Acceso a la Jurisdicción y Derechos Fundamentales
Acceso a la Jurisdicción y Derechos Fundamentales
I. Introducción
Para que haya debido proceso legal hace falta, ante todo, que el justiciable pueda acceder
a un órgano judicial en demanda de justicia(1), sin restricciones personales ni económicas(2).
Por eso se ha señalado, que el derecho de libre acceso a la jurisdicción es la primera
consecuencia del derecho a la tutela judicial efectiva y el paso previo y necesario para la
prestación jurisdiccional: no es posible obtener la prestación jurisdiccional y la solución que
ponga fin al proceso, si por algún motivo no se puede acceder primero al órgano judicial (3).
Lo ideal, dice Morello, es que ningún justiciable vea frustrados los derechos cuya tutela
reclama a la Jurisdicción sólo por razones procesales insuficientes o el incumplimiento de
trámites rituales(13). Por ello considera —y destaca— que la Corte Suprema ha receptado el
desafío por el que se debe reconducir un sistema conceptualista, apegado más a los medios
que a los fines, para convertirlo en otro que, con el menor costo, en el tiempo
razonablemente más rápido y con las garantías efectivas de la audiencia, prueba y recursos,
además y principalmente, "sea facilitador de un acceso real a la jurisdicción, y a que ella
desemboque en un resultado valioso y justo sobre el fondo del litigio" (14).
En la doctrina española se define a la tutela judicial efectiva diciendo que: "es el derecho
fundamental que toda persona tiene a la prestación jurisdiccional, es decir a obtener una
resolución fundada jurídicamente, normalmente sobre el fondo de la cuestión que en el
ejercicio de sus derechos e intereses legítimos haya planteado ante los órganos
judiciales"(15).
Cabe admitir que en los últimos años, ya por obra de la jurisprudencia o reformas
constitucionales y legislativas, hubo una expansión del acceso a la justicia a través del
reconocimiento de nuevas "legitimaciones", que ha permitido que dicho acceso resulte útil y
eficaz, no sólo para el individuo sino también para los grupos y la sociedad en general. Y
destaca Morello en tal sentido las nuevas legitimaciones que la reforma constitucional de
1994 ha reconocido al Defensor del Pueblo y a las Asociaciones intermedias que "propenden
a esos fines" para la protección de los intereses colectivos(17).
Para hacer posible el derecho a acceder a la jurisdicción, el Estado debe organizar todo
lo necesario para que los individuos puedan llegar y plantear sus reclamos ante un órgano
jurisdiccional, y obtener una respuesta oportuna y adecuada a su planteo. En tal sentido,
debe: a) establecer el conjunto de órganos encargados de ejercer la función jurisdiccional
(jueces), que constituyen lo que se denomina "administración de justicia"(18); b) asignarles
competencia; y c) dictar las normas de procedimiento que reglamenten las vías procesales
idóneas para la sustanciación de las pretensiones de los individuos; es decir, que aseguren
un proceso justo(19).
Apunta José E. Herrera que más allá de formalismos y adjetivaciones, "la existencia del
Derecho se da y así se lo vivencia, cuando éste puede hacerse efectivo, cuando cobra vida,
tanto cuando se cumple y acata voluntaria y espontáneamente como es normal que
acontezca, como cuando, ante un eventual incumplimiento o violación, existe la seguridad
plena para el justiciable de poder ocurrir ante una Justicia que le garantiza la vigencia y
eficacia de su derecho ante una situación concreta"(20).
La garantía del debido proceso legal exige que la posibilidad de ocurrir ante un órgano
jurisdiccional en procura de justicia sea real y efectiva(21), y no meramente declamatoria(22).
Si no existe esa posibilidad, el individuo se encuentra en estado de privación de justicia(23).
Como señala Carlos S. Nino, "no hay un acceso efectivo a la Jurisdicción si no hay
tribunales fácilmente asequibles para el ciudadano afectado, tanto desde el punto de vista
de la ubicación geográfica, del costo de actuar frente a ellos, de la disponibilidad de
asistencia letrada gratuita cuando ella es necesaria y se carece de posibilidades de
solventarla, y de la eficiencia del procedimiento"(27).
El "estado de derecho" exige no sólo que los ciudadanos tengan garantizado el derecho
a la jurisdicción y a la defensa en juicio, sino también que el acceso a tales garantías esté
gobernado por el postulado de la celeridad(31). En tal sentido, y en particular en materia
penal, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha señalado que la garantía del debido
proceso (art. 18 de la Constitución Nacional) incluye el derecho de todo imputado a obtener
un pronunciamiento que, definiendo su posición frente a la ley y a la sociedad, ponga término
del modo más breve posible a la situación de incertidumbre y a las restricciones que
comporta el enjuiciamiento penal, aun sin prisión preventiva efectiva(32); y este criterio fijado
por la Corte Suprema en el caso "Mattei, Ángel"(33) en el año 1968 es el que ha orientado su
jurisprudencia y de otros tribunales inferiores (34). También ha señalado el Alto Tribunal que
el derecho humano a un procedimiento judicial gobernado por el principio de celeridad, sin
dilaciones indebidas, está íntimamente vinculado con el concepto de denegación de
justicia que se configura no sólo cuando a las personas se les impide acudir al órgano judicial
para la tutela de sus derechos —derecho a la jurisdicción— sino también cuando la
postergación del trámite del proceso se debe, esencialmente a la conducta irregular del
órgano judicial en la conducción de la causa, que impide el dictado de la sentencia definitiva
en tiempo útil(35). Una tardanza inusitada, dice Herrendorf, "es, sustancialmente, una
denegación de justicia"(36).
El principio de justicia pronta es aplicable a toda clase de proceso. También rige en sede
administrativa(37)—y en particular cuando se trata de sanciones disciplinarias(38)—, y es de
aplicación intensa en el orden previsional(39). Pero es en la esfera penal donde se ha
acentuado su exigencia. La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha dicho que el respeto
a la dignidad del hombre requiere el reconocimiento del derecho que tiene toda persona a
liberarse del estado de sospecha que importa la acusación de haber cometido un delito (40),
y de poner fin a una situación de incertidumbre y, eventualmente de privación de libertad(41);
que existe una violación a la garantía a obtener un pronunciamiento judicial en plazo
razonable si se verifica la existencia de una injustificada demora del proceso hasta el punto
de comprometer las garantías de defensa en juicio y el debido proceso adjetivo (art. 18 de
la Const. Nac. y arts. 7º inc. 5º y 8º inc. 1º de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos), circunstancia agravada cuando es dable presumir que hasta la sentencia final
podía transcurrir un lapso tan prolongado que, por sí solo, irrogaría al procesado un perjuicio
de difícil reparación ulterior (42). Así ha surgido la "doctrina de la insubsistencia de la acción
penal", elaborada pretorianamente por nuestro más alto Tribunal nacional a través de
distintos pronunciamientos(43), que ha aplicado el instituto de la prescripción para poner fin
a procesos que han demorado más de lo razonable(44). En ese sentido se ha dicho que el
principio sentado por la Corte Suprema desde el caso "Mattei" (45), postula que la
desmesurada prolongación de la causa criminal se equipara a una verdadera pena y crea
una situación de padecimiento físico y moral para el individuo, no porque haya delinquido
sino para saber si lo hizo o no, lo cual contraría la garantía de la defensa en juicio que
alcanza al derecho de todo imputado de obtener un pronunciamiento(46). Concretamente se
ha considerado que una demora de aproximadamente 20 años en el trámite de un proceso
penal (ese tiempo había transcurrido desde los hechos investigados hasta el traslado de la
acusación fiscal al defensor) importa "la tergiversación de los contenidos constitucionales
básicos en lo referente a los derechos de la personalidad, vinculados a las declaraciones y
garantías concernientes a la administración de justicia"(47), y una distorsión de los fines de
la pena, que para su eficacia requiere la menor distancia temporal entre el hecho y la
condena(48). Un proceso de duración irrazonable no sólo perjudica al imputado, sino también
al Estado por el dispendio jurisdiccional que ello significa y porque se distorsionan todos los
fines de la pena(49). Y con relación a los delitos de extrema gravedad señaló la Corte que la
Nación tiene el deber de juzgar tales delitos, en particular los que afectan la vida y la
integridad física de las personas, y, también tiene el deber de hacerlo en un plazo razonable,
o sea, en no incurrir en negligencia lesiva del principio de inocencia, deberes ambos que
deben compatibilizarse en la interpretación de la ley 24.390 y su modificatoria 25.430 —
reglamentarias de la garantía del plazo razonable de duración de la prisión preventiva—;
pero también destacó que la interpretación literal de la conjunción de los arts. 1º y 3º de
la ley 24.390descarta la existencia de un plazo legal fatal(50). También ha admitido la Corte
el resarcimiento por daño moral, cuando el "sometimiento a un proceso de una prolongada
e inusitada duración le ha ocasionado al reclamante un padecimiento de esa índole, no ya
por haber delinquido, sino para saber si ha delinquido o no"(51).
Para que se cumpla con el debido proceso, entonces, la sentencia que lo culmine debe
ser oportuna, es decir, la respuesta jurisdiccional —utilizando la expresión de Bidart
Campos— debe llegar a tiempo. Dice este autor que la garantía en cuestión incluye un
aspecto muy importante, cual es el de la duración "razonable" del proceso de acuerdo con
la naturaleza de la pretensión jurídica que se ventila en el mismo: así, cuando la pretensión
es urgente, el proceso debe durar menos —o mucho menos— que cuando no reviste ese
apremio. Y esta exigencia "se funda en la necesidad de que la sentencia que pone fin a ese
proceso se alcance a dictar en tiempo oportuno, y sea capaz de rendir utilidad y eficacia
para el justiciable"(70).
1) Principios generales
La garantía del debido proceso exige también que se dé a los justiciables la posibilidad
suficiente de audiencia, es decir, de ser oídos (82).
Con relación al ámbito civil, señala Alsina que "de acuerdo con el principio constitucional
que garantiza la defensa en juicio, nuestro código procesal ha establecido el régimen de la
bilateralidad, según el cual todos los actos de procedimiento deben ejecutarse con
intervención de la parte contraria. Ello importa la contradicción, o sea el derecho a oponerse
a la ejecución del acto, y el contralor, o sea el derecho a verificar su regularidad" (88).
Este principio de contradicción prescribe que de toda petición que formule una parte debe
hacerse conocer a la otra u otras partes involucradas, y darle la oportunidad de discutirla
antes de dictar la respectiva decisión jurisdiccional(93). Como señala Palacio, en términos
generales, el principio de contradicción "implica la prohibición de que los jueces dicten
alguna resolución o disponga la ejecución de alguna diligencia procesal sin que,
previamente, hayan tenido oportunidad de ser oídos quienes pudieran verse directamente
afectados por tales actos"(94). Su aplicación tiende a concretar la igualdad en el proceso, al
no permitirse que alguna de las partes aparezca en indefensión(95).
La decisión judicial no es fruto de una actividad oficiosa del tribunal, sino que es el
resultado de un proceso como método pacífico y dialéctico de debate entre partes
contrapuestas ante un tercero imparcial(96). Y conforme se ha señalado, cuanto más fuerte
sea la "voz" de las partes en el proceso, más cerca estaremos de una decisión correcta (97).
La vigencia del principio de contradicción sólo requiere brindar a las partes una suficiente
y razonable oportunidad de ser oídos y defenderse. Pero no exige la efectividad de su
ejercicio; por ello no puede invocar indefensión quien, habiendo tenido la oportunidad
adecuada para hacerlo, por omisión o negligencia no ha ejercitado su derecho de
defensa(98).
La garantía del debido proceso no sólo exige la audiencia del particular, sino también del
representante del interés público (Ministerio Público), cuando la ley requiere su
intervención(99).
a) Una citación adecuada: es decir, cuya notificación sea realizada de conformidad a las
disposiciones legales, y por un medio que permita al destinatario tomar conocimiento de la
citación(100). Hay supuestos en que, no obstante respetarse las previsiones legales, éstas
legislan una forma de citación que es inidónea para cumplir con su finalidad (p. ej. citación
mediante cédula colocada en la oficina del tribunal); en estos casos, tal normativa legal
resultaría inconstitucional por conculcar la garantía del debido proceso o defensa en
juicio(101). La citación inadecuada o sin respetar los postulados legales y que no cumple con
la finalidad a que está destinada, resulta nula al igual que los actos procesales
consecuentes(102).
b) Notificación al citado de la demanda o del delito de que se lo acusa: para que pueda
defenderse, debe hacerse conocer al citado el delito de que se lo acusa (si se trata de
asuntos penales(103)) o de la demanda que se formula en su contra (en las cuestiones no
penales). Ello resulta indispensable para que pueda ejercitar eficientemente su derecho de
defensa(104); caso contrario, no sabría de qué defenderse(105).
d) Audiencia, es decir, una razonable oportunidad de ser escuchado. Una ley que privara
de audiencia, ya sea oral o escrita, sería violatoria de la garantía del debido proceso(109).
f) Asistencia letrada. También forma parte de la garantía del debido proceso la posibilidad
de asistencia letrada, es decir, la implementación de un sistema de asistencia jurídica
integral(111). Precisamente, tiende a asegurar una eficaz defensa en juicio la exigencia legal
de defensor (en el caso del fuero penal), o letrado patrocinante (en los asuntos civiles). La
Corte Suprema de Justicia de la Nación, citando al juez Brennan de la Suprema Corte de
los [Link]. ha dicho que "sin el auxilio letrado todas las garantías de un proceso justo
pueden quedar malogradas" (112). La garantía de la defensa en juicio —en materia penal—
ha dicho la Corte Suprema de Justicia de la Nación, lleva implícita la de que quien se
encuentra sometido a enjuiciamiento pueda contar, al menos ante los tribunales de justicia,
con asistencia profesional(113): ello constituye requisito de validez de los procesos criminales,
cuyo incumplimiento determina la nulidad de las actuaciones (114). La defensa en juicio en el
ámbito penal, no se reduce al otorgamiento de facultades para el ejercicio de la defensa,
sino que se extiende, según los casos, a la provisión por el Estado de los medios necesarios
para que el juicio al que se refiere el art. 18 de la Constitución Nacional, se desarrolle en
paridad de condiciones respecto de quien ejerce la acción pública y quien debe soportar la
imputación, mediante la efectiva intervención de la defensa(115). Es que en materia penal, en
que se encuentran en juego los derechos esenciales de la libertad y el honor, deben
extremarse los recaudos que garanticen plenamente el ejercicio del derecho de defensa(116).
Es irrenunciable la defensa técnica, y por ello constituye un deber para los órganos del
Estado proveer de ella a quien no pueda o no quiera ejercitarla (117).
