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Acceso a la Jurisdicción y Derechos Fundamentales

Este capítulo trata sobre el acceso a la jurisdicción como un derecho fundamental y analiza diferentes aspectos como la organización de la justicia, las condiciones para que sea efectivo el acceso, los principios de debido proceso y las circunstancias que pueden obstaculizar el acceso.

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Acceso a la Jurisdicción y Derechos Fundamentales

Este capítulo trata sobre el acceso a la jurisdicción como un derecho fundamental y analiza diferentes aspectos como la organización de la justicia, las condiciones para que sea efectivo el acceso, los principios de debido proceso y las circunstancias que pueden obstaculizar el acceso.

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Capítulo XL - Acceso a la jurisdicción. Por Roberto G.

Loutayf Ranea y Ernesto Solá

SUMARIO: I. Introducción: II. Organización de la administración de justicia. III. Posibilidad "efectiva" de


acceder a la Jurisdicción. IV. El plazo razonable. V. El derecho a la investigación estatal. VI. El derecho a
ser oído. 1) Principios generales: a) Una citación adecuada; b) Notificación al citado de la demanda o del
delito de que se lo acusa; c) Emplazamiento razonable para ejercitar la defensa. Audiencia; e) Posibilidad
adecuada de ofrecer y producir pruebas. Asistencia letrada. 2) Niños y personas con discapacidad. VII.
Recurso Judicial sencillo, rápido y efectivo contra actos que violen los "derechos fundamentales" de las
personas. VIII. La Jurisdicción Administrativa. IX. El acceso a la jurisdicción no se limita a la presentación
originaria. La garantía de la doble instancia. X. El acceso a la Jurisdicción alcanza tanto a actor y acusador
como al demandado y acusado. XI. El principio "in dubio pro actione". XII. Principales circunstancias que
obstaculizan el acceso a la Jurisdicción: 1) Desigualdades Económicas; 2) Duración de los procesos; 3)
Diferencias culturales y posiciones desventajosas; 4) Las tasas de justicia; 5) El "solve et repete"; 6) La
reclamación administrativa previa y el agotamiento de la vía administrativa. XIII. Institutos que favorecen el
acceso a la Jurisdicción: 1) Beneficio de litigar sin gastos (o beneficio de pobreza); 2) Defensor de Pobres;
3) Protección de los derechos de incidencia colectiva; del derecho de los consumidores; y la protección
ambiental; 4) El lenguaje judicial claro como una forma de facilitar el acceso a la justicia. XIV. Reflexión
final.

I. Introducción

Para que haya debido proceso legal hace falta, ante todo, que el justiciable pueda acceder
a un órgano judicial en demanda de justicia(1), sin restricciones personales ni económicas(2).
Por eso se ha señalado, que el derecho de libre acceso a la jurisdicción es la primera
consecuencia del derecho a la tutela judicial efectiva y el paso previo y necesario para la
prestación jurisdiccional: no es posible obtener la prestación jurisdiccional y la solución que
ponga fin al proceso, si por algún motivo no se puede acceder primero al órgano judicial (3).

El concepto de accesibilidad a la justicia, por la importancia que le es propia, fue


reconocido en distintos instrumentos internacionales de derechos humanos, habiendo sido
regulado en el art. 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966); en los
artículos 8 y 25 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (1969) y en el art.
6to. del Convenio Europeo de Derechos Humanos (1950). De igual modo se vio plasmado
en distintos documentos internacionales, como: la Declaración de Cancún; las Reglas de
Brasilia y la Declaración de los derechos de las personas en los Estados Iberoamericanos(4).

La Constitución de la Nación Argentina reconoce a todos los habitantes la posibilidad de


gozar de todos los derechos y garantías que ella enumera, por lo que no admite discriminar
a los pobres al administrar justicia. A todos reconoce el debido proceso legal (arts. 16, 18,
33 y Preámbulo).

La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha dicho que el derecho constitucional de la


defensa en juicio supone la posibilidad de ocurrir ante los tribunales de justicia y obtener de
ellos una sentencia útil(5). Y tal postulado resulta lógico por cuanto, al haberse prohibido la
Justicia por mano propia y asumir el Estado la jurisdicción, ello tiene como correlativo el
derecho de los individuos de solicitar la protección jurisdiccional (derecho de acción); en
cierta manera, el derecho de las personas a la jurisdicción y el deber estatal de administrar
justicia, aparecen como el anverso y reverso de una misma moneda (6). Y si se ha prohibido
la justicia por mano propia, en sustitución debe brindarse a los individuos la posibilidad de
acceder fácilmente al órgano jurisdiccional (7).

Si no existe la posibilidad de acceder ante un tribunal de justicia, el habitante se encuentra


en un supuesto de privación de justicia(8). Y por ello ha señalado la Corte Suprema de
Justicia de la Nación que es inconstitucional privar a alguien, compulsivamente, de la
intervención de un tribunal de justicia(9); que las normas procesales deben ser interpretadas
de modo de evitar que los particulares queden fuera de la protección jurisdiccional, en
situación de indefensión(10).

La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha consignado en el caso "Cantos" que


los Estados no deben interponer trabas a las personas que acudan a los tribunales para la
protección de sus derechos; cualquier norma que imponga costos o dificulte de cualquier
manera el acceso de las personas a los tribunales y que no esté justificada por las
razonables necesidades de la administración de justicia es contraria al art. 8.1 de la
Convención Americana de Derechos Humanos, cuyo art. 25 establece, además, la
obligación positiva de los Estados miembros de conceder a todas las personas un recurso
judicial efectivo contra actos violatorios de sus derechos, a cuyo fin no basta con que dichos
recursos existan formalmente sino que es menester que tengan efectividad y sean sencillos
y rápidos; agregando el Tribunal que cualquier norma o medida que impida o dificulte hacer
uso del recurso de que se trata constituye una violación al derecho de acceso a la justicia,
bajo la modalidad consagrada en el art. 25 de la Convención Americana(11). Conforme se ha
señalado, el Tribunal interamericano ha precisado que el derecho a un recurso efectivo ante
los jueces o tribunales nacionales competentes constituye uno de los "pilares básicos, no
sólo de la Convención Americana, sino del propio Estado de Derecho en una sociedad
democrática en el sentido de la Convención"; que para que exista una ponderación efectiva
del acceso a la justicia "no basta con la existencia formal de los recursos, sino que estos
deben ser adecuados y efectivos para remediar la situación jurídica infringida", y cualquier
norma o medida que impida o dificulte hacer uso del recurso de que se trata, constituye una
violación del derecho de acceso a la justicia, según lo dispone el art. 25 de la Convención
Americana; que el acceso a la justicia debe garantizar "que todas las personas, con
independencia de su sexo, origen nacional o étnico y condiciones económicas, sociales y
culturales, tengan la posibilidad real de llevar cualquier conflicto, sea individual o grupal, ante
el sistema de administración de justicia y de obtener su justa y pronta resolución por
tribunales autónomos e independientes"(12).

Lo ideal, dice Morello, es que ningún justiciable vea frustrados los derechos cuya tutela
reclama a la Jurisdicción sólo por razones procesales insuficientes o el incumplimiento de
trámites rituales(13). Por ello considera —y destaca— que la Corte Suprema ha receptado el
desafío por el que se debe reconducir un sistema conceptualista, apegado más a los medios
que a los fines, para convertirlo en otro que, con el menor costo, en el tiempo
razonablemente más rápido y con las garantías efectivas de la audiencia, prueba y recursos,
además y principalmente, "sea facilitador de un acceso real a la jurisdicción, y a que ella
desemboque en un resultado valioso y justo sobre el fondo del litigio" (14).

En la doctrina española se define a la tutela judicial efectiva diciendo que: "es el derecho
fundamental que toda persona tiene a la prestación jurisdiccional, es decir a obtener una
resolución fundada jurídicamente, normalmente sobre el fondo de la cuestión que en el
ejercicio de sus derechos e intereses legítimos haya planteado ante los órganos
judiciales"(15).

En nuestro país se ha expresado "que el principio de la tutela judicial efectiva, lejos de


ser una fórmula declamatoria y vacía de contenido, constituye una realidad tangible que
protege a los ciudadanos de una manera uniforme y generalizada contra la aplicación de
reglamentos ilegales o inconstitucionales y, sustancialmente, contra los abusos y
arbitrariedades de los poderes públicos(16).

Cabe admitir que en los últimos años, ya por obra de la jurisprudencia o reformas
constitucionales y legislativas, hubo una expansión del acceso a la justicia a través del
reconocimiento de nuevas "legitimaciones", que ha permitido que dicho acceso resulte útil y
eficaz, no sólo para el individuo sino también para los grupos y la sociedad en general. Y
destaca Morello en tal sentido las nuevas legitimaciones que la reforma constitucional de
1994 ha reconocido al Defensor del Pueblo y a las Asociaciones intermedias que "propenden
a esos fines" para la protección de los intereses colectivos(17).

II. Organización de la administración de justicia

Para hacer posible el derecho a acceder a la jurisdicción, el Estado debe organizar todo
lo necesario para que los individuos puedan llegar y plantear sus reclamos ante un órgano
jurisdiccional, y obtener una respuesta oportuna y adecuada a su planteo. En tal sentido,
debe: a) establecer el conjunto de órganos encargados de ejercer la función jurisdiccional
(jueces), que constituyen lo que se denomina "administración de justicia"(18); b) asignarles
competencia; y c) dictar las normas de procedimiento que reglamenten las vías procesales
idóneas para la sustanciación de las pretensiones de los individuos; es decir, que aseguren
un proceso justo(19).

Apunta José E. Herrera que más allá de formalismos y adjetivaciones, "la existencia del
Derecho se da y así se lo vivencia, cuando éste puede hacerse efectivo, cuando cobra vida,
tanto cuando se cumple y acata voluntaria y espontáneamente como es normal que
acontezca, como cuando, ante un eventual incumplimiento o violación, existe la seguridad
plena para el justiciable de poder ocurrir ante una Justicia que le garantiza la vigencia y
eficacia de su derecho ante una situación concreta"(20).

III. Posibilidad "efectiva" de acceder a la Jurisdicción

La garantía del debido proceso legal exige que la posibilidad de ocurrir ante un órgano
jurisdiccional en procura de justicia sea real y efectiva(21), y no meramente declamatoria(22).
Si no existe esa posibilidad, el individuo se encuentra en estado de privación de justicia(23).

El art. 8.1 de la Convención Americana de Derechos Humanos establece que toda


persona tiene derecho a ser oída, con las debidas garantías y dentro de un plazo razonable
por un juez o tribunal competente, independiente e imparcial, establecido con anterioridad
por la ley, en la sustanciación de cualquier acusación penal formulada contra ella, o para la
determinación de sus derechos y obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o de cualquier
otro carácter.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha dicho que el citado art. 8.1 de la


Convención Americana de Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica)
"consagra el derecho de acceso a la justicia. De este se desprende que los Estados no
deben interponer trabas a las personas que acudan a los jueces o tribunales en busca de
que sus derechos sean determinados o protegidos. Cualquier norma o medida del orden
interno que imponga costos o dificulte de cualquier otra manera el acceso de los individuos
a los tribunales, y que no esté justificada por las razonables necesidades de la propia
administración de justicia, debe entenderse contraria al precitado art. 8.1 de la
Convención...". Y agrega el Tribunal internacional, "que si bien el derecho de acceso a la
justicia no es absoluto y, consecuentemente, puede estar sujeto a algunas limitaciones
discrecionales del Estado, lo cierto es que estas deben guardar correspondencia entre el
medio empleado y el fin perseguido y, en definitiva, no pueden suponer la negación misma
de dicho derecho". Se vulnera el mencionado principio cuando no hay posibilidad real de
acudir a la justicia o cuando ésta se ve frustrada por condicionamientos económicos a quien
no puede afrontarlos o pudiendo hacerlo, resultan excesivos y desproporcionados (24);
también cuando se ciernen amenazas sobre quienes pretendan reclamar judicialmente que
impiden ejercerlo, o cuando la decisión judicial se obtiene una vez que es imposible obtener
el resultado pretendido(25).

La Corte Europea de Derechos Humanos, a su vez, ha manifestado que si bien el derecho


de acceso a la justicia no es absoluto ya que puede dar lugar a limitaciones implícitamente
admitidas, estas limitaciones no podrían restringir el acceso abierto al individuo de una
manera o un punto tal que el derecho se encuentre afectado en su sustancia misma.
Además —prosigue la Corte— ellas solo se concilian con el art. 6,1 del Convenio de las
Comunidades Europeas si persiguen un fin legítimo ("rapport") razonable de
proporcionalidad entre los medios empleados y el fin apuntado(26).

Como señala Carlos S. Nino, "no hay un acceso efectivo a la Jurisdicción si no hay
tribunales fácilmente asequibles para el ciudadano afectado, tanto desde el punto de vista
de la ubicación geográfica, del costo de actuar frente a ellos, de la disponibilidad de
asistencia letrada gratuita cuando ella es necesaria y se carece de posibilidades de
solventarla, y de la eficiencia del procedimiento"(27).

Precisamente, y con el objeto de facilitar el acceso a la justicia de los jubilados (en el


caso, al tribunal de apelación), la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha emitido un fallo
en el caso "Pedraza, Héctor Hugo v. ANSeS"(28) (del año 2014) que declaró de oficio la
inconstitucionalidad del art. 18 de la ley 24.463 que asignaba competencia exclusiva a la
Cámara Federal de la Seguridad Social para conocer, en grado de apelación, de todas las
sentencias que dicten los juzgados federales con asiento en las provincias en los términos
de su art. 15. Destaca la Corte que esa asignación de competencia importa una clara
afectación de la garantía a la tutela judicial efectiva de los jubilados y pensionados que no
residen en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires, pues mediante este sistema recursivo
centralizado se incrementan los costos y plazos para el tratamiento de sus planteos, lo que
dificulta la posibilidad de ejercer adecuadamente el derecho de defensa en un proceso que
persigue el reconocimiento de derecho alimentarios; que la norma en cuestión afecta en
forma decisiva la posibilidad que ciudadanos que se encuentran en situación de
vulnerabilidad obtengan en forma rápida y eficiente una respuesta jurisdiccional a sus
reclamos alimentarios; que tal norma no permite efectivizar la pretensión fundamental del
legislador de "garantizar acciones y vías procesales que posibiliten un efectivo acceso al
servicio de justicia y a la tutela jurisdiccional, asegurando la mayor eficiencia y celeridad de
las decisiones judiciales". Por ello dispuso el Alto Tribunal que la citada Cámara deje de
intervenir en grado de apelación contra las sentencias dictadas por los jueces federales con
asiento en las provincias, y asigna la competencia recursiva para las apelaciones deducidas
contra las decisiones de esos jueces a las cámaras federales que sean tribunal de alzada,
en causas que no sean de naturaleza penal de los juzgados de distritos competentes. Como
consecuencia de este fallo, en que la declaración de inconstitucionalidad tiene un carácter
general, posteriormente dictó la Corte la Acordada 14/2014 través de la cual dispone las
medidas apropiadas para que se realice de manera ordenada y rápida el desplazamiento de
la competencia que se dispone(29).

IV. El plazo razonable


Sin lugar a dudas cuando se habla del acceso a la justicia se contempla no solo la
posibilidad de ser oído y presentar una pretensión ante un juez sino la de que éste dicte
sentencia en un plazo razonable, dado que para que la sentencia sea injusta no hace falta
que se equivoque; basta que no juzgue cuando deba juzgar(30).

El "estado de derecho" exige no sólo que los ciudadanos tengan garantizado el derecho
a la jurisdicción y a la defensa en juicio, sino también que el acceso a tales garantías esté
gobernado por el postulado de la celeridad(31). En tal sentido, y en particular en materia
penal, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha señalado que la garantía del debido
proceso (art. 18 de la Constitución Nacional) incluye el derecho de todo imputado a obtener
un pronunciamiento que, definiendo su posición frente a la ley y a la sociedad, ponga término
del modo más breve posible a la situación de incertidumbre y a las restricciones que
comporta el enjuiciamiento penal, aun sin prisión preventiva efectiva(32); y este criterio fijado
por la Corte Suprema en el caso "Mattei, Ángel"(33) en el año 1968 es el que ha orientado su
jurisprudencia y de otros tribunales inferiores (34). También ha señalado el Alto Tribunal que
el derecho humano a un procedimiento judicial gobernado por el principio de celeridad, sin
dilaciones indebidas, está íntimamente vinculado con el concepto de denegación de
justicia que se configura no sólo cuando a las personas se les impide acudir al órgano judicial
para la tutela de sus derechos —derecho a la jurisdicción— sino también cuando la
postergación del trámite del proceso se debe, esencialmente a la conducta irregular del
órgano judicial en la conducción de la causa, que impide el dictado de la sentencia definitiva
en tiempo útil(35). Una tardanza inusitada, dice Herrendorf, "es, sustancialmente, una
denegación de justicia"(36).

El principio de justicia pronta es aplicable a toda clase de proceso. También rige en sede
administrativa(37)—y en particular cuando se trata de sanciones disciplinarias(38)—, y es de
aplicación intensa en el orden previsional(39). Pero es en la esfera penal donde se ha
acentuado su exigencia. La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha dicho que el respeto
a la dignidad del hombre requiere el reconocimiento del derecho que tiene toda persona a
liberarse del estado de sospecha que importa la acusación de haber cometido un delito (40),
y de poner fin a una situación de incertidumbre y, eventualmente de privación de libertad(41);
que existe una violación a la garantía a obtener un pronunciamiento judicial en plazo
razonable si se verifica la existencia de una injustificada demora del proceso hasta el punto
de comprometer las garantías de defensa en juicio y el debido proceso adjetivo (art. 18 de
la Const. Nac. y arts. 7º inc. 5º y 8º inc. 1º de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos), circunstancia agravada cuando es dable presumir que hasta la sentencia final
podía transcurrir un lapso tan prolongado que, por sí solo, irrogaría al procesado un perjuicio
de difícil reparación ulterior (42). Así ha surgido la "doctrina de la insubsistencia de la acción
penal", elaborada pretorianamente por nuestro más alto Tribunal nacional a través de
distintos pronunciamientos(43), que ha aplicado el instituto de la prescripción para poner fin
a procesos que han demorado más de lo razonable(44). En ese sentido se ha dicho que el
principio sentado por la Corte Suprema desde el caso "Mattei" (45), postula que la
desmesurada prolongación de la causa criminal se equipara a una verdadera pena y crea
una situación de padecimiento físico y moral para el individuo, no porque haya delinquido
sino para saber si lo hizo o no, lo cual contraría la garantía de la defensa en juicio que
alcanza al derecho de todo imputado de obtener un pronunciamiento(46). Concretamente se
ha considerado que una demora de aproximadamente 20 años en el trámite de un proceso
penal (ese tiempo había transcurrido desde los hechos investigados hasta el traslado de la
acusación fiscal al defensor) importa "la tergiversación de los contenidos constitucionales
básicos en lo referente a los derechos de la personalidad, vinculados a las declaraciones y
garantías concernientes a la administración de justicia"(47), y una distorsión de los fines de
la pena, que para su eficacia requiere la menor distancia temporal entre el hecho y la
condena(48). Un proceso de duración irrazonable no sólo perjudica al imputado, sino también
al Estado por el dispendio jurisdiccional que ello significa y porque se distorsionan todos los
fines de la pena(49). Y con relación a los delitos de extrema gravedad señaló la Corte que la
Nación tiene el deber de juzgar tales delitos, en particular los que afectan la vida y la
integridad física de las personas, y, también tiene el deber de hacerlo en un plazo razonable,
o sea, en no incurrir en negligencia lesiva del principio de inocencia, deberes ambos que
deben compatibilizarse en la interpretación de la ley 24.390 y su modificatoria 25.430 —
reglamentarias de la garantía del plazo razonable de duración de la prisión preventiva—;
pero también destacó que la interpretación literal de la conjunción de los arts. 1º y 3º de
la ley 24.390descarta la existencia de un plazo legal fatal(50). También ha admitido la Corte
el resarcimiento por daño moral, cuando el "sometimiento a un proceso de una prolongada
e inusitada duración le ha ocasionado al reclamante un padecimiento de esa índole, no ya
por haber delinquido, sino para saber si ha delinquido o no"(51).

La duración razonable de un proceso, o la urgencia, es algo que debe analizarse en cada


expediente en particular (52); no hay una pauta matemática entre lo constitucionalmente
permitido y lo que no lo es, sino que debe primar un criterio de "razonabilidad" (53). Como
principio, ha señalado la Corte Suprema, la mera prolongación del proceso no afecta de por
sí la garantía constitucional, si se ha seguido el trámite regular del proceso (54).

La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha sostenido que el derecho de acceso


a la justicia no se agota con el trámite de procesos internos, sino que éste debe asegurar
además, en tiempo razonable, el derecho de la presunta víctima o de sus familiares a que
se haga todo lo necesario para conocer la verdad de lo sucedido y para que se sancione a
los eventuales responsables. En cuanto al plazo razonable, contemplado en el art. 8.1 del
Pacto de San José de Costa Rica, consignó el Alto Tribunal regional que es preciso tomar
en cuenta tres elementos para determinar si se concreta la aludida razonabilidad: a) la
complejidad del asunto; b) la actividad procesal del interesado y c) la conducta de las
autoridades judiciales(55).

En un caso de naturaleza penal la Corte Interamericana expresó que el plazo razonable


al que alude el art. 8.1 de la Convención Americana debe ser apreciado en relación con la
duración total del proceso, desde el primer acto procesal hasta que se dicte sentencia
definitiva, incluyendo los recursos de instancia que pudieran eventualmente presentarse,
reiterando para efectuar su análisis, los tres criterios de evaluación que mencionáramos en
el párrafo anterior(56).

