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¿Voto obligatorio en Colombia?

Este documento analiza la posibilidad de adoptar el voto obligatorio en Colombia. Presenta argumentos a favor y en contra, señalando que aunque podría aumentar la participación, también podría infringir derechos y no hay evidencia de que reduzca la corrupción.

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¿Voto obligatorio en Colombia?

Este documento analiza la posibilidad de adoptar el voto obligatorio en Colombia. Presenta argumentos a favor y en contra, señalando que aunque podría aumentar la participación, también podría infringir derechos y no hay evidencia de que reduzca la corrupción.

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LA OBLIGATORIEDAD DEL VOTO EN COLOMBIA

El voto no es una obligació n pero sí un Derecho obligatorio.

Por ejemplo, Chile y Colombia que tienen el sufragio voluntario se debaten en la


posibilidad de volver a convertirlo en obligatorio, por la poca asistencia de la
ciudadanía a las urnas. En la reelecció n del Presidente colombiano Juan Manuel
Santos, en junio de 2014, concurrieron a sufragar en primera vuelta el 40,07 %, y en la
segunda vuelta, tan solo el 47,89 % del padró n electoral.

Un caso especial es Venezuela, donde a pesar de ser el voto voluntario, los ciudadanos
se vuelcan a las urnas de modo masivo, tal vez por la gran polarizació n de ideologías.

Estados Unidos y los países asiá ticos con voto voluntario, tampoco tienen mucha
participació n electoral. En Europa occidental, por el contrario la participació n es alta y
llega a un 77 %. Solo cinco países de Europa tienen voto obligatorio: Italia, Bélgica,
Grecia, Chipre y Luxemburgo.

¿Debe Colombia adoptar el voto obligatorio? (Heraldo) https://goo.gl/vDf9js

La imposibilidad de disminuir los niveles de abstenció n electoral hace reanudar en la


opinió n pú blica la discusió n sobre la necesidad de establecer la obligatoriedad del
voto. De ser así los ciudadanos tendrían la responsabilidad de participar en las
elecciones, bajo la posibilidad de una pena o sanció n si no se hace.

Al respecto y pasada la jornada electoral, José Antonio Viera-Gallo, jefe de la Misió n de


Veeduría Electoral de la Organizació n de Estados Americanos, dijo que Colombia
“debería estudiar si los incentivos para el voto han sido suficientemente eficaces”.
En este sentido, el chileno propone alternativas como cerrar el comercio y ofrecer
medios de transporte gratuito durante la jornada electoral.

Por otro lado, la politó loga y profesora de la Universidad del Norte Alexandra García
argumenta que la democracia “no debe ser una cuestió n de obligació n” y califica el
voto como “un derecho que los ciudadanos deben ejercer por voluntad propia”. La
académica considera que para aumentar la participació n electoral “se necesitan otras
propuestas institucionales como implementar el voto electró nico o dar má s incentivos
a quienes participen en las urnas” y afirma que la obligatoriedad del sufragio “no frena
la compra de votos, simplemente baja el valor que los corruptos pagan”.

“Se necesita ofrecerle a los ciudadanos una diná mica de votació n diferente y má s
abierta, ademá s de cambiar el sistema de zonificació n por uno permanente que no
limite ni incentive la actuació n fraudulenta”, sostuvo en diá logo con EL HERALDO.

La discusión continúa. Mientras algunos consideran que dicha medida es ú til para
estimular la participació n, otros señ alan que su implementació n implica el diseñ o de
un régimen de sanciones que resulta “contrario al derecho democrá tico de asistir a las
urnas”. NOTA: Estado Democrá tico: La definición del Estado colombiano como
democrático entraña distintas características del régimen político : por un lado, que los
titulares del Poder Público ejercerán esa calidad en virtud de la voluntad de los
ciudadanos, la cual se expresa a través de las elecciones; de otro lado, en lo que ha dado
en llamarse democracia participativa, que los ciudadanos no están limitados en su
relación con el poder político a la concurrencia a elecciones para seleccionar sus
representantes, sino que también pueden controlar la labor que ellos realizan e
intervenir directamente en la toma de decisiones, a través de mecanismos como los
contemplados en el artículo 103 de la Carta; y, finalmente, y de acuerdo con la
reformulación del concepto de democracia, que la voluntad de las mayorías no puede
llegar al extremo de desconocer los derechos de las minoría ni los derechos
fundamentales de los individuos.