La asistencia letrada forzosa, ha dicho nuestro más alto Tribunal, no altera el principio de
defensa en juicio(118). Pero se ha reconocido el derecho del justiciable de elegir su defensor
o patrocinante: en tal sentido la Corte ha expuesto que "es evidente el derecho de quien
ocurre ante la justicia como actor o demandado, querellante o acusado, para elegir la
persona que, llenando las condiciones legales, produzca en su nombre los alegatos y
pruebas pertinentes a los fines de poner de manifiesto el derecho que le asiste, conforme a
la garantía de la libre defensa en juicio(119).
Las partes deben tener paridad de asistencia letrada, lo que supone un servicio eficiente
de defensa pública para quienes no pueden contratarla privadamente(120).
La Corte Interamericana de Derechos Humanos consideró que el derecho a ser oído está
vigente para todas las personas, incluidos los niños y las niñas en los procesos en que se
determinen sus derechos, el que debe ser interpretado a la luz del art. 12 de la Convención
sobre los Derechos del Niño, el cual contiene adecuadas previsiones con el objeto que el
interés del niño se ajuste a las condiciones de éste y no redunde en perjuicio de su interés
genuino. En similar sentido el art. 7º de la Convención sobre los Derechos de las Personas
con Discapacidad establece expresamente "que los niños y las niñas con discapacidad
tienen derecho a expresar su opinión libremente sobre todas las cuestiones que les afecten,
opinión que recibirá la debida consideración teniendo en cuenta su edad y madurez, en
igualdad de condiciones con los demás niños y niñas, y a recibir asistencia apropiada con
arreglo a su discapacidad y edad para poder ejercer ese derecho"(121). En el mismo caso
"Furlan" la Corte precisó que la "CDPD" fija los alcances del derecho al acceso a la justicia
y las obligaciones que los Estados deben asumir frente a las personas con discapacidad,
debiendo asegurarse que puedan acceder a la jurisdicción en igualdad de condiciones con
los demás, incluso mediante ajustes de procedimientos adecuándolos a la edad para facilitar
el desempeño de las funciones efectivas de estas personas, como participantes directos e
indirectos, incluida la declaración como testigos, en todos los procedimientos judiciales,
comprendiendo la etapa de investigación y otras etapas preliminares; asimismo, aseveró el
Tribunal, que en aras de facilitar el acceso a la justicia de las personas en condición de
vulnerabilidad, es relevante la participación de otras instancias y organismos estatales que
puedan coadyuvar en los procesos judiciales con el fin de garantizar la protección y defensa
de los derechos de dichas personas. En ese sentido, la Convención de Naciones Unidas
sobre Personas con Discapacidad contempla los alcances del tema en examen, indicando
que los Estados partes asegurarán que las personas con discapacidad tengan acceso a la
justicia en igualdad de condiciones con los demás, incluso mediante ajustes de
procedimiento y adecuados a la edad para facilitar el desempeño de funciones efectivas de
esas personas como participantes directos e indirectos. Además, prosigue la Corte en el
caso "Furlan", debe reiterase que si bien los derechos procesales y sus correlativas
garantías procesales son aplicables a todas las personas; en el caso de los niños y las niñas
el ejercicio de aquellos supone, por las condiciones especiales en las que se encuentran los
menores de edad, la adopción de ciertas medidas específicas con el propósito de que gocen
efectivamente de dichos derechos y garantías. Estas medidas deben ser determinadas por
cada Estado parte y pueden incluir una representación directa o coadyuvante, según sea el
caso del menor de edad, con el fin de reforzar la garantía del principio del interés superior
del menor. Asimismo, concluye el Tribunal, que habrá casos en los que, dependiendo del
tipo de deficiencias de la persona, en que sea conveniente que el individuo con discapacidad
cuente con la asesoría o intervención de un funcionario público que pueda ayudar a
garantizar que sus derechos sean efectivamente protegidos. Por eso declaró la Corte que
la falta de notificación e intervención del Asesor de Menores e Incapaces durante el proceso
(art. 59 del CCiv.) mientras el joven S.F. era menor de edad y, posteriormente, cuando se
tuvo conocimiento de su discapacidad, impidió la adecuada realización del derecho de
garantía judicial, de defensa en juicio, de acceso a la justicia y debido proceso legal(122).
VII. Recurso Judicial sencillo, rápido y efectivo contra actos que violen los
"derechos fundamentales" de las personas
Como advierte Bidart Campos, aunque sin perfilar los rasgos típicos procesales del
amparo, propios de cada derecho interno, el Pacto de San José de Costa Rica alberga
innominadamente en el art. 25 un proceso judicial que da cabida al amparo(123).
En otro precedente vinculado a una indemnización de daños y perjuicios que dio lugar a
responsabilidad del Estado Argentino, la Corte Interamericana de Derechos Humanos
sostuvo que en los términos del art. 25 de la Convención es posible identificar dos
responsabilidades concretas del Estado: La primera, consagrar normativamente y asegurar
la debida aplicación de recursos efectivos ante las autoridades competentes que amparen
a todas las personas bajo su jurisdicción contra actos que violen sus derechos
fundamentales o que conlleven a la determinación de los derechos y obligaciones de estas.
La segunda garantizar los medios para ejecutar las respectivas decisiones y sentencias
emitidas por tales autoridades competentes, de manera que se protejan efectivamente los
derechos declarados o reconocidos. El proceso debe tender —prosigue el Tribunal— a la
materialización de la protección del derecho reconocido en el pronunciamiento judicial
mediante la aplicación idónea de dicho pronunciamiento; por lo que la efectividad de las
sentencias depende de su ejecución(127).
No cumple con las prescripciones del art. 25 de la Convención Americana aquellos que
denomina "recursos ilusorios", es decir, cuando la práctica demuestra su inutilidad; cuando
el Poder Judicial carece de la independencia necesaria para decidir con imparcialidad;
cuando faltan los medios para ejecutar las decisiones; cuando se configure una situación de
denegación de justicia; cuando se incurre en retardo injustificado en la decisión (128).
Como destaca Sagüés, las normas del Pacto de San José de Costa Rica tienen para la
Argentina una relevancia especial, por cuanto la desobediencia a tales preceptos puede
provocar que el asunto sea llevado ante órganos específicos de la jurisdicción
supranacional, como la Comisión Interamericana y la Corte Interamericana de Derechos
Humanos(130).
Sin embargo se ha dicho, que la interpretación literal del art. 8.2 de la Convención
Americana ha llevado en diversas oportunidades a considerar que la garantía de recurrir la
sentencia ante un tribunal superior se encuentra limitada a los casos de estricta índole penal,
cuando esta no ha sido la interpretación de la Corte Interamericana de Derechos Humanos
que ha realizado una interpretación amplia de la garantía, de modo que resulta aplicable no
solo a cualquier materia en debate, sino también a cualquier tipo de proceso, aun cuando
no revista carácter judicial(154). En apoyo de su tesis Reichman cita distintos precedentes de
la Corte Interamericana de Derechos Humanos, como el caso "Tribunal Constitucional v.
Perú"(155), en el que la Corte sostuvo "que si bien por el art. 8º de la Convención Americana
se titula garantías judiciales, su aplicación no se limita a los recursos judiciales en sentido
estricto, sino al conjunto de requisitos que deben observarse en las instancias procesales a
efectos de que las personas puedan defenderse adecuadamente ante cualquier tipo de acto
emanado del Estado que pudiera afectar sus derechos". También afirma que aún cuando
nuestra Corte Suprema de Justicia de la Nación tradicionalmente solo había reconocido la
garantía de recurrir ante un tribunal superior en materia penal, en la actualidad ha orientado
sus sentencias bajo la pauta aplicada por la Corte Interamericana, destacando al respecto
el voto de los Dres. Fayt y Zaffaroni en el caso "Marchal" (año 2007)(156), en el que ambos
magistrados sostuvieron la necesidad de seguir la doctrina de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos en la interpretación y aplicación de la garantía consagrada en el art. 8.2
de la Convención Americana.
Resta señalar que el recurso al que alude la norma internacional en examen debe ser de
alcance amplio y comprensivo de las cuestiones de hecho y derecho tratadas por el Tribunal
de la anterior instancia, razón por la cual la CIDH en el caso "Mohamed" (año 2012) ha
entendido que el recurso extraordinario previsto en el ordenamiento legal argentino es
insuficiente para respetar la garantía por su reducido campo de acción(157).
1) Desigualdades económicas
Dentro de este tipo de obstáculos se mencionan los gastos de tasas y costos de utilización
de la justicia, el desembolso generado por la necesidad de asesoría legal y los restantes
costos propios de la tramitación de todo proceso que afectan a los justiciables generando,
en numerosas oportunidades, el abandono de pleitos ya iniciados (168).
Aunque relacionado con lo anterior, otra circunstancia que constituye un obstáculo para
acceder a la Jurisdicción es la duración de los procesos —tema analizado en el punto IV—
porque evidentemente, quienes tienen posibilidades económicas están en mejores
condiciones de soportar las demoras en la sustanciación de los juicios, a diferencia de las
personas de escasos recursos a quienes muchas veces les resulta imposible esperar los
tiempos de la Justicia(172).
Las diferencias culturales también marcan una desigualdad, porque quienes gozan de
una mejor posición cultural conocen cuáles son sus derechos y la manera de hacerlos
respetar, a diferencia de aquellas personas de menor preparación que muchas veces no
conocen sus derechos ni la manera de hacerlos valer(173).
Además de los casos de los menores y de los discapacitados, que ya fueron tratados en
el punto VI, consideramos relevante referirnos al acceso a la justicia de pueblos con
diversidad cultural como los indígenas, que fueron comprendidos en las "Reglas de Brasilia"
del año 2008, bajo el principio inspirador que de nada vale que un Estado reconozca
formalmente un derecho si su titular no puede acceder de forma efectiva al sistema de
justicia para obtener la tutela del mismo. Quizás la nota más destacada de este instrumento,
radica en determinar con claridad y precisión cuales son los sectores de la población que se
hallan en condiciones de desigualdad a la hora de hacer valer sus derechos ante la justicia,
estableciendo que para garantizar hoy la igualdad de todos y cada uno de los habitantes de
un Estado, resulta imprescindible considerar lo que se denomina estado de vulnerabilidad.
Entre estos grupos vulnerables la Cumbre incluye a los pueblos indígenas, con respecto a
los cuales precisamente la regla Nº: 9 establece: "Las personas integrantes de las
comunidades indígenas pueden encontrarse en condición de vulnerabilidad cuando ejercitan
sus derechos ante el sistema de justicia estatal. Se promoverán las condiciones destinadas
a posibilitar que las personas y los pueblos indígenas puedan ejercitar con plenitud tales
derechos ante dicho sistema de justicia, sin discriminación alguna que puedan fundarse en
su origen o identidad indígenas. Los poderes judiciales asegurarán que el trato que reciban
por parte de los órganos de la administración de justicia estatal sea respetuoso con su
dignidad, lengua, y tradiciones culturales". Todo ello sin perjuicio de lo dispuesto en la regla
48 sobre la forma de resolución de conflictos propios de los pueblos indígenas, propiciando
su armonización con el sistema de justicia estatal(174).
Si bien la Corte Suprema ha negado que pueda sostenerse genéricamente que la tasa
de justicia obste a la posibilidad de acceder a la jurisdicción(175), ha considerado que impide
el acceso a la misma y, por lo tanto, viola la garantía del debido proceso, aquellas tasas de
monto muy elevado, desproporcionado o irrazonable (176). El ministro de la Corte Suprema,
Dr. Vázquez, en su voto en disidencia en el caso "Urdiales", hizo una diferencia temporal, y
consideró inconstitucional la tasa de justicia de pago previo a la promoción del juicio; pero
no lo es la que debe afrontar el perdidoso una vez dictada la sentencia definitiva(177). Con
motivo de este fallo Bidart Campos se replanteó la cuestión; destacando que es una
obligación estatal el administrar justicia, en reciprocidad con el correlativo derecho del
justiciable; y si a una función del Estado la Constitución le asigna ejercicio obligatorio en la
medida que es reclamada e incitada por un justiciable, no parece de sentido común y buena
lógica adosarle el pago de una tasa de justicia; se pregunta el destacado constitucionalista:
¿por qué el justiciable ha de pagarle al Estado por el ejercicio de un "derecho" que como lo
es el acceso a la justicia, el Estado tiene el "deber" de satisfacer mediante una "función de
su poder"? Las tasas, agrega, son contraprestaciones que el contribuyente ha de sufragar
por un servicio que recibe del Estado —por ejemplo alumbrado público—: no halla
demasiado sitio en el espacio del derecho tributario una supuesta "tasa" de justicia que ha
de abonarse cuando un órgano del Poder Judicial cumple una obligación constitucional, por
cierto, cual es la de impartir justicia en un proceso; la administración de justicia que el estado
tiene el deber constitucional de afianzar, se cumple mediante el ejercicio obligatorio de una
función del poder, que no es un "servicio público" semejante a los otros(178).
El depósito previo exigido para la sustanciación del recurso de queja por denegación del
extraordinario fue introducido por el art. 8º de la ley 17.116, y luego lo estableció la ley
22.434 modificatoria del art. 286 del CPCCN(179). La Corte Suprema de Justicia de la Nación
se pronunció al respecto en el caso "Banet v. Rossi"(180), en el que la mayoría del Tribunal
destacó que el depósito en cuestión fue establecido "con el objeto de restringir el uso
indebido" del recurso de queja; que hasta tanto no se dictara la resolución declarando
procedente o desestimando la queja, el depósito no estaba disponible para el depositante ni
para la Corte Suprema; los doctores Belluscio y Fayt, coincidieron en que dicho depósito es
una tasa de justicia cuyo monto sólo puede ser fijado por ley del Congreso. Badeni, con
motivo de analizar la Acordada 2/2007 de la Corte Suprema que elevó a $ 5.000 el monto
del depósito, y coincidiendo con Giuliani Fonrouge(181), considera que tanto la ley
23.898 como el art. 286 del CPCCN no imponen tasas judiciales sino un impuesto judicial;
pero, agrega, ya se trate de un impuesto o de una tasa, el monto al cual se refiere la citada
norma procesal sólo puede ser establecido por ley del Congreso y no por una Acordada de
la Corte Suprema de Justicia(182).