El tema también fue analizado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en un


proceso vinculado a una indemnización de daños y perjuicios por una demanda iniciada por
el padre de un niño con discapacidad —ya adulto al momento de la emisión del fallo— ante
la demora por más de doce años en resolver la acción civil seguida contra el Estado, de la
cual dependía el tratamiento médico de su hijo, que tuvo por desenlace una indemnización
consolidada por aplicación de la ley 23.982. La discapacidad del niño fue producto de un
accidente mientras jugaba en un predio abandonado del Ejército. La Corte Interamericana
determinó la responsabilidad del Estado argentino manifestando, en lo que aquí interesa,
que se había violado el plazo razonable en la resolución del proceso civil por daños llevado
a cabo en el ámbito interno, para lo que se tuvo en consideración las tres pautas antes
aludidas; añadiéndose una valoración de las características de la víctima —menor de edad,
discapacitado a raíz del infortunio, y sin medios económicos suficientes para un adecuado
tratamiento—; y del tiempo transcurrido en la ejecución de sentencia, el que también fue
considerado para la evaluación del plazo razonable(57). En el mismo fallo la Corte
Interamericana recordó que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha tomado en
cuenta la situación jurídica en la que se encontraba el accionante para la evaluación del
principio que nos ocupa, habiendo determinado que el resultado del procedimiento en
cuestión tenía un carácter particular de irreversibilidad, por lo que en este tipo de casos el
Tribunal manifestó que las autoridades judiciales debían actuar con una diligencia
excepcional. Asimismo en el caso "X v. Francia", el Tribunal europeo expresó que las
autoridades judiciales debían actuar de manera excepcionalmente diligente en un
procedimiento en el que estaba involucrado una persona con SIDA, ya que lo que estaba en
juego para el accionante era de crucial importancia, tomando en cuenta que sufría una
enfermedad incurable que reducía sus expectativas de vida. De igual forma en los casos
"Codarcea v. Rumania" y "Jablonska v. Polonia", el Tribunal Europeo consideró que la edad
avanzada de los accionantes requería de una especial diligencia de las autoridades en la
resolución del proceso(58).

El plazo razonable en la duración de los procesos ha sido tratado en otros fallos de la


Corte Interamericana de Derechos Humanos bajo el prisma de que el acceso a la justicia
debe asegurar la determinación de los derechos de la persona en un tiempo razonable, y
que, la falta de razonabilidad constituye por sí misma una violación de las garantías
judiciales(59), destacándose además el precedente "Kimel" en el cual el Estado Argentino
asumió su responsabilidad internacional y las consecuencias jurídicas, por la violación de
los artículos 8.1 y 13 de la Convención, haciendo referencia a que el nombrado no había
sido juzgado en un plazo razonable y que, además, se había afectado su libertad de
expresión(60).

En nuestros Tribunales, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha dicho que la


garantía del debido proceso incluye el derecho a obtener un pronunciamiento rápido dentro
de lo razonable(61); que la garantía constitucional de la defensa en juicio y el debido proceso
no se agota en el cumplimiento formal de los trámites previstos en las leyes adjetivas, sino
que se extiende a la necesidad de obtener una rápida y eficaz decisión judicial que ponga
fin a los conflictos y situaciones de incertidumbre, evitando, dentro de los límites de lo
razonable y conforme a las circunstancias de cada caso, una dispendiosa y eventualmente
inútil actividad jurisdiccional; así lo exige la garantía constitucional de la defensa en juicio
regulada por el art. 18 de la Constitución Nacional(62), el propósito de "afianzar la justicia"
enunciado en el Preámbulo de la Constitución Nacional (63), y la presunción de inocencia que
favorece a todos los habitantes (64).

El principio de progresividad como el de preclusión procesal reconocen su fundamento


en motivos de seguridad jurídica y en la necesidad de lograr una administración de justicia
independiente y razonablemente pronta, evitando así que los procesos se prolonguen
indefinidamente con desmedro de la garantía constitucional de la defensa en juicio. De modo
eminente, pues, obedecen al imperativo de satisfacer una exigencia consustancial al respeto
debido a la dignidad de la persona humana(65).

Y también ha agregado nuestro Alto Tribunal que un proceso de duración irrazonable no


sólo perjudica a las partes, sino también al Estado por el dispendio jurisdiccional que ello
significa(66). Y particularmente en el proceso penal porque se distorsionan todos los fines de
la pena, que para su eficacia requiere la menor distancia temporal entre el hecho y la
condena(67). En ese sentido se ha señalado que el Estado también resulta afectado
negativamente con la mora excesiva de los procesos penales, toda vez que cuanto más
tiempo pase entre la acusación y la condena, más se distorsionan los fines y el sentido de
la realización del derecho penal(68).

La Corte de Justicia de la Provincia de Tucumán ha señalado que el principio de duración


razonable del proceso se inserta dentro del sentido amplio del debido proceso (art. 18 de la
Constitución Nacional) y, existe consenso, en que el derecho de acceder a la justicia con
jerarquía constitucional, no se satisface adecuadamente si no se acotan los tiempos en que
la parte puede obtener respuesta a su reclamo. El derecho de acceder a la justicia no se
agota con la sola presentación del conflicto ante los estados tribunalicios, sino que la tutela
efectiva y oportuna de los derechos se integra, además, con el aseguramiento de que aquél
será dirimido en un plazo razonable(69).

Para que se cumpla con el debido proceso, entonces, la sentencia que lo culmine debe
ser oportuna, es decir, la respuesta jurisdiccional —utilizando la expresión de Bidart
Campos— debe llegar a tiempo. Dice este autor que la garantía en cuestión incluye un
aspecto muy importante, cual es el de la duración "razonable" del proceso de acuerdo con
la naturaleza de la pretensión jurídica que se ventila en el mismo: así, cuando la pretensión
es urgente, el proceso debe durar menos —o mucho menos— que cuando no reviste ese
apremio. Y esta exigencia "se funda en la necesidad de que la sentencia que pone fin a ese
proceso se alcance a dictar en tiempo oportuno, y sea capaz de rendir utilidad y eficacia
para el justiciable"(70).

En un artículo sobre el tema Masciotra afirma que la comunidad jurídica no ha tomado


conciencia real de la ferocidad actual del factor tiempo en el proceso, por cuanto la
morosidad en la prestación jurisdiccional genera además de los inevitables perjuicios
económicos, ansiedad e incertidumbre, que afecta con mayor gravedad a los más débiles y
desprotegidos que acuden a los tribunales en resguardo de sus derechos; recordando
además a Morello cuando sostuvo "que la fórmula plazo razonable, traduce lo que en la
teoría se denomina un concepto jurídico indeterminado que debe ir recortándose en su
flexible y ajustable adaptabilidad a distintos parámetros sociológicos y jurídicos dentro de
los cuales cobra relieve la manifestación de un proceso determinado y la consecuente
respuesta jurisdiccional(71).

La jurisprudencia ha admitido demandas de daños y perjuicios contra el Estado como


consecuencia de la dilación indebida del proceso penal, más allá de lo que puede ser un
plazo razonable. Al respecto, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha señalado que
existe un obrar antijurídico que compromete la responsabilidad estatal cuando se verifica
que el plazo empleado por el órgano judicial para poner un final al pleito resulta, de acuerdo
con las características particulares del proceso, excesivo o irrazonable; que en demandas
de este tipo se debe examinar si se ha producido un retardo judicial de tal magnitud que
pueda ser asimilado a un supuesto de denegación de justicia pues, de ser así, se configura
la responsabilidad del Estado por falta de servicio del órgano judicial; y a tal fin debe
examinarse la complejidad de la causa, el comportamiento de la defensa del procesado y
de las autoridades judiciales(72).

V. El derecho a la investigación estatal

En reiteradas oportunidades la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha señalado


que los Estados tienen el deber de evitar y combatir la impunidad, la que fue definida como
"la falta en su conjunto de investigación, persecución, captura, enjuiciamiento y condena de
los responsables de las violaciones de los derechos protegidos por la Convención
Americana"; agregando que la obligación de investigar debe cumplirse con seriedad y no
como una simple formalidad condenada de antemano a ser infructuosa y, que, toda persona
tiene derecho a conocer la verdad, el que también asiste a los familiares de las presuntas
víctimas de conocer lo que sucedió y de saber quiénes fueron los responsables de los
hechos de que se traten(73). De igual modo la Corte consignó que el derecho a la verdad se
encuentra subsumido en el derecho de la víctima o sus familiares a obtener de los órganos
competentes del Estado el esclarecimiento de los hechos violatorios y las responsabilidades
correspondientes a través de la investigación y el juzgamiento que previenen los arts. 8º y
25 de la Convención Americana(74). En otro precedente la Corte recordó que del art. 8º de la
Convención Americana se desprende que las víctimas de violaciones de derechos humanos,
o sus familiares, deben contar con amplias posibilidades de ser oídos y actuar en los
respectivos procesos tanto en procura del esclarecimiento de los hechos y del castigo de
los responsables, como en la búsqueda de una debida reparación; añadiendo que la
investigación a la que están obligados los Estados debe ser realizada a través de todos los
medios legales disponibles y estar orientada a la determinación de la verdad, y al
enjuiciamiento y castigo de todos los responsables, debiéndose destacar que si bien el deber
de investigar es una obligación de medios y no de resultados, debe ser asumida por el
Estado como un deber jurídico propio y no como una simple formalidad condenada de
antemano a ser infructuosa, o como una mera gestión de intereses particulares que dependa
de la iniciativa procesal de las víctimas, o de sus familiares, o de la aportación privada de
elementos probatorios(75). También se determinó la responsabilidad del Estado argentino
por falencias en la investigación en los recientes casos "Torres Millacura"(76)y "Grande"(77).

El derecho a la investigación estatal ha sido tratado por la Corte Interamericana de


Derechos Humanos en distintos precedentes vinculados a las violaciones de derechos
humanos de las personas y a la comisión de crímenes de lesa humanidad, considerando el
Tribunal que las leyes de auto amnistía que impiden dicha investigación conducen a la
indefensión de las víctimas y a la perpetuación de la impunidad, por lo que son
manifiestamente incompatibles con la Convención Americana(78). En igual sentido dijo la
Corte que la promulgación y aplicación de leyes de amnistía para los autores de violaciones
a los derechos humanos atenta contra las garantías judiciales mínimas y el derecho a las
personas a obtener protección judicial efectiva —arts. 8º y 25 de la Convención Americana—
ya que impide la investigación, persecución, captura, enjuiciamiento y sanción de los
responsables de tales actos(79). En la misma línea se citan otros precedentes de la CIDH,
como los casos "Loayza Tamayo"(80) y "Carpio Nicolle v. Nicaragua"(81).

VI. El derecho a ser oído

1) Principios generales

La garantía del debido proceso exige también que se dé a los justiciables la posibilidad
suficiente de audiencia, es decir, de ser oídos (82).

El acto por el que las partes se expresan se denomina en términos


generales "alegaciones", y a través de las mismas aportan elementos o datos de hecho y
de derecho. Además del derecho a ser oído, también constituye exigencia del debido
proceso o de la garantía de la defensa en juicio que se dé a los justiciables la suficiente y
razonable posibilidad de aportar las "pruebas" que hagan a su derecho(83). Carecería de
sentido el derecho a ser oído si se le negara a las partes la posibilidad de acreditar la
existencia o inexistencia de los hechos alegados. Y por aplicación del principio de igualdad,
ambas partes deben tener la misma posibilidad de ser oídas y de acreditar mediante
oportunos medios de prueba, lo que convenga a la protección de sus derechos(84). Y el juez,
en ejercicio de sus potestades, debe dirigir el proceso hacia la determinación de la verdad
de los hechos(85). La etapa de prueba o de confirmación dentro de la serie o conjunto de
actos que conforman el proceso tiene su explicación lógica cuando previamente ha existido
una afirmación de una de las partes que ha sido negada por la otra. La afirmación y la
negación son manifestaciones unilaterales de las partes que, por ser contrarias entre sí,
necesitan de la etapa de acreditación para que se aporten los elementos probatorios
respectivos; esta actividad que con las "alegaciones" forma parte de la "instrucción" del
proceso, se denomina "prueba"(86). Es decir, utilizando expresiones de Alvarado Velloso,
frente al ejercicio de la acción (mediante una demanda conteniendo una pretensión para ser
satisfecha), sigue la fase de reacción (que castizamente significa "acción que resiste o se
opone a otra acción, obrando en sentido contrario a ella") o de negación que es la que
permite al demandado oponerse a la pretensión del actor. Luego de ambas sigue la fase de
confirmación, pues "una afirmación negada no pasaría de ser una simple manifestación de
la voluntad del actor, inatendible como tal. Y finalmente sigue la etapa de evaluación en
donde cada parte intenta demostrar al juzgador cómo ha logrado confirmar sus
afirmaciones(87).

Con relación al ámbito civil, señala Alsina que "de acuerdo con el principio constitucional
que garantiza la defensa en juicio, nuestro código procesal ha establecido el régimen de la
bilateralidad, según el cual todos los actos de procedimiento deben ejecutarse con
intervención de la parte contraria. Ello importa la contradicción, o sea el derecho a oponerse
a la ejecución del acto, y el contralor, o sea el derecho a verificar su regularidad" (88).

Y en relación con el ámbito penal, entre las exigencias de la garantía de la defensa en


juicio está la necesidad de que el proceso asegure al acusado el contradictorio (audiatur et
altera pars)(89).

El principio de contradicción, también llamado de bilateralidad o de controversia deriva


de la cláusula constitucional que asegura la inviolabilidad de la defensa en juicio de la
persona y de los derechos (art. 18 Const. Nac.)(90). Por lo tanto, se encuentra en las bases
mismas de la idea de proceso(91), y es de indefectible observancia para lograr un "debido
proceso"(92).

Este principio de contradicción prescribe que de toda petición que formule una parte debe
hacerse conocer a la otra u otras partes involucradas, y darle la oportunidad de discutirla
antes de dictar la respectiva decisión jurisdiccional(93). Como señala Palacio, en términos
generales, el principio de contradicción "implica la prohibición de que los jueces dicten
alguna resolución o disponga la ejecución de alguna diligencia procesal sin que,
previamente, hayan tenido oportunidad de ser oídos quienes pudieran verse directamente
afectados por tales actos"(94). Su aplicación tiende a concretar la igualdad en el proceso, al
no permitirse que alguna de las partes aparezca en indefensión(95).

La decisión judicial no es fruto de una actividad oficiosa del tribunal, sino que es el
resultado de un proceso como método pacífico y dialéctico de debate entre partes
contrapuestas ante un tercero imparcial(96). Y conforme se ha señalado, cuanto más fuerte
sea la "voz" de las partes en el proceso, más cerca estaremos de una decisión correcta (97).

La vigencia del principio de contradicción sólo requiere brindar a las partes una suficiente
y razonable oportunidad de ser oídos y defenderse. Pero no exige la efectividad de su
ejercicio; por ello no puede invocar indefensión quien, habiendo tenido la oportunidad
adecuada para hacerlo, por omisión o negligencia no ha ejercitado su derecho de
defensa(98).

La garantía del debido proceso no sólo exige la audiencia del particular, sino también del
representante del interés público (Ministerio Público), cuando la ley requiere su
intervención(99).

El derecho a ser oído presupone concretamente:

a) Una citación adecuada: es decir, cuya notificación sea realizada de conformidad a las
disposiciones legales, y por un medio que permita al destinatario tomar conocimiento de la
citación(100). Hay supuestos en que, no obstante respetarse las previsiones legales, éstas
legislan una forma de citación que es inidónea para cumplir con su finalidad (p. ej. citación
mediante cédula colocada en la oficina del tribunal); en estos casos, tal normativa legal
resultaría inconstitucional por conculcar la garantía del debido proceso o defensa en
juicio(101). La citación inadecuada o sin respetar los postulados legales y que no cumple con
la finalidad a que está destinada, resulta nula al igual que los actos procesales
consecuentes(102).
b) Notificación al citado de la demanda o del delito de que se lo acusa: para que pueda
defenderse, debe hacerse conocer al citado el delito de que se lo acusa (si se trata de
asuntos penales(103)) o de la demanda que se formula en su contra (en las cuestiones no
penales). Ello resulta indispensable para que pueda ejercitar eficientemente su derecho de
defensa(104); caso contrario, no sabría de qué defenderse(105).

c) Emplazamiento razonable para ejercitar la defensa: debe darse a la parte un tiempo


que resulte suficiente como para que pueda defenderse adecuadamente. Las leyes
procesales son las que reglamentan el ejercicio del derecho de defensa (arts. 18 y 14 Const.
Nac.); y pueden en tal sentido establecer restricciones razonables y fijar límites temporales
para la realización de los distintos actos(106). La reglamentación debe ser razonable, y no
puede alterar o suprimir el derecho en cuestión (art. 28 de la citada Constitución) (107).
Destaca Couture un caso decidido hace tiempo en los [Link]. que se pronunció sobre una
ley del Estado de Texas que establecía un término de cinco días para que compareciere un
demandado de Virginia: según la propia sentencia se necesitaban cuatro días para
trasladarse de un lugar a otro. Tal es, dice Couture, una situación clara de
inconstitucionalidad de una ley procesal (108).

d) Audiencia, es decir, una razonable oportunidad de ser escuchado. Una ley que privara
de audiencia, ya sea oral o escrita, sería violatoria de la garantía del debido proceso(109).

e) Posibilidad adecuada de ofrecer y producir pruebas, es decir, además de ser


escuchados, a los litigantes se les debe brindar una posibilidad adecuada de ofrecer pruebas
y de producirlas a fin de que puedan acreditar los hechos que invocan en sus alegaciones.
En este aspecto, son las partes las que tienen la "carga de la prueba", es decir, la carga de
aportar las pruebas de los hechos en que fundamentan sus pretensiones u oposiciones. El
tema de la "carga procesal" ha sido estudiado principalmente por los procesalistas civiles, y
consiste en un imperativo legal establecido en interés propio de la persona a la que está
destinado el mandato; su incumplimiento sólo determina la pérdida de la ventaja o beneficio
que hubiera derivado del cumplimiento de la carga. Las partes tienen la carga de la prueba,
Los ordenamientos legales, la doctrina y la jurisprudencia han elaborado reglas de
distribución de la carga de la prueba, las que tienen importancia principalmente en los
supuestos de inexistencia de pruebas, dado que, según sea la parte que tenía la carga de
la prueba de determinado hecho, a ella deberá hacerse pesar las consecuencias de la
omisión. Dice en tal sentido Palacio que las "reglas sobre la carga de la prueba, en síntesis,
sólo revisten importancia práctica ante la ausencia o insuficiencia de elementos probatorios
susceptibles de fundar la convicción judicial en un caso concreto, indicando por un lado al
juez cuál debe ser el contenido de la sentencia cuando concurre aquella circunstancia y
previniendo por otro lado a las partes acerca del riesgo a que se exponen en el supuesto de
omitir el cumplimiento de la respectiva carga"(110).

f) Asistencia letrada. También forma parte de la garantía del debido proceso la posibilidad
de asistencia letrada, es decir, la implementación de un sistema de asistencia jurídica
integral(111). Precisamente, tiende a asegurar una eficaz defensa en juicio la exigencia legal
de defensor (en el caso del fuero penal), o letrado patrocinante (en los asuntos civiles). La
Corte Suprema de Justicia de la Nación, citando al juez Brennan de la Suprema Corte de
los [Link]. ha dicho que "sin el auxilio letrado todas las garantías de un proceso justo
pueden quedar malogradas" (112). La garantía de la defensa en juicio —en materia penal—
ha dicho la Corte Suprema de Justicia de la Nación, lleva implícita la de que quien se
encuentra sometido a enjuiciamiento pueda contar, al menos ante los tribunales de justicia,
con asistencia profesional(113): ello constituye requisito de validez de los procesos criminales,
cuyo incumplimiento determina la nulidad de las actuaciones (114). La defensa en juicio en el
ámbito penal, no se reduce al otorgamiento de facultades para el ejercicio de la defensa,
sino que se extiende, según los casos, a la provisión por el Estado de los medios necesarios
para que el juicio al que se refiere el art. 18 de la Constitución Nacional, se desarrolle en
paridad de condiciones respecto de quien ejerce la acción pública y quien debe soportar la
imputación, mediante la efectiva intervención de la defensa(115). Es que en materia penal, en
que se encuentran en juego los derechos esenciales de la libertad y el honor, deben
extremarse los recaudos que garanticen plenamente el ejercicio del derecho de defensa(116).
Es irrenunciable la defensa técnica, y por ello constituye un deber para los órganos del
Estado proveer de ella a quien no pueda o no quiera ejercitarla (117).

La asistencia letrada forzosa, ha dicho nuestro más alto Tribunal, no altera el principio de
defensa en juicio(118). Pero se ha reconocido el derecho del justiciable de elegir su defensor
o patrocinante: en tal sentido la Corte ha expuesto que "es evidente el derecho de quien
ocurre ante la justicia como actor o demandado, querellante o acusado, para elegir la
persona que, llenando las condiciones legales, produzca en su nombre los alegatos y
pruebas pertinentes a los fines de poner de manifiesto el derecho que le asiste, conforme a
la garantía de la libre defensa en juicio(119).

Las partes deben tener paridad de asistencia letrada, lo que supone un servicio eficiente
de defensa pública para quienes no pueden contratarla privadamente(120).

2) Niños y personas con discapacidad

La Corte Interamericana de Derechos Humanos consideró que el derecho a ser oído está
vigente para todas las personas, incluidos los niños y las niñas en los procesos en que se
determinen sus derechos, el que debe ser interpretado a la luz del art. 12 de la Convención
sobre los Derechos del Niño, el cual contiene adecuadas previsiones con el objeto que el
interés del niño se ajuste a las condiciones de éste y no redunde en perjuicio de su interés
genuino. En similar sentido el art. 7º de la Convención sobre los Derechos de las Personas
con Discapacidad establece expresamente "que los niños y las niñas con discapacidad
tienen derecho a expresar su opinión libremente sobre todas las cuestiones que les afecten,
opinión que recibirá la debida consideración teniendo en cuenta su edad y madurez, en
igualdad de condiciones con los demás niños y niñas, y a recibir asistencia apropiada con
arreglo a su discapacidad y edad para poder ejercer ese derecho"(121). En el mismo caso
"Furlan" la Corte precisó que la "CDPD" fija los alcances del derecho al acceso a la justicia
y las obligaciones que los Estados deben asumir frente a las personas con discapacidad,
debiendo asegurarse que puedan acceder a la jurisdicción en igualdad de condiciones con
los demás, incluso mediante ajustes de procedimientos adecuándolos a la edad para facilitar
el desempeño de las funciones efectivas de estas personas, como participantes directos e
indirectos, incluida la declaración como testigos, en todos los procedimientos judiciales,
comprendiendo la etapa de investigación y otras etapas preliminares; asimismo, aseveró el
Tribunal, que en aras de facilitar el acceso a la justicia de las personas en condición de
vulnerabilidad, es relevante la participación de otras instancias y organismos estatales que
puedan coadyuvar en los procesos judiciales con el fin de garantizar la protección y defensa
de los derechos de dichas personas. En ese sentido, la Convención de Naciones Unidas
sobre Personas con Discapacidad contempla los alcances del tema en examen, indicando
que los Estados partes asegurarán que las personas con discapacidad tengan acceso a la
justicia en igualdad de condiciones con los demás, incluso mediante ajustes de
procedimiento y adecuados a la edad para facilitar el desempeño de funciones efectivas de
esas personas como participantes directos e indirectos. Además, prosigue la Corte en el
caso "Furlan", debe reiterase que si bien los derechos procesales y sus correlativas
garantías procesales son aplicables a todas las personas; en el caso de los niños y las niñas
el ejercicio de aquellos supone, por las condiciones especiales en las que se encuentran los
menores de edad, la adopción de ciertas medidas específicas con el propósito de que gocen
efectivamente de dichos derechos y garantías. Estas medidas deben ser determinadas por
cada Estado parte y pueden incluir una representación directa o coadyuvante, según sea el
caso del menor de edad, con el fin de reforzar la garantía del principio del interés superior
del menor. Asimismo, concluye el Tribunal, que habrá casos en los que, dependiendo del
tipo de deficiencias de la persona, en que sea conveniente que el individuo con discapacidad
cuente con la asesoría o intervención de un funcionario público que pueda ayudar a
garantizar que sus derechos sean efectivamente protegidos. Por eso declaró la Corte que
la falta de notificación e intervención del Asesor de Menores e Incapaces durante el proceso
(art. 59 del CCiv.) mientras el joven S.F. era menor de edad y, posteriormente, cuando se
tuvo conocimiento de su discapacidad, impidió la adecuada realización del derecho de
garantía judicial, de defensa en juicio, de acceso a la justicia y debido proceso legal(122).

