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LOS PROFETAS Y LA PROFECIA
n el Antiguo Testamento, el uso del término «profeta» es relativamente frecuen
E te y ciertos tipos de escritos se llaman «profecía». En el uso popular, un
«profeta» es alguien que puede predecir el futuro y «profecía» significa predicciones
sobre el porvenir. Aunque estas definiciones populares contienen elementos verda
deros, de ninguna manera son apropiadas en términos bíblicos. Por lo tanto, antes
de estudiar los profetas,1 es importante entender el significado bíblico de estos
conceptos2.
NOMBRES QUE SE LE ASIGNAN AL PROFETA
Profeta. El término usado más comúnmente para referirse a la persona y al oficio
es «profeta», que el idioma castellano toma del griego. El vocablo griegoprophétés
significa básicamente «alguien que habla en nombre de un dios e interpreta su
voluntad a los hombres»/ Consta de dos elementos, el segundo de los cuales
significa «hablar». El primero puede significar tanto «antes», «hacia adelante» como
«de antemano»4 y, por lo tanto, la palabra puede significar tanto «hablar en nombre
de», «proclamar», como «hablar de antemano», «predecir». Muchos autores sostie
nen que el profeta es «alguien que proclama» en vez de «alguien que predice», pero
ambos sentidos están implícitos en la palabra y también se encuentran ambos usos.
El término hebreo que el griego intenta traducir es n¿¡bi. La derivación y el
significado básico se han debatido extensamente, en parte debido a la formación y
el significado de la palabra griega y no tanto por la voz hebrea. Actualmente parece
estar bien establecido que la raíz nb ’ significa «llamar» y que su morfología apoya
1. Ya nos hemos referido a los Profetas Anteriores en los caps. 14-20. Como se mencionó
en el cap. 14, los Profetas Anteriores y los Profetas Posteriores difieren significativamente, de
tal manera que a los primeros hoy no se los considera «profetas» y algunos de los métodos
interpretativos peculiares que a menudo (e incorrectamente) se aplican a los Profetas Poste
riores no se aplican a aquellos.
2. Como resumen útil de erudición reciente, ver W. Mckane, «Prophecy and the Prophétie
Literature», Tradition and Interprétation, G.W. Anderson, éd., pp. 163-188.
3. H.G. Liddell y R. Scott, A Greek-EnglishLexicón 2, H.S. Jones, ed., 9® ed., Nueva York,
1940, p. 1540a.
4. T D N T 6 ,1968, pp. 783ss.
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PANORAMA DEL ANTIGUO TESTAMENTO
el sentido de «uno que es llamado».5 Entonces, el profeta era alguien llamado por
Dios y, como vemos en el Antiguo Testamento, llamado para hablar en nombre de
Dios. En consecuencia, el término griego describe acertadamente al profeta si bien
no traduce precisamente el hebreo.
El mensaje de Dios dado a Moisés, en el cual a éste se lo compara con «Dios» y
a Aarón se lo describe como su «boca» (Ex. 4.15ss.), y en el que a Moisés se lo
describe como «dios para Faraón» y a Aarón como su «profeta» (7.1ss.), ilustra al
mejor estilo la usanza bíblica. Aquí, al profeta se lo representa como la boca de Dios.
Vidente y otros términos. Al profeta también se lo llamaba «vidente», es decir,
«alguien que ve en una visión». Hay dos palabras hebreas que se traducen así y
parecieran ser completamente intercambiables. Un pasaje (1 S. 9.9) indica que el
término «vidente» fue anterior al término «profeta» y luego éste lo reemplazó; pero
si en algún momento hubo una diferencia marcada, en la etapa del Antiguo Testa
mento ya se había tomado difusa.6
Otros términos que designan a los profetas son «hombre de Dios», «vigía»,
«mensajero de Yahvéh» y «hombre del Espíritu». Estos términos son en realidad
descripciones de la actividad del profeta, aunque a veces parecen haber sido usados
como títulos. Añaden aspectos significativos para una comprensión adecuada del
profeta.