El conservador Efraín Cepeda defiende que “el voto tiene que ser voluntario”, pues si
se obliga a la gente a votar “estamos frente a una democracia ficticia”. Argumenta que
el sistema electoral debe trabajar por la confianza en las instituciones electorales, por
lo que se declara partidario del sufragio electró nico.

Para el liberal Juan Manuel Galá n “la democracia es libre” y eso implica “decidir si
participar en las urnas o no”.

En América Latina, la obligatoriedad del voto ha sido un componente en el proceso de


consolidació n de la democracia. Este mecanismo se ha institucionalizado en Brasil,
Paraguay, Perú , Argentina, Uruguay, Bolivia y Ecuador.

Opinión:
Por el otro lado, la votació n puede ser vista como un derecho ciudadano y no como un
deber cívico. Así, que los ciudadanos, sin voto obligatorio pueden ejercer sus derechos
civiles, sin estar obligados(as).

Por otra parte, el voto obligatorio puede infringir otros derechos; por ejemplo, los
religiosos, específicamente el de los Testigos de Jehová , en los que les es prohibido
participar en política; por supuesto, que tienen las opciones de los votos nulos o en
blanco. Ellos podrían alegar, que obligarlos a votar, ostensiblemente les niega la
libertad de la prá ctica religiosa.

Otros argumentos en contra del voto obligatorio; frecuente entre los estudiosos del
derecho en los Estados Unidos de América, es que es esencialmente un acto de habla
obligado, lo que viola la libertad de expresió n y a la libertad de hablar, lo que incluye
necesariamente la libertad de no hablar.

Algunos, simplemente, no tienen ningú n deseo de dar apoyo al sistema establecido.


Argumento, este ú ltimo, definitivo en una verdadera democracia: Ejercer a plenitud el
libre albedrío, como le plazca a cada quien. (https://goo.gl/RwF85w)
Razón Pública

Los otros países. Uno de los argumentos má s frecuentes de los promotores del voto
obligatorio es que este desestimularía la compra de votos y la corrupció n electoral. Sin
embargo, no existen evidencias empíricas que muestren que este mecanismo sirva
para eso.

Actualmente, existen entre 20 y 30 países que tienen voto obligatorio (con


modalidades diversas) y la mayoría de ellos son latinoamericanos. Pero
desafortunadamente, como bien sabemos, los países de la regió n no son precisamente
modelos en materia de lucha contra el clientelismo y la compra de votos. Incluso
podemos considerar a Argentina y a Brasil como dos de los casos paradigmá ticos de
estudio sobre estas malas prá cticas, y ambos resultan tener voto obligatorio desde
hace mucho tiempo.

Otro argumento en favor del voto obligatorio sostiene que quienes se abstienen de
votar suelen ser personas de sectores sociales o regiones má s pobres y que,
obligá ndolos a votar, incitaríamos a los políticos a rendirles cuenta a estas
poblaciones usualmente abandonadas a su suerte. Este argumento puede parecer
paradó jico dado que América Latina es el continente má s desigual del mundo y el que
má s prá ctica el voto obligatorio. Entre los países desarrollados, solo Australia y
Bélgica tienen este mecanismo en vigencia.

El contra ejemplo de Chile. Chile ha recorrido el camino inverso al que pretende


tomar Colombia, pues en 2012 suprimió el voto obligatorio que -y esto no debe pasar
desapercibido- había sido impuesto por la dictadura de Pinochet.

La razó n para hacerlo fue la conclusió n de que el voto obligatorio había ayudado a la
pérdida de legitimidad del sistema político chileno, y había favorecido el inmovilismo,
la poca renovació n política, y la pérdida de confianza en los partidos. En ese caso, el
hecho de obligar a acudir a las urnas a una franja importante de votantes apá ticos o
poco interesados favoreció electoralmente a los candidatos ya conocidos o en busca
de reelecció n.