VII. Recurso Judicial sencillo, rápido y efectivo contra actos que violen los
"derechos fundamentales" de las personas

El art. 25 de la Convención Americana de Derechos Humanos (Pacto de San José de


Costa Rica) establece: "1. Toda persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido o a
cualquier otro recurso efectivo ante los jueces o tribunales competentes, que la ampare
contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la Constitución, la ley,
o la presente Convención, aún cuando tal violación sea cometida por personas que actúen
en ejercicio de sus funciones oficiales", y 2. "Los Estados partes se comprometen: a)
garantizar que la autoridad competente prevista por el sistema legal del Estado decidirá
sobre los derechos de toda persona que interponga tal recurso; b) a desarrollar las
posibilidades del recurso judicial; y c) a garantizar el cumplimiento por las autoridades
competentes, de toda decisión en que se haya estimado procedente el recurso".

Como advierte Bidart Campos, aunque sin perfilar los rasgos típicos procesales del
amparo, propios de cada derecho interno, el Pacto de San José de Costa Rica alberga
innominadamente en el art. 25 un proceso judicial que da cabida al amparo(123).

Existe coincidencia entre el citado art. 25 de la Convención Americana de Derechos


Humanos y lo dispuesto por el art. 43 de la Constitución Nacional. a) La Convención alude
al amparo contra actos que violen los "derechos fundamentales"; el art. 43 de la Constitución
habla del amparo contra actos que restrinjan, alteren o amenacen "derechos y
garantías"(124). b) La Convención se refiere a derechos reconocidos "por la Constitución, la
ley, o la presente Convención"; La Constitución habla de derechos y garantías reconocidos
"por esta Constitución, un tratado o una ley". c) La Convención establece que toda persona
tiene derecho a un "recurso sencillo y rápido o a cualquier otro recurso efectivo" ante los
jueces o tribunales competentes; la Constitución nacional dice que toda persona puede
interponer "acción expedita y rápida de amparo", siempre que no exista otro medio judicial
más idóneo. d) La Convención utiliza un término genérico y autoriza esta particular acción
contra aquellos "actos" que violen los derechos fundamentales, aclarando luego que la
acción procede aun cuando la violación sea cometida "por personas que actúen en ejercicio
de sus funciones oficiales"; nuestra Carta magna precisa que el amparo procede contra
"todo acto u omisión de autoridades públicas o de particulares" que afecten derechos y
garantías.

La garantía de un recurso efectivo constituye uno de los pilares básicos, no solo de la


Convención Americana, sino del propio Estado de derecho de una sociedad democrática en
el sentido de la Convención. Esta garantía de protección de los derechos de los individuos
no supone sólo el resguardo directo a la persona presuntamente vulnerada sino, además, a
los familiares, quienes por los acontecimientos y circunstancias particulares del caso, son
quienes ejercen la reclamación en el orden interno; habiendo señalado asimismo la Corte
Interamericana, que el art. 25.1 de la Convención incorpora el principio de efectividad de los
instrumentos o mecanismos procesales de protección destinados a garantizar tales
derechos(125). En materia penal la Corte supranacional ha consignado que la garantía del
acceso a un recurso sencillo y efectivo consagrada en la Convención no se materializa por
la mera existencia formal de recursos adecuados para obtener una orden de liberación.
Estos recursos deben ser efectivos, pues su objetivo es obtener sin demora una decisión
sobre la legalidad del arresto o la detención(126).

En otro precedente vinculado a una indemnización de daños y perjuicios que dio lugar a
responsabilidad del Estado Argentino, la Corte Interamericana de Derechos Humanos
sostuvo que en los términos del art. 25 de la Convención es posible identificar dos
responsabilidades concretas del Estado: La primera, consagrar normativamente y asegurar
la debida aplicación de recursos efectivos ante las autoridades competentes que amparen
a todas las personas bajo su jurisdicción contra actos que violen sus derechos
fundamentales o que conlleven a la determinación de los derechos y obligaciones de estas.
La segunda garantizar los medios para ejecutar las respectivas decisiones y sentencias
emitidas por tales autoridades competentes, de manera que se protejan efectivamente los
derechos declarados o reconocidos. El proceso debe tender —prosigue el Tribunal— a la
materialización de la protección del derecho reconocido en el pronunciamiento judicial
mediante la aplicación idónea de dicho pronunciamiento; por lo que la efectividad de las
sentencias depende de su ejecución(127).

No cumple con las prescripciones del art. 25 de la Convención Americana aquellos que
denomina "recursos ilusorios", es decir, cuando la práctica demuestra su inutilidad; cuando
el Poder Judicial carece de la independencia necesaria para decidir con imparcialidad;
cuando faltan los medios para ejecutar las decisiones; cuando se configure una situación de
denegación de justicia; cuando se incurre en retardo injustificado en la decisión (128).

Ha señalado también el Tribunal interamericano que el amparo consagrado por el art. 25


del Pacto no se suspende durante el estado de sitio o institutos análogos(129).

Como destaca Sagüés, las normas del Pacto de San José de Costa Rica tienen para la
Argentina una relevancia especial, por cuanto la desobediencia a tales preceptos puede
provocar que el asunto sea llevado ante órganos específicos de la jurisdicción
supranacional, como la Comisión Interamericana y la Corte Interamericana de Derechos
Humanos(130).

VIII. La Jurisdicción Administrativa

Situación particular presenta el supuesto de la denominada Jurisdicción administrativa.


La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha admitido que el derecho a la jurisdicción queda
satisfecho cuando puede acudirse ante órganos que, aunque no integren el Poder Judicial,
estén facultados para dictar un pronunciamiento de manera similar a los jueces (por ejemplo,
órganos administrativos). Pero, para su validez constitucional, el ejercicio de funciones
jurisdiccionales por organismos no judiciales, debe estar sujeto a control judicial suficiente.
Es decir, el Alto Tribunal ha considerado que no atenta contra la garantía de la defensa en
juicio la existencia de tribunales administrativos, en tanto se otorgue al justiciable la
oportunidad de ocurrir ante el Poder Judicial con el fin de que cualquier decisión
administrativa sea allí ampliamente revisable(131) . Por ello, como dice Bidart Campos, esta
apertura de la instancia judicial autoriza a afirmar que "actualmente, el derecho a la
jurisdicción en nuestro país requiere, siempre, la posibilidad de acudir ante un órgano del
Poder Judicial (aunque sea a título de revisión), y de que toda decisión final provenga de
él"(132).

En un fallo posterior recaído en el caso "Estrada, Ángel v. Secretaría de Energía y


Puertos", del año 2005(133), la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha precisado los
alcances de la jurisdicción administrativa, expresando en tal sentido que el otorgamiento de
facultades jurisdiccionales a órganos de la administración desconoce lo dispuesto en el art.
18 de la Constitución Nacional que garantiza la defensa en juicio de la persona y sus
derechos, y 109 que, basado en el texto del art. 108 de la Constitución de Chile de 1833,
prohíbe en todos los casos al Poder Ejecutivo ejercer funciones judiciales. Sin embargo, ha
destacado la Corte Suprema, que tales principios constitucionales quedan a salvo siempre
y cuando se reúnan los siguientes presupuestos(134): 1) que los organismos de la
administración dotados de jurisdicción para resolver conflictos entre particulares hayan sido
creados por ley; 2) que su independencia e imparcialidad estén aseguradas (135); 3) que el
objetivo económico y político tenido en cuenta por el legislador para crearlos (y restringir así
la jurisdicción que la Constitución Nacional atribuye a la justicia ordinaria) haya sido
razonable(136); 4) que sus decisiones estén sujetas a control judicial amplio y suficiente(137).
Agrega la Corte que no cualquier controversia puede ser válidamente deferida al
conocimiento de órganos administrativos con la mera condición de que sus decisiones
queden sujetas a un ulterior control judicial suficiente. Los motivos tenidos en cuenta por el
legislador para sustraer la materia de que se trate de la jurisdicción de los jueces ordinarios
deben estar razonablemente justificados pues, de lo contrario, la jurisdicción administrativa
así creada carecería de sustento constitucional, e importaría un avance indebido sobre las
atribuciones que el art. 116 de la Constitución Nacional define como propias y exclusivas del
Poder Judicial de la Nación. Admitir que el Congreso pudiera delegar en los órganos de la
administración facultades judiciales sin limitación material de ninguna especie sería tan
impensable como permitir que el legislador delegara la sustancia de sus propias funciones
legislativas, lo cual está expresamente vedado en el art. 76 de la Constitución Nacional, con
salvedades expresas. Como señala Bianchi, la regla relativamente flexible que se había
establecido a partir de "Fernández Arias", como pauta interpretativa de la separación de
poderes en lo atinente a las facultades del Congreso para crear tribunales administrativos,
es ahora mucho más rígida, limitándose de tal manera la influencia norteamericana y
haciéndose pesar el art. 109 de la Constitución Nacional de cuño español; porque la Corte
se orienta por un sendero más "judicialista" del que venía recorriendo desde hace varias
décadas; y su interpretación sobre la separación de poderes es más rígida al dar menor
margen de acción a los tribunales administrativos; es notorio, agrega, que el Tribunal emplea
reiteradamente el concepto "sustracción", para referirse a la prórroga de la jurisdicción de
los jueces ordinarios a favor de aquellos tribunales (138).

Con posterioridad al fallo de la causa "Ángel Estrada" de la Corte Suprema de Justicia de


la Nación, la Cámara Nacional Contencioso administrativo Federal en pleno(139), resolvió por
mayoría, lo siguiente: a) "establecido el incumplimiento contractual de las distribuidoras en
el suministro de energía eléctrica, el ENRE tiene competencia para determinar el daño
directo —valor de reposición del objeto dañado— ocasionado a los usuarios cuando éstos
requieran voluntariamente la intervención de tal organismo administrativo (conf. Parte 2ª
del art. 72, ley 24.065)". Se ha considerado que el reclamo efectuado en el caso "Ángel
Estrada" (en donde la actora reclamaba pago de sumas abonadas por el alquiler de un grupo
electrógeno y sueldos de personal; también se discutió la aplicación de multas) es distinto
del realizado en el caso en donde sólo se reclama el daño emergente o la reparación del
objeto dañado con fundamento en el art. 3, inc. e), del Reglamento de Suministro. Entendió
la mayoría que de acuerdo con la regla general establecida en el art. 72, de la ley 24.065, el
ente regulador tiene jurisdicción suficiente para entender en toda controversia suscitada por
el reclamo presentado por el usuario en los términos del artículo citado, y del art. 3º inc. e)
del Reglamento de Suministro, a fin de que se determine la existencia de relación de
causalidad entre la prestación deficiente del servicio, el daño ocasionado a las instalaciones
o artefactos del usuario, y para estimar sumariamente el valor de éstos, y aunque puedan
ser caracterizadas como jurisdiccionales, tales facultades no están excluidas de la
competencia atribuida al ente regulador por el referido art. 72, ya que, si no se interpreta de
esa manera el precedente "Ángel Estrada", se entendería que "...cada persona a la que se
le afecte un aparato a causa de un comportamiento de la empresa —en principio no
protegido de la responsabilidad por el caso fortuito o fuerza mayor— debería promover un
pleito para ser resarcido por el valor de reposición de aquél". b) Los doctores Treacy y
Márquez señalaron que una vez establecido el incumplimiento contractual de la Distribuidora
por parte del ENRE, la determinación del valor del daño consistente en un objeto
determinado no hace invadir a dicho organismo la función del Poder Judicial, dado que se
trata de obtener un dato de conocimiento simple: cuánto vale en el mercado el artefacto de
acuerdo a su calidad y marca. El ciclo del ejercicio de esta competencia y jurisdicción se
completa con la facilitación al usuario de un título que reconoce su derecho y que lo libera
de un proceso de conocimiento para su convalidación judicial, en caso de que la distribuidora
no se avenga a su pago en sede administrativa. Y agregan que debe interpretarse que el
ENRE resulta competente para reparar el daño emergente —valor de reparación o
sustitución del objeto dañado, es decir la restitución de las cosas a la situación anterior al
hecho generador— cuando los usuarios voluntariamente —confr. art. 72, ley 24.065— así
lo requieran, a lo que no resulta ocioso recordar que los particulares tienen derecho a la
protección de sus intereses económicos y a que se establezcan procedimientos eficaces
para la prevención y solución de conflictos (art. 42, CN) y que el deber "atribuido" al Estado
de proveer a esta protección incluye a las funciones legislativas, administrativas y
jurisdiccional. c) En disidencia, los doctores Morán y Gallegos Fedriani entendieron que no
sólo el ENRE es incompetente para fijar cualquier indemnización derivada de los daños y
perjuicios, sino que no le incumbe tratar y someter a su jurisdicción la responsabilidad de la
Distribuidora por estos casos, y de atribuirse una facultad que es propia del Poder Judicial;
el ENRE incurre en un avasallamiento que deriva en la resolución de casos que no son de
su competencia, afectando, entre otros el principio de división de poderes. En el caso "Ángel
Estrada" ha quedado claro que en el criterio de nuestro más Alto Tribunal no corresponde la
intervención del Ente Regulador de la Electricidad (ENRE) —criterio extensible a otros de
igual finalidad— en cuestiones que excedan la competencia estrictamente regulatoria que
le ha sido atribuida por la ley de su creación y que en ese orden no tiene facultades para
decidir acerca de una indemnización de daños y perjuicios por un usuario que se consideró
damnificado por la interrupción del servicio eléctrico.

IX. El acceso a la jurisdicción no se limita a la presentación originaria. La


garantía de la doble instancia

El derecho a la Jurisdicción no se limita a la presentación originaria que hagan los


justiciables, sino que se mantiene hasta que se dicta la sentencia judicial que resuelve la
pretensión con carácter firme(140); toda persona tiene un firme derecho constitucional a que
el sentenciante le atienda —con razones puntuales— ya sea para aceptarlas o para
desecharlas, todas aquellas argumentaciones vertidas que aparezcan como conducentes
para la válida solución del litigio(141). Ello es correlativo con el carácter dinámico del derecho
de acción, que no se agota con la demanda, sino que permite a su titular la realización de
una serie de actos que significan una intervención constante en el proceso hasta que se
dicta la sentencia definitiva y firme. Por ello, como advierte Bourguignon, "el libre acceso a
la justicia, si bien comienza con la demanda se proyecta hasta la sentencia" (142); "el acceso
al tribunal no es un fin en sí mismo, sino un escalón —el primero— mediante el cual se
transitan otros posteriores y subsiguientes"(143). Y en igual sentido, señala Bidart Campos
que el derecho a la jurisdicción no queda agotado ni satisfecho plenamente con la sola
circunstancia de la presentación originaria, sino que, si el objeto del mismo es la resolución
judicial de la pretensión articulada, se mantiene hasta que esa resolución se dicta y queda
firme; por lo tanto, el derecho a la jurisdicción cubre todas las instancias hasta la cosa
juzgada(144). Alcalá Zamora y Castillo utiliza una metáfora para referirse a esta característica
de la acción, y dice que ella no es un empujón que se le da a la pretensión para que franquee
la puerta jurisdiccional, sino una vibración continuada para que llegue a su destino
(sentencia sobre el fondo)(145). Es decir, el ejercicio del derecho de acción no sólo comprende
la formulación de la pretensión procesal, sino también los distintos actos procesales que se
realizan durante el desarrollo del proceso.

Como consecuencia de lo expuesto, el derecho a la jurisdicción también comprende el


acceso a una segunda instancia, o a las instancias ulteriores, si la ley las ha establecido. En
tal sentido, dice Bidart Campos, que el acceso a una instancia superior que la ley habilita
hace parte, en ese caso, del derecho a la jurisdicción; o sea, no se puede obstruir su uso(146).

En materia penal, el art. 8, párrafo 2º, inc. h) de la Convención Americana de Derechos


Humanos, con jerarquía constitucional, según el art. 75 inc. 22 de la Constitución
Nacional reformada en 1994, establece que, durante el proceso, toda persona tiene
"derecho de recurrir del fallo ante juez o tribunal superior". Y el art. 14, ap. 5º del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos, con igual jerarquía constitucional, dispone que
"toda persona declarada culpable de un delito tendrá derecho a que el fallo condenatorio y
la pena que se le han impuesto sean sometidos a un tribunal superior, conforme a lo
prescripto por la ley". La Corte Interamericana de Derechos humanos, en el fallo recaído en
la causa "Herrera Ulloa" del 2 de junio de 2004, destacó que "independientemente de la
denominación que se le dé al recurso existente para recurrir un fallo, lo importante es que
dicho recurso garantice un examen integral de la decisión recurrida". Y la Corte Suprema de
Justicia de la Nación, en el fallo dictado en la causa "Casal", de fecha 20/9/2005(147), señaló
que "un recurso que sólo habilitase la revisión de las cuestiones de derecho con el objetivo
político único o preponderante de unificar la interpretación de la ley violaría lo dispuesto en
la convención internacional con vigencia interna, o sea, que sería violatorio de
la Constitución Nacional"; consideró que no existe razón legal ni obstáculo alguno en el texto
de la ley procesal (art. 456 CPPN) para excluir de la materia de casación el análisis de la
aplicación de las reglas de la sana crítica en la valoración de las pruebas en el caso concreto;
e interpretó que las normas internacionales señaladas exigen la revisión de todo aquello que
no esté exclusivamente reservado a quienes hayan estado presente como jueces en el juicio
oral, que es lo único que los jueces de casación no pueden valorar.

En materia civil se ha considerado que la inapelabilidad de las sentencias dispuesta por


la ley no viola el requisito de la doble instancia exigido por el art. 8º párrafo 2º, inc. h), del
Pacto de San José de Costa Rica, toda vez que no constituye requisito constitucional de la
defensa en juicio, salvo en materia penal, o cuando las leyes específicamente lo
establezcan(148). No es inconstitucional, entonces, que en materia civil sólo haya una
instancia(149). La Corte Suprema de Justicia de la Nación, en reiterados pronunciamientos
ha sostenido como principio que la doble instancia no constituye requisito de la garantía
constitucional de la defensa en juicio y, por lo tanto, el legislador tiene libertad para implantar
un sistema de instancia única o plural, o de limitar los supuestos de admisibilidad de los
recursos ordinarios, sin que se afecte por ello tal garantía constitucional (150). Pero, también
ha señalado la Corte que si la doble instancia está instituida por la ley, ella integra la defensa
en juicio(151), y la frustración a su acceso configura un agravio definitivo a dicha garantía(152) y
que no cabe restringir el acceso a las instancias superiores de revisión judicial bajo pretexto
de interpretaciones dogmáticas y excesivo rigor formal respecto de la admisibilidad de los
recursos locales, ya sea mediante la obligatoriedad del pago previo de tasas, de los montos
de condena, la imposición de depósitos previos, el establecimiento de montos mínimos para
recurrir u otros requerimientos económicos de cualquier índole, en la medida que
condicionen, restrinjan, o limiten el acceso a la jurisdicción(153).

Sin embargo se ha dicho, que la interpretación literal del art. 8.2 de la Convención
Americana ha llevado en diversas oportunidades a considerar que la garantía de recurrir la
sentencia ante un tribunal superior se encuentra limitada a los casos de estricta índole penal,
cuando esta no ha sido la interpretación de la Corte Interamericana de Derechos Humanos
que ha realizado una interpretación amplia de la garantía, de modo que resulta aplicable no
solo a cualquier materia en debate, sino también a cualquier tipo de proceso, aun cuando
no revista carácter judicial(154). En apoyo de su tesis Reichman cita distintos precedentes de
la Corte Interamericana de Derechos Humanos, como el caso "Tribunal Constitucional v.
Perú"(155), en el que la Corte sostuvo "que si bien por el art. 8º de la Convención Americana
se titula garantías judiciales, su aplicación no se limita a los recursos judiciales en sentido
estricto, sino al conjunto de requisitos que deben observarse en las instancias procesales a
efectos de que las personas puedan defenderse adecuadamente ante cualquier tipo de acto
emanado del Estado que pudiera afectar sus derechos". También afirma que aún cuando
nuestra Corte Suprema de Justicia de la Nación tradicionalmente solo había reconocido la
garantía de recurrir ante un tribunal superior en materia penal, en la actualidad ha orientado
sus sentencias bajo la pauta aplicada por la Corte Interamericana, destacando al respecto
el voto de los Dres. Fayt y Zaffaroni en el caso "Marchal" (año 2007)(156), en el que ambos
magistrados sostuvieron la necesidad de seguir la doctrina de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos en la interpretación y aplicación de la garantía consagrada en el art. 8.2
de la Convención Americana.

Resta señalar que el recurso al que alude la norma internacional en examen debe ser de
alcance amplio y comprensivo de las cuestiones de hecho y derecho tratadas por el Tribunal
de la anterior instancia, razón por la cual la CIDH en el caso "Mohamed" (año 2012) ha
entendido que el recurso extraordinario previsto en el ordenamiento legal argentino es
insuficiente para respetar la garantía por su reducido campo de acción(157).

