MÉTODO CRÍTICO
1) ¿QUIÉN ESCRIBIÓ EL LIBRO? Moisés
2) ¿CUÁNDO FUE ESCRITO? Alrededor del año 1440 a.C.
3) ¿A QUIÉN FUE ESCRITO? Israel
4) ¿DE DÓNDE FUE ESCRITO?
MÉTODO HISTÓRICO
1) ¿CUÁL ES EL TRASFONDO HISTÓRICO DEL LIBRO? Éxodo significa “salida,” y la
referencia es ala salida de los hijos de Israel de Egipto. Este libro consiste en un relato del
nacimiento y de los primeros años de la vida de Moisés; las diez plagas; el viaje desde Egipto hasta
el Sinaí; la entrada de la ley; y una descripción del tabernáculo. La peregrinación de los hijos de
Israel desde Egipto hasta la tierra prometida ha sido a menudo comparada a la peregrinación del
creyente durante toda su vida. Los primeros 17 versículos del capítulo 20 de Éxodo contiene los
diez mandamientos, lo cual es la base del código moral de la civilización.
El nombre proviene de la Septuaginta y significa "salida", porque el tema principal es el pueblo
de Dios y su partida de Egipto. La narración continúa hasta la construcción del tabernáculo y el
desarrollo del pueblo hebreo como nación. La vida de Moisés, las diez plagas de Egipto, la
peregrinación por el desierto desde Egipto al Sinaí, y la entrega de la Ley son los temas principales.
Éxodo abunda en milagros y se destaca por incluir los Diez Mandamientos que constituyen el
fundamento del código moral de la civilización.
MÉTODO LITERARIO
¿QUE GENERO DE LITERATURA ES EL LIBRO? Histórico
MÉTODO PANORÁMICO
1) ¿CUÁL ES LA IDEA PRINCIPAL DEL LIBRO? Éxodo relata más milagros que cualquier otro
libro del Antiguo Testamento y es famoso por contener los Diez Mandamientos.
2) ¿CUÁL FUE LA RAZÓN PRINCIPAL POR LA CUAL SE ESCRIBIÓ ESTE LIBRO?
Registrar los acontecimientos de la liberación de Israel de Egipto y su desarrollo como nación.
PALABRAS CLAVE EN ÉXODO (RV1960):
Siervo (s)(servidumbre), librar, santo, Jehová...mandó (ha, había mandado), pacto, nube, tentar,
ley, tabernáculo (tienda, tabernáculo de reunión).
COBERTURA HISTÓRICA:
Desde la muerte de José (aprox. 1600 a.C.) hasta el establecimiento de Israel en Sinaí (año 1440
ó 1260 a.C.)
ÉNFASIS:
El milagroso rescate de Israel, de Egipto, obrado por Dios mediante Moisés; la ley del pacto dada
en el montes Sinaí; el tabernáculo como lugar de la presencia de Dios y de adoración correcta por
parte de Israel; la revelación del carácter de Dios y de sí mismo; la tendencia de Israel a quejarse y a
rebelarse contra Dios; el juicio de Dios y su misericordia hacia un pueblo cuando éste se rebela.
CARACTERÍSTICAS PARTICULARES:
Éxodo relata más milagros que cualquier otro libro del Antiguo Testamento y es famoso por
contener los Diez Mandamientos.
CÓMO LEER ÉXODO
Un escape espectacular y una escena de persecución que te pondrá los pelos de punta son solo
dos de los relatos épicos de Éxodo. Sin embargo, este libro es mucho más que una serie de
aventuras, ya que relata el rescate sobrenatural que Dios hizo por toda un pueblo. No obstante, a
pesar de su intervención, los israelitas parecieron incapaces de permanecer leales a Él. Ver su fe
vacilante puede animarnos con una vívida lección: que aun gente imperfecta puede llegar a conocer
a Dios, porque Él los ama de forma perfecta.
Éxodo puede ser dividido en dos secciones. Los primeros diecinueve capítulos describen la
travesía de los israelitas desde la esclavitud hasta su liberación, y los últimos veintiún capítulos
registran las leyes que Dios quería que su pueblo viviera a medida que lo adoraban y lo seguían.
Al leer Éxodo, presta atención a las maravillosas enseñanzas acerca de Dios contenidas en sus
páginas. Él es revelado como poderoso, afectuoso, impresionante en gloria y majestad, digno de
toda adoración, perdonador, misericordioso, y apasionadamente amoroso.
Éxodo destaca la participación directa de Dios en la historia de la humanidad, y lo que está
dispuesto a hacer para apoyar a quienes ama. Por ejemplo, Él ayuda a Moisés a superar un increíble
complejo de inferioridad para llegar a ser un gran líder en Israel. Repetidamente, Éxodo muestra
cuánto Dios se goza cuando las personas, conscientes de sus debilidades, confían en Él como su
única esperanza.
TÍTULO:
Las versiones de la Septuaginta griega (LXX) y la Vulgata latina en el AT asignaron el título
"Éxodo" a este segundo libro de Moisés, debido a que la partida de Israel de Egipto es el hecho
histórico dominante en el libro (19:1). En la Biblia hebrea, las palabras de apertura: "Y (o: Ahora)
estos son los nombres" servían como el título del libro. La apertura "Y" o "Ahora" en el título
hebreo sugiere que este libro debía ser aceptado como la continuación obvia de Génesis, el primer
libro de Moisés. Hebreos 11:22 reconoce la fe de José, quien mientras estaba en su lecho de muerte
(ca. 1804 a.C) habló de la "salida" o "partida" de los hijos de Israel, viendo hacia adelante unos
trescientos cincuenta años al éxodo (ca. 1445 a.C.)
TEMAS:
1. Liberación. A través de la liberación de su pueblo de Egipto (1:1-18:27), Dios
reveló su participación en la actividad humana, su entrada en la historia para rescatar a
su pueblo. Éxodo revela el poder de Dios (6:1; 9:13-16) y su amor compasivo por ellos
(15:13), atributos que ùn hoy son evidentes cuando él ofrece la liberación a todos de la
esclavitud del pecado (Jn 8:34-36; Ro 6:20-22).
2. El pacto. Los Diez Mandamientos (20:1-17) y el gran Libro del Pacto (19:1-24:18)
revelan la justicia y la rectitud de Dios principios básicos de ética y moralidad; la
responsabilidad y las decisiones de las personas (la obediencia trae bendición; la
desobediencia trae castigo); y la preocupación de Dios por el pobre, el desvalido y el
oprimido.
3. El santuario. El deseo de Dios de estar presente entre su pueblo se refleja en la
construcción y las regulaciones con respecto al santuario y la adoración (25:1-40:38).
Éxodo enfatiza la santidad de Dios, y, por extensión, la del santuario (40:9).
4. Moisés. El personaje humano central del libro es Moisés, el mediador entre Dios y
su pueblo (20:19). Moisés nos dirige a Cristo, nuestro propio gran mediador (1 Ti 2:5;
Heb 9:15)
Estructura de Éxodo
Título: “De esclavitud a libertad”
Versículo Clave 6:6,7 “Por tanto dirás a los hijos de Israel: Yo soy Jehová; y yo os
sacaré debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de suservidumbre y os redimiré con
brazo extendido y con juicio grande: y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios: y vosotros
sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto”
Contexto Histórico de Éxodo
La décimo octava dinastía de Egipto, el contexto para la partida dramática de Israel, no fue un
período político económicamente débil u oscuro de la historia egipcia. Por ejemplo, Tumosis III, el
Faraón de la opresión ha sido llamado el "Napoleón del Egipto antiguo", el soberano que expandió
las fronteras de influencia egipcia mucho más allá de las fronteras naturales. Esta era la dinastía
sobre la cual un siglo antes, bajo el liderazgo de Amosis I, había expulsado a los reyes hicsos del
país y redirigido el crecimiento económico, militar y diplomático del país. Al tiempo del éxodo,
Egipto está fuerte, no débil.
Moisés, nacido en 1525 a.C. (ochenta de edad en 1445 a.C.), se volvió "enseñado ...en toda
sabiduría de los egipcios" (Hch 7:22) mientras que estaba creciendo en las cortes de los faraones
Tutmoses I y II, y la reina Hatsepsut durante sus primeros cuarenta años (Hch 7:23). Él estuvo en
madianita auto impuesto durante el reinado de Tutmoses III por otros cuarenta años (Hch 7:30), y
regresó bajo la dirección de Dios para ser el líder de Israel a príncipes del reinado de Amenhotep II,
el Faraón del éxodo. Dios usó tanto el sistema educativo de Egipto como su exilio en Madián para
preparar a Moisés para que representara a su pueblo ante un Faraón poderoso y para guiar a su
pueblo a través del desierto de la península de Sinaí durante sus últimos cuarenta años (Hch 7:36).
Moisés murió en el monte Nebo cuando tenía ciento veinte años de edad (Dt 34:1-6), ya que el
juicio de Dios estaba sobre él por su enojo y falta de respeto (Nm 20:1-3). Mientras que él la vio
desde lejos, Moisés nunca entró en la Tierra Prometida. Siglos más tarde él apareció a los discípulos
en el Monte de la Transfiguración (Mt 17:3).
La vida de Moisés: Tres Etapas de 40 años
Retos de Interpretación
La ausencia de cualquier registro egipcio de la devastación de
Egipto por las diez plagas y la enorme derrota del ejército de Faraón en el
Mar Rojo no debe dar lugar a especulación en referencia a que si el registro
es o no auténtico en términos históricos. La historiografía egipcia no
permitía que se registrarán los momentos penosos y las derrotas penosas de
sus faraones. Al registrar la conquista bajo Josué, las Escrituras
específicamente notan las tres ciudades que Israel destruyó y quemó (Jos.