Como agravante, la inscripció n en el registro electoral no era automá tica en Chile


(como lo es en Colombia), con lo cual se introdujo una frontera entre inscritos
obligados a votar siempre y gente que no se inscribió nunca por temor a ser obligados
a sufragar en todos los eventos electorales.

El voto voluntario adoptado por Chile hizo pasar la participació n de 85,8 por ciento a
43,2 por ciento en las elecciones locales de 2012, y de 87,6 por ciento a 49,3 por ciento
en la primera vuelta de la presidencial de 2013. Esto muestra de paso que las tasas de
participació n colombianas no son tan bajas si las comparamos con otros sistemas
electorales.
Pasar al voto obligatorio (incluso sin cambiar el método de inscripció n automá tica en
el registro electoral) podría producir los mismos efectos nefastos que los chilenos
buscaron combatir, podría favorecer a los partidos tradicionales en detrimento de los
pequeñ os, a través del famoso umbral, y hacer má s difícil la aparició n de nuevas
fuerzas o figuras.

Los efectos colaterales. Finalmente, no olvidemos que en materia electoral cualquier


modificació n puede tener efectos sobre otras partes del sistema. En el caso del voto
obligatorio, un primer elemento afectado serían los mecanismos de participació n
ciudadana como los referendos, consultas, revocatoria de mandatos, etc.

Nota: Rosema Martín (2007) afirme que el abstencionismo generalizado es una


“bendició n disfrazada” para la democracia, en la medida en que la voluntariedad del
voto hace que participen personas con mayores ingresos y por lo tanto mejor
educadas, así como electores mayores y en virtud de ello políticamente má s maduros.

Convendría también observar el efecto que el voto obligatorio tendría sobre el voto
blanco. Los partidarios del voto obligatorio argumentan que el elector que no desea
votar por un candidato siempre tendrá la posibilidad de votar en blanco. No obstante,
esto cambiaría implícitamente el sentido de esta opció n, pues los efectos políticos del
voto blanco se diseñ aron sobre el entendido de que se trata de una manifestació n de
inconformidad con respecto a la oferta política, no de indiferencia.

Para terminar, la propuesta representa un desafío técnico enorme para la


Registraduría, la cual deberá duplicar sus esfuerzos y recursos en muchas zonas para
lograr que el voto obligatorio sea una realidad. (https://goo.gl/ayY1QJ)

Opinión 1. Má s que la abstenció n del pueblo, es la evidente falta de manejo y


transmisió n de la informació n, má s que obligar a las personas es el hecho de que no
son conocedoras de quiénes pueden llegar a ser sus dirigentes y cuá les son sus
ideologías. Quizá y esta iniciativa sea má s oportuna para las minorías políticas, pero
para el pueblo ¿Qué es lo má s beneficioso? ¿De qué nos sirve que 41 millones de
Colombianos voten sin tener criterio frente a su realidad y lo má s conveniente para
esta?

Opinión 2. El voto obligatorio es en si mismo una negació n a la democracia. El


problema del abstencionismo no radica ú nicamente en la indiferencia del pueblo,
radica en la carencia de legitimidad que tiene el Estado colombiano, lo que responde
al conflicto, la violencia y la corrupció n como una constante en la sociedad. Sin
embargo otra cuestió n esencial es el problema del acceso a la informació n y por
supuesto a los centros de votació n.

Es decir, por que no pensar que el problema puede ser mas simple de lo que creemos.
Un problema de acceso, de capacitació n y por supuesto de informació n electoral. Es un
síndrome que padece la política en Colombia. Es pretender buscar soluciones bá sicas,
mediocres e ineficientes a problemas complejos, y por otro lado buscar soluciones que
consideramos oportunas, elaboradas y demasiado estructuradas a problemas que
requieren un sencillo ajuste.