5) El "solve et repete"
No obstante este criterio de la Corte Suprema con relación a la exigencia del previo pago
de una multa impuesta por la autoridad administrativa para habilitar su cuestionamiento
judicial (solve et repete), la Sala IV de la Cámara Nacional Federal en lo Contencioso-
Administrativo ha hecho un nuevo estudio de la cuestión y ha considerado que viola la
prohibición de ser penado sin juicio previo (art. 18Constitución Nacional) y el art. 10 de la
Declaración Universal de Derechos Humanos (pues el funcionario de la Administración que
la impone no reviste las calidades de independencia e imparcialidad, que según tal norma
debe revestir el tribunal ante el cual se solicita la determinación de cierto derecho u
obligación), y el principio fundamental y básico del derecho penal de presunción de
inocencia. Dice esta Cámara que "la prohibición de ser penado sin haber mediado juicio
previo ante los jueces designados previstos en el art. 18 de la Constitución Nacional y en
los distintos tratados constitucionalizados implica que cualquier imputación penal que pueda
hacerse contra una persona supone impedir que, a través de procedimientos no judiciales
un particular —cuya culpabilidad no haya sido probada ante el juez natural de la
Constitución— debe cumplir una pena ("penado") satisfaciendo anticipadamente y sin
declaración con fuerza de ley de la existencia misma de la infracción que se le imputa. La
circunstancia de que obtenida una sentencia total o parcialmente contraria a lo resuelto en
el pronunciamiento administrativo, la necesaria devolución de la multa reclamada no
constituye una reparación del daño inferido, por cuanto el perjuicio que se ha verificado lo
es más que al patrimonio de la persona, a su honorabilidad y, fundamentalmente, al sistema
de libertades que acoge nuestra Constitución"(190).
Litch destaca que prácticamente casi toda la jurisprudencia edificada con relación a la
compatibilidad del "solve et repete" con la garantía establecida en el art. 8º inc. 1º de la
Convención Americana de Derechos Humanos, reconoce como escenario de discusión al
tema de "la previa intervención judicial para la determinación definitiva de los derechos y
obligaciones de orden fiscal"; siendo así, dice, parece adecuado limitar las consideraciones
del "solve et repete" a aquellas contiendas en las que se ventilan cuestiones que hacen a la
determinación de obligaciones de naturaleza tributaria. Y con relación a la exigencia del
depósito previo del importe de la multa como condición para habilitar la instancia judicial,
adhiere al criterio expuesto por la Sala IV de la Cámara Nacional Federal Contencioso-
Administrativo que se transcribe en el párrafo anterior(191).
Para poder iniciar demandas judiciales contra el Estado, los ordenamientos argentinos,
en general, requieren como requisito el "agotamiento de la vía administrativa" (art. 23 inc. a
de la ley 19.549) o la "reclamación administrativa previa" (arts. 30 y ss. de la misma ley
nacional). Se ha justificado el agotamiento de la vía administrativa con el argumento de dar
oportunidad a la Administración de corregir sus errores y restablecer la juridicidad en su
actividad. En el fallo dictado en el caso "Gorordo", la Corte Suprema de Justicia de la Nación
ha resuelto que el juez de primera instancia está facultado a revisar de oficio o a instancia
de los fiscales el cumplimiento de los recaudos de admisibilidad de la acción procesal
administrativa con anterioridad a la traba de la litis, sin que por ello se convierta en intérprete
de la voluntad implícita de una de las partes ni se altere el equilibrio procesal de los litigantes
en desmedro de la parte contraria (193). Gordillo considera que el régimen vigente se ha
modificado en perjuicio de los particulares para acceder a una tutela judicial efectiva(194).
En otro relevante precedente nuestro más Alto Tribunal dejó sin efecto una sentencia que
exigió al demandante el agotamiento de la vía administrativa para declarar habilitada la
instancia contencioso administrativa y que declaró luego prescripta la acción por accidente
de trabajo, desestimando la virtualidad interruptiva de los sucesivos reclamos formalizados
por el actor tanto en sede administrativa como en el fuero laboral en la inteligencia de que
el agotamiento de la vía administrativa carece de efectos sobre el curso del plazo de la
prescripción: dijo la Corte Suprema que con ese pronunciamiento se privó al demandante
de la posibilidad de ser oído en tiempo útil por un tribunal de justicia sobre el tema de si el
agotamiento de la vía administrativa carecía de efectos sobre el curso del plazo de
prescripción(200).
2) Defensor de pobres
Es otra institución que tiende a facilitar el acceso a la jurisdicción a las personas carentes
de recursos económicos. Es un abogado que paga el Estado para la atención de estas
personas. Debe procurarse que exista un régimen de asesoramiento jurídico que asegure
la asistencia letrada antes del proceso —en forma extrajudicial y preventiva— y, luego, en
cada uno de los estadios del pleito(205).
Finalmente destacamos que en materia ambiental el art. 32, primer párrafo de la ley
25.675 califica el acceso a la justicia como irrestricto sin condiciones, sin limitaciones, sin
reservas y completo, inclusive temporalmente, y esto implica la eliminación de todos los
obstáculos, cargas o exigencias que pudieren regir para otro tipo de procesos, sin que
puedan erigirse vallas de ningún tipo o especie que de cualquier manera restrinjan la
amplitud del criterio así legislado(214).
Es evidente que cuando en las sentencias se utilizan términos claros y sencillos para
fundamentar la decisión judicial se está contribuyendo a facilitar el acceso a la justicia, ya
que el ciudadano común debe encontrarse en condiciones de comprender los motivos por
los que un juez resolvió de una u otra forma el caso que le fue planteado, y así poder
compartir o no la determinación judicial en razón de los fundamentos en los que fue
asentada(215).
XIV. Reflexión final
Si bien la relevancia del tema que abordamos se presenta sin necesidad de realizar
mayores esfuerzos, consideramos necesario ratificar que el "acceso a la justicia" constituye
un derecho humano básico que debe ser favorecido por el Estado con medidas activas e
integradoras que permitan sortear los obstáculos objetivos y subjetivos que deben afrontar
a diario los ciudadanos en aras de lograr la tan anhelada tutela judicial efectiva. Al haberse
delegado en el Estado la función jurisdiccional como consecuencia de la prohibición de la
justicia por mano propia, ello le impone a éste el deber de implementar todo lo necesario
para cumplir adecuadamente con la función en cuestión. Debe, en consecuencia, establecer
una organización adecuada para administrar justicia, que permita atender eficazmente todos
los reclamos de los individuos (216). Se trata, en definitiva, de que el Estado implemente todos
los presupuestos fácticos y jurídicos necesarios para que sea posible brindar la protección
jurisdiccional en todos los casos que se solicite. Y a esto Rosatti lo ha denominado como "el
derecho a la jurisdicción antes del proceso", señalando que la forma republicana de
gobierno requiere una eficiente organización del servicio estatal de administrar justicia(217).
Más aún, las resoluciones del Tribunal Interamericano deben ser cumplidas sin rodeos
debiendo controlarse que ello suceda, tal como aconteció en el caso "Cantos v. Argentina",
en el que cinco años después del dictado del fallo definitivo, la CIDH requirió al Estado
Argentino que adopte todas las medidas necesarias para dar efecto y pronto acatamiento a
los puntos pendientes, recordando que el Tribunal supervisa el cumplimiento de la
sentencias sobre fondo, reparaciones y costas(218).
(1)Bidart Campos, Germán, Tratado elemental de Derecho Constitucional argentino, t. I, Ediar, Buenos Aires, 1989, p. 465.
Si bien la idea de acceso a la justicia había sido señalada por doctrina anterior (Couture, Calamandrei) fue a partir de los años 70 que ha
cobrado mayor impulso, siendo uno de sus principales paladines Mauro Cappelletti (Ver Berizonce, Roberto O., "Necesidad de una ley nacional
de bases sobre garantías del efectivo acceso a la Justicia", JA 1989-IV-770, ap. I, y notas 1-6).
(2) De los Santos, Mabel A., "El debido proceso ante los nuevos paradigmas", LL 2012-B-1062, ap. II.
(3) TSJ Córdoba, Sala electoral, de competencia originaria y asuntos institucionales, 12/5/2011, "Sindicato Unión Obreros y Empleados
Municipales de la Ciudad de Córdoba v. Provincia de Córdoba", LL Córdoba 2011-992; La Ley Online cita AR/JUR/23831/2011, con cita de
Chamorro Bernal, Francisco, La tutela judicial efectiva, Barcelona, Bosch, 1994, p. 11.
(4) Ver cita formulada sobre el tema por Fernández Balbis, Amalia, "El acceso a la justicia como derecho constitucional y los aportes del
actual derecho procesal", ED 256 del 18/3/2014, ps. 1/5. La autora señala además que la noción de acceso a la justicia se fue ampliando a lo
largo del tiempo pudiendo sintetizarse en la actualidad en cuatro cuestiones centrales: 1) el acceso propiamente dicho, esto es como llegar al
sistema judicial con un abogado; 2) en la disponibilidad de un buen servicio de justicia, lo que supone obtener una decisión judicial en tiempo
prudencial y justa; 3) en sostener el proceso, y no verse obligado a abandonarlo por cuestiones ajenas a la voluntad de alguna de las partes y
4) en el conocimiento de los derechos, es decir, en la capacidad de reconocerlos y tomar conocimiento de como hacerlos valer.
Se ha entendido el derecho de acceso a la justicia en su complejidad, como un derecho que se desprende, en los términos del plexo normativo
interamericano, de las mandas de los arts. 8º y 25 de la Convención Americana de Derechos Humanos (Pérez Curci, Juan Ignacio, "Derecho
de acceso a la justicia en el sistema interamericano de derechos humanos", LL, revista del 27/6/2014, ap. III).
(5)CSJN, 28/3/1985, "Santos v. Valentini", Fallos 307-282; Íd. 10/12/1996, JA Rep. Gral. 1999-744, nº 226; Sagüés, Néstor P., Elementos
de Derecho Constitucional, t. 2, Astrea, Buenos Aires, 1993,ps. 330/331.
La garantía constitucional de la defensa en juicio supone la posibilidad de ocurrir ante algún órgano jurisdiccional en procura de justicia, la
que no debe ser frustrada por consideraciones procesales insuficientes (CSJN, 8/2/1974, "Danon v. Junta Central del Consejo Profesional de
Ingenieros", Fallos 288-55).
(6)Bidart Campos, Germán, "El derecho a la Jurisdicción en Argentina", ED 11-954, específicamente ps. 954/955.
(7) Valcarce dice que el acceso a la jurisdicción es una garantía básica del estado de derecho. El art. 18 de la Constitución Nacional da
asiento a dicha garantía, a la que define como "la capacidad de toda persona física o jurídica de tener la posibilidad real, concreta y sin
excepciones, de solicitar y obtener efectivamente, que el Estado por intermedio, entre nosotros, del Poder Judicial, le garantice efectivamente
en los hechos, el ejercicio de los derechos que se posean" (Valcarce, Arodin, "El Derecho a la Jurisdicción y el Acceso a la Justicia", JA 1996-
I-737. ap. VI).
Acceder a la justicia, dice Salvadores de Arzuaga, supera el interés particular del habitante para introducirse en el campo institucional, en el
interés general, pues la negación de ella es retroceder raudamente al estado semisalvaje de la "justicia privada", a la "anarquía social", donde
prevalece el fuerte con su poder y el débil yace en las sobras, desposeído y sin derechos (Salvadores de Arzuaga, Carlos I., "El derecho a la
jurisdicción", LL 1993-C-398, ap. I).
(8)CSJN, 18/6/1985, "Bonorino Pero v. Nación Argentina", Fallos 307: 966; Sagüés, Néstor P., Elementos de Derecho Constitucional, t. 2,
Astrea, Buenos Aires, 1993,ps. 330/331, nº 1062.
(10)CSJN, 10/12/1996, "Dahlgren, Jorge E. v. Cáceres, Raúl E.", Fallos 319:2925; LL 1998-A-48.
(11) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 28/11/2002, "Cantos", LL 2003-C-2, citado también por de los Santos, Mabel A., "El
debido proceso ante los nuevos paradigmas", LL 2012-B-1062, ap. II. En el punto tratado el Tribunal Internacional cita en apoyo de su decisión
a los precedentes "Caso de la Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni", del 31/8/2001, serie C, nº: 79, párrafo 111; "Caso Cantoral
Benavides", del 18/8/2000, serie C, nº: 69, párrafo 163; "Caso de los Niños de la Calle", del 19/11/1999, serie C, nº: 63, párrafo 234; "Caso
Hilaire, Constantine y Benjamín y otros" del 21/6/2002, serie c, nº: 94, párrafo 186.
(12)Pérez Curci, Juan Ignacio, "Derecho de acceso a la justicia en el sistema interamericano de derechos humanos", LL, revista del 27/6/2014,
ap. II, III y IV, con cita de Rodríguez Rescia, Víctor, Curso autoformativo en materia de acceso a la justicia y derechos humanos en Honduras,
Comisión Interinstitucional de Justicia Penal, Honduras, Mimegrafiaso, 2008, p. 16.
(14)Morello, Augusto M., "El proceso justo", LL 1990-C-808, punto VII - Conclusiones.
(15) Chamorro Bernal, Francisco, La Tutela Judicial Efectiva, Bosch, Barcelona, 1994, p. 11; citado por el Tribunal Superior de Justicia de
la Provincia de Córdoba, sala electoral de competencia originaria y asuntos institucionales, 12/5/2011, "Sindicato Unión Obreros y Empleados
Municipales de la ciudad de Córdoba v. Provincia de Córdoba", LLC 2011 (octubre), 992.
(16) Cassagne, Juan Carlos, "El control jurisdiccional de la actividad reglamentaria y demás actos de alcance general", La Ley 2001-E, 226.
(17) Ver Morello, Augusto M., El proceso civil moderno, Librería Editorial Platense, La Plata, 2001, ps. 139 y ss.
(18)Ekmekdjian, Miguel Ángel, Manual de la Constitución Argentina, Depalma, Buenos Aires, 1991, p. 213.
(19)Valcarce, Arodín, "El Derecho a la Jurisdicción y el acceso a la Justicia", JA 1996-I-737; Bidart Campos, Germán, "El Derecho a la
Jurisdicción en la Argentina", ED 11-954, específicamente ps. 958/959.
Dice Bourguignon, citando a Couture, que el proceso debe ser un medio idóneo para el ejercicio de los derechos: lo suficientemente ágil
como para no agotar por desaliento al actor y lo suficientemente seguro como para no angustiar por restricción al demandado (Bourguignon,
Marcelo, "El debido proceso. Garantía constitucional", LL 1983-D-1144, ap. I).
(20)Herrera, José E., "Los principios constitucionales del debido proceso y de igualdad ante la ley y su proyección al área de la infraestructura
judicial", JA 1986-II-787.