6:24; 8:28; 11:11-13). Después de todo, la conquista se caracterizó porque
Israel se apoderó y habitó la propiedad, no una guerra designada para
destruir. La fecha de la marcha de Israel a Canaán no será confirmada, por lo
tanto, al examinar niveles extensivos de incendio en lugares de ciudades de
un periodo que se llevó a cabo más tarde.
A pesar de la ausencia de algún extrabíblicos del Oriente Medio de
la esclavitud hebrea, las plagas, el éxodo y la conquista, la evidencia
arqueológica corrobora la fecha temprana. Por ejemplo, todos los faraones
del siglo XV dejaron evidencia de interés en levantar construcciones en Bajo
Egipto. Estos proyectos obviamente fueron accesibles a Moisés en la región
delta cerca de Gosén.
El significado tipológico del tabernáculo ha ocasionado muchas
reflexión. La ingenuidad en unir cada artículo y cada pieza de material de
construcción a Cristo puede parecer extremadamente intrigante, pero si las
afirmaciones y referencias del NT no apoyan tales eslabones y tipologías
entonces la precaución hermenéutica debe gobernar. La estructura y
ornamentación del tabernáculo para la eficiencia y belleza son una cosa, pero
encontrar significado escondido y simbolismo no tiene fundamente. La
manera en la que el sistema de sacrificios y adoración del tabernáculo y sus
partes tipifican de una manera significativa la obra redentora del Mesías
venidero debe ser dejada a aquellos pasajes del NT que tratan el tema.
Temas históricos y teológicos
En el tiempo de Dios, el éxodo marcó el final de un período de
opresión para los descendientes de Abraham (Gn. 15:13), y constituyó el
principio del cumplimiento de la promesa de pacto dada a Abraham de que
sus descendientes no solo residirían en la Tierra Prometida, sino que también
se multiplicarían y se volverían una gran nación (Gn. 12:1-3, 7). El propósito
del libro podría ser expresado así: Rastrear el rápido crecimiento de los
descendientes de Jacob desde Egipto hasta el establecimiento de la nación
teocrática en su Tierra Prometida.
En momentos apropiados, en el Monte Sinaí y en las planicies de
Moab, Dios también lo dio a los israelitas ese cuerpo de legislación, la ley, la
cual ellos necesitaban para vivir apropiadamente en Israel como el pueblo
teocrático de Dios. Por medio de esto, eran distintos del resto de las naciones
(Dt. 4:7, 8; Ro. 9:4, 5)
Por la revelación de Dios de sí mismo, los israelitas fueron
instrumentos en la soberanía y majestad, la bondad y santidad, y la gracia y
misericordia de su Señor, el único Dios del cielo y de la tierra. El registro del
éxodo y los acontecimientos que siguieron son también el tema de otras
revelaciones bíblicas importantes (Sal. 105:25-45; 106:6-27; Hch. 7:17-44; 1
Co 10:1-13; He. 9:1-6; 11:23-29).
Vista Panorámica de Éxodo
El título en hebreo se deriva del primer versículo del libro: “Estos son los nombres de”, a menudo
abreviado, “Los Nombres.” La palabra “éxodo” proviene del griego y significa “salida”; y un tema
principal del libro es la salida de la nación de Israel de la esclavitud en Egipto.
El libro de Éxodo introduce a Moisés. Es interesante notar cómo Dios lo protegió de la muerte
decretada por Faraón y lo puso en el palacio de Egipto para prepararlo para la tarea que tenía para él
(2:1–10). Después de haber vivido cuarenta años en la casa real, Moisés se vio obligado a huir a
Madián, donde se casó y llegó a ser pastor de las ovejas de su suegro (2:15–22). Estando allí fue
confrontado cara a cara con Dios en una zarza ardiente en un área desértica del monte Horeb, donde
fue comisionado a sacar la nación de Israel de la esclavitud (3:1–12). Después de haberse resistido
brevemente, junto con su hermano Aarón se presenta ante los israelitas como su líder; sus
credenciales fueron aceptadas por los ancianos del pueblo (4:27–31).
En los cap. 7 al 12 se describen varias confrontaciones que Moisés tuvo con Faraón durante las
cuales Egipto experimentó varias plagas; éstas eran juicios divinos contra Egipto. Tales juicios
también demostraron la inutilidad de las falsas deidades egipcias. Cada una de las plagas atacó un
área donde se suponía que los dioses egipcios eran fuertes. Dios no tan solo usó las plagas para
liberar a Israel de la tierra donde eran esclavos, también utilizó otras grandes demostraciones de
poder. La última plaga fue la muerte de los primogénitos de cada familia egipcia; Dios instruyó a
los israelitas a celebrar la Pascua como un recordatorio por haber sido librados de esta plaga (12:1–
36).
Al fin, Faraón consintió en permitir que el pueblo saliera. Sin embargo, al verse sin sus esclavos, de
inmediato persiguió a los israelitas quienes quedaron atrapados entre el ejército egipcio y el mar
(14:1–12). Pero Dios realizó un milagro para rescatar a su pueblo (14:21–31). De camino al monte
Sinaí, el pueblo se quejó por falta de alimento (16:1–3), y Dios se lo proporcionó (16:13–21).
Luego se quejaron por falta de agua (17:1–3), y Dios se la proporcionó (17:4–7). Cuando llegaron al
monte Sinaí, Dios hizo un pacto con Moisés que inauguró una nueva manera de vida para Israel
bajo las leyes de Dios. Pero estando aun Moisés en la cumbre del monte recibiendo la ley, el pueblo
se rebeló al haber hecho un becerro de oro (32:1–10), un ídolo que Aarón se vio obligado a
confeccionarles. Después de la purificación del pueblo por causa de esta idolatría, Moisés los
dirigió en la construcción del tabernáculo. La parte final del libro describe la construcción en sí del
tabernáculo, cuyo diseño claramente señala las características y la obra de Cristo, el Mesías que
vendría.
El libro de Éxodo describe cómo los israelitas llegaron a estar bajo el pacto de la ley mosaica.
Registra el dar de la ley, mucho del contenido de la misma y las provisiones para la adoración en el
tabernáculo durante los años en el desierto. Este libro hace que los cristianos recuerden que la
salvación de Dios no sólo libera de la esclavitud del pecado, sino que también los habilita a conocer
su voluntad y experimentar su presencia en la vida diaria.
Referencias Proféticas
Los numerosos sacrificios requeridos a los israelitas eran una ilustración del sacrificio supremo, la
Pascua del Cordero de Dios, Jesucristo. En la noche de la última plaga en Egipto, se sacrificó a un
cordero sin defecto y su sangre se aplicó en los dos postes y el dintel de las puertas en las casas del
pueblo de Dios, protegiéndolos del ángel de la muerte. Esto prefiguraba a Jesús, el Cordero de Dios
sin mancha y sin contaminación (1 Pedro 1:19), cuya sangre aplicada en nosotros, nos asegura la
vida eterna. Entre las presentaciones simbólicas de Cristo en el libro de Éxodo está el relato del
agua que sale de la roca en Éxodo 17:6. Así como Moisés golpeó la roca para proporcionar el agua
de vida para que bebiera la gente, así Dios golpeó la Roca para nuestra salvación, crucificando a
Cristo por nuestro pecado, y de la Roca salió el don del agua viva (Juan 4:10). La provisión del
maná en el desierto es un cuadro perfecto de Cristo, el Pan de Vida (Juan 6:48), provisto por Dios
para darnos vida.
Importancia en la Biblia
El libro de Éxodo ha ejercido una gran influencia en la fe de Israel y en la teología cristiana. El
mensaje fundamental bíblico de la salvación surge en muchos sentidos del pacto entre Dios y su
pueblo que se describe por primera vez en este libro.
Vemos varios principios entrelazados en la narración de Éxodo. Uno de ellos es el
endurecimiento de Faraón. Faraón se negó obstinadamente a obedecer la voz de Jehová. Esta
maldad, que el Señor no causó, debía servir para demostrar el poder de Dios en Faraón y para
glorificar su nombre. El endurecimiento es el último paso que lleva directamente a la condenación.
No debemos olvidar que Faraón mismo endureció su corazón (8.15, 32) antes de que el texto
afirmara que «Dios endureció a Faraón» (9.12; cf. 4.21; 7.13). Dios quería que Faraón permitiese la
salida de Israel. Por eso demostró a través de milagros la realidad de su palabra. Envió las plagas
para impresionar al rey e inducirlo a que diese el honor a Dios, y cesó estas plagas para conmover el
corazón del rey. En todo esto se pone de manifiesto la verdad de que Dios no se complace en la
muerte del injusto (Ez 18.32). El Faraón se opuso, resistiendo continuamente la bondad divina y
desbaratando a propósito toda influencia bienhechora producida por las plagas. Dios endurece a los
que se endurecen. Deja de ocuparse de ellos, con lo cual quedan a merced de Satanás.
Varios temas de este libros los vemos claramente desarrollado en la vida y ministerio de Jesucristo.
Por ejemplo, Moisés recibió la Ley en el monte Sinaí; Cristo predicó el Sermón del Monte. Moisés
levantó una serpiente en el desierto para salvación del pueblo; Cristo fue levantado en una cruz para
dar vida eterna a los que confían en Él (Juan 3.14).
La → PASCUA (Éx 12), que Dios instituyó al libertar a los hebreos de la esclavitud, pasó a ser
fundamental en la fe de Israel. Sirvió también como la base sobre la que Jesús instituyó la Santa
Cena como recordatorio a sus seguidores. Si se entiende bien el Éxodo, el mensaje de la Biblia y el
significado de la vida de Jesús se percibe con mayor claridad entre los cristianos.