CARACTERISTICAS DEL PROFETA
Extasis. De acuerdo con un punto de vista ampliamente aceptado, la característica
principal del profeta es la conducta extática. Esta teoría que propuso G. Hólscher,7
probablemente se conoce mejor por la descripción de T.H. Robinson:
Podemos formar una imagen mental de la actividad pública del profeta.
Quizás, lo encontremos mezclándose entre la gente, a veces en un día
común y corriente y otras en ocasiones especiales. Repentinamente algo
le sucede. Su mirada se fija en algo, convulsiones extrañas toman pose
sión de sus miembros, su manera de hablar cambia. Los hombres se dan
cuenta de que el Espíritu ha descendido sobre él. El ataque pasa y luego
él relata a los que se encuentran a su alrededor lo que había visto y
escuchado.8
El Antiguo Testamento relata que, en algunas ocasiones, un éxtasis repentino
poseía a las personas. Cuando el Espíritu vino sobre Saúl, la gente preguntaba:
5. Acerca de su origen ver el acadio nabú, «llamar»; cf. Hamurabi i.17. En cuanto a
morfología y formación de la palabra, ver W .S. LaSor, Handbook ofBiblical H ebrew 2, Grand
Rapids, 1979, 24.2441. Además, ver W.F. Albright, D e la edad de piedra al cristianismo,
pp. 238ss.
6. Ver H.H. Rowley, The Servant o f theLord, pp. 105-108.
7. D ie Propheten, Leipzig, 1914.
8. Prophecy and the Prophets inAncient Israel, Londres, 1923, p. 50.
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LOS PROFETAS Y LA PROFECIA
«¿Saúl también entre los profetas» (1 S. 10.11). Sin embargo, hay muchos otros
profetas que demuestran un comportamiento normal. W.R. Smith, antes de la
publicación de la obra de Hölscher, dijo que Dios «habla a sus profetas no por
procesos mágicos ni mediante visiones dadas a unos pobres frenéticos, sino por
medio de la palabra clara e inteligible dirigida al intelecto y al corazón. La caracte
rística del verdadero profeta es que mantiene su conciencia y su dominio propio bajo
revelación.»9 Este comentario resume hábilmente el retrato bíblico de un profeta.
«El llamado». El profeta bíblico estaba seguro de que Dios no sólo le había
hablado, sino que también lo había llamado para comunicar su mensaje.10En algunas
instancias, el llamado se describe con bastante detalle y cada relato contiene
elementos que no se encuentran en los otros. Por lo tanto, el llamado era un evento
individual y no una fórmula estereotipada usada por los profetas para validar su
actividad. Isaías parece haber aceptado su llamado de buena gana, mientras que
Jeremías se mostró renuente y contendió con Yahvéh. Amós parece haber tenido un
solo llamado, mientras que Ezequiel da el día, el mes y el año de varias ocasiones
en las que el Señor lo llamó y le dio un mensaje.11 Cualquier explicación puramente
humanista que intente interpretar la experiencia de un llamado como la mera
convergencia de eventos o como experiencia psicológica subjetiva, no concuerda
con la información bíblica. Por otro lado, Dios sí utilizó situaciones históricas y
sentimientos personales al comunicarse con los profetas.
El carácter. Pedro, refiriéndose a la profecía, dijo: «...hombres movidos por el
Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios».12Aunque son escasas las referencias
bíblicas a la santidad de los profetas, generalmente hay acuerdo en que Dios sólo
usaría a personas santas como profetas. Podría argumentarse que a Dios le pareció
bien usar a aquellos cuya conducta moral no siempre era la mejor en otros oficios,
como, por ejemplo, Moisés el dador de la ley, Aarón el sumo sacerdote o David el
rey. Sin embargo, es difícil creer que Natán habría podido tener una palabra de
amonestación efectiva para David, si él mismo hubiera sido un hombre de pasiones
desenfrenadas. Aun así, responde a la información bíblica recalcar más la total
dedicación del profeta a Dios que su excelencia moral.
CLASIFICACION DE LOS PROFETAS
Antes de Samuel. A Samuel a veces se lo llama «el último de los jueces y el
primero de los profetas» (ver Hch. 3.24; 13.20). Sin embargo, el término profeta se
9. The O ld Testament in the Jewish Church, 2a. ed., Londres, 1908, citado por Rowley,
The Servant o f the Lord, p. 100.