(21)Morello, Augusto M., El proceso justo, Abeledo-Perrot, Buenos Aires - Lib. Edit. Platense, La Plata, 1994, p. 640, citando jurisprudencia
de la CSJN, 21/7/1969, Fallos 274:157; Íd., 29/12/1981, Fallos 303: 2063. Conf. De los Santos, Mabel A., "El debido proceso ante los nuevos
paradigmas", LL 2012-B-1062, ap. III.
Dice Berizonce que debe ganar espacio, más y más, la idea del efectivo acceso a la justicia, concebida no como una mera abstracción, visión
hipócrita a contrapelo de su sentido más profundo, sino una concreta y palpitante necesidad que debe ser impostergablemente satisfecha
(Berizonce, Roberto O., "Necesidad de una ley nacional de bases sobre garantías del efectivo acceso a la Justicia", JA 1989-IV-770, ap. IV).
(22) De los Santos, Mabel A., "El debido proceso ante los nuevos paradigmas", LL 2012-B-1062, ap. III.
(23)CSJN, 20/2/1979, "Marchissio v. Dante", Fallos 301:111, y ED 82-679.
(24) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 28/11/2002, "Cantos v. República Argentina", LL 2003-C-2. Conf. TSJ Córdoba, Sala
electoral, de competencia originaria y asuntos institucionales, 12/5/2011, "Sindicato Unión Obreros y Empleados Municipales de la Ciudad de
Córdoba v. Provincia de Córdoba", LL Córdoba 2011-992; La Ley Online cita AR/JUR/23831/2011. De los Santos, Mabel A., "El debido
proceso ante los nuevos paradigmas", LL 2012-B-1062, ap. II.
(25) TSJ Córdoba, Sala electoral, de competencia originaria y asuntos institucionales, 12/5/2011, "Sindicato Unión Obreros y Empleados
Municipales de la Ciudad de Córdoba v. Provincia de Córdoba", LL Córdoba 2011-992; La Ley Online cita AR/JUR/23831/2011.
(26) Corte Europea de Derechos Humanos, 30/1/2003, "Cordova v. Italia", La Ley 2004-D, 48, con nota de Fernando Racimo; y sus citas.
(27)Nino, Carlos S., Fundamentos de Derecho Constitucional, Buenos Aires, Astrea, 1992, p. 448.
(28)CSJN, 6/5/2014, "Pedraza, Héctor Hugo v. ANSeS", LL Sup. Administrativo, junio 2014, fallo nº 117-846.
(29) Sobre el tema, ver García Rapp, Jorge, "Desplazamiento de la competencia en la seguridad social", LL 2014-C.
(30) Fernández Balbis, Amalia, "El acceso a la justicia como derecho constitucional y los aportes del actual derecho procesal", ED 256, del
18/3/2014, ps. 1/5, con cita de Bielsa, Rafael - Graña, Eduardo, "El tiempo y el proceso", en [Link], capítulo 2.
(31) CSJN, voto del doctor Lorenzetti, 8/11/2011, "R., M. v. Estado Nacional - Ministerio de Justicia y Derechos Humanos", ED revista del
13/2/2011, fallo nº 57.186, consid. 9.
(32)CSJN, 19/11/1968, "Mattei, Ángel - Vélez Carreras, Ignacio", Fallos 272:188; Íd., 1977, "Aguilar Argentina de Ediciones", Fallos
298:50; Íd., 28/7/1987, "Incidente de excarcelación promovido en favor de Mario Eduardo Firmenich", Fallos 310:1476; Íd., 28/9/1993,
"Administración Nacional de Aduanas", Fallos 316:2063; Íd., 4/5/2000, "Amadeo de Roth", Fallos 323:982.
(34)Martínez, Santiago U., "El plazo razonable. Algo más sobre sus alcances y consecuencias", La Ley Actualidad, revista del 16 de febrero
de 2012.
(35)CSJN, 1959, "Rodríguez, María Carolina", Fallos 244:34; Íd., 1966, "Rodríguez Arias Casiano", Fallos 264:192; Íd. 1986, "Poder
Ejecutivo y Fiscal de Estado de la Provincia de Mendoza", Fallos308:694; Íd., 6/12/1991, "Electores y apoderados de los Partidos Justicialista,
UCR y Partido Demócrata", Fallos 314:1757; Íd., 2/2/1993, "Zbar de Reich, Berta", Fallos 316:35; Íd., 14/6/2001, "Anderle, José Carlos",
Fallos 324:1944; Íd., voto del doctor Lorenzetti, 8/11/2011, "R., M. v. Estado Nacional - Ministerio de Justicia y Derechos Humanos", ED
revista del 13/2/2012, fallo nº 57-186, consid. 11. Conf. Morello, Augusto Mario: "La Corte Suprema. El aumento de su poder a través de
nuevos e imprescindibles roles", ED 112-972, ap. II, c.
(36)Herrendorf, Daniel E., El poder de los jueces. Cómo piensan los jueces. Qué piensan, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1994, p. 25.
(37)CSJN, 26/6/2012, "Losicer, Jorge Alberto y otros v. BCRA", Fallos 335:1126; ED Constitucional, 2012, fallo nº 512; LL 2012-E-34 y
LL 2012-E-195, con notas de Gerscovich, Carlos G., "La dilación procesal indefinida o irrazonable", LL 2012-E-196, y Morán, Marcos, "El
plazo razonable en el Derecho Administrativo Sancionador", LL 2012-E-204; SC Bs. As., 23/9/1980, DJBA, 119-823, citado por Isola, Viviana
E., "Defensa en juicio", LL 1989-E-675, nº 7.
(38) La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha dicho que: a) En un estado de derecho la vigencia de las garantías enunciadas por el art.
8º de la Convención Americana de Derechos Humanos no se encuentra limitada al Poder Judicial —en el ejercicio eminente de tal función—
sino que deben ser respetadas por todo órgano o autoridad pública al que le hubieran sido asignadas funciones materialmente jurisdiccionales
(cita el precedente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos "Tribunal Constitucional v. Perú, del 31/1/2001, párrafo 71). b) Puesto
que la justicia realizada a través del debido proceso legal se debe garantizar en todo proceso disiplinario, cabe concluir que la circunstancia de
que las sanciones disciplinarias —como las aplicadas por el Banco Central en el caso— hayan sido calificadas por la jurisprudencia de esta
Corte como de carácter disciplinario y no penal, no es óbice a la aplicación de las garantías judiciales enunciadas por el art. 8º de la Convención
Americana sobre Derechos Humanos, entre ellas, el "plazo razonable" al que se alude en su inc. 1º. En consecuencia, a fin de consagrar
efectivamente el derecho de defensa y debido proceso de los sumariados, corresponde valorar si la Administración sustanció los pertinentes
sumarios y, en su caso, sancionó las conductas antijurídicas en un plazo razonablemente admisible, sin perjuicio de las concretas disposiciones
de la Ley de Entidades Financieras sobre la prescripción de la acción que nace de las infracciones, debido a la laxitud de las causales de
interrupción previstas por dicha normativa. c) Concluyó la Corte que el trámite sumarial, resuelto luego de haber transcurrido dieciocho años
desde el acaecimiento de los hechos supuestamente infraccionales y tras quince años de haberse dispuesto su apertura, ha tenido una duración
irrazonable, y por lo tanto declaró extinguida la acción sancionatoria por prescripción como forma de consagrar efectivamente dichas garantías
(CSJN, 26/6/2012, "Losicer, Jorge Alberto y otros v. BCRA", Fallos 335:1126; ED Constitucional, 2012, fallo nº 512, con comentario
aprobatorio de Griffi, Marcelo E., "Luces esperanzadoras", LL 2012-E-34 y LL 2012-E-195, con comentario de Gerscovich, Carlos G., "La
dilación procesal indefinida o irrazonable", LL 2012-E-196, y Morán, Marcos, "El plazo razonable en el Derecho Administrativo Sancionador",
LL 2012-E-204).
(39)Sagüés, Néstor P., Elementos de Derecho Constitucional, t. 2, 1993, p. 333, nº 1066, citando fallo de la CSJN, Fallos 311:1604.
(40)CSJN, año 1983, "Bartra Rojas, Héctor Ricardo", Fallos 305:913; Íd. 16/3/1999, "Kipperband, Benjamín", Fallos 322:360; JA Rep. año
2000-824, nº 269, 270 y 271.
El propósito constitucional de afianzar la justicia, y los mandatos explícitos e implícitos que aseguran a todos los habitantes la presunción
de su inocencia, la inviolabilidad de su defensa en juicio, y el debido proceso legal, se integran por una rápida y eficaz decisión judicial (CSJN,
17/10/1978, "Mozzatti", Fallos 300:1102, ED 80-703, con nota de Bidart Campos, Germán, "Debido proceso y 'rapidez' del proceso", en donde
afirma el autor que "no tiene desperdicio ni uno sólo de los renglones que componen la sentencia. Nada se podía decir mejor en tan parcas
afirmaciones").
Es evidente que la presunción de inocencia de un ciudadano queda durante el proceso, por así decirlo, entre paréntesis (Bacigalupo, E., El
debido proceso penal, Buenos Aires, Hammurabi, 2005, p. 87).
"Cualquier persona acusada penalmente, está bajo cuestión, no sólo por parte del Estado, sino también por parte de sus pares; su honra y su
dignidad están bajo la lupa del cuerpo social que observa y también juzga y, muchas veces el principio de inocencia, es tan solo un enunciado
vacío de contenido, para el que se encuentra en tal situación. Si este estado de sospecha, además se prolonga en el tiempo, el padecimiento se
prolonga por la morosidad del Estado que lleva a cabo el proceso, y constituye así una especie de castigo anticipado y adicional, para quien
ingresa al sistema penal" (Barbé, Laura A., "Insubsistencia de la acción penal. Jurisprudencia del Tribunal Superior de Justicia de Neuquén",
LLPatagonia 2012-476, ap. I).
(41)CSJN, 29/11/1968, "Mattei, Ángel", Fallos 272:188; ED 25-207; Íd. 7/12/1999, "Moneta", LL 2000-D-137; Íd., 7/12/1999, "Moneta,
Raúl", Fallos 322:3071; Sagüés, Néstor, Elementos de Derecho Constitucional, t. 2, 1993, p. 333, nº 1066.
La garantía constitucional de la defensa incluye el derecho de todo imputado a obtener un pronunciamiento que definiendo su posición frente
a la ley y a la sociedad, ponga término del modo más breve posible a la situación de incertidumbre y de restricción de libertas que comporta el
enjuiciamiento penal.
Para hacer efectiva la garantía a obtener un pronunciamiento rápido en la única forma que se compadezca con un cuarto de siglo de duración
del proceso penal, y subsanar la limitación de competencia que a la Corte le significa el libelo de recurso extraordinario deducido en dicho
proceso, se hace necesario considerar excepcionalmente que ha quedado configurada una cuestión institucional de gravedad suficiente, en
medida tal que excede el interés personal y afecta, además de la defensa en juicio, la conciencia de la comunidad (CSJN, 17/10/1978,
"Mozzatti", Fallos 300:1102, ED 80-703, con nota de Bidart Campos, Germán "Debido proceso y 'rapidez' del proceso", en donde afirma el
autor que "no tiene desperdicio ni uno sólo de los renglones que componen la sentencia. Nada se podía decir mejor en tan parcas afirmaciones").
Existe una garantía a obtener un pronunciamiento judicial —sin dilaciones indebidas— derivadas del art. 18 de la Constitución Nacional y
de los tratados internacionales referidos en ella (arts. 7º, inc. 5º y 8º, inc. 1º Convención Americana Sobre Derechos Humanos) (CSJN,
21/8/2007, "Acerbo, Néstor", Fallos 330:3640).
(43)CSJN, 29/11/1968, "Mattei, Ángel", Fallos 272:188, LL 133-414, ED 25-207; Íd., año 1977, "Aguilar SA", Fallos 298:50; Íd.,
17/10/1978, "Mozzatti", Fallos 300:1102; Íd., 20/11/1984, YPF Fallos306:1688; Íd., 14/12/1989, "Frades", Fallos 312:2434. Conf. Barbé,
Laura A., "Insubsistencia de la acción penal. Jurisprudencia del Tribunal Superior de Justicia de Neuquén", LLPatagonia 2012-476, ap. II.
(44) Barbé, Laura A., "Insubsistencia de la acción penal. Jurisprudencia del Tribunal Superior de Justicia de Neuquén", LLPatagonia 2012-
476, ap. II.
(47) CSJN, voto del Dr. Pedro J. Frías, 2/7/1981, "Baliarda", Fallos 303:917, LL 1982-A-1, con nota de González, Nemesio - González
Novillo, Jorge R., "Defensa en juicio y sentencia en tiempo razonable".
La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha considerado, refiriéndose al caso "Bayarri", que el período de aproximadamente quince
años que demoró la investigación es excesivo" (ver Albanese, Susana, "Los criterios consagrados para evaluar el plazo razonable", JA 2009-I,
ap. III).
(48) CSJN, voto de los Dres. Fayt y Bossert, 16/3/1999, "Kipperband, Benjamín", Fallos 322:360, JA Rep. año 2000-825, nº 275.
El imputado por el delito de tenencia simple de estupefacientes debe ser absuelto si su situación procesal no fue definitivamente resuelta a
más de diez años de iniciada la causa, subsistiendo un estado de incertidumbre que no se compadece con la garantía del plazo razonable —
arts. 18 y 75, inc. 22, Constitución Nacional— (CNCasación Penal, sala II, 24/5/2012, "R., R. M.", LL 2012-D, fallo nº 116.457, con comentario
de Cúneo Libarona, Mariano, "Plazo razonable y detención sin orden judicial. Las garantías constitucionales").
(49) CSJN, voto de los Dres. Fayt y Bossert, 16/3/1999, "Kipperband, Benjamín", Fallos 322:360, JA Rep. año 2000-825, nº 275.
(50)CSJN, 8/5/2012, "Acosta, Jorge Eduardo", Fallos 335:533; LL 2012-D, fallo nº 116.454, con comentarios de Gelli, María Angélica, "El
plazo razonable de la prisión preventiva y el valor de la jurisprudencia internacional", y Gil Domínguez, Andrés, "El funcionamiento del art.
75, inc. 22 de la Constitución Nacional".
Como la duración razonable de un proceso depende en gran medida de diversas circunstancias propias de cada caso, el derecho a ser juzgado
sin dilaciones indebidas no puede traducirse en un número de días, meses o años (CSJN, del voto de los Dres. Fayt y Bossert, 16/3/1998, LL
2000-B-831, 42.449-S).
