida
ciales”. Es la promoción de la piqueta y tanto a quienes profesan falsas religiones,
la herrumbre del constructor. En medio desviaciones religiosas o filosofías erró-
de este cuadro más bien desalentador neas, como así también a los materialistas,
aparece, ya en su segunda edición, este ateos y agnósticos. Se vale para ello de
pequeño tratado de apologética, llamado una explicación simple, concisa pero com-
a interesar vivamente al sector de lectores pleta, que responde a todas las grandes
de buena voluntad que aún subsistan, cuestiones: la creación, el hombre con su
sean creyentes o incrédulos. alma y su inteligencia y el misterio de su
En su introducción, expone el autor muerte, la verdad, Dios (único, tal como
el sentido de la apologética como herra- reza el título del trabajo: No hay más que
mienta de difusión y afirmación de la fe un solo Dios), la manera con la que el
hombre se relaciona con Dios, o sea la
católica, señalando que tiene por objeto
Religión, las falsas religiones, la religión
guiar al alma en el uso de su razón para
verdadera, Jesucristo, la Iglesia católica,
explotar todas las verdades que le son
accesibles, a fin de encontrar en ellas los etc.
motivos de credibilidad que la lleven a En el desarrollo de esas cuestiones
aceptar las que no son directamente acce- esenciales, aparecen engarzados otros
sibles. Es, entonces, la ciencia que de- temas de vinculación directa a los mismos.
muestra por la razón la credibilidad de Es el caso, por ejemplo, del evolucionis-
los artículos de la fe católica, exponiendo mo, cuya teoría considera útil de refutar
los motivos por los cuales se puede y se “en razón de la autoridad usurpada de la
debe creer. Agrega que la apologética que goza y de la reputación que tiene de
necesita adaptarse a los problemas pro- reposar sobre un conjunto riguroso de
pios de cada época. Por supuesto “no se pruebas. En realidad el evolucionismo
trata de descubrir una nueva teología para tropieza con tan graves objeciones que
neo-cristianos de un mundo teilhardiano no hubiera sobrevivido de no resultar in-
en ascensión hacia el punto omega”, sino dispensable al materialismo. Ningún mate-
“mucho más simplemente de tener en rialismo es pensable sin explicación evolu-
cuenta el estado de una civilización en la cionista” (p.91), y continúa el esclareci-
cual se reflexiona poco, donde la inteligen- miento del remanido tema al que ya con-
cia se nutre sobre todo de alimentos predi- sagra un estudio anterior (Pour finir avec
geridos, y donde la base de la cultura es- l’evolution, Rémi Perrin, 1999). Otro tanto
tá forjada por los medios masivos de co- cabe decir en consideración al Santo Su-
municación y la publicidad” (p.10). dario, asunto que tanto dio que hablar
Y a renglón seguido apunta como el estos últimos años. El autor, luego de re-
gran obstáculo con que tropieza la apolo- sumir y rebatir el cuestionamiento de que
fue objeto la santa reliquia, la asigna un
gética en nuestros días, el hecho de que
importante valor apologético.
la mayor parte de los hombres ya casi no