En resumen, el propósito del libro no solo es conservar el recuerdo de la partida de los israelitas de
Egipto, sino presentar a la consideración humana las aflicciones y triunfos del pueblo de Dios; hacer
notar el cuidado providencial que Dios ha tenido y los juicios infligidos sobre los enemigos.
Claramente pone de manifiesto el cumplimiento de las divinas promesas y profecías dadas a →
ABRAHAM afirmándole que su posteridad sería numerosa y que serían afligidos en una tierra
extraña, de la cual saldrían en la cuarta generación con grandes riquezas. El Éxodo es un buen símil
del principio, progreso y fin de la salvación del creyente y de la historia de la Iglesia de Cristo en el
desierto de este mundo hasta su llegada a la Canaán celestial.
El Carácter de Dios en Éxodo
1. Dios es accesible: 24:2; 34:4-7
2. Dios es glorioso: 15:1, 6, 11; 33:18-23; 34:5-7
3. Dios es bueno: 34:6
4. Dios está lleno de gracia: 34:6
5. Dios es santo: 15:11
6. Dios es paciente: 34:6
7. Dios es misericordioso: 34:6, 7
8. Dios es todopoderoso: [Link]; 8:19; 9:3, 16; 15:6, 11, 12
9. Dios provee: 15:9-19
10. Dios es verdadero: 34:6
11. Dios es inigualable: 9:14
12. Dios es sabio: 3:7
13. Dios se aira: 7:20; 8:6, 16, 24; 9:3, 9, 23; 10:13, 22; 12:29; 14:24,
27; 32:11, 35
Cristo en Éxodo
Éxodo es un libro de redención. La imagen de Dios que liberta a su pueblo de la
esclavitud de Egipto es una figura de Cristo que libera a los pecadores del pecado y sus
consecuencias. Cristo estuvo con Israel como la roca que los siguió durante el viaje
desde la esclavitud a la tierra prometida (1 Cor 10:4; Ex 17:6). Los corderos de la
Pascua son una figura de la muerte de Cristo por los pecadores (Juan 1:36; 19:36) y del
acceso que Él proporciona para llegar a Dios.
Dios liberó a la nación de Israel de la esclavitud egipcia y estableció un nuevo
cimiento con la presentación de la ley. El enfoque de Éxodo es doble: (1) descripción de
la redención del pueblo de Dios; (2) formación de la nación escogida a través de la cual
entraría Cristo en el mundo. La ley preparaba a Israel para recibir a Cristo, su prometido
Mesías y Rey.
Los 10 motivos de oración en Éxodo
1. Agradecimiento por la liberación: Oremos agradeciendo a Dios por su poderosa
intervención en liberar al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto, como a nosotros
del pecado- (Éxodo 3:7-10).
2. Petición de dirección en momentos de incertidumbre: Pidamos a Dios dirección
y sabiduría en momentos de incertidumbre, como Moisés al liderar al pueblo a través del
desierto (Éxodo 13:17-22).
3. Confianza en la provisión divina: Oremos para confiar en la provisión de Dios en
medio de las dificultades, reflexionando sobre cómo Él proveyó maná y agua en el
desierto (Éxodo 16:1-36; Éxodo 17:1-7).
4. Reverencia por la santidad de Dios: Pidamos a Dios que nos dé un profundo
respeto por su santidad, recordando la revelación en el Monte Sinaí (Éxodo 19:10-25).
5. Arrepentimiento por la idolatría: Que podamos arrepentirnos de cualquier forma
de idolatría en nuestras vidas, reflexionando sobre la creación del becerro de oro (Éxodo
32:1-35).
6. Poder para superar las pruebas: Oremos por fortaleza y perseverancia en medio
de las pruebas, tomando ejemplo de la fidelidad de Moisés durante la travesía por el
desierto (Éxodo 17:8-16).
7. Petición por un corazón generoso: Pidamos a Dios un corazón generoso al
contribuir a la construcción del tabernáculo, reflejando la generosidad del pueblo en
Éxodo 35:4-29.
8. Confianza en la presencia de Dios: Oremos para confiar en la presencia constante
de Dios, recordando cómo la nube y la columna de fuego guiaron al pueblo de Israel
(Éxodo 13:21-22).
9. Petición por líderes sabios y justos: Pidamos por líderes sabios y justos,
inspirados por el ejemplo de Moisés y su liderazgo bajo la guía divina (Éxodo 18:13-
27).
10. Agradecimiento por la alianza y las leyes: Oremos agradeciendo a Dios por su
alianza y por las leyes dadas en el Monte Sinaí como guía para vivir una vida justa y
santa (Éxodo 20:1-17).
Los Diez Mandamientos
(Dt. 5.1-21)
20 Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: 2 Yo soy Jehová tu Dios, que te
saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
3
No tendrás dioses ajenos delante de mí.
4
No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni
abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 5 No te inclinarás a ellas, ni las
honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los
padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me
aborrecen, 6 y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis
mandamientos.
7
No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente
Jehová al que tomare su nombre en vano.
8
Acuérdate del día de reposo para santificarlo. 9 Seis días trabajarás, y harás toda
[a]
tu obra; 10 mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra
[b]
alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero
que está dentro de tus puertas. 11 Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la
tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por
tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.
[c]
12
Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que
Jehová tu Dios te da.
13
No matarás.
14
No cometerás adulterio.
15
No hurtarás.
16
No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
17
No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su
siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.
Exodo 20
Los Diez Mandamientos
(11-1) Introducción
Hay muchas personas, aun algunos cristianos, que parecen creer que los Diez
Mandamientos fueron solamente para la dispensación mosaica y que no son parte
del evangelio actual. Al comenzar a estudiar estos diez principios, revelados hace
más de tres mil años, pregúntese qué importancia tienen en la actualidad.
¿Forman parte del evangelio como lo tenemos hoy día o eran solamente para los
antiguos israelitas? Esta pregunta es sumamente importante para usted. Cecil B.
DeMille, productor de la película Los Diez Mandamientos, hizo esta
observación:
“Algunos, que no conocen la Biblia ni la naturaleza humana, tal vez vean en la
escena de la orgía del Becerro de Oro sólo una expresión de la imaginación
hollywoodense; pero quienes tienen ojos para ver apreciarán en la misma una
terrible lección acerca de cuán rápidamente una nación, o el hombre mismo,
puede caer si no obedece la ley de Dios.
“Si el hombre no es gobernado por Dios, ciertamente será gobernado por tiranos,
y no hay tiranía más imperiosa y más devastadora, que el propio egoísmo del
hombre sin ley.
“Al desobedecer los Diez Mandamientos, solamente nos destruimos a nosotros
mismos. Obedeciéndolos, por el contrario, podemos elevarnos a la plenitud de
libertad bajo la guía de Dios. Dios quiere que seamos libres y con osadía divina
nos otorgó el poder de elegir.” (Discurso dado en la ceremonia de graduación,
en Brigham Young University Speeches of the Year, Provo, 31 de mayo de
1957.)
Instrucciones al alumno
1. Emplee los comentarios que aparecen más adelante. Ellos le ayudarán en la lectura y estudio de
Exodo 20.
2. Lleve a cabo las asignaciones del Resumen Analítico, según las indicaciones de su maestro.
(Los alumnos del Curso de estudio individual supervisado deben completar toda esta sección.)
COMENTARIOS SOBRE EXODO 20
(11-2) Exodo 20:1-17. Las diez grandes piedras fundamentales
Quizás la mayor indicación de la importancia de los Diez Mandamientos sea el
hecho de que los mismos se encuentran en tres de los cuatro Libros Canónicos de
la Iglesia. Después de que el Señor se los dio a Moisés (véase Exodo 20), éste los
repitió al resumir las experiencias de Israel en el desierto (véase Deuteronomio
5:6-21). El profeta Abinadí los citó ante los malvados sacerdotes del rey Noé
(véase Mosíah 13:12-24), de manera que también se encuentran en el Libro de
Mormón. Y, aunque no dados en la forma exacta en que aparecen en los pasajes
anteriores, los mismos principios se encuentran también en el Nuevo Testamento
(véase Mateo 5:17-37) y en Doctrina y Convenios (véase D. y C. 42:18-29; 59:5-
9). Cuando el Señor recalca algo por medio de tanta repetición, debe ser porque
es importante. El élder Mark E. Petersen dijo:
“Con su propio dedo el Señor escribió los Diez Mandamientos sobre planchas de
piedra. Estos mandamientos representan la ley básica del Todopoderoso y desde
ese entonces han constituido los elementos básicos de la ley civil y religiosa.
“Son fundamentales para nuestra relación con Dios; constituyen parte integral del
evangelio restaurado del Señor Jesucristo y son esenciales para que lleguemos a
ser perfectos, como nuestro Padre Celestial es perfecto. (D. y C. 42; D. y C. 59.)
“Podemos encontrar algunas variantes de estas leyes en las reglas establecidas en
Levítico y Deuteronomio, que se aplican a situaciones específicas, pero, en
general, son la base para toda conducta apropiada del hombre.” (Moses, pág.
110.)
Estos mandamientos muestran al hombre, en orden de prioridad, las tres facetas
más importantes de sü vida. Los cuatro primeros mandamientos se refieren a su
relación con Dios. El quinto establece la importancia de la familia y de las
relaciones familiares apropiadas. Los cinco restantes regulan la relación del
hombre con sus semejantes. El hombre que se ha comprometido a perfeccionar
su relación con Dios, con su familia y con sus semejantes está en camino a la
perfección en todas las cosas.
(11-3) Exodo 20:2-3. “No tendrás dioses ajenos delante de mí”.