(53)López Herrera, Edgardo, "Daños por demora irrazonable del proceso judicial", JA 2009-D-330; comentando el fallo de la CJ Mendoza,
sala 1ª, 19/2/2009, "G., O y otra v. Provincia de Mendoza".
(54)CSJN, 20/4/1989, "Lavao Vidal, Osvaldo Walter", Fallos 312:573; Íd. 20/4/1989, "Rico, Aldo", Fallos 312:575; Íd. 31/10/1989,
"Sudamericana de Intercambio SACIyF", Fallos 312:2075.
(55) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 1/3/2005, "Caso de las Hermanas Serrano Cruz v. El Salvador", La Ley
Online AR/JUR/14173/2005.
(56) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 24/6/2005, caso "Acosta Calderón v. Ecuador", La Ley Online; AR/JUR/9548/2005.
(57) Corte Interamericana de Derechos Humanos, caso "Furlan y Familiares v. Argentina", publicado en RCyS La Ley 2013-II, 276, con
nota de Gabriela Yuba; DJ 17/4/2013, 5, con nota de Eduardo Olivero y Yanina V. Fernández. En la aludida nota Yuba, luego de analizar las
particularidades del caso "Furlan", consignó que el Tribunal Internacional aplicó el test del plazo razonable, considerando que había sido
violado por el Estado argentino por la extensa duración del pleito —que tomó 12 años y 3 meses desde el inicio de la demanda hasta la
percepción de los bonos de consolidación de deudas por los actores— en la que se consideró incluida la etapa de ejecución de sentencia.
(58) Ver citas formuladas en el punto 195 del fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso "Furlan y Familiares v.
Argentina", publicado en RCyS La Ley 2013-II, 276 con nota de Gabriela Yuba; DJ 17/4/2013, 5 con nota de Eduardo R. Olivero, Yanina V.
Fernández.
(59) Corte Interamericana de Derechos Humanos, caso "Forneron e hija v. Argentina" del 27/4/2001, Serie C, nº: 242, párraf. 66; "Caso
Familia Barrios v. Venezuela", del 24/11/2011, Serie C, nº: 237, párrafo 273; caso "Garibaldi v. Brasil", 23/9/2009, Serie C, nº: 203, párrafo
133, entre otros citados por Dieguez, Jorge A., "La tutela judicial efectiva en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos", La Ley del 31/12/2012, 8; La Ley Online AR/DOC/5987/2012.
(60) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 2/5/2008, caso "Kimel", citado por Olivero, Eduardo y Fernández, Yanina, La Ley RC y
S 2012-VII, 255.
(61) CSJN, 8/8/1974, "Estévez, Antonio v. Chemea Inmobiliaria", Fallos 289:181; Íd. 20/4/1999, "Alonso, Armando v. ANSeS", Fallos
322:663, ED 184-309, y JA Rep. año 2000-825, nº 278; C. Nac. Fed. Cont. Adm., Sala II, 23/12/1998, LL 2000-B-114. Conf. Barbé, Laura
A., "Insubsistencia de la acción penal. Jurisprudencia del Tribunal Superior de Justicia de Neuquén", LLPatagonia 2012-476, ap. I.
(62)CSJN 29/11/1968, "Mattei", Fallos 272:188; Íd., 17/10/1978, "Mozzatti, Camilo", Fallos 300:1102; Íd., 15/3/1979, "Baliarde", Fallos
301:197; Íd., 31/10/1989, "Sudamericana de Intercambio SAC.I. y F.", Fallos 312:2075 y LL1990-C-56; Íd., 9/11/2004, "Egea", Fallos
327:4815; LL 2005-C-164; Íd., 23/6/2009, "Salgado, Héctor", Fallos 332:1512 y LL 2009-E-489, entre otros.
(63)CSJN, 10/10/1996, "Barry, María E. v. Administración Nacional de la Seguridad Social", Fallos 329:2151; LL 1996-E-591, consid. 19,
con cita de los siguientes precedentes del Tribunal: año 1977, "Klosowsky, Víctor Ladislao" Fallos 298:312; 17/10/1978, "Mozzatti, Camilo",
Fallos 300:1102; año 1980, "Fundación San Martín de Tours", Fallos302:299; 25/8/1988, "Rolón Zappa, Víctor Francisco", Fallos 311:1644,
y voto del juez Fayt en la causa "Compañía Arenera del Río Luján v. De Castro", 1/9/1992, Fallos 315:1779 y LL 1993-A-247; Íd.,10/10/1996,
"Hussar, Otto v. Administración Nacional de la Seguridad Social", Fallos 319:2215; LL 1996-E-575; DJ 1997-1-442.
(65)CSJN, 10/10/1996, "Barry, María E. v. Administración Nacional de la Seguridad Social", Fallos 329:2151; LL 1996-E-591 y La Ley
Online cita AR/JUR/3604/1996, con cita de los precedentes de Fallos 305:913 y 1753; 307:1608; 308:273 y causas "Frades, Emilio Segundo;
Figueroa, Alejandro José" fallado el 14/12/1989, LL 1990-C-300; "Proceso instruido al teniente de Ingenieros D. Luis Alberto Nocente",
fallado el 5/11/1991 (Fallos314:1399), y "Administración Nacional de Aduanas", fallado el 28/9/1993 (Fallos 316:2063).
(66) CSJN, voto de los doctores Fayt y Bossert y de los doctores Boggiano y Petracchi, 16/3/1999, "Kipperband, Benjamín", Fallos 322:360;
LL 2000-B-831.
La vulneración del derecho del justiciable a un plazo razonable encarna prima facie un gravamen irreparable, pues en la medida en que se
excede efectivamente el lapso razonable para obtener un pronunciamiento, se conculca en forma concreta aquella garantía, y la mera
continuación del proceso importará un progresivo agravamiento del perjuicio ya inferido (TS Córdoba, Sala penal, 24/4/2012, LL Córdoba
2012-965).
(67)CSJN, 4/5/2000, "Amadeo de Roth, Fallos 323:982 y LL 2001-A-514; Íd., voto de los doctores Fayt y Bossert y de los doctores Boggiano
y Petracchi, 16/3/1999, "Kipperband, Benjamín", Fallos 322:360.
(68) Barbé, Laura A., "Insubsistencia de la acción penal. Jurisprudencia del Tribunal Superior de Justicia de Neuquén", LLPatagonia 2012-
476, ap. I.
(69) Corte de Justicia de Tucumán, 5/11/2007, "Partido Ciudadanos Independientes y otros v. Provincia de Tucumán", LLNOA 2008
(febrero), 66. En el caso el Tribunal provincial decidió que era improcedente la acumulación de procesos si uno de ellos recién se encuentra en
su primera etapa, mientras que el otro está a la espera de sentencia final, por lo que tal acto procesal produce una demora perjudicial e
injustificada en el trámite del o de los juicios que están más avanzados, afectándose la tutela judicial efectiva y oportuna.
(70) Bidart Campos, Germán, Tratado Elemental de Derecho Constitucional Argentino, t. I, 1989, p. 466.
(71)Masciotra, Mario, "El derecho a una rápida y eficaz decisión judicial", LL 2012-F, 1326, con cita de Morello, Augusto, "La terminación
del proceso en un plazo razonable como manifestación concreta de la eficacia del servicio de Justicia", ED 122-887.
(72)CSJN, 6/10/2009, "Arisnabarreta, Rubén J. v. Estado Nacional (Ministerio de Educación y Justicia de la Nación)", Fallos 332:2159, LL
2009-F-371; Íd., 8/11/2011, "Rizikow, Mauricio. v. Estado Nacional - Ministerio de Justicia y Derechos Humanos", ED, 246-261, fallo nº
57.186; JA 2012-I; Íd., 8/11/2011, "Mezzadra, Jorge Oscar v. Estado Nacional - Ministerio de Justicia y Derechos Humanos", Fallos 334:1302.
(73) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 1/3/2005, "Caso de las Hermanas Serrano Cruz v. El Salvador", La Ley
Online AR/JUR/14173/2005.
(74) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 26/9/2006, caso "Almonacid, Arellano y otros v. Chile", La Ley
Online AR/JUR/10607/2006.
(75) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 19/5/2011, caso "Vera Vera y otros v. Ecuador", La Ley Online AR/JUR/99930/2011. Íd.,
29/7/1988, "caso Velásquez Rodríguez v. Honduras", Serie C, nº: 1, párrafo 177.
(78) Corte Interamericana de Derechos Humanos, caso "Almonacid Arellano y otros v. Chile", del 26/9/2006, La Ley
Online AR/JUR/10607/2006.
(79) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 14/3/2001, caso "Barrios Altos-Chumbipuma Aguirre y otros v. Perú", La Ley 2001-D,
558.
(80) Corte Interamericana de Derechos Humanos, caso "Loayza Tamayo v. Perú", del 1/6/2011, considerando 40.
(81) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 1/7/2009, caso "Carpio Nicolle v. Guatemala", considerando 14.
(82) Palacio, Lino E., Derecho Procesal Civil, t. I, Buenos Aires, Abeledo Perrot, 1975, p. 147; año 2011, p. 101.
(83) La posibilidad de ofrecer prueba de descargo constituye uno de los requisitos que integran el concepto de juicio en sentido constitucional
(CSJN, 18/6/1987, LL 1987-D-496).
(85) De los Santos, Mabel A., "El debido proceso ante los nuevos paradigmas", LL 2012-B-1062, ap. III.
(86) Palacio, Lino E., Derecho Procesal Civil, t. IV, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1977, p. 329; Íd., año 2011, ps. 262-263.
El resguardo de la defensa en juicio requiere que a toda persona se otorgue la oportunidad para ser oída y producir la prueba en que funda
sus derechos, en tanto contradecir, probar y alegar constituyen tres momentos esenciales de aquella garantía (CS Santa Fe, 7/5/1997, LL 1998-
F-880, 41.079-S).
(87) Alvarado Velloso, Adolfo, Introducción al estudio del Derecho Procesal, Primera parte, Santa Fe, Rubinzal y Culzoni, 1989, ps.
235/237; Lecciones de Derecho Procesal Civil, adaptado a la legislación procesal de la Provincia de Salta por Casabella Dávalos, Juan,
Fundación para el desarrollo de las ciencias jurídicas, Rosario 2012, ps. 207 y ss.
(89) Vélez Mariconde, Alfredo, Derecho Procesal Penal, t. II, Marcos Lerner, Córdoba, 1986, p. 211.
(90)CSJN, 21/8/1997, LL 1998-B-471. Sobre el tema, ver Loutayf Ranea, Roberto G., "Principio de bilateralidad o contradicción", Buenos
Aires, La Ley, revista del 16 de febrero de 2011, LL 2011-A-982.
(91) Chaumet, Mario E. - Meroi, Andrea A., "¿Es el Derecho un juego de los jueces?", LL 2008-D-717, ap. IV.
La garantía constitucional de la defensa en juicio, en su aspecto más primario, se traduce en el principio de contradicción o bilateralidad que
supone, en substancia, que las decisiones judiciales deben ser adoptadas previo traslado a la parte contra la cual se pide, es decir, dándole
oportunidad de defensa (CSJN, 21/8/1997, "Barreto, José v. Superior Gobierno de la Provincia de Entre Ríos", Fallos 320:1789, ED Rep. 32-
172, nº 17 bis, y LL 1998-B-471).
El derecho de defensa supone —en sustancia— que las decisiones judiciales deben ser adoptadas previo traslado a la parte contra la cual se
pide, es decir, dándole oportunidad de ser oída, y de ejercer sus derechos en la forma y con las solemnidades que establecen las leyes (CSJN,
13/8/1998, "Bianchi, Daniel Raúl v. Silveira, Ricardo", Fallos 321:2082; DT 1998-B-2252; DJ 1999-1-1067; ED Rep. 33-260, nº 21).
El principio de contradicción deriva de la cláusula constitucional que consagra la inviolabilidad de la defensa en juicio de la persona y de
sus derechos (art. 18 Const. Nac.), y consiste en el derecho de la parte o del acusado a ser oído antes de que se dicte una resolución que lo
vincule a determinada situación jurídica (ST Misiones, 10/7/1998, LL Rep. año 1999, p. 938, nº 16).
El art. 18 de la Const. Nac. consagra como principio general del derecho procesal el llamado de bilateralidad o contradicción, principio éste
que juntamente con el de igualdad, que también garantiza la misma ley fundamental en su art. 16, conducen a impedir que ningún órgano
jurisdiccional pueda dictar una resolución inaudita parte, sino que previamente debe dar audiencia a todos aquellos cuyos intereses pudieren
verse comprometidos directamente con ella (CNCiv., Sala G, 10/11/1987, LL 1988-A-102).
(96) Chaumet, Mario E. - Meroi, Andrea A., "¿Es el Derecho un juego de los jueces?", LL 2008-D-717, ap. IV; Loutayf Ranea, Roberto G.,
"Principio de bilateralidad o contradicción", LL 2011-A-982.
(97) Chaumet, Mario E. - Meroi, Andrea A., "¿Es el Derecho un juego de los jueces?", LL 2008-D-717, ap. V.4, citando a Damaska, Mirjan,
"Truth in adjudication", 49 Hasting Law Journal, 1998, ps. 303-304.
(98) Palacio, Lino E., Derecho Procesal Civil, t. I, 1975, ps. 147, 263; año 2011, ps. 101 y 192. Alsina, Hugo, Tratado..., t. I, Buenos Aires,
Ediar, 1963, p. 458.
(99)Se lesiona la garantía del debido proceso no sólo por falta de audiencia del particular sino también cuando no es oído el representante
del interés público; tratándose de la aplicación del art. 9º de la ley 19.359 requiere la notificación al Ministerio Público de la decisión recaída
(CSJN, 17/11/1977, "Tomin SA", LL 1978-B-308; ED 77-206).
(100) Entre las reglas que son corolarios de la garantía constitucional de la defensa en juicio, Vélez Mariconde señala la "necesidad de que
la acusación sea intimada correctamente, incluso en el caso de que la acusación sea ampliada" (Vélez Mariconde, Derecho Procesal Penal, t.
II, Marcos Lerner, Córdoba, 1986, p. 211).
(101)Couture, Eduardo, Fundamentos del Derecho Procesal Civil, Buenos Aires, Depalma, 1993, p. 154.
(102) Debe dejarse sin efecto el pronunciamiento que desestimó el planteo de nulidad de lo actuado, que la parte fundó en la irregularidad
de la notificación practicada en un falso domicilio real, pues determinó que al incidentista se le dictara una sentencia adversa que le provocó
una seria lesión de los derechos de defensa en juicio y de propiedad (CSJN, 20/8/1996, "Esquivel, Mabel Alejandra v. Santaya, Ilda", Fallos
319:1600, ED Rep. 31-222, nº 24).