X. El acceso a la Jurisdicción alcanza tanto a actor y acusador como al


demandado y acusado

El derecho de acción pertenece y lo ejercita tanto el actor cuando demanda o el acusador


cuando formula su acusación, como el demandado cuando se defiende o cuando lo hace el
acusado. Por ello, la posibilidad de acceso a la Jurisdicción no es algo privativo solamente
de quien promueve el proceso, sino que también alcanza a todas aquellas partes que por
"vocatio" judicial son llamadas a juicio, tanto en el proceso en que rige el principio dispositivo
como en el inspirado por el principio de oficialidad o el inquisitivo (158). El hecho que el
procesado sea llevado compulsivamente al proceso no quita su derecho a la jurisdicción,
pues la tutela jurisdiccional debe alcanzar tanto a quien ha accedido en forma voluntaria
como obligatoria(159).

XI. El principio "in dubio pro actione"

El principio rector en materia de acceso a la Jurisdicción es el de "in dubio pro actione",


a fin de no menoscabar el derecho de defensa (160). Por ello, en la interpretación de las
normas legislativas y reglamentarias debe evitarse que los particulares queden fuera de
protección jurisdiccional, en situación de indefensión (161).
La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha señalado que las formas a las que deben
ajustarse los procesos deben ser sopesadas en relación con el fin último a que éstos se
enderezan, o sea, a contribuir a la más efectiva realización del derecho. Por tal motivo ha
considerado que a los fines del servicio de justicia es conveniente que no hayan vallas
formales que obsten a su pronunciamiento cuando razones de economía procesal autorizan
a prescindir de los reparos procedimentales relativos a la forma en que se trabó la contienda,
máxime cuando la demora en la resolución podría "importar una virtual denegación de
justicia"(162).

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha manifestado que el derecho a la


tutela judicial efectiva y al debido proceso, garantizado por los arts. 8º y 25 de la Convención
Americana de Derechos Humanos, impone una interpretación más justa y beneficiosa de
los requisitos de admisión a la justicia, y por el principio "pro actione", deben interpretarse
en el sentido más favorable al acceso a la jurisdicción(163). De igual modo sostuvo dicha
Comisión, que el derecho a la tutela judicial efectiva impide que el acceso a la justicia se
convierta en un desagradable juego de confusiones en detrimento de los particulares. Las
garantías de la tutela judicial efectiva y del debido proceso imponen una interpretación más
justa y beneficiosa en el análisis de los requisitos de admisión a la justicia, al punto que por
el principio pro actione hay que extremar las posibilidades de interpretación en el sentido
más favorable al aludido acceso(164).

La Corte de Justicia de Salta expuso que en materia de acceso a la justicia, el principio


rector es el de "in dubio pro actione", de acuerdo con el cual el examen de las condiciones
formales de admisibilidad de la demanda contencioso administrativa no se compadece con
el excesivo rigor de los razonamientos lógicos, pues lo esencial es dar a las normas
procesales un alcance acorde con el contexto general y los fines que las informan, a fin de
posibilitar al demandante la tutela judicial efectiva de sus derechos, en consonancia con la
garantía prevista por el art. 18 de la Constitución Nacional(165).

XII. Principales circunstancias que obstaculizan el acceso a la Jurisdicción

1) Desigualdades económicas

Quizás la principal circunstancia que dificulta el acceso a la justicia es el aspecto


económico, o más precisamente, la pobreza de muchos sectores de la sociedad que carecen
de los medios económicos que le permitan afrontar los gastos que el mismo requiere (166).
Sin lugar a dudas el derecho a la jurisdicción se encontraría cercenado si no pudiere ser
ejercido a causa de una situación económica precaria(167); también quedaría afectada la
igualdad ante la ley (art. 16Constitución Nacional) si algunos tienen la posibilidad de hacer
sus planteos ante la Jurisdicción, y otros no, debido a las dificultades económicas que se lo
impiden.

Dentro de este tipo de obstáculos se mencionan los gastos de tasas y costos de utilización
de la justicia, el desembolso generado por la necesidad de asesoría legal y los restantes
costos propios de la tramitación de todo proceso que afectan a los justiciables generando,
en numerosas oportunidades, el abandono de pleitos ya iniciados (168).

La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha dicho que se vulnera el acceso a la


justicia cuando no hay posibilidad real de acudir a ella o cuando ésta se ve frustrada por
condicionamientos económicos a quien no puede afrontarlos o pudiendo hacerlo, resultan
excesivos y desproporcionados; y que cualquier norma o medida del orden interno que
imponga costos o dificulte de cualquier otra manera el acceso de los individuos a los
tribunales, y que no esté justificada por las razonables necesidades de la propia
administración de justicia, debe entenderse contraria al art. 8.1 de la Convención
Americana(169).

La institución del arraigo no es extraña a estas trabas de orden económico y ha sido


cuestionada también por la doctrina procesal moderna por su carácter obstruccionista en el
desarrollo de un juicio, a punto tal que la tendencia es aceptarlo solo en los casos en que el
actos no tenga bienes en la República(170). Así se ha expresado que la excepción de arraigo
debe interpretarse con criterio restrictivo a fin de no afectar el derecho de acceder a la justicia
y de defensa en juicio, pues acudir ante los órganos jurisdiccionales con el objeto de
defender sus intereses constituye un derecho inalienable del hombre(171).

2) Duración de los procesos

Aunque relacionado con lo anterior, otra circunstancia que constituye un obstáculo para
acceder a la Jurisdicción es la duración de los procesos —tema analizado en el punto IV—
porque evidentemente, quienes tienen posibilidades económicas están en mejores
condiciones de soportar las demoras en la sustanciación de los juicios, a diferencia de las
personas de escasos recursos a quienes muchas veces les resulta imposible esperar los
tiempos de la Justicia(172).

3) Diferencias culturales y posiciones desventajosas

Las diferencias culturales también marcan una desigualdad, porque quienes gozan de
una mejor posición cultural conocen cuáles son sus derechos y la manera de hacerlos
respetar, a diferencia de aquellas personas de menor preparación que muchas veces no
conocen sus derechos ni la manera de hacerlos valer(173).

Además de los casos de los menores y de los discapacitados, que ya fueron tratados en
el punto VI, consideramos relevante referirnos al acceso a la justicia de pueblos con
diversidad cultural como los indígenas, que fueron comprendidos en las "Reglas de Brasilia"
del año 2008, bajo el principio inspirador que de nada vale que un Estado reconozca
formalmente un derecho si su titular no puede acceder de forma efectiva al sistema de
justicia para obtener la tutela del mismo. Quizás la nota más destacada de este instrumento,
radica en determinar con claridad y precisión cuales son los sectores de la población que se
hallan en condiciones de desigualdad a la hora de hacer valer sus derechos ante la justicia,
estableciendo que para garantizar hoy la igualdad de todos y cada uno de los habitantes de
un Estado, resulta imprescindible considerar lo que se denomina estado de vulnerabilidad.
Entre estos grupos vulnerables la Cumbre incluye a los pueblos indígenas, con respecto a
los cuales precisamente la regla Nº: 9 establece: "Las personas integrantes de las
comunidades indígenas pueden encontrarse en condición de vulnerabilidad cuando ejercitan
sus derechos ante el sistema de justicia estatal. Se promoverán las condiciones destinadas
a posibilitar que las personas y los pueblos indígenas puedan ejercitar con plenitud tales
derechos ante dicho sistema de justicia, sin discriminación alguna que puedan fundarse en
su origen o identidad indígenas. Los poderes judiciales asegurarán que el trato que reciban
por parte de los órganos de la administración de justicia estatal sea respetuoso con su
dignidad, lengua, y tradiciones culturales". Todo ello sin perjuicio de lo dispuesto en la regla
48 sobre la forma de resolución de conflictos propios de los pueblos indígenas, propiciando
su armonización con el sistema de justicia estatal(174).

4) Las tasas de justicia

Si bien la Corte Suprema ha negado que pueda sostenerse genéricamente que la tasa
de justicia obste a la posibilidad de acceder a la jurisdicción(175), ha considerado que impide
el acceso a la misma y, por lo tanto, viola la garantía del debido proceso, aquellas tasas de
monto muy elevado, desproporcionado o irrazonable (176). El ministro de la Corte Suprema,
Dr. Vázquez, en su voto en disidencia en el caso "Urdiales", hizo una diferencia temporal, y
consideró inconstitucional la tasa de justicia de pago previo a la promoción del juicio; pero
no lo es la que debe afrontar el perdidoso una vez dictada la sentencia definitiva(177). Con
motivo de este fallo Bidart Campos se replanteó la cuestión; destacando que es una
obligación estatal el administrar justicia, en reciprocidad con el correlativo derecho del
justiciable; y si a una función del Estado la Constitución le asigna ejercicio obligatorio en la
medida que es reclamada e incitada por un justiciable, no parece de sentido común y buena
lógica adosarle el pago de una tasa de justicia; se pregunta el destacado constitucionalista:
¿por qué el justiciable ha de pagarle al Estado por el ejercicio de un "derecho" que como lo
es el acceso a la justicia, el Estado tiene el "deber" de satisfacer mediante una "función de
su poder"? Las tasas, agrega, son contraprestaciones que el contribuyente ha de sufragar
por un servicio que recibe del Estado —por ejemplo alumbrado público—: no halla
demasiado sitio en el espacio del derecho tributario una supuesta "tasa" de justicia que ha
de abonarse cuando un órgano del Poder Judicial cumple una obligación constitucional, por
cierto, cual es la de impartir justicia en un proceso; la administración de justicia que el estado
tiene el deber constitucional de afianzar, se cumple mediante el ejercicio obligatorio de una
función del poder, que no es un "servicio público" semejante a los otros(178).

El depósito previo exigido para la sustanciación del recurso de queja por denegación del
extraordinario fue introducido por el art. 8º de la ley 17.116, y luego lo estableció la ley
22.434 modificatoria del art. 286 del CPCCN(179). La Corte Suprema de Justicia de la Nación
se pronunció al respecto en el caso "Banet v. Rossi"(180), en el que la mayoría del Tribunal
destacó que el depósito en cuestión fue establecido "con el objeto de restringir el uso
indebido" del recurso de queja; que hasta tanto no se dictara la resolución declarando
procedente o desestimando la queja, el depósito no estaba disponible para el depositante ni
para la Corte Suprema; los doctores Belluscio y Fayt, coincidieron en que dicho depósito es
una tasa de justicia cuyo monto sólo puede ser fijado por ley del Congreso. Badeni, con
motivo de analizar la Acordada 2/2007 de la Corte Suprema que elevó a $ 5.000 el monto
del depósito, y coincidiendo con Giuliani Fonrouge(181), considera que tanto la ley
23.898 como el art. 286 del CPCCN no imponen tasas judiciales sino un impuesto judicial;
pero, agrega, ya se trate de un impuesto o de una tasa, el monto al cual se refiere la citada
norma procesal sólo puede ser establecido por ley del Congreso y no por una Acordada de
la Corte Suprema de Justicia(182).

Al depósito previo también aludió el Tribunal Superior de la ciudad Autónoma de Buenos


Aires, que rechazó el planteo de inconstitucionalidad del art. 34 de la ley local 402 en cuanto
exigía integrar la suma de $1.000 —en ese momento— como concepto de depósito previo
para la admisibilidad del recurso de queja, afirmando que dicha exigencia resulta compatible
con la garantía de acceso a la justicia, ya que el propio sistema pone al alcance del justiciable
las herramientas procesales pertinentes para acreditar sus dificultades económicas y
solicitar el beneficio de litigar sin gastos(183).

5) El "solve et repete"

También se han considerado constitucionalmente válidas las normas que establecen la


exigencia legal de realizar un depósito previo para que un recurso judicial sea viable, salvo
los supuestos excepcionales de desproporcionada magnitud de su monto(184), con relación
a la concreta capacidad económica del apelante(185), todo lo cual debe analizarse en cada
caso, atendiendo las situaciones patrimoniales concretas de los afectados(186).
Específicamente ha dicho el Alto Tribunal que son constitucionalmente válidas las normas
que establecen como requisito para apelar ante la instancia judicial el pago previo de las
multas aplicadas por la autoridad administrativa, pero ello no impide considerar supuestos
de excepción que contemplen fundamentalmente situaciones patrimoniales concretas de los
individuos, a fin de evitar que ese pago previo se traduzca, a causa de la falta comprobada
e inculpable de los medios pertinentes para enfrentar la erogación, en un real menoscabo
del derecho de defensa en juicio(187). Agrega el Alto Tribunal que en el caso "Microómnibus
Barrancas de Belgrano"(188) se estableció que el alcance que cabe otorgar a lo dispuesto por
el art. 8º inc. 1º de la Convención Americana sobre Derechos Humanos—a la que el inc. 22
del art. 75 de la Constitución Nacional otorga jerarquía constitucional—, es equivalente, en
relación con el principio "solve et repete", al fijado por la jurisprudencia del Tribunal, con
fundamento en el derecho de defensa en juicio garantizado por el art. 18 de la Constitución
Nacional(189).

No obstante este criterio de la Corte Suprema con relación a la exigencia del previo pago
de una multa impuesta por la autoridad administrativa para habilitar su cuestionamiento
judicial (solve et repete), la Sala IV de la Cámara Nacional Federal en lo Contencioso-
Administrativo ha hecho un nuevo estudio de la cuestión y ha considerado que viola la
prohibición de ser penado sin juicio previo (art. 18Constitución Nacional) y el art. 10 de la
Declaración Universal de Derechos Humanos (pues el funcionario de la Administración que
la impone no reviste las calidades de independencia e imparcialidad, que según tal norma
debe revestir el tribunal ante el cual se solicita la determinación de cierto derecho u
obligación), y el principio fundamental y básico del derecho penal de presunción de
inocencia. Dice esta Cámara que "la prohibición de ser penado sin haber mediado juicio
previo ante los jueces designados previstos en el art. 18 de la Constitución Nacional y en
los distintos tratados constitucionalizados implica que cualquier imputación penal que pueda
hacerse contra una persona supone impedir que, a través de procedimientos no judiciales
un particular —cuya culpabilidad no haya sido probada ante el juez natural de la
Constitución— debe cumplir una pena ("penado") satisfaciendo anticipadamente y sin
declaración con fuerza de ley de la existencia misma de la infracción que se le imputa. La
circunstancia de que obtenida una sentencia total o parcialmente contraria a lo resuelto en
el pronunciamiento administrativo, la necesaria devolución de la multa reclamada no
constituye una reparación del daño inferido, por cuanto el perjuicio que se ha verificado lo
es más que al patrimonio de la persona, a su honorabilidad y, fundamentalmente, al sistema
de libertades que acoge nuestra Constitución"(190).

Litch destaca que prácticamente casi toda la jurisprudencia edificada con relación a la
compatibilidad del "solve et repete" con la garantía establecida en el art. 8º inc. 1º de la
Convención Americana de Derechos Humanos, reconoce como escenario de discusión al
tema de "la previa intervención judicial para la determinación definitiva de los derechos y
obligaciones de orden fiscal"; siendo así, dice, parece adecuado limitar las consideraciones
del "solve et repete" a aquellas contiendas en las que se ventilan cuestiones que hacen a la
determinación de obligaciones de naturaleza tributaria. Y con relación a la exigencia del
depósito previo del importe de la multa como condición para habilitar la instancia judicial,
adhiere al criterio expuesto por la Sala IV de la Cámara Nacional Federal Contencioso-
Administrativo que se transcribe en el párrafo anterior(191).

Con relación al procedimiento tributario, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha


resuelto que la ley 11.683 establece que los actos que impongan sanciones o determinen
tributos son susceptibles de recurso de reconsideración para ante el funcionario superior del
organismo recaudador o bien del recurso de apelación para ante el Tribunal Fiscal de la
Nación —art. 76, incs. a) y b)—, razón por la cual, si el contribuyente optó por la primera de
las vías mencionadas, ello obsta a que luego pueda acudir al mencionado tribunal, ya que
los referidos medios impugnatorios son excluyentes entre sí. Y ha revocado la Corte la
sentencia de la instancia anterior que a los fines de habilitar la instancia judicial declaró la
inconstitucionalidad del art. 81 de la Ley 11.683, en cuanto prevé el principio solve et repete,
e hizo lugar a la demanda contencioso administrativa promovida contra el acto determinativo
del impuesto al valor agregado, ya que la tacha de inconstitucionalidad de esa norma deriva
de la propia conducta discrecional de la actora, en tanto el mismo ordenamiento legal ponía
en sus manos otro medio de impugnación que no requería el previo pago del gravamen, y
al haber optado por el recurso de reconsideración previsto en el inc. a) del art. 76 renunció
a la posibilidad de recurrir lo resuelto por el organismo recaudador sin necesidad de afrontar
el pago previo del tributo(192).

6) La reclamación administrativa previa y el agotamiento de la vía administrativa

Para poder iniciar demandas judiciales contra el Estado, los ordenamientos argentinos,
en general, requieren como requisito el "agotamiento de la vía administrativa" (art. 23 inc. a
de la ley 19.549) o la "reclamación administrativa previa" (arts. 30 y ss. de la misma ley
nacional). Se ha justificado el agotamiento de la vía administrativa con el argumento de dar
oportunidad a la Administración de corregir sus errores y restablecer la juridicidad en su
actividad. En el fallo dictado en el caso "Gorordo", la Corte Suprema de Justicia de la Nación
ha resuelto que el juez de primera instancia está facultado a revisar de oficio o a instancia
de los fiscales el cumplimiento de los recaudos de admisibilidad de la acción procesal
administrativa con anterioridad a la traba de la litis, sin que por ello se convierta en intérprete
de la voluntad implícita de una de las partes ni se altere el equilibrio procesal de los litigantes
en desmedro de la parte contraria (193). Gordillo considera que el régimen vigente se ha
modificado en perjuicio de los particulares para acceder a una tutela judicial efectiva(194).

La jurisprudencia ha mitigado su aplicación señalando que no corresponde el reclamo


administrativo previo cuando el Estado evidencia una clara conducta que hace presumir la
ineficacia cierta del procedimiento, transformándolo en un ritualismo(195). En tal sentido se
ha resuelto que la exigencia de agotar la vía administrativa constituye un ritualismo inútil
cuando la conducta desplegada por el Estado al contestar la demanda demuestran su
postura con relación a la reclamación deducida, al peticionar su representante el rechazo de
la pretensión del actor, razón por la cual, exigir el agotamiento de la vía administrativa
implicaría un inconducente y excesivo rigor formal frustratorio de la garantía de defensa en
juicio(196). La Corte Suprema de Justicia de la Nación también ha señalado que se puede
prescindir de la reclamación administrativa previa cuando se advierte la ineficacia cierta del
procedimiento, situación creada en autos toda vez que de acuerdo con los términos de la
contestación de la demanda es evidente que la exigencia de tal recaudo se convierte en un
inoperante ritualismo(197). En igual sentido se ha señalado que no corresponde el reclamo
administrativo previo cuando el Estado evidencia una clara conducta que hace presumir la
ineficacia cierta del procedimiento, transformándolo en un ritualismo (198). A su vez, la Cámara
Nacional Federal Contencioso administrativo, Sala III, ha resuelto que es inconstitucional
el art. 31 de la ley 19.549 en cuanto exige que el reclamo judicial frente al silencio de la
Administración sea impetrado dentro del plazo de caducidad previsto en el art. 25 de la
citada —una vez vencido el plazo del pedido de pronto despacho—, pues ello condiciona el
acceso a la justicia, ya que dicho plazo perentorio sólo resulta razonable de aplicar frente a
la impugnación de un acto expreso, y no cuando lo que se persigue es el reconocimiento de
una situación jurídica preexistente a través del dictado de una resolución que así lo
disponga, o en caso omisión, mediante la declaración judicial(199).

En otro relevante precedente nuestro más Alto Tribunal dejó sin efecto una sentencia que
exigió al demandante el agotamiento de la vía administrativa para declarar habilitada la
instancia contencioso administrativa y que declaró luego prescripta la acción por accidente
de trabajo, desestimando la virtualidad interruptiva de los sucesivos reclamos formalizados
por el actor tanto en sede administrativa como en el fuero laboral en la inteligencia de que
el agotamiento de la vía administrativa carece de efectos sobre el curso del plazo de la
prescripción: dijo la Corte Suprema que con ese pronunciamiento se privó al demandante
de la posibilidad de ser oído en tiempo útil por un tribunal de justicia sobre el tema de si el
agotamiento de la vía administrativa carecía de efectos sobre el curso del plazo de
prescripción(200).

La Corte Suprema de Justicia de Costa Rica, Sala Constitucional, en el caso "Fonseca


Ledesma" (de fecha 15 de marzo de 2006) ha considerado que a la luz de la supremacía de
la Constitución y de la mayor jerarquía y vinculación de los derechos fundamentales, el
carácter preceptivo u obligatorio de la regla "riñe con el derecho fundamental de los
administrados a obtener una justicia pronta y cumplida —...tutela judicial efectiva)— y con
el principio de igualdad, puesto que —sólo en el proceso contencioso-administrativo— ...se
le obliga al justiciable, antes de acudir a la vía jurisdiccional... el agotamiento de la vía
administrativa". Agrega el Tribunal que "en lo que atañe a la vulneración del principio de
igualdad, debe indicarse que el agotamiento preceptivo de la vía administrativa derivado del
privilegio de la auto-tutela declarativa, expone al justiciable que litiga contra una
administración pública a una situación discriminatoria, puesto que no existe un motivo
objetivo y razonable para someterlo a ese requisito obligatorio, a diferencia del resto de los
órdenes jurisdiccionales. Debe tenerse en consideración que, incluso, la libertad de
configuración o discrecionalidad legislativa al diseñar los diversos procesos, tiene como
límite infranqueable el principio de igualdad. Lo anterior, queda reforzado si se considera
que las administraciones públicas son un sujeto de Derecho más que no tienen por qué
gozar de tales privilegios o prerrogativas y que el eje central en una administración
prestacional o en un Estado Social y Democrático de Derecho lo es la persona, esto es, el
usuario o consumidor de los bienes y servicios públicos. En esencia, los intereses públicos
y la satisfacción de las necesidades colectivas no pueden tenerse como cláusula de
apoderamiento para enervar los derechos fundamentales de los administrados o,
sencillamente, como el altar para ser sacrificados"(201).
XIII. Institutos que favorecen el acceso a la Jurisdicción

1) Beneficio de litigar sin gastos (o beneficio de pobreza)

Constituye un instrumento que sirve para garantizar el acceso a la Jurisdicción a las


personas carentes de recursos, quienes se encontrarían privados de poder hacerlo si
debieran afrontar las erogaciones propias de un proceso judicial. Al permitirse litigar a estas
personas pobres sin tener que afrontar los gastos que demanda un litigio, se busca equiparar
la situación de quienes cuentan con posibilidades económicas para acceder a la Jurisdicción
con la de quienes no la tienen. Por ello el beneficio de litigar sin gastos ostenta base
constitucional en los derechos de defensa en juicio y de igualdad ante la ley (202). Este último
principio supone que las partes se encuentren en una sustancial coincidencia de condiciones
o circunstancias, entre las que no cabe excluir las de tipo económico; quedaría vulnerada la
igualdad de los habitantes cuando una situación económica o social obstaculizaría el acceso
al órgano jurisdiccional; y por ello, a través del beneficio de litigar sin gastos se procura
asistir a las partes económicamente débiles, librándolas del pago de los gastos del
proceso(203). Y la garantía de la defensa en juicio constituye también fundamento del instituto
porque, evidentemente, se vería frustrada la posibilidad de acceso al órgano jurisdiccional
si la ley privase de amparo a quienes no se encuentran en condiciones económicas de
requerir a los jueces una decisión sobre sus derechos(204).