El primer mandamiento enseña al género humano lo que debe ser más importante
en su vida. Si Dios no está primero, entonces todo lo demás se ve afectado. Nada
en la vida, ni siquiera algo tan precioso como la familia o la vida misma, puede
tener más importancia para nosotros que Dios. Cristo enseñó eso a sus discípulos:
“El que ama padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o
hija más que a mí, no es digno de mí”. (Mateo 10:37.) Y en esta dispensación
dijo: “No temáis, pues, a vuestros enemigos, porque he decretado en mi corazón
probaros en todas las cosas, dice el Señor, para ver si permanecéis en mi
convenio hasta la muerte, a fin de que seáis hallados dignos. Porque si no
permanecéis en mi convenio, no sois dignos de mí” (D. y C. 98:14-15.)
“Dios no nos favorecerá si lo ponemos en segundo lugar en nuestra vida, y si
vamos detrás de cosas mundanales, sin importar lo que ellas sean.
“El mandamiento del Salvador fue: ‘Buscad primeramente el reino de Dios y su
justicia’. (Mateo 6:33.) En revelaciones dadas a José Smith, el Profeta, el Señor
enseñó que debemos tener la única mira de glorificar a Dios. (D. y C. 27:2; 55:1;
59:1; 88:67.)” (Petersen, Moses, pág. 111.)
Al principio algunos pueden pensar que el hecho de que el Señor demande
adoración y devoción exclusivas suena un tanto egoísta. Pero se debe tener
presente lo siguiente: Primero, como Señor y Creador de todo el universo con
todo el poder, conocimiento y gloria, Dios no necesita la adoración del hombre
para engrandecerse. De manera que su celo no es por proteger su propio estado.
Lo segundo a tener en cuenta es que el Señor enseñó a Moisés que la obra de El
es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).
Cada vez que sus hijos dan más importancia a algo que la que dan a Dios, sea lo
que fuere, en ese momento comienzan a desviar la obra de El y sus propósitos. El
es la única fuente de poder y conocimiento suficientes para otorgar la salvación,
y el poner algo por encima de El disminuye ]a capacidad del hombre de
participar de ese poder y conocimiento para salvación propia. Por eso es que,
ante todo, El dice a sus hijos: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Exodo
20:3).
Un reconocido estudioso de la Biblia lo dice en esta forma: “Este mandamiento
prohibe toda clase de idolatría mental y todo apego desmedido a las
cosas terrenales, que estimulan los sentidos…Dios es la fuente de felicidad y toda
criatura inteligente puede ser feliz solamente mediante El…El primer
mandamiento que nos ha dado tiene el propósito de evitarle aflicción al hombre y
de darle felicidad, apartándolo de toda dependencia falsa y llevándolo a Dios
mismo, la fuente de todo bien.” (Clarke, Bible Commentary, 1:402-3.)
(11-4) Exodo 20:4-6. “No te harás imagen…”
En el prefacio de Doctrina y Convenios el Señor dijo que una de las
características del mundo moderno era: “Todo hombre anda por su propio
camino, y en pos de la imagen de su propio Dios, cuya imagen es a semejanza del
mundo y cuya substancia es la de un ídolo” (D. y C. 1:16). En cuanto a la
idolatría, el élder Spencer W. Kimball dijo:
“Sin embargo, la idolatría que más nos preocupa es la adoración consciente a
otros dioses. Algunos son de metal, terciopelo, cromo, de madera, de piedra y de
ricas telas. No son hechos a imagen de Dios o del hombre, sino que se elaboran
para proporcionar al hombre comodidad y deleite, para satisfacer sus caprichos,
ambiciones, pasiones y deseos. Algunos carecen de forma física alguna, pues son
intangibles.
“…los ídolos modernos o dioses falsos pueden asumir formas tales como ropa,
casas, negocios, máquinas, automóviles, botes de recreo y otras numerosas
atracciones materiales que nos desvían del camino hacia la santidad. ¿Qué
importa que el objeto en sí no tenga la forma de un ídolo? Brigham Young dijo:
‘Igual sería para mí ver a un hombre adorar a un dios pequeño hecho de latón o
de madera, que verlo adorar sus bienes’. {Journal of Discourses, 6:196.)
“Las cosas intangibles constituyen dioses igualmente prestos. Los títulos, grados
y letras pueden convertise en ídolos. Muchos jóvenes determinan matricularse en
la universidad cuando primero deberían cumplir una misión. El título, y el dinero
y la comodidad que por estos medios se obtienen parecen ser tan deseables, que
la misión queda en segundo lugar. Algunos desatienden el servicio que deben
prestar a la Iglesia durante los años de sus estudios universitarios, optando por
dar preferencia a la instrucción seglar y despreciando los convenios espirituales
que han concertado.
“Hay muchas personas que primero construyen y amueblan una casa, y compran
su automóvil, y entonces descubren que ‘no les alcanza’ para pagar sus diezmos.
¿A quién están adorando? Ciertamente no es al Señor de los cielos y de la tierra,
pues servimos a quien amamos y damos nuestra primera consideración al objeto
de nuestro afecto y deseos. Las parejas jóvenes que no quieren hijos sino hasta
que hayan recibido sus títulos quizás se sentirían ofendidas si se tildara de
idolatría a su preferencia expresada. Sus pretextos les proporcionan títulos a costa
de los hijos. ¿Será una permuta justificable? ¿A quién aman y adoran, a sí
mismos o a Dios? Otras parejas, comprendiendo que la vida no tiene como objeto
principal las comodidades, el desahogo y los lujos, completan su educación
mientras siguen adelante llevando una vida completa, teniendo hijos y prestando
servicio a la Iglesia y a la comunidad.
“Muchos adoran la cacería, la pesca, las vacaciones, los días de campo y paseos
de fin de semana. Otros tienen como ídolos a las actividades deportivas, el
béisbol, el fútbol, las corridas de toros o el golf. Estas actividades, en la mayoría
de los casos, interrumpen la adoración del Señor y el prestar servicio para la
edificación del reino de Dios. La afición hacia estas cosas no parecerá cosa grave
a los participantes; sin embargo, indica dónde ellos están depositando su
fidelidad y su lealtad.
“Otra imagen que los hombres adoran es la del poder y el prestigio. Muchos
huellan con los pies los valores espirituales, y con frecuencia los valores éticos,
en su ascenso al éxito. Estos dioses de poder, riqueza y prestigio son sumamente
exigentes, y son tan reales y verdaderos como los becerros de oro de los hijos de
Israel en el desierto.” (El milagro del perdón, págs. 38-40.)
(11-5) Exodo 20:5. Si los celos son un rasgo negativo, ¿cómo es
que Dios es un Dios celoso?
La raíz hebrea kanah significa “ardor, celo, celos” (Gesenius, Hebrew and
English Lexicon of the Old Testament, pág. 888). Por lo tanto, la implicación es
que el Señor posee “sentimientos profundos y firmes” con relación a la idolatría
(Exodo 20:5). La razón parece clara: El único poder para salvar de los lazos del
pecado a la humanidad está en Dios. Toda adoración falsa, por lo tanto, se
interpone entre el pecador y ese poder. Como Dios ama a sus hijos y desea
solamente su mayor bienestar eterno, es celoso; es decir, tiene sentimientos
profundos con relación a cualquier inclinación a la adoración falsa que aquéllos
puedan tener.
(11-6) Exodo 20:5-6. ¿Castiga el Señor a los hijos por la maldad
de sus padres?
En varios pasajes el Señor indica que visitará “la iniquidad de los padres sobre
los hijos…hasta la tercera y cuarta generación” (Exodo 34:6-7; Números 14:8),
lo que se ha interpretado de la siguiente mañera: El Señor no castigaría a nadie
por un pecado que no cometió. Si los hijos aprenden el mal proceder de sus
padres y siguen su mal ejemplo, el Señor los castigará, mas no lo hará si se
arrepienten y le sirven. (Véase D. y C. 124:50-52; 98:46-47.)
Acantilados del Monte Sinaí
(11-7) Exodo 20:7. “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en
vano”
En este mandamiento hay dos aspectos que resaltan por su importancia. Primero,
el tercer mandamiento implica que debemos tener una actitud sincera y reverente
hacia Dios y su nombre.
“Este precepto no solamente prohibe todo juramento falso, sino también toda
blasfemia en la que se usa el nombre de Dios, o donde nos referimos a El como
testigo de la verdad. Necesariamente prohibe toda
mención liviana e irreverente de Dios o de cualquiera de sus atributos.”
(Clarke, Bible Commentary, 1:404.)
En una época en que lo profano domina tanto las conversaciones del mundo, es
bueno recordar la advertencia del Señor de que no tendrá por inocentes a tales
personas. El élder LeGrand Richards dijo lo siguiente:
“Es difícil entender cómo un individuo puede acercarse verdadera y sinceramente
a Dios en oración, buscando una bendición de su mano, y al mismo tiempo ser
tan irrespetuoso como para tomar en vano el nombre de El.
“La profanidad es incompatible con la reverencia. Ciertamente en este momento
crítico en la historia de nuestra nación, cuando tenemos necesidad de la ayuda de
Dios, deberíamos asegurarnos de no ofenderlo con nuestra forma de hablar.
Apelamos a nuestros jóvenes para que tengan en reverencia el nombre sagrado de
Dios, para que puedan andar aceptablemente delante del Señor a fin de que, si
llegara un momento en su vida en que necesiten su ayuda, puedan dirigirse a El
con buena conciencia y clamen con fe en que El escuchará su ruego.” (En “The
Third Commandment”, The Ten Commandments Today, págs. 52-53.)