(103)El Pacto de San José de Costa Rica expresamente establece que "Durante el proceso, toda persona tiene derecho, en plena igualdad,
a las siguientes garantías mínimas: ... b) comunicación previa y detallada al inculpado de la acusación formulada" (art. 8.2). También el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos dispone que "Toda persona detenida será informada, en el momento de su detención, de las
razones de la misma, y notificada, sin demora, de la acusación formulada en su contra" (art. 9.2).
(104)Chichizola, Mario, "El debido proceso como garantía constitucional", LL 1983-C-910, ap. V.
(105) La correlación entre la acusación y la sentencia penal está requerida para impedir que se condene al acusado por un hecho diverso del
que fuera objeto de la imputación formulada, en resguardo de la garantía constitucional de la inviolabilidad de la defensa en juicio (CS
Tucumán, sala civil y penal, 24/11/1999, LL Rep. año 2000-952, nº 39).
(106) La garantía de la defensa en juicio consiste en proporcionar al litigante la oportunidad de ser oído y ejercer sus derechos en la forma y
con las solemnidades establecidas por las normas pertinentes, pero no impone que deba ser oído y pueda producir sus peticiones sin razonables
restricciones formales, inclusive de orden temporal (CSJN, 18/5/1982, "Lebed, Oscar Elías", Fallos 304-708).
(107) La garantía de la defensa en juicio debe entenderse conforme a las leyes que reglamentan su ejercicio, pero no puede ser alterada o
menoscabada por éstas, en razón del principio de razonabilidad (CNCiv., Sala L, 12/8/1999, LL 1999-E-567).
(108)Couture, Eduardo, Fundamentos del Derecho Procesal Civil, Buenos Aires, Depalma, 1993, p. 155.
(109)Couture, Eduardo, Fundamentos del Derecho Procesal Civil, Buenos Aires, Depalma, 1993, p. 156.
(110) Palacio, Lino E., Derecho Procesal Civil, t. IV, Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1977, p. 363; año 2011, ps. 286 y ss.
(111) De los Santos, Mabel A., "El debido proceso ante los nuevos paradigmas", LL 2012-B-1062, ap. III, quien cita la opinión de De
Lázzari, Eduardo, "Que características...", en Debido Proceso, Rubinzal y Culzoni, 2005, ps. 62-65.
(112)CSJN, 13/3/1963, in re "Centeno", Fallos 255-91; citado por Ramella, Pablo, Derecho Constitucional, Depalma, Buenos Aires,
1982, p. 496.
(113) En materia criminal se encuentran en juego los derechos esenciales de la libertad y el honor, por lo cual deben extremarse los recaudos
que garanticen plenamente el ejercicio del derecho de defensa. Por tanto, quien sufre un proceso penal debe ser provisto de un adecuado
asesoramiento legal que asegure la realidad sustancial de dicha garantía constitucional (CSJN, 6/5/1997, "Scilingo, Adolfo Francisco", Fallos
320:854; LL 1998-C-764, y JA 1997-IV-356; CS Tucumán, sala civil y penal, 12/6/1997, LL Rep. año 1998-919, nº 31).
La garantía de la defensa en juicio exige que quien sufre un proceso penal ha de ser provisto de adecuado asesoramiento legal (CSJN,
27/2/1997, "González, Infraín", Fallos 320:150; JA Rep. año 2000-823, nº 254).
Pero, también ha señalado la Corte Suprema que en el procedimiento penal el abogado defensor nunca sustituye totalmente al acusado
(CSJN, 5/11/1996, "Nardelli, Pietro Antonio", Fallos 319:2557; JA Rep. año 1999-744, nº 237).
(114)CSJN, 7/2/1941, "Rojas Molina, José", Fallos 189-34, y LL 21-556; Íd., 27/2/1957, "Arnaiz, Félix", Fallos 237-158; Íd. 14/10/1987,
LL 1988-B-253, con nota de Sagüés, Néstor Pedro.
La garantía de la defensa en juicio exige que quien sufre proceso criminal sea provisto de adecuado asesoramiento legal y asegurar el
cumplimiento de las normas tendientes a proveer asistencia letrada (CNCrim. y Correc., Sala III, 2/4/1979, LL 1980-A-640, 35.405-S).
(115) CSJN, voto de los Dres. Caballero y Belluscio, 29/9/1987, "Gordillo, Raúl Hilario", Fallos 310:1934; LL 1988-A-170, y JA 1988-I-
186; Íd., voto de los Dres. Moliné O'Connor, Fayt, Petracchi y Bossert, 30/4/1996, "Basilio, Alberto Oscar", Fallos 319:617; JA 1996-IV-474.
Corresponde declarar la nulidad de todo lo actuado con posterioridad a la notificación de la sentencia condenatoria de segunda instancia si
las deficiencias en la defensa fueron consecuencia directa e inmediata de una evidente ausencia de la asistencia profesional mínima que el
Estado debe proveer para que el juicio al que se refiere el art. 18 de la Const. Nac. se desarrolle en paridad de condiciones respecto de quien
ejerce la acción pública y quien debe soportar la imputación (CSJN, 12/5/1998, "Gallardo García, Ramón Carlos", Fallos 321:1424; ED Rep.
33-1154, nº 342).
(116)La Rosa, Mariano R., "La defensa pública oficial en su inserción constitucional como custodio y garante de los derechos individuales",
JA 2001-III-1156, ap. IX, citando fallos de la CSJN, publicados en Fallos 5:459 (año 1868, "Criminal v. Peralta Indalecio"); Fallos 192:152;
237:158 (27/2/1957, "Arnaiz, Félix") y JA1957-III-312; 255-91.
(117)La Rosa, Mariano R., "La defensa pública oficial en su inserción constitucional como custodio y garante de los derechos individuales",
JA 2001-III-1156, ap. VIII, citando un fallo de la CSJN, 27/2/1957, "Arnaiz, Félix", Fallos 237:158.
Es obligación de los tribunales suministrar la debida asistencia letrada que permita ejercer la defensa sustancial que corresponda (La Rosa,
Mariano R., "La defensa pública oficial en su inserción constitucional como custodio y garante de los derechos individuales", JA 2001-III-
1156, ap. IX, citando los siguientes fallos de la CSJN: año 1986, "Fernández, Jorge Norberto", Fallos 308:1386; Íd., 10/3/1987, "Fernández,
Jorge Norberto", Fallos 310:492 y JA 1987-IV-109).
(119)CSJN, 18/11/1986, "Nájera, Alfredo Guillermo", Fallos 308:2182; Íd., 27/6/1989, "Fernández, Mario Raúl". Fallos 312:1042; Sagüés,
Néstor, Elementos de Derecho Constitucional, t. 2, 1993, p. 337; Íd., t. 2, 2003, p. 771.
"No es suficiente que se llene la fórmula de la defensa con un patrocinio de oficio, aunque éste sea inteligente, diligente y recto, porque
solamente la parte interesada es dueña de las condiciones en que, dentro de las normas reglamentarias, deben ser alegados y probados los
derechos, tanto más cuanto éstos sean, como en el juicio criminal, los esenciales de vida, libertad y honor" (CSJN, 27/12/1927, in re"Vázquez",
JA 31-51). A través de estas reflexiones, dice Rosatti, la Corte ha hecho "ingresar" a la garantía de la defensa en juicio (es decir, ha dado
prosapia constitucional) a la posibilidad o libertad de elegir la táctica o la estrategia procesal, a la forma en que los hechos han de ser presentados
y los derechos esgrimidos dentro del juicio, sin evadir —obviamente— las normas reglamentarias (Rosatti, "El debido proceso legal", JA 1985-
II-825, ap. 9.a.).
(120)Nino, Carlos S., Fundamentos de Derecho Constitucional, Buenos Aires, Astrea, 1992, p. 451.
(121) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 31/8/2012, caso "Furlan y Familiares v. Argentina", La Ley RCyS 2013-II, 276, con nota
de Gabriela Yuba; DJ 17/4/2013, 5 con nota de Eduardo Olivero; Yanina Fernández.
(122) Corte Interamericana de Derechos Humanos, caso "Furlán y Familiares v. Argentina", párrafo 242, del 31/8/2012, La Ley RCyS 2013-
II, 276, con nota de Gabriela Yuba; DJ 17/4/2013, 5 con nota de Eduardo Olivero; Yanina Fernández.
(123)Bidart Campos, Germán J., Manual de la Constitución Reformada, t. II, Buenos Aires, Ediar, 2005, p. 386.
(124) Destaca Rabbi-Baldi Cabanillas que repetidas veces la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha expresado que los derechos
constitucionales han sido "reconocidos" por la Constitución Nacional, afirmación que entraña admitir que ésta no los ha otorgado o concedido,
por lo que necesariamente deben entenderse como anteriores o preexistentes a aquella y, en definitiva, a toda legislación positiva, la cual, en
tal contexto, tendrá como misión la de "garantizarlos". Destaca también este autor que la Corte denominó a estos bienes con diversas
expresiones y los ha considerado como "fundamentales", "superiores", "esenciales", "sustanciales", inherentes", "anteriores" o "preexistentes"
o, sencillamente "naturales" (Rabbi-Baldi Cabanillas, Renato, Teoría del derecho, 3ª ed., Buenos Aires, Ábaco, 2013, ps. 171/172 y
jurisprudencia que cita).
(125) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 1/3/2005, "caso de las Hermanas Serrano Cruz v. El Salvador", párrafos 75 y 76, La Ley
Online AR/JUR/14173/2005.
(126) CIDH, 24/6/2005, caso "Acosta Calderón v. Ecuador", párrafo 86, La Ley Online AR/JUR/9548/2005.
(127) CIDH, 31/8/2012, caso "Furlan y Familiares v. Argentina", del 31/8/2012, La Ley RCyS 2013-II, 276, con nota de Gabriela Yuba.
(128) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 30/1/1987, opinión consultiva 8/87: Cfr. García Ramírez, Sergio, La jurisprudencia de
la Corte Interamericana de Derechos Humanos, UNAM, México, 2001, ps. 1008 y ss.; Sagüés, Néstor P., Derecho Procesal
Constitucional - Acción de amparo, t. 3, Astrea, Buenos Aires, 2013, p. 52.
(129) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 30/1/1987, opinión consultiva 8/87: Cfr. García Ramírez, Sergio, La jurisprudencia de
la Corte Interamericana de Derechos Humanos, UNAM, México, 2001, ps. 1019 y ss.; Sagüés, Néstor P., Derecho Procesal Constitucional -
Acción de amparo, t. 3, Astrea, Buenos Aires, 2013, p. 52.
(130) Sagüés, Néstor P., Derecho Procesal Constitucional - Acción de amparo, t. 3, Astrea, Buenos Aires, 2013, p. 50.
(131)CSJN, 19/9/1960, "Fernández Arias", Fallos 247:646, y LL 100-58; Íd. 25/9/1959, "López de Reyes v. Instituto Nacional de Previsión
Social", Fallos 244:548 y LL 96-98; Íd. 11/7/1996, "Castillo, Antonio M.", Fallos 319:1210; ED 173-663; Íd. 10/10/1996, LL 1996-E-574; Íd.,
24/2/1987, "César y Antonio Karam", Fallos 310:360; Íd. 27/10/1987, Fallos 3l0:2159. Sagüés, Néstor P., Elementos de Derecho
Constitucional, t. 2, Astrea, Buenos Aires, 1993,ps. 331/332.
(132)Bidart Campos, Germán, "El Derecho a la Jurisdicción en Argentina", ED 11-954, específicamente, p. 956.
Hay autores que, si bien reconocen el mayoritario triunfo de la doctrina que admite la validez constitucional de la atribución de funciones
jurisdiccionales a la Administración Pública en la medida que exista un control judicial suficiente, prefieren ver acotado este tipo de actividad
a su mínima expresión, manteniendo reservas en cuanto a su legitimidad, conforme nuestro actual texto constitucional (Bosch, Juan, "La
actividad jurisdiccional de la Administración Pública y la garantía del debido proceso", LL 1996-E-1332, ap. VII).
(133)CSJN, 5/4/2005, "Ángel Estrada y Cía v. Secretaría de Energía", Fallos 328:651; LL 2005-D-439; JA 2005-III-143.
(134) Sobre estos requisitos marcados por la CSJN en el caso "Ángel Estrada", Fallos 328:651, LL 2005-D-439; JA 2005-III-143, ver Canosa,
Armando N., "El caso "Ángel Estrada" y las deficiencias en el ejercicio de funciones jurisdiccionales por parte de órganos administrativos",
JA 2005-III-1101; García Pulles, Fernando, "'Ángel Estrada'. La Corte y el fundamento de la potestad jurisdiccional. Facultades del legislador
y de los justiciables", JA 2005-III-1107, ap. II; Rejtman Farah, Mario, "La independencia de los entes reguladores como requisito para el
ejercicio de sus competencias", JA 2005-III-1136; Sesín, Domingo J., "Órganos de justicia electoral: naturaleza jurídica, ubicación institucional
y régimen jurídico", JA 2005-IV-1367, ap. IV, específicamente p. 1372.
(135)Rejtman Farah, Mario, "La independencia de los entes reguladores como requisito para el ejercicio de sus competencias", JA 2005-III-
1136; Gordillo, Agustín: "Ángel Estrada", JA 2005-III-1115.
(136) Concretamente la Corte destacó que la determinación y condena al pago de los daños y perjuicios por aplicación del derecho común,
excede las atribuciones jurisdiccionales especiales que el legislador atribuyó, e inclusive podría legítimamente haber atribuido, a los entes
reguladores. Y agrega el Alto Tribunal que "no cualquier controversia puede ser válidamente deferida al conocimiento de órganos
administrativos con la mera condición de que sus decisiones queden sujetas a un ulterior control judicial suficiente. Los motivos tenidos en
cuenta por el legislador para sustraer la materia de que se trate de la jurisdicción de los jueces ordinarios deben estar razonablemente justificados
pues, de lo contrario, la jurisdicción administrativa así creada carecería de sustento constitucional, e importaría un avance indebido sobre las
atribuciones que el art. 116CN define como propias y exclusivas del Poder Judicial de la Nación. Admitir que el Congreso pudiere delegar en
los órganos de la Administración facultades judiciales sin limitación material de ninguna especie sería tan impensable como permitir que el
legislador delegara la sustancia de sus propias funciones legislativas, lo cual está expresamente vedado en el art. 74CN, con salvedades
expresas..." (consid. 14). Sobre el tema, ver García Pulles, Fernando, "'Ángel Estrada.' La Corte Suprema y el fundamento de la potestad
jurisdiccional. Facultades del legislador y de los justiciables", JA 2005-III-1107. Este último autor concluye que el fallo "Ángel Estrada" sienta
un nuevo criterio en la fijación de los límites de las facultades del legislador para otorgar a órganos administrativos la potestad de resolver
conflictos de intereses, cual es que ella sólo será admisible en la medida de su vinculación con conocimientos técnicos o regímenes especiales
en los que pueda postularse una particular capacidad o idoneidad de los funcionarios de la Administración, materia necesariamente ajena a la
aplicación del derecho común".