2) Defensor de pobres

Es otra institución que tiende a facilitar el acceso a la jurisdicción a las personas carentes
de recursos económicos. Es un abogado que paga el Estado para la atención de estas
personas. Debe procurarse que exista un régimen de asesoramiento jurídico que asegure
la asistencia letrada antes del proceso —en forma extrajudicial y preventiva— y, luego, en
cada uno de los estadios del pleito(205).

3) Protección de los derechos de incidencia colectiva; del derecho de los


consumidores; y la protección ambiental
Con el precedente "Halabi" la Corte Suprema dio un nuevo paso, sustancial, en orden a
reconocer la tutela jurisdiccional de los derechos de incidencia colectiva. Dice Salgado(206),
que el reconocimiento cronológico en los tribunales de justicia de los derechos de incidencia
colectiva, aún cuando existieron otros casos relevantes, puede situarse en el caso
"Ekmekdjian v. Sofovich"(207), anterior a la reforma constitucional de 1994, para pasar luego
al relevante caso "Mendoza"(208), en el que se erigen algunas pautas del proceso colectivo
en general y especialmente el tratamiento de los derechos difusos o indivisibles. En
"Halabi"(209) el Alto Tribunal comienza a delinear el perfil de los derechos colectivos divisibles
o individuales homogéneos y, sin perjuicio de las distintas aristas del precedente que
exceden el ámbito del presente trabajo, lo cierto es que la Corte toma como pauta la
imposibilidad de acceso a la justicia, y en el considerando 13 expone que "...la acción
resultará de todos modos procedente en aquellos supuestos en los que cobran
preeminencia otros aspectos referidos a materias tales como el ambiente, el consumo, o la
salud, o afectan a grupos que tradicionalmente han sido postergados, o en su caso,
débilmente protegidos. En esas circunstancias, la naturaleza de esos derechos exceden el
interés de cada parte y, al mismo tiempo, pone en evidencia la presencia de un fuerte interés
estatal para su protección, entendido como el de la sociedad en su conjunto. En tal sentido,
los artículos 41,42 y 43, párrafo segundo de la Constitución Nacional brindan una pauta en
la línea expuesta"(210).

En cuanto a los derechos de los consumidores, la Corte Suprema ha admitido la


legitimación de asociaciones que los nuclean en los casos en que se presenten los recaudos
fijados en "Halabi" para la configuración de las denominadas acciones de clase,
considerando que si bien no hay en nuestro derecho una ley que las reglamente, omisión
que constituye una mora que el legislador debe solucionar cuanto antes sea posible para
facilitar el acceso a la justicia que la Ley Suprema ha instituido, la referida disposición
constitucional es claramente operativa y es obligación de los jueces darle eficacia cuando
se aporta nítida evidencia sobre la afectación de un derecho fundamental y del acceso a la
justicia de su titular(211). El Alto Tribunal, con referencia al aludido precedente "Halabi",
reconoció en el caso "Padec v. Swiss Medical"(212) el amplio alcance de la legitimación activa
de las asociaciones de consumidores, disipando cualquier duda y obstrucciones a la
aplicación de la Constitución y la Ley de Defensa del Consumidor en los casos colectivos,
ratificando la evolución en la ampliación de derechos y en el acceso a la justicia(213).

Finalmente destacamos que en materia ambiental el art. 32, primer párrafo de la ley
25.675 califica el acceso a la justicia como irrestricto sin condiciones, sin limitaciones, sin
reservas y completo, inclusive temporalmente, y esto implica la eliminación de todos los
obstáculos, cargas o exigencias que pudieren regir para otro tipo de procesos, sin que
puedan erigirse vallas de ningún tipo o especie que de cualquier manera restrinjan la
amplitud del criterio así legislado(214).

4) El lenguaje judicial claro como una forma de facilitar el acceso a la justicia

Es evidente que cuando en las sentencias se utilizan términos claros y sencillos para
fundamentar la decisión judicial se está contribuyendo a facilitar el acceso a la justicia, ya
que el ciudadano común debe encontrarse en condiciones de comprender los motivos por
los que un juez resolvió de una u otra forma el caso que le fue planteado, y así poder
compartir o no la determinación judicial en razón de los fundamentos en los que fue
asentada(215).
XIV. Reflexión final

Si bien la relevancia del tema que abordamos se presenta sin necesidad de realizar
mayores esfuerzos, consideramos necesario ratificar que el "acceso a la justicia" constituye
un derecho humano básico que debe ser favorecido por el Estado con medidas activas e
integradoras que permitan sortear los obstáculos objetivos y subjetivos que deben afrontar
a diario los ciudadanos en aras de lograr la tan anhelada tutela judicial efectiva. Al haberse
delegado en el Estado la función jurisdiccional como consecuencia de la prohibición de la
justicia por mano propia, ello le impone a éste el deber de implementar todo lo necesario
para cumplir adecuadamente con la función en cuestión. Debe, en consecuencia, establecer
una organización adecuada para administrar justicia, que permita atender eficazmente todos
los reclamos de los individuos (216). Se trata, en definitiva, de que el Estado implemente todos
los presupuestos fácticos y jurídicos necesarios para que sea posible brindar la protección
jurisdiccional en todos los casos que se solicite. Y a esto Rosatti lo ha denominado como "el
derecho a la jurisdicción antes del proceso", señalando que la forma republicana de
gobierno requiere una eficiente organización del servicio estatal de administrar justicia(217).

Como se ha visto, los Tribunales internacionales y nacionales, con especial relevancia la


Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Suprema de Justicia de la Nación,
se han avocado y preocupado del asunto con esfuerzo y decisión para que el "acceso a la
jurisdicción" sea una realidad que beneficie a todos.

Más aún, las resoluciones del Tribunal Interamericano deben ser cumplidas sin rodeos
debiendo controlarse que ello suceda, tal como aconteció en el caso "Cantos v. Argentina",
en el que cinco años después del dictado del fallo definitivo, la CIDH requirió al Estado
Argentino que adopte todas las medidas necesarias para dar efecto y pronto acatamiento a
los puntos pendientes, recordando que el Tribunal supervisa el cumplimiento de la
sentencias sobre fondo, reparaciones y costas(218).

(1)Bidart Campos, Germán, Tratado elemental de Derecho Constitucional argentino, t. I, Ediar, Buenos Aires, 1989, p. 465.

Si bien la idea de acceso a la justicia había sido señalada por doctrina anterior (Couture, Calamandrei) fue a partir de los años 70 que ha
cobrado mayor impulso, siendo uno de sus principales paladines Mauro Cappelletti (Ver Berizonce, Roberto O., "Necesidad de una ley nacional
de bases sobre garantías del efectivo acceso a la Justicia", JA 1989-IV-770, ap. I, y notas 1-6).

(2) De los Santos, Mabel A., "El debido proceso ante los nuevos paradigmas", LL 2012-B-1062, ap. II.

(3) TSJ Córdoba, Sala electoral, de competencia originaria y asuntos institucionales, 12/5/2011, "Sindicato Unión Obreros y Empleados
Municipales de la Ciudad de Córdoba v. Provincia de Córdoba", LL Córdoba 2011-992; La Ley Online cita AR/JUR/23831/2011, con cita de
Chamorro Bernal, Francisco, La tutela judicial efectiva, Barcelona, Bosch, 1994, p. 11.

(4) Ver cita formulada sobre el tema por Fernández Balbis, Amalia, "El acceso a la justicia como derecho constitucional y los aportes del
actual derecho procesal", ED 256 del 18/3/2014, ps. 1/5. La autora señala además que la noción de acceso a la justicia se fue ampliando a lo
largo del tiempo pudiendo sintetizarse en la actualidad en cuatro cuestiones centrales: 1) el acceso propiamente dicho, esto es como llegar al
sistema judicial con un abogado; 2) en la disponibilidad de un buen servicio de justicia, lo que supone obtener una decisión judicial en tiempo
prudencial y justa; 3) en sostener el proceso, y no verse obligado a abandonarlo por cuestiones ajenas a la voluntad de alguna de las partes y
4) en el conocimiento de los derechos, es decir, en la capacidad de reconocerlos y tomar conocimiento de como hacerlos valer.

Se ha entendido el derecho de acceso a la justicia en su complejidad, como un derecho que se desprende, en los términos del plexo normativo
interamericano, de las mandas de los arts. 8º y 25 de la Convención Americana de Derechos Humanos (Pérez Curci, Juan Ignacio, "Derecho
de acceso a la justicia en el sistema interamericano de derechos humanos", LL, revista del 27/6/2014, ap. III).

(5)CSJN, 28/3/1985, "Santos v. Valentini", Fallos 307-282; Íd. 10/12/1996, JA Rep. Gral. 1999-744, nº 226; Sagüés, Néstor P., Elementos
de Derecho Constitucional, t. 2, Astrea, Buenos Aires, 1993,ps. 330/331.
La garantía constitucional de la defensa en juicio supone la posibilidad de ocurrir ante algún órgano jurisdiccional en procura de justicia, la
que no debe ser frustrada por consideraciones procesales insuficientes (CSJN, 8/2/1974, "Danon v. Junta Central del Consejo Profesional de
Ingenieros", Fallos 288-55).

(6)Bidart Campos, Germán, "El derecho a la Jurisdicción en Argentina", ED 11-954, específicamente ps. 954/955.

(7) Valcarce dice que el acceso a la jurisdicción es una garantía básica del estado de derecho. El art. 18 de la Constitución Nacional da
asiento a dicha garantía, a la que define como "la capacidad de toda persona física o jurídica de tener la posibilidad real, concreta y sin
excepciones, de solicitar y obtener efectivamente, que el Estado por intermedio, entre nosotros, del Poder Judicial, le garantice efectivamente
en los hechos, el ejercicio de los derechos que se posean" (Valcarce, Arodin, "El Derecho a la Jurisdicción y el Acceso a la Justicia", JA 1996-
I-737. ap. VI).

Acceder a la justicia, dice Salvadores de Arzuaga, supera el interés particular del habitante para introducirse en el campo institucional, en el
interés general, pues la negación de ella es retroceder raudamente al estado semisalvaje de la "justicia privada", a la "anarquía social", donde
prevalece el fuerte con su poder y el débil yace en las sobras, desposeído y sin derechos (Salvadores de Arzuaga, Carlos I., "El derecho a la
jurisdicción", LL 1993-C-398, ap. I).

(8)CSJN, 18/6/1985, "Bonorino Pero v. Nación Argentina", Fallos 307: 966; Sagüés, Néstor P., Elementos de Derecho Constitucional, t. 2,
Astrea, Buenos Aires, 1993,ps. 330/331, nº 1062.

(9)CSJN, 20/2/1979, "Marchissio v. Dante", Fallos 301:111, y ED 82-679.

(10)CSJN, 10/12/1996, "Dahlgren, Jorge E. v. Cáceres, Raúl E.", Fallos 319:2925; LL 1998-A-48.

(11) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 28/11/2002, "Cantos", LL 2003-C-2, citado también por de los Santos, Mabel A., "El
debido proceso ante los nuevos paradigmas", LL 2012-B-1062, ap. II. En el punto tratado el Tribunal Internacional cita en apoyo de su decisión
a los precedentes "Caso de la Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni", del 31/8/2001, serie C, nº: 79, párrafo 111; "Caso Cantoral
Benavides", del 18/8/2000, serie C, nº: 69, párrafo 163; "Caso de los Niños de la Calle", del 19/11/1999, serie C, nº: 63, párrafo 234; "Caso
Hilaire, Constantine y Benjamín y otros" del 21/6/2002, serie c, nº: 94, párrafo 186.

(12)Pérez Curci, Juan Ignacio, "Derecho de acceso a la justicia en el sistema interamericano de derechos humanos", LL, revista del 27/6/2014,
ap. II, III y IV, con cita de Rodríguez Rescia, Víctor, Curso autoformativo en materia de acceso a la justicia y derechos humanos en Honduras,
Comisión Interinstitucional de Justicia Penal, Honduras, Mimegrafiaso, 2008, p. 16.

(13)Morello, Augusto M., "El proceso justo", LL 1990-C-808, ap. II in fine.

(14)Morello, Augusto M., "El proceso justo", LL 1990-C-808, punto VII - Conclusiones.

(15) Chamorro Bernal, Francisco, La Tutela Judicial Efectiva, Bosch, Barcelona, 1994, p. 11; citado por el Tribunal Superior de Justicia de
la Provincia de Córdoba, sala electoral de competencia originaria y asuntos institucionales, 12/5/2011, "Sindicato Unión Obreros y Empleados
Municipales de la ciudad de Córdoba v. Provincia de Córdoba", LLC 2011 (octubre), 992.

(16) Cassagne, Juan Carlos, "El control jurisdiccional de la actividad reglamentaria y demás actos de alcance general", La Ley 2001-E, 226.

(17) Ver Morello, Augusto M., El proceso civil moderno, Librería Editorial Platense, La Plata, 2001, ps. 139 y ss.

(18)Ekmekdjian, Miguel Ángel, Manual de la Constitución Argentina, Depalma, Buenos Aires, 1991, p. 213.

(19)Valcarce, Arodín, "El Derecho a la Jurisdicción y el acceso a la Justicia", JA 1996-I-737; Bidart Campos, Germán, "El Derecho a la
Jurisdicción en la Argentina", ED 11-954, específicamente ps. 958/959.

Dice Bourguignon, citando a Couture, que el proceso debe ser un medio idóneo para el ejercicio de los derechos: lo suficientemente ágil
como para no agotar por desaliento al actor y lo suficientemente seguro como para no angustiar por restricción al demandado (Bourguignon,
Marcelo, "El debido proceso. Garantía constitucional", LL 1983-D-1144, ap. I).

(20)Herrera, José E., "Los principios constitucionales del debido proceso y de igualdad ante la ley y su proyección al área de la infraestructura
judicial", JA 1986-II-787.

(21)Morello, Augusto M., El proceso justo, Abeledo-Perrot, Buenos Aires - Lib. Edit. Platense, La Plata, 1994, p. 640, citando jurisprudencia
de la CSJN, 21/7/1969, Fallos 274:157; Íd., 29/12/1981, Fallos 303: 2063. Conf. De los Santos, Mabel A., "El debido proceso ante los nuevos
paradigmas", LL 2012-B-1062, ap. III.

Dice Berizonce que debe ganar espacio, más y más, la idea del efectivo acceso a la justicia, concebida no como una mera abstracción, visión
hipócrita a contrapelo de su sentido más profundo, sino una concreta y palpitante necesidad que debe ser impostergablemente satisfecha
(Berizonce, Roberto O., "Necesidad de una ley nacional de bases sobre garantías del efectivo acceso a la Justicia", JA 1989-IV-770, ap. IV).

(22) De los Santos, Mabel A., "El debido proceso ante los nuevos paradigmas", LL 2012-B-1062, ap. III.
(23)CSJN, 20/2/1979, "Marchissio v. Dante", Fallos 301:111, y ED 82-679.

(24) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 28/11/2002, "Cantos v. República Argentina", LL 2003-C-2. Conf. TSJ Córdoba, Sala
electoral, de competencia originaria y asuntos institucionales, 12/5/2011, "Sindicato Unión Obreros y Empleados Municipales de la Ciudad de
Córdoba v. Provincia de Córdoba", LL Córdoba 2011-992; La Ley Online cita AR/JUR/23831/2011. De los Santos, Mabel A., "El debido
proceso ante los nuevos paradigmas", LL 2012-B-1062, ap. II.

(25) TSJ Córdoba, Sala electoral, de competencia originaria y asuntos institucionales, 12/5/2011, "Sindicato Unión Obreros y Empleados
Municipales de la Ciudad de Córdoba v. Provincia de Córdoba", LL Córdoba 2011-992; La Ley Online cita AR/JUR/23831/2011.

(26) Corte Europea de Derechos Humanos, 30/1/2003, "Cordova v. Italia", La Ley 2004-D, 48, con nota de Fernando Racimo; y sus citas.

(27)Nino, Carlos S., Fundamentos de Derecho Constitucional, Buenos Aires, Astrea, 1992, p. 448.

(28)CSJN, 6/5/2014, "Pedraza, Héctor Hugo v. ANSeS", LL Sup. Administrativo, junio 2014, fallo nº 117-846.

(29) Sobre el tema, ver García Rapp, Jorge, "Desplazamiento de la competencia en la seguridad social", LL 2014-C.

(30) Fernández Balbis, Amalia, "El acceso a la justicia como derecho constitucional y los aportes del actual derecho procesal", ED 256, del
18/3/2014, ps. 1/5, con cita de Bielsa, Rafael - Graña, Eduardo, "El tiempo y el proceso", en [Link], capítulo 2.

(31) CSJN, voto del doctor Lorenzetti, 8/11/2011, "R., M. v. Estado Nacional - Ministerio de Justicia y Derechos Humanos", ED revista del
13/2/2011, fallo nº 57.186, consid. 9.

(32)CSJN, 19/11/1968, "Mattei, Ángel - Vélez Carreras, Ignacio", Fallos 272:188; Íd., 1977, "Aguilar Argentina de Ediciones", Fallos
298:50; Íd., 28/7/1987, "Incidente de excarcelación promovido en favor de Mario Eduardo Firmenich", Fallos 310:1476; Íd., 28/9/1993,
"Administración Nacional de Aduanas", Fallos 316:2063; Íd., 4/5/2000, "Amadeo de Roth", Fallos 323:982.

(33)CSJN, 19/11/1968, "Mattei, Ángel", Fallos 272:188.

(34)Martínez, Santiago U., "El plazo razonable. Algo más sobre sus alcances y consecuencias", La Ley Actualidad, revista del 16 de febrero
de 2012.

(35)CSJN, 1959, "Rodríguez, María Carolina", Fallos 244:34; Íd., 1966, "Rodríguez Arias Casiano", Fallos 264:192; Íd. 1986, "Poder
Ejecutivo y Fiscal de Estado de la Provincia de Mendoza", Fallos308:694; Íd., 6/12/1991, "Electores y apoderados de los Partidos Justicialista,
UCR y Partido Demócrata", Fallos 314:1757; Íd., 2/2/1993, "Zbar de Reich, Berta", Fallos 316:35; Íd., 14/6/2001, "Anderle, José Carlos",
Fallos 324:1944; Íd., voto del doctor Lorenzetti, 8/11/2011, "R., M. v. Estado Nacional - Ministerio de Justicia y Derechos Humanos", ED
revista del 13/2/2012, fallo nº 57-186, consid. 11. Conf. Morello, Augusto Mario: "La Corte Suprema. El aumento de su poder a través de
nuevos e imprescindibles roles", ED 112-972, ap. II, c.

(36)Herrendorf, Daniel E., El poder de los jueces. Cómo piensan los jueces. Qué piensan, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1994, p. 25.

(37)CSJN, 26/6/2012, "Losicer, Jorge Alberto y otros v. BCRA", Fallos 335:1126; ED Constitucional, 2012, fallo nº 512; LL 2012-E-34 y
LL 2012-E-195, con notas de Gerscovich, Carlos G., "La dilación procesal indefinida o irrazonable", LL 2012-E-196, y Morán, Marcos, "El
plazo razonable en el Derecho Administrativo Sancionador", LL 2012-E-204; SC Bs. As., 23/9/1980, DJBA, 119-823, citado por Isola, Viviana
E., "Defensa en juicio", LL 1989-E-675, nº 7.

(38) La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha dicho que: a) En un estado de derecho la vigencia de las garantías enunciadas por el art.
8º de la Convención Americana de Derechos Humanos no se encuentra limitada al Poder Judicial —en el ejercicio eminente de tal función—
sino que deben ser respetadas por todo órgano o autoridad pública al que le hubieran sido asignadas funciones materialmente jurisdiccionales
(cita el precedente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos "Tribunal Constitucional v. Perú, del 31/1/2001, párrafo 71). b) Puesto
que la justicia realizada a través del debido proceso legal se debe garantizar en todo proceso disiplinario, cabe concluir que la circunstancia de
que las sanciones disciplinarias —como las aplicadas por el Banco Central en el caso— hayan sido calificadas por la jurisprudencia de esta
Corte como de carácter disciplinario y no penal, no es óbice a la aplicación de las garantías judiciales enunciadas por el art. 8º de la Convención
Americana sobre Derechos Humanos, entre ellas, el "plazo razonable" al que se alude en su inc. 1º. En consecuencia, a fin de consagrar
efectivamente el derecho de defensa y debido proceso de los sumariados, corresponde valorar si la Administración sustanció los pertinentes
sumarios y, en su caso, sancionó las conductas antijurídicas en un plazo razonablemente admisible, sin perjuicio de las concretas disposiciones
de la Ley de Entidades Financieras sobre la prescripción de la acción que nace de las infracciones, debido a la laxitud de las causales de
interrupción previstas por dicha normativa. c) Concluyó la Corte que el trámite sumarial, resuelto luego de haber transcurrido dieciocho años
desde el acaecimiento de los hechos supuestamente infraccionales y tras quince años de haberse dispuesto su apertura, ha tenido una duración
irrazonable, y por lo tanto declaró extinguida la acción sancionatoria por prescripción como forma de consagrar efectivamente dichas garantías
(CSJN, 26/6/2012, "Losicer, Jorge Alberto y otros v. BCRA", Fallos 335:1126; ED Constitucional, 2012, fallo nº 512, con comentario
aprobatorio de Griffi, Marcelo E., "Luces esperanzadoras", LL 2012-E-34 y LL 2012-E-195, con comentario de Gerscovich, Carlos G., "La
dilación procesal indefinida o irrazonable", LL 2012-E-196, y Morán, Marcos, "El plazo razonable en el Derecho Administrativo Sancionador",
LL 2012-E-204).

(39)Sagüés, Néstor P., Elementos de Derecho Constitucional, t. 2, 1993, p. 333, nº 1066, citando fallo de la CSJN, Fallos 311:1604.