Panam Post

El voto obligatorio es un acto de egocentrismo. Los políticos no logran conectarse con


la mayoría de la població n, y los frecuentes escá ndalos hacen que la mayoría de
personas pierdan el interés. Como acció n desesperada por legitimarse, quieren
obligarnos a asistir a las urnas para decir que fueron elegidos por la mayoría de
colombianos.

Hay otras maneras menos restrictivas de la libertad para aumentar la participació n,


como aumentar la transparencia, mejorar la comunicació n e implementar otras
maneras de ejercer el derecho, y no deber, al voto, como votar por correo electró nico
o postal y hacer las jornadas de votació n má s largas.

Ademá s, la abstenció n es un mecanismo de protesta. Es la manera como el pueblo


exige un cambio institucional. El voto en blanco es un castigo a los políticos, pero la
abstenció n significa la falta de solidez del sistema y la necesidad de cambio.

Obligar a votar atenta contra el artículo dos de los derechos humanos: la libertad de
opinió n política, pues es una camisa de fuerza que obliga a participar de un sistema en
el que no todos creen, aclaro que este no es mi caso. Adicionalmente, el voto
obligatorio atenta contra la libertad de culto, pues algunos creyentes de grupos
religiosos.

En Brasil, por ejemplo, el ex presidente de la cá mara de diputados está preso por


corrupció n, en un escá ndalo en el que estuvieron involucrados má s de 50 políticos con
altos cargos en Brasil y Argentina. En Ecuador hay graves acusaciones por
persecució n de opositores que le resta transparencia a los procesos electorales.
Ademá s, en el 2014 hubo un escá ndalo de fraude electoral en el que al parecer fueron
suplantados má s de 300.000 votantes. Por ú ltimo, los escá ndalos de corrupció n en
Argentina son el pan de cada día, hay graves acusaciones en contra de la ex presidente
Kirchner y el actual mandatario, Mauricio Macri. El voto obligatorio no ha sido la
solució n a la corrupció n en países vecinos que son comparables con Colombia.

Por ú ltimo, los mayores beneficiados con el voto obligatorio son los políticos y no la
gente. En Colombia existe un mecanismo de reposició n de votos, que le devuelve una
suma de dinero a los candidatos con base en el nú mero de votos obtenidos.
(https://goo.gl/vHvrAc) Nota: “R.P.V” https://goo.gl/Z2n5k8

La Patria

En días pasados, el registrador delegado para lo electoral, Alfonso Portela, dejó ver
que de aprobarse la obligatoriedad del voto en el país, las pró ximas elecciones
tendrían un costo cercano a los 1.3 billones de pesos, cifra similar a la que el
presidente Santos quiere ahorrar añ o a añ o con el anunciado plan de austeridad.

No obstante, tal cifra no da cuenta de financiar una segunda vuelta; esto es, dado caso
que se necesite de una segunda elecció n para definir ganador, el Estado colombiano
deberá verse en la obligació n de desembolsillar otro billó n de pesos adicional.

El artículo del voto obligatorio para tres cuatrenios (12 añ os), presentado por los
senadores Roy Barreras, Viviane Morales y Horacio Serpa, tiene como fin, segú n lo
dicho por Barreras, ‘mejorar la democracia y limpiar las costumbres electorales’, sin
embargo, quedan varias preguntas que valdría la pena que respondieran los ponentes:
¿12 añ os son suficientes para mejorar la democracia? ¿por qué la reforma se propone
de forma transitoria y no permanente?

Chile es un buen ejemplo para ver có mo nos podría ir. En ese país desde 1958 se
obligó a todos los ciudadanos mayores de 18 añ os a votar en elecciones nacionales y
locales. No obstante, en el 2012 la ley 20.568 derogó , después de 54 añ os, la
obligatoriedad del voto haciendo que sus ciudadanos decidieran libremente si ir o no
a las urnas. Los resultados fueron lamentables y contradictorios. Una vez que se dejó
de obligar a los potenciales votantes a ir a las urnas, las primeras elecciones bajo esta
nueva ley dejaron como presidenta a Michelle Bachelet con una abstenció n del 50.6%.

