DELITO CULPOSO
1. Naturaleza de la Culpa.
Antiguamente, en los delitos culposos, sólo se analizaba la acción culposa del
sujeto, examinando el nexo que se presentaba en relación al resultado. Fue
Engisch, en 1930, quien planteo que esto no era suficiente para analizar un
delito culposo, sino que también se debería analizar si el sujeto actuó con el
debido cuidado.
Diversas teorías fundamentan la naturaleza de los delitos culposos, entre ellas
tenemos:
La no previsión de lo previsible: De acuerdo a la doctrina clásica, el
resultado lesivo se ha producido porque el agente no reflexionó, como
era su deber, sobre los efectos que podía producir su actividad. La culpa
se presenta entonces como un vicio sobre la inteligencia y la voluntad,
porque estando en la posibilidad de poder evitar la producción del
resultado típico, el sujeto no actuó.
La culpa proviene de un defecto de inteligencia: Es decir se plantea una
deficiencia en la asociación de ideas, lo cual llevado al extremo nos
conduciría a que ciertos casos no se sancionen.
La culpa es un vicio o defecto de la atención: Es decir, el agente no ha
prestado la atención a la que estaba obligado.
La concepción normativa de la culpa: Afirma que su reproche se basa en
la valoración del deber de diligencia, atención y cuidado indispensables
para evitar que, de nuestra actividad consciente, incluso perfectamente
licita, deriven consecuencias previsibles, dañosas para los demás.
2. Fundamento y casos de incriminación de comportamiento culposo.
Una vez más debemos decir que el Derecho Penal sólo debe intervenir en la
protección de los bienes jurídicos de mayor importancia, y solo cuando los
demás medios de control han fracasado. Y como señala Muñoz Conde: “parece
evidente que las infracciones imprudentes son cualitativamente menos graves
que las dolosas. En ellas hay, pues un menor grado de rebelión contra el
Ordenamiento jurídico y, en consecuencia, un menor grado de reprochabilidad
social, por más que los daños cualitativamente puedan ser mucho más graves
que los causados dolosamente”. Esto no quiere decir que la culpa es una forma
menos grave de dolo, sino algo distinto al dolo. La culpa se centra en el
desvalor de la conducta que incumple el agente, es decir, el incumplimiento de
la exhortación que le hace el ordenamiento jurídico diciéndole que sea
cuidadoso en su actuar.
La esencia del delito culposo esta en incumplir la norma de cuidado, la cual es
objetiva y general y, por tanto, normativa. Si una persona cumple con las
normas de cuidado y manifiesta su diligencia para cumplir las exigencias del
ordenamiento, no se le puede exigir ningún tipo de responsabilidad penal por
el resultado que se haya producido. Como vemos, el delito culposo es un tipo
independiente: en su aspecto objetivo, se debe haber producido un resultado
típico a causa de la infracción del deber objetivo de cuidado y; en el aspecto
subjetivo, el sujeto debe haber podido prever la realización del resultado típico.
Conforme señala el profesor Hurtado Pozo: “No es suficiente que la violación
del deber de prudencia dé lugar al resultado (en caso que este sea un elemento
del tipo legal). Es necesario aún que este resultado sea previsible. Además, esto
supone que sea igualmente previsible el proceso material que provoca dicho
resultado. Por eso, la ley se refiere a la culpa como una imprevisión culpable”.
Conforme nos indica el profesor Berdugo Gomez, la razón de incriminación de
los delitos culposos responde a dos aspectos:
El desvalor de la conducta, es decir que comporta la infracción de la
norma de cuidado, por crear o incrementar el peligro de la vida social.
El desvalor del resultado típico, es decir la lesión o puesta en peligro del
bien jurídico.
Existen dos clases de culpa:
Culpa consciente o con representación: Cuando el sujeto si bien no quiere
causar el resultado, daño al bien jurídico, advierte la posibilidad, le es
previsible, de que este se produzca, pero confía en que no sea así. En otras
palabras, el sujeto prevé el resultado de que el bien jurídico sea dañado si
infringe la norma de cuidado. De acuerdo al profesor Santiago Mir Puig: “La
culpa consciente se da cuando, si bien no se quiere causar la lesión, se advierte
la posibilidad y sin embargo se actúa: se reconoce el peligro de la situación,
pero se confía en que no dará lugar al resultado lesivo. Si el sujeto deja de
confiar en esto, concurre ya dolo eventual”.