(40)CSJN, año 1983, "Bartra Rojas, Héctor Ricardo", Fallos 305:913; Íd. 16/3/1999, "Kipperband, Benjamín", Fallos 322:360; JA Rep. año
2000-824, nº 269, 270 y 271.
El propósito constitucional de afianzar la justicia, y los mandatos explícitos e implícitos que aseguran a todos los habitantes la presunción
de su inocencia, la inviolabilidad de su defensa en juicio, y el debido proceso legal, se integran por una rápida y eficaz decisión judicial (CSJN,
17/10/1978, "Mozzatti", Fallos 300:1102, ED 80-703, con nota de Bidart Campos, Germán, "Debido proceso y 'rapidez' del proceso", en donde
afirma el autor que "no tiene desperdicio ni uno sólo de los renglones que componen la sentencia. Nada se podía decir mejor en tan parcas
afirmaciones").

Es evidente que la presunción de inocencia de un ciudadano queda durante el proceso, por así decirlo, entre paréntesis (Bacigalupo, E., El
debido proceso penal, Buenos Aires, Hammurabi, 2005, p. 87).

"Cualquier persona acusada penalmente, está bajo cuestión, no sólo por parte del Estado, sino también por parte de sus pares; su honra y su
dignidad están bajo la lupa del cuerpo social que observa y también juzga y, muchas veces el principio de inocencia, es tan solo un enunciado
vacío de contenido, para el que se encuentra en tal situación. Si este estado de sospecha, además se prolonga en el tiempo, el padecimiento se
prolonga por la morosidad del Estado que lleva a cabo el proceso, y constituye así una especie de castigo anticipado y adicional, para quien
ingresa al sistema penal" (Barbé, Laura A., "Insubsistencia de la acción penal. Jurisprudencia del Tribunal Superior de Justicia de Neuquén",
LLPatagonia 2012-476, ap. I).

(41)CSJN, 29/11/1968, "Mattei, Ángel", Fallos 272:188; ED 25-207; Íd. 7/12/1999, "Moneta", LL 2000-D-137; Íd., 7/12/1999, "Moneta,
Raúl", Fallos 322:3071; Sagüés, Néstor, Elementos de Derecho Constitucional, t. 2, 1993, p. 333, nº 1066.

La garantía constitucional de la defensa incluye el derecho de todo imputado a obtener un pronunciamiento que definiendo su posición frente
a la ley y a la sociedad, ponga término del modo más breve posible a la situación de incertidumbre y de restricción de libertas que comporta el
enjuiciamiento penal.

Para hacer efectiva la garantía a obtener un pronunciamiento rápido en la única forma que se compadezca con un cuarto de siglo de duración
del proceso penal, y subsanar la limitación de competencia que a la Corte le significa el libelo de recurso extraordinario deducido en dicho
proceso, se hace necesario considerar excepcionalmente que ha quedado configurada una cuestión institucional de gravedad suficiente, en
medida tal que excede el interés personal y afecta, además de la defensa en juicio, la conciencia de la comunidad (CSJN, 17/10/1978,
"Mozzatti", Fallos 300:1102, ED 80-703, con nota de Bidart Campos, Germán "Debido proceso y 'rapidez' del proceso", en donde afirma el
autor que "no tiene desperdicio ni uno sólo de los renglones que componen la sentencia. Nada se podía decir mejor en tan parcas afirmaciones").

Existe una garantía a obtener un pronunciamiento judicial —sin dilaciones indebidas— derivadas del art. 18 de la Constitución Nacional y
de los tratados internacionales referidos en ella (arts. 7º, inc. 5º y 8º, inc. 1º Convención Americana Sobre Derechos Humanos) (CSJN,
21/8/2007, "Acerbo, Néstor", Fallos 330:3640).

(42)CSJN, 23/10/2007, "Moyal, José Armando", Fallos 330:4539.

(43)CSJN, 29/11/1968, "Mattei, Ángel", Fallos 272:188, LL 133-414, ED 25-207; Íd., año 1977, "Aguilar SA", Fallos 298:50; Íd.,
17/10/1978, "Mozzatti", Fallos 300:1102; Íd., 20/11/1984, YPF Fallos306:1688; Íd., 14/12/1989, "Frades", Fallos 312:2434. Conf. Barbé,
Laura A., "Insubsistencia de la acción penal. Jurisprudencia del Tribunal Superior de Justicia de Neuquén", LLPatagonia 2012-476, ap. II.

(44) Barbé, Laura A., "Insubsistencia de la acción penal. Jurisprudencia del Tribunal Superior de Justicia de Neuquén", LLPatagonia 2012-
476, ap. II.

(45)CSJN, 29/11/1968, "Mattei, Ángel", Fallos 272:188, LL 133-414; ED 25-207.

(46) CNCrim. y Correc., Sala III, 17/3/1983, LL 1983-C-381.

(47) CSJN, voto del Dr. Pedro J. Frías, 2/7/1981, "Baliarda", Fallos 303:917, LL 1982-A-1, con nota de González, Nemesio - González
Novillo, Jorge R., "Defensa en juicio y sentencia en tiempo razonable".

La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha considerado, refiriéndose al caso "Bayarri", que el período de aproximadamente quince
años que demoró la investigación es excesivo" (ver Albanese, Susana, "Los criterios consagrados para evaluar el plazo razonable", JA 2009-I,
ap. III).

(48) CSJN, voto de los Dres. Fayt y Bossert, 16/3/1999, "Kipperband, Benjamín", Fallos 322:360, JA Rep. año 2000-825, nº 275.

El imputado por el delito de tenencia simple de estupefacientes debe ser absuelto si su situación procesal no fue definitivamente resuelta a
más de diez años de iniciada la causa, subsistiendo un estado de incertidumbre que no se compadece con la garantía del plazo razonable —
arts. 18 y 75, inc. 22, Constitución Nacional— (CNCasación Penal, sala II, 24/5/2012, "R., R. M.", LL 2012-D, fallo nº 116.457, con comentario
de Cúneo Libarona, Mariano, "Plazo razonable y detención sin orden judicial. Las garantías constitucionales").

(49) CSJN, voto de los Dres. Fayt y Bossert, 16/3/1999, "Kipperband, Benjamín", Fallos 322:360, JA Rep. año 2000-825, nº 275.

(50)CSJN, 8/5/2012, "Acosta, Jorge Eduardo", Fallos 335:533; LL 2012-D, fallo nº 116.454, con comentarios de Gelli, María Angélica, "El
plazo razonable de la prisión preventiva y el valor de la jurisprudencia internacional", y Gil Domínguez, Andrés, "El funcionamiento del art.
75, inc. 22 de la Constitución Nacional".

(51)CSJN, 8/11/2011, "Poggio, Oscar Roberto", LL 2012-A-150 y LL Online cita AR/JUR/66662/2011.


(52) Dice Bidart Campos que es imposible que una norma determine con fijeza matemática cuál es la duración razonable del proceso. Cada
proceso, según sea la índole de la pretensión que en él ventila el justiciable, debe durar no más de lo necesario para que el mismo justiciable
reciba "a tiempo" el pronunciamiento que dilucide su pretensión. El lapso que puede ser razonable para el trámite de un sucesorio puede no
serlo para el de un desalojo; el de una expropiación puede no serlo para un hábeas corpus o un amparo. No podemos, pues contarlo en días, ni
en meses, ni en años. La sentencia debe llegar a tiempo para que la pretensión que la sentencia resuelva no quede frustrada (Bidart Campos,
Germán, "Debido proceso y 'rapidez' del proceso", ED 80-703).

Como la duración razonable de un proceso depende en gran medida de diversas circunstancias propias de cada caso, el derecho a ser juzgado
sin dilaciones indebidas no puede traducirse en un número de días, meses o años (CSJN, del voto de los Dres. Fayt y Bossert, 16/3/1998, LL
2000-B-831, 42.449-S).

(53)López Herrera, Edgardo, "Daños por demora irrazonable del proceso judicial", JA 2009-D-330; comentando el fallo de la CJ Mendoza,
sala 1ª, 19/2/2009, "G., O y otra v. Provincia de Mendoza".

(54)CSJN, 20/4/1989, "Lavao Vidal, Osvaldo Walter", Fallos 312:573; Íd. 20/4/1989, "Rico, Aldo", Fallos 312:575; Íd. 31/10/1989,
"Sudamericana de Intercambio SACIyF", Fallos 312:2075.

(55) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 1/3/2005, "Caso de las Hermanas Serrano Cruz v. El Salvador", La Ley
Online AR/JUR/14173/2005.

(56) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 24/6/2005, caso "Acosta Calderón v. Ecuador", La Ley Online; AR/JUR/9548/2005.

(57) Corte Interamericana de Derechos Humanos, caso "Furlan y Familiares v. Argentina", publicado en RCyS La Ley 2013-II, 276, con
nota de Gabriela Yuba; DJ 17/4/2013, 5, con nota de Eduardo Olivero y Yanina V. Fernández. En la aludida nota Yuba, luego de analizar las
particularidades del caso "Furlan", consignó que el Tribunal Internacional aplicó el test del plazo razonable, considerando que había sido
violado por el Estado argentino por la extensa duración del pleito —que tomó 12 años y 3 meses desde el inicio de la demanda hasta la
percepción de los bonos de consolidación de deudas por los actores— en la que se consideró incluida la etapa de ejecución de sentencia.

(58) Ver citas formuladas en el punto 195 del fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso "Furlan y Familiares v.
Argentina", publicado en RCyS La Ley 2013-II, 276 con nota de Gabriela Yuba; DJ 17/4/2013, 5 con nota de Eduardo R. Olivero, Yanina V.
Fernández.

(59) Corte Interamericana de Derechos Humanos, caso "Forneron e hija v. Argentina" del 27/4/2001, Serie C, nº: 242, párraf. 66; "Caso
Familia Barrios v. Venezuela", del 24/11/2011, Serie C, nº: 237, párrafo 273; caso "Garibaldi v. Brasil", 23/9/2009, Serie C, nº: 203, párrafo
133, entre otros citados por Dieguez, Jorge A., "La tutela judicial efectiva en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos", La Ley del 31/12/2012, 8; La Ley Online AR/DOC/5987/2012.

(60) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 2/5/2008, caso "Kimel", citado por Olivero, Eduardo y Fernández, Yanina, La Ley RC y
S 2012-VII, 255.

(61) CSJN, 8/8/1974, "Estévez, Antonio v. Chemea Inmobiliaria", Fallos 289:181; Íd. 20/4/1999, "Alonso, Armando v. ANSeS", Fallos
322:663, ED 184-309, y JA Rep. año 2000-825, nº 278; C. Nac. Fed. Cont. Adm., Sala II, 23/12/1998, LL 2000-B-114. Conf. Barbé, Laura
A., "Insubsistencia de la acción penal. Jurisprudencia del Tribunal Superior de Justicia de Neuquén", LLPatagonia 2012-476, ap. I.

(62)CSJN 29/11/1968, "Mattei", Fallos 272:188; Íd., 17/10/1978, "Mozzatti, Camilo", Fallos 300:1102; Íd., 15/3/1979, "Baliarde", Fallos
301:197; Íd., 31/10/1989, "Sudamericana de Intercambio SAC.I. y F.", Fallos 312:2075 y LL1990-C-56; Íd., 9/11/2004, "Egea", Fallos
327:4815; LL 2005-C-164; Íd., 23/6/2009, "Salgado, Héctor", Fallos 332:1512 y LL 2009-E-489, entre otros.

(63)CSJN, 10/10/1996, "Barry, María E. v. Administración Nacional de la Seguridad Social", Fallos 329:2151; LL 1996-E-591, consid. 19,
con cita de los siguientes precedentes del Tribunal: año 1977, "Klosowsky, Víctor Ladislao" Fallos 298:312; 17/10/1978, "Mozzatti, Camilo",
Fallos 300:1102; año 1980, "Fundación San Martín de Tours", Fallos302:299; 25/8/1988, "Rolón Zappa, Víctor Francisco", Fallos 311:1644,
y voto del juez Fayt en la causa "Compañía Arenera del Río Luján v. De Castro", 1/9/1992, Fallos 315:1779 y LL 1993-A-247; Íd.,10/10/1996,
"Hussar, Otto v. Administración Nacional de la Seguridad Social", Fallos 319:2215; LL 1996-E-575; DJ 1997-1-442.

(64)CSJN, 29/11/1968, "Mattei", Fallos 272:188.

(65)CSJN, 10/10/1996, "Barry, María E. v. Administración Nacional de la Seguridad Social", Fallos 329:2151; LL 1996-E-591 y La Ley
Online cita AR/JUR/3604/1996, con cita de los precedentes de Fallos 305:913 y 1753; 307:1608; 308:273 y causas "Frades, Emilio Segundo;
Figueroa, Alejandro José" fallado el 14/12/1989, LL 1990-C-300; "Proceso instruido al teniente de Ingenieros D. Luis Alberto Nocente",
fallado el 5/11/1991 (Fallos314:1399), y "Administración Nacional de Aduanas", fallado el 28/9/1993 (Fallos 316:2063).

(66) CSJN, voto de los doctores Fayt y Bossert y de los doctores Boggiano y Petracchi, 16/3/1999, "Kipperband, Benjamín", Fallos 322:360;
LL 2000-B-831.

La vulneración del derecho del justiciable a un plazo razonable encarna prima facie un gravamen irreparable, pues en la medida en que se
excede efectivamente el lapso razonable para obtener un pronunciamiento, se conculca en forma concreta aquella garantía, y la mera
continuación del proceso importará un progresivo agravamiento del perjuicio ya inferido (TS Córdoba, Sala penal, 24/4/2012, LL Córdoba
2012-965).
(67)CSJN, 4/5/2000, "Amadeo de Roth, Fallos 323:982 y LL 2001-A-514; Íd., voto de los doctores Fayt y Bossert y de los doctores Boggiano
y Petracchi, 16/3/1999, "Kipperband, Benjamín", Fallos 322:360.

(68) Barbé, Laura A., "Insubsistencia de la acción penal. Jurisprudencia del Tribunal Superior de Justicia de Neuquén", LLPatagonia 2012-
476, ap. I.

(69) Corte de Justicia de Tucumán, 5/11/2007, "Partido Ciudadanos Independientes y otros v. Provincia de Tucumán", LLNOA 2008
(febrero), 66. En el caso el Tribunal provincial decidió que era improcedente la acumulación de procesos si uno de ellos recién se encuentra en
su primera etapa, mientras que el otro está a la espera de sentencia final, por lo que tal acto procesal produce una demora perjudicial e
injustificada en el trámite del o de los juicios que están más avanzados, afectándose la tutela judicial efectiva y oportuna.

(70) Bidart Campos, Germán, Tratado Elemental de Derecho Constitucional Argentino, t. I, 1989, p. 466.

(71)Masciotra, Mario, "El derecho a una rápida y eficaz decisión judicial", LL 2012-F, 1326, con cita de Morello, Augusto, "La terminación
del proceso en un plazo razonable como manifestación concreta de la eficacia del servicio de Justicia", ED 122-887.

(72)CSJN, 6/10/2009, "Arisnabarreta, Rubén J. v. Estado Nacional (Ministerio de Educación y Justicia de la Nación)", Fallos 332:2159, LL
2009-F-371; Íd., 8/11/2011, "Rizikow, Mauricio. v. Estado Nacional - Ministerio de Justicia y Derechos Humanos", ED, 246-261, fallo nº
57.186; JA 2012-I; Íd., 8/11/2011, "Mezzadra, Jorge Oscar v. Estado Nacional - Ministerio de Justicia y Derechos Humanos", Fallos 334:1302.

(73) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 1/3/2005, "Caso de las Hermanas Serrano Cruz v. El Salvador", La Ley
Online AR/JUR/14173/2005.

(74) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 26/9/2006, caso "Almonacid, Arellano y otros v. Chile", La Ley
Online AR/JUR/10607/2006.

(75) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 19/5/2011, caso "Vera Vera y otros v. Ecuador", La Ley Online AR/JUR/99930/2011. Íd.,
29/7/1988, "caso Velásquez Rodríguez v. Honduras", Serie C, nº: 1, párrafo 177.

(76) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 26/8/2012, caso "Torres Millacura".

(77) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 31/8/2011, caso "Grande".

(78) Corte Interamericana de Derechos Humanos, caso "Almonacid Arellano y otros v. Chile", del 26/9/2006, La Ley
Online AR/JUR/10607/2006.

(79) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 14/3/2001, caso "Barrios Altos-Chumbipuma Aguirre y otros v. Perú", La Ley 2001-D,
558.

(80) Corte Interamericana de Derechos Humanos, caso "Loayza Tamayo v. Perú", del 1/6/2011, considerando 40.

(81) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 1/7/2009, caso "Carpio Nicolle v. Guatemala", considerando 14.

(82) Palacio, Lino E., Derecho Procesal Civil, t. I, Buenos Aires, Abeledo Perrot, 1975, p. 147; año 2011, p. 101.

(83) La posibilidad de ofrecer prueba de descargo constituye uno de los requisitos que integran el concepto de juicio en sentido constitucional
(CSJN, 18/6/1987, LL 1987-D-496).

(84) TS España, 2/10/1997, LL 1998-C-163.

(85) De los Santos, Mabel A., "El debido proceso ante los nuevos paradigmas", LL 2012-B-1062, ap. III.

(86) Palacio, Lino E., Derecho Procesal Civil, t. IV, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1977, p. 329; Íd., año 2011, ps. 262-263.

El resguardo de la defensa en juicio requiere que a toda persona se otorgue la oportunidad para ser oída y producir la prueba en que funda
sus derechos, en tanto contradecir, probar y alegar constituyen tres momentos esenciales de aquella garantía (CS Santa Fe, 7/5/1997, LL 1998-
F-880, 41.079-S).

(87) Alvarado Velloso, Adolfo, Introducción al estudio del Derecho Procesal, Primera parte, Santa Fe, Rubinzal y Culzoni, 1989, ps.
235/237; Lecciones de Derecho Procesal Civil, adaptado a la legislación procesal de la Provincia de Salta por Casabella Dávalos, Juan,
Fundación para el desarrollo de las ciencias jurídicas, Rosario 2012, ps. 207 y ss.

(88) Alsina, Hugo, Tratado..., t. I, Buenos Aires, Ediar, 1963, p. 457.

(89) Vélez Mariconde, Alfredo, Derecho Procesal Penal, t. II, Marcos Lerner, Córdoba, 1986, p. 211.
(90)CSJN, 21/8/1997, LL 1998-B-471. Sobre el tema, ver Loutayf Ranea, Roberto G., "Principio de bilateralidad o contradicción", Buenos
Aires, La Ley, revista del 16 de febrero de 2011, LL 2011-A-982.

(91) Chaumet, Mario E. - Meroi, Andrea A., "¿Es el Derecho un juego de los jueces?", LL 2008-D-717, ap. IV.

(92)Loutayf Ranea, Roberto G., "Principio de bilateralidad o contradicción", LL 2011-A-982.

(93)Loutayf Ranea, Roberto G., "Principio de bilateralidad o contradicción", LL 2011-A-982.

(94) Palacio, Lino E., Derecho Procesal Civil, t. I, 1975, p. 263.

La garantía constitucional de la defensa en juicio, en su aspecto más primario, se traduce en el principio de contradicción o bilateralidad que
supone, en substancia, que las decisiones judiciales deben ser adoptadas previo traslado a la parte contra la cual se pide, es decir, dándole
oportunidad de defensa (CSJN, 21/8/1997, "Barreto, José v. Superior Gobierno de la Provincia de Entre Ríos", Fallos 320:1789, ED Rep. 32-
172, nº 17 bis, y LL 1998-B-471).

El derecho de defensa supone —en sustancia— que las decisiones judiciales deben ser adoptadas previo traslado a la parte contra la cual se
pide, es decir, dándole oportunidad de ser oída, y de ejercer sus derechos en la forma y con las solemnidades que establecen las leyes (CSJN,
13/8/1998, "Bianchi, Daniel Raúl v. Silveira, Ricardo", Fallos 321:2082; DT 1998-B-2252; DJ 1999-1-1067; ED Rep. 33-260, nº 21).

El principio de contradicción deriva de la cláusula constitucional que consagra la inviolabilidad de la defensa en juicio de la persona y de
sus derechos (art. 18 Const. Nac.), y consiste en el derecho de la parte o del acusado a ser oído antes de que se dicte una resolución que lo
vincule a determinada situación jurídica (ST Misiones, 10/7/1998, LL Rep. año 1999, p. 938, nº 16).

El art. 18 de la Const. Nac. consagra como principio general del derecho procesal el llamado de bilateralidad o contradicción, principio éste
que juntamente con el de igualdad, que también garantiza la misma ley fundamental en su art. 16, conducen a impedir que ningún órgano
jurisdiccional pueda dictar una resolución inaudita parte, sino que previamente debe dar audiencia a todos aquellos cuyos intereses pudieren
verse comprometidos directamente con ella (CNCiv., Sala G, 10/11/1987, LL 1988-A-102).

(95) ST Misiones, 2/7/1998, LL Rep. año 1999-937, nº 2.

(96) Chaumet, Mario E. - Meroi, Andrea A., "¿Es el Derecho un juego de los jueces?", LL 2008-D-717, ap. IV; Loutayf Ranea, Roberto G.,
"Principio de bilateralidad o contradicción", LL 2011-A-982.

(97) Chaumet, Mario E. - Meroi, Andrea A., "¿Es el Derecho un juego de los jueces?", LL 2008-D-717, ap. V.4, citando a Damaska, Mirjan,
"Truth in adjudication", 49 Hasting Law Journal, 1998, ps. 303-304.

(98) Palacio, Lino E., Derecho Procesal Civil, t. I, 1975, ps. 147, 263; año 2011, ps. 101 y 192. Alsina, Hugo, Tratado..., t. I, Buenos Aires,
Ediar, 1963, p. 458.

(99)Se lesiona la garantía del debido proceso no sólo por falta de audiencia del particular sino también cuando no es oído el representante
del interés público; tratándose de la aplicación del art. 9º de la ley 19.359 requiere la notificación al Ministerio Público de la decisión recaída
(CSJN, 17/11/1977, "Tomin SA", LL 1978-B-308; ED 77-206).

(100) Entre las reglas que son corolarios de la garantía constitucional de la defensa en juicio, Vélez Mariconde señala la "necesidad de que
la acusación sea intimada correctamente, incluso en el caso de que la acusación sea ampliada" (Vélez Mariconde, Derecho Procesal Penal, t.
II, Marcos Lerner, Córdoba, 1986, p. 211).

(101)Couture, Eduardo, Fundamentos del Derecho Procesal Civil, Buenos Aires, Depalma, 1993, p. 154.