Contrastando con el caso de la reforma al equilibrio de poderes y el artículo que


pretende un voto obligatorio en el país, los senadores aspiran a que en 12 añ os los
colombianos adopten una cultura e interés masivo por la política que los chilenos no
consiguieron con 54 añ os que tuvieron tal medida como obligatoria. ¿Será n reales y
posibles los objetivos que proponen los senadores o esta reforma, como dicen
muchos, será un empujó n para facilitar una refrendació n de los acuerdos de
paz? (www.lapatria.com/node/133536).

El Tiempo

Una de las razones que sustentan la propuesta del voto obligatorio es la idea de que
así se combatirá la abstenció n en Colombia que ronda el 60% y se fortalecerá la
democracia en el país.

Sin embargo, pensar que el uso del monopolio de la violencia física del Estado para
forzar a los ciudadanos a salir de sus casas a participar en un sistema -en el que
ademá s no creen lo suficiente- va a servir de alguna forma para solucionar cualquiera
de los problemas que enfrenta el país es tan demencial como suena.

En primer lugar, por la sencilla razó n que es un despliegue innecesario de recursos y


esfuerzos para implementar un sistema de control, castigo y apelaciones que en
realidad no reporta ningú n beneficio en particular ni, mucho menos, asegura mejores
resultados electorales.
En segundo lugar, el voto obligatorio mina la ló gica misma de la democracia liberal en
la cual diferentes concepciones de ver el mundo pueden convivir, desde el entusiasta
electoral hasta el modesto anarquista que decide libremente sustraerse de las
decisiones políticas.

El uso de la violencia y la intimidació n para obligar a alguien a participar en un


procedimiento que le es indiferente, es un pequeñ o toque totalitario para un sistema
cuya principal virtud reside justamente en la potencialidad de incluir diferentes
formas de ver el mundo dentro de sí.

Tercer lugar, no obstante, son en realidad los políticos y funcionarios pú blicos los que
deben demostrar que sus labores son tan necesarias, importantes y ú tiles como para
que los ciudadanos cedan una porció n de su libertad para que sea administrada por el
Estado y ademá s se tomen el trabajo de manifestarse en las urnas.

En cuarto lugar, un voto informado cuenta lo mismo que uno desinformado, lo cual
anula cualquier incentivo para votar con un mínimo de conocimiento de las
propuestas e ideas que se encuentran compitiendo. De esta forma, el voto obligatorio
no logrará que se estudie mejor a los candidatos o acaso que los ciudadanos se
involucren má s en la democracia, sino que forzará a una enorme cantidad de personas
desinteresadas y desinformadas para que participen en elecciones simplemente para
evitar una sanció n.

Finalmente, el voto obligatorio ni garantiza eliminar la abstenció n ni mucho menos


fortalece la democracia. De acuerdo con el Instituto Internacional para la Democracia
y la Asistencia Electoral, países donde existe el voto obligatorio como México, Grecia,
Paraguay o Repú blica Dominicana continú an teniendo una abstenció n aproximada del
37%, 36%, 33% y 30% respectivamente.

Adicionalmente, de acuerdo con el Índice de Democracia de la Unidad de Inteligencia


de The Economist, los países que cuentan con voto obligatorio y pueden compararse a
Colombia en términos de desarrollo econó mico o de calidad de sus instituciones, en el
mejor de los casos (Perú , Argentina o México) llegan a ser consideradas democracias
defectuosas y en el peor (Ecuador, Honduras, Ecuador o Bolivia) se encuentran
clasificados como híbridos entre autoritarismo y democracia.

En conclusió n, la discusió n en torno al voto obligatorio es lo que conoce en el mundo


de las redes sociales como “la vieja confiable” cuando se pretende evitar debates de
fondo o se busca proponer cualquier incoherencia para salir del paso. De ninguna
manera implementar el voto obligatorio ayudará a robustecer el ejercicio de la
ciudadanía en Colombia, al contrario, incrementará el caudal electoral de aquellos
políticos que ya controlan sus respectivas regiones y los legitimará al sumarle a sus
haberes una mayor cantidad de votos. En definitiva, el voto obligatorio es una pésima
propuesta. (https://goo.gl/D2BXxz)
ED ECONOMÍA

A modo de resumen, segú n la misma, los individuos actú an con racionalidad en el


momento de acudir o no a las urnas, valorando los costes y los beneficios, de manera
que estos ú ltimos deberá n ser superiores para así votar alguna de las opciones
existentes.