10. Observe los relatos de llamados en Is. 6.1-13; Jer. 1.4-10; Ez. 1.1-3; Os. 1.2-9; 8.1-5;
Am. 3.1-8; 7.12-15.
11. Ver J. Lindblom, Prophecy in Ancient Israel, Filadelfia, 1962, pp. 182-197.
12. 2 P. 1.21 (BJ). Sin embargo, la evidencia parece dividirse en panes iguales entre
«hombres» y «hombres santos».
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PANORAMA DEL ANTIGUO TESTAMENTO
usa también con referenda a varias personas que precedieron a Samuel. Lo que se
deduce del material disponible puede resumirse así: (1) el concepto de la revelación
por parte de Dios a un siervo escogido (el elemento básico de la profecía) era
conocido antes del tiempo de Samuel; (2) ya que a Moisés se lo toma como el
prototipo de un profeta (ver Dt. 18.18), su ministerio profètico deberla tomarse en
cuenta al definir la tarea profètica; (3) la idea de que la profecía había disminuido y
que luego había continuado con Samuel está implícita en la reacción de Eli al
llamado de Samuel (1 S. 3.7-9). Las consecuencias son bastante significativas
porque indican que el estudio de la profecía no puede iniciarse con los escritos
proféticos del Antiguo Testamento y ni aun con los dichos proféticos de Samuel,
Natán, Elias y Eliseo. Ciertamente debe incluir el ministerio profètico de Moisés y,
probablemente, los elementos proféticos que encontramos en los patriarcas.
LOS PROFETAS
Antes de Samuel
Enoc (Judas 14)
Los «santos profetas que fueron desde el principio» (Le. 1.70; Hch. 3.21)
Abraham (Gn. 20.7; cf. Sal. 105.14ss.)
Moisés (Nm. 12.1-8; Dt. 34.10; Os. 12.13)
María (profetisa; Ex. 15.20)
Eldad, Medad y los setenta (Nm. 11.24-29)
Débora (profetisa; Jue. 4.4)
«Varón de Dios» (Jue. 13.6ss.)
La visión profètica escaseaba en los días de Eli (1 S. 3.1)
La monarquía [ca. 1075-931]
Samuel (1 S. 3.1) [en la época de Saúl y David]
Gad (2 S. 22.5) [Saúl y David]
Natán (2 S. 12.1) [David]
Semaías (1 R. 12.22) [Roboam y Jeroboam l]
Saúl, David, Salomón; experiencias con características proféticas
Asaf, Hernán y Jedutún (1 Cr. 25.1)
Iddo (el vidente; 2 Cr. 9.29) [Salomón, Roboam y Ahías]
Desde la división de la monarquía hasta el período asino [931- ca. 800]
Semaías (1 R. 12.22) [Roboam]
Ahías, Iddo (ver arriba)
Hanani (el vidente; 2 Cr. 16.7) [Asa]
Jehú hijo de Hanani (1 R. 16.1) [Asa y Josafat]
Elias (1 R. 17.1) [Acab y Ocozías de Israel]
Eliseo ( I R. 19.16) [Acab y Joás de Israel (860-ca. 795)]
Micaías hijo de Imla (1 R. 22.8) [Acab]
Jahaziel y Eliezer (2 Cr. 20.14, 37) [Josafat de Judá]
Zacarías (2 Cr. 24.19) [Joás]
Profeta sin nombre (1 R. 20.13) [Acab]
Profeta sin nombre (2 R. 9.4) que ungió a Jehú
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LOS PROFETAS Y LA PROFECIA
«Hijos de los profetas» (1 R. 19.10/2 R. 2.3)
«Falsos» profetas (1 R. 13; etc.)
Siglo VIII [ca.800-ca.675]
Abdías
Joel [reinado de Joás (?)]
Jonás [Jeroboam ii (?)]
Amós [Uzías de Judá y Jeroboam II]
Oseas [antes de caer la dinastía de Jehú]
Miqueas [Jotam, Acaz y Ezequías]
Isaías [Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías]
(«Deutero-Zacarías» [antes de 722(?)])