(102) Debe dejarse sin efecto el pronunciamiento que desestimó el planteo de nulidad de lo actuado, que la parte fundó en la irregularidad
de la notificación practicada en un falso domicilio real, pues determinó que al incidentista se le dictara una sentencia adversa que le provocó
una seria lesión de los derechos de defensa en juicio y de propiedad (CSJN, 20/8/1996, "Esquivel, Mabel Alejandra v. Santaya, Ilda", Fallos
319:1600, ED Rep. 31-222, nº 24).

(103)El Pacto de San José de Costa Rica expresamente establece que "Durante el proceso, toda persona tiene derecho, en plena igualdad,
a las siguientes garantías mínimas: ... b) comunicación previa y detallada al inculpado de la acusación formulada" (art. 8.2). También el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos dispone que "Toda persona detenida será informada, en el momento de su detención, de las
razones de la misma, y notificada, sin demora, de la acusación formulada en su contra" (art. 9.2).

(104)Chichizola, Mario, "El debido proceso como garantía constitucional", LL 1983-C-910, ap. V.

(105) La correlación entre la acusación y la sentencia penal está requerida para impedir que se condene al acusado por un hecho diverso del
que fuera objeto de la imputación formulada, en resguardo de la garantía constitucional de la inviolabilidad de la defensa en juicio (CS
Tucumán, sala civil y penal, 24/11/1999, LL Rep. año 2000-952, nº 39).
(106) La garantía de la defensa en juicio consiste en proporcionar al litigante la oportunidad de ser oído y ejercer sus derechos en la forma y
con las solemnidades establecidas por las normas pertinentes, pero no impone que deba ser oído y pueda producir sus peticiones sin razonables
restricciones formales, inclusive de orden temporal (CSJN, 18/5/1982, "Lebed, Oscar Elías", Fallos 304-708).

(107) La garantía de la defensa en juicio debe entenderse conforme a las leyes que reglamentan su ejercicio, pero no puede ser alterada o
menoscabada por éstas, en razón del principio de razonabilidad (CNCiv., Sala L, 12/8/1999, LL 1999-E-567).

(108)Couture, Eduardo, Fundamentos del Derecho Procesal Civil, Buenos Aires, Depalma, 1993, p. 155.

(109)Couture, Eduardo, Fundamentos del Derecho Procesal Civil, Buenos Aires, Depalma, 1993, p. 156.

(110) Palacio, Lino E., Derecho Procesal Civil, t. IV, Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1977, p. 363; año 2011, ps. 286 y ss.

(111) De los Santos, Mabel A., "El debido proceso ante los nuevos paradigmas", LL 2012-B-1062, ap. III, quien cita la opinión de De
Lázzari, Eduardo, "Que características...", en Debido Proceso, Rubinzal y Culzoni, 2005, ps. 62-65.

(112)CSJN, 13/3/1963, in re "Centeno", Fallos 255-91; citado por Ramella, Pablo, Derecho Constitucional, Depalma, Buenos Aires,
1982, p. 496.

(113) En materia criminal se encuentran en juego los derechos esenciales de la libertad y el honor, por lo cual deben extremarse los recaudos
que garanticen plenamente el ejercicio del derecho de defensa. Por tanto, quien sufre un proceso penal debe ser provisto de un adecuado
asesoramiento legal que asegure la realidad sustancial de dicha garantía constitucional (CSJN, 6/5/1997, "Scilingo, Adolfo Francisco", Fallos
320:854; LL 1998-C-764, y JA 1997-IV-356; CS Tucumán, sala civil y penal, 12/6/1997, LL Rep. año 1998-919, nº 31).

La garantía de la defensa en juicio exige que quien sufre un proceso penal ha de ser provisto de adecuado asesoramiento legal (CSJN,
27/2/1997, "González, Infraín", Fallos 320:150; JA Rep. año 2000-823, nº 254).

Pero, también ha señalado la Corte Suprema que en el procedimiento penal el abogado defensor nunca sustituye totalmente al acusado
(CSJN, 5/11/1996, "Nardelli, Pietro Antonio", Fallos 319:2557; JA Rep. año 1999-744, nº 237).

(114)CSJN, 7/2/1941, "Rojas Molina, José", Fallos 189-34, y LL 21-556; Íd., 27/2/1957, "Arnaiz, Félix", Fallos 237-158; Íd. 14/10/1987,
LL 1988-B-253, con nota de Sagüés, Néstor Pedro.

La garantía de la defensa en juicio exige que quien sufre proceso criminal sea provisto de adecuado asesoramiento legal y asegurar el
cumplimiento de las normas tendientes a proveer asistencia letrada (CNCrim. y Correc., Sala III, 2/4/1979, LL 1980-A-640, 35.405-S).

(115) CSJN, voto de los Dres. Caballero y Belluscio, 29/9/1987, "Gordillo, Raúl Hilario", Fallos 310:1934; LL 1988-A-170, y JA 1988-I-
186; Íd., voto de los Dres. Moliné O'Connor, Fayt, Petracchi y Bossert, 30/4/1996, "Basilio, Alberto Oscar", Fallos 319:617; JA 1996-IV-474.

Corresponde declarar la nulidad de todo lo actuado con posterioridad a la notificación de la sentencia condenatoria de segunda instancia si
las deficiencias en la defensa fueron consecuencia directa e inmediata de una evidente ausencia de la asistencia profesional mínima que el
Estado debe proveer para que el juicio al que se refiere el art. 18 de la Const. Nac. se desarrolle en paridad de condiciones respecto de quien
ejerce la acción pública y quien debe soportar la imputación (CSJN, 12/5/1998, "Gallardo García, Ramón Carlos", Fallos 321:1424; ED Rep.
33-1154, nº 342).

(116)La Rosa, Mariano R., "La defensa pública oficial en su inserción constitucional como custodio y garante de los derechos individuales",
JA 2001-III-1156, ap. IX, citando fallos de la CSJN, publicados en Fallos 5:459 (año 1868, "Criminal v. Peralta Indalecio"); Fallos 192:152;
237:158 (27/2/1957, "Arnaiz, Félix") y JA1957-III-312; 255-91.

(117)La Rosa, Mariano R., "La defensa pública oficial en su inserción constitucional como custodio y garante de los derechos individuales",
JA 2001-III-1156, ap. VIII, citando un fallo de la CSJN, 27/2/1957, "Arnaiz, Félix", Fallos 237:158.

Es obligación de los tribunales suministrar la debida asistencia letrada que permita ejercer la defensa sustancial que corresponda (La Rosa,
Mariano R., "La defensa pública oficial en su inserción constitucional como custodio y garante de los derechos individuales", JA 2001-III-
1156, ap. IX, citando los siguientes fallos de la CSJN: año 1986, "Fernández, Jorge Norberto", Fallos 308:1386; Íd., 10/3/1987, "Fernández,
Jorge Norberto", Fallos 310:492 y JA 1987-IV-109).

(118)CSJN, 7/7/1983, "Bugiel, Carlos Rafael", Fallos 305:902.

(119)CSJN, 18/11/1986, "Nájera, Alfredo Guillermo", Fallos 308:2182; Íd., 27/6/1989, "Fernández, Mario Raúl". Fallos 312:1042; Sagüés,
Néstor, Elementos de Derecho Constitucional, t. 2, 1993, p. 337; Íd., t. 2, 2003, p. 771.

"No es suficiente que se llene la fórmula de la defensa con un patrocinio de oficio, aunque éste sea inteligente, diligente y recto, porque
solamente la parte interesada es dueña de las condiciones en que, dentro de las normas reglamentarias, deben ser alegados y probados los
derechos, tanto más cuanto éstos sean, como en el juicio criminal, los esenciales de vida, libertad y honor" (CSJN, 27/12/1927, in re"Vázquez",
JA 31-51). A través de estas reflexiones, dice Rosatti, la Corte ha hecho "ingresar" a la garantía de la defensa en juicio (es decir, ha dado
prosapia constitucional) a la posibilidad o libertad de elegir la táctica o la estrategia procesal, a la forma en que los hechos han de ser presentados
y los derechos esgrimidos dentro del juicio, sin evadir —obviamente— las normas reglamentarias (Rosatti, "El debido proceso legal", JA 1985-
II-825, ap. 9.a.).
(120)Nino, Carlos S., Fundamentos de Derecho Constitucional, Buenos Aires, Astrea, 1992, p. 451.

(121) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 31/8/2012, caso "Furlan y Familiares v. Argentina", La Ley RCyS 2013-II, 276, con nota
de Gabriela Yuba; DJ 17/4/2013, 5 con nota de Eduardo Olivero; Yanina Fernández.

(122) Corte Interamericana de Derechos Humanos, caso "Furlán y Familiares v. Argentina", párrafo 242, del 31/8/2012, La Ley RCyS 2013-
II, 276, con nota de Gabriela Yuba; DJ 17/4/2013, 5 con nota de Eduardo Olivero; Yanina Fernández.

(123)Bidart Campos, Germán J., Manual de la Constitución Reformada, t. II, Buenos Aires, Ediar, 2005, p. 386.

(124) Destaca Rabbi-Baldi Cabanillas que repetidas veces la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha expresado que los derechos
constitucionales han sido "reconocidos" por la Constitución Nacional, afirmación que entraña admitir que ésta no los ha otorgado o concedido,
por lo que necesariamente deben entenderse como anteriores o preexistentes a aquella y, en definitiva, a toda legislación positiva, la cual, en
tal contexto, tendrá como misión la de "garantizarlos". Destaca también este autor que la Corte denominó a estos bienes con diversas
expresiones y los ha considerado como "fundamentales", "superiores", "esenciales", "sustanciales", inherentes", "anteriores" o "preexistentes"
o, sencillamente "naturales" (Rabbi-Baldi Cabanillas, Renato, Teoría del derecho, 3ª ed., Buenos Aires, Ábaco, 2013, ps. 171/172 y
jurisprudencia que cita).

(125) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 1/3/2005, "caso de las Hermanas Serrano Cruz v. El Salvador", párrafos 75 y 76, La Ley
Online AR/JUR/14173/2005.

(126) CIDH, 24/6/2005, caso "Acosta Calderón v. Ecuador", párrafo 86, La Ley Online AR/JUR/9548/2005.

(127) CIDH, 31/8/2012, caso "Furlan y Familiares v. Argentina", del 31/8/2012, La Ley RCyS 2013-II, 276, con nota de Gabriela Yuba.

(128) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 30/1/1987, opinión consultiva 8/87: Cfr. García Ramírez, Sergio, La jurisprudencia de
la Corte Interamericana de Derechos Humanos, UNAM, México, 2001, ps. 1008 y ss.; Sagüés, Néstor P., Derecho Procesal
Constitucional - Acción de amparo, t. 3, Astrea, Buenos Aires, 2013, p. 52.

(129) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 30/1/1987, opinión consultiva 8/87: Cfr. García Ramírez, Sergio, La jurisprudencia de
la Corte Interamericana de Derechos Humanos, UNAM, México, 2001, ps. 1019 y ss.; Sagüés, Néstor P., Derecho Procesal Constitucional -
Acción de amparo, t. 3, Astrea, Buenos Aires, 2013, p. 52.

(130) Sagüés, Néstor P., Derecho Procesal Constitucional - Acción de amparo, t. 3, Astrea, Buenos Aires, 2013, p. 50.

(131)CSJN, 19/9/1960, "Fernández Arias", Fallos 247:646, y LL 100-58; Íd. 25/9/1959, "López de Reyes v. Instituto Nacional de Previsión
Social", Fallos 244:548 y LL 96-98; Íd. 11/7/1996, "Castillo, Antonio M.", Fallos 319:1210; ED 173-663; Íd. 10/10/1996, LL 1996-E-574; Íd.,
24/2/1987, "César y Antonio Karam", Fallos 310:360; Íd. 27/10/1987, Fallos 3l0:2159. Sagüés, Néstor P., Elementos de Derecho
Constitucional, t. 2, Astrea, Buenos Aires, 1993,ps. 331/332.

(132)Bidart Campos, Germán, "El Derecho a la Jurisdicción en Argentina", ED 11-954, específicamente, p. 956.

Hay autores que, si bien reconocen el mayoritario triunfo de la doctrina que admite la validez constitucional de la atribución de funciones
jurisdiccionales a la Administración Pública en la medida que exista un control judicial suficiente, prefieren ver acotado este tipo de actividad
a su mínima expresión, manteniendo reservas en cuanto a su legitimidad, conforme nuestro actual texto constitucional (Bosch, Juan, "La
actividad jurisdiccional de la Administración Pública y la garantía del debido proceso", LL 1996-E-1332, ap. VII).

(133)CSJN, 5/4/2005, "Ángel Estrada y Cía v. Secretaría de Energía", Fallos 328:651; LL 2005-D-439; JA 2005-III-143.

(134) Sobre estos requisitos marcados por la CSJN en el caso "Ángel Estrada", Fallos 328:651, LL 2005-D-439; JA 2005-III-143, ver Canosa,
Armando N., "El caso "Ángel Estrada" y las deficiencias en el ejercicio de funciones jurisdiccionales por parte de órganos administrativos",
JA 2005-III-1101; García Pulles, Fernando, "'Ángel Estrada'. La Corte y el fundamento de la potestad jurisdiccional. Facultades del legislador
y de los justiciables", JA 2005-III-1107, ap. II; Rejtman Farah, Mario, "La independencia de los entes reguladores como requisito para el
ejercicio de sus competencias", JA 2005-III-1136; Sesín, Domingo J., "Órganos de justicia electoral: naturaleza jurídica, ubicación institucional
y régimen jurídico", JA 2005-IV-1367, ap. IV, específicamente p. 1372.

(135)Rejtman Farah, Mario, "La independencia de los entes reguladores como requisito para el ejercicio de sus competencias", JA 2005-III-
1136; Gordillo, Agustín: "Ángel Estrada", JA 2005-III-1115.

(136) Concretamente la Corte destacó que la determinación y condena al pago de los daños y perjuicios por aplicación del derecho común,
excede las atribuciones jurisdiccionales especiales que el legislador atribuyó, e inclusive podría legítimamente haber atribuido, a los entes
reguladores. Y agrega el Alto Tribunal que "no cualquier controversia puede ser válidamente deferida al conocimiento de órganos
administrativos con la mera condición de que sus decisiones queden sujetas a un ulterior control judicial suficiente. Los motivos tenidos en
cuenta por el legislador para sustraer la materia de que se trate de la jurisdicción de los jueces ordinarios deben estar razonablemente justificados
pues, de lo contrario, la jurisdicción administrativa así creada carecería de sustento constitucional, e importaría un avance indebido sobre las
atribuciones que el art. 116CN define como propias y exclusivas del Poder Judicial de la Nación. Admitir que el Congreso pudiere delegar en
los órganos de la Administración facultades judiciales sin limitación material de ninguna especie sería tan impensable como permitir que el
legislador delegara la sustancia de sus propias funciones legislativas, lo cual está expresamente vedado en el art. 74CN, con salvedades
expresas..." (consid. 14). Sobre el tema, ver García Pulles, Fernando, "'Ángel Estrada.' La Corte Suprema y el fundamento de la potestad
jurisdiccional. Facultades del legislador y de los justiciables", JA 2005-III-1107. Este último autor concluye que el fallo "Ángel Estrada" sienta
un nuevo criterio en la fijación de los límites de las facultades del legislador para otorgar a órganos administrativos la potestad de resolver
conflictos de intereses, cual es que ella sólo será admisible en la medida de su vinculación con conocimientos técnicos o regímenes especiales
en los que pueda postularse una particular capacidad o idoneidad de los funcionarios de la Administración, materia necesariamente ajena a la
aplicación del derecho común".

Coincidentemente, la Corte de Justicia de la Provincia de Salta ha señalado que de atribuirse amplias facultades al Ente Regulador para
resolver cualquier tipo de contienda que pudiese surgir entre prestadores y usuarios con prescindencia de su naturaleza, alcance y características
de los derechos afectados vulneraría los límites constitucionales que surgen del carácter restrictivo y excepcional de la delegación. Ello así
pues un ente administrativo no puede avanzar, al ejercer funciones jurisdiccionales, sobre cuestiones reguladas por el derecho común, por
cuanto el conocimiento de dichas causas es asignado constitucionalmente y en competencia exclusiva al Poder Judicial (CJ Salta, 15/5/2006,
"García, María del Carmen v. EDESA SA", protocolo tomo 105, ps. 159/166).

(137) Para que exista tutela judicial efectiva, la revisión judicial amplia en una instancia judicial ordinaria debe brindar la posibilidad de
debatir todas las cuestiones de hecho y de derecho, no siendo suficiente en tal sentido las apelaciones limitadas o la sola posibilidad de
interponer recurso extraordinario (Sesín, Domingo J., "Órganos de justicia electoral: naturaleza jurídica, ubicación institucional y régimen
jurídico", JA 2005-IV- 1367, ap. IV, específicamente p. 1374; Gordillo, Agustín, Tratado de Derecho Administrativo, t. 1, Parte General,
Buenos Aires, Fundación de Derecho Administrativo, 2003, p. IX-22/23.

(138)Bianchi, Alberto B., "Reflexiones sobre el caso 'Ángel Estrada' y sus efectos en la jurisdicción arbitral", ED Administrativo, 2005, p.
487, ap. 4 in fine.

(139) CN Cont. Adm. Fed. en pleno, 13/7/2011, "Edesur SA v. Ente Regulador de la Electricidad", LL 2011-E-360; La Ley Online cita
AR/JUR/43806/2911; JA 2012-I.

(140)Bidart Campos, Germán, "El Derecho a la Jurisdicción en Argentina", ED 11-954, específicamente, p. 958.

El derecho constitucional presenta el derecho a la jurisdicción, no sólo como el acceso a los tribunales de justicia, sino también como la
obtención de una resolución o sentencia justa (o constitucional), lo que importa que sea en el tiempo debido (Salvadores de Arzuaga, Carlos
I., "El derecho a la jurisdicción", LL 1993-C-398, ap. II in fine).

El derecho de defensa en juicio no sólo requiere que a toda persona se le otorgue la oportunidad de ser oída y la posibilidad cierta, adecuada
y concretamente efectiva, de ofrecer y producir las pruebas en que funda sus derechos, sino también la de obtener una sentencia que sea la
derivación razonada del derecho vigente con relación a los hechos comprobados en el proceso (CS Santa Fe, 4/6/1997, LL Rep. año 1998-918,
nº 6).

(141)CSJN, 8/8/1989, LL 1989-E-353; Morello, Augusto M., "El Proceso Justo", LL 1990-C, 808.

(142)Bourguignon, Marcelo, "El debido proceso. Garantía constitucional", LL 1983-D, 1144, ap. IV.1.6; De Pina, Rafael, "Principios de
Derecho Procesal Civil", 2ª ed., México, 1957, p. 145, citado por Reimundín: "Los conceptos de pretensión y acción en la doctrina actual", p.
110. Conf. Podetti, Teoría y Técnica del Proceso Civil y Trilogía Estructural de la Ciencia del Proceso Civil, ps. 377/378.

Considera este último autor que el ejercicio de la acción corresponde al individuo (actor, demandado y tercerista) y al Estado. Unos y otros
tienen facultades integrantes de ese todo complejo y dinámico que es el derecho de acción y del ejercicio coordinado de esas diversas
facultades, surge la materialización del proceso, que desemboca en la sentencia. Y agrega luego: observando el desarrollo del proceso, estas
diversas facultades comprenden: una pretensión a un bien de la vida (conexión del derecho material con el derecho de acción), una etapa
dinámica inicial o sea la facultad de pedir protección jurídica, las subsiguientes de peticionar al poder jurisdiccional para que el proceso sea
instruido y fallado en todas sus instancias y la sentencia cumplida y el ejercicio de las facultades atribuidas al juez para instruir el proceso,
subsumir los hechos probados en el derecho sustancial en la sentencia y hacer que ésta sea cumplida, actuando el derecho procesal y material
(Podetti, Ramiro, Teoría y Técnica del Proceso Civil"ps. 376/378).

(143)Bourguignon, Marcelo, "Igualdad formal", LL 1983-D-1144/1153.

(144)Bidart Campos, Germán, "El derecho a la Jurisdicción en la Argentina", ED 11-954, específicamente p. 958.

Dice Morón Palomino que el derecho de acción, al ser un derecho al proceso jurisdiccional, alcanza no a uno sino a todos los actos que lo
integran. Defendemos, pues, una concepción o idea que puede llamarse dinámica de la acción (Morón Palomino, Manuel, Derecho Procesal
Civil (Cuestiones fundamentales), Marcial Pons, Madrid, 1993, p. 145).

(145) Alcalá Zamora y Castillo, "Enseñanzas y sugerencias acerca de la acción" en Estudios de Derecho Procesal, p. 799, citado por
Reimundin, Ricardo, Los conceptos de pretensión y acción en la doctrina actual, Zavalía, Buenos Aires 1966, p. 110; y por Morón Palomino,
Manuel, Derecho Procesal Civil (Cuestiones fundamentales), Marcial Pons, Madrid, 1993, p. 145.

(146) Bidart Campos, Germán, "Nota a fallo de la CSJN", 25/8/1983, ED 106-227.

(147)CSJN, 20/9/2005, "Casal", Fallos 329:3399, LL 2005-E-257; JA 2005-IV-734.

Ver también Kielmanovich, Jorge L., "La doble instancia y la Convención Americana sobre Derechos Humanos", LL, revista del 26/4/2006;
Belluscio, Augusto C., "El régimen procesal penal nacional y la doble instancia", LL revista del 7/5/2007.
(148) CN Fed. Cont. Adm., sala II, 22/5/2001, Rep. LL 2001-1809, nº 85, y DJ, 2001-3-818.

La garantía de recurrir el fallo ante el juez o tribunal superior establecida en el art. 8º, apart. 2º, inc. h) de la Convención Americana Sobre
Derechos Humanos lo es para los procesos criminales (del dictamen del Fiscal que la Cámara hace suyo) (CNCom., Sala E, 8/11/2000, LL
2001-E-842, 43.373-S, y DJ 2001-2-718).

No resulta aplicable en materia electoral el art. 8º, punto 2, inc. h) del Pacto de San José de Costa Rica, pues el mismo se refiere a los
derechos que tienen las personas inculpadas de delito (CNElec., 8/6/1999, LL 2000-D-864, 42.853-S).

(149)Sagués, Néstor P., Elementos de Derecho Constitucional, t. 2, Buenos Aires, Astrea, 2003, p. 788; Bidart Campos, Germán J., Manual
de la Constitución Reformada, Ediar, Buenos Aires, t. II, 2005,ps. 331/332.