Hay un aspecto más que debe considerarse con relación al mandamiento de evitar
tomar en vano el nombre de Dios. El establecimiento de convenios y juramentos
con Dios es parte integral del evangelio, y cuando nos bautizamos, hacemos el
convenio de tomar sobre nosotros el nombre de Cristo (véase D. y C. 20:37). Si
se olvida ese juramento solemne hecho al momento del bautismo, se ha tomado
en vano el nombre del Señor. Ante el altar del templo, hombres y mujeres
solemnemente juran sujetarse a convenios sagrados. Si al abandonar esos templos
viven como si las promesas no tuvieran ningún significado, violan el tercer
mandamiento aunque no hayan hablado cosas profanas. Quienes participan todas
las semanas de la Santa Cena y lo hacen sin considerar a fondo el significado de
tomar sobre sí el nombre del Señor, lo están tomando en vano. Tal liviandad con
respecto a las cosas sagradas constituye vanidad a la vista de Dios. El Señor
mismo dijo en la revelación moderna: “Por tanto, cuídense todos los hombres de
cómo toman mi nombre en sus labios; porque he aquí, de cierto os digo, que hay
muchos que están bajo esta condenación, que toman el nombre del Señor y lo
usan en vano sin tener autoridad.” (D. y C. 63:61-62.)
Además de los juramentos y convenios religiosos, muchos actos formales de
nuestra sociedad moderna van acompañados de juramentos y votos solemnes, los
que frecuentemente son desestimados o considerados sin importancia.
Claramente, la violación de tales juramentos también es una violación del tercer
mandamiento.
(11-8) Exodo 20:8-11. “Acuérdate del día de reposo, para
santificarlo”
La doctrina del día del reposo, enseñada a través de las Escrituras, incluye los
siguientes conceptos importantes:
1. El mandamiento tiene un doble propósito: fomentar tanto el trabajo como
la adoración. El mandamiento es trabajar seis días y descansar el séptimo.
En otras partes de las Escrituras el perezoso es condenado y el trabajador
es ensalzado (véase D. y C. 42:42; 56:17; 60:13; Alma 24:18; 38:12).
2. El día de reposo fue dado como señal del descanso de los Dioses después
de trabajar en la Creación. El vocablo hebreo shabbat significa “reposo”,
o, “cese del trabajo”. El día de reposo está directamente relacionado con la
Creación, no solamente en el mandamiento en sí, sino también en pasajes
tales como Génesis 2:1-2 y Exodo 31:17.
3. Bajo la dispensación mosaica, la violación del día de reposo era un delito
que se castigaba con la muerte (véase Exodo 31:14-15). Un reconocido
erudito explicó la razón de este castigo:
“Las penas de muerte impuestas como consecuencia de la violación del día
de reposo en la época del Antiguo Testamento nos transmiten dos
suposiciones obvias: Primero, la ley del día de reposo encierra un
principio tan importante y básico que la violación de la misma se torna en
ofensa capital. Segundo, la violación del día de reposo encierra en sí una
especie de muerte espiritual, esto es, que el violar cualquier mandamiento
acarrea ese tipo de muerte. Los profetas hicieron esta aclaración. La
obediencia, por otra parte, significa vida.” (Rushdoony, Institutes of
Biblical Law, pág. 137.)
4. Con relación a obedecer el día de reposo, el Señor dijo que es “señal…
para que sepáis que yosoy Jehová que os santifico“ (Exodo 31:13; cursiva
agregada). El Señor enseña un concepto similar de santidad o pureza
espiritual en la revelación moderna: “Y para que más íntegramente puedas
conservarte sin mancha del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás
tus sacramentos en mi día santo”. (D. y C. 59:9; cursiva agregada.)
5. El concepto de santificación y la idea de reposo, tal como se usa en las
Escrituras, parecen estar íntimamente relacionados. El reposo del Señor es
definido como “la plenitud de su gloria” (D. y C. 84:24). Alma enseñó que
ciertos miembros de la Iglesia habían entrado en el “reposo del Señor”
después de haber sido purificados mediante un proceso de santificación
(Alma 13:12). En otras palabras, la obra de Dios es la santificación de sus
hijos hasta tal punto que puedan entrar en el reposo final, el cual es la
plenitud de su gloria. Se ha mandado que una vez por semana el hombre
descanse de sus labores y permita que Dios efectúe su obra de
santificación sobre él. Reposar en el día del Señor, entonces, implica
mucho más que tomar una siesta o no efectuar las actividades normales. El
género humano debe participar en la obra del Señor en ese día, lo que
significa santificarse y santificar a los demás. Hacer la obra del Señor
(santificación) a menudo implica una gran actividad durante el día de
reposo, y es posible que no tengamos descanso físico en el sentido común
de la palabra. Podemos suponer que si hacer el bien a un animal en el día
de reposo es aprobado por el Señor (véase Mateo 12:11; Lucas 13:15),
entonces hacer bien a los hombres goza de mayor aprobación del Señor.
Los dos conceptos contenidos en el cuarto mandamiento
son reposo y adoración (véase D. y C. 59:10). El verbo hebreo la-avodh,
“adorar”, significa también “trabajar” y “servir”. Esta obra santa crea un
hombre nuevo y santo; por lo tanto, el día de reposo se relaciona con la
obra de la Creación.
6. El mandamiento de observar el día de reposo no fue dirigido sólo a la
persona sino también a sus siervos (empleados), a los miembros de su
familia y a sus animales. Bajo la ley de Moisés, hasta la tierra misma tenía
que tener su descanso una vez cada siete años (véase Exodo 20:10;
Levítico 25:1-7). Imaginémonos la fe que se requería para confiar
plenamente en la providencia de Dios en lugar de depender de las labores
de las propias manos cada siete años. (Ese cometido fue dado en Levítico
25:20-22.)
7. Las promesas directas de abundancia de cosas materiales, de protección
divina y poder espiritual se dan con relación a la santificación del día de
reposo. Por ejemplo, después de dar el mandamiento de la observancia del
año de reposo, el Señor prometió “y habitaréis en la tierra seguros y la
tierra dará su fruto, y comeréis hasta saciaros, y habitaréis en ella con
seguridad”. (Levítico 25:18-19.) Isaías prometió a aquellos que no se dejan
llevar por sus propias inclinaciones en el día de reposo: “te deleitarás en
Jehová [un concepto tal vez relacionado con fortalecer nuestra confianza
en la presencia de Dios; véase D. y C. 121:45] y te haré subir sobre las
alturas de la tierra, y te daré a comer la herencia de Jacob”(Isaías 58:14).
La herencia de Jacob era la exaltación. ¡Y Jacob fue hecho un Dios!
(Véase D. y C. 132:37.)
Las promesas que se encuentran en Doctrina y Convenios 59:16-24 están basadas
en la condición expresada en el versículo 16. El élder Spencer W. Kimball habló
en detalle acerca del cometido de santificar el día de reposo:
“El cuarto mandamiento es una ley que se compone de dos partes: una positiva y
otra negativa. Del lado negativo dice: ‘no hagas en él obra alguna (en el día de
reposo)’. Del lado positivo: ‘acuérdate del día de reposo para santificarlo’…
“Cada semana encontramos gente que, en actitud desafiante, lleva adelante su
trabajo y actividades recreativas en el día del Señor. Muchas tiendas y otros
establecimientos comerciales exhiben grandes carteles: ‘abierto el domingo’. Las
fábricas y negocios prosiguen sus actividades ‘a todo vapor’. En ese día se visita
casas que están en venta y se efectúa la venta de las mismas. Las playas, parques
y otros lugares de diversión están más concurridos que nunca. Largas filas de
personas esperan turno para comprar sus boletos frente a los teatros. Los estadios
y arenas atraen a miles, y las familias tienen sus reuniones en parques y lugares
de recreo en las montañas. Los estudiantes hacen sus tareas escolares y estudian
sus lecciones. Los ganaderos siguen atendiendo a sus ganados. La gente viaja
innecesariamente. Los agricultores aran la tierra, cultivan y cosechan sus
plantíos. Algunos hombres de negocios cierran sus oficinas pero usan los días de
reposo para ir a los arroyos a pescar y a las montañas para cazar. Las mujeres
limpian la casa y hacen otras tareas hogareñas. Otros van de excursión. La gente,
en general, parece estar sobre ruedas: Los caminos están repletos. Hombres a
medio vestir podan los arbustos de las cercas o cortan el césped. Los restaurantes
y lugares de venta de comida lista para llevar trabajan casi frenéticamente.
Mujeres ataviadas en ropa de casa y hombres sin afeitar pasan horas
holgazaneando en sus casas. La élite social tiene recepciones y se reúne para
tomar el té y, semana tras semana, el día de reposo es profanado y la ley de Dios
es desafiada.
“Se entiende que mucha gente buena se ve competida a trabajar durante el día de
reposo, ya que si no lo hacen se exponen a perder su empleo. Pero,
frecuentemente, aquellos a quienes sus horas de trabajo les exigen que trabajen
parte del día de reposo encuentran excusas para no participar del todo en
actividades de adoración usando el trabajo como pantalla. Esas personas
raramente trabajan el domingo más horas que otras personas, y si tienen la
voluntad de hacerlo, generalmente pueden encontrar suficiente tiempo para
prestar servicio a sus semejantes y santificar el día de reposo en las horas que
sobran.
“Cuando el empleo es escaso y difícil de obtener, algunas personas se ven
obligadas a trabajar durante el día santo como ‘buey en el lodazal’. Pero cuando
el trabajo abunda, los hombres pueden encontrar trabajo que no requiera servicio
en domingo. Quizás sea un sacrificio financiero conformarse con las ganancias
obtenidas sin trabajar en el día santo, pero el Señor ha prometido que bendecirá a
quienes vivan sus leyes.” (En parte 1, The Ten Commandments Today, págs. 55,
57-58.)