Culpa inconsciente o sin representación: No solo no se quiere el resultado
lesivo, sino que el sujeto ni siquiera prevé su posibilidad; no advierte el peligro.
Si esto es así, se podría afirmar que al no existir previsibilidad no hay delito
culposo, pues falta uno de los elementos del tipo objetivo. Desde otro ángulo
Bacigalupo afirma: “La culpabilidad de la culpa inconsciente no es obvia. No es
seguro que sea compatible con el principio de culpabilidad. En verdad el autor
que no se representa el peligro de su acción, difícilmente podrá motivarse para
la corrección del curso de la misma”, por tanto, no tuvo posibilidad de elegir la
conducta adecuada al mandato y, por ello su responsabilidad no ingresa sino en
un cuadro de objetividad”
Sin embargo, en nuestro concepto, el fundamento del castigo de la culpa inconsciente
radica en que el sujeto no previo lo previsible, es decir el sujeto no tomo el debido
cuidado en una situación en la que una persona promedio si lo hubiera tomado.
En este sentido el profesor Quintero Olivares indica: “En relación con la culpa
inconsciente, parte de la doctrina se ha planteado complejos problemas técnicos por
entender que la ausencia de previsión del resultado dejaría incompleta la estructura
del delito imprudente en esos casos si se entiende que la previsibilidad es un elemento
esencial de la imprudencia. Realmente, si se quiere explicar que en la culpa
inconsciente hay también una voluntad dirigida a un fin y, además, el resultado se
sitúa como parte implícita de la norma de cuidado que se infringe, no habrá manera de
salir de atolladero técnico, salvo que situemos la exigencia del cuidado debido en el
momento que se inicia una actividad, en la que el sujeto ni siquiera se interesa por las
reglas mínimas de prudencia, entre otras porque en la culpa inconsciente el autor no
solo deja de plantearse el resultado posible sino que incluso puede desconocer la
norma de cuidado que concurriría. En lo que concierne a la previsibilidad del resultado
no hay otro remedio que negarle su condición de elemento esencial de la imprudencia,
reduciéndolo a la de elemento aleatorio, pues esta y no otra debe ser la conclusión, de
sostener que aquí la previsibilidad es la que hubiera tenido el término medio de los
hombres, ya que esa, por definición, no es la que tuvo el autor; y tampoco puede
decirse que los momentos personales o subjetivos pertenecen al injusto en la culpa
consciente y no en la culpa inconsciente”.
La diferencia entre culpa consciente e inconsciente radica en la previsibilidad que
pueda tener el hombre medio. Si el sujeto que realiza el comportamiento puede
prever el resultado existirá culpa consciente, pero, si el sujeto no prevé el resultado
pudiendo haberlo previsto, conforme la visión del hombre medio, nos encontraremos
frente a la culpa consciente. Si el hecho no podía ser previsto, bajo ningún punto de
vista, entonces no existe culpa, sino que el hecho es fortuito. Esta parte del análisis se
llama previsibilidad objetiva. Además de la previsibilidad objetiva se debe analizar el
cuidado objetivo, si se dieron las reglas de cuidado o no, si no hay reglas especificas se
recurre a las reglas de la experiencia, Lex Artis, las cuales son dadas por expertos. La
parte subjetiva del análisis recae en la capacidad individual del sujeto, es decir, si tiene
información o conocimientos adicionales que lo hacen mas o menos responsable para
con la víctima.
Nuestro Código Penal no hace diferencia entre las clases de culpa, pero esta diferencia
es importante para diferenciar entre el dolo eventual y la culpa consciente: en el
primero asumo el peligro, en la segunda confío en que el resultado no se produciría.
Además, el juzgador puede tomar estos criterios al momento de determinar la pena.
Por último, debemos mencionar que, nuestro Código Penal admite los delitos culposos
por comisión u omisión impropia.
Bramon, L. (2002), Manual de Derecho Penal Parte General, Editorial y Distribuidora
de Libros S.A.