Igualmente, la implementació n del voto obligatorio no implica, de facto, una sensatez


en la emisió n del mismo ya que nos encontraríamos ante lo que se denomina "voto al
azar". A menos que se contemple la opció n del voto en blanco como una alternativa al
resto de fuerzas políticas, el elector desinteresado por la política cogerá , sin má s,
cualquiera de las papeletas.

De hecho, es en este punto cuando el argumento a favor de legitimad de las decisiones


se difumina pues es de rigor considerar que el sufragio obligatorio es contrario a la
libertad democrá tica y actú a como desalentador o elemento opresivo.

Así pues, la cuestió n no radica en la instauració n del voto obligatorio o no. El debate
debe centrarse en có mo incentivar la participació n. Los ciudadanos tienen que poder
acceder a una mayor educació n y cultura política sobre qué conlleva el ejercicio al
voto, de modo que puedan cambiar de visió n y ver el acto de votar como un derecho y
como una responsabilidad, siendo conocedores de que su decisió n no se reduce al día
de los comicios, sino que abarca una totalidad de cuatro añ os.

Finalmente, otra cuestió n importante es la implicació n ciudadana en la política como


mecanismo para reducir el abstencionismo. É sta no puede resumirse en una jornada:
la de las elecciones. La participació n ciudadana va má s allá y debe preverse durante
toda la legislatura, día a día. Por tanto, el voto es un derecho, sí, pero también una
responsabilidad y debe ser ejercido como tal. (https://goo.gl/4gdnhN)

El Mundo

En Grecia, no votar impide sacar la licencia para conducir; en Australia, Chipre y


Luxemburgo las sanciones son pecuniarias y no faltan los países donde su
obligatoriedad es solo para los hombres. En fin, hay de todo como en botica en esta
materia del voto obligatorio. En Colombia, con indicadores de casi un 55% de
abstenció n, este asunto ha sido foco de muchos debates académicos y de una
controversia acentuada entre opinadores.

Dos preguntas han sido las claves en estos encontrones conceptuales, donde se
discute si el voto obligatorio es ú til: ¿limpia la corrupció n de una clase política untada
de desprestigio? y ¿eleva los niveles de participació n electoral? Una vez, un debatiente
lanzó su apotegma: “El voto obligatorio es una solució n simplista para un problema
complejo”. Y otro, acotó : “No es un tema de libertad o de exigencia, el meollo es saber
que es una cuestió n que gira en torno a la legitimidad proveniente de las elecciones y
a la confianza en el sistema democrá tico”. De cara al rechazo a los partidos, a la
compra de votos, al debilitamiento de la participació n electoral y a la corrupció n
galopante, este no es un aspecto fá cil de digerir.

En Holanda, se eliminó el voto obligatorio bajo el argumento de que sencillamente el


voto es un deber cívico. Pareciera ser que Colombia, de aprobarse esta figura, saltaría
a lo contemporá neo y acallaría a los críticos de siempre que no votan pero que rajan
todo el tiempo. Claro está que no son pocos los que sostienen que su implementació n
legal es un ataque a las libertades individuales. Ver a todos los que tienen la edad para
votar, sufragando, no deja de ser algo apreciable, pero estando en conciencia de que
este es un país políticamente inmaduro, donde se vota es contra alguien, o bajo los
efectos de la mermelada, o como castigo, o por el má s sexy, mucha parte del alud de
votos está cargada del vicio de la falta de criterio. Por eso má s bien, lo bueno parece
inclinarse por el voto libre y voluntario. Lo preocupante resulta ser la falta de
representació n política y la confianza, que en Colombia andan en su peor momento.
Definitivamente, el voto obligatorio: sí pero no. (https://goo.gl/BcX7H1)

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