Luego, refiriéndose a los aspectos positivos del mandamiento, el élder Kimball
dijo:
“El término hebreo Sabbath significa ‘reposo’. Abarca el concepto de quieta
tranquilidad, paz mental y espiritual. Es un día para librarse de intereses egoístas
y actividades absorbentes.
“El día de reposo ha sido dado a través de las generaciones del hombre como
convenio perpetuo, y es una señal perpetua entre el Señor y sus hijos. Es un día
en el cual podemos adorar y expresar nuestra gratitud y aprecio al Señor. Es un
día en el cual debemos someter todo interés mundano y alabar humildemente al
Señor, pues la humildad es el comienzo de la exaltación. No es un día para
aflicciones y cargas sino para reposo y gozo. No es un día para banquetes, sino
un día de comidas sencillas y fiesta espiritual; no es un día de abstinencia, a no
ser que se trate del día de ayuno, sino un día en el que la empleada y la señora
pueden verse aliviadas de la preparación. Es un día otorgado por la gracia de
nuestro Padre Celestial. Es un día en el que los animales deben ser dejados libres
para pastar y descansar, en el que el arado puede ser guardado en el lugar de las
herramientas y en el que otras máquinas deben enfriarse; un día en el que el
patrón y el empleado, el amo y el siervo pueden estar libres de la tarea de arar,
hacer zanjas, en fin, de esforzarse. Es un día en el que se debe cerrar la oficina,
posponer los negocios, y olvidar las dificultades; un día en el que el hombre
puede verse temporalmente libre de aquel primer mandamiento ‘con el sudor de
tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra…’ Es un día en el cual el
cuerpo puede descansar, la mente relajarse y los espíritus pueden desarrollarse.
Es un día en el que se puede cantar, orar, predicar y dar testimonio, y en el que el
hombre puede elevarse casi anulando el tiempo, el espacio y la distancia que lo
separa de su Creador.
“El día de reposo es un día en el cual debemos hacer un inventario para analizar
nuestras debilidades y confesar nuestros pecados a los que nos rodean y a nuestro
Señor. Es un día en el cual podemos leer buenos libros, meditar, estudiar las
Escrituras y preparar discursos y lecciones, un día para dormir la siesta y
descansar, para visitar a los enfermos, predicar el evangelio y visitar
investigadores; un día para que nos reunamos tranquilamente con la familia y
lleguemos a conocer mejor a nuestros hijos; un día para cortejar adecuadamente,
para hacer el bien, para beber en la fuente de conocimiento e instrucción, para
buscar el perdón de nuestros pecados, para enriquecer nuestro espíritu y alma,
para restaurarnos a nuestra estatura espiritual; un día para participar de los
emblemas del sacrificio y expiación de Cristo, para contemplar las glorias del
evangelio y de los horizontes eternos, para elevarnos en el sendero que lleva
hacia nuestro Padre Celestial.” (En “The Fourth Commandment”, parte 2, The
Ten Commandments Today, págs. 66-68.)
(11-9) Exodo 20:12. “Honra a tu padre y a tu madre”
El quinto mandamiento establece claramente la im portancia de la familia ante la
vista de Dios. Las relaciones familiares apropiadas constituyen uno de los diez
principios fundamentales de la ley, tanto en este mundo como en el venidero. En
obediencia a esta ley, la unidad familiar y todos los demás sectores de la sociedad
permanecen estables y saludables. En esta época, que se profetizó que sería una
época en la que habría personas “desobedientes a los padres…sin afecto natural”
(2 Timoteo 3:2-3), uno tiene que considerar seriamente las implicaciones del
mandamiento de honrar padre y madre, y la promesa que encierra.
Si los padres son personas rectas y temerosas de Dios, los hijos tienen poca
dificultad en entender los mandamientos, aunque algunas veces les sea difícil
obedecerlos. Si los padres no son rectos, sin embargo, a menudo surgen dos
interrogantes respecto a este mandamiento. Primero, ¿se requiere honrar a los
padres aunque éstos sean inicuos? Y segundo, ¿implica obediencia el concepto de
honrar, si los padres demandan una conducta equivocada?
Ante todo, aunque en la mayoría de los casos honrar incluye obedecer, los dos
conceptos no son lo mismo. Honrar significa “respetar…enaltecer o premiar por
su mérito…” Obediencia es el cumplimiento “de la voluntad de quien manda”.
Pablo dijo: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo”
(Efesios 6:1; cursiva agregada), e inmediatamente añade: “Honra a tu padre y a tu
madre” (vers. 2). Obedecer a los padres en el Señor significa obedecerlos en las
cosas que son rectas (véase McConkie, Doctrinal New Testament Commentary,
2:521). Sin embargo, siempre que un hijo vive rectamente, acarrea honor a sus
padres, sea que sus padres sean rectos o no. También es cierto el concepto
opuesto: Siempre que un hijo vive inicuamente acarrea vergüenza a sus padres,
sea que ellos sean rectos o no. De manera que honrar a los padres no siempre
implica obedecerles. En aquellos casos, relativamente pocos, en que los padres
pidan o fomenten una conducta incorrecta de parte de sus hijos, ellos no los
honran si les obedecen.
Pero no hay calificativo añadido al mandamiento de honrar padre y madre. Para
entender la razón de esto es necesario examinar el modelo perfecto de la relación
entre padres e hijos. Solamente en la relación de nuestros Padres Celestiales con
sus hijos se encuentra el modelo perfecto de paternidad. Los Dioses,
naturalmente, son perfectamente honorables (esto es, merecedores de honra por
parte de sus hijos). Si ellos fueran los únicos padres con los que uno tuviera que
tratar, sería fácil honrarlos.
Pero, en su sabiduría infinita, han elegido poner a padres mortales para que los
representen en la creación y crianza de sus hijos. En otras palabras, los padres
son los representantes directos de Dios en la mortalidad y, por lo tanto, así como
en el caso de los oficios del sacerdocio, se requiere que los padres honren su
llamamiento como representantes de Dios, cumpliendo con las responsabilidades
y obligaciones propias de tal llamamiento. Los padres son obligados a esforzarse
para ser lo más parecidos posible a Dios. El Señor ha dejado bien en claro que si
fracasamos en nuestra responsabilidad como padres, la cual incluye enseñar a los
hijos lo que El les enseñaría si estuviera aquí, vendrán serias consecuencias
(véase D. y C. 68:25-31; 93:39-44).
Cumbre del Monte Sinaí
Si los padres no cumplen con las responsabilidades de su llamamiento (y,
naturalmente, ningún padre puede hacerlo perfectamente), son responsables ante
Dios, pero esta circunstancia no quiere decir que por eso los hijos ya no tengan la
obligación de honrarlos. Una vez más, si estudiamos los paralelos con un oficio o
llamamiento en el sacerdocio, podremos entender la razón por la que el Señor nos
pide esto. Si bien es cierto que ningún poseedor del sacerdocio cumple
perfectamente con su oficio y llamamiento, su oficio en sí debe ser honrado a
pesar de las imperfecciones del individuo. Por ejemplo, aunque un obispo fuera a
ser relevado por causa de indignidad personal, uno no deja de honrar su oficio de
obispo.
La historia de David y de Saúl es una ilustración clásica de este principio. Saúl
había sido elegido y ungido como rey por mandato del Señor. Luego, por causa
de su orgullo y testarudez, perdió el apoyo y la protección de Dios, y finalmente
pecó gravemente y el Espíritu del Señor se apartó de él. David, elegido y ungido
como su sucesor, fue amenazado de muerte por Saúl en varias oportunidades; y a
pesar de ello, una y otra vez David rehusó levantar la mano contra Saúl. Su
respuesta era: “No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido de
Jehová” (1 Samuel 24:10). Sin lugar a dudas, Saúl había fracasado en su
llamamiento, pero David sabiamente entendió que ese fracaso hacía a Saúl
responsable ante Dios, no ante David. Del mismo modo, un padre puede fracasar
rotundamente en su oficio y llamamiento, aun al punto en el que el hijo no puede
más seguir su ejemplo, pero este hijo siempre tiene la obligación de honrar a su
progenitor por motivo que sigue siendo representante de Dios. El élder Bruce R.
McConkie declaró este principio en la forma siguiente:
“Los hijos vienen al estado mortal con el requisito inherente, puesto en sus almas
por aquel Ser que les dio vida como espíritus, de honrar a sus padres y obedecer
su consejo en rectitud.” (Doctrinal New Testament Commentary, 2:521.)
(11-10) Exodo 20:12. “Para que tus días se alarguen en la tierra”
Como se hizo notar anteriormente, el apóstol Pablo se refirió al quinto
mandamiento diciendo que es el primer mandamiento con promesa (véase
Efesios 6:1-2). ¿Cómo es que honrar a los padres lleva a una vida prolongada
sobre la tierra? Para responder a esa pregunta deben ser considerados los puntos
siguientes:
1. Los israelitas habían recibido la promesa de una tierra en particular como
su herencia, así como los jareditas y la familia de Lehi recibieron una
tierra prometida. En todos estos casos el Señor enseñó claramente que tal
herencia no era automática, sino que dependía de la rectitud de ellos, y que
la maldad pondría en peligro la obtención de esa herencia (véase
Deuteronomio 28:1-2, 7, 10; 1 Nefi 2:20-21; Eter 2:7-12).
2. Cuando Moisés resumió la ley que había sido dada a Israel, cambió un
poco las palabras del quinto mandamiento. En Deuteronomio 5:16 leemos:
“Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para
que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que
Jehová tu Dios te da”. (Cursiva agregada.)