Coincidentemente, la Corte de Justicia de la Provincia de Salta ha señalado que de atribuirse amplias facultades al Ente Regulador para
resolver cualquier tipo de contienda que pudiese surgir entre prestadores y usuarios con prescindencia de su naturaleza, alcance y características
de los derechos afectados vulneraría los límites constitucionales que surgen del carácter restrictivo y excepcional de la delegación. Ello así
pues un ente administrativo no puede avanzar, al ejercer funciones jurisdiccionales, sobre cuestiones reguladas por el derecho común, por
cuanto el conocimiento de dichas causas es asignado constitucionalmente y en competencia exclusiva al Poder Judicial (CJ Salta, 15/5/2006,
"García, María del Carmen v. EDESA SA", protocolo tomo 105, ps. 159/166).
(137) Para que exista tutela judicial efectiva, la revisión judicial amplia en una instancia judicial ordinaria debe brindar la posibilidad de
debatir todas las cuestiones de hecho y de derecho, no siendo suficiente en tal sentido las apelaciones limitadas o la sola posibilidad de
interponer recurso extraordinario (Sesín, Domingo J., "Órganos de justicia electoral: naturaleza jurídica, ubicación institucional y régimen
jurídico", JA 2005-IV- 1367, ap. IV, específicamente p. 1374; Gordillo, Agustín, Tratado de Derecho Administrativo, t. 1, Parte General,
Buenos Aires, Fundación de Derecho Administrativo, 2003, p. IX-22/23.
(138)Bianchi, Alberto B., "Reflexiones sobre el caso 'Ángel Estrada' y sus efectos en la jurisdicción arbitral", ED Administrativo, 2005, p.
487, ap. 4 in fine.
(139) CN Cont. Adm. Fed. en pleno, 13/7/2011, "Edesur SA v. Ente Regulador de la Electricidad", LL 2011-E-360; La Ley Online cita
AR/JUR/43806/2911; JA 2012-I.
(140)Bidart Campos, Germán, "El Derecho a la Jurisdicción en Argentina", ED 11-954, específicamente, p. 958.
El derecho constitucional presenta el derecho a la jurisdicción, no sólo como el acceso a los tribunales de justicia, sino también como la
obtención de una resolución o sentencia justa (o constitucional), lo que importa que sea en el tiempo debido (Salvadores de Arzuaga, Carlos
I., "El derecho a la jurisdicción", LL 1993-C-398, ap. II in fine).
El derecho de defensa en juicio no sólo requiere que a toda persona se le otorgue la oportunidad de ser oída y la posibilidad cierta, adecuada
y concretamente efectiva, de ofrecer y producir las pruebas en que funda sus derechos, sino también la de obtener una sentencia que sea la
derivación razonada del derecho vigente con relación a los hechos comprobados en el proceso (CS Santa Fe, 4/6/1997, LL Rep. año 1998-918,
nº 6).
(141)CSJN, 8/8/1989, LL 1989-E-353; Morello, Augusto M., "El Proceso Justo", LL 1990-C, 808.
(142)Bourguignon, Marcelo, "El debido proceso. Garantía constitucional", LL 1983-D, 1144, ap. IV.1.6; De Pina, Rafael, "Principios de
Derecho Procesal Civil", 2ª ed., México, 1957, p. 145, citado por Reimundín: "Los conceptos de pretensión y acción en la doctrina actual", p.
110. Conf. Podetti, Teoría y Técnica del Proceso Civil y Trilogía Estructural de la Ciencia del Proceso Civil, ps. 377/378.
Considera este último autor que el ejercicio de la acción corresponde al individuo (actor, demandado y tercerista) y al Estado. Unos y otros
tienen facultades integrantes de ese todo complejo y dinámico que es el derecho de acción y del ejercicio coordinado de esas diversas
facultades, surge la materialización del proceso, que desemboca en la sentencia. Y agrega luego: observando el desarrollo del proceso, estas
diversas facultades comprenden: una pretensión a un bien de la vida (conexión del derecho material con el derecho de acción), una etapa
dinámica inicial o sea la facultad de pedir protección jurídica, las subsiguientes de peticionar al poder jurisdiccional para que el proceso sea
instruido y fallado en todas sus instancias y la sentencia cumplida y el ejercicio de las facultades atribuidas al juez para instruir el proceso,
subsumir los hechos probados en el derecho sustancial en la sentencia y hacer que ésta sea cumplida, actuando el derecho procesal y material
(Podetti, Ramiro, Teoría y Técnica del Proceso Civil"ps. 376/378).
(144)Bidart Campos, Germán, "El derecho a la Jurisdicción en la Argentina", ED 11-954, específicamente p. 958.
Dice Morón Palomino que el derecho de acción, al ser un derecho al proceso jurisdiccional, alcanza no a uno sino a todos los actos que lo
integran. Defendemos, pues, una concepción o idea que puede llamarse dinámica de la acción (Morón Palomino, Manuel, Derecho Procesal
Civil (Cuestiones fundamentales), Marcial Pons, Madrid, 1993, p. 145).
(145) Alcalá Zamora y Castillo, "Enseñanzas y sugerencias acerca de la acción" en Estudios de Derecho Procesal, p. 799, citado por
Reimundin, Ricardo, Los conceptos de pretensión y acción en la doctrina actual, Zavalía, Buenos Aires 1966, p. 110; y por Morón Palomino,
Manuel, Derecho Procesal Civil (Cuestiones fundamentales), Marcial Pons, Madrid, 1993, p. 145.
Ver también Kielmanovich, Jorge L., "La doble instancia y la Convención Americana sobre Derechos Humanos", LL, revista del 26/4/2006;
Belluscio, Augusto C., "El régimen procesal penal nacional y la doble instancia", LL revista del 7/5/2007.
(148) CN Fed. Cont. Adm., sala II, 22/5/2001, Rep. LL 2001-1809, nº 85, y DJ, 2001-3-818.
La garantía de recurrir el fallo ante el juez o tribunal superior establecida en el art. 8º, apart. 2º, inc. h) de la Convención Americana Sobre
Derechos Humanos lo es para los procesos criminales (del dictamen del Fiscal que la Cámara hace suyo) (CNCom., Sala E, 8/11/2000, LL
2001-E-842, 43.373-S, y DJ 2001-2-718).
No resulta aplicable en materia electoral el art. 8º, punto 2, inc. h) del Pacto de San José de Costa Rica, pues el mismo se refiere a los
derechos que tienen las personas inculpadas de delito (CNElec., 8/6/1999, LL 2000-D-864, 42.853-S).
(149)Sagués, Néstor P., Elementos de Derecho Constitucional, t. 2, Buenos Aires, Astrea, 2003, p. 788; Bidart Campos, Germán J., Manual
de la Constitución Reformada, Ediar, Buenos Aires, t. II, 2005,ps. 331/332.
(150)CSJN, 3/8/1960, Fallos 247:219; Íd., 29/8/1960, Fallos 247:540; Íd. 3/7/1963, "Diez, Liberto J.", Rep. ED 1-578, nº 31 y ED 6-31.
(151)CSJN, 17/11/1983, Rep. ED 18-267, nº 63, y ED 107-431; íd., 10/12/1981, "Loza", Fallos 303:1929; íd., 18/6/1985, "Bonorino Peró",
Fallos 307:966 Rep. ED 19-408, nº 111, y ED 114-274; íd. 25/8/1998, ED 184-61. Conf. Sagüés, Néstor P., Elementos de Derecho
Constitucional, t. 2, Astrea, Buenos Aires, 2003, p. 788.
(152)CSJN, 25/8/1983, "Brussino, Francisco", ED 106-227. Conf. Bidart Campos, Germán J., Manual de la Constitución Reformada, t. II,
Ediar, Buenos Aires, 2005,ps. 332.
(153)CSJN, 15/7/2003, "Municipalidad de Gualeguaychú v. Frigorífico Gualeguaychú SA", Fallos 326:2380, con cita de Fallos 308: 490 y
311: 2478.
(154) Reichman, Matías, "La garantía judicial de recurrir las sentencias ante un juez o tribunal superior", Suplemento Doctrina Judicial
La Ley 2012 (septiembre), 1/9/2012, 1.
(155) CIDH, "Caso Tribunal Constitucional v. Perú" del 31/1/2001, serie C, nº: 71. En igual sentido "Caso Baena, Ricardo y otros v. Panamá"
del 2/2/2001, serie C, nº: 72.
(157) CIDH, 23/11/2012, caso "Mohamed v. Argentina", LL 2013-A, 293, citado por Gómez, Claudio, "El derecho a la doble instancia en
la Convención Americana de Derechos Humanos", LL 14/2/2013, 6.
(158)Bidart Campos, Germán, "El Derecho a la Jurisdicción en Argentina", ED 11-954, específicamente p. 958. Ver también Morello,
Augusto M., "El acceso efectivo a la jurisdicción exige derribar barreras" JA 1990-IV-229.
(159)Bidart Campos, Germán, "El derecho a la Jurisdicción en Argentina", ED 11-954, específicamente p. 968.
(160)CSJN, 29/9/1988, "Moltedo v. Municipalidad de Pinamar", Fallos 308:1832 considerando 8, citado por Morello, Augusto M. "El
proceso justo", LL 1990-C-808, y nota 11; "El proceso justo", 1994, p. 230.
(161)CSJN, 4/11/1975, "Gatto, Horacio v. Fermata Argentina SRL", Fallos 293:362; Íd. 23/12/1976, "Aldo Asseo de Choc", Fallos 296:691;
Íd. 23/12/1980, "Oilher v. Arenillas", Fallos 302:1611; citados por Morello, Augusto M., "El Proceso Justo", LL 1990-C-808 y nota 20.
(163) Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 19/9/1999, "Palacios, Narciso —Argentina—", LL 2000-F-595, con nota de
BOTASSI, Carlos A.
(164)Fernández Balbis, Amalia, "El acceso a la justicia como derecho constitucional y los aportes del actual derecho procesal", ED 256, p.
1.
(165) CJ Salta, 27/2/2006, "Salgado v. Provincia de Salta", t. 102, ps. 639/646; Íd., 27/2/2006, "Chambi v. Provincia de Salta, t. 102, ps.
581/592; Íd. 24/2/2006, "Bazán v. Provincia de Salta", t. 102, ps. 397/404.
(166)Valcarce, Arodín, "El Derecho a la Jurisdicción y el Acceso a la Justicia", JA 1996-I-737, ap. IV, a).
(167) C. Apel. Civ. Com. Salta, Sala V, 11/6/1985, "Chauque v. Albornoz", Protocolo año 1985, p. 505, citado por Loutayf Ranea, Roberto
G. - Montalbetti de Marinaro, María Cristina, Código Procesal Civil y Comercial de la Provincia de Salta, t. II, Ediciones Noroeste Argentina,
Salta, 1994, p. 34, nº 113.
(168)Fernández Balbis, Amalia, "El acceso a la justicia como derecho constitucional y los aportes del actual derecho procesal", ED 256,
18/3/2014, p. 1.
(169) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 28/11/2002, "Cantos v. República Argentina", LL 2003-C-2.; Conf. TSJ Córdoba, Sala
electoral, de comp. originaria y asuntos institucionales, 12/5/2011, "Sindicato Unión Obreros y Empleados Municipales de la Ciudad de
Córdoba v. Provincia de Córdoba", LL Córdoba 2011-992; La Ley Online cita AR/JUR/23831/2011. De los Santos, Mabel A., "El debido
proceso ante los nuevos paradigmas", LL 2012-B-1062, ap. II.
(170)Fernández Balbis, Amalia, "El acceso a la justicia como derecho constitucional y los aportes del actual derecho procesal", ED 256,
18/3/2014, p. 1.
(171) CNCiv., Sala L, 19/7/2007, "Mezaib Karima v. Las Artes Endurance Country Club", La Ley 7/11/2007, 11, DJ 2008-II-2066.
(172)Valcarce, "El Derecho a la Jurisdicción y el Acceso a la Justicia", JA, 1996-I-737, ap. VI, a).
El libre acceso a la justicia, si bien comienza con la demanda se proyecta hasta la sentencia. La garantía del debido proceso se quebranta con
la demora sin término de la resolución judicial (BOURGUIGNON, Marcelo, "El debido proceso. Garantía constitucional", LL 1983-D-1144,
apg. IV.l.6.).
(173)Valcarce, "El Derecho a la Jurisdicción y el Acceso a la Justicia", JA 1996-I-737, ap. VI, a): Berizonce, Roberto O., "Necesidad de una
ley nacional de bases sobre garantías del efectivo acceso a la Justicia", JA 1989-IV-770, ap. III; Efectivo acceso a la Justicia, Lib. Edit.
Platense, La Plata, 1987, ps. 129-134; Morello, Augusto M., "El conocimiento de los derechos como presupuesto de la participación (el derecho
a la información y la realidad social)", ED 124-942.
(174) Pignocchi, José L., "El principio de igualdad a la luz de las Reglas de Brasilia sobre acceso a la justicia de personas en condición de
vulnerabilidad (con especial referencia a los pueblos indígenas de la Región del Chaco)", LL Suplemento de Doctrina Judicial Procesal 2011
(noviembre) 8.
(175) No puede sostenerse genéricamente que la tasa de justicia obste a la posibilidad de acceder a la jurisdicción, toda vez que la falta de
ingreso del tributo no impide la prosecución del trámite normal del juicio (art. 11 de la ley 23.898) (CSJN 7/7/1998, "Tierra del Fuego,
Antártida e Islas del Atlántico Sur, Provincia de v. Estado Nacional", Fallos 321:1888; ED Rep. 33-258, nº 8).
Giuliani Fonrouge considera que la actividad judicial es una actividad esencial del Estado que no debe ser costeada con tasas retributivas y
que las llamadas tasas de justicia son la parte más anacrónica del régimen tributario, tanto por su contenido como por su estructuración (Giuliani
Fonrouge, Carlos, Derecho Financiero, t. II, Depalma, Buenos Aires, 1963, p. 812; criterio que comparte BADENI, Gregorio: "El depósito
previo para la sustanciación del recurso de queja por denegación del extraordinario", LL 2007-B-1241).