(150)CSJN, 3/8/1960, Fallos 247:219; Íd., 29/8/1960, Fallos 247:540; Íd. 3/7/1963, "Diez, Liberto J.", Rep. ED 1-578, nº 31 y ED 6-31.

(151)CSJN, 17/11/1983, Rep. ED 18-267, nº 63, y ED 107-431; íd., 10/12/1981, "Loza", Fallos 303:1929; íd., 18/6/1985, "Bonorino Peró",
Fallos 307:966 Rep. ED 19-408, nº 111, y ED 114-274; íd. 25/8/1998, ED 184-61. Conf. Sagüés, Néstor P., Elementos de Derecho
Constitucional, t. 2, Astrea, Buenos Aires, 2003, p. 788.

(152)CSJN, 25/8/1983, "Brussino, Francisco", ED 106-227. Conf. Bidart Campos, Germán J., Manual de la Constitución Reformada, t. II,
Ediar, Buenos Aires, 2005,ps. 332.

(153)CSJN, 15/7/2003, "Municipalidad de Gualeguaychú v. Frigorífico Gualeguaychú SA", Fallos 326:2380, con cita de Fallos 308: 490 y
311: 2478.

(154) Reichman, Matías, "La garantía judicial de recurrir las sentencias ante un juez o tribunal superior", Suplemento Doctrina Judicial
La Ley 2012 (septiembre), 1/9/2012, 1.

(155) CIDH, "Caso Tribunal Constitucional v. Perú" del 31/1/2001, serie C, nº: 71. En igual sentido "Caso Baena, Ricardo y otros v. Panamá"
del 2/2/2001, serie C, nº: 72.

(156)CSJN, 10/4/2007, "Marchal, Juan s/apelación", Fallos 330:1427.

(157) CIDH, 23/11/2012, caso "Mohamed v. Argentina", LL 2013-A, 293, citado por Gómez, Claudio, "El derecho a la doble instancia en
la Convención Americana de Derechos Humanos", LL 14/2/2013, 6.

(158)Bidart Campos, Germán, "El Derecho a la Jurisdicción en Argentina", ED 11-954, específicamente p. 958. Ver también Morello,
Augusto M., "El acceso efectivo a la jurisdicción exige derribar barreras" JA 1990-IV-229.

(159)Bidart Campos, Germán, "El derecho a la Jurisdicción en Argentina", ED 11-954, específicamente p. 968.

(160)CSJN, 29/9/1988, "Moltedo v. Municipalidad de Pinamar", Fallos 308:1832 considerando 8, citado por Morello, Augusto M. "El
proceso justo", LL 1990-C-808, y nota 11; "El proceso justo", 1994, p. 230.

(161)CSJN, 4/11/1975, "Gatto, Horacio v. Fermata Argentina SRL", Fallos 293:362; Íd. 23/12/1976, "Aldo Asseo de Choc", Fallos 296:691;
Íd. 23/12/1980, "Oilher v. Arenillas", Fallos 302:1611; citados por Morello, Augusto M., "El Proceso Justo", LL 1990-C-808 y nota 20.

(162)CSJN, 13/8/1985, "Alberto Miani", Fallos 307:1313.

(163) Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 19/9/1999, "Palacios, Narciso —Argentina—", LL 2000-F-595, con nota de
BOTASSI, Carlos A.

(164)Fernández Balbis, Amalia, "El acceso a la justicia como derecho constitucional y los aportes del actual derecho procesal", ED 256, p.
1.

(165) CJ Salta, 27/2/2006, "Salgado v. Provincia de Salta", t. 102, ps. 639/646; Íd., 27/2/2006, "Chambi v. Provincia de Salta, t. 102, ps.
581/592; Íd. 24/2/2006, "Bazán v. Provincia de Salta", t. 102, ps. 397/404.

(166)Valcarce, Arodín, "El Derecho a la Jurisdicción y el Acceso a la Justicia", JA 1996-I-737, ap. IV, a).

(167) C. Apel. Civ. Com. Salta, Sala V, 11/6/1985, "Chauque v. Albornoz", Protocolo año 1985, p. 505, citado por Loutayf Ranea, Roberto
G. - Montalbetti de Marinaro, María Cristina, Código Procesal Civil y Comercial de la Provincia de Salta, t. II, Ediciones Noroeste Argentina,
Salta, 1994, p. 34, nº 113.

(168)Fernández Balbis, Amalia, "El acceso a la justicia como derecho constitucional y los aportes del actual derecho procesal", ED 256,
18/3/2014, p. 1.
(169) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 28/11/2002, "Cantos v. República Argentina", LL 2003-C-2.; Conf. TSJ Córdoba, Sala
electoral, de comp. originaria y asuntos institucionales, 12/5/2011, "Sindicato Unión Obreros y Empleados Municipales de la Ciudad de
Córdoba v. Provincia de Córdoba", LL Córdoba 2011-992; La Ley Online cita AR/JUR/23831/2011. De los Santos, Mabel A., "El debido
proceso ante los nuevos paradigmas", LL 2012-B-1062, ap. II.

(170)Fernández Balbis, Amalia, "El acceso a la justicia como derecho constitucional y los aportes del actual derecho procesal", ED 256,
18/3/2014, p. 1.

(171) CNCiv., Sala L, 19/7/2007, "Mezaib Karima v. Las Artes Endurance Country Club", La Ley 7/11/2007, 11, DJ 2008-II-2066.

(172)Valcarce, "El Derecho a la Jurisdicción y el Acceso a la Justicia", JA, 1996-I-737, ap. VI, a).

El libre acceso a la justicia, si bien comienza con la demanda se proyecta hasta la sentencia. La garantía del debido proceso se quebranta con
la demora sin término de la resolución judicial (BOURGUIGNON, Marcelo, "El debido proceso. Garantía constitucional", LL 1983-D-1144,
apg. IV.l.6.).

(173)Valcarce, "El Derecho a la Jurisdicción y el Acceso a la Justicia", JA 1996-I-737, ap. VI, a): Berizonce, Roberto O., "Necesidad de una
ley nacional de bases sobre garantías del efectivo acceso a la Justicia", JA 1989-IV-770, ap. III; Efectivo acceso a la Justicia, Lib. Edit.
Platense, La Plata, 1987, ps. 129-134; Morello, Augusto M., "El conocimiento de los derechos como presupuesto de la participación (el derecho
a la información y la realidad social)", ED 124-942.

(174) Pignocchi, José L., "El principio de igualdad a la luz de las Reglas de Brasilia sobre acceso a la justicia de personas en condición de
vulnerabilidad (con especial referencia a los pueblos indígenas de la Región del Chaco)", LL Suplemento de Doctrina Judicial Procesal 2011
(noviembre) 8.

(175) No puede sostenerse genéricamente que la tasa de justicia obste a la posibilidad de acceder a la jurisdicción, toda vez que la falta de
ingreso del tributo no impide la prosecución del trámite normal del juicio (art. 11 de la ley 23.898) (CSJN 7/7/1998, "Tierra del Fuego,
Antártida e Islas del Atlántico Sur, Provincia de v. Estado Nacional", Fallos 321:1888; ED Rep. 33-258, nº 8).

Giuliani Fonrouge considera que la actividad judicial es una actividad esencial del Estado que no debe ser costeada con tasas retributivas y
que las llamadas tasas de justicia son la parte más anacrónica del régimen tributario, tanto por su contenido como por su estructuración (Giuliani
Fonrouge, Carlos, Derecho Financiero, t. II, Depalma, Buenos Aires, 1963, p. 812; criterio que comparte BADENI, Gregorio: "El depósito
previo para la sustanciación del recurso de queja por denegación del extraordinario", LL 2007-B-1241).

No puede decirse que la tasa de justicia desconozca la inviolabilidad de la defensa en juicio si no se ha probado ni siquiera insinuado la
imposibilidad de sufragarla (CSJN, 7/7/1998, "Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, Provincia de v. Estado Nacional", Fallos
321:1888; ED Rep. 33-259, nº 16).

Existe desconocimiento de la inviolabilidad de la defensa en juicio si ésta se condiciona al previo pago de las sumas cualquiera sea el
fundamento con que ellas son exigidas (del voto en disidencia del Dr. Vázquez) (CSJN, 8/8/1996, "Urdiales, Susana Magdalena v. Cossarini,
Franco", Fallos 319:1389; ED Rep. 31-222, nº 23; Íd. 26/11/1996, "Marono, Héctor v. Allois, Verónica D.", Fallos 319:2805; LL 1998-C-950
y ED Rep. 31-222, nº 25).

(176) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 28/11/2002, "Cantos v. República Argentina", LL 2003-C-2. Conf. Bidart Campos,
Germán, Tratado elemental de Derecho Constitucional argentino, t. I, 1989, p. 468.

(177)CSJN, 8/8/1996, "Urdiales, Susana v. Cossarini, Franco", Fallos 319:1389; LL 1997-A-43; DJ 1997-I-583.

(178) Bidart Campos, Germán J., "¿Hay que pagarle al Estado para que administre justicia? (Repensando la "tasa" de justicia)", LL 2003-B-
1467.

Al derecho que implica su ejercicio, dice Podetti, va indisolublemente unido el deber de ejercerlo. Sea cualquiera la posición de quien lo
estudie, dentro de los conceptos extremos, individualista o estatal, el ejercicio del poder jurisdiccional es un derecho del Estado, pero es también
un deber ineludible: el juez no puede negarse a administrar justicia porque para eso fue creado y porque cumple uno de los fines del Estado
mismo (Podetti, Ramiro, "Trilogía estructural de la Ciencia del Proceso Civil", en Revista de Derecho Procesal, Director Hugo Alsina, Buenos
Aires., Ediar, 1944, Primera Parte, ps. 113 y ss., específicamente ps. 122/123).

(179) La Acordada 2/2007 de la Corte Suprema de Justicia de la Nación elevó el monto del depósito a la suma de $ 5.000.

(180)CSJN, 7/8/1980, "Banet v. Rossi", Fallos 302:851.

(181) Giuliani Fonrouge dijo que la actividad judicial es una actividad esencial del Estado que no debe ser costeada con tasas retributivas y
que las llamadas tasas de justicia son la parte más anacrónica del régimen tributario, tanto por su contenido como por su estructura. Y agrega
luego que "es corriente que los autores atribuyan el carácter de tasa a los gravámenes que afectan las actuaciones judiciales y hasta vean en
ellos la retribución de una actividad jurisdiccional desarrollada por el Estado y que concierne especialmente al ciudadano como actor, como
demandado o como procesado ... Por ello entiende que se trata de un impuesto, y no de una tasa. Y añade: "que la actividad judicial constituye
una función esencial del Estado como la educación y la salud pública o como la policía y la defensa de la Nación, y que está organizada por
razones de interés social y no individual; se trata"en suma, del impuesto a las actuaciones judiciales; pero, aun considerándolo como tasa, no
puede hablarse de servicios divisibles o indivisibles —que estudia la ciencia de las finanzas— ni del logro de un beneficio personal, y menos
de una relación entre costo y gravamen" (Giuliani Fonrouge, Carlos, Derecho Financiero, t. II, Depalma, Buenos Aires 1983, ps. 812 y 966).
(182)Badeni, Gregorio, "El depósito previo para la sustanciación del recurso de queja por denegación del extraordinario", LL 2007-B-1241.
Este autor analiza si el depósito en cuestión es una caución, una sanción judicial, un arancel, una tasa de justicia o un impuesto judicial.

(183) Tribunal Superior de la ciudad Autónoma de Buenos Aires, 17/2/2006, "Gómez, José Camilo y otros v. Ciudad de Buenos Aires", La
Ley Online AR/JUR/154/2006.

(184) Sagüés, Néstor P., Elementos de Derecho Constitucional, t. 2, Astrea, Buenos Aires 1993, p. 334. CSJN, 7/5/1987, "Martino v.
Martínez de Flores", Fallos 310:908, Íd. 10/10/1989, Fallos [Link] Íd. 12/6/1963, "Aaron Berzel v. Provincia de Santa Fe", Fallos 256:38;
Íd. 31/5/1944, "C.O.I.N.O.R. Compañía Industrial Norteña", Fallos 198:463.

Como principio, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha admitido la validez constitucional del pago previo de los tributos y recargos
pertinentes como requisito a la intervención judicial (CSJN, 12/6/1963 "Aaron Berzel v. Provincia de Santa Fe", Fallos 256:38; Íd. 19/7/1961,
Fallos 150:208; Íd. 27/6/1978, LL 1978-D-117; Íd. 8/6/1967, "Elena Frank v. Ramón Ces", Fallos 267:120; Íd. 26/4/1968, "Ippoliti de Marti",
Fallos 270:259).

La exigencia de depósitos previos como requisito para la viabilidad de recursos de apelación no es, como principio, contraria a las garantías
constitucionales de igualdad y defensa en juicio (CSJN, 27/6/1978, LL 1978-D-117).

La ley —ha señalado también la Corte Suprema— contempla el caso del litigante que carece de dinero, fijando el procedimiento para
eximirlo de la obligación de depositar, circunstancia por la que también considera que tal requisito no es contrario a la garantía de igualdad
(CSJN, 24/7/1929, Fallos 155:95; Íd. 2/3/1945, Fallos 201:95; 19/8/1957, "José Tomás v. Benigno Cantero", Fallos 238:418; Íd. 8/6/1967,
"Elena Frank v. Ramón Cés", Fallos 267:120).

La exigencia de depósitos previos como requisito para la viabilidad del recurso de apelación no es contraria a la garantía constitucional de
la defensa en juicio. En el caso, imponer al locatario que acredite el pago de los alquileres vencidos o su depósito en el juicio como requisito
de la interposición del recurso no es una exigencia irrazonable ni por su naturaleza ni por su monto (CSJN, 15/10/1974, "Seidedos v. Tarico",
Fallos 290:59).

(185)CSJN, 10/10/1985, DT 1986-A-229, citado por Isola, Viviana E., "Defensa en juicio", LL 1989-E-675, nº 152.

(186)CSJN, 25/4/1973, "Adelphia SA", Fallos 285:302; Rep. ED 7-340, nº 27; ED 50-145.

(187)CSJN, 30/6/1999, "Agropecuaria Ayuí SA", Fallos 322:1284; LL 2000-C-97; Rep. ED 34-248, nº 18; Íd. 30/4/1974, "SA Adelphia",
Fallos 288:287; Íd. 25/2/1975, "Emilio Barbeito y Cía"., Fallos 291:99; Íd. 29/6/1976, "SRL Lepori", Fallos295:240; Íd. 30/6/1999,
"Agropecuaria Ayui SA", Fallos 322:1284; LL 2000-C-97, fallo nº 100.256.

Son constitucionalmente válidas las normas que supeditan la intervención judicial al depósito previo de las multas aplicadas por la autoridad
administrativa cuando como en el caso, no se invoca siquiera que dicho requisito importa un obstáculo insalvable para la habilitación de
aquellas (CSJN, 11/5/1976, Fallos 294:343).

Sobre el tema, ver también Nathan Licht, Miguel, "La potestad sancionatoria de la Administración y su control judicial de cara a la realidad
normativa", ED 193-703.

(188)CSJN, 21/12/1989, "Microómnibus Barrancas de Belgrano", Fallos 312:2490.

(189)CSJN, 30/6/1999, "Agropecuaria Ayui SA", Fallos 322:1284; LL 2000-C-97, fallo nº 100.256.

(190) CNFed. Cont. Adm., sala IV, 28/12/1998, "Frimca SA", ED 182-1070; LL 2001-A-342, con nota de Fernández Lamela, Pablo M.,
"El solve et repete es inconstitucional"; también de Litch, Miguel N., "El efecto contaminante del solve et repete sobre pautas propias del
Derecho Administrativo sancionador", LL 2000-C-98.

(191)Litch, Miguel N., "El efecto contaminante del solve et repete sobre pautas propias del Derecho Administrativo sancionador", LL 2000-
C-98.

(192)CSJN, 9/3/2010, "Compañía de Circuitos Cerrados v. AFIP-DGI", Fallos 333:161; conf. CFed. Apelaciones de Salta, 18/6/2010,
"Caballero, Luis Alberto v. AFIP-DGI".

(193)CSJN, 4/2/1999, "Gorordo Allaria de Karlj v. Estado Nacional", Fallos 322:73; LL 1999-E-186; ED 181-960.

(194)Gordillo, Agustín, Tratado de Derecho Administrativo, t. 4, Fundación de Derecho Administrativo, Buenos Aires, 2004, p. XII-4.

(195) CN Fed. Cont. Adm., sala II, Rep. ED 10-446. Conf. Gordillo, Agustín, Tratado de Derecho Administrativo, t. 4, Fundación de Derecho
Administrativo, Buenos Aires, 2004, p. XII-9.

(196)CNCont. Adm. Fed., sala V, 28/10/1998, "Ranone, Carlos v. PEN"; C. Apel. CC. Salta, Sala III 5/4/2005, "Municipalidad v. Justicia",
Expte. nº 112643, Protocolo año 2005, p. 291; CFed. Apelaciones Salta, Expte. nº 221/07, "Frigorífico Bermejo SA v. AFIP - Dirección
General Impositiva s/ Medida Cautelar - Inconstitucionalidad"; Íd. 5/9/2008, Expte. nº 184/08, "Benencia, Hugo Javier v. Ejército Argentino
s/ daños y perjuicios".
(197)CSJN, 22/2/1977, "Congregación Evangélica Alemana v. Gobierno Nacional", Fallos 297:37; ED 72-189; C. Apel. CC. Salta, Sala III,
22/10/2003, Protocolo año 2003, p. 982.

(198) CNFed., Sala II, Cont. Adm., 3/6/1976, Rep. ED 10-446, nº 4.

(199) CNFed. Cont. Adm., Sala III, 18/4/2011, LL 2011-D-469; La Ley Online cita AR/JUR/30115/2011.

(200)CSJN, 24/10/2006, "Sucesores de Abel Wellig v. Municipalidad de Puerto Vilelas", Fallos 329:4430; La Ley
Online AR/JUR/10290/2006.

(201) TS Costa Rica, Sala Constitucional, 15/3/2006, citado por Cassagne, Juan Carlos, "La transformación del procedimiento administrativo
y la LNPA", LL 2011-C, p. 833.

(202)CSJN, 9/8/1988, "Siderman v. Nación Argentina", Fallos 311:1372; Sagüés, Néstor P., Elementos de Derecho Constitucional, t. 2,
Astrea, Buenos Aires 1993, p. 477.

La doctrina nacional como la extranjera coinciden en fundamentar el beneficio de litigar sin gastos en las garantías constitucionales de
igualdad y defensa en juicio; es que, en efecto, la carta de pobreza tiende a hacer efectiva la igualdad real frente a la desigualdad económica
de las partes, pues aunque todos somos iguales ante la ley, la ley no es lo único que rodea al hombre ni el solo móvil de sus actos; el hombre
con la igualdad jurídica no come ni da de comer a su familia; por ello, si no se facilitara el acceso a la justicia de los menos pudientes quedaría
comprometida la defensa en juicio garantizada por la Constitución Nacional (SC Mendoza, Sala I, 10/12/1991, ED 153-713, con nota de Bidart
Campos, Germán).

El instituto de beneficio de litigar sin gastos tiende a asegurar que la posibilidad de que la parte que se encuentra en una posición económica
difícil como para afrontar los gastos derivados de un proceso judicial, no se vea impedida de hacer valer sus derechos; procurando así hacer
realidad la garantía de defensa en juicio y el principio de igualdad ante la ley (CNCiv., Sala B, 15/7/1992, ED 152-157).

(203)Díaz, Clemente, Instituciones de Derecho Procesal, Parte General, t. I, Abeledo Perrot, Buenos Aires 1968,ps. 220/221. Dice este autor
que poco remedia el Estado la cuestión creando un beneficio para litigar sin gastos, "cuando esencialmente el problema encontraría solución
más acertada en la moderación fiscal y arancelaria: ¿O es que se deben cantar loas al Estado por haber creado un beneficio para los pobres
cuando primero creó los pobres?".

(204) Palacio, Lino E., Derecho Procesal Civil, t. III, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1976, p. 477; Íd., t. III, 2011, p. 398.

(205)Berizonce, Roberto O., "Necesidad de una ley nacional de bases sobre garantías del efectivo Acceso a la Justicia", JA 1989 -IV- 779,
apartado II.

(206)Salgado, José María, "Aristas del caso Halabi", La Ley Online: AR/DOC/3405/2009.

(207)CSJN, 7/7/1992, "Ekmedejian v. Sofovich", Fallos 315:1492; LL 1992-C-543.

(208)CSJN, 20/6/2006, "Mendoza, Beatriz y otros v. Estado Nacional y otros", Fallos 329:2316; LL 2006-D, 88.

(209)CSJN, 24/2/2009, "Halabi, Ernesto v. PEN", s/amparo", Fallos 332:111.

(210)Salgado, José María, "Aristas del caso Halabi", La Ley Online AR/DOC/3405/2009, nota 16.

(211)CNCom., sala B, 18/13/2013, "Consumidores Financieras Asociación Civil v. Antártica Cía. Argentina de Seguros", ED del
21/3/2014, p. 6.

(212)CSJN, 21/8/2013, "Padec v. Swiss Medical SA", LL 2013-E-290; Íd., 6/3/2014, "Unión de Usuarios y Consumidores v. Telefónica
Comunicaciones Personales SA", LL revista del 6/5/2014.

(213) Bersten, Horacio, "Legitimación de las asociaciones de consumidores y el fallo "Padec v. Swiss Medical", LL 2013-E, 290; Rusconi,
Dante D., "Casos de fraudes a grupos de consumidores", LL revista del 6/5/2014, comentando el fallo "Unión de Usuarios y Consumidores v.
Telefónica Comunicaciones Personales SA", de fecha 6/3/2014, fallo nº 117.762.

(214) Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires, 25/9/2013, "Álvarez, Avelino v. El Trincante SA s/ daños y perjuicios", LL 30/10/2013, p.
11.

(215)Ver el artículo de Fernández Balbiz, Amalia, "El acceso a la justicia como derecho constitucional y los aportes del actual derecho
procesal", ED 256 del 18/3/2014, p. 1.

(216)Díaz, Clemente, Instituciones de Derecho Procesal. Jurisdicción y Competencia, t. II-A, p. 19; Gozaíni, "Significado y alcance de las
teorías que explican la función jurisdiccional", LL 1993-A-929, punto 1.
(217)Rosatti, Horacio D., "El debido proceso legal", JA 1985-II-825, y El Derecho a la Jurisdicción antes del Proceso, Buenos Aires,
Depalma, 1984.

(218) CIDH, 12/7/2007, "Cantos v. Argentina", La Ley Online AR/JUR/9354/2007.

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