GLADIUS 61 / Año 2004 235


Todos estos temas fundamentales pa- que sería de consuelo y ayuda para mí.
ra el conocimiento de la fe, se van desple- Sólo sirvió para empeorar las cosas, al
gando en ajustada concatenación. La sen- menos por cierto tiempo. Porque aquel
cillez del plan expositivo presentado y volumen me inició e instruyó en los argu-
desplegado con una didáctica de inusual mentos de los librepensadores, tanto de
claridad, hondura y penetración, ensam- los deístas que opugnan el credo cristiano,
bla una argumentación rotunda y convin- como de los incrédulos que combaten
cente. Sus demostraciones son evidentes, toda religión. Y las refutaciones a dichos
las objeciones, errores y desviaciones argumentos no siempre lograban su obje-
opuestos al catolicismo son refutados en to”. La buena voluntad de Hudson se es-
su esencia. El autor dispone de un holga- trelló ante la torpeza del apologista. Si hu-
do bagaje de conocimientos y recursos biera topado con algo semejante al trabajo
teológicos, filosóficos e históricos que con- que comentamos, muy otro hubiese sido
fieren natural interés a su discurso. Súma- el fruto de la lectura. Así lo creemos.
se a esta solvencia, el uso adecuado de Volviendo a nuestro autor, su libro
un prolijo y sólido andamiaje de conoci- comprueba una vez más y de modo feha-
mientos de las ciencias naturales que dan ciente, que en el campo de la razón y de
mayor consistencia al armazón silogístico las ideas, la incredulidad, en sus diversas
y probatorio que Raffard de Brienne ela- manifestaciones, lleva las de perder. Esta
bora en el transcurso de su trabajo. confrontación se opera en la esfera más
Discurriendo sobre apologías, el padre noble del hombre, vale decir, su alma, su
Castellani trae a cuento en uno de sus es- inteligencia, su razón. Y aquí la labor del
critos el caso del escritor William H. Hud- autor cumple con creces el cometido em-
son quien, en su libro Allá lejos y hace peñado.
tiempo, contó que una grave enfermedad No hay duda que el libro de Raffard
lo llevó a meditar afanosamente sobre la de Brienne puede brindar provechoso
fe religiosa, y a desearla y pedirla. Buscó servicio a los incrédulos que buscan acer-
auxilio en su oscuridad en los libros de carse a la verdad, como también a los
apologética. Entre ellos, cuenta Hudson, equivocados y desviados. En cuanto a
“encontré un tomo titulado Una réplica al los creyentes, dubitativos, o fieles y bien
hereje. Sobre esta obra puse manos y formados, podrán encontrar en sus pági-
ojos con entusiasmo, en la esperanza de nas un excelente instrumento para afir-
ahogar las dudas enloquecedoras que marse en la fe y mejor difundirla.
asaltaron sin cesar mi mente. Confié en
RICARDO BERNOTAS