No puede decirse que la tasa de justicia desconozca la inviolabilidad de la defensa en juicio si no se ha probado ni siquiera insinuado la
imposibilidad de sufragarla (CSJN, 7/7/1998, "Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, Provincia de v. Estado Nacional", Fallos
321:1888; ED Rep. 33-259, nº 16).
Existe desconocimiento de la inviolabilidad de la defensa en juicio si ésta se condiciona al previo pago de las sumas cualquiera sea el
fundamento con que ellas son exigidas (del voto en disidencia del Dr. Vázquez) (CSJN, 8/8/1996, "Urdiales, Susana Magdalena v. Cossarini,
Franco", Fallos 319:1389; ED Rep. 31-222, nº 23; Íd. 26/11/1996, "Marono, Héctor v. Allois, Verónica D.", Fallos 319:2805; LL 1998-C-950
y ED Rep. 31-222, nº 25).
(176) Corte Interamericana de Derechos Humanos, 28/11/2002, "Cantos v. República Argentina", LL 2003-C-2. Conf. Bidart Campos,
Germán, Tratado elemental de Derecho Constitucional argentino, t. I, 1989, p. 468.
(177)CSJN, 8/8/1996, "Urdiales, Susana v. Cossarini, Franco", Fallos 319:1389; LL 1997-A-43; DJ 1997-I-583.
(178) Bidart Campos, Germán J., "¿Hay que pagarle al Estado para que administre justicia? (Repensando la "tasa" de justicia)", LL 2003-B-
1467.
Al derecho que implica su ejercicio, dice Podetti, va indisolublemente unido el deber de ejercerlo. Sea cualquiera la posición de quien lo
estudie, dentro de los conceptos extremos, individualista o estatal, el ejercicio del poder jurisdiccional es un derecho del Estado, pero es también
un deber ineludible: el juez no puede negarse a administrar justicia porque para eso fue creado y porque cumple uno de los fines del Estado
mismo (Podetti, Ramiro, "Trilogía estructural de la Ciencia del Proceso Civil", en Revista de Derecho Procesal, Director Hugo Alsina, Buenos
Aires., Ediar, 1944, Primera Parte, ps. 113 y ss., específicamente ps. 122/123).
(179) La Acordada 2/2007 de la Corte Suprema de Justicia de la Nación elevó el monto del depósito a la suma de $ 5.000.
(181) Giuliani Fonrouge dijo que la actividad judicial es una actividad esencial del Estado que no debe ser costeada con tasas retributivas y
que las llamadas tasas de justicia son la parte más anacrónica del régimen tributario, tanto por su contenido como por su estructura. Y agrega
luego que "es corriente que los autores atribuyan el carácter de tasa a los gravámenes que afectan las actuaciones judiciales y hasta vean en
ellos la retribución de una actividad jurisdiccional desarrollada por el Estado y que concierne especialmente al ciudadano como actor, como
demandado o como procesado ... Por ello entiende que se trata de un impuesto, y no de una tasa. Y añade: "que la actividad judicial constituye
una función esencial del Estado como la educación y la salud pública o como la policía y la defensa de la Nación, y que está organizada por
razones de interés social y no individual; se trata"en suma, del impuesto a las actuaciones judiciales; pero, aun considerándolo como tasa, no
puede hablarse de servicios divisibles o indivisibles —que estudia la ciencia de las finanzas— ni del logro de un beneficio personal, y menos
de una relación entre costo y gravamen" (Giuliani Fonrouge, Carlos, Derecho Financiero, t. II, Depalma, Buenos Aires 1983, ps. 812 y 966).
(182)Badeni, Gregorio, "El depósito previo para la sustanciación del recurso de queja por denegación del extraordinario", LL 2007-B-1241.
Este autor analiza si el depósito en cuestión es una caución, una sanción judicial, un arancel, una tasa de justicia o un impuesto judicial.
(183) Tribunal Superior de la ciudad Autónoma de Buenos Aires, 17/2/2006, "Gómez, José Camilo y otros v. Ciudad de Buenos Aires", La
Ley Online AR/JUR/154/2006.
(184) Sagüés, Néstor P., Elementos de Derecho Constitucional, t. 2, Astrea, Buenos Aires 1993, p. 334. CSJN, 7/5/1987, "Martino v.
Martínez de Flores", Fallos 310:908, Íd. 10/10/1989, Fallos [Link] Íd. 12/6/1963, "Aaron Berzel v. Provincia de Santa Fe", Fallos 256:38;
Íd. 31/5/1944, "C.O.I.N.O.R. Compañía Industrial Norteña", Fallos 198:463.
Como principio, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha admitido la validez constitucional del pago previo de los tributos y recargos
pertinentes como requisito a la intervención judicial (CSJN, 12/6/1963 "Aaron Berzel v. Provincia de Santa Fe", Fallos 256:38; Íd. 19/7/1961,
Fallos 150:208; Íd. 27/6/1978, LL 1978-D-117; Íd. 8/6/1967, "Elena Frank v. Ramón Ces", Fallos 267:120; Íd. 26/4/1968, "Ippoliti de Marti",
Fallos 270:259).
La exigencia de depósitos previos como requisito para la viabilidad de recursos de apelación no es, como principio, contraria a las garantías
constitucionales de igualdad y defensa en juicio (CSJN, 27/6/1978, LL 1978-D-117).
La ley —ha señalado también la Corte Suprema— contempla el caso del litigante que carece de dinero, fijando el procedimiento para
eximirlo de la obligación de depositar, circunstancia por la que también considera que tal requisito no es contrario a la garantía de igualdad
(CSJN, 24/7/1929, Fallos 155:95; Íd. 2/3/1945, Fallos 201:95; 19/8/1957, "José Tomás v. Benigno Cantero", Fallos 238:418; Íd. 8/6/1967,
"Elena Frank v. Ramón Cés", Fallos 267:120).
La exigencia de depósitos previos como requisito para la viabilidad del recurso de apelación no es contraria a la garantía constitucional de
la defensa en juicio. En el caso, imponer al locatario que acredite el pago de los alquileres vencidos o su depósito en el juicio como requisito
de la interposición del recurso no es una exigencia irrazonable ni por su naturaleza ni por su monto (CSJN, 15/10/1974, "Seidedos v. Tarico",
Fallos 290:59).
(185)CSJN, 10/10/1985, DT 1986-A-229, citado por Isola, Viviana E., "Defensa en juicio", LL 1989-E-675, nº 152.
(186)CSJN, 25/4/1973, "Adelphia SA", Fallos 285:302; Rep. ED 7-340, nº 27; ED 50-145.
(187)CSJN, 30/6/1999, "Agropecuaria Ayuí SA", Fallos 322:1284; LL 2000-C-97; Rep. ED 34-248, nº 18; Íd. 30/4/1974, "SA Adelphia",
Fallos 288:287; Íd. 25/2/1975, "Emilio Barbeito y Cía"., Fallos 291:99; Íd. 29/6/1976, "SRL Lepori", Fallos295:240; Íd. 30/6/1999,
"Agropecuaria Ayui SA", Fallos 322:1284; LL 2000-C-97, fallo nº 100.256.
Son constitucionalmente válidas las normas que supeditan la intervención judicial al depósito previo de las multas aplicadas por la autoridad
administrativa cuando como en el caso, no se invoca siquiera que dicho requisito importa un obstáculo insalvable para la habilitación de
aquellas (CSJN, 11/5/1976, Fallos 294:343).
Sobre el tema, ver también Nathan Licht, Miguel, "La potestad sancionatoria de la Administración y su control judicial de cara a la realidad
normativa", ED 193-703.
(189)CSJN, 30/6/1999, "Agropecuaria Ayui SA", Fallos 322:1284; LL 2000-C-97, fallo nº 100.256.
(190) CNFed. Cont. Adm., sala IV, 28/12/1998, "Frimca SA", ED 182-1070; LL 2001-A-342, con nota de Fernández Lamela, Pablo M.,
"El solve et repete es inconstitucional"; también de Litch, Miguel N., "El efecto contaminante del solve et repete sobre pautas propias del
Derecho Administrativo sancionador", LL 2000-C-98.
(191)Litch, Miguel N., "El efecto contaminante del solve et repete sobre pautas propias del Derecho Administrativo sancionador", LL 2000-
C-98.
(192)CSJN, 9/3/2010, "Compañía de Circuitos Cerrados v. AFIP-DGI", Fallos 333:161; conf. CFed. Apelaciones de Salta, 18/6/2010,
"Caballero, Luis Alberto v. AFIP-DGI".
(193)CSJN, 4/2/1999, "Gorordo Allaria de Karlj v. Estado Nacional", Fallos 322:73; LL 1999-E-186; ED 181-960.
(194)Gordillo, Agustín, Tratado de Derecho Administrativo, t. 4, Fundación de Derecho Administrativo, Buenos Aires, 2004, p. XII-4.
(195) CN Fed. Cont. Adm., sala II, Rep. ED 10-446. Conf. Gordillo, Agustín, Tratado de Derecho Administrativo, t. 4, Fundación de Derecho
Administrativo, Buenos Aires, 2004, p. XII-9.
(196)CNCont. Adm. Fed., sala V, 28/10/1998, "Ranone, Carlos v. PEN"; C. Apel. CC. Salta, Sala III 5/4/2005, "Municipalidad v. Justicia",
Expte. nº 112643, Protocolo año 2005, p. 291; CFed. Apelaciones Salta, Expte. nº 221/07, "Frigorífico Bermejo SA v. AFIP - Dirección
General Impositiva s/ Medida Cautelar - Inconstitucionalidad"; Íd. 5/9/2008, Expte. nº 184/08, "Benencia, Hugo Javier v. Ejército Argentino
s/ daños y perjuicios".
(197)CSJN, 22/2/1977, "Congregación Evangélica Alemana v. Gobierno Nacional", Fallos 297:37; ED 72-189; C. Apel. CC. Salta, Sala III,
22/10/2003, Protocolo año 2003, p. 982.
(199) CNFed. Cont. Adm., Sala III, 18/4/2011, LL 2011-D-469; La Ley Online cita AR/JUR/30115/2011.
(200)CSJN, 24/10/2006, "Sucesores de Abel Wellig v. Municipalidad de Puerto Vilelas", Fallos 329:4430; La Ley
Online AR/JUR/10290/2006.
(201) TS Costa Rica, Sala Constitucional, 15/3/2006, citado por Cassagne, Juan Carlos, "La transformación del procedimiento administrativo
y la LNPA", LL 2011-C, p. 833.
(202)CSJN, 9/8/1988, "Siderman v. Nación Argentina", Fallos 311:1372; Sagüés, Néstor P., Elementos de Derecho Constitucional, t. 2,
Astrea, Buenos Aires 1993, p. 477.
La doctrina nacional como la extranjera coinciden en fundamentar el beneficio de litigar sin gastos en las garantías constitucionales de
igualdad y defensa en juicio; es que, en efecto, la carta de pobreza tiende a hacer efectiva la igualdad real frente a la desigualdad económica
de las partes, pues aunque todos somos iguales ante la ley, la ley no es lo único que rodea al hombre ni el solo móvil de sus actos; el hombre
con la igualdad jurídica no come ni da de comer a su familia; por ello, si no se facilitara el acceso a la justicia de los menos pudientes quedaría
comprometida la defensa en juicio garantizada por la Constitución Nacional (SC Mendoza, Sala I, 10/12/1991, ED 153-713, con nota de Bidart
Campos, Germán).
El instituto de beneficio de litigar sin gastos tiende a asegurar que la posibilidad de que la parte que se encuentra en una posición económica
difícil como para afrontar los gastos derivados de un proceso judicial, no se vea impedida de hacer valer sus derechos; procurando así hacer
realidad la garantía de defensa en juicio y el principio de igualdad ante la ley (CNCiv., Sala B, 15/7/1992, ED 152-157).
(203)Díaz, Clemente, Instituciones de Derecho Procesal, Parte General, t. I, Abeledo Perrot, Buenos Aires 1968,ps. 220/221. Dice este autor
que poco remedia el Estado la cuestión creando un beneficio para litigar sin gastos, "cuando esencialmente el problema encontraría solución
más acertada en la moderación fiscal y arancelaria: ¿O es que se deben cantar loas al Estado por haber creado un beneficio para los pobres
cuando primero creó los pobres?".
(204) Palacio, Lino E., Derecho Procesal Civil, t. III, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1976, p. 477; Íd., t. III, 2011, p. 398.
(205)Berizonce, Roberto O., "Necesidad de una ley nacional de bases sobre garantías del efectivo Acceso a la Justicia", JA 1989 -IV- 779,
apartado II.
(206)Salgado, José María, "Aristas del caso Halabi", La Ley Online: AR/DOC/3405/2009.
(208)CSJN, 20/6/2006, "Mendoza, Beatriz y otros v. Estado Nacional y otros", Fallos 329:2316; LL 2006-D, 88.
(210)Salgado, José María, "Aristas del caso Halabi", La Ley Online AR/DOC/3405/2009, nota 16.
(211)CNCom., sala B, 18/13/2013, "Consumidores Financieras Asociación Civil v. Antártica Cía. Argentina de Seguros", ED del
21/3/2014, p. 6.
(212)CSJN, 21/8/2013, "Padec v. Swiss Medical SA", LL 2013-E-290; Íd., 6/3/2014, "Unión de Usuarios y Consumidores v. Telefónica
Comunicaciones Personales SA", LL revista del 6/5/2014.
(213) Bersten, Horacio, "Legitimación de las asociaciones de consumidores y el fallo "Padec v. Swiss Medical", LL 2013-E, 290; Rusconi,
Dante D., "Casos de fraudes a grupos de consumidores", LL revista del 6/5/2014, comentando el fallo "Unión de Usuarios y Consumidores v.
Telefónica Comunicaciones Personales SA", de fecha 6/3/2014, fallo nº 117.762.
(214) Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires, 25/9/2013, "Álvarez, Avelino v. El Trincante SA s/ daños y perjuicios", LL 30/10/2013, p.
11.
(215)Ver el artículo de Fernández Balbiz, Amalia, "El acceso a la justicia como derecho constitucional y los aportes del actual derecho
procesal", ED 256 del 18/3/2014, p. 1.
(216)Díaz, Clemente, Instituciones de Derecho Procesal. Jurisdicción y Competencia, t. II-A, p. 19; Gozaíni, "Significado y alcance de las
teorías que explican la función jurisdiccional", LL 1993-A-929, punto 1.
(217)Rosatti, Horacio D., "El debido proceso legal", JA 1985-II-825, y El Derecho a la Jurisdicción antes del Proceso, Buenos Aires,
Depalma, 1984.