3. Moisés mandó a los padres de Israel que diligentemente enseñaran a sus
hijos las leyes de Dios y les dijo: “para que te vaya bien en la tierra que
fluye leche y miel” (Deuteronomio 6:3; véase también Exodo 20:3-17
donde se encuentran todos los mandamientos dados a los padres).
4. Anteriormente Moisés usó una expresión semejante al advertir a los
israelitas: “Cuando hayáis engendrado hijos y nietos…e hiciereis lo malo
ante los ojos de Jehová…yo pongo hoy por testigos al cielo y a la tierra,
que pronto pereceréis totalmente de la tierra…No estaréis en ella largos
días sin que seáis destruidos.” (Deuteronomio 4:25-26; cursiva agregada.)
Entonces Moisés declaró el mismo principio, esta vez en una forma
positiva, usando el mismo lenguaje que usó en el quinto mandamiento: “Y
guarda sus estatutos y sus mandamientos los cuales yo te mando hoy, para
que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y prolongues tus días sobre
la tierra que Jehová tu Dios te da para siempre” (Deuteronomio 4:40).
5. Para resumir: la condición para recibir y conservar una herencia en una
tierra prometida es la rectitud personal. Solamente si los padres enseñan a
sus hijos la ley de Dios y los hijos honran y obedecen a los padres, se
podrá mantener esta rectitud personal. De manera que para permanecer en
la tierra largo tiempo (Exodo 20:12), la unidad familiar debe funcionar
adecuadamente y los hijos deben honrar a sus padres.
6. Hay otro aspecto del mandamiento que debemos analizar: las bendiciones
personales que recibimos por obedecerlo. El Señor prometió que aquellos
que obedezcan los mandamientos gozarán de salud, vigor y fuerza, y que
el “ángel destructor pasará de ellos” (D. y C. 89:18-21). Comentando la
frase de Pablo con relación a que este mandamiento fue el “primero con
promesa” (Efesios 6:2), el élder Bruce R. McConkie dijo:
“Aquí Pablo interpreta la promesa como una promesa personal. Los hijos
obedientes y fieles tendrán una vida larga sobre la tierra. Esto es, en la
generalidad de los casos, que la vida mortal es prolongada por la
obediencia a las leyes del evangelio; pero, más particularmente y en un
sentido más elevado, los que son temerosos de Dios y justos, refiriéndose a
los humildes, vivirán sobre la tierra una vez más en su estado final o
celestial (D. y C. 88:16-20).” (Doctrinal New Testament Commentary,
2:521-22.)
(11-11) Exodo 20:13. “No matarás”
“Uno de los pecados más graves entre todos y que atenta contra el plan de
salvación del Señor es el asesinato o la destrucción de la vida humana. Parece
claro que el ser culpable de destruir la vida es un acto de /rebelión, contra el plan
del Todopoderoso porque se le niega al individuo cuya vida se destruye el
privilegio de tener una experiencia plena en esta oportunidad de aprendizaje
terrenal. Este pecado está en la misma categoría que la rebelión de Satanás y sus
huestes, y, por lo tanto, no deberá sorprendernos si los castigos impuestos sobre
un asesino fueran de carácter semejante al de los impuestos a aquellos espíritus
que fueron expulsados de los cielos junto con Satanás.” (Harold B. Lee en “The
Sixth Commandment”, parte I, The Ten Commandments Today, pág. 88.)
(11-12) Exodo 20:13. ¿En qué forma el mandamiento de no matar
afecta a quienes participan en la guerra?
“En una declaración incluida en un mensaje de la Primera Presidencia de la
Iglesia durante la Segunda Guerra Mundial, y presentada en la Conferencia
General del 6 de abril de 1942, este tema fue analizado detenidamente. El
mensaje fue presentado en un momento en el que casi cien mil jóvenes Santos de
los Ultimos Días estaban en combate o entrenándose para combatir en la guerra
más destructiva de toda la historia. Cito aquí parte de aquel mensaje (páginas 32-
36)
“ ‘…la Iglesia está, y debe estar, contra la guerra. La Iglesia misma no puede
hacer la guerra a menos que el Señor dicte nuevos mandamientos, ni puede
considerar a la guerra como un medio justo para arreglar disputas internacionales;
esas disputas deberían y podrían ser resueltas, con el acuerdo de las naciones,
mediante la negociación pacífica.
“ ‘Pero los miembros de la Iglesia son ciudadanos o vasallos de potestades sobre
las que la Iglesia no tiene control alguno. El Señor mismo nos ha dicho que [(se
cita D. y C. 98:4-7)].’
“Aunque por sus términos esta revelación se relacionaba más especialmente con
Estados Unidos, los principios enunciados en ella son universales en su
aplicación, y están dirigidos específicamente a todos los miembros de la Iglesia.
Por lo tanto, cuando la ley constitucional de un país llama a los hombres de la
Iglesia a integrar las fuerzas armadas de ese país al cual están sujetos, su deber
cívico es responder al llamamiento. Si por escuchar ese llamado, y obedeciendo a
quienes tienen el mando sobre ellos, quitan la vida de aquellos que pelean en su
contra, ese acto no los constituye asesinos, ni los sujeta al castigo que Dios ha
decretado para quienes matan, por las razones mencionadas en seguida. Sería un
Dios cruel si castigara a sus hijos como pecadores por actos cometidos como
inocentes instrumentos de una soberanía la cual El les ha dicho que tienen que
obedecer y cuyos mandatos no tienen poder para resistir.
Lugar donde se cree que fue el campamento de Israel mientras Moisés
estaba en el Monte Sinaí)
“ ‘El mundo entero se encuentra sumergido en una guerra que parece la peor de
todos los tiempos. Esta Iglesia es una Iglesia universal. Sus miembros devotos se
encuentran en ambos campos y son los instrumentos inocentes de sus gobiernos
en conflicto. De ambos lados creen que están luchando por sus hogares, por su
país y por la libertad, y todos oran al mismo Dios, en el mismo nombre,
clamando la victoria. Ambos bandos no pueden tener razón completamente y es
posible que ninguno esté libre de error. Dios decidirá, en su propia manera, la
justicia y la rectitud del conflicto, pero El no tendrá por responsables del
conflicto a los inocentes instrumentos de la guerra, nuestros hermanos en armas.
Esta es una de las grandes crisis en la vida terrenal del hombre y Dios está al
timón.’
“Hay, entonces, una enorme diferencia entre destruir la vida actuando bajo el
mandato de una nación soberana a la cual tenemos el deber de obedecer, y matar
por responsabilidad propia. Sería conveniente que todo joven llamado al servicio
militar estudiara cuidadosamente la declaración de la Primera Presidencia que
acabo de citar.” (Lee, en “The Sixth Commandment”, parte 2, The Ten
Commandments Today, págs. 93-94.)
(11-13) Exodo 20:14. “No cometerás adulterio”
“El hombre debe reproducirse. No forma parte del reino vegetal y, por lo tanto,
no sigue los principios que rigen esa forma de vida, ni es un animal guiado por
los instintos. Como hijo de Dios, el hombre recibió poderes no otorgados a otras
formas de vida. Fue hecho de la raza divina y por lo tanto pudo tener muchos de
los privilegios y poderes pertinentes a la divinidad.
“El poder de la reproducción es dado al hombre para perpetuar su especie de la
misma manera que le fue dado a formas inferiores de vida. Pero en tanto que el
Señor estableció leyes naturales que rigen el uso de este poder entre las formas
inferiores, leyes que los animales por su naturaleza no tienen la tendencia de
quebrantar, el hombre está en una situación diferente. Con su libre albedrío, con
sus impulsos, algunos para bien otros para mal (aun Satanás se rebeló en la
preexistencia), puede usar estos poderes dados por Dios para propósitos buenos o
malos. A diferencia de los animales, este poder no es gobernado por instinto en el
hombre sino que es asunto de elección. El hombre poseía el derecho de escoger
antes de venir al mundo, y ese derecho no le fue quitado al hacerse mortal. Los
animales no corrompen sus poderes reproductivos, pues el instinto se ocupa de
eso. Pero ¿qué ha de hacer el hombre? Esta pregunta nos lleva al núcleo del
propósito por el cual el hombre fue enviado aquí: para probarlo y saber si es
digno de volver a la presencia de Dios. Con este derecho de escoger por sí
mismo, está libre para elegir su propia senda y puede hacer lo que ennoblece o lo
que rebaja.
“Las leyes son la respuesta. ¿En qué otra forma podría tratar Dios con un ser
inteligente que tiene el derecho de elección y que tiene que ser probado para ver
qué camino elige?
“De manera que Dios llamó ante El al primer hombre y a la primera mujer. Como
macho y hembra tenían que reproducir su especie, pero tenían que hacerlo bajo
ciertas condiciones prescritas por Dios…
“El convenio del matrimonio, este pacto sagrado que tiene una duración eterna,
fue la institución celestial que Dios nos dio y bajo la cual sus hijos mortales
podrían reproducirse. No debía haber relación sexual fuera del matrimonio.
Además, los hijos nacidos a la pareja dentro del matrimonio señalado por Dios
serían sus hijos para siempre y las familias continuarían como unidad aun en la
eternidad. Los lazos familiares, establecidos en la vida terrenal, durarían para
siempre. Esto es parte del sistema del cielo transferido a la tierra y debe ser
mantenido siempre como cosa santa.” (Mark E. Petersen, en “The Seventh
Commandment”, parte 1, The Ten Commandments Today, págs. 104-5.)