236 Año 2004 / GLADIUS 61


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 EDERLE, R. - SÁENZ, A., Las Parábolas de Jesús, ayer, hoy y siempre ................... 20
 GOROSTIAGA, Roberto, Cristianismo o revolución ........................................................ 15
 GOYENECHE, Juan Carlos, La continuidad en el Magisterio de la Iglesia .................... 4
 GUEYDAN DE ROUSSEL, Guillermo, El Verbo y el Anticristo ................................... 15
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 LE PLAY, F., La reforma de la sociedad. El trabajo ........................................................ 7
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 LEFEBVRE, J., La nueva ciudad de Cristo ......................................................................... 7
 LOMBARDI, E., La música sagrada .................................................................................... 7
 LOMBARDI, E., Los fieles cantan ........................................................................................ 7
 MEDRANO, S., Construcción de la Cristiandad en la Argentina ................................... 4
 MOLNAR, Thomas, La Iglesia peregrina de los siglos ..................................................... 15
 MONTEJANO, Bernardino, Familia y Nación histórica ................................................... 10
 MUCCHELLI, R., La subversión .......................................................................................... 7
 OUSSET, Jean, Introducción a la política .......................................................................... 15
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 PAGANO (h), José León, El testigo romano ...................................................................... 20
 PEREA de MARTÍNEZ, María E., La cara oculta del sexo .............................................. 5
 REGO, Francisco, La relación del alma con el cuerpo ..................................................... 20
 SÁENZ, Alfredo, Antonio Gramsci y la revolución cultural ............................................. 4
 SÁENZ, Alfredo, De la Rus de Vladimir al hombre nuevo soviético ............................. 20
 SÁENZ, Alfredo, Derecho a la vida: cultura de la muerte ................................................ 3
 SÁENZ, Alfredo, El fin de los tiempos y seis autores modernos .................................... 25
 SÁENZ, Alfredo, El hombre moderno. Descripción fenomenológica ............................ 15
 SÁENZ, Alfredo, El Icono, esplendor de lo sagrado ........................................................ 30
 SÁENZ, Alfredo, El pendón y la aureola ........................................................................... 25
 SÁENZ, Alfredo, El santo sacrificio de la Misa ................................................................ 20
 SÁENZ, Alfredo, Eucaristía, sacramento de unidad .......................................................... 7
 SÁENZ, Alfredo, Héroes y Santos ....................................................................................... 20
 SÁENZ, Alfredo, In Persona Christi .................................................................................. 25
 SÁENZ, Alfredo, José Canovai ............................................................................................ 25
 SÁENZ, Alfredo, La Ascensión y la Marcha ..................................................................... 20
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 SÁENZ, Alfredo, La celebración de los misterios en San Máximo de Turín ............... 12
 SÁENZ, Alfredo, La Nave y las Tempestades I. La Sinagoga y la Iglesia
primitiva. Las persecuciones del Imperio Romano. El arrianismo ................................ 15
 SÁENZ, Alfredo, La Nave y las Tempestades II. Las invasiones de los bárbaros ........ 12
 SÁENZ, Alfredo, La Nave y las Tempestades III. La embestida del Islam .................... 15
 SÁENZ, Alfredo, La Nave y las Tempestades IV. La querella de las investiduras.
La herejía de los cátaros .................................................................................................. 16
 SÁENZ, Alfredo, La Nave y las Tempestades V. El Renacimiento ................................. 15
SÁENZ, Alfredo, Las Parábolas del Evangelio según los Padres de la Iglesia
 Tomo 1: La misericordia de Dios .................................................................................. ag
 Tomo 2: La misericordia con el prójimo ...................................................................... 20
 Tomo 3: La figura señorial de Cristo ........................................................................... 25
 Tomo 4: El misterio de Israel y de las naciones .......................................................... 20
 Tomo 5: El misterio de la Iglesia ................................................................................... 20
 Tomo 6: La siembra divina y la fecundidad apostólica ............................................. 25
 SÁENZ, Alfredo, Siete virtudes olvidadas ......................................................................... 25
 SÁENZ, Ramiro, Fátima ......................................................................................................... 4
 SÁENZ, Ramiro, Noviazgo, un camino para dos ................................................................ 9
 SÁENZ, Ramiro, Sólo Dios basta: Devocionario de la familia (rústica) ............................ 20
 SÁENZ, Ramiro, Sólo Dios basta: Devocionario de la familia (encuadernado) ................ 30
 SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO: La vocación religiosa ...................................... 10
 SAN CIPRIANO, La unidad de la Iglesia Católica ............................................................. 8
 SÁNCHEZ MÁRQUEZ, Manuel, Historia sintética de España ...................................... 10
 SÁNCHEZ MÁRQUEZ, Manuel, Isabel la Católica. Cronología de su reinado .......... 10
 SÁNCHEZ MÁRQUEZ, Manuel, Occidente y Cristiandad ............................................. 10
 SANTO TOMÁS DE AQUINO, Los Mandamientos comentados ................................... 15
 SILVA DE CASTRO, Emilio, Pena de muerte ya ............................................................... 5
 SIEBERT, M., La transformación educativa argentina ..................................................... 4
 SOLZHENITSYN, A., El suicidio de Occidente ................................................................. 4
 TOTH, Tihamer, El joven y Cristo ...................................................................................... 15
 TOTH, Tihamer, Pureza y juventud .................................................................................... 15
 TRIVIÑO, Julio, El cura Brochero ...................................................................................... 10
 TRIVIÑO, Julio, El Ser –poema filosófico literario– .......................................................... 8
 TRIVIÑO, Julio, Catequesis teológica tomista ................................................................... 10
 TRIVIÑO, Julio, La Filocalia ............................................................................................... 10
 TRIVIÑO, Julio, Siempre mendigos ...................................................................................... 6
 VAISSIERE, J.M., Fundamentos de la política ................................................................... 7
 VIZCARRA, Zacarías de, La vocación de América .......................................................... 15

(ep: en preparación; ag: agotado)

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