Obed (2 Cr. 28.9)
Siglo VII [ca.675-597]
Nahum [entre 663 y 612]
Habacuc [quizás poco después del 605]
Sofonías [Josías]
Jeremías [626-586]
Siglo VI [ca. 597-538]
Ezequiel [592-572 (o 570)]
(Daniel [605-538, o considerablemente más tarde])
Isaías 40-66 [ca.550-538 (posiblemente más tarde)?]
Postexílicos (ca.538-ca.450)
Hageo [520]
Zacarías 1-9 [520 y 518]
Malaquías [entre co.486-450]
(Nota: los problemas de fecha, autoría de partes de Isaías y Zacarías, y asuntos similares
cjue complicarían esta lista en gran manera, se tratan cuando hablamos de los profetas
individualmente.)
Siglos IX y X. Con el llamado de Samuel, comienza un nuevo período de
profetismo en el relato bíblico. Debido a que coincide con la inauguración de la
monarquía, puede inferirse que la intención era que el profeta fuese la voz de Dios
para el rey. Sirve de apoyo a esta conclusión que el fin de la actividad profètica
veterotestamentaria coincide aproximadamente con el fin de la monarquía israelita.
Si partimos del material bíblico, no podemos asociar un profeta específico a cada
rey; pero hay varios profetas sin nombre y una «escuela de profetas», por lo cual
parece razonable concluir que Dios tenía «bocas» para hablar a todos los reyes de
Israel y Judá. Las reacciones de los reyes a la actividad profètica parecen apoyar esta
afirmación. Quizá, los reyes esperaban que algún profeta les trajera mensajes de
Yahvéh, y no hay evidencia de que se sorprendieran de tal actividad.13
13. Las diversas relaciones que existían entre los profetas y las clases gobernantes políticas
y religiosas de su tiempo han sido investigadas a fondo por R.R. Wilson, Prophecy and Society
in Ancient Israel, Filadelfia, 1980.
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PANORAMA DEL ANTIGUO TESTAMENTO
Los profetas de la monarquía y de los primeros días de la monarquía dividida a
veces son llamados profetas «orales» o «no escritores». Esto se refiere a que la Biblia
no tiene libros que sean el producto propio de los profetas individuales de ese
período, como, por ejemplo, la «profecía según Elias». Por otro lado, los profetas
de un período más tardío de la monarquía dividida son llamados «profetas literarios»,
«profetas escritores» o «profetas con obra escrita». Sin embargo, estos son términos
desafortunados porque no llegan a elucidar los hechos como se desprenden de las
Escrituras. Por un lado, un libro o dos llevan el nombre de Samuel. (Si los escribió
o no, no viene al caso.) Por otro lado, no debemos suponer que los «profetas
literarios» se propusieron escribir libros proféticos. La evidencia en el libro que lleva
el nombre de Jeremías indica que era sobre todo un «profeta oral» y que la redacción
de su mensaje se debió en gran parte al trabajo de Baruc (Jer. 36.4, 32). Por su
contenido, es claro que la mayoría de los libros proféticos fueron primeramente
mensajes orales que luego quizás el profeta mismo o sus discípulos escribieron.14
S ig lo s VIII y Vil. La profecía cambió notablemente en el siglo VIII. En general,
los profetas de los siglos X y IX eran «consejeros del rey». Puede que hayan tenido
mensajes para el pueblo, pero buena parte de la evidencia indica que aconsejaban a
los reyes, ya sea animándolos a seguir el camino de Yahvéh o, como sucedía más a
menudo, amonestándolos por no hacerlo. En el siglo VIII, los profetas prestaron más
atención a la gente, a la nación15 y en algunos casos a naciones extranjeras.16
Junto con este cambio de oyentes vino la introducción de las profecías escritas.
Es verdad que existen evidencias anteriores de oratoria profètica, como las palabras
de Samuel a Saúl y a David, el reproche que Natán le hace a David y las palabras
de Elias a Acab o Jezabel; pero con los profetas del siglo VIII surgieron mensajes y
colecciones más largos que constituyen los libros que llevan el nombre del profeta
en cuestión. A su vez, los «hijos de los profetas» dejaron de ser tan prominentes,
quizás por haberse tomado en una institución que el estado mantenía. También
existía una crítica considerable hacia los «falsos» profetas.
Por lo tanto, parece razonable decir que había descendido la crisis sobre Israel y
Judá. El reino del norte llegaría a su término dentro de este siglo, incluso dentro de
la duración de la vida y, en algunos casos, de los ministerios de los profetas del siglo
Vili. El juicio de Dios estaba a punto de visitar al reino de Israel. Los reyes y líderes se
habían sumergido tanto en el pecado que ya no había esperanza de salvación. Por eso,
los profetas dieron una clara voz de alarma esperando llevar a la gente al arrepenti
miento. La redacción de las profecías parece ser una manera de llegar con el mensaje
14. Es bueno recordar que el más grande entre los profetas, Jesucristo, no escribió sus
profecías; fueron escritas por otros y preservadas en los Evangelios.
15. Amós, enviado por Dios para proclamar un mensaje a Samaria (Israel), fue el primer
profeta en confrontar a la nación.
16. Parece muy improbable que los mensajes proféticos dirigidos a Edom, Tiro, Egipto,
etc., estuviesen destinados a ser entregados a los gobernantes de esas naciones y a que ellos los
leyesen; de ser así, también es improbable que hubieran tenido algún efecto. Más probable es
que estos mensajes se destinaran a Israel, el pueblo de Dios de ese momento y, aún más, a las
generaciones futuras. La palabra de Dios no vuelve varía; cumple lo que él quiere que cumpla.
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LOS PROFETAS Y LA PROFECIA
a un grupo de oyentes más amplio, como así también a Las generaciones futuras. Lo
que le sucedió a Israel en el siglo VIII se usó como ilustración para Judá, cuyo fin
llegaría a fines del siglo VII y comienzos del siglo VIII. Por eso, los profetas del siglo
VII compartían un sentido urgente de juicio y emitían un pedido renovado de
arrepentimiento. Al mismo tiempo, la nota de esperanza para el remanente sonaba
cada vez más clara.
E l período exílicoy el postexílico. Al finalizar el reino del sur y con la destrucción
de Jerusalén, el antiguo camino había llegado a su fin. Una buena parte del pueblo
se encontraba cautiva y necesitaba esperanza y aliento para comenzar otra vez. Debía
recordársele que el pacto de Yahvéh todavía estaba vigente y que él cumpliría su
propósito redentor en el mundo. En consecuencia, estos elementos abundaban en los
profetas de los siglos VI y V.
Al mismo tiempo, las creencias básicas de Israel debían ampliarse, de manera de
incluir a Yahvéh como Señor de todas las naciones y no sólo de Israel. La revelación
de su propósito, inclusive su naturaleza dual como lo expresa el pacto original con
Abraham, debía aclararse. Israel continuaría distinguiéndose de las naciones (o
gentiles). Sin embargo, el propósito de Yahvéh era traer las naciones para que le
adoren y aprendan sus preceptos de Israel. A medida que esto iba haciéndose más
claro, aumentaban las referencias a los «días postreros» o a «aquellos días». El
estudio de los eventos que culminan en el «fin» de la era y los hechos subsiguientes
(escatología) cobró mayor prominencia.
Específicamente, los profetas postexílicos animaron a la reconstrucción del
templo, la restauración del trono y el reinado de David y la reanudación del aparato
cultico que ayudó a preservar la identidad particular de Israel. Pero se sugiere que
ni siquiera esto sería el cumplimiento máximo del propósito redentor de Dios. Más
allá del futuro inmediato aguardaban tribulaciones, persecuciones y hasta otra
destrucción de Jerusalén. Este templo no era nada en comparación con la gloria del
anterior y la nación, sólo una migaja tolerada e insignificante como parte de un gran
imperio. Estos no eran los «días postreros» que habían sido predichos. En conse
cuencia, se acentuaban las bendiciones para el futuro. Se introdujeron elementos
apocalípticos que afirmaban que Dios mismo intervendría para destruir a los enemi
gos de Israel y establecer su propio rey en Sion. Habría un tiempo de juicio que
serviría de fuego purificador para Israel. Luego vendría un tiempo de justicia y paz.
Con esta tónica, los profetas guardaron silencio.
LA PROFECIA
En general, encontramos dos enfoques simplistas de la profecía: uno que subraya
el elemento predictivo y otro, el mensaje aplicado a la situación contemporánea. En
la profecía bíblica están presentes ambos elementos.
El mensaje de D ios para la situación actual. Si uno toma versículos aislados de
los profetas y los une de modo tal que obtiene «profecías que prueban la veracidad
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PANORAMA DEL ANTIGUO TESTAMENTO
de la Biblia» o «a Jesucristo en la profecía», se crea la impresión de que la profecía
es «historia escrita con anticipación a los hechos». Sin embargo, cuando uno estudia
a los profetas, este concepto romántico se disipa rápidamente. Es necesario escarbar
capítulo tras capítulo sin ninguna relación con el futuro, para encontrar un solo
versículo, o aun parte de un versículo, que sea este tipo de «profecía».
Un estudio cuidadoso del profeta y su mensaje revela que está profundamente
involucrado en la vida y en la muerte de su nación. Se dirige al rey y sus prácticas
idólatras, a profetas que dicen lo que se les paga para decir, a sacerdotes que dejan
de enseñarle al pueblo la ley de Yahvéh, a comerciantes que usan medidas falsas, a
jueces que favorecen a los ricos y privan al pobre de justicia, a mujeres avaras que
empujan a sus maridos a la deshonestidad para sumergirse en el lujo. Todo esto es
profecía en el sentido bíblico. Es el mensaje de Dios para su pueblo y para el rey que
gobierna en su lugar. Es un mensaje de juicio porque el pueblo de Dios necesita una
corrección constante. A la vez es un mensaje de esperanza porque Yahvéh no ha
faltado a su pacto y cumplirá su propósito redentor.
El mensaje de D ios para el futuro. Dios nunca se preocupa por el presente sólo
por consideración al presente. Desde la creación ha estado desarrollando su propó
sito para la humanidad y nunca olvida a donde va ni lo que está haciendo. A los
profetas se les confía ese propósito (Am. 3.7). Por lo tanto, la profecía no es
solamente el mensaje de Dios para la situación presente, sino que la intención
primordial es demostrar cómo la situación entra en su plan, como la usará para juzgar,
refinar o animar a su pueblo. La profecía es el mensaje de Dios para el presente,
visto en el contexto de su propósito redentor en curso.
En casos excepcionales él da detalles bastante precisos en cuanto a lo que va a
hacer; pero aun en esta instrucción, generalmente llamada «profecía predictiva», el
elemento de predicción está casi siempre firmemente ligado a la situación actual. El
profeta habla de lo que tiene significado para sus oyentes. No se olvida de ellos
repentinamente y pronuncia una «profecía sobre el porvenir». Por el contrario, los
incluye en ese momento dentro del alcance de la actividad redentora de Dios y se
centra en una verdad que se tomará en luminaria del pueblo de Dios.
Ya que el propósito redentor de Dios culmina en Jesucristo, toda profecía debe
de alguna manera señalar a Cristo. En ese sentido él «cumple» la profecía o, mejor
dicho, la profecía se cumple en él. Puede ser que esto no sea lo que se entiende
comúnmente por «cumplimiento de profecía», pero es la definición que se deriva
apropiadamente de la evidencia bíblica.
La profecía es una ventana que Dios abre para su pueblo mediante sus siervos los
profetas. A través de ella uno puede ver más del propósito redentor de Dios que lo
que sería posible de otro modo. Nos da una comprensión mayor de lo que ha hecho
por su pueblo, con su pueblo y mediante su pueblo en el pasado, y una comprensión
más clara de su propósito para el presente. Aunque no satisfaga las demandas
insaciables de detalles específicos del futuro, sin embargo nos da una percepción
clara de a donde está llevando Dios a la humanidad y las obligaciones consecuentes
que recaen sobre su pueblo.
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