(11-14) Exodo 20:15. “No hurtarás”
Los Diez Mandamientos establecen los grandes principios que sirven de
fundamento a la justicia y la rectitud. Son tan amplios y profundos que cubren
todos los aspectos de la conducta moral. El octavo mandamiento es un buen
ejemplo, pues está contenido en sólo dos palabras, y, sin embargo, las
implicaciones son tales que tratan de muchos aspectos de la conducta del
hombre. Desde la Caída, Adán y el género humano que vino después de él
recibieron el mandamiento de trabajar por su pan (véase Génesis 3:19). Cuando
el hombre busca cosechar los beneficios de las labores de otro sin compensación
adecuada, comete un hurto. Así tenemos que el hurto consiste en mucho más que
solamente tomar la propiedad ajena. El presidente Spencer W. Kimball dijo:
“La palabra del Señor tiene aplicación tanto en nuestro trabajo como en nuestra
vida particular: ‘No hurtarás…ni harás cosa semejante’ (D. y C. 59:6).
“A menudo nos encontramos justificándonos en toda forma de actos faltos de
honradez, incluyendo el robar en las tiendas, lo que es sucio y bajo, y que, sin
embargo, es cometido por millones de personas que dicen ser honorables y
decentes.
“La falta de honradez viene en muchas formas: en atracos a mano armada; en la
explotación del amor y las emociones de alguien para obtener lucro; en el robo de
dinero o llevarnos lo que pertenece a los patrones; en la falsificación de cuentas
bancarias; en sacar ventaja de otros contribuyentes al erario público, mediante
reclamos falsos; en buscar exoneraciones no justificadas; en los préstamos
particulares u oficiales, sin intención de devolver lo solicitado; en declararse en
bancarrota injusta e impropiamente, solamente para evitar el pago de deudas
pendientes; en robar en la calle o en las casas, dinero y otras posesiones de valor;
en robar tiempo, dando menos de la labor honesta de trabajo de un día a cambio
del pago por un día completo; en viajar sin pagar el precio debido para hacerlo;
en fin, en todas formas de falta de honradez, en todos los lugares y en todas las
condiciones.
“A todos los hurtos y actos carentes de honradez, el Señor dice: ‘No hurtarás’.
Usó solamente dos palabras breves. Ya que es posible que se haya preocupado
por la larga lista que tendría que haber hecho de las distintas formas de robar,
falsificar y aprovecharnos de nuestro prójimo. Así que incluyó todos los métodos
existentes para tomar lo que no nos pertenece diciendo sencillamente: ‘No
hurtarás’.” (”A Report and a Challenge”, Ensign, noviembre de 1976, pág. 6.)
(11-15) Exodo 20:16. “No hablarás…falso testimonio”
“El asesinato, el adulterio y el robo, relacionados directamente con la vida,
la virtud y la propiedad, generalmente son considerados ante la ley como ofensas
más serias que hablar falso testimonio. Y, sin embargo, lo que a esto le falte en
gravedad se compensa con la frecuencia con que se comete. Es más, la mayoría
de quienes leen estas lecciones probablemente se aparte, como lo haría de una
plaga, de las tres ofensas sociales mencionadas primero; pero consciente o
inconscientemente todos, el algún momento, nos vemos tentados al rumor
descuidado y a otras formas de expresar falso testimonio…
“Dar falso testimonio es testificar o repetir murmuraciones, insinuaciones,
especulaciones como si fueran verdad, para daño de un ser humano. A veces la
práctica arranca de una falta de información correcta; otras, de falta de
comprensión, o de una disposición enfermiza para distorsionar y falsear la
verdad.
“En tanto que el asesinato consiste en quitar la vida, el decir falso
testimonio consiste en la destrucción del carácter o en la difamación. Llega a la
ruina de la reputación del individuo.” (Adam S. Bennion, en “The Ninth
Commandment”, parte 1, The Ten Commandments Today, págs. 134-36.)
(11-16) Exodo 20:17. “No codiciarás”
“Este es el último de los Diez Mandamientos, y si no tuviera tanta relación con
los demás, algunos podrían suponer que es uno de los de menor importancia.
Pero todos los mandamientos se interrelacionan de tal manera que no se puede
desobedecer uno sin debilitar los demás. Para ilustrar el punto (y para tener
presente a los otros nueve):
“Quien codicia las ‘cosas’ materiales de la vida puede tener ‘otros dioses ajenos’
delante del Señor y puede inclinarse ante los mismos en pensamiento y espíritu,
aunque no lo hace físicamente.
“Quien codicia puede tornarse duro y descuidado en otras cosas también, tales
como ‘tomar en vano el nombre del Señor’.
“Quien codicia puede no santificar el día de reposo a fin de obtener más
ganancias.
“El que codicia tal vez no apoye a su padre y a su madre en sus necesidades.
“Algunos han llegado al asesinato por causa de la codicia.
“Muchos que han codiciado ‘la mujer del prójimo’ han cometido el grave pecado
del adulterio.
“Quien codicia tiene más propensión a robar (o a estafar o cometer desfalcos,
etc.).
“El que codicia puede dar falso testimonio a fin de obtener beneficios.
“De manera que el décimo mandamiento está inseparablemente integrado a todos
los demás, y codiciar podría llevar a la infracción de todos los otros, pues la vida
es una unidad en la que cada parte complementa a las demás. Y en la palabra de
Dios también hay unidad y armonía, y toda palabra de El proviene de la misma
fuente. Y cada vez que ignoramos algún consejo o mandamiento divino,
podemos estar bien seguros de que nos debilitamos y aumentamos nuestra
susceptibilidad ante los demás pecados…
“El mandamiento contra la codicia no significa que no debemos tener un deseo
sano de mejorar nuestra situación. No quiere decir tampoco que no debemos
tener una honrada ambición de poseer más de las cosas buenas de la vida, ni
significa que no podamos admirar lo que tiene nuestro prójimo y buscar, con
nuestro esfuerzo, obtener cosas de igual valor. La tierra tiene abundancia para
todos, y la necesidad interior de adquirir para nosotros las cosas buenas que otros
tienen es una cualidad productiva del carácter, siempre que las adquiramos
mediante el esfuerzo honrado, por las sendas de lo que es legal y manteniendo la
vida bien equilibrada. El peligro surge cuando lo que no es más que una ‘cosa’
comienza a importar demasiado.” (Richard L. Evans, en “The Tenth
Commandment”, parte 1, The Ten Commandments Today, págs. 142-44.)
Las Escrituras contienen una interesante definición de la codicia. Pablo, en dos
ocasiones, comparó la codicia con la idolatría (véase Efesios 5:5; Colosenses
3:5). La implicación que surge es que cuando ponemos el corazón en las cosas
del mundo, al extremo de que la lealtad a Dios y sus principios ya no importa,
entonces las cosas materiales se tornan en dioses para esa persona; las busca y las
adora, y esta práctica es idolatría. El Señor dijo que la idolatría era una
característica bien marcada de esta generación (véase D. y C. 1:16). Samuel le
dijo a Saúl que el pecado y la iniquidad también son idolatría (véase 1 Samuel
15:23).
RESUMEN ANALITICO
(11-17) Las leyes establecidas en los Diez Mandamientos ya estaban vigentes
antes que la tierra fuera organizada. Todos los profetas las han enseñado y son
los cimientos de todas las civilizaciones que han sido establecidas. También son
las pautas para una vida plena y feliz. Si somos sabios, buscaremos estas
bendiciones mediante la obediencia a los mandamientos. El profeta José Smith
dijo:
“La felicidad es el objeto y propósito de nuestra existencia; y también será el fin
de ella si seguimos el camino que nos conduce a la felicidad; y este camino es
virtud, justicia, fidelidad, santidad y obediencia a todos los mandamientos de
Dios. Mas no podemos guardar todos los mandamientos si en primer lugar no los
sabemos, y no podemos esperar saberlos todos, o saber más de lo que ya sabemos
a menos que cumplamos o guardemos lo que ya hemos recibido. Aquello que en
tal o cual circunstancia es malo puede ser, y frecuentemente es bueno en otra.”
(Enseñanzas pág. 312.)
Es importante notar que aún hoy en día, en la dispensación del cumplimiento de
los tiempos, el Señor ha reiterado cada punto de la ley sagrada. Deténgase un
momento para considerar la aplicación de los Diez Mandamientos en la
actualidad y para ello lea los pasajes anotados a continuación.
Los Diez Mandamientos entonces y ahora
Epoca
Mandamiento Epoca antigua moderna
1. No tendrás dioses ajenos
Exodo 34:10-14
delante de mí. Deuteronomio 5:6-7 D. y C. 76:1-4
Exodo 34:17
2. No te harás imagen. Deuteronomio 4:15-19 D. y C. 1:15-16
3. No tomarás el nombre de
Levítico 19:12 D. y C. 63:61-
Jehová tu Dios en vano. Deuteronomio 5:11 62
4. Acuérdate del día de
Exodo 31:12-17
reposo para santificarlo. Deuteronomio 5:12-15 D. y C. 59:9-13
5. Honra a tu padre y a tu
Exodo 21:15, 17 D. y C. 42:18-
madre. Deuteronomio 21:18-21 19, 79
Exodo 21:12-14 D. y C. 42:18-
6. No matarás. Deuteronomio 5:17 19, 79
Exodo 22:16-17 D. y C. 42:22-
7. No cometerás adulterio Deuteronomio 5:18 26, 74-81
Levítico 19:13 D. y C. 42:20,
8. No hurtarás. Deuteronomio 5:19 84-85
Salmos 101:7 D. y C. 42:21,
9. No hablarás falso
Epoca
Mandamiento Epoca antigua moderna
testimonio. Deuteronomio 5:20 27, 86
Proverbios 28:16 D. y C. 19:25-
10. No codiciarás. Deuteronomio 5